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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1114 (1ª parte) - ver ahora
Transcripción completa

Te amo.

Si hubiera sabido la verdad, nunca hubiera accedido a casarme contigo.

-Me cuesta creerte.

Camino tendría que ser la protagonista.

Una no debe alegrarse de los fracasos de otra,

pero tampoco entristecerse por los triunfos de una.

Confía en mí.

Te prometo que te ayudaré a sobrellevar este terrible momento.

Gracias.

Le ha dao el papel pensando en la repercusión

que va a tener que una hija de Bellita salga en una película.

Pensé que estabas muerto. -Sé bien que es así.

Pero soy tu marido

y quiero recuperar mi matrimonio.

Yo convenzo a Lolita en un pis pas.

Que es a mí a la que me corresponde ponerle el nombre,

y Abundio es bonito, eso que vaya por delante.

¿Desde cuándo conoce usted a mi señora?

¿Perdón?

Doña Genoveva.

Creo que la conocí el día que llegué, como a todos.

Yo me quiero ir de aquí cuanto antes.

Sé que mi presencia hace daño a Felipe.

-Santiago tampoco tiene mucho interés

en permanecer por estos lares.

Estaba convencida de que el papel sería para mí.

Hiciste la prueba mejor que yo.

Me alegra que lo admitas.

No sabía que se había fijado tanto en mí.

Sería un estúpido si dejara pasar su belleza y su elegancia

sin darme cuenta.

Pensó que había muerto.

Al encontrar a alguien que le dio su cariño y protección,

se enamoró sinceramente de él.

Yo la comprendo...

y espero que todos hagan lo mismo.

Tenemos otra oportunidad para seguir con nuestro amor.

No creo que haya nada que puedan reprocharnos.

¡No me entra en la cabeza que ese hombre tenga la osadía

de convocar a los vecinos como si fuera uno más!

No te hagas mala sangre, Felipe, por favor.

Templa y espera. Lo que tenga que ser será.

¡No tiene nada que decirnos,

nada, nada que nos pueda interesar,

y menos a las cazadoras de noticias profesionales!

Quizá solo quiera explicar la situación.

Eso sí nos vendría bien a todos y, más que a todos, a ti.

Mira, por muchas explicaciones que dé,

mi situación y la de Mar...

Mi situación no cambiará.

¿Quieres un té para endulzar la espera?

Mejor una copa de ajenjo.

Enseguida.

Espera.

Sería peor el remedio que la enfermedad.

Como quieras.

(Puerta)

Será don Ramón que viene a informarte.

No conviene que te vea tan tenso.

(Se cierra la puerta)

-Gracias, Úrsula.

Aquí estoy, dispuesto a informar sobre la reunión.

Lo prometido es deuda.

Siéntese, por favor. ¿Quiere tomar algo?

No, muchas gracias.

-Don Ramón, ¿qué ha dicho ese fantoche?

-Yo esperaba, como usted, que se comportara como un fantoche,

o fanfarroneara de alguna forma o se mostrara furioso y ofendido.

Pero no, todo lo contrario.

Ha rendido un informe de lo más sosegado y comedido.

¿Sobre qué ha hablado?

Ha solicitado humildemente que no le juzguemos por lo sucedido,

especialmente a Marcia.

En ningún momento tuvo intención de causar sufrimiento alguno.

-Sufrimiento que él trató de aliviar.

-La ha protegido desde siempre.

La conoce desde niña,

vivió a su lado la pérdida de sus padres,

tuvo que ver cómo la obligaban a hacer trabajos de esclava...

Así que, en la medida de lo posible, la ha protegido siempre.

-Y con todas las armas a su alcance, incluido ese matrimonio protector.

-Sí, así puede decirse.

Vivían en unas condiciones tan difíciles,

que no le culpa por no haberle esperado,

por pensar que ya estaba muerto, por no ir a buscarlo.

Ni siquiera le culpa porque se refugiara en sus brazos,

porque usted le haya dado el amparo que él ya no podía darle.

Se muestra agradecido

y pide perdón por el dolor que haya podido causar.

-¡No necesito su agradecimiento, ¿de acuerdo?!

¡No lo necesito!

¿Ha hablado sobre lo que van a hacer ahora, sobre su fututo?

Ha venido a buscarla, lo cual no era necesario que lo explicitara.

Cree que la vida les ha dado una segunda oportunidad

y quiere aprovecharla.

Se ganará el pan con el sudor de su frente

para hacer feliz a...

su esposa.

Muy bíblico.

-¿Y ella?

-Se mantuvo siempre muy discreta, en segundo plano,

con la cabeza gacha y sin atreverse casi a mirarnos.

-Don Ramón,

¿estaba ella... hecha a la idea?

-Amigo, ¿qué puede importar ya eso?

Es una mujer casada,

aunque parezca duro decirlo,

es de otro hombre.

Felipe, deberías olvidarla.

-¿Debería? ¿Me pueden explicar cómo?

¡Íbamos a casarnos,

teníamos un futuro, una vida por delante!

¡¿Y ahora me piden que la olvide?!

¡¿Explíquenme cómo?! ¡¿Cómo lo hago?!

-Felipe, tranquilícese.

(Puerta)

No quiere consuelo. Necesita tiempo.

Un tiempo que yo ya no sé si puedo consagrarle.

Estoy muy cansada. Lo imagino.

Le estoy muy agradecido por lo bien que se está portando con él.

No sé si tengo fuerzas para seguir siendo su paño de lágrimas.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Estás mejor?

Espero que la reunión haya servido

para aliviarnos de todos los comentarios maliciosos.

-Has hablado muy bien.

Las señoras quizá no,

pero mis compañeras ahora me mirarán con menos rencor.

Ellas entenderán.

-Y las señoras también,

aunque su beatería no les permita mostrarlo.

No podrán decir que no sabían de tus sufrimientos.

No eres culpable de nada, Marcia.

-Has tenido palabras muy bonitas para mí.

-Las que mereces.

He cambiado, Marcia. Tú lo has visto.

Hace años no hubiera sido tan... comprensivo.

Entonces era...

agrio, por decir poco.

-¿El penal?

-No solo.

Fue muy duro, claro:

a menudo pensaba que no saldría de vivo,

pero... no me arrepiento de intentar acabar con Andrade.

Eso me daba fuerza.

Y ahora, mira,

Andrade se pudre en prisión

y yo estoy libre... y a tu lado.

Esa es la mejor parte:

a tu lado.

Si supieras los días, las noches que he pasado anhelándote...

A veces, era capaz de revivir el tacto de tu piel,

de tu cuerpo...

No temas.

Ha pasado mucho tiempo

y te quiero.

Te deseo como se desea el agua,...

pero sé que necesitas tiempo para acostumbrarte de nuevo a mí,

y para recordar, recordarme...

Será como tú quieras,...

cuando tú quieras...

-Gracias.

(Puerta)

-Adelante.

-Con permiso.

Acaban de traer esto para usted.

-Muy atenta, Fabiana. Gracias.

-No hay de qué.

-Es un trabajo.

-¿Qué?

-Que tengo trabajo.

Podré darte una vida digna.

Lo que no hice en Brasil, lo haré aquí.

No te faltará de nada. ¡Serás feliz, ya lo verás!

-Gracias otra vez.

-No tendrás nada que envidiar a nadie.

Y borraremos de nuestra memoria lo sucio, lo cruel, las penas.

Serás feliz, te lo prometo.

-Pero no aquí, Santiago. ¡Donde quieras!

Iremos adonde te apetezca. ¿Adónde quieres ir?

-Me da igual. Pero lejos de Acacias.

-De acuerdo.

Ahorraremos al principio,

y cuando tengamos lo suficiente nos iremos lejos de Acacias.

¿Te parece?

Buenas noches les dé Dios. -Buenas noches.

-¿A ver si le gustan estas revistas, Emilio?

-¡Son sobre el cinematógrafo!

-Sabía yo que le iban a privar.

Están una miaja atrasás, pero todavía en buen uso.

Estaba cerrando el quiosco y me he topao con ellas.

-Muchísimas gracias. "Cine en el mundo". No la conocía.

-¿También te va a dar a ti por rodar bobinas?

-No. ¿Quién me iba a querer a mí como galán?

-Tiene uste mu buena planta.

A mí sí que me gustaría.

Anda que no íbamos a reírnos uste y yo viéndonos en las sábanas.

-¡Marcelina, que hay gente cenando!

Y eres una mujer casada. -Y bien casá.

Quería decir en las sábanas esas donde se ven las películas,

como el otro día en casa de doña Bella.

-A ver, no digo yo que tú no dieras bien en pantalla...

Eso, en pantalla.

-Pero yo me intereso por las revistas por conocer un poco mejor

ese mundo de artistas y directores.

Por saber cómo se hacen las cosas. Me he comprado un libro.

-Pues uste lo tendría fácil de querer entrar en el mundillo.

Teniendo a doña Bella de su lao, estaría chupao.

Mire si no a la señorita Cinta.

-Bueno, Marcelina, no es exactamente así.

Nadie da duros a cuatro pesetas.

A Cinta la han escogido porque tiene talento.

Ya lo había demostrado en los escenarios.

-Claro que tiene talento, ¡no te digo!

Pero también es verdá que no le hubiera sío to tan sencillo

de no ser hija de quién es.

Marcho, que tengo que meter al horno otra amasadera de los barquillos

de mi Jacinto. -Con Dios.

-Ahora que caigo,

¿no querrán ustedes unos barquillos pal restaurante?

-No, no, gracias,

es que nuestros clientes están acostumbrados a nuestros postres.

Pero gracias por el ofrecimiento.

-Bueno, pues con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Barquillos para el restaurante.

¿Te has fijado?

Hasta Marcelina, que no tiene arte ni parte,

piensa que Cinta va a hacer la película por ser hija de Bellita.

-Madre, por favor, no está pensando bien lo que dice.

Primero: es una suposición que Bellita haya influido.

-¡Ya!

Don Alfonso escogió a quien quiso.

Y segundo: ni siquiera está usted segura de querer que Camino

se dedique a hacer películas. Déjelo estar.

-Puedo tener mis recelos sobre la conveniencia

de que mi hija quiera ser artista,

pero también me subleva que la pobre sea víctima de una injusticia.

Lo cortés no quita lo valiente.

-Tengamos la fiesta en paz.

Es Cinta la que va a empezar a rodar, y debe saber que la animamos.

Si hubieran elegido a Camino, Cinta la apoyaría.

-Ya está bien.

Mira a ver si necesitan algo los de esa mesa.

No eres la primera que me lo dice,

pero digo yo que en ese embrollo hay más cera de la que arde.

-Puede ser, no sé.

Yo solo digo que Santiago me ha parecido un buen hombre.

Sencillo, trabajador

y, lo que es tan importante o más, un hombre justo.

-¿Justo? Por algo habrá dado con sus huesos en el presidio.

-Bueno, no sé por qué estuvo preso,

pero ha defendido a Marcia a capa y espada.

Y reconózcame que cualquier otro

se habría portado de manera muy distinta

si se encuentra a su esposa vestida de novia.

-Eso es digno de comentar y de mucho mérito.

-El arte de la muchacha para camelarse a los hombres,

para que babeen por ella. -Mire que le gusta a usted

pellizcar, ¿eh?

La muchacha, como usted dice, no hace alarde de su belleza

y siempre ha sido de lo más discreta.

-Discreta y prudente, todo lo que quieras, pero babean por ella.

¿O es que Felipe era un pichón fácil de atrapar?

Pues lo cazó. De la noche a la mañana, al zurrón.

-Pobre don Felipe. -Eso sí,

en el pecado lleva la penitencia.

-Ramón me ha contado que anda como muerto en vida.

-Si es que sale de Málaga y se mete en Malagón.

Con lo tenor y conquistador que siempre ha sido,

y lo mal que se le han dado las mujeres a las que ha querido.

-Usted misma lo ha dicho:

no es un pichón, y no solo estaba engatusado,

ese hombre la quería, o la quiere, vamos.

-Y hablando de quereres... -(RÍE)

-Caramba, Carmen,

nunca has sido tú tan expresiva.

No es que me moleste, ni mucho menos, pero me choca,

con lo reservada que sueles ser.

-Es que... Es doña Rosina,

que si no le hace a una reír a una, no se queda tranquila.

(RÍEN)

Es el ingenio personificado.

Bueno,

pues yo les dejo,

que le he prometido a Lolita que le ayudaría en la tienda.

Buenas noches. -Buenas noches.

-¿A quién estabas poniendo de vuelta y media

para hacer reír así a Carmen? -A nadie.

Le contaba anécdotas de mi Maximiliano, que en paz descanse.

¿Qué hacías viniendo por la calle como en una nube?

-¿Yo? Qué tontería.

Parecía que estuvieras en una nube repleta de querubines,

los angelitos con mofletes.

-Los querubines no tienen mofletes, son compañeros de los serafines,

y entre todos rodean el trono de nuestro Señor.

¿Y cómo se llaman las criaturas esas que tienen alitas en el cogote

y disparan flechitas?

-Cupidos, pero no son católicos.

-Sean lo que sean, parecía que venías acompañada de ellos

y que uno de ellos te había atravesado el corazón con su dardo.

-¿Quieres dejar de decir simplezas? No habrás bebido, ¿verdad?

-Dos tés, que estoy de tés hasta la coronilla.

Pero no cambies de tema ni trates de engañarme.

Es Armando, que te tiene en el séptimo cielo.

-¡Que no sigas mentando la gloria y a sus ángeles!

Te estás acercando peligrosamente a la blasfemia.

Por favor, ¿cuánto hace que nos conocemos?

¿Treinta años?

-Menos, ¿no?

-Los suficientes para que no trates de dármela con queso.

El diplomático te hace tilín.

-Menuda sandez.

Por favor, Susana,

¿desde cuándo te paseas tú con esa sonrisa tan optimista?

Eso no lo recogen ni los primeros cronistas de Acacias.

-¿Sonrisa optimista? Qué tontería.

Venías como si fueras una quinceañera en plena pimpollez.

Susana,

soy tu amiga, ¿no? Cuéntamelo.

Si no me lo cuentas a mí, ¿a quién se lo vas a contar?

-Me siento a gusto con él. ¿Eso es lo que querías oír?

-Yo me esperaba un suspiro, palabras de amor,

pero viniendo de ti, me conformo.

-¿Te estás riendo? -Que no, que no.

Lo que quiero decir es que si estás a gusto,

suelta rienda, déjate llevar. O deja que él te lleve.

Quién sabe si ese "estar a gusto",

con el tiempo termina en algo más, en el altar.

-¡Qué barbaridad!

-Perdona que insista con lo de los años, pero...

la ocasión la pintan calva.

-Si lo que intentas es avergonzarme, lo estás consiguiendo.

Soy una viuda hecha y derecha.

-Y yo. Lo era, vamos.

-Esa es la diferencia, que yo seguiré siendo una viuda.

Mira, haz un esfuerzo,

imagínate de aquí a un tiempo...

Imagina, imagina.

Es invierno,

una noche desapacible, estás en casa,

llueve...

Imagínate tras los cristales sentada en el sofá

con tus pantuflas... ¿Triste?

¡No! Porque a tu lado tienes a don Armando,

también con pantuflas y fumando en pipa,

lo que le da a la casa un aroma oriental y varonil.

-Eso es inimaginable. -Porque tú no quieres.

Míranos a Liberto y a mí, somos felices...

No fuma en pipa, pero me calienta más que las pantuflas.

-¡Ave María purísima! -Sin pecado concebida.

Ella, tú y yo no,

a nosotras nos concibieron en pecado y con pecado concebimos.

¡Es ley de vida, y a mucha honra!

-¡No quiero escuchar más disparates!

-Susana, ahora en serio,

la vida te ha dado una segunda oportunidad,

tal vez la última, bueno, da igual, una segunda oportunidad,

en tu mano está si la aprovechas. Pero te lo digo claro,

si te lo piensas, al diplomático te lo levantan en un pis pas.

¡Un aplauso, señores, un aplauso, ha llegado nuestra estrella!

¡Un aplauso!

(Aplausos)

Bueno, hechas las presentaciones,

paso a introducirte en este mundo, el mundo

de los sueños.

Esta es la cámara que te seguirá en todo momento,

olvídate de nosotros, olvídate de todo.

La cámara es lo único que existe en esta sala.

Si yo te digo que mires, miras a la cámara,

si te digo que lances un beso, se lo lanzas a la cámara,

es a la cámara a quien tienes que seducir.

¿Comprendido? Sí, sí, señor.

Muy bien. Perdona por lo directo del lenguaje, pero aquí,

prima la eficacia, no podemos andarnos con chiquitas.

-¿Tiene que comerse todo esto?

-¡No, claro que no!

Por supuesto que no.

Esa mesa no entra en cuadro,

está ahí por si la estrella siente apetito.

¡Lo que le hubiera gustado a mi padre acompañarme!

¿Puede comer Camino también?

Con moderación.

Sí. ¿Empezamos?

Muy bien. Por favor.

Es una taberna, ¿verdad? Se nota que vales para esto.

Efectivamente,

es una taberna, y tú vas a bailar en ella,

eres la bailaora de la taberna.

-¿Y no debería haber gente en las mesas?

-Sí, sí, sí, claro.

Bueno, no, ahora no.

Ahora, la protagonista está ensayando

antes de que la taberna se llene de parroquianos.

-¿Y el público lo va a entender?

-Estás saliendo tú un poco tiquismiquis.

Sí, lo va a entender, porque pondremos unos rótulos

y quedará de forma nítida para que se entienda en la película.

¿Y yo qué hago?

A ver, entra en el personaje, Cinta.

Tienes que ensayar muy bien, para que cuando lleguen los clientes

se queden embobados.

¿Entendido? Sí.

Venga, vamos.

Todo el mundo listo.

Vamos a rodar.

¿Preparados?

¿Tenemos cuadro?

¿Cámara preparada?

Cinta, sonríe.

¡Y... acción!

Lolita, ponme una miaja más,

hasta llegar al cuarto y mitad,

que mi señora con el chorizo nunca tiene bastante.

-Mejor que sobre que no que falte.

¿Cómo se ha tomao el discurso de Santiago?

-Peor que el propio Santiago.

Hay que ver, es que ese hombre es un pan de Dios.

¿Cómo puede decir cosas bonitas cuando está viendo a su mujer

en el altar con otro?

-Ya me habían dicho Fabiana y Santiago que era muy servicial.

-Como Marcia, que se hace de querer.

-Buenas. Ponme tres docenas de huevos,

que vamos a hacer unos flanes.

-Ahora mismo.

¿Quién se hace querer?

-Mi amiga Marcia.

Y no se preocupe, que las colas las hace quien se las trabaja.

-Perdona, como estabas de cháchara, pensé que no tenías prisa.

-¿Qué le ha parecío el Santiago?

-Me ha causado muy buena impresión, la verdad.

No sé cómo puede llevar con tanta mansedumbre

que su mujer quisiera casarse con otro.

Ella, sin embargo, es una marrullera:

tendría que haber contado lo de su estado civil.

-Sí, claro, ahora la culpa es de Marcia.

Vamos a ver, que ella pensaba que su marío la había espichao,

entonces, ¿quién tiene que decir algo en esto?

¿Qué más da que estuviera viuda o soltera?

-No hubiera podido casarse de blanco.

-Pues se habría casao de colorao. -Yo creo

que la pobre lo pasó tan mal,

que quería olvidarse de to.

Como no trae huevera, le pongo los huevos en una caja

y los tapo con el periódico.

-Gracias, con las prisas se me ha olvidado.

¡Arrea!

Pero si esto es de hoy. Don Felipe en los papeles.

-Déjame.

Es una entrevista que le hacen porque va a empezar el juicio

por lo de las chicas, el caso Manaos se llama.

-¿Y qué larga don Felipe?

-Bastante, a juzgar por el titular.

"El abogado del caso Manaos habla antes de juicio".

"El letrado que colaboró con la policía en la detención,

denuncia los malos tratos del acusado

Andrade a las mujeres".

-Pobre, no se me va de la cabeza, con los arrestos que le echó.

-Y ahora se queda a verlas venir.

-¿Y Marcia, qué?

Los dos se van a quedar a verlas venir.

Se las prometían muy felices... y ahora miren cómo están.

(Suena una guitarra española)

¡Corten!

¡Magnífico, excelente!

¡Deja que te bese!

Talento es poco.

Nunca había visto una primera actriz tan verdaderamente natural.

No puedo nada más que felicitarte.

Gracias, don Alfonso.

Muy bien, seguimos. Perdone, don Alfonso,

le quería pedir...

Ha dicho que ha quedao muy bien y yo confío en usted,

pero se me ha ocurrido algo que podría mejorar la escena final.

No, pequeña, no, ha sido sublime,

ha estado perfecta, óptima, ¡insuperable!

Seguimos. Ya, pero...

es una pequeña variación en un par de pasos.

Me encanta que mis actrices se involucran tanto y aporten ideas,

matices, sugerencias,

pero no quieras saber lo caro que resulta el celuloide.

La escena es buena, Cinta.

Don Alfonso, por favor, una vez, no se arrepentirá.

Siempre te sales con la tuya, ¿eh?

Eres una estrella auténtica. Venga, adelante,

muéstramelo.

¿Preparados?

Cuadro.

¡Acción!

¡Corten!

¡Del día a la noche, Cinta, del día a la noche!

Si me dicen que lo hubiéramos podido mejorar, no me lo habría creído.

Muy bien, hija, muy bien. El futuro es tuyo.

Seguimos. -Perdón.

La cámara no estaba funcionando.

-Se dice "rodando".

-Bueno, pues no estaba rodando.

-Mira, una que me quiere quitar el trabajo.

Lo rodaremos, dalo por seguro, Camino, lo rodaremos, pero al final.

En el cinematógrafo, el orden de rodaje es irrelevante.

¿De acuerdo?

Lo rodaremos y lo empalmaremos después.

¿Perfecto? ¡Vestuario!

Lo has hecho fenomenal. Gracias.

(Puerta)

¡Marcia!

Marcia, ¿estáis ahí?

-Voy.

-Buenos días. Te traigo el desayuno.

-Muchas gracias. Buenos días.

-Dáselas a Fabiana, que es quien me ha pedido que hiciera este servicio.

¿Qué tal habéis dormido? -Bien.

Santiago poco.

No había salido el Lorenzo cuando le he escuchado salir.

-A trabajar al almacén.

-Ojalá le cojan, y por mucho tiempo.

Y no lo digo porque tenga que pagarme la cena de anoche,

que yo sé esperar.

Lo digo porque me parece un buen hombre, trabajador donde los haya.

-Marcia, don Felipe sale en los papeles.

-¡A ver, déjamelo!

-Lo he traído pa Marcia.

-"El letrado que colaboró con la policía en la detención,

denuncia los malos tratos del acusado Andrade a las mujeres".

-Será malnacido...

A ese le van a dar en los tribunales,

por no hablar de lo que le habrán dado ya en comisaría.

¡Don Felipe es un titán, hombre,

un hombre que tiene lo que hay que tener!

Como yo mismo.

Bueno, que te aproveche. Anda, quita.

-Por si fuera poco por lo que está pasando,

ahora tiene que soportar a tanto curioso.

-Debe ser por eso que casi no sale de casa.

Agustina es la única que tie trato con él, y parece que no mucho.

Me ha dicho que está embobao, que apenas habla.

Y...

¿Cómo siguen las cosas por aquí, todo sigue igual?

-(ASIENTE) -Pero... ¿igual, igual?

-Me trata bien.

Si es que se nota que está enamorao.

Por eso te pregunto si todo sigue igual.

-Casilda, tiene necesidades.

Y me lo dice.

Pero mantiene su palabra de respetarme.

-Ya, eso dicen todos hasta que dejan de respetarte,

que bueno, tampoco es que yo sea perita en esos menesteres.

-Casilda, no hará nada hasta que yo no consienta.

-Al final va a resultar que es un finolis.

-Ha cambiado en la cárcel. Mucho.

Es como...

como otro hombre.

-Pues me alegro.

Un dechado en virtudes.

En el barrio le cae muy bien a todos.

-Lo he notado. -Y...

¿el otro, don Felipe?

-Te juro que intento no pensar en él,

pero no puedo hacerlo.

-Marcia, tendrás que hacer un poder.

Te va la paz en ello.

Vas a tener que olvidarlo.

Ay, pobre hombre.

Hay que ver cómo le ha pagado lo mucho que se arriesgó por ella.

Se jugó el bigote por sacarla de esa casa de lenocinio.

-¿Pone que es una casa de lenocinio?

Por favor, ¡y yo sin poder leerlo!

-Creía que Casilda te subía la prensa todos los días.

-Átale un hilo a la pata a Casilda.

La he mandado esta mañana a por la compra y a por el periódico,

¿la ves aquí? ¡Ahora, me va a oír, te lo juro!

-Que te oiga ella está bien,

pero que me grites, no.

-Perdona. ¿Qué más dice?

-Es como una novela de aventuras.

Nuestro intrépido abogado se las prometía tan felices con su criadita

y, mira lo solo que se ha quedado.

-Bueno, no tan solo, que Genoveva no le deja

ni a sol ni a sombra.

-A ver cómo terminan esos dos.

-¿Y qué más te cuentas, Susana?

¿Has pensado en lo que te dije anoche?

-Sí. -¿Sí?

Sí, ¿qué?

-Que te haré caso.

-¿Cuánto caso?

-Probaré suerte.

He llegado a la conclusión de que no me lo perdonaría si no lo intentara.

-¿Has decidido enamorar a Armando?

-No me cerraré a nada.

Que sea lo que tenga que ser. -¿Tienes algún plan de acción?

-Le he mandado recado para dar un paseo esta tarde.

-¡Mírala! ¡Y parecía una viuda trasnochada!

-Oye. -Perdón.

Me alegro mucho por ti.

Por los dos.

Ya era hora de que el amor entrara en tu vida.

-Hablar de amor me parece precipitado, pero sí,

tengo ilusión.

Te dejo el periódico.

¿Cómo que me dejas? Pero ¿adónde vas?

Quiero ponerme algo nuevo esta tarde, ya me entiendes,

algo que sin llamar demasiado la atención,

le indique que me preocupo por estar presentable para él.

Ya te contaré.

-Con Dios. -Con Dios.

-Buenos días, cariño. -Buenos días.

Se acaba de marchar tu tía, de compras.

¡Está dispuesta a enamorar a don Armando!

-Echa el freno, Rosina, que tienes una imaginación desbocada.

Y eso no es un defecto hasta que sí lo es.

-¡Que te estoy diciendo la verdad!

Anoche lo estuvimos comentando y la he visto muy decidida.

La veo lanzada.

Poco sabría yo de mujeres y hombres si ese lance no le saliera bien.

(SUSPIRA)

Yo creo que esos dos, ahí donde les ves, esconden fuego en su interior.

Son volcanes.

Como tú y yo.

-Rosina, una entrevista a Felipe en primera plana.

-¡No leas, que tonteas!

El periódico va a seguir ahí en un rato.

-Pero la entrevista...

Un caso de nuestro abogao.

Qué callado se tenía el compadre que es un menda más bragao

que el general Esparteros. -Efectivamente.

No habrá muchos civiles en la ciudad

capaces de meterse en la boca del lobo.

-Y, como los héroes clásicos, el destino le juega una mala pasada.

-Bien dice usted, doña Bella. El destino con nombre de Santiago.

-Pobrecillo...

-¿Qué saben ustedes de Cinta? Empezaba hoy a rodar, ¿no?

-Digo. Más contenta que unas castañuelas que iba.

¿Se quieren creer que me he sentido más que orgullosa al verla marchar?

Tan guapa, tan dispuesta a comerse el mundo.

-Hablando de comer,

¿no les apetece a ustedes unos boquerones rebozaos o unos callos?

-Jose, por Dios,

que son las 11 de la mañana y te acabas de comer dos panes

con un dedo de manteca colorá.

¿Dónde lo metes? -Exagerá.

(RÍEN)

-Cuénteme, Bellita, ¿Cinta ha ido sola?

-No, Camino la ha acompañado, y Arantxa

ha ido a buscarlas -Muy bien.

-Espero que haya hecho una compra abundante,

que seguro que la niña vuelve con hambre.

El cinematógrafo, como un tablao, abre mucho el apetito.

-¿De veras es un oficio muy esforzado?

¿Las jornadas de trabajo son muy largas?

-Perdonen que me entrometa,

pero las jornadas han de ser lo más largas posibles,

siempre que la luz sea suficiente.

El cinematógrafo es, además de arte,

industria y, hay que rodar en el menor número de días posibles.

-Sí que está uste enterao.

-He leído un poco sobre el asunto.

-Emilio, no le des la lata a los señores.

-Lata ninguna.

Nos ilustraba sobre la manufactura de las películas.

-Siéntese un ratillo con nosotros, doña Felicia,

y hablamos un poco de nuestras niñas.

-No, gracias, ya tengo yo bastante película en la cocina.

-A las buenas. -Muy buenas.

-Estarán ustedes que no caben de gozo con la niña, ¿verdad?

-Con el debut de la niña, quiere decir.

-Yo estaría que no cabría por la puerta.

Dicen que tiene madera.

-Madera por el talento, hierro en la voluntad y mimbres en la cintura.

-Ole. Muchísimas gracias.

Ni qué decir tiene que estáis invitados al estreno.

-Gracias. -(AMBAS) Muchas gracias.

-Va a ser una estrella,

se lo dice uno que reconoció a la más grande y sin telescopio.

¿Qué va a salir de una estrella? Otra estrella.

Van a tener que hacer los carteles más grandes pa que quepa Cinta.

(RÍEN)

-Acompáñeme un momento, madre.

Dígame qué cantidad de pimentón se le pone al escabeche.

-Señores, nos vamos.

No les molestamos más.

Uste llévese los chicharrones,

y si no le gustan, me los devuelve y tan amigas.

Estos chicharrones son tan frescos,

que pondrían en celo a un verraco alelao. Agradecida.

Pa 200 gramos que se ha llevao, ¿eh?

-Yo no es por discutir,

pero no deberías hacer símiles

con verracos, no es de buen gusto.

-Lo que tiene que estar bueno es el chicharrón, lo demás es mi carácter.

¿Has visto lo bien que sale don Felipe?

A ver si esa miaja de fama le distrae un poco.

-Lo que pasa con la fama es que es efímera;

lo que es para siempre, para toda la vida son los nombres propios.

-Ya.

¿No me digas que le quieres poner "Efímera" si es niña?

Trinidad me parece mucho más fino, y ya lo habíamos hablao.

-Yo insisto en que no es por discutir,

pero me refería más...

a lo de Abundio.

-Abundio. -Sí.

-Abundio se ha portado muy bien hoy.

Y no creas que no sé por dónde vas, que me he hecho la lela,

pero si has cambiao de idea, aquí me tienes.

-Vamos a reflexionar, porque reflexionar es bueno.

Los buenos padres reflexionan por el bien de sus hijos.

Juntos vamos a reflexionar.

Eres consciente de que dentro de unos años

se seguirá usando la expresión de: "eres más tonto que Abundio", ¿no?

-¿Y tú sabes que si se pone de moda: "eres más tonto que Antoñito",

yo por eso no voy a llamarte Ricardo?

-Me voy a ir, porque no se puede hablar contigo,

así que hablamos en otro momento. -Coge los huesos.

Los huesos.

-Vaya.

No parecía muy contento el páter familia.

-Es que, cuando se le mete algo entre ceja y ceja...

¿Qué quiere, Servando? Tengo unos chicharrones...

-No, no, de la compra se encarga hoy Fabiana.

-Como siempre.

-Yo venía a contarte una historia.

-Uh... Dese prisa, que tengo que airear los quesos.

Son de Asturias y, si te despistas, les salen manchas azules.

-No, si voy a ser muy escueto.

Yo te quería hablar de un primo que yo tenía.

Canuto se llamaba el pobre.

-(RÍE) ¿Canuto? ¿De verdá se llamaba Canuto?

-Sí, sí.

-¿Y en qué estaban reflexionando sus padres?

-Ahí está el meollo de la cuestión. Pero por una tradición familiar,

al pobrecillo le encasquetaron el Canuto.

Y mi primo era un tío espabilao y capaz,

podría haber llegado a ser cartero,

porque se le daban bien las letras.

-¿No quiso estudiar? -Si querer quiso,

pero se cansó del colegio de tanto que le pinchaban

con el puñetero nombrecito.

-Servando, seamos justos:

qué niño se resiste a reírse de alguien que se llama Canuto.

-Pues la cuestión es que el tal Canuto...

le cogió tirria a la escuela y no acudió más,

y se tiró la vida cargando sacos y maldiciendo a sus progenitores

por la elección del apelativo.

-¿Y?

-Y que ahora viene la moraleja:

Un nombre, un simple nombre

puede traer consecuencias muy, pero que muy perniciosas.

-Sí que da que reflexionar, sí.

-Bueno, pues entonces...

vamos a más, ¿cómo le fue en la vida a tu abuelo Abundio?

-Le mató un burro antes de cumplir los 40.

-Vaya, otra desgracia.

-Pero no fue por el nombre, Servando.

-Bueno, quién sabe, quién sabe, ¿eh?

Que las desgracias nunca vienen solas, nunca, ¿eh?

Tú... ¿Eh?

Aquí está todo resumido.

Nuestro barco ha atracado en Marruecos

y están subiendo a bordo al primer contingente de heridos.

En cuanto termine el embarque, pondrá rumbo a la península.

Quiero verles en un hospital español

atendidos como se merecen.

Me temo que no tardará mucho en poder a saludarles.

¿Hemos avanzado en la captación de nuevos donativos?

Estoy a la espera de un par de respuestas,

pero creo que pronto podremos fletar otro vapor.

Ojalá pudiéramos tener un servicio permanente,

una especie de línea de orilla a orilla del Estrecho.

No me parece imposible si usted se lo propone.

Está haciendo una magnífica labor, Liberto, puede estar satisfecho.

Tal y como está Felipe, no sé que habríamos hecho sin usted.

¿Le ve muy mal? Sí.

Y puede ir a peor si no le dejan cerrar en paz sus heridas.

¿Lo dice por la noticia del periódico?

Ojalá el juicio de Andrade no se eternice.

Felipe debe abandonar esta historia.

Y cuanto antes, pero viendo a Marcia todos los días en la calle,

no le va a resultar fácil.

Lo mejor que le podría pasar es que Marcia se fuera de aquí.

Con un poco de suerte, eso sucederá pronto.

¿Por qué lo dice?

Le he conseguido un trabajo a Santiago, de mozo,

así reunirán dinero y podrán empezar de cero en otro lugar.

Lejos de Felipe. Así es,

pero no lo sabe nadie, ni siquiera Santiago,

así que le ruego que me guarde el secreto.

No se preocupe, así lo haré. Menos mal que la tiene a usted.

En fin, Genoveva, debo marcharme.

Que tenga buena tarde. Gracias.

Con Dios. Con Dios.

Disculpe, señora.

No he podido evitar escuchar su conversación con Liberto,

es más que evidente que está usted ayudando al tal Santiago,

y él sí que amarga la vida a don Felipe.

¿Cómo tengo que decírselo? Limítese a hacer su trabajo.

Lo haré, descuide. No tendrá queja.

Pero más temprano que tarde,

me enteraré de lo que se trae entre manos.

Ayer, sin ir más lejos,

hablé con "nuestro" protegido...

y parece que le he caído bien.

¿Cómo ha dicho? ¿Ha hablado con Santiago?

Sí, quéjate. No me quejo.

Solo digo que vivirán como reinas, pero se lo ganan.

¿Cuántas horas llevas rodando?

Las suficientes como para no sentir los pies.

Por no hablar de las escenas entre toma y toma.

Mi abuela ya me habría hecho un corpiño de punto.

¡Venga, venga, vayan pasando! ¡Vamos, que hay prisa!

¡A sus posiciones, vamos, rápido! ¡Vamos!

¡Venga, cada uno a su posición!

Muy bien.

¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, no hay tiempo que perder!

Venga, adelante.

Muy bien.

Perfecto, todo listo.

Seguimos en la taberna, ¿de acuerdo?

Muy bien. Y no se beban el alpiste, ¿eh?

Llévense las copas a los labios, pero actúen,

solo, ya está, ¿eh?

Si alguien bebe, a la próxima lleno los vasos con vinagre.

¿De acuerdo?

Venga. ¿Qué hago yo, don Alfonso?

Bailar, bailar, pero ahora con público, como querías.

Ah, y no te detengas si yo no te lo digo.

El único que aquí dice "corten" soy yo.

¿De acuerdo? Sí.

Muy bien. ¿Equipo listo?

¿Todo preparado?

Muy bien. Figuración,

ahí estamos, ¿eh?

Venga, muy bien. ¡Cuadro!

Cámara rueda...

¡Y acción!

¡Corten!

¡Magnífico, una obra de arte!

Don Alfonso, si no he dado un paso cabal.

No puede ser. Una de las tablas se movía.

-Yo lo he visto, casi se parte un tobillo.

Es mejor que afirmen la tabla y repita la toma.

-¿Repetir?

Qué poco conoces este negocio, querida.

Has estado sublime. Está todo perfecto. Confía en mí.

No lo entiendo, don Alfonso.

He bailado más desangelada que una marioneta

y, el público ni me miraba. Ni se nota.

El cinematógrafo es como es, tiene sus propias reglas.

Confía en mí, los espectadores solo tendrán ojos para ti.

Por muy cegatos que estén los espectadores,

se darán cuenta de que los parroquianos no aplaudían.

Y si he bailado con arte, la gente de la taberna debería aplaudir.

-A rabiar. -O sea,

que conocéis el guion mejor que yo.

No. Vaya...

No, no, no queríamos insinuar eso.

Lo sé, es solo desconocimiento, impericia,

que sois bisoñas en este mundo.

Pero no te preocupes,

lo tengo todo controlado.

La película está aquí. Será un éxito,

confía en mí. A cambiarse, venga.

Venga, vestuario, rápido, rápido. Sí, sí.

Venga, seguimos.

A ver, raro, raro es.

Pero lleva razón, él es el que tiene la experiencia.

Sí. Bueno, es un mundo mágico, ahora sí que me lo creo.

El director tiene magia, ¿no? Hace magia.

¿Vamos? Sí.

¿Es que nunca se va a resignar a ser lo que es, una criada?

¿Quién le dio permiso para hablar con Santiago?

No se preocupe, señora,

se negó a admitir que la conocía.

Está muy bien aleccionado.

¡No vuelva a insinuar que tuve algo que ver!

Puede confiar en mí.

Eso sí, solo si conozco a fondo la historia,

si no, podría meter la pata.

Sí, intente separar a Felipe de esa muerta de hambre, pero no funcionó.

No tuve que ver con la llegada del marido.

¡No sabía que tenía marido!

¿Ha sido todo una casualidad? Azar, suerte, como prefiera,

pero yo no lo traje.

Y ahora, lárguese. Vuelva a su cocina.

Santiago ha recalado aquí sin mi ayuda.

Terminó la conversación.

Barquillos de la sabiduría.

¡Mejor que un libro del filón de Sofía!

¡Mejor que la gramática parda!

¡La sabiduría al alcance de todos!

Hace bien cogiendo los que lleva. Eh, eh, eh.

Si se los zampa después de la cena,

se irá al catre sabiendo un par de cosas más.

Con Dios.

-Madre mía, Jacinto, qué éxito. -Todo, todo,

Las he vendío todas. Me las quitan de las manos.

Se venden como rosquillas.

-Como barquillos, Jacinto, que algo tendrán que ver los barquillos.

-Sí, de los dos, el mérito es de los dos.

Siempre bien aveníos, como carnero y oveja.

-¿Os habéis decidido a vender las galletas?

-Barquillos, y rellenos de sabiduría.

Y no se me da mal.

¿Queda alguno por ahí pa que lo pruebe el Servando?

-Tengo un par, se los regalo a los buenos clientes.

Eh, uno. -Uno, uno, uno.

Ahí.

-(JACINTO RÍE)

"Un hombre sin suerte es como una borrega patosa,

que siempre pisa la boñiga más hermosa".

-Sabio, ¿eh?

-Debo decir que tienes un don para la metafísica.

-Y Marcelina pa los barquillos.

Nos los quitan de las manos, y antes de leer los versos.

-Pero luego repiten.

-Hagamos entonces tres partes. -Ah, no.

¡Yo al cura no le doy na!

-Qué cura ni qué cura.

La tercera para el chache, que fue quien os dio la idea

para venderlos.

-¿Cómo dice?

-Pal chache.

¡Qué ricas están las pastas! Se nota que las ha hecho usted.

¿Las has probado, Jose?

-Varias veces. Y no pienso dejar de probarlas.

-Mire, Felicia, vamos a ser claros, si la hemos invitado a merendar...

-Bueno, tanto como a merendar... Yo he puesto las pastas.

-Es una forma de hablar, mujer.

-Ea.

Si estamos aquí reunidos es porque hemos creído notar

que no se sentía usted muy cómoda esta mañana

cuando hablábamos del estrellato de mi niña.

-Quiere decir del rodaje.

Mire,

sentimos mucho que Camino no vaya a hacer la película,

pero esa circunstancia no debería afectar

a la relación entre nuestras familias.

-Vamos a ver, si ustedes son claros, también lo podré ser yo.

Si mi Camino no hace la película

es porque ustedes han puesto su apellido y fama por delante.

Todo el mundo sabe que mi hija es mejor artista que la pobre Cinta.

-¿Qué ha dicho?

¿Mejor? Mira, Jose,

que tenemos aquí a una crítica de cine consagrada.

¿Dónde dice usted que escribe? -Haya paz y sosiego.

Nosotros no hemos utilizado el apellido de mi esposa.

Un artista debe ganarse su nombre por sí mismo.

-Pero que no hay discusión posible.

El señor Carchano hizo una prueba

y escogió a la que le pareció más apropiada, con más salero.

A la que le pareció mejor para esa película.

Habrá muchas y diferentes,

De todos modos,

yo mismo fui a mediar para que Carchano metiera a su Camino

en la producción. -Ustedes pueden decir misa.

Nunca creeré que no hayan utilizado sus influencias.

-¿Me está llamando marrullera? -Usted se lo dice todo.

Pero, vamos, que tampoco me dolerían prendas.

No hace mucho que usted me llamó a mí camarera con ínfulas.

Y eso es peor.

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-¡Me ha dejado con la palabra en la boca!

-Quizá sea mejor así.

No te hagas mala sangre, princesa.

Pronto, Felicia comprenderá que no tiene razón.

-Cinta es buena, ¿verdad?

-Mucho. Y nos dará muchas alegrías,

ya lo verás.

Es más, puede que también Camino nos las dé.

Don Ramón, me gustaría pedirle disculpas.

-Supongo que lo dice por lo de ayer tarde,

cuando vine a informarle de las palabras de Santiago.

-No era mi intención ofenderle, créame.

-No lo hizo.

-Me alteré y a punto estuve de hacer lo que más odio:

pagar mi frustración con el mensajero.

-Comprendo su ofuscación, no se preocupe, me hago cargo.

Sabrá usted que se ha convertido en un héroe en todo el barrio.

-¿Lo dice por la entrevista?

No sabía que me hacían una entrevista.

Me preguntaron y aproveché para hablar.

Supongo que fue una forma de decirme a mí mismo

que no solo lo hice por Marcia; también por las otras mujeres.

-Pues, voluntariamente o no, ha realizado usted una gran labor.

A partir de hoy, mucha gente sabe qué tipo de hombre era Andrade,

lo que hacía, y lo que merecen los de su calaña.

-Espero que caiga sobre él todo el peso de la ley.

-Esa esperanza debería servirle para insuflarle nuevos ánimos.

-No dejo de pensar en ella.

Y no dejo de arrepentirme

de no haberla perdonado cuando me lo pidió.

No creía que ella no sabía que su marido seguía vivo.

-Yo estoy convencido de ello.

Marcia es inocente.

Ni por un instante creo que tratara de engañarle a usted.

-Ya nada se podrá hacer.

Jamás podré tenerla.

(Puerta)

¿No abre usted? No se mueva, ya voy yo.

-¿Qué está haciendo aquí?

Quiero hacerle una pregunta.

¿Por qué no se ha casado usted? Y no me diga con falsa modestia

que no ha tenido oportunidad, no le creería.

Afortunadamente, don Ramón y don Liberto

están apoyándole mucho.

Y especialmente, doña Genoveva.

Entras en el despacho, te sientas en las rodillas del actor,

y te muestras cariñosa con él.

Bueno, es sencilla, pero un poco subida de tono.

Es precisa para la película.

¿Cómo va lo de los barquillos? ¿Vais a montar el puesto?

-Pues mire, ni ganas tengo, la verdad.

-¿No iba bien el negocio?

-Tanto que, Servando quiere aprovecharse

y nos pide la mitad de las ganancias,

y claro, así no nos renta.

¡Pensaba que era un regalo del cielo y es un libertino!

Lo único que me tranquiliza es que nadie más lo sabe.

Sepa uste, señá Agustina, que a Marcia le cuesta un mundo

acercarse a su esposo.

Todavía no ha intimado con él.

No deja de pensar en don Felipe.

-¿Qué tratas de decirnos?

-Pues verde y con asas.

Que si sale varón, pues que no se llamará Abundio.

-Tenemos mucho que celebrar.

¿Y por qué no empezamos ya a hacerlo?

Vayamos a brindar a la terraza del restaurante.

Te vendrá bien distraerte,

no puedes quedarte en casa.

¡¿No ha pensado que a lo mejor mi hija se merecía un mejor papel

que la suya, porque su hija no ha sido artista ni nada?!

Recojan esto cuanto antes.

Pronto tendrás lo que quieres, vida mía.

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Acacias 38 - Capítulo 1114 (1ª parte)

08 oct 2019

Susana se imagina feliz con Armando y tras haber hablado con Rosina decide darse una oportunidad con él, pero algo para a la sastra en seco, Armando es un divorciado.
Cinta comienza el rodaje de la película sin entender el papel que interpreta mientras Emilio se instruye sobre el cine. Bellita es felicitada por todos los vecinos para la rabia de Felicia y aunque Jose intenta suavizar la situación la hostelera no da su brazo a torcer.
Genoveva confiesa a Liberto que está ayudando en secreto a Santiago para que se marche de Acacias. Y a Úrsula que no tiene nada que ver con la llegada del marido de Marcia. Más tarde el que fuera el capataz de Andrade se presenta en casa de Felipe.

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  1. Pilar Méndez

    Lo van a emitir en dos partes porque ayer hubo fútbol femenino.

    pasado miércoles
  2. Pilar Méndez

    Me ha gustado mucho la conversación entre Rosina y Susana, de noche en la calle.

    pasado miércoles
  3. lizeth

    uno como fans espera la novela todos los días para que suban la miad nada mas! no me dan ganas de verla asi, siempre invetan una nueva. y sin saber si saber si van a subir al otro dia la otra mitad! asii no da gusto! por lo menos en el mismo dia!

    08 oct 2019