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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1187 - ver ahora
Transcripción completa

-¡Alto a la autoridad! ¡Alto!

(CESÁREO SE QUEJA)

Lolita es muy agradecida. Y en tu caso, razones tiene.

-Ni siquiera puedo decirle cuánto me voy a quedar.

-Trabajarás en la mantequería el tiempo que sea menester.

-Se ha cruzado con un navajero.

-Pero ¿le ha pinchado? -Un par de raspones.

¡Saldrá en los periódicos! -Mejor, más gente vendrá.

Y saldrá en los periódicos que el marqués ha comprado un cuadro.

Tendremos la galería llena de aristócratas.

-Como si entre la aristocracia no hubiera guarros.

Pero ese no es el asunto. Deberías habérmelo dicho.

Yo no quiero sus perras.

Lo único que quería era conocerle.

Mi madre me habló de lo buena gente que es, la gracia que tiene.

-¿Quieres decir que ella...? -Sí.

Ella murió hace bien poco.

-Gracias a Dios que no llegó la sangre al río.

-¿Le parecen pocas dos puñaladas?

-No se te ocurra decir eso delante de Santiago que está encorajinado.

Va a ir a buscar al que lo hizo.

No sé qué hacer con él, Maite.

Me da la sensación de que no es tan desvalido.

Es como que oculta algo.

-Bueno, estaré atenta.

¿Quién va a servirles ahora?

-Tendremos que buscar una chica, sí.

Sin prisa, no queremos quedarnos con lo primero que llegue.

-El muchacho, Julio,

se quedó muy triste después del trato que le dio.

Cree que le guarda rencor.

Hable con él un rato, no quiere más.

Unos trazos dados con precisión

y los colores se convierten en una mujer viva.

A mí me recordaba a alguien.

Un cuadro en concreto, no todos.

¿A que no saben quién ha venido a hablar conmigo en la calle?

Este es el cuchillo... con el que intentaron matarme.

Tenga valor y clávemelo usted misma.

(Puerta)

Santiago.

¿Es usted?

Santiago, le he hecho una pregunta.

¿Qué hace aquí junto a mi prometida?

Veo que insiste en no contestarme. ¿Qué está sucediendo?

Felipe... Nada.

Le estaba preguntando por usted. Venía buscándole.

Quería cerrar un asunto que tenemos pendiente.

Acompáñeme al despacho.

Si nos disculpas...

Con Dios.

Con Dios.

Pase.

Muy bien, ¿usted dirá?

Le traigo sus honorarios por la defensa de Marcia.

No, Santiago, no pienso cobrarle ni una peseta.

Me siento pagado con haber podido demostrar la inocencia de Marcia.

Estamos en paz.

Yo no lo siento así.

No me gusta dejar deudas sin pagar.

Le digo que no existe ninguna deuda entre nosotros,

así que guárdese el dinero.

Le agradezco la intención, Santiago,

pero como ve no es necesario.

Ese dinero les vendrá muy bien para el viaje.

Al parecer, no va a haber manera de convencerle.

Déjeme al menos que le agradezca

haber salvado a la mujer que amo.

Gracias.

Santiago,...

antes de marcharse me gustaría hacerle una pregunta.

¿Cómo supo que Genoveva estaba embarazada?

Le he hecho una pregunta, le ruego que me conteste.

No puedo hacerlo,

la verdad es que no recuerdo a quien se lo escuché decir.

¿Ha hablado alguna vez con Genoveva o con Marcia de este asunto?

No, no, con ninguna de ellas.

Pero no se preocupe,

mi boca está sellada, nadie lo sabrá por mis labios.

Gracias por todo lo que ha hecho por Marcia.

Con Dios. Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay, niña, recupera el resuello

y dinos de una vez qué te ha pasado.

No sé si seré capaz.

Me tiembla el cuerpo después del encuentro en la calle.

-¿Algún loco?

¿Alguien te ha dicho alguna majadería?

No, padre, no es eso.

No hagas caso a lo que te digan por la calle,

que hay mucha malicia.

No se trata de ningún loco ni de ningún malicioso,

sino de un empleado de telégrafos.

¿De telégrafos? Sí.

Venía a casa a entregarme un telegrama de ¡Sevilla!

-¿Y a ti quién te escribe desde Sevilla?

-Como no sea la abuela Clotilde o los primos Padilla...

Nada de eso.

Se ve que en la tierra de los nuestros se han hecho eco

de mi debut y están muy interesados en que haga una gira.

-Ay, hija, que alegría me has dado.

Qué alivio. -¿Por qué, Jose?

-¿Eh? -¿Alivio por qué?

-No sé, que estoy satisfecho por la gira de la niña.

Aún no me lo creo, actuar en la tierra de mis orígenes.

¿Qué les parece? Una maravilla, canelita.

-¿Cuándo tendrías que marcharte de gira?

No sé, en un par de semanas.

Un poco precipitado, ¿no? Habrá que pensarlo bien.

(Timbre)

Buenas tardes, don Liberto. -Buenas tardes.

¿Se encuentra don Ramón en casa?

-Sí, claro. Pero pase. -Gracias.

-Ramón, tenemos visita. -Liberto, qué agradable sorpresa.

-Espero no molestar. -Usted nunca lo hace.

-Llega a tiempo, acabo de preparar café.

-Siéntese, por favor.

¿Se ha enterado del ataque que sufrió el esposo de Marcia?

-Sí, ¿qué energúmeno podría hacer algo semejante?

-Nadie lo sabe, no se han producido detenciones.

-Esperemos que no tarden,

con individuos así, nuestro barrio cada vez es menos seguro.

-Bueno, aquí está.

¿Qué tal está resultando la exposición?

-No puedo quejarme, hemos vendido más cuadros de lo esperado.

-Cuánto nos alegramos.

-Sí, son muy buenas nuevas.

Aunque, discúlpeme, pero...

algunos de los lienzos resultan,...

no sé, demasiado atrevidos.

-No tienes que disculparte, yo opino de igual forma.

Y mi esposa ni digamos. Está muy enfadada.

-No me extraña.

¿Se imagina que hubiese dicho su tía de haber estado presente?

-Prefiero no imaginarlo.

-Habría puesto el grito en el cielo.

-(RÍE)

-Mire usted el aspecto positivo.

Esta controversia le va a dar publicidad a la galería.

-Me hubiese gustado tener menos publicidad.

He mandado retirar los cuadros más comprometidos.

Don Ramón,...

me gustaría pedirle un consejo.

Temo que mi galería sea tachada de escandalosa y provocadora.

-Podría suceder.

-No me gustaría que mi esposa y yo

mancháramos nuestra imagen social por ser los propietarios, ¿entiende?

¿Cree que debería clausurar la exposición y cerrar la sala?

-Eso sería algo exagerado.

En mi opinión, debe aguantar un poco.

Ha invertido mucho dinero.

Cuando acabe la exposición, puede plantearse el cierre.

-Don Liberto,

¿ha considerado la posibilidad de exponer obras más clásicas

en un futuro,

eso le traerá menos disgustos.

Y seguramente, a su esposa se le pase el enfado.

-Más me vale, Rosina enfadada es peor que un toro.

En Cuba os van a quitar estos pañuelos de la mano.

-Casilda, te estoy muy agradecida.

-Mujer, a mí me gusta mucho bordar contigo.

Además, no os va a sobrar el parné,

así que toda ayuda, bienvenida sea.

-Tienes más razón que un santo,

pero me da coraje que, para un rato que descansas de faenar

en casa de tu señora, continúes aquí conmigo.

-Por eso no te apures, a mí me gusta bordar contigo.

Y así pasamos más tiempo juntas.

Marcia, te voy a echar mucho de menos.

-Y yo a ti, Casilda,

tú has sido como una hermana para mí.

Nunca te olvidaré.

-(SUSPIRA) No debería haberme ido de viaje.

Así habríamos estado más tiempo juntas.

-No te creas,...

apenas nos hubiésemos visto, recuerda que estuve presa.

-Ya. Peor me lo pones,

tú en la cárcel, y yo mientras,

de viaje viviendo la vida padre. -No te sientas mal por eso.

No hubieras podido hacer nada

y te habrías perdido ese viaje tan exótico.

-Eres más buena que el arroz con leche.

Ojalá que seas muy feliz en esa isla tan lejana.

Te lo mereces, Marcia.

-La verdad es que he sufrido mucho, sí.

Esperemos que cuando desembarquemos en Cuba cambie mi suerte.

Al menos, estaré lejos de Felipe

y no sufriré más por verle día tras día.

Santiago me ha demostrado un amor incondicional,

y seré dichosa a su lado.

-Pa chasco que sí.

Servidora siente que tú, que la vida te sonreirá en las Américas.

Mira, ya está aquí tu flamante esposo.

-Buenas noches.

No sabía que estabas tan bien acompañada.

-No por mucho más, Santiago.

Me voy pal altillo, que tres son multitud.

-Con Dios. -Buenas noches.

-Con Dios.

-¿Dónde estabas?

-En casa de Felipe, he ido a verle.

-¿Por qué motivo?

-Quería pagarle la minuta por haberte defendido,

pero se ha negado en rotundo a aceptarlo.

-Muy propio de él.

-Con ese dinero...

podremos pagar los pasajes para irnos cuanto antes.

Siempre que estés dispuesta a retomar nuestros planes.

-Sí, pero en cuanto tus heridas cicatricen.

-Me parece bien esperar ese poco.

Así también podré arreglar mis papeles.

Quiero... recuperar mi verdadero nombre.

Seré de nuevo Israel,

y solo tendré un objetivo en la vida: hacerte dichosa.

-¿Sabes?

Lo he estado meditando,

y...

quizá deberíamos casarnos en cuanto desembarquemos.

Ser marido y mujer, ya sin más mentiras.

-Me parece una gran idea.

Nos casaremos

en una maravillosa playa de arena blanca.

¡Estarás preciosa y te cuidaré como mereces!

Madre, ¿aún no ha cerrado? -No,

estaba terminando de recoger.

Os veo muy contentos.

-No nos faltan motivos.

Cinta, cuéntale a mi madre las novedades.

Doña Felicia, me han propuesto hacer una gira por Andalucía.

-Sí que es una buena noticia.

-Hasta en Andalucía se ha corrido la voz de su talento.

Según mis padres, hay ojeadores en los teatros en busca de talentos.

Alguno debió de tomar buena nota de mi debut.

¿Y tus padres qué opinan al respecto?

Mi padre está entusiasmado.

Pero mi madre piensa que es algo precipitado.

Intentaré convencerla antes de que se inicie la gira,

no tengo tiempo, apenas dos semanas.

-¿Dos semanas?

Sí. No sabía que sería tan pronto.

Se me habrá olvidado. ¿No te importa, verdad?

No, no, claro que no.

¿Y cuánto tiempo estarías fuera?

Ese detalle tampoco me lo has comentado.

El tiempo que sea necesario según las actuaciones que se contraten.

Claro.

Me voy, que es tarde, mañana nos vemos.

Con Dios, doña Felicia. -Con Dios, Cinta.

Emilio, ¿qué te pasa?

No pareces tan satisfecho de que se marche a Andalucía.

-No sabía que se iría tan pronto.

Le reconozco que estoy algo inquieto.

¿Y si triunfa y no vuelve?

-Hijo,

no digas eso, ella te ama.

Nunca haría eso.

Además, ¿no has oído que Bellita no está del todo convencida?

A lo mejor se queda en nada, como lo de Argentina.

-Lamento decir esto, pero ojalá sea así.

Arrea, Servando, con el diario en la mano parece alguien.

-Estaba viendo si ponía algo en los papeles

sobre la exposición, y si sale alguna foto, mucho mejor.

-¿Y desde cuándo le interesa la pintura?

-Mira que uno siempre ha sido gran amante del mundo del arte.

Incluso estoy considerando acercarme a la galería

de don Liberto para ver las pinturas.

¿Y tal interés no vendrá al saber que puede ver a las mozas desnudas?

-Arrea, qué mal pensado eres.

¿Qué culpa tendré yo que la artista tenga capricho

de pintar eso y no cuadros con frutas?

-Servando, que nos conocemos.

-Calla, que por ahí viene don Antoñito.

A ver si le podemos sonsacar algo de Julio.

-A ver si hay suerte, que don Emilio no soltó prenda.

-Déjeme a mí, que sacaré el tema con sutileza.

-Muy buenas. ¿Se sabe algo de Santiago?

¿Han detenido ya a su agresor?

-Nones, nosotros no nos hemos enterao de nada.

-Si vosotros no sabéis nada, es que no hay novedades.

Con Dios. -Con Dios.

Don Antoñito, del que...

tampoco sabemos nada es de ese tal Julio,

el que anda preguntando tanto por los Domínguez.

Por cierto, no sé si se ha dado cuenta,

pero se da un cierto aire al urcitano,

en el acento, en ese gracejo suyo, en el andar.

-Muy sutil, Servando.

-Pues no, a mí no me lo parece en absoluto.

-Pero si tienen los mismos andares.

-Es que podrían ser hasta padre e hijo.

-Servando, no me agrada lo que está sugiriendo.

-A ver, entre las personas famosas esto es normal,

les salen hijos secretos como a otros les salen granos.

-Yo no estoy tan seguro como Servando,

que conociendo don Jose,

no creo que le haya hecho ese feo a doña Bellita.

-El muchacho no es tan feo.

-Os exijo que dejéis de decir tales disparates,

o se puede organizar un barullo muy grande.

-Es que el barullo ya es bastante grande.

-Servando,... -No, nada.

-baja la voz. -Sí.

Se puede enterar el primero que pase, y al final,

despertar falsos rumores sin fundamento.

Esta conversación se termina aquí, ¿vale? Muy bien.

Con Dios. -Con Dios.

Dice: "Falsos rumores sin fundamento".

Este tampoco se entera mucho. A ver.

Ay.

(Puerta)

Felipe, ¿eres tú?

Disculpe, señora, soy yo.

Venía a ver si precisaba algo.

Ya veo que esperaba a mi señor.

Así es. ¿Sabe dónde está, Agustina?

Me extraña sobremanera que no haya acudido aún a verme.

¿No le sucederá nada?

No que una sepa.

Esta mañana le he servido el desayuno

y parecía estar bien.

¿Por qué quería verle con tamaña urgencia?

¿Le pasa algo?

No es nada.

Los preparativos de la boda, que me tienen inquieta.

Natural, ¿qué novia no estaría nerviosa

con la fecha tan cercana?

Pero temple esos nervios,

todo va a salir perfectamente, no se preocupe.

Espero que no se equivoque.

Últimamente han sucedido tantas cosas.

Estoy deseando dejarlas atrás para siempre.

Si se refiere a la muerte de Úrsula,

me temo que es algo que aún no se ha quedado atrás.

No la comprendo, ¿a qué se refiere?

He recibido... esta carta.

Al parecer,

me la envió Úrsula

antes de morir.

¿La ha leído? No.

Ni siquiera he tenido fuerzas para leerla.

Todo lo que tiene que ver con Úrsula me revuelve el estómago.

En tal caso, siga mi consejo y rómpala de inmediato.

Úrsula en vida ya fue una fuente de mentiras y malicia,

y eso no habrá cambiado después de muerta.

Lo mejor que podría hacer es deshacerse de esa carta.

(Puerta)

¿Querías verme?

Sí. Pero deja que termine de hacerle un encargo a Agustina.

Las invitaciones de boda acaban de llegar de la imprenta.

Haga el favor de llevarle una en mano a la baronesa Hirsch.

¿A la baronesa?

¿No habíamos quedado en hacer una celebración íntima?

Es una mera formalidad,

la baronesa nunca está en la ciudad en estas fechas,

lo más probable es que no pueda acudir, pero...

no está de más tener el detalle de invitarla.

Está bien.

La llevaré esta misma tarde, señora,

en cuanto termine de recoger en casa de don Felipe.

Gracias.

Estaba deseando verte.

¿Va todo bien?

¿Por qué no tendría que ser así?

¿Acaso estás preocupada por mi reunión de ayer con Santiago?

(RÍE)

Aún estoy sorprendido por la marcha de Cesáreo.

No tenía ni idea de que estaba tan enamorado de Arantxa.

-Ya ve, Antoñito, tanto como para seguirla allá donde vaya.

-Cómo es el amor.

El sereno cambia el chuzo por una vida entre vacas.

-¿Quiere otro café?

-No, gracias.

¿Sabe si su hermano tardará? Tenía que hablar con él.

-No sé decirle, tenía reunión con un proveedor

y se está alargando.

-Ya. Me parece que me tengo que marchar,

porque yo también tenía reunión con unos posibles clientes y ni llego.

Así que nada, gracias y con Dios.

-Gracias.

-¿Quería algo Antoñito?

-Nada, al parecer, tenía algo que comentarle a Emilio.

-¿Sabes, Camino?

Me he dado cuenta de que al final no te pregunté por aquel lazo

que te regalaron, ¿averiguaste al final quién te lo envío?

-¿Aún está con ese asunto después de tantos días?

-Es simple curiosidad.

-Pues la verdad es que no puedo sacarla de dudas, sigo sin saberlo.

Seguro que se trate de un error.

-Extraño error.

Y más sabiendo que el paquete venía a tu nombre.

Y Camino no es un nombre muy corriente.

¿Ese lazo no tendrá un significado oculto para alguien que conozcas?

-No, claro que no, madre, qué tontería.

Voy a ver si ya está horneado el pan.

¿Pareces muy interesada por mi reunión con Santiago?

De ninguna manera, Felipe,

tan solo me preocupaba que pudiese haber estado agresivo contigo.

¿Por qué piensas tal cosa?

Te recuerdo que no sería la primera vez que te agrede.

No, todo lo contrario,

vino a pagarme la minuta por la defensa de Marcia.

Por supuesto, no le acepté el dinero.

¿Y no hablasteis de nada más?

¿Qué te ocurre?

¿Qué es lo que temes que me contara?

Nada.

No lo comprendo, cada vez que hablamos de Marcia y su esposo

terminamos discutiendo.

Escúchame. -No, déjalo.

No quiero hablar más de este tema.

No quiero más disgustos, ya sabes cómo me afectan.

Nos encantan los cuadros. Tenemos que pensar un momento.

Nos vemos pronto.

-Sí, por supuesto, cuando deseen.

Mi estudio estará abierto para ustedes.

-"Con Dios. Muchas gracias".

Eran unos amigos del marqués de los Pontones.

Él mismo les recomendó la exposición,

y ya sabe, lo que él recomienda, va a misa para sus amistades.

-La felicito. Las ventas están yendo muy bien.

-Sí. ¿Sabe? Esta mañana estuve viendo su colección

y quedé impactada.

El aristócrata es un coleccionista de un gusto exquisito.

Y no lo digo tan solo porque haya comprado uno de mis cuadros.

¿Qué le ocurre? Le noto serio, Liberto.

-No me ocurre nada, Maite,

he venido para ponerle al día de los ingresos y los gastos.

Por favor. -Claro.

-Como podrá comprobar,

los resultados han sido muy buenos.

Aquí tiene detallada la comisión que me llevaré por las ventas.

-Nuestra colaboración está siendo todo un éxito.

Deberíamos celebrarlo.

-Me temo que tendrá que ser en otra ocasión, ahora tengo prisa.

-¿Ni siquiera un brindis? -No puedo.

Disculpe, pero solo he venido a traerle las cuentas.

Así que, ¿su prometida ha sido invitada

a hacer una gira por Andalucía?

-Sí, parece ser que su carrera es imparable.

-Está visto que Acacias es una calle llena de artistas.

Por un lado, su familia política,

y por otro, Camino y su maestra.

-Es evidente que yo soy la excepción.

Pero tengo un arte para servir cafés...

-Idelfonso, no le esperaba.

-Muy buenas.

Pasaba por aquí y he pensado en saludarla.

-Se lo agradezco, pero ahora no es buen momento,

va a comenzar el turno de comidas.

-No te preocupes, hay tiempo para que lleguen los clientes.

Podéis hablar, ya me encargo yo de todo.

-Se lo agradezco, Emilio.

Vengo de visitar a mi abuelo. Al parecer, Maite, su profesora,

ha estado viendo su colección de arte a primera hora.

-¿Ah, sí? -Sí.

Mi abuelo ha quedado muy complacido con su maestra.

Pero no solo me habló de la pintora.

-¿De quién más?

-De usted, Camino.

Causó a mi abuelo una impresión inmejorable.

-El marqués es todo un caballero.

-Y sabe juzgar a las personas. No puedo sino compartir su opinión.

Sepa que haberla conocido

es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Es usted bella, inteligente y educada,

una auténtica joya.

-Es muy amable, pero creo que exagera.

-No, nunca he estado tan seguro de mis palabras,

se lo aseguro.

-¿Y qué cuadros le ha mostrado su abuelo a mi maestra?

Niña, estás dejando más patata en las mondas que fuera de ella.

A este paso vas a necesitar dos kilos para hacer la tortilla.

No exagere, me va a quedar para chuparse los dedos.

Más bien pa comérselos, a ver si así se nos pasa el hambre.

Ay, lo que nos vamos a acordar de Arantxa.

Descuide, que mientras encontramos criada, yo me encargaré de todo.

Precisamente eso es lo que me preocupa.

Lo malo es que no podré encargarme mucho tiempo,

en nada comenzaré la gira.

Madre, ¿qué es lo que no le convence del asunto?

Hija, te seré sincera,

no sé si estás preparada para darte un tute semejante.

No lo sabremos si no lo intento.

Las prisas no son buenas consejeras,

no por mucho correr se llega antes al destino.

Es posible, pero si una no se echa a andar, nunca lo conseguirá.

Además, me da coraje no poder acompañarte.

Aún no estoy del todo recuperada y tampoco está Arantxa.

Madre, comprendo sus reticencias, pero sabré arreglármelas sola.

Ea.

Cualquiera lo diría viendo cómo cocinas.

(Puerta)

¿Quién será a estas horas?

A las buenas. -Muy buenas, Marcelina.

¿Sucede algo? -Na grave, señora.

Que he sabido por la señá Fabiana que andan buscando criada.

-Así es. ¿Conoces a alguien?

-No, no, pero he pensado que mientras la encuentran,

podría ayudarlas con las tareas de la casa.

-Se lo agradezco, pero no es necesario.

No quiero abusar.

-No sería ninguna molestia, al contrario.

Pa mí sería un honor lavar, fregar,

planchar o cocinar pa la gran Bellita del Campo.

-Escucha, Marcelina, ¿sabes hacer tortilla de patatas?

-Arrea, que sí sé.

Está mal que una lo diga, pero las mías no son tortillas de patatas,

son puro arte.

-Niña, apártate y aprende.

Haznos una maravilla de esas, hija.

-Ahora mismito.

-Toma, pon eso ahí. Sí.

Madre, ¿y respecto a la gira?

Ya hablaremos después de comer, se decide mejor con el estómago lleno.

Mira, mira qué poderío.

Eso es poderío y lo demás... cuentos chinos.

(Timbre)

Ya va.

Camino, ¿sucede algo?

Camino, por favor. -No aguantaba más sin verte.

Me he escapado después del turno de las comidas.

¿Me has echado de menos? -Claro.

-¿Qué tal tu día?

-No puedo quejarme,

las ventas de la exposición van de maravilla.

Y he visto la colección del marqués de los Pontones.

-Lo sé, Idelfonso me lo ha dicho.

-¿Le has visto?

-Sí, se ha presentado por sorpresa en el restaurante.

-Ah.

¿No te ha agradado su visita?

-Maite, estoy muy inquieta.

Ildefonso se muestra cada vez más cariñoso.

Temo que en cualquier momento quiera formalizar nuestra relación,

no se conforma con una simple amistad.

-Ya.

Era de esperar,

es un chico joven y tú una mujer maravillosa.

-No sé qué hacer.

-Intenta adelantarte a sus movimientos.

Dile a tu madre que no te gusta como pretendiente

antes de que él trate de pasar a mayores.

-Eso ya lo he intentado y mi madre ha hecho oídos sordos.

-¿Has hablado de tal asunto con tu madre?

-(ASIENTE)

-¿Por qué no me habías dicho nada?

-Estabas tan atareada que no quería preocuparte.

-Pues me estás preocupando ahora.

-Debías saberlo,

mi madre se niega rotundamente a que rompa con Ildefonso.

Nada la haría más feliz que nos comprometiéramos.

-¿Crees que Idelfonso pueda declararse pronto?

-Antes lo dudaba,

pero después de la visita de hoy, no creo que tarde.

Tenían que haber visto con qué gusto

se ha comido doña Bellita mi tortilla.

Estaba maravillá.

-(BOSTEZA) Cuanto me alegro, Marcelina.

-Voy a la mantequería a por especias

pa luego prepararle unas albóndigas pa cenar.

No va a haber probao manjar semejante.

Con Dios. -Con Dios.

A esta Marcelina no hay quién la calle,

en un santiamén nos ha puesto la cabeza loca.

¿Le sucede algo, Agustina?

Parece usted mohína.

¿Y esa carta? -Me la ha enviado Úrsula.

-¿Úrsula? ¿Está usted segura?

-Eso pone el remite.

-¿Y por qué le escribe después de tantas barrabasadas que le hizo?

¿Qué le cuenta en ella?

-No lo sé, Fabiana, no me he atrevido a leerla.

-¿Y eso por qué? ¿Acaso no le pica la curiosidad?

-Sí, pero por otro lado,

lo único que quiero es olvidarla para siempre.

Se me clavó como una daga su traición.

Así que no sabe qué hacer con la misiva, ¿no?

-Doña Genoveva me ha recomendado que la rompa sin más.

Teme que Úrsula pueda perjudicarme desde el más allá.

-Desde luego, era muy capaz de eso.

Pero, por otro lado, quizás tan solo quiera mostrarme

su arrepentimiento

e irse en paz por todo el daño que me hizo.

-Solo hay una forma de averiguarlo, Agustina.

¿Usted abriría la carta?

-Creo que sí,

pero esa es una decisión que debe tomar usted misma.

Ahora debo marcharme.

He dejado mucho tiempo a Servando solo en la pensión

y temo que me haya liado alguna de las suyas.

A más ver, Agustina.

-¿Qué diantres es esto?

Buenas tardes, don Jose. -Buenas tardes, don Ramón.

-Me he enterado de que su criada se marchó a las vascongadas.

-Así es, la vamos a echar mucho de menos.

-Es normal, llevaba muchos años a su servicio.

¿Y su esposa, cómo está?

-Mucho mejor, le agradezco el interés.

Prácticamente, ya está recuperada.

El médico le ha retirado el antídoto porque ya no queda veneno.

Pronto podrá salir de casa.

-Me alegra mucho escucharlo.

Pero, perdone que le diga, usted no parece muy contento.

Le veo preocupado. ¿Sucede algo?

-No, no es nada.

Cinta ha recibido una oferta para marcharse de gira

y estoy dudando si darle permiso.

Me temo que en eso no puedo aconsejarle.

Ustedes son los que conocen el mundo de la farándula,

sabrán mejor que nadie qué hacer con su hija.

Seguro que toman la decisión más correcta.

-Eso espero, le agradezco sus palabras.

-Tengo que dejarle, Carmen me espera para dar un paseo.

-Yo también me marcho. -Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-Le estaba buscando.

-¿Qué pasa, Emilio? ¿Acaso ha sucedido algo?

-Me temo que sí.

Servando y Jacinto sospechan que Julio es en realidad su hijo.

-¿Cómo han podido enterarse?

¿Se lo habrá dicho Julio?

-No, lo han deducido macarrónicamente, a su manera.

Antoñito, y antes yo, se lo hemos negado rotundamente,

pero se han quedado con la mosca tras la oreja.

Temo que el rumor pueda ir creciendo hasta que sea imparable.

-Menos mal que Bellita está en casa recuperándose

y no se puede enterar.

-Pero saldrá muy pronto a la calle,

y puede que entonces se encuentre con Julio.

¿Qué hará entonces?

"Mi querida Agustina,

no puedo aspirar a su perdón,

pero no deseo abandonar este mundo sin decirle que me arrepiento,

de corazón, de haberla tratado de empujar al suicidio".

No la guardo rencor, Úrsula, ya no.

"Fue un acto abyecto, repugnante".

"Pero quiero que sepa que no fue idea mía cometerlo".

"Había otra persona detrás de semejante barbarie".

"Yo... solo obedecía sus órdenes".

¿Qué está diciendo?

"Doña Genoveva me obligó a hacerlo".

"Me encargó que acabase con su vida,

como prueba de que era digna de su confianza".

"Sé que le costará creerlo,

pero tiene mi palabra de que no la miento".

"¿Qué sentido tendría hacerlo

cuando estoy tan cerca de rendirle cuentas a nuestro creador?".

"Esa mujer les tiene a todos engañados,

el primero, a don Felipe".

"Es despiadada y maligna".

"Disfruta haciendo el mal".

"Y alguien tiene que detenerla".

¿Detenerla?

"Agustina, depende de usted que, al fin, se haga justicia".

"Tiene que evitar que doña Genoveva siga haciendo el mal

a todo aquel que la rodea".

"Debe acabar con su vida".

"El preparado que acompaña a esta carta

le ayudará a lograrlo".

"Podrá envenenarla sin dejar rastro".

"Nadie más sufrirá por su culpa".

Qué sorpresa, don Felipe, no le esperaba.

Pase, por favor y tome asiento.

¿Le apetece tomar algo? No, gracias.

Dígame, qué le trae por mi casa.

Se trata de un asunto delicado. -Felipe, me alegro de verle.

Si viene a darnos las invitaciones...

Genoveva ya nos las envió.

Por cierto, la invitación es un primor.

Será una boda con mucha clase.

Estará deseando que llegue el día del enlace.

Sí, por supuesto.

Y dígame, ¿ha elegido ya el chaqué? -Rosina,...

no atosigues a nuestro invitado.

Seguro que Genoveva se encargará de esas cosas.

-Qué aburridos sois.

Si por vosotros fuera, os casaríais en batín y pijama.

Ya me voy.

Que lo pasen bien hablando de sus cosas interesantes.

Gracias, doña Rosina.

Don Felipe, ¿algo va mal?

No lo sé, Liberto, no lo sé.

No sé si algo va mal o es solo fruto de mi imaginación.

¿A qué se refiere?

Me cuesta hasta decirlo en alto,

pero llevo días pensando ciertas cosas sobre Genoveva.

No le comprendo, ¿qué tipo de cosas?

Que quizás fue ella la que dejó el pañuelo de Marcia

en la escena del crimen, incriminándola.

Esa es una acusación muy grave, Felipe.

Y no es la única.

Sospecho que me está ocultando una relación más estrecha

de lo que creía con Santiago.

¿Y tiene algún fundamento para pensar tales barbaries?

No, no tengo pruebas.

Solo indicios y una fuerte sensación de que no me equivoco.

Ya. Pero...

quizás haya otra explicación para sus sospechas.

¿A qué se refiere?

Es claro, amigo,

quizás su mente esté actuando a la defensiva

ante el inminente enlace.

¿Cree que me resisto,

aunque sea inconscientemente a casarme con ella?

A ver, don Felipe,

los dos sabemos que Genoveva no es la mujer que de verdad ama.

¿No es así?

Creo que va siendo hora de que se aclare de una vez.

Le recuerdo que quedan muy pocos días para el enlace.

Don Ramón, enhorabuena.

Me he enterado de que ayer le pidió la mano a Blanca.

Me alegro mucho por los dos.

Jose, un oloroso.

-Buenas, Antoñito. -¿Qué tal, Emilio?

¿Cómo va la cosa?

-Bueno... No te preocupes, sirvo yo.

-La verdad es que bastante regular.

Mi suegro está bastante fastidiado.

Teme que... todo el asunto de Julio

llegue a oídos de su esposa y de Cinta.

-Ya. Tiene motivos para estar asustado.

Yo temo que...

el asunto de su posible hijo Julio sea imparable.

-Ya.

¿Y qué puede hacer?

-Que convenza a su mujer y a su hija

para que se vayan de gira lejos de España, no le queda otra.

-Antoñito, no son cuitas para tomarse a chanza.

-Buenas tardes, Emilio, ¿está su hermana?

-No, ahora mismo no, ha salido a dar un paseo.

¿Sucede algo? -Espero que no.

Esta mañana la noté algo tirante

y quería disculparme por si he dicho algo que le haya incomodado.

-Descuide, seguro que no ha sido nada.

¿Por qué no se sienta con nosotros mientras espera su vuelta?

-Sí, gracias.

-¿Un café? -Sí, por favor.

-¿Han leído el diario de hoy?

El gobierno va a enviar un nuevo remplazo de reclutas

al norte de África.

-Sí, los mandan a combatir contra lo cabileños de Larache y Tetuán.

-Les mandan al matadero, desde luego.

Pobres muchachos.

-¿No está de acuerdo con que se acometa cualquier sacrifico

para ganar la guerra?

-Me temo que la guerra del Rif hace tiempo que está perdida.

-¿Acaso usted no iría gustoso a luchar por nuestra bandera?

-Por desgracia, no es por España por quien están luchando,

sino por los intereses de los políticos.

De hecho, yo me libré de enrolarme.

-Sí, claro,

aún recuerdo cómo engañó al inspector militar

para que no le reclutaran.

-¡¿Me está diciendo que eludió sus obligaciones con la madre patria?!

-Tampoco...

-¡¿Habla así de los patriotas que dan su vida por España?! Cobarde.

-No me hable en ese tono.

-Serán las pistolas las que hablen. Búsquese un padrino.

Le reto a un duelo. -¿Qué está diciendo?

-Tendrá noticias mías.

-Emilio, acaba de retarme a un duelo.

# Cuando salí de La Habana, válgame Dios...

# Nadie me ha visto salir si no fui yo.

# Y una linda guachinanga que sí, señor,

# se vino tras de mí como una flor.

# Ay, chinita que sí.

# Ay, que dame tu amor.

# Ay, que vente conmigo chinita

# a donde vivo yo. #

Bueno, que vamos a dejarnos de tanto cante.

Tenemos mucha faena por delante,

tienes que llevarte los pañuelos pa venderlos en Cuba.

-Sí. Como sigamos bordando a este paso,

voy a llenar dos baúles solos con ellos.

-Mucho mejor, más parné ganarás.

Y si es así, dame aviso,

que me subo en un barco y voy para allá a seguir bordando.

-Nada me gustaría más que te vinieras conmigo.

Seguro que te encontrábamos un buen mozo para casarte.

Aún estás a tiempo,

no partiremos hasta que Santiago esté recuperado del todo.

-Al fin sale usted del cuarto, señá Agustina.

Eso sí que es una siesta y lo demás tontunas.

-¿No debería estar en casa de sus señores?

Agustina, ¿está usted bien?

Agustina, al fin la encuentro. -Señora.

He telefoneado a la baronesa

y dice que no le ha entregado la invitación.

¿Por qué no ha cumplido con lo que le había pedido?

Agustina, le he hecho una pregunta.

No le he obedecido porque es usted una malnacida,

me repugna,

señora.

-Agustina, ¿ha perdido usted el oremus?

-No le haga caso, doña Genoveva.

-Todos van a saber quién es en realidad usted.

Pienso arrancarle su máscara.

¿Es cierto que don Ildefonso te ha retado en duelo?

-Como lo oye.

-¡¿Qué ha sucedido?!

-Estábamos comentando sobre la actualidad...

-¿Y?

-Hice un comentario sobre la guerra.

-¿Cómo puedes ser tan imprudente, hijo?

Retráctese y aquí no ha pasado nada.

¡No me toque!

Marcelina iba a ir a ayudar con la comida a casa de Bellita

y quería decirle que no diga nada de ese rumor que corre por ahí.

-¿Se refiere a lo del hijo ilegítimo de don Jose?

¿Qué ocurre con Agustina? Me estás preocupando.

Agustina me empujó ayer de malas formas.

¿Cómo?

Cuando Agustina me tiró al suelo temí por nuestro hijo.

Quita esa cara. Todo se arreglará.

Todavía no doy crédito de que la señá Agustina

haya empujado a doña Genoveva.

-Tanto como empujar... Le soltó la mano y se dejó caer.

La señora ha exagerado un poco.

-¿Y por qué iba a hacer eso una señora como Genoveva?

¿Cómo podemos evitar que se celebre ese duelo?

¿Qué dice la ley?

La ley prohíbe los duelos desde 1870.

¿En serio? Ajá.

El código penal prohíbe los duelos

y pueden estar castigados con cárcel.

-Eso es maravilloso.

-La mejor de las noticias.

Bueno, no tanto.

Nadie aplica la ley contra los duelistas,

se consideran asuntos de honor.

¿Ha vuelto a saber algo de Julio?

-No desde el día de la discusión.

No sé qué hacer ni qué decirle ni cómo afrontar el tema.

Hace mucho que no estaba tan ofuscado.

Ya, ya, respira, respira.

-(SE QUEJA)

-Ya, ya. -No, no, no.

-Carmen, hay que ir al hospital como una saeta.

-Voy a buscar un coche. -(SE QUEJA)

-¡Dese prisa, por lo que más quiera!

El honor es algo sagrado para mí.

Antoñito no fue capaz de dar su vida cuando fue llamado a filas,

ahora, la dará defendiendo su honor.

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Acacias 38 - Capítulo 1187

27 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Marcela

    Ese cuadro de las dos mujeres parece pintado por Fernando Botero

    29 ene 2020
  2. Santi

    Marilu, hasta donde yo he visto es todo cierto y una buena recopilacion de datos sobre todo en el anexo de personajes.Todas las muertes, quien los mató, personajes desaparecidas y que pueden volver o no... desde que apitulos hasta que capitulos aparecían etc ya os lo recomende hace tiempo

    28 ene 2020
  3. Marilu

    Aleja, no tomes como cierto todo lo que leas en wikipedia, al igual que en internet en general

    28 ene 2020
  4. Aleja

    Hola Santi, Es verdad lo había visto el viernes pasado.No se desde cuando estaba o si ha habido otros spoilers, porque fue la primera vez que se me ocurrió buscar Acacias en wikipedia.(ha decir verdad quería conocer la flor de acacias) He entrado hoy y ya ha sido editado (emoji de alegría)....podré seguir disfrutando de la serie y veré mas adelante....quizás haya sido mi imaginación , o al contrario de los personajes que reciben cartas del pasado de Úrsula a mi me mandó una del futuro (emoji de risas jajaja). Hoy ha sido un capitulo con todas las letras y mañana promete superarlo!!

    28 ene 2020
  5. Santi

    aleja, ayer comentabas que viste un spoiler en la wikipedia, es cierto que hace algún tiempo sí que se podía ver algún spoiler eallí, pero en la actualidad no hay nada que no haya pasado ya

    27 ene 2020