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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1136 - ver ahora
Transcripción completa

Hay algo que debes hacer para vivir ese amor y esa felicidad.

-Sea lo que sea, solo tienes que pedirlo.

-Consígueme un futuro lejos, Santiago, lejos de Acacias,

solo así podré olvidar.

Tu futuro suegro sigue pensando en convertirse en actor de teatro.

-Sí, está muy ilusionado.

La he perdido.

Veo en su rostro cómo ha empezado a amarle.

No podía ser de otra forma, soy su esposo.

Por favor,

hágala feliz.

Marcia no se merece otra cosa.

Será feliz a mi lado.

He encargado en una tienda

que todas las semanas le lleven una caja de comida de primera calidad

a su casa.

Margarita no sabrá nada, di orden de que no le dijeran nada.

Me parece que andan un poco tensas.

-¿No ves que tu quiosco no es un lugar pa vender viandas?

-¡Ni para poner la música a todo volumen!

-¿Eso quién lo dice? -El sentido común,

Marcelina, sentido común.

-Lo que estás haciendo tiene un nombre.

-Sí, buen negocio.

-No, competencia desleal.

Mi madre se niega a que Maite me dé clases de dibujo.

¿Y por qué motivo?

No cree que tenga otro futuro que no sea...

casarme, y quizá, seguir con el negocio.

Le gustan mucho los canapés. ¡Úrsula, lárguese de aquí!

Venga al altillo, que allí está más tranquila.

Yo sé que puede, sé que puede, de verdad que sí.

-Demos por terminada la reunión y dejemos tranquila a la anfitriona.

-No sabía que Úrsula estuviera tan delicada.

-Más que delicada, lo que está es como una cabra.

-Vamos a tener que desmontar el tenderete y el gramófono.

-¿Por qué?

Porque no quiero disputas con Lolita y doña Felicia.

-Quizá tengas razón.

-Camino ya tiene un oficio,

y es atender el negocio familiar. -No está de más conocer otros.

No quiero perderte. Sería un loco si lo permitiera.

Hoy, todo el mundo sabrá

quién es la auténtica dueña de mi corazón.

Doy mi beneplácito para que Maite te imparta clases de pintura.

-Gracias, madre.

-Margarita, ¿qué hace aquí? -Devolverle lo que es suyo.

¿Creía que por que el envío fuera anónimo

no iba a descubrir que usted estaba detrás de él?

Tiene una semana para buscar otra colocación.

Pasada esta, abandonará mi servicio

y el altillo.

Se equivoca, señora.

Ha perdido el juicio por completo.

Esto no va a acabar tan fácilmente como usted cree.

¿Se ha vuelto loca? Baje ahora mismo el cuchillo.

No voy a bajarlo.

Terminaré con su vida

antes de que consuma su infame traición.

¿De qué está hablando, qué traición?

No voy a tolerar

que la última de mis amadas hijas

se deshaga de mí como de un viejo trasto.

Yo no soy su hija.

Claro que lo eres,

mal que te pese.

Prefiero eliminarte a que pases lo mismo que yo.

Lo hago por tu bien.

Le exijo que se deje de tonterías y tire ese arma.

Yo era como tú de joven,

altiva,

arrogante...

Me creía invencible, pero...

no imaginas el calvario que te espera en Acacias,

rodeada de enemigos que van a engañarte y apuñalarte.

Nadie está preparado para afrontar eso en su vida.

Se equivoca.

Usted no es más que una vieja loca a la que quiero perder de vista.

Hija mía, pecas de orgullo.

Pero careces de experiencia y sabiduría.

¿No ves que necesitas mis consejos,...

(RÍE) ...mi protección?

¿Su protección?

No me haga reír.

No es más que una piltrafa ridícula que no asusta a nadie.

Quizás por eso le abandonaron sus hipotéticos hijos,

porque no es nadie.

No arruine su vida más de lo que ya está.

Baje el cuchillo, Úrsula.

Bájelo.

Aún puede marcharse y olvidar

y empezar una nueva vida lejos de Acacias, yo la ayudaré.

No va a tener ningún problema económico.

(LLORANDO) Eso es lo que todos quieren.

Pero no,... no lo van a conseguir nunca.

Si persiste en esa actitud, acabará teniendo problemas.

¡Maldita sea!

¡Genoveva!

¡Genoveva, Genoveva!

Hija mía, respira. Hija mía.

Ay, Dios mío.

¡Ay, dios mío, qué he hecho! ¡No!

¡Hija mía, no!

(Sintonía de "Acacias 38")

Felipe, está usted aquí.

Me ha sorprendido la prontitud de su convocatoria.

-El incidente de esta mañana no pudo ser más desagradable.

Admiro que siga con lo establecido. Úrsula no va a amargar mi vida.

Y menos cuando se trata de un asunto de tanta enjundia.

Que tiene que ver con doña Genoveva.

Efectivamente.

Iba a anunciar nuestra relación.

Iba a hacerlo cuando Úrsula irrumpió.

-Le felicito y le doy mis parabienes.

-Ha hecho bien en seguir adelante

y no arredrarse ante nada, felicidades.

Genoveva desea hacer pública nuestra relación

para evitar habladurías.

-Ya era hora de que tomara las riendas de su nueva vida,

que bien se lo merece.

-Don Felipe, ya está todo listo.

Pueden tomar algo en la terraza mientras esperan.

Por favor. Espero que los otros invitados no tarden mucho.

Más me preocupa la tardanza de Genoveva.

-Ya sabe cómo son las mujeres cuando se quieren poner guapas,

pueden tardar una eternidad.

-Necesitan controlar hasta el último detalle

antes de lucirse en público.

-En situaciones así, doy gracias a los cielos por haber nacido varón.

-No sé qué es peor, si retrasarse con los afeites o la espera.

En una ocasión, Rosina y yo salimos dos horas tarde de casa

porque no encontraba un pañuelo que combinara con el vestido.

-¿Pañuelo de bolso? Pero si casi ni se ve.

-Eso le dije yo, pero ya saben lo terca que es Rosina.

Es raro que se retrase tanto.

-No se inquiete, que llegará enseguida.

-En fin...

Bueno, por lo menos ya viene la bebida, algo es algo.

Gracias.

Ahora tendrá la desvergüenza de negar que esto viene de su parte.

-No le consiento que insulte a mi mujer.

-El que calla otorga, y de momento no ha dicho ni mu.

Madre, diga algo.

-Verá, Margarita, yo... No era mi intención molestarla.

-Y yo me lo creo. Hay que ser rastrera

para humillar a una persona de esa manera.

Poca clase tiene usted.

¿Eso es verdad?

Sí. Envió comida a mi casa como si fuera una pordiosera.

A mí no se me paga con cuatro tomates.

Cree el ladrón que todos son de su condición.

-Pero ¿qué está diciendo? -¡Falsa, es una falsa!

Solo buscaba lavar su mala conciencia

por haberme arruinado la vida y la carrera.

Pero va dada, yo ni olvido ni perdono.

Me voy,

no vaya a ser contagiosa la mala baba de esta familia.

-¿Quién se cree que es?

¿Qué, nadie me va a aclarar lo que acaba de pasar?

-No tengo perdón de Dios.

Yo solo quería ayudar a Margarita.

¿Ayudarla?

¿Por qué? Tramaron una venganza contra usted.

Aquello no fue culpa suya.

Margarita no tiene la maldad de Alfonso, lo sé.

Lo sentí aquí dentro.

-Lucero mío, ¿te estás volviendo majara?

-Fui a su casa pa aclarar las cosas

y se me cayó el alma al suelo cuando la vi tan arrastrá.

La multa la ha dejao en la indigencia.

En la miseria.

En la miseria se ha quedao esa mujer. Qué pena, Jose.

Ver a una artista así en ese brete, me dejó el corazón encogido.

Que lo mismo podíamos ser tú, yo o mi Cinta de mi alma.

Madre, madre, no se aflija.

Sabemos que usted lo ha hecho con toda su buena intención.

No quiero seguir hablando de esto.

-Y seguro que tú lo sabías to.

-A ver, la señora me pidió que le guardara el secreto.

-¡Un secreto que acaba de salir desbocao!

Así que, desembucha, todo,

con pelos y señales.

¿Ha visto lo que ha conseguido enfrentándose a mí?

Yo solo quiero protegerla de esos malnacidos.

Respire.

Respire.

Mi cabeza.

Doña Genoveva.

Intente levantarse. Apóyese en mí. No puedo.

Me duele le brazo.

(Llaman a la puerta)

Genoveva, soy yo, Felipe.

No.

Genoveva, ¿estás bien?

Abre, por favor.

Ayúdame.

Ayúdame.

(Llama a la puerta)

Genoveva, abre, por favor, estoy muy preocupado.

¡Abre, por favor!

(Llama a la puerta)

(Llama a la puerta)

¡Genoveva, abre!

¿Qué me estás diciendo,

que el abogado Toscano se prestó a buscar a Margarita?

-A ver, es que la señora lo intentó,

pero el abogado le recomendó que no tuviera contacto con la susodicha,

porque lo único que le podía acarrear eran problemas.

-No hay que ser muy listo pa verlo.

Si Toscano no la ayudó, ¿cómo ha dado con ella?

-Porque contrató a un detective privado

de esos que siguen a la gente a escondidas.

Y cuando la encontró, hizo el encargo que tienen ahí.

-Majara perdida.

-Ya saben cómo es cuando se le mete algo entre ceja y ceja.

¿Cómo se ha olvidado del bochorno que nos hicieron pasar?

Yo no podría ni con 100 años. Ni tú ni cualquiera.

-Qué poco la conocéis.

Por mucho que grite y perjure, Mari Belli es más buena que el pan

y lo da todo por quien sea, hasta por esa indeseable.

-Sí, y así se lo pagan,

así.

-Voy a verla, a ver si se le ha pasao el disgusto.

-Voy también. Padre, espere.

Cuénteme lo del teatro.

-Ve tú, ahora voy yo. -Sí, señor.

Le van a hacer una prueba para una obra profesional, ¿no?

Eso me han dicho.

Se trata de un montaje sobre una obra del duque de Rivas,

"Don Álvaro o la fuerza del sino".

Toma ya, entrando por la puerta grande.

Primero tienen que elegirme. Además, es solo un papel secundario.

Sí, en una obra profesional.

Estoy muy, muy orgullosa de usted.

¿Qué le sucede?, no le veo muy contento.

Estoy preocupao por tu madre.

No lo está pasando bien, y yo no debería abandonarla.

¿Por qué dice eso?

No hay un marido que se preocupe más por su mujer.

Aproveche la oportunidad. Madre se va a poner bien, ya verá.

Hágame caso, padre.

No deje escapar este tren.

O se va a arrepentir toda la vida.

Muchas gracias, canelita.

(Puerta)

¡Abre, por favor, estoy preocupado!

¡Genoveva, abre!

(Abre la puerta)

¿Qué ha pasado? Felipe,

ayúdame.

Ven, arriba. Arriba, vamos.

¿Qué pasa?

El brazo.

Cógete. Vamos, arriba.

Arriba.

Siéntate.

Apenas la puedo mover.

¿Estás bien?

Nos están esperando. Tenemos que ir.

No vas a ir a ningún lado. Tiene que verte un médico.

¿Un médico?

¿Qué pasó, por qué estabas en el suelo?

Me caí, tropecé y me caí.

Me duele mucho el brazo.

Vamos, arriba.

¿Qué haces?

Vamos a ir a un hospital ahora mismo. Vamos.

Cuidado.

Ya.

Vamos.

¿Qué es eso tan importante que no puede esperar hasta mañana?

Mi madre me ha dicho que sí a las clases de dibujo.

¿De verdad? Sí. Empiezo mañana en el estudio.

Estoy tan ilusionada. Me alegro mucho.

¿Cómo has conseguido que cambie de opinión?

Seguí tu consejo y le pedí a Maite que convenciera a mi madre.

No sé qué le habrá dicho, pero ha funcionado.

Labia no le falta y mundo le sobra, así que...

Me muero de ganas de ponerme manos a la obra.

Tengo que aprovechar la oportunidad para poder cambiar mi vida.

¿Te imaginas encontrar tu verdadera vocación?

Prefiero no soñar despierta.

Me esforzaré al máximo y daré lo mejor de mí en las clases.

Creo que lo harás estupendamente, que tienes mucho talento.

Lo mejor es que puedo tener un futuro lejos del restaurante.

Ya.

¿Qué te pasa?

¿De qué no te alegras? Ah, no, no es eso.

Es mi madre. Esta tarde hemos vivido un incidente lamentable.

Espero que no haya sido grave. No.

Más que grave, ha sido dramático, histérico y exagerado.

Como todo lo que pasa en mi familia.

Siento ser tan egoísta, Camino.

No quería aguarte tu buena noticia. No te preocupes,

sé que te alegras.

Te digo yo que sí.

Enhorabuena. A por todas. Así haré.

Y tú también.

Que nada te eche para atrás.

Sigues siendo una gran artista.

Yo sé que estoy hecha pa los escenarios,

que sea grande o chica no depende de mí.

Por cierto, tengo que contarte un cotilleo.

Esta tarde en el restaurante ha pasado algo.

Cuéntamelo ya.

A ver...

(Música)

El susto que se llevó don Felipe cuando la vio tirada en el suelo.

Hasta mañana podrían estar esperándola.

-Y menos mal que se le ocurrió a don Felipe ir a buscarla.

Y eso que tuvo que tirar la puerta abajo pa entrar.

-Pero ¿doña Genoveva qué hacía en el suelo?

-La señora cayó y se debió de dar un buen golpe.

Don Ramón les acompañó al hospital.

-Don Felipe me ha pedido que le ayude con la señora.

Al parecer,

la caída no ha sido tan grave como parecía.

Eso sí, doña Genoveva tendrá el brazo en cabestrillo un par de días.

-Dios quiera que todo se resuelva,

y así, que doña Genoveva deje de ser una mujer sola.

-Buenos días.

¿De qué hablaban?

-Eh, estábamos hablando

de doña Genoveva, Marcia.

Anoche se cayó.

Estaban esperándola en el restaurante, y na,

ella estaba fatal, tirá en el suelo.

-¿Y para qué la esperaban en el restaurante?

-Marcia,

don Felipe convocó a sus amigos para formalizar su relación con Genoveva.

Tarde o temprano, esto iba a pasar.

Si está en boca de todo el mundo la buena relación que hay entre ellos.

Es un secreto a voces.

-Tanto, que no creo que tarden mucho en desposarse.

-Y como no hay dos sin tres...

-Niña, tienes que olvidarte de don Felipe.

Vuestros caminos se han separao, y así debe ser, hija.

-Sí, supongo que sí.

Me tengo que ir, voy a comprar el pan.

¿Es la primera vez que estás en un estudio de pintura?

-Nunca había visto tantos instrumentos de dibujo.

-Siempre pensé que con una libreta y un carboncillo era suficiente.

-Eso quiero decir que nunca has pintado al óleo, ¿verdad?

-No. Nunca he tenido la oportunidad de coger un pincel.

-Bueno, pues a partir de ahora, los lápices y los carboncillos

solo te servirán para perfilar el dibujo.

-Lo que usted diga.

-Voy a preparar los pinceles y comenzamos.

No, no, no lo destapes, por favor.

Es uno de mis trabajos y no me gusta mostrarlos inacabados.

-Perdóneme.

-No, no pasa nada. Acércate.

Trabajaremos sobre el lienzo en blanco.

Estudiaremos la figura humana.

Supongo que estarás familiarizada con ella.

-Sí, he hecho algún retrato para familiares y amigos.

-La figura humana no solo es un rostro con un cuerpo,

es movimiento.

Deseo, desesperación, dolor, todo tipo de emociones.

Desde la antigüedad clásica

a los grandes maestros se han servido de ella.

¿Conoces el Louvre?

-En París. -Sí.

Mira.

Allí se encuentra esta maravilla,

la Venus de Milo,

figura icónica del arte antiguo.

-Esta señora está... desnuda.

-Es la representación

de la antigua diosa griega Afrodita, deidad del amor

y... de la belleza.

Y, sí, está desnuda.

-Muy desnuda.

-¿Qué hay de malo en el desnudo?

¿O conoces a alguien que haya nacido con ropa?

-No, supongo que no. -No.

La representación del cuerpo humano desnudo

es uno de los mayores logros de todas las épocas

en la pintura y la escultura.

¿Te atreves?

-Lo intentaré. -Bien.

-Aunque no sé por dónde empezar. -Para eso estoy yo aquí,

para que te familiarices con los pinceles.

Verás como acaban siendo una extensión de tu propia mano.

-No sé, ahora me dan un poco de miedo.

-Miedo no, hay que tenerles respeto, nada mas.

Ven por aquí.

Comenzaremos poniendo los colores en la paleta.

Mira, estos son los colores primarios:

azul, amarillo, magenta, blanco

y negro.

Los colocaremos de oscuro a claro.

¿Lo ves?

Continúa, que voy a por una bata.

Esta es para ti.

-¿Esta? -¿No te gusta?

-Sí, sí, sí. -Mira, esta es la mía.

Era bien tarde cuando regresaron del hospital.

Don Felipe me pidió que ayudará a la señora a acostarse,

que con el brazo en cabestrillo, apenas puede hacer nada.

-Sin Úrsula en casa, doña Genoveva está desamparada.

-No tanto, Carmen, para eso estoy yo.

Ponme... un poco de mermelada y unos pimientos.

-¿La ha visto usted hoy?

-A primera hora, por orden de don Felipe.

Le preparé el desayuno y la ayudé a vestirse.

La pobre ha pasado muy mala noche por culpa del brazo.

-¡Menudo trompazo que se debió de dar!

-Eso parece, que ya es mala suerte caerse

mientras todos los vecinos la esperaban abajo.

-Ramón me ha comentado que Felipe iba a hacer oficial su relación.

-Sí. Lolita, ponme también unas rosquillas.

(Música)

-Voy a llevarme ese gramófono y lo voy a tirar bien lejos.

-Templa, Lolita, que no son maneras.

-¿Y las de la Marcelina sí lo son?

Desde que he abierto, está la música puesta.

-La verdad es que la musiquita se las trae.

-No solo molesta, Carmen, es una tortura china,

que tengo la cabeza como un bombo.

-Como Marcelina no entre en razón, aquí va a pasar algo.

-Recuerde lo que dijo ayer,

que en su puesto manda ella, y santas Pascuas.

Pero eso no es todo, sigue despachando altramuces como si na.

-Debería pensar en el resto.

-Dígaselo usted, que a mí no me hace ni caso.

Ha decidido que no va a comprar aquí.

-No te alteres, Lolita.

Marcelina es como es, y poco hay que hacer.

-Es cuestión de tiempo,

seguro que no aguanta mucho con tanto trabajo.

-La que no sabe si voy a aguantar soy yo, cada vez me siento peor.

-Olvida a Marcelina,

hazme caso. -Si no es solo ella.

No pego ojo por las noches, que tengo unos ardores...

Y los retortijones me traen por el camino de la amargura.

¡Esto parece un vía crucis!

-¿Has ido al médico? -Sí.

Dice que es normal.

-Claro que es normal. ¿Sabes qué te pasa?

Que estás muy sensible y todo te afecta.

-¿Todo, Carmen?

Que tiene la música puesta hasta que cae el sol.

-No te obsesiones, mujer.

-Mire, porque me cuida mi Antoñito, que si no, me tiraba de un puente.

Voy a ver si me da el aire y me despejo.

"¿Estamos abrazados para no vernos nunca separados?".

"Antes la muerte que de ti separarme y que perderte".

¿Qué? ¿Ensayando la obra en alto?

No, solo quería saber cómo sonaba.

¿De qué trata? Déjemelo.

De amoríos desgraciaos.

¿Y no había nada más alegre?

Tome.

Me he estado informando sobre la compañía

y me ha impresionado su nivel artístico.

Según usted, eran profesionales, ¿no?

No solo han actuado en los principales teatros del país,

han hecho una gira por el extranjero.

Eso es bueno, ¿no? No lo sé.

No lo sé, no estoy seguro de estar a su altura.

Que sí, de lo contrario, el director no le habría dicho nada.

¿Y si en la prueba me piden algo que no sé hacer?

Ni siquiera sé en qué consiste. Como si eso le importara.

¿No estará preocupado por lo de ayer con Margarita?

No, hija, no, esto no tiene nada qué ver con tu madre.

Pues no le dé más vueltas.

Por probar no pierde nada.

Ahora que ha descubierto su talento oculto, debe ir a por todas.

No se hable más.

Haré la prueba y que salga el sol por Antequera.

Claro.

-Aquí estáis los dos.

-Mari Belli, ¿cómo te has levantado hoy?

-Con más culpa que Pilatos,

que no tengo perdón por haberos engañado de esa manera.

No se preocupe, yo ya la había perdonado.

Jose, la angustia no me dejaba vivir,

tenía que hablar con Margarita como fuera,

decirle que su accidente no fue culpa mía.

-Deja de martirizarte, seguiste a tu corazón y metiste la pata.

Nosotros ya te hemos perdonao, así que olvídalo.

-Ay, desde luego, no os merezco.

¿Y tu prueba, Jose? ¿Cuándo es?

-Calla, calla, a la espera estoy.

He estado leyendo la obra pa que no me pille desprevenido.

"Don Álvaro o la fuerza del sino".

Le he escuchado, y no vea lo bien que dice el texto.

-Anda ya, solo leía en alto.

Imagínese cuando lo interprete.

-Lo contenta que me pone escuchar eso.

-Pues yo no las tengo todas conmigo.

Mari Belli,

son muy buenos y profesionales,

y yo acabo de empezar en esto, no... -Escúchame.

Vas a ir a esa prueba y los vas a encandilar,

que pa eso tienes más arte que seis toreros.

Ole.

(Puerta)

Aquí tiene la medicación.

Tome.

Gracias.

¿Cómo se encuentra hoy?

Cansada.

El médico ha insistido

en que tiene que descansar,

y doña Genoveva quiere que siga sus instrucciones

al pie de la letra.

Así lo haré.

No es la única que está mal,

su señora tuvo un accidente ayer por la tarde.

¿Qué le ha ocurrido a doña Genoveva?

Parece que se cayó,

aunque no acierto a entender cómo.

Se lastimó un brazo

y lleva un cabestrillo.

¡Qué fatalidad! ¿Cómo se encuentra?

Inquieta, pero bien.

Esta mañana la ayudé a vestirse,

aún no se apaña sola.

Tengo que ir a verla. Vuelva a la cama

y no haga tonterías.

Ya le he dicho que está bien, solo requiere algo de descanso.

No me parece buena idea alterar su reposo.

No la molestaré,

solo quiero comprobar que está bien, luego me iré.

Tendrá que esperar.

Doña Genoveva me ha dado instrucciones precisas

de que siga en la cama, en el altillo.

Si la ve, se enfadará.

Tiene razón,

es mejor no contrariarla. Hágame caso

e intente descansar.

Ojalá pudiera,

pero lo que me ha contado de mi señora me inquieta.

No tiene por qué,

ya le he dicho que está bien.

Gracias, Agustina.

Muchas gracias.

Vamos.

(EXHALA)

Siento la espera. Su visita me ha pillado desprevenido.

Estábamos resolviendo unos asuntos. -Señorita Zaldúa.

-Hola.

-Siéntese, por favor. ¿En qué puedo ayudarla?

Quería informarle de que una de las ventanas del estudio no cierra bien.

No me molesta, pero prefiero arreglar el asunto

antes de que lleguen los fríos. -Ha hecho muy bien.

Avisaré cuanto antes a alguien.

-Muchas gracias.

Ojalá los caseros parisinos fueran tan considerados como usted.

-¿Qué tal se ha instalado? -Estoy encantada.

A pesar de ser una planta baja,

tiene una luz magnífica para dibujar y pintar.

-Me alegra saber que se encuentra cómoda.

-Más que eso,

tengo una nueva alumna y paso mucho tiempo allí.

-¿La joven del Nuevo Siglo XX?

-Sí. Camino Pasamar ha empezado a tomar clases conmigo.

-Algo me comentó su madre, doña Felicia.

Coincidimos en una reunión frustrada y aprovechamos para ponernos al día.

-¿Reunión frustrada? ¿Ocurrió algún contratiempo?

-Nada grave, afortunadamente.

Don Felipe tuvo que posponer la presentación de su relación

con doña Genoveva.

-Espero que solo sea posponer y no anular.

Los asuntos amorosos

siempre traen complicaciones.

En fin, no les molesto más.

-Todavía tenemos tiempo antes de la conferencia en el Ateneo.

-Ah, ¿y sobre qué trata la conferencia si no es indiscreción?

-Un tema más aburrido que el arte, es algo más terrenal,

sobre los avances tecnológicos de Thomas Edison

en la industria del automóvil.

-No hay campo que ese hombre no abarque con sus inventos.

-Pues puedo decirles de primera mano

que esa incursión va a dar mucho que hablar.

-Pensaba que lo suyo era más los dibujos y las ilustraciones.

-Lo mío es todo lo que tenga interés, señor Palacios.

No me encasille.

-No pretendía molestarla.

-Uno de mis mejores amigos en París,

es un ingeniero americano que trabaja en la factoría Ford,

en los EE. UU..

Según él, Ford y Edison han puesto en marcha un proyecto conjunto

para crear automóviles eléctricos. -¿Es eso posible?

-Sí, claro, y mucho más.

Con las mejoras introducidas por Edison en las baterías,

los automóviles tendrán una mayor autonomía.

-Es usted una caja de sorpresas.

-Bueno, pues dicho esto, me marcho.

Tengo que entregar la portada de una revista parisina

y quiero darle los últimos retoques. -Ha sido un placer.

Solucionaré el problema de la ventana cuanto antes.

-Muchas gracias. Señores...

-Le acompaño a la puerta.

Con Dios.

-De tal tío,

tal sobrina.

Sí, es una mujer muy interesante y agradable.

Da gusto hablar con ella.

Ay... ¿Te has dado cuenta? Qué paz.

Marcelina ha apagao la música.

Estoy sorda de tanto silencio, ¿tú no, hija?

Marcia, ¿qué barruntas?, que estás tan ausente.

¿Eh? Nada, solo cosía.

Ah.

Mucho pensamiento para tan poco zurcido.

-El pantalón tiene tantos remiendos, que la tela clarea.

-Luego preguntaré a ver si te puedo conseguir uno.

Por muy mal que esté, no será peor que este.

-Gracias, Fabiana, es usted muy amable.

-¿Va todo bien?

-Pues...

-Santiago. -Buenos días.

-¿Ya está de vuelta? -Sí.

Salí antes de que pusieran las calles.

Menos mal que he liquidado pronto el trabajo y he podido volver antes.

-Poca queja tendrás de tu marido. Trabajador y atento,

que se podía haber quedado de picos pardos.

-Lo sé.

-Tengo buenas noticias para ti.

Acabo de cruzarme con Lolita

y puedes empezar a trabajar con ella.

-¿En la mantequería? Anda, qué bien.

-Solo irá cuando Lolita se sienta cansada o molesta por el embarazo.

-Lolita es muy buena gente, mejor trabajo no va a encontrar.

Contenta tendrías que estar, Marcia.

-Lo estoy, Fabiana. Gracias, Santiago.

-Bueno...

Deja eso y vamos juntos al mercado y compramos algo para comer.

Elige lo que te apetezca y yo lo cocinaré.

Lo que sea,

un pescado, una carne...

-No estamos para gastar, Santiago,

además, tengo mucha tarea pendiente.

Este pantalón, la plancha para entregar,

podemos comer cualquier cosa aquí.

-Como quieras.

-Otro día, ¿eh?

Tengo algo que puede animarnos a todos.

-¿Ah, sí, qué es?

-Unas cartas.

-¿Desde cuándo manejas así los naipes?

-Los días en prisión son largos y los entretenimientos escasos.

Mi compañero de celda, además de carterista,

era un gran mago. -Vaya,

mala forma de dar salida al talento.

-Me enseñó algunos trucos, ¿queréis ver uno?

-Sí, sí, sí, venga.

¡Toma ya!

-Fabiana, mire en su faltriquera.

-¿Qué?

-Al...

¡Oh! -¿A ver?

-Pero...

-Mira por dónde, la reina de corazones.

(Música)

Aquí tienen, les echan un ojo y me los devuelven.

Si los quieren más tiempo, me los compran.

Ahora le traigo El Adelantado y a usted el Noticiero.

¿Se puede saber qué haces?

-(EXHALA)

Si no quieres por las buenas, habrá que tirar por las malas.

-¿Ande vas, loca? Deja eso ahora mismo.

¡Que no toques mi gramófono!

-¡Marcelina, estoy de los nervios por culpa de tu música!

Voy a tirar este cacharro por el barranco.

-Quieta, que llamo a la autoridá. -Deja, deja, que la llamo yo.

¡Policía, policía!

-Pero ¿qué haces?

-Pedir ayuda,

que esto es peor que cien cañones.

No se puede vivir con ello puesto todo el día.

-¿No os da vergüenza?

-La loca esta se quiere llevar mi gramófono.

-Mira, loca tú, por culpa de tu música.

-A los clientes les gusta.

-Será a los tuyos, que los míos salen espantaos tapándose los oídos.

-Anda y que te ondulen.

-Baja la voz, Marcelina, que está to el barrio pendiente.

-La voz y la música,

que tu señora esposa se cree la dueña de to.

-¿Yo? ¡Has sido tú la que ha venío hecha una hidra!

-Porque me has provocao. -¡Yepa ya!

Ya está bien.

Lolita, vuelve a tu negocio.

-Eso. -¿Qué?

-(ASIENTE)

-¿Y la música? -El gramófono me lo llevo yo.

-Pero Jacinto... -Chist.

Lolita, a la mantequería.

Eh, eh, eh...

La pieza.

Na.

A ver, los que estáis aquí, hala, pa casa, todos pa casa,

que se ha acabado el espectáculo. Vamos, vamos.

Va, va. Venga, venga, va.

(SUSPIRA)

Tú, con lo bonica que eres, anda que no eres borrica ni na.

-Encima tengo yo la culpa.

-¿Quieres enemistarte con los vecinos?

-A la gente le gusta la música, Jacinto.

Pero no to el día, Marcelina, que ni la siesta respetas.

Como se tuerza un señor, me quedo sin jornal

y los dos fuera de la portería. -¡Anda ya!

-No tentemos a la suerte, que nos mandan de vuelta al pueblo,

y no te veo ordeñando.

-No, no, no, no hace falta que te lo lleves.

¿Segura?

-Te prometo que no lo voy a poner más.

Queda tranquilo.

Eh.

Jose Miguel Domínguez Chinarro.

Padre, es usted. Mucha suerte.

Démelo, démelo.

(EXHALA)

-Buenas, nos gustaría que recitara un monólogo.

-Un monólogo... del duque de Rivas.

-¿Qué tal el "Ser o no ser" de Shakespeare?

¡Qué suerte!

-¿Hamlet?

Un segundo. Voy a intentarlo.

"Ser... o no ser,

he aquí la cuestión."

"¿Qué es más elevado para el espíritu,

sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna

o tomar armas contra el piélago de calamidades

y, haciéndoles frente, acabar con ellas?".

"Morir,

dormir; no más".

"Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón

y a los mil naturales conflictos

que constituyen la herencia de la carne".

"He aquí un término devotamente apetecible".

"Morir,

dormir,

tal vez soñar".

-(APLAUDE)

Ha estado excelente.

-Entonces, ¿estoy dentro?

Eh, ¿adónde vas con eso?

-A llevarle el pedido a Maite, que un mozo me ha dejao plantá.

-¿No pensarás llevárselo tú?

-Me va a ayudar la Carmen, ¿verdad?

-Olvídate, ya se lo llevo yo.

¿Qué es, la caja grande?

-Pero si nunca has hecho de mozo en la mantequería.

-Pues nunca es tarde, ¿no?

-Efectivamente, nunca es tarde. Más vale tarde que nunca.

-No sé, se me hace raro tanto interés en hacer de mozo.

-Es interés en proteger a mi mujer y a mi hijo,

¿eso te parece raro?

-Anda. -Será la falta de costumbre.

-Será.

Adiós, cariño. Sí que pesa un poquito.

-No te amostaces, Lolita. Antoñito solo quiere ayudar.

-Entonces, ¿no le parece raro? -Todo lo contrario.

Deberías dejarte ayudar más,

te crees que puedes con todo, pero eres humana.

-Y tanto.

Conmigo siempre se ha portado bien, incluso generosamente.

Si quieres una explicación, te la daré.

Úrsula tuvo problemas con sus hijas y se encariñó de manera enfermiza

de un párroco que tuvimos. ¿Enfermiza?

Se creyó una madre para él, pero de una manera obsesiva y peligrosa.

Quizá seas tú ahora el centro de sus afectos.

Esto tiene que acabar.

¿Me decías algo?

No, nada.

¿Qué me traes?

Un vaso de leche y un trozo de bizcocho que encontré.

Tienes que merendar.

No deberías haber preparado nada, no eres un criado.

Se me hace raro verte de esta guisa.

Espero que no me reste atractivo. Sabes que eso es imposible.

Hagas lo que hagas, no hay hombre mejor que tú.

Deberías comer algo caliente.

Es una pena no poder contar con Agustina esta tarde,

tenía trabajo pendiente.

Dudo que la comida de Agustina me siente mejor que tu presencia.

Gracias... por estar junto a mí.

Es un placer hacer cualquier cosa por ti.

¿Te duele?

Un poco, pero no te preocupes.

Felipe,

deberíamos retomar el anuncio de nuestra relación,

me gustaría formalizarla cuanto antes.

Tranquila,

no tengas prisa, eres la mujer con la que me quiero casar.

Mi corazón te pertenece.

Lo importante es que te recuperes.

Ahora, he de marchar. ¿Ya?

Pensé que te quedarías conmigo toda la tarde.

Tengo trabajo pendiente, pero volveré lo antes posible.

Úrsula. Buenas tardes.

¿Qué hace aquí?

Al bajar, vi la puerta de servicio abierta

y me he permitido entrar para interesarme por mi señora.

¿Cómo se encuentra?

Un poco dolorida del brazo, pero bien.

Marcha tranquilo, luego hablamos.

No se quede mucho, la señora necesita descansar.

Así lo haré.

No quiero que vuelva a pisar esta casa.

Está despedida y la quiero bien lejos.

Veo que la caída no ha minado sus fuerzas.

Váyase ahora mismo o la denunciaré por agresión.

No se engañe, no tiene cómo demostrar nada.

Nadie la creerá.

Le recuerdo que Agustina la vio entrar en mi casa.

Agustina no hablará en mi contra.

Es una buena amiga, no una traidora como usted.

¿Amigas... ha dicho?

¿Ha olvidado que fue usted quien la abocó a tirarse por la ventana?

Que yo sepa, las amigas no hacen eso.

No pienso repetírselo más. ¡Fuera de mi casa!

No vuelva nunca más.

¡Fuera!

Se lo diré por última vez.

No pienso irme.

¿Me está retando?

Usted y yo tenemos un acuerdo.

Si no lo cumple,

dedicaré el resto de mi vida a recordárselo.

No le será tan fácil escabullirse.

Cumplirá lo acordado como que me llamo Úrsula Dicenta.

Es usted una demente.

(RÍE)

¿No ha oído hablar de la lucidez de los locos?

Bienvenida a mi mundo.

Te quedará fenomenal.

Sí, guapísima.

Desvístete y póntelo. Tienes ahí un espejo.

-¿Aquí? -¿Te da vergüenza?

Recoge el gramófono, pero deja las sillas.

-¿Y pa que se van a sentar los clientes, pa tomar el sol?

-Tú les regala limonada, verás cómo te compran altramuces,

diarios o lo que les quieras vender.

Vamos a convertir la zona de relajación musical

en zona de relajación refrescante.

Ayer escuché a doña Genoveva

que iba usted a dejar de trabajar en su casa.

Tiene que encontrar otro trabajo. No voy a hacerlo.

Doña Genoveva

no puede tirarme a la basura como si fuera un viejo trasto.

Camino, ¿qué haces? Tienes la terraza sin atender.

-Disculpe, he sido yo, que la he distraído.

-Cada cosa a su tiempo, ahora hay que trabajar.

No quiero pedirle a Camino

que deje las clases.

Que si "Maite es mu maja",

que si "con Maite se puede hablar de to".

Que si Maite por aquí, Maite por allá.

-Lolita, por el amor de Dios, ¿te vas a poner celosa ahora?

Que Antoñito te adora.

-Carmen, los hombres te adoran hasta que dejan de hacerlo.

-¿Pues sabes qué te digo?, que si quiere guerra, la va a tener.

Tengo una idea. -Dígame, que yo la apoyo.

-Con cada consumición, regalaré el periódico.

-Yo también. -Usted, con posibles

podría estar de los más pinturera.

Me gustaría verla vestida con ropas de dama,

debe parecer usted una reina.

¿Una actuación?

-Sí, benéfica, para recaudar fondos.

-¿Se ha vuelto loca?

-Escúcheme.

Si le parece bien, acepte,

y si no le parece bien, yo marcho y aquí paz y después gloria.

No es capaz de ver más allá de sus mezquinos propósitos.

Tengo una mala noticia,

sus días están contados.

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Acacias 38 - Capítulo 1136

11 nov 2019

El enfrentamiento entre Úrsula y Genoveva no termina en tragedia porque Felipe llega al principal preocupado por el retraso de la señora a su cita en el restaurante. Úrsula huye dejando a Genoveva con una lesión en el brazo, pero Genoveva no le cuenta la verdad a Felipe.
La llegada de Margarita al piso de los Domínguez obliga a Bellita a contar la verdad: ella localizó a la mujer y le envió comida arrepentida de haber sido la culpable indirecta de haber terminado con su carrera como cantante. Margarita rechaza su caridad y Bellita se siente peor todavía.
Camino comienza las clases de dibujo. Esta fascinada con el mundo de la pintura y con Maite.
La guerra entre Lolita y Marcelina termina cuando Jacinto obliga a su mujer a apagar el gramófono. Parece que por fin habrá paz entre ambos negocios. Aunque Lolita tiene una nueva preocupación, le escama la cercanía entre Antoñito y la sobrina de Armando.
La noticia de que Felipe va a formalizar su relación con Genoveva duele a Marcia. Al ver triste a su mujer, Santiago empieza a darse cuenta de sus sentimientos por Marcia.
Jose se presenta a la prueba para el papel de obra de teatro ¡y triunfa!
Úrsula vuelve a enfrentarse a Genoveva, o mantienen su alianza o se arrepentirá para siempre.

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  1. Eva

    Pero que pena pensé que no habiamos librado de genoveva, me resulta raro que Ursula haya fallado, y como la otra la siga chusiando le va a sacar la cabeza y por fin, Marcia y Felipe podrán ser felices. Espero que Felipe se entere todo lo que ha hecho esta bicha para separarlo de su amor y que Santiago fue su cómplice. a ver si por una vez se descubre el pastel ..

    12 nov 2019
  2. Emilio

    Las miradas de Ursula a su señora ... sus gestos ... ¿no ha oído hablar nunca de la lucidez de los locos?. Es fantástica esta mujer!!!

    11 nov 2019
  3. Victoria

    Las alucinaciones de Ursula nos han "traído" a Cayetana y claro, este personaje tiene sus admiradores y sus detractores. El personaje de Cayetana fue extraordinario pero recuerdo que, cuando estaba en auge, la cantidad de comentarios en todas partes que clamaban porque el personaje pagara sus crímenes y desapareciera fue tremenda, luego no entiendo por qué ahora muchos quieren que regrese. Lo mismo pasa con Ursula, todo el mundo quiere que desaparezca, que "pague" sus crímenes pero yo estoy encantada con ella, sobre todo ahora, a ver si ayuda a la felicidad de Marcia, haciendo algo que nos "destierre" a "su señora" y a Santiago y Libere así a Felipe (aunque ahora mismo no se lo merece) de una vida que ni se imagina al lado de la "pseudoCayetana". Por cierto, me encanta Montse Alcoverro es una actríz extraordinaria y muy versátil.

    11 nov 2019