www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5420761
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1124 - ver ahora
Transcripción completa

Son los mejores frijoles que he comido nunca.

-No, son los que has comido siempre.

En casa no los querías si no estaban preparados así.

-Sí, lo recuerdo.

Has nacido para esto.

No quiero saber nada ni del cante ni del baile, en mi vida.

Si quiere perderla de vista,

permítame que lo haga a mi manera.

Hazlo como quieras, pero llévatela ya.

Estoy deseando perderos de vista a los dos.

Es una pena... que no tenga tiempo

para que nos conozcamos más íntimamente.

No la defraudaría.

Yo no me olvido de mi Martín ni un solo día.

Hoy he ido a hablar con el cura,

le he encargao una misa en su memoria.

-¿Qué hará por aquí un botones del hotel donde me alojo?

-Lleva una nota en la mano.

-Pues... voy a ver que quiere.

Debo de olvidar a Felipe...

y hacer algo para separarme definitivamente de él.

"El tiempo que pasé a tu lado lo recordaré el resto de mi vida"

(MARCIA) ...como un tiempo de intensa felicidad,

pero el destino ha jugado cruelmente con nosotros

y nos ha separado irremediablemente.

Por grande que sea el amor que nos ha unido,

son más grandes las circunstancias que nos separan.

-Mire, es un regalo que me ha hecho doña Susana,

son prendas que ella ya no usa, pero están en buen uso.

Detrás de ustedes, señoras.

-Pelayo Ortega denunció a un empresario

porque lo anunció como "el gordo" en los carteles.

Lo denunció por injurias y difamación.

¡Vamos a denunciar a don Alfonso Carchano!

Te quiero, Marcia.

Nunca he dejado de hacerlo.

¿Sabes?

Creía que me costaría más sentir ternura.

Tenía miedo de que me consideraras brutal,

un salvaje.

Cada día en el presidio... podía pensar en ti así,

desnuda, a mi lado...

No sé, ¿cinco, diez veces?

Y puede que más. A veces más, sin duda.

Pero nunca imaginé que me sentiría tan cerca de ti.

Estar enamorado...

No sé.

Tan...

-¿Tierno?

Yo tampoco pensaba que me sentiría cómoda en tus brazos.

-¿De veras?

Puede que esta palabra, "cómoda",

suene un poco entre marido y mujer, pero para mí es suficiente.

Me hago cargo de lo que te suponía entregarte a mí.

-Has sido muy paciente, Santiago.

-Ardía por dentro.

Se me nublaba la vista.

Pero te quiero tanto...

que no me hubiera sentido bien de haberlo forzado.

Y a punto estuve una o dos veces.

Eres tan bonita, "minha menina".

-Había olvidado que así era como te gustaba llamarme, "minha menina".

-Deberías olvidarlo todo.

Los dos deberíamos olvidarlo.

No siempre fui el marido que merecías.

-No te fustigues, Santiago.

También me salvaste la vida en varias ocasiones.

-Y volvería a hacerlo. Daría la vida.

Es mi obligación.

Prometí honrarte y protegerte,

y lo haré. -Pareces otro hombre.

-Ah, se me olvidaba,

también voy a hacerte feliz.

(Sintonía de "Acacias 38")

Existe jurisprudencia.

No puedo garantizar el éxito, pero si inician acciones legales,

el tribunal podría aceptar la querella.

-¿Qué te había dicho, reina?

-Tú no habías dicho lo mismo. -¿Cómo que no?

Estamos aquí porque dije que Pelayo Ortega,

un cantaor, que era muy gordo, ese denunció a un empresario

por anunciarle en los carteles como El Gordo.

Así es, señora.

Dado que ese productor, ese tal Carchano,

le ha insultado con su película,

está en su derecho de denunciarle por injurias.

-Pagará una multa y aire.

-Tampoco lo van a condenar a galeras por una mentira.

-Digo. Una mentira que me pone de vuelta y media.

¿Y mi honra? El juez, la justicia española,

una institución respetada.

-Claro. Y si ese, el del camisón, falla de nuestro lao...

El de la toga, o mejor dicho, el togado.

-Ah, pues eso. Si el de la toga nos da la razón,

será don Alfonso el que quede como un...

Como un difamador.

-Un bocazas, iba a decir yo.

Y tu honra quedará más impoluta que cuando viniste al mundo.

Siempre que la sentencia sea favorable.

No quiero que se hagan ilusiones.

-Pero ¿no había dicho que la justicia en España era de garantía?

Lo es, señora, lo es, pero depende mucho del togado.

-De cómo tenga el día, ¿no?

A esa inseguridad en el fallo del tribunal,

hay que añadir lo largo y costoso

de los procedimientos judiciales.

-Pleitos tengas y los ganes, ¿no es eso?

-Está de nuestra parte, ¿verdad?

-Claro, mujer. Claro, señora.

Está usted en su derecho de demandar.

Vamos a hacer una cosa.

Les daré las señas de un compañero especializado en estos asuntos.

Si les dice que llama de mi parte, les atenderá mañana.

-Muchas gracias, don Felipe. ¿Qué se le debe?

Nada, por favor. Somos vecinos y amigos.

Estaría bueno que les cobrara por un consejo.

-Y a menudas horas venimos a darle la tabarra.

Que Dios se lo premie con una buena novia.

Buenas noches.

-¿Está mejor?

Sí, sí, sí.

-Así me gusta.

Que Dios aprieta, pero no ahoga.

Con Dios. -Con Dios.

(Puerta)

Santiago,... ¿dónde está la cicatriz?

-¿Cuál de ellas?

-La de la espalda.

-No sé, búscala bien, era muy pequeña.

-No está.

¿De qué te ríes?

-Entonces, doña Sonia Gonçalves sí que era curandera.

-¿Te la quitó ella?

-Marcia, si quieres que te diga la verdad, no me acuerdo.

Acudí dos veces al penal para ponerme emplastos en las heridas.

-La cicatriz que yo te digo la tenías antes de entrar al penal.

Te conocí con ella.

-Entonces, la Gonçalves no solo era sanadora,

también milagrera.

Bueno, con este brazo no puedo hacer nada.

Y menos con las heridas que tenía en el alma.

Estas solo me las ha curado el encontrarte.

-Tal vez esté en el otro costado.

-A ver.

¿Nada? -Ni una señal.

-Bueno.

Parece que tengo la piel fuerte como la de un toro.

¿Paseando de buena mañana, doña Susana?

Es cuando más me gusta, sin aglomeraciones

y las calles aún con ese olor a amanecida.

Dice usted bien.

Que a quien madruga, Dios le ayuda.

Aunque da la impresión de que está usted esperando a alguien.

Así es. Armando viene a invitarme a desayunar.

Vaya, parece usted muy complacida, casi ufana.

Y poco parlanchina, con lo que ha sido usted.

Bueno, hablo cuando lo creo conveniente.

Ya sabe lo que dice el Evangelio:

"Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha".

No siempre fue usted de esa opinión, ni yo, claro está,

que a todas nos gustan los dimes y diretes.

Pongamos por ejemplo la buena de Marcia y su esposo,

¿qué cree usted que harán para terminar con el embrollo?

¿Se marcharán de Acacias

o perpetuarán aquí su pobre edificante vida?

Lamento decirle que no estoy al tanto de sus intenciones.

¿Ni de las de don Felipe?

¿No me negará que la permanencia de Marcia en el barrio

será una tentación permanente también

para nuestro abogado?

¿Por qué le interesa tanto ese caso?

Que yo sepa, solo se pecó por desconocimiento,

no con intención.

Don Felipe la creía soltera y ella se consideraba viuda.

Es solo curiosidad,

pensé que usted disfrutaría con los comentarios.

Pues ha errado.

-Buenos días. Doña Susana.

Úrsula.

Me alegro de verle, don Armando. Aunque no soy yo la que más.

Pásenlo bien.

-(SUSPIRA)

¿Quiere que vayamos a la churrería Recaredo?

A estas horas, ya se habrán marchado los crápulas que aparecen por allí

después de las juergas.

-Ya he desayunado, gracias.

-Creía que íbamos a desayunar juntos.

-Si usted tiene apetito, podríamos...

-No, no.

He tomado unas pastas al levantarme, aunque de eso hace un buen rato.

Como dice, en ocasiones...

soy como Venus, que se alza la primera en el cielo cada día.

¿Le sucede algo? -Eh...

No, desde luego que no.

-Está un poco ausente usted, ¿no?

-Lo lamento, no es mi intención.

-Bueno, todos tenemos días y días.

¿Qué le parece si vamos mañana a la rivera a pasear?

Hace mucho que no voy por allí.

-Ya veremos, si no mañana, quizá otro día.

-Ah.

Armando, usted no tiene ninguna obligación conmigo, eso es verdad,

pero le agradecería que fuera algo más explícito.

A la vista está que usted no es el mismo de ayer

ni anteayer.

-Lo siento, señora, lleva usted razón.

Hoy no es mi día.

Lamento tener que acortar nuestro encuentro

y despedirme en este instante.

Asuntos impostergables me reclaman.

La tarántula... Escucha.

# La tarántula es un bicho muy malo, no se mata con cuerda ni palo,

# ni con tacones, ni con dardos, ni truenos, ni rayos,

# ni pico de gallo.

# Ni agua que hierva, ni chumbo que muerda,

# ni lía que lía, su pata en la cuerda.

# Ni piedra ni palo,

# es muy malo, es muy malo, muy malo, muy malo, muy malo,

# es muy malo, es muy malo, muy malo, muy malo, muy malo. #

Casilda, hija, canta un poco.

# La tarántula es un bicho muy malo... #

-No, señá Fabiana, no quiero.

-Pues la otra que te gustaba mucho a ti.

# No sé al verte lo que me ha pasao. #

¿Te acuerdas?

# No sé al verte lo que me ha pasao,

# que toita el alma,

# que toíta el alma se me ha alegrao.

# ¿Qué me ha pasao?, que toita el alma se me ha alegrao.

# ¿Qué me ha pasao?, que toita el alma se me ha alegrao. #

¿Qué pasa?

¿Tienes canguelo de que tu señora venga a escuchar nuestros berridos?

-Qué canguelo ni qué canguelo, y menos de mi señora,

que cada vez que me echa una bronca,

me entra por un oído y me sale por el otro.

-¿Y qué te pasa? Si tú siempre has sido unas castañuelas.

-Señá Fabiana, es que dentro de unos días

va a ser el aniversario de Martín.

Quiero decir, el aniversario de cuando las espichó.

¿Y si nos está viendo?

-Y si nos está viendo, ¿qué?

¿Crees que se va a enfadar porque tú cantes?

Más alegre que mustia querrá verte, mujer.

-Si él siempre se ha desvivido por mí.

-Pues aplícate el cuento, canta.

-Es que no puedo. Estoy...

Tampoco es que me vaya a poner a llorar por las esquinas,

pero me pongo mustia.

-Ven aquí, miquitusa, anda. Ven aquí, ven aquí.

Ay, mi niña.

Hay muerte y hay muerte,

la de un marido muy querido y la de un hijo,

esas nunca dejan de arañarte.

-Tampoco la de los padres.

-Tampoco, hija, tampoco.

-Ande, venga, Fabiana,

que no se diga, no nos vamos a venir abajo.

# La tarántula es un bicho muy malo,

# no se mata con palos ni piedras, ni... #

-Casilda, tú nunca te la has aprendido, hija, déjalo.

Y ahora, yo no canto más,

porque soy yo la que tengo que decir que no puedo.

Que tengo mucha tarea abajo.

He venido a pedirte si me puedes traer unas cosas

cuando vayas a la plaza.

-¿Y no he de poder? Dígame qué necesita.

-Habichuelas con su compango y to,

que quiero guisar para unos asturianos que tengo alojados.

Digamos que medio kilo. -Oído.

Ya sabe que esas cosas no se me olvidan.

-Dios te lo pague, Casilda, hija.

-¿Ya se va usted, Fabiana? -Pues sí.

¿Vienes a hablar con tu amiga del alma?

-Sí. -Pues entonces, no te me despistes

y cuéntaselo todo con pelos y señales.

-Sí.

-¿Qué es esa cosa que tienes que contarme?

-Una cosa que me quema por dentro, Casilda.

Ha estado usté muy vivo, letrao. -Gracias.

Un privilegio poder ayudarle a usté, señora.

-Usted lo ha dicho, aunque solo sea por el optimismo que ha demostrao.

-A pesar de conocer y bien a los del camisón.

-Quiere decir a los de la toga.

Con Dios.

Este picapleitos es otra cosa.

-Sí. Tiene pinta de comerse por los pies al tribunal.

Sí que parece decidido, sí.

-Y no como don Felipe, que nunca se sabe si sube o si baja.

-Hablando de don Felipe, decirle que Dios debía premiarle

con una buena novia, ha sido como clavarle una navajita,

no un puñal, pero una navajita sí.

-Calla, calla, ¿qué sabrás tú de amores?

-Lo que me han enseñado las seguidillas y los fandangos.

Tendrás tú queja.

-Quiero decir de amores de señoritos, que no es lo mismo.

Don Felipe necesita un empujón.

Tiene fama de gustarle más una falda que una estufa en invierno.

-¡Niña!

-La fama la tiene, José, y Cinta ya no es una niña.

A ver, el caso

es que el don Felipe no sabe estar sin una mujer.

Puede, pero no sabe.

Y es bueno que le pinchemos un poquito pa que se agencie una.

A doña Genoveva no le amargaría el dulce.

-Canelita. -¡Y dale!

Llevas razón, hija.

A lo que voy, Felipe, con dejarse querer tiene bastante.

En cuanto baje la guardia,

ya veréis como se lo camela la Genoveva.

Visto y no visto. Menuda es.

-Sí se le aprecia a la señora una cierta querencia por él.

Por más pases de pecho que él le dé, ella siempre vuelve a por más.

Dejémoslos y decidan sin van a demandar a don Alfonso.

No creo que haya que llegar a eso. Ya habéis oído al señor Toscano.

¿Cree usted que será suficiente con la amenaza de una querella?

No es que lo crea yo, lo afirma nuestro letrado.

Hoy le mandará notificación pa que no estrene la película.

-Habría que amenazarle con el penal.

-Deja que la notificación la redacte el abogao.

Carchano no se atreverá a ir más lejos.

-A ver si es verdad.

-Lo será.

-¡No! ¿De veras? -Chist.

-Pero cuéntame cómo fue.

Por la cara que traes, no parece que fuera tan malo.

-Fue agradable.

-¿"Agradable", cómo agradable?

Sí. Amable, en mi país diría "gostoso".

Y cómodo. También tierno.

-Es que Santiago lo parece:

parece amable, tierno y hasta "gostoso",

como dices tú.

-Y apasionado, mucho.

-No hay más que verlo. Un hombre muy hombre, sí.

Porque es tu marido, que si no...

Quiero decir, es una galanura de caballero.

A nadie le amarga un dulce, y menos cuando llevas 10 años viuda.

Pero todo esto es un suponer, Marcia.

Bueno, mujer,

la cosa ya está resuelta. Tanto miedo que le tenías.

Pues a otra cosa, mariposa.

O a la misma cosa, que a eso se acostumbra uno rápido.

¿Verdad?

¿O no?

-Casilda, lo que pasa es que no me puedo olvidar de Felipe.

Lo he intentado, lo has visto, pero...

-Vaya por Dios.

Mi marido me mima, me quiere,

y yo se lo agradezco, pero... -Marcia.

Mira, tienes que pensar que don Felipe... es de otra vida.

Tú ahora tienes que centrarte en Santiago,

porque él se lo merece, hombre,

y porque...

porque...

¡porque sí! ¡Porque sí, ya está!

Y va a ser lo mejor para todo el mundo.

Además, tampoco hace tanto que te casaste...

Imagínate que es otro.

-Sí, eso es cierto,

parece otro.

Hasta en eso.

Tiene usted más paciencia que una santa.

No, mujer, no exagere, no es para tanto.

Sí que lo es.

A pesar de todos los desplantes,

usted sigue intentando ayudarle, erre que erre.

Eso es digno de admiración.

Eso es lo que se hace cuando consideras a alguien un amigo.

Yo aprecio a su señor y mucho,

no voy a negarlo.

No podría aunque quisiera.

Y no quiero.

Según lo veo yo,

don Felipe terminará olvidando a Marcia

y fijándose en una mujer que lo merezca.

Llegado el caso,

yo ayudaría con gusto a esa mujer.

Supongo que ella le estaría muy agradecida.

¿Sabe si tardará mucho? No lo creo.

Espérele usted, señora, su compañía siempre le hace bien.

Si me da conversación...

Faltaría más.

¿Sabes? A veces, no muy a menudo,

pero a veces me viene a las mientes... ¿Cómo se llamaba?

Ese muchachito tan mono que era una especie de sobrino de don Felipe.

¿Mateo?

Eso, ¡Mateo!

Era hijo de una prima de doña Celia, que en paz descanse.

Cierto. ¿Llegan noticias suyas?

Desgraciadamente no.

Sabemos que vive con don Telmo, su padre,

en un pueblecito del Levante, Benidorm, creo,

un lugarejo apartado y tranquilo.

Ojalá tengan suerte y les vaya bien.

¿Podría ver un retrato?

¿Del niño? Sí.

Sí lo tiene a mano, no quiero que se ponga a buscar.

Todos los retratos están en el cajón del aparador.

¿No es guapo el muchacho?

Del todo.

¿Qué tendrán los críos que a las mujeres siempre nos encandilan?

¿Podría traer más agua, Agustina?

El té es una delicia. Claro que sí, señora.

-"Ay, Susana,"

¿quién te lo iba a decir a ti hace unos meses?

¡Ni eso! ¡Hace unas semanas!

-El Señor tiene caminos que solo él conoce.

-¿El Señor? No podrías tener mejor guía,

has ido derechita a por él.

-Mis dudas he tenido.

-Poca cosa.

-Sí, poca cosa.

-Jacinto ha subido está nota para usted, tía.

-Será de Armando. -Es tan cumplido.

-No podrá pasarse como habíamos convenido.

Las ocupaciones. Algo tenía que tener.

-¿Qué ocupaciones?

-Serán confidenciales.

-¿No te da razones de su ausencia?

A ver. Parco en palabras.

-No se amostace, tía.

Aunque don Armando no esté en activo,

un hombre que ha servido al rey en tan altas responsabilidades,

es lógico que sea requerido.

-Todo sea por la patria. -Ya lo he dicho yo.

Nadie es perfecto.

Muy egoísta sería yo si me quejara porque Armando cumple con el rey

más allá del deber. -Claro, bien dicho.

¿Os he contado que cuando Armando estuvo en Japón

le llamaron de la Casa Real...?

-Sí, muchas veces, querida.

¿No decías que te tomabas el té y seguías paseando?

-¿Quieres que me vaya?

-Lo digo por ti.

Sé lo importante que es pensar a solas en el ser amado.

¿Estas horas?

Está usted malo o le han echado del laboro o las dos cosas.

-Ninguna de ellas.

Fuerte como un roble y con licencia.

-¿Y eso?

-He pedido permiso para venir a comer.

Quiero sorprender a Marcia.

A mí también me gustaba volver sin avisar.

Pero Paciencia ni se acordaba de que me había ido.

-¿Está Marcia en el cuarto?

-Se fue a la compra con Casilda y no ha vuelto.

Reconozco esa sonrisa.

De ser un hombre primitivo, creería que es la causa de los embarazos.

Está usted más colao que un amante de Teruel.

-No le voy a decir que no. Más que nunca.

Mi mujer por fin me ha aceptado.

Los dos hemos comprendido que tenemos una nueva vida.

Y aquí. Gracias también a usted por eso.

A mí gracias ni nada, a ti, que te has hecho querer, granuja.

-¿Tiene un momento? Quería hablar de negocios.

-Sí, claro.

los cristales pueden esperar. -Santiago, ¿vienes a comer?

-Y a pasar un rato contigo.

No tengo hecha la comida. No te esperaba.

-Yo te ayudaré.

Que... ¿Va usted a meterse en la cocina, cocinillas?

-Hasta en el infierno me metería por ella.

-Yo me meto pa dentro,

que entre la cocina y el infierno, esto está que arde.

-No ponía mi ser en el trabajo.

Mi cabeza está llena de ti desde anoche.

Ahora que te siento mía,

necesito tus abrazos más que el aire.

-¿Sabes que he comprado manzanas verdes?

-¿Verdes?

-¿No te acuerdas?

Siempre me hablabas de ellas

y nunca las había probado. Las probé aquí en España.

-¡Sí, sí!

Los chavales en el pueblo las robábamos cuando aún estaban verdes.

Ha pasado mucho tiempo.

-¿Tampoco te acuerdas de cuándo empezaste a llevar ese sombrero?

-Como si fuera ayer.

-Cuéntamelo entonces.

-Me lo regalaste cuando nos trasladaron

a trabajar a las vías.

-¿Yo?

¿De dónde iba a sacar dinero para pagar un sombrero como ese?

-Tenías algo ahorrado,

pero entraste a cocinar en casa del sombrerero para sacarlo más barato.

-Eres tú la que no te acuerdas.

-Lo del sombrerero se me había olvidado, es verdad.

Voy a preparar la comida.

-Estás un poco rara.

-¿Yo?

(NIEGA)

¿No tienes hambre?

-¡Me comería una mula!

Uy. -Espera, la pierna.

Ay, Liberto, me raspas. -¿Te raspo?

Me he afeitado con esmero.

-Bueno.

Es que me raspas bastante, aquí.

-Antes te gustaba. -Ya, pero no hasta escoriarme.

-Ya.

Este vestido se las trae, ¿eh?

-¿Estás perdiendo tu don con los botones?

-Los ojales son muy pequeños.

-Ay, que me haces cosquillas. -No parece que te rías.

-¡Será que no me hace gracia! -¿Se puede saber qué te pasa?

-No, ¿qué nos pasa?

-Has sido tú la que ha puesto a mi tía de patitas en la calle.

-¡Y tú te has quitado la corbata como la soga del ahorcado!

-Para no desmerecer,

que venías soltándote la melena como un león.

-No te apetece, ¿verdad?

-A ti tampoco.

-¿Por qué lo sabes?

Eh...

¿Lo dejamos?

(SUSPIRA)

(Puerta)

Lolita, ¿cómo van tus piernas?

-Como las columnas de los soportales de Cabrahígo,

más anchas que largas, y largas son un rato.

-Hasta donde yo sé, es normal.

-También es normal el granizo, y ya ves cómo jeringa.

-Lo que no puedes hacer es estar todo el día de pie

en la mantequería.

(Puerta)

Si no te parece mal, me encargaré yo de atender.

-Yo puedo bajar a ratos. -Claro.

-Buenas. -Buenas.

-¿Sigues inflamada, hija?

-Solo las ancas, gracia a Dios.

-Mira lo que te he traído.

Uy... Déjese de regalos, suegro.

-Deja tú de darme nietos.

¿Qué te parece? -¿Es de plata?

-De la más fina.

Y espera, espera y verás.

-Mira.

Ay, qué cosita, por favor. -¿Te gusta?

-Lolita,...

es un ajuar precioso.

La casa que los teje sirve al mismísimo palacio.

Así que, mi nieto, llamándose Palacios...

-Agradecía.

Muy agradecía. Voy a guardarlo to.

-No, mujer, ya lo guardo yo. -Carmen,

si tengo las piernas como jamones, pero no estoy impedida, entoavía.

Ea.

-Vaya, parece que tampoco le ha gustado eso.

-Que no, Ramón,

lo que pasa es que...

no ha sido muy efusiva, pero seguro que le ha gustado.

-Yo creo que piensa que me quedo corto,

que debería ser más espléndido, que soy un tacaño, vamos.

-No.

No lo creo, pero de todas formas,

trataré de hablar con ella, a ver si me cuenta algo.

-Lo negaría todo.

No va a reconocer que su suegro es un miserable roñoso.

-En fin,

trataré de encontrar un regalo más generoso.

-No hay nada más generoso que tú.

¿Y así se ha quedao?

"Tenemos que hablar de negocios", me ha dicho.

Después ha llegado Marcia y ahí se quedó la cosa.

-¿Qué querrá el muchacho? -¡Negocios!

Será la primera vez que no se enciende hablando de negocios.

-Me temo que el negocio va a ser más pa él.

A ver si le han despedido

y no tiene dinero para pagar la pensión.

-¿No dice que es un mozo trabajador como el que más?

-Y lo es, lo es, pero la vida da muchas vueltas.

Y que no creo que sea eso, como dices tú.

Solo que yo le doy vueltas a todo.

-Lo mejor será que sea usté desprendío con él,

que sus buenos cuartos le ha ahorrao moviendo equipajes.

-Y no solamente los equipajes,

que el muchacho engrasa cerraduras, pone baldosines...

Hasta sabe de electricidad. Se parece a mí.

-Es usté un aprovechao.

No puede tener a un cliente currando por la jeta.

-Eso dice Fabiana,

pero el chico es tan servicial, que me da apuro decirle que no.

-¿Hoy no hay cafelito? -Ahora entramos, ahora.

-Traigo buenas nuevas.

Los Domínguez han contratado a un abogao

para meterle candela al productor.

-A buenas horas se entera.

No se crea, parece ser que están a tiempo de impedir

que la película se estrene.

-Sería justo.

Doña Bellita no se merece tantísima mentira y ofensa.

-Ni doña Bella ni el resto de la familia.

-Incluyendo a Arantxa, ¿no?

-(RÍE)

-¿A qué viene la broma? -A na, a na, a na.

Na más que... he visto a carneros más disimulaos que usté.

-¿He de callarme que considero a Arantxa

una mujer como la copa de un pino?

No, hombre, al contrario, usted no tiene que callar nada,

al contrario, nos debería contar todo con pelos y señales.

Eso sí, delante de su cafelito.

-¡Quite, quite! -Mire para allá.

-Este...

¿Le has puesto a la limonada de Emilio bien de azúcar?

Toma, claro.

Como si no conociera yo bien los gustos del señorito.

Ahora, Emilio, revolver, revolverá usted,

que todo no lo voy a hacer yo. -Gracias, Arantxa.

Si no fuera porque doña Bellita me arrancaría la piel,

te ofrecía ser metre en el restaurante.

-Y yo le diría que no.

Ahora, eso sí,

si quiere usted comer bien, rico y abundante,

pase por mi cocina, que no le pondré reparos.

-Tomo nota.

¿Qué me estabas diciendo del nuevo abogado?

Nos lo ha recomendado don Felipe.

Se llama Toscano, Juan Ignacio Toscano,

y parece que sabe mucho del mundo artístico.

¿Y qué ha recomendado?

Está escribiendo una notificación para don Alfonso:

si no paraliza la película, acudiremos a los tribunales.

Bien hecho.

-Ahora solo queda saber si don Alfonso se arredra.

Tata, se arredrará. ¿No ha de hacerlo?

(Puerta)

Voy a abrir.

-Dame un beso.

No.

Venga.

Que no. ¿Estás loco?

Si nos pilla mi tata nos aplasta como a sardinas.

Vale. ¿Esos pendientes son nuevos?

No. Son nuevos, ¿no? A ver.

(Puerta)

-Uy, ¿y esos colores?

-Que se le ha ido la limonada por otro sitio.

-Ah, qué gracia.

Por otro sitio le voy a llevar yo a usted el día que le pille.

Carta de de don Alfonso para tu madre.

¡No puedes leerla!

¿Cómo que no? Si me enseñaste tú.

Don Alfonso ha recibido el requerimiento del señor Toscano

y dice que quiere verse con mi madre para hablar.

-¡Eso es bueno! Se ha acongojado.

-Ojalá, Emilio, ojalá,

pero hasta que no lo vea no lo creo.

Propón en tu restaurante para la cita. Acudirá con Margarita.

Vamos, Arantxa, está claro que van a ceder.

Este pleito está ganao.

¿Verdad que sí?

-¡Eh, eh, caballerete, que las manos van al pan!

Mucho mejor sentaditos los dos.

No, don Emilio, la silla es más cómoda pa usted.

Por la espalda digo, va a estar mucho mejor.

Y la limonada sujetada con las dos manitas.

Ole ahí.

Así, muy bien.

Muy bien.

Don Felipe estaba pasmado.

De todas formas, era para estarlo.

Genoveva no había perdonado detalle.

-Hasta el menú por lo que he oído, ¿verdad?

-Se informó por Agustina sus gustos.

-A un hombre se le gana por el estómago.

-Entonces, Felipe tendría que haber pedido la mano de Felicia.

-(RÍE)

-Sea como sea, ella, que por cierto, iba preciosa,

no se fue de vacío.

Don Felipe le regaló un broche de mucho gusto.

-¿Ese que lleva últimamente? -El mismo.

-No es una baratija, no.

-No sé qué ven los hombres en esa.

-Mujer, lo que tiene, que a la vista está.

Aunque no son todos los hombres, solo algunos.

-No me refería a Liberto, gracias por recordármelo.

Pero no entiendo que os parezca de perlas que esa viuda alegre

se camele a nuestro abogado de cabecera.

-No le vendría mal a él.

-¡A vosotras es que os engañan con dos de pipas!

¿A qué viene tanta devoción por esa pelandusca?

-No es devoción, no blasfemes.

Pero hay que reconocer que si no fuera por ella,

estaríamos a la cuarta pregunta.

-Si no fuera por don Ramón... -Eso es cierto.

-¡Esperad, esperad, que estoy atando cabos!

Esta mañana, Úrsula se me acercó, así, como casualmente,

ya sabéis, y se interesó por Marcia y su marido.

Que si se iban, si se quedaban...

-Tú estarás atando cabos, pero a nosotras nos tienes hechas un lío.

-¡Mujer, está claro!

No es Úrsula, sino Genoveva la que está en ascuas

por lo que haga Marcia.

-Si el marido se lleva a la muchacha,

doña Genoveva tendrá vía libre.

-Lo dicho, una pelandusca.

-Rosina, mientras Genoveva no muestre sus malas artes...

Solo quiere lo que quieren el resto de los mortales: amar y ser amada.

-Si mi alma llega a saber que te pones tan cursi,

¡no te echo en los brazos del diplomático, nunca!

-Qué genio.

-Bueno, si me perdonan, tengo que marcharme.

Emilio está de visita y no quiero que Camino se quede sola

en el restaurante.

-Ahora nos acercamos nosotras a la terraza.

-Con Dios.

-¿Y esa cara? ¿Te has enfadado?

Perdona, ha sido un pronto.

Me gustaría mucho que llegaras a más con el diplomático.

-(SUSPIRA)

Me está dando largas.

-¿Quién te está dando largas, Armando?

-No, santa Rita de Casia. ¡Pues claro que Armando!

El trabajo no lo explica todo.

Le noto distante, para no hablar de que le he enviado una nota

por lo del desplante

y me ha contestado que tampoco puede verme mañana.

-Pero así, ¿sin alegar razones?

-Ninguna. El silencio es toda su respuesta.

-Vaya. Confía en él y, sobre todo, desconfía de tu mente,

no te dejes llevar por la aprensión. Tendrá sus motivos.

¡Ajenos a ti, claro!

Vamos a la terraza a ver a Felicia.

Cinco, diez, quince, veinte...

Bueno, yo creo que con esto, el cura tendrá suficiente.

-Las misas de los difuntos pobres deberían ser gratis.

-¡Sí, y un jamón!

-¿No te habrá pedido parné? Se supone que es la voluntad.

-Ya sé que es la voluntad,

pero... si la voluntad es pequeña,

parece que quieres menos al finado.

Y yo lo pago con mucho gusto.

Quiero mucho a Martín y me acuerdo de él todos los días,

así que, que más me da tener unas perras más o menos.

-Tiene que sentir pesar allí arriba el Martín.

Hembras como mi prima no abundan en el rebaño.

-¡Pero cállate, animal!

-Nada, prima, déjalo, si me ha gustao el comentario.

Por cierto, primo, según vayas viendo a los señores,

recuérdales que va a haber una misa a la memoria de mi Martín.

Quiero que asistan todos.

-No te preocupes, que si en mi mano...

-Hala, ya nos hemos empachado de nueces, vuelta a la ocupación.

-Bajo contigo, que ya estará mi señora dando berríos.

-Yo me quedo, que tengo que encolar esta silla.

¿No habéis notao que blandea? -Ay.

-Agur.

-Jacinto, ya me he enterado de lo que quería decir Santiago

cuando me habló de los negocios.

Quiere que le haga un precio por larga estancia.

-¿Y eso qué es lo que es? -Santiago y su mujer

han decidido quedarse en Acacias y, claro,

el muchacho quiere pagarme por meses o por años.

-¿Y han llegao a un trato? -Todavía no.

No, pero llegaremos a un acuerdo,

nos cae muy bien el muchacho.

Le haré una oferta y llegaremos a un acuerdo.

-Pues muy bien. -¿Sigues con las sillas?

Qué le voy a contar a usté, estas sillas ya no son lo que eran.

-Con Dios. -Con Dios.

Y digo yo, si to en la naturaleza está tan bien pensao,

¿por qué no somos como las conejas?,

que en un mes echan al mundo puede que hasta una docena.

-Vamos, mujer, que ya te queda menos.

-Voy a terminar con las piernas como dos costales de grano.

-Piensa en otra cosa.

¿No te han gustado los regalos de Ramón?

Mira, Susana, mira qué guapas se ponen las parturientas.

-Y hermosotas.

-Si lo dice por mis piernas hermosas,

las tengo como dos pellejos de vino a rebosar.

-Qué alegría verles. ¿No viene hoy don Armando?

-Ha tenido que ausentarse con motivo de sus obligaciones.

-Vaya. ¿Y por mucho tiempo?

-¿Ya os ha dicho Jacinto lo de la misa de Casilda?

-¿Qué le ha pasao?

-Que enviudó hace once años, mujer.

-¡Ah, la misa de Martín!

Iremos, ¿verdad, Lolita?

-Sí, aunque sea arrastrando estos dos perniles.

-Buenas. -Buenas.

-Lo que me han contado. -¿Jugoso?

-Inquietante.

Una clienta, buena clienta, no diré el nombre por discreción,

se ha quedado con una mano delante y otra detrás.

-No son buenos tiempos para los ricos, no.

-¡Peor que eso!

-¿Hay algo peor que quedarse sin blanca?

-¿Tener problemas de circulación?

-¡Que te quite el dinero un enamorado!

-Hay que ser pánfila para eso.

-Al parecer, el seductor era un hombre con mucho estilo,

y nada sospechoso,

tanto, que a ella no se le pasó por la cabeza la estafa

hasta que empezaron a llamarle los acreedores.

-Se me pone la piel de gallina de pensarlo.

-Nunca terminas de conocer a los hombres.

-Sobre to si es un desconocío.

-Por suerte, nosotras no somos tan ingenuas.

¿Dónde se había metido ?

Llevo rato esperándola para que me ayude.

Déjeme.

A buenas horas.

No vuelva a salir sin decirme adónde.

Estaba en el altillo, señora.

Mientras no le diga lo contrario, su lugar es la cocina.

Nos enteraríamos de la misa la mitad.

En el altillo tienes que ser sordo para no enterarte

de todo lo que sucede en las casas del barrio,

en las habitaciones.

Suéltelo de una vez.

¿Lo ve, señora?

Le soy útil, por mucho que se empeñe usted en humillarme.

Deje de lamentarse y hable.

Santiago Becerra, el amante esposo de Marcia

ha decidido que él y su mujer se quedan en Acacias.

¿por cuánto tiempo más?

Para siempre.

¿Cómo lo ha sabido? ¿Acaso importa?

Podría inventárselo para hacerme daño.

Santiago ha negociado el precio de la habitación

para pagarla por meses o años.

Servando lo ha contado.

Y bien que lo siento, señora,

que sé que tenía puestas sus esperanzas

en la desaparición de la parejita.

Le agradezco la información.

Se la agradezco mucho.

De hecho, le voy a dar una satisfacción.

¿Ve usted ese retrato?

Cójalo.

Era algo así como su nieto, ¿verdad?

Es precioso el crío. Y se le ve feliz.

Lástima que no pueda disfrutarlo.

¿No puedo conservarla? No.

Lo siento.

Era solo para darle una alegría.

(LLORANDO) Mateo...

Mi mujer debe estar esperándome,

no tengo tiempo de perderlo con usted.

Tu mujer está en el altillo cotilleando con sus comadres.

¿Qué quiere entonces?

Dese prisa, por favor.

¿Te crees que puedes decirme cómo debo hacer las cosas?

No quiero discutir, señora. Y no vamos a discutir,

te vas a limitar a obedecer.

Tienes que coger a tu mujer y marcharte.

De acuerdo.

¿Te crees...?

¿Has pensado que son imbécil como tu negra?

Le ruego que mida sus palabras.

¿Piensas que no me he enterado de que has decidido quedarte?

Sé que estás negociando un precio por quedarte con ese cuartucho.

De acuerdo. Las cosas claras.

Me quedo, sí, me lo he pensado mejor y me quedo.

Estoy haciéndome una nueva vida aquí,

una vida agradable, con amigos, con trabajo.

Una vida que tienes porque yo te la he proporcionado,

con tal de que te la llevaras, claro.

Fíjese, he decidido cambiar las condiciones.

Me quedo y, si algún día las cosas no me va tan bien como espero,

siempre podré sacarle a usted unos cuartos.

Puedo matarte, no lo dudes ni un momento.

Si intentas chantajearme, te mataré.

Señores de la prensa, tengo el dudoso honor de presentarles

a doña Bella del Campo.

-¿Qué pretende con este despliegue?

¿Una trampa?

-¡Nadie va a callarme,

ni tan siquiera una diva venida a menos como usted!

-¡Yo le mato, sinvergüenza! ¡Canalla!

Espero que se te hayan quitado las ganas de reírte de mí.

Vamos a llevarnos bien, señora, a fin de cuentas, somos socios.

(RÍE) De nuevo estás equivocado.

No somos socios, tú eres mi subordinado.

¿Quién la envía?

Juan Ignacio Toscano.

Diga algo, que nos tiene con el corazón en un puño.

¿Y si Armando no es el hombre que todos imaginamos?

¿Y si todo es mentira, ni es diplomático ni nada de nada?

-Pues no sé muy bien qué decirte, cariño.

Hace unos días te hubiera dicho que eran locuras vuestras, pero...

he de reconocer que el comportamiento de don Armando

es extraño.

¿Cómo está tu madre? -Destrozada. La semana que viene

se estrena la película en España y luego en América.

-Si así ocurre, su nombre quedará por los suelos.

Temo que sea incapaz de levantar cabeza.

¿Por qué ha puesto la foto de Mateo en ese marco?

¿Qué está diciendo?

¿Por qué me mira así? ¿Por qué me la arrebató?

Úrsula, no se trata del retrato de Mateo, sino del de Samuel.

No se atreva a mentirme.

No dejó de hacer cosas extrañas todo el rodaje.

Di que sí, Cinta.

Desde negarse a darte el libreto,

hasta apuntar aquellas cosas extrañas en el cuaderno.

-¿Qué cuaderno es ese? -Uno que encontré entre sus cosas.

¿Y si ha perdido el interés después de conquistarme?

¿Y si piensa que soy una mujer fácil o la peor de todas?

¿Y si es un timador como ese del que nos habló Felicia?

-Qué cosas tienes. ¿Cómo va a ser Armando un timador?

¿Le has dado dinero? -¿Está al tanto de un cuaderno

en el que don Alfonso tomaba notas durante el rodaje?

-No. Es la primera vez que escucho hablar de él.

¿Y qué apuntaba en ese cuaderno?

-Según sospecho, los detalles de su plan.

-No me digas.

Si eso es así, esa es la prueba que mi abogado precisaría.

-Por eso tenemos que tenerlo en nuestro poder como sea.

Debemos planearlo todo muy bien, un paso en falso sería nuestra ruina.

No puedes seguir así,

tienes que acostumbrarte a verla.

¿Tienes algo que hacer?

He ido a ver a don Armando. -¿Y qué te ha dicho?

-Absolutamente nada, no le he encontrado.

De lo que sí me he enterado por el portero es de que,

es posible que abandone la vivienda en breve.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1124

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1124

23 oct 2019

Armando, después de recibir un misterioso telegrama, comienza a mostrar una actitud despistada y rechaza dos citas con Susana, lo que no pasa inadvertido para la sastra que se preocupa. Ramón y Carmen vuelven a hacer un regalo a Lolita, pero esta sigue insatisfecha.
Los Domínguez contratan a un abogado para denunciar a Alfonso por injurias y difamación y aunque parece que el productor va a dar marcha atrás con la película una nueva noticia salta, rompiendo la estrategia de defensa de la familia.
Marcia, después de pasar la noche con Santiago comienza a dudar de su persona al darse cuenta de que no tiene una característica cicatriz. Más tarde Genoveva amenaza a Santiago porque ya no quiere irse del barrio.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1124" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1124"
Programas completos (1147)
Clips

Los últimos 3.720 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Aleja

    Que alegría! Fabiana ha vuelto a cantar!!!! Ojalá siga con su don tan hermoso!!

    24 oct 2019
  2. Santi

    A mí en HQ (High Quality) tampoco me cargaba, he tenido que cambiar la calidad a Alta----- en la ruedita con la Q podeis hacerlo

    24 oct 2019
  3. Marilu

    ¿ Que sucede, otra vez " problemas técnicos " NO se puede ver el capítulo 1124 !!!!!!!!!!!!!!!

    24 oct 2019
  4. sandra

    no carga

    24 oct 2019
  5. ireida pozo

    Por Dios, sera que ninguno de los personajes se pueden casar y ser felices y siempre esperan a que los novios esten en la puerta de la iglesia para descubrir los secretos ya este recurso esta trillado, otra cosa sera que algun dia van a desenmascarar a Ursula Vicenta hasta cuando Ursula y de Genoveva ni se diga esta trama de Marcia, Felipe y Genoveva ya esta un tanto cansona, realmente la comeria me encancho de echo yengo como tres anos viendola, pero ya estoy perdiendo el interes.

    23 oct 2019
  6. jose super fan de acacias

    hola !! el capitulo no carga !!

    23 oct 2019