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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1108 - ver ahora
Transcripción completa

Mi único afán es protegerte,

y la mejor forma que tengo de hacerlo es,

que te conviertas en la señora de Álvarez-Hermoso.

-Es la historia de una artista de la canción,

desde sus duros inicios

hasta conseguir un éxito internacional.

¿Qué les parece?

Quieres liarme con Armando.

-Lo hice con buenas intenciones.

Pues te has lucido, no tengo edad para estos asuntos.

Estoy muy disgustado con Mauro.

-Felipe, tienes que perdonarle.

A fin de cuantas, el único culpable de todo esto es Andrade.

A ver si la tía Olegaria...

me está hablando... desde el otro barrio

(SE ASUSTA)

¿Tenemos que bailar?

Supongo que sí,

pero el señor Carchano está terminando de escribir el guion.

-Insisto en disculparme.

-No tiene por qué,

eso es agua pasada.

Le regalo el folleto por si quiere visitar la exposición.

Aunque si nos acompaña a Felicia y a mí, podríamos acudir,

y así nos presenta a su amigo Pierre Reanud.

-Cuenten con ello.

No tienes que darme las gracias. Todo lo he hecho por Felipe.

¿Le sigue queriendo?

Con toda mi alma.

En el escenario nadie te tose.

-Porque tengo mi voz y mi arte pa defenderme,

pero en el cinematógrafo no se me va a oír cantar.

Podríamos ir los dos solos y aprovechar la tarde.

-No hay nada de malo en ir a ver unos cuadros y conocer a Pierre.

-Mi ofrecimiento es sincero y desinteresado.

-Prometo pensar en tu ofrecimiento, pero ahora debo irme.

¿Qué es lo que me estás ocultando, Genoveva?

Pensión Roleno,

calle Galicia número 8.

-Me quedaría más tranquila si veo cómo doy en pantalla

antes de empezar a rodar.

-Eso son ganas de perder tiempo y dinero, créame.

-O rueda la bobina que le está pidiendo o no habrá película.

Aunque tengo que reconocerte que Armando me parece un poquito

interesante.

Marcia no vivirá en el principal.

¿Acaso dudas de mí?

No, no es por ti, es por Úrsula, esa mujer es el demonio.

¿Por qué dices eso?

No soy el único que lo piensa. Lo sé, he oído comentarios.

¿Qué hizo Úrsula para que algunos la odien tanto?

¿Algunos?

Quizás ahora.

Antes la odiaba todo barrio.

Para empezar, y en lo que más te atañe,

ella provocó la división de la familia Alday.

Y "división" es la palabra más neutra que se me ocurre;

yo diría que destruyó esa familia.

De algún modo, ha pagado ese error. De un modo oculto.

Siempre vagando por la oscuridad. Es una mujer de tinieblas.

Es una acusación muy grave. Es una acusación genérica.

¿Quieres una más concreta?

Úrsula compró a Marcia como si fuera un animal,

pagó por ella.

¿Para qué haría eso?

Para meterla en mi casa, para que fuera sus ojos y oídos en mi casa,

para tenerme a su merced. ¿Y quieres más?

Sospecho que estuvo implicada en su secuestro.

No, no, eso no puede ser.

No puedo probarlo, todavía.

No digo que sea una mujer cándida.

Samuel me contó cosas y, Úrsula me reconoció su mala conciencia

por el pasado.

Pero creo que cambió tras su paso por una institución mental.

Engañó a muchos con eso.

Conmigo siempre se ha portado bien, incluso generosamente.

Si quieres una explicación, te la daré,

Úrsula tuvo problemas con sus hijas y se encariño de manera enfermiza

con un párroco que tuvimos. ¿Enfermiza?

Se creyó una madre para él, pero de una manera obsesiva y peligrosa.

Quizás seas tú el centro de sus afectos.

¿Y qué tiene que ver Marcia? ¿Por qué secuestrarla?

Tal vez Úrsula pensó que Marcia podría hacerte daño

y decidió quitarla de en medio. Pero no bajes la guardia,

es tan inhumana en sus amores, como en sus odios.

Entiendo que prefieras que Marcia no se aloje en mi casa.

De todos modos, no daremos pie a muchas habladurías.

En cuanto Marcia esté mejor, vamos a casarnos.

Me alegro.

De verdad. La necesitas, necesitas a una mujer a tu lado.

Mi más sincera enhorabuena.

Gracias.

Si me disculpas,

tengo que coger algunas cosas para Marcia y llevárselas.

Claro, cómo no, ve. Y transmítele a Marcia mi felicitación.

Con Dios, Felipe. Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Uy, no sabe lo que se ha perdido usted!

A juzgar por lo que cuenta Susana, claro.

Ha sido una tarde memorable.

-Una exposición de cuadros, sí, entretenido, supongo.

-Lo de la pintura fue lo de menos.

Al parecer, Pierre Reanud, el artista,

les ha acompañado dando explicaciones cuadro por cuadro.

-Un honor, no cabe duda.

-Y más honor que tras salir de la exposición,

les invitara a merendar ostras y champán

en los mismísimos jardines del Hotel Metz.

A Susana y a Armando, han sido el centro de atención.

-Me hubiera encantado acompañarles.

Lástima que tuviera que asistir a un funeral.

-Y Pierre le ha hecho un retrato a Susana.

Estaba como niña con zapatos nuevos.

-¿Queda té para una más?

-Ahora mismo le sirvo uno.

Me comentaba Rosina que han pasado una tarde muy agradable.

-Sí, don Armando y don Pierre son dos caballeros

como Dios manda.

¿Qué tal la niña?

He oído que finalmente sí que va a participar en una película.

-Sí.

Bellita tendrá el papel protagonista

y Cinta y Camino actuarán como comparsas.

-No le quite méritos a su hija.

A ver, es verdad, Bellita será la protagonista,

pero las chicas tendrán papeles secundarios.

"Comparsa" es más bien un término de gigantes y cabezudos.

-No sé yo si termino de ver eso del cinematógrafo.

Está bien cuando trata de temas bíblicos,

con esas barbas largas y esos desiertos interminables,

pero en lo demás, frívolo, bastante frívolo.

-Bueno, no le has explicado a Felicia nada del diplomático.

-Seguro que tú sí.

-Podrías contarnos si vas a repetir la experiencia.

-Ni se me había ocurrido.

Por cierto, Felicia,

debería tener algún detalle con el diplomático, a modo de desagravio.

-Desagravio, ¿por qué?

-Por el plantón, ¿por qué va a ser? Íbamos a acudir las dos.

-Supongo que no me echarían mucho en falta.

Pero sí, le invitaré a almorzar algún día.

Ahora, si me disculpan,

tengo que echar un ojo a los preparativos de la cena.

-Susana, ¿a qué viene ponérselo en bandeja de plata a Felicia?

Parece que disfrutes consiguiendo que queden a solas.

Ya has conseguido que coman juntos.

-Ya te lo dije, hacen una buena pareja.

-Nadie hace una buena pareja hasta que se hace una buena pareja.

De verdad, no te entiendo.

Si estás a gusto con el diplomático,

¿por qué no ahuyentar moscones y repetir la salida?

-Déjame en paz, anda. Yo ya sé lo que me hago.

-No.

-Sí.

¡Ay, la virgen, cómo huelen esos boquerones!

¡Padre, déjese de gula, que no hace más que interrumpir a madre!

Bueno, perdóname, reina mora,

bien sabes que yo no quería quitarte el uso de la palabra.

Pero es la hora de cenar

y la fritura me lleva por la calle de la amargura.

-Enseguidita traerá la cena Arantxa, Jose, no te me alborotes.

Madre, siga, siga. Bien.

Pues eso, que...

¿Por dónde iba yo?

Por cuando le ha dicho a don Alfonso

que le grabe las bobinas de prueba. ¡Ah, sí!

Pues nada, que le digo al gachó que o me rueda una prueba primero,

no hay película después.

-Ole ahí. Menudo carácter tienes tú.

Ya se irá enterando el pavo, ya.

No te conoce a ti el peliculero ese.

-Y el menda me suelta que a mí no hace falta probarme nada,

que yo ya estoy probada.

Y yo que sí, y él que no.

Total, que al final se descuelga con que las bobinas cuestan dinero.

-¡Será agarrao! -Eso mismo le dije yo.

Y añado:

si no hay prueba, hemos terminado con las conversaciones.

¡No!

¿Se ha enfadado don Alfonso? -Muy bien no le habrá sentao.

-Bueno, un poco sí.

Un poco, ¿cuánto, madre?

¿Ha roto la baraja y ya no hay película?

¡Anda, ni que fuera tonta!

-Tienes más talento para la negociación

que el Imperio austrohúngaro.

¿Qué ha pasado entonces?

-Que ha rodado la prueba como que Dios es Cristo.

¡Ole!

-Se habrá quedao pasmao con tu arte dramático,

bueno, y con todo lo demás, por descontao.

-Bueno, eso no se sabe todavía,

que las bobinas están en el laboratorio para ser reveladas.

¿Cuándo saldrán?

Eso son cosas técnicas, que a mí se me escapan.

Mañana, supongo.

Yo le he metido prisa,

que tengo ganas de saber si doy bien en la pantalla.

-¿Dar bien? No te digo. Como la reina sarracena que eres.

Se le van a caer los ojos cuando te mire.

Estoy segura de eso.

Igual o más fuerza que en el escenario va a tener usted.

El cinematógrafo es como un tablao, pero que se queda ahí pa siempre.

-Hay una cosa que no me ha gustado.

Según rodaba,

el peliculero me iba diciendo: "Ahora, sonría, póngase seria,

levante los brazos, por aquí, ahora por allá...".

Madre, eso se llama dirigir actores.

Por mí, como si se llama Eugenio.

No estoy acostumbrada a que me digan lo que tengo que hacer.

-Morena, eso será al principio.

Cuando le cojas el tranquillo, no habrá quien te diga a ti na.

Te van a salir las películas como rosas de sartén.

-No sé yo, Jose,

no sé si me va a terminar gustando esto del cinematógrafo.

Estoy contentísima.

Agustina me ha dicho hace un momento

que es posible que Marcia salga mañana del hospital.

-¿Repará?

Se dice "recuperá", primo. -Como sea.

¿Va a estar mañana recuperá? -Eso, eso.

Aunque depende de cómo pase esta noche.

Quieren ver cómo se "desenrolla" cómo "envoluciona",

eso, cómo pasa la noche.

-De toas formas, tie que ser fuerte la condená,

que la han operao dos veces y ya está "envolucionando".

-Eso también ha sido por el médico que ha traído doña Genoveva,

que es una "enminencia". -Ya.

Por ahí viene Servando al olor de la cena.

Esté donde esté, lo huele.

-¿Qué hace uste con el retrato de mi tía?

¿Ese es dinero?

-Cinco pesetas.

-¿Esto es bueno?

-De curso legal, sí, sí.

-¡Deja eso ahí, suéltalo!

No lo toques hasta que Servando nos dé una explicación,

porque pa que este hombre suelte parné, tie que haber gato encerrao.

-A ver... Es...

(CARRASPEA) -Lo que te decía.

No lo toques, que seguro que quiere engolosinarnos pa sacarnos algo.

No, algo no, pa sacarnos algo más después.

-Mujer de poca fe.

-Déjese de zarandajas

y denos una explicación, que uste no da duros a cuatro pesetas.

Hasta que no nos lo explique, no se va uste de aquí.

-Que ese dinero no es mío.

-¿El qué? -Que no es mío ese dinero, leñe.

-Lo que te decía yo.

-¿Lo has mangao?

-¡Eso sí que no! Lo de...

Bueno, mangar, mangar, no.

-Mangar, hurtar, choricear, cambiar de bolsillo.

-¡Que no!

Es de tu tía Olegaria.

-¿De mi tía? -¡De tu tía Olegaria, recoñe!

Se me cayó el retrato y se partió el marco,

y detrás del retrato apareció ese billete de cinco pesetas.

-¿Se lo había callado?

-¡Es mi herencia!

-Por eso vengo a dártela. Por eso mismo, por eso...

Y porque me deje tu tía Olegaria de recordarme eso.

De verdad, menuda pesadilla.

-¿Qué está diciendo, que mi tía le habla?

-Y no veas con qué mala leche.

Ahí os la dejo, que para eso sois familia.

-¡Eh, espere, espere, espere! ¿Y el pañuelo?

No, no, el moquero no, el otro,

el que llevaba atado al cogote.

-¡Ah, ese! Era demasiado elegante para una pensión como la mía.

Lo elegante es poco práctico.

Eso es como...

los sombreros de los generales, que uno se pregunta:

¿A qué guerra irá ese general con ese sombrero tan grande,

tan voluptuoso y con tantas plumas...?

-Que sí, que sí, que nos hemos enterao, poco práctico.

-Eso.

¿Puedo irme ya?

-(OLEGARÍA) "Le dije que tenía que decir la verdá".

"Tiene uste más jeta que mi cerdo el Antolín,

que, una vez fallecío, me dio careta pa comer tol invierno".

-¿Me está llamando cochino?

-"Y marrano".

-¿Qué quiere, que me arrastre, que me humille?

¡Ya le he devuelto las malditas cinco pesetas!

-¿Está bien? ¿Quiere agua? -¡Lo que quiero es un poco de paz!

-"Pues pida perdón".

-Está bien, perdón.

Perdóname, ya sabes, la tentación.

Es que me encontré esas cinco pesetas hace un par de días...

Ya está, ¿ve?

-"O más".

-O más o más, o más días, ea.

Ya lo tiene. ¿Satisfecha?

-"No del to. Pero tie un pasar".

-¿En paz? -"Vaya usted con Dios".

-Solo espero que cuando la diñe,

no me toque el mismo sector de cielo que a usted.

-¡Servando, espere! ¡Servando!

¿Estaba hablando con la tía Olegaria?

-Bueno, Servando también es un fantasma.

Que se apañen.

-¿Y qué le estaba diciendo?

Muchas gracias, Marcelina.

Como ahora, doña Bella va a volver a dar el campanazo,

quieren tener todos los periódicos a diario.

En el mundo del artisteo, hay que estar atento con la competencia.

-Uste no se preocupe, que yo se los traigo cada mañana.

¿Cuándo empiezan a hacer la película?

-Creo que todavía falta un poquito. Hay arreglar algunos asuntillos.

-Ya estoy deseando verla.

Hubiera preferido salir yo también, pero qué se le va a hacer.

Cada una ha nacío pa lo que ha nacío.

-Bueno. -A las buenas.

Agustina ha vuelto del hospital.

-¿Y?

-Al parecer, hoy mismo mandan a Marcia a casa.

-¡Alabado sea Dios!

-Qué mujer, oye, qué fortaleza, parece vasca.

-Pa chasco que sí.

Tendremos que darle la bienvenida, que no se le olvide nunca.

-¿Nos dará tiempo?

-A lo mejor no, pero algo le tendremos que hacer.

Y también... comprarle un regalito.

-¿En qué has pensado?

-En una medallita de la virgen de los Milagros.

-Ya tiene una medallita.

-Sí, de su tierra, un amuleto,

pero visto lo visto, de poco le ha servido.

-Sí.

Yo no me quiero meter en camisa de once varas,

pero creo que la virgen de Begoña protege más

y mejor que la de los Milagros.

-Y no le digo yo que no, pero ahora no vamos a discutir eso.

Ponemos el dinero que podamos

y compramos la que tengan en la tienda y se ajuste al presupuesto.

-Jesús, Casilda, eso sí que es devoción.

-¿Han oído algo de boda?

-¿Boda? ¿Cómo boda?

-Yo no digo na, que luego to se sabe,

pero ayer vi a don Felipe entrar a la iglesia.

-Prima, pudo entrar también pa rezar por ella.

-¿Don Felipe? ¡Ja!

-Esto sí que habría que saberlo,

no vaya a ser que luego se casen, tengamos que hacer un regalo

y nos hayamos gastado los dineros en la virgencita.

-Nosotras como si na.

Vamos recogiendo el dinero de to el servicio

y ya veremos si le compramos una medalla o un sombrero.

-Déjate de sombreros.

Una medalla.

Si se casan, se la compramos en oro; si no se casa, en plata.

Hale, ir sacando los monises.

Me lo ha dicho la Agustina, que viene del hospital.

La chica ha pasao buena noche y los médicos la mandan pa casa.

-Milagroso. Recién operada, y qué vigor. Parece de León.

-Los de pueblo, que somos fuertes como mulas.

Que operen a una señora, va a ver uste.

Se tira en el hospital pidiendo mimos hasta san Cerezuelo.

-Algo bueno teníamos que tener.

¿Has visto usted a Servando? No estaba en la pensión.

-Ha pasao temprano esta mañana. Estaba mucho mejor que anoche.

-¿Se encontraba mal anoche?

-Depende cómo se mire.

Anoche hablaba con el retrato de la tía Olegaria.

-Uy... ¿Había bebido? -¿Mi tía Olegaria?

¿Cómo...? Menuda era ella con eso.

¿Cómo va a beber? no, no, no.

-Buenos días. -Buenos días.

-Jacinto, ¿sabe si mi madre ha bajado de casa de doña Rosina?

-Arriba sigue.

-¿Y su hermana?

Estará contenta con lo del cinematógrafo.

-Mucho. Parece que ha encontrado su vocación.

-No me extraña. Y si doña Bella está de protagonista,

el éxito está garantizado.

Además del espaldarazo a las actrices secundarias.

-Espero. Mi hermana y Cinta serían muy felices dedicándose

a esa profesión. -A nadie le amarga un dulce.

En el extranjero, los peliculeros ganan dinero a espuertas.

-Nunca viene mal.

-Pues yo, ni por esas.

Anda que no me alegré cuando el don Alfonso

le dio puerta a mi Marcelina.

¡Ahí se quede con sus películas!

-No, Jacinto, creo que no lo ha entendido.

Les dan dinero, les pagan por salir en la pantalla.

-Si lo he entendío mejor que na. Ahí se las coma con patatas.

-Soy yo el que no comprende.

¿Qué tiene en contra del cinematógrafo?

-Pues que soy marío. ¿Es que no ha visto películas?

-Sí, algunas. -Pues sabrá

que en unas reparten disparos y en otras reparten besos.

-Las del oeste y las de amor.

-No llevaría yo mu bien que Marcelina

estuviera besuqueándose con un mozo apuesto.

-Jacinto, que es como el teatro, los besos son de mentira.

-Fíese uste de la virgen y no corra.

Cavile un poco,

¿le gustaría ver a la señorita Cinta apretá,

pero bien apretá, por un galán de esos?

-Pues no sé, nunca lo había pensado.

-Ah... Pues piense.

Y antes de que lo piense, ya le han levantado la novia,

sobre todo si la novia es tan guapa como la señorita Cinta.

O como mi Marcelina.

Le he hecho caso a doña Susana y le he mandado una nota a don Armando.

-¿Le ha invitado a almorzar? -Mañana.

Era mi obligación.

No se le puede decir que no a un caballero sin desagraviarlo después.

Y menos, a todo un diplomático como don Armando.

(Puerta)

-Disculpe.

-Sí.

-Susana. -Rosina.

Buenas. -Buenas.

Me acabo de enterar de que la muchacha esta, la morenita...

-Marcia. -Marcia.

Que parece que vuelve hoy.

-Qué capacidad de recuperación, parece de Santander.

Me lo ha dicho Casilda.

Están pensando en hacerle un regalo.

-¿Tú crees que Felipe, nuestro Felipe Álvarez-Hermoso,

se atreverá a continuar su aventura delante de todo el mundo?

-Mujer, es más que una aventura.

El pobre no ha salido del hospital desde que la ingresaron a ella.

-Ustedes le conocen mejor que yo.

Yo creo que don Felipe dará la fiesta que tenía prevista

antes de que secuestraran a la pobre.

Anunciarán su noviazgo en cuanto ella salga a la calle.

-Ay, hombres.

-Y mujeres, para un noviazgo se necesitan los dos especímenes.

Por cierto,

¿sabes que Felicia, ha invitado a don Armando a comer mañana?

-Es lo mínimo que podía hacer.

-Es lo que he pensado yo.

A un caballero no se le puede tratar como a un gañán.

Y don Armando es todo un caballero.

-Sí que lo es.

-Y, por cierto, díganos,

¿qué se va a poner para el acontecimiento?

Imagino que algo que al diplomático le haga tilín.

-No lo había pensado, la verdad.

Supongo que vestiré como siempre. -Como siempre no.

Desaprovecharía la oportunidad de brillar ante un hombre de mundo.

Si me lo permite,

le recomiendo que se ponga el vestido verde.

-¿El que tiene el bordado en el cuello?

-El de las piedrecitas brillantes...

le hace a usted de lo más seductor.

-No lo sé.

Ese día estaré trabajando, como siempre.

-Usted puede trabajar como siempre un poco más ceñida.

Lo cortés no quita lo valiente.

Puede atender sus obligaciones algo más sugerente, vamos.

-Quizá lleve razón, pero prefiero la comodidad y la sencillez.

-¡Y yo!

Quiero decir que, como sastra con muchos,

con algunos años de experiencia,

siempre recomiendo la simplicidad,

la sencillez es algo más sincero.

Un vestido sobrio, sencillo,

si me pones holgado, es mucho más sincero y elegante.

-Perdona que te lo diga, como sastra serás un hacha, no digo yo que no,

pero como fémina estás un poco anticuada.

Tú lo has dicho antes: hombres.

Y don Armando, además de caballero y diplomático, es hombre.

¡Ajustado! El verde, Felicia.

-Allá usted, Felicia, hágale caso a doña moderna y vístase sugerente.

Pero luego no se queje de que la tachen de vulgar.

-¡Qué exageración!

Hágame caso, de verdad, don Armando se lo agradecerá.

-Mañana me decidiré. Dependerá de cómo me levante.

Nos quedaremos hasta que nos digan que nos podemos marchar, gracias.

Estás realmente preciosa.

-Te aprovechas de que no tengo espejo.

-Tu belleza es lo de menos.

-No vienen. -Ten paciencia.

-Me quiero ir a casa. -Vendrán.

Estarán ultimando el tratamiento y las recetas,

pero vendrán y podremos marcharnos.

Ayer hablé con el párroco.

Nos casará cuando creamos conveniente.

En cuanto estés más recuperada, fijaremos la fecha.

-Eh... ¿Mañana?

-Si tú quieres, mañana. Yo no pondré impedimentos.

(Puerta)

Adelante.

-Buenos días.

-Buenos días, Mauro.

-Bueno, parece que el milagro se confirma.

¿Podré bailar con la novia? -Después de mí.

-Siempre que sea una samba. -(RESOPLA)

-Parece de buen humor.

-Mis razones tendré. -¿Aparte de mi recuperación?

-Suéltelo de una vez. -Ayer estuve merendando con Yolanda.

-¡No! -Seguí tu consejo.

La busqué.

-¿Está bien? -Mejor.

Con menos miedo.

-Me alegro.

Mucho.

-¿Ha preguntado usted por Patricia?

-Sí, tal y como me lo pediste. Está en una casa de caridad.

-¿Sola? -Con algunas de las otras muchachas.

Parece que se encuentra bien.

-Cualquier sitio es mejor que donde estábamos.

-¿Tiene noticias del comisario Méndez?

-Sigue interrogando a Andrade.

-¿Algo sobre Úrsula? -No, lo siento, Felipe.

Andrade no dice nada de Úrsula ni de nada que la incrimine.

-¿Nunca podremos terminar con esa mujer?

-Amigo, no enturbie su felicidad por ese deshecho.

Olvídela, cásense y gocen la vida juntos.

Aquí tienes, Marcelina.

-¡Señá Fabiana, es un buen pellizco!

-Lo que había en el calcetín.

-Pero no tie por qué quedarse uste sin na.

Si no es cosa de vida o muerte,

solo un regalo pa que se alegre más de volver a casa.

-Lo que sea menester. Marcia se lo merece.

-No digo na, pero puede que tengamos boda.

-Mira, eso también se lo merece.

Entre nosotras,

yo creo que aquí el premio gordo, el premio se lo lleva el abogao.

-¡Qué lengua tiene uste!

-¿Lengua yo? Lengua doña Susana.

-Ya era hora de ver que alguien se ríe con buena gana en el barrio.

¿A quién estamos despellejando?

-Nada, nada, nada, doña Bellita, cosas nuestras, nada más.

-Barbaridades, como si lo viera.

Marcelina, ¿tienes alguna revista del cinematógrafo?,

una en la que salgan artistas,

que quiero ver sus retratos pa saber a qué atenerme.

-Diga que sí. Mi marío siempre está con lo mismo:

"Nunca es malo conocer el terreno que se pisa".

Aquí las tengo.

Por cierto, mucha suerte con la película.

-Uy, si todavía no he dado el sí.

-¿Y eso?

-Tengo algunos asuntillos que solucionar primero.

-Pues soluciónelos a escape,

que estamos deseando verla y aplaudir.

Ya se lo he dicho a Jacinto, iremos a verla tres o cuatro veces.

-Sería mejor si se la oyera cantar,

pero el cinematógrafo es el cinematógrafo.

Más limitao que el teatro y más limitao que la verbena.

Desde hoy, empiezo a ahorrar pa cuando uste salga.

-¿Ahorrar? ¡Anda ya, mujer,

que te vas a gastar los cuartos!

Si todo sale bien al final,

con mucho gusto os invito a las dos al estreno.

-No hace falta, doña Bellita. -De ninguna manera.

Cada uno tiene que vivir de su trabajo.

-Anda, calla, calla, mujer.

Si ese productor tiene dinero, yo le saco invitaciones gratis.

Anda que no nos lo pasaríamos bien despellejando al galán,

que en eso, todas tenemos habilidad.

-Sí.

-Y hablando de sacar defectos,

¿no os gustaría venir esta tarde a mi casa

a ver unas bobinas que me han hecho?

-¿De verdad?

¿A su casa?

¿A su casa de usted?

-Sí, a mi casa, que tengo interés de que la veáis.

(AMBAS) Sí, sí, sí. -Pues claro.

-Pues estupendo.

Me llevo las revistas y ahora baja mi Jose a pagártelas.

Os espero. -A ver.

-Ay, qué emoción.

Señora, han traído esta nota para usted.

El barco ha zarpado sin incidencias.

Ya está rumbo a Marruecos.

Pronto empezaremos a evacuar a los heridos.

Tiene usted un gran corazón, señora.

Es por lo que hemos estado trabajando este tiempo.

No me refiero a su compasión por los soldados.

Quería decir... templanza.

Marcia sale hoy del hospital y ni siquiera parece inquieta.

Esté atenta y no salga sin avisarme.

Espero una visita importante.

Descuide.

Úrsula, ¿ha venido alguien en mi ausencia?

No, señora, se lo hubiera dicho.

¿Y quién ha tocado mis papeles? ¿Qué buscaba?

No he tocado nada. ¿Cómo puede pensar eso de mí?

No voy a discutir con usted.

Tenga presente que si se inmiscuye en mis asuntos

saldrá muy mal parada.

Es una promesa.

Ha colmado mi paciencia.

(Puerta)

Abra, es la visita que esperaba.

Bienvenida a mi humilde morada, baronesa Hirsch.

Precioso inmueble. Gracias.

¿Desea tomar algo? No, gracias,

quizás cuando terminemos. Muy bien. Acompáñeme, por favor.

¿Al portal?

¿La baronesa Hilda Hirsch? -Y más tiesa que una vela que iba.

-Las baronesas siempre van tiesas,

como si se hubieran tragao una vara.

-Sabrás tú mucho de baronesas.

-Bueno, a lo mejor no es la vara y es el chuzo de un sereno.

-La señora esa, la que se ha tragao el cayao de un pastor,

ha subío al principal. -Es una baronesa, Jacinto.

¿Cómo la salsa que se echa a los macarrones?

-Jacinto, qué alborotado te veo.

¿No será que has descubierto el modo de quitar la pelusa de los rincones?

-No,

eso sigue siendo un misterio, como el de los pasamanos pegajosos.

-¿Y a qué viene tanto jaleo?

-Calle, calle, cuando lo sepa...

-Resulta que estábamos doña Bellita, Marcelina y yo en el quiosco,

cuando vimos pasar a una señora to empingorotada.

Y yo me dije:

"a mí, esa señora empingorotada me suena".

¡Y date! ¡Claro que me sonaba!

-Era la baronesa Hilda Hirsch.

-Sí, sí, lo hemos comprobao en una revista.

Mire.

-Yo la conocía de cuando servía pa doña Cayetana.

-La baronesa esta ha subío al principal a ver a doña Genoveva.

No las tenía todas conmigo de que llegara, de lo estirá que está,

pero ha llegado sin caerse por las escaleras.

-¿Y qué hace una aristócrata tan encumbrada en casa de doña Genoveva?

-Habrá ido a preguntar por los barcos y del África.

-Es posible, sí. Hoy ha salido el primero.

-¿Y es Genoveva quien se va a llevar el mérito?

Si viene a hablar de barcos, que hable con Liberto,

que es quien ha bregado en el ministerio.

Qué injusta es la vida y la aristocracia.

-Hay que reconocer que la idea fue de la doña.

-¡Como si fue del obispo!

¿Qué merito tiene el obispo si es el cura quien reparte las hostias?

-(LOLITA RÍE) -¿Nadie me da la razón?

(Motor de coche)

-Marcia, ¿cómo estás, hija?

-Hecha un primor, ¿no la ve?

Si parece de Cabrahígo.

-Te hemos echado mucho a faltar. -Muchas gracias a todos.

-¡Marcia! -Uh.

-No llores, amiga, que estoy bien.

-Agustina, por favor.

¿Está todo listo? -Claro, señor.

-¿Lo del restaurante también?

-Felicia dice que quede usted tranquilo, que no habrá problemas.

-Gracias.

¡Señoras, señores!

Marcia y yo les invitamos a brindar por nuestro próximo enlace.

Será dentro de dos días.

(Aplausos)

-¿No había dicho yo que aquí había boda?

-Vas a ser muy feliz, amiga.

Toma, hija.

Te traigo té.

Aunque yo creo que sería mejor que te tomaras un buen vaso de leche.

-Gracias, Agustina. -¿Te duele?

-No.

-Dígame que sí, Agustina.

-Sí, señor.

Las invitaciones con el menú ya están repartidas

y enviadas al resto de los asistentes.

-¿Las flores? -Marcelina ya está en ello.

No se lo había dicho antes para no destaparnos.

Ella ya se lo barruntaba. -Tan eficaz como siempre, gracias.

Tome.

Uno para que llene la despensa,

compre lo que más le guste a mi futura esposa.

Y este para usted, en reconocimiento a su eficacia y lealtad.

-No, señor, no puedo aceptarlo. Es mi obligación.

-Agustina, ¿me va a hacer un feo?

-Muchas gracias, señor.

-¿Cómo estás?

-Bien.

Agustina te ha preparado la cama.

Si no estás cómoda o necesitas lo que sea,

solo tienes que decirlo.

-Felipe, creo que debería dormir en el altillo.

-De ninguna de las maneras.

-Nunca me había sentido tan mimada.

-Te lo mereces más que nadie, diría yo,

pero, ¿quién soy yo?, tan solo tu futuro esposo.

-¿De verdad puedo pedir lo que quiera?

-Aunque sea la luna.

-Quiero un beso.

Pues yo no hubiera dado un duro por ese matrimonio.

-Tú no das un duro por nada.

-No te rías, ya sabes lo que trato de decir.

¿Sabes lo que trato decir?

¡Vaya día, Liberto!

¡No me escuchas, parece que hablo con la pared!

-Sé lo que has dicho y lo que ibas a decir.

-¡No trates de engatusarme!

-Que Marcia, para Felipe, solo es un capricho pasajero.

-¡Qué tontería!

Yo he apostado por esa pareja. -Están hechos el uno para el otro.

-¡No sabes ni seguir una conversación!

Lo que me subleva es que te hagan de menos.

Genoveva codeándose con la flor y nata,

cuando tú te has batido el cobre con los chupatintas del ministerio.

-No sabemos si la baronesa ha acudido por ese u otro motivo.

-¡Qué motivo ni qué ocho cuartos!

¿Para qué va a ir la mismísima baronesa Hirsch a su casa

si no es para hablar de los barcos?

-No me parece mal que a Genoveva le reconozcan su mérito.

El primer barco ya ha salido.

-El café que había pedío el señor.

-Miquitusa, ¿tú sabías que Marcia se nos casaba?

-No lo sabía, señora, pero me alegro por ella.

Al menos, alguien dejará de servir.

-Eso es lo que quieres, ¿no?

que un señor te retire, dejarnos de servir,

como si no fuéramos de la familia. -Rosina, estás perdiendo el rumbo.

-¡Sigue hablando de los barcos!

-¿Me puedo retirar ya?

-Sí, retírate y déjanos charlar en paz.

-Como prefiera la señora.

-¿Puedes traer unas pastas, Casilda?

-Esta chica está cada día más respondona.

¿Te he dicho ya que tu tía se ha puesto celosísima

cuando se ha enterado de que Felicia va a comer con tu amigo?

-Eso no me lo creo.

Si fue mi tía la que le ha pedido a Felicia que desagraviara a Armando.

-No me crees, tú no estás ahí, pero no me crees.

-No quiero decir eso, pero tal vez tu percepción es errónea.

¡Tú tía está celosa como Otelo, y te lo voy a demostrar!

-De acuerdo. ¿Puedo terminar de leer el artículo?

-¡Como si yo te lo impidiera!

Pues me preocupa que pienses eso.

Pero lo que más me preocupa es que parece que ya no me quieres.

-Pues claro que te quiero, cariño, ¿cómo no te voy a querer?

-Pues haberlo dicho antes,

que te pones con el periódico y te olvidas el mundo.

Vaya, por fin aparece alguien.

¿Ha visto uste a Marcelina?

-Acabo de llegar. -No sé dónde se habrá metido.

Tenemos que ir a casa de los Domínguez

a ver unas bobinas y no aparece.

-En el quiosco no está,

pasé por allí para preguntar por la noticia del día.

¿Don Felipe y Marcia se casan?

-Si uste no tie impedimento.

Aquí está mi comadre. De eso estábamos hablando.

Anda que no se tenía uste guardao

que lo de su señor era cosa hecha.

-Don Felipe me lo pidió, y yo soy una mandada.

-Por cierto,

para el regalo de bienvenida de Marcia.

-Rásquese uste más el bolsillo,

que la bienvenida se ha juntao con la boda,

y la medalla será chapá en oro.

-Faltaría más.

Y digo yo que también podríamos tener un detalle con don Felipe,

que el hombre se suele portar.

-Ya le estaba yo dando vueltas también a eso.

Pero tendría que ser un regalo que le recordara nuestro cariño.

El pobre, bien mal que lo ha pasado.

-¿No valdría con un discurso de esos que hacen que los ojos

como que se te hinchan y al final lloras?

-No es mala idea.

Me gustaría que supiera que siempre, durante todos estos años,

siempre, estuve convencida de que saldría del pozo.

-Pues, hala, a preparar el sermón.

-No va a ser fácil, no, que una apenas sabe juntar las letras.

-Agustina, la que algo quiere algo le cuesta.

Que don Felipe note que te usted se ha esforzado por él.

-(SONRÍE)

Pruébelo, doña Susana,

ya verá, gloria bendita.

-Gracias.

-Daba gusto ver a Marcia y a don Felipe tan enamorados.

No hay más que mirarles a los ojos para ver lo mucho que se quieren.

-No me perdonaré no haber estado cuando han llegado.

Con el jugo que le hubiera sacado yo.

-No habría dicho más que la Carmen,

se quieren, se casan y colorín, colorado.

-Porque lo digas tú.

Ahí hay punta que sacar, siempre hay punta que sacar.

-El caso es que han tenido suerte y hay que felicitarles.

El amor siempre triunfa, ¿a que sí?

-No te pongas romántico, que me pierdo.

-Buenas.

Menuda tertulia que tenéis aquí montada.

-Mejor que la del Ateneo.

-¿Os habéis enterado de que el bodorrio va para adelante?

-Con mi tía, mucho mejor que la del Ateneo.

-Sí, nos hemos enterado

y, antes de que me lo preguntes, sí, estoy tan perpleja como tú.

-Enhorabuena, Liberto, ya sé que lo de los barcos va viento en popa.

-¡Ya era hora de que alguien reconociera

quién es el artífice del asunto!

-Ha sido labor de todos, incluido su padre,

que ha hecho muy buen trabajo.

-Habéis hecho una labor magnífica.

Me gustaría ver la cara de esos soldados

cuando lleguen a puerto y se sientan sanos y salvos.

-Y hay más novedades que no hemos comentado.

-¿Hay algo que no sepa? ¿Me lo he perdido todo?

-Esto no te lo has perdido porque ya lo habíamos hablado.

¿Sabéis que podría haber un nuevo romance en ciernes?

Don Felicia y don Armando tienen una cita.

¿No me digáis que no hacen una buenísima pareja?

-Precisamente, lo estábamos hablando Lolita y yo.

-Un poco cursis, pero sí, se les podría acoplar en la misma yunta.

-Yo también lo había pensado.

Ella tan guapa, y él tan elegante...

-Y guapo, guapo también.

Por no hablar del buen partido que es.

Yo creo que es el soltero más cotizado de la ciudad.

-Y Felicia se lo merece, que ha pasao lo suyo la pobre.

Anda que no iba a presumir, cogida del brazo del diplomático

y paseando por lo regao. -¡Ay!

¡¿Queréis dejar de meteros en la vida de la gente?!

¡Estoy más que harta de habladurías!

Y peor, de hablillas sin fundamento.

¡Eso tiene un nombre,

se llama cotilleo y es pecado!

Muy bueno el queso.

-Madre mía, y luego dicen que la gente no cambia.

Ver para creer.

Parece de duendes eso de colgar una sábana

y poder ver a la gente aquí.

-Es curioso, sí.

Aunque lo que se dice duende... Duende tienen unas caderas

que le aguantan el ritmo a una guitarra bien tocá.

-Eso. -También hay películas de caderas.

De guitarras no, pero todo se andará.

-¿Le han gustado las bobinas?

-¿Gustarme?

Fíjese que solo las he visto al trasluz

y ya puedo decirle que está usted divina.

No había visto nunca igual galanura,

lozanía, genio, ¿por qué no decirlo?

¡Genio!

En América se van a quedar pasmados.

-¿Ves, mi alma, como no había de qué preocuparse?

¿Y el guion, don Alfonso?

¿El guion? Casi terminado.

Bueno, todo terminado, aquí, en mi cabeza.

Está mal que yo lo diga,

pero vosotras dos también seréis encumbradas.

-¿De veras? -¿Mentiría yo?

El cine es la verdad.

-Ay...

¡Pero por amor de Dios, no teníais que haberos molestado!

-Señora, esto es un acontecimiento,

no podemos venir con las manos vacías.

-Muchas gracias. Arantxa, por favor.

-Bueno, pues ahora que ya estamos todos,

vayan sentándose. -Adelante.

-Qué comience a rular el aparato.

Qué guapa.

-Ole.

-¡Ay! -¡Ay, la guitarra!

-¡Uy!

-¡Jesús!

-Estoy muy rara, ¿no?

-Rara no.

Blanca... Blanca de cara sí.

-Mira, si parezco un fantasma.

(Gritan)

¡Y lela!

Ay, Dios mío.

¡Un fantasma alelao!

-Es como los títeres.

¡Maravilloso, genial!

Estupenda, estupenda.

¡Ha nacido una estrella!

¡Bravo!

¡Por la actriz!

La actriz...

(Aplausos)

Una maravilla. Gracias.

¡Bravo! -Muy bien.

-Señora, señora.

-¡Por Bellita del campo!

-¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bravo!

Señora, debería haberme avisado.

Descuide, que no se me van a caer los anillos.

He vivido sin servicio muchos, muchísimos años

y puedo volver a hacerlo.

¿Trata de decirme algo?

Nada que usted no sepa ya.

Felipe me ha contado algunas cosillas de su pasado

y se me vienen a la cabeza.

Señora, usted ya conocía esas cosillas.

Yo misma le puse en antecedentes.

Quizás ha sido la forma de contarlo, daban escalofríos.

¿Adónde quiere ir a parar?

Me preocupa menos su pasado que su futuro.

Como no quiero dejarla a usted en la calle,

he estado hablando con la baronesa.

¿Me está echando de esta casa?

¿Tengo que recordarle que no es más que una sirvienta?

Dejé de ser una simple sirvienta cuando hicimos aquel pacto.

Ese día, esta, volvió a ser mi casa,

y solo saldré de aquí, para ir al cementerio.

Los movimientos eran torpes. Tiré las cosas...

No bailaba con gracia... Vamos, na de na.

No podía pegar ojo dándole vueltas al discurso.

Soy incapaz de encontrar las palabras adecuadas para don Felipe.

-Descuide, que por eso no se tiene que preocupar.

-¿Cómo que no? Si mañana es la boda.

-Yo le echo una mano, que soy muy bueno pa los discursos.

-¿Ah, sí?

¿Y eso, desde cuándo?

Ni caso, que el remedio puede ser peor que la enfermedad.

-Me parece que Felicia no es adecuada para el diplomático.

Armando necesita una mujer... más mujer.

-¿Más mujer? No te comprendo.

-Alguien más vivido, más mayor,

sin compromisos ya,

ni familiares ni profesionales.

Y con la sensatez que da la experiencia.

-Ya. Pues no sé.

Cualquiera diría que te estás describiendo a ti misma.

Si insiste en echarme de mi casa,

contaré todo lo que sé de usted.

¿Cree que puede hacerme daño,

que alguien va a tener en cuenta su palabra?

No confío en mi palabra, confío en los hechos que puedo demostrar.

Miente. Arantxa.

¿Tú qué opinas?

-Bueno, igual he de decirle que no estuvo tan natural

como Cinta y como Camino. Está usted tosca.

Estaba falsa, grotesca.

-Horrorosa, horrorosa, ¿no?

-Supongo que así se podría resumir.

-Estaba pensando en algo. -Pues mal hecho,

no te pago para eso.

-Verá, hay un tema que me tiene desvelá.

Tengo cinco pesetas y no sé qué hacer con ellas.

¿Me permite que le haga una pregunta?, es simple curiosidad.

¿Quién se hospeda en la pensión Roleno?

Amigo, lo único que tiene que hacer es prepararse para su boda.

-Que es mañana, no lo olvide.

-Precisamente, aquí tenemos a la bella novia.

-Me alegro de verte tan recuperada.

-¿Cómo te encuentras? -Un poco débil, pero estoy mejor.

El amor de Felipe me ha terminado de sanar.

Hoy mismo han quedado en el restaurante para comer.

Si tienen tanta afinidad como parece,

tal vez acabe surgiendo el amor.

Así que, esa mujer que le conviene más a Armando,

ya puede ir apareciendo pronto,

o de lo contrario, Felicia se quedará con el susodicho.

¿La película va viento en popa?

-Sí, lo que pasa es que quedan algunos flecos por resolver

antes de rodarla.

Estoy preocupado por Cinta y su carrera como actriz.

-No debería, parece marchar a las mil maravillas.

-Por eso, eso es lo que me inquieta.

-No lo entiendo. -A ver, es sencillo de entender.

En su carrera como actriz es posible que Cinta tenga que besarse

con apuestos galanes.

-Sí, pero solo ante las cámaras.

-Más que suficiente.

¿No ha oído eso de que el roce hace el cariño?

Vengo a decirles algo que les va a llenar de alegría.

-¿Se va de Acacias?

-No, señora, no. Es que ya tengo...

terminado el discurso que tiene que dar Agustina

a don Felipe. Se van a quedar pasmás.

-Eso me temo, pero de espanto.

¿Y no te serviría de ayuda para esa mala conciencia

tenerla más cerca?

Al fin y al cabo, a ti te ha dejado la herencia.

-Qué insistencia, mujer, cualquiera diría que intentas librarte

del retrato de la tía Olegaria.

-Qué tontá. ¿Cómo puedes pensar eso?

Si es por la herencia, la reparto con vosotros y santas pascuas.

Doña Felicia.

-Don Armando. Qué sorpresa. ¿Son para mí?

Se lo agradezco.

¿Le agrada la mesa que he reservado para nosotros?

-Por supuesto, pero me gusta más la compañía.

-Venga, Susana, atrévete y haz lo que tienes que hacer.

No es por ponerme en lo peor, pero mi madre es muy cabezota.

Y si le asaltan las dudas y decide no seguir con la película, ¿qué?

Seguro que le pesa más el deseo de hacer la película

que haber quedado regular en la prueba.

Buenas tardes.

-No les esperaba. Qué sorpresa más agradable.

-Espere a escucharnos antes de considerarla así.

-Tenemos que hablar.

-No le va a gustar lo que va a escuchar.

No disimule conmigo. ¿Qué está planeando?

No voy a consentir que el servicio se comporte con semejante grosería.

No sé de qué me habla.

No me creo que vaya usted a quedarse de brazos cruzados

esperando a que don Felipe llegue al altar con otra.

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Acacias 38 - Capítulo 1108

30 sep 2019

Susana evita a Armando y comienza a sentir celos de Felicia. Rosina al darse cuenta de que su amiga está empezando a enamorarse del exdiplomático demuestra a Liberto que su tía tiene celos de Felicia.
Bellita informa a su familia sobre las pruebas de cámara e invita a los vecinos a ver sus bovinas, pero al verse en pantalla la folclórica no se gusta. Jacinto inocula el miedo a Emilio de que Cinta se haga actriz ¿Y si se enamora de un galán del cine?
Marcia llega al barrio, recibe el cariño de los vecinos y se instala en casa de Felipe. Genoveva, tras hablar con el abogado del pasado de Úrsula, invita a la baronesa Hirsch a su casa para deshacerse de su criada.

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  1. María

    Por qué Mauro tutea a Marcia y ella le trata de usted?

    07 oct 2019
  2. Federica

    ¿Por qué no pones a Mauro y Yolanda en el tema de apertura?

    01 oct 2019
  3. Federica

    Perchè non mette mauro e yolanda alla sigla?

    01 oct 2019
  4. Pilar Méndez

    Ya tenía yo ganas de decir que qué maleducada es Rosina!!

    01 oct 2019
  5. Marilu

    ¡¡ Que bueno, Mauro enamorado nuevamente !! ¡¡ me encanta !!!!!!!

    01 oct 2019