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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1137 - ver ahora
Transcripción completa

Si persiste en esa actitud, acabará teniendo problemas.

¡Maldita sea!

Genoveva desea hacer pública nuestra relación

para evitar habladurías.

Me envió comida a mi casa como si fuera una pordiosera.

Solo buscaba lavar su mala conciencia

por haberme arruinado la vida y la carrera.

Pero va dada, yo ni olvido ni perdono.

¿Por qué estabas en el suelo? Me caí.

Tropecé y me caí.

Le van a hacer una prueba para una obra profesional, ¿no?

Eso me han dicho.

Se trata de un montaje sobre una obra del duque de Rivas,

"Don Álvaro o la fuerza del sino".

Don Felipe convocó a sus amigos para formalizar su relación con Genoveva.

"Tienes que olvidarte de don Felipe".

"Vuestros caminos se han separao, y así debe ser, hija".

Mi madre me ha dicho que sí a las clases de dibujo.

¿De verdad? Sí. Empiezo mañana en el estudio.

Acabo de cruzarme con Lolita

y puedes empezar a trabajar con ella.

-Solo irá cuando Lolita se sienta cansada o molesta por el embarazo.

La representación del cuerpo humano desnudo

es uno de los mayores logros de todas las épocas

en la pintura. ¿Te atreves?

-Lo intentaré. -Bien.

-Aunque no sé por dónde empezar. -Para eso estoy yo aquí.

Es peor que cien cañones.

No puedes tener esto puesto todo el día.

-¿No os da vergüenza? Ya está bien.

Lolita, vuelve a tu negocio.

-¿Y la música? -El gramófono me lo llevo yo.

-Pero Jacinto... -Chist.

No quiero que vuelva a pisar esta casa.

Está despedida.

Veo que la caída no ha minado sus fuerzas.

Váyase ahora mismo o la denunciaré por agresión.

(APLAUDE)

Ha estado excelente. -Entonces, ¿estoy dentro?

Usted y yo tenemos un acuerdo.

Si no lo cumple,

dedicaré el resto de mi vida a recordárselo.

Es usted una demente.

¿No ha oído hablar de la lucidez de los locos?

¿Quién se cree que es para tratarme así?

Hicimos un pacto y lo está incumpliendo.

¿Es que no se da cuenta de que las circunstancias cambian?

No quiero lo mismo que quería,

tengo otros planes.

Cambian las circunstancias,

pero ser fiel a una misma, no cambia nunca.

¿De qué vale entonces tomar decisiones?

Lo que conviene en un momento de la vida, puede no hacerlo en otro.

Los principios nunca cambian, convenga o no.

No es mi culpa que usted sea una veleta.

¿De qué vale ahora la venganza?

¿Es ese el amor que sentía por don Samuel Alday?

¿Ya lo ha olvidado?

¿Ya no quiere que paguen los que lo humillaron y lo despreciaron?

Samuel está muerto y nadie me lo va a devolver.

He tardado en comprenderlo, pero es así.

Nadie muere hasta que todos lo olvidan.

¿Lo ha olvidado usted?

Daría mi vida para que él estuviera aquí conmigo,

para que pudiéramos compartirlo todo, pero eso es imposible.

No me haga llorar.

No quiera hacerme creer que la mueve el amor.

Al mundo solo lo mueve el odio.

No voy a permitir que abandone nuestro acuerdo.

¿No?

¿Y qué va a hacer?

Usted tiene secretos... que no quiere que se sepan.

Y yo los conozco. Y usted, igual que yo.

Yo no tengo nada que perder.

Usted tiene poder y dinero.

¿Está dispuesta a arriesgarlos?

Es cierto, tengo poder y dinero,

y voy a usar ambos para destruirla.

Olvida de nuevo la fuerza del odio.

Es lo que me da poder a mí.

¿Qué pensarán sus nuevos amigos

si se enteran de que usted

ordenó matar?

No tiene pruebas.

En cambio, yo sí la puedo acusar del asesinato de mi esposo.

¿De verdad cree que no tengo pruebas y testigos?

¿Me cree tan poco cauta? (NIEGA)

No la imaginaba tan inocente.

No creo que las tenga. Solo quiere asustarme.

¿Está dispuesta a comprobarlo?

Usted y yo sabemos tantas cosas la una de la otra,

que estamos condenadas a entendernos

y a vivir juntas por el resto de nuestros días...

aquí,

en esta casa.

Ahora me doy cuenta de que la inocente es usted,

no ha aprendido nada en este tiempo,

no es capaz de ver más allá de sus mezquinos propósitos.

Tengo una mala noticia sus días están contados.

¿Qué va a hacerme?

Ya le he contado más de lo que debería.

No es más que una vieja decrépita a la que todos odian.

Voy a sacar a la luz toda su ponzoña.

Y en cuanto tenga atados todos los cabos,

usted desaparecerá para siempre.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Ya estás?

-Estaba ansiosa por empezar.

-Eso es que la clase de ayer te gustó.

-Me encantó. Creo que nunca me lo había pasado tan bien.

Creo que esta es la verdadera vocación de mi vida.

-Queda mucho camino por recorrer.

-Lo sé. Pero me pasaría el día entero en clase.

-A mí me pasa lo mismo, cojo un pincel

y se me pasan las horas volando.

A veces sueño con conseguir colores nuevos.

Ya verás cómo te pasa.

La clase de hoy es especial,

te va a encantar. -Seguro. ¿Qué vamos a pintar?

-Nada.

Deja los pinceles, nos vamos. -¿Adónde?

A ver lo que han pintado los más grandes, al museo.

¿Has ido alguna vez? -No.

-¿No has visto nada de Goya, de Velázquez,

de Murillo, de El Greco?

-No, solo reproducciones.

-Pues vas a pasar la mejor tarde de tu vida,

ya lo verás. ¡Vamos!

-No puedo ir así y usted tan elegante, qué vergüenza.

-Tendría que haberte avisado

para que trajeras tus mejores galas.

-No se crea que mis mejores galas son mucho mejor que estas ropas.

Así no te dejarán entrar. -Podemos ir mañana y...

me apaño un vestido de mi madre,

o pedirle algo a Cinta, tiene mucha ropa.

-No hace falta. Vamos a ir hoy.

Recoge, ahora vengo.

Este te va a quedar perfecto.

Sí, guapísima.

Desvístete y póntelo. Tienes ahí un espejo.

-¿Aquí?

-¿Te da vergüenza?

-Sí.

Voy a por maquillaje, así te dejo cambiarte a solas.

Pero no tardes, que vuelvo enseguida.

Te voy a enseñar a ponerte más guapa de lo que ya eres.

Tendría que haberlo visto actuar, sin nervios,

como si hubiera hecho toda la vida.

Es lo que ha hecho.

De algo le tienen que haber servido los años en el escenario.

En cuanto se puso con "ser o no ser"...

Ah, sí. "Ser o no ser", ya se lo he oído,

pues vaya simpleza. Se es, o no se es, ¿no?

No, le tenía que haber escuchado, se le ponía la piel de gallina.

Padre, diga lo del "ser o no ser". -¿Otra vez?

Sí.

A lo mejor a tu madre no le apetece,

que últimamente lo digo hasta en sueños.

-En sueños roncas, pero no me quejo,

que hasta tus ronquidos me parecen música bendita.

Padre, no se haga de rogar.

Eso, José, sorpréndeme a mí como al director ese.

-Está bien, como queráis.

Vamos allá.

"Ser o no ser,

he aquí la cuestión".

"¿Qué hay más elevado para el espíritu,

sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna

o tomar armas contra el piélago de calamidades

y, haciéndoles frente, acabar con ellas?".

"Morir,

dormir;

no más".

-¡Bravo! ¡Bravo!

-Gracias, gracias. ¿Ha visto cómo se ha puesto usted?

Pues así se puso el director, en pie y aplaudiendo.

Entonces,... ¿el papel es tuyo? -Eso parece.

-Ay, enhorabuena.

Si es que eres una caja de sorpresas.

Ole mi marido, que tiene un arte que no se puede aguantar.

-Porque me sabía el texto a la perfección, que si no...

Si no, se lo dan también, que ha nacido para esto,

ni torero no guitarrista, actor. Será más famoso que Juan Belmonte.

Juan Belmonte dice. Anda, eso son palabras mayores, hija.

Juan Belmonte...

Me voy a ensayar, que si no, me pilla el toro.

-¿Qué obra vas a representar?

Porque esa del "ser o no ser" te la sabes divinamente.

-Ya me gustaría, pero no.

Una del duque de Rivas. Un drama medio en verso, nada fácil.

Pues venga, a aprendérselo.

Y si hace falta, le pido a Arantxa que te lo pregunte,

como cuando le preguntaba los ríos a Cinta.

Padre, vaya a estudiar y no deje que entre ni madre ni Arantxa.

No. Te haré caso.

Tu madre hoy tiene guasa.

Qué contento está, ¿eh?

Como si hubiera encontrado su vocación.

-Sí, muy feliz. Ojalá le salga bien.

Y a ti también,

que pronto puedas demostrar tu arte.

¿Y usted, madre?

Bueno, me conformaré con veros triunfar.

La noto mustia.

¿Es por Margarita?

Pues sí, porque... me ha despreciado cuando mis intenciones eran buenas.

No se puede ayudar al que no se quiere dejar ayudar,

usted me lo ha dicho muchas veces.

Y esa mujer ya demostró de qué pasta estaba hecha.

De hiel, no lo niego.

Entonces, ¿a qué viene tanto pesar?

A que pienso que ella tenía mis sueños.

Yo los cumplí y ella no.

Pero no es su culpa.

Ya.

Lo sé, pero pienso...

que cómo me habría ido a mí la vida sin cantar.

De pescadera en mi pueblo,

limpiando escamas y sacando tripas.

Hubiera sido feliz aunque fuera pescadera.

Y cantaría mientras atendía a las señoras del pueblo.

Ay, Cinta, yo no habría sido feliz si no hubiera encontrado a tu padre.

Qué bonito, madre.

Ojalá Emilio diga eso de mí cuando sea un viejito.

Y tú de él.

Hágame caso, vaya al teatro a ver a padre,

verá cómo se le despierta el gusanillo de volver a las tablas.

Yo estoy deseando encontrar un sitio donde actuar.

"Encontrar un sitio donde actuar". ¿Qué dice, madre?

Nada, nada, cosas mías.

¿Qué tal el encuentro con Úrsula?

Mal, me he visto obligada a despedirla.

Esa mujer es insoportable.

Lo siento.

Me da mucha pena, pero no puedo soportar sus desplantes y maldad.

Tranquila, has hecho lo correcto.

Me preocupa que no encuentre una casa en la que servir

y no pueda ganarse la vida.

Pero mi paciencia tiene un límite y ella lo alcanzó hace mucho.

Perdóname por ser tan directo, pero bicho malo nunca muere.

Y si alguna vez hemos conocido a un bicho malo, es ella.

¿Desean algo más?

-No, Agustina, gracias.

Agustina es amiga de Úrsula

y no le habrá gustado lo que hemos dicho.

Respeto a Agustina, pero no voy a ocultar lo desagradable que es.

Es absurdo que Úrsula ocupe nuestros pensamientos.

Pensemos en el futuro.

Cierto, hablemos del futuro.

¿Sigues dispuesto a formalizar nuestra relación?

Claro que sí.

Tenía que te hubieras arrepentido.

En absoluto.

¿Cuándo te quitan el cabestrillo?

Mañana por la mañana.

Lo perfecto sería invitar a comer a los más cercanos.

¿A comer? ¿Tan pronto?

¿Para qué esperar más?

Cuando uno está seguro de lo que quiere hacer, es absurdo dilatarlo.

Cuando me quiten esto, te voy a dar una abrazo que te voy a aplastar.

Está bien. Esta vez, te lo doy yo.

Pero espero el tuyo con ansiedad.

¿Y cómo es que te han convencido

para quitar la zona de relajación musical?

-Si hasta Jacinto me ha regañao por culpa de Lolita,

que no ha parao de quejarse.

-A ver, entiéndela, que a nadie le gusta estar escuchando música

to el santo día.

-La misma que escuchaba yo y no me quejo.

Ella protesta porque le gustan mucho las pesetas que gana.

-Y una cosa, ¿no tienes la cabeza como un bombo?

-Pa na, prima.

Al contrario, es como si ahora, que la he apagao,

la siguiera oyendo.

Eso es que se te ha metío en la sesera

y ya no hay quién la saque.

A lo mejor te has vuelto loca.

Pa loca la Lolita, que se quería llevar el gramófono a la fuerza.

Y to, porque vendo más altramuces que ella.

Pues na, yo lo quito, señá marquesa.

-No te enfades con Lolita, que no ganas nada.

-No, si no me enfado,

pero mis buenas perras estaba ganando con el quiosco.

-¿Qué hacéis? Pues ya ve, Servando,

desmontar la zona de relajación.

-¿Y eso por qué? ¿No te daba tus buenos reales?

-Reales contantes y sonantes, pero también disgustos,

qué le voy a contar.

-Esto es un negocio, lo que cuenta son los duros que se ganan.

-Y la buena relación con el vecindario, Servando.

Que hasta Lolita se ha puesto brava conmigo.

-Entre la Lolita y Felicia...

Vaya par de egoístas.

-Pare el carro, no hable mal de Lolita.

-Yo puedo hablar mal de la Lola, que fui su padrino de boda,

y para mí es como si fuera una hija.

Pero desde el embarazo, está de un tiquismiquis.

-Eso es verdad, prima.

-Espera.

Se me está ocurriendo una cosa.

-Miedo me da, Servando. -No, no, no.

Ya está. Recoge el gramófono, pero deja las sillas.

-¿Y pa qué se van a sentar los clientes, pa tomar el sol?

-Les regalas limonada, y verás cómo te compran periódicos,

altramuces o lo que les quieras vender.

Vamos a convertir la zona de relajación musical

en zona de relajación refrescante.

-Les voy a restregar a esas dos mis beneficios.

¡Limonada para todos! -Ahí.

(Puerta)

Basta ya, basta ya.

"Úrsula".

Doña Cayetana.

"Ingrata".

¿Es usted?

"¡Vieja y boba!".

"No es más que una vieja decrépita a la que todo el mundo odia".

Va a traicionarme.

Doña Genoveva va a traicionarme como me traicionó Cayetana.

(Puerta)

¿Quién es?

Úrsula, soy yo.

¿Está usted bien?

Como he visto que no se levantaba, le traigo una taza de té.

¿Cómo ha dormido?

Ayer escuché a doña Genoveva

que iba usted a dejar de trabajar en su casa.

Tiene que encontrar otro trabajo. No voy a hacerlo.

Doña Genoveva

no puede tirarme a la basura como si fuera un trasto viejo.

Sé que es injusto,

pero es así como funciona el mundo.

Los ricos disponen y nosotros obedecemos.

No, se va a arrepentir, ya verá.

Genoveva no puede seguir adelante sin mí.

Venga, tome la infusión.

Me da miedo dormir,

los sueños se llenan de monstruos.

Sé lo que está sufriendo, Úrsula, pero no puede dejarse vencer.

No deje que la locura entre en su cabeza.

No estoy loca, no estoy loca.

No estoy loca.

¿Y eso se puede hacer?

Habrá que pedir autorizaciones en el Ayuntamiento,

pero yo me ocupo.

Tú piensa solo en qué vas a cantar y qué vestido te vas a poner.

¿Padre está de acuerdo?

Tu padre está muy ocupado con su teatro,

su "ser o no ser" y esa zarandajas.

Que no se lo ha dicho.

Se lo he dicho, pero no se ha enterado,

como el que oye llover.

Y si no dice no de viva voz, eso es sí, lo sabe todo el mundo.

Se va a meter en un lío por ayudar a la Margarita esa.

A la Margarita esa y a ti,

que te vas a dar a conocer delante de toda España.

Ya verás cómo te llueven

los contratos de los teatros,

cuando los empresarios vean que eres mi sucesora.

Y, de momento, no le digas nada a tu padre,

que no hay que sacarle de la cabeza de lo del teatro.

No le voy a decir nada a padre,

pero haber si por querer ayudar se le vuelve todo en contra.

Tranquila, que lo tengo todo requetebién pensado.

Me voy al Ayuntamiento a ver qué permisos hacen falta.

Un besito, mi alma.

-¿Te ha contado tu madre su plan?

Sí. ¿Qué te parece?

¿Qué me va a parecer?

Un disparate más grande que el monte Gorbea.

"Qué me va a parecer", dice.

Esa mujer, Margarita, es una desagradecida

y le traerá más problemas a tu madre.

Ya, pero no va a descansar hasta que haga lo posible por ayudarla.

Tú me preguntas qué me parece

y te digo qué me parece, un disparate.

(HABLA EN EUSKERA)

¿En qué momento me sacaste de mi tierra

para meterme en esta casa de locos?

(EUSKERA) "Guztiz ero dira".

Estáis todos para atar, para atar andáis.

Emilio está haciendo gestiones y va a llegar un poco más tarde

y yo tengo que ayudar para el almuerzo que ha pedido don Felipe.

-Que me quedo sola en la terraza, ¿no?

-Sí, hasta que vuelva Emilio, que ayer te cubrió toda la tarde.

-adre, si hubiera visto el museo, qué maravilloso.

Y lo tenemos muy cerca, tenemos que ir.

Goya, Velázquez, el Greco... Y Maite lo cuenta todo tan bien.

Te hace ver cosas que no te hubieras dado cuenta por ti misma,

como por dónde entra la luz en el cuadro...

-De la ventana, hija, ¿de dónde va a entrar?

Tú ahorra de las propinas y te compras un cuadro de esos,

pero ahora, a trabajar. -¿Un cuadro de esos?

No creo que tenga ni precio.

-Todo tiene un precio en esta vida.

Déjate de cuadros y de museos, que el restaurante no funciona solo.

-Hola, Camino.

¿Camino?

¿Qué estás, en éxtasis como santa Teresa?

-Estaba distraída.

¿Sabe en qué pensaba?

-¿En qué?

-En Velázquez.

En que ya sé por qué me gustaron tantos sus cuadros.

No importa si pinta un bufón o un borracho o a la familia real.

Todos tienen una enorme dignidad.

-Muy perspicaz,

porque eso lo has pensado tú sola, yo no te he dicho nada.

-He dicho una barbaridad, ¿verdad? -No, en absoluto.

De hecho, una de las grandes virtudes de Velázquez es esa,

que sabe captar al personaje por encima de su lugar en la corte.

Él trabajaba para el rey, pero pintaba para generaciones futuras.

-Eso fue lo que sentí. -Claro.

Por eso me empeñaba en que nos situáramos delante del cuadro

y nos concentráramos en ver lo que el pintor nos quería decir.

-Tenemos que volver, Maite, por favor.

-Claro, volveremos. También iremos París, al Louvre,

que es casi tan bueno como el nuestro.

-Me haría mucha ilusión ir a parís.

-Te presentaré al mejor pintor de este siglo, Pablo Picasso.

-¿Lo conoce?

-Claro.

Es un hombre muy popular en París

y le gusta recibir a gente en su estudio.

Llegas, le saludas y te sientas a verle trabajar.

-Eso tiene que ser maravilloso. -Lo es.

Camino, tienes que viajar.

Empaparte de otras culturas

y codearte con los más grandes.

Ser tú misma una de las más grandes.

-Bueno...

-¿Cuántos cuadros viste ayer pintados por mujeres?

-Eh...

Ninguno.

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer,

trabajar mucho para estar ahí,

aunque trabajes el doble que un hombre para conseguirlo.

-¿Usted cree que algún día las mujeres

tendremos los mismos derechos que los hombres?

-No lo creo, lo sé.

Pero como no se consigue es conformándose

y no preparándose como ellos.

Hay que estudiar, pintar y observar a los mejores.

-Camino, ¿qué haces?

Tienes la terraza sin atender.

-Perdone, he sido yo, que la he distraído.

-Pues cada cosa a su tiempo. Ahora hay que trabajar,

no quiero pedirle a Camino

que deje las clases.

-Tienes usted razón.

Nos vemos.

Ten, Casilda. -¿Y Marcia?

-Pensaba que estaba contigo ayudándote.

-Sí, y muy bien, que es muy dispuesta.

La he mandao a hacer un recao y se ha ido con una sonrisa...

-Lolita,... -¿Qué?

-...¿te has dado cuenta de que ya no hay música?

-Anda, pues es verdad.

Me tenía tan sorda, que ni la oía. ¿Y qué?

¿Ha quitao el gramófono o algún vecino se lo ha estampao?

-Sí, sí, lo ha quitao unas horas. Pero...

ahora va a regalar limonada.

-¿Qué?

Nos va a volver locas a todas las comerciantes del barrio.

¿No tiene un quiosco?

Que venda periódicos como se ha hecho siempre

y deje que nos ganemos la vida tranquila.

-Son cosas de Servando, ya le conoces, que malmete.

-Ya, ya.

Pues un día, Servando se va a llevar un disgusto por malmeter.

Ea.

Por lo menos, Marcelina no hace ruido.

Voy a echar un vistazo.

-¿No está un poco torcida?

-Sí, es por Antoñito.

-¿Qué ha hecho?

-Nadie sabe, yo solo le he visto ayudar.

-Eh, que les escucho. No es ayudar.

Es ayudar ahora,

que no lo ha hecho en el tiempo que lleva la mantequería abierta,

y solo con una clienta.

-¿Y con quién, si se puede saber? -Con la pintora.

Que si "voy a llevar el pedido de Maite",

que si "Maite es muy maja"

que si "con Maite se puede hablar de to".

Maite por aquí, Maite por allá...

-Por el amor de Dios, ¿te vas a poner celosa a estas alturas?

-Que Antoñito te adora.

-Carmen, los hombres te adoran hasta que dejan de hacerlo.

Hubo un matrimonio en Cabrahígo que se separó con 83 años

porque él se enamoró de otra.

-Pero en Cabrahígo sois la mar de distintos a la gente de aquí.

Allí pasan unas cosas, que aquí, impensables, no suceden.

-¿Estás diciendo que somos raros?

Espero que haya sido de su agrado.

Como siempre, doña Felicia.

Es difícil no acertar en su restaurante.

Hoy un poco mejor, no pensé que nos pudiera servir ostras tan frescas.

Las traen en camiones, en cajas con hielo.

Los tiempos avanzan que es una barbaridad.

-Con lo rápido que se puede ir por esas carreteras,

podemos comer el pescado más fresco que en el puerto.

-Les dejo, tengo trabajo.

Pueden quedarse hasta que deseen. Gracias.

¿Vamos? -Un momento.

Antes de que nos levantemos,

queremos agradecerles la invitación al almuerzo

con motivo de esta noticia.

Felipe, ni sé cuántos años hace que nos conocemos,

ni cuántas vicisitudes hemos vivido juntos,

por eso sé que Genoveva le va a colmar de felicidad.

Muchas gracias, don Ramón.

Amigo, con todo lo que hemos vivido juntos, estoy seguro de algo,

ni siquiera ha sido el principio,

nos quedan años de amistad, y serán tan buenos como hasta ahora.

Me gustaría pedirle algo. Lo que quiera.

Deme un abrazo.

¿Limonada?

-¿Qué? -Limonada gratis.

Un nuevo servicio del quiosco de Marcelina.

Es pa que los clientes compren el periódico,

pero a ti, como amiga, te la doy gratis,

total, solo me cuesta un poco de agua y unas gotas de limón.

-Entonces sí.

-¿Cómo está? -Es un trago amargo, Marcelina.

-¿Le pongo más azúcar?

-No, es mejor que todo quede así.

Gracias por la limonada.

¿Te vas ya a la tienda?

-No.

Me quedan diez minutos pa sentarme un rato y descansar tranquila.

-¿Qué tal Marcia?

-Bien, bien, muy bien, muy dispuesta.

-¿Y no puede abrir ella la tienda y tú te quedas descansando?

-¿En su primer día de trabajo? No digas tontás.

-Yo puedo echar una mano.

Abro la tienda y ella que despache a los clientes.

-Sigue leyendo, que no estás muy acertao con tus ideas.

-¿Por qué estás enfadada?

-Dímelo tú. ¿Tengo alguna razón pa estarlo?

-Cuando estás así, no hay quien te aguante.

En fin...

Mira, una exposición de jóvenes pintores en el Ateneo.

Se lo diré a Maite, a lo mejor le interesa conocer a gente

del ambiente artístico de la ciudad.

-Eso. Y la acompañas.

-A lo mejor sí, porque en esos sitios se conoce gente interesante.

(Timbre)

Voy yo.

Toma.

Buenas.

-Doña Felicia, qué sorpresa. ¿Un café?

-No, gracias. Esperaba haberles visto en la comida de don Felipe.

-Nos invitó, pero con el embarazo, no me conviene comer fuera de casa.

-Otra vez me dices y te preparamos la comida más sana posible.

Venía a hablar de Marcelina.

-Ahora regala limoná.

-Así que ya lo sabes.

-Bueno, por lo menos ahora no nos destroza los tímpanos

con esa música a todas horas.

-Pero nos sigue perjudicando el negocio.

-Le pondría una bomba en el tenderete.

Muerto el perro, se acabó la rabia.

-¿Sabes qué te digo? Que si quiere guerra, la va a tener.

Tengo una idea. -Pues dígame, que la apoyo.

-Voy a regalar el periódico con cada consumición.

-Yo también.

El periódico y unos altramuces, y así acabamos con su negocio.

-Pero el restaurante y la mantequería van a perder dinero.

-¿Quién dijo que la guerra fuera gratis?

-Sí, sí.

Marcelina va a aprender lo que es la competencia desleal.

Todo es poco pa que una defienda lo que es suyo,

ya sea el negocio, el matrimonio,

o donde sea que alguien te quiera hacer de menos, ya sabes.

¿Le ha regalado la limonada Marcelina?

-A mí y a todo el que compra periódicos.

Como sigan con esta guerra, van a regalar bocadillos de calamares.

-Si sigue esta guerra, me quedo sin trabajo.

Le está haciendo la competencia a Felicia y Lolita.

-¿Y? -¿Cómo que "y"?

Lolita es la nuera de don Ramón.

Si él dice algo, tardan un minuto en despedirme.

-Don Ramón no se mete en eso, es un señor de una pieza.

-Como pa fiarnos de los señores.

Son caballeros hasta que les tocas el bolsillo,

y ahí, se convierten en truhanes.

Es que, Marcelina está influenciada por Servando.

-Tienes razón, Servando no sabe estar sin meterse en líos.

Ya lo dice el refrán, cuando el diablo se aburre,

mata moscas con el rabo.

-A mí me da igual que se meta en líos,

pero que no nos embarque a los demás con él.

-Buenas tardes. -Arantxa, ¿viene del quiosco?

-Sí, de comprar unas revistas.

Y me han dado un vaso de limonada que no sé qué hacer con él.

-Pues bébalo.

-Lo he cogido por no hacerle un feo a Marcelina,

pero yo la limonada la tomo en casa,

con su raspadura de limón, hielo.

Ande, bébasela usted y le devuelve el vaso, por favor.

-Bueno, pero por hacerle el favor.

-Muchas revistas se leen en esa casa.

-Sí. Bueno, son para doña Bellita,

pero me parece una pérdida de tiempo,

que con las revistas de moda no se aprende mucho.

-Claro. ¿Y usted qué lee?

-El periódico, libros...

Ahora estoy leyendo la obra de teatro que va a hacer don José.

-¿Sí, cuál es?

-"Don Álvaro o la fuerza del si no", del duque de Rivas, ¿la conoce?

-Yo solo conozco una, esta, la de... Eh...

La tengo aquí. Esta de...

Pues ahora que lo pienso, no conozco ninguna.

Lo mejor será que vaya a devolverle los vasos a Marcelina.

Hale. -Con Dios.

-Con Dios.

Don José: torero, guitarrista y actor.

No le falta de nada. -Es un artista de tomo y lomo.

Pero, lo más importante, una bellísima persona,

igual que doña Bellita.

-Usted no tiene nada que envidiar a su patrona.

-Dice eso porque no me ha oído cantar.

-A lo mejor, cantando no,

pero usted vestida con ropas de lujo debe de ser igual de bien parecida

que doña Bellita,

que el uniforme así, no le hace honor.

-Se lo agradezco, Cesáreo, pero anda muy desencaminado.

Yo siempre he pensado que he nacido para llevar este uniforme.

Si me pongo otra cosa, parece que voy disfrazada.

-Usted con posibles, podría ser de lo más pinturera y elegante.

Un día la tengo que ver vestida con ropas de dama,

debe parecer usted una reina.

-La de bastos, la reina de bastos.

(RÍEN)

Pues...

tampoco le quiero entretener, igual tiene que hacer la ronda.

-Sí, claro, claro.

Pues con su permiso. -Con Dios.

¿No lo encuentras, Marcia?

-Qué vergüenza, la primera vez que la atiendo y lo hago mal.

-No te preocupes, no pasa nada.

Al menos sabes lo que es el pimentón de la Vera, ¿no?

-Sí, es un polvo rojo hecho de pimientos que da muy buen sabor.

-Eso es.

-Y lo hay dulce y picante. Pero no lo encuentro.

Mire, si no le importa esperar un minuto a que venga Lolita...

Me dijo que salía y venía enseguida.

-Buenas tardes. -Lolita,

menos mal que has venido.

No encuentro el pimentón. -Si es un perro te muerde. Ahí.

-Ay, Dios mío. No sé cómo no lo vi.

Lo siento.

¿Cuánto le pongo?

-Mira, ponme media onza.

-Se lo envuelves en un cucurucho y listo.

Fabiana, ¿sabe qué?

Que Marcelina ahora regala limoná.

-Pues mira, bien buena que la hace.

-No se trata de que esté buena o no,

se trata de que perjudica a los locales de la calle.

Ella debe vender periódicos, revistas, flores, y ya está.

-En eso tienes razón.

-Claro.

una cosa le digo, doña Felicia y yo no vamos a permitir

que acampe por el barrio como un elefante en una cacharrería.

-No te sulfures, que no es bueno pal embarazo.

-Fabiana, le voy a decir una cosa,

no hay día que no piense en volver a Cabrahígo.

-Estoy harta de la ciudad.

-No digas eso, aquí está tu esposo.

-Pues si me quiere, que se venga.

-Aquí tiene, media onza de pimentón, Fabiana.

-Muy bien. -¿Quiere algo más?

-No, si ya hice la compra esta mañana,

pero se me olvidó el pimentón.

En fin, a más ver.

-A más ver. Se lo apunto.

-Sí.

-¿Ha entrado alguien más?

-Sí, una señora, se llevó un kilo de garbanzos.

-Muy bien.

Tú tienes que aprender dónde está todo,

que cuando nazca al bebé habrá días que no podré venir.

-Sí, lo del pimentón fue un despiste, pero no volverá a pasar.

-Mujer, que no te preocupes.

-Ven, que te enseño el libro de cuentas de los clientes.

Ay...

Ahora verás.

-¿Te puedo hacer una pregunta antes?

-Uy... Claro.

He visto a don Ramón y doña Carmen en el restaurante

con Felipe y Genoveva.

-Sí, hoy, don Felipe ha invitado a almorzar.

Antoñito y yo estábamos invitados, pero no hemos podido ir.

-¿Y sabe para qué era?

-Don Felipe quería hacer pública su relación,

comunicárselo a los vecinos.

-Gracias.

-Marcia,

sé que esto te duele, pero es lo mejor para todos, incluida tú.

-Lo sé, Lolita, pero estuve a punto de casarme con él.

-Ay, los designios del Señor.

-Mira, don Felipe lo pasó muy mal

con la muerte de doña Celia, pasó años solo,

y haciéndose daño.

Cuando todo empezó a recomponerse fue cuando apareciste tú,

y de repente, se tuerce.

Créeme, es mejor que don Felipe rehaga su vida con Genoveva

y que no vuelva a esos años de destrucción.

-Lo sé, pero yo sufro por dentro.

-Ay...

Ánimo, mujer.

El tiempo lo cura to.

Anda, venga, que te enseño la cuenta de los clientes.

Verás tú.

Aquí es donde apunto las deudas de los vecinos.

¿A que no sabes quién es esta?

Rosina. La que más debe.

Por lo que veo, te gusta más la pintura que el cinematógrafo.

Mucho más.

Toda la vida dibujando, y si no es por Maite,

no me hubiera dado cuenta de que eso es lo que me gusta.

Estás encandilada con Maite.

Y que puedes escucharla hablar.

Habla de... París, de los artistas que ha conocido.

Incluso Pablo Picasso, de las fiestas...

Eso sí que me gustaría a mí,

ir a París y que me invitaran a las fiestas de la alta sociedad.

Pero no son esas las fiestas de las que me habla Maite.

Ella me habla de los tugurios,

de las boardillas de Montmartre... y de la lucha de la mujer.

Es sufragista. Claro. Y yo.

Un día la mujer será igual al hombre, Cinta.

Conmigo que no cuenten, que yo quiero que me cedan los asientos.

En un primer momento puede parecer que eso sea bueno...

-Perdón. Cinta, ¿has visto a tu madre?

Está con Margarita. Ya sabía yo.

Eso nos va a dar problemas, pero como aquí nadie me escucha...

Déjala tranquila.

Mi madre lo está haciendo con buena intención y le va a salir bien.

-Si yo la dejo, como si tuviera que darle permiso yo.

Pero ya que estoy aquí, aprovechando que estáis las dos juntas,...

Vamos a ver, si yo...

me arreglase un poquito, o sea, no fuese vestida de criada y eso,

¿yo... podría quedar pinturera y elegante?

-(RÍEN)

Bueno. ¿Pinturera y elegante?

Madre mía, esas no son palabras de una vasca.

-¿Se está echando usted novio, Arantxa?

Por favor, solo se me ocurre a mí preguntaros a vosotras,

¿en qué estaría yo pensando?

Uy, uy, uy.

-Qué graciosa es Arantxa. Pero solo cuando se enfada.

¿Te imaginas que se echa novio? Pobre.

¿Una actuación?

Sí, benéfica, para recaudar fondos.

-¿Se ha vuelto loca?

-No hable antes de tiempo.

Si le parece bien, acepte,

y si no le parece bien, me marcho y aquí paz y después gloria.

-Pues venga, explíquese, y espero que no acabe ofendiéndome.

-Es lo último que quiero.

Ya le dije en la puerta que he venido en son de paz.

La actuación sería mía y de mi hija.

Lo recaudado sería para usted.

-Va a seguir tratándome como una desharrapada.

-Termine de escucharme.

Verá, la actuación se haría en Acacias

y sería de forma legal, no una cosa de vecinos.

Estoy tramitando los permisos en el Ayuntamiento.

No le voy a engañar en una cosa, la hago porque me conviene.

-¿Le conviene?

-Sí. Cinta quiere dedicarse al mundo de la música,

y esto sería una gran promoción para ella.

Tras la actuación, conseguiría contratos.

Y sé que lo mejor

para darse a conocer es que sea con fines benéficos.

No quiero cobrar entrada,

solo lo que cada cual pueda aportar buenamente.

Y así conseguirán ir ricos y pobres.

-¿Y qué pinto yo en eso?

-Será la gran beneficiada.

Después de pagar a los músicos, lo que quede será para usted.

-¿De verdad se cree que está por encima del bien y del mal?

-¿Por qué me dice eso? -Hundió mi carrera

y ahora quiere limpiar su conciencia con limosnas.

Primero me manda comida, como si yo fuera

una arrastrada que estuviera por las calles.

-Lo hice con la mejor de mis intenciones.

-Y ahora me dice que va a ofrecer su arte,

precisamente lo que me robó,

y que me cederá las migajas que sobren.

-No es eso lo que pretendo.

-Porque solo piensa en usted y en su bienestar,

nunca se ha preocupado por los demás.

Pobre de su hija como se le ocurra ser más famosa que usted,

nunca se lo perdonaría.

-Es incapaz de saber cómo siente el corazón de una madre por una hija.

-Váyase de mi casa y no vuelva.

No quiero que siga humillándome una y otra vez.

-Margarita,

la actuación sigue adelante y no va a parar.

Si se arrepiente de su decisión,

avíseme.

No se puede decir que le haya ido mal en la vida.

Ha tenido en otros tiempos salones peores que este.

Ya lo creo.

Aunque usted tenía algo más que unos ojos bonitos.

Espero seguir teniéndolos.

No lo dude, pero comprenda que uno se impresione al ver a una mujer

que conoció como bailarina

en un tugurio de mala muerte como señora de esta casa.

Fermín, te acepto el comentario en recuerdo a los viejos tiempos,

pero te recomiendo que olvides aquellos momentos,

la vida ha dado muchas vueltas.

No se preocupe, en este momento,

me siento como si la acabara de conocer.

Nos entendemos, así me gusta.

Tome asiento, por favor.

¿No me va a ofrecer un trago?

Si te he llamado es porque estoy interesada en sus servicios,

si quieres beber algo, buscas luego una taberna.

Estoy a sus órdenes.

¿Qué sabes de Cristóbal?

Tras el asesinato de Samuel Alday no se supo nada de él.

¿Estás al tanto de aquello?

Mi obligación es saber por dónde vienen los golpes para pararlos

antes de que causen daños.

Eso y tu discreción es lo que siempre me ha gustado de ti.

Será un honor que ambas virtudes estén a su servicio.

De hecho, he cumplido el encargo que me hizo ayer.

¿Ya? Pensé que tardaría más tiempo. ¿Para qué esperar?

El sicario que mató a Alfredo Bryce ha sufrido un accidente

y será enterrado mañana.

Si quiere acudir a su entierro para comprobarlo...

Yo no iré, pero es posible que necesite los datos del velatorio

para enviar a otra persona.

¿Alguien a quien quiera advertir de lo que le puede ocurrir?

Eres muy listo, Fermín.

Me parece que entre los dos sabremos complementarnos.

¿Qué pasa, algo va mal?

No, hija, todo va según lo previsto.

El concierto será mañana, por mucho que la homenajeada ponga pegas.

Quiero que traigas a alguien que preciso para seguir con mis planes.

Es alguien que estuvo aquí algún tiempo

y se marchó sin dejar rastro.

Úrsula está perdiendo el seso y es capaz de cualquier cosa.

-No insista, Fabiana, no puedo dejarla,

y menos ahora. -¿Ahora, qué le pasa ahora?

Te has vuelto muy poderosa, tienes los pies de barro.

Maldita seas, Genoveva.

Yo sé quién puede hacerte daño,

y voy a dar con él.

Doña Felicia y la Lolita

están regalando periódicos y altramuces

para hacerte la competencia. -Serán malajes esas dos.

¡Esto se va a poner peor que la batalla de Lepanto!

-¡Quieta ahí pará!

No me importa darle todos sus caprichos,

me encanta animarle.

Cuando se encuentra al hombre adecuado,

una hace lo que sea para hacerle feliz.

Felipe es tan atento conmigo,

que yo no puedo menos que corresponderle.

¿Qué tiene que ver la soltería con la pintura?

-Desgraciadamente, a los hombres no les gustan las mujeres sabiondas

ni las artistas que están con la cabeza en las nubes.

¿Cómo ha visto a Úrsula esta mañana?

-Muy malamente, Agustina, está completamente chalá.

Decía cosas sin sentido.

Cuando puedas, vas al estudio de la ilustradora y echas un vistazo,

quiero saber si realmente está aprendiendo cosas de interés

o si esa pintora le está llenando la cabeza de majaderías.

¿Cómo te puedes comportar así estando a punto de ser padre?

¿Eh?

-No entiendo nada.

-A la porra la pera, a la porra tú

y a la porra el concierto de las narices.

Hala, pásatelo bien.

# Qué pocos amigos tienes. #

No me haga reír.

Si quiere, este será solo el principio.

Puedo acabar con usted cuando me plazca.

¿De qué me habla?

¿Qué pretende hacerme?

Ya lo verá en su momento.

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Acacias 38 - Capítulo 1137

12 nov 2019

Úrsula amenaza a Genoveva con contar la verdad de la muerte de Bryce, pero la señora no se amedranta. Felipe y Genoveva oficializan su relación, Marcia sufre al ver lo poco que ha tardado el abogado en rehacer su vida.
Camino y Maite estrechan su relación alumna-maestra visitando museos. Felicia sigue sin verlo con buenos ojos: el arte es una pérdida de tiempo y su hija está descuidando sus obligaciones en el restaurante. Camino solo puede compartir su alegría con su amiga Cinta.
Bellita no se rinde y busca nuevas formas de poder ayudar a Margarita. Decide organizar un concierto benéfico en la calle Acacias y que el dinero vaya para Margarita.
Servando sopla otra idea para mejorar los beneficios del quiosco y provoca una nueva pelea.
Agustina descubre que Úrsula ha perdido su trabajo en casa de Genoveva. Y Úrsula busca la forma de protegerse de la amenaza de Genoveva, porque la señora ya ha movido ficha.

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  1. Laletska Paulino

    Cada vez se hace mas lejos para Marcia la posibilidad de volver con Felipe. Ojala que Genoveva y Ursula se maten entre si. Aunque ni veo como Marcia va a descubrir al impostor de Santiago. Felicia debe tener mucho cuidado con su hija pues la pintora parece ser lesbiana.

    13 nov 2019