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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1107 - ver ahora
Transcripción completa

Doña Bellita,... ¿nunca ha querido hacer filmes?

-¿De actriz?

No tengo talento pa eso.

Marcia ha superado la segunda operación.

Es pronto para estar seguros,

pero las perspectivas son magníficas.

Prométeme que seguirás con vida.

-Te lo prometo. Y tú también.

¿No se alegra, Úrsula?

Sí, claro que sí.

La noticia me hace muy feliz.

Tía Olegaria...

Cómo es la tía Olegaria.

-Nuestro plan para unir a tu tía con Armando nos ha salido fatal.

-No estaba de Dios que saliera bien, no.

-Tenemos que pensar otro. -Ni hablar.

¿Por qué me ayuda Genoveva? -No lo sé.

Supongo que estábamos muy equivocados

cuando pensábamos que era una mala persona.

-Creo que lo es.

Duerme en casa de don Felipe.

Me lo acaba de decir Casilda, y lo sabe de primera mano,

ha ido a ver a Marcia y se lo han dicho ella y don Felipe.

Os dará igual saber que he aceptado con una condición:

que haya papeles para vosotras dos.

-¿Qué? -Que vais a salir en la película.

Con este anillo, te quiero pedir

que te cases conmigo.

Marcia, cariño,

¿quieres casarte conmigo?

¿Qué te ocurre?

¿Acaso no te quieres convertir en mi esposa?

-Claro que sí,

nada me haría más feliz en este mundo.

-Entonces, ¿por qué estás dudando?

-Por nada que deba preocuparte.

-¿Estás segura?

Cariño,

es muy importante que seas sincera conmigo.

Dime si tienes la menor incertidumbre.

-No te apures, simplemente, me he puesto triste

al recordar el día que íbamos a hacer público nuestro noviazgo.

-No tuvimos el día que esperábamos.

Fue cuando Andrade te secuestró.

-¿No sería mejor retomar aquel momento

y empezar un noviazgo que sea del conocimiento de todos?

-No, podemos perder el tiempo en eso.

-Felipe, tenemos toda la vida por delante,

¿qué necesidad hay de precipitar acontecimientos?

-Cariño, esta terrible experiencia por la que hemos pasado,

me ha demostrado que no podemos demorar estos asuntos.

No sabemos que nos puede deparar el destino.

No tiene por qué ocurrir de nuevo algo tan desgraciado.

-Lo sé, pero el destino no está en nuestras manos,

contraer matrimonio, sí.

Siempre que tú quieras, claro.

-Ya te he dicho que es lo que más deseo.

-Entonces, no le demos más vueltas.

Mi único afán es protegerte,

y la mejor forma que tengo de hacerlo es, que te conviertas

en la señora de Álvarez-Hermoso.

-¿Qué dirá la gente cuando hagas a una criada tu esposa?

-Nada.

En cuanto pasemos por la vicaría, las malas lenguas se callarán.

-Por lo que veo, tienes todo bien pensado.

-Así es.

Si tú quieres,

en cuanto estés más recuperada, te convertirás en mi esposa.

¿Estás dispuesta?

-Claro que sí, amor mío.

(TOSE)

-Perdona, cariño. Perdona, perdona.

He olvidado que estás convaleciente.

-No sufras, estoy bien.

Y tienes razón,

nada malo puede pasarme si estamos los dos juntos.

-Voy a hacer todo lo posible

para convertirte en la mujer más feliz del mundo.

-Sí, y seremos felices para siempre.

-Para siempre.

(Sintonía de "Acacias 38")

Es impresionante la cantidad de cachivaches

que se precisan pa hacer cine.

-Estos ponen un telón y cuatro candelabros

y nos creemos que es un castillo.

-Tiene mucho menos mérito que el teatro.

-¡Dónde va a parar! Pa mí que es una moda pasajera.

-Seguramente, ya veremos qué se le puede sacar a este invento.

-Espero habituarme pronto a todo esto.

-Eso ni lo dudes, mi cielo,

te vas a meter al público en el bolsillo, como siempre.

-Qué zalamero eres conmigo.

-Bueno, bueno, bueno... Bienvenidos a mi estudio.

-Don Alfonso. -Bellita.

¿Qué, qué les parece todo esto?

-Cuanto menos, curioso.

-Tengo que decirles que estoy muy contento de contar

con una artista de relumbrón como usted, Bellita.

Es un honor para mí. -Es muy amable.

Para mí también es muy interesante empezar

en el mundo de la cinematografía, de la que no sé nada, ¿eh?

-Pronto se sentirá usted como pez en el agua, verá.

Para una artista de su categoría,

esto no tiene ninguna dificultad.

-¿Lo ves? Eso es lo que yo le he dicho.

-¿Qué les parece si nos sentamos

y hablamos del proyecto que he pensado para usted?

Tengo en mente algo completamente original.

Verán, la mayoría de productoras

se dedican a adaptar obras de teatro muy conocidas,

como el Tenorio o a hacer bravuconadas de bandoleros.

-Esas historias están muy bien.

Mi tatarabuelo estuvo de bandolero por la serranía de Ronda

después de la guerra con los franceses,

y cuentan cosas de él muy curiosas.

-No lo dudo, pero todo eso ya está muy visto.

Yo he pensado en algo más novedoso

y fresco.

Una historia que nunca se ha contado en el cine.

-Díganos de qué se trata, que me tiene en ascuas.

-Es la historia de una artista de la canción,

desde sus duros inicios

hasta conseguir un éxito internacional.

¿Qué les parece?

-No va a encontrar a nadie mejor pa ese papel.

Mi esposa ha pasado por todo eso a lo largo de su vida.

-Sin duda, lo bordaría, pero ¿qué pasa con Cinta y Camino?

-Las niñas también saldrán en la película, ¿no?

-Ya he pensado en ello.

Estoy escribiendo el guion, y tengo un par de personajes

que irían pintados para ellas.

-¿También es usted el autor del libreto?

-Por supuesto, doña Bellita.

Lo que más me gusta de mis películas es poder escribirlas,

y nada me puede motivar más que escribir una historia

para Bellita del Campo.

-Por nosotros no hay ninguna pega, ¿verdad, palomita mía?

-Ninguna. Estoy impaciente por leer lo que ha escrito

y darle mi opinión.

-Cada cosa a su tiempo, doña Bellita, cada cosa a su tiempo,

primero tengo que acabar la historia.

Si están de acuerdo,

lo importante es ponerse manos a la obra para rodar cuanto antes.

-Pues claro que estamos de acuerdo, puede contar conmigo.

-Le prometo que en unos días estará delante de la cámara.

-Don Alfonso, una cosita,

cuando termine esta película, piense hacer una sobre mi tatarabuelo.

Hay muchas historias sobre sus correrías como bandolero.

-Si insiste en ello...

Buscaré qué se decía de él.

¿Cómo se llamaba?

-Andrés. Andrés López.

Algún día se contará su historia y será un éxito,

ahora, si usted se lo quiere perder...

-Anotado queda.

Creo que Marcia mejora a pasos de gigante.

-No es de extrañar, las mujeres de su raza son muy recias.

-A mí, lo que más me interesa saber

es si Felipe formalizará por fin su relación con ella.

-¿Por qué no iba a hacerlo?

-Puede que después del cautiverio de la muchacha

haya cambiado de opinión.

-Lo dudo, antes del rapto, él estaba muy convencido.

-Pero a saber por lo que ha pasado esa pobre desgraciada,

lo mismo al abogado ya no le interesa tanto.

-No sea morbosa, que nosotras sepamos,

la muchacha ha sido retenida y poco más.

-(RÍE)

-Si me disculpan, tengo faena.

-Ahora que estamos solas,

tengo que reprenderte.

¿Acaso me has tomado por una mocita alocada?

-¿Cómo voy a pensar que eres una moza con los años que tienes?

-No te hagas la tonta.

Me he dado cuenta de que quieres liarme con Armando.

-Lo hice con buenas intenciones. -Pues te has lucido.

No tengo edad para estos asuntos.

-No seas remilgada, yo creo que hacéis una pareja de lo más fetén.

-Andas muy desencaminada,

no tengo ningún interés

en meterme en enredos amorosos.

No te vendría mal darle una alegría al cuerpo,

que estás de un agrio, que cortas la leche.

-Haré como que no he oído lo que has dicho.

A partir de ahora, no quiero ni una tontería más.

Nada de dejarme a solas con Armando ni propiciar acercamientos,

¿está claro? -Como el agua.

-Un placer verlas, señoras.

¿Puedo sentarme con ustedes a disfrutar un rato de su compañía?

-No puede.

-Siento mucho que les desagrade mi compañía.

-No, no es eso, nos encanta su compañía. Disculpe la brusquedad.

Le estaba contando algo íntimo a mi amiga

y quería acabar la confidencia.

-En ese caso, no las molesto,

iré a saludar a doña Felicia

mientras ustedes acaban con sus asuntos.

-Qué poco tacto tienes.

Una cosa es querer que tenga un romance, y otra, tratarle así.

-Contigo no hay quien acierte.

¿Por qué no te gusta el hombre? ¿No ves que es educado?

Atento...?

-Sí, y muy interesante contando sus historias,

es un hombre muy pinturero.

-Te tiene loquita.

-Déjate de simplezas, ni me gusta, ni me deja de gustar.

-(FELICIA SE RÍE)

-¿No ves que con quien hace buena pareja es con Felicia?

Es evidente que él ha puesto su interés en esa mujer.

-Sí, están hablando, pero yo no veo que salten chispas.

-Saltarán, deja que los acontecimientos sigan su curso.

Felicia y Armando congeniarán,

y, si es necesario, se les ayuda.

-Oh...

(FELICIA SE RÍE)

Agustina da más viajes al hospital que un tranvía,

hoy ha debido de ir varias veces,

y la última, a llevarle comida a don Felipe.

-Ya podría él venir por casa en algún momento,

que no es bueno no tener ni un rato libre.

-El abogao no se aparta de Marcia ni pa dar un suspiro.

(Puerta)

-Buenas. -Buenas.

-Póngame un café caliente, que se ha levantado un aire del demonio.

-Se lo voy a poner más caliente, que el infierno,

que siempre me dice que lo toma frío.

-Se ha mercado un pañuelo elegante, le queda la mar de bien.

-Eh,...

seda natural, ¿eh?, igual que los que lleva don José.

-Puede que sea el mismo,

pero don José lo luce con más elegancia.

-Sabrá usted, hombre,

si le han puesto ojos en la cara pa no ser tan feo.

Yo tengo mejor percha

o la misma que don José, y eso sí, soy mucho más gracioso.

-A mí, lo que me tiene pasmá

es que mi socio haya sido capaz de ahorrar pa comprarse

semejante aderezo.

A Servando le dura una peseta en el bolsillo,

tanto como a un niño un pirulí de La Habana.

-Recursos que tiene uno.

Aquí, servidor, es como las hormiguitas,

poquito a poco.

-(VOZ DE OLEGARIA) "Embustero".

-¿Han oído eso?

-Yo no, ¿el qué?

-No sé, como una voz.

-Aquí no se ha oído nada. ¿No habrá estado dándole al morapio?

-Que no, que no,

llevo to el día bebiendo agua. -Entonces, chochea con la edad.

Buenas noches. -Buenas noches.

-Buenas noches.

-Se lo apunto, como siempre. -Sí.

-Fabiana, ¿de verdad que no ha oído nada?

Vamos a ver, me ha parecido que era como una voz,

alguien que nos decía algo, alguien que estaba con nosotros.

-Habrá sido el maullar de un gato.

Ande,

déjeme, déjeme,

que me voy a mi cuarto, que estoy muy cansá.

"Felón, mangas de humo, mamarracho".

"¿Cómo se ha atrevido a comprar ese pañuelo

con un dinero que no es suyo?".

¡Pero ¿qué broma es esta?!

¡Fabiana, salga a escape, que esto es cosa de brujas!

-¡¿Y esas voces, qué ocurre?! -Mire, Fabiana,

¿no le parece a usted

que a la tía Olegaria le ha cambiando la cara?

-¿Pa eso me da un susto de bigotes,

pa preguntarme semejante memez?

¡La tía Olegaria tiene la cara de siempre, fea!

-¿No la ve como enfadada?

-¿A ver si Cesáreo tiene razón y le ha pegao a la botella?

-¡Que no, leche, que llevo to el día bebiendo agua!

-Mire, a mí no me moleste más, ¿eh?,

que el día ha sido muy largo y yo necesito descansar.

Y no me llame más.

A ver si...

la tía Olegaria... me está hablando. desde el otro barrio

(SE ASUSTA)

Gracias.

¿Vas a cuidarme siempre así de bien?

-Y mucho más cuando nos casemos.

-Soy una mujer afortunada.

-No tanto como yo por tenerte a mi lado.

-La pobre Yolanda no ha tenido tanta suerte.

¿Sabes que se impresionó mucho con Mauro?

Yo diría que se quedó fascinada con él.

¿Qué ocurre? ¿Te incómoda que te hable de él?

-Así es.

Estoy muy disgustado con Mauro, por su culpa estás en este brete.

-Felipe, estoy segura de que él no quiso ponerme en peligro.

-Yo no pondría la mano en el fuego,

le interesó más el caso que tu seguridad.

-Al fin y al cabo, es su oficio,

esa era la misión que le trajo aquí.

-No le defiendas.

Podría haber sido más cuidadoso con tu seguridad.

-Felipe, tienes que perdonarle.

A fin de cuantas, el único culpable de todo esto es Andrade,

él y no otro fue el que me secuestró.

-No quiero recordarlo.

Han sido los peores días de mi vida.

Cuando Casilda me dio el colgante

y recibí la nota de Tano,

supe que estabas en peligro.

Ha tenido que ser terrible para ti,

a pesar de que Andrade

te tuvo más consideración que a las otras chicas.

-Para él era su mercancía más preciada.

-Mi amor, eso forma parte del pasado,

así que, olvidémoslo.

Lo que tenemos que hacer es disfrutar este momento

y del futuro que nos espera juntos.

-No es tan sencillo, Felipe,

hay cosas que me han pasado que tienes que saber.

-Lo único que necesito saber de ti

es que vamos a estar juntos el resto de nuestros días.

-Pero se trata de algo que me pasó en Brasil,

y ahora que nos vamos a casar,

tienes que saber.

-Eso que ocurrió, ¿puede cambiar nuestros planes?

-No, lo que te quiero contar no tendría que cambiar nada, pero...

-No le des más vueltas, amor, ya has sufrido bastante.

¿Estás seguro?

-Segurísimo.

-No te falta razón, mi vida ha sido bastante difícil.

-Cariño,...

ahora solo tienes que pensar es en curarte pronto.

(Llaman)

Agustina.

Quiero encargarle que organice todo para recibir a Marcia,

se instalara en casa y prepararemos la boda.

-¿Boda? ¿Qué boda?

-La nuestra.

Quiero que sea cuanto antes.

-Muchas felicidades a los dos.

Necesitaremos unos días para organizar el convite.

-No hay tiempo, bastará con un brindis en el restaurante.

-Como mande el señor.

-Agustina, una cosa más,

guarde el secreto.

¿Otra vez tenemos cordon blue en el menú?

-Sí, lo piden mucho.

Y es una ordinariez de frito, por nombre francés que tenga.

Buenos días.

Tengo noticias de enjundia, mi madre estuvo ayer con Carchano.

¿Qué le contó?

El argumento de la película, tratará de una artista, como ella.

¿Una artista de la música?

Básicamente. ¿Significa que tendremos que bailar?

Supongo que sí,

pero el señor Carchano está terminando de escribir el guion.

¿No te alegras?

Espero estar a la altura y no pifiarla.

Claro que vas a estar a la altura. Ensayaremos juntas.

Y lo haremos mejor que la americana esa, la Lillian Gish.

Juntas vamos a ser más famosas que todas las americanas juntas.

Nos harán fotografías al entrar en los cafés,

y saldremos en las revistas de moda.

Viajaremos a París y a Nueva York

a ver al estreno de nuestras películas.

Alternaremos en Francia y solo tomaremos champagne y caviar.

-Bueno, para el cuento de la lechera,

que todavía os queda mucho camino que recorrer.

-Déjanos fantasear un poco, Emilio.

A mí no me parece tan imposible que terminemos siendo ricas y famosas.

-No dudo que las dos tengáis talento para dar y regalar,

pero de momento,

a Camino le toca terminar de arreglar las mesas

y servir en la terraza.

-¡Qué cenizo eres!

-No te amostaces, que peor sería si te escucha madre.

Te recuerdo que le prometiste

que lo del cinematógrafo no iba a entorpecer tu trabajo.

-Y no va a hacerlo.

Ensayaré en mi tiempo libre.

En cuanto tengamos el guion, nos ponemos.

¿Qué personaje nos tocará?

Me da igual no ser la protagonista,

voy a trabajar duro para poder brillar.

Vale, pero a mí no me hagas sombra.

-Es una suerte que os den un papel secundario,

así vais aprendiendo y no dejáis de estar en la primera película

de Bellita, que eso es una garantía de éxito.

Estoy segura de que nos va a salir de perlas.

Podemos estar contentos, ha pasado muy buena noche.

-Sí, aunque sigo sintiéndome algo cansada.

-Es natural, la operación es muy reciente.

Gracias.

-¿Puedo pasar?

-Por supuesto que sí, su visita es bienvenida.

¿Verdad, Felipe?

-Sí, supongo que sí.

-Siento mucho lo que ocurrió,

de verdad.

Pretendía realizar la detención sin que nadie saliera herido,

y mucho menos tú.

-Estoy convencida de que era así,

que buscaba rescatarnos a todas de esos bandidos sanas y salvas.

-Esa era nuestra intención.

Lamento en el alma que la situación se complicara.

-Todos corrimos riesgos,

pero lo importante es que somos libres y Andrade está en la cárcel.

-Estoy de acuerdo con Marcia,

él es el único culpable,

y pronto se hará justicia.

-Insisto en disculparme.

-No tiene por qué,

eso es agua pasada.

-Me alegro de que lo comprenda.

Bonito anillo, ¿significa lo que me figuro?

-Efectivamente.

Vamos a casarnos.

-Me alegro de que todo acabe de forma feliz.

Aunque su impaciencia nos ha puesto en peligro.

-Comprenda que mi objetivo prioritario era rescatar a Marcia.

-Lo entiendo perfectamente, Felipe.

Afortunadamente, Méndez me dio soporte;

sobre todo cuando hizo llegar a Andrade esa fotografía

en la que se me identificaba como Mauricio Aguirre.

Lo demás ya lo sabe.

-¿Y mis compañeras? ¿Sabe algo de Patricia?,

llego conmigo a España.

-Puedes descansar tranquila, todas están bien.

-No sabe cuánto me alivia que me diga eso.

-Me sorprende que no me preguntes por Yolanda,

pensaba que la tenías en alta estima.

No le pregunto porque sé que está bien,

ha estado aquí visitándome.

-Esa chica aparece y desaparece a su antojo.

-Debería de hacer un poder y buscarla,

me parece que tiene mucho interés en verle.

-Me alegra oír eso.

Creo que sé cómo encontrarla.

Genoveva está muy cambiada últimamente.

Traer al doctor Balaguer ha salvado la vida de esa pobre desgraciada.

-Si no llega a ser por ella, estaríamos lamentando su pérdida.

-Y a eso hay que sumar, que está ultimando los detalles

para mandar de inmediato un barco con ayuda a Marruecos.

-Se está volcando con sus vecinos.

-Esperemos que sea desinteresado,

con ella nunca se sabe.

-¿Cómo se encuentran esta mañana?

¿Están disfrutando del día?

-Y del café tan exquisito que prepara aquí Felicia.

-Sin duda, es lo mejor de este barrio.

-¿Desea acompañarnos?

-No me atrevía a proponérselo,

después de la plancha que me llevé ayer...

-Por favor,

no le de importancia a eso y siéntese,

estaremos encantadas de que nos acompañe.

¿Verdad, Felicia?

-Por su puesto, así disfrutamos de sus historias.

¿Le puedo preguntar por ese folleto que lleva?

-Sí, es la información de una exposición

de pintura que se acaba de inaugurar en el centro.

-¿Algún pintor de renombre? -Pierre Reanud,

muy conocido en Francia y buen amigo mío,

desde que coincidimos en uno de mis viajes a tierras galas.

-Yo lo más moderno que conozco es, Velázquez o Murillo,

los franceses lo pintan todo emborronado.

(RÍEN)

-Y a usted, doña Susana, ¿le gusta la pintura?

-Me encanta. De hecho, hace unos años

acudí a una academia para aprender

ese arte. -Ah, mire, en ese caso,

le regalo el folleto por si quiere visitar la exposición.

-No sé si tendré tiempo.

Aunque si nos acompaña a Felicia y a mí,

podríamos acudir,

y así nos presenta a su amigo Pierre Reanud.

-Cuenten con ello,

esta misma tarde pasaremos por allí.

Mejor tarde que nunca.

Y esta tarde, no será tarde, porque iremos pronto.

(RÍEN)

-Yo...

Don Armando, de verdad...

Lo siento muchísimo, pero sí le he entendido bien,

ha dicho esta misma tarde,

y precisamente hoy tengo mucho trabajo en el restaurante.

-No me venga con excusas, Felicia,

podríamos acudir, y de paso,

sabría lo que se cuece en el mundo del arte.

-Prefiero saber qué se cuece en los pucheros de mi local.

No me gusta dejar el negocio solo.

-Están sus hijos, que sabrán sacar la faena de sobra.

Haga un poder y acompáñenos.

-Para mí será un placer gozar de la compañía de tan elegantes señoras.

-Está bien,

pero tendremos que volver antes de que empiecen las cenas.

-No se apure,

tendremos tiempo, se lo prometo.

Maldita seas, endriago.

(SE ASUSTA)

¿Qué ocurre? ¿Te he asustado?

No.

Pero he debido de tener un mal sueño.

Lo lamento, no quería despertarte,

necesitas descansar mucho.

Sí, aunque poco a poco me voy encontrando mejor.

Ya lo veo, hasta Felipe se ha atrevido a dejarte sola.

Ha salido un momento con Mauro,

tenían asuntos de los que hablar.

Marcia...

Me alegra verte tan bien.

Tienes muy buen aspecto.

Seguro de sales muy pronto de este hospital.

Y todo, todo gracias a usted.

Le debo la vida.

No, no me debes nada, hice lo que debía.

Felipe me contó que fue a buscar a ese cirujano

para que me sacara la bala,

supongo que si no llega a ser por eso,

no estaría entre los vivos.

No tienes que darme las gracias.

La verdad es que todo lo he hecho por Felipe,

no quiero verle sufrir.

¿Le sigue queriendo?

Sí, con toda mi alma.

Por eso te pido que hagas lo posible para hacerle feliz.

Le agradezco su sinceridad

y que abra su corazón.

Y, descuide,

me voy a entregar en cuerpo y alma para conseguir su felicidad.

-Buenos días. Pensaba que estabas sola.

Ya ve que no, me he pasado a visitarla.

Don Felipe me ha dicho que me quede a atenderla,

él va a aprovechar para poner al día alguno de sus asuntos,

con todo este lío, tiene abandonado el trabajo.

Entonces, me marcho tranquila, viendo que está en buenas manos.

Espero verte pronto fuera de este hospital.

-Gracias, Genoveva.

Con Dios. -Con Dios, señora.

Hay que ver lo bien que se está comportando Genoveva contigo.

Esa mujer se está ganando el cielo.

-Sí, supongo.

-¿Te parece poco lo que ha hecho?

-No, ha sido generosísima,

pero hay algo en ella que no acabo de comprender.

Uy, está manzanillita les irá de perlas para hacer la digestión.

-No sé de qué vamos a hacer la digestión,

solo hemos comido verde, como el ganado.

-Hijo, quiero estar en buena forma.

No quiero salir anchita en la película.

-Tú siempre saldrás divina.

Pero comer de primero acelgas y de segundo ensalá,

teniendo una cocinera vasca, es un delito.

-Ya tenía preparao un rape a la donostiarra,

pa estar una semana chupándose los dedos.

-Guárdalo para la cena.

Yo no voy a salir en la pantalla, no preciso cuidarme.

-¿No me vas a ayudar con esto?

Si te veo comer algo tan apetitoso, me va a apetecer lo mismo.

-Pues usted verá,

pero la señora me ha pedido para cenar nabo hervido.

-Ya verás qué rico está. -¿Nabo hervido?

(RESOPLA)

Como quieras, todo sea por el bien de tu arte.

-Piensa que tengo que hacer de joven,

y yo de joven no tenía la cintura que tengo ahora.

-Yo siempre te veo maravillosa. -Porque la mira con buenos ojos.

A ver, y yo, yo también,

pero es que, luego está el público, que es muy cruel,

porque le van a comparar con su hija,

y con Camino, que salen las dos en la película, y son dos pimpollos.

-¡Qué horror!

Tener que competir con mi hija, con lo guapa que está nuestra niña.

-Y no para de ensayar,

lleva toda la mañana metida en su cuarto.

-Luego va a venir Camino, van practicar juntas.

-Salieron muy bien en sus pruebas.

-Tan bien como saldrás tú.

-Bueno, eso está por ver.

Voy a parecer una vieja a su lado.

-No te preocupes, encima del escenario no hay quien te tosa.

-Claro, porque tengo mi voz y mi arte pa defenderme,

pero en el cinematógrafo no se me va a oír cantar.

-Con tu presencia será bastante.

-No me lo parece.

Además,

me resulta muy raro eso de salir bailando

sin que se escuche la música, va a parecer que estoy cazando moscas.

-Bueno,

pondrán un pianista pa que toque los pases de la película.

-Eso será en locales,

fuera de esos sitios, haré el ridículo.

-No tiene por qué ser así,

la gente lo que quiere es verte, y con eso se van a contentar.

-José, ¿qué tengo yo que no tenga cualquier señora de cierta edad?

-La belleza de los luceros.

-No te engañes, José,

lo único que tengo es mi voz, y esa baza no voy a poder jugarla.

-Ahí la señora tiene razón,

una cosa es el teatro y otra el cinematógrafo,

como no vaya ella a las proyecciones a cantar al público.

-No digas barbaridades.

De la película se harán varias copias,

no puede estar en dos sitios al mismo tiempo.

-A mí esto me huele a trastazo,

y de los gordos.

-Pa mí que me he metido en un berenjenal de órdago.

Arantxa,

tráeme las sales, que me está dando un sofoco.

-Hasta la voz se le está yendo y todo.

-Chiquilla,

ya verás que todo sale divinamente.

Ay, lucero mío.

Temo que alguien me reconozca. -No temas, estás segura conmigo.

Si tú lo dices, supongo que no tengo nada que temer,

pero me cuesta creerte.

-Me alegro de verte,

no sabía si vendrías.

Yo también tenía ganas de verte,

pero no me atrevía a moverme mucho por si me tendían alguna trampa.

-Eso no va a ocurrir, toda esa gentuza está detenida.

-Puede quedar alguno libre.

Nunca estaré del todo tranquila. -Yolanda, créeme,

todo ha terminado.

-Lo que no entiendo es cómo has localizado mi escondite

y me has mandado la nota citándome aquí.

-Un buen policía nunca revela sus fuentes.

Me he permitido comprar unos dulces.

Espero que sean de tu agrado.

-Ya lo creo, me muero de hambre.

-Estaré encantado de que comamos algo juntos.

-Hm...

Parece que su amiga se retrasa. -Sí.

Es raro, siempre alardea de su puntualidad.

-Le habrá surgido un imprevisto.

-Nos podía haber mandado recado advirtiéndonos.

-No tenemos prisa, la exposición cierra en unas horas.

Y si se retrasa mucho,

mi amigo nos tendrá la sala abierta hasta que nos cansemos

de ver sus cuadros.

-Me resulta curioso que sea amigo de un artista.

-No tiene nada de particular, conozco a mucha gente.

-¿Cómo conoció al pintor?

-Es una historia curiosa, fue en la embajada española en París.

Al embajador le regalaron un loro que repetía todo lo que le decían.

Pierre y yo nos entretuvimos enseñándole ordinarieces.

-No le creo capaz.

-Le aseguro que estuvimos a punto de iniciar una guerra

con el Imperio Austrohúngaro por culpa del dichoso pajarraco,

no vea lo que le dijo a la señora del embajador austriaco.

-¿Y qué fue eso tan terrible?

-Soy un caballero, no puedo repetir semejante proposición.

-Buenas.

-Venía a decirles que mi madre no va a poder acompañarles,

le ha surgido un compromiso ineludible.

-¿Qué es eso tan importante?

-Ha fallecido uno de nuestros proveedores

y tiene que ir al velatorio. -Hace mal,

estoy seguro de que ese señor no vendrá a despedirla al suyo.

-Gracias por avisarnos.

-Con su permiso les dejo, he de ir a ensayar con Cinta.

Con Dios.

-Lo lamento, tendremos que aplazar la visita.

-Es una lástima, porque mi amigo Pierre regresa mañana a París.

Si le parece, podríamos ir los dos solos y aprovechar la tarde.

-¿Solos? -No veo por qué no.

Solo se trata de ver unas pinturas, no veo nada censurable en ello.

-Pues... por supuesto que no.

No hay nada de malo en ir a ver unos cuadros y conocer al famoso Pierre.

Tengo que confesarte que estaba muy inquieto por ti.

-No veo por qué, ya sabías que tenía que esconderme.

Tengo cuentas con la justicia.

-Soy muy consciente de ello.

Podría ayudarte a resolver esos asuntos.

-Quién me iba a decir a mí que sería amiga de un policía.

-Ya ves.

Siento haber tardado tanto en actuar,

pero necesitaba que la operación saliera bien.

-Lo has conseguido.

Eres una buena persona, Mauro.

Aunque seas policía.

-Y dale.

Piensa que eso es una ventaja para ti, te puedo ayudar.

-Ojalá mis problemas solo fueran con la ley.

-¿Qué otros asuntos tienes pendientes?

-Hace unos meses trabajé para unos rateros de mala muerte.

Ahora que Andrade no está,

me buscarán reclamándome un dinero que no tengo.

-Si tú me lo pides,...

puedo resolver todos tus problemas.

-Siempre he querido alejarme de toda esa inmundicia,

pero cuanto más lo intentaba, más me hundía en ella.

-Es muy difícil salir de ese mundo una vez que se entra en él.

-Llevar una vida decente ha sido mi sueño,

pero he tenido muy mala suerte con los hombres

con los que me he cruzado.

A la postre, todos han intentado aprovecharse de mí.

-Yo no soy como los demás.

Mi ofrecimiento es sincero

y desinteresado.

-Prometo pensar en tu ofrecimiento, pero ahora debo irme.

¿Por qué me mira así?

Deje usted de mirarme así, ¿o es que va a volver a reprenderme?

El oremus, estoy perdiendo el oremus

si creo que un cuadro me está hablando.

-A las buenas, Servando.

Créetelo como te lo digo,

doña Bellita ahora también va a ser actriz del cinematógrafo.

Unas tanto y otras tan poco.

-Esa mujer tiene tanto arte,

que se puede enfrentar a to lo que le echen.

-No lo dudo, pero ya me hubiera gustao a mí que el señor Carchano

me hubiese dao una oportunidad.

-Bueno, tú tienes pa lucirte en el quiosco y en nuestra casa.

Que... no me place

que te miren de arriba a abajo, aunque sea en una pantalla.

-¿Qué te puede importar a ti eso?

Yo solo tengo ojos pa ti, borrego mío.

-Vale ya de requiebros, hombre,

que me dais envidia.

Bueno, a mí, desde que enviude, no me han dicho ningún cumplido.

-¿Quiere que yo le llame bonito?

-Pues no, pero no me importaría un piropo de una moza.

-Diga que sí, que ese pañuelo que se ha puesto

le queda muy pinturero. Le da porte de marqués.

-Es que... uno lo tiene.

Y no cualquiera sabe llevar estos adornos tan lujosos, ¿eh?

-"Serás fantoche".

"No presumas de lo que has robao".

-¿Servando, le ha dao un aire?

Se me ha puesto más blanco que la cal.

-¿No habéis escuchado vosotros una voz?

-A usted echándose flores.

-¿Le preparo una tila?

Se ha quedao to destemplao.

-No, no, no, ya estoy mucho mejor.

Es que creía que me habían dicho algo.

-Pues no era na bueno por la cara que ha puesto.

-¿Dónde está la señá Fabiana?

Nos ha llamao pa ayudarle con un armario.

-Creo que está por dentro, por las habitaciones.

-Pues vamos pa allá, que tenemos tarea pendiente.

-(RESOPLA) Templa.

Templa, Servando, que todo son figuraciones tuyas.

-"Y una leche".

"Ladrón, sinvergüenza,

mamarracho".

-Oiga, un respeto, señora, que está usté difunta

y me habla desde el más allá.

-"Por eso puedo hablar como me salga de las narices,

que ya no me puede pasar na peor que morirme".

"Ladrón, que le has robao los cuarto a mis sobrina".

-¡Déjeme en paz de una vez!, que yo no he hecho nada malo.

-"No te voy a dejar de jeringar

hasta que no devuelvas lo que no es tuyo".

"Ladrón".

-Loco, loco, loco, me estoy volviendo loco.

Y todo por comprar un pañuelo.

Que digo yo que tampoco ha sido para tanto.

-"Anda que no. Ladrón".

(Puerta)

Ah, Cesáreo.

¿Tiene usted ya la información?

Gracias por venir. Pase, por favor.

Bueno, pues, ¿qué es lo que sabe?

Mi amigo, el que llevó a Genoveva fuera del barrio,

me ha dicho que la dejó en la calle Galicia.

La calle Galicia...

No sé dónde está.

Está a las afueras, una calle no muy concurrida.

¿Sabe qué fue a hacer allí?

No, él la dejo allí y la perdió de vista,

no sabe a dónde fue ni con quién se reunió.

Vaya... ¿No ha podido averiguar nada más?

Sí. Lo único es que en esa calle hay una taberna

y una conocida pensión.

Bueno, eso es algo.

¿Ocurre algo?

Sí. Que no me gustan estos encargos.

En el pasado tuve problemas por cosas similares.

Le dije que no era nada malo,

lo único que busco es proteger a mi señora.

Doña Genoveva es viuda y nadie vela por ella,

intento evitar que tenga problemas.

Como diga.

Pero lo ruego que no cuente conmigo para estos asuntos, ni para otros.

No volverá a ocurrir, descuide.

Con Dios. Con Dios. Y gracias.

¿Qué es?

¿Qué es lo que me estás ocultando, Genoveva?

Sea lo que sea,

juro que lo encontraré.

Mucho dinero es ese para tenerlo fuera de la caja fuerte.

Debo hacer un pago urgente. ¿Puedo preguntarle a quién?

Al armador del barco.

Por lo que sé, tiene mañana una reunión con él en el banco.

¿Estaba escuchando?

Es mi obligación,

la mejor forma de cuidar sus intereses.

Se lo agradezco.

Tengo que hacer un pago, no necesita saber más.

Pensión Roleno,

calle Galicia número 8.

Ya te tengo.

¿Te puedes creer que Felicia nos ha dado plantón?

Toda la tarde la he tenido que pasar con Armando y un tal Pierre Reanud,

un pintor francés.

-Vaya, qué tostón, ¿no? Con lo aburridos que son los gabachos.

-No te creas, me ha resultado muy simpático.

Me ha enseñado muchos cuadros

y me ha dado muchas explicaciones de su técnica y su estilo.

-¿Y habéis hecho algo más?

-No, nada de enjundia.

Después de la exposición

y siguiendo a la francesa, hemos ido a comer ostras al Hotel Metz.

-Vaya, una cosa de lo más aburrida.

-Al menos ha sido curiosa,

sobre todo, cuando Pierre ha sacado su cuaderno

y en un rato me ha pintado este retrato.

-Ay, ay, ay, ay.

Te ha sacado guapísima, no pareces tú.

-Es un pintor de renombre, y yo una buena modelo.

Está mal decirlo, pero Armando, Pierre y yo

éramos el centro de atención,

todo el mundo se acercaba a saludarnos.

-Has tenido que pasar mucha vergüenza.

-Y lo peor es que cuando Pierre se ha tenido que ir,

la orquesta nos ha dedicado un vals,

y no me ha quedado más remedio que bailar con Armando.

-Qué pena. Cualquiera diría que la tarde ha salido redonda.

-Ay, algo peculiar.

-¡Por favor, Susana, que era broma!

¿Cómo puedes ser tan siesa?

Lo que me cuentas es interesante, ¡y a ti no se te acelera el pulso!

-Ya te he dicho que me ha resultado interesante,

pero no soy una mocita para que se me embauque con esas memadas.

-Pero ¿admites que lo has pasado bien?

-Sí. -Ah.

-Me he reído alguna vez

y la tarde se me ha pasado volando,

pero nada del otro mundo.

Aunque tengo que reconocerte que Armando me parece un poquito

interesante.

Me voy a casa a ver ahora dónde coloco este retrato.

(Puerta)

-¿Y mi tía? ¿Se ha marchado sin despedirse?

-Sí, tenía algo de enjundia que hacer.

-¿Está indispuesta?

-Me temo que sí. O mucho me equivoco o se está enamorando de don Armando.

-No tanto, cariño.

Es posible que le haga gracia don Armando,

pero de ahí a estar enamorada a su edad...

-Que no. ¿Y cómo que por su edad? Yo tengo algunos años

y se me acelera el pulso cada vez que me besas.

-Ah, ¿sí? Será que el corazón es lo último que envejece.

Y que tú, cada día estás más hermosa.

-¿Y si aprovechamos que tenemos la casa para nosotros solos?

-¿Por qué no? -(RÍE)

Muy buenas.

-¡Qué sorpresa, Bellita! No la esperaba.

Estaba trabajando en el guion. Voy como una flecha.

La historia va saliendo rodada.

-Me alegro de que vaya tan bien. -Y no solo eso,

he hablado con dos posibles inversores,

y se han mostrado muy interesados en poner su dinero,

sobre todo, al saber que usted estaba en el proyecto.

Tenemos un éxito entre manos.

-Todo eso está muy bien,

pero tengo que asegurarme que quedaré bien en pantalla.

-¿A qué se refiere?

Usted, por fuerza ha de estar soberbia.

-No se crea, yo ya he visto alguna vez

a señoras de su quinta,

que en el cine más bien parecían sacos de harina

de lo anchas que se veían.

-Por eso quiero hacer una prueba,

como las hicieron mi hija y Camino.

Me preocupa mucho eso de actuar sin que se escuche mi voz.

-Comprendo sus dudas, Bellita, este mundo es muy nuevo para usted,

pero no se apure,

está en buenas manos.

Yo soy el primer interesado en hacer una gran película.

-Me quedaría más tranquila si puedo ver cómo doy en pantalla

antes de empezar a rodar.

-Eso son ganas de perder tiempo y dinero,

usted es una artista consagrada,

las pruebas son para las principiantes.

-Le agradezco el cumplido, pero quiero rodar esa bobina.

Si es por dinero, yo misma correré con los costes.

-No, no voy a permitir que tire su dinero, Bellita.

Le garantizo que quedará encantada con el resultado.

-Comprenda que me debo a mi público, y no puedo defraudarle

ni correr riesgos con mi buen nombre.

-Su fama no corre ningún riesgo,

se lo aseguro.

Solo tiene que confiar en mí.

-No es que mi señora no confié en usted,

es que no confía en nadie.

Pa que lo entienda,

o rueda la bobina que le pide o no habrá película.

-¿Es su última palabra?

Me alegro de que Marcia pueda salir mañana mismo del hospital.

-Si sigue evolucionando tan bien,

puede estar de vuelta antes de lo que pensábamos.

Y eso no es todo,

vamos a casarnos inmediatamente.

-Eso es una gran noticia, amigo mío.

Deje que le felicite de corazón.

-Gracias, amigo Ramón. Le pido la máxima discreción.

Quiero buscar el momento oportuno para anunciarlo.

-Me alegra que puedan retomar sus vidas.

¿Ha hablado con Mauro?

-Así es. Hemos resuelto nuestras diferencias.

Todo son buenas noticas.

-Ya era hora de que cambiara su suerte.

Doña Genoveva. Me alegra encontrarles a los dos.

Vengo a informarles de que está todo dispuesto

para que el barco zarpe.

Está usted haciendo un gran trabajo.

Si me disculpan, tengo que atender a un par de clientes esta tarde.

-Con Dios. Con Dios.

¿Te cuento los detalles?

No, debo volver al hospital para ver cómo está Marcia.

Precisamente, de ella quería hablarte.

He pensado que lo más sensato es que se instale en mi casa

cuando salga del hospital. No querrás que os critiquen

por compartir el mismo techo. No vivirá en el principal.

¿Acaso dudas de mí?

No, no es por ti, es por Úrsula, esa mujer es el demonio.

¿Por qué dices eso?

En cuanto Marcia esté mejor, vamos a casarnos.

Mucha suerte con la película. -Si todavía no he dado el sí.

-¿Y eso?

-Porque tengo algunos asuntillos que resolver primero.

¿Qué hace con el retrato de mi tía?

¿Ese dinero?

-¿Pero esto es bueno?

-De curso legal.

-Primo, deja eso ahí, suéltalo.

No lo toques hasta que Servando nos dé una explicación,

porque pa que este hombre suelte parné, hay gato encerrao.

Hay de las que reparten disparos y reparten besos.

Cavile un poco.

¿A usted le gustaría ver a la señorita Cinta

apretá, pero bien apretá con un galán de esos?

¿Sabes que doña Felicia ha invitado a comer a don Armando?

Que o me rueda una prueba primero o no hay película después.

-Ole ahí. Menudo carácter tienes tú.

-Y añado:

que si no hay prueba, hemos terminado con las conversaciones.

¡No!

Señoras, señores, Marcia y yo queremos invitarles a un brindis

en el restaurante por nuestro próximo enlace.

Será dentro de dos días.

(Aplausos)

-¿Te he dicho ya que tu tía se ha puesto muy celosa

cuando se ha enterado que Felicia va a comer con tu amigo?

¿Quién ha tocado mis papeles, qué buscaba?

Yo no he tocado nada, señora, no sé cómo ha pensado eso de mí.

No voy a discutir con usted, tan solo tenga muy presente

que si se inmiscuye en mis asuntos, va a salir muy mal parada.

Es una promesa. Ha colmado mi paciencia.

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Acacias 38 - Capítulo 1107

27 sep 2019

Susana reprende a Rosina por hacer de casamentera entre ella y Armando, el cual invita a la exsastra y a Felicia a una exposición de pintura, que acabará nuevamente en un encuentro a solas entre ella y el exdiplomático.
Bellita acuerda con Alfonso que el argumento de la película sea la historia de una cantante, pero la folclórica tiene miedo de cómo se va a ver en pantalla y exige realizar unas bobinas de prueba. Cinta y Camino se ilusionan y fantasean sobre su futuro como actrices.
Felipe, que ha pedido matrimonio a Marcia, no cabe en sí de gozo. La pareja recibe la visita de Mauro, al que el abogado perdona y le instan a ver a Yolanda, teniendo el policía un encuentro con la mujer en el que le ofrecerá su ayuda.

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