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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1176 - ver ahora
Transcripción completa

Mañana me marcho junto a Santiago, a Cuba, para siempre.

Adiós, Felipe.

Marcia.

Siempre te amaré. -Margarita...

se aprovechó de tu buen corazón

para acercarse a ti,

y de acuerdo con su marido,

te ha estado administrando un potente veneno en el té.

-¿Fingió... su amistad para matarme?

-Sí.

Ahora, cálmate, por favor. Cálmate, cariño.

"José Domínguez y Bellita del Campo".

"Principal de Acacias, 38".

A Camino le agradó mucho el lazo que le envió.

-¿Lazo, yo no le he enviado ningún lazo?

-¿Ah, no?

-Ya le dije, madre, que se trataba de un error.

Quería saber cómo iban los preparativos para la exposición.

-Muy bien. Precisamente, estaba embalando todo.

Todo, menos un cuadro en el que quiero seguir trabajando.

-Claro, como crea conveniente. Ya le dije que es usted la artista.

Se van esta tarde, después del funeral.

A más ver. -A más ver.

-"Santiago y Marcia son unos benditos

que lo único que han hecho es

matarse a faenar pa reunir dinero y marcharse a Cuba

a buscarse un futuro mejor".

No te reconozco, ¿qué te pasa? -Ya te he dicho que nada.

Si quieres ver el cuadro, ya sabes dónde encontrarme.

Y vete, vas a llegar tarde a la cita con el tal Idelfonso.

-"Si les parece", podemos ir entrando.

Sí, claro.

-Vamos.

El funeral está a punto de empezar.

Que nadie se mueva.

-Si viene a brindar, llega tarde.

-No he venido a brindar por ella, sino a hacerle justicia.

Vengo a detener a una persona relacionada con su muerte.

-Marcia, lo que...

-Marcia Sampaio...,

queda usted detenida por el asesinato de Úrsula.

Yo no he hecho nada, por favor. Soy inocente.

-¡Es un error, no pueden arrestarla! -¡No vuelva a tocarme!

-¡Son unos incompetentes!

Seguro que se han inventado las pruebas.

-Deponga su actitud o me veré obligado a detenerle.

Que alguien le haga entrar en razón o será peor.

-Tranquilo, todo se arreglará, no lo complique más.

-El juez la dejará libre, Marcia no ha podido ser.

-¿Cuáles son sus pruebas, que ella es negra?

¡Ese es el pecado que ha cometido, ser negra!

-No agrave su situación.

-Es un racista que lleva persiguiéndonos desde que llegamos.

-Entiendo que esté rabioso,

pero se está pasando

y me va a obligar a tomar medidas en su contra.

-Deténgame, ¿es esto lo que quiere?

Venga, deténgame, y así se queda tranquilo.

-Santiago, por favor, para. -Servando,

hágale un favor y llévelo a su cuarto.

Que se eche agua por la cara y se calme, o va a acabar mal.

-Sí, señor. Vamos, haga el favor.

¡No! -Aquí no va a poder hacer na.

Va a empeorar las cosas. -Santiago,

yo no he sido, me van a tener que soltar.

Vete al cuarto, por favor, no te vayan a coger a ti también.

Por favor.

(MARCIA LLORA)

-Ha hecho usted bien,

no iba a aguantarle más insultos. Llévensela.

-(GIMOTEANDO) No, no.

-Comisario, comisario, comisario, venga.

De verdad que se ha tenido usted que haber equivocado.

Marcia no es capaz de matar a nadie, de verdad.

-Eso lo dirá el juez.

-¡Y menos a Úrsula, que no tenía nada contra ella!

-Tenía más relación con ella de la que todos ustedes creen.

¿O saben quién es el asesino? -Pues claro que no,

pero según lo que cuentan de ella,

no pudo ser un criado, que enemigos en lo más alto tenía.

-Las pruebas incriminan a Marcia y es mi obligación detenerla.

Si me equivoco,

habrá sido de buena fe, y el juez y nuestro Señor enmendarán mi error.

Con Dios.

Vámonos.

-Yo no he hecho nada.

(Sintonía de "Acacias 38")

Madre,...

acaban de detener a Marcia.

-¿Cómo lo sabes?

-La he visto salir de la pensión, esposada.

La acusan del asesinato de Úrsula.

-¿Cómo?

-No puede ser por otra cosa.

El comisario Méndez iba tras ella y los guardias.

-Me cuesta creer que Marcia sea una asesina.

-Y mí, pero si la han detenido, sus motivos tendrán.

No se detiene a nadie a tontas y a locas.

-Acaban de pedir la última ración de tarta de almendras.

-Qué éxito. Habrá que dejar de ofrecerlo.

-Yo no creo que se llenen más mesas. Para esta noche habrán traído más.

Voy a hacer el encargo.

-Camino, ¿te has enterado?

-¿Qué pasa?

-Han detenido a Marcia.

Parece que la acusan del asesinato de Úrsula.

-Nada, no contesta la operadora.

Es más rápido ir al mercado que hacer un pedido por teléfono.

-No me cuadra nada que Marcia sea una asesina.

-A nosotros tampoco.

Le preguntaré a Fabiana,

ha salido de la pensión, seguro que sabrá más.

¿Tienes la cuenta de la mesa tres?

-Sí. Aquí tiene.

-Faltan los postres.

-Perdone.

Eran tres natillas

y un arroz con leche.

-Tiene que disculparla, madre,

es que no deja de pensar en Ildefonso.

-¿Es eso, Camino?

-Claro, es eso.

-Ildefonso vendrá esta tarde.

Aunque con todo esto de Marcia,

no sé si mandarle una nota para que no venga.

-No. Como si Marcia tuviera algo que ver contigo. De eso nada.

No anules la cita.

Lo más importante es tu relación con Ildefonso.

Yo la llevo.

-Me alegro de que Ildefonso te haya gustado tanto.

-No seas infantil, Emilio, ¿quieres?

"Maite, estás muy rara".

¿Acaso te molesta que haya quedado con él?

¿Acaso olvidas que fuiste tú quien me animó a verlo?

Ahora te enfadas... -No estoy enfadada.

No te reconozco, ¿qué te pasa?

-Ya te he dicho que nada.

Y vete, vas a llegar tarde a la cita con el tal Idelfonso.

-¡Camino!

¡Camino!

Ve a la cocina y pide dos raciones más de arroz con leche.

-Voy.

-Tu hermana está in albis,

parece que anda por los cerros de Úbeda.

-Siempre fue así.

-Ahora más, será que está pensando en ese mozo.

A ver si con suerte conseguimos que se enamore y se comprometan.

-No fuerce, madre, todo a su debido tiempo.

-Entiendo que Santiago se haya puesto hecho un basilisco.

-Bastante poco se ha enfadado por la situación.

Ver como unos policías se llevan a tu esposa esposada...

-¿Y qué hace? ¿Liarse a mamporros? -No lo sé.

Si vienen y esposan a mi santa Paciencia,

que en gloria esté, yo monto la marimorena.

Tantos años viudo y todavía se acuerda de ella.

Y nunca se me olvidará, bueno, hasta que...

me haga Dios entregar la cuchara,

por más que en los últimos años perdiera el oremus

y se arrejuntó con el mulato.

Dejemos de hablar de Paciencia, que estábamos hablando de Marcia.

-Pa mí que ella no ha matao a nadie. Como si matar fuera tan fácil.

-Pero lo tiene que demostrar, que eso es lo peor.

¿Adónde habrá ido Santiago?

-Iba a hacer unas gestiones pa sacarla del calabozo.

Ojalá no tenga que dormir allí Marcia.

-Yo creo que una noche a la sombra no se la quita nadie.

-Señores, disculpen la interrupción,

pero he visto que se llevaban a una mujer detenida

y por asesinato.

-Se va a demostrar que son acusaciones falsas.

-No me lo esperaba de este barrio, parece de gente de bien.

-De todo hay. -De todo hay, y de todo bueno.

En este barrio, que es uno de los mejores de la ciudad,

los criados son como los señores, y los señores son... como príncipes.

Aquí tenemos gente de todo tipo:

señores de la industria, como don Ramón Palacios,

o de leyes,

como don Felipe Álvarez-Hermoso,

y del arte, como doña Bellita del Campo.

-Un momento,

¿doña Bellita del Campo y su hija Cinta Domínguez del Campo?

-Las mismísimas.

Y don José Domínguez, esposo de una

y padre de la otra.

Antiguo torero, antiguo guitarrista, actor y hombre de mundo.

-Eso sí que es una suerte, tener vecinos tan ilustres.

¿Y se dejan ver mucho por aquí?

-A diario.

-¿Y pasean por el barrio?

-Sí, claro. Raro es no verlos algún día.

Suelen frecuentar ese restaurante casi a diario.

-¿Y a qué horas se les puede ver por aquí?

-¿Pa qué quieres saber tanto?

-Curiosidad. Yo nunca he conocido a gente de tanto postín.

-Pues mire, le voy a decir, esta gente es como nosotros,

si les pinchas, sangran, si les haces cosquillas, se ríen.

-Qué cosas,

qué bárbaro tiene que ser vivir como una celebridad.

Quién me diera a mí ser famoso y poder viajar.

En fin, señores, un placer, son ustedes muy amables.

Hasta luego. -Hala, con Dios.

Vamos pa dentro, que he cogido frío.

-Ahora voy yo.

(Música)

Descansa en paz..., maldita.

(Música francesa)

(SUSPIRA)

(Puerta)

¿Qué haces aquí?

¿Ha sido usted?

¿Qué?

No juegue conmigo. Dígame si ha sido usted.

Pasa, que nadie te vea.

Aquí tiene, muchas gracias.

-Tiene que ser un malentendido,

no puede ser cierto que Marcia sea la asesina.

Esa joven siempre ha dado muestras de ser buena persona

y de tener buen corazón.

-Yo opino lo mismo,

pero tampoco creo que el comisario obre a tientas.

-Se resolverá, estoy convencido.

Lo que no sé es si Felipe lo sabrá ya.

-¿Habrá detenido el comisario a Marcia sin informarle?

-No lo sé, si le soy sincero.

Y no sé si va a interferir otra vez en sus planes.

-Si es así, el disgusto de Felipe va a ser mayúsculo.

-Perdone el atrevimiento, ¿es usted Ramón Palacios?

-Sí, joven. ¿Le puedo ayudar en algo?

Soy Ildefonso Cortés, el nieto del marqués de Pontones.

Mi abuelo me dijo que si le veía, le saludara.

-Mucho gusto. Y devuélvale los saludos.

A ver si nos encontramos en el Ateneo,

hace tiempo que no tenemos la suerte.

-Se lo comentaré, estará encantado. Con su permiso, ha sido un placer.

Buenas tardes, Camino.

-Muy buenas.

Le he visto saludar a don Ramón, ¿acaso lo conoce?

-Yo no, pero mi abuelo me pidió que lo saludara.

Le he traído un regalo, espero que no le moleste.

Es un libro de artistas flamencos que estaba en la biblioteca.

-Es una maravilla.

-No más que los trabajos que usted me enseñó.

El retrato de su madre es tan sugestivo...

Me encantaría ver más obra suya.

-No exagere,

se parece a mi profesora,

elogiando mis cuadros por encima de su valor.

-¿Quién es ella?

-No hablemos de eso ahora,

hay noticias de más enjundia en el barrio.

Han detenido a una mujer conocida por todos por asesinato.

-¡Dios mío!

-Yo creo que se equivocan,

Marcia es una mujer íntegra, la veo incapaz de hacer tal cosa.

-¿No será que tiene tan buen corazón,

que es incapaz de ver el mal?

-No me vea distinta a como soy.

Tengo el corazón como cualquier otra persona.

A veces generoso y a veces mezquino.

-Lo dudo.

-¿Por qué no vamos a dar un paseo?

Me vendrá bien alejarme del negocio y que me dé el aire.

-¿Nosotros dos solos?

-¿No le apetece?

-Más que nada en el mundo, pero no me atrevía a proponérselo.

-Nos lo llevaremos.

Así podremos ojearlo cuando estemos sentados en el parque.

¿Qué ha ocurrido?

Me dicen que el comisario ha detenido a alguien.

Tómeselo con calma, será un error. ¿A quién?

¿Es a quien sospecho?

-Me temo que sí.

Han detenido a Marcia.

Tú dirás de qué me acusas.

De hacer que hayan detenido a Marcia.

¿Yo?

¿Y cómo se supone que iba a hacer eso,

metiéndome en la cabeza del comisario?

Ni siquiera sabía que la habían detenido.

¡No trate de engañarme!

¿No te das cuenta de que lo que dices no tiene ni pies ni cabeza?

Va a decirme la verdad.

¿Vas a hacerme daño?

Sería como decirle al comisario que tiene razón,

que hay un matrimonio de asesinos en el barrio.

A lo mejor os ajusticiaban a los dos, bonito espectáculo.

Baja eso, no te vayas a cortar, y usa la cabeza para algo.

¿Cuál es tu absurda teoría?

Usted ha sembrado alguna prueba para que el comisario sospeche de ella.

Es lo que siempre hace.

Sigue, sigue diciendo disparates.

Yo quiero que cojáis ese barco y os vayáis a Cuba,

no volver a veros más.

Lo que quiere es destruirnos. No,

ni tú ni tu mujer me importáis lo más mínimo.

Me da igual si en Cuba os hacéis ricos

o se os lleva un ciclón tropical, no quiero veros más,

y a la vista está que no lo voy a conseguir.

Le advierto... Sé mucho sobre usted.

No me amenaces, solo yo te puedo ayudar.

Entérate de cuáles son las pruebas

y mira qué puedes hacer, pero no pierdas los nervios.

Y no vuelvas a amenazarme.

Si me ha traicionado,

será lo último que haya hecho en su vida.

Ahí está. Sujétese en mí, madre.

-Ahí. Ahí.

Bien. Y ahora le digo una cosa, señora,

en cuanto le ate yo la bata,

tenga cuidado por favor le pido,

no vaya a pisársela,

que solo nos faltaba eso ya, cariño, que diese un traspiés y se caiga.

-Ya está bien, que no soy una inútil.

-Si se cae, va a ver qué gracia. Y a mí luego no me eche la culpa.

Usted déjese ayudar, que no está recuperada del todo.

-Nos ponemos a bailar las dos y tengo más arte que tú, mocosa.

-Digo, más arte, más gracia y más salero que nadie.

Ole ahí, Bella del Campo.

-Soltadme, que puedo sola. Tenga cuidado, madre.

Que me sueltes, he dicho. Mira, José, mira.

Mira, despacito.

Ahí. Ole.

Agarradme, agarradme. -No te digo yo.

-¿Qué te parece?

-(RÍE) Lo que te he dicho, que no la hay con más duende.

Que los de la Biblia que decían que Salomé bailaba bien,

esos no te conocían a ti.

-A ver...

Pues sujetadme, que me voy a ir al suelo ahora mismo.

Cuidadito. -Despacito.

-Ahí vamos. -Ahí está.

Ahí.

Muy bien. -Arantxa.

-Dígame, señora.

-¿Qué era eso que me contabas, lo de la criada que han detenido?

-Marcia,

que dicen que ha sido ella la que mató a doña Úrsula.

Pero eso no se lo cree nadie, ¿cómo se va a creer eso?

Si de buena que es, parece vasca.

-¿Han detenido a Marcia? No se entera usted de nada, padre.

Hoy no he salido a la calle, ha debido de ser eso.

-¿Y se sabe por qué la han detenido? -Pues no.

-Dicen que tienen pruebas.

Yo estaba allí cuando se la llevaron.

-Pues cuando el río suena...

-A veces las cosas no son lo que parecen.

Mira, como ejemplo, Margarita.

-A mí siempre me pareció lo mismo, una bribona.

-Mejor no volver a eso.

-Yo pensaba que era mi amiga

y era la mujer que más me odiaba del mundo.

Pagará por ello.

No será por mi empeño.

He decidido no presentar cargos.

-¿Qué?

-Lo que oyes, José.

Pa mí es un asunto zanjado,

que haga con su vida lo que quiera,

que yo en la mía no quiero venganza,

solo el amor de mi esposo y de mi familia.

Ea.

¿Han dado resultado sus gestiones para ayudar a Marcia?

-No, todavía no,

pero espero que lo hagan.

-Vaya, creíamos que iba a conseguir

que Marcia no durmiera en el calabozo.

-He ido a comisaría y no me han dejado verla.

Me cambiaría por ella, se lo aseguro.

-Le entiendo.

Yo, en una situación igual,

también lo habría hecho por mi difunta Paciencia.

¿De verdad que solo quiere agua? Le puedo poner cualquier cosa.

-No, está bien.

Quiero tener la mente despejada.

(RESOPLA)

Maldita sea la hora en la que todo esto ha ocurrido.

Yo solo quería irme a Cuba con Marcia.

-Yo tuve unos billetes para irme a Cuba,

para reunirme con Paciencia, pero al final no embarqué.

Fue cuando me notificaron que amancebaba con otro hombre.

-Lo siento.

-Poco después, la partió un rayo, sin tiempo para arrepentirse.

Mala suerte.

-He ido a la naviera,...

me han devuelto parte del dinero de los pasajes.

-Quizá, ahora el dinero es lo menos importante ahora.

-Al contrario,

tendré que pagar para que mi esposa tenga la defensa que merece.

Si no es por Jacinto y por usted,

que me pararon ante el comisario, no sé qué habría pasado.

-Pues que habría dormido en el calabozo,

y no en el de su mujer, precisamente.

-No puedo dejar de sufrir al pensar en ella, allí,

sola, asustada.

-Bueno, seguramente sea un error.

Ya verá como la sueltan.

Si no es esta noche, tal vez mañana.

-Estoy seguro.

Creo que lo que usted necesita es un buen abogado.

¿Ha pensado en don Felipe?

-No sé, no le quiero cerca de ella.

-Mire, algunas veces,...

Hay que tragarse el orgullo.

Hay veces que el orgullo es lo peor del mundo.

Buenas tardes.

Vamos a ahorrarnos discusiones y luchas de egos.

Si le parece bien, me haré cargo de la defensa de Marcia.

(ASIENTE)

Por una vez estamos de acuerdo en algo.

Hay que sacar a Marcia del agujero en el que está.

Para eso tendrá que aceptarme. No haga locuras.

De acuerdo.

Bien, iremos a comisaría.

Ya estuve y no me dijeron nada.

Ahora nos van a decir.

Pero le exijo algo,

compórtese como un hombre civilizado, no quiero insultos,

ataques a los guardias o gritos.

Acepto.

Voy a por mis papeles y documentos.

En una hora le recojo.

-Ha hecho usted muy bien aceptando, ya lo verá.

-Felicia, es que pesa muchísimo.

Rosina, déjeme a mí, que tengo más experiencia.

-Es el mundo al revés, la criada de vacaciones,

y mientras tanto, invitada y señora cargando bandejas.

-Se puede pasar por el restaurante y le enseño a llevar bandejas.

-¿Y para qué quiero aprender eso?

-Podría quedarse con la mitad de las propinas.

-No, las dos terceras partes.

-Es usted una chantajista, pero está bien, acepto.

-¿Me imagina de camarera?

-Que no se viera obligada a hacerlo. -Eso es verdad.

Una no sabe lo que soporta hasta que le toca soportarlo.

Fíjese en Marcia.

-Marcia ha vivido cosas que ni nos imaginamos,

no creo que un par de días de calabozo vayan a quebrarla.

-¿Un par de días? Muy segura está de que la van a soltar.

-Yo no creo que sea culpable. ¿Usted sí?

-Yo no pongo la mano en el fuego por nadie, que me quemo.

Estuvo hasta secuestrada, ¿qué no será capaz de hacer?

Pero hablemos de temas agradables.

¿Se presentó Ildefonso a la cita con Camino?

-No solo se presentó,

se fueron los dos a dar un paseo.

Corto, pero algo es algo.

-¿Solos?

-Si le digo a mi hija que tiene que llevar carabina,

desandamos lo andado.

-Cierto. Cómo han cambiado los tiempos desde nuestra juventud.

-Para bien, en algunas cosas.

-No estoy segura.

¿Ildefonso se presentó con algún presente?

Según eso, se ve su interés.

-Sí. Un libro de arte.

Está claro que no me libro de los malditos cuadros.

Y hablando de arte,

¿cómo va lo de la galería?

¿Ha averiguado algo de los cuadros de Maite Zaldúa?

-No, nada, pero ya sé cómo lo voy a solucionar.

-Dígame.

-Liberto tiene una copia de las llaves del estudio de Maite,

esperaré a que ella no esté...

-¿Piensa entrar a escondidas?

-Voy a ver esos cuadros y me voy a enterar de una vez

por todas de qué pasa con ellos.

¿Me va a ayudar?

-Cuente conmigo.

Si hace falta, yo pondré dinero para ayudar a Santiago

a contratar un buen abogao. -Y nosotros.

Pues dime de dónde lo vamos a sacar.

-De los ahorros.

-Si no tenemos ni un real, nos lo gastamos to en el sacamuelas.

-¿Y no nos ha quedao na del premio de la lotería?

-Si hemos dejao a deber una parte.

-Qué caros los sacamuelas.

-Con un sacamuelas me tenía que haber casao yo,

me iba a tener como una reina. -Nosotros no podemos ayudar.

-Supongo que otros podrán poner su parte.

-Espere, espere. Cesáreo, venga.

Escuche, ¿usté ayudaría a pagar un abogao

pa sacar a Marcia de la cárcel?

-Si tuviera dinero, no lo dudaría. -¿No tiene usted dinero?

-Me dan la vuelta, y de los bolsillos solo cae pelusa.

-Pues como de los de Jacinto y los míos.

Se va a tener que estirar usté, señá Fabiana.

Y los señores, que esos tienen dinero.

-Servando y yo pondremos nuestra parte. Servando.

Venga.

¿Usted va a poder ayudar a pagar un abogao para Marcia?

-Eso ya está arreglado, la va a defender don Felipe.

-¿Y va a aceptarlo Santiago? -¿Qué otro remedio le queda?

-Pues no sé yo qué va a decir doña Genoveva.

-No es asunto nuestro. Ya lo han hablado.

A Santiago le han devuelto parte del dinero de los pasajes,

así que, no le hará falta. -Pues hala, asunto arreglao.

-Entre don Felipe y yo,

vamos a sacar a Marcia de la cárcel.

-¿Usté?

-Sí, yo. El apellido Gallo, con su escudo heráldico,

tiene mucha fuerza en los tribunales.

-Mire, Servando, que no estoy pa majaderías.

Voy a preparar un paquete con comida

pa que Santiago se lo pueda llevar a Marcia.

A más ver.

-Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Buenas tardes. -Buenas.

Me alegro de encontrarlas de tertulia

porque traigo noticias frescas.

-Cuenta, cuenta.

-Marcia ya tiene abogado defensor: don Felipe Álvarez-Hermoso.

-¡Me lo esperaba! -Pues yo no.

-¿Qué dice su marido?

-Ha aceptado, no tenía más remedio.

-¿Y Genoveva?

-Eso no se sabe, lo mismo ni le han informado.

-Pues cuando se entere, monta en cólera.

-No creas, la gente está segura de la inocencia de Marcia,

ella también lo estará.

-Felipe está enamorado de la criada

pero se casa con la señora por despecho,

y ahora defiende a la criada por amor,

aquí se monta la marimorena. Nunca mejor dicho.

-(RÍE)

(Suenan las campanas)

Buenos días. -Buenas.

En primer lugar,

le diré que siento mucho que esté pasando por este trance, Marcia.

-Yo soy inocente, señor comisario.

-No es lo que dicen los indicios.

Mi trabajo es encontrar al culpable y ponerlo a disposición del juez,

no saber si tenía motivos para hacer lo que hizo.

Me consta que Úrsula no era una buena persona.

-Pero yo no fui, yo no la maté.

Su coartada

asegura que estuvo comprando pañuelos en el centro,

-(ASIENTE) -pero no recuerda

el nombre de la tienda.

-Era pequeña.

Quería los pañuelos para bordarlos y venderlos en Cuba

si nos hacía falta dinero. Soy buena bordando.

Seamos sinceros, usted llama la atención por su color.

No soy racista, como me ha acusado su esposo.

-Perdónelo, por favor, estaba nervioso.

-No soy racista, pero no hay muchas mujeres

de su color en España, si entra en una tienda la recuerdan.

Hemos visitado todas las mercerías.

En ninguna estuvo ninguna mujer de su color.

-Pero yo no miento.

-Ya le digo, en ninguna la recordaban.

¿Y sus prisas por marcharse de España?

¿Pretendía huir?

¡No! No. Queríamos una vida nueva, empezar de cero.

-Mire...,

esta es una transcripción de un interrogatorio

que tuvimos hace unas semanas.

Usted me aseguró

que fue Úrsula Dicenta la persona

que alquiló sus servicios a Andrade para infiltrarla en casa de Felipe,

y luego devolverla a la esclavitud del cauchero.

-Así fue.

-Motivos de sobra para odiarla.

-Todo el barrio tenía motivos para odiar a doña Úrsula.

Pero matar es algo muy grave que va contra la ley de Dios.

-Cierto,

todo lo que le digo ahora son indicios,

pero hay una prueba.

Eme, ese, Marcia Sampaio,

son sus iniciales y su pañuelo,

lo he comprobado.

El pañuelo estaba junto al cadáver de Úrsula,

y según me acaba de contar, es muy hábil bordando pañuelos.

Buenas tardes. -Buenas tardes, Emilio.

-Mi madre quería que le trajera un caldo,

pero he pensado que estará usted de caldo hasta la coronilla.

-Hasta la coronilla y más arriba.

No sé qué obsesión tiene todo el mundo con atiborrarme a caldo.

-Y había pensado en traerle unas flores,

Pero sé que don José le trae flores casi a diario.

-Paso tanta hambre con los caldos,

que hay días que pienso en comerme los gladiolos.

-Por eso me he pasado por su repostería favorita

y le he comprado una tarta de manzana.

-¿De esas que hacen con hojaldre? -Y con coco rallado por los bordes.

-Dios mío, es lo más bonito que he oído en meses.

¿Y dónde está esa tarta? -Eso le iba a decir,

me la ha confiscado Arantxa,

pero me ha prometido que se la dará con una taza de té.

-Si no me la da, la pongo en la calle, que la aguanten en su tierra.

¿De qué se ríen ustedes?

Ay, mi niña, de tu novio, que es muy simpático

y sabe tratar a una señora.

-Y tu madre, que es la suegra con más salero del mundo.

Es una cabezota. -Quién habló que la casa honró.

-De tal palo, tal astilla, las cosas como son.

-Me ha dicho Arantxa que has traído una tarta de manzana.

-Sí, y me la pienso zampar entera,

sin invitar a nadie, así que ni la mires.

Pues si se come la tarta y se pone mala,

yo no la cuido.

-No se preocupe, la cuido yo.

Eso sí, con una condición.

-¿Cuál?

-Que me cuente por qué no va a presentar cargos contra Margarita.

Yo descubrí que la envenenaba. Lo nuestro costó que la detuvieran.

-Y os agradezco mucho lo que hicisteis,

pero ese asunto pa mí está olvidado, zanjado.

Esa mujer no se merece su clemencia, madre.

Es una decisión mía, y como tal, la tendréis que respetar.

Y ahora,

ayúdame a volver al dormitorio, que estoy cansada.

Muchas gracias por la visita y por la tarta, Emilio.

¿Puede darme alguna explicación sobre el pañuelo?

-Yo...

Yo... no sé cómo llegó hasta allí.

Ni conozco el lugar donde apareció el cadáver.

-Pero reconoce el pañuelo como uno de los suyos.

-Sí, es mío.

¿Lo utilizó junto al cadáver de Úrsula??

-No.

No. Yo no hice eso, señor comisario, por favor, tiene que creerme.

Dios mío.

Buenas tardes.

-¿Qué hace aquí?

Voy a hacerme cargo de la defensa de Marcia Sampaio.

Tiene que interrumpir este interrogatorio.

No interrogaba a Marcia,

los dos hablábamos de común acuerdo y buena voluntad.

Sabe que es irregular.

Para interrogarla debo estar presente,

y antes tengo que hablar con ella para preparar su defensa.

Toda suya, abogado.

Esto me lo llevo.

-Felipe,

te juro que yo no hice eso que dicen.

No he matado a esa mujer.

Lo sé, pero de nada vale saberlo, hay que demostrarlo.

¿Qué era ese pañuelo que tenía Méndez sobre la mesa?

(LLORA)

¿Dice algo el periódico sobre detención de Marcia?

-No, no, todavía es muy pronto.

No dirá nada hasta la edición de mañana.

-Pobre chica.

Yo debería bajar a ver a Lolita, a la mantequería, a ayudarla,

que después del disgusto que se va a llevar....

-Ya.

No sé qué vamos a hacer,

tendré que...

echar una mano a Lolita con la mantequería.

-Tampoco pasaría nada.

Que no se te caigan los anillos, es un trabajo tan digno

como cualquier otro.

-Lo sé, si es Lolita la que no me deja.

Yo por mí, me pasaría allí muchas tardes.

-(RESOPLA)

-Necesito un té.

y salchichón, que es lo que entona el cuerpo.

-Mujer, tranquilízate, que ahora mismo te lo traigo.

-Gracias, Carmen.

-¿Qué pasa, y la mantequería?

-He puesto un cartel de que vuelvo en diez minutos.

Estaba agobiada, to el mundo preguntando por Marcia

y yo sin saber qué decir.

-A ver si Felipe es capaz de sacarla del brete en el que está.

-Quiera Dios. ¿Tú qué crees?

-Creo que si el comisario la ha detenido, sus motivos tendrá,

ya sean certeros o erróneos.

-Marcia es incapaz de matar a nadie.

Si es más buena que hecha de encargo.

-Lo sé, yo también creo lo mismo,

pero eso no la convierte en inocente.

-Aquí tienes,

el té... y salchichón.

¿De verdad que no quieres pastas? -Carmen, el salchichón

son las pastas de Cabrahígo,

¿no ve que cortao en rodajas tiene la misma forma?

-Déjalo, Carmen, que ya sabes que en Cabrahígo son un poco...

Bueno, son muy de Cabrahígo.

En fin, estábamos hablando de Marcia.

-¿Y quién no?

-¿Usted cree que don Felipe va a conseguir sacarla del calabozo?

-Si hay alguien que puede, es él.

Pero habrá que ver qué pruebas tiene el comisario.

-Serán falsas.

-No, mujer, ¿por qué?

No lo creo.

-Ni yo. ¿Quién iba a querer inculpar a Marcia?

-Pues el verdadero asesino. ¿Quién va a ser?

-Lo importante es que Felipe sea capaz de olvidar el pasado

y de tratar a Marcia como a una clienta más.

-Imposible. -Eso y que Dios ponga de su parte.

-Yo voy a rezar más de un rosario. Lo sé.

-En un juicio a Dios

también hay que demostrarle la verdad con hechos,

no solo basta con rezar.

(Timbre)

Hola.

-Camino.

Pasa.

-¿Qué hacías?

-Trabajar.

No te esperaba.

-He venido tras el paseo con Ildefonso.

Le he dicho que me dolía la cabeza y lo he acortado.

Te echaba de menos.

-(MAITE SUSPIRA)

-Te he traído algo.

Mi madre estuvo a punto de descubrirlo,

pero la convencí de que había sido un error.

-Lo siento.

No sé por qué te lo mandé, supongo que me sentía sola.

-Sola y celosa.

-Está bien, lo reconozco.

-Deja que te lo ponga.

Y deja de preocuparte,

que no quiero ni querré a nadie como a ti.

Me encanta cómo te queda.

Te parecerá una tontería, pero...

no sé, siento que simboliza nuestro amor.

-No me parece una tontería.

-Entonces, ¿ya no estás enfadada conmigo?

-Nunca lo he estado, Camino.

Es solo que me da pena... que tengamos que ocultarnos,

como si fuésemos criminales.

-Tal vez llegue un día en el que las mujeres y los hombres

que se amen puedan casarse libremente.

-Ni en cien años.

Nosotras, al menos, no lo veremos.

-Pero pasará.

-Ojalá.

-Enséñame qué pintabas.

-¿Soy yo?

-Claro.

-Pero no he posado para ti.

-Pero cierro los ojos y puedo ver tu cuerpo al milímetro.

-Vaya día que tiene, señora,

"sácame del dormitorio, llévame al salón,

vamos a la cocina...".

-¿No os quejabais del tiempo que pasé en la cama sin moverme?

-Pero usted, o se pasa o no llega.

-En el sur decimos: "O corto o cortijo".

Anda, dame un pedazo de la tarta de manzana de Emilio.

-¿Está segura, señora? A ver si le va a sentar mal.

-Mejor que el caldo, que si me pinchan sale caldo.

-Como usted mande. Pero no me responsabilizo.

Pero ¿otra vez levantada?

Emilio se marchó pensando que no quería hablar con él.

Mira, chico listo.

Que no me pregunte por lo de Margarita

y le tendré en más alta estima. No le entendemos, la verdad.

Ni falta que hace.

Lo entiendo yo y santas pascuas.

-Aquí tiene, señora.

¿Va a comerse eso?

No, le he pedido a Arantxa que lo traiga para verlo de cerca.

Pues claro que me lo voy a comer.

Mm...

Divino, bocado de cardenal.

Os invitaría a probarla, pero me la voy a comer entera yo sola.

(Puerta)

-Buenas. -Buenas.

José, tienes que probar la tarta de Emilio.

Quita el sentido de lo buena que está.

Arantxa, ponle un pedazo al señor, pero pequeño,

que quiero repetir.

-Me gusta verte con apetito. Ahora, después.

Os quiero contar una cosa. Quédate, que eres de la familia.

Vengo de los juzgados.

Si no hay una denuncia contra Margarita,

la sueltan y no irá a juicio.

-Pues muy bien.

Así nos olvidamos de ella para siempre.

¿Es que no quiere que se haga justicia?

-Si dependiera de mí, al cadalso iban, ella y el marido,

los dos juntos.

-Llevo todo el día diciéndolo.

Ese asunto está cerrado.

-O nos explicas el por qué, o no vamos a darlo por cerrado nunca.

-Muy bien.

No quiero poner la denuncia porque Margarita está loca.

Ha perdido la cabeza.

Y si la encierran en una cárcel o en un manicomio,

se va a volver más loca todavía.

-¿Y?

-Que no quiero ser la responsable.

Pero usted no sería la responsable.

Ella cree que la perjudiqué cuando empezaban nuestras carreras.

Y de allí vienen estos sufrimientos.

-Causados por ella.

-Pues quiero que acaben aquí, y se acabó.

Para mí, esa mujer ya no existe.

(Puerta)

-Que sepas que no lo comparto, pero lo respeto.

Tú mandas.

Ponme un trozo de tarta de manzana.

-Don José, han dejado esto en la portería pa usted.

-Gracias, Jacinto.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Qué pasa, José? -Na,

el correo.

¿De verdad lo has pintado de memoria?

-¿No serías capaz de pintarme a mí?

-Hasta el último lunar.

Hasta ese que tienes en tu espalda y no sabes que tienes.

-¿Tengo un lunar en la espalda?

-Sí. Es un lunar que es solo para mí.

-Levántate, amada mía,...

hermosa mía, ven a mí.

Paloma mía,

que anidas en los huecos de la pena,

en las grietas de las piedras,

déjame con tu figura.

-¿De dónde es eso?

-Del Cantar de los Cantares,... pero parece escrito para ti.

-Es muy bonito.

Estaba pensando que...

cuando la gente vea el cuadro en la exposición,

me estará viendo desnuda.

-¿Y te importa?

-Me gustaría que se viera mi cara

y que todo el mundo supiera que me he mostrado así ante ti.

(RÍEN)

-¡Desvergonzada!

-Bien lo sabes.

¿Cómo estás?

-Asustada.

Ha estado Felipe aquí.

-Lo sé.

Gracias a él he podido entrar a visitarte.

Toma.

Te he traído un paquete que te ha preparado Fabiana con cosas.

-Fabiana es tan buena...

-Algo de comida y objetos de aseo.

-Dale las gracias.

-Marcia...

estoy seguro de que te van a dejar libre, quizá mañana.

Tú le darás las gracias.

-No creo que vaya a ser tan fácil.

Tienen un pañuelo mío que han encontrado cerca del cadáver.

No sé cómo pudo llegar hasta allí.

-¿Un pañuelo? -Sí, pero...

Felipe me ha dicho que no me preocupe por eso.

¿Le pediste tú que me defendiera?

-No, fue él quien vino a verme

cuando se enteró de que te habían detenido.

-Tiene que ser difícil para ti que mi libertad dependa de él.

-Estoy dispuesto a lo que sea para salvarte,

lo que sea.

-Ahora que íbamos a dejar atrás este país

para comenzar una nueva vida...

-Sé que eres inocente y lo voy a demostrar.

-¿Cómo?

-Ayudando a Felipe,

tragándome el orgullo.

Seré manso como un cordero.

Pero si nada de esto funciona,

te sacaré igualmente, me da igual cómo.

Si es necesario,

estoy dispuesto a hacer una confesión de culpabilidad

sobre ese asesinato.

-¿Cómo?

¿Qué dices?

-No permitiré que pagues por algo que no has hecho.

(Ruido)

(SE ASUSTA)

-¿Quién anda ahí?

-"Con la de gente que tenía motivos para matar a la Úrsula,"

y van a detener a una pobre. Siempre igual.

-La justicia es ciega, pero si la han detenido a ella,

habrán visto algo.

-¿Duda de Marcia? -Del que no dudo es del comisario.

Lo que nos han hecho sufrir.

Sin contar con que si están en la calle,

pueden intentar algo contra ti. O contra nosotros,

que propiciamos que la detuvieran.

-"Qué bien se tiene que vivir en este barrio".

-Bueno, como en cualquier otro barrio del Señor.

-Como en cualquier otro no,

que no en todos vive una gloria de la canción española

como la gran Bella del Campo.

-Eso sí que no.

Vive allí mismito, en el 38.

Le diré al comisario que fui yo quien la mató.

-Pero... eso es falso.

No me parece oportuno que defiendas a esa chica.

¿Por qué?

Nuestra boda está cercana, te quiero para mí, soy egoísta.

-Me da mala espina.

-Es solo un admirador, Jacinto. Estás fastidioso.

-"¿Y si es un gacetillero que quiere averiguar algo oscuro de Bellita?".

-"Ay, pues en eso no había pensado".

-¿Qué piensa usted de lo del pañuelo?

Es una prueba contundente, no se lo voy a negar.

Incluso bien utilizada por el fiscal,

sería suficiente para condenarla.

Quiero que me ayude a buscar la llave.

-¿Qué llave? -La del estudio de Maite.

Para ver los cuadros.

Tenemos que darnos prisa, volverá pronto Liberto.

Busque en el salón, yo en el despacho.

Quería felicitarle

por la limpieza y eficacia con la que se hizo mi encargo con Andrade.

No es fácil encontrar a hombres que sepan medirse en una situación así,

hacerle el daño justo, pero sin quedarse corto.

Seguro que encontró excesiva la paliza que recibió.

Pero vamos a lo nuestro, se trata de Marcia.

¿Quiere que le ocurra lo mismo que a Andrade?

He estado en comisaría.

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Acacias 38 - Capítulo 1176

10 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Melina

    Amo Acacias y la miro desde el capítulo 1. Me parecen graciosas las servilletas con flores amarillas que usan en el altillo desde hace más de diez años y el automóvil que suele circular por las calles actuales, que tiene como unos diez años de adelanto.

    pasado viernes
  2. Ester

    Capítulo 1180, minutos 46:31 al 47:03, ¡¡¡¡ QUE ASCO !!!!!!!!!!!!

    pasado jueves
  3. Victoria

    Capítulo 1179.- Hace tiempo comenté que Agustina, cuando servía al coronel Valverde, era muy atenta pero al mismo tiempo comedida, sabía estar en su sitio pero, desde que Felipe se enamoró de Marcia no ha visto a la muchacha con buenos ojos y se ha creído con derecho a entrometerse en la vida de su señor, presionándole para que se case con Genoveva, claro, ésta la tiene engañada, como a todos. Lo mejor del capítulo de hoy, para mí, ha sido ver a Felipe (me encanta siempre pero, sobre todo, cuando se pone en su sitio) plantarle cara a Genoveva y bajarle los humos, lo mismo que a Agustina ...qué ganas tengo de que Felipe anule esa boda!!. Qué le dirían a Arantxa por teléfono que está tan preocupada, con lo alegre que está siempre. Increíble que Santiago no se inculpe si es que quiere tanto a Marcia, lo que no me parece inteligente por su parte es ir siempre a advertir a la asesina sobre lo que piensa hacer ... tendría que hacerlo de una vez y no ponerla sobre aviso o acabará con él.

    pasado jueves
  4. Marilu

    Nuevamente nos tienen sin poder comentar varios capítulos: En el 1179 y como decimos en mi país: FLOR DE LAVADO DE CABEZA Y PARADA DE CARRO de Felipe a Agustina; que mujer mas metiche y desubicada

    15 ene 2020
  5. María Inés Jiménez Arango

    Los videos de acacias 38 no se reproducen en Venezuela

    13 ene 2020