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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1119 - ver ahora
Transcripción completa

Nadie puede saber lo que estamos haciendo.

(Pasos)

¿Quién anda ahí?

Ayer, doña Bellita pilló a mi Jacinto y a Servando en su casa.

¡Que se habían colado de extranjis! Y para que no les denunciara,

le dijeron que andaban buscando ratones.

-Había olvidado coger el capazo para hacer unas compras y...

Y he regresado a por él.

Espero que no se le ocurra comentar esto.

-Pueden estar tranquilos. No diré nada.

Espero de corazón que Cinta se luzca en la pantalla.

Sé bien lo mucho que se está esforzando para cumplir su sueño.

Creo que mantienen una relación clandestina.

Hable con Agustina a este respecto.

Pregúntele sobre este asunto discretamente.

Queríamos pedir prestado un retrato para hacer una copia, y ya está.

-De prestado, nada. Ibais a robar.

No volverá a pasar.

Siento en el alma tratarte así.

Pero no puedo evitarlo.

-Intenta disfrutar de esta cena. -"Se leyó el guion".

¿No te deja más tranquila?

Lo que leyó no tiene nada que ver con lo que estoy rodando.

¿Sigues pensado que hay gato encerrado?

Estoy completamente segura.

Don Armando ha reservado para él solito todo el restaurante.

Me barrunto que la única invitada va a ser Susana.

-Ay, qué emoción.

-No lo sé, pero daría una pierna por poder estar presente

cuando él se le declare y enterarme de todo.

-Son las notas de don Alfonso de nuestra prueba.

(LEE) "Cinta exagera cada gesto y sobreactúa constantemente,

completamente inútil para la interpretación".

Señora mía, bebo los vientos por usted

desde el día en que la conocí.

(Estornudo)

-¡Ah! Pero ¿qué es eso?

El guion.

(Pasos)

-¿Qué haces aquí?

-Te amo con todo mi ser, pero...

lo nuestro tiene que acabar ya.

No podemos seguir viéndonos.

-No.

No puedes hacer eso.

-Debo. -¿Te has escuchado?

Hace un momento, ¿te has escuchado?

Hablas como si le debieras algo a ese hombre.

-Me duele, lo sabes, pero es inútil, Felipe.

-¿Qué le debes?

Lleváis años separados, le dabas por muerto.

-Pero no lo está.

-Has tenido que pasar mil y una calamidades

para conseguir una nueva vida. ¡No le debes nada!

Marcia, por favor, escúchame, escúchame, por favor.

Ese hombre ha sufrido en prisión, no te lo niego,

pero no por ti, no por tu culpa.

-Felipe, me ha buscado y me ha encontrado.

-Marcia, pero no le quieres.

-Pues tendré que aprender a hacerlo.

-No. No voy a permitirlo.

Me quieres a mí, lo acabas de decir.

El matrimonio es sagrado siempre que ambas partes cumplan.

El vuestro se puede considerar roto.

-No hasta que la muerte nos separe.

-¿Y condenarte a vivir sin amor?

-Si le dejara, me condenaría a vivir sin conciencia.

-¡Marcia, por favor, esto es una locura!

-Es la única opción.

Debemos separarnos, poner distancia.

-No podrás hacerlo.

Te lo pedirá tu corazón,

hasta tu cuerpo te lo pedirá.

De nada vale la voluntad contra el amor.

-He hecho muchas cosas contra mi voluntad para sobrevivir.

Y eso es lo que soy,

una mujer que lucha por sobrevivir,

sin odiarse mucho a sí misma.

-No podrás hacerlo, no podrás.

Marcia.

-Por favor.

Perdona.

-¿Qué sucede, señor?

¿Necesita algo?

(Sintonía de "Acacias 38")

Vergüenza es poco, vergüenza es lo que sientes cuando a un cochero

se le escapa un eructo.

¡Lo mío, lo que yo he pasado, se llama bochorno, sofoco, humillación!

-Ande, doña Susana, no sea tan exagerá,

si hasta el diplomático se lo tomó a guasa.

-¡Cállate, cállate, que te tiro por el balcón!

-¡La tiro yo!

-¿Y qué culpa tengo de que se me escapara un estornudo?

-¡Haberte tapado las narices!

-Sí, y que se me remuevan los sesos en la calavera.

¡Al menos estaríamos de funeral...! -¡Ya está bien, Rosina!

¡Habéis avergonzado a mi tía y ahora a mí!

-Yo soy una mandá, señor. -¡Una mandada incompetente!

-Uste sabía que yo tenía un constipao de elefante.

-¡Y por eso pasas desapercibida! ¡Tienes un sigilo!

-¡Eso, cébese conmigo!

-¡Si me cebara de verdad, terminaba en presidio!

-¡Vivo con locas, vivo con dos locas!

-¡Ya está bien de exageraciones, que tú en esto no tienes arte ni parte!

-¡¿Y qué le digo yo a don Armando cuando le vea?!

-(ESTORNUDA)

-Casilda...

-Perdón.

-Señor, lo que tiene que hacer es decirle que ha sido culpa mía,

que estoy muy delicá de salud, ya lo ve.

-¡Vete al altillo, desaparece de mi vista!

¡Y no vuelvas hasta que sanes, solo falta que me contagiaras!

-¿Qué gripe? ¡Que esto no es gripe, señora!

-Vamos.

-Que conste que tú eres más culpable que ella.

-¡Casilda!

-Mande uste.

-Como le cuentes a alguien, aunque sea al gato,

que Susana y don Armando tienen un romance,

la que te remueva los sesos en la calavera seré yo.

-(ESTORNUDA) -¡Vete al altillo!

-¡No tengo un romance!

-Por poco, por muy poquito.

-Lo siento mucho, tía, de verdad.

-No todo está perdido. -No vuelvas a las andadas, Rosina.

-Por favor, si lo peor ya ha pasado.

Ha sido una tontería.

Está colado por ti, todas lo sabemos.

¡Yo iría a por todas!

-Yo iría a por ti si no fuera católica!

¡Te voy a decir una cosa,

no vuelvas a mentarme a Armando nunca más!

¡¿Comprendido?!

¡No quiero escuchar su nombre nunca más!

¡Armando, no! Gracias a ti, se acabó.

-Desahóguese usted, tía,

que yo la entiendo.

-¿Y mi pulsera?

No me digas que he perdido la pulsera.

¡Casilda! Y la sigilosa en el altillo.

¡Que he perdido la pulsera!

¡Qué día, Dios mío, vaya día!

No me hagas eso, mujer, que hoy es el último día de rodaje.

O eso creo, porque con ese hombre, nunca se sabe.

No puedo.

Ya me lo has dicho, pero si te apuras un poco

y haces toda la faena, tu madre no dirá nada.

Podría ayudarte.

No es por la faena.

¿Estás enfadada o algo?

Anoche,...

don Alfonso me echó del estudio...

y me ha prohibido volver al rodaje.

Pero no tiene derecho a hacer eso.

Me dijo que podría llevar acompañante.

Te vienes conmigo, que le voy a cantar las 40.

Me pilló hurgando entre sus cosas.

¿Qué? En su despacho.

Quería saber si ocultaba algo,

por qué te mandaba hacer esas escenas tan raras.

Ay, Camino,

te lo agradezco y lo siento.

Pero no habrías encontrado nada,

porque no hay guión, lo tiene todo en su cabeza.

No, sí que hay guión.

¿En serio? ¿Lo viste?

Apenas una ojeada por encima.

Pero no coincide con lo que nos contó tu padre.

¿Qué dice? Solo pude leer un par de palabras:

tramposa y altanera.

A lo mejor se refiere a otro personaje.

O algo que yo diga en los rótulos.

Puede.

También le eché un vistazo al cuaderno rojo.

Había un comentario de su puño y letra.

Sobre ti.

¿Y?

Decía que...

exageras los gestos, que sobreactúas

y...

Sigue.

Nada, que exageras, pero escrito de otra forma.

¿Y por qué me eligió a mí?

A lo mejor eso no es malo para el cinematógrafo.

Te eligió, como tú dices. Él sabe más de cine que nosotras.

Sea como sea, la película está prácticamente rodada.

Lo que no le voy a tolerar es que decida si me acompañas o no.

Ahora mismo voy a hablar con él.

-¿Cómo están mis dos bomboncitos?

Hablando de películas, como si lo viera.

Lo que no vea usted, padre...

Un mundo, ¿no?, todo un mundo eso del cinematógrafo.

Me arrebata.

No digo yo que no repetiría si me lo pidieran.

Creo que me ha picao el gusanillo.

Es como el apetito, que se sacia y vuelve enseguida

con más fuerza.

Ponme unos churros, chiquilla.

-Ahora mismo, don Jose.

Ay, mi niña.

Pase, Agustina.

Muchas gracias por traer más ungüento.

Ese mejunje es un prodigio.

Póngame aquí un poco. Quédese con el frasco.

No, no hace falta, con un poco me apaño.

Cójalo, ya me lo devolverá.

De acuerdo. Agradecida.

¿Me permite que le diga una cosa?

Parece usted un tanto cansada.

Avejentada más bien.

No, no, yo diría cansada.

O mejor dicho, como si tuviera alguna preocupación.

Bueno,... siempre hay algo que le desvela a una.

No me diga más, que somos de confianza.

¿Su señor?

Lo entiendo, vaya que si lo entiendo.

No ha tenido muy buena temporada.

Y eso que parecía que se iba rehaciendo.

Después de que lo dejaran en el altar, dice usted, ¿verdad?

Algo así termina con el ánimo de cualquiera.

Por supuesto.

Y ella,...

sin estar contenta de quedarse en el barrio,

va y se une un marido salido de la nada,

como el mundo,

como el demonio o la carne.

Dígame, Agustina,

¿su señor ha abandonado o sigue enfaldado todavía?

Eh... Pues... ni una cosa ni otra.

Es más,...

no sabría decirle muy bien.

No es don Felipe

de los que comentan con el servicio.

Vamos, Agustina, que he sido cocinera antes que fraile.

Confíese,

a la legua se ve que lo necesita.

Dígame,...

¿ha cometido su señor algún pecado para tenerla así?

Ya le digo, no suele hacerme cómplice de sus pecados,

si los hubiera.

Ya.

Pero algo me dice que de una forma u otra,

usted se siente tan pecadora como él.

Lo siento, Úrsula, no creo que esté ni medio bien

hablar así de los señores.

Nuestro trabajo es más bien callar.

Y, aun así, no sé nada.

Como quiera,

si prefiere usted sufrir en silencio...

En fin, gracias por el ungüento, Agustina.

No hay de qué.

Hombre de Dios, vaya dejando eso en el serón,

que es pa tirar.

En este oficio, entre las flores que se marchitan

y las revistas que nadie lee, no gana una pa desperdicios.

-No te quejes,

que entre tú y tu marido os lleváis un buen pellizco.

-De los pellizcos no me quejo, de los cuartos sí.

No todas vamos a ser como doña Rosina,

que de lo uno y de lo otro va bien servida.

-Sí que hay noches que en esa casas se oyen risas y carreras

estruendosas... -Uy, si yo le contara.

Dice Casilda que ella prefiere no estar cuando...

-¿Cuándo qué?

-Cuando nada. Tengo que ir a verla.

Doña Rosina, que no la deja entrar en casa

hasta que no se cure el constipado.

Puede que suba a almorzar con ella.

-¿Cómo está mi ovejita lucera y compañía?

-Aquí, pegando la hebra con Cesáreo,

que me está echando una mano con el desbroce.

-Agradecío en lo que me toca.

-Es un placer, si no obligación.

-Venga, marchaos,

que se os nota a la legua las ganas que tenéis

de un café en la pensión.

-¿Hace?

-Hace.

Dónde iba a encontrar yo una mujer más buena?

-Anda, carantoñero.

Con Dios. -Con Dios.

¿Pa qué me buscaba? -¿Cómo sabes que te buscaba?

-No hay más que ver la cara de novedades que trae usted.

-Las hay, muy bien visto.

-Pone usted unos ojos de ansia, como de borrega primeriza.

-He ido a ver a doña Bella

y le he pedido un retrato de su hija.

-¿Así, sin más?

Le habrá puesto de patitas en la calle.

-Quiá. Lo he hecho con educación.

Se lo he pedido para su prima, como usted decía.

-¿Prima? Ah, sí, sí, sí.

¿Y... se la ha dao?

-Uno pequeño.

-Más que suficiente.

-Espero que hayas aprendido la lección.

-¿Qué lección?

Que es mejor hacer las cosas como Dios manda.

-Ah, sí, claro, sí, sí.

-Por el de arriba y por el de abajo.

Como vuelvas a entrar en casa ajena, arramplo contigo a comisaría.

-Tranquilo, Cesáreo, que he aprendío.

No volverá a pasar. Yo, como los carneros,

que no tropiezo dos veces con la misma piedra.

-Eso espero.

Con Dios. -Con Dios.

(RÍE)

Pase. Aquí tiene uste al mozo.

Buenas. -Buenos días.

-No te levantes. Sigue con lo que estabas haciendo.

Qué aproveche. -Gracias.

¿Si gusta? -Qué va a gustar, zampón.

Ni que la señora no tuviera pa desayunar en casa.

-No te entretengo mucho, que sé que llevas prisa para trabajar.

Solo vengo a agradecerte que me la hayas encontrado.

-Casualidad, vi algo que relucía en el portal

y era esa pulsera.

Se la di a Jacinto, no tiene mérito.

-Perdona que discrepe.

Cualquier otro desaprensivo se la hubiera embolsado sin más.

Pues anda que es barata.

-Santiago no es así, señora. -Ya, ya lo veo.

Ya te voy conociendo.

Un hombretón de pro.

-Y mejor esposo.

Ah, así me gusta.

Seguro que el Señor te recompensa algún día tu decencia y honradez.

Mientras tanto, ponle un café para pasar el queso.

-Reconocido, señora. -No hay de qué.

Fabiana, ¿me lo apuntas?, no llevo menudo.

-Como uste quiera, señora. -Con Dios.

-Con Dios.

-¿El café lo quiere solo o con leche?

-Solo.

-Muy bien.

-Ay. Santiago.

Creí que te habrías marchado ya a la faena.

-Aquí estoy.

-¿Podrás acompañarme está tarde al hospital? No quiero ir sola.

-Aunque se viniera el mundo abajo.

No estés nerviosa, es solo una prueba.

La... espirometría.

-Quiero que nos marchemos, Santiago.

Pronto, cuanto antes.

-Perdón.

Aquí tiene. -Muchas gracias.

No hay tanto apuro. Me van saliendo trabajos

y parece que los vecinos me van tomando aprecio.

-Puede que a ti te aprecien, pero a mí no tanto.

-Los que valen la pena te tienen cariño, se nota.

Nos iremos cuando tengamos lo suficiente para ir sanatorio.

-Estoy bien, tranquilo.

-No del todo.

Es lo mejor, confía en mí.

Tengo que irme.

Vuelvo a mediodía y vamos para el hospital.

Tú mientras, descansa. -Sí.

-Buenos días, Casilda. -Buenos días.

(ESTORNUDA)

Fabiana, ¿tiene el remedio pa mi constipado?

-Sí. Cociéndolo estoy. Aguarda una miaja.

-(ESTORNUDA)

-Jesús.

"Obrigada".

¿Y tú, qué,

estás asustada por la prueba?

-Un poco.

Casilda, tengo muchas cosas que contarte.

-Pues desembucha, mujer.

Nada, ¿verdad?

Prácticamente, no ha querido escuchar.

Te lo había dicho.

Le dolió en el alma que le husmeara sus papelujos.

No es solo porque te pillara en su despacho.

Por lo visto, ha notado que me entretienes.

Yo le he dicho que no,

que me salen mejor las escenas porque tú estás allí.

Ni por esas.

No es que me importe demasiado, más por ti que por mí,

pero... estoy segura de que hay otra razón por la que no me quiere allí,

no sé cuál es.

Además estaba como de mal humor,

con un trato áspero, maleducado.

Se lo he hecho ver, y le ha echado la culpa a sus preocupaciones.

Estoy por dejarlo. ¿El cinematógrafo?

No. ¿La película?

Ni se te ocurra. No por mí, al menos.

Camino, no es trigo limpio.

Eso nos parece, pero tampoco tenemos idea del negocio.

Del negocio puede que no, pero sí de personas.

Sus enfados, sus sonrisas, sus críticas o sus halagos,

todo, todo me huele a falso.

Don Alfonso es como los hombre que venden crecepelos en los mercados.

Estás a punto de terminar.

Acaba la película y ya veremos por dónde sale el charlatán.

No te preocupes,

seguro que sale bien.

-Buenos días. -Buenos días.

-Hola, amor.

¿No me merezco una sonrisa, así, como de limosna?

Bobo.

No, en serio, ¿qué te pasa?

-Es por don Alfonso.

Ayer le eché una ojeada al...

-¿A qué? Al cretino.

Le echó una ojeada al cretino. -De don Alfonso.

Y vio, como yo, que no tiene muy clara la película.

-Mira que me extraña. Se juega su dinero en ella.

Pues será que soy yo quien no la tiene clara.

Si no la tengo clara es porque me da instrucciones contradictorias.

-Está pensando en dejarlo. -¿En serio?

No puedes pensarlo en serio. Si estás ya en el final, ¿no?

Sí, un final que don Alfonso todavía no me ha contado.

Es su modo de dirigir, su estilo. Te lo dirá esta tarde.

Quizá prefiera que lo sepas tarde

para que actúes con más espontaneidad.

Es muy complejo ese mundo. -¿A que la tiene que terminar?

-Naturalmente. Terminar, se termina,

y luego, salga el sol por Antequera.

Podría ser un fracaso.

Y podría ser un éxito.

Son los nervios de la debutante. Aguanta un poco.

Si me negara a seguir rodando no pasaría nada.

Estaría como al principio. Que te crees tú eso.

Estarías mucho peor.

Don Alfonso haría correr la voz de que eres una actriz problemática,

y pondría en guardia a todo el mundillo.

En América pasa mucho.

Algunas y algunos han echado por la borda su carrera,

solo por discutirle al director.

-Cinta, yo te entiendo, pero...

haz de tripas corazón y acábala.

De acuerdo, acabaré. Aunque no entienda cómo ni por qué,

haré esas últimas escenas y acabaré.

-Nosotros vamos a estar apoyándote.

¿De acuerdo?

¿Cómo que no te apetecen? Son tus pasteles favoritos.

-¿Te crees que por unos pasteles me voy a olvidar del agravio?

-Mujer, pelillos a la mar.

-Si Casilda no llega a estornudar... -En eso tienes razón.

Qué mala es esa gripe. -No creo que sea gripe.

-¡Para vosotras la perra gorda! ¡No es gripe!

Bueno, volviendo al asuntillo,

lo que te vengo diciendo, no está todo perdido.

Si tú ahora te presentas ante...

-Ni una palabra más. -Pero...

Perdón, perdón.

-Podemos hablar de Felipe Álvarez-Hermoso.

-Ay, creía que no lo ibas a decir nunca.

Debe estar pasando las de Caín el abogado.

Casi le echa el guante a la muchacha,

luego se queda sin novia, y después, tiene que apechugar con el marido.

Que buen mozo, por cierto.

-Eres una salvaje. Una apache.

No sabes lo que es el mal de amores para una...

Bueno, en este caso, para un viudo.

-Te recuerdo que yo también he sido viuda, transitoriamente.

Ahí está la clave, en lo transitorio.

-Transitorio es el purgatorio.

-No te rindas, Susana. Perdón, perdón.

-En cierto modo, te estoy agradecida.

He comprendido que soy una señora mayor,

una abuela, con nietos y todo.

No debería hacer tonterías. No voy a hacer tonterías.

-Te daría la razón, pero es que... se te hace tan largo.

-He recibido carta de mi familia.

Quizá me vaya a pasar allí una temporada.

Les llevaré regalos como una buena yaya, que es lo que me corresponde.

Me dedicaré a mi familia y al Señor, claro.

-¿En exclusiva?

-Lo demás sería un disparate.

-Buenos días.

Qué buena pinta tienen esos pasteles.

Me alegra ver que las aguas vuelven a su cauce.

-Voy a ir a ver a tus primos.

A Francia o a Italia, no lo sé.

Y dado que soy una señora mayor,

me atrevería a pedirte que me ayudaras a preparar el viaje.

-La echaremos de menos, tía, pero cuente con ello.

-Voy al aseo.

Como soy una señora mayor...

-Se está viniendo abajo.

Se quiere echar años encima, siglos, y lo va a conseguir.

Bueno, no, tenemos que intervenir.

-Deja a mi tía tranquila, no intervengas.

Quizá sea eso lo que necesite, salir una temporada de aquí.

-Pero ¿cómo "salir de aquí"?

Quieres que se aleje de mí, ¿no? ¿Eso es lo que quieres?

-Rosina.

-Está bien.

Y da gracias que nadie se ha enterado del barullo.

Si no, puede que, por vergüenza,

la ausencia de mi tía no fuera solo temporal.

-Está bien.

¿Cómo que espiaste las galanuras de don Armando?

-Que no es pa tanto, no te pongas como doña Susana-

-¿Que no es pa tanto? Te pillaron.

-Sí, sí, pero me pillaron... (ESTORNUDA)

Me pillaron estornudando, tosiendo....

Pero que no es gripe, te lo juro, no es gripe.

-¿Te das cuenta de lo que has hecho?

-¿Qué?

-¿Que si te has dao cuenta de lo que has hecho?

-Pues ¿sabes una cosa?

Me regañan tantas veces, me echan tantas broncas,

que ya no sé qué hago bien y qué hago mal.

-No te lo tomes así, al fin y a la postre, fuiste obligá.

-Ya se lo he dicho a mi señora, pero ni con esas.

Parece que todo fuera mi culpa.

Doña Susana no quiere ni verme.

Y mi señora me ha prohibido entrar en la casa.

-Cuando se queme una vez con el aceite, vuelve a llamarte.

Si es que meto tanto la pata...

Y sigo metiendo la pata.

-Que esa no se entera de na. Estás despotricando con una amiga.

-Justo. Justo lo que no tendría que estar haciendo.

Esa es la recomendación que me dio doña Rosina

después de echarme.

-No te preocupes, que de aquí no va a salir.

-¡Prima! -(ESTORNUDA)

-¿Qué, sigue tu señora dale que te pego?

Uy, pero ¿qué te pasa?

-La de Dios es Cristo. No te lo vas a creer. ¡Ay!

Mm...

Camino,

ofrece queso de postre, que esta remesa está diciendo cómeme.

-Póngame un agua de seltz, por favor.

-¿Por qué dices que has dejado de acompañar a Cinta al rodaje?

-Hoy terminan. Además, Cinta ya está muy hecha.

No le hago falta.

¿No te habrá dicho ella que no vayas?

-No, al contrario, ha insistido hasta el último momento.

-Buenas tardes. A ver esos cafelitos.

-¿Han comido ya? -Los nervios.

-Todo va a salir bien. -Descarao.

Como no puede ser de otra manera.

Pronto estaremos todos celebrando los éxitos de la niña.

Y a no tardar el tuyo, preciosa.

-Yo pongo esos cafés, que desde la cocina se les siente la alegría.

-¿Y a ti no, perillán?

-Don Jose, ya me han dicho que se ha estrenado usted en el cinematógrafo.

-Un debut de tomo y lomo.

-¿No me diga que hasta querría repetir?

-¿Repetir? Por mí, haría de indio y vaquero al mismo tiempo.

-Cuente, cuente. ¿No se puso nervioso?

-¿Yo? Más frío que un atún de Barbate metido en hielo.

Y eso,

eso que si lo piensas, impone la cosa.

-Ya. La cámara todo lo ve, ¿no es eso?

-Hay que olvidarse de la cámara,

y del mundo y de la madre que te parió.

Ahí está el truco,

en sentirte solo contigo mismo, bien profundo.

-Felicia,

¿podemos hablar?

-Usted dirá.

Necesitaba agradecerle a usted los piropos que le echó ayer a Cinta.

Fue muy bonito de su parte desearle éxito delante de los vecinos.

Fue todo un detalle.

-Me ofusqué un poco al ver que Camino no había tenido suerte,

pero de sabias es rectificar.

Me gusta que las niñas sean tan amigas.

-Y sin darles ejemplo nosotras.

Ojalá tengan las dos buen fario y puedan trabajar juntas en el futuro.

-Nada me gustaría más.

Que cuando el bueno del diplomático estaba a punto de declararse,

y Susana le miraba con ojos golosillos,

sabiendo que había llegado el momento...

-(ESTORNUDA) -¿Qué paso?

-Esto, esto, que estornudé, claro.

-No. -Como lo oyes.

Uy.

-Estaban con las manos agarradas y todo.

-Menudas casamenteras.

-Que no.

Que yo no, si a mí ni me mira el cartero.

(Pasos)

-A las buenas. ¿Qué hacéis ahí cuchicheando?

-Reunión de pastoras, oveja muerta.

-Al tiempo que haya una muerta.

-¿Y a qué tanta amargura?

-Que les cuente Casilda. -Que no, que no puedo hablar.

-Hala, no seas tonta, si contándolo te desahogas.

-Que ha estado a punto de destrozar la relación entre diplomático

y doña Susana.

-El hombre ya estaba rendío,

le había cogío las manos a la sastra, el asunto ya estaba hecho.

-¿Le iba a pedir en santo matrimonio?

-Es posible. -Uy.

-No mientas, que a mí me lo ha contao.

-Vamos a ver, me mandó a espiarles mi señora.

-Ya está bien. Cada mochuelo a su olivo.

¿Cuántas veces tengo que deciros que no se debe chismear de los señores?

Hale, venga,

a laborar. -Sí, venga, vamos.

Tiene usted toda la razón. -Ea.

-Algún detalle ya me contaréis, ¿no?

-¿Y tú? Venga pa tu casa.

-Que no, Fabiana, que no puedo bajar a mi casa.

-¿Y eso?

-Mi señora no me deja hasta que se me pase esto.

Pero no es una gripe, ya se lo digo yo que gripe no es.

No se preocupe, que me encargo de la comida aquí.

-No, no, ya está, muy bien, me parece muy bien, Casilda.

Pero sin prisas,

que se te ve mu afectá.

Tranquila.

Supongo yo que...

que ese hombre tan culto y tan bien plantao...

le ofrecería a doña Susana el oro y el moro, ¿no?

¿Uste también, señá Fabiana?

Vamos a rodar en un minuto.

¿Lista, Cinta?

Muy bien.

¿Preparados?

A posiciones.

¿Listos?

Y... Marco.

Cámara rueda.

Acción.

Entra, entra.

Más gesto de avidez.

Más.

Demuestra que sabes interpretar.

Tienes miedo, claro,

tienes miedo, pero también estás más que resuelta a buscar en esa casa.

Corten, corten, corten.

A ver, Cinta,

ningún personaje es del todo bueno ni del todo malo.

Al menos, ningún personaje que pretenda ir más allá del guiñol.

Perdone, don Alfonso, pero no sé qué tengo que hacer.

Vas a robar, te lo he explicado hace menos de cinco minutos.

Hasta que usted lo ha dicho no sabía que tenía que robar.

Pensaba que mi personaje era...

Cuando digo "robar", es para que nos entendamos.

¿Conoces a Robin o a Luis Candelas, el bandolero?

(ASIENTE) Pues es eso.

La imaginería popular está repleta de personajes buenos que roban,

y que luego, se redimen realizando una buena obra.

Creía que estabas familiarizada con los folletines del siglo pasado.

Sí, leí algunos en la escuela. Pues es eso.

El caso es que entras a robar a esta casa.

No sé hacia dónde va mi personaje. Si al menos lo pudiera saber...

A ver, Cinta, ya hemos hablado de esto,

en el cinematógrafo, el que tiene que saber hacia dónde va cada uno

es el director de la película. Limítate a seguir mis instrucciones.

Lo vas a hacer muy bien.

Has nacido para el arte cinematográfico.

¿Estás dispuesta?

Pues venga, vamos.

Y recuerda, Cinta, lo dicho:

miedo porque hay riesgo,

precaución porque quieres hacerlo bien.

Añade, un gesto astuto,

la astucia denota inteligencia.

Vamos.

¿Todo el mundo preparado? Silencio.

Y... acción.

Muy bien, muy bien.

Eso es.

¿Lo ves? Fantástica, estás fantástica.

Ya, ya, al cajón, al cajón.

Eso es, con precaución pero al cajón.

Ese, ese es el cajón que buscas, ese es, ese es.

Que se note que es el que estás buscando.

Mira a la cámara. Que se note.

Díselo: este es el cajón que vengo a buscar.

Muy bien.

Saca la navajita, la navajita. Sí.

Ahí la tienes.

Esa navajita. Bien esos gestos.

Sabes que el cajón no se te va a resistir.

Vuelve a mirar, vuelve a mirar. Bien ese gesto, muy bien.

Has escuchado algo.

Pero no, Cinta, no hay nadie. Tú sigues.

Sigues.

Ya se va a abrir el cajón. Lo vas a conseguir.

Se va a abrir. Ábrelo.

A ver... Sí.

Ahí tiene que estar el botín, entre la ropa blanca.

Lo vas a encontrar, lo vas a encontrar...

Lo has encontrado. Es tuyo. Mira a la cámara.

Sabías que lo ibas a encontrar, y es tuyo.

Ahora tienes prisa. Hay que salir como sea.

Debes abandonar la casa.

Abre la caja, saca el contenido y te lo guardas.

Deja la caja en el cajón.

Rápido, tienes prisa.

Guárdate el dinero en el escote, te lo he dicho antes.

Bien, perfecto.

Perfecto. Bien ese gesto a cámara,

está muy bien, pero tienes prisa.

Huye, sal.

Agua, agua, agua. Fantástico.

Y corten. Formidable, magnífico.

Muy bien. Que traigan el siguiente decorado.

Cinta, me rindo a tu arte.

Tienes en mí a un admirador eterno.

¿Y cómo me redimo?

Lo harás, descuida, te redimirás. Eso lo explicamos con los carteles.

Lo importante es que el público no solo te amará a ti,

sino también a tu personaje.

Dame el atrezo.

El dinero, el dinerito.

Muy bien.

Y ahora, la escena final, Cinta.

Ya verás el plano que te voy a hacer para rematarlo.

El último plano de la película, Cinta. ¿No estás emocionada?

Sí, claro. El final.

Mírame. A los ojos, mírame.

Prométeme que te vas a entregar en esta escena,

que vas a poner a funcionar todo tu arte,

que lo vas a dar todo.

A las buenas.

-A las buenas, Servando.

¿Está Santiago en su cuarto? -No, ha ido con Marcia al hospital.

-Ah, ya.

Me han ofrecido otro empleo para él.

Se ha corrido la voz de lo cumplidor que es, y están que se lo rifan.

Lástima que no sea pa to tan bueno.

-Suéltelo ya, Servando, que lo conozco.

-Ya sabe uste, lo de siempre. Salud, dinero y amor.

Pero es que...

-¿Es que qué?

-Vamos a ver, que al final le ha costado un quintal,

pero ha terminado confesando.

No ha intimado con su esposa.

-Para Marcia tampoco debe ser fácil. Estaba muy enamorá de don Felipe.

-Ya, pero es un muchacho joven y los maridos tienen sus derechos.

-Deje de meter las narices en sábanas ajenas.

Deles tiempo, que ya se apañarán. -A ver si es verdad.

¿Eso es para el huésped que sale hoy?

-Pues sí.

Ande, llévele la nota

y mire si quiere que le saquemos ya el equipaje.

-Esto es una faena que haría muy bien Santiago.

Porque lo que sí sabemos es que está como un toro.

Buenas tardes. -Buenas tardes, Agustina.

¿Se le ofrece algo?

-¿Puedo hablar con usted?

-Claro.

(Música flamenca)

Aplausos.

¿Oyes cómo te aplauden? Te los has ganado,

te has ganado a tu público.

Saluda, agradece,

saluda, agradece, saluda, agradece.

Flores.

¡Flores! Eso es.

Maravilloso. No puedo decir más: es maravilloso.

¡Corten, corten!

¿Te puedes creer que me he emocionado y todo?

Muchas gracias.

Hemos terminado, ¿verdad?

No. Casi.

Nos falta ese plano que te dije.

El último plano, que es un primer plano.

(RÍE) Cámara.

Muy bien. Quédate aquí cerca. Colócate cerca de la cámara.

Eso es.

La cámara y tú, Cinta, en este final apoteósico, ¿vale?

Es tu momento.

El momento por el que tanto has luchado.

Se ha de notar en tu rostro esa satisfacción.

Eso es. Un poco más.

Eso es, Cinta, perfecto.

Y cuadro. Vamos a rodar.

¡Y acción!

Eso es, Cinta.

Vamos a ir probando diferentes gestos,

y tras positivar, escogeremos el que más nos guste.

Eso es.

Sigue mis instrucciones. Ríe.

A carcajadas. Más carcajadas.

Cabeza hacia atrás.

No dejes de reír. Muy bien, eso es.

Estás disfrutando. Míranos con ojos tunantes.

Eso es, con ojos tunantes.

Vamos, Cinta. Ahora con un poco de malicia.

Más malicia, Cinta, más. Eso es, eso es.

Un poco más. Lo tenemos, ¡corten, corten!

Un aplauso, un aplauso para nuestra rutilante estrella.

(Aplausos)

Nuestra estrella ha terminado la película.

Muchas gracias, caballeros.

Gracias por haber tenido tanta paciencia conmigo.

Qué sensible.

Bella y sensible. Lo que yo digo, una estrella.

Bien, chicos, recoged, hemos terminado el rodaje.

Don Alfonso, ¿de verdad está usted tan contento como parece?

Y más.

Espero que al público le guste tanto como usted.

Vas a causar sensación, Cinta.

Recuerda quién te lo dijo primero: vas a causar sensación.

Será una película inolvidable.

Nos veremos.

-"Se seguían viendo".

Yo no me atrevía ni a decírmelo a mí misma, pero casi, casi lo sabía.

-Y yo tenía que ayudarles en sus encuentros.

-Pero uste no tiene la culpa de los pecados de don Felipe.

-Pero así lo siento.

Y se me cae la cara de vergüenza cuando le miro a la cara a Santiago.

Hay noches en que...

no duermo.

-Ya me hago cargo, Agustina, ya.

-¿Cuánto tendré que aguantar a ese hombre?

Antes, las borracheras, las mujeres...

Después con la esposa de otro.

No sé por dónde saldrá ahora que la ha perdido.

-Mire, usted no pierda el temple.

Cuide de su señor como es su obligación,

pero si él quiere tirar por la calle de en medio, allá él.

-¿Y hasta dónde debo cuidarle?

-¿Por qué lo dice?

-Úrsula trata de averiguar cómo está la relación entre el señor y Marcia.

-Usted calle y no se meta en más berenjenales.

-Úrsula me apabulla, es una mujer fuerte.

No sé si podré callar mucho tiempo.

-Ay, Agustina...

¿Quiere que le prepare una tisana? -Gracias, Fabiana.

-Enseguida vengo.

Ni una palabra, señora,

se ha cerrado en banda.

Lo más que le he sonsacado es que don Felipe

no la hace cómplice de sus pecados.

Luego... hay pecados.

Ni siquiera puedo asegurarlo.

"Si los hubiera", ha dicho.

Marrullera, Agustina.

No, señora, al contrario, es un cacho de pan.

Por eso no me cuadra sus ganas de ocultar.

Algo hay. ¡Pero ¿qué, qué es lo que hay?!

Señora, ojalá pudiera ser más precisa...

¿Se ha dado cuenta de que trataba de sonsacarle?

Pues... no lo puedo asegurar. ¡Vete, fuera de mi vista!

Vaya y vuelva a intentarlo. No toleraré otro de tus fracasos.

Vaya y sea útil de una maldita vez.

Lo averiguaré, señora, descuide. ¡Fuera!

(Puerta)

Buenas tardes, señorita. ¿Qué hace aquí?

He subido a arreglar los fogones. No encuentro a sus padres.

Hágame el favor y dígales que ya está arreglao.

Subirán ahora. Yo se lo digo.

Agradecido.

Jacinto, aguarde.

Era para usted para quien Cesáreo pedía la foto, ¿verdad?

No se me enfade, señorita.

Es para una prima del pueblo,

que se ha enterao de que es uste artista del cinematógrafo

y se ha empeñao en el retrato.

Descuide, no me he ofendido.

La próxima vez, pídamelo a mí, sin mediadores,

se lo hubiera dao encantada. Ah... Agradecío.

Agradecida yo de saber que tengo admiradoras

antes de salir en pantalla.

Bueno, pues que tenga uste mucho lucimiento.

Jacinto... ¿Qué?

Dile a tu prima que en el cine no todo es tan bonito como parece.

Bueno, pues de su parte. Con Dios.

-Ah, ¿ya estás aquí, vida mía?

Me tienes intrigá. Cuenta, cuenta.

Envido cuatro garbanzos.

Apuesta, si sabes que voy de farol casi todas las bazas.

-Gracias por intentar animarme, pero no estoy para el naipe.

A ver si Liberto ha arreglado lo del viaje.

No soporto estar más aquí.

-Con su permiso, señora.

-¿Cómo osas presentarte aquí? ¿Crees que era una broma?

-No, no, sé que usted no estaba de chanza, sé que iba en serio.

Es que, verá, el portero de la casa de doña Susana

me ha dao este paquete pa ella. Dice que es urgente.

Ya, ya me las piro.

-Casilda.

Me he quemado con el aceite.

Te levanto el castigo.

Pero, hasta nueva orden, no salgas de la cocina sin mi permiso.

¿No lo vas a abrir?

¿Qué es?

-Lleva una nota. -¿Qué pone?

"Los japoneses ofrecen a sus dioses

estas tablillas con sus más íntimos deseos".

"Yo solo sigo su costumbre".

"Pero tengo suerte, porque para mí,

dioses y deseo son la misma cosa:

usted es mi diosa y también mi deseo".

"Si ellos, los dioses quieren, sabrá dónde encontrarme".

Esta es la documentación que hay que presentar en el ministerio

una vez el barco salga del puerto.

Gracias por perseverar y seguir pendiente de nuestra empresa.

De nada.

¿Ya? ¿Eso es todo?

¿Quieres que me marche?

Sí.

Por favor.

Felipe, ¿te estás viendo con Marcia a escondidas?

No me arrepiento de haberle besado, solo espero que no nos hayan visto.

No sé si es muy conveniente que airee mis amores con Armando.

Doña Genoveva le ha preguntado a Felipe si se veía con Marcia.

-La única esperanza de que esto no acabe como el rosario de la aurora,

es que Marcia se mantenga firme y se aleje de don Felipe.

-¿Lo cree posible? -Ay... No, Agustina, no.

Quiero ver las escenas y asegurarme que sus temores son infundaos.

Podríamos organizar un primer pase en el restaurante Siglo XX.

-Encargaré ahora mismo el ensamblado de de unas bobinas y los rótulos.

Con Dios. -Con Dios.

"Hay que convencer a Cinta de que se calme".

Seguro que todo sale bien y la película es todo un éxito.

-No las tengo todas conmigo.

Mira lo que he hecho con el retrato que me agenciaste.

Cuando la película se estrene y Cinta sea famosa,

no vamos a tener manos pa contar el parné.

Se ha organizado un baile en el Ateneo, irán amigos míos,

me encantaría que me acompañara.

-No va a poder ser, Armando, tengo un compromiso previo.

-Susana, ¿qué está sucediendo?

Aquí tienen a la estrella de la noche.

(Aplausos)

-¡Bravo!

¡Artista!

He podido escuchar sin ser vista a Fabiana y a Agustina,

y he confirmado nuestras sospechas,

don Felipe se está citando a escondidas con Marcia.

"Tiene una nota en un casillero".

Esto parece un asunto de enjundia.

¿Sucede algo? -"¡Luces fuera!".

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Acacias 38 - Capítulo 1119

15 oct 2019

Susana y Armando descubren que Casilda les estaba espiando por orden de Rosina y avergonzada decide irse a ver a sus hijos una temporada, pero al recibir un mensaje de Armando la sastra va tras él ¿Será este el comienzo de una historia de amor?
Cinta, enterada de que Alfonso ha echado a Camino del rodaje no está segura de querer finalizar la película, pero Emilio le convence para que termine. Felicia y Bellita consiguen limar asperezas y por fin llevarse bien.
Marcia, que ha comunicado a Felipe que por mucho que le quiera su relación debe acabar, propone a Santiago marcharse del barrio, pero su marido cada vez más integrado en el barrio no quiere marcharse. Genoveva va a casa de Felipe y le pregunta si se está viendo con Marcia.

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