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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1174 - ver ahora
Transcripción completa

El niño que lleva en sus entrañas

es fruto de nuestra pasión,

¿se lo va a contar o no al abogado?

Me divierte tu ingenuidad.

No se reirá tanto si hago público lo que sé.

¿Quién iba a creer semejante disparate?

Es la verdad. No.

Es la palabra de un muerto de hambre,

que no es quien dice ser, contra la de una señora.

¿Margarita no viene porque se ha enfadado contigo?

-(ASIENTE)

Pues te voy a decir una cosa,

has de saber que Margarita puede entrar en esta casa

y hasta donde le plazca.

Toma, es más de lo que me pides.

Tómalo como una pequeña propina

por los servicios extraordinarios que me has prestado.

El tiempo que pases en el barrio guardarás el más absoluto silencio.

Es el crítico, me quiere entrevistar

para su sección de Estrellas del espectáculo.

Enhorabuena, muchacha.

Tengo que agradecerle su ayuda con el nieto del marqués de Pontones.

-¿Verdad que es un chico adecuado? Es perfecto para su hija.

-Indudablemente, y parece que a mi hija no le desagradó.

¿Piensa que mi obra no es adecuada?

-No, después de hablar con el marchante,

estoy convencido de que tendremos éxito,

solo tenemos que buscar los clientes adecuados para la exposición.

Pero ¿se había metido a monja?

-No, las monjas se dieron cuenta del estado de confusión mental

en el que se encontraba y le pidieron que abandonara el convento,

pero ella se resistía a marcharse alegando que no tenía donde ir.

-Dios mío de mi alma, qué pena terminar de esa guisa.

-Las monjas le permitieron seguir en el convento por piedad,

pero Úrsula entraba y salía y no acataba las normas.

-¿Cuánto tiempo crees que la podemos tener engañada?

-Pues no lo sé. Espero que el tiempo suficiente

como para encontrar una salida que nos permita estar juntas

para siempre.

En un par de días deberíamos dejar la ciudad.

Os vamos a echar mucho de menos, hija.

-Y nosotros, Fabiana.

-Dame un abrazo.

-Tú, cuídamela. -Por supuesto.

¿Has tenido algo que ver con la muerte de Úrsula?

No.

¿De verdad me crees capaz de hacer algo tan horrible?

Claro que no,

pero te lo tenía que preguntar y quitarme esa duda de la cabeza.

A partir de ahora,

me voy a llamar, atención,... Jacinto Recio y Lozano.

"Yepaya".

Quiero hablar con doña Genoveva sobre la muerte de Úrsula Dicenta.

Hacía tiempo que no tenía relación con Úrsula.

Dudo que pueda ayudarle.

El homicidio de Úrsula no nos ha dejado hilos de los que tirar

y nuestro trabajo es ir dando palos de ciego

hasta que salte la liebre.

Le aseguro que aquí no saltará.

Quizás me he expresado mal.

Me estoy limitando a recoger información dónde y cómo puedo.

En ese caso, a su entera disposición,

aunque supongo que ya sabrá que me encontraba en Ocaña cuando...

la pobre murió.

No me enteré de las circunstancias hasta mi vuelta.

¿Quiere sentarse, comisario?

Sí, sí, claro.

¿Reconoce este retrato, doña Genoveva?

¿De dónde ha sacado la foto?

Creo que te dije que lo había echado en falta.

Deja que el comisario se explique.

El retrato estaba en la celda de doña Úrsula;

formaba parte de un extraño tabernáculo o altarejo.

Era inquietante, tenía un aire siniestro.

Como todo en esa mujer.

¿Cómo cree que llegó allí este retrato?

No lo sé. Cuando desapareció,

no estaba segura de que lo tuviera ella.

Úrsula me tenía aprecio.

Quizá rogaba por mí.

Úrsula no estaba en sus cabales.

Sé que pasó por épocas turbias la mujer,

que incluso estuvo en un sanatorio. Pero eso fue hace tiempo,

ahora parecía haber recuperado cierto equilibrio.

Siempre fue muy ducha en ocultar su verdadero estado.

¿Por qué la despidió?

Fue un cúmulo de,... no de sucesos, sino de circunstancias.

Su carácter se fue agriando con faltas de respeto,

malas respuestas...

Llegó un momento en que me pareció peligroso

seguir manteniéndola.

¿Cree usted que doña Úrsula... quería perjudicarle a usted?

Lo pensé alguna vez, sí.

¿Qué motivos podría tener la finada para perjudicarla a usted?

No sabría decirle.

Creo más bien que se había obsesionado,

como si quisiera tener más cercanía conmigo,

como si me considerara una pariente o...

no sé, una hija, quizá.

Le sucedió exactamente lo mismo con don Telmo.

Se lo dije, comisario, desvariaba.

¿Podría salir un momento, don Felipe?

¿Cómo dice?

Quiero hablar con su prometida. A solas.

¿Sospecha de doña Genoveva? ¿Pretende acusarla de asesinato?

Soy su abogado.

(Sintonía de "Acacias 38")

No sospecho en absoluto de doña Genoveva,

pero necesito información,

creí haberlo dejado claro.

Mi presencia no impide que Genoveva le informe de todo.

Su presencia no lo impide, pero lo dificulta.

Solo hago mi trabajo, abogado.

Si usted insiste, me veré obligado a llevarme a doña Genoveva a comisaría

para un interrogatorio.

Tendría usted derecho a verla, claro, en algún momento.

Discúlpele, comisario, me quiere, y solo trata de protegerme.

Lo sé.

Y me arrepiento un poco de hasta dónde han llegado las cosas.

Sea como sea, no trato de acusarla a usted,

tengo otros sospechosos con mayores cualificaciones.

¿Quién o quiénes son?

No puedo darle esos nombres,

pero usted sí puede ayudarme a que mis sospechas sean más certeras.

Con mucho gusto.

¿Sabe de alguien que deseara la muerte de doña Úrsula

o que se beneficiara con ella?

Camino, ven un momento, por favor.

-Dígame.

-Aquí está la factura del proveedor de vinos

y el dinero para pagarla. Habría que hacerlo ahora.

-¿Y Emilio? ¿Se va a encargar usted también de los veladores?

-Está en casa de Bellita.

Ya sé que él suele encargarse, pero tendrás que ir tú.

-Como quiera.

-Camino, ¿a pasear a la calle Mayor?

-¿Qué más quisiera yo?

A hacer unas diligencias para el restaurante.

Me sorprende verle paseando por esta barriada.

-No es casualidad.

-Más sorprendente si cabe.

-No creo que le resulte tan asombroso

que un caballero haga por verla a usted.

-Lo es, no se crea.

Pero aún más chocante me parece que alguien tan bien educado

se salte las normas y quiera ver a una señorita a solas.

-En algo lleva razón: no es mi proceder habitual.

-¿Entonces?

-Espero que no se moleste

y tampoco parecerle atrevido,

pero... el otro día me causó una honda impresión.

-No me molesta, incluso me halaga.

Pero me pregunto si no es algo que le dice usted a otras,

digamos... conocidas. -¡No, no, en absoluto!

He corrido algo de mundo

y no le voy a negar que me he sentido impresionado otras veces.

Sin embargo, hay algo en usted que tira de mí.

No es porque sea bella sin engreimiento

y cortés sin altanería,...

es porque tras sus ojos,

tan nobles,... diría hasta que tan libres,...

he visto que hay una mujer diferente, singular.

-Terminará abrumándome usted. -Espero que no.

Verá, le voy a hacer una petición

y le prometo que no me sentiré agraviado si la rechaza.

-Planteado con tanta formalidad, solo puedo que escucharle.

-Paseemos un tramo o, mejor, le acompañaré a su diligencia.

Solo pretendo que nos conozcamos algo más y mejor.

-Para eso, nuestras madres convocan meriendas, ¿no?

-He dicho conocernos mejor nosotros, no a ellas.

Si no está usted de acuerdo, solo tiene que....

-No. Perdón, no suelo ser tan efusiva.

-Es una lástima.

-Es usted muy directo. -Sincero.

Lo que no es, desde luego, es convencional.

-¡No, eso en absoluto que no!

¿Esa risa significa que tengo su permiso para acompañarla?

-¿Por qué no?

Lo tenemos todo listo:

cédulas de identidad, salvoconductos...

y los pasajes.

Nos vamos, Marcia,

¿te das cuenta? Nos vamos.

Ya no hay marcha atrás.

Pasado mañana nos vamos para Cuba.

¿Sabes lo primero que haremos al llegar a La Habana?

Alquilaremos un bote de pescador e iremos a las playas del Este.

Me lo han contado: en el Este

hay unas largas playas de arena blanca.

Nos merecemos un par de días tumbados al sol,

sin hacer nada, sin nada en qué pensar.

Olvidarnos del frío,

y recuperar fuerzas para nuestra nueva vida.

No habrá dos personas más felices que nosotros.

¿Sigues sintiendo algo por mí? No puedo sacarte de mi cabeza.

Más. A veces,...

siento tus caricias... por muy lejos que estés.

Ven.

Más cerca.

¿En qué piensas?

-En nada.

-No, en nada, no.

-En el viaje, los preparativos, la travesía...

Tenemos mucho que hacer para instalarnos.

-Seremos felices en Cuba.

Te lo prometo.

Viviré para cuidarte y para verte reír y disfrutar.

Estás conmigo, ¿verdad?

No me fallarás.

¿Estarás conmigo siempre? Dímelo.

-Nos bañaremos en esa playa de arenas blancas.

Pero...

Antes tengo que pedirte un favor.

-Lo que quieras.

-Tiene que ver con Felipe.

-¿Qué tengo que hacer?

(Motor de coche)

Buenos días, caballeros. -Buenos días, doña Rosina.

-¿De qué hablan los señores?

-Tratábamos de adivinar el tiempo que tardará la policía

en esclarecer la muerte de Úrsula.

-Cuanto más tarden las pesquisas,

más incómodo resultará para nosotros este asunto.

Ayer mismo estuvo la policía visitando,

y supongo que interrogando a Genoveva.

-¿Por qué, qué querrán de ella?

-Tampoco es tan extraño, cariño,

al fin y al cabo, Úrsula fue su ama de llaves.

-Será un tanteo.

Cuando no hay culpables evidentes,

la policía suele dar palos de ciego para ver si cae algo en la cesta.

-Esperemos que no haga una ronda completa

por todas las familias decentes del barrio.

-Y, si la hace, no habrá más remedio que capear el temporal

con la mayor dignidad posible.

-Liberto, no me ha contado usted cómo van los asuntos de la galería.

-Parece que mi marido quiere darle un halo de misterio a la operación.

-Nada más lejos, Rosina.

Es solo que no es fácil para mí encontrar las palabras exactas

para definir el arte moderno.

Es mejor verlo que contarlo.

-¡Pues vamos allí los tres!

¡Los cuatro, si doña Carmen se anima!

Nos plantamos en el estudio y le echamos un ojo a esos prodigios.

-Me temo que no es posible.

A Maite no le gusta mostrar sus obras antes de la inauguración.

Es algo así como una superstición estética.

-O sea, que no podemos ver lo que vamos a vender.

-Yo, como comprador y humilde coleccionista,

no tengo prisa por ver los cuadros,

y creo que nadie debería tenerla.

Será más impresionante

cuando los veamos en la galería a gusto de la artista.

Cada detalle, cada ángulo de luz tiene su importancia.

-Y no le falta a usted razón, don Ramón.

Disfrutaremos más cuando todo esté acondicionado.

¿Y si damos un paseo y discutimos sobre el Grupo de Apoyo?

-Faltaría más. -Adiós, cariño.

Podríamos hablar también con el ateneísta este

que siempre tiene las narices metidas en la prensa alemana.

-¿Al que apodan el Teutón? -¡Ese!

Seguro que no le cuesta rascarse el bolsillo.

-Seguro que no.

Con Dios, doña Rosina. -Con Dios.

Madre, pruebe usted este brioche, está de rechupete.

Parece que va recuperando el apetito.

¡Y le han vuelto hasta los colores!

Me encuentro mejor, qué duda cabe.

Si sigue usted tomando la medicina

y Arantxa nos prepara la dieta tonificante,

pronto todo esto no será sino un mal recuerdo.

No me hables de la insensata de Arantxa, mal rayo le parta.

Arantxa lo hizo con su mejor intención.

¿Qué buena intención hay en romper una buena amistad?

Y eso es lo que ha hecho con la que había entre Margarita y servidora.

-¡Cinta, ha salido en los papeles la entrevista con el tal Vidal!

Perdón, señora, ¿puedo pasar?

-Ya estás dentro.

-Te pone por las nubes.

He leído un poco por encima. (LEE) "Cinta Domínguez..."

-Anda, déjale el diario a la niña, coñe.

Hay que ver,

que hasta los pájaros de mal agüero traen a veces buenas noticias.

-Es aquí, cielo.

"Cinta Domínguez, que ya había hecho sus pinitos bajo seudónimo,

nos trae un espectáculo...".

¡Aquí!

"Hacía muchos años que este humilde crítico

no veía tal fuerza en un escenario".

"Fuerza y dulzura a la par". "Cinta es un portento".

-¡Bravo, bravo!

Sigo.

"Si Cinta continúa progresando en su técnica,

no les extrañe, queridos lectores, que pronto puedan verla

en los teatros de España".

"Y quien dice España, dice América".

"Cinta Domínguez, léanme bien,

está destinada a ser la sucesora de su señora madre,

la sin igual Bella del Campo". -Bravo.

Bravísimo. -¡Bravo!

-¿No te había dicho yo que valías tu peso en oro?

Ahí tienes la confirmación. A tu madre no se le escapa una.

-Alguna sí que se le escapa, señora, con el debido respeto.

¡Pero no sobre la niña! ¡Ahí sí que ha acertado de pleno!

Tiene su talento.

A ti se te van a rifar en América,

como se rifaban a tu madre.

¡Echa el freno, Magdaleno! El señor Vidal,

por mucho que me anime, lo deja claro.

"Si Cinta continúa progresando...".

O sea, que tengo mucho que aprender.

-Ay, mi vida, a los críticos les gusta

curarse en salud, pero apuesta por ti,

lo deja más nítido que la corona de la virgen de Regla.

Yo seguiré sus consejos y antes de cruzar el charco,

me foguearé en los teatros españoles.

Ese es el camino, vida mía.

Humildad, prudencia y constancia.

Y cuando te sientas con fuerza y apoyada por el público,

¡a hacer las Américas!

-Con que conocimiento habla usted, señora.

Sigue siempre los consejos de tu madre y te irá muy bien a ti.

-¿Crees que me vas a camelar?

Anda y tira pa tus fogones.

Hasta que Margarita no vuelva, no quiero saber na de ti.

Y cierra cuando salgas.

A pocas personas he conocido yo que sepa elegir los regalos.

Estas manillas te dicen si va a llover

o si te vas a torrar de calor.

Y el termómetro, el frío o el calor que hace.

Es que se me caen las lágrimas. ¡Lo que es la ciencia!

Y esto, el mecanismo este,

no para de comprimirse y expandirse, pero vamos, sin pararse un segundo,

siempre.

Es que... El tiempo, qué gran enigma es.

-Sí, así es la ciencia, Servando.

Me duele que Casilda no pueda despedirse de Marcia.

Las dos eran uña y carne.

Se les va a echar de menos.

-No insista, Liberto, no tiene importancia.

-Cuando vea los cuadros,

ya me dirá si no ha salvado mi negocio y hasta mi matrimonio,

evitando que Rosina meta las narices.

Buenos días. -Buenos días.

-Servando, ¿y eso? Parece un buen aparato.

-Sí, sí, bueno, bueno, esto es una maravilla.

Es un mecanismo...

Y tiene una mecánica frágil, delicada y exacta, vamos.

Me lo han regalado Marcia y Santiago en su despedida.

-Y mí unos guantes. Tiene menos engranajes,

pero son más resultones que los del sargento de la guardia del rey.

-¿Se marchan Santiago y Marcia?

-Sí. ¿No lo sabían? A Cuba.

-¿"A Cuba"?

No, lo cierto es que no.

Dos cafés, Servando. -Sí, señor, ahora mismo.

-¿Usted cree que Felipe estará al tanto?

-Lo esté o no, es una buena noticia.

Así podrá olvidar y centrarse en Genoveva.

-Buenos días.

Buenas.

Póngame un vaso de leche de oveja, bien cargao.

-¿Un vaso de leche ovejero? ¿Te pasa algo?

-Y díganme, señores, ¿hay nuevas de lo de la Úrsula?

-Pocas. El comisario sigue investigando.

Esperemos que pronto den resultados.

-¡Ja! La policía na más que hace que preguntar,

se la cuelan hasta los más lilas.

No, no, no. En este país lo que se necesita es mano dura.

Un trompazo por aquí, un sopapo por allá...

Así se llevan las averiguaciones, todo lo demás, filfa.

Pasen y siéntense.

Perdonen si tengo todo manga por hombro.

Soy una buenaza y le di permiso a Casilda

para que se ausentara.

Ni se nota, doña Rosina.

Su sala de recibir sigue acogedora como siempre.

Gracias. ¿Un té?

Sí, por favor.

-¿Saben que mi futura nuera ha recibido muy buenas críticas?

Mi más sincera enhorabuena. Gracias.

-Tengo un come come de no haber ido a verla.

Descuide, si tiene tanto talento como dicen,

no le faltarán ocasiones de disfrutar de su arte.

-Esperemos que su próxima actuación sea después de su boda de usted.

De otro modo, se la perderá usted.

Tiene usted toda la razón:

solo tengo la cabeza para el acontecimiento.

-Y no me extraña.

Se lo han puesto ustedes muy difícil

con tantas prisas por arrodillarse ante el altar.

Cuando el amor embarga a una pareja, ¿para qué esperar?

Tenemos prisa, sí, prisa por querernos sin trabas.

-Aparte de que ya no son unos niños.

También.

-Y cambiando de tema, ¿van a ir ustedes a la pensión?

¿Para qué?

-Cómo se ve que está enamorada.

Fabiana nos ha citado a todos,

criados y señores después de celebrar el funeral con Úrsula.

-Yo no pienso asistir, desde luego.

-Bueno, yo, Rosina, me lo estoy pensando.

No termino de ver qué reparos pueden tener ustedes.

Comprendo que la pensión no es un establecimiento para nosotras,

pero es un acto de caridad cristiana

rendirle el último homenaje a los difuntos.

-Pues que cada uno haga de su capa un sayo.

Yo, sigo en mis trece.

Hablando de la difunta,

¿le ha molestado el comisario?

Úrsula tenía un retrato mío entre sus pertenencias.

El comisario me lo trajo.

Formaba parte de un altar que la pobre había levantado en su celda.

¿"La pobre"?

¿Oraba en un altar pagano y usted siente compasión?

-Escalofríos me dan solo de pensarlo.

No sé, siento cierto cargo de conciencia al saberla allí

tan sola, rezando en su delirio.

Méndez dijo que se pasaba el día escribiendo

y orando de forma compulsiva.

Esperemos que las oraciones por lo menos le sirvan

para evitar el infierno y quedarse en el purgatorio.

-Momentáneamente. El purgatorio es interino.

Esa acaba en el infierno, no les quepa duda.

-¡Qué final, Rosina, qué final!

Genoveva, ¿y qué escribía?

Vaya usted a saber.

¿Le comento el comisario algo sobre el sospechoso o sospechosos?

Ningún nombre.

Tiene indicios sólidos pero la investigación sigue abierta.

-Y mientras tanto, el asesino sigue suelto.

(SUSPIRA)

Es que, si no, aquí mata cualquiera

y los cadáveres se convierten en mojama antes de que pillen a nadie.

-Ahí te equivocas, ovejero.

En el extranjero, la policía resuelve los crímenes

con criterio y lógica.

-En el extranjero puede que tengan métodos basaos en la sesera,

pero ¿aquí?

Aquí, lo mejor para achuchar a un asesino es la lógica del estacazo.

Palo y tentetieso.

-Difiero de tus opiniones, Jacinto, qué quieres que te diga,

aunque por cómo las expones,

diría que has pensado mucho en el asunto.

-¿Pensar? En exceso. Pienso a rabiar.

-Es alentador comprobar

como cada uno tiene sus propias opiniones

sobre los asuntos públicos.

De ese modo y poco a poco,

tendremos un país más consciente de sí mismo y, por lo tanto,

más sencillo de gobernar en armonía.

-Pues nada, Jacinto, tú, escucha, a seguir así.

Señores, nosotros nos vamos ya.

Aquí tiene. -Muchas gracias.

-Buen día. -Buen día.

-Con Dios, señores.

-Jacinto, ¿y tú, desde cuándo eres capaz

de medirte con los señores en dialéctica?

-En dialéctica y tirando cantos.

Ahora me mido con quien quiera en lo que quiera.

-¿Y desde cuándo tienes tanta seguridad en tu competencia?

-¿Y me lo pregunta uste?

¡A los apellidos, hombre de Dios!

-El que se ha cambiado el apellido soy yo.

-Usted, uno. Yo, los dos.

¿Que te has cambiado los dos? -Los dos.

¿Y eso me lo has hecho a mí? ¿Y eso me lo has hecho...?

¡Traidor!

-Yo ya no miro a nadie desde abajo.

-¡Tú eres un impostor, un traidor y un copión!

-Tengamos la fiesta en paz.

Pueden discutir de lo que quieran,

pero en su partida de nacimiento

figuran los apellidos de sus padres y madres

hasta que los cambios no se formalicen en el censo.

Previo trámite, claro está.

-¡No, no, no! -¡Quita, quita!

-¡Que no!

-¡Es mi puerta y mi pensión!

-¡Quítese de en medio! -¡Quita de ahí!

"Cinta Domínguez, léanme bien, está destinada a ser la sucesora

de su señora madre, la sin igual Bella del Campo".

¿Qué te había dicho, qué te había dicho?

¡Tienes talento para que escriban muchas críticas como esta!

Sabía que te gustaría conocer la noticia.

¿Gustarme? No me gusta, me lleva al séptimo cielo.

¡Está a punto de darme un éxtasis divino!

Exagerado, que pareces tú el andaluz.

Tengo que volver a casa, mi padre está en el teatro

y no quiero dejar a mi madre sola con Arantxa.

Ahora eres tú la que exagera.

Tu madre se recupera bien y Arantxa es la mejor para cuidarla.

Si se deja, que sigue enfadada con Arantxa.

No la perdonará hasta que Margarita aparezca.

¿Cuándo vais a contarle la verdad?

El médico dice que no podemos darle malas noticias.

Arantxa tendrá que seguir apechugando.

Pero bueno, pero bueno, si está aquí la artista de moda.

Enhorabuena.

Las críticas no pueden ser mejores.

Muchas gracias.

¿Cómo está Lolita? Bien, bien.

Deseando tener a la criatura, pero sin dejarse llevar por la ansiedad.

Transmítale mis mejores deseos.

Tengo que marcharme.

Con Dios. -Con Dios, amor.

Por su tono,

parece que enfrenta el nacimiento de su hijo con mayor optimismo.

Todo un respetable padre de familia.

-Padre de familia sí,

lo de respetable... vamos poco a poco.

-Le invito a un aperitivo.

-Sea.

(Motor de coche)

Fabiana, le traigo el vino que había encargado para el funeral.

¿Era este? -Sí, hija, ponlo por ahí encima.

-De verdad, uno va al registro, se quiere cambiar de apellido,

que uno no quiere abusar, y te reciben con viento fresco.

¡Pero ¿en qué país vivimos que uno no se puede cambiar de nombre?!

-Déjese de gansadas y ayude a limpiar, que hoy recibimos.

-Recibimos decepciones, eso es lo que recibimos,

decepciones del gobierno. ¿Qué es eso?

-Vino dulce.

-Eso ya lo veo. ¿Qué huésped ha hecho tal dispendio?

-¡Qué huésped ni qué narices!

Lo ponemos nosotros para los que quieran acudir al funeral de Úrsula.

-¿Ha perdido la sesera?

¿Se gasta el dinero en comprar vino dulce para esa orate con mala leche?

-Uste no tiene término medio, ¿no?

Úrsula no era una buena persona, lo sabemos todos,

pero también sufrió como nadie se merece sufrir.

El vino lo pago yo de mi bolsillo. -Con su pan se lo coma.

No creo que asista yo al funeral, sería un hipócrita.

No tragué a Úrsula de viva, y menos ahora su espectro.

-Está usted en su derecho,

pero no conviene guardar rencor a los difuntos.

-¿Tú también vas a ir al funeral?

-Si me da tiempo, sí.

Dependerá de los preparativos del viaje.

-¡Pero si hace unos días os tirasteis los trastos a la cabeza

delante del barrio!

-Mira, muchacha, ni caso.

Él es como un buey en celo:

agacha la cabeza y arremete, rompa las crismas que rompa.

-Me marcho.

-No debería ser tan arrebatado, Servando.

-Ya podría aprovechar y cambiar ese talante que tiene,

ahora que se llama Gallardo, y no Gallo.

Sin papeles que lo demuestren, eso sí.

-¡Déjeme, déjeme pasar, leche!

-No lo digo yo,

lo dice el jefe de serenos de zona, una autoridad:

la policía estrecha el cerco sobre el asesino de Úrsula.

-Me parece bien que el crimen no quede impune,

pero tampoco voy a perder el sueño.

Nadie echará de menos a esa mujer.

Bueno, al funeral no voy.

-Tampoco yo.

-Por fin he terminado con los recados.

Supongo que ya se ha corrido la voz del éxito de Cinta.

-No sé como tu hermano no está dando botes de alegría.

-Todo se va arreglando de la mejor forma posible.

Cinta reconocida como artista y doña Bella mejorando a ojos vista.

¡La vida es bella!

Un segundo.

-Tu hermano y los Domínguez marchan viento en popa, ¿y tú?

-Me llevo mucho mejor con mi madre. Eso ya es algo.

-¿Y con los pretendientes que te busca?

Creo que el último es el nieto del marqués de Pontones.

-Las noticias vuelan y a gran altura.

Sí, es nieto de marqués, pero, sobre todo,

es una persona con la que se puede hablar.

-¿Nada más?

-Espero que las noticias no vayan más rápidas que los acontecimientos.

No hay nada más, nos estamos conociendo.

-Qué curioso, cómo es la vida, ¿eh?

Tú tan mohína, enfadada con el mundo...

-Cesáreo. -Sí.

Y de repente llega el marquesito con el que "se puede hablar".

-No tan deprisa, que del dicho al hecho hay mucho trecho.

-¿Estás ilusionada?

-Un poco, sí.

-Para mí eso es suficiente.

-Con Dios.

Ahora está durmiendo.

Sigue débil y por eso duerme más de lo normal, pero se está recuperando.

Al matasanos no le cabe duda.

-¿Les han dicho si le quedará alguna secuela

de más tardío restablecimiento?

-Nos dicen que no echemos las campanas al vuelo,

que no están seguros de los efectos del antídoto a largo plazo,

pero por el momento, no se deja ver ninguno.

-Me alegro mucho.

Y para compensar tanta desgracia,

ahí tienen ustedes el triunfo de Cinta.

-Estamos felices, claro.

Como un chiquillo con zapatos nuevos.

Esta niña va a ser la alegría de nuestra vejez.

-¿Qué vejez, amigo mío?

-Ya sabe, el otoño de la vida y todo eso.

-Me refería a que está usted en la primavera de su vida.

El teatro le reclama y, con él, todo lo que conlleva.

-No sé yo.

¿Sabe?

El actor que me ha sustituido estos días

está siendo aclamado por crítica y público.

Hoy mismo me han dicho que no volveré a la compañía.

-Vaya, lo siento, no lo sabía.

-No es para tanto,

que no se han caído las murallas de Granada.

El espectáculo es así,

yo he triunfado sustituyendo a uno

y otro triunfa sustituyéndome a mí.

Como la rueda de un carromato del Rocío.

Los caprichos del teatro.

-Lo dice usted como si fuera a renunciar a su carrera.

-Ya veremos, pero hoy por hoy,

me da igual.

Que mi mujer y mi hija vayan bien, y yo contento.

Lo demás son distracciones.

-Cada uno sabe mejor que nadie cómo vivir su propia vida.

Por cierto, no me ha contado nada sobre el asunto Margarita.

(Puerta)

Niña, abre tú.

Voy.

Ella está entre rejas,

donde se merece.

A disposición judicial.

Y los demás... trampeando.

La pobre Arantxa es la que se lleva la peor parte.

Mi mujer la mira atravesá.

Para usted, padre.

-Aprovecho la ocasión para dejarles.

Mi más sincera enhorabuena, Cinta. Agradecida, don Ramón.

Jose. -Con Dios, don Ramón.

Sé que no le dejan volver a la compañía.

¡Son unos asquerosos!

¿Y qué, niña? Son lo que son.

Se lo decía a don Ramón. Ayer fui yo, y hoy es otro.

Nada importa, canelita,

menos tu madre y tú.

Y yo, encantao

de quedarme aquí a vuestro lado para lo que necesitéis.

(SUSPIRA)

Buenas tardes, Lolita. -A las buenas.

-¿Y esa cara de ajo pocho?

¿Te ocurre algo? -No me pasa nada.

¿Cómo que no? ¿Es por Marcia?

-¿Cómo no voy a estar mustia y disgustá?

Le había cogío cariño. -Ya lo sé, Lolita.

Piénsalo con detenimiento:

si ella ha decidido irse a Cuba,

será porque piensa que será más feliz allá.

-Una cosa es lo que piense y otra cosa es lo que pase.

Tengo un mal agüero.

-No digas eso.

(Puerta)

-Buenas.

-Buenas.

-Ya están los pedidos en casa de los clientes.

Y ya es la hora, ¿verdad?

Marcia,...

no he tenido mucha oportunidad de conocerte,

pero solo hay que mirarte para saber que eres una buena muchacha.

También te quiero desear que todo te vaya bien, porque te lo mereces.

Muchas gracias, Carmen. -No hay de qué.

Bueno,... he de irme.

Con Dios. -Con Dios.

-Marcia, el jornal de hoy.

Ea.

-Esto es mucho, Lolita. -¿Me vas tú a decir

que no sé yo de cuentas?

-De cuentas sabe mucho, pero de ocultar lo que siente, menos.

-¡Cógelo y calla, respondona!

La semana pasada ya me pagó de más, siempre me paga con justicia.

Pero...

no es solo eso lo que le agradezco.

Su cariño nunca lo olvidaré.

La forma que ha tenido de acogerme,

de ayudarme,

de enseñarme...

Siempre como si no fuera nada, como si no la debiera nada.

-No me debes na, soy yo la que te debe el jornal de hoy.

-En Acacias he sido muy feliz, Lolita.

Casilda,...

don Felipe y usted,...

han sido ante todo amigos.

Nunca los olvidaré.

Nunca la olvidaré a usted.

Las llaves de la tienda.

-Anda, ven aquí. Ay.

¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Que te vas pa América, mujer, que de allí saliste escaldá.

-Solo tengo a Santiago.

-¡Y a mí!

-Tiene razón. También la tengo a usted.

Y no se equivoca en eso de que salí escaldá

como uste dice.

Estoy muerta de miedo, pero... no puedo quedarme.

Felipe se casa,

y yo le miraría cada día pensando en que podría haber sido yo...

-¡Ay!

Venga.

-(LLORA)

-Santiago me quiere

y no es mal hombre. Le aprecio.

Debo marcharme sin mirar atrás.

-Que seas mu feliz.

-Y usted.

Y que su hijo salga como su madre. Con eso ya tendrá el cielo ganado.

A mí siempre me vas a tener aquí.

Si quieres volver, aquí estoy.

Y... si no soportas el barrio o al abogao

o a quien sea, siempre te quedará Cabrahígo.

Ay...

¿Le ha dicho algo a usted?

Nada de nada. -Solo quería hablar con nosotros.

-Yo tengo muchas cosas que hacer como para estar

mano sobre mano esperando a un portero.

-¿Está celoso de Jacinto?

-¿Celoso yo? ¿Qué tiene él que no tenga yo?

-¿Una esposa? -Aparte.

-Usted tiene pelusa de Jacinto porque ha conseguido

que los señores le traten de tú a tú y le tengan respeto.

Y lo ha conseguido gracias a la confianza

que le han dado sus apellidos. -¿Por los apellidos?

¿Envidioso yo por sus apellidos?

¡Por la gloria de Cascorro,

si ni siquiera sabe elegir unos apellidos distinguidos!

-Reconozca usted que Recio y Lozano son apellidos sonoros

y de significado. -¿Recio y Lozano?

Eso está bien para galantear a una moza.

Está usted "recia y lozana",

que diría cualquier petimetre para ganarse los favores de una muchacha.

Gallardo... -Oh.

Servando Gallardo,

eso sí que es un nombre con hidalguía, con nobleza en general.

-Están ustedes aquí. Gracias por venir.

Se van a quedar ustedes de piedra.

-A ver si te vas a quedar debajo de la lápida como sigas con chulerías.

-Ni caso, Jacinto, que estás de lo más compuesto.

¿Para qué querías vernos?

-¿Pa qué va a ser? Pa lo que me traigo entre manos.

-¿Qué ya has registrado tus nuevos y torpes apellidos?

-Mucho mejor que andarse con papeles y funcionarios con manguitos.

-¿Mejor que llamarse oficialmente Recio y Lozano?

-Mucho mejor, dónde va a parar.

Te cambias los apellidos en el registro y nadie se entera.

Tienes que ir a contárselo y vuelta a contarlo,

y venga a contarlo, y venga a contarlo.

He encontrado una solución impecable.

-¿Y esa cuál es?

-Aquí tienen.

Son las primeras que reparto.

¿Se han fijado en los ribetes dorados?

Se me ocurrió viendo las invitaciones de tronío.

-Es una solución muy... refinada.

-¿A que sí?

Ahí se quedan. Señorita.

"Yepaya".

-(CESÁREO LEE) "Jacinto Recio Lozano".

-Ay... -"Portero de fincas elegantes".

¿Y cómo es que yo no me he enterado?

-Usted tendrá muchas virtudes,

pero reconozca que el trato con las criadas no es su punto fuerte.

-A algunas les tengo mucho aprecio.

-Pero no suelen proporcionarle cotilleos jugosos

y termina por no tenerlas en cuenta.

-El caso es que me estaba diciendo que Marcia se va.

-A Cuba y con su marido, para decirlo todo.

-¿Y ha dicho por qué?

-A unas sí y a otras no. Desde luego, a mí no.

Pero tampoco es tan difícil de adivinar.

Si se queda, tendría que ver a Felipe todos los días.

-Y ver cómo engordar, que es peor. Ahora en serio, a ver.

¿Qué razón habrá para una decisión tan repentina?

-Repentina para usted.

Ellos, en la intimidad de su alcoba,

igual lo han hablado más veces.

-Pero hay algo más, algo me huele a chamusquina.

¿Quién le dice a usted

que esta marcha no está relacionada con Úrsula?

-¡Qué barbaridad! ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?

-No estoy segura al cien por cien, pero algo me huele mal.

-Que no. Tiene que ver con Felipe y Genoveva, eso sí.

-A esos dos les beneficia, está claro.

Aunque la gente diga que se casa enamorado de Genoveva...

Ese sigue bebiendo los vientos por la brasileña.

-Sea lo que sea, a los dos matrimonios

les vendrá bien la distancia.

-A los dos matrimonios. (RÍE)

Y a lo que venga de parte de Genoveva.

(RÍEN)

-¿Y esas risas?

-Rosina está haciendo de las suyas.

Por cierto, hija, un mozo te ha traído un paquete.

-¿Un regalo?

-Con la intención de regalarte ha sido enviada.

-Por mi experiencia, ¡tienes un admirador secreto!

-No tiene nota ni remite. -¡Ábrelo, por Dios!

-Uh, delicado pero incomprensible.

-¿Qué caballero envía un lazo rojo? -Uno tacaño.

-¿Tú te lo explicas, hija?

-No,... no tengo ni idea.

-Igual Ildefonso ha querido tener un detalle contigo.

Está siendo muy atento. -Debe ser un error en la entrega.

Ante todo,

le pido disculpas por exigirle que nos veamos a estas horas.

La investigación sobre el caso de Úrsula nos trae de cabeza.

-Yo trato de entenderle, comisario,

pero si mi mujer no está muerta como doña Úrsula,

es porque lo evitamos en el último suspiro.

Nuestro caso tiene el mismo rango, como ese o más.

He venido para que supieran por mí y no por habladurías,

que doña Margarita ha confesado ante el juez que su marido, don Alfonso,

estaba al tanto del intento de envenenamiento.

-¡Maldita puñalá le den! -El plan estaba orquestado

por el matrimonio. A la limón.

-Mire, esa es una suerte taurina.

Ojalá le caigan al marido unos cuernos bien grandes y veletos.

-Cuernos no sé, lo que sí le van a caer son unos cuantos años.

-¿Le han detenido? -En la celda aguarda, sí.

-¿Y por qué ha confesado Margarita ahora?

-Por más años de experiencia que me vayan cayendo,

no soy capaz de entender el comportamiento

de algunos delincuentes.

Yo creo que Margarita aguantó lo que pudo,

pero se le cayeron los palos del sombrajo

cuando se vio ante el juez.

-¿Le ha contado a su señoría el por qué de tanta saña?

-Como ustedes bien saben, su objetivo era difamar a su esposa,

y cuando la injuriosa película fracasó,

idearon un nuevo procedimiento.

-El veneno. -Efectivamente.

Margarita se haría pasar por amiga de doña Bella

y administrar la pócima. -Si por mí fuera,

le haría beberse una arroba de ese veneno.

-No será necesaria su venganza personal.

La justicia se encargará de ellos.

Doña Margarita confesó también el pueblo de Cuenca

donde se escondía su esposo,

y se ha procedido a su detención. Caso cerrado.

-¿Por qué tanto odio, por qué?

¿Qué creen que pudo hacer mi mujer para merecérselo?

-En mi modesta y poco docta opinión,

creo que Margarita está loca de atar.

Irá al penal, pero me temo que no terminará ahí sus días,

sino en una institución mental.

-En fin, gracias, comisario.

Le acompaño a la puerta. -No hay de qué.

Solo cumplo con mi trabajo.

Buenas noches. -Gracias. Con Dios.

-Jose, era el comisario, ¿verdad?

¿Qué está pasando, Jose?

(Puerta)

Ya voy.

Marcia.

Santiago, no son horas. Será un momento.

Tiene algo que decirle.

Hay algo sobre lo que te hemos estado mintiendo.

-Empezamos a entendernos.

¿Y sobre qué han sido esas mentiras?

-Margarita está detenida... junto a su esposo.

-¿De qué se le acusa?

-De intento de asesinato.

No voy a entrar.

Será Marcia quien le acompañe.

Yo esperaré fuera.

Es mejor que lo que le tiene que decir se lo diga a solas.

En tal caso, estaré encantado de sentarme un poco.

-Por cierto, a Camino le agradó el lazo que le envió.

-¿Lazo? Yo no la envié ningún lazo.

Marcia y Santiago son unos benditos que lo único que han hecho

es matarse a faenar pa conseguir dinero y marcharse a Cuba.

-¿"A Cuba" dice?

-Sí, señor. Se van esta tarde después del funeral.

A más ver.

-A más ver.

-"Ya puede esmerarse, yo creo que no tiene ninguna pista del caso".

-Yo no estaría tan segura de eso.

Ramón ha escuchado en el Ateneo a un policía asegurando

que pronto habrá una detención.

Quería saber cómo van los preparativos para la exposición.

-Muy bien, precisamente estaba embalándolo todo.

Bueno, todo menos un cuadro en el que quiero seguir trabajando.

-Claro, como usted crea conveniente, usted es la artista.

El funeral va a empezar.

-A este paso, vamos a estar las dos solas.

-No se extrañe, Úrsula ha hecho tanto mal,

que ni después de muerta quieren acordarse de ella.

Nada me gustaría más que estar contigo.

Pero no me parece darle plantón en el último momento.

Ildefonso se está portando muy bien conmigo.

-No sé a qué vienen tantos miramientos con ese mozalbete.

-Parece que tuvieras aversión a Ildefonso.

-No tengo nada en contra del pobre Idelfonso, Idel... o como se llame.

-Maite, estás muy rara.

¿Acaso te molesta que haya quedado con él?

(LEE) "Jose Domínguez y Bellita del Campo".

"Principal de Acacias 38".

Que nadie se mueva.

-Ya hemos brindado por Úrsula.

-No he venido a brindar por ella, sino a hacerla justicia.

He venido a detener a una persona relacionada con su muerte.

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Acacias 38 - Capítulo 1174

08 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Aleja

    Podría volver Mauro? Él siempre quiso que Úrsula pagase por todos sus crimenes

    09 ene 2020