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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1113 - ver ahora
Transcripción completa

Aunque hay alguna que le ha echado el ojo.

Pero yo no quiero hablar.

-Es un hombre que no está en las mezquindades del mundo.

Tenemos una mala noticia.

-¿Cuál?

Que solo una de las dos va a trabajar en la película.

Parece una joven enamorada.

-Ay... Espero que to le salga bien,

En estos momentos es inevitable encontrarme mal,

suerte que tengo la ayuda de los vecinos y amigos,

en especial de Genoveva.

-Me da que no van a acabar siendo solo amigos.

Esto huele a nueva pareja.

sushi, nigiri, sashimi...

Son verdaderas exquisiteces si las prepara un buen cocinero.

-¿Nos haría usted una demostración?

-Está bien, hoy mismo.

Santiago se portó muy bien conmigo cuando era capataz de César Andrade.

Si sobreviví fue por Santiago.

-Pero tú no le amabas.

-Yo no he sabido lo que era el amor hasta que llegué a Acacias.

Le va a dar el papel a Camino.

¿Y eso?

Es mejor actriz que yo.

¡Ay, don Armando,

pero si este pescado está completamente crudo!

-(RÍE)

Es Cinta.

-Enhorabuena.

Anda, ven, dame un abrazo.

-Felipe,

yo te amo.

Solo quiero tu perdón.

Por favor, perdóname.

Contéstame, te lo ruego.

-No sé cómo pretendes que te perdone semejante engaño.

No esperaba algo así de ti.

-Traté de explicártelo en varias ocasiones,

y tú me dijiste que no necesitabas saber nada más sobre mi pasado.

-Es cierto, pero esto es de mucha enjundia,

no es algo menor.

Pretendías casarte conmigo cuando ya lo estabas con otro.

Esto aquí tiene un nombre y es bigamia.

-Si no insistí más, fue porque pensé que tenías razón,

que lo pasado, pasado estaba.

Durante todos estos años pensé que él había muerto

que era una mujer libre.

-Pero no era así.

-Hasta hace pocos días estaba convencida de ello.

-Mira, Marcia,...

que alegues ignorancia no es suficiente para mí.

Sabías que tu marido había desaparecido,

pero no tenías la certeza de si estaba muerto.

No puedo evitar sentirme engañado.

-Yo te amo, Felipe.

Te amo.

Si hubiera sabido la verdad, nunca hubiera accedido a casarme contigo.

-Comprende que me cueste creerte.

-Felipe...

Yo solo he tratado de hacerte feliz,

de vivir una vida junto a ti.

Pero ahora solo me queda pedirte perdón.

-Un perdón que no puedo darte.

-En cualquier caso, ya nada importa,

nuestro amor... es un amor imposible.

El regreso de Santiago cambia toda mi vida,

soy... su esposa

y ahora me debo a él.

-¿De qué sirve entonces que te perdone?

Nuestros sentimientos han pasado a un segundo plano.

-Porque es importante para mí.

Aunque no podamos volver a estar juntos,

quiero que entiendas que yo nunca tuve una mala intención.

Nunca quise ni hacerte daño y nunca quise engañarte.

-Lástima que no lo hayas conseguido.

Me has roto el corazón.

A partir de ahora, trataré de alejarme de ti todo lo que pueda.

Es mejor que me olvides.

-No podré hacerlo. -Ni yo,

pero debemos intentarlo,

es,... es lo único que podemos hacer.

Siento en el alma haberte traído todo este sufrimiento.

Ahora...

Solo nos queda decirnos adiós.

-Así es.

Esto es lo único que nos queda:

la distancia y el olvido.

Te ruego que salgas de casa.

Por favor.

-(LLORA)

¿Estás bien?

(LLORANDO) No,...

no lo estoy.

Hacía tiempo que no me sentía tan mal.

Se me parte el alma al veros así.

Ojalá pudiera hacer algo para ayudaros.

Ya nada se puede hacer.

Aunque lograra perdonarla,

es una mujer casada,

nuestro amor es un imposible. Felipe,

es natural que te encuentres tan desasosegado,

pero confía en mí,

te prometo que te ayudaré a sobrellevar este terrible momento.

Gracias.

Gracias.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Ya está mejor Casilda? Me han dicho que se puso a morir

por preparar la comida de los chinos.

-No era comida de chinos, de japoneses.

-¿Y no es lo mismo?

El caso es que se puso mala na más hacerla. ¡Cómo pa comerse eso!

-Se tuvo que ir a la cama ¡sin servirnos!

¡Qué poco fuste que tiene!

-Es que tie que ser un horror comer pescao crudo,

eso lo hacen los gatos.

-Una barbaridad, cosa de extranjeros.

Con lo buenos que están los boquerones fritos,

las fritadas de bacalao...

-Y digo yo, ¿el pescao ese se movía o ya estaba muerto?

-Calla, calla, no me lo recuerdes.

De verdad, qué asco.

Estaba troceado, pero más crudo que una pera.

-¿Y sabía bien? -No sé,

yo no probé bocado.

solo de ver a Susana comer atún crudo, casi me desmayo.

-Menos mal que no fui,

que del asco soy capaz de echar allí al niño.

-Calla. Para rematar la noche, una mujer de parto.

-Buenas.

¿No hace una tarde buenísima para las fechas en las que estamos?

-A ver, un momentito. Ahí está.

-Yo estoy algo destemplada, será por la comida fría.

-Qué tontería, si estaba exquisito.

-Doña Susana, ¿le gustó el pescao crudo?

-Claro.

-Si eso tiene que ser peor que comer hormigas o gusanos.

-Es algo distinto, pero si dejas atrás los prejuicios,

resulta una comida de lo más deliciosa.

-Pa mí que hay algo que no nos cuenta.

-¿Yo?

-Dicen que el amor afecta a los sentidos,

y claro, el gusto es un sentido. (RÍE)

-Yo por mi Antoñito no me como una merluza recién pescada.

Ay, mi niña bonita, preciosa, que es lo más bonito.

Madre, que me va a romper una costilla.

No puedo, estoy encantada de que te hayan dado el papel.

¡Es un notición!

-Yo no tenía duda ninguna.

Ha heredado todo el talento de su madre, y un poco del mío.

Estoy muy ilusionada.

Será una gran oportunidad para mi carrera.

-De eso no tengas duda, vas a ser lo más grande.

Estoy segura de que lo harás estupendamente,

no hay otra que te pueda hacer sombra.

De eso no estoy tan segura, que Camino lo ha hecho muy bien.

-Pero el papel te lo han dado a ti,

algo habrá visto el director para tomar esa decisión.

Sí, supongo que sí,... pero la pobre se ha quedado chafada,

estaba muy ilusionada con esto del cine.

-Igual que tú.

¿Acaso no tenías un montón de ganas de ser la protagonista?

Es que no sé si he merecido ganar.

A Camino le correspondía ser la protagonista.

Eres muy tierna y muy sensible.

Con el tiempo irás aprendiendo que todas competimos por el éxito.

Una no debe alegrarse de los fracasos de otra,

pero tampoco entristecerse por los triunfos de una.

-Dejémonos de pamplinas

y vamos a celebrarlo como Dios manda. Hoy cenamos fuera.

Mejor lo dejamos para otro día.

-¿Qué tienes, hija? ¿Estás indispuesta?

No, solo cansada. Prefiero tumbarme un rato en mi habitación.

Ha sido un día de muchos nervios.

-Cómo quieras, ya lo celebraremos en otro momento.

-¿Estamos pensando lo mismo?

-Me parece que sí.

La han cogido por ser tu hija

y por el tirón que puede suponer para la película.

-Justo.

Con lo marrullero que es don Alfonso no me extrañaría nada,

acuérdate de las tretas que ideó pa acercarse a mí.

-Está claro.

Está clarísimo que el papel se lo ha dado pensando en la repercusión

que va a tener que una hija de Bellita salga en una película.

Ahora, la niña es una artistaza

como la copa de un pino.

Lo hará fenomenal, de eso que no tengan duda.

-Es verdad, está a la altura de la película

y de lo que se le ponga por delante. -De todos modos,

iré a hablar con el productor para que incorpore a Camino

en la película, aunque sea con un papelito.

-¡Ay, qué bueno eres marido!

Lo que no se te ocurra a ti, no se le ocurre a nadie.

A mí no me parece de recibo

que Fabiana haya dado hospedaje a esos dos.

-Como que es una vergüenza.

Después de lo que le han hecho a don Felipe,

tendrían que irse del barrio.

-Eso es asunto de ellos dos, la Fabiana no tiene nada que ver.

-¿Cómo que no?, si están en su casa.

-Es una casa de huéspedes, y si le pagan por una la cama,

ella tie que dejar pasar a quien sea.

-No todo es el dinero, también está la amistad y la lealtad

con nuestros vecinos.

Perdone que le diga, pero uste habla así porque vive de las rentas.

-Como esa muchacha se quede a vivir en el barrio,

espero no tener que cruzarme con ella.

-Cada uno es libre de elegir sus amistades

y de obrar según su conciencia, uste verá.

-Yo, de momento, me voy a poner a cocinar.

He decidido corresponder a la comida que nos preparó Armando.

Lo tiene fácil,

compra un bacalao, lo sirve en una bandeja

y le dice que también es comida del Japón.

-No seas ordinaria, Lolita,

le tengo que preparar algo especial, algo que le sorprenda.

-No lo vas a tener fácil,

Armando es un hombre de mundo, está hecho a comer de todo.

Por eso me he buscado un plato francés muy complicado

del que tengo la receta original.

Si quiere le puedo echar un cable, y mañana abro más tarde.

Te lo agradezco, Lolita, una ayuda siempre es buena.

Voy a mandarle a Armando recado del convite.

Te acompaño. Con Dios, Lolita.

-Aguarden una miaja.

Les quiero hacer una pregunta.

¿Han conocido a alguien que se llame Abundio?

-No, me parece un nombre muy antiguo.

¿No era ese uno de los reyes godos?

-¡Qué va a ser un nombre de rey! Es un nombre horrible.

-Sí, es como de chiste, una cosa tonta.

-Pues a mí me gusta. -Pues si te gusta,

que te abunde. Con Dios.

Espero que todo sea de su agrado. Vuelvan cuando quieran.

Con Dios.

Pensaba que no acabábamos nunca.

Camino, hija,

me duele verte tan triste, pareces un alma en pena.

-¿Qué quiere que le haga, madre? Estoy muy disgustada.

-No es para menos, pero tienes que rehacerte y seguir adelante,

ya tendrás otra oportunidad.

-Esto no es el fin del mundo,

tienes talento y podrás demostrarlo en algún momento.

-No me parece que sea tan fácil.

Me barrunto que con talento no es suficiente.

-Ahora lo ves todo negro,

pero verás como todo se queda en una desilusión.

-Pero de las gordas, estaba muy segura con esa prueba.

-Anímate, hermana.

No dejaremos de apoyarte hasta que seas una estrella del cinematógrafo.

-No creo que eso llegue a pasar.

-Yo creo que has trabajado bastante,

deberías recoger tus cosas e ir a descansar.

-Después de dormir toda la noche lo verás todo de otro color.

-Está bien.

No creo que pueda pegar ojo, pero lo intentaré.

Buenas noches, madre. -Buenas noches, cariño.

-Adiós, hermano. -Adiós.

Pobre Camino,

se ha llevado toda una sorpresa con que no le dieran el papel.

-No es para menos.

No comprendo la decisión del director.

Vi ensayar a las chicas, y tu hermana lo hacía mejor que Cinta.

-Yo también las he visto ensayar, y no hay color.

Camino es mucho mejor que Cinta.

-Llevo dándole vueltas a este asunto,

y me da que Bellita ha podido influir en la decisión del director.

-No lo creo, no creo que Bellita se meta en este asunto,

sería muy desleal por su parte.

-No sé yo. Los Domínguez son capaces de cualquier cosa

para llevarse el ascua a su sardina.

-Madre, no complique más las cosas,

no es bueno ni para Cinta ni para Camino.

-No quiero daros problemas,

pero no quiero que piensen que soy una panoli.

Veré qué puedo hacer.

Vamos a acabar de recoger.

(EN SUEÑOS) No, no, suéltame.

No, déjame ir.

(GRITA)

¿Qué estabas haciendo?

-Nada, solo te estaba observando.

-Me has asustado.

Lo siento, no era esa mi intención.

Te he oído hablar y quejarte en sueños,

no sabía qué hacer,

no sabía si despertarte o dejarte dormir.

-No te apures, no tienes que hacer nada por mí.

-Me duele verte sufrir.

Marcia, no debes asustarte de mí.

-No puedo evitar que me incomode tu cercanía.

Me resulta muy extraño todo esto.

-Ayer te dije que tendría paciencia contigo,

no esperaba que me recibieras como si no hubiera pasado tanto tiempo.

Puedo esperar.

-No sé cuánto tiempo tendrás que hacerlo.

-Todo el que sea necesario.

-Santiago, no quiero que te ofendas por lo que te voy a decir,

pero no quiero mentirte.

Pensé que nunca más nos íbamos a ver,

que habías muerto.

-Sé bien que es así y que he trastocado tus planes,

pero soy tu marido...

y quiero recuperar mi matrimonio.

-Estás en tu derecho.

Pero necesito tiempo. -Te soy sincero

cuando te digo que estoy dispuesto a esperar.

-Puede que tu paciencia se agote

y yo aún estoy convaleciente,

no puedo evitar sentir miedo al acostarme a tu lado.

-Ardo en deseos por ti desde que nos separaron.

Pero en esta habitación no pasará nada

que tú no quieras que pase.

-¿Serás capaz de mantener esa promesa?

-Te lo juro por mi vida.

-Te lo agradezco,...

es muy importante para mí.

-¿Cómo te fue con Felipe?

Ayer te vi muy reservada y no me atreví a preguntarte.

-Mal,... fue muy penoso para mí hablar con él,

pero era algo que tenía que hacer y que ya ha pasado.

-Te prometo que le olvidarás,

tenemos una vida para volver a estar juntos.

Marcia,...

el futuro nos pertenece.

Dele con más brío, que parece que le tiene miedo al trapo.

Y dele también por ahí abajo.

-Que yo hago lo que puedo.

Ya no tengo edad pa que me metan prisas. Lo de abajo no se ve.

-Sí se ve, se ve porque yo lo estoy viendo.

No me venga con melindres, que usted es más joven que yo.

-Buenos días. -Buenas.

-Buenas.

-¿Llego en mal momento?

-No, Carmen, no, no se apure.

-¿Me puedo tomar un café? -Uno y todos los que quiera.

-¿Cómo es que se ha levantado usted tan temprano?

-He acompañado a mi esposo al banco

y antes de hacer mis labores, me ha apetecido algo caliente.

-¿Sabe algo de don Felipe?

-Justo ahora le acabo de ver,

iba caminando muy deprisa y mirando al suelo.

Se diría que no quiere saludar a nadie.

-No es de extrañar, después de lo que ha pasado.

-Mi esposo se pasó ayer a interesarse por él,

pero Felipe le dijo que se vieran en otro momento,

que no estaba de humor para hablar con nadie.

-Menuda sorpresa ha sido lo de Marcia para todos.

-Ya. ¿Cómo está ella y su marido?

-Antes que nada,

aunque nosotros les hayamos alojado,

eso no quiere decir que nos parezca bien lo sucedido.

-Servando, yo solo me intereso por ellos,

lo que ustedes hagan con su negocio no es asunto mío.

Es más, parece bien que les hayan alojado.

No van a irse a vivir debajo de un puente.

-Eso es lo que pensamos nosotros,

que una cosa no tiene nada que ver con la otra,

y que no hacemos ningún feo a don Felipe dándoles una cama.

-Ya, Fabiana.

Lo que hace falta es que Felipe se recupere pronto

y que no caiga en la desesperación,

como ocurrió con la muerte de doña Celia.

-Lo más importante es que olvidemos esto lo antes posible.

¿Quiere tomarse el café en la barra o en la mesa?

-¿En la barra?

Ya me lo llevo yo, no vaya usted a quebrarse.

-A la que veo muy bien es a Lolita,

no parece que esté de tantos meses.

Hoy la he visto barriendo la mantequería tan pancha.

-Sí que está bien,

vamos, como una rosa,

y cabezona... como siempre.

Ahora se ha empeñado en que si es niño lo que espera,

ponerle el nombre de Abundio. -¿Abundio?

-¿A... qué?

-Abundio.

-(RIENDO) Abundio.

¿De verdad ese nombre? -Sí.

Y está muy empeñada,

a pesar de que no le gusta a nadie. -Estoy recordando yo ahora

que tenía un primo que se llamaba Abundio,

y no sabía hacer la o con un canuto.

Cada vez que le decimos que piense en un nombre bonito como:

Adolfo,

Jorge...

-Servando. -Servando.

Pues nada, ella más le quiere poner Abundio.

-Con el carácter que tiene la de Cabrahígo,

ya les veo a ustedes bordando la ropita del niño

con el nombre de Abundio.

(RÍEN)

-Eso me temo.

Pero ni a Antoñito ni a Ramón les gusta una pizca el dichoso nombre.

Parece una fruslería, ¿eh?, pero el asunto

va a tener miga.

-Pues si no le gusta, no crea que es tan difícil, yo convenzo a Lolita.

-¿Ah, sí?

Sería un milagro,

y no sabe lo que se lo íbamos a agradecer.

-Pues delo usted por hecho.

Yo, a Lolita la convenzo en un pis pas.

-Sí, sí. -En un pis pas, acabáramos.

Me voy a barrer las habitaciones.

Abundio es un nombre original y de los que marcan carácter.

-Carácter el que va a necesitar el niño cuando llegue al colegio,

se va a tener que pegar con todos.

-¿No le parece bien que le llame de esa forma?

-No me parece el nombre más bonito, pero si a ti te gusta...

-Que me abunde, ya me lo dijo ayer.

-No te iba a decir eso, ponle como te venga en gana,

siempre y cuando esté en el santoral.

-Eso es lo que digo yo,

que es a mí a la que me corresponde ponerle el nombre,

y Abundio es bonito, eso que vaya por delante.

-¿Qué tal van los preparativos? ¿Has traído todo lo que te pedí?

-No se preocupe, que lo tiene to encima de la mesa.

-Se te ve nerviosa.

-Sí, más que si tuviera que hacerle un traje de gala al rey.

Se me dan mejor los botones que las especias.

-Tranquila, verá como no es tan difícil preparar ese plato.

-A ver si somos capaces de hacer el confit de canard dichoso.

-¿Canard?

¿Vamos a asar un canario?, si eso no tiene chicha.

Vamos a necesitar tres docenas de canarios.

-No seas borrica, Lolita, canard es pato.

Y el confit de canard, muslo de pato.

Aquí está. -¿Pato?

¿No prefiere un confit de cabrito o de cochinillo?,

que es más de estas tierras.

-No, no puedo servirle una vulgaridad así.

Ya te he dicho que don Armando es un hombre de mucho mundo.

¿Y nosotras vamos a saber preparar esta receta?

-Solo hay que seguir los pasos

y esperar a que Casilda nos traiga el pato.

-Esto está en francés, ¿usted sabe leer esto?

-Más o menos.

-Uf... Lo que no sepamos, lo podemos improvisar.

Lo primero que hay que hacer es... "bruler" el canard.

-¿Qué es eso de bruler?

-Creo que es dorar o freír el pato o algo así.

-Pues empezamos bien, si no tenemos el susodicho pato.

-Pues empezamos por la salsa. ¿Has traído jerez dulce?

-No, pero tengo vino de Cabrahígo, que te arregla cualquier guiso.

-Supongo que dará igual.

Ves troceando unas cebollitas.

Y finitas, ¿eh?

Hazlas finitas, no me hagas cachos gordos como le hacías a Celia.

-Yo tengo asuntos que atender.

La cocina es vuestra, Eso sí, no salgáis ardiendo.

-Por Dios.

Parece que tu marido es un hombre cabal, Marcia,

ha sido muy considerado con nosotros

y no parece que sea de los que montan escándalo.

-Sí, parece que ha cambiado mucho.

-Espero que contigo también sea muy considerado,

que no es fácil pasar por lo que tú estás pasando.

-No, no lo es.

Pero se está portando como un caballero,

al menos de momento. -Bueno,

a ver cómo le va en el trabajillo que le ha salido

con el portero del 20.

-No sabía que estaba buscando trabajo.

-Arrea, lo mismo he metido la pata hasta el corvejón.

-No se apure.

Yo pensaba que nos iríamos pronto del barrio

o de la ciudad.

-Pues ya ves que tu marido tiene otra opinión.

-(TOSE)

Fabiana,

yo me quiero ir de aquí cuanto antes.

Sé que mi presencia hace daño a Felipe.

-Es de suponer que Santiago tampoco tiene mucho interés

en permanecer por estos lares.

Seguramente busca darte tiempo para que te repongas

antes de iniciar ningún viaje.

-Sí, tal vez sea eso.

Igualmente, cuanto antes nos marchemos, mucho mejor.

-No creo que tarde mucho en reunir un dinero,

se ve que es un hombre dispuesto a trabajar duro.

-No ha hecho otra cosa en la vida. -Ay...

Alegra esa cara, mujer,

que has de ver como todo va mejorando.

-A las buenas. Venía a saludar a Marcia.

-Marcia, mira en que buenas manos te dejo.

A ver si la animas un poco,

que está más mustia que un florero al sol.

En fin, marcho. A más ver.

-¿Cómo te encuentras? ¿Algo mejor?

Siento mucho lo que pasó ayer con mi señora.

Ya sabes cómo es ella, es así de siesa con todo el mundo.

-No sufras, ya me hago cargo de eso.

Ayer fui a ver con Felipe.

-Arrea, ¿y lo sabe tu marido?

-Sí.

Fue él quien me dio permiso. Yo no me esperaba una cosa así.

-¿Y cómo te fue con don Felipe?

-Bien y mal.

Por un lado, su frialdad me ayuda a separarme de él,

pero por otro, me rompe por dentro.

Si por mí fuera, me iría hoy de aquí,

pero tengo que recuperarme y necesitamos dinero para el viaje.

-Marcia, si es por dinero, yo tengo unos ahorrillos,

no es mucho, pero os puede ayudar a pagar los billetes.

-No, no puedo aceptarlo.

Santiago se encargará de conseguirlo, es cuestión de días.

-Te voy a echar mucho de menos cuando te marches.

Al menos, Santiago ha resultado ser mejor hombre de lo que te esperabas.

Eso tiene que ser un alivio para ti.

-Sí, supongo que sí, pero tampoco tengo elección.

Estoy casada con él, y eso nadie puede cambiarlo.

(TOSE)

Uy, uy, uy.

Pero bueno, ¿habéis cocinado el pato u os habéis peleado con él?

-La de plumas que tiene, más que una gallina.

-¿Qué tal os ha quedado?

-Parece que el resultado ha sido bueno,

y eso que no teníamos del todo clara la receta.

-No entendíamos ni papa, la mitad de los pasos nos los hemos inventao.

-Seguro que os ha salido riquísimo.

A Lolita se le dan muy bien los guisos.

-Sí, pero no con estos bichos.

Mi especialidad es el pollo en pepitoria,

los patos los dejo pa que naden en los estanques.

-Prueba a ver qué te parece, que hemos hecho de más.

-Encantada, tengo hambre de lobo.

¡Ay, me quemo! -¿Cómo está?

-Uy, pa mí que se le ha hecho bola.

-¿Cuál es el veredicto?

-Sin duda, culpable. ¡Madre mía!

Está duro

y... dulce y salado a la vez, ¿cómo puede ser?

Tiene que ser difícil.

Pero aun así habéis conseguido que la salsa quede insulsa y espesa,

tanto, que se podrían pegar ladrillos en ella.

-Mujer, díganos algo bueno.

Los gatos del patio se van a poner morados, eso si se lo comen.

-¿Y ahora qué hago?

¡Esto no se lo puedo servir a Armando!

-Desde luego, porque el pato de marras es peor que sus chistes.

-Ya le dije yo que echar sal, azúcar y vinagre no era buena combinación.

-No me reprendas ahora, eso no me ayuda.

Bueno, ¿y ahora qué preparo?

Si quiere, lo volvemos a intentar.

-No tenemos tiempo, va a llegar dentro de un momento.

¡Estoy perdida!

-Susana, ¿y si le preparas unas sopas de ajo? Te quedan fenomenal.

-No digas simplezas.

¿Cómo voy a servirle a un caballero de mundo ese pato?

-A mí es lo que más me gusta, bien calentitas.

-Razón de más para no prepararlas. Es comida de pobres.

-Pues su plato de ricos no se lo come ni un muerto de hambre.

-En eso lleva razón.

O le sirves sopas de ajo,

o... le pones un chusco de pan y un vaso de agua, tú verás.

-Lolita,... pela los ajos.

Y tú, busca todo el pan duro que tengas.

-Yo solo sé dónde está el blando.

-Pero... esta mujer no sabe dónde tiene nada.

El pimentón está aquí. Voy a buscar el pan.

Mujer, haz un poder y anima esa cara.

¿Qué quieres que le haga?

Estoy muy decepcionada,

estaba convencida de que el papel iba a ser para mí.

Si te soy sincera, yo también lo pensaba,

hiciste la prueba mejor que yo.

Me alegra que lo admitas, porque...

me ha parecido la mar de extraño.

No sé qué ha pensado don Alfonso.

Aunque no pueda dejar de alegrarme por conseguir el papel,

me duele mucho lo que ha pasado,

Tú no tienes culpa de nada,

la decisión ha sido de él, y prefiero que tengas tú el papel

a que se lo den a otra cualquiera.

Has de ver como la próxima película la hacemos juntas.

Ya veremos si hay otra oportunidad para mí.

Que sí, de eso estoy segura.

Además, he estado pensado

que me gustaría que me acompañaras en el rodaje.

¿Para qué me quieres allí?

Es mi primera experiencia en este mundo

y quiero tener a alguien de confianza que me acompañe.

Eso me dará más seguridad para interpretar mi papel.

Pero...

¿no sería mejor que te acompañara tu madre?

Ella sabe de esto.

Con mi madre en el plató me sentiría cohibida.

Además, ella de cine sabe lo mismo que nosotras.

¿No te importará acompañarme?

No te voy a negar que sentiré un pelín de envidia,

pero quizá aprenda algo estando allí

y a ti te haré el favor.

Eres muy buena conmigo, una verdadera amiga.

(Llaman)

Hay que decírselo a don Alfonso antes de empezar el rodaje.

Iremos juntas a verle, si quieres,

tengo que pedirle el guion.

-Buenas. Arantxa me ha dicho que podía pasar.

Porque le pareces buena persona, que no deja entrar a cualquiera.

Es de suponer que estáis hablando de la película.

¿De qué otra cosa vamos a hablar? Ya puedes armarte de paciencia,

durante unos días va a ser el único tema de conversación.

Emilio, Cinta me ha pedido que la acompañe durante el rodaje,

y le he dicho que sí.

-Menos mal, temía que perdierais la amistad por este asunto.

-De ninguna forma.

El papel solo podía ser para una de las dos

y hemos competido en buena lid, no hay razón para enemistarse.

-Me alegro de que te lo tomes así.

He encontrado estas publicaciones sobre cine,

traen muchas curiosidades.

Algunas actrices se maquillan de blanco

para que se las fotografíe mejor.

Nosotras ya hemos hecho una prueba y sabemos lo que hay que saber.

-Que tenemos que ser guapas y seductoras.

Dos mujeres fatales.

¿Qué le parece la carta?

-Algo de lo más extraño.

No entiendo porque nos la envía a todos para citarnos en la pensión.

-No sé qué querrá contarnos el esposo de Marcia.

Yo tampoco me explico qué puede querer de nosotros.

-Antes de venir aquí he pasado por la pensión a comentarlo,

y Fabiana tampoco sabe nada.

Solo me ha dicho que Santiago le ha pedido permiso

para celebrar allí la reunión, y ella se lo ha dado.

-Buenas. -Buenas.

-¿Ustedes también han recibido una nota del marido de Marcia?

Ya veo que sí. Menudo atrevimiento.

-Estamos asombradas.

-No es para menos.

¿Es que ese no conoce la relación que nos une con Felipe?

Se ve que no, eso o que no le importa.

-Pues debería importarle.

No tenemos que darle la impresión de que es bienvenido.

-Su comportamiento es muy atrevido después de lo que pasó con Marcia.

-Que no crea que hemos perdonado a esa mujerzuela.

-Es un asunto muy grave como para pasarlo por alto.

-Y nos cita en la pensión, como si fuéramos unos don nadies.

Este barrio se va al garete,

hemos pasado de ágapes con la nobleza,

a que nos cite un desconocido en un tugurio.

-No exagere, la pensión de Fabiana es un sitio limpio y decente,

a nadie se le van a caer los anillos por entrar allí.

-Vale, quizá en eso me equivoqué,

pero no pienso ir a escuchar a ese chisgarabís, y Susana tampoco.

-Pues hacen mal,

tal vez deberíamos dejar que el tal Santiago se explique.

Yo preguntaré a Ramón a ver qué le parece.

Precisamente, hoy come con Liberto y Felipe.

-Yo sí pienso ir,

me pica la curiosidad, quiero saber qué quiere de nosotros.

-La verdad es que es intrigante, sí... Me lo tendré que pensar.

Ahora tengo que volver a casa, que tengo un invitado.

-Se refiere a Armando, ¿verdad?

-¿Cómo lo sabe?

-Ayer mismo estuvo en el restaurante.

Nos estuvo contado anécdotas de su etapa de diplomático

y nos entretuvo mucho a todos. Es un hombre interesantísimo.

-Estoy de acuerdo con usted,

por aquí, hombres así no se ven.

-Por aquí solo tenemos chalados, como el portero.

¿Han visto lo que hace?

¿Qué van a pensar los vecinos de nosotros?

-¿Qué se le ocurrirá ahora a ese hombre?

-Con Dios. -Con Dios.

Y encima me cobra un real, ¡venga, hombre!

-Si no le gusta el consejo no me lo pague, pero no se amostace,

que yo solo se lo digo por su bien.

¿Qué ha pasado, Jacinto? Ese hombre no se ha ido muy contento.

-Peor pa él,

si no me hace caso, se va a meter en un lío de los gordos.

-¿Qué le has dicho?

-Que está muy mayor pa irse con una pelandusca de 20 años.

Además de perder los cuartos, él ya es como una oveja sin dientes,

que no va a poder comer pasto.

-Pues tienes más razón que un santo.

Ese carcamal, lo único que puede hacer con una mujer de ese porte

es el ridículo.

-Es muy posible, pero a nadie le agrada que le digan la verdad,

sobre todo si es cruda.

-Eso me pasa con casi todos,

les digo algo que no quieren escuchar,

se enfadan y se marchan sin pagar.

Si la gente pregunta es para que le den la razón.

-¿Y qué hago? ¿Decirles lo que les guste, sea o no lo mejor?

-Tampoco es eso, sino, ¿de qué valdrían tus consejos?

-Pues estoy listo con este negocio,

haga lo que haga, me pillará el toro.

-Podrías dulcificar lo que les tiene que decir.

-Claro, que buena idea.

¿Y si metemos los consejos en barquillos?

-¿En barquillos?

-No entiendo, na de na. -Así, la gente se irá contenta.

Se lleva una mala noticia,

pero envuelta en algo dulce y sabroso.

Si las penas con pan son menos, con barquillos ni te cuento.

-Eso no sirve de mucho.

Es más, creo que es un bobada de las gordas.

-A mí no me parece mal.

Ves y enciende el horno, Marcelina. No sé qué haría sin ti.

-Voy a escape, vida mía. Nos vamos a hacer ricos.

Ah, vigílame el quiosco. -Vale.

-Toma.

-(SUSPIRA)

Esta mujer es más lista que la francesa que inventó la radio.

-El radio, el radio.

-Pues eso, el transistor.

Espero que le gusten estas flores.

Perdone, pero se habían acabado las orquídeas.

-Se le agradece el gesto. Es usted muy detallista.

-Sepa que también me gustan los bombones.

-Tomo nota.

Es lo mínimo que puedo hacer por dos señoras como ustedes.

Estoy deseando probar lo que han cocinado.

-Lo ha hecho Susana con sus propias manos.

Me intriga ver lo buena cocinera que es.

-Está todo listo, enseguida.

-Don Armando, bienvenido.

-Muchas gracias, Susana.

Esto es para usted.

-Qué detalle. Muchas gracias. -De nada.

-Es precioso.

¿Las ponemos en agua?

-(RIENDO) Sí, sí.

-Aquí tiene la comida. Tome asiento.

Espero que le guste. -Sí, seguro que sí.

¿Con qué delicatesen va a obsequiarnos?

-Eh... "Soupe á láil".

-¿Cómo dice?

-Sopa de ajo, sin más.

Si no le gusta, le parece una vulgaridad o le repite,

podemos bajar a comer al restaurante y santas pascuas.

-De ninguna manera,

este aroma me lleva a mi más tierna infancia,

era la sopa que me preparaba mi tata casi todas las noches.

No la cato desde que tenía cinco años.

-Y a mí otro.

-Tal y como recordaba, algo sencillo y delicioso.

Desde luego, ha acertado con el menú de pleno, Susana.

Enhorabuena.

-Gracias.

-"Tal y como se lo cuento,"

Marcia estuvo aquí visitándome,

tratando de explicar...

lo inexplicable.

-Tuvo que ser muy desagradable para usted.

-Terrible.

Me hizo volver a sentirme morir, revivir el espanto del otro día.

Al menos, sacaría algo en claro de la entrevista.

No sé qué decirle,

mis sentimientos hacia ella siguen siendo los mismos.

No dejo de cuestionármelo todo.

-No le comprendo.

-Liberto, ¿y si alguien la está obligando a mentir?

-No se agarre a una esperanza tan vana.

-Aunque le duela, tiene que admitir que la reacción de Marcia

cuando llegó ese hombre, no deja lugar a dudas.

No creo que esté mintiendo.

-Tienen razón,

no tengo por qué engañarme.

-No sé si ella es inocente o no, pero tiene que tratar de olvidarla.

-Me cuesta un mundo hacerlo,

y más cuando aseguraba que Santiago había muerto.

-Eso no cambia la situación.

-Lo sé, pero por eso he ido a la Embajada de Brasil a pedir ayuda.

Necesito encontrar la documentación

que me aclare esta situación.

-No creo que le digan nada que no sepa,

Santiago y Marcia son matrimonio, por mucho que le duela.

-¿Y si algo se nos escapa?

¿Y si pierdo a mi amor por no haber sido más diligente?

-Francamente, amigo mío, trata de agarrarse a un clavo ardiendo.

-Es posible.

Pero no termino de creerme todo sobre Santiago.

-Hace bien en agotar todas las posibilidades,

pero le ruego que se sosiegue,

le recuerdo que nos esperan en el Ateneo para comer.

-Me van a disculpar, pero...

no tengo ánimos para salir de casa.

-Tendrá que hacer un poder, no vamos a aceptar un no por respuesta.

(Puerta)

¿No es así? -Así es.

-Está bien, supongo que no tengo otra opción.

-Señor,

han traído este recado, es de Santiago el marido de Marcia.

-¿De qué se trata?

Susana, quería agradecerle la experiencia

que me ha hecho vivir con esa sopa.

-Gracias.

Me alegro de que le haya gustado,

aunque no tiene mérito prepararla,

usted tiene que estar acostumbrado a comidas mucho más elaboradas.

-Por eso disfruto tanto de los sabores puros y sencillos.

-Ya, como el pescado ese crudo que toman los japoneses.

-Por ejemplo, todo lo de aquel país es sencillo y complejo a la vez.

-Tengo un grabado japonés en el dormitorio

que no sé lo que significa,

se lo voy a traer para que le eche un ojo.

-Claro que sí.

Quería agradecerle lo que hizo ayer.

-¿Qué hice?

No recuerdo nada especial.

-Probar la comida que les había preparado,

a pesar del reparo que se veía que le producía el pescado crudo.

Me parecía una descortesía no probar lo que había preparado,

aunque fuera solo un poco.

-Lo cierto es que me sorprendió su falta de prejuicios

y lo abierta que se mostró ante una nueva experiencia.

Es algo que aprecio mucho en los que me rodean,

especialmente en las señoras.

-La verdad es que... yo siempre he sido muy lanzada.

Podemos repetir esa comida siempre que quiera,

aunque tampoco hay prisa.

-Perdone el atrevimiento,

tengo que decirle que es usted una mujer excepcional.

-Por supuesto que le perdono, pero me parece que usted exagera.

-No, ni una pizca.

Me di cuenta enseguida del tipo de mujer que era usted:

amable, cariñosa,

sincera, pero a la vez, firme y segura.

-Caramba, me abruma usted, Armando,

no sabía que se había fijado tanto en mí.

-¿Cómo no hacerlo?

Sería un estúpido si dejara pasar su belleza y su elegancia

sin darme cuenta.

-Va a conseguir que me sonroje, y ya no soy ninguna mocita.

-Está usted en lo mejor de la vida.

Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi.

Es una imagen que siempre quedará en mi memoria.

Don Armando, aquí lo tienes. ¿No será una geisha de esas?

-Sí, se trata de una de ellas.

-Entonces, lo voy a quitar,

no quiero tener una obscenidad colgada en mis paredes.

-¿Por qué va a hacer tal cosa?

Es un grabado muy bello, muy hermoso a pesar de todo.

La belleza nunca debe de estar escondida.

-Bueno, pues le haré caso. Gracias, don Armando.

-No hay de qué.

No sé si van a ser pocas, que tengo consejos para aburrir.

-No tardamos mucho en preparar algunas más,

pero primero vende estos.

-Eso seguro, me las van a quitar de las manos.

-Buenas. -Eh.

¿Qué están haciendo? -Na.

Enredaos con el negocio nuevo que se le ha ocurrío a mi parienta.

-Le hemos pedido permiso a Agustina pa preparar aquí los barquillos

de la sabiduría.

-No parece mala idea meter los consejos de Jacinto en barquillos

para endulzar las recomendaciones, que suelen pecar de amargas.

-Anda, coja uno.

Cortesía de la casa.

“Por muy mal que te vayan las cosas,

piensa que oveja trasquilá, en un mes está igualá".

Yo no sé si pagaría por un consejo tan de Perogrullo.

Pero bueno...

Mm... El barquillo está extraordinario.

-Así hacemos negocio,

al que no le guste el consejo, le gustará el barquillo.

-De esta nos hacemos ricos. -Ea.

-¿Puedo coger otro? -Sí.

Son dos reales.

-Antes era uno.

Es que... con el barquillo ha subido el precio.

"Por muy mal que te vayan las cosas, piensa que...".

Si es el mismo de antes.

Pues aplíquese el cuento dos veces... Dos reales.

¿Y esto, lo ha comprado con el dinero que le he dado?

-Con eso no me daba ni para el cordoncillo de los chorizos.

Casi to lo he comprado yo por mi cuenta.

-Pero no puedo pagar tantas viandas.

Ni invitar a los señores del barrio y sacarles unos altramuces.

-Ya nos lo pagará con lo que vaya ganando, no se apure.

-Se lo agradezco, están haciendo mucho por ayudarnos.

Les juro que me voy a esforzar para devolverles esto

y pagarles la habitación.

-De eso no tengo duda.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Buenas tardes. ¿Qué le trae por aquí?

Llega temprano.

Vengo a avisar que mi señora no va a acudir a esta cita.

Se quedará con don Felipe, que como es natural, tampoco piensa venir.

Eso era de esperar.

En fin...

Servando, acompáñeme, que tenemos mucha faena por delante, anda.

¿Desde cuándo conoce usted a mi señora?

¿Perdón?

Mi señora, doña Genoveva.

La conocí el día que llegué, como a todos.

¿Está seguro de que no la había visto antes?

Sí, seguro.

Parece que no se le da mal mentir.

No la comprendo, es tal y como le digo.

Ya.

(Timbre)

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Buenas tardes.

Qué rabia me da llegar las primeras. -Las segundas,

que Úrsula estaba antes.

Yo ya marcho. Con Dios. -Con Dios.

-Gracias por venir.

-Buenas tardes.

-Buenas. -Buenas tardes.

No sabía que iba a estar aquí Marcia.

A ver qué nos cuentan.

-Buenas tardes, señoras. Bienvenidas.

-Buenas tardes. -Hola, Fabiana.

Vale, jose Pedro, más,

más adentro.

¿Ves la columna, Jose Pedro? Ahí tiene que ir.

Pero luego, por el otro lado me lo igualas.

Bien, eso es, un poco más, un poco más.

Un poco más.

Échalo para la pared, para la pared.

Buenas tardes, don Alfonso.

Buenas. -¿Qué hacen aquí?

El rodaje empieza mañana.

Le venía a pedir permiso para que Camino

pueda acompañarme durante la filmación.

No es buena idea.

Preferiría que estuviera sola, no quiero que se distraiga.

Bueno, pero me vendría bien tener algo de apoyo.

-Prometo estarme quieta y callada.

Está bien, está bien, puede venir.

Pero no quiero mas injerencias en mi trabajo.

Esta mañana ha estado aquí su padre para convencerme

de que le diera un papel a Camino. Le he tenido que decir que no,

como ya les dije, solo tengo presupuesto para una actriz.

-Lo comprendo perfectamente.

También venía a por el guion, para estudiarlo.

-Ya. Me gustaría dárselo, pero no es una buena idea.

Mañana empezamos y no he leído ni un línea.

Lo sé, no quiero que se haga ideas preconcebidas.

Yo le iré dando instrucciones sobre la marcha,

así su interpretación será mucho más natural.

Más de verdad.

Don Alfonso, apenas sé nada sobre la historia.

No se preocupe y confíe en mí, ¿eh?

Váyase a casa y duerma bien.

Déjeme a mí. Yo me encargaré de convertirla en una estrella.

Está bien, es usted el que sabe de cine.

Muy bien.

Mañana nos vemos. Mañana nos vemos.

Les acompaño a la puerta.

Sí. -Y gracias.

-De nada.

Descanse, mañana tiene un duro día de rodaje.

Jose Pedro, ¡yo no te he dicho que pongas eso así,

eso va pegado a la pared!

Sé que todos se están preguntando cuál es el motivo de esa reunión.

También sé que se habrán hecho preguntas desde el día de la boda.

-Para no preguntarnos, su aparición fue de sainete.

-Supongo que después de eso, nos habrán juzgado con dureza.

Y seguramente, a Marcia más que a mí.

-Eso justo es lo que hemos pensado.

-Por eso, quiero contarles todo lo que esta mujer ha sufrido.

Yo la conozco desde niña,

viví a su lado la pérdida de sus padres

e intente liberarla de César, de la esclavitud a la que la sometía.

Pero no siempre pude hacerlo.

Al intentarlo, terminé preso y olvidado.

-Pobrecillos, han tenido que pasar las de Caín.

-Por eso, no hay que culparla a ella de todo lo que ha sucedido.

Siempre pensó que se había quedado sola,

que yo había muerto.

Al encontrar a alguien que le dio su cariño y protección,

se enamoró sinceramente de él.

No hay nada censurable en su comportamiento,

yo la comprendo...

y espero que todos hagan lo mismo.

Y si se comportó de esa forma, lo hizo con buena fe.

Nunca trato de engañar a nadie.

-Pobre Felipe y pobre de ella, que mala suerte han tenido los dos.

-Sí, ya podría haber estado fiambre el pollo este.

-Espero que comprendan que hemos sido juguetes del destino

y que buscamos salir adelante.

Si le hemos hecho mal a alguien, le pedimos perdón.

y agradecemos todos los favores que nos han hecho.

La vida nos ha dado otra oportunidad para seguir con nuestro amor,

y para demostrar que nos podemos ganar el pan

con decencia, esfuerzo

y trabajo.

No creo que haya nada que puedan reprocharnos.

Es una mujer casada. Aunque suene duro decirlo,

es de otro hombre.

Es un trabajo.

-¿Qué?

-Que tengo trabajo.

La vida te ha dado una segunda oportunidad,

tal vez la última, da igual, una segunda oportunidad.

En tu mano está si la aprovechas o no.

Si te lo piensas mucho, al diplomático te lo levantan.

"El letrado que colaboró con la policía en la detención,

denuncia los malos tratos de Andrade a las mujeres".

Eres consciente de que en unos años se usará la expresión de:

Eres más tonto que Abundio, ¿no?

-¿Y tú sabes que si se pone de moda: Eres más tonto que Antoñito,

yo por eso no voy a llamarte Ricardo?

Si he bailao con arte, la gente del tablao

me tiene que aplaudir. A rabiar.

-O sea,

¿conocéis el guion mejor que yo?

No. No, no, no queríamos insinuar eso.

-"Don Felipe".

-Te juro que intento no pensar en él,...

pero no puedo hacerlo.

Si mi Camino no va a hacer la película,

es porque ustedes han puesto por delante su fama y apellido.

Todo el mundo sabe que mi hija es mejor artista que Cinta.

¿Cómo ha dicho, mejor?

Si supieras los días y las noches que he pasado anhelándote...

A veces era capaz de revivir el tacto de tu piel,

de tu cuerpo...

Nunca va a resignarse a ser lo que es, una criada.

¿Quién le dio permiso para hablar con Santiago?

Se negó a admitir que la conocía.

Está muy bien aleccionado.

¡No insinúe que yo tuve algo que ver con su aparición!

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Acacias 38 - Capítulo 1113

07 oct 2019

Susana intenta corresponder la invitación de Armando preparando una receta francesa, pero el plato queda incomible y acaba preparando unas sopas de ajo que encandilarán al diplomático al recordarle su infancia.
Los Domínguez y los Pasamar son informados por Cinta y Camino de que Cinta será la protagonista de la película. Felicia malpiensa de los artistas, afirmando que Alfonso ha elegido a Cinta por ser hija de Bellita.
Felipe y Marcia se despiden, por mucho que luchen su amor es imposible. Santiago convoca a todos los vecinos del barrio a una reunión en donde explica la historia de su vida con Marcia y pide que no juzguen a su esposa.

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  1. María

    Don Armando será diplomático o lo que quieran pero ponerse a comer antes de que las señoras estén sentadas en la mesa es de una pésima educación. O será que los guionistas tampoco entienden de eso...

    pasado domingo
  2. Marilu

    Respecto a la aparición tan " oportuna " de Santiago, me juego a que, como sospecha Ursula, Genoveva tiene que ver, no por nada se había contactado con Andrade y este le habrá pasado algun dato

    09 oct 2019
  3. Olga Luz Sánchez

    jajajajajaja... Tienes razón... Y a nadie se le ha ocurrido preguntarle...

    08 oct 2019
  4. Aleja

    Cómo sabía Santiago dónde se encontraba Macia? Nadie le preguntó? o yo me perdí la explicación? Saludos desde Bs As

    08 oct 2019