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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 15 - ver ahora
Transcripción completa

¡Guardias! ¡Guardias, le han disparado!

-¡Vamos, rápido!

-¡Fuera!

-¡Trini! -¡No! ¡Quieto o la mato!

-¡No la toques!

No puedo dejar que llegue a mí. ¿Por qué?

Casilda, ayúdame.

¡Ay! -Señorita, ¿está bien?

Señorita, ¿está bien? Despierte.

¿Te alegras de volver a verme?

-¡Ni un poco! ¡Has matado a un hombre! ¡Estás loco!

-Méteme en tu casa. -No.

-Nadie sospechará de una mujer que ya no es la de antes.

Es... Ernesto,

mi hermano. -Ernesto.

Encantado.

Te conseguiré una cédula. Es peligroso no tenerla.

Tienes que dejar de ser Carmen Blasco

y convertirte en Manuela.

Ella te va a salvar la vida.

Come esto

todas las noches tras la cena.

Tres cucharadas de las de café.

A palo seco.

Cuatro las noches de luna llena.

-No sé yo si con esto se solventa el asunto.

-Si no cree, no se embarazará.

-Tienen visita.

Es Claudio Castaño.

-¡Oh, oh, oh!

¡El hijo de los Castaños, de los Castaño!

¿Les apetecería salir a pasear conmigo?

Mi animada conversación

les alegrará.

-Siempre. Vamos a arreglarnos.

¡Yo te quiero!

¿Acaso no me quieres? Más que a mi vida.

Haremos lo posible para estar juntos.

¡Madre!

-¡Ve a casa! -Pero madre...

-¡Que vayas!

-No puedo creerme que sea ese hombre despótico que dicen que era.

-Habladurías.

-No pararé hasta dar con ellas.

Las encontraré.

Quiero sacarte de mi cabeza,

pero no es fácil. Hay cosas más difíciles

que otras. Imposibles, diría yo.

No digas eso, solo es cuestión de tiempo.

Puerta

Bendito Dios, ya han regresado.

"Germán, ¿dónde te encuentras?".

"Esta niña acaba conmigo. No puedo con ella".

"Te estás luciendo, Carlota. Has tirado el agua".

"Voy a terminar con esto. ¡A tu cuarto!".

"Con llave te voy a encerrar".

Por la casa te he buscado. ¿Qué haces a estas horas?

¿Qué tengo que hacer? Descansar.

Ha sido un día duro en el hospital.

Busca empleo en una clínica de postín.

Con tanto empeño en atender a los pobres solo conseguirás enfermar.

Voy a asearme para la cena.

¿Y la criada?

Debe arreglar el desaguisado de Carlota.

No lo sé.

Esta mentecata seguro que está holgazaneando.

¿Se te ha secado el entendimiento? ¿Qué hacías besando a ese miserable?

-No llame así a Pablo.

-¡Acabáramos! ¡Has perdido el seso y el respeto!

Es menester que entiendas que puedes perder tu buen nombre.

De verte, nadie querría casar contigo.

-Lo de Pablo no es capricho. Enamorada estoy de él.

-¡Tonterías!

¿Cómo vas a estar enamorada de un botarate que no tiene dónde caerse?

Vas a olvidarte de esas fantasías ya.

-No quiero faltarla, pero ¿por qué he de hacerlo?

-¿Crees que voy a permitir

que mi única hija caiga en la necesidad?

-No ha de ser así.

-¿Qué otro futuro te espera casada con él?

-Puedo ganarme la vida como novelista.

-Debes hacer lo que te corresponde,

casarte con un hombre de tu posición

y dejar esos amores para los folletines.

La vida no es así. -No renunciaré al amor.

-¡Basta ya!

¡Ah!

-¡Madre! -No toleraré más estos desatinos.

Harás lo que diga. Debes pensar en tu bien y el de la familia.

-Pero yo... -¡No repliques!

Ni máquina ni Pablo ni salir de casa.

Encerrada vas a estar hasta que entres en razón.

Buen cuidado debes tener para que de nada de esto se entere tu padre.

Como está, un disgusto así le mataría.

Te traigo el remedio de la Vicenta. Tómeselo en breve.

-Déjelo en la mesa y guárdelo, nadie ha de verlo.

No se tarde, no sea que se le pase el efecto.

-Gracias.

Puedes irte.

"Fe y convencimiento".

Si no cree, no se embarazará.

Y una última cosa y la más importante,

si no sigue las instrucciones a pie juntillas,

si se equivoca en la más tonta de las tontás,

algo terrible podría suceder.

-"Celia, querida, ya estoy en casa".

Revuelto sigue el barrio por el atentado.

Pero pierde cuidado

que pronto han de encontrar a ese malnacido.

Bien hiciste en no acompañarme en el paseo, se te ve fatigada.

-Mejor que nunca me encuentro.

Si le cogen, un tiro habían de darle

y dejarse de juicios.

Nunca antes te has mostrado de esta guisa.

Pocos lavados le quedan a esta enagua.

Ya parece más un harapo.

¿Qué tienes, mujer?

¿Qué he de tener? Los huesos rotos tras estar fregando.

Las mismas tareas tenemos a diario y no subes así.

Algo te ronda el magín,

que tú eres de estar enredando.

Nada se te escapa. Es que hoy no estoy de buen temple.

¿Es por tu hija?

Por ella y porque mi vida es

como un manojo de hilos. Cuanto más quieres desenredarlos,

más aprietas los nudos.

Sosiega, que mucho le rezo a la virgen y a los santos

para que pronto te junten con ella.

y pronto estarás con tu lucero.

De la misma no sabes la media.

De un tiempo acá, todo lo malo me pasa a mí.

¿Qué procesión te ronda?

De esto no has de decir ni chispa.

Por estas, que son cruces. Te lo juro.

Don Germán, que anda desatinado por una servidora.

¡Ah! ¡Rediós!

Bizca me dejas, mujer.

Y yo viéndolo, me pierdo. La pasión me nubla el entendimiento.

La de criadas desgraciadas por los señores.

No hay ni número.

No me ha tocado de esa manera.

Todo se andará.

Es que...

¡Ah! Casilda,

los dos sentimos igual y lo habíamos hablado:

ni besos ni miradas. Pero como las abejas y las flores.

Ni todas las fuerzas impide que nos arrimemos.

Don Germán es pan de Dios.

Lo mismo es amor y no ganitas.

Lo es, Casilda.

Él no me busca de esa manera y yo no lo quiero como capricho.

Es más, es menester

que ponga tierra por medio y deje esta casa.

Eso sería lo más cabal,

pero ¿eso quiere, Manuela?

Poco importa lo que yo quiera.

Bien barruntado, don Germán es un hombre de bien.

No tiene que ver con los señores de la casa.

Y si tú bebes los vientos por él y él por ti,

¿por qué no darte la oportunidad de ser feliz?

Has perdido la chaveta, Casilda. Y tú las ganas

de darme mordiscos a esta vida.

Ningún cariño le da Cayetana. ¿Qué hay de malo en quererle?

Me dices que me conforme con ser su manceba?

No has de verlo así. ¿Quién dice que no acabaría contigo?

¿Eh? Bien entendería lo de,

lo de tu hija y te ayudaría a recuperarla.

Muchas cosas habría de entender.

Te digo que me arrepiento de haber dejado pasar

a más de un hombre bueno por vergüenzas y miedos.

Gran peligro hay en lo que dices.

Él es hombre bueno, pero señor, a fin de cuentas.

Y yo moza que mucho tiene que esconder.

Lo único que no hay que esconder es el corazón.

El amor de verdad solo pasa una vez en la vida.

¿Es menester que estés tan cómodo?

No estás en una cuadra por la que sueles caer.

-¿Te pica que esté a mi aire?

Buenos cigarros fuman. -¿Quieres bajar la voz?

¿Has visto, que no dejan de hablar de mí?

"El cerco se cierra y pronto caerá en manos de la justicia el asesino

que atentó contra tal ilustre caballero".

"El garrote espera,

pero no lo hará por mucho tiempo".

Han de correr para trincarme.

-Cuidado, que, de oírte, nos buscas la ruina.

-¿El panoli de tu marido? Peor para él.

Poco me tiembla la mano para degollar a ricos o a gorrinos,

igual chillan.

-A mi Ramón no le llamas panoli o hago de tu lengua un jerez.

-Qué miedo, la mantenida.

-Señora, no te confundas,

-Cierto. Mantenida, conmigo.

-Cállate, que me dan todos los males.

-No quiero mosquearme, así que tenme un respeto.

-Para quien se lo gana.

-A ti te gané hace mucho. -Era una zagala sin seso.

Ahora sé bien lo que no quiero.

-Doña Trini.

El señor le espera en la chocolatería.

-¡De guinda! Enseguida bajamos. Gracias.

No se me preocupe,

ya me barrunto cómo arreglar el desaguisado.

-Pierde cuidado. Lo mismo me da que pueda arreglarse.

-No diga eso, con la ilusión que le hacía el cachivache

y lo bien que se le da juntar letras, que llena hojas.

-Solo me preocupa Pablo.

-Va a tener que andar con pies de plomo.

Su madre sigue más brava que un toro. Pobrecitos.

-No sé nada de él desde ayer y mucho le injurió mi madre.

-No me choca,

que todos los calambres tenía la señora.

Hasta me preguntó a mí.

-¿Y qué le has dicho? -Me hice de nuevas.

Y mira que es mentir y se me abren las carnes.

Y más con la señora,

que es pobre, pero leal como la que más.

-Espera. He de pedirte algo.

Muy mal tuvo que salir Pablo y una explicación he de darle.

-Señorita, no me meta en estos bretes.

-¡Hable con él!

La razón voy a perder si no le veo.

-Es un desatino. Déjelo estar.

De que pasen unos días, su madre estará menos atenta.

-No puedo esperar.

Por el amor de Dios, te ruego que me ayudes a buscarle, a verle, a salir.

-El compromiso es muy gordo,

que de enterarse su madre estoy en la calle.

-No te falta razón. Olvida lo que te he dicho.

-Señorita.

Que se me parte el alma de verla así.

La debo tener en la mollera.

Deje de llorar, Leonor, deje de llorar.

Lo que pueda haré para que vea a Pablo, ¿eh?

¿Fuego?

Ya tengo lo tuyo.

Un trabajo de relumbrón.

¿Con esto no tendrá problemas? Cuidado, pollo.

O te tendré que dar para el pelo.

Las cédulas de identificación son fetén, en nada se distinguen.

Mucho no tardaré en comprobarlo.

Desde que hubo el atentado, no paran de pedirla.

Si no funciona, iré a verte. Menos ínfulas,

que poco me cuesta venderlo a otro. No.

Mejor esto que nada.

Nada más le pongas el nombre, podrás andar más tranquilo que Sagasta.

Quieto, panoli.

Primero, afloja la mosca.

20 pesetas, como quedamos.

Ahora no basta.

Ahora vale 40.

Era de engañar tan fácil al hijo de mi madre.

Otros habrá que lo hagan por eso.

No como esta. Buenos duros has de pagar para andar seguro.

En nada me están gustando tus mañas.

Muy a las claras te lo voy a decir.

O 40 o nada.

¡Se acabó! Dame la cédula o te meto una tarascada.

No sabes con quién te metes. ¡Dámelo!

Ven a buscarla, que un pasaje voy a darte al camposanto.

En nada me ayudaría llevarme por delante a un canalla.

¿Adónde va tanto bueno y de mañana?

-A la iglesia, a ver si me sale un empleo.

-Tiempo hace que no nos vemos,

pero más te hacía yo como de cantante o actriz que de fregona.

-No es buena mi racha. Ando más tiesa que la mojama.

-Pero cacho de gloria,

no están tus manos hechas para labores pesadas.

-Mejor estaría yo cantando,

pero una gusta de comer todos los días.

Solo uno o dos meses necesito para salir del bache

hasta que encuentre algo de lo mío.

Si alguien me ayudara, bien sabría cómo agradecérselo.

-Ya me gustaría, que tienes una mirada para sacar patente.

Pero no sé cómo he de socorrerte.

-Puedes darme un empleo en tu chocolatería.

-Si el negocio fuera mío, hecho estaba.

Sería un gusto tenerte andando entre las mesas,

pero mi madre se ocupa de eso.

-Pues bien puedes hablar con ella y recomendarme.

-No dudes que lo haré por ayudarte.

-Eso espero, que deseando estoy de demostrarte lo que te aprecio.

Hoy mismo me pasaré por la chocolatería.

Si quieres ser una señorita, has de comértelo todo.

Loca me estás volviendo.

No des tanta arena de comer a la muñeca,

que va a empacharse. Es lo que dice mi mamá.

Hola, padre.

Hola, Carlota.

Da gloria verla tan recuperada.

Espera.

De nada sirve intentar evitarnos.

¿Qué otra cosa podemos hacer?

Dejarnos de mentiras y entregarnos el uno al otro.

No disparates, tú tienes una familia y de mí no sabes.

Sé que te adoro.

Me muero por ti, Manuela.

Conozco esas emociones que sientes, que una siente lo mismo.

Pero no puede ser y punto redondo.

No te amilanes, tan solo necesitamos algo de tiempo a solas

que nos permita hablar de lo que está pasando.

Me placería, pero ¿cómo hallaremos ese tiempo?

He de buscar una excusa para pasar una noche fuera de casa.

Y a nadie extrañaría si te ausentas por una muerte.

Has de entender que mi corazón es tuyo,

pero mucho es el riesgo que correríamos.

Nada deseo más que estar contigo.

Tu esposa se acerca.

Dejemos las fantasías.

No creo en consejas.

No dejaré que te juegues tu vida por mí.

¿Sigue igual de mustia la señorita?

-¿Por qué habría de estar mejor si ninguna esperanza me queda?

-No, que bonita noticia le traigo.

-Cuenta, ¿hablaste con Pablo?

-Sí, hablé. -¿Y qué te dijo?

¿Me sigue teniendo afecto? -Pregúnteselo a él.

-No te diviertas conmigo. No puedo hacer tal cosa.

-¿Y si aprovechando que sus padres han salido para ir al médico

una criada lo hubiera subido al altillo?

-¿Capaz has sido de hacerlo?

-Sí.

-Tengo que subir antes de que mis padres regresen.

-Temple. Con tiento hemos de andar.

-Todos los calambres me están entrando.

-Póngase esto. Si la ven, la tomarán por criada.

-En todo pensaste.

No sé cómo agradecértelo. -Volviendo pronto.

Que mucho nos jugamos.

-Como Dios es Cristo que tendré cuidado.

Agradecida te quedo, Casildita.

Es de entender que tanto mareo no es normal.

No es nada.

Solo ha sido un vahído.

Algo ha de provocarlo y un embarazo, no.

Si el malestar persiste,

pasa por mi consulta.

Algo pálida te encuentro, pero podría ser anemia.

Agradecida, pero no tiene importancia. Estoy bien.

Esta niña se va a poner perdida. Vergüenza me da volver con ella.

Qué pensarán.

Que la criatura disfruta en el parque como corresponde.

Te complaces en contrariarme.

No he de ir con una niña que parece una menesterosa.

Descuida, he de corregirla.

Carlota, ven.

Deja de jugar con la tierra para no contrariar a tu madre.

Te voy a enseñar un juego nuevo, ¿eh?

Yo te doy una prenda para Manuela

y ella te tiene que dar una prenda para mí.

¿Sí?

Toma.

Toma. Ahora tienes que darme una prenda para mi padre.

"Mañana a las nueve en el quisco".

Has de cepillar a la niña antes de ir a casa.

He de irme al hospital.

¿Puedo ir a jugar con doña Celia? Claro, ve.

Reconozco que te das buenas mañas con la niña.

Desde que estás en casa, algo mejor se porta.

Es un angelito.

Da gusto estar con ella. Se la ve feliz.

¿Y tú?

¿Estás a gusto en casa?

Por supuesto, señora.

¿Y don Germán? ¿Te trata bien?

El señor es muy amable y me trata con consideración.

Solo tengo buenas palabras para ambos.

Muy agradecida le estoy a su familia.

Encontré esto en mi alcoba.

Como habrás de entender, mía no es.

Es de una servidora.

Debí extraviarla al guardar la ropa.

Nada me extraña, no paras. Mírate.

Estás hecha un adefesio por jugar con la niña.

En casa te darás un baño.

¿Cómo voy a usar su baño?

No tenga cuidado, ya me asearé en mi cuarto.

Mucho mejor lo harás en nuestra bañera.

Vamos, Carlota.

Gracias por jugar conmigo. -Tienes una muñeca preciosa.

-Se la regalo. Dice madre que siempre está usted sola

Estos niños tienen unas cosas...

Gracias, linda, la voy a cuidar bien.

¿Cómo estás? Preocupado andaba por ti.

Pensé que no volvería a verte. No te apures.

Eso no va a pasar. Mi madre encerrada me tiene.

No es raro. Como un basilisco se puso.

Se me abrieron las carnes cuando te pegó.

¿Aún te duele?

Ningún dolor puedo tener contigo.

Ni una miaja tendría que haberme acercado a ti.

Todo esto es culpa mía.

No pases pena, nadie tiene la culpa. Deberíamos hacer caso a tu madre

y dejar de vernos.

Fuera de este barrio buscaré otro trabajo,

otra tierra. No quiero hacerte daño otra vez.

¿Si te fueras no lo harías?

Tus padres no van a consentir esto.

No ha de preocuparte. ¿Tú me quieres?

Con toda mi alma.

Entonces, seguiremos viéndonos.

A mi madre se le pasará el berrinche.

Algún periódico publicará mis relatos

y todo va a cambiar cuando gane dinero.

Y yo no pararé hasta que me hagan encargado

y faenaré en el hipódromo

hasta conseguir crédito para correr.

En el mejor pura sangre.

Segura estoy de eso y de lo que te propongas.

Sí, siempre que estés a mi lado.

Vamos a demostrarles que somos capaces, los tiempos cambian.

Sus palabras se las va a tragar mi madre.

¿Y si no es así?

¿Y si no permiten que estemos juntos?

Si tampoco te aceptan,

otro lugar hallaremos para vivir nuestro amor.

Nada has de temer.

Pues sí que tengo intereses en muchos dominios.

El problema de este país es que no se protege a los inversores.

¿Quién va a crear riqueza si no ellos?

Mira Inglaterra, cuanta más burguesía, más industria.

-Eso y mano dura. ¿Sabes que no te falta razón?

-Uno ya ha visto mucho mundo.

-Eso le digo a Trini, que viajemos. En el extranjero se aprende.

-No se engañe, la Trini sabe latín.

Y eso que lo más lejos que ha estado es en Toledo.

-Has de contarme más. De lo que hacía antes poco sé.

-Bizco se quedaría si le cuento todo.

-Cuenta, cuanta. -Ya está bien.

-Deja hablar a tu hermano.

-Cosas de críos,

como cuando le quité la ropa en el río.

Tuvo que robar una sábana y volver envuelta en ella.

Desde entonces, todos la llamaron "la romana".

-Muy graciosa habría de verse de esa guisa.

-Y demás enjundia podría contarle. -Hemos de irnos.

El abrigo más caliente vamos a comprar antes de que llegue el frío.

-Lo que diga la emperadora.

-No está bien el divertirse conmigo.

-Pero lucero mío, era una broma.

Buenos días nos dé Dios.

Soy la sobrina de la Fabiana y buscaba trabajo.

Soy apañada y le haría buen servicio como camarera.

-No traes malas referencias. Aprecio a tu tía,

pero los puestos están cubiertos.

-Madre, no viene mal

un poco de belleza para servir las mesas.

-Ya trabajé en otros cafés.

-De las mejores camareras.

Nada va a encontrar más servicial.

-No me cabe duda. Lo siento.

Quizá en unos meses.

¡Ay, perdón! ¿Está usted bien?

Lo siento.

-Pierda cuidado. Alguna ocasión se presentará.

Nunca se sabe cuándo va a saltar la liebre.

¿Cuánto es el café?

-Está usted invitadísimo, señor inspector.

-¿Qué le trae por el barrio?

-La investigación del atentado.

-¿Han descubierto algo? -Poco a poco.

Ahora debemos recoger los testimonios

de los vecinos. No ha de escaparse nadie.

-Si podemos ayudar, aquí nos tiene.

-Gracias.

Tómate tu tiempo. Para una vez que te tomas un baño, no tengas prisa.

Es muy amable la señora conmigo.

Mucho trabajo tiene esta casa y algún rato has de tener.

No haré daños. Pierde cuidado.

"Mañana a las nueve en el quiosco".

Ay, ayúdame, San Judas Tadeo.

Haz que venga la niña, que me veo en el arroyo.

Puerta

¡No seas atolondrada!

Según están las finanzas, nada podemos romper.

-Perdóneme.

Cuando una nace burra, le es difícil enmendarse.

-¿Y Leonor?

-¿Cómo se encuentra, don Maximiliano? -Fuerte como un muchacho.

Mi corazón parece forjado con bronce de cañón, como los leones.

Un purito y un coñac he de tomar para celebrarlo.

-Déjate de zarandajas, que te lo han prohibido.

De coñac vamos escasos. A comer.

Avisa a la señorita.

¿A qué esperas para hacerlo?

¿Te has quedado sorda?

¿O has perdido el oremus? -Con su permiso.

Termino de poner la mesa y la llamo, que estará leyendo.

-De guinda, mejor es que la interrumpas.

Tiene malas ideas de ese vicio de la lectura.

-En que ponga los cubiertos, voy.

-¡Esto es el acabose! Ni la criada me obedece.

Leonor,

sal ahora.

En su habitación no está.

¿Y la niña? ¿No habrá salido a la calle?

-Servidora nada sabe de dónde anda.

-No me vengas con embustes. ¿Ha escapado?

-No me sofoque. En nada me fijo que no sean mis labores.

-¿Por qué tanto alboroto?

A algún recado habrá salido, no es raro.

-Alguna disciplina habrá aquí.

No es propio de una señorita salir y entrar

como en un hotel.

-La buena fama no es asunto baladí.

Pero toda la confianza debemos tener.

¿O no es así? -¿Me buscaba usted, madre?

-¿No oíste que te llamaba? ¿Dónde estabas?

-En la cocina tomando agua.

-La próxima vez que te llame has de venir a escape.

Llanto de bebé

Servando Gallo.

Y Paciencia Infantes.

-Y a mí que lo de Infantes no me suena.

¿Padre no se llamaba López? -Señora, es lo que pone en su cédula.

-No le haga caso, inspector. Mi esposa no recuerda ni su nombre.

Y no le exagero una pizca.

-Ustedes, que tanto tiempo pasan en la calle, algo tuvieron que ver.

-Ya le digo.

Mucha gente andaba por aquí y todos con aspecto facineroso.

Había uno con bigote grande

y otro con la cabeza calva, sin pelo alguno,

que no tramaban nada bueno.

No, a los feriantes es a los que debe investigar.

-Gracias por el consejo.

-Y a mí que me parece que sí vi algo raro.

-Dígame usted.

-Ya no me recuerdo, pero era cosa gorda.

-Oh, don Ramón,

el inspector Méndez les busca.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Ha de ayudarme más su esposa.

Llevo la investigación y querría preguntarle.

-¿Y en otro momento?

Un poco malamente, o sea, indispuesta me encuentro.

Un par de preguntas. No quisiera importunarla.

No entiendo por qué el asesino la soltó tan rápido,

no era mala idea tener rehenes.

-No lo sé.

Muy alterada estaba.

-¿Le dijo algo al soltarla? ¿Lo había visto antes?

-No, nunca.

Iba tapado y no me soltó, yo escapé.

-Caramba, ¿cómo pudo hacer tal cosa?

-Una patada, le di una patada y salí a escape.

-Admiro su coraje,

pero se me hace extraño que una señora como usted

se librara de un rudo asesino.

Esos canallas ningún escrúpulo tienen.

-Inspector, ya es suficiente.

-Muy dolorosos me resultan estos recuerdos. Le ruego me perdone.

-Solo una pregunta más.

-No se encuentra en condiciones. Si nos perdona.

-Disculpe.

No quería molestarle.

¿Pero no les parece raro que un anarquista

armado con una pistola no dispare a su rehén cuando huye?

-No has de contestar si no quieres.

Bebé llorando

Herminia, ven un momento.

¿Hay alguien ahí?

¿Dónde está tu mamá?

-¿Me ha llamado la señora?

-Pierde cuidado, no me encuentro bien.

Has de guardar esto.

-¿Cómo está ese pedacito de cielo?

-Bien ¿cómo habría de estar?

-Se me antoja que podríamos repetir lo de ayer.

Te espero en la alcoba. No tardes.

Carneros he visto con mejores caras.

-No paro de darle al magín.

Años pasé con una mujer, futura madre de mi hijo,

y de ella nada recuerdo.

-No vas a cambiar por más que te sofoques.

-¿Cómo puede ser que esos recuerdos se hayan borrado sin dejar rastro?

-Eso debías hacer y darlas por muertas y olvidadas.

-No sería honesto para sus memorias.

-Mira, las cosas de leyes se complican cuando hay difuntos.

Hasta un gañán lo sabe.

-Otra solución no me queda.

Voy a ir a la ciudad a por un abogado

y tú has de acompañarme. -No me placería más.

Pero he de cuidar de mi tierra. -Pierde cuidado por eso.

Te recompensaré por ello.

-No sé en qué voy a ayudarte yo.

-Ni que hiciera falta estudiar en Salamanca para ser consejero cabal.

-Pues sea como quieras.

De estas tierras no he salido y no me vendrá mal.

Pensé que iba a estar sola en casa.

A Cayetana le he dicho que tenía trabajo

y que no podía ir a una visita.

No deberíamos estar aquí solos.

Has de escucharme.

No puedo hacer nada por aplacar lo que siento.

Es demasiado grande, no puedo pararlo.

Por favor, no sigas.

Si no sientes el mismo afecto, mírame y dime que no me quieres.

No puedo hacer tal cosa.

Chiflada estoy por ti.

El sentido pierdo al verte.

Pero ¿y tu mujer?

¿Qué haría ella de enterarse?

Es menester que pasemos un rato juntos y con tiempo.

Cavilemos sobre esto

sin prisas, sin escondernos.

Alguna solución hallaremos.

Sí, irte tú por tu lado y yo por el mío.

Casualmente, son los mismos caminos.

Eres un ogro, Germán de la Serna.

Y tú una tozuda. Venga, dame una oportunidad.

Has de confiar en mí.

Y tú has de ser más sensato.

Lo que yo decía

Puerta

Yo abriré.

Méndez, sí que no esperaba tu visita.

No he venido como amigo, sino como policía.

Recogiendo estoy el testimonio de los implicados.

El atentado es de gravedad.

Ahora mismo, mi esposa y mi hija no están.

En casa solo está la criada.

A todos he de tomar testimonio

y tu criada estaba presente en el atentado. Llámala.

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Acacias 38 - Capítulo 15

04 may 2015

Manuela y Germán se besan. Cayetana llega a la casa y está a punto de pillarles. Germán le da una nota a Manuela, pero Cayetana la encuentra.Celia se bebe el preparado de la curandera y hace el amor con Felipe. Cree ver un bebé cuando en realidad solo se trata de una muñeca que le regaló Carlota.

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  1. Maria Muñoz

    Todo de mal en peor para Germán, no se puede explicar por qué tanta saña contra él, ya debería de haber una luz que pueda salvarlo !!!

    04 dic 2015