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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1142 - ver ahora
Transcripción completa

Fue ella la que me compró a Andrade.

Para que entrara a servir donde Felipe

y así le contara todo lo que ocurría.

-¡Madre del amor hermoso! ¿Y tú te prestaste?

-No tenía otra opción.

De hecho, cuando vio que ya no le servía,

me devolvió a Andrade.

Menos mal que Marcelina ha quitado ya esa horrible música.

-(SUSPIRA) Y no vea qué alivio, ¿eh? Casi la lío bien gorda.

Menos mal que la has desenmascarado.

Haré que Úrsula salga hoy mismo del altillo.

¿Y si se cuela en mi casa?

No te preocupes.

Ardo en deseos de estar a solas contigo.

¡Úrsula quiso acabar con mi vida!

-¿Cómo dice?

-Ella me convenció

para que me tirara por la ventana.

-¡Madre del amor hermoso! ¡Que Dios nos coja confesados!

¡El doctor Maduro...

era un actor de tres al cuarto contratado por Úrsula

para hacerse pasar por un facultativo!

¡Pues se acabaron sus brujerías

y sus maldades!

¡Tenemos que echar a ese endriago de aquí pero para siempre ya!

¿Cómo lleva los nervios de su debut?

-Es mañana, ¿no? -(SUSPIRA)

-¡Estamos más temblones que el suflé de la tía Encarna!

(GRITAN TODOS) -¡Al suelo como una serpiente!

¡Úrsula!

¡Váyase y no haga daño a nadie más!

¡No! ¿No ha oído? ¡Largo!

(GRITAN TODOS A LA VEZ) -¡Fuera de aquí!

-¡Fuera! -(GRITAN TODOS A LA VEZ)

-Quería invitarla a la verbena. -Pues muy agradecida por su interés.

-¿Y eso es un sí? -No.

Es que me lo pensaré y que ya le diré algo, ¿eh?

Voy a organizar tertulias en el salón...

para intelectuales y artistas.

Las charlas...

en mi salón serán más excéntricas, más originales.

¡Salón Rosine!

Cada historia de amor es un mundo

y un día te contaré la mía con detalle.

De momento, quédate con lo que doña Rosina ha difundido.

Un desengaño amoroso, nada más. -Entonces, ¿es verdad?

-Sí, claro, pero no toda la verdad.

¡Que no saben latín... ni son bachilleres!

¡Ole, ole y ole! ¡Que es mi padre!

Cristóbal Cabrera.

Creo que la tuvo en un puño durante su juventud.

Sigue interesado en usted.

¡Eso es mentira!

¿Dónde está el maldito Cristóbal? Hable.

Oh... Vaya, vaya.

Mencionar a Cristóbal ha sido como mentar la soga

en casa del ahorcado.

No juegue,... no sea que la ahorcada acabe siendo usted.

Le dije de que conocía muchos de sus secretos

pero no me hizo caso.

Se cree pérfida e inteligente, pero no es más que una insensata

que no sabe medir el peligro.

Muy rápido canta usted victoria.

Le diré el motivo,

Cristóbal me habló mucho de los tiempos

de la muerte de su amado Samuel,

pero también

me habló de una amiga suya,... Marlén.

¿Qué pasa con Marlén?

Al parecer, desapareció de un día para otro

tras ser vista rondando Acacias.

Ya ve usted, creyó que me había vencido

eliminando al sicario que mató a Alfredo Bryce,

pero yo he encontrado a otro as

con el que voy a acabar con usted.

¿Qué quiere?

Muchas cosas,

pero sobre todo, respeto.

Aunque podemos empezar por cuestiones más mundanas.

¿Por ejemplo?

Que me restituya en mi puesto.

Evidentemente, eximida de las tareas más desagradables.

¿Qué más?

La limpieza de mi nombre delante de todos los vecinos.

Diga que yo no tuve nada que ver con el doctor Maduro,

que él actuó solo.

Nadie va a creerlo.

Oh. ¿Eso piensa?

La candidez de los vecinos de Acacias es infinita.

No se puede figurar la de veces que les he visto creer una cosa,

y la contraria, en apenas minutos de diferencia.

No puedo contestarle ahora.

Necesito 24 horas para pensar en la forma de hacerlo todo.

¿Cómo sé que no aprovechará esas 24 horas

para maniobrar contra mí,

por ejemplo? No lo sabe.

Pero confía en que los secretos que tiene sobre mí

son muy poderosos.

Eso es cierto.

No creo que pierdan su eficacia en 24 horas.

Está bien,

de acuerdo,

le daré esas 24 horas.

Mañana, a las nueve de la noche en punto, volveré.

¿Cómo hará para entrar sin ser vista?

No se preocupe por eso,

tengo argucias para conseguirlo.

Aquí la espero.

No me retrasaré ni un minuto.

(Se cierra la puerta)

(Sintonía de "Acacias 38")

¿No tarda mucho Arantxa?

-Tranquila, no le ha dado tiempo a bajar y a subir.

No creo que Arantxa esté hablando con otros criados.

Hoy no.

-Sabe que estamos nerviositos por ver la prensa.

-Bueno, tranquilas, que solo hago un papel secundario,

si quizá ni me mencionen.

Secundario, sí, pero el público no hablaba de otra cosa al salir.

¿Se pueden creer que Marcelina se ha quedado dormida?

Menuda "alferra" que es esta, ¿eh? Está hecha una perezosa...

-(CARRASPEA) No me lo puedo creer.

Dios mío.

-Jesús.

Padre santo del amor hermoso.

-¡Di algo ya de una vez, hijo!

Nos tiene con el alma en un puño.

(LEE) "José Domínguez,

un característico de presencia magnética

que a buen seguro les deleitará

con nuevas muestras de su talento

en el futuro".

-¡Ay, qué maravilla! ¡Mi José!

-Esperarse, que viene más.

"Le conocimos de torero; y era uno más,

de guitarrista; y era uno más...".

Bueno... (CARRASPEA)

"Ahora, como actor, José Domínguez es un artista de primera,

un maestro de la naturalidad y la comedia".

¡Ole mi padre! ¡Bravo!

Y el tercero:

"No está a la altura de su esposa,

porque Bella del Campo es única e irrepetible".

Esa es la única verdad. -Sigue, sigue.

"Pero... José Domínguez merece

todos los elogios que se le dediquen".

-(RÍE) Es que, se lo tengo que decir hasta yo.

Tiene usté un arte que no se puede aguantar.

-(RÍEN)

-Y que lo digas, Arantxa.

Pero no es más que lo que venimos diciendo en casa

desde que empezó a actuar,

¡que eres un grande,

una leyenda, mi José!

-Agrada que me regalen los oídos,

pero solo estoy empezando en esto.

Sí, sí. No nos engaña, padre, está más ufano que un pavo real.

-Vamos, te has hinchado tanto,

que casi tenemos que salir todos del salón porque no cabemos.

-Bueno,

tú calla, que hemos dormido en los camastros más estrechos.

Lo hemos comprobao, ¿o no te acuerdas?

-Uy, uy, uy, cuidao de lo que te vienes tú a acordar ahora,

más de 20 años ha pasado de aquello.

Cuenten, cuéntenmelo.

Eso son cosas de mayores y no se cuentan,

que tu padre es muy deslenguado.

-Como yo sabía que esto iba a ser un éxito seguro,

he preparado una sorpresa. (HABLA EN EUSKERA)

-¿Qué? -¿Eh?

-Que ahora vengo. -(TODOS) Ah.

-Oye, me tienes que conseguir entradas

pa llevar a Margarita a la obra.

Y a mí, que habrá vecinos que quieran ir,

después de este éxito.

-Yo me encargo.

-Pastel vasco.

La primera vez que lo hice fue con doña Bellita

en el Gran Teatro de La Habana.

-Como pa olvidarlo,

ninguno de los que estuvo allí lo olvidará.

-Qué noche.

Creo que nunca he cantado mejor.

Usted lo hace todos los días.

A ver cuándo me haces a mí un pastel así.

-Cuando cantes en un teatro de mi tierra.

Qué feliz voy a ser yo ese día. -(RÍEN)

Entonces, ¿el médico era falso? -Sí, pa chasco que sí.

Se hacía pasar por matasano para perjudicar a la señá Agustina.

¿Y sabe qué? Úrsula estaba detrás de todo eso.

-Madre mía, ni en una novela de Víctor Hugo.

-No tengo el placer de conocer a ese señor,

y tampoco sé qué pondría en sus novelas,

pero las maldades de Úrsula no tienen nada que envidiarle.

Yo me he cruzado alguna vez con ella por la calle

y, tiene un aspecto inquietante.

Siempre va de negro. -La cuervo,

así la llamaba mi difunto esposo cuando estábamos a solas.

-Pero te diré que tiene algo interesante en sus ojos.

-Eso es la maldad,

que siempre llama la atención pa asomarse a ella.

-Eso es verdad.

Para asomarse a ella desde un lugar resguardado

y con los pinceles por medio.

¿Te queda mucho?

-No, ya había terminado.

Estaba repasando esta parte solo para charlar con usted.

-Está bien que haya alguien que te ponga al día

con los asuntos del barrio.

Acércame el bolso.

Aquí tienes.

Y gracias por venir a limpiar.

-No, gracias a usted, me paga más que doña Rosina.

-¿Ah, sí?

Eso es porque no exiges tus derechos,

que los tiempos de la esclavitud se han acabado.

-Dígaselo usted, yo no me atrevo.

-Maite, ¿se puede?

-Claro, doña Rosina.

-Yo ya me iba, señora.

Luego la veo a usted en la casa.

-¿Has ido ya al mercado?

-Voy ahora mismo.

-(SUSPIRA)

No sé cómo serán las criadas en Francia, en España, un desastre.

-Le aseguro que a una tan responsable y eficaz como Casilda,

le pagarían su peso en oro.

-(RÍE) Por favor, querida,

las señoras en Francia deben tener criadas de alto nivel.

Seguro que hablan idiomas. No como Casilda,

que no chapurrea ni el castellano.

-Bueno, de todo hay.

Casilda me estaba contando las aventuras de Úrsula.

-Sí, esa mujer tiene el alma negra,

no sé cómo ha podido tener engañada a tanta gente en el barrio.

A mí no, desde luego, yo la calé desde que llegó.

-Me decía Casilda que Úrsula está metida en todos los berenjenales

habidos y por haber. -(SUSPIRA) Querida,

y los que quedan por descubrir, que todo se andará.

Hemos quedado algunas de las señoras para hablar del incidente,

a ver qué se puede hacer. -Es bueno que decidan en conjunto.

-Sí.

Pero bueno, yo...

Ay, qué bonito.

Yo no venía, no venía a hablarle de Úrsula,

sino de otro asunto.

-Ah, pues aquí me tiene.

Verá, la charla que tuvimos ayer fue muy inspiradora para mí,

cuando me habló de las veladas artísticas en casa de esa dama.

-Gertrude Stein.

-Sí, "Yertru Estein". (RÍE)

Yo he pensado

en hacer veladas similares... en mi casa.

¿Eh?

-Qué buena idea. -¿A que sí?

-Esas iniciativas son muy necesarias en este país.

-¿De verdad? -Sí.

-Desde luego, usted será la primera invitada.

Le diré quiénes son los demás tertulianos cuando lo sepa.

Del barrio solo invitaré a Ramón Palacios,

que es un pozo de sabiduría.

A Camino no, es todavía una aprendiz.

-Sí, con mucho talento. -Quizá en el futuro.

Pensaré en los demás tertulianos.

No creo que nadie falle a mi llamada.

(SUSPIRA)

No dude de que asistirá la "crème de la crème".

(RÍEN)

-Le cojo estos.

(RÍEN)

Que pase un buen día.

-Buenos días.

-Buenos días. ¿No trabaja hoy?

-Hoy no había trabajo en el almacén y nos han mandado a casa.

-Bien, aproveche el día libre.

-No hay trabajo, no hay paga.

Estoy preocupado con el asunto del dinero,

es muy caro vivir aquí.

Pensaba que me saldrían unos negocios, pero no ha sido así.

-¿Negocios?

-Trabajos extras, en realidad.

Algo para ganar dinero de forma más fácil.

-Le diré lo que me decía mi padre:

"Lo que llega fácil, fácil se va".

No se fíe de las gangas, que no son tales.

-En eso tiene razón.

Pero no hablo de ganar dinero sin esfuerzo,

soy un hombre honrado. -Por tal le tengo.

-Si supiera de alguna ocupación...

para compensar los días que en el almacén

nos manda a casa sin jornal...

-Si me entero de algo, se lo diré. -Muchas gracias.

Y no le diga nada a Marcia.

-No, tranquilo. -No quiero que se preocupe.

Soy un hombre discreto.

-Buenos días. -Muy buenas.

¿Todo eso es para planchar? Menuda faena.

-Y tengo que ir a la Mantequería.

-Enséñame a planchar y te ayudo.

-¿Tú? Quemarías toda la ropa.

Mejor lo hago yo. -(RÍE)

-No me gusta que trabajes tanto.

-Santiago, el trabajo es salud.

Ojalá nunca tenga que dejar de hacerlo.

-Bien dicho, Marcia. Si me disculpan...

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

-Marcia, será salud,

pero a mí me gustaría llevarte a otro sitio y empezar de cero,

darte todo lo que necesitas

y tenerte como a una princesa.

-Yo no quiero eso, Santiago, nací criada y así moriré.

Yo solo quiero vivir en paz. -Y lo conseguiremos,

te lo aseguro.

En todos los periódicos elogiaban a mi padre.

Ya me imagino lo feliz que estará.

Lo se lo he dicho, como un pavo real.

Me alegro mucho por él, se lo merece.

La verdad es que sí.

Con tanto ensayo y aprenderse la obra de memoria,

se sabía su papel y el de los demás.

Ahora solo falta que tú encuentres un sitio donde actuar.

He visto un café en el centro que busca gente.

El Sóller. Lo conozco, buen local.

¿Y te vas a presentar? ¿Crees que debería?

Cinta, en cuanto el dueño te vea, se entusiasma.

Es posible mirarte y no enamorarse de ti.

¿Qué querrás tú, tan adulador?

Ya sabes lo que quiero.

No empieces, anda.

Un ratito, en el almacén, que allí nadie nos ve.

Eres un cochino.

Me tienes loco tú y tus embrujos.

Ya te he dicho que no, no soy de esas.

Qué exagerada, ni que te estuviera pidiendo algo sin remedio.

Es precisamente lo que me estás pidiendo.

-Buenos días.

-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?

-Quiero hacer un encargo de comida, no tengo tiempo de preparar nada.

-Muy bien, se lo anoto enseguida.

¿Para hoy? -Sí, para hoy.

Espero que el menú esté rico.

-Lo estará, ya conocemos sus gustos, no puede ser de otra manera.

-Perfecto, pues anotado queda.

Será un honor. -Ay, muchas gracias.

¿Está Camino? -No, ahora no está,

pero si quiere que le deje un recado, lo haré encantado.

-Que no se olvide de que hemos quedado en la pérgola

para nuestra visita artística. -Descuide, no se olvidará.

-Muy bien, pues muchas gracias. -Gracias.

-Y buen día. -Igualmente.

(BURLÁNDOSE) "Señorita Maite, conocemos sus gustos".

"Ha sido un honor, vuelva cuando quiera".

¿Qué pasa? Es una clienta y hay que tratarla bien.

Pues ves con ella al almacén, seguro que te da lo que quieres.

Pero Cinta... Ni pero, ni pera.

¿Tan mala persona es Úrsula?

-Es peor, es alevosa.

-¿Qué significa eso?

-Pues que es peor que mala, que es pérfida.

Es perversa.

-Yo tenía una cordera, Porfiria.

-Eso no tienen nada que ver.

-Ella es bien buena, no la había mejor.

Pero no me había fijado que Úrsula fuera tan "elevosa".

-Alevosa.

Y no te has fijado porque no tienes psicología, claro,

cosa que a mí me sobra.

Yo veo a una persona y ya sé si es mala o es buena.

-Pues qué suerte.

-Sí. Muy poca gente tiene esta habilidad:

creo que el rey, don Eduardo Dato, y tres o cuatro más.

Por eso empecé desde abajo y ahora soy socio de una pensión.

La pensión viene bien para saber qué clientes van a traer problemas.

-Ah, pues ya me gustaría a mí.

ya, pero lo que la naturaleza no te da, Salamanca no te lo presta.

Y ya te explicaré esta frase más adelante,

que ahora tengo que hablar con doña Rosina. Tira.

Doña Rosina.

-¿Qué pasa, Servando?

-Verá, doña Rosina, me he enterado felizmente

de una noticia,

me han comentado que va a dar charlas literarias en su salón.

-¿Ya te han contado? Qué poco duran los secretos en el barrio.

Me va a oír Casilda.

-Yo quería proponerle que me invitara a una de esas veladas.

-(RIENDO) ¿A ti? -Sí.

-¿Has perdido el juicio? -No, no. Pero, bueno,

¿y quién mejor que yo? Soy escritor, inspirador

de obras literarias, pensador,

intelectual, brillante emprendedor, mente preclara,

y encima, inventor

y experto en comercio.

Por no decir, un hombre hecho a sí mismo.

A nosotros en EE. UU. nos disputan, ¿eh?

-"Pensador,

escritor, experto en comercio".

¿Qué dislates estás diciendo?

-Esto último se lo puedo demostrar

por mis consejos a Marcelina para su quiosco,

que en un momento dado, fue el mejor de la ciudad.

Solamente la intransigencia

y los celos de doña Felicia y de Lolita acabaron con él.

-A ver, Servando, te lo voy a decir a las claras,

para que me entiendas, para que no me malinterpretes

ni tergiverses y acabes pensando que te he dicho lo que no te he dicho,

¡no te voy a invitar a mis veladas!

-Que sepa que comete un error. -Pues lo cometo.

-Es que...

-Pues tendrá mucha psicología,

pero a doña Rosina no la ha sabido analizar.

(RÍE) -(RÍE MOLESTO)

"Sé que Santiago está buscando otro trabajo,

pero no me lo quiere decir".

-Señá Agustina.

¿Qué hace?

-Guardar todo lo que ha dejado Úrsula, por si vuelve a por ello.

-No creo que se atreva, señá Agustina.

¿Sabe qué haría yo? Lo tiraría a la basura.

-Es pobre, como nosotras,

le puede hacer falta. -Tiene razón, Agustina.

Que ella sea mala persona no significa que nosotras lo seamos.

-Muchos remilgos

se llevan ustedes para tratar con una monstrua como Úrsula.

-Durante años

la he considerado una amiga.

-Señá Agustina,

esa cuerva, cuanto más lejos mejor.

-Lo sé,...

pero se va perdiendo a gente en la vida...

y ella es una más.

-Agustina, la maldad existe,

aunque muchas veces queramos pensar que no.

Yo, desgraciadamente, lo descubrí muy pronto en Brasil,

Andrade era el mismo demonio.

-Yo he pasado muchas tardes de invierno aquí con Úrsula,

las dos cosiendo.

Me hablaba de don Telmo

y de su hijo. -Ya.

Y ya vio cómo pusieron tierra de por medio pa no sufrirla.

-Si don Telmo

la hubiera llamado... y hubiera podido ir con él

a ese pueblo con mar en el que vive,

ella no habría hecho ni la mitad de las barrabasadas que hizo.

-Señá Agustina,

¿va a decirme ahora que don Telmo tuvo la culpa

de que ella hiciera esos atropellos?

Pa chasco que no.

Cuando una persona tiene el gusano del mal dentro,

lo que ocurre es que este gusano se transforma

en una serpiente venenosa.

-A fin de cuentas, que haya personas malas,

nos ayuda para valorar a las buenas,

como Santiago,

Felipe, y como usted, Agustina.

-Yo conocí a la mejor persona de todas,

al coronel Valverde.

-¿Lo ve?

Hay motivo para la esperanza.

-Y tiene usted el apoyo de todo el altillo,

que no es moco de pavo.

-Lo sé.

Me quejo sin razón.

-Tampoco es eso, señá Agustina, no exagere.

-Basta de lamentos, que tengo una tonelada de ropa para planchar.

-¿Te ayudo?

-Pues no te digo yo que no.

¿Dónde está la plancha?

-Vamos dentro.

Ahora os la doy.

Me ha encantado,

aunque he de admitir que estoy un poco molesta.

-¿Por qué?

-Porque esas obras maravillosas que hemos visto,

son propiedad de una familia,

cuando podrían estar en algunos de los museos más prestigiosos.

-Claro, por eso hemos ido.

-Pero no están expuestas al público,

nos han dejado entrar porque usted es amiga de uno de ellos.

-Esa suerte tenemos.

-No estoy de acuerdo.

¿Es que la belleza solo puede estar al alcance de los ojos de los ricos?

-Opino lo mismo que tú,...

y a la vez no. -¿No?

-No.

Hay un día a la semana en que la gente sin posibilidades

puede visitar el museo gratis.

¿Y sabes qué ocurre ese día?

-Que se llena.

-Al contrario, que no va nadie.

El problema

no es que la belleza no esté al alcance de todos,

sino que hay personas que no tienen esa necesidad.

-Porque no la conocen. -Exacto.

Hay que invertir en educación,

y que todos los niños, ricos o pobres,

puedan formarse,

así, ellos mismos exigirán disfrutar de la belleza.

Y ese día, obligamos a las grandes familias

a exponer sus obras de arte, aunque sea una tarde a la semana.

-Tiene razón.

Educación.

-Educación, igualdad entre clases sociales, igualdad entre sexos...

¿Por qué crees que podemos ir a una exposición?

-Porque nos gusta la pintura.

-Por supuesto, pero no solo eso.

Porque no tenemos que luchar acuciantemente por la vida.

Si tuviésemos tres hijos esperando a que el plato se llene,

los cuadros de Goya serían la última de nuestras preocupaciones.

-Tiene razón. -Hay otras prioridades:

un sueldo digno, horarios laborables humanos,

y sobre todo, ateneos, para la educación de los obreros.

-Pero eso suena un poco a ideas anarquistas.

-Sí, puede ser.

Quizá esté de acuerdo con algunas de sus ideas, pero no con todas.

(Suenan las campanas)

Las doce ya, y yo aún fuera, mi madre me va a matar.

Seguro que ha mandado a mi hermano a vestir las mesas.

-Pues corre, que lo último que quiero es que te mate.

-La veo esta tarde. Gracias por la visita.

(Suenan las campanas)

-(SUSPIRA)

(Puerta)

¡Agustina!

-Uy, perdón, doña Genoveva.

No me había percatado de su presencia.

Estaría inmersa en sus pensamientos.

Así es.

¿Ha entrado con don Felipe?

Sí, ha ido a su alcoba a buscar unos documentos de su cartera.

Necesitará ayuda.

Voy a ver.

Déjelo. Nos empeñamos en tratar a los hombres como si fueran niños,

y se aprovechan.

Es lo que son, hágame caso, que he servido a muchos.

Y me he tenido que guardar más de algunas mujeres que de ellos.

Cierto, los hombres son más brutos y se les ve venir.

Muchas veces, las mujeres obran con más inteligencia,

incluso en la maldad.

Algunas.

¿Cómo se encuentra?

Triste y nerviosa, pero se me pasará.

Otra de nuestras características, reponernos a todo.

Si puedo serle de ayuda, dígamelo.

Le quedo agradecida.

La he encontrado.

Estaba en su cuarto, junto al galán de noche.

Ahora lo sé,

hace un rato, me habría venido de perlas esa información.

¿Ve cómo hay que tratarlos como niños?

Tiene usted toda la razón, no volveré a discutírselo.

¿Qué me he perdido? Cosas de mujeres.

Voy a poner la mesa. Con su permiso.

Parecía menos taciturna.

(ASIENTE) Es fuerte, logrará reponerse,

solo es cuestión de tiempo.

Entre los dos debemos ayudarla,

estar pendientes de ella de vez en cuando.

Celebro que estés conmigo en esto.

En esto y en todo.

Quería comentarte algo,

Cesáreo me dijo que Úrsula estuvo en el barrio.

Así es. Llamó a mi puerta.

¿Le abriste la puerta?

No, pero temo que hoy vuelva.

Estaré allí para recibirla.

¿Harías eso?

Es una mujer muy peligrosa.

Iré en cuanto termine los asuntos del despacho.

Ven a cenar, a las nueve.

Es muy tarde, temo que esa mujer te visite antes,

Estaré allí antes de las nueve. No es necesario, ven a las nueve.

No puedes descubrir antes de tiempo la sorpresa que tengo para ti.

Y ten,... entra sin llamar.

No te arrepentirás.

Es una gran responsabilidad tener las llaves de tu casa.

Estaré dando los últimos toques a la cena.

Que puedas entrar sin llamar es fundamental para mi sorpresa

además, me apetece que tengas mi llave.

Está bien, la cuidaré.

Le diré a Jacinto que si Úrsula quiere entrar me avise,

no quiero que te amenace.

Gracias.

¿Campanas de boda? -Se lo digo yo,

que me estoy convirtiendo en un avispado observador de este barrio.

-Apostaría a que no,

aunque prefiero no apostar.

Pero después de la decepción de su boda con Marcia,

no creo que don Felipe quiera volver a pasar por lo mismo,

al menos de inmediato. -Ya.

Me parece que infravalora los atractivos argumentos

de doña Genoveva.

Si ella se quiere casar, don Felipe va al altar como un cordero.

-Sería su tercer marido.

-Dicen que a la tercera va la vencida.

-Ya le digo que no sé si se puede hablar de boda,

pero estoy seguro que don Felipe estará pendiente de Genoveva,

y más aun, después de lo ocurrido con Úrsula.

-Vaya elemento.

-¿Les falta algo más? ¿Un café, un digestivo?

-No, está bien, gracias.

Camino, ¿cómo van sus clases con doña Maite?

-Muy bien. La llegada de esa mujer al barrio ha sido una bendición.

-Una buena pintora, ¿no?

-La mejor, cada día aprendo algo nuevo con ella:

luz, composición, técnica...

-Mi padre valoraba la posibilidad de comprar alguno de sus cuadros.

-Pues es una pena que alguien pueda comprar una obra arte

para su uso propio,

cuando debería ser de todos.

-¿Quién lo pagaría?

-El Estado.

El Estado debería ocuparse de la formación del ciudadano,

fomentar la política de igualdad, lucha de clases

y propiciar las mismas oportunidades para todos.

-¿La lucha de clases a través del arte?

-En todos los ámbitos.

El Estado, como garante del desarrollo de los ciudadanos.

-Camino, ¿de qué hablas?

-Les Comentaba mi opinión sobre la lucha de clases.

-Pues se acabó. Ve a colocar los periódicos.

Lo siento, disculpen a mi hija. -No se preocupe,

Camino es joven,

y los jóvenes tienen ideas innovadoras y peculiares.

-Nunca había hablado de política. Y menos, en esos términos.

-Alégrese por ella, es una joven con ideas formadas.

Además, puede que en algunas de ellas lleve razón.

-Insisto, disculpen a mi hija.

No les molestará más.

¿Te has vuelto loca? -No he dicho nada que no piense.

-A nadie le importa lo que pienses o no,

este es un local abierto,

los únicos que pueden opinar aquí son los clientes.

¿Entendido? -Sí.

-¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza?

¿Maite?

-No, no. Con Maite solo hablo de arte,

de pintura.

Lo he leído en el periódico. -Pues te lo callas.

No te quiero volver a ver hablando de política con un cliente,

o tendré que replantearme lo de las clases.

Perdonen que no les haya invitado al estreno de la obra de mi José,

pero nos dieron las entradas justas,

para Cinta, para Arantxa y para mí.

-Como me gusta que consideren a Arantxa de la familia.

-¿Y qué otra cosa es?

Familia, de la más íntima y querida,

que vive con nosotros desde antes de que naciera Cinta.

-Diga que sí.

Quien comparte casa y quehaceres, es de la familia.

-Pero no todo el mundo es así, desgraciadamente.

-Yo trato a Casilda lo mejor que se puede, pero no es mi prima.

-Uy, no la creo, doña Rosina, pa usté,

Casilda es una como una hija.

Tiene dos: Leonor y Casilda.

-Aunque nos lo quiera ocultar, tiene corazón un corazón enorme.

Claro que sí.

Ojalá hubiera encontrado una criada fiel

que pudiera considerar la familia.

-Una cosa es tener a una criada que se distrae a veces,

y otra, es tener a Úrsula.

Y que lo diga.

-Apenas la he conocido, así que no puedo opinar.

-Lo mismo me ocurre a mí.

Tiene mala apariencia, pero te llevas sorpresas,

y los que parecen espantajos, son buenas personas.

No es el caso, ya se lo digo.

-Todas tenemos que apoyar a doña Genoveva en el tema de Úrsula.

Gracias. Les aseguro que he llegado a sentir miedo.

No me extraña. Bueno, ¿estamos de acuerdo?

-Sí, claro que sí.

Lo que le hizo a Agustina no tiene perdón.

-Bueno,... yo haré lo que los demás piensen,

que son quienes la conocen. -Y yo.

Quisiera que Úrsula no regresase nunca a Acacias,

solo eso nos dejaría tranquilas.

Pero también quiero saber en qué consiste ese apoyo.

-Está claro, en no darle cobijo a esa mujer en el altillo,

no darle empleo,

y negarnos a consumir si se lo dan en algún comercio, ya está.

-Pero solo en Acacias, ¿no?

No le podemos negar el pan y la sal.

Solo en Acacias.

A mí me encantaría que le fuese bien en otro lugar.

Tan bien, que no tuviera el menor deseo de regresar.

-Yo estoy de acuerdo.

-Pues ya está, entre todas evitaremos

que nos pueda hacer objeto de algún movimiento perverso de los suyos.

¿Se puede?

Claro, tú siempre puedes.

Te traigo tres invitaciones para la obra de mi padre,

por si queréis ir.

¿Y por qué no vamos juntos?

Tu madre y Camino también querrán ver la obra.

Tienes razón.

No empieces, Emilio.

No entiendo por qué te enfadadas conmigo.

A lo mejor prefieres ir con Maite al teatro.

Cinta, eso es una chiquillería. "Chiquillería".

Trabajo en un establecimiento abierto al público,

tengo que ser amable con la clientela.

No puedes tener celos de cada mujer que entre.

No manipules,

aquí han entrado cientos de mujeres y no les haces esos halagos.

Te lo estás inventando.

Sí, claro, me lo estoy inventando porque estoy loca.

Cuando te pones así eres insoportable.

Si estoy insoportable, no me soportes, y ya está.

Cinta, por favor, eh. Vamos a ver...

Seguro que Maite no tiene problema en curarte tus penas.

Adiós.

-Buenas tardes.

Madre mía, vaya carácter. ¿Qué le ha hecho?

-Nada, de verdad, nada.

Traigo el correo.

Usted, ¿qué?

¿A estas alturas le va a dar por seguir las modas?

-¿Y qué tiene de malo?

-Ya sabe el dicho: a la vejez, viruelas.

-Qué desagradable es usted, Servando.

No.

Estoy mirando qué ropa llevan las mujeres cuando van al teatro.

-¿Y para qué?

-Me encontré a doña Bellita y la felicité por el éxito de su marido,

y me ha dicho me daría entradas para ir a verlo al teatro.

-Supongo que me llevará con usted.

-Eso iba a hacer, pero después de llamarme vieja,

se me quitan las ganas.

-Ya. Si usted me invita al teatro, yo la invito al Salón Servand.

-¿Al qué?

-Al Salón Servand. Son mis tertulias.

Claro, son unas tertulias critico-artísticas...

Mire, puede aprovechar el vestido que va a llevar al teatro

para ir a la tertulia, una tertulia elegante y refinada.

-¿Qué disparate se le ha ocurrido ahora?

-A ver, como doña Rosina no me invita a sus tertulias,

he decidido hacerle competencia con las mías.

Me rogará que la invite cuando se vea abandonada por todos.

-Lo que yo digo, un disparate. Usted no conoce a artistas.

-¿Que no? Mire, yo mismo. Me he puesto a componer poemas.

-Usted no tiene ni idea de poesía.

-Pero si es la mar de fácil, se trata de rimar.

Yo qué sé, pues caballo con rayo,

costumbre con pesadumbre...

¿Quiere que le haga una poesía?

(CARRASPEA)

Raudo y veloz huyó en su caballo como un rayo.

-Menuda simpleza.

Si quiere, le invito a mis tertulias para que hable usted de cocina.

La cocina es un arte, ¿lo sabía? -Pues no.

-Hay tantas cosas que usted no sabe...

-A las buenas. -Hola, Marcelina.

¿Quieres venir a mis tertulias de salón para hablar de flores?

-¿A su qué?

-Las tertulias del Salón Servand.

Son tertulias para gente educada

donde se tratan distintos temas, como:

la poesía, la cocina, las flores...

-¿Y yo voy a saber? -Por supuesto que sí.

Me van a tener que disculpar,

que voy a la calle a ver si encuentro a más contertulios.

Colóqueme el correo, por favor.

Permiso.

-Lo que me temía.

Oídos sordos,

que este es otro desvarío de Servando,

así que, ni caso.

-Entonces, ¿no vamos?

-¿Tú quieres ir?

Los celos son inexplicables,

y da igual que se trate de hombres o mujeres,

cualquiera puede sufrirlos. -Pero yo no he hecho nada.

-Claro, porque si hubiese hecho algo, no serían celos,

sería la reacción lógica a una infidelidad.

-No entiendo a Cinta.

O me dan un manual de instrucciones o no soy capaz.

Estoy por pedírselo a su a su padre.

-Ese manual no existe. Y si existiese, estaría en chino.

-O sea, que no hay solución.

-Tiene dos,

la primera es... armarse de paciencia.

-No me deja ni tocarle un pelo, apenas ni darle la mano.

-Cualquier cosa que me diga, va a ser una nadería al lado de Lolita.

Me tuvo a pan y agua hasta después de la luna de miel.

Desde que nos prometimos, hasta la boda, pasó un año.

-¿Un año? -Sí, costumbres de Cabrahígo.

Lo que pasa es que el santo Job era un hombre impulsivo a mi lado,

y yo, obviamente, quería mucho a Lolita.

Y lo sigo haciendo, claro, eso no ha cambiado.

-Pues yo no sé si voy a aguantar tanto.

¿No ha dicho que había otra solución?

-Sí. Otra solución es: quemar etapas.

-Si me lo explica.

-Cásese.

Si se casa,

a Cinta se le pasarán todos los males,

al menos, durante una temporada.

-Casarme. Pero ¿y si ella no quiere?

-Pues si ella no quiere, los celos dejarán de ser un problema.

¿Qué le parece este?

-Me gusta, qué duda cabe.

Pero si le soy sincero, no estoy acostumbrado a este tipo de pintura.

-Le agradezco que sea libre de dar su opinión con sinceridad.

-Yo no sé mucho de arte, pero intento mantenerme informado,

y sé que este tipo de arte ha llegado para quedarse.

-En unos años llegará otra corriente,

esto pasa desde que empezó la pintura.

-Tiene razón, nada es para siempre.

Pero esto es lo que se lleva ahora, y estoy dispuesto a invertir.

¿Cuánto me pediría por el cuadro?

-Pues no lo he pensado.

No había pensado vender en mi estancia en el barrio.

-¿Y no estaría dispuesta a pensarlo?

Me haría mucha ilusión ser el propietario de uno de sus cuadros.

-Bueno, preguntaré y consultaré a galerías locales.

No quiero cobrarle lo que se cobra París.

-No, por favor, aquí somos mucho más pobres.

Pero piénseselo, me haría muy feliz poder llegar a un acuerdo.

Y ahora, le dejo,

que sé que está usted en proceso de creación.

-No se preocupe, usted es siempre bienvenido.

-Con su permiso. Gracias por la visita.

Doña Felicia, qué sorpresa.

-Disculpe, la puerta estaba abierta y me he permitido pasar.

¿Le importa? -No, claro.

Siéntase en su casa.

-¿Hay algo de mi hija? -No, aquí no.

Es muy talentosa, pero no está preparada para exponer.

-No creo que pueda seguir viniendo a las clases.

Tenemos mucho trabajo.

-Sería una pena que tomara esa decisión.

-El restaurante es un negocio familiar,

todos tenemos que arrimar el hombro.

Por lo menos, hasta encontrar nuestro futuro.

El de Camino podría ser el arte.

-El futuro de camino será encontrar un hombre que la quiera

y formar con él una familia.

-Eso tendrá que decidirlo ella, ¿no?

Los tiempos avanzan, doña Felicia,

y las mujeres tienen otras oportunidades, afortunadamente.

-Los tiempos avanzarán en París,

pero en mi país seguimos teniendo principios.

Emilio heredará el restaurante y lo regentará con su esposa,

y Camino encontrará a un hombre

al que le dará toda la felicidad que pueda.

-Entonces, ¿ella no podrá decidir?

-Por supuesto.

Ella escogerá al hombre que desee.

Antes no se podía ni eso.

-Ojalá acierte, doña Felicia.

Pero no puede dar la espalda a su talento.

-"Talento", dice.

Talento, arte...

Son palabras muy gastadas.

Solo he venido a decirle lo que pienso.

Cuando tome una decisión, se lo haré saber.

Si me disculpa.

Buenas tardes. -Muy buenas.

Don José, a su esposa ya se lo he dicho

en la reunión que hemos tenido, pero a usted también.

Estamos muy orgullosos de su éxito.

-Muchas gracias. Pero exageran un poco,

solo tengo un papel secundario.

-Pero tú te comes la obra, José.

Luces más con tu papel, que el protagonista.

-Eso lo dices porque me miras con buenos ojos.

-Pronto iré a ver la obra con Liberto y hablaré con conocimiento.

-Será un placer.

-Anda, vamos. -A sus pies, doña Rosina.

-Vamos, José.

-Don José,

he vendido todos los periódicos que me han traído,

todo el mundo quería leer las críticas.

-Me alegro que sea bueno pa tu negocio.

He guardao uno pa mí.

¿Me lo firmaría?

-¿Yo, Marcelina? -Claro.

-Encantao.

-¿Firmar en un periódico? Qué extravagancia.

-No te rías, que yo te he visto firmar hasta en una corbata.

...y cariño para...

mi amiga...

Marcelina.

-(SUSPIRA)

Muchas gracias.

Me ha llamao amiga.

-Don José. -Don José.

Que... Bellita. -Buenas.

-Una cosa, ¿le puedo pedir un favor?

-Sí.

-¿Me puede tocar la tripa?

Es una costumbre de Cabrahígo,

pa traspasar el talento a la criatura que va a nacer.

-Venga, traspásale el talento y vamos.

-Toque, toque.

-¿Así?

-Con más brío, hombre, que no pasa na.

-(RÍEN) -Ahí, ahí,

a la criatura. Gracias.

-Bueno, bueno, cómo está Ramón con usted,

está encantadísimo de lo que ha leído.

-Otra. -¿Perdón?

-Que muy buena. -Ah, bueno, sí.

-Y yo creo que es porque se siente descubridor de usted.

-Es verdad. Me ha dado muchos ánimos desde el principio,

desde el primer día. -Está a punto de bajar,

seguramente quiera darle la enhorabuena en persona.

-Muy bien. Te dejo esperando a don Ramón,

que yo tengo que hacer unos recados pa Margarita.

-Ah, bueno, yo te acompaño. -No, no hace falta.

-Don José, enhorabuena.

-(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Faltan dos minutos para las nueve.

Ha sido usted muy puntual, como siempre.

Espero que nadie la haya visto entrar.

Le dije que podría entrar sin problemas.

Por mucho que algunas vecinas me desprecien,

he vivido en este edificio más que la mayoría de ellas.

Se ha movido sinuosa, como las serpientes.

No he venido a que me insulte.

Aunque lleguemos a acuerdos,

lo que no cambiará es el desprecio que siento por usted.

Espero que lo entienda.

No voy a entrar en su provocación,

he venido a conseguir algo más importante que su aprecio.

No sé si lo que me ofrece es suficiente

como para restituir su buen nombre.

Cristóbal no es tan importante,

y Marlén, no es nadie

No creo que se vaya a arriesgar.

Hoy he tenido reunión con las señoras.

Todas sienten por usted una genuina aberración.

Hasta me agradecen lo que haga para echarla del barrio para siempre.

¿Cómo consigue alguien unir de esa manera a los demás en su contra?

¿Va a seguir insultándome? No,

no la insulto, le digo lo que dicen las vecinas:

que es usted un despojo,

que pasó temporadas en el manicomio y que no debió salir de allí,

que sus hijas la odiaban y que fracasó con ellas.

¡Basta! Han hablado de Telmo y de Mateo.

Ni se le ocurra nombrarlo.

No soy yo, son las vecinas.

Dicen que usted quería a Telmo como a un hijo,

pero que él, en cuanto pudo, la despreció.

¡Cállese!

Y dicen que nunca le ha permitido ver a Mateo.

Aunque yo estoy de acuerdo con él,

¿para qué querría Mateo ver a una vieja loca?

¡Cállese! ¡Le he dicho que se calle!

¡Úrsula, quieta!

¡Quieta, Úrsula, quieta, por favor!

¿De qué se trata?

Ya estás lista para trabajar con un modelo real.

-¿Pintar a una persona?

Pues Cesáreo, el sereno,

que me ha propuesto que le acompañe a la verbena.

-¿Y qué tiene eso de malo?

-Pues figúrese las intenciones que lleva.

Buenas no, los hombres solo tienen una cosa en la cabeza.

Camino, no me mientas, te he pillado infraganti.

¿Estabas dibujando?

Sigo muy afectada por la agresión de ayer.

No se apure, tómese su tiempo.

Felipe ya nos ha puesto al tanto.

-Tuvo que ser muy desagradable para usted.

Fue terrible.

No te achucharé más hasta que llegue el momento.

Es decir, hasta la boda.

Eso sí, la noche de bodas va a ser sonada.

Por eso estoy deseando que nos casemos.

¿Ese es el único motivo por el que te quieres casar?

Ahora que he probado el éxito,

no me será fácil abandonar las tablas.

-Está visto que la interpretación es como una pócima,

una vez que se cata, no se puede dejar de probar.

No, no, no, no, no te vayas, por favor.

Somos amigas, puedes contarme lo que quieras.

¿Qué te aflige así?

No quiero agobiarle con mis problemas.

Es más, pienso que a partir de ahora,

a partir de ahora no deberíamos volvernos a ver.

-Puedo hacerle mucho daño. (RÍE)

¿Tanto como Úrsula?

Toma nota de cómo he acabado con ella.

A ti puede pasarte lo mismo si se me antoja.

No podrá deshacerse de mí.

No, ya no.

Tú has rehecho tu vida junto a Genoveva,

y es ella la que te corresponde como compañera, no yo.

¿Y si mis sentimientos siguen siendo los mismos?

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Acacias 38 - Capítulo 1142

19 nov 2019

Úrsula amenaza a Genoveva: ha descubierto el paradero de Cristóbal y él le ha contado la historia de la pobre Marlén. Genoveva palidece al oír hablar de su amiga.
Jose recibe buenas críticas por su actuación y lo celebra con toda su familia. Cinta cada vez más incómoda con Emilio ¡y más todavía cuando le hace más caso a Maite que a ella! Antoñito le sugiere a su amigo una solución para todos sus problemas: casarse.
Rosina pone en marcha sus tertulias culturales: el salón Rosine. Servando pide una plaza en dicha reunión pero Rosina le rechaza. Así que el dueño de la pensión decide crear su propio “salón”.
Santiago se da cuenta del inmenso poder de Genoveva, que ha logrado poner en jaque a Úrsula, y busca la forma de irse lejos de Acacias junto a Marcia.
Camino acude ilusionada a las clases de pintura y poco a poco la filosofía revolucionaria de Maite permea en ella, para gran susto y disgusto de Felicia, que quiere terminar con las clases.
Genoveva tiende una trampa a Úrsula y consigue que Felipe vea a la criada agredir a la señora. Felipe jura utilizar toda la fuerza de la ley en su contra.

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