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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1144 - ver ahora
Transcripción completa

¡¿Qué está ocurriendo aquí, qué está ocurriendo aquí?!

¡Basta, basta! Felipe,...

está desequilibrada, me ha atacado sin ningún motivo.

La noche de bodas va a ser sonada.

Por eso estoy deseando que nos casemos.

¿Ese es el único motivo por el que te quieres casar conmigo?

Bueno, el único, no, pero sí uno de peso.

Una proposición tan romántica no me la puedo tomar a la ligera.

Deje que se marche, lo digo en serio.

Esto no acabará aquí.

Se lo juro.

Estoy interesada en promover un salón de tertulias,

como en Francia.

-Es una buena idea.

-El sereno, que me ha propuesto que le acompañe a una verbena.

-¿Y qué tiene eso de malo?

-Que ya se puede figurar las intenciones que lleva.

Los hombres solo tienen una cosa en la cabeza.

La suerte del principiante, seguro.

-Imagino que su familia debe de estar encantada con su éxito.

-No, sí que les ha hecho ilusión, pero, bueno, tampoco tanta.

A partir de ahora, tendrás que subsistir con tus propios medios.

Y no me molestes más.

¿Y si no lo hago? Yo misma acabaré contigo.

¿Qué te aflige así?

-Es por algo que pasó hace mucho tiempo...

en un lugar llamado Valdeza. -"Es por Alfonso".

Me ha abandonado.

-No me puedo creer que le haya hecho semejante vileza.

Lo nuestro se terminó...

y no podremos recuperarlo nunca.

¿No vas a darme otra oportunidad?

No.

Usted no es solo una maestra para mí,

es un ejemplo a seguir,

y nada me haría más feliz que ser como usted.

Me huelo que has averiguado algo más sobre Cristóbal,

¿me equivoco?

No, no te equivocas...,

tengo novedades sobre ese asunto.

¿Estás segura?

¿No es un rumor? Ya te lo he dicho hace un momento,

Cristóbal está en la ciudad.

Hace un momento dijiste que venía por aquí de vez en cuando.

Como comprenderás, no sé dónde vive,

pero es capaz de llegar hasta mí. ¿Te ha amenazado?

¿Ha tratado de extorsionarte? No.

O no, todavía.

Es una maniobra de Úrsula, es ella quien lo ha traído.

Querrá vengarse por su despido.

No, trata de torturarme. No puedes tenerme al margen.

Tienes que contarme las cosas cuando las sepas.

¡Ya lo sé! Pensé que podría controlar a esa criada loca,

que no necesitaría ni de ti ni de nadie para ponerla en su sitio.

Me equivoqué. Está bien, tranquilízate.

¿De acuerdo? Encontraremos la solución.

Desde que asesinó a Samuel Alday,

Cristóbal no había tenido redaños a volver aquí.

No. Sabe que el comisario Méndez le detendría

en cuanto le pusiera un ojo encima. Exacto.

Aunque Úrsula tiene algún poder para manejarlo.

Él acude cuando ella lo llama.

Eso es.

Su regreso, aunque él lo plantea como una amenaza,

será para nosotros una oportunidad.

¿Una oportunidad para qué?

Creo que sé cómo deshacernos de él, de Úrsula,

de todo el embrollo.

¿Cómo?

Tengo que darle un par de vueltas a la idea, pero...

sé que funcionará.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Llaman a la puerta)

¿Se puede? -Claro.

-Marcia, ¿le gustó el bizcocho a Agustina?

-Sí. Y la encontré muy sosegada.

Le anima saber que todos estamos pendientes de ella.

-Pa mí que eso que estás bordando no lo estás haciendo bien.

Esa hoja no tiene que ser colorá.

-Ay, me he despistado un poco.

Ahora tengo que deshacer todo el trabajo.

-Pa mí que te has despistado mucho.

Mira, no hay ni una puntada bien dada.

¿Qué tienes?

-Nada.

Estoy cansada de trabajar en la mantequería.

-Todos los días trabajas lo mismo y no haces ni una pifia.

Aunque no quieras contármelo, sé que hay algo que te trae de cabeza.

-La verdad es que sí. Ando revuelta.

-¿Me vas a contar por qué?

-(EXHALA)

Estando con Agustina apareció Felipe.

Yo pensaba que no iría en toda la tarde,

pero tuvo que volver a casa a por unos documentos.

-Pues también es mala suerte.

¿No habrá pasao na de lo que tengas que arrepentirte?

-No, no ha pasado nada,

a pesar de que él estaba bien dispuesto.

-No le darías pie a nada, ¿no?

-No le di ni un dedo, le rechacé de firme desde el principio.

-Muy bien que hiciste, que tú no tienes nada que hablar con él.

-Pero me costó la vida decirle que no.

Aunque me voy acostumbrando a la compañía de Santiago y a quererle,

no logro olvidar a Felipe.

Y por lo que él me ha dicho,

a él le pasa exactamente lo mismo.

-Desengáñate, Marcia, don Felipe está con doña Genoveva.

-Sí, pero no es lo mismo.

A ella no la quiere como a mí.

-Peor me lo pones, él se engaña y le engaña a ella.

Tienes que olvidarte de don Felipe de una vez por todas ya.

-Si pudiera marcharme de Acacias para siempre,

podría dar a Santiago la oportunidad de hacerme feliz, como me pide.

Pero por el momento, no podemos.

No sé yo si esa puede ser la solución.

¿Para qué presionar a tu esposo con iros de aquí?

¿Crees que yéndote lejos de Acacias olvidarías a don Felipe?

¿Estás segura?

-No sé, Fabiana. Al menos no le vería ni hablaría con él.

Eso me ayudaría.

-Escúchame, hija, hay sentimientos que persiguen a las personas

allá donde van.

Es tu voluntad la que tiene que acabar con todo esto.

Piensa en ello, hija.

(Pasos)

-Creía que estaba mi mujer sola.

-No se apure, Santiago, yo ya me iba.

A más ver. -Con Dios.

¿Cómo te ha ido en la tienda? -Bien.

Mucho trabajo.

¿No vas a darme otra oportunidad?

No voy a prolongar lo que sería un despropósito, Felipe.

Trata de aclarar tus sentimientos con Genoveva.

Yo con Santiago los tengo claros.

Es el hombre con el que voy a pasar el resto de mi vida.

Me rompes el corazón.

-Marcia, ¿en quién estás pensando?

Estás en las nubes.

-No estaba pensando en nadie, Santiago,

solo estaba pensando en cómo acabar mi bordado.

-¿Eres sincera conmigo?

¿No estarás recordando a otro hombre?

-Santiago,...

Lo único en lo que tengo que pensar

es en que nos tenemos el uno al otro.

El resto del mundo no existe.

-Es un sinsustancia,

un hombre sin decencia, un picaflor...

-¡No!

¡¿No me diga usted que el desaborío...?!

¿La ha abandonado por...? ¿Por otra?

-Por otra mucho más joven. Está enamorado hasta las trancas.

-¡Será badulaque! ¡Bobo, babieca! -Y rijoso.

Un sátiro, es un viejo verde.

¡Así se le pudra lo que se le tiene que pudrir!

-Y le dé una diarrea de las que no se atajan a tiempo.

-¡¿No decía el embustero que viajaba por negocios?!

-Eso es verdad.

Como nos quedamos sin una perra,

se puso a mover algunos negocios.

-Lo que ha movido ha sido la cresta, como los gallos.

-No creo que fuera esa su intención.

Al menos, no desde el principio.

Uno de los negocios era hacer una película en Barcelona.

-Y allí conoció a la perdida.

-Una actriz de pocos años.

-Y menos seso. -Se ha enamorado como un poeta.

-¡Se ha enamorado como un sinvergüenza!

-Pero, Bellita, él no ha tenido toda la culpa.

-¡No, parte la tiene usted por haberle lavado los calzoncillos

desde que tiene uso de razón, no te digo!

-Hablo en serio.

Estos últimos años,...

yo... no he sido muy buena esposa.

Mi obsesión por usted, me había hecho...

un poco arisca,

poco amorosa...

Había dejado a un lado mi matrimonio.

-No, si ahora la culpa la voy a tener yo.

Qué calor me está entrando.

-No, lo que trato de decir

es que si pienso así, sin celos, fríamente...

hasta puedo comprender que se haya enamorado de otra.

-¡Anda ya! ¡¿Cómo dice usted eso?!

¡Su Alfonso de usted es un sindiós, un picaflor

y, lo que es peor, un desagradecido.

-Sí, quizás,... pero tendré que resignarme.

-¿Resignarse usted? ¿A qué?

-¡A vivir una vida de soledad y de oprobio!

Caminaré por la calle con la cabeza gacha,

por la vergüenza,

y vestiré hábitos negros por la pena.

-Por Dios, mire, ¡de gallina se me pone la carne al escucharla a usted!

¡Ni vergüenza ni hábitos negros o carmelitas!

Usted va a tirar p'alante como que me llamo Bella.

-Pronto lo sabrá todo el mundo.

Una mujer abandonada.

Seré el blanco de todas las mofas.

Y para los hombres...

Ellos solo vuelven con las "pindinguis",

no con las que su marido

deja tirada en la cuneta.

-De eso no se preocupe, que aquí esta Bellita.

Me encargaré de que usted rehaga su vida.

-De inmediato es mucho decir. -Pues cuanto antes.

Por fortuna es usted una mujer que, a nada que se arregle,

podrá hacer suspirar a muchos hombres.

-Unos suspiran y todos se piran.

-Si esa es la confianza que tiene usted en sí misma,

me lo va a poner difícil.

-No, no, ya está, ya está.

Discúlpeme. -Eso es.

Prométame que no va a derramar ni una lágrima más

por ese hombre ingrato y lujurioso.

-Ni una más. -Y ahora, hale,

vaya a lavarse la cara y, de paso,

se cuela usted unos tés morunos de esos que hace tan ricos.

Nos los tomaremos mientras pensamos qué vamos a hacer

los próximos días para devolverla a usted a la vida.

Hay muchos palillos que tocar. -Muchas gracias, Bellita

¿Sabe?

No creía que usted se pondría de mi lado con tanta pasión y firmeza.

Bellita no deja a una amiga en el reguero.

¿Es muy tarde para visitas?

-Si es tuya, no.

Me sorprende, pero no me molesta.

¿En qué estaba trabajando?

-Otro encargo para una revista. Mira.

Qué bonito.

¿Qué te trae por aquí?

Venía a decirle que...

Bueno, que creo que me sirvió mucho hablar con usted

de lo de Valdeza. -Me alegro.

Y como ya te dije, hay que seguir adelante.

No podemos dejar que estas desgracias nos hundan.

-Le estoy muy agradecida. -Pues no lo estés.

Somos amigas, ¿no?

-Mucha gente, sobre todo mujeres,

se habrían escandalizado.

-Y muchos hombres también,

muchos habrían incluso intentado vengarse.

Pero ninguna de esas posturas es la adecuada, ¿sabes por qué?

Porque ninguna te tiene en cuenta a ti.

-Aun así, queda la culpa.

-Camino, no eres culpable de nada, ¿me oyes?

De nada. -No puedo evitar sentirme así.

-Pues eso es contra lo que debes luchar,

contra esos pensamientos destructores.

Fuera culpas y fuera vergüenzas.

Eres una víctima, recuérdalo,

y las víctimas necesitan cariño, tiempo y olvido,

no recriminaciones.

¿Tienes preparado el boceto para el retrato de tu madre?

-Sí.

-Pues cuando quieras puedes ponerte delante del lienzo.

-¿De veras?

-Bueno, ahora no,... pero mañana en la clase si quieres.

-Me refería a que...

si de veras... cree que estoy preparada para enfrentarme al óleo.

-Para enfrentarte al óleo y... para enfrentarte a la vida.

Y sobre todo, para tomar tus propias decisiones.

(Suenan las campanas)

¡Las diez en punto y sereno!

¡Las diez en punto

y sereno!

¿Qué, de recogida ya?

-Sí, hoy no había más tajo en el almacén.

¡Tira, tira, tira p'allá, chisgarabís!

¡No te quiero volver a ver por mi negocio, que te...!

¡Que te vayas de aquí, desalmao!

-¿Qué le ha hecho el andoba? -¿Le demos cera?

-A este... No, no vale la pena ensuciarse las manos.

Ya sabe lo que le conviene, no volver por aquí.

-¿Ha intentado robarle?

Este no toca ese palo.

Es un tahúr,

un famoso fullero con fama en las tabernas de los arrabales.

-¿Estaba jugando en la pensión? No estaba jugando.

Estaba hablando con unos y con otros, tanteando,

para ver si montaban una timba en las habitaciones.

-Sinvergüenza.

Si vuelve a intentarlo otra vez, avíseme,

y haremos que caiga sobre él el peso de la ley.

¿Saben qué? Me suena su porte.

-A este, a este...

le llaman el Bonifacio.

-¡El Guantes! Bonifacio el Guantes. De eso me sonaba.

Menudo alicate.

Este, si no ve una mesa con mantel verde,

no sabe para lo que es.

Me apuesto lo que sea a que este no sabe comer con cuchara.

-Yo hace tiempo que no estaba por la patria,

pero ¿qué tiene de malo echar una partida?

-Eso no. Eso es un entretenimiento hasta familiar.

-Si es amistosa, está bien.

Por el honor del ganador o por los cafés y las copas.

-Se puede jugar con unas perrillas, como si jugaras con la abuela.

Pero siempre que el juego sea limpio

y que no suponga la ruina de los jugadores.

-¿Quiere decir que hace trampas? -No sé.

No tengo pruebas de eso.

Ni donde juega ni las compañías con las que se junta

son muy recomendables.

Se relaciona con hampones y gente del bronce.

-Sí, siempre a cebarse con los señoritos borrachos

o con los jugadores novatos.

-Una joya. -Sí, sí.

Y que conste que a mí me da igual cómo malgaste su vida.

Pero yo no quiero que me cierren la pensión

porque lo pillen aquí jugando dentro.

-¿Se la cerrarían?

-¿Si está dentro el Guantes y jugando?

Con cuatro candaos y tiraban las llaves.

-Pues no se arriesgue entonces, no.

-Gentuza como esa, cuanto más lejos, mejor.

-Además, de verdad. Vamos a tomar, unos chatos,

que quiero contarle lo de la tertulia intelectual de mañana.

-Sea, vamos.

-A usted no le digo nada porque no necesita invitación.

-Voy enseguida.

Perdona la intrusión.

Cuando Agustina me ha dicho que no estabas,

le pedí que me dejara esperarte.

No te preocupes, es una agradable sorpresa.

Siéntate, por favor.

He tenido una idea para ayudar a los repatriados,

aunque no estoy muy segura, necesitaba consultarte.

Que te sientes.

Ahora, dime, ¿qué idea es esa?

¿Adónde se los han llevado según sanaban?

Me ha llegado la lista con los destinos.

No sé si cada uno ha vuelto a su casa

o, al estar comprometidos con el ejército,

les han llevado a algún recinto militar.

O si ya han sido incorporados a sus cuarteles.

Consultaré la lista y te digo.

Me gusta verte con tanto ánimo y ardor guerrero.

No voy a dejar a esos mozos en la estacada.

Yo tampoco.

Ni ninguno de nosotros.

Vengo de hablar con el comisario Méndez.

Tengo novedades.

(Puerta)

Disculpa.

Don Ramón, pase, por favor.

Con su permiso.

Buenas.

Cuando Agustina me ha dicho que estaba usted aquí

con doña Genoveva, me llevé un alegrón, quería verles.

Pensaba visitarla de todos modos.

¿A propósito del apoyo a nuestras tropas?

Efectivamente.

En mi humilde opinión,

creo que deberíamos fletar un nuevo buque para seguir trayendo mozos

a la península.

No me gusta pensar en los desgraciados

que se quedan en el frente sin posibilidad de combatir.

Tampoco es agradable imaginarlos aquí, ya sanos,

y sin otra cosa que hacer que estar mano sobre mano,

o peor, echándose al monte para alimentar a sus familias.

Doña Genoveva me estaba contando que tenía una gran idea.

¿Cuál es esa idea?

Necesitamos saber adónde han destinado a cada uno

después del tratamiento. Tendrá usted esa relación.

Mi intención es, una vez localizados,

organizar grupos de trabajo en cada capital de provincia

con las señoras de la alta sociedad.

Estas señoras se informarían de la situación personal

de cada mozo. Ya veo por dónde va su idea.

Esos grupos de trabajo o comités, o como queramos llamarlos,

analizarían cada caso

y nos propondrían una intervención cuando fuera necesario.

Exacto.

Unos necesitarán ayuda para montar su negocio,

otros formación como aprendices de un oficio... Son tan jóvenes.

El caso es que analizaríamos las propuestas

y liberaríamos los fondos que estimáramos pertinentes.

Es una gran idea. Nada fácil de llevar a cabo.

Tampoco tan difícil.

Trabajosa sí, pero no ardua.

El proceso más delicado es encontrar en cada ciudad,

señoras dispuestas a remangarse.

Una vez estén en activo estos comités,

solo tendríamos que reunirnos y valorar esas propuestas.

Por mi parte, yo estoy dispuesto. Y yo no voy a ser menos.

Hablaremos con don Liberto

y nos pondremos manos a la obra cuanto antes.

Muy bien.

Yo venía con otra propuesta, pero me marcho encantado.

Seguiremos recaudando fondos para fletar ese nuevo buque.

¡Eso es, don Ramón! A por todas.

Por ímpetu que no quede. Buenos días.

Con Dios.

¿Qué es lo que has ido a tratar con el comisario?

Hemos hablado de Cristóbal Cabrera.

¡Cinta!

¡Cinta, escúchame, amor!

¿Estás enfadada?

No, si te parece... Pero... ¿por qué?

No quería decir "por qué", quería...

aclarar las cosas después de la conversación de ayer.

Explícate entonces.

Eso quisiera yo, pero no sé muy bien qué es lo que te irritó tanto.

Cuando lo sepas, me avisas.

A ver, según yo me acuerdo,

te dije que no te achucharía más hasta la noche de bodas

y, que yo recuerde, tú saliste de estampida.

Y dejándote claro que me parecía una grosería.

¡Párate un momento, por favor!

Sea lo que sea,

lo siento, perdóname.

¿Vamos a seguir mucho tiempo con esta conversación?

Sí.

Bueno, no.

Bueno,... lo que tú quieras.

Prefiero que no. ¿Y si cambiamos de tema?

¿Fuiste por fin al Café Sóller? De allí vengo.

¿Y buenas noticias?

Me van a hacer una prueba para su repertorio.

¡Eso es fantástico, qué bien!

¿No sabes contenerte? Estamos en medio de la calle.

Que ha sido solo la alegría. Era tan solo un...

Me esperan en casa.

...abrazo cariñoso.

-Cabizbajo vais, señor conde. -No la entiendo.

-¿A Cinta? -Sí.

Hice lo que me dijo, le hablé de matrimonio

y pareció como si le mentara al diablo.

Ahora, apenas me habla.

-A ver, a ver, explíqueme cómo le propuso matrimonio,

que hay maneras y maneras.

-Pues... Más o menos, le dije que...

Más o menos, ¿eh?

Que no me importaba no achucharla hasta que nos casáramos,

porque así, nuestra noche de bodas sería más sonada.

-¡Error, gran error!

¡Eso suena a un aquí te pillo, aquí te mato!

A las mujeres casaderas les gusta el romanticismo,

pero no exento de formalidad.

-¿Mande?

-Que Cinta espera, como debe de ser,

es una declaración protocolaria

con su invitación a cenar y, en los postres,

ofrecimiento de anillo en posición genuflexa.

-¿Eso quiere decir de rodillas?

-Sí, Emilio, eso quiere decir de rodillas.

-Ya. Igual sí que lo he hecho un poco mal.

-Deje eso y siéntese. Vamos a empezar por el principio.

Y usted dirá: ¿cuál es el principio?

Yo se lo voy a decir.

Ante todo,

no parecer ansioso

o desesperado.

A las mujeres les gusta la contención,

el dominio de los instintos...

Ahora vendrán los contertulianos.

No son intelectuales de gran prestigio, pero,

con el tiempo, todo se andará.

-¿Quién viene? -Pues así de repente...

Casilda, claro, Jacinto, Marcelina

y algunos clientes que son muy buenos en lo suyo.

-¿Arantxa no acude? -No.

Y es una lástima, porque tiene acreditados conocimientos

de las costumbres vascuences,

que son muy socorridas cuando decae la conversación.

Tenía que ir al mercado. Vendrá en la siguiente.

-Le deseo lo mejor con la tertulia. -No, el salón.

Salón Servandé. Vamos a llamar a las cosas como que son.

-Me pasaré después de la ronda.

Con Dios. -Con Dios.

(RÍE) -¿Somos los primeros?

¿Y para qué más?

La flor y nata de la intelectualidad de Acacias.

Bienvenidos. -¿No viene la Agustina?

-No, porque estaba muy liada con don Felipe.

Esos abogados siempre dando trabajo.

-Y después de enterarse de lo que hizo la Úrsula,

no tiene que tener ganas de darle a la húmeda.

-Mal rayo parta a la Úrsula y a la madre que la parió.

-Bueno, no nos vayamos por las ramas

y vamos a inaugurar mi salón.

Eh... Señoras, caballero,

queridos tertulianos,

parroquianos, amigos, señoras también...

Para mí es un placer inaugurar

este salón de intelectualidad Servandé,

donde se tratarán cosas de lo divino, de lo humano,

y de lo que está por medio, pues también.

Muchas gracias.

Vale, no, no... Gracias.

¡Venga, hablad!

-¿De qué?

-De las cosas que se hablan en estos salones,

de cosas intelectuales...

Se lo acabo de decir:

de lo divino, de lo humano y de lo que está entre medias.

El caso es hablar de algo.

-Ah... -(SONRÍE)

El caso es que...

en los ultramarinos de la calle Mayor...

hacen el jabón con aceite bien refrito.

Y ese es el secreto

para que la ropa quede tan blanca,

el refrito. -(SE ASOMBRA)

-Es verdad.

-¿Tú crees que ese es un tema de los que se hablan en un salón?

¡Hablen de cosas intelectuales!

De arte, por ejemplo, también vale el arte.

-Eh...

-Ya veo ya, veo que estáis tímidos.

-Claro, claro. -Algo retraídos.

No, claro, pero esto es normal, es la primera vez y hay que soltarse.

Los temas intelectuales y del arte,

al principio son serios y pueden dar miedo.

Claro, pero... Voy a empezar yo.

Sobre temas artísticos.

¿Qué preferís, la pintura o la poesía?

-La pintura, dónde va a parar.

Y si es de flores, mucho mejor. A mí me encantan las flores.

Como las vendo... -Qué buen gusto tienes, cordera.

Rediez. ¿Y eso es una opinión de altura?

-Depende de dónde se cuelgue el cuadro.

-Claro.

-A las buenas.

-Marcia, ¿cómo estás, has tenido mucha faena en la mantequería?

-Estoy cansada, sí.

-Pues mira, pues siéntate.

Siéntate aquí. (RÍE)

Así, a la vez que descansas,

puedes emitir alguna opinión intelectual.

-Servando, que quiere saber qué te gusta más: la pintura o los versos.

¡No es que quisiera saber...! ¡Es que, en un salón no se...!

Buah, da igual. Venga.

-Me gustan más los versos.

Pero con música, canciones de amor,

de nostalgia, melancolía.

-¡Por fin, ya era hora! Hombre, una opinión intelectual.

Sentimental, pero intelectual al fin y al cabo.

Bueno, ya os vais soltando.

-A mí me gustan los chistes de ovejas.

¡Sí, cuenta uno!

-Sí, sí, mi primo era el que mejor los contaba en el pueblo.

-¿Ah, sí?

-Iba yo por el pueblo con dos mil ovejas, dos mil ovejas,

y me pregunta uno:

"¡Niño, niño, tú!".

Y le digo: "¿Qué?"

"¿Dónde vas con tantas ovejas?". Y le digo, le digo:

"Que voy a montar belén".

-(RÍEN)

-Este es bueno, ¿eh?

-¿Le ha parecío intelectual? Que tiene su miga, ¿eh?

-No, no, vamos a ver, mirándolo bien,

también hay que tener arte para contar chistes.

-Es un arte, y de los más difíciles.

-¿Los de ovejas? Dificilísimos. -Mira, los de ovejas...

¿Sabéis el de las ovejas blancas y las ovejas negras?

-No. ¡Cuente, cuente!

Esto es uno que va por el monte y se encuentra con un pastor.

-Un pastor. -Claro. Y dice:

"¡Eh!". Al pastor.

Se saludan, tal, y le pregunta al pastor:

"Oiga, ¿las ovejas comen mucho?".

Y el pastor le responde: "¿Las blancas o las negras?".

"Las blancas".

"Sí, las blancas comen mucho".

"¿Y las negras?".

Y dice: "Las negras también".

Y el otro se queda así pensando, y pregunta:

"¿Y dan mucha lana?".

Y el pastor dice: "¿Las blancas o las negras?".

Y dice el hombre: "Las blancas".

"Sí, las blancas dan mucha lana", dice el pastor.

"¿Y las negras?". "Las negras también".

Claro, el hombre ya está un poco molesto.

"Oiga, ¿por qué siempre que le pregunto por las ovejas,

me dice si las blancas o las negras?".

Y el pastor le contesta: "Porque las blancas son mías".

Y el otro, el hombre dice: "¿Y las negras?".

Dice: "Las negras también".

(RÍEN)

Es para desternillarse.

No, pero es que hay que tener un arte... Bueno...

No debería usted hacer tanto empeño.

-Agradecía.

-Uy.

¿Por qué no le dice a Marcia que le ayude con estos trabajos de carga?

-No importa. Cuando el cuerpo diga basta, ya pararé.

Hasta entonces, a doblar el lomo, que es lo mío.

Le he dicho a Marcia que vaya a descansar.

-¿Está contenta con ella? -Sí. Es muy formal y trabajadora.

-Sí, eso es verdad.

Muchas gracias por haberle dado laboro.

Nos hacían faltan las perras.

-Ya. ¿Tiempos apretaos?

-Bueno, nunca sobra.

-En cuanto pueda, le doy a Marcia el jornal que le debo.

-Agradecido.

En ningún sitio atan a los perros con longanizas.

Bueno, con Dios.

-¿No tiene bastante con el almacén, que sigue buscando faena?

-El trabajo en el almacén es a destajo, y no hay siempre.

-Vaya por Dios.

-No le diga nada a Marcia, que no quiero preocuparla.

Ni siquiera voy a la pensión para que no note el apuro en la cara.

-Preguntaré por ahí a ver si le encontramos algo.

-No se moleste.

Tengo un par de cosas habladas y alguna saldrá.

-Como quiera.

Con Dios. -Con Dios.

¡Bonifacio!

Bonifacio el Guantes, ¿verdad? Quiero hablar con usted.

Un fracaso.

-No te desanimes, que Zamora no se conquistó en una hora.

-Llevo ya días buscando contertulios para mi salón.

-Es que eres muy exigente.

-¿Por qué no me han gustado tus amigos del Ateneo?

Eran comerciantes, no intelectuales, ni siquiera eruditos.

Es tu decisión,

pero Garmendia y Rodado habrían hecho un buen papel.

Y no son comerciantes, son contratistas de obras públicas.

-Esos señores sabrán mucho de caminos, canales, puertos,

no te digo que no, pero de temas de enjundia,

no saben ni de la misa la mitad.

-Mira los Palacios, se han comprometido a asistir a tu salón.

-Pero son amigos, yo se lo agradezco.

Necesito pensadores de profesión.

Y me vendría tan bien un pintor... (RESOPLA)

¡Cómo echo de menos a mi hija! Ella me traía literatos.

Claro, bebían y comían lo que no hay escrito,

pero al menos daban espectáculo.

(Pasos)

-¿Se puede?

-Sí. -Casilda me ha abierto la puerta.

Le traigo sus revistas, doña Rosina.

Es la más intelectual del barrio. -A ver...

Sobre literatura en francés. -Pues sí, para estar al día.

-Y esta habla de subastas de arte.

-Por si viene al salón alguien de mal gusto que hable de dinero.

-Al principio, por lo que yo sé de salones,

al principio no se habla mucho,

como que da un poco de coseja ser una intelectual,

pero luego,...

luego te ríes.

Qué bien que se lo pasa una en los salones.

-¿Ha empezado a recibir en su salón Servando?

-¡Claro que sí! Servandé es un cohete cuando quiere.

-¿Y cuál ha sido el tema de referencia?

-¡uy, de todo!

Hemos hablado de versos, de pintura, mayormente de flores, eso sí.

Hasta hemos contado chistes. -(RÍE)

-El acabose.

-Qué bien. Muchas gracias.

Ya te pagaré las revistas. -Descuide, que no me olvido.

Habré vendío dos como estas en estos años.

Con Dios. -Con Dios, Marcelina.

-¿Has visto?

¡Hasta el zopenco de Servando ha abierto un salón intelectual!

-A la buchaca. ¿Jugamos?

-Encima.

Camino, es precioso. -No es más que un boceto.

Tienes a tu madre calada, es como si la viera en persona.

¿El óleo se te da tan bien?

Eso espero. He empezado esta mañana,

pero a Maite le ha gustado lo que ha visto.

La admiras mucho, ¿verdad? Se me cae la baba con ella.

Y no solo porque sea buena profesora,

es que, no sé, me gusta su forma de ver la vida.

Si me atreviera,

dejaría el restaurante y me pasaría el día entero pintando.

Buena se pondría tu madre.

Tampoco es que tú tengas muy contento a mi hermano.

¿Te ha dicho algo?

No.

No es nada grave, tan solo que está sacando los pies del tiesto,

y hay que ponerle en vereda.

No le aprietes mucho, que es blandengue y se viene abajo.

(Puerta)

-No sabía que estabas aquí.

-No te preocupes, que las cazo al vuelo.

No es que seas muy amable con tu hermana.

Bueno, ni con tu hermana ni con nadie.

Al menos, no conmigo.

He hablado con Antoñito y me ha abierto los ojos.

Si hablas con Antoñito para entenderme, malo.

Me tienes con el corazón en un puño, necesitaba hablar con alguien.

Sé que he hecho las cosas mal, todo lo he hecho mal.

Eso es un paso. Rematadamente mal, Emilio,

pero veo que no te enmiendas.

¿En qué he metido la pata ahora?

No puedes venir a verme sin avisar, y menos si estoy sola.

¿Qué dirían mis padres o Arantxa si vienen? Anda, márchate.

¿Y lo que te venía a decir? Tiempo habrá.

Además, tengo que ensayar para la prueba del café.

Espera.

No dejes sola a tu hermana con la pintura.

Nunca la había visto tan centrada. Es su vocación.

Y como tu madre, hay muchas ideas y formas de Maite que no comparto,

pero a Camino le hacen bien, mucho bien.

No dejes que tu madre la fastidie.

(ASIENTE)

Emilio...

No te vayas tan serio, hombre.

(SUSPIRA)

No las tenía todas conmigo.

Estabais más callados que un fiambre.

Pero yo me dije, Servando,

tienes que sacar algún tema sesudo de los que tú dominas.

Y dicho y hecho. Bueno, qué, animé la tertulia, ¿no?

-Bastante. -Y he pensado

que no ha sido mal comienzo, así nos fogueamos,

pa cuando vengan los intelectuales, estar a su altura.

-¿Y qué chistes les gustan a los intelectuales?

-Los mismos que a mí, claro. -Entonces, está chupao.

Se troncharán con nosotros. -Claro.

Oye, ¿sabes algo de Agustina? No la he visto.

-Ha ido al mercao a primera hora. La cosa no pintaba bien, ¿eh?

Normal, si piensas que Úrsula era como una hermana o poco menos.

-A ti venía a ver, Jacinto. ¿No ha llegado carta para mí?

-Usté no está al día, señá. El cartero no reparte por la tarde.

-Tú no eres nadie para decirme si estoy al día.

Yo estoy más al día que el diario matutino.

En la vanguardia estoy.

Respecto a la carta, la estoy esperando de mi hija.

En cuanto llegue, mueves el trasero y me la subes.

-Sí, claro, señora.

-He oído que has recibido esta mañana.

-Sí, bueno, ha sido memorable, para no olvidarlo.

Una conversación fluida,

unos chistes brillantes...

Ha sido un gozo para el alma y un bálsamo para el espíritu.

No me extrañaría que cuando se corra la voz de lo de mi salón,

acudiera la "crème de la crème" de la intelectualidad.

-¿Sabe los chistes que les gustan?

-No me importaría conocer el funcionamiento interno

de uno de esos salones de medio pelo.

(RÍEN) -¿Se refiere al salón Servandé?

-Por conocer, digo.

-Yo le contestaría lo mismo que me dijo usted

cuando le pedí que me invitara al suyo.

-¿Te refieres al salón Rosiné? No me acuerdo.

-Lo siento mucho, señora,

si por mi fuera, estaría encantado con su presencia,

pero me da miedo que se entere la parroquia

y que se den cuenta de que usted ni es artista ni perita.

-Ni que tuviera yo necesidad, ¿verdad?

Lo decía por pasar el rato

y para ver si podía darte algún consejo, pero si no lo quieres...

-(RÍE)

¿Has visto, ovejero?

Ya se empiezan a dar de leches por entrar en mi salón.

(Pasos)

Tenemos que trabajar más las proporciones,

¿lo ves?

Pero en conjunto está bien.

Te ha quedado sugerente, equilibrado y vivo.

-¿Me ha quedado? Si no lo he terminado.

-Has elegido un estilo impresionista, ¿no?

Puedes dejar algunas zonas sin terminar.

Resalta un poco el perfil del cuello,

unas pinceladas de color en las sombras y listo.

-Eh...

¿Cómo,... así?

-Eso es.

Camino, ¿podemos hablar un momento?

-¿Sucede algo? ¿Está enfadada? ¿He hecho algo malo?

-No, no, solo quiero pedirte un favor.

Siéntate.

-Usted dirá.

-Preferiría que no fueras contando nuestras conversaciones.

-Pero yo no... -No, lo entiendo.

Entiendo que quieras compartir con tu gente lo que hablamos, pero...

obvia mis opiniones sobre política y sobre la mujer.

-Ha hablado con mi madre.

-Sí. Y es normal que se preocupe.

Pero tú, háblale solo de arte.

No querría perderte como alumna,

y menos como amiga.

-No se preocupe.

Pero no deje por eso de hablar conmigo de lo demás.

De política y del papel de la mujer en la sociedad

quiero seguir aprendiendo. -Por nada del mundo.

Soy yo la que agradece que alguien tan inteligente me escuche.

¿Sabes?

Se me ha ocurrido una idea para que tu madre nos mire con mejores ojos.

Quería asegurarme de que estábamos solos.

Desde luego. Solo tenías que haber preguntado.

Prefiero comprobar las cosas por mí mismo.

No eres muy confiado, no.

En mi oficio, eso sería el fin. ¿Cómo has dado conmigo?

¿Cómo has sabido dónde me hospedo?

Tuve que insistirle mucho a Úrsula, pero soy una mujer persuasiva.

Necesitaba verte, quiero hacer un trato contigo.

Este es el tratamiento que usan las marquesas para la tristeza.

Las demás no siempre nos lo podemos permitir, pero un día es un día.

¡Ea, y ahora, a abrirlo todo sin melindres!

Mira.

Mira, un chal.

Esto te lo pones para ir a la procesión

y te miran más que al Cristo, aunque el nazareno lleve dos pistolas.

¡Anda, abre tú uno, abre!

Anda, hija, ¿no te he dicho que sin contemplaciones?

Eso. Ay.

Te viene que ni pintado.

¡Vamos, mujer!

Si no te anima un sombrero, ¿pa qué vamos a llamar a la banda municipal?

-Es usted muy amable,

le agradezco mucho el gasto

y todo su interés, pero es que...

-¡Olvídate de ese malnacido!

¡No lo necesitarás a partir de ahora!

Confía en mí.

Ven, ven.

Ven, ven aquí.

Siéntate aquí.

Somos amigas,

y no voy a permitir que ese hombre te eche a perder la vida.

Verás, Arantxa nos servirá la merienda

y después, nos vamos al teatro a ver a mi José,

que nos ha dejado dos entradas, que ni en el palco real.

-Pues voy un momento al aseo a retocarme un poco,

que seguro que las lágrimas me han dejado churretes.

-Señora, si quiere saber la verdad,

no entiendo muy bien por qué tantas contemplaciones

con la que hasta hace poco solo buscaba su ruina.

-No fue ella, fue el marido

Hala, sirve el té,

y a la que vuelves, mira a ver si hay morcilla, que me apetece.

-Si luego se arrepiente, yo ya la avisé, ¿eh?

-Que sí, agorera. Oye,...

y tanto que metes las narices en las cosas ajenas,

mírate un poco lo tuyo, ¿has hablado ya con Cesáreo?

-No.

-No sé para qué nos esforzamos la niña y yo en darte consejos,

si luego vas tú y te tiemblan las piernas.

Usted está "morrosilla", "morrosilla" usted.

(HABLA EN EUSKERA)

¿Qué habrá dicho la vasca esta? Jesús...

¿No quieres tomar nada?

Aligerando, que no estoy para perder el tiempo.

Dime lo que quieres o me largo con viento fresco.

Como bien sabes, me buscan los guindillas

y no estoy para perder el tiempo.

No te pongas tan dramático.

(RÍE) El drama aparecerá si me encuentran aquí.

Tú serías la primera en caer.

¿Cuál es ese trato del que hablas?

No hace falta que te diga que me he convertido

en una mujer rica e influyente.

No quiero ni pensar las cosas que habrás tenido que hacer

para agenciarte todo esto.

Todo esto y más, podría ser tuyo si te asocias conmigo.

Yo pongo mis conocimientos sobre la alta sociedad

y tú la astucia.

Caerían como pajarillos, ¿verdad?

Pero déjame ir más allá,

¿te me estás ofreciendo después de todo lo que te he hecho?

No. No volveré a ser tu queridita.

Es una propuesta de negocio, nada más.

Con tu sangre fría y tu habilidad para el fraude,

todos estos señorones caerían en nuestras redes sin despeinarnos.

(Ruido)

Hay alguien. Me has mentido.

Mira si quieres, son los vecinos.

Yo ya ni los escucho. Habla.

Termina de una vez. Deprisa.

¿Por qué tanta prisa?

Aunque no quiera volver contigo,

no le haría ascos a un poco de cariño.

Nunca he tenido queja de ti...

como hombre.

¡Aparta!

¿Qué estás tramando? ¿Me tomas por imbécil?

Te mataré. Si has preparado algo, te mataré.

¡Felipe, ahora!

Tiene que enseñarme alguna de sus obras.

-Es muy pronto.

Debes seguir aprendiendo de los grandes maestros.

-Es de usted de quien debo aprender.

Parecía un tipo duro, pero se ha derrumbado

en cuanto el comisario le ha apretado las clavijas.

No ha tardado en cantar que usted le hizo venir

para acabar con Genoveva. ¿Se ha pensado lo de la verbena?

-Hombre, viendo yo esta insistencia, me va a costar decirle que no.

-(RÍE)

-¡Pero bueno!

-¿Por qué doña Rosina está tan enfadá con Servando?

-Porque Servando ha tenido la maravillosa ocurrencia

de prohibirle asistir a sus tertulias.

-Si quiere organizar sus tertulias en la pensión,

cuente con doña Rosina, que no quiero líos con los señores.

-Vamos, vamos... -¡Y punto pelota!

Se le ha hecho justicia a Samuel Alday.

Ese era mi máximo deseo.

Ahora, debo pedirles disculpas.

-¿Por qué, Genoveva? -Ayer le vi hablando con ese tahúr.

-Le pregunte por un almacén a las afueras donde encontrar trabajo.

Hay que tener amigos hasta en el infierno.

-"Quería pedirte disculpas por lo mal que lo he hecho estos días".

Me precipité y lo hice todo torpemente.

(SUSPIRA)

¿He dicho algo malo?

Pues sí, claro que has dicho algo malo.

Esta nota, Santiago.

Me lo dio un hombre llamado Bonifacio.

Me ha detenido en medio de la calle.

Tiene un aspecto muy extraño.

¿Qué dice la nota?

-Me ha citado para darme un trabajo.

Le dije que si se enteraba de algo me lo hiciera saber.

Confía en mí.

Mi alma y mi cuerpo solo tienen un dueño

Y tú, ¿puedes asegurarme lo mismo?

Te voy a ser sincero.

Disculpe, no le he puesto azúcar.

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Acacias 38 - Capítulo 1144

21 nov 2019

Santiago busca nuevas formas de conseguir el dinero necesario para irse de Acacias y la visita de un tahúr a Acacias capta su atención... Pero esto no se le escapa a Cesáreo.
Bellita consuela a Margarita tras el abandono de Alfonso. Gran confianza entre las dos mujeres.
Emilio sigue sin comprender el enfado de Cinta y le pide ayuda a Antoñito.
Servando inaugura antes que Rosina su salón cultural con los criados como invitados. Rosina, celosa, pide participar, pero él se niega.
Arantxa arrea un bofetón a Cesáreo cuando él intenta tomarle las manos ¡difícil romance!
Genoveva se reúne con Cristóbal con una jugosa oferta... Pero todo es una trampa. Felipe y Méndez acorralan a Úrsula, pero ella no cede y niega cualquier implicación con Cristóbal.

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