www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5434921
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1132 - ver ahora
Transcripción completa

(RESPIRA CON DIFICULTAD) -Ay, mi niña, no.

¡Socorro, ayuda! ¡Ayuda!

¿Qué ha pasado?

-Le ha dado otro ataque, no puede respirar.

-Se ha tenido que dejar el inhalador.

¡A su cuarto, rápido! Servando, unos paños húmedos.

-Voy, voy, voy.

¿Acaso no deseas lo mismo que yo?

Por supuesto que sí,

pero ¿no crees que deberíamos ir más despacio?

Calma, hija.

Hace días, tu tía se iba a ir a Génova a ver a su hijo,

y ahora, la tenemos casada rumbo a Francia.

-A mí también me ha sorprendido lo rápido que ha ido todo,

pero me siento muy feliz por ella.

Tu madre cree que tiene una amante.

¿Mi padre tiene una amante?

Marcelina nos pidió a Fabiana y a mí

que nos hiciésemos cargo del negocio en su ausencia.

-¿Doña Susana se ha casado?

-Pero ¿no se iba a Italia a ver a su hijo?

-Eso era antes de que el diplomático llegara a casa y se la llevara.

Sé que hay algo que te inquieta.

Si no me lo dices, no podré ayudarte.

-Estoy bien, Santiago,

no sé de qué me hablas. -¿Por qué no usaste el inhalador?

Ayer estuve hablando con padre

sobre mi decisión de no pisar un escenario.

Maldita sea la estampa del Carchano ese.

Lo he pasado tan mal, que se me han quitado las ganas de todo.

Pero no puedo dejar que ese hombre me cambie la vida.

Bien dicho.

Vi a Felipe y a Genoveva juntos.

-Por eso sufriste una crisis y no quisiste usar

tu inhalador, ¿no?

-(ASIENTE) -Pobre muchacha,

pobre muchacha. Ven.

Que Dios te perdone, hija.

-Hace bien en respetar los tiempos de Felipe.

Le han pasado demasiadas cosas últimamente,

y no es bueno presionarlo en esas circunstancias.

-Es de Maite, la sobrina de Armando. -¿Dice qué día llegará?

-Esta noche.

Doña Cayetana...

Señora.

Su fiel servidora, señora.

"¿Quién es tu querida?".

-¿Qué? -¿Una admiradora de antaño

o una niñata de la edad de tu hija?

-Mari Belli, por Dios santo, ¿me estás llamando adúltero?

-¡Dime la verdad!

No merece vivir.

No merece vivir.

(FORCEJEAN) ¡No!

¡Nadie va a escucharla! ¡Ha llegado su hora!

¡Va a pagar

por todas sus traiciones!

(RESPIRA AGITADA)

No debió de perderme el respeto.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...

(LLORA)

(LATÍN) Confiteor Deo omnipotenti, et vobis, frates;

quia peccavi nimis cogitacione,

verbo et opere; mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa...

¿Doña Genoveva?

¿Dónde está?

Úrsula.

Doña Cayetana.

No puede ser.

Usted murió hace muchos años.

¿Y yo?

¿Puedo yo estar viva cuando acaba de asesinarme

con sus manos? No puede ser.

Perdón.

No merece mi perdón.

Ay, Dios mío, me estoy volviendo loca.

Ahora es mi turno. (RÍE)

¡Ah! (RÍE) ¡Úrsula,

no encontrará un lugar donde esconderse de mí! ¡Úrsula!

Úrsula.

¡Úrsula!

¿Qué está haciendo aquí?

¿Y doña Cayetana?

¿Dónde está doña Cayetana?

¿Cayetana?

No sé de qué me está hablando.

No la esconda, no quiero volverme loca.

Me parece que no tengo que hacer nada para volverla loca,

ya usted sola se basta y se sobra.

No se acerque, no me haga nada. Aléjese de mí.

Vaya al altillo y tome sus medicinas.

¡Es una orden!

¿Y doña Cayetana?

Pues, según creo, muerta. Desde hace años.

¿Qué tiene en la cabeza, ha perdido el oremus?

Dios mío,...

doña Cayetana muerta.

(LLORA)

No, no, no...

Doña Cayetana...

No está muerta, no...

Doña Cayetana...

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Eso que dices es cierto? -Claro que sí.

¿Cómo voy a serte infiel, si eres lo que más quiero en el mundo?

Esto se merece un aplauso, ¿verdad, tata?

-Un aplauso y un aurresku.

-Niña, que estamos dando el espectáculo.

-Bueno, pues lo damos.

Ay, ¿cómo he podido ser tan tonta?

Pensar que me ibas a engañar... Yo también te quiero mucho.

-Claro,

por eso hablaba solo, por los ensayos.

-Recitaba para aprenderme el papel.

-Si yo te podía haber ayudado,

como me ayudabas tú a aprenderme las letras de las canciones.

¿Por qué no lo dijo y nos hubiéramos ahorrado

todos estos disgustos?

-En eso tienes razón, canelita, debí decirlo.

Y hasta lo intenté, pero me daba vergüenza.

-¿Vergüenza de qué, hombre?

Con la planta que tiene usted, puede ser actor y lo que quiera.

Tan pinturero... Si parece de Beasain.

(RÍEN)

-Pues sí, vergüenza,

por si lo hacía mal, que uno no quiere ir dando pena.

-Ay, si no hay nada que tú hagas mal.

Bueno, la guitarra no la tocas muy bien, pero quitando eso...

-(RÍEN)

-Al único que se lo dije fue a Emilio.

¿A mi novio? (ASIENTE)

Pues se va a enterar.

No, que fui yo el que le dije que chitón.

-Qué tonta...

Si soy más tonta, no salgo del pueblo.

Pensar que me eras infiel, qué desatino.

-¿Cómo te voy a ser yo infiel?

En la calle no hay nada mejor que lo tengo en mi casa, morena mía.

-Ole.

-Pero cómo no va a ser actor,

si con solo escucharle y lo que le está diciendo a tu madre,

ya me emociono. Un poco empalagoso,

si me permites decirlo.

Empalagosa la melaza.

Me voy a la cocina, que la cena de hoy va a ser de órdago,

besugo al horno.

-Anda. -Ole.

-¿Te vienes conmigo, Cinta?

¿Yo?

Tú, hija, sí. Tú, conmigo.

Ah, claro. Sí, venga.

Vámonos.

-Así que... ¿actor?

-(ASIENTE)

Bueno, siempre que a ti te parezca bien.

-A mí me parece bien todo lo que tú hagas, rey.

Nos tenía que haber avisado de su llegada con más tiempo,

le habríamos preparado la habitación de invitados

o incluso una reunión con los vecinos para recibirla.

-Lo sé, pero todo ha sido tan precipitado.

No se preocupen, yo me apaño en cualquier sitio.

-Pero la criada debería haberse quedado para doblarle la ropa.

-No, en absoluto.

No quiero incomodarles y tomar su hogar al asalto.

Me quedaré esta noche con ustedes

y mañana buscaré alojamiento en la ciudad.

-Sentémonos. Por favor, pase.

-Gracias.

-Pero, querida, ¿pretende usted vivir sola?

-Claro.

¿Hay algún inconveniente?

Por lo que sé, doña Susana también vivía sola.

-Sí, eso es cierto, pero mi tía es una mujer mayor.

-En su caso, debe evitar las habladurías.

¿Qué van a decir de usted?

Lo mejor será que se quede.

-Las habladurías me han acompañado toda la vida.

A veces sin razón, pero he de confesar...

que otras veces con ella.

-¿Cómo que con ella?

-Sí. Digamos que el ambiente artístico parisino es muy libre,

mucho más que el de la sociedad en general.

-Sí, ya dicen que la sociedad francesa es muy permisiva.

-Bueno, no tanto como las callejuelas

y las buhardillas de Montmartre.

-"Momartre".

(RÍEN)

-Si supiera las fiestas que se hacen allí...

Sí, sí. Y yo he sido participante entusiasta. (RÍE)

Claro, la sociedad burguesa no siempre lo entiende.

-Sabe que la sociedad española no está tan avanzada, ¿no?

-Sí,

desgraciadamente.

-¿No le gusta nuestro país? -Uy, sí,

claro que me gusta.

Me encanta el clima, la luz,

el ambiente de los barrios populares,

la música...

Pero no me gusta el retraso,

el vivir para las apariencias, el tradicionalismo absurdo.

Y que los curas se metan en la vida de las personas, me parece horrible.

-Vaya, don Armando nos ha metido una revolucionaria en casa.

-En absoluto.

De hecho, la política no me interesa,

a mí me interesa la libertad, el arte y la vida.

-No diga eso en voz muy alta mientras esté en España,

que supongo que serán unas semanas, ¿no?,

mientras arregla los papeles.

-No lo sé. Y no pienso hacer planes,

el destino se encarga de derribarlos siempre,

así que, dejaré que la vida decida su singladura.

Lo que les decía,

me encanta la luz de España, y voy a aprovecharla para mi trabajo.

Me he traído muchos encargos de París.

Pienso pasarme el día entero pintando

y haciendo ilustraciones.

Para eso necesitaré un alojamiento que pueda usar como estudio.

-Sí, claro, porque en nuestra casa eso va a ser difícil.

-No, Rosina, pero quizá yo pueda ayudarle en eso.

No sé si sabe que soy rentista, tengo varios inmuebles en alquiler

y uno de ellos será de su agrado, está libre.

-Lo único que necesito es buena luz y mucha amplitud.

-Sí, tiene ambas cosas.

Es una planta baja muy luminosa y espaciosa,

no tiene una renta muy alta, y por ser sobrina de don Armando,

le haría un precio especial. -(MAITE RÍE)

Ya le digo yo que me interesa.

-Pues mañana mismo vamos a verlo.

-Claro.

-¿Cenamos? Supongo que traerá hambre.

-Muchísima. -Por favor.

Le digo yo, Fabiana, que es una mujer

que no parece española, con ropa elegante y mucho equipaje.

-Si viene de Francia, no me extraña.

-Pero no todo eran baúles de ropa,

traía caballetes de pintura y unas cajas

que supongo que llevarían pinceles, óleos y demás.

-¿Es pintora?

-Parecía.

Me temo que doña Maite, la sobrina de don Armando,

va a revolucionar la casa de don Liberto.

-No le arriendo yo que ella y doña Rosina vayan a llevarse bien,

que la señora es muy especial,

y una mujer libre y que se dedique a la pintura, la va a descolocar.

-¿Se quedará a vivir con ellos?

-No creo que viva sola, eso sería demasiado escándalo.

-Sí.

(Música)

¿Qué es eso?

Viene de aquí.

-¿Qué va a ser? Servando...

-Vamos a ver qué pasa.

-¿Qué es esto, Servando?

-Bienvenidos al futuro. Es mi zona de relajación musical.

-Pues si como no nos lo explique, Servando...

-Vamos a ver,

esta vida moderna es una locura,

todos van muy deprisa.

Yo propongo volver al tiempo de nuestros padres:

cuando se podía uno sentar en la calle,

escuchar música,

charlar tranquilamente... -¿Y el quiosco?

-El quiosco es un complemento donde no solamente

se vende prensa y flores, sino también

regaliz, bebidas, caramelos, maní, barquillos,

almendras garrapiñadas, horchata...

-Mire, me gustaría decirle que es un dislate,

pero no se me ocurre el motivo.

Parece sensato.

-Como que lo es.

-¿Ha pedido permiso al Ayuntamiento?

-Sabía que me iba a preguntar eso. No, no lo he pedido.

-Entonces, tendré que denunciarlo. -También sabía que diría eso.

Precisamente, por eso, tengo preparado

un detalle, unas garrapiñadas

de Alcalá de Henares, que son las mejores de España.

Y también tengo para usted, Fabiana.

Un cartuchito, ¿eh?

-¿Me está sobornando?

-No, todo lo contrario,

le pido que haga la vista gorda unos días,

hasta que veamos si funciona el negocio,

y si funciona, pido los permisos.

-Bueno, en ese caso, está bien.

-Y usted, no se preocupe por la pensión,

que voy a hacer una publicidad de los desayunos,

que se nos va a llenar a diario. Por aquí, por aquí, por favor.

Tomen asiento, ilustres visitantes.

Por favor, esta mesita.

Bienvenidos al rincón de la relajación musical de Servando,

aquí, ustedes podrán disfrutar de nuestros productos...

-Fabiana, pinta bien, ¿no?

-Cesáreo, yo no sé qué decirle.

Tratándose de Servando, algo, no sé el qué,

pero algo malo puede pasar.

¿Y cómo dices que se llama esto?

Ya sabes las palabras raras que dice Arantxa en vasco,

pero creo que son chanchigorris.

Pues están para ponerles un monumento en la Plaza Mayor.

Como se entere de que nos las estamos comiendo, se va a enfadar.

Es que están riquísimas. ¿Tú sabes de qué están hechas?

Creo que llevan manteca de cerdo y canela,

pero no sé qué más. Le voy a pedir la receta.

Que te crees tú que te la va a dar.

No sé para qué te doy de desayunar, si estoy enfadada contigo.

¿Conmigo? Pues no tienes razón.

Sí la tengo, por ocultarme lo de los ensayos de mi padre.

Cinta, él me lo pidió,

no sabía que el asunto se desmadraría tanto.

No deberías tener secretos conmigo.

Tengo que llevarme bien con mi futuro suegro.

No te enfades, anda.

-Eh, a separarse. Que corra el aire...

Ya sabe usted que no hacíamos nada malo, madre.

Como no se hace nada malo es estando a un palmo el uno del otro.

-Le prometo que lo único malo que hemos hecho

ha sido coger dos chanchigorris.

-Antes me comí yo uno y vengo a por otro.

Si seguimos así, no llegan a la mesa para el desayuno.

Es que son adictivos.

Te comes uno, y no paras hasta llevar tres.

-Yo no quiero más, que Arantxa me da miedo.

Voy al restaurante, que es hora de abrir la terraza.

Te veo luego, Cinta.

Y... acuérdate de hablar con tu madre.

Doña Bellita, hasta luego.

-Con Dios, mi alma.

Hasta luego.

Oye, ¿qué es eso que tienes que hablar conmigo?

Madre,...

no sé si volver a los escenarios.

Mira, yo no estoy dispuesta

a volverme a meter en lo que quiera cada miembro de la familia.

Hemos nacido artistas, y aquí no va a haber ningún notario

ni la esposa de un embajador.

Entonces, ¿está de acuerdo?

Solo sé que voy a apoyarte en lo que quieras hacer.

Pues yo quiero ser cantante, madre, ser su sucesora.

Mira, una cosa te exijo,

primero, que te lo tomes en serio

y luego, que vayas con pies de plomo,

que ya has visto la mala gente que hay,

y si no, acuérdate del productor de la película cómo nos ha salido.

Sí, madre. Bueno,...

y otra cosa más. Que llegues a ser mejor que yo.

Eso es imposible, pero le prometo que no lo haré mal.

Mi niña bonita. Ven y dame un abrazo.

Ole. Escucha, ahora, vamos a dar buena cuenta de esto,

antes de que llegue la sargento.

Toma, este pa ti y el grande pa mí.

Anda.

(RÍEN)

¿Puedo irme tranquilo?

-Sí.

Santiago, te agradezco que apenas hayas dormido para cuidarme.

-Lo haría una y mil noches,

aunque hoy el día en el almacén va a ser duro.

-Lo siento.

Me arrepiento tanto de lo que hice.

-Deja de pensar en eso, lo importante es que te recuperes.

-No volverá a ocurrir,

estaba... estaba ofuscada.

No me daba cuenta de que la vida es lo único que tenemos de valor.

-Bien está que hayas aprendido la lección.

Bueno, me voy,

que ya llego tarde y no quiero que me despidan.

Marcia...

Me prometí no preguntártelo, pero...

no me puedo marchar con la duda.

¿Fue Felipe Álvarez-Hermoso el causante de lo que intentaste hacer?

-No volverá a ocurrir, tienes mi promesa.

-Espero que la cumplas.

(Puerta)

Adelante.

-Buenos días. -Buenos días, Casilda.

Gracias por venir.

Me marchaba y no me gusta dejar a Marcia sola.

-Tranquilo, durante un ratillo le haré compañía.

-Muchas gracias.

-Marcia,...

te veo esta tarde.

Con Dios.

-¿Cómo has dormido?

-Fatal.

Y lo peor es que a Santiago tampoco le he dejado hacerlo.

Ha estado toda la noche pendiente de mí, cuidándome.

-Tienes mucha suerte de tenerlo a tu lado.

-Y a ti, Casilda, y a Fabiana.

Siento que tengo más gente que me quiere de la que merezco.

-No, mujer.

No digas tontás.

Todos tenemos que querernos los unos a los otros.

Oye,...

¿y las dudas que tenías sobre Santiago, se han marchado?

-Un hombre que ha pasado tanto tiempo en la cárcel,

a la fuerza tiene que cambiar. -Eso me parece a mí.

-Y Santiago ha cambiado para bien,

aunque tenga baches en la memoria,

y haya cosas que haya olvidado para siempre.

A partir de ahora, tendrá nuevos recuerdos.

-A mí me gusta mucho cómo te trata,

es un regalo del cielo.

-Así lo tengo que ver yo,

olvidar las dudas

y olvidar a Felipe.

-Ya sabes lo que dicen las señoras, que doña Genoveva y él...

-No me cuentes nada, lo sé.

Es normal, son de la misma clase social,

y él tiene que estar con una señora como ella

y no con una criada como yo.

-No digas eso.

Tú vales un potosí,

vales mucho más que cualquiera señoritinga,

por mucho parné que tenga en el banco.

-Olvidarlo es lo que tengo que hacer

y ser feliz con Santiago, que es mi marido.

-Pa chasco que sí.

¿Y Antoñito? ¿No nos acompaña?

-Seguro que le parecemos unos viejos.

-No es eso.

Disculpen a mi hijo,

le hubiera encantado participar de nuestra tertulia,

pero como saben, Lolita está en estado de buena esperanza

y tiene que atender a sus antojos.

-¿Está teniendo muchos Lolita?

-Los caprichos de una mujer de Cabrahígo en condiciones normales

son difíciles de satisfacer, se lo digo por experiencia

con mi malograda Trini, que en paz descanse.

Así que, imagínese usted con un embarazo.

-Si yo les contara lo que se le antojó una vez a Bellita

cuando estaba embarazada de Cinta... -Cuente, cuente.

-Se le antojó un potaje de vigilia, con sus garbanzos,

su espinaca, su bacalao, pero con piña.

-¿Con piña?

-Un potaje con piña.

-Desde luego, no es fácil encontrar una piña en Acacias.

-Afortunadamente, estábamos en Puerto Rico y encontré la piña.

No se pueden imaginar la que lié para hacer el potaje de vigilia.

A propósito, si tienen ocasión,

no dejen de probar la que llaman piña boricua,

la más dulce y sabrosa que existe.

-Lo tendré en cuenta. ¿Y qué hacían tan lejos?

-Bueno,

Bellita actuaba en San Juan de Puerto Rico

en el Teatro Tapia, uno de los mejores del Caribe.

-Qué maravilla de viajes han tenido ustedes.

-Desde luego.

-Ahora llevamos una vida tranquila, pero tan grata como aquella.

¿Y su esposa no tuvo antojos? -¿Rosina?

Menos mal que yo no tuve que vivir los antojos de Rosina.

No lo hubiera soportado con vida.

Es otra de las cosas que le agradeceré a don Maximiliano,

su primer marido. A veces pienso que era un santo.

-Yo le conocí bien, y estoy de acuerdo,

don Maximiliano era un santo y con un gran sentido del humor.

Y muy aficionado al teatro, como yo.

-Y como yo empiezo a serlo,

llevo varios ensayos y pocas veces he disfrutado tanto.

-Esa es la verdadera felicidad, disfrutar de lo que se hace.

-Se lo digo con total sinceridad, don José,

que ha nacido para interpretar.

No se amilane por haber llegado tarde.

-Me abruman con sus elogios.

-Apuesto a que llegaremos a verle en un gran teatro.

-De momento, teatro aficionado, y ya me parece difícil.

-Caminando despacio se llega lejos.

-En fin,

lamento tener que abandonar tan grata compañía,

pero he quedado en enseñar un inmueble a doña Maite Zaldúa.

-¿Maite Zaldúa? No tengo el gusto.

-La sobrina de Armando.

Pintora, ilustradora, una mujer muy peculiar

que creo que va a dar mucho que hablar en el barrio.

Ha venido desde París para arreglar unos asuntos de una herencia.

-Si viene de París y trae costumbres de allí, seguro que dará que hablar.

Yo me marcho también. -No se marche, por favor, don José.

Hábleme de los ensayos y del personaje,

estoy interesado en ello. -De acuerdo.

-Yo les dejo. Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

Cómo me hubiera gustado tener talento para subirme a un escenario.

Yo sueño que estoy aquí, en estas prisiones postrado.

Y soñé que en otro estado, más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción...

Y el mayor bien es pequeño,

que toda la vida sueño, y los sueños, sueños son.

-Pero qué barbaridad, don Ramón.

No lo hace nada mal, perdone que le diga.

-No diga eso, que me ruboriza...

(RÍEN)

¿Quién es?

Parece un guardia, para arriba y para abajo.

-Se queda en casa de doña Rosina. No me haga mucho caso,

pero creo que es la sobrina de don Armando.

-Será extranjera. -De Naveros ya le digo que no es.

A la quinta vez que pasara sin saludar,

le tiran una castaña con la onda.

-Qué brutos sois.

-Brutos son los que no saludan. Mire.

-Es verdad que no saluda.

Se tira de arriba a abajo... Debe estar haciendo sport.

-Pues será eso. -Y con pantalones...

-A mí me gustan, Servando.

El día menos pensado me los pongo yo.

-(RÍE)

¿Se imagina? Yo con falda y usted con pantalones,

estrambótico.

Además, don Ramón no le dejaría.

-Oiga, mi esposo nunca me ha prohibido nada,

no creo que con los pantalones haga una excepción.

Muy buenos días. Buenos días.

-¿Me da El Adelantado? Como no, ahora mismo.

-Estábamos hablábamos Servando y yo de los pantalones en las mujeres.

¿Usted los llevaría?

Me encantaría. ¿Lo ve?

-¿Y dejaría que su novio llevara falda?

Por supuesto que no.

¿Ve? Eso no es igualdad. O todos tirios o todos troyanos.

Tome, Servando. No, déjelo.

Cuando lo lea, ya me lo devolverá.

Y discúlpeme, que tengo gente que atender.

-De acuerdo. -Yo también marcho.

Con Dios. Con Dios.

-Buenas, Cinta. Buenas.

¿Has visto?

Ahora entiendo lo de los pantalones.

Extravagante es.

A mí me parece ideal. No seré yo quien lleve pantalones

ni quien camine de un lado para otro a toda prisa.

Ejercicio, yo debería hacer algo.

Antes vino a pedirme un vaso de agua con unas gotas de limón,

media cucharada de bicarbonato y media de azúcar.

Ahí se lo tengo para cuando pare.

¿Sabe quién es? Se llama Maite.

Dicen que es la sobrina de don Armando.

Con lo correcto que es él.

-Buenas. -Buenas.

¿Ha terminado? -Sí.

Gracias.

Es para rehidratar el organismo:

agua, sales y azúcares.

Buenísimo. -¿No prefiere unos picatostes?

-No, eso es veneno.

Disculpe, soy Maite.

Cinta, un placer. Igualmente.

Comentábamos que nos gustan sus pantalones.

¿Sí? Cuando quiera le dejo probárselos.

Sería maravilloso.

-Buenos días. Veo que ya conocen a Maite Zaldúa.

-Una pintora cotizadísima que nos honra con su presencia.

-¿Se va a quedar por el barrio?

-Si me gusta la casa que me van a enseñar Liberto y Rosina, quizás.

-Lo mejor será que vayamos a verla cuanto antes. Por aquí.

-Con Dios. -Con Dios.

-No, no me veo con pantalones.

Acostúmbrese a los nuevos tiempos,

que esta moda está al llegar. Qué remedio.

Emilio está dentro, si querías verle.

Sí, paso a verle.

Muchas gracias.

Marcia, ¿qué haces ahí? Anda, levanta.

Levanta.

-Tengo que fregar el suelo de la "resepción".

-Recepción. Y no, de eso ni hablar.

¿A ti no te han dicho que tienes que descansar?

-Sí, pero ya estoy bien. Y no es mucho...

-Como te vuelva a ver fregando, te echo de la pensión.

A ver si te va a volver a dar un ataque de esos.

-Llevo toda la vida fregando.

-Pues en mi pensión no lo vas a volver a hacer.

Por lo menos, hasta que estés bien del to.

-Pero ¿ha visto lo reluciente que he dejado el suelo?

Ni fregándolo cien veces lo deja otra mujer como yo.

-Eso es verdad.

Pero si quieres trabajar,

busca otra cosa que no te cueste tanto esfuerzo.

-¿Cómo qué?

-Bordar.

-No sé.

-Perfecto, yo te enseño.

Así hacemos servilletas con el nombre de la pensión.

Anda, ve al almacén,

está todo lo que hace falta en una cesta de mimbre.

-Pero usted me enseña y yo lo hago, que no quiero estar mano sobre mano.

-Te lo prometo.

Anda.

Fabiana. ¡Úrsula!

¿Se encuentra bien?

Quiero que me sea sincera.

Dígame.

¿Murió doña Cayetana en el incendio?

Claro que sí.

Su cuerpo nunca apareció, no hubo entierro.

De eso hace casi quince años, Úrsula.

¿No cree que ya habría vuelto a reclamar lo que era suyo?

La he visto.

¿Ha visto a Cayetana? ¡No diga insensateces, Úrsula!

Le digo que la he visto.

¡Yo era su madre!

¡¿Cómo se atreve a venir con estos infundios?!

¡Fuera de aquí! La he visto.

¡Fuera, fuera! La he visto.

¡Fuera!

Mal bicho, mal bicho.

(Pasos)

-Fabiana, ¿qué le ha sucedido?

-Hazme una tila, Marcia, por favor.

Sí. Siéntese.

Despacio.

No le importa que hayamos ido a ver esos muebles, ¿no?

-En absoluto.

Menos mal que Rosina volvió y no se ha dado el paseo.

-Desde luego.

Iré a darle las gracias y a decirle que me quedo el piso.

-Me alegro. -Sí.

Ha sido amor a primera vista. Es justo lo que necesito,

amplio y con buena luz.

Y le agradezco que me lo haya dejado a un precio ajustado.

-Es lo menos que podía hacer siendo la sobrina de don Armando.

Lo que deseo es que pueda crear cuadros maravillosos aquí.

-Yo también lo deseo. -Y que sea feliz en Acacias, claro.

Son muchos los que vienen a pasar unas semanas

y acaban asentándose en el barrio.

-¿Quién sabe?

(Música)

¿Y eso? ¿Música en plena calle?

-Eso es cosa de Servando. Ahí lo tiene.

Ha decidido crear una zona de relajación musical.

Ya conocerá a Servando, es todo un personaje.

-Lo de la relajación musical me parece fenomenal.

Ya podían venir el emperador austrohúngaro,

el káiser, el rey de Inglaterra y todos los demás.

-Ojalá. -Y creo saber quién es Servando,

esta mañana me miraba raro por llevar pantalones

y por hacer mis ejercicios matinales.

-A que la miren es mejor que se vaya acostumbrando cuanto antes.

En España no somos como los franceses,

de ideas tan avanzadas.

-No pienso cambiar mis costumbres. -Hace bien.

-Buenas tardes, don Liberto. -Buenas tardes.

Lolita, ¿cómo va?

-Ahí va.

-Voy a aprovechar para presentarle a una de las personas más importantes.

Te presento a Maite, sobrina de don Armando.

-Encantada. -Un placer.

-Bienvenida. ¿Va a estar mucho por aquí?

-No sé, puede que me vuelva pronto a París.

-¿Vive en París? Como las hermanas de mi marido.

-¿Usted es la esposa de Antoñito?

Sus hermanas viven en París, pero no he tenido el placer.

-Si vuelve pal París de la Francia, ya sabe.

-Maite, estaba pensando en organizar una reunión

para que pueda conocer a los vecinos del barrio.

-Buena idea.

-Cuenten conmigo, aunque cada día estoy más pesada.

A ver si viene ya este niño al mundo.

-¿Qué quiere, niño o niña?

-Mientras venga sano, me da lo mismo.

-Como debe ser.

-¿Le gusta el queso, Maite?

-Vengo de Francia, figúrese. -Pase,

que me han traído uno de Asturias, que no lo supera ninguno francés.

-Uh. Anda. -Lolita,

a mí también me gustan los quesos,

¿puedo entrar o es solo para señoras?

-Era cosa de señoras, pero podemos hacer una excepción.

-(RÍE) -Pase, pase.

¡Casilda!

(Puerta)

-Señora, los carnavales ya han pasado,

¿por qué se disfraza? -¿Qué tal me queda?

-¿Quiere que sea sincera?

-Completamente. -¿Del todo?

-Completamente.

-Como a un Cristo dos pistolas.

-¡Pues a la sobrina de don Armando le mira todo el mundo!

-Pa reírse, seguro. -No.

Los hombres la miraban embobados.

-Será porque lleva un traje de su talla,

no como usted, que el de don Liberto le queda enorme.

-Pues me voy a hacer unos pantalones de mi talla y ya está.

-Madre del amor hermoso, ¿está hablando en serio?

Ha perdido el oremus.

¿Va a salir a la calle como si fuera un hombre?

(Puerta)

-Ve a abrir y entretén a quien sea mientras me visto.

-Ya voy.

(Música)

Buenas tardes.

¿Han visto que Servando nos tiene la calle con música todo el día?

Sí, eso vemos.

No me parece bien, que yo pago mis impuestos por tener la terraza.

Pero si es cosa de un rato, me callo.

Estaría bien que nos pusiera música de baile.

Con la pareja tan elegante que hacen,

sería un regalo verles bailar. Gracias, doña Felicia,

pero sabe que bailo como un pato. Falso, don Felipe.

Ya saben, cuando quieran cenar en mi casa, no necesitan ni reservar mesa,

estaré encantada de recibirles

y les prepararé una mesa discreta para dos.

Gracias, iremos pronto.

Con Dios. Con Dios.

Con Dios.

Felicia se está convirtiendo en una buena amiga,

ayer me contó algunos rumores que ha escuchado sobre nosotros.

No entiendo la manía de la gente de meterse en las vidas de los demás.

Parece que doña Felicia piensa que hay que apostar fuerte:

bailar en la calle, cenar los dos a solas...

Tú y yo somos dos respetados viudos, nada impide que lo hagamos.

Genoveva,

¿crees que debemos aclarar las cosas ante los ojos de los demás

antes de viajar a la sierra?

No quiero presionarte, pero quizá sería lo conveniente.

Verás, han ocurrido muchas cosas últimamente

y no sé si estoy en condiciones

de asumir un compromiso formal.

No te preocupes, yo te daré el tiempo que necesites.

Lo que no quiero es que rompamos nuestra relación.

Gracias por comprenderme.

Tengo ir a casa de don Ramón. ¿Vienes?

Ve tú, yo seguiré con mi paseo.

Luego te veo.

(CHISTA)

Qué cara de contrariedad, como si algo hubiese salido mal.

No es buen momento, Santiago.

¿No quiere que le ayude a olvidar las penas?

Haz el favor, déjeme tranquila.

Hoy no tengo la cabeza para tus intrigas.

Qué lástima.

Que pase buena tarde.

(RÍE) ¿Ha decidido quedarse el piso de mi esposo?

-Por supuesto, es perfecto para lo que quiero.

Gracias.

Doña Rosina, ¿me permite que le diga algo?

-Sí, claro.

-Está usted guapísima con esa con camisa y esa corbata.

-Buah, lo hago a menudo.

-¿Ah, sí?

Pero le queda un poco grande.

-Bueno... Más cómodo, ¿verdad?

-Pues sí.

-Dígame, querida, ¿la puedo ayudar en algo más?

-En realidad, con quien quiero hablar es con su criada.

Necesito que me ayude a limpiar esta tarde.

-Pues no, no puede ser, ya es tarde, ya lo hago mañana.

-No, Casilda, si te piden que ayudes hoy, ayudas hoy.

-Casilda tiene razón.

En Francia somos muy respetuosos con los derechos laborales.

-Ya, pero Francia es Francia y España es España.

Aquí las criadas obedecen, ¿verdad, Casilda?

-Sí, sí, sí, sí.

Pierda usted cuidao, que iré hoy mismo a limpiar el piso.

-Puede ser mañana. -Hoy,

querida.

-Está bien.

Si me permite, voy a coger algunas cosas que quiero llevarme.

-Está usted en su casa, pase, pase. -Gracias.

-Señora, hoy tenía planes.

-¡Hacer lo que se te manda, ese es el plan que vale, ¿estamos?

Mire, Servando, que usted ponga un poco de música no me parece bien,

pero como soy buena vecina, me callo,

pero lleva todo el día, esto parece una feria.

-No aguanta la competencia,

que su negocio está vacío y el mío lleno.

-¿"Competencia"?

No me haga reír, que yo sirvo productos de primera calidad,

y usted altramuces.

-Lo que piden mis clientes.

-Usted verá, pero yo no quiero este escándalo.

¿Tiene permisos?

-Qué feo es eso de amenazar con una inspección.

-No amenazo,

no seré yo quien le denuncie,

pero en cualquier momento se presentan aquí, usted verá.

-Desde luego, si la envidia fuera tiña,

cuánto tiñoso habría.

-No lo dirá por doña Felicia. -Por ella misma.

Es que mi zona de relajación está llena y su terraza está vacía.

-Pero en su terraza, la gente hace gasto,

y aquí leen el diario gratis.

-Es verdad, ninguno se lo lleva a casa,

pero a partir de mañana lo venderé.

-Pues no vendrá nadie.

He visto a más de uno llevarse los frutos secos sin pagar el coste.

-Muy buenas. Servando, El Adelantado.

-Ipso facto.

-Don Antoñito,

¿cómo ve usted lo del negocio de mezclar la prensa con la música?

-Como cualquier club, pero sin cobrar cuota mensual.

No sé de qué va a vivir, la verdad.

-Aquí tiene, don Antoñito.

-No pensarás que me lleve este, que está sobado y manoseado...

-No tengo ejemplares nuevos.

-Pues déjalo, ya me leo el ejemplar del restaurante. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-No sé yo si esto es buen negocio,

muchos los periódicos leídos y ninguno vendido.

-Son unos aprovechaos.

-Le da mal servicio a los verdaderos clientes,

y enfada a los otros comerciantes del barrio.

¿De verdad quiere seguir con este negocio?

-Tienen razón. Sí, señor.

¡Venga, fuera de aquí todo el mundo!

¡Venga, que esto es un negocio y no se dejan un real!

¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

Y usted. Deje eso que tiene en la mano, suelte.

Hombre...

...santificado sea tu nombre.

El Señor es contigo,

bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito...

Recojo el servicio, señora.

-Sí. Pero la culpa es tuya,

con la de años que hace que conoces al señor.

-Muchos menos que usted.

-Pero yo puedo estar confundida

y pensar que me es infiel por ansiedad,

pero tú debes de mantener la cabeza clara y quitarme la idea,

que pa eso eres vasca.

-Claro. Pero de tanto convivir con ustedes,

que son andaluces,

se me contagia la alegría y se me va la cabeza por peteneras.

(Puerta)

-Ejerce de vasca y abre la puerta.

Y si es el señor, nos traes jamón, pa que meriende como le gusta.

-Y como le gusta a usted. -Digo.

-Señora, era un mozo. Traía esto para usted.

-A ver.

-¿Qué pasa, malas noticias?

-O buenas, no lo sé.

El detective me manda la dirección de Margarita, la esposa de Carchano.

-Debería olvidarse de eso.

-Calle de las Islas Carolinas. ¿Sabes dónde está eso?

-En las afueras.

Cerca de donde compro la harina de garbanzo

que le gusta al señor en las tortillitas.

No pensará ir, ¿verdad?

-No lo sé.

-Ay, señora, por favor, le pido que no vaya.

Eso solo haría reabrir conflictos.

...bendita tú eres entre todas las mujeres...

Ay, Señor.

(CONTINÚA REZANDO)

¿Se puede saber qué es esto?

¿Qué hace?

No tiente al diablo...

Estoy pidiendo por usted.

Rece conmigo.

Por favor, Úrsula, pare. No necesito que pida por mí.

Claro que es necesario.

Hemos de hacer que Dios la proteja de Santiago.

¿De Santiago? Eso es un desatino.

Usted lo trajo de entre los muertos.

¿Qué dice? No me lo trate de ocultar.

Usted lo sacó de su tumba,

lo hizo venir

el día de la boda de don Felipe y Marcia.

Usted...

impidió esa boda.

Pero él estaba muerto, Marcia lo dijo.

Todo esto son insensateces.

No. Usted lo sacó de su tumba...

Y eso no es gratuito, pagará por ello.

Pero no es el único que ha vuelto del más allá.

Ahora lo entiendo todo.

Doña Cayetana también.

¿Qué?

Rece conmigo, señora, o no volverá a tener paz.

Nadie ha de volver de entre los muertos.

Úrsula, suélteme.

¡Úrsula, está loca! ¡Suélteme! ¡Rece!

¡Fuera! No.

No.

O sale o acabará usted entre los muertos.

¡La voy a mandar yo! ¡Fuera! ¡Rece!

¡Rece conmigo, señora o irá al infierno!

¡Fuera de aquí!

Genoveva ha cambiado mucho.

Todos nos equivocamos con ella en su momento.

Recuerde que en la época del Banco Americano

la metimos en el mismo saco que a su marido,

el banquero Bryce.

Daba la sensación de que ella estaba con él en aquella estafa.

Pero su comportamiento desde que quedó viuda lo ha desmentido:

anuló los prestamos, devolvió el dinero a los afectados...

Por no hablar de la labor de financiación

de los barcos para repatriar a los soldados españoles en Marruecos.

A mí me ayudó mucho tras la ruptura con Marcia.

Felipe, sabe que no quiero meterme en su vida, pero...

desde la fallida boda,

las mujeres del barrio no dejan de hablar de su relación

con Genoveva.

Nada se escapa a la perspicacia de nuestras vecinas.

Entonces, ¿me lo confirma?

Sería absurdo ocultarlo.

Genoveva y yo hemos empezado una relación.

Y le digo una cosa: poco a poco, me está haciendo feliz.

Pues ya sabe lo que debe hacer, amigo Felipe,

apueste todo por ella.

Cierto.

La vida me ha dado otra oportunidad.

Veo que racionalmente lo tiene claro, pero...

hay algo que le retiene.

Ahí tiene la respuesta.

Conténgase, Felipe.

Discúlpeme, don Ramón. Marcia.

Marcia. Marcia, espera.

¿Cómo estás? Me dijeron que tuviste problemas respiratorios.

No finjas que te interesa.

¿Cómo? No estoy fingiendo.

Felipe, ¿por qué no vas a preocuparte por Genoveva?

¿No es ella la que ha conquistado tu corazón?

Está claro, quiero resarcirla.

-¿Por qué? No es culpable de sus males.

-Pero Margarita no lo entiende de esa manera.

Porque me molesta, lo que me duele es el engaño.

El saber que todo lo que me dijiste era mentira.

Trata de comprenderme. Lo hago, Felipe.

Por eso, ahora que estás con ella,

comprendo que tu amor por mí era pasajero.

¿Cómo os ha ido por el pueblo? -Divinamente.

De no ser por este negocio, me hubiera quedado a vivir allí.

-Como en el pueblo de uno, no se está en ninguna parte.

-¿Cómo han ido las cosas, le fue bien con el quiosco?

Voy a probar suerte en los escenarios.

¿Y cómo piensas volver después de todo este tiempo?

No será sencillo, Camino. -Pamplinas.

Eres una artistaza, se pelearán por contratarte.

No lo tengo claro.

Vaya, me alegro que hayan congeniado tanto.

-¿Cómo no hacerlo con una dama tan encantadora?

Se nota que es sobrina de don Armando,

tiene tanto mundo como él. -Muchas gracias,

es todo un caballero.

-Busco a Santiago. -¿Qué quiere de mi esposo?

-Me había pedido que le ayudara con un asunto

y quería darle respuesta cuanto antes, por si le corría prisa.

-¿Y qué tipo de asunto?

Válgame Dios.

Esto tiene más porquería que el palo de un gallinero. Es todo miseria.

(Pasos)

¿Usted qué hace aquí?

Me alegra verte sola.

¿Qué quiere usted?

-He de reconocerle que me da curiosidad

ver el lugar donde trabaja un artista.

-Pues venga cuando quiera.

Esta mañana he invitado a su marido.

-"¿Una copita, señores?".

-Uy, uy, uy.

-Lo siento, lo siento muchísimo.

Lo siento mucho.

Doña Cayetana.

Sabía que era usted eterna.

Sabía que no había muerto en aquel incendio.

El fuego se combate con fuego.

He rezado noches enteras por volverla a ver.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1132

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1132

05 nov 2019

Genoveva despierta a Úrsula del sueño y se da cuenta de que la criada está peor de la cabeza de lo que imaginaba.
Tras las acusaciones de adulterio de Bellita Jose acaba confesándole que está sumergido en una obra teatro. Cinta decide volver a los escenarios y su madre le da su bendición. Bellita recibe la dirección de Margarita. ¿Irá a verla?
Rosina y Liberto reciben a Maite Zaldúa, la sobrina de Armando. Una chica artista, parisina y moderna que da mucho que hablar en Acacias. Se va a alojar en un piso, propiedad de Liberto, donde también va a montar su galería de arte.
Servando monta en el quiosco de Marcelina una zona de relajación musical que va a traer muchos conflictos con el resto de sus vecinos. Fabiana y Cesáreo le aconsejan que lo deje.
Úrsula ha visto a Cayetana en sueños y le pregunta a Fabiana si ella cree que sigue viva. Ve como Genoveva y Santiago hablan. Marcia rechaza a Felipe para siempre.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1132" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1132"
Programas completos (1143)
Clips

Los últimos 3.715 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios