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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1126 - ver ahora
Transcripción completa

¡Nadie va a callarme,

ni tan siquiera una diva venida a menos como usted!

Puede responder a las preguntas de la prensa. Chicos.

-¡Yo le mato, sinvergüenza! -(HABLAN TODOS A LA VEZ)

-¡Canalla!

No somos socios, tú eres es mi subordinado.

Cada vez me agrada más.

Es una lástima.

Estoy nerviosa, angustiada. -¿Por Armando?

-¿Y si ha perdido el interés después de conquistarme?

Voy romper con él antes de que me haga más daño.

¿Quién la envía? Juan Ignacio Toscano.

Asegura que no nos preocupemos.

Irá con toda la fuerza de la ley en contra del productor.

¿Va a denunciarle? Así es, y ahora con más fuerza.

Le reclamará su comportamiento delante de la prensa.

-¿Llegaremos a tiempo de detener el estreno de la película?

Servando y Fabiana nos dejan la habitación a un precio especial.

Lo que importa es que podremos quedarnos en Acacias,

es nuestro lugar.

¿Estás contenta? -"¿Y tu madre?".

Destrozada. La semana que viene

estrenarán la película en España, y más adelante en América.

-Si así ocurre, su nombre quedará por los suelos.

Úrsula, no se trata del retrato de Mateo, sino del de Samuel.

¡No se atreva a mentirme!

Mírelo usted misma.

¿Está usted al tanto de la existencia de un cuaderno rojo

en el que don Alfonso tomaba anotaciones?

-Es la primera vez que oigo hablar de él.

¿Y qué apuntaba en ese cuaderno?

-Por lo que sospecho, los detalles de su pérfido plan.

-Si eso es así,

esa es la prueba definitiva para mi abogado.

-Tenemos que tenerlo en nuestro poder, cueste lo que cueste.

-No te preocupes,

que no va a ser el abuelo quien vaya a malcriar a su nieto.

Ahora mismo, devolveré todos los regalos.

-Digo yo, que ya que está aquí,

lo mismo no hace falta que devuelva el carrito.

Con decirle al crío que no es de alcurnia, asunto arreglao.

Podríamos ir a comer al centro. ¿Te gustaría acompañarme?

Será un placer.

Creo que he encontrado el condenado libreto.

-Aquí está el cuaderno.

Lo tenemos.

-Lo temía. ¡¿Qué demonios hacen aquí?!

-Me he acordado de Cariné porque ella siempre me recordaba

cómo te apresuraste a salvar mi vida.

Lo vio, estaba a tu lado. -Sí.

Me acuerdo de su cara de espanto.

-Marcia, ¿qué te ocurre? Has perdido la color.

-Cariné no fue testigo de cómo me salvabas.

No podía haberlo sido, ella cayó del andamio conmigo

y se quedó inconsciente.

¿Cómo es posible que no lo recuerdes?

¿Has dicho una mentira para probarme?

-Y tú has caído en mi trampa.

-¿Qué trampa, Marcia?

¿Que te he ocultado que no recuerdo bien mi pasado?

No quería decepcionarte

reconociendo mis olvidos, esa ha sido mi única culpa.

¿Por qué me miras así?

¿Qué demonios estás elucubrando en tu cabeza?

¡¿Qué es lo que temes?! ¡Habla!

(Sintonía de "Acacias 38")

Esto es una propiedad privada.

-De un felón. ¿O me va a negar que este cuaderno no es suyo?

-¡No tienen ningún derecho!

-¡Sinvergüenza, ha querido humillar a mi esposa!

-He hecho justicia para que todos conozcan a Bellita del Campo!

-¡Nadie va a ver nada!

¡Nos llevaremos el cuaderno y esa endemoniada película!

-¡Sobre mi cadáver!

-¡Cuidado! -De aquí no sale nadie.

-¡Porque usté lo diga!

-¡Alto a la autoridad! ¡Quietos!

-Don José, la policía.

-Agentes,

detengan ahora mismo a estos maleantes.

Han entrado en mi propiedad para robarme.

El único delincuente es este señor!

-¿Y qué es eso que lleva en la mano?

Es mi última obra, mi próximo estreno.

-Este cuaderno es la prueba de que nos ha engañado.

-Solo quiero que el mundo sepa la verdad.

-¡Embustes es lo único usted dice! -Orden, señores.

-¿Quién diantres es usted?

-Juan Ignacio Toscano, abogado del señor Domínguez.

-Dígale a su cliente que suelte mi película.

-¿Me permite?

-¿Qué hace?

Esa película es mía, devuélvamela. -Eso tendrá que decidirlo el juez.

El dictará si la película se estrena o no.

-Estaba en mi propiedad.

¡No tienen ningún derecho a llevarse nada!

Esto es allanamiento de morada. -Avalada por una orden judicial.

-Tenga.

Lo escrito ahí es la mejor prueba de sus ruines intenciones.

-Lo mejor es que lo custodie la policía y se lo entregue al juez.

¿Y no van a detener a estos dos? -Yo de usted, me preocuparía

más de buscar un buen abogado, le va a hacer mucha falta.

Me haces daño.

-Perdón, no quería...

-Me has mentido, Santiago.

-Estos ocho años han sido una pesadilla para mí,

la separación no solo destrozó mi cabeza, también mi alma.

-¿Crees que para mí fue fácil?

Fui yo la que se quedó con Cesar Andrade.

-Marcia, entiéndeme,

no quería perderte,

decepcionarte con mis olvidos.

No me crees...

¿Te acuerdas?

-¿Te acuerdas tú?

-Me la diste cuando me llevaron a la cárcel.

Es un trozo de nuestro pasado,

de Brasil,

de la tierra que destruíamos en los campos de caucho.

-El ágata azul.

-Hubiera muerto antes de que me la arrebataran.

Era lo único tuyo que pude conservar estos años.

Mírame a los ojos, Marcia.

¿Qué ves?

Dime que ves a tu marido,

por lo que más quieras.

Dime que ves a Santiago.

Me alegra volver a verle.

-La verdad es que tenía muchas ganas de retomar mis veladas en Acacias.

-Siempre es bienvenido a este barrio.

-Gracias.

-¿Me va a contar eso tan importante que tenía que decirme?

-Antes de nada, quería agradecerle que haya accedido a hablar conmigo.

-Más que hablar, me gustaría escucharle.

Es usted quien tenía que contarme algo.

-Noto cierto resquemor en su tono.

-Que desaparezca de la noche a la mañana,

solo puede significar una cosa.

-Se equivoca, Susana.

Usted no es la razón de mi alejamiento.

De hecho, si he vuelto es porque no soportaba más esa situación.

Necesitaba verla, estar cerca de usted.

-Le agradecería que se explicara mejor,

no acabo de comprenderle.

-Susana,...

he recibido una carta, una carta que me ha enviado su majestad.

-¿El rey le ha enviado una carta?

-Me han faltado fuerzas para hablarle de ella.

Lo siento, pero esa carta ha cambiado todo para mí.

El rey me requiere para una misión diplomática en Francia.

-Pero... pensaba que estaba casi retirado.

-Usted lo ha dicho, casi.

Mi intención era instalarme en España para no salir,

pero no puedo decirle no al rey,

no puedo, ¿lo comprende?

-Había pensado...

en mil cosas, que se había aburrido de mí,

que había conocido a personas más interesantes,...

pero jamás, que el rey le reclamaba.

-Espero que ahora comprenda mi estado de ánimo.

Por un lado, jamás fallaría a mi rey,

por otro, solo ansío pasar el resto de mi vida a su lado.

-Armando, por Dios.

-Usted es el único motivo por el que diría no al rey.

Y, sinceramente, no sé cómo liberarme de este compromiso.

-No siga, Armando. Dejemos aquí la conversación.

-¿Se va usted?

-Necesito pensar, entiéndame.

-La comprendo.

Yo me siento igual de confuso.

La idea de separarme de usted se me hace insoportable.

Y decía que las cortinas no hacía falta lavarlas,

que no se iban a ver. -No es por desmerecer,

pero el mérito es de los vidrios,

que bien que me he esmerado dando vinagre.

-Pa una cosa que hace,

ya me extrañaba que no se tirara el moco.

-Si no le gustan las verdades, tápese los oídos.

-¿Y si ponemos un par de maceteros con palmeras

como los de la puerta del 38?

-¿Eso? Eso es mucho artificio.

Es mejor ser prácticos

y poner una pizarra para poner las ofertas especiales que tenemos.

-¿Cómo si fuera un mercadillo?

-Vamos a ver, se trata de atraer a la gente.

¿Que cree que atrae más, una maceta o perras en el bolsillo?

-Le recuerdo Servando que vivimos de la pensión.

Si rebajamos las habitaciones,

los que salimos perdiendo somos nosotros.

-Es a corto plazo, que no tiene visión de futuro.

-Cesáreo, venga, haga el favor.

-Eso, eso.

Venga y sea sincero.

A ver, ¿qué prefiere,

más cuartos en el bolsillo o una maceta en la puerta de casa?

-Servando, esa no es manera de preguntar.

-Ni una cosa ni la otra.

No me metan en sus trifulcas, que no quiero que nada me haga sombra.

-Caramba. ¿Y a qué viene esa contentura?

Me acaban de dar un sobresueldo por buen desempeño del oficio.

Orgulloso y con la buchaca llena.

-¿Ve? La alegría de tener cuartos.

-Le felicito, Cesáreo.

Me alegro que le reconozcan el trabajo bien hecho.

-Habrá que celebrar esto de alguna manera, ¿no?

-Quería invitar a todos los criados a una barbacoa.

-Vaya, qué detalle.

A ver si aprendemos algo.

-Oiga, que he sido yo quien ha mencionado lo de la celebración.

-Háganme el favor, y corran la voz de la invitación.

Eso sí, no le digan nada la Arantxa.

-Arrea, ¿acaso no quiere que ella vaya?

Todo lo contrario, quiero decírselo personalmente.

Y con su buen hacer en los fogones,

me gustaría que me aconsejara a escoger la carne.

-Nada, nada, no se inquiete,

que ya le reservamos ese honor a usted.

-Les dejo. Ni una palabra a Arantxa.

-No, no, no.

-(SILBA)

¿Qué le gustará más a Arantxa, la de ternera o la de cordero?

-Pues...

La Arantxa...

(RÍEN)

Mari Belli, las copitas en alto. -Muy bien.

Eh, eh, eh, eh. Papá...

Vosotros brindáis levantando la manita.

Tú también. Papá.

Brindar con agua tare mal fario.

-Bueno, antes de nada, me vais a permitir unas palabrillas

a estos héroes, que ya quisieran Daoiz y Velarde

el coraje y el arrojo que han demostrao.

Que no sé yo quién son peores, si los franceses

o ese malnacío de Alfonso Carchano.

Por Emilio y por José. -Doña Bella, si me lo permite,

me gustaría compartir el mérito con su hija y mi hermana.

-Cierto, si las niñas no hubieran entretenido al tipejo ese,

malamente habríamos entrado en el despacho del susodicho.

-Alfonso no es tonto y enseguida se dio cuenta

de que estábamos tramando algo. No pudimos entretenerlo más.

Se dio cuenta desde el principio,

que ni se quería sentar con nosotras.

Y eso que invitaba la casa. -(RÍE)

Pues aun así conseguimos hacernos con el cuaderno y la película.

-Reconozca Emilio que ese hombre nos pilló in fraganti.

-Y bien que supo reaccionar. Tendríais que haber visto

el tortazo que le dio.

-Digo.

Un toro es mi José si se trata de defenderme.

-No exageres, sultana,

que yo siempre he sido un hombre de paz.

Pero si no aparece la policía,

aquello hubiera acabao como el rosario de la aurora.

-Menos mal que el abogado consiguió la orden a tiempo.

-Muy caro le ha debido costar, que esos papeles llevan su tiempo.

-Te lo creas o no, no he soltado ni una perra gorda.

-Oye,

no lo habréis robado, ¿no? -Que no, mujer.

Mata a un gato y te llaman matagatos.

-Resulta que el juez

es un gran admirador de Bella del Campo,

y cuando vio la denuncia, decidió darle prioridad.

Eso sí que es tener suerte, madre.

-Solo me preocupa una cosa, la prensa.

Hay que evitar que me vuelvan a dejar como la mala de la película.

-Nunca mejor dicho, lucero,

pero templa, que ese hombre tendrá que vérselas con la justicia.

Vamos a brindar.

-No me fío, José, no me fío ni un pelo de ese.

Ese Alfonso es un jeta

y va a remover cielo e infierno para que se vuelvan contra mí.

Ay, qué fatiga, virgen del Carmen.

-Venga, Mari Belli, va.

-Venga.

Chin. (RÍEN)

Ya has oído a la gitana,

me aguarda una vida llena de niños y celebraciones.

Imaginación no le faltaba.

Siete criaturas,

seis hembras y un varón apuesto y elegante como su padre.

No sé de dónde sacó que estábamos juntos.

Lo vería en nuestras manos.

¿Ves?

Me lo he pasado muy bien.

Gracias por tu compañía.

Ha sido un placer compartir la tarde contigo.

Doña Genoveva.

¿Qué quiere?

Hablar con usted.

A solas, si es posible.

Lo siento, pero no es buen momento.

No la entretendré mucho, es urgente.

Si no te importa, ve adelantándote tú,

por favor.

Si me necesitas, ya sabes dónde estoy.

Gracias.

Gracias.

¿Se puede en qué estás pensando?

¿Cómo se te ocurre abordarme así?

No se altere.

Se trata de una simple prueba. ¿Prueba de qué?

De lo fácil que es acabar con todo esto.

Si en lugar de hablar con usted, hubiera hablado con don Felipe,

le hubiera contado algunas cosas sobre su bella enamorada.

¿Me estás amenazando otra vez?

La pregunta sobra.

La estoy amenazando con contarle todo a don Felipe.

No juegues conmigo.

Si no, ¿qué? ¿Dejará viuda a la pobre Marcia?

Eso sería un gran error y no le conviene.

Acabaré contigo con mis propias manos.

Estaré encantado.

No sería mala forma de morir viendo esos maravillosos ojos verdes.

No me pongas a prueba.

Tendrá que ser otro día.

He de marchar si no quiero llegar tarde a mi turno.

¿Casilda?

¿Casilda?

Úrsula.

Buscaba a Casilda, para saber cómo estaba tras la misa de Martín.

Ya ves que no está.

Volveré más tarde.

Parece que al final os quedáis en Acacias.

Me he enterado de que tu esposo Santiago

ha negociado de forma permanente una habitación en la pensión.

¿Cómo lo sabe?

Querida Marcia, yo lo sé todo de todos.

Tengo contacto con señores y criados por igual.

No hay forma de que los rumores escapen a mis oídos.

También ha llegado a mis oídos

que has mantenido relaciones extramatrimoniales con don Felipe.

¿Quién le ha dicho eso?

No finjas escandalizarte y purga tus pecados.

Tu esposo no merece

que manches su nombre con un adulterio.

Úrsula, yo no he hecho nada, eso es falso.

No te esfuerces en negar lo evidente,

pero no te preocupes,

yo y el resto haremos la vista gorda,

a fin de cuentas,

solo eres una muchacha que ha sufrido lo indecible

y merece ser feliz.

Has tenido mucha suerte, Marcia,

tu esposo ha sabido ganarse el corazón de los vecinos.

Las aguas han vuelto a su cauce.

Tú estás con tu esposo y doña Genoveva con tu señor.

Precisamente anoche,

llegó exultante tras pasar toda la tarde

con el señor Álvarez Hermoso.

Hacía tiempo que no veía a mi señora tan contenta y relajada.

En fin, bajo a casa de mi señora,

no vaya a ser que me eche en falta y enturbie su felicidad.

Queda con Dios, Marcia.

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

-Marcia, ¿qué te pasa, mujer?

Ya, ya, calma.

Va, una patadita, aunque sea pequeña, ¿me oyes?

-Ya le digo que esto va por libre.

-Con la de cosas tan bonitas que te he dicho.

-Ahí lo tiene, ¿lo ha sentío?

-¿Ahora, cuando levanto la mano?

-Traiga, toque aquí.

-Ah. Uy.

Por favor. Pero ¿esto es normal?

Si se mueve más que un volcán en erupción.

-Tenía que ver a los no nacíos de Cabrahígo.

Más de una mesa se han llevao

mientras que la madre se calentaba en el brasero.

-No recuerdo yo que mi Leonor se moviera tanto.

Ya desde la barriga se veía venir

que sería una intelectual, y de moverse poco.

-¿Qué tal están ella y las trillizas?

-Bien, bien.

Figúrate, ella sola con tres criaturas,

qué pena que no la pueda ayudar.

Prepárate si te viene más de uno.

-Buah, si por mí fuera, traería hasta cinco.

Qué exagerada eres. -Que no.

Lo que diga Antoñito.

Si uno se le hace un mundo, imagínese con más.

-Marcho a la mantequería. ¿Va a querer la leche de cabra?

-Dos litros. Pero no la subas tú, no tengamos un disgusto.

Que se encargue Casilda. -Ea. A más ver.

-Acabo de cruzarme con Lolita, ¿todo bien?

-Sí. Esa loca sube las escaleras para preguntarme una tontería.

¿Qué te pasa?

-No, estoy algo preocupado.

He ido a casa de mi tía para invitarla a comer y no había nadie.

He llamado y nadie me abrió la puerta.

-Qué raro, a estas horas está recogida.

¿Has preguntado al portero?

Quizás le ha surgido una urgencia. -No sabía nada de ella desde ayer.

Ni siquiera sabe si ha dormido en casa.

-(RÍE) ¿Dormir fuera de casa? Eso es imposible.

-Y menos, sin avisar.

-La verdad es que tu tía no está bien últimamente.

Está triste, sin ánimo...

Tranquilo, puede ser cualquier cosa. -Tenemos que encontrarla.

-Pero ¿dónde?

Susana solo va a la iglesia, al restaurante

y de vez en cuando, a la mantequería.

-He preguntado en esos sitios y nadie sabe de ella.

-Eso es raro, ahora sí me preocupo. ¿Y si le ha pasado algo grave?

-Voy a buscarla.

Aunque yo no sea tan beata como doña Susana,

la misa me ha sentao fetén.

Ha sido muy bonito ver cuánta gente apreciaba a mi Martín.

-Me hubiera gustado conocerlo, seguro que era un buen hombre.

-Pa chasco que sí, más bueno que el pan blanco.

Han pasado 11 años y todavía no acabo de olvidarlo.

-Sabes que me tienes para lo que sea.

Lo digo en serio.

-Gracias, bonita.

¿Cómo estás, estás ya más tranquila?

-Sí, cuando me calmo, puedo respirar bien.

-Claro, con paciencia, seguro que lo consigues.

Y si no, tienes a un hombretón dispuesto a ayudarte en lo que sea.

¿Va todo bien con Santiago?

Marcia, sabes que puedes confiar en mí.

-No lo sé, Casilda.

Te contaré cuando tenga las cosas más claras.

-¿Qué cosas? Mira que me dejas preocupá.

-Olvídalo, no hay nada de qué preocuparse, de verdad.

-"Como se nota el humo de los automóviles".

-Mejor eso, que las cagarrutas de caballo.

-¡Las doce y media y sereno!

-Cesáreo, acérquese un momento.

-¿Qué? ¿Adecentando el negocio?

-En ello estamos.

Sepa que estamos muy agradecidos por la invitación a la barbacoa.

-Deseando hincar el diente a carne de la buena,

que con las apreturas, la catamos poco y a desmano.

-Tan buena, que la mismísima Arantxa ha ido a escogerla.

-Eso hemos escuchao.

-Una carnívora como pocas, experta en cortes y dispensarios de carnes.

Además de ser una gran persona llena de innumerables virtudes.

-No sabía que Arantxa y usted fuesen tan amigos.

-¿Por qué no íbamos a serlo?

Me llevo bien con todos los vecinos.

-Sí, sí, si usté lo dice...

-Les dejo, que he de continuar con la ronda.

Con Dios. -Con Dios.

-(JACINTO RÍE)

-¿Se puede saber qué mosca le ha picao?

-Creo que no le ha picado nada,

yo creo que el sereno ha escuchao los cencerros del amor.

-¿Enamorao el sereno? ¿De quién?

-¿De quién va a ser?

-En albis me tienes.

-Mejor termino aquí y me voy con la escoba a la portería.

-¡Jacinto!

No se habrá enamorao de mí, ¿verdad?

-Buah.

-Es eso, ¿no?

¿Úrsula, es usted?

¿Úrsula, está ahí?

Úrsula, me ha asustado.

No era mi intención, señora.

La noto alterada.

Llevo un buen rato llamándole, ¿es que está sorda?

Estaba en la cocina ordenando las alacenas y no la escuché.

Entonces, ¿era usted?

¿Quién más podría ser? No hay nadie más en la casa.

Intento leer, y así es imposible trabajar.

¿Seguro que se encuentra bien?

Parece nerviosa.

Se equivoca, estoy perfectamente.

¿No será usted la que no está bien?

¿Por qué me dice eso?

Ha olvidado la escena que me montó con el retrato de Samuel?

Según usted, era Mateo.

No sé de qué me habla.

¿Cómo que no?

A mí no me engaña.

(Puerta)

Felipe,

qué grata sorpresa.

Si necesitan algo, estaré en la cocina.

Ayer no me despedí como me gustaría.

La irrupción de ese hombre me dejó cierto resquemor.

Su presencia fue bastante inoportuna.

No quiero pecar de entrometido pero ¿qué quería de ti?

Parecía muy insistente.

Santiago se ha enterado de mi situación financiera

y quiere que medie para conseguirle un trabajo

y redondear su sueldo en el almacén.

¿Y qué le has contestado? Que lo miraré,

al menos, hasta que su mujer se recupere de su afección pulmonar.

Él no quiere que ella trabaje, solo que repose en casa.

Me alegra saber que ese hombre cuida de Marcia.

Es un alivio para todos,

En fin, me tengo que ir.

Gracias de nuevo por el paseo. Gracias a ti.

¡Úrsula!

¿Señora?

Acompañe al señor a la puerta.

Con Dios.

¡Maldito Santiago!

Ha tenido mucha suerte de recuperar la película.

-En realidad, está en manos de la policía.

Solo espero que la destruyan cuanto antes.

-Eso lo decidirá el juez,

pero viendo las evidencias, no creo que tenga duda.

-Esto merece un brindis con champán, que convido yo.

-Yo no le haré el feo y me mojo un poco los morros.

-Aviso al camarero para que traiga tres copas para brindar.

-Felicia, mejor que sean cuatro.

¿Les importa que me una a ustedes?

-Qué va, así celebra con nosotras el fin de Alfonso Carchano

y sus intrigas.

-Cualquier excusa es buena para degustar una copa de champán.

Por casualidad, ¿no habrán visto a Susana?

-No. Ni por la calle ni por la mantequería la he visto.

-Yo tampoco, ¿ha ocurrido algo?

-No, imagino que se le habrán pegado las sábanas.

-El sueño y el apetito son salud,

así que, déjela dormir, que eso es bueno.

-Supongo que sí.

Cuénteme, ¿qué ha pasado exactamente con ese productor?

-El marido de Bellita,

que ha conseguido que la policía

se haga con la película de Carchancho.

-(RIENDO) Carchano.

Por cierto, película donde no salía usted bien parada.

-Como una arpía que me hizo quedar el muy maldito.

Ahí se pudra en las mazmorras.

-Mujer, solo le queda confiar en la justicia.

Todo saldrá bien.

-Puede que ganemos el juicio,

pero temo perder la batalla con la prensa,

que ese tipo es mu marrullero.

-En ese caso, hay que tomar la delantera.

¿Para qué esperar? -No la entiendo.

-Carmen tiene razón.

Debe ir usted a los periódicos antes de que lo haga Alfonso.

-¿Ir a dónde? Me están liando.

-A ver, muy sencillo.

Mi hija Leonor tiene un amigo periodista

que podría ayudarnos.

Y le cuenta usted su versión de los hechos antes de que lo haga Alfonso.

-Ay, Rosina de mi alma, ¿haría eso por mí?

-No lo dude, y más, sabiendo que no cuesta.

-(TODAS RÍEN)

¿Ve? Con esta puntada

se disimula mejor el roto y se refuerza el agujero.

-Desde luego, es usted toda una señora artista.

-La experiencia que dan los años. No todo va a ser malo.

-Y más ahora, que parece que estamos de racha.

Da gusto ver lo bien que están Marcia y su marido,

con todo lo que ha pasado esa muchacha.

-Toquemos madera.

Mi señor también está cada vez más cerca de doña Genoveva.

En nada, se habrá olvidado

de su boda con Marcia.

-Yo me temí lo peor cuando me enteré que Santiago había estao preso

y que había tenido tratos con el animal ese que secuestró a Marcia.

-César Andrade se llamaba, ¿no?

-Un malnacido como la copa de un pino.

-Por suerte, Santiago no resultó ser de la misma calaña.

-Quía, ni por asomo,

que el hombre no puede ser más bueno y cariñoso con Marcia.

-Bueno, aquí tiene, como nueva.

-Muchas gracias por el remiendo, Agustina.

A más ver.

(Llaman)

Fabiana, ¿se ha olvidado algo?

Úrsula, ¿qué se le ofrece?

Mi señora me ha dicho

que don Felipe guarda un retrato de Mateo.

Venía a que me lo enseñara.

Lo siento, Úrsula, pero son cosas de mi señor

y prefiero no hurgar en ellas.

Tiene razón, pero compréndalo.

Crié a ese niño como si fuera mi hijo

y hace tanto tiempo que no le veo, que no sé nada de él.

No me niegue este consuelo.

Solo será un momento.

Le prometo que nadie se enterará.

(ASIENTE)

Mateo, mi niño.

Pobre criatura, perder a su madre...

Qué mal sino tuvo Lucía.

¿Qué hace?

¿Qué ha cogido?

Telmo...

Telmo, hijo mío...

Ay... Te echo tanto de menos.

Devuélvame la foto, por favor.

¡No me separe de ellos!

Úrsula, sea razonable.

Les di toda mi vida... Les di cariño,

dediqué mi vida por ellos y,...

y a cambio, a cambio solo recibí desprecio y rechazo.

Blanca, Olga,

Cayetana...

Ojalá os pudráis allá donde estéis.

Yo pensé... que podía empezar

una nueva vida con ellos:

con Telmo y Mateo, con doña Genoveva...

Úrsula, cálmese, que el señor está al volver.

¡¿Cuánto desprecio

puede soportar una persona?!

¡¿Cuánto?!

¡Déjeme!

¡Malditos seáis todos!

¡Todos!

¡Todos!

Venga.

Adelanta la pierna, saca pecho,

y mueve los brazos así, como las agujas de un reloj.

Ole.

Despacito pero con sentimiento.

Lo que gustaba este meneíto a los porteños.

Más de un matrimonio se ha llevado por delante. Eso es.

Hija de mis entrañas, más que brazos, parecen aspas.

Pon un poquito de tu parte. Escucha, mira,

cuando los brazos bajen, haces como si te hubiera quemado el fogón.

Retiras la mano de golpe, retorciéndola de puro dolor.

Ahí está. ¿Lo has cogido?

Madre, nunca he estado en un fogón ni me he quemado.

¡¿Cómo puedes ser tan malaje, hija de mi corazón?!

Que no me sale, madre.

"Que no me sale, no me sale".

Tú es que no has vivido,

te falta vivir, el que ha vivido es el que baila con sentimiento.

Pues lo dejamos pa los 40, ¿le parece?

Qué graciosa la niña. Anda, ponte en posición.

Ahí está. -Buenas tardes.

Ole mi padre.

Esto es un recibimiento, no los del Palacio Real.

-Ni caso, que es una lianta.

-Ah... ¿A quién habrá salido?

¿Has hablado con el periodista ese que te dijo Rosina?

-Digo. Allí me planté y le conté todo con pelos y señales.

El hombre lo apuntó todo

y me prometió convencer al director

para sacarlo hoy mismo en el vespertino.

-¿Y? ¿Habéis visto si se ha publicado algo?

(Puerta)

Voy a abrir.

-Ya se ha librao.

-A las buenas.

Aquí tiene El Vespertino, recién salido y todavía calentito.

-Qué nervios. -Toma. Muchas gracias Marcelina.

-Pa servir.

Con Dios. Con Dios.

Con Dios.

Madre, ¿qué dice? Diga algo.

Ahora te lo traigo, cariño.

-Hijo, ¿qué haces aquí? Te hacía con un cliente.

-Un antojo de Lolita me ha reclamado urgentemente

y he tenido que retrasar la reunión.

-Bien hecho. Los antojos de las embarazadas

hay que complacerlos siempre. -¿Sí?

¿Aunque el antojo la mande directa al hospital?

-¿Qué barbaridad te ha pedido ahora?

-Sardinas con flan de huevo, ¿qué le parece?

-Una exquisitez asquerosa.

-Efectivamente. ¿Le importa echar un ojo?

-Claro. -Gracias.

Ramón.

Felipe.

¿Ya de retirada?

Iba a saludar a mi nuera.

Le veo animado, ¿cómo van las cosas?

Bien. Parece que la tranquilidad se ha vuelto a instalar en Acacias.

Se comenta que le vieron con Genoveva por el centro.

Según Carmen, todo el barrio especula sobre su posible

reconciliación. Algo de eso hay.

Poco a poco vamos estrechando lazos de amistad.

Celebro verle tan ilusionado de nuevo.

La verdad es que Genoveva me ha dado un apoyo que no esperaba.

Felipe, lo importante es hacer borrón y cuenta nueva,

y si el apoyo de Genoveva

le ayuda, bienvenida sea.

No sabe cuánto agradezco sus palabras.

¿Qué le parece si lo celebramos con una comida entre amigos?

Liberto, Genoveva, Rosina...

Felicia ha cambiado la carta del restaurante

y ardo en deseos de probarla. Suena muy bien.

Ya es hora de que nos divirtamos un poco,

y de paso, celebremos el éxito de nuestro barco.

Liberto y Genoveva se han dejado la piel,

es hora de homenajearles como ellos merecen.

Si quiere, yo se lo diré a Genoveva.

Yo me encargaré del...

Aunque no sé si...

Rosina va a sentirse cómoda comiendo con Genoveva.

Quizá no haya olvidado lo qué pasó entre su marido y ella.

Pensaba que estaba solucionado.

Podría ser una oportunidad para que Rosina pase página con Genoveva.

Muy bien, yo hablaré con Liberto y con Felicia,

y usted, coménteselo a Genoveva.

Perfecto.

Con Dios. Con Dios.

El productor engañó a la artista con el rodaje de una película

destinada a desacreditarla delante del público.

Afortunadamente, la justicia ha tomado cartas en el asunto

para que el nombre y la imagen de la gran Bella del Campo

recupere el brillo y esplendor que nunca

debió perder.

Ole ahí.

-Me he emocionado y todo, seré tonta.

De tonta nada, madre.

-Lo bien que ha juntao las letras el periodista.

Habrá que mandarle un regalito, ¿no?

-Una copla le cantaría a ese adalid de la verdad.

La voy a cantar ahora mismo.

-Pues venga. -Tocarme las palmas.

Ole.

# Provincia, con el fandango orgullosa

# está Huelva y su provincia.

# Lo mismo que está una rosa

# cuando recibe caricias. #

Qué mala suerte que los Domínguez estén de celebración esta noche.

-Por fin se va a enterar España quién es el tal Carchano ese.

-Con la ilusión que puso Arantxa escogiendo la carne.

-No es para menos, que más fiesta es comer eso,

que los canapés de los señores.

-Cesáreo, no se venga abajo, ya habrá otra ocasión.

-Además, ya le dejaremos a Arantxa un trozo de carne sin asar

para que la pruebe cuando suba.

Servando, vaya sirviendo el vino que he subío de la pensión.

-No se diga más.

-Aquí traemos la primera remesa de chuletillas.

-Hemos dejado las brasas encendidas por si queremos repetir.

-Oye, que huele que alimenta.

-¡Servando, a esperar a que estemos tos sentaos!

¿Me has oído, Jacinto?

Ni manos, ni napias. -Es que...

este olor me es familiar.

-He puesto romero y orégano,

como en tu pueblo. -Ah.

-Estos manjares

bien se merecen un brindis de agradecimiento.

-Con las gracias me sobra. Vamos, que las chuletas se enfrían.

-Un momentito.

Yo brindo y le deseo un gran futuro

como guardián de nuestras calles y salvador de la sociedad.

-¡Amén, amén!

Brindemos por la salud de Cesáreo.

-Por Cesáreo. -Y por la de Arantxa, que no está.

-Qué cansino, de verdad.

-Deja de mirarlas e híncales el diente.

-¡Quieta pará, quieta!

Que,... que estas chuletas son de la Remigia,

la nieta de Lucerita,

la oveja que te presenté cuando fuimos al pueblo.

-Estamos aviados.

(Puerta)

Liberto, ¿dónde estabas?

¿Has sabido algo de Susana?

-Rosina, traigo malas noticias.

Chist, chist.

-¿Estás seguro de que es ella?

Mira que nadie del pueblo nos ha comunicado su fallecimiento.

Tan seguro como que estoy aquí. -Huelen que alimentan.

-Un respeto,

¿no ve la pesadumbre que tiene el pobre?

La de siestas que me he echado en la era con ella.

Lo que le gustaba que le rascara el lomo

y que le tirara del pescuezo.

Y los lametazos que me daba en agradecimiento.

Si es que...

era una alegría, y mira cómo ha acabado.

Si parece que va a salir dando un salto.

-Sí, sí, sí, bueno.

-Apestas igual,

ni la muerte te ha quitao tu aroma,

tu esencia.

-La finada suelta un tufo de toma pan y moja, oye.

-Propongo,

propongo un rezo por el descanso eterno

de la Remigia.

-¿Padrenuestro o avemaría?

-Lo que sea, pero rapidito.

-Padrenuestro que estás en los cielos,

-(TODOS) santificado sea tu nombre,

venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

-Dánoslo ya, que...

Como si se la hubiera tragado la tierra.

La buscado por todas partes y nadie sabe nada de ella.

-¿Y Armando?

-Tampoco he dado con él,

pero le he dejado una nota explicándole la situación.

¿Adónde vas?

-No pienso quedarme de los brazos cruzados.

Hay que dar parte a la policía.

-No, Rosina, no te precipites,

es mejor esperar antes de poner una denuncia.

-Conozco bien a tu tía, sé que algo malo le ha pasado.

Armando, ¿qué hace aquí?

-He venido en cuanto he leído la nota.

¿Siguen sin saber de ella?

-Ahora mismo íbamos a reportar de su desaparición.

-Armando, usted fue el último que habló con ella, ¿la notó rara?

-Estaba molesta por mi ausencia, pensaba que yo no estaba interesado

en ella.

Para convencerla de que estaba equivocada,

le tuve que contar mi posible traslado a Francia.

-¿Cómo reaccionó ella cuando se lo comunicó?

-Me dijo que necesitaba pensar y se fue.

-Madre mía... Hay que dar con ella cuanto antes.

Temo que la desesperación la lleve a hacer una locura.

-Jamás me perdonaría haber hecho daño

a mi amada, me siento tan culpable....

-No hay tiempo que perder. ¿Nos acompaña a comisaria?

-Por supuesto. Vamos.

Vienes tarde,

pensé que no llegarías nunca.

Diga lo que tenga que decirme y váyase.

He hecho un turno de 24 horas y estoy roto.

No me hables así.

El trabajo que importa es el que haces para mí,

y no lo estás cumpliendo. Está muy alterada,

¿qué la tiene tan inquieta? Tu chantaje,

tu impertinencia abordándome delante de Felipe, ¿sigo?

Tenía que hablar con usted.

Quedamos en que te llevarías a Marcia, ¿a qué está esperando?

Lo haré cuando reúna el dinero,

no me vale con que usted me lo suelte,

Marcia no es estúpida y sabe que no tengo un real.

Si acepto su dinero, ella sospechará.

¡Te quiero lejos del barrio!

A ti, pero sobre todo a ella.

Muy bien.

Me voy a ir, pero solo,

sin Marcia.

Y usted me va a mantener para que tenga la boca cerrada.

Te llevarás a Marcia.

Apenas me he ganado su confianza y no la voy a obligar.

Aunque no lo crea, tengo mi corazón, y la morena me ha conquistado.

Si no la tengo feliz, prefiero dejarla atrás.

No irás a ninguna parte, y menos, sin ella.

¿Ah no? ¿Y cómo va a lograr que me quede?

Ha sido solo usted quien me ha echado con sus reclamos.

Con lo fácil que hubiera sido dejarme a mi ritmo...

Quizás no esté todo perdido.

Sé por dónde va.

Te devolveré las ganas de estar aquí.

¿Sí, cómo?

Aquí puedes tenerlo todo.

¿Ha leído lo de la película de Bellita?

-Según dice aquí,

el juez ha admitido las pruebas presentadas por los Domínguez.

Así que, la película no se estrena. -De momento.

El paso lo marco yo, no te confundas.

No me vuelvas a abordar en la calle,

que nadie sepa que nos conocemos.

¿Y si no estoy de acuerdo?

Más te vale estar a bien conmigo.

Me siento culpable.

Cada minuto que pasa,

siento que la desaparición se debe a la noticia que le di a Susana.

¿Y qué venías a decirme?

Quería invitarte a una comida con Ramón y su esposa,

con Liberto y la suya.

Una comida de matrimonios, es lo que parece.

¿Sería muy atrevido pedirte que vengas conmigo?

Es un halago y será un placer asistir.

Las noticias del extranjero y no saber

cuál es la misión que Armando tiene que prestar a Alfonso XIII,

no me dejan dormir.

A ver si se va a tener que meter en medio de las bombas.

-¿Qué dice el periódico, habrá guerra?

-De momento, hoy no, ya veremos qué dice el periódico mañana.

Aquí está bien claro, de momento,

la película no se estrena y Carchano puede acabar en la cárcel.

No me fío ni un pelo, ese hombre tiene siete vidas.

El que anda al borde del abismo,

suele haber estado ahí más de una vez.

Seguro que le quedan las suficientes para hacernos el mal.

¿Qué hace en mi casa?

¡Fuera de aquí!

Úrsula, esta no es su casa.

¿Era yo el que tenía ganas? -Desde luego yo no era.

-¿Te recuerdo lo que me dijiste? -¡No me lo recuerdes!

Pero aprovechando que no está Casilda, podemos ir a la habitación.

-Pues sí.

No quiero saber na de cante ni baile, ni de actuar,

ni na relacionado con el arte.

Pero si eres artista, Cinta. Era una artista, Camino,

ya no, eso se acabó.

No me pienso subir más a un escenario.

Solo si le parece oportuno. No me lo parece.

Usted no es quién para controlar lo que pasa en esta casa.

Yo no quiero controlar, pero le pido respeto.

Pues la desprecio.

Aunque supongo que no es la primera vez que se siente despreciada.

¿Ve lo que ha conseguido por enfrentarse a mí?

Por ahí vienen.

-"Ya".

Pero Servando tiene razón,

chuletas y lana, primo.

-¿Tú también? Bruta.

Mejor será que no hable con gente sin sentimiento.

Y actúa, que era lo mejor de la película.

¿No ha pensado en dedicarse al teatro?

-Miren,

yo fui torero malo. -Bueno.

-Malo, malo.

Guitarrista... vamos a dejarlo en regular.

¿Quieren que sea un actor malo también?

-De eso na, que todos le hemos visto en pantalla.

-Mi padre ha dicho que él pagaría por verle en un teatro.

¿Sabe qué pasa?

Que después de verla desnuda,

verla con ese abogado me ha puesto celoso.

No me enerves y tengamos la fiesta en paz.

¿"Fiesta"? Eso quiero.

Cuando uno lo ha vivido, cuesta pasar sin ella.

De esa mujer, de Margarita, no hemos sabido nada.

La policía detuvo a su esposo, a Alfonso Carchano.

-Ni hemos sabido ni vamos a volver a saber.

-Ay, Dios lo quiera.

-Miren, enemigo que huye, puente de plata.

Póngame con el despacho de abogados de Juan Ignacio Toscano.

Sí, buenas tardes. Soy Bellita del Campo.

Verá, señor Toscano, quiero hablarle de algo que me preocupa mucho.

Quiero hablarle de Margarita, la esposa de Alfonso Carchano.

Úrsula, ¿qué está haciendo?

Cayetana,...

no va a volver de ultratumba ¡para insultarme!

¡Suelte eso ahora mismo!

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Acacias 38 - Capítulo 1126

25 oct 2019

Alfonso llega a tiempo de impedir que Jose y Emilio se lleven el material de su productora. Pero la aparición de la policía, con el abogado de los Domínguez, salva a los dos y termina con Alfonso detenido. Sin embargo Bellita sigue intranquila ¿y si ahora Alfonso la ataca a través de la prensa? Pero gracias a Rosina consigue publicar ella un artículo en el periódico contando la verdad.
Santiago descubre las dudas que Marcia tiene sobre su identidad e insiste en que ha sido la cárcel lo que le ha hecho cambiar. Pero Marcia no termina de creerle.
Armando confiesa a Susana la razón de su distanciamiento los últimos días: el rey Alfonso XIII le necesita en una misión internacional. Tras darle la noticia Susana desaparece. Todos la buscan por el barrio sin saber dónde se ha metido. Rosina y Liberto presentan la denuncia en la policía.
Úrsula pierde la cabeza delante de Agustina al ver un retrato de Telmo y Mateo.
Cesáreo quiere celebrar con los criados un sobresueldo con la mala suerte de que el cordero que compran para la barbacoa era una de las ovejas de Jacinto.
Santiago aborda a Genoveva cuando pasea con Felipe, le demuestra lo fácil que es perderlo todo si él abriera la boca. La señora le ofrece dinero para que desaparezca, pero él lo rechaza: Marcia de momento no estaría dispuesta a irse con él, así que quizás se marcha solo. Genoveva cambia de estrategia, será mejor tenerle cerca, y contento... La señora se desnuda y hacen el amor.

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  1. carmela

    He leído en una nota, que vuelve Cayetana en la mente de úrsula, me encantaría que vuelva, porque a pesar de sus maldades es un personaje muy atractivo. ¡¡¡Saludos y Felicitaciones para todo el Elenco!!!

    28 oct 2019
  2. dolores rodrigo

    HOLA SOY UNA MUJER DE VALENCIA.....TODAS LAS TARDES ENTRA MI CASA ,,,ACACIAS38 ,,,,YO LA VEO DESDE QUE EMPEZO A EMITIR LA NOVELA........HACE 4 AÑOS........NO ME GUSTARIA QUE NUNCA SE ACABARA ACACIAS...POR QUE TODOS SUS PERSONAJES,,,,,,SON TODOS DESDE FABIANA SERBANDO,,,LIBERTO DOÑA ROSINA Y TODOS LOS QUE SALEN,,,EN LA NOVELA.......RUEGO POR FAVOS QUE GRAVEN MAS EPISODIOS DE ACACIAS38 ....,,,ES COMO UNA GRAN FAMILIAAA,,,,,,,LLORO EN SABER SI ALGUN DIA LO QUITAN Y VER NUNCA MAS VER ACACIAS38.........UN BESO PARA TODOS LOS ACTORES QUE SON MARAVILLOS AUNQUE SEA LA NOVELA ,,,, GRACIASS POR TODOS LAS TARDES DE RISA Y TARDES DE LLORO,,,,,,,OS AMO A TODOS LOS QUE HACIS ACACIAS 38...........ESPERO QUE NUNCA TERMINE-------LOLI DE VALENCIA.......

    26 oct 2019
  3. Marilu

    Genoveva, y como se dice en mi país, se SALIA DE LA VAINA por tener " algo " con Santiago; lógico, tanto tiempo de abstinencia................; Ursula, mas loca y desquiciada que nunca; lo de Santiago no tienre pies ni cabeza, que es el mismo que casó con Marcia, es reconocido por ella misma, lo de los " olvidos " tendrían su razón de ser, pero que pasó con sus cicatrices ? ¿ magia?y lo de Susana y su pretendiente: fácil, que se casen y ella lo acompañe en su misión, tan dificil sería ?

    26 oct 2019
  4. Victoria

    Hace tiempo que esperaba que Ursula volviera a "ser ella misma", espero que no se dedique a hacer daño a Marcia pero lo que sí me encantaría es que le quitara a Genoveva, de una vez por todas, ese ego y arrogancia que tiene, que le desbarate los planes con Santiago y que todo salga a la luz. Felipe no debería precipitarse lanzándose a los brazos de Genoveva por dos razones: él no se merece una mujer tan mala que le destrozará la vida y que Santiago no es el marido de Marcia con lo cuál, una vez que se descubra, él podrá estar con la mujer que ama.

    25 oct 2019