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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1123 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Me serás fiel para siempre?

-Sí, lo seré.

-No me defraudes.

-Creo recordar que hoy era el baile en el Ateneo,

y que estaríamos a tiempo de llegar.

Si sigue queriendo asistir conmigo, claro.

-¿Me permitirá ser su acompañante? -No desearía otro mejor.

-¡Una impostora y una estafadora!

Y mañana... lo empezará a saber el resto de España.

Que fueron la sensación. -No te creo.

-Hasta les aplaudieron.

¿Y si vamos esta noche a cenar al restaurante de doña Felicia?

No voy a aceptar un no.

¿Una cuna?

-¿Pasa algo, Lolita? -No.

¿Es oficial el noviazgo?

Nos daremos una oportunidad y a ver qué ocurre.

-¡Ay!

Parece que no le ha gustado. -Eso parece.

-Quiero hablarles en nombre de todos para hacerles saber

que aunque lleven poco tiempo en Acacias,

se han hecho con el corazón del barrio

y estamos muy contentos de tenerlos aquí.

-Y que no creemos las patrañas

que dice esa película sobre doña Bellita.

(Aplausos)

Tenía que agradecerte lo comprensivo que has sido conmigo.

-Marcia...

si tú me demuestras que debo confiar en ti, no lo dudo.

Felipe, es precioso.

Quiero agradecerte todo lo que haces por mí.

-Sabrosos. Tan sabrosos como el beso que me diste ayer.

Por favor, no continúes.

-¿Qué te ocurre? ¿Estás bien?

-Sí, no te apures, no me ocurre nada.

-No quiero incomodarte, pero...

como tu esposo, quiero saber has asumido el papel

que te corresponde en nuestro matrimonio.

-Ya te dije que no debías sufrir por eso,

conozco bien mis obligaciones y pienso cumplirlas.

-No me ha parecido así hace un momento,

sigues separándote de mí. -No, no lo hago.

-Estás negando la evidencia.

Aunque no seas consciente de ello,

me rehúyes.

-Santiago, puede que necesite un poco más de tiempo.

¿Podrás dármelo? -Sí, por supuesto que sí.

Tendrás todo el tiempo que necesites.

-Te lo agradezco, de corazón.

Te agradezco toda la paciencia que tienes conmigo,

otros maridos no serían tan compresivos.

-Es la mejor manera de mostrarte el amor que siento por ti.

Te daré todo el tiempo que sea menester

para que lo comprendas y me correspondas.

-Venga, siéntate, se van a enfriar los frijoles.

Están buenísimos.

-Me alegra que te gusten.

¿No has notado que le he puesto algo especial?

-No. Están muy sabrosos, pero no noto ningún sabor especial.

Le he puesto mi ingrediente secreto.

-¿Sí?

¿Cuál era?

-Antes lo sabías bien.

Ají dulce y... cilantro.

Es así como te gustaban, decías que nadie los hacía como yo.

Me sorprende que no lo recuerdes.

-Sí, me acuerdo. Es un sabor muy especial.

¿Sabes qué pasa, Marcia?

En el presidio me dieron tantos frijoles,

que he perdido el gusto por ellos.

-Debe de ser eso.

Me he recorrido todos los ultramarinos de la ciudad

para encontrar estos ingredientes,

y tú no los aprecias. -Sí que los aprecio.

Son los mejores frijoles que he comido nunca.

-No, son los que has comido siempre.

En casa no los querías si no estaban preparados así.

-Sí, lo recuerdo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ha sido una cena opípara.

Nunca había comido aquí tan bien.

Puede que la compañía haya influido para que todo fuera de tu agrado.

Eso es evidente, me he sentido toda la velada muy a gusto.

No tenemos por qué darla por terminada.

Podríamos ir a un local que han abierto francés

que tengo entendido que es muy entretenido.

Yo también he escuchado hablar de ese local,

creo que todas las noches acude a él lo más granado.

Entonces, no podemos faltar.

¿Tomamos un coche que nos lleve allí?

Estoy segura de que disfrutaremos mucho.

Te agradezco la proposición, pero todavía no estoy del todo bien.

Aún no me he recuperado de mi ruptura con Marcia.

Por eso necesitamos ir a un sitio así,

un lugar donde olvidar nuestras penas.

Ha sido una velada maravillosa

y agradezco tu preocupación por mí.

Espero que no te moleste que dé el día por terminado aquí.

Por supuesto que no me molesta, solo quiero que estés bien.

Hoy lo has conseguido, me he sentido muy reconfortado.

Pero prefiero dar un paseo antes de volver a casa.

En ese caso, no insistiré más.

Me alegra escuchar que te has sentido bien.

Y muchas gracias por el broche, ha sido un detalle.

De nada.

¿Nos vemos mañana? (ASIENTE)

Fabiana.

Dígame, don Felipe, ¿qué se le ofrece?

Quería preguntarte por Marcia.

¿Está en la habitación?

No lo sé, no me preocupo de dónde se meten mis huéspedes.

No me vengas con melindres

y dime lo que te pregunto. ¿Está o no está en su habitación?

Perdone que se lo diga, pero no me parece el mejor momento

para sacar a nadie de la pensión. No te he pedido tu opinión.

Dile que salga inmediatamente.

No pienso hacerlo, señor,

en este momento, Marcia está cenando con su esposo.

¿Acaso no me tiene respeto?

Todo el del mundo, don Felipe, respeto y aprecio.

Entonces, ve y haz lo que te pido.

No lo voy a hacer, precisamente por eso,

por el aprecio que le tengo.

Lo mejor será que se olvide de ella.

Y métase en la mollera que Marcia está casada con otro hombre.

Si al menos pudiera cambiar con ella unas palabras.

Créame lo que le digo, que le hablo de corazón,

dé uste este amor por perdido

y haga su vida sin acordarse en ella ni un solo segundo más.

Ojalá pudiera.

Esa mujer se ha metido en el fondo de mi alma.

Tendrá que hacer un poder.

Si sigue así, va a traer sufrimiento y pena para todos,

y pa usted el primero.

(Música de fantasía)

¿Le apetece un poco más de té?

-No, gracias, prefiero pasear un rato.

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días.

-Qué alegría verle, don Ramón.

Está muy elegante, está hecho todo un brazo de mar.

-Le agradezco el cumplido, pero voy vestido como siempre.

-Pues hoy le queda como un guante.

Será la alegría, por lo poco que le queda a su nieto por llegar.

-Sin duda será por eso.

-Ya verá como ese niño le llena de felicidad.

-Adiós.

-¿Han visto la cara de felicidad que se gasta doña Susana?

-Como para no verla, si parece una mocita.

-Está de un feliz que asusta.

Sin duda, su amistad con don Armando

le ha cambiado la vida.

-La verdad es que... desde que se fue su hijo,

la pobre mujer ha estado muy sola.

-Por eso le viene tan bien la amistad con don Armando,

que es todo un caballero.

Yo creo que hacen buena pareja,

son tal para cual.

-Susana no tiene ninguna duda de eso.

Al salir de la misa, me ha dado a entender

que no haría ascos a una propuesta de matrimonio por parte de él.

-¡Arrea! Sí que va rápido el noviazgo.

-No está para perder el tiempo nuestra amiga.

Antes de que nos demos cuenta,

está camino al altar vestida de novia.

-Me parece muy bien,

ella no tiene que andarse con remilgos,

ese hombre es de su agrado y Susana una mujer católica,

cuanto antes tengan la bendición de la Iglesia, mejor.

-Ya no son unos chiquillos

para andarse con dudas o pamplinas.

-Ojalá las cosas en el barrio fueran tan bien como ese noviazgo.

-¿Lo dice usted por Felipe y Marcia?

-No, no lo decía por el abogado.

Ayer mismo estuvo cenando con doña Genoveva

y se le veía bastante animado.

-Entonces, ¿quién le preocupa?

-Los Domínguez.

Menudo disgusto se llevaron al enterarse

de que la película se va a estrenar en México y Argentina.

-Siento haber sido yo quien les diera la noticia.

-De una forma u otra se habrían enterado.

Felicia, ¿nos puedes servir unos cafés, por favor?

-Ahora mismo.

Le he estado dando muchas vueltas

y estoy inquieto por Lolita.

Qué desastre, mi carrera ha acabado de tan mala forma...

¿Cómo está la niña?

-Ha tomao un café y se ha vuelto a encerrar.

-¿Quiere que hable con ella?

Si le llevo un poco de pantxineta, seguro que se alegra un poco.

-Me temo que esto no se arregla con dulces.

-Ese malnacido de Alfonso Carchano

nos ha hundido la vida a todos.

-Mal rayo el parta.

Ojalá se trague todas las películas con las latas incluidas.

-Le voy a buscar y le voy a cantar las cuarenta.

No pararé hasta que rectifique

y desista de estrenar esa abominación que ha filmado.

-Me parece muy difícil esa empresa.

-No lo es tanto, no si una faca

o un buen garrote pa medirle las costillas.

-La violencia no es la solución.

Aunque tengo que reconocer que con el productor de marras

es imposible razonar.

-Eso ya lo intentamos nosotras y nos tomo a chufla.

-Fuimos unos ilusos pensando que podría retirar la película.

Está empeñado en hacernos daño. -Algo tendremos que hacer,

no podemos permitir que se estrene.

-La única salida que nos queda es convencer a Margarita

de que yo no fui la culpable de su fracaso.

-No creo que lo consigas, lleva muchos años rumiando su venganza.

-Al menos lo podemos intentar.

Arantxa, prepárame la ropa, que voy a salir a buscarla.

Y tú, vida mía, prométeme que no te enfrentarás con Alfonso,

ni harás ningún disparate.

-Prometido.

Pero me encantaría tirarlo al río con una piedra atá a los pies.

¿Está mejor de su jaqueca, señora?

No, desde anoche estoy en un ay.

¿Le preparo algo para comer?

Haga un poder,

no es bueno estar en ayunas.

Le he dicho que no tengo apetito.

¿Tan difícil es de entender que me está estallando la cabeza?

Solo busco como poder ayudarla.

Basta con que me deje sola y en paz.

Me preocupa mucho su dolencia.

Tal vez deberíamos avisar a un médico.

No creo que pueda ayudarme.

Tal vez le recete un preparado que la alivie.

Úrsula, no insista,

lo único que preciso es tranquilidad.

Como quiera la señora.

Espero que la jaqueca no tenga nada que ver con que anoche,

don Felipe no le prestara toda la atención que precisaba.

¿Cómo se atreve a opinar de mi vida?

¿Quién le ha permitido que opine sobre mis asuntos?

Perdone si la he molestado,

pero pensaba que si la velada no marchó bien,

quizá es ha afectado a su ánimo y a su cabeza.

Déjese de simplezas,

la cena fue de maravilla,

los dos disfrutamos enormemente.

Discúlpeme, creí que no fue así,

volvió a casa demasiado pronto.

¿Qué sabrá usted?

Felipe fue muy atento conmigo, hasta me regaló un broche precioso.

Ah.

Es un hombre muy amable,

lástima que tuviera tanta prisa.

Deje de repetir esa patraña,

simplemente no quería pasar toda la noche fuera.

Conozco bien a los hombres y sé cuando uno tiene interés por mí.

En ese caso, no puedo más que alegrarme por usted.

Espero que Marcia y Santiago marchen pronto de la ciudad

y no perturben más los intereses de la señora.

Basta ya de cháchara,

ha conseguido que me ponga peor.

Váyase y no vuelva, a no ser que se lo diga.

Descuide, no la molestaré más.

Casilda, ¿adónde vas tanta deprisa?

-Buenos días, doña Susana.

Voy a la iglesia a encargar una misa en memoria de mi Martín,

ya hace más de diez años que nos dejo.

-Pobre muchacho, irse así... en la flor de la vida.

-Yo lo tengo tan presente,

como si le hubiera visto ayer mismo paseando por la calle.

Por eso mismo, no quiero que se quede ni un año sin su misa.

-Haces bien, es de mucho consuelo.

Yo también rezaré por él.

-Es uste mu buena, doña Susana. Con Dios.

-Espera, Casilda.

Quería decirte que he hecho limpieza en mi armario

y tengo vestidos que aunque están de muy buen uso, no me los pongo.

¿Los quieres?

-Pues sí, encantada me los quedaría,

pero me van a estar grandes.

-No te apures por eso, yo te enseñaré a arreglarlos

para que te queden a medida.

-Es uste mu amable, doña Susana.

Pero no creo que tenga ocasión de lucir unos vestidos tan buenos

como los que uste gasta,

y es sabido que la miel no está hecha pa la boca del asno.

-Tú te los quedas, y ya verás como encuentras ocasión de lucirlos.

Mejor que te los dé a ti que a una cualquiera.

-¿Sabe qué? Tiene razón.

Además, yo solo tengo la ropa de trabajo

y un vestido más lavao que el mandil de un pescadero.

-Cuando quieras te pasas por casa y los coges.

-Sí, sí, así lo haré y no tardaré mucho.

Muchísimas gracias, doña Susana. -De nada, Casilda.

Don Armando.

Llega pronto, habíamos quedado a comer.

-Lo sé, pero ardía en deseos de verla y no podía esperar tanto.

Espero que no le moleste que ya esté aquí.

-Eso nunca podrá molestarme,

es más, yo también estaba deseando disfrutar de su compañía.

¿Qué le apetece que hagamos hasta la hora del almuerzo?

Podríamos ir a la catedral y agradecer al Altísimo

que haya tenido a bien cruzar nuestros destinos.

-Me parece de lo más sensato.

-Hay que ver doña Susana, menudo cambio que ha pegao.

-Siento no poder ofrecerles un café, estoy sin criada.

-Me parece que la buena de Casilda pasa más tiempo

de conversación en la calle que faenando en la casa.

-Es posible,

pero hoy tiene una buena excusa para no estar trabajando,

ha ido a la iglesia a pedir una misa por su difunto esposo.

-No se apure por no ofrecernos nada,

que ya es favor el haber aceptado reunirse conmigo tan rápido.

-Por favor, don Jose, ya sabe que puede contar con nosotros.

-Es una suerte tenerles como vecinos,

también he avisado a Felipe, pero no ha podido asistir.

-No es de extrañar, nuestro buen amigo no termina de centrarse.

-Tiene la cabeza en otra cosa.

-Más bien en otra persona,

que está así desde que le abandonó Marcia.

-Me hago cargo,

pero quería hablarles de la dichosa película.

-Ya he leído en la prensa que se va a estrenar en unos días.

-Eso va a suponer un trago muy amargo para su esposa.

-Digo, puede acabar con ella.

Por eso habíamos pensado regresar a Argentina por un tiempo,

que es nuestra segunda casa.

-No me parece mala idea,

así no escucharán los comentarios que provoque.

-Sí. El problema es que también va a proyectarse allí.

-Eso es una terrible noticia,

se le van a cerrar todas la puertas.

-Nuestra última oportunidad es que Bellita logre convencer

a la tal Margarita para que suspendan el estreno mundial.

-Eso no va a ser fácil de conseguir,

y más teniendo en cuenta las molestias que se han tomado.

-Es de suponer que esa gente no se avenga a razones.

-Por eso recurro a ustedes.

¿Se les ocurre alguna manera de impedir

que se proyecte esa abominación?

-Desconozco el mundo del cinematógrafo, don Jose.

Le puedo asesorar en asuntos de negocios,

pero reconozco que en eso estoy completamente pez.

-Tiene que haber alguna manera de impedir que Alfonso la proyecte.

No se trata de una obra de ficción, sino una sarta de infamias, ¿no?

-Tengo entendido que hoy zarpa el segundo barco para África.

-Así es, la ayuda a nuestros soldados no va a parar de llegar.

-Propongo que bajemos al restaurante

y brindemos por el éxito de esta empresa.

-Y por que los Domínguez eviten la proyección de esa película.

Está usted en Babia, don Jose.

Decíamos de bajar al restaurante, ¿le apetece?

-Sí, perdónenme, pensaba en lo que me ha dicho.

Sí, me vendrá bien un poco de distracción.

-Claro que sí. Marchémonos.

Hace rato que la esperaba, ya estaba inquieto.

Podría haber mandado recado. Ahórrate los reproches,

no tengo la cabeza para protestas.

¿Me puedes explicar por qué Marcia y tú seguís en Acacias?

Quedamos en que os iríais de la ciudad

para no regresar nunca.

¡¿Estoy rodeada de inútiles?! Basta ya.

¿Para qué me ha citado? ¿Para regañarme como a un niño?

Déjate de pamplinas y cumple con lo que pactamos.

Si te he traído hasta aquí ha sido para que te lleves a Marcia.

¿Todavía no te has enterado? Perfectamente.

Pues no lo parece.

Sé de sobra cual es mi papel.

Pero todo lleva su tiempo.

No me vengas con excusas y termina tu trabajo.

Mi paciencia no es infinita. Lo sé,

pero seducir a Marcia no me está resultando fácil,

he de ir poco a poco y con mucha cautela,

de lo contrario sospechará que tratamos que se olvide del abogado.

¿No es eso lo que quiere? Por supuesto que sí.

¿Seguro que conseguirás enamorarla?

Empiezo a tener dudas.

Hace mal en no confiar en mí.

Hasta ahora, ninguna mujer se me ha resistido.

¿Quiere comprobarlo?

No sé lo que te has pensado,

pero a nosotros solo nos unen negocios.

Una cosa no está reñida con la otra.

Es una pena que esa cama se quede sin usar.

Ahórrate el descaro, no es momento para estos juegos.

¿Ya has conseguido yacer con Marcia?

No aún no,

pero muy pronto lo haré.

¿Se puede saber a qué esperas?

Le dije que estos asuntos llevan su tiempo.

Si quiere perderla de vista para siempre,

permítame que lo haga a mi manera.

Pronto será ella la que se preste a intimar conmigo.

Hazlo como quieras, pero llévatela ya.

Estoy deseando perderos de vista a los dos.

Es una pena... que no tenga tiempo

para que nos conozcamos más íntimamente.

No la defraudaría.

Tiene razón,...

no dispongo de tiempo para estos menesteres.

Eso ya se verá.

Me alegra mucho que hayas salido.

-Un paseo te vendrá bien.

Os agradezco el esfuerzo que habéis hecho para que saliera de casa.

-Sabes que nos tienes para lo que sea menester.

Lo sé.

Todo se solucionará y queda en agua de borrajas.

Lo veo difícil si se estrena la película.

-Bueno, a mí se me ha ocurrido que podríamos irnos todos...

a China.

-¿A China? ¿No hay un sitio más lejos?

Allí podemos estar seguros de que la película no va a llegar.

-Los Pasamar abriríamos un restaurante allí.

Y los Domínguez,

podrían...

bailar y cantar para ganarse la vida.

Tal los chinos acaben siendo sus mejores admiradores.

Eso es buena idea.

Estaríamos guapísimas vestidas de chinas.

Seguro que algún mandarín se enamora y me hace su princesa.

-A mí se me ocurre algo más factible.

¡Cinta podría regresar a los escenarios!

Aunque en la película salga mal parada,

podría demostrar que es una artista de los pies a la cabeza.

-Así lavarías tu imagen

y le devolverías el prestigio a tu familia.

No creo que sea buena idea.

-Pero si tú eres feliz sobre las tablas de un escenario.

-Además, así callarías las críticas

que os van a caer cuando vean la película.

No, no quiero saber nada del mundo del espectáculo.

-Vamos a ver, Cinta,.. te has criado en él,

no puedes renegar, has nacido para eso.

No, no lo creo, solo me ha servido para llevarme disgustos,

no quiero saber nada ni del cante ni del baile, en mi vida.

-No puedes renunciar así.

Sí, sí puedo, mi familia está destrozada por esto.

¿Empezamos nuestro paseo?

Ya podría ser más generoso, como doña Susana.

-Desde que anda en amores con el señor ese...

La sastra, que era de la cofradía del puño cerrado.

-Pero ha cambiado,

me ha ofrecido darme sus vestidos en desuso.

-¿Ah, sí? ¿Te va a cobrar mucho por ellos?

-Ni una peseta.

Mira que la sastra siempre ha tenido un carácter más agrio que un limón,

y ahora es dulce como un pestiño. Lo que no haga el amor...

-Y usted que lo diga.

Fíjese en mí, yo no me olvido de mi Martín ni un solo día de mi vida.

Hoy he ido a hablar con el cura,

le he encargao una misa en su memoria.

-Sí, estaré...

Estaré yo allí en primera fila.

Yo al Martín le apreciaba como si fuera un hijo.

-Sí.

Hacían muy buena pareja en la portería,

iban a todas partes juntos.

-Nunca he tenido un compañero igual. Bueno, que...

tengo cosas que hacer.

Si viene alguien, me avisáis, que tengo cosas que hacer.

-Yo también pienso ir a la misa.

No creo que Santiago me diga que no.

-¿Tienes que pedirle permiso a tu marido para ir a la iglesia?

-No, ahora no, pero antes casi le tenía que pedir permiso

para respirar.

-Mujer, pues esos hombres no interesan.

Tú no te dejes apabullar

y pon los puntos sobre las íes,

que los tiempos están cambiando mucho pa las mujeres.

-No te sulfures, eso pasaba ya en Brasil, hace ya muchos años.

Me sigue sorprendiendo lo mucho que ha cambiado.

Hasta ha olvidado cosas que hacíamos allí.

-Bueno, mejor que no sea tan déspota,

eso que ganas.

-Las de Caín ha tenido que pasar en su cautiverio

y, eso le ha hecho mejor persona.

-El pobre ha tenido una vida terrible.

-Tú también has cambiado mucho.

Antes,... bueno, cuando llegó Santiago,

le mirabas con miedo, y ahora hablas de él con cariño.

-Me ha demostrado que tiene un lado bondadoso

que nada tiene que ver con el marido que yo recordaba.

-Me alegro de que sea así

y que los nubarrones que había sobre tu matrimonio se vayan marchando.

-Estar ahora junto a él,

no tiene nada que ver con el sufrimiento que padecía antaño.

-Bueno...

Me barrunto que pronto te vas a olvidar de don Felipe.

Sí. Y hasta vas a ser dichosa con tu esposo.

De todos modos, no te queda otra, tienes que pasar página.

-Eso no va a ser tan fácil.

Pero me debo a mi esposo y tengo que ser complaciente con él.

Tienes razón,

debo de olvidar a Felipe...

y hacer algo para separarme definitivamente de él.

Un mozo acaba de traerle esto, señor.

¿Me ha escuchado? Han traído una nota.

Disculpe, Agustina, estaba ensimismado en mis cosas.

¿Qué tal lo pasó en la cena de anoche?

¿Le gustó el menú? No estuvo mal.

Agradezco el esfuerzo que se tomó usted y Genoveva.

Es de Marcia.

Por favor, déjeme solo.

(LEE) "Estimado Felipe,

me veo en la obligación de escribir estas líneas".

"El tiempo que pasé a tu lado lo recordaré el resto de mi vida"

(MARCIA) ...como un tiempo de intensa felicidad,

pero el destino ha jugado cruelmente con nosotros

y nos ha separado irremediablemente.

Por grande que sea el amor que nos ha unido,

son más grandes las circunstancias que nos separan.

Tú mereces una buena mujer a la que quieras

y pueda corresponderte libremente,

no puedes ser el amante de una mujer casada.

(Puerta)

No podemos ensuciar el amor puro que nos une.

"Por eso, te pido que no vuelvas a buscarme nunca más".

"Tuya por siempre".

-Doña Genoveva ha venido a verle.

¿Qué te ocurre?

Se te ve descompuesto.

Lolita, no levantes tanto peso,

que al final el niño nace en la trastienda.

-Si esto no pesa na, que los sacos de judías llevan diez kilos.

-Deberías irte a casa, ya recojo yo todo esto.

-Deje, deje, deje, deje.

No puedo. Estoy esperando que lleguen dos sacas de pimentón.

Una de don Antonio, de Jarandilla de la Vera

y otra, de don Valeriano de Jaraiz.

Los dos son muy buenos, y me los quitan de las manos.

-Normal, todos queremos lo mejor.

-Pues sí. Sería de tontos escoger algo malo a posta.

-Sí, como pasa con la cuna del niño.

Ramón ha buscado la mejor que podía encontrar.

-Seguro que sí, mi suegro no es ningún panoli.

Menudo ojo que tiene pal comercio.

-¿No crees que quedará de perlas en la habitación del niño?

Vamos, ahí va a dormir ese niño como un vendito.

-Sí, si al final la ponemos.

-Pero ¿le ves algún inconveniente?

-La cuna es lo que es, ni más ni menos.

-Ya.

Pero ¿te parece bien o no?

-Ay.

¿Cómo está, doña Bellita? ¿Alguna novedad con la película?

-Nada, hija, todo igual.

-Se le ve cansada.

-Llevo todo el día tratando de localizar a Margarita

para dejarle claro que nada tuve que ver en su fracaso,

pero se la ha tragado la tierra. -Se habrá escondido.

Se ve que es una mujer de lo más ladina.

-Alfonso me asegura que está fuera de la ciudad.

-Hace bien, porque ese es otro Judas.

-Ahora voy a ver a un empresario amigo mío,

a ver si me da razón del paradero de esa mujer.

-Me da que no lo va a tener fácil. -Ya lo sé,

pero no tengo mucho más que hacer.

-Mire, me consta que mi marido ya se ha ofrecido al suyo

para ayudar en lo que sea,

pero quiero que sepa que también puede contar con nosotras.

-Yo estoy dispuesta a cualquier cosa.

Si quiere, echamos un tintero cada vez que pasen la película.

-Me temo que no hay tinta pa tanto cine.

-Pues ya se nos ocurrirá otra cosa.

-Bueno, les agradezco el apoyo,

pero las voy a dejar, no quiero llegar tarde a mi cita.

-Vaya. -Con Dios.

¿No me vas a decir qué es lo que te pasa?

Nada. Simplemente, me has pillado en un mal momento.

Me temo que por lo de siempre.

(Pasos)

He cargado bien el café para ver si se anima, señor.

Gracias, Agustina,

pero me temo que solo servirá para soliviantar más mis nervios.

Podríamos ir a dar una vuelta y tomar algo por ahí,

hay que celebrar que ha zarpado otro barco con destino a Marruecos.

No quiero ser brusco, pero tengo mucho trabajo pendiente.

¿Seguro que no es por otra causa?

Es posible. No tengo ánimos para salir de la casa.

Te prometo que saldremos a pasear en otro momento.

Iremos cuando te apetezca, no quiero ser un plomo.

Te agradezco que lo comprendas.

Felipe,

ya sabes que estoy a tu disposición si es que precisas algo.

No te interrumpo más. Gracias.

La acompaño a la puerta, señora.

¿Qué le ocurre?

Ha recibido una nota de Marcia.

Pues a juzgar por su estado de ánimo,

no parecen buenas noticias.

¿Seguro que te ha dao esta ropa de balde?

-Pa chasco que sí, no me ha querido coger ni un real.

-Pues esto vale un potosí.

-Sí, lástima que sea ropa tan oscura.

-No le pongas pegas, que todos son paños de primera,

mira, mira, menuda caída que tienen.

-Ya, señá Fabiana, si no me quejo,

que a caballo regalao no le mires el diente.

Además, que es la primera vez que doña Susana me regala algo,

que en Navidad daba una pera chica, pero no a todo el mundo.

-Es verdad, que siempre ha sido mu siesa,

aunque ahora anda la mar de alegre.

-A la vista está.

Hasta Marcelina y mi primo lo están comentando.

Se la ve tan distinta...

Ese es el amor, Casilda,

que cambia a las personas, tengan la edad que tengan.

-Sí.

¿Cree usted que esto terminará en boda?

-Es de suponer que sí.

Doña Susana no va a irse con un señor a vivir en pecado.

-Eso sí que sería un cambio de los gordos.

A mí, lo que más me choca de esto

es que les dejen casarse a esas edades.

-¿Qué pasa, que solo los jóvenes pueden ser felices?

-No, tampoco estaba diciendo eso.

Pero señá Fabiana,

¿uste cree que van a hacer uso del matrimonio?

No me imagino a doña Susana en esas lides.

-Ni tú ni nadie,

y deja ya de decir enormidades, ¡mastuerza!

-¿Ya está reprendiendo a Casilda?

-Me hace unas preguntas de doña Susana que no son de recibo.

-Yo me alegro mucho por ella.

Le está haciendo mucho bien andar con don Armando.

-Lástima que a mi señor no le vayan tan bien las cosas del querer.

-¿Qué le pasa a don Felipe, no levanta cabeza?

-Aunque lo intenta,

se ve que le cuesta un mundo sacarse a Marcia de la cabeza.

-Como que se querían de veras.

-Doña Genoveva...

está intentando distraerle, pero con muy poco éxito.

-Pobre, va a tardar en ser el que era.

-Esperemos que no le dé al morapio como cuando falleció doña Celia.

-Dios no lo quiera, que recaer en la bebida, le cuesta la vida.

-Confiemos en que salga adelante y se olvide de ella.

No se merece lo que le está pasando.

-¿Y todo este rastro que tienes aquí, Casilda?

-Mire, es un regalo que me ha hecho doña Susana,

son prendas que ella ya no usa, pero están en buen uso.

-Uy... Son prendas de primera.

Anda que no sabía doña Susana elegir buenos paños

para ella.

-Señá Agustina,

¿cree que me podría arreglar algún vestido

para estrenarlo en la misa del Martín?

Me gustaría homenajear a mi difunto esposo

vestida de tiros largos. -Eso está hecho.

Aunque nos tengamos que dejar la vista cosiendo.

-A ver, venga, anda, pruébate esto.

-La verdad es que ha sido un paseo encantador.

Me siento la mujer más feliz del mundo.

-Me parece estupendo.

La felicidad es tan contagiosa como la gripe,

pero menos dañina,

y aunque lo digan las novelas cursis,

nadie ha muerto de felicidad. -¡Qué ocurrencias!

Está claro que a su lado nunca me voy a aburrir.

-Claro, como que el aburrimiento es al amor,

lo que el pedrisco a las cosechas,

y yo la quiero ver floreciente, como está ahora.

-Pare, que me va a sacar los colores.

-No veo por qué razón.

¿Le avergüenza la rosa de su belleza?

Pues sepa que usted, al lado de cualquier flor,

la flor palidece.

(RÍEN)

-Buenas.

-Buenas. -Les veo muy animados.

¿Qué tal les está yendo el día?

-Hacía muchos años que no gozaba tanto con un paseo.

-Pasear con Susana siempre es una fiesta.

Te he buscado todo el día para ver como estabas,

pero ya veo que tenías cosas mejores que hacer que estar con las amigas.

-Solo hemos dado un paseo por el centro.

-No. Hemos visitado la catedral

hemos comido un asado exquisito... ¿Verdad que estaba delicioso?

-Estaba buenísimo.

-Espero que algún día, Liberto y yo les acompañemos, si no molestamos.

-Ustedes no pueden molestar nunca.

-Ya se sabe, los tortolitos quieren volar solos.

Y si tres son multitud, cuatro ya son un gentío.

-Déjalo, Rosina,

ya te ha dicho Armando que no es molestia que nos acompañéis.

-¿Qué hará por aquí un botones del hotel donde me alojo?

-Lleva una nota en la mano.

-Pues... voy a ver que quiere. Discúlpenme un momento.

-Querida, no te pongas seria conmigo,

es que me hace ilusión verte contenta

como una mocita con su primer amor.

-La verdad es que no puedo negarlo.

Estoy feliz.

Armando es un hombre...

fantástico.

¿Qué quería el mozo? -Nada, entregarme un telegrama.

-¿Algo de enjundia?

-No, nada que le deba preocupar.

-¿Por qué no me convidan a un café y me cuentan cómo les ha ido el día?

-Eso está hecho. Detrás de ustedes, señoras.

Ahí tiene. -Muchas gracias.

Le agradezco su ayuda para darle la sorpresa a Marcia.

De dónde iba a sacar yo un gramófono.

-No tiene importancia.

Un día me invita a comer y quedamos en paz.

Ahora, ahora me viene a la mente mi Paciencia,...

cuando nos arrejuntábamos en la portería del 38...

Espero que a usted no la vaya tan mal como me fue a mí.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Ya tiene el radiador arreglado, seguro que hoy no pasa frio.

(RÍE)

Bueno, buenas noches.

-Con Dios.

¿Qué haces así vestido, Santiago?

Parece que vayas a un entierro o a una boda.

-Ni lo uno ni lo otro.

He aprovechado que habías salido para prepararte una sorpresa.

-¿Y ese gramófono?

Servando me lo ha prestado...

y... ha encontrado este disco que le pedí.

Seguro que nos lleva de vuelta a Brasil.

-Me encanta esa música.

-Lo sé.

Pero vamos a ver si funciona.

A ver...

Parece que funciona.

(Música)

¿Te gustaría bailar conmigo?

No tenía que haber dejado que se marchara sola,

está tardando demasiado.

-"Ojú".

Mal vamos cuando vuelvo a casa y te veo hablando solo.

-Estaba muy preocupado. ¿Cómo ha ido todo?

-Mal.

Lo único que he conseguido es desgastar los zapatos.

-¿No has conseguido ninguna pista sobre ella?

-No, nadie sabe nada o no quieren decírmelo.

Estoy pa que me den la puntilla.

-Le diré a Arantxa que te prepare algo de comer,

a ver si así te recuperas. -Con tanto disgusto...

se me ha cerrado el estómago y no me entra ni el agua.

-Pues yo le voy a pedir que haga una tortilla de patatas

y corte jamón.

A mí, los nervios me dan a hambre.

-Te vas a parecer al bueno de Pelayo Ortega.

-¿Al cantaor? -Sí.

Ese se ponía tan nervioso cuando iba a actuar,

que se atiborraba antes de salir al escenario.

-Ya le recuerdo,

ese murió arruinado... y gordo,

se gastaba toda la paga en comer.

Pobre diablo. -Digo.

¿Qué te ocurre?

¿En qué piensas, hijo?

Si sé que te afecta tanto, no te nombro a ese desgraciado.

-Estoy pensando en algo que puede ayudarnos.

A ver, Pelayo Ortega denunció a un empresario

porque lo anunció como "el gordo" en los carteles.

Lo denunció por injurias y difamación.

El empresario se vio obligado a rectificar,

a pagarle una buena suma y a cambiar los carteles.

-A mí me parece de lo más normal que le llamaran así.

Pesaba más de cien kilos y no media ni metro y medio.

Pero... No sé, ¿qué tiene eso que ver con nosotros?

-Mucho.

Puede que haya dao con la solución a nuestras cuitas.

¡Vamos a denunciar a don Alfonso Carchano!

-Eso.

No hay mujer más bella en el mundo que tú.

Llevo tantos años deseando volver a sentir el olor de tu piel...

No te resistas, deseas esto tanto como yo.

Tú también has echado de menos mis besos.

Sabes que solo puedes ser mía.

Eres mi esposa...

y yo te amo con todo mi corazón.

Dado que ese productor le ha insultado con su película,

está en su derecho de denunciarle por injurias.

Haremos una cosa.

Les daré las señas de un compañero especializado en estos asuntos.

Si les dice que llama de mi parte, les atenderá mañana.

-No está la cicatriz. -¿No?

-Ni una señal.

-Bueno.

Parece que tengo la piel como un toro.

¿Qué le parece si vamos mañana a la rivera a pasear?

Hace mucho que no voy por allí.

-Ya veremos, si no mañana, quizá otro día.

¿Cómo se llamaba ese muchacho

tan mono que era como una especie de sobrino de don Felipe?

¿Mateo?

Eso, Mateo.

¿Qué tienes que contarme?

-Una cosa que me quema por dentro.

¿No es guapo el muchacho?

¿Qué tendrán los críos que a las mujeres siempre nos encandilan?

¿Podría traer más agua, Agustina?

El té es una delicia. -Claro que sí.

Qué cosita, por favor.

-¿Te gusta? -Lolita.

Es una ajuar de lo más precioso.

-La casa que los teje sirve a palacio,

así que, mi nieto, llamándose Palacios...

-Me ha contado Arantxa

que los Domínguez han contratado a un abogado.

-A buenas horas se entera que...

-No se crea, parece que están a tiempo de impedir

que se estrene la película.

Me está dando largas.

-¿Quién te da largas, Armando?

-No, santa Rita, claro que Armando.

El trabajo no lo explica todo.

Le noto distante, por no hablar de que le he mandado una nota

por el desplante, y me ha contestado que tampoco puede verme mañana.

Santiago y su mujer han decidido quedarse en Acacias.

El muchacho prefiere pagarme por meses o por años.

-Una muy buena clienta, no diré el nombre por discreción,

se ha quedado con una mano delante y otra detrás.

-No son buenos tiempos para los ricos.

-Peor que eso.

-¿Hay algo peor que quedarse sin blanca?

-Que te quite el dinero un enamorado.

-Hay que ser pánfila para eso.

-Al parecer, el seductor era un hombre con mucho estilo

y nada sospechoso, tanto,

que a ella no se le pasó por la cabeza lo de la estafa,

hasta que empezaron a llamarle los creedores.

Por suerte, nosotras no somos tan ingenuas.

Santiago Becerra, el amante esposo de Marcia

ha decidido que ella y su mujer se quedan en Acacias.

¿Por cuánto tiempo? Para siempre.

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Acacias 38 - Capítulo 1123

22 oct 2019

Susana está tan feliz con Armando que hasta sueña despierta con él e incluso su carácter agrio se endulza. Ramón y Carmen comienzan a indagar sobre la actitud fría de Lolita con el regalo que le hicieron para el niño.
Después de saltar la noticia de que la película venganza de Margarita se estrenará en todo el mundo Los Domínguez se dan por perdidos, pero Jose propone defender el honor de la familia denunciando a Carchano por difamación e injurias.
Marcia recibe los consejos de Casilda y Fabiana de entregarse a Santiago y olvidar a Felipe, al que le mandará una nota rompiendo definitivamente su relación. Más tarde el que fuera capataz de Andrade prepara una sorpresa para su mujer con la que seguro caerá a sus pies.

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  1. Santi

    Maria Luisa, la hermana de Antoñito, se ha venido de Paris a Madrid sin Victor, el nieto de la sastra; ahora está trabajando de policía en la comisaría de Madrid Sur y esta intentando ligarse a Toni Rios, su binomio....... podeis verlo en la serie que va antes de Acacias: Servir y Proteger

    23 oct 2019