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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1134 - ver ahora
Transcripción completa

Falso. Entre Genoveva y yo no hay nada.

No es una relación formal. No seas cínico, Felipe.

No hace falta que formalices nada para dormir con ella cada noche.

¿No es lo mismo que lo que tú haces con Santiago?

Felipe, Santiago es mi marido, (RÍE)

...me debo a su... ¿Lo encuentras divertido?

Sí, me parece gracioso.

Entonces, no tenemos nada más que hablar.

¿Música de Brasil?

-Justamente eso.

A la gente, a la gente fue la que más le gustó.

Tiene que hablar con don José. -No creo que sea necesario.

-Debe de ponerle en aviso de que va a ir a visitar

a la esposa del malnacido de Alfonso Carchano.

-Las chuletas del otro día no eran de la Remigia.

-La oveja seguía saltando por el campo y paciendo en los prados.

voy a probar suerte otra vez en los escenarios.

Eso es una gran noticia.

Haremos algo a media tarde, un picoteo, algo español,

para darle la bienvenida. -Le estoy muy agradecida,

estoy deseando conocer a todo el mundo.

Me han propuesto el papel del rey de Judea,

na menos que el protagonista de la obra.

Enhorabuena, padre.

Tiene el camino libre.

Pobre ilusa, no te necesito para alejarte de Felipe,

él ya no siente nada por ti.

¿Y a qué ha venido si está tan segura?

A dejarte las cosas bien claras, piojosa.

Me da curiosidad ver el lugar donde trabaja una artista.

-Puede visitarme cuando quiera.

De hecho, he invitado a su marido.

-¿Ah, sí?

¿Doña Cayetana? Sabía que era usted eterna.

Sabía que no había muerto en aquel incendio.

El fuego se combate con fuego.

Estaba convencida de que volvería.

-Es mu gordo lo que le está pasando.

Al igual que usted, la veo cada vez peor.

-Una mujer que dice que ve difuntos,

no puede estar en sus cabales.

Santiago, ¿qué está pasando?

-Estoy preparando una cosa y he pedido ayuda a algunos.

-Así que, ¿ella es su hija? -Sí.

-Encantada. Soy Maite.

-Encantada.

Nunca le voy a perdonar en lo que ha convertido mi vida.

Fuera. ¡Fuera le he dicho!

No está usted en sus cabales.

¿No me ha escuchado? ¡Ya no tiene ningún poder sobre mí!

¡Estulta!

¡Úrsula, suélteme! ¡Úrsula, Úrsula, Úrsula, quieta!

¡Quieta, por favor, quieta, Úrsula, quieta!

¡Temple, por favor! ¡No me escucha!

¡¿Qué cree que está haciendo?! ¡No me escucha!

¡Quieta, quieta, ¡No, no!

o me veré obligado a actuar con contundencia!

Suélteme.

¿Por qué me mira así?

¿Qué ha pasado?

Ha vuelto usted a perder la cabeza.

No es posible. Sí lo es.

Ha perdido la noción del tiempo y la decencia, ¡y yo la paciencia!

Cierto es que... me siento como,...

como si despertara, como...

si despertara de una pesadilla.

Don Felipe,

¿he dicho algo inconveniente?

He visto cómo agredía a su señora.

Lo siento. No, no lo siente.

Se acordará o no, pero no lo siente.

Suba al altillo de inmediato. No me haga esto, señora.

Yo no soy, el médico le ha recomendado reposo,

así que suba y no baje hasta que decidamos lo contrario.

Vamos.

Vamos.

(SOLLOZA)

¿Estás bien?

No deberías tener tantas contemplaciones.

Hace días que tiene orden de permanecer en el altillo.

No estamos hablando de una criada indisciplinada, te ha agredido.

No es para tanto.

¡Podría haberte hecho daño! Déjalo.

Puede que desde fuera parezca más grave de lo que es,

pero no me he sentido en peligro. No conoces a la verdadera Úrsula.

No la conoces.

¿Pretendes que tenga miedo de una criada?

Es muy peligrosa, créeme.

De acuerdo.

La pondré en su sitio. Buscaré el momento.

Abrázame.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Necesita algo más? -¿Qué?

-Ya es tarde, señora.

-¡Ah, sí, sí! Sube a dormir, sube.

-Cuéntemelo, señora.

-No hay nada que contar.

-Le he mentido a don José cuando me ha preguntado por usted,

no tiene a nadie más con quien hablarlo.

Sería mejor que lo soltara y se aliviara un poco.

-Ay, Arantxa.

Viven en la miseria.

-¿Margarita?

-(ASIENTE) Y su marido.

-¿A qué le llama usted miseria? Porque de eso hemos visto mucho.

-Tienen techo, eso sí, pero es un cuartucho mugriento.

No pueden pagarse nada mejor.

-Pero sí tenían dinero para hacerle la pascua a usted.

-La película les ha arruinado.

La película

y no poder exhibirla después como tenían previsto.

-¿Y eso la atormenta?

¡Que no se hubieran metido en berenjenales!

-Pero una cosa no quita la otra.

-¿Cómo que no?

O sea, que ellos se gastan los cuartos en calumniarla a usted,

en buscar su ruina,

la de usted, digo,

y luego, como le sale mal el lance, encuentran la suya,

o sea, la de ellos, no la de usted, digo, la ruina.

-Yo no lo hubiera podido explicar peor.

-Menos guasa, que ya me entiende, señora.

-Las están pasando canutas.

-Se llama justicia.

Están pagando por sus malas acciones,

por tener intenciones muy sucias.

-Pero no me tranquiliza que ellos se lo hayan buscado.

-No has visto el cuchitril.

-Si quiere pedimos en el palacio que les cedan un ala.

-Mujer, si sé que tienes razón,

pero yo no dejo de sentirme culpable.

-¡Qué disparate! Lo que me faltaba por oír.

¿Culpable usted, que no ha hecho más que recibir insultos?

-En cierto modo, tienen razón. Bueno, Margarita la tiene.

-¡Pero ¿por qué?!

Usted no se cruzó en su carrera, ni le debe a ella la suya.

-Ya, eso es verdad. Pero míralo desde su punto de vista.

Sin que medie voluntad, el caso es que por pitos o por flautas,

yo siempre estoy alrededor cuando le pasa algo malo.

-Ahora no estaba usted alrededor de nadie.

Ese pillastre de don Alfonso

bien que vino aquí para embaucar a las niñas y a usted.

Si le ha salido el tiro por la culata,

que se arrope y sude.

-Yo lo tengo todo, Arantxa.

Podríamos añadir a la memoria oficial

un párrafo a modo de colofón,

que permitiera vislumbrar que la iniciativa

de la repatriación se convertiría en una institución permanente.

-Siempre que las aportaciones económicas sigan llegando.

-Sería una forma elegante de solicitar esas aportaciones.

-Y a los soldados les daría esperanza.

-Que buena falta nos hace a todos.

Yo podría redactar ese colofón.

-No se me ocurre nadie mejor.

-Hecho entonces. -Y cambiando de tema,

¿han coincidido ya con la señorita Zaldúa?

-Es una mujer de su tiempo. De su tiempo de París,

claro, que aquí no faltará quien la ponga de vuelta y media.

-¿Ya la llama por su nombre de pila?

-Pues sí que es campechana la afrancesada.

-No tanto campechana,

no, es familiar, eso es, familiar, cercana,

no pone barreras en el trato. -No es elitista, no.

Te trata con cercanía, simpatía y afecto.

Le gusta a la gente, eso se nota a la legua.

-Y está al día de todo.

Puedes hablar con ella de todo, como con otro hombre.

-Como si ellas tuvieran algo que envidiarnos.

-Lleva usted razón, don José,

pero en parte también la lleva mi hijo,

porque la señorita Zaldúa puede de hablar

hasta de política internacional, y con mucho criterio.

No me negará que no es cualidad muy extendida

entre nuestras mujeres.

-En Francia, todos pueden hablar de lo que sea,

incluidas las mujeres.

Y los obreros.

Como es una república...

-También nos habló de Francia, sí,

de París, concretamente.

-La ciudad de la luz

y, sin duda, en estos momentos,

la capital europea del arte y la cultura.

-Ella lo sabe todo sobre París.

En su rama, claro, en el arte.

Estuvo hablando horas de la vanguardia artística.

Impresionistas,

cubistas, expresionistas, Monmartre...

-Y lo mismo se codea con aristócratas mecenas,

que con artistas que están a la cuarta pregunta.

-Muertos de hambre, como mi mujer y yo cuando empezábamos.

¡Qué tiempos!

Les aseguro que no me importaría volver a pasar gazuza,

si me volvieran las ganas y el empuje.

-Ella podría ayudarle en eso,

porque rebosa energía por todos los poros de su piel.

-La fogosidad de la juventud.

Estoy de acuerdo con usted,

esa fogosidad compensa

con creces los errores que se cometen por inexperiencia.

-No se crea, don Ramón,

que Maite, a pesar de su edad,

ha vivido mucho, intensamente, diría yo,

y eso le ha abierto la mente.

-Eso y la república.

-De casta le viene al galgo. Siendo sobrina de don Armando

es natural que no deje indiferente a nadie.

¿No dice usted nada, Felipe?

No la he tratado mucho, pero estoy deseando hacerlo.

Parece que anima cualquier reunión, incluso en las que no está.

-Tiene razón, anoche fue el centro de atención,

y sin querer destacar, con naturalidad.

-Cierto. Hasta Emilio dejó de trabajar

y terminó sentándose a escucharla.

-Liberto, háganos un favor a mi hijo y a mí:

dígale a la señorita Zaldúa de nuestra parte,

que siempre será bienvenida a esta casa,

que puede venir cualquier día que lo considere oportuno.

-A mi casa también puede venir.

Podría llevarse bien con Cinta.

-Ya.

Así lo haré, pierdan cuidado.

¿Tenemos al músico?

-Así es.

Don José ha quedado en tantear a sus amistades

y conseguir un percusionista. -No vendría mal.

¿Les ha dicho que serán aires brasileños?

-Que sí, no se ponga usted ansioso.

-Agradecido. -¿Usted también está preparado?

-Estaré pendiente.

Si surgen quejas de los vecinos, haré porque no vayan más.

-Con eso tenemos lo principal.

-Usted preocúpese por tener unos cuartos para los músicos.

-No será necesario,

ya invitaré yo a los músicos a un café.

Los que vengan, lo harán por don José, no por las perras.

-Espero que a Marcia le guste.

-Le gustará. ¿A qué mujer no le gustaría?

-Marcia no es una mujer corriente.

-No se puede quejar de sus esfuerzos por tenerla contenta.

-No son esfuerzos, me sale de natural.

Nunca he querido tanto a nadie.

Nada me parece suficiente para ella.

-Eso está muy bien, y marca la diferencia.

-Hablando de diferencias,

¿qué les parece la señorita Zaldúa? A mí me ha ganado.

-Es mona, sí.

-No es por eso, no solo por eso.

Es una mujer de trato amable y cercano.

Le ayudé a llevar unas cosas al piso y no paró de hablar.

Como si fuéramos amigos o algo.

-¿Y de propina? -Muy generosa.

-En el restaurante nos trata con desenvoltura.

Aunque sea una artista, es toda una señora.

-Cuidado con lo que dice,

que su novia y su futura suegra son artistas.

-Ha sido un desliz, una forma de hablar.

Quería decir que se le nota la buena cuna.

-No me importan las buenas cunas,

es el corazón lo que tiene que nacer bueno.

No me fallen ustedes, ¿eh?

-Descuide. -Tranquilo.

"Entregad a los sacerdotes vuestros...".

"...vuestros sacrificios".

"Y...".

"Y...". ¡Nada, se me ha olvidado otra vez!

"Y deteneos en el patio...".

¡Ya, ya, ya! "Y deteneos... patatín, patatán".

"Y deteneos en el patio de los hijos de David

a contemplar las luminarias celestiales".

"Son las mismas estrellas,

y la misma luna 'calendaria'...".

"Candelaria". Eso.

"La misma luna candelaria de vuestras aldeas

o vuestras ciudades allende los mares, ¿verdad?".

"Ozú".

"Y viéndoos aquí, mi corazón se ensancha...".

No, no, déjalo.

Llevamos un buen rato dale que te pego.

Vamos a descansar. Aún le queda mucho.

Lo sé.

Ese monólogo es más largo que un día sin pan.

Los reyes de Judea eran más pelmazos que los de ahora, si cabe.

Creía que le gustaba su nuevo papel.

Y me gusta.

Es más lucido, y de texto más largo que el del pastor,

mucho más, dónde va a parar.

Pero es más difícil y de mayor responsabilidad.

Eso es un acicate para los actores. Que sí, que sí,

pero recitar todo eso a palo seco, sin una pausa,

es como ir al tajo. No te digo más,

que a veces estoy a punto de meter morcillas.

¡No sea usted tan holgazán!

Y de morcillas, las de Arantxa. Ah.

Yo le ayudaré a memorizar,

pero se tiene que aprender el texto muy bien.

Ah.

-Buenos días.

Qué sacrificado es el arte de Talía, ¿verdad?

-Lo que se le escape a usted...

Aquí estamos, intentando dominarlo.

Su papel ahora es el del rey de Judea,

y es más complicado que el otro.

A ese rey se le iba la fuerza por la boca.

-Tiene un papel, largo, ¿no?

-¿Largo? Como la Biblia en verso.

Pero tiene muchos matices. Sí, pero solo me fijo en lo largo.

Todos hablamos solos de vez en cuando,

pero es que ese menda se dejaba la vida en ello.

-Los monólogos son muy difíciles, pero muy agradecidos.

-A veces se agradece también un silencio.

-¿Sabe lo que debería hacer usted?

Estudiar a Shakespeare.

Así le cogería usted el tranquillo a los monólogos.

Es el autor de referencia para todos los actores.

-¿Sí?

-En Inglaterra, cuando un actor declama bien un monólogo,

le aplauden durante minutos y minutos, se viene abajo el teatro.

-Eso sí que es un público entendido.

¿Me recomienda usted alguna de sus obras?

-Hamlet, sin duda,

tiene los mejores monólogos del teatro.

-Muchas gracias. Le daré un repaso.

-¿Y tú, jovencita, has decidido ya si retomar tu carrera artística?

Usted será de los primeros en saberlo cuando me decida.

Aguardaré impaciente entonces.

Y no les molesto más, sigan con lo suyo.

Voy a mi paseo.

-Con Dios. -Con Dios.

-No le has dicho mucho al hombre.

Estoy todavía dándole vueltas.

El otro día, cuando fui al espectáculo del Cojo,

saqué algunas ideas que me rondan por la cabeza.

¿Va pa delante entonces?

Cuando lo tenga un poco más madurado,

buscaré sala de estreno.

¡Bien! ¡Así me gusta, canelita!

Sí, pero déjese de camelos, que se tiene que aprender el texto.

"Ozú".

¿De verdad los reyes de la antigüedad hablaban tanto

sin meterse un piscolabis? Digo.

No me lo creo.

Venga.

Pues sí, Agustina, yo no sé qué le habrá dao a mi señora,

pero quiere que le deje la plata como los chorros del oro.

-Será porque doña Rosina espera que la artista esa

le visite a menudo, y quiere presumir.

-La señorita... ¿Cómo es, Bulzatúa?

-Zaldúa. -Ah.

Sí, sí, será por eso.

-Crees que se quedará mucho tiempo?

-Entre usté y yo, cuanto más tiempo se quede, mejor.

Al menos pa mí, que me estoy ganando unas perras limpiando su casa,

piense usté lo que piense de ella.

-Yo no pienso nada,

solo que tiene un poco pinta de fresca.

-¿Y por qué lo dice usted, porque lleva pantalones?

-Porque no lleva faldas. Y no me repliques, que peino canas.

¿Es eso lo que te enseña la franchuta?

-Buenas. -Muy buenas.

¿No ha subido el sereno?

-¿Acaso ve usted el chuzo?

-Agustina, vaya humos. ¿Qué le pasa?

¿Vuelve a padecer por don Felipe? -Quiá.

Parece que se va asentando.

-Más le vale, porque si sigue bebiendo los vientos por Marcia,

va a pasar las de Caín y, lo peor,

se las va a hacer pasar a usted también.

-Buen, hoy se desengañará el abogado.

Tenemos una reunión para ultimar los detalles de la sorpresa

de Santiago a Marcia.

Hoy, esa pareja se consolidará.

-¿Novedades? -Las que usted traiga.

Por nosotros, to va viento en popa.

La de Santiago será una serenata que se recordará en estas calles.

-Por mi lado, todo bien,

solo que tengo que aguantar los nervios de Santiago.

Se ha tomado el día libre para preparar todo

y no hace más que dar el tostón.

-Me encantan las serenatas.

Me apuesto una rebanada de pan

a que Marcia se va a emocionar y va a llorar como una magdalena.

-Si vieras el ramo que he preparao.

-Y para remate, la cena que hemos preparado en la pensión.

Se van a rechupetear los dátiles.

-No será muy gozoso para don Felipe,

pero ya va siendo hora

de que se haga a la idea de que Marcia es una mujer casada y...

Casilda con la musaraña...

Dale, dale, que luego se queja doña Rosina.

Trae acá, que te ayudo.

-Buenos días. -Buenos días.

Doña Fabiana, tengo que ir a hacer unos recados.

¿Necesita algo?

-No te preocupes, hija,

vete, tú vete a hacer los recados

y echa la tarde paseando por lo regado,

que ya,... ahora mismo baja Servando a ocuparse de la pensión.

-Sí, sí, total, aquí no tengo nada que hacer.

-Ni yo. Yo solo pasaba por aquí.

-"Solo pasaba por aquí",

pero cuatro pisos más arriba.

¿Se creen que... me la van a dar con queso?

Están ayudando a Santiago a prepararme una sorpresa.

-¿Quiénes, nosotros? -Buah.

-Todos, sí. -¿Sorpresa? No.

-¿Alguien ha oído hablar de una sorpresa?

-Bueno, sí,

sí hay una sorpresa, sí, Marcia,

pero ni en el potro te diremos qué sorpresa es.

(RÍE)

-¿De dónde viene usted, Úrsula?

Debería estar en su habitación descansado.

Venga, vamos,

que la acompaño a su cuarto.

Mucha suerte ha de tener Úrsula

para que no se la lleven de nuevo al sanatorio.

Pasad, pasad.

-Solo veníamos a traerle el queso de Cabrahígo que me encargó.

Mire, mire. Espere.

Huela. -Uy, huele un montón.

Pero no me engañes,

tú no solo vienes por el queso, también vienes a pegar la hebra,

si no, ¿a qué viene Carmen?

-Yo he subido porque...

sé que a Lolita se le hinchan mucho las pantorrillas.

Además, no sabe usted lo que pesa el queso.

-Las excusas son como las posaderas,

todo el mundo tiene una. Sentaos y repasamos el barrio.

Lo primero que hay que comentar,

¿qué me decís de Maite Zaldúa? Lolita, tú, que eres más de pueblo.

-Siendo criá como lo he sido,

he de reconocer que se portó muy bien con Camino.

-Y cómo le dejo el tocado.

-El tocado no le importaba, ya lo dijo ella:

"que estaba pasado de moda".

-Otro gallo hubiera cantao si le desgracia los pantalones.

-A lo "garçon", que dicen los gabachos.

-¿A lo qué? -A lo masculino, quiere decir.

-No se te da mal el francés. ¡"Vive la France"!

(RÍE)

-Parece que le cae muy bien la señorita.

-Sí, sí, no digo yo que no.

Es casi, casi tan sofisticada como yo, ¿verdad?

Pero con algo más de desparpajo.

-Sí.

Digamos... un poco suelta.

con los hombres. -¡Ahí quería yo llegar!

Yo me muero por lo moderno, bien lo sabéis,

pero invitar a nuestros maridos a visitarla, me escama.

-Es que llueve sobre mojado. -¿Qué?

-¿Eh? Na, na.

-En principio no hay maldad.

Maite solo quiere enseñarles sus...

sus obras artísticas.

-Espero que no haga desnudos, como las estatuas de las fuentes.

No creo, no es tan clásica. Aunque no apostaría. ¿Y si sí?

Lo mejor será que acompañemos a nuestros maridos a visitarla.

-Pero ¿cómo, sin ser invitadas? -La invitación se nos supone,

estamos casadas con ellos, por el amor de Dios.

-El caso es que me cae bien la señorita.

-Y a mí, pero no voy a dejar que mi Liberto caiga en la tentación.

-Mujer, que van los tres.

Otra cosa distinta es que hubiera invitado solo a Liberto.

-¡Va solo Liberto, y le meto un estatuazo, que la mando a París,

hombre ya.

Pero me sigue gustando el aire de la muchacha.

-Si vamos, yo no podré decir ni esta boca es mía,

porque de arte no entiendo na. -Tú te pones a mi lado y aprendes,

que estás con una experta.

-¿En qué?

¿En arte?

-Te recuerdo que asistí con Susana a clases de pintura.

-Es verdad, que la pintaron a usted.

-¿No os parece que nos estamos curando en salud?

A lo mejor la muchacha es una buena artista

y solo quiere mostrar su talento a las fuerzas vivas del barrio.

-O puede que la viva sea ella, ¿eh?

-Yo voy sin prejuicios.

Si es una artista de verdad,

que me haga un retrato para el salón.

Me pondría mi mejor pedrería.

-Bueno, ¿qué, vamos?

-Sí, como una sola mujer.

"À bientôt, mes chers". -¿Qué dice?

-"Hasta pronto, queridas". -Ah.

-Y ya sabéis,

no soltéis a vuestros maridos hasta que salgáis del estudio de Maite.

(HABLAN EN FRANCÉS)

-Ay, ay, ay, despacito.

Ya está todo listo. Va a ser tan emocionante...

-¿Lo de Santiago? -(SUSPIRA)

Eso es saber tratar a una mujer.

¿Se puede saber qué haces?

Jacinto. -¿Qué?

-¿No habíamos dicho que no íbamos a seguir con el negocio?

Por llamarlo de alguna manera, claro.

-No es por los cuartos, es por Servando.

¿Qué pasa, que como ha perdido dinero,

quiere que lo perdamos nosotros? -No, que está mu triste.

-Pues que se compre un mono.

-Está triste por lo de la Remigia.

¿No le habíamos dicho que Remigia quería prestarnos

sus últimos servicios como chuletas?

-Servando no es pastor, como yo, es un hombre de ciudad,

no entiende lo embrollao que es el cerebro de una oveja.

-Pues que se vaya al campo y lo aprenda.

Mientras tanto, me vas quitando todos esos chismes.

-Espérate un momento. -Uy.

-Mira que eres buena persona.

-No como otras.

-¿Usted también está haciendo el buen samaritano con Servando?

-Mujer, no cuesta nada, que el hombre está muy alicaído.

-Mi marío y yo no tenemos que ayudarle a levantar el vuelo.

-Será un momento.

-Servando pasa por aquí y usted le dice

que ha sido muy buena idea lo de las sillas y la música

y el hombre se va tan contento.

-Es como un niño, Marcelina. -¡Haz lo que quieras!

A ver si ahora voy a ser yo la mala de la historia.

Pero luego no me vengas con arrepentimientos.

-Cesáreo, écheme una mano. -Claro, claro.

Vamos.

Ahí.

Eso es, justo ese día, cuando usted se fue.

En cuanto nos quedamos a solas, me dijo que no era conveniente

que anunciáramos públicamente nuestra relación. Se echó atrás.

Los hombres se ponen nerviosos

cuando tienen que dar el paso definitivo.

¿No han vuelto a hablar ustedes? No.

Pues no sé a qué esperan para encararlo de nuevo.

No quiero estropearlo, y es lo que conseguiría si demostrara ansiedad.

Ya entiendo.

Quiere que él vuelva por su propia voluntad.

Así es, aunque haya que darle un empujoncito.

Por eso quiero invitarle a una reunión en mi casa.

Vendrán todos los vecinos, Felipe incluido.

Es usted muy astuta.

Los vecinos les verán juntos y harán sus cábalas.

Entonces, don Felipe, para evitar murmuraciones

y por su propia reputación,

creerá que lo mejor será formalizar su relación.

Parece usted más astuta que yo.

(RÍEN)

Le echaré una mano.

Y yo se lo agradeceré.

Sea discreta para que no se percate de que nos hemos puesto de acuerdo.

Descuide, será como si nunca hubiéramos hablado usted y yo.

Si me disculpa, he de volver al restaurante,

tengo una pareja que quiere celebrar su cena de compromiso

y he de ultimar los últimos detalles.

Con suerte, será un ensayo para su propia cena con el abogado.

Dios la escuche.

Le acompaño a la puerta. Gracias.

Con Dios. Con Dios.

(Puerta)

Agustina.

-Vengo del altillo, señora, tal y como usted mandó.

¿Cómo está Úrsula?

Me he asegurado de que toma la medicación,

y yo diría que la dosis aumentada

la está mejorando.

Pero no la voy a engañar, señora,

bien, lo que se dice bien, no está.

Siga visitándola y téngame al tanto.

Para servirle, señora. Espere un momento.

Acompáñeme, por favor.

Llévele esto a don Felipe. Es una invitación para mañana.

Se la daré en cuanto le vea. ¿Podría usted servir las bebidas?

Debo preguntárselo al señor,

pero hasta el momento, nunca me ha puesto ninguna pega.

Si no, descuide, que le mando a dos criadas.

Muchas gracias.

Lo siento si te he interrumpido. No te preocupes.

Estaba ensayando para no oxidarme.

Tú no te oxidarías ni aunque durmieras a la intemperie.

Déjate de lindezas y dime qué quieres.

Un proveedor me ha dicho que en el café en el que estuvimos

están buscando cantantes para hacer los coros de los artistas en cartel.

No te molestes, te agradezco tu interés,

pero después de haber sido la Dama del Misterio,

hacer coros sería un retroceso en mi carrera.

Volver a los tablaos sería una forma de que volvieran a hablar de ti

en el mundillo. De hablar mal.

Insisto, muchas gracias.

Pero prefiero esperar y ser yo la que aparezca en cabecera.

Bueno, tú sabes más que yo en esto.

Cuenta conmigo sea como sea.

No me has dicho nada de la señorita que ha llegado al barrio.

¿Maite? Sí, estuvo cenando en el restaurante.

De hecho, lo ha convertido en su lugar favorito.

Un poco masculino eso de hacer de un bar tu paradero.

Bar no, restaurante.

Y, bueno, ella no es masculina,

es echada para delante y de trato muy llano.

Te gusta, por lo que veo.

Me parece interesante y de ideas muy novedosas.

¿Y de guapa?

Guapa.

¿Estás celosa? No.

Estás celosa. Que no.

Sí que lo estás. Que no, que me dejes.

Me gusta cuando te enfadas.

Tienes aquí un...

¡Que está mi padre!

-"Morir,

dormir, tal vez soñar".

"Sí, ahí está el obstáculo".

"Pues es forzoso que nos detenga el considerar

qué sueños pueden sobrevivir a ese sueño de la muerte,

cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida".

Qué alegre reflexión, padre. -¿Eso lo dice el Rey de Judea?

-No, el príncipe de Dinamarca.

El que no corre, vuela. ¿Está estudiando Hamlet?

Del William "Sakespeare".

Bueno, se dice... Shakespeare.

"Sespir". Shakespeare.

"Ses...". Bueno, "Sakespeare".

Me he comprado sus obras completas.

Y bien completitas que vienen.

¿Os importa que recite mi parte preferida?

-Faltaría más.

Por si acaso. Claro.

"Ser o no ser,

he aquí la cuestión".

"¿Qué es más elevado para el espíritu,

sufrir los golpes...

Y dardos. ...y dardos

de la insultante fortuna

o tomar armas contra el piélago de calamidades

y, haciéndoles frente, acabar con ellas?".

"Morir, dormir...".

No más.

(Aplausos)

Gracias.

Disculpe que cerremos pronto, pero tenemos un evento familiar.

-Que digo yo que habrá que ir preparando la serenata, ¿no?

-Ya estábamos recogiendo, ya. -Un poco pronto,

pero no queríamos que algún cliente pusiera el gramófono

y estropeara la serenata.

-Ya veo que habéis conservado mis innovaciones.

-A Marcelina le ha parecido de perlas.

-Una idea maravillosa, Servando.

-¿Qué te decía yo?

Tengo ideas adelantadas a mi tiempo. Soy como un profeta,

como un vidente.

Y luego decías que si enteraba Marcelina te la iba a montar.

Mírala, más contenta que unas castañuelas.

Y no ha sido la única que tengo. Tengo ideas para dar y tomar.

Vamos a ver, a mí me dejáis un día esto,

y no reconoceríais el quiosco. Ganaríais dinero a espuertas.

-Parece que se le ha pasado. -Chist, ¡calla, mujer!

-No, déjala, si tiene razón.

Ojalá

me viera la Remigia allá donde esté

y viera que su muerte no ha sido en vano.

Que su carne blanca

y silente ha servido para inspirarme.

Bueno, vuelvo a la pensión.

-Ahora nos juntamos con usté.

¿Ves, ves, ves?

Ya podemos desmontar el tinglao. -Ah, no.

De eso na.

-Lo hacíamos pa animar a Servando.

-Pero resulta que hemos ganao dinero.

-¿No era ruinoso? -Antes de que yo mejorara la idea.

Les he cobrao cinco céntimos por silla a cada cliente.

-Claro, cobrando, es fácil.

-Y pa picar, altramuces y berenjenas, que dejan margen.

-Con lo que renegabas de Servando.

-Estaría dispuesta a escuchar esas otras ideas que dice que tiene.

-Bueno, pero con tranquilidad.

La mirabais como embobados.

-Mujer, nos estaba enseñando sus obras,

no vamos a mirar por la ventana. Yo sé lo que me digo.

-Menudas miradas le echaba Lolita a Antoñito.

-Porque también la miraba embobado. Lástima que hayan tenido que irse.

Nos hubiéramos reído con las apreciaciones de Lolita

sobre el arte de vanguardia y la retaguardia de la señorita.

-Dejadlo ya.

Hay que reconocer que Maite es toda una artista y, como mujer,

de lo más independiente que he visto.

-En cuanto a independencia de mujeres,

creía que solo le hacía aprecio a Agustina de Aragón.

-Me amoldo a los tiempos.

-Yo reconozco que no entiendo de arte moderno,

pero esto era diferente, nada figurativo.

-Ya me lo había figurado yo.

-Es cuestión de equilibrio de formas,

de composición del plano,

de atrapar al espectador.

-Eso es lo que decía Maite,

que buscaba más las sensaciones que la admiración,

remover conciencias, conseguir

que con su obra nos hagamos preguntas.

-¿Tú de qué lado estás?

-¿De qué lado voy a estar, Rosina? Del suyo.

O de cualquier arte que no haga

que a las personas se les ponga la cara verde.

-Sea como sea, yo pienso

comprarle un cuadro a la señorita Zaldúa.

-¿Qué? -Mira, Carmen,

a tu Ramón, el arte de "Le Parisien"

le ha removido la conciencia y el bolsillo.

-Ya es suficiente, Rosina.

Don Ramón no anda desencaminado.

Si París compra sus obras, por algo será.

-¡Ya está bien! A ti nunca te gustaron mis pinturas.

-Rosina, sé razonable, estabas empezando.

-¡Eso me decíais todos! Vosotros,

el profesor, que eran obras primerizas.

-Y lo eran. -No.

Mentira, ¡eran vanguardistas!

-Bueno, voy a hacer café.

¿Una tila, doña Rosina? -Sí, sí, gracias.

¿Listos? -Listos, sí, sí, sí.

-Tres y...

(Música brasileña)

# ¿Qué tienen tus ojos? Color a tiniebla,

# con brillo de río, con alma de hoguera.

# Son como dos llamas de dos fuegos que arden.

# Por el Año Nuevo en la bahía,

# nuestra bahía. #

-Nunca me han dado una serenata.

-A mí sí, pero de berridos ovejeros. -Yo no canto,

solo se tocar el caramillo de un agujero, y hasta ese me sobra.

# ¿Qué tiene tu boca

# tan roja y tan linda,

# tan llena de gracia y llena de alegría?

# Tus labios abiertos,

# color de coral,

# llaman a los míos como bahía dulce

# y tropical.

# Ya vamos llegando a la bahía.

# El amor aguarda en nuestra bahía. #

-Ole. -¡Bravo!

(Aplausos)

-Qué precioso, qué preciosidad, sí, señor.

¡Ahora tiene que bailar Marcia! -Sí, sí.

-No, hace mucho que no bailo.

-Esto es como montar en burro, no se olvida nunca.

-La siguiente, la siguiente.

(Música brasileña)

(Aplausos)

-Vamos, señores, todos dentro,

no vaya a venir el cura y nos mande a todos a ejercicios espirituales.

-Aguafiestas. -Lo pagamos todo Marcia y yo.

-No, de eso nada.

De la bebida sí, de lo demás, nos encargamos Servando y yo.

-Nosotros siempre ganando dinero.

-Ande, para dentro. Venga, caminen, caminen.

Vamos, vamos.

Uy, uy, uy, que viene el cura.

(RÍEN)

Buenas.

A las buenas, Camino. -Buenas.

Traigo esta frasca de vino que me encargó tu madre.

Ay...

Le dices que me informe si le gusta a la parroquia.

Si le ha gustao, pues traigo más.

Y si no, pues tan amigas.

Ea, ya habrá otra ocasión de cruzar palabras.

-Buenas.

Un café, Camino, por favor. -Sí.

¿Qué tal van esas piernas? -Como una morcilla de Burgos.

Y de morcillas entiendo un rato, de Burgos menos.

-¿Le ha gustado mi trabajo?

-Podría decirle que sí y aquí paz y después gloria,

pero no entiendo ni papa de arte.

Más allá de la morcilla, entiendo de quesos, vinos y barrica.

-Así me gusta a mí la gente, sin pelos en la lengua.

Hacer quesos, vinos y morcillas también es un arte.

Muchos amigos míos dirían que es un arte más excelso.

Figúrese, en Monmartre,

te las ves y te las deseas para vender un cuadro,

pero un trozo de queso te lo quitan de las manos.

-Y no tienen ni que enmarcarlo.

-Supongo que también tendrán días malos,

pero a juzgar por lo que veo, el buen humor prima en Acacias.

Acabo de pasar por la pensión y menuda juerga se escuchaba.

-Ah, pero eso no es a diario, es un marido enamorado.

-¿Todavía quedan?

-Sí, sí, aquí los cuidamos como oro en paño.

Le ha dao una serenata a su esposa. -¡Qué romántico!

-Pensaba París era la ciudad más romántica, por las góndolas.

-Las góndolas son de Venecia. -Ea.

-En París, nos conformamos con el "bateau mouche",

que también sirve para besarse a la luz de la luna.

-Pues eso, que en todos laos cuecen habas.

Ea.

Pásese por la mantequería cuando tenga un rato.

-Así lo haré.

¿Está tu madre por ahí? -Eh... No, ha salido.

-¿No estarás avergonzada por nuestro encuentro de ayer?

-Un poco.

-No deberías.

Mira, así, en confianza,

no volvería a ponerme ese tocado aunque fuera el último que tuviese.

¿Es un cuaderno de pintura?

-No, no, qué va.

-Pues lo parece.

-Es un cuaderno de pintura,

pero que yo lo que hago es matar el tiempo.

-Así empecé yo,

hasta que el tiempo se murió y tuve que ponerme a dibujar.

¿Me lo dejas ver?

-Se va usted a reír.

-Bueno, si me río es que me gusta lo que veo.

¿Ha leído la gaceta del gobierno?

No, ni siquiera la prensa, hoy tenía un par de casos complicados.

Han dotado una partida presupuestaria

para los soldados repatriados, para que sean atendidos.

Magnífica noticia. Aún hay más.

En el Ateneo dicen que van a contratar a los mejores cirujanos.

Ya era hora de que esos jóvenes tuvieran garantías a su retorno,

por ejemplo, el derecho a la salud. Eso mismo he pensado yo.

No deberían estar a merced de iniciativas particulares

como la nuestra,

pero si ha servido para que el gobierno de su majestad reaccione,

pues miel sobre hojuelas.

Me han contado el caso de un cabo, que tenía la pierna...

Don Ramón, por favor,...

no utilice maniobras de divertimento.

Sé perfectamente lo que está pasando ahí.

Asúmalo de una vez, Felipe.

Marcia tiene derecho a recuperar su matrimonio.

No seré yo quien trate de evitarlo.

Y si me permite otro consejo, debería dejar de pensar en ella.

¿Ya de recogida, señores? Así es.

Arreglar el mundo en el Ateneo da mucho apetito.

Me adelanto, don Felipe. Dele recuerdos a su señora.

De su parte. Con Dios.

Con Dios.

¿Vamos a dar un paseo por los jardines?

No me digas lo que tengo que hacer.

Felipe, te conozco, sé que estás sufriendo.

Lástima que no te apliques tus consejos.

¿A qué viene eso?

Tienes en tu casa a una loca peligrosa.

No. Tengo en mi casa a una criada que lo está pasando mal.

¿Qué te ata a esa mujer?

No tengo ninguna obligación con ella, es solo compasión.

Caridad cristiana, ¿no?

Cristiana o pagana,

no voy a dejarla en la calle cuando más lo necesita.

Espero que algún día me cuentes qué te ata a esa demente.

Ahora, si me disculpas, quiero marchar a casa.

No tiene usted que decir nada.

-No, tienes razón.

Pero soy de natural hablador.

Y así, por hablar,

diría que manejas el lápiz con sensibilidad.

Resumido en una palabra, tienes

estilo, un estilo propio.

-No creo, lo que he aprendido ha sido copiando a otros artistas.

-Pues yo sería capaz sería capaz de reconocer tus dibujos a la primera.

Estás verde, pero eso se soluciona con un poco de formación.

-¿Dar clases, dice usted?

-Sí. Normalmente, las clases solo sirven para ahogar al artista

que llevas dentro,

pero en tu caso, podríamos intentarlo sin malograrte.

Incidiríamos en tu estilo, nada de dibujar

jarrones en busca de realismo;

intentaríamos encauzar tu personalidad

y ese estilo propio que ya tienes.

-¿Trata de decirme que usted misma me daría las clases?

-Bueno, eso, o que te las dé un señor mayor, gordo

y con los dedos sucios de pintura.

Empezamos cuando quieras.

-Tendré que consultárselo a mi madre.

-Sí, por supuesto.

Hazlo, ya me pasaré yo.

Quería verla de todas maneras.

-De acuerdo. -¿Qué te debo?

-Nada, está invitada.

-Muchas gracias.

Hasta luego.

-Con Dios.

Hombre. ¿Qué, están buenas las natillas?

De rechupete.

Pues díselo a tu padre, que no ha querido ni catarlas.

Anda muy liado aprendiéndose los monólogos del rey de Judea.

Y del príncipe ese. Está obsesionado.

"Ser o no ser".

¡Eso mismo!

"Jan edo ez jan", le he dicho yo.

Comer o no comer, que es lo que siempre pensamos en mi tierra.

Ojo, y en Andalucía también, que entre pobres, ya se entiende.

-Me tiene hasta la coronilla tu padre con el "morir, dormir".

"Morir, dormir, tal vez soñar".

Ah, ¿termina así?

Pues me he quedado amodorrada antes de llegar al final.

-¿Quiere natillas, señora? Llevan leche del Pirineo.

-Ponme un poquito.

-Un poquito, un poquito,

¿cómo va a ser la gente feliz comiendo un poquito?

¿Se acuerda de las seguidillas que entonaba el otro día?

Quiero que me aconseje sobre unos pasos para bailarlas.

Ah, sí, pero mañana por la mañana,

que ha sido un día más largo que un monólogo de tu padre.

Mañana entonces. Voy a buscar unas partituras.

-Ha vuelto la alegría a esta casa.

-¿Lo dices por el señor?

-Y por la niña.

Están los dos empeñados en triunfar. Eso es bueno.

-No triunfa el que quiere.

-¿Lo dice usted por Margarita?

-Bien que luchó la pobre y mira cómo le ha ido.

-Usted preocúpese por su familia, que no es tarea fácil.

-Algo tengo que hacer por Margarita, pero no se me ocurre el qué.

-No espere que yo le dé ideas.

Como siga usted así, enredando, la cosa terminará muy mal.

-¿Sabes qué? No me hacen falta tus ideas.

Acaba de ocurrírseme algo. -Adiós.

Gracias por las flores, Santiago,

son muy bonitas.

Yo también tengo una sorpresa para ti.

-¿Ah, sí?

Le he bordado tus iniciales con el hilo que trajiste.

-Es muy bonito.

Gracias.

¿No vas a reír nunca?

Soy feliz, Marcia.

Las cosas nos van bien.

El trabajo, los amigos,

esta habitación.

Pero solo hay algo que me falta para no necesitar nada más.

Tu risa.

Cuando estamos con gente te ríes, pero conmigo no.

Todo lo que hago es para verte de nuevo reír.

No, Marcia.

No quiero que te entregues por agradecimiento.

No me debes nada.

Tiene una semana para buscar otra colocación.

Pasada esta, deberá abandonar mi servicio

y el altillo, sin prórroga posible.

Tu futuro suegro sigue pensando en convertirse en actor de teatro.

-Sí, sé por Cinta que está muy ilusionado.

-Esta familia no aprende, tiene una facilidad para meterse en líos...

Espero que Úrsula se haya calmado.

-Estaba completamente enajenada.

-Sí. Al parecer, su estado es cada vez

más preocupante, quizá se debería hacer algo al respecto.

He encargado en una tienda

que todas las semanas le lleven una caja de comida de primera calidad

a su casa. Margarita no sabrá nada,

que he dado orden de que no le dijeran nada.

¿Me pones medio de alubias?

-¿Qué pasa, que no has podido venderlas en tu tenderete?

-¿O quieres cocinarlas para hacerme la competencia a mí?

Es una mujer muy especial.

Afortunado va a ser el hombre que se la lleve, y pa eso no queda mucho.

Tienes razón.

Nos gustaría decirles que... ¿Puedo?

Mi madre se niega a que Maite me dé clases.

¿Por qué motivo?

No cree que tenga otro futuro que no sea casarme

y seguir con el negocio.

No sabía que Úrsula estuviera tan delicada.

-Bueno, más que delicada, está como una cabra.

-Por lo que sé de su pasado, no es la primera vez que se comporta así.

Esa mujer no está bien.

Santiago ha hecho lo imposible por recuperar el amor de Marcia.

-Sí. Ha removido Roma con Santiago, nunca mejor dicho.

-Y yo sospecho

que Marcia se ha entregado a su marido sin reparos.

El director, entusiasmado con mi talento,

me ha recomendao pa una obra profesional.

-¿Profesional dices? -Sí.

Un compañero suyo necesitaba un actor con mis características,

y han decidido hacerme una prueba.

# Ya vamos llegando a la bahí... #

-¿Qué pasa?

Vuelve a la pensión, Marcia. Espérame en el cuarto.

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Acacias 38 - Capítulo 1134

07 nov 2019

Bellita le cuenta a Arantxa que ha visto a Margarita en condiciones lamentables y que se siente muy culpable. Cinta ayuda a Jose ensayar su nuevo papel. Los Domínguez están muy contentos por la nueva vocación de El Choco. Emilio le informa a Cinta de una posible actuación importante.
Las señoras empiezan a criticar a Maite tachándola de buscona y liberal por haber invitado a los señores a ver su estudio. Maite descubre que Camino dibuja y ofrece darle clases.
Debido a los beneficios obtenidos Marcelina decide continuar con el negocio que Servando ha montado en el quiosco.
Con ayuda de Emilio y Cesáreo, Santiago le organiza a Marcia una sorpresa y le dedica una serenata. Marcia cae rendida y se entrega a su esposo. Felipe se entera de la sorpresa y se enfada, Genoveva se cruza por su camino y acaba pagándolo con ella. Genoveva organiza un encuentro con los vecinos con la intención de hacer pública su relación con Felipe.

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