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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1155 - ver ahora
Transcripción completa

No la voy a perder de nuevo.

Antes muerto. O mato.

No me amenace.

Mi paciencia tiene un límite.

Manténgase alejado de mi mujer.

Sé que es la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.

-Eso es amor, sin duda.

¿Qué mal le pueden hacer unas hierbas en infusión?

-Yo qué sé. A veces revuelven las tripas.

-Además, yo he tomado una taza y me encuentro perfectamente.

El abogado estaba en lo cierto:

no aceptarás un trabajo que él te haya proporcionado.

No he hecho nada que pueda humillarte.

¿No te parece suficiente humillación

proteger a tu antigua amante?

Le he conseguido un trabajo a una mujer que lo necesita.

Sigues sin preguntarme por mi estado.

Tienes razón.

Lo siento.

Al parecer, está enamorada.

-(SONRÍE) Qué pava he sido. Así que es eso.

Yo diría que es el representante de vinos.

¿Te has comprometido, corazón? Con Emilio.

-A mí me cae bien el muchacho,

no sé, desde el principio me entró por el ojito derecho.

si continúas viéndole, hablándole, si continúas queriéndole,

pondré fin a este asunto de la única forma

que lo puede hacer un hombre de honor.

Suficiente paciencia he tenido ya.

Correrá la sangre.

(Música)

(GRITA)

¡Descarado!

¿Nos has hecho acompañarle hasta su barrio y ahora quiere desaparecer?

-Ella es muy guapa, ¿verdad? -Algo tiene que tener

cuando le dan el papel protagonista.

Ya puede dar gracias de que don Jose sea tan cabal,

cualquier otro estaría rendido a la cómica.

si continúa preguntando por esa mujer,

si continúa metiendo las narices donde ¡no le llaman!,

terminará en el cementerio.

"Don Felipe Álvarez Hermoso es asunto mío,

¡exclusivamente mío!"

-"Siento haber marchado sin despedirme".

Supongo que habrás echado de menos las clases.

-¿Podré tomar una clase hoy?

-Pásate mañana por el estudio.

El requerimiento llegará,

y tenemos que preparar tu testimonio.

Yo te diré cómo contestar al abogado.

-¿No aprende usted nunca, abogado? Ya se lo dije:

¡si volvía a encontrarle molestando a mi esposa, sería la última vez!

No me toque.

¿Tan pronto ha olvidado lo que le dije?

Tendré que repetírselo,

le exigí que se mantuviera alejado de mi esposa.

Santiago, se lo advierto, no acepto sus amenazas.

Se equivoca, no le estaba amenazando, tan solo advirtiendo.

Ah.

Ahora comprenderá que debería haberme hecho caso.

-Contente, Santiago, te lo ruego,

tan solo estábamos hablando. -Nada tiene que decirte.

-No vino en busca mía, sino tuya.

-Debería haberse marchado al ver que no estaba.

¿Qué demonios hacía otra vez rondándola?

Se lo vuelvo a repetir,... no me toque.

¿No ha escuchado lo que le ha dicho su esposa?

Quería hablar del juicio contra Andrade.

Basta de embustes.

Los dos sabemos muy bien ¡qué venía buscando!

¿Me tacha de mentiroso? Y de cosas mucho peores.

¡Es usted un canalla! -¡Santiago, por Dios, no sigas!

Ahora soy yo quien se lo advierte,

tales acusaciones... hay que sostenerlas.

¡¿Acaso se cree lo bastante hombre como para pelear conmigo?!

-¿Qué escándalo es este?

-¿Han perdido el oremus?

-Tranquila, Fabiana,

el abogado y yo tenemos asuntos pendientes.

-Si se pelean en la pensión me buscan la ruina.

Aviso a los guardias. Tranquilo, Servando.

Este hombre no se atiene a razones, no nos escucha.

-¿Ahora soy yo el que no escucha?

No se preocupe, Servando,

que no quiero causarle ningún perjuicio.

Vayamos a la calle...

a solucionar esto cuanto antes.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Santiago, por favor, para!

Se lo advierto, mi paciencia tiene un límite.

-Descuide, ahora tendrá ocasión de defenderse,

si es capaz de hacerlo.

-Santiago, detente, que nos buscas la ruina.

-¡No monten un escándalo, por favor!

-Me temo que para eso ya es tarde.

-¿Qué sucede aquí?

-Debería haberle partido la cara hace tiempo,

pero más vale tarde que nunca.

-Se está equivocando, don Felipe llegó preguntando por usted,

no iba en busca de Marcia, de verdad.

-Tan solo fue un burdo engaño.

-No. -Sabría que no estaba en la pensión.

¿Sigue tratándome de mentiroso? No es la peor de sus faltas.

Ya que mi aviso anterior no fue suficiente, se lo diré más claro,

si vuelve a acercarse a mi esposa,

será la última cosa que haga. ¡No me toque!

Quizá no lo sepa,

tales amenazas se consideran delito.

Y codiciar a la mujer ajena es un pecado que merece

el peor de los castigos. -Santiago, por favor,

volvamos a la pensión, ¿sí?

Sí, será lo mejor.

Lo siento, Marcia, si quieres prepararte

para el juicio de Andrade, ya sabes dónde estoy.

-¡Santiago, no! -¡Que vengan los guardias!

-¡¿Qué?! ¡¿Le ha sabido a poco?!

-¡Qué alguien lo detenga, que lo mata!

(FORCEJEAN) (HABLAN TODOS A LA VEZ)

-¡¿Ha perdido el juicio?! -¡Suéltenme!

-¡Cálmese!

¿Qué está pasando aquí?

-Santiago, vamos dentro.

Hágame caso. ¡Marcia!

-Venga.

Venga, adentro.

-¿Se encuentra bien?

Vamos para casa.

-Sí, le acompaño.

Vaya trifulca se ha organizado en un momento.

-Uy, don Felipe ha sido el que peor parte se ha llevado.

-Al pobre le han tumbado de un guantazo.

¿Lo has visto, Mari Belli?

Niña, ¿qué haces ahí?, con la que hay formada en la calle.

-¿Qué decís que ha pasado?

-Digo.

El marido de Marcia le ha partido la cara a don Felipe.

-¿Y eso por qué?

-Mujer, verde y con asas, los celos, que son malos consejeros.

-Sí, aunque a veces tienen más razón que un santo.

-A usted lo que le hace falta es una buena merienda

para recuperar el ánimo.

-Ni ganas me quedan, Arantxa.

No tengo cuerpo ni para una rosquilla.

-Pues tráeme una a mí pa acompañar el café.

Tanto alboroto me ha abierto el apetito.

-Aún no he encontrado nada que se lo cierre.

-(RÍE)

-Dime, Jose,

que hace tiempo que no te pregunto cómo te va en el teatro.

-¿Y ese interés tan repentino?

-¿Acaso te extraña que me interese por tus cosas?

-Últimamente, no acostumbras.

-¿Cómo puedes decir eso?

Nada me importa más en el mundo que lo que tú hagas.

Eres mi amado esposo.

Venga, contéstame,

¿qué tal la obra?

Y lo que es más importante,

¿qué tal te llevas con tus compañeros?

¿Son amables contigo? -Sí. No te imaginas cuánto.

-Ya veo, me voy haciendo una idea.

Últimamente sales mucho con ellos, ¿verdad?

-Es posible, el tiempo pasa volando en su compañía.

-A ver si voy a tener que cortarte las alas para que vaya más lento.

-¿Qué has dicho?

-Estoy de broma.

Escucha, ¿son todos así de encantadores?

-Sí. Sobre todo Esther, la protagonista.

Me está ayudando mucho en la escena. -Qué maja y comprensiva.

-Se nota que es buena compañera.

Oye, y además guapísima. -Sí.

Todos los hombres de la compañía beben los vientos por ella.

-¿A todos? -Sí.

Va rompiendo corazones a su paso.

-Pues debería cuidarse.

Oye, y su esposo,

¿qué opina de tamaño éxito?

Estará celosillo, ¿no?

-No está casada.

-Ah, mira que bien.

Ha tenido mala suerte con los hombres.

-Lástima.

-La pobre debe sentirse muy sola.

-Aquí está la merienda.

-Qué pocas rosquillas has traído. Voy a la cocina a por más.

-Deje señor, ya voy yo. -No, no, tranquila.

-Señora, ¿está usted bien?

Jesús, qué cara, parece haber visto a un aparecido.

-Aquí el único difunto es mi matrimonio.

-Jesús, señora, ¿qué está diciendo?

-Esa pelandusca de Esther está muy atenta de él.

-Haga el favor de confiar en don Jose.

-En él confío, pero en ella, ni una miaja.

Parece dispuesta a coronarme con unos buenos cuernos.

-Conociendo al señor,

ni siquiera se habrá dao cuenta del interés que demuestra ella por él.

Madre, con usted quería hablar.

-Dime.

¿No le importa que me case con Emilio?

¿Emilio,...

qué le pasa a Emilio?

(SUSPIRA)

Ay, señor, le han dejado hecho un cristo.

No es nada, Agustina, tan solo un pequeño corte.

Pero bien profundo, Dios quiera que no se infecte.

Más duele la cura que el golpe.

Qué vergüenza, menudo escándalo en plena calle.

Fui en busca de Santiago para evitar algo parecido.

Pues te ha salido el tiro por la culata.

Sí, de eso no cabe duda.

Deberías dejar en paz a ese matrimonio.

¿Es mi culpa que ese hombre no se atiene a razones?

No,... pero sí eres culpable de seguir tratando a su esposa.

En cierta forma, te lo has buscado.

Has olvidado que mañana empieza el juicio contra Andrade.

Había ciertas cuitas que debía comentar con Marcia.

Tú que no eres su abogado.

Ese hombre ha abusado de muchas personas, la mayoría mujeres.

Estuve en su casa, vi como las trataba,

las tenía encerradas como al ganado.

No puedo cruzar los brazos. ¿Por qué no?

Ya hiciste todo lo que estaba en tu mano por liberarlas.

Limítate a declarar como testigo.

¿Me pedirás lo mismo cuando enjuicien a Cristóbal,

que no haga nada más contra él?

Agustina, haga el favor de dejarnos solos.

Felipe...

¿Sigues amando a esa mujer? Por favor,...

ahora no me apetece una escena de celos.

(SONRÍE IRONICAMENTE)

Debo prepararme para el juicio.

Avisaré al abogado para que sea él quien hable con Marcia.

Lo comprendo.

Descuida, ya que estás tan ocupado, no te robaré ni un minuto más.

Tenemos dos aguas de seltz,

dos de chocolate y una de churros.

Discúlpenme un segundo.

Maite, aguarde.

¿Cómo se encuentra?

¿De verdad está tan cansada del viaje que no podemos vernos hoy?

Me cuesta creerlo. -Sí, estoy cansada.

¿Por qué iba a mentirte?

He salido a comprar algo para cenar, nada más.

-Perdone,

pensé que lo había dicho porque estaba Rosina de testigo.

-No tengo nada que disimular ante otras señoras.

La clase será mañana, y punto.

-Disculpe, no quería molestarla.

Es... solo que me apetecía mucho verla.

-Pierde cuidado, no pasa nada.

Mañana en clase, hablaremos con más calma.

-Lo estoy deseando.

-Maite, bienvenida.

¿Qué tal ha resultado su viaje? -Bien, gracias por preguntar.

-¿Hay novedades sobre el concurso al que quiere presentar a Camino?

-¿Concurso?

-Madre, era yo la que quería presentarse.

No tuve tiempo de comentárselo a Maite.

-Ah, debí entenderte mal.

-Si Camino quiere presentarse,

por mí no hay inconveniente. Le ayudaré en lo que pueda.

Mañana en clase lo hablamos, ¿de acuerdo?

Si me disculpan, me dirigía a casa a reposar.

-Con Dios.

Ven a trabajar.

Menudo puñetazo se ha llevao don Felipe, pa haberse matao.

-Primo, no digas eso,

que sigo con el susto en el cuerpo desde que me lo habéis contao.

-Hay que ver, con lo buena persona que es Santiago

y meterse en enormidades. Pero lo entiendo,

pillo a un lechuguino pretendiendo a mi Marcelina

y lo paso de cuerno a cuerno. -¿Adónde vas, alma de cántaro?

Si tú eres incapaz de hacerle daño a una mosca.

-Ay, cómo me conoces, prima, ¿eh?

Menos mal que Marcelina, aunque es guapísima, no tiene pretendientes.

-Criaturita.

¿Vas a ir a ver como se resuelve la disputa entre Arantxa y Lola?

-No me lo perdería por nada del mundo.

¿Tú qué crees, que el chorrillo será de Cabrahígo o vasco?

-Sin duda, es de Cabrahígo, primo, ¿acaso lo dudas?

Si la Lola dice que es de allí, es de allí.

Además, que es mi amiga.

-Yo solo sé que es un baile de lo más pinturero.

-Y se nos daba de miedo.

-Sobre todo a ti, prima, que te dabas maña.

-Sí, mira.

La posición...

Pa'lante, al lao, pa'trás, me voy pa'cá y vuelta.

-Vuelta ahí.

(RÍEN)

-Pero ¿se puede saber qué estáis haciendo?

Jacinto, ¿has subido a arreglar la tubería o a bailar con esta?

Estáis en horario de trabajo.

A bailar, en la feria el domingo.

¿Estamos? ¡Va!

-Vamos. -Bueno, bueno.

"Yo solo sé que tarde o temprano iré al cielo".

(RÍE)

Y ya me voy, huyendo de usted, a dormir con mis mulos.

Que no saben latín ni son bachilleres.

(Aplausos)

Vive, vive, yo te adoro.

Sí, te hallé,...

por fin te hallé.

¡Muerta!

¡Húndase el cielo,...

perezca la raza humana!

¡Este medio!

(Efecto de tormenta)

Destrucción...

(Gritos)

(Aplausos)

(Aplausos)

(Aplausos)

No comprendo la actitud de mis padres ante la noticia.

¿Esperabas que se negaran a nuestro compromiso?

Lo hubiese preferido antes que tamaña indiferencia.

Con lo apasionados que son ellos con estas cuitas,

sobre todo mi madre,

como si le hubiese dicho que cambio de peinado.

-Ya. Seguro que exagera, Cinta. Ojalá fuese así.

Me esperaba al menos un grito, que me regañaran, yo qué sé.

No creo que su prometido opine lo mismo.

-Yo también estoy perplejo.

Esta tarde estuvo Bellita en la terraza con Margarita

y, me quedé de piedra al ver que mi futura suegra

no me dijo nada sobre el tema.

-¿Y si los Domínguez están ocultando su enfado?

-¿Lo cree posible?

-A veces, la rabia se esconde bajo la máscara del desdén.

No entre los andaluces,

nosotros somos de decirnos las cosas a la cara.

Mi padre es muy buen actor, pero no finge tan bien.

Usted los conoce mejor.

-Bueno, tratemos de ver la parte positiva.

¿Qué tiene de positivo que a mis padres les dé igual mi destino?

Bueno, que al menos no se oponen a nuestro casamiento.

-Eso es cierto. -Ahora debo contárselo a mi madre.

Como se entere de que los Domínguez están al tanto y ella no,

arde Troya. -Qué va,

Seguro que Felicia no se opone.

Así que, habrá que brindar por la parejita.

Tendrá que ser en otro momento.

Ya es tarde, debo volver a casa. -Te acompaño,

no son horas para que una mujer prometida ande sola por la calle.

Por cierto, que no le he preguntado, ¿qué tal va su antojo de cacahuetes?

-La verdad es que llevaba un buen rato sin pensar en ellos.

-Le felicito, eso parece indicar que está curado.

-Debe ser, sí. En fin, les acompaño.

Aquí le traigo el besugo.

Ya verá, señora, está para chuparse los dedos.

No se ha tomado la sopa.

¿Acaso no es de su agrado?

Ni siquiera la he probado, no tengo apetito.

Quizás el pescado sí le entre en gana.

Se lo agradezco, pero no me apetece.

Haga el favor de retirar el plato. Como desee, señora.

Agustina, venga un momento. Va.

¿Desea algo?

¿Ha dejado usted el diario sobre la mesa?

No, señora,

¿por qué habría de haberlo hecho?

Úrsula ha vuelto a entrar.

¿Qué le hace pensarlo?

Ella ha dejado aquí el diario.

Quería que viera esta noticia.

Reseña el asesinato en extrañas circunstancias

de un timador profesional al que la policía llevaba meses buscando.

¿Y por qué habría de importarle eso a usted?

Mire.

¡Es el doctor Maduro! El supuesto doctor Maduro.

El timador al que Úrsula pagó para que fingiera ser médico

y le diagnosticara a usted aquella...

falsa enfermedad letal.

¿Ha sido asesinado?

Así es.

Úrsula quería que lo supiera.

¿Por qué?

No lo entiendo. Está claro, Agustina.

Úrsula ha matado al hombre que podría implicarla ante la policía

y ha aprovechado para advertirme de que no se detendrá.

Que yo podría correr la misma suerte.

Ay, Dios mío.

Hay que cambiar las cerraduras de inmediato.

Está claro que Úrsula se quedó con una copia de la llave.

Sí, pero eso no la detendrá.

Encontrará la forma de entrar cuando le entre en gana.

Es una mujer lista y despiadada.

Señora,... he de reconocerle que tengo miedo.

Estese tranquila, Agustina,

está bajo el amparo de Felipe y el mío.

No va a hacerle nada malo.

Además,... su objetivo es otro.

Buenos días, Amelia.

-Anoche no pude hablar ni una miaja con la pobre Marcia.

-Pobre, tiene que tener un disgusto.

-¿Su marido está más calmado?

-Hombre,

a la fuerza tendría que estarlo, que más encendido, no era posible.

-Servando se lo llevó para calmar los ánimos.

Ahora, lo que teme Marcia, es que Felipe lo denuncie.

-Pues sí que está buena la pobre.

Al menos ha conseguido una buena colocación.

-Poco le ha durado, porque el puesto en la embajada,

se lo buscó don Felipe.

-¿No había sido cosa de don Liberto?

-Eso quisieron hacerle creer para que aceptara.

Y ya ves, tanto esfuerzo no ha valido la pena.

Marcia,

aunque ha sido la candidata elegida, ha tenido que renunciar al puesto.

Hay que jeringarse,

ese sí que era un buen trabajo, era perfecto para Marcia.

-Con razón dicen que: "En casa del pobre, to son pulgas".

-Marcia esperaba haber logrado convencer a Santiago,

pero al final... Ella solo quiere evitar más peleas.

-A ver, es de entender. -Además,

a ella siempre le ha pesao dejar a Lolita sola en la mantequería,

y más ahora, con el embarazo tan avanzado.

-Hay que ver, la desdichá se ha quedao compuesta y sin empleo.

-Bueno, en fin, no habrá doncella del embajador entre nosotras.

-Pues una pena,

con to lo que viste eso.

-Buenos días.

-Buenas.

-Agustina ha perdido usted la color, ¿está enferma?

Ande, siente. -Nanay, Fabiana,

es que anoche no pegué ojo. Y cuando lo hice,

fue para soñar con Úrsula. -¡Jesús!

Entonces fueron pesadillas.

-Y bien gordas.

-¿Sigue ese bicho rondando el barrio?

-Ya lo creo que sí.

Ayer se coló en casa de doña Genoveva...

-¿Cómo?

-...para dejar esto.

-¿Este quién es?

-Ese del retrato es el canalla

que se hizo pasar por doctor,

aquel que, con sus mentiras, casi me hace entregar la pelleja.

-¿Y por qué habría Úrsula de dejarle este recorte?

-Claro como el agua, Casilda.

Úrsula fue su asesina

y quiere demostrarle a Genoveva de lo que es capaz.

-Eso mismamente piensa mi señora.

-Aunque a mí me costaba creerla.

-Úrsula es capaz de eso y de mucho más.

-¡Jesús, María y José!

Nos tenemos que cuidar las unas a las otras.

Nadie está a salvo en las calles con esa mujer por aquí.

-Y pensar que llegué a considerarla una amiga.

-Ay, Agustina... Ande, sírvale leche, Arantxa.

Tome algo calentito,

verá cómo se le recompone el cuerpo, mujer.

Tenga.

Pero ¿así, de repente?

-Sí, sí.

Si no me lo llega a recordar Emilio, no me hubiese dado cuenta.

Se puede decir que mi antojo de cacahuetes ha terminado.

-Pues mejor,

porque estábamos gastando más que un parque zoológico.

-Sí, ni una manada de paquidermos podrían comer tantos.

-¿No es extraño que se haya ido así, como vino?

-A mí, todo lo que tenga que ver con Cabrahígo no me parece extraño.

Además, ¿no son caprichosos los antojos?

-Sí, pero no tanto.

-Lo único que me importa es que es la primera vez en días

que me despierto sin pensar en cacahuetes.

-Sí, sí, le veo más aliviado. -Ya. Cómo para no.

El dolor de estómago empezaba ya a ser preocupante.

No quiero ver cacahuetes ni en pintura.

Pero el caso es...

que todavía me parece escuchar el crujir de las cáscaras en mi cabeza.

(Crujidos)

Como que lo estoy escuchando ahora mismo.

-Ahora que lo dice, yo también lo oigo.

-¿Sí?

Padre, ¿qué hace?

-¿Comer cacahuetes?

-¿Tú también comiendo cacahuetes, Ramón?

-Pues anoche me entraron una ganas locas de comerlos

y, desde entonces, no los puedo dejar.

Anda, ponme un café.

No sé cómo puede estar tan tranquila

mientras esa buscona pretende robarle el marido.

De verdad que la admiro.

-He estado preocupada,

pero he llegado a comprender que no tengo que temer.

Jose siempre me será fiel.

-Ay, querida,

cuantas mujeres abandonadas pronunciaron esas palabras

antes que usted.

-He hablado con mi esposo

y he podido apreciar que no tiene interés por ella.

-¿Y eso le resulta suficiente para calmarse?

-¿Acaso usted no le cree?

-No dudo que su marido sea fiel y honesto,

pero ¿podemos decir lo mismo de esa lagarta?

Su marido es demasiado bueno, es una presa fácil.

Perdóneme mi franqueza, pero ya sabe que me preocupo por usted.

-Y se lo agradezco, Margarita, es una buena amiga.

-No le entretengo más.

-¿Cómo, se marcha tan pronto?

-Tengo algunas cuitas que atender.

Solo quería conversar un poco y ver cómo estaba.

No se imagina cómo disfruto de estos ratos que pasamos juntas.

-Yo también, querida. La acompaño a la puerta.

-No, tranquila, que hay confianza.

Termine el té, yo ya conozco el camino.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Ya se ha marchado su visita?

-Sí,

Margarita tenía cosas que hacer.

-Por mí, que se pase el resto de la vida haciéndolo,

que aquí no se le ha perdido nada. -Arantxa,

te tengo dicho que no hables así de mis amigas.

-Señora...

Qué pálida se ha puesto. ¿Está mareada?

-Sí, parece que un poco.

-¿No le estarán sentando mal estos tés morunos?

Tanta hierba, va a parecer una cabra.

-Al contrario, el té es lo único que me da energía.

Pero no puedo quitarme de la cabeza

a la compañera de reparto de mi Jose.

-Y vuelta la burra al trigo.

¿Ya estamos otra vez con la tal Esther?

-No me queda otra. No quiero sospechar de él.

Pero tenemos que estar atentas,

no podemos bajar la guardia.

Hay que evitar que lo embrolle con sus malas artes.

-Usted descuide, que ya me encargo yo de vigilar.

-Qué sofoco.

-Señora, ¿quiere que le acompañe a la habitación y se acuesta?

Vamos. -No, no, no.

No, déjalo.

(CHISTA)

No tengas prisa, mujer, que aún té.

Jesús...

Qué bochorno, querida amiga, qué bochorno.

-Y usted que lo diga, peleando en plena calle, a la vista de todos.

-Atienda bien lo que le digo, Acacias se está echando a perder.

-El espectáculo era más propio de los bajos fondos,

que de un barrio de bien. -Sí.

¿Qué hubiese dicho Susana de haber sido testigo

de cómo Santiago le partía la cara a Felipe?

-Se hubiese horrorizado, como nosotras.

-Sí. Con lo bien que había caído el tal Santiago a todo el mundo,

y ahora pierde las formas sin motivo aparente.

-Querida, como siempre se ha dicho,

a las personas se les nota la clase, o la falta de ella,

como en este caso. -Tiene más razón que un santo.

He llegado a pensar que deberíamos hablar con Fabiana y Servando

para que se piensen si les conviene mantener a ese hombre en la pensión.

-Sí, puede que les traiga dificultades.

-Cuente con ello.

Don Felipe es muy respetado,

si los vecinos se tienen que decantar por alguien,

lo harán por él, sin duda.

-Esperemos que no llegue la sangre al río.

-Ese río está ya desbordado.

-Espero que sea la primera y última vez que sucede algo así.

-Ojalá tenga razón. Es usted más optimista que yo.

-Ya me conoce, Felicia,

soy incapaz de pensar mal de nadie.

Marcho, que Liberto debe estar esperándome en casa.

-Con Dios.

Con Dios.

Camino, ¿dónde vas tan elegante

y con esa sonrisa tan bella?

-A mi clase con Maite.

-Parece que te has arreglado para una cita con un apuesto galán,

y no para pintar un rato.

-Había pensado en dar luego un paseo,

después de las lecciones.

-Ya decía yo.

¿Y a quién te esperas encontrar en ese paseo?

-A nadie, madre, no sé a qué se refiere.

-Creo que lo sabes perfectamente.

Aguarda.

Mira quién va a entrar en la mantequería.

-El representante de vinos, ¿y qué?

-Que igual luego va al restaurante.

-¿Puede atenderle usted, madre?

-Pensé que te gustaría hacerlo a ti, así puedes saludarle.

-Ya le saludé el otro día. Y hoy tengo prisa.

-¿A qué tanta prisa?

¿Qué más da un minuto más o menos?

Maite puede esperar para empezar la clase.

-Lo sé, pero no me gustaría llegar tarde.

Además, ese muchacho habla por los codos, madre,

es un pesado. Emilio sabe que vinos nos faltan,

puede atenderlo él perfectamente.

Pues hala, ya está todo listo.

-A ver si empiezan ya y nos olvidamos de tanto disgusto.

-Le deseo la mejor de las suertes.

Y le ruego me disculpe, ya sabe, por lo de beso.

-Sí, bueno, de eso hablaremos más tarde,

que ahora ando muy nerviosa, Cesáreo y no estoy yo para esas zarandajas.

-Cariño, estate quieta,

que en tu estado no es bueno hacer esfuerzos.

-No digas tontás, mi amor, no me va a pasar nada.

Está en juego el honor de Cabrahígo.

-Ya sabes que es terca como una mula,

no vamos a lograr convencerla de nada.

-Bueno, bueno, pues muchas gracias por venir.

Contendientes, por favor.

Bien, nos hemos reunido aquí para descubrir si el "chorchino"...

¿Qué? -Zortziko, animal.

Zortziko pues. -Pues eso, pues eso.

-Veremos si el baile es original de Cabrahígo

o de las vascongadas.

-No tiene un nombre tan raro, se llama el baile del Pedrusco.

-Bueno, bueno, justamente, eso es lo que hemos venido a decidir aquí.

¿Están ustedes preparadas?

-(ASIENTEN)

-Bien. Servando, si me hace el favor.

-Vamos allá.

(Música)

-Arrea, qué maña se dan.

-Pa chasco que sí, las dos lo hacen muy bien.

-Creo que lo hacen exactamente igual.

Es como mirar un espejo.

-Se llame como se llame, son iguales.

-Sí. Pero ¿no crees que esto es perjudicial para el embarazo?

Bueno, ya estoy listo para ir a declarar ante el juez.

Va usted de punta en blanco,

si no fuera por el corte en el labio, eso sí.

Es evidente que Santiago tiene una buena derecha.

¿Qué va a hacer respecto a semejante salvaje?

¿Va a denunciarle? Lo estoy valorando.

Hay poco que pensar, ¿no cree?

Su comportamiento resultó inaceptable.

No quiero que nada me distraiga de mi objetivo.

Hacer una buena declaración

para que el juez no tenga duda de que Andrade

debe ser condenado a la mayor pena posible.

En eso no le falta razón,

no se puede permitir que ese canalla salga libre.

Si existe justicia, no lo hará.

Aún recuerdo con suma tristeza

el momento en el que por fin, después de mucho intentarlo,

encontré a Marcia en esa casa.

¿Ha visto lo que ha logrado?

Hacer llorara Marcia.

No te preocupes, Marcia,

que yo te voy a proteger de este hombre malo.

Me voy a quedar el dinero.

También a Marcia.

¿Qué le parece?

-No. ¡Por favor!

-¡Alto, policía! -¡Policía!

-¡Policía! ¡Suéltela!

¡Suéltela, por favor! ¡Suéltela!

-¡Atrás, atrás!

Puedo evitar que vaya a la cárcel.

-¡Quieto, Andrade!

(Disparo)

-¡Felipe!

(Disparo)

No puede morir, ¿me oyen?

Lo que ha sufrido esa mujer no tiene nombre.

Ya verá cómo todo se salda favorablemente.

Una pena que la prensa no se haya hecho eco de eso.

Lo he intentado, pero no ha habido manera.

Ese facineroso está pagando para que la opinión pública no presione.

Se ve que tiene sus contactos.

YU no duda en usarlos en su beneficio.

Se sabe todos los trucos.

Ninguno le salvará de responder por sus crímenes.

Eso espero. Está bien asesorado.

Es evidente que tiene a alguien muy poderoso que le da cobertura.

Temo que tenga un as en la manga.

Ya veremos en qué queda todo.

Tengo que dejarle, don Felipe. Te acompaño.

Disculpa, Felipe, no sabía que estabas acompañado.

Descuide, Genoveva, yo ya me iba.

Amigo, le deseo el mayor de los éxitos ante el juez.

Gracias. Con Dios.

Con Dios. Con Dios, don Liberto.

Veo que ya estás listo para marchar a declarar.

Sí, así es.

Pero me alegro de poder verte antes.

Agustina me ha mostrado la noticia de la muerte del falso doctor.

Estaba muy preocupada por lo que le dijiste,

que Úrsula le dio muerte.

¿Dudas que ella sea la responsable?

De lo que no dudo es de que no deberíamos perder el tiempo

con Úrsula.

Eso es fácil decirlo cuando no eres tú el amenazado.

¿No te parece alarmante que haya vuelto a mi casa?

No puedes estar segura de que fuese ella la que lo te dejó.

Ah, no, ¿y quién?

Que yo sepa, Marcelina no entrega los periódicos a domicilio.

Úrsula trata de advertidme,

de asustarme con sus amenazas.

Felipe,...

si llegara a atacarme, no sería solo mi vida

la que estaría en juego.

Vengo del médico. Ha confirmado mi embarazo.

¿Está seguro?

Sí, vamos a ser padres.

(Música)

(Aplausos)

Bueno, ¿qué, qué, qué?

¿Quién ha hecho mejor el baile, quién?

-Sí, ¿cuál de las dos ha estado mejor?

-Eso es imposible decirlo.

-Si bien lo habéis hecho las dos, muy bien,

pero idéntico.

-Claro, pues,

porque los vascos,

además de inventar los bailes, los enseñamos muy bien.

-Lo que son los vascos son unos roba bailes.

¿No me estará llamando ladrona en mi cara?

-¿Qué dice? ¡Sí, ladrona!

-Aparte de baile, vamos a tener boxeo.

(DISCUTEN)

-Bueno, bueno, bueno. Muy bien, gracias, gracias.

Muy bien, lo han hecho ustedes muy bien.

Como juez de este concurso de baile,

declaro a las dos vencedoras.

-¿Eh? -¡Bravo!

-No, no, no, que eso no puede ser,

eso no aclara de dónde viene el baile.

-Descuida, Lolita, que a esa pregunta puedo responderte yo.

-Suegro.

-¿Qué hace aquí, padre?

-Esto es un telegrama del sacristán de Cabrahígo.

Le llamé para que indagara sobre el asunto.

-¿Y ha averiguado algo? -Pues sí.

Al parecer y según consta en un documento del archivo parroquial,

hace más o menos dos siglos que llegó a Cabrahígo un vasco,

que se llamaba Joseba Zubizarreta.

-Ese apellido es de abolengo.

-Este hombre se casó con una cabrahiguense.

No tuvieron descendencia, pero él enseñó el zortziko

a todo el pueblo,

y desde entonces, le llamaron el baile del Pedrusco,

porque este hombre era cantero.

-Pues nada, todo claro y arreglado, ¿no?

El baile es vasco, y no de Cabrahígo.

-A ver, suegro.

Sí.

Pues... Arantxa, que le debo una disculpa.

-De eso nada, aquí lo único que ha quedado demostrado

es que la música y el baile y las sonrisas, nos pertenecen a todos.

-Muy bien dicho, muy bien dicho -¡Bravo!

-¡Iepa-iaaa!

Mira, mira.

Todos juntos.

(Música)

"Excuse me". Aguarde un momento.

-Dígame, caballero. -"Hear me".

Permítame que me presente.

Mi nombre es

Edgar Golden, vengo desde los EE. UU. de América.

-Vaya, y yo que pensaba que venía usted de Chiclana.

-Eh...

-(RÍE) Es una broma.

Jose Domínguez para servirle. -Chiclana no.

Verá, don Jose, mi nombre no le dirá nada,

pero soy un reconocido productor y director de cine en Hollywood.

Junto a dos de mis ayudantes,

estoy de viaje por Europa en busca de nuevos talentos.

-Espero que tenga suerte. -Yo creo que ya la he tenido.

Verá, es que me ha encantado la obra.

"Fantastic, wonderful".

-Gracias, me alegra saberlo.

-Más se alegrará cuando le diga

que lo que más nos ha impactado ha sido su actuación.

Por su talento dramático,

bueno, y su innegable porte de galán

y por...

su carisma natural.

-Gracias por el cumplido.

-Estoy convencido de que tiene usted

un gran potencial para la pantalla del cinematógrafo.

¿Estaría dispuesto a hacerse una prueba ante las cámaras?

Bueno, en caso de superarla,

yo estaría dispuesto a ofrecerle un papel

en la próxima película que voy a rodar en Hollywood.

-¿En Hollywood?

Camino, se supone que estás pintando esas frutas, no a mí.

-Más me gustaría ese otro motivo.

-¿Tienes alguna duda con la lección?

No has avanzado nada en tu dibujo.

Camino, estoy muy satisfecha con tu trabajo.

Tienes un talento excepcional,

creo que debes seguir dando clases,

formándote.

-Se lo agradezco.

Y respecto a las clases, estoy de acuerdo.

Estaba deseando volver y seguir aprendiendo.

-Yo no puedo seguir enseñándote.

Esta será nuestra la clase.

-¿Qué está diciendo? -Lo que oyes.

Has aprendido muchísimo en las últimas semanas,

y no hay nada que puedas aprender de mí.

Lo mejor para las dos,

y para los demás,

será que nuestra relación como maestra y alumna termine

aquí y ahora.

Lo lamento, pero no puedo entretenerme.

Descuide, no vaya a llegar tarde a la vista por nuestra culpa.

-Le deseo la mayor de las suertes, estimado amigo.

Se lo agradezco, pero no hace falta suerte, sino la simple ley.

Las barbaridades de Andrade son tan graves, que deben ser condenadas.

Seguro que así será una vez escuchen su testimonio.

-Estamos muy orgullosos de usted, don Felipe, fue muy valiente.

Gracias.

Con Dios. -Con Dios.

-¿No le has notado raro?

-Estará nervioso por el juicio, pero sí, le he notado raro.

Vamos a dar un paseo.

Felipe...

¡Felipe!

¡Felipe!

(Gritos)

Se me ha presentado un productor de Hollywood.

Edward Golden. Buscan talentos pa llevárselos.

Mira por donde, han dado conmigo. -Don Felipe no puede morir.

Todo el barrio estaría de luto. -Todo el barrio no.

Mis primos me contaron que Santiago discutió con don Felipe.

¡Esto es solo una prueba!

-Si tan bueno eres, que no te mareen más y te cojan de una vez.

Como si no supiera cómo funciona este mundo.

De sobra. -¿Y qué me estás diciendo?

¿Que no me presente?

-Don Felipe tuvo una discusión con un inquilino de la pensión,

no sé si le conocerá, Santiago, el marido de Marcia.

-Estuvo a punto de desposarse con Felipe.

-El tipo amenazó de muerte a don Felipe delante de todos.

Debería de prohibirle el teatro.

¡Que dejara de verse ya con esa actriz de tres al cuarto!

-No sé qué es peor, si que Jose coquetee con esa actriz,

o que se marche a Hollywood.

Me escama que haya repetido el número.

-Es un mensaje.

La tía Anita era vidente, ¿no lo recuerdas?

-¿Cómo las gitanas que regalan romero?

-Mejor, no fallaba una.

Sigue inconsciente.

Le han evaluado y parece que sufre un traumatismo cerebral grave.

Las contusiones son múltiples y el golpe no hace presagiar nada bueno.

Lo más probable es que sufra secuelas

si logra recuperar la consciencia.

(LLORA) "No puede terminar con las clases de la noche a la mañana".

"Deje que decida yo, por favor".

-"No insistas, Camino".

(LLORA)

"Algún día entenderás por qué lo hago".

Su esposa debe estar muy orgullosa de usted.

-Si por ella fuera, no habría ni prueba ni na.

-Espero que no le haya hecho caso.

-Ahí estoy, calibrando los pros y los contras.

Abre los ojos, por favor. Mírame.

Te amo tanto, que no soporto la idea de perderte.

Felipe, despierta.

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Acacias 38 - Capítulo 1155

09 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Victoria

    Nunca me ha gustado Santiago. En cuanto a la señora que "pretende ser amada por Felipe" ... así, sin más, porque "ella lo vale"; no me creo que esté realmente embarazada, es posible que sea otra de sus múltiples mentiras para asegurarse que Felipe no se le escape y tenerle más atado pero, en caso de que sea cierto, seguro que Felipe no es el padre sino Santiago. Las bobadas de Lolita y su Cabrahigo ya se han hecho cansinas, o será que soy muy, muy fan de Arantxa. Respecto a don Jose, solo espero que los guionistas no le manden a Hollywood.

    09 dic 2019