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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1148 - ver ahora
Transcripción completa

Usted y yo somos buenos amigos

y nos hemos llevado siempre a las mil maravillas.

-Eso es cierto.

-Pues venga esos cinco.

-Así mejor.

Yo quería pedirle permiso para ir a pasear con Cesáreo.

Permiso y mi deseo de que disfruten.

Eché de menos un retrato mío. ¿Ha entrado alguien?

No sé.

Quizá Agustina lo cambió de sitio.

Es posible. Vengo de la reunión del teatro.

El nuevo protagonista el nuevo don Álvaro voy a ser yo.

-¡Oh!

-Enhorabuena.

¿Qué hacen en la calle tan temprano?

Yo vengo del mercao.

-"He pensado en Cuba".

Allí hay grandes plantaciones de azúcar.

-Podríamos ahorrar y pagarnos unos pasajes de barco.

-¿Por qué ha dicho eso del mercado?

-Para evitar habladurías. Y espero que usted sea discreto.

-Si me lo pide usted, no diré nada.

¿Le apetece que vayamos a dar un paseo?

-Si no le importa, prefiero que tomemos un té.

¿Qué le parece si tomamos un té moruno?

Mire, lo he comprado de camino, yo misma se lo preparo.

-"Faltaste a la cita a la que te llamé".

No sabía que fuera tan importante.

Estoy dispuesto a pedirles tu mano a tus padres.

Si yo te adoro.

Pues no sé cuál es el problema, porque yo también te adoro a ti.

Quería preguntarle si ha cambiado de sitio un marco

con un retrato que había en el salón.

No, señora. Yo no he movido nada.

Estamos deseando saber cosas de París.

-Si me invitáis al altillo, os cuento cosas de París.

-Yo me apunto.

Ya está otra vez ese tipo por aquí, lleva rondando toda la mañana.

-Seguro que busca a alguien, quizá un deudor.

-¿Y sabe usted quién es? -Me temo que sí.

¿Qué quieres?

¿Qué le parece? Mucho dinero.

Lo he ganado hoy.

Podríamos ir a celebrarlo.

Me voy con Felipe, que él sí tiene los besos gratis.

¿Podría ver el cuadro?

Creo que me lo he ganado.

-Son dos mujeres.

-Dos mujeres que se aman. -Deslumbrante.

Me alegra ver que sigue usted teniendo encuentros con su amigo,

¿o debería decir... compinche?

¿De qué habla?

Le estoy haciendo un encargo a la señora.

No trate de disimular, sé muy bien lo que ocurre.

Me encantaría participar de la buena armonía

que parece que hay entre los dos colaboradores.

No sé qué se está figurando que ocurre ente nosotros,

pero está desacertada.

Cállese,... no he venido hasta aquí para escuchar sus sandeces.

¿Qué anda buscando?

Nada,... solo charlar.

¿Sabe?

No hace tanto, doña Genoveva y yo éramos uña y carne.

¿No es cierto?

Déjanos solas, Santiago. He de hablar con ella.

¿No sería mejor que me quedara?

No debe confiar en esta mujer. Sé muy bien lo que me hago,

lárgate.

¿Qué tiene que decirme?

Ese hombre me hace algunos servicios.

No trate de engañarme,

sé que usted trajo a España a ese tipo

para impedir el matrimonio de don Felipe y Marcia.

¿Otra vez con eso? ¿Va a seguir con sus delirios?

No es la primera vez que me lo dice.

Puede que ahora sepa algo más.

Tenía la certeza

que fue usted quien lo trajo y ahora lo he confirmado,

y además,

sé a través de quién lo hizo.

Está usted completamente chalada,

deje de decir disparates.

Nunca he estado más cuerda. Se equivoca,

deberían internarla en un manicomio

y dejarla allí para siempre, ha perdido el oremus.

Eso es lo que a usted le gustaría, pero no va a pasar.

De nada le van a servir sus embustes.

Nadie va a creerla.

Eso ya se verá cuando presente la evidencia delante de todos.

Se cree que puede derrotarme,

pero esto no ha hecho más que empezar,

ándese con mucho ojo.

Lo mismo le digo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué te ocurre?

Te noto turbada.

-Me ha sorprendido el cuadro.

-¿No te gusta?

-Sí, sí que me gusta, es una obra excelente.

-Entonces, ¿te ofende su contenido?

-Me sorprende.

Nunca en mi vida había visto una imagen así.

-Qué extraño,

el amor es un tema recurrente en la historia del arte.

-Pero no entre dos mujeres.

-¿Qué diferencia hay?

-Dos mujeres no deberían comportarse de esa guisa.

Es muy extraño.

-Es extraño para nosotros,

pero no siempre ha sido así.

Los griegos y los romanos...

se dejaban llevar por la sensibilidad,

y por la sensualidad que le provocaba otra persona,

daba igual que fuera de su mismo sexo.

-Pero ese es pecado mortal,

es algo impuro

y antinatura.

-¿Quién puede decir que el amor es impuro?

-La Iglesia, los curas, todo el mundo.

-Sí, es cierto.

Nos han enseñado que esas relaciones no están bien,

de hecho, han sido perseguidas

y castigadas durante años.

-Hay quien ha acabado en presidio por esa conducta desviada.

-Lo sé.

Pero el amor verdadero no se puede ocultar.

Además, no se debe.

La vida es muy corta como para hacerlo.

-¿Y la vida eterna?

Actuar así, supone acabar en el infierno.

-Los sentimientos están por encima de cualquier ley divina o humana.

-Temo que por decir menos que eso,

mujeres acabaron en la hoguera.

-Claro.

Los hombres no soportan a mujeres libres e independientes,

se las querían quitar de en medio.

-No le quito razón,

pero no sé si es algo adecuado para plasmarlo en un cuadro.

-Camino,...

el arte está por encima de convencionalismos y tabúes.

-¿No se deberían mantener ocultas ciertas cosas?

-No, claro que no.

Y menos, si queremos cambiar la hipocresía

la sociedad que nos rodea.

-Eso nunca se aceptará públicamente.

-Pues deberíamos intentarlo.

Este tipo de amor es un canto a la belleza,

y eso es lo que yo he intentado plasmar en este cuadro.

Vete a casa.

¿No podría quedarme un rato más? -No.

Me interesa su obra.

-Mañana te enseñaré otros cuadros. Ahora, vete.

Por favor.

-Pensaré mucho de lo que hemos hablado.

-Hasta mañana.

He preparado la panchineta con la receta de mi prima Begoña.

-¿La que trabaja en la repostería de San Sebastián?

-No, en la mejor pastelería de Donosti.

Qué digo de Donosti, del mundo entero.

-Ya puede ser buena,

cuando son los únicos que se las sirven a la reina María Cristina.

-Como que fueron ellas las que inventaron este dulce.

-No aguanto más, voy a coger una.

-No, no. Además, luego no se come lo que le he preparado para cenar.

-¡¿Qué más da empezar la cena por la sopa o por el postre?!

-Al final, todo se junta.

-Luego no se queje si le duele la barriga.

-Esto huele deliciosamente.

Mira, resérvame una para Margarita.

Un dulce así, le sube el ánimo a cualquiera que lo cate.

-Señora, y si no le importa, aparto otra para dársela a Cesáreo,

me hace ilusión que la cate.

-Claro, claro, pero si se acaban, preparas más.

-Claro.

¿Y padre? No está en el salón.

Está en nuestro cuarto ensayando el bendito libreto.

Oye, ¿qué es ese papel que llevas en la mano?

El contrato que he firmado con el dueño del café

y el gerente del teatro.

¿Has ido a firmar un contrato sin pedirme que te acompañara?

¿Para qué iba a pedírselo?

Últimamente, solo está con Margarita.

-En eso, la niña tiene más razón que un santo.

-Es posible que pase mucho tiempo con ella,

pero si me lo dices, siempre se puede sacar un rato.

Difícilmente, solo está en casa nada más que para dormir.

Es verdad que no ando mucho por aquí,

pero esa mujer me necesita más que a nada en este mundo.

-Sí, ¿más que su hija?

-Sí, que a Cinta no le viene nada mal ocuparse de sus asuntos,

yo no voy a estar aquí siempre,

le vendrá bien manejarse ella sola.

Yo no tengo ningún problema.

¿Me podéis ayudar con el papel? Necesito las réplicas.

-Ahora no, ahora, por favor, a cenar,

antes de que la señora acabe con panchineta,

que les va a dejar sin postre y ella no va a cenar nada.

¿Puede echar un vistazo a este contrato?

Ando muy liado con el libreto, no tengo tiempo.

Es un momento.

Trae que lo lea.

No parece que hay nada raro.

Yo diría que está bien.

Si no le ha dado tiempo a leer nada.

Cuando uno ha leído tantos contratos,

no necesita ni un minuto para ver que todo está en regla.

-Vayan todos para el salón, que se enfría la sopa.

-Yo no me puedo parar, ya cenaré más tarde.

-Pero bueno, para mí que el señor está obsesionado,

a ver si se le va a secar la entendedera

de tanto leer, como a don Quijote.

Tendría que hacerle más caso.

-¿Más caso? Si estamos pendientes de él.

Oye,... separa otra panchineta más para Margarita

no sea que se quede con hambre.

Me voy a mi cuarto a leer el contrato,

no sea que haya algo raro. -Pero ¿y la cena?

-Por mí no la sirvas, he perdido el apetito.

-Pero bueno...

Pues me la voy a comer yo, no lo voy a tirar.

¡Qué desastre de casa!

Sí que has empezado pronto a colocar las mesas,

yo todavía estoy con mi ronda.

-He de espabilar si quiero ir a mis clases de pintura.

-Parce que te gustan mucho esas clases.

-¿Cómo no me van a gustar?

Aprendo muchísimo con Maite, del arte... y de la vida.

-Me alegro que estés tan contenta.

-Se lo agradezco.

Usted siempre tan pendiente de mí y yo apenas le pregunto.

¿Qué tal?

-Bien, se puede decir que bien.

-Le veo muy contento. ¿Algo nuevo que contar?

-Hay algo nuevo, pero no puedo decirte nada todavía,

tendrás que esperar un poco. -Bueno, espero que sea algo fetén,

aunque por su sonrisa, intuyo que tiene que ser una buena noticia.

-Buenos días. -Buenos días.

-Camino, ve a la cocina, ya me encargo yo de las mesas.

-Claro, madre. Hasta luego.

-Hasta luego.

Cada vez tiene más maña con las cacerolas y las sartenes.

-Da gusto ver tan contenta a su hija.

Ha tenido suerte con Maite,

es la maestra perfecta.

-Ya. Sí, eso parece.

-¿No le pondrá pegas?

Se volcó con su hija porque le vio un talento especial,

y encima, sin cobrarle ni una peseta.

-Que es muy generosa, no se puede discutir.

-Y le está ayudando mucho a la salud de la muchacha.

-¿Usted cree?

-Estoy convencido.

Ayer vi a Camino hablando con el zagal que les sirve el vino

y estaba conversando de forma distendida.

-Se la ve mejor.

-Mucho mejor.

Está más sosegada, comunicativa y más abierta con la gente.

Está usted de enhorabuena.

-Gracias, Cesáreo.

Sí, se la ve mejor.

Antes no hubiera hablado con tanta confianza

con un muchacho al que solo ha visto un par de veces.

Pero no termino de estar convencida,

no sé si son las clases o la maestra.

-¿Cómo es eso? Maite es una gran mujer,

yo le he hecho algún recado y es de lo más amable y considerada.

-Sí, es una mujer muy amable, pero tengo mis dudas sobre ella.

-¿Qué ve de raro en una mujer tan extraordinaria?

-Precisamente eso, Cesáreo, es una mujer muy rara.

Y muy moderna.

Tiene unas ideas revolucionarias que no quiero que inculque a mi hija,

Camino es muy vulnerable a esas influencias.

-No creo que vaya a enseñarle nada que le haga mal.

-No soy de la misma opinión,

ciertas ideas son más peligrosas que un arma cargada,

y Camino puede salir perjudicada si se deja influenciar.

Por eso, voy a estar pendiente de todo lo que haga o hable con Maite.

Y ahora, si quiere, le convido a un café.

-Se lo agradezco, la noche ha sido fría de bigotes.

A las buenas.

-Y este es el altillo. -Buenas.

Doña Maite, estamos mu contentas

de que haya subido usted a charlar con nosotras.

-Es mu raro que una señora tenga a bien escucharnos.

-Estoy segura de que tenéis cosas interesantes que contarme.

-Na más podemos convidarla a una achicoria,

nosotras no tenemos pa café, té o esos lujos.

-No os apuréis.

Una buena achicoria es mejor que un buen café turco.

Yo tomaré lo mismo que vosotras.

-Entonces, dele un trago al botijo.

-Tampoco le hago ascos.

-De momento, podemos ofrecerle una taza caliente.

Hoy es usted nuestra invitada.

-Invitada de honor.

-Gracias.

-No a todas le ponemos una taza sin desportillar.

Y yo tengo un poco de bizcocho, se lo he sisado a mi señora.

No le diga na.

-No hace falta que hagáis esto por mí,

estoy encantada de estar con vosotras,

con eso me basta y me sobra.

Bueno, a ver qué historias me vais a contar.

-Quía, ¿qué le vamos a contar?

Nosotras solo somos unas pobres desgracias

que no tienen más horizonte que estas calles.

-Entonces, preguntadme lo que queráis.

-¿Es verdad que en París las mujeres van solas a los cafés?

-Claro, siempre que se les antoja.

-¿Y las criadas tienen un día libre a la semana?

-(ASIENTE)

Así es.

Y se está barajando la posibilidad

de que tengan un mes de vacaciones pagadas

para viajar a sus pueblos, playa o donde quieran.

-¿Está diciendo que les dan un mes libre pagándoles?

-Sí. -Qué barbaridad.

Aunque, bueno, yo no sabría qué hacer con tanto tiempo libre.

-Bueno, algo se te ocurriría.

-Tomarse un piscolabis en el restaurante...

-Claro. -O salir a comprar unos trapos.

-Eso podría hacerlo un par de veces,

con el jornal que me da doña Rosina...

-A mí todo esto me suena a camelo,

las criadas y las mulas están hechas para trabajar,

y lo demás, son castillos en el aire.

-Que los tiempos están cambiando,

seguro que las cosas van a mejor.

-¿Qué hace en el altillo la señora?

-Aquí, de cháchara con nosotras.

Agustina, siéntese, que le sirvo una taza de achicoria.

-Os lo agradezco,

pero no me parece bien sentarme a la mesa con una señora,

cada cual tiene su sitio, y este no debe de cambiarse.

-Discúlpela, doña Maite,

Agustina es muy buena persona,

pero también, mu tradicional.

-Es más antigua que una rueda de madera.

-Es normal que se le haga raro verme aquí,

ya se irá acostumbrando. -Pa chasco que sí,

esta es su casa, igual que es la nuestra.

-Me gustaría quedarme a escuchar lo que cuenta,

aunque me parecen fábulas,

pero tengo que ir a la pensión

a preparar el cumpleaños de Servando.

-¿Y por qué no invita esta tarde a doña Maite al sarao?

-No, no, no, no, no es necesario.

Además, esta tarde no puedo. Otra vez será.

-Muy bien.

¿Qué más me queréis preguntar?

-¿Las francesas se encaman con cualquiera, sea o no sea su marido?

-¡Pero prima,

¿qué cosas preguntas a la señora?

-Es por si alguna se arrima a mi Jacinto.

Mejor estar prevenida,

que lamentar unos cuernos.

-Qué salvaje.

Buenos días.

Te andaba buscando.

-He salido a entregar un pedido.

¿Ya me echabas de menos?

-No puede ser de otra forma.

Eres la mujer más hermosa del mundo.

-¿Adónde vas así vestido?

-¿Adónde quieres que vaya? A trabajar.

-¿Con tus mejores ropas?

-No voy al almacén, ya te dije

que ando metido en otros negocios.

No me preguntes, son negocios de lo más legal.

Ya te contaré cuando el asunto esté más maduro.

-Como quieras, Santiago.

Tengo que seguir con mi trabajo. -Claro. Te veo luego.

Sígame.

Quiero hablar con usted, pero no en medio de la calle.

¿Qué quiere de mí?

¿Has revisado todas las facturas?

No nada sin justificar.

Tenemos que contabilizar hasta la última venda que hemos gastado.

Puede que ahora sepa algo más.

Tenía la certeza de que usted trajo,

y ahora lo he confirmado, además,

sé a través de quién lo hizo.

¿Decías algo?

Sí. Decía muchas cosas, pero me las podía haber ahorrado.

Llevas mucho rato sin prestarme atención.

¿Qué te pasa?

Nada.

Se me ha ido el santo al cielo pensando en Samuel.

No se te marcha de la cabeza.

(NIEGA)

Pienso en él con frecuencia y no puedo evitar entristecerme.

Eh,...

es normal que le añores,

yo solo puedo darte consuelo.

Agustina, ¿qué quiere? Estamos trabajando.

Disculpen la interrupción.

Acaba de llegar este telegrama urgente.

Gracias.

¿De qué se trata?

Es del Ministerio del Ejército.

Me invitan a una recepción Real.

Es todo un honor.

¿Y a qué se debe?

Varios mandos del ejército y algunos invitados desean conocerme.

Cuentan conmigo y con un acompañante.

Esperan confirmación.

Señora, qué emoción,

va a poder conocer a su majestad.

Es una gran noticia.

¿Qué te ocurre?

Que la recepción es mañana.

Tienes que confirmar ahora mismo, y aceptar.

Por supuesto que iré. ¿Querrás ser mi acompañante?

Claro que sí.

Encárguese de que llegue mi respuesta.

Voy a escape y poniendo todos mis sentidos

en el encargo, por nada del mundo

pueden perderse esta oportunidad.

¡Una recepción Real,

qué orgullo más grande!

Has de estar muy contenta.

Lo estoy,...

solo que cuando tuve la idea de ayudar a los soldados,

no entraba en mis planes codearme con la nobleza y el rey.

Es un premio justo por tu generosidad.

Cuando murió Bryce,

ayudaste a esos muchachos y a sus familias.

Cualquiera con mis medios hubiese hecho lo mismo.

No, no te quites mérito,

eres muy generosa,

y no solo con los soldados.

Te desviviste cuando Marcia tuvo aquel problema respiratorio.

No, no soy nadie especial, hice lo que pude.

Preferiría que no me hablaras de ella.

Sigo sintiendo celos

cuando pienso en el amor que experimentaste con ella.

Eso ya pasó. Sí, lo sé,

pero estabas dispuesto a todo por estar a tu lado,

hubieras sido capaz de desafiar

todos los convencionalismos sociales por ella.

Eso no debe turbarte,

en lo que al amor concierne,

tú eres mi única ambición.

No busque tres pies al gato,

ya le dijo doña Genoveva que nada tenemos que ver.

Deje de mentirme.

Si me he arriesgado a venir hasta aquí,

es para proponerle un trato.

¿Cómo de lucrativo? Mucho.

Quiero saberlo todo sobre sus asuntos con ella.

A cambio, le daré a usted

información con la que defenderse.

Eso no me parece gran cosa.

Se equivoca,

doña Genoveva le utilizará a su antojo

mientras le sea útil,

después deshará de usted...

como ha hecho conmigo.

Necesita estar preparado

para cuando llegue ese momento.

Yo puedo ayudarle.

Piénselo,...

y contésteme cuanto antes.

Yo seguiré rondando por aquí, pronto nos veremos.

¿Sabe lo que es la panchineta?

¿Eso qué es, una pala para jugar al frontón o un tipo de boina?

-No, alma de cántaro,

es un postre, hombre. -Nunca oí hablar de él.

-Normal, como que muy poca gente lo come.

Es una receta postre muy elaborada,

solo lo comen reyes, nobles

y la familia Domínguez.

-Esto está exquisito, nunca he comido cosa igual.

¿De dónde sacó la receta? -Me la dio mi prima Begoña,

que trabaja en la repostería donde inventaron el postre.

Yo siempre la hago en casa cuando las cosas están algo revueltas.

-Y endulza las penas.

-Y no solo eso,

es hacer la panchineta, y amaina la tormenta.

-Me deja usted pasmado.

Además de estar riquísimo, es mágico.

-Yo no diría tanto,

lo que pasa que no quería yo que se quedara sin probar.

-Bendita sea su prima por enseñarle semejante receta.

-Entonces, ¿me ha quedado buena?

-¿No la ha probado?

-No suelo probar yo, prefiero que los demás disfruten el postre.

-No me parece bien que los demás disfruten de algo rico,

mientras usted se queda mirando.

-Pero si eso es lo que llevo haciendo toda mi vida,

hacer las cosas para que los demás estén a gusto,

esa es mi obligación como criada, y no me quejo.

-Pero usted tiene derecho a un trocito de felicidad.

O le da un buen mordisco o no podré disfrutarla.

-(RÍE)

-¿Qué, dándole un bocao al bollo del sereno?

-No, no, hombre,

es un postre

que iban a tirar mis señores,

y me he dicho, bajo a la calle y que alguien lo pruebe.

-Y el primero al que ha visto ha sido a mí.

-Eh, eh.

(CHISTA)

¿Puedo catar un poco?

-Sí, hombre, claro, cómo no lo va a catar.

-Hm...

Esto, esto está de muerte.

En mi vida

he probado nada igual,

ni el queso de mis ovejas supera esto.

-Le ha gustado, ¿eh?

-Oiga, oiga,

¿Y Cesáreo? Ha desaparecío.

-No, habrá ido a atender asuntos propios de su cargo.

-Oiga, ¿y le quedan más pasteles como este?

-¡¿Cómo me van a quedar más?! Este es el último.

Agur.

Hm...

A la postre, conseguí hacer las paces con Cinta.

-Me alegro escucharlo.

Es una pena que estuvieran enfadados.

-Los dos nos dijimos lo que nos había molestado

y dejamos el matrimonio para más adelante.

-No tiene sentido forzar las cosas,

un poco de paciencia, y verá cómo se alegra toda la vida.

Creo que va a ser tan feliz con Cinta, como yo con Lolita.

-De eso no tengo la menor duda,

estoy enamorado de ella hasta el tuétano,

y dispuesto a cumplir cualquier condición.

-¿Sabe cuál es el secreto de un matrimonio feliz?

Decir que sí a todo lo que pidan.

-Aunque lo que pidan sea estar a pan y agua.

Sí, estoy dispuesto a reprimir todos mis impulsos,

porque la quiero, la respeto

y sueño con un futuro a su lado.

-Si le escucha hablar así,

lo mismo ese futuro sucede antes de lo que imagina.

-Pues ahí viene.

-Les dejo, que tres son multitud.

¿Se ha ido por mí?

No, es que tiene que ayudar a su esposa en la tienda.

Mejor, así estamos solos.

Estoy muy contenta con el contrato, va a ser ventajoso para mí.

Me gusta verte tan radiante.

Soy dichosa..., sobre todo ahora que hemos hecho las paces.

Ven.

¿Qué te ocurre? Parece que beso a una estatua.

Puede entrar alguien en cualquier momento.

Además,

no quiero pecar de fogoso.

Te agradezco que no quieras incomodarte,

pero nos viene bien algo de intimidad.

Sí, pero cuando sea menester,

en el restaurante puede entrar alguien,

y estamos expuestos a la vista de todos.

Bueno, yo también quiero complacerte,

por eso he pensado que podríamos ir mañana a mi casa.

Me encargaré de que no haya nadie.

Me parece una gran idea. Así podremos estar un rato a solas.

Por supuesto, manteniendo las distancias.

Por supuesto, cuenta con ello.

¿Podrás respetarme?

No tengas ninguna duda,

pasar un rato contigo sin que nadie nos moleste, es suficiente.

-"Todo va sobre ruedas".

Emilio, cada día está más formal y más serio.

-Es normal,

va cumpliendo años, no es ningún muchacho.

-A día de hoy, podría confiarle el negocio,

lo llevaría muy bien. Estoy muy orgullosa de mi hijo.

-Y de su hija.

-Sí, también, pero con ella no estoy tan sosegada como su hermano.

-¿Cómo le van las clases con Maite?

-Bien,

aunque no creo que las clases de pintura le sirvan para mucho.

Desde que acude a ella,

está asociable y más suelta.

-Qué bien.

-Con su permiso señoras. Casilda me ha dicho que puedo pasar.

-¿Para qué, qué quieres? Nos estás interrumpiendo.

-Le traigo las revistas de moda que me pidió.

-Esto.

¿Qué es esto? Monte Parnaso.

No trae ni una sola estampa de vestidos.

-Que me he equivocao de revista, esta es de poesía.

-¿A quién le puede interesar eso?

-A doña Maite, ella me lo ha encargao.

Esa mujer es más maja que las pesetas.

Esta mañana ha estado con Casilda, con Fabiana y conmigo de tertulia.

-¿La habéis molestado mientras Casilda limpiaba?

-¡Quia! La hemos convidao a una achicoria en el altillo

y ella nos ha estado contando cosas de la Francia.

(SUSPIRA)

-¿Cómo ha subido Maite al altillo?

-¿Cómo va a hacerlo? Por la escalera.

-No seas simple, Marcelina,

pregunta qué hacía allí con vosotras.

-Charlar con nosotras de esto y de aquello.

Parecíamos un grupo de señoras

tomando el té y arreglando el mundo.

Doña Maite es mu campechana y mu sencilla,

si no fuera por las ropas y por lo mucho que sabe,

parecería una de nosotras.

-No me gusta lo que estás contando.

-Señoras y servicio mezclado,

es que esto es el acabose.

-Se empieza así y se termina sin respeto,

ni decencia.

-Le voy a llamar la atención a Casilda,

esto no volverá a pasar. No lo voy a permitir.

-Muy bien, cada cosa en su sitio.

-Bueno, ¿me puedo ir o también me van a decir algo a mí?

Si lo sé, no les digo ni chus ni mus.

-Te puedes ir, ya nos has amargado el té.

-Pues menos mal,

no quiero llegar tarde al cumpleaños del Servando.

-Con permiso.

Con Dios.

-Tertulias de amigas,

fiestas de cumpleaños... Pero ¿qué se ha creído el servicio?

-(RESOPLA)

-No, gracias.

Hay que reconocer que este restaurante

presta cada día un servicio más esmerado.

-Sí. Y no están nada mal estas escapadas sin nuestras esposas.

-Siempre que no sean demasiado seguidas, están muy bien.

¿Cómo es que no ha venido Felipe?

-Se ha quedado haciéndole compañía a Genoveva.

-No habrán pasado por la vicaría,

pero manda en él como si fuera su esposa.

-Habrá que organizar otra comida con él.

-Don Jose, ¿quiere tomar un café con nosotros?

-Se lo agradezco, me lo tomaría con ganas,

pero vengo del teatro de un ensayo

y tengo que repasar mi texto.

-Ahora que es el protagonista, tendremos que ir a verle.

-Espérense, espérense, denme una semana,

necesito algo de tiempo para estar seguro con mi personaje.

-No se apure,

le daremos unos días, seguro que la obra estará tiempo en cartel.

-Es de suponer que ensayará usted

con Bellita, ella domina las tablas y seguro que le será de apoyo.

-Contar con su ayuda estaría fetén,

pero tengo que reconocer que mi esposa anda siempre liada en asuntos

de mucha enjundia, no tiene tiempo para dedicarme.

-Seguro que si se lo pide,

sacará tiempo para ayudarle,

don Jose, que protagonizar una obra no es cualquier cosa.

-Sí, pero está muy agobiada con todo lo que tiene que resolver.

Ahora que estoy en el teatro,

a ella le corresponde ocuparse de los problemas de la casa.

-Que también es un asunto de gran responsabilidad.

-Por eso no tiene ni un segundo libre.

-Yo diría que no se la ve muy liada a su esposa.

-Ir de tiendas no parece cosa de mucha enjundia.

-Habrá sacado tiempo para unas compras de urgencia.

-¿Disfrutando del sol y de la compañía?

-Así es, charlando un poco. ¿Quieren acompañarnos?

-Lo mismo no tienen tiempo.

-¿Cómo no vamos a tener un rato

para estar en compañía de tan buenos amigos?

Para eso siempre hay tiempo.

¿Te sientas, amor mío?

-Eh, sí, sí, ya ensayaré más tarde.

-Ea.

Jose, una silla, por favor.

¿Cómo se te ocurre contarle nada a Rosina?

-Yo que sé,

no pensaba que le iba a molestar que tomáramos una achicoria con Maite

o que celebráramos la onomástica del Servando.

-¿Todavía no conoces a la señora?

¿No sabes lo picajosa que es, que se molesta por todo?

Cuanto menos se le cuente, mejor.

-No te libra de un tirón de orejas ni el papa de Roma,

y to por mi culpa.

-No te apures, Marcelina,

que ya tengo las espaldas anchas pa aguantar un rapapolvo.

Total, uno más...

-¿Estáis listas pa el cumpleaños de Servando?

-Me queda arreglarme el moño,

¿me lo apañas, Casilda?

Anda, que pa algo somos medio primas.

-Y aunque no lo fuéramos, siéntate.

-Si llegamos los últimos no queda de na.

-Primo, tranquilo, relájate

es solo apañar un moño,

es que, Marcelina tiene los pelos mu finos.

-Y lo bien que le quedan.

Por cierto, estoy notando

mu raros últimamente... al Cesáreo y a Arantxa, ¿eh?

Andan como febriles. -Se habrán resfriao.

-No, esos están más sanos que una manzana.

-Y entonces,

¿qué ha pasado raro?

-Cesáreo lleva días con sonrisa de oreja a oreja,

y Arantxa, que conmigo es más seca que un polvorón,

me ha dado a catar un hojaldre que estaba riquísimo.

-No sé qué tiene eso de raro.

-Les he visto ya dos veces en el callejón,

hablando mu flojito y mu cerca el uno del otro.

-Esos dos están enamoriscaos.

Cada vez que viene el sereno al quiosco, me pregunta por ella.

-Eso digo yo, pero la Arantxa es de armas tomar,

cualquiera se acerca a ella, aun con buenas intenciones.

-Quién sabe, primo, Cesáreo es un bonachón,

y no me extrañaría que se haya fijado en la señá Arantxa.

-Cosas más raras se han visto.

Como decía mi abuela, siempre hay una mierda pa un tiesto.

-(RÍE)

Cesáreo y Arantxa enamoriscaos, ¿quién lo iba a decir?

-Y no va a salir de aquí.

Deja en paz a esos dos tortolitos,

que lo que hagan, no es asunto tuyo.

-Pa chasco que sí. Y ya son mayorcitos.

Lo contarán cuando ellos lo crean apropiado.

-Pues tengo ganas de saber más.

-Pues te la guardas donde te quepa.

-Este moño está perfecto.

Vamos abajo.

Eso, vamos,

a celebrar que Servando es más viejo y que nosotros lo vamos viendo.

Hemos dado un paseo la mar de agradable,

toda la mañana de tiendas.

-Necesitará mucha ropa para ir cada tarde ver a su marido al teatro.

-No, una vez vista la obra, ya no tiene interés volver.

Tendrían que ver los modelitos de las tiendas,

esta ciudad, en unos años,

va a tener los comercios dignos de las mejores capitales europeas.

¿Verdad, Margarita? -Sin duda.

Hay telas que no se habían visto en la vida por estos lares.

-¿Quieren otro café?

-No, gracias, son muy amables,

vamos a casa de Bellita a tomar un té moruno que tanto le gustan.

Ayer traje un paquete nuevo y no llegué a preparárselo.

-Sí. Bueno, les dejamos. Vamos a casa.

¿Subes con nosotras, Jose?

-No, voy a los jardines a estudiar.

Con Dios, señores.

-Con Dios.

-Con Dios, don Jose.

Todo el día con el libreto para arriba y para abajo,

mi marido se va a volver majareta de tanto estudiar.

-Es de entender que quiera bordar su papel.

-Por supuesto. Jose es muy aplicado y perfeccionista,

pero un poquito obsesivo.

¿Nos vamos a tomar ese té?

-Vamos, doña Bellita. En un tris lo preparamos

-Estupendo. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Servando, sale usted lo más de propio.

-Con esas trazas, parece Canalejas.

-¿Qué dices?

El presidente del consejo de ministros es más feo y lleva bigote.

-Yo lo digo por lo elegante.

-Lo cierto es que ha quedado muy bien.

-Siempre tuve ganas de retratarme en la tienda de al lado.

Como que los hacen muy bien, pero no son nada baratos.

-Por eso he tardado tanto en retratarme,

por eso y por los cuartos que cuesta.

Estaba harto de ver pasar a adefesios

y, luego verles como adonis en sus retratos.

-La magia de la fotografía.

-Yo he necesitado poca magia,

que ya bastante donosura natural tiene uno.

-Está guapísimo,

excelso, está mejor que un marqués en un boda.

-Ya, Jacinto.

A mí no me dices cosas tan bonitas.

-(RÍEN)

-Ya puede poner a buen recaudo la fotografía, al parecer,

hay un ladrón de retratos por el barrio.

-Uy, ¿Un ladrón de retratos?

-¡Qué cosa más pintoresca!

-En casa de mi señor ha desaparecido un retrato de Telmo.

Yo me aseguré muy bien de que Úrsula no se lo llevara,

pero de repente no estaba.

-Parece cosa de mengues.

-Y eso no es todo,

de casa de doña Genoveva, desde hace unos días,

falta un marco con un retrato de ella.

-Estará buena la señora, que esa se gasta su genio.

-No parece muy preocupada,

con lo de la recepción Real, tiene la cabeza ocupada.

-¿Es verdad que va a ir a ver al Rey?

-(ASIENTE) Ella y don Felipe.

Le mandaron un telegrama invitándola.

Yo misma tuve que ir a Gobernación para confirmar su asistencia.

-Pues no es asunto baladí

que te convide el monarca a una cosa de esas.

-Están muy contentos de poder asistir juntos

a un evento de tanta enjundia.

No muchas personas pueden decir

que han entrado a palacio

y se han codeado con lo más selecto de este país.

-Seña Fabiana,

a Marcia no le está haciendo na de gracia lo que se cuenta.

-Me da que ahí queda un rescoldo que no acaba de quemarse.

-Las mejores galas les he preparado a los dos,

van a dejar a toda la corte asombrada

con la elegancia que va a llevar la pareja.

-Bueno,

ya está bien de hablar de esa fiesta,

que los que estamos aquí no somos nobles,

ni Servando será rey, pero nos hemos reunido para divertirnos

si cabe, tanto o más que ellos.

-Ahí está, eso es.

-¿Voy sacando la tarta?

-Sí, que ya va haciendo hambre.

Que digo yo...

Que si este retrato lo colgamos en la entrada de la pensión,

estaría bien, porque así lo ve todo el mundo, ¿no?

-Ah, mire, me parece bien,

pero con la condición de que me hagan a mí otro

y lo pongamos juntos, que la pensión es tan suya como mía.

-(RÍEN) -Si la envidia fuera tiña...

Son preciosas,

tan delicadas y exquisitas como sus pinturas.

-Son solo apuntes,

algún día

las haré en mármol o en bronce fundido.

-Seguro que hará un trabajo maravilloso.

Tiene que ser mágico saber sacar una figura de un trozo de barro.

-En realidad, es como ponerte frente a un lienzo en blanco,

mediante la técnica, plasmar la idea que tienes en la cabeza,

nada más.

-Escuchándola, parece tarea sencilla,

como si cualquiera fuera capaz de crear algo bello de la nada.

-No afirmo que lo sea, pero...

Si anhelas algo con muchas fuerzas,

buscas la manera de conseguirlo.

Tú tienes alma de artista,

y si la dejas volar libremente, conseguirás lo que quieras.

-¿Cree que yo podré hacer algo así?

-Eso tendremos que averiguarlo.

Hoy, dedicaremos la clase al moldeado con barro.

-Espero no defraudarla.

-Algo me dice que estas manos

tan delicadas y pequeñas

pueden hacer algo más que pintar.

-Estoy deseando empezar a aprender.

-Bueno, pues pongámonos la bata

y al taburete.

Así.

Lo primero que tenemos que hacer es componer una imagen

en nuestro cerebro.

-Como... ¿un pajarito?

-Por ejemplo.

Y después, tenemos dos opciones,

hacer un boceto o trabajar libremente sobre el barro.

-Prefiero lo segundo. -Muy bien.

Coge un trozo de barro pequeñito y lo amasamos fuertemente.

Sin miedo, no tengas miedo a mancharte.

Eso es. Así.

Fuertemente, muy bien.

Cogemos un poco de agua, hidratamos el barro...

y elegimos con qué comenzamos las alas.

Así.

Suavemente, Camino, suavemente. Acaricia el barro para moldearlo.

Eso es.

Pero sin miedo, mira.

Así, ¿lo ves?

-Así.

-Tenía razón,

soy dichosa trabajando la arcilla.

Parece que la merienda ha sido un éxito,

apenas han quedado unas migas.

-Nuestros amigos son de buen comer.

Además, la tarta estaba riquísima.

El único trozo que está sin tocar es el tuyo.

-No tenía mucho apetito.

-¿No será que se te quitó cuando nombraron a don Felipe y Genoveva?

Deberías disimular tu malestar cuando les mencionan.

-¿Tanto se nota?

-Fue nombrarlos y se te cambio la cara.

-No puedo evitarlo, todavía me escuece pensar en él.

-(SUSPIRA)

¿No ves que ya no puedes aspirar a nada con ese hombre?

-Lo sé, no hace falta que me lo repita.

-El señor tiene derecho a rehacer su vida.

¿No deberías alegrarte en vez de seguir suspirando por él?

-Tiene razón y me siento muy mal, pero es que...

-¡Es que nada, Marcia! ¡Ya está bien!

Compórtate como una mujer de ley y deja de enredar con esto.

Tienes a un hombre como Santiago

que es de los que se visten por los pies,

te quiere como el que más.

-Yo también le tengo aprecio.

-Eso no es bastante, le tienes que respetar como se merece.

-Créame que lo hago.

-¡Pues sácate de la cabeza al abogado!

Santiago trabaja de sol a sol por ti

y se ha ganao un sitio entre nosotros.

Nadie puede decir nada malo de tu esposo.

¡Nadie! Así que, aplícate el cuento.

Cesáreo, ¿qué quería? La fiesta ha terminado.

-Venía a ver si Arantxa estaba por aquí.

-No, como puede ver, ya se ha ido todo el mundo.

-Me marcho, no quiero molestar.

-Cesáreo, ¿puedo hacerle una pregunta?

-Sí.

Fabiana dice que nadie puede mentar nada malo de Santiago.

¿Usted piensa lo mismo?

Sea sincero, se lo ruego. Necesito saber la verdad.

-Yo no sé qué decirte.

-Por lo que más quiera, dígame qué esconde Santiago.

-¿Quiere saberlo? -Sí.

-Lo que te ha dicho Fabiana no es cierto.

Yo si te puedo contar algo malo sobre Santiago.

He intentado olvidarlo, y me pesa no habértelo contado.

-Sea lo que sea, andaré mejor si sé a qué atenerme.

-Santiago se ha metido en timbas ilegales,

y de ahí saca el dinero.

-No, no puede ser.

-Créeme, es así.

¿Dónde lo escondes, Santiago?

¿Cómo es posible?

Aquí hay una fortuna.

Cesáreo tenía razón, todo eran mentiras de Santiago.

-¿Está por ahí mi esposa?

Buenas tardes, amor mío.

-Buenas tardes.

-¿Qué te ocurre? ¿Está todo bien?

-Sí, todo bien.

Es una pena que no hayas podido venir en la merienda.

-Sí, me ha faltado tiempo.

¿Me puedes traer agua fresca?

Vengo fatigado de la calle.

-Sí, voy a escape.

-Vaya...,

parece que has estado hurgando en mis cosas.

Haga un retrato de los dos juntos.

-Ni que fuera mi santa, no, hombre, no.

Y si algún huésped se cree que soy el único dueño,

ya estoy yo para aclarárselo.

Por la Virgen de Regla, qué mal pulso tengo.

-Te he dicho que no me importa que te formes en arte,

me gusta que te apasione y vayas a la biblioteca,

pero quedamos en que no podía interferir en tus obligaciones.

-Y no lo hace, madre. Ni lo hace ni lo hará.

El trabajo lo primero, se lo prometo.

Me considero responsable del éxito de mi hija y mi marido.

A una le he enseñado todo lo que sabe,

y al otro, le he moldeado el talento desde que cayó en mis manos.

¡Guapa, guapa y guapa!

Que Jacinto está metiendo las napias.

-¿En lo nuestro?

-¿Qué es lo nuestro?

-Si no lo sabe usted... -Bueno, pues eso.

Sí, que está haciendo más preguntas que un guardia.

-A mí también me da la tabarra. -Esto se tiene que acabar.

-A mí no me importa que todos sepan que tengo cierto interés por usted.

-¿"Cierto interés"?

No daría yo mucha confianza al servicio.

A las chicas les das la mano y te acaban cogiendo el pie.

-Señoras, pueden seguir diciendo barbaridades,

que yo no cambiaré mi conducta.

Mi experiencia, me dice que ustedes

están equivocadas, pero no les pediré que cambien,

allá cada uno con su conciencia,

pero a contrapartida, les pediré que ustedes no me lo pidan a mí.

¿Sí?

¿Te quedarías más tranquilo si viviéramos un momento marital?

Sí, sí, vamos, completamente.

Más tranquilo que el Guerra.

Está bien, creo que puedo darte esa satisfacción.

Mire, infeliz,

no sé de dónde se ha sacado que tengo tratos con doña Genoveva,

pero no es cierto. Si tiene cuentas con ella,

haya usted. Olvídese de mí.

Lo he estado pensando y me gustaría posar para usted.

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Acacias 38 - Capítulo 1148

27 nov 2019

Úrsula le ofrece una alianza a Santiago: los dos pueden terminar con Genoveva si se unen. Santiago promete darle una respuesta próximamente a la criada.
El cuadro de Maite, en el que se ve a dos mujeres amándose, impulsa a la profesora a hablar del amor sin restricciones a su alumna. Camino, lejos de asustarse, sigue feliz con las clases.
Genoveva sigue consolidando su poder en el barrio al recibir una invitación para una recepción real. Le pide a Felipe que le haga el honor de ser su acompañante, y el abogado no se niega.
Emilio y Cinta por fin hacen las paces y ella le cita en su casa... A solas. Por el contrario, Bellita y Jose están cada vez más distanciados por culpa de Margarita.
Marcia presiona a Cesáreo, que termina advirtiéndole de la implicación de su marido en las timbas. Marcia encuentra el enorme capital que esconde su marido ¡y él la descubre!

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