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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1105 - ver ahora
Transcripción completa

El médico desaconseja llevar a Marcia a Barcelona.

¿Por qué?

Dice que su estado es muy delicado.

Alfonso Carchano ha quedado muy satisfecho con el resultado.

¿No nos ha estafado? No, no, no, no, no.

Han estado hablando de la posibilidad

de hacer un pase en pantalla grande. A Barcelona.

He de traer al doctor Balaguer para que opere a Marcia.

¿Se va a esforzar usted tanto por ayudar a esa criada?

Ya le dije que sí. Empiezo a cansarme de su interrogatorio.

-No soporto verle sufrir, Felipe,

y no poder estar a su lado, apoyándole.

-Curioso que la única persona que lo está haciendo sea Genoveva.

No quiero volver a saber nada de usted.

Márchese.

Quiere que me deshaga de él.

Cesáreo, que yo tendré la conciencia tranquila,

sabiendo que mi tía está con alguien bueno y decente como usted.

-De acuerdo.

Más bonita está ahora la mañana,

que usted nos ha honrado con su presencia.

Me daba vergüenza volverle a ver.

-¿Vergüenza de qué?

-Que me haya conocido en un mundo tan sucio.

-¿Y si emparejáramos a tu tía con don Armando?

-¿Emparejarles?

-Propiciar un romance.

Yolanda, veámonos otro día.

¡Gracias por venir y disfruten de la película!

(Aplausos)

¡Uy!

Ay, mi niña, qué bonita está.

¡Uy, mira!

(Risas)

Estoy muy orgullosa de ti.

-Estamos más feas que el pie del Jacinto.

-Me imaginaba otra cosa, a qué engañarnos.

¿Por qué no salimos como las actrices

que salen en las revistas del quiosco?

Digan algo.

(Aplausos)

¡Bravo!

Felipe,...

es el doctor Balaguer.

Ha venido a operar a Marcia.

Buenos días. Encantado. -Doctor.

Sí, padre, que doña Genoveva es libre de actuar como le plazca,

pero creo que debería ponernos al tanto de sus viajes y ausencias.

-Nos avisó.

Me hizo llegar una nota a través de Úrsula.

Solo espero que se trate de algo puntual.

Necesitamos su firma para las últimas gestiones

y no me gustan las incertidumbres, no me parecen profesionales.

-Buenas, señores. -Doña Felicia,

mi más sincera felicitación por la sesión de ayer.

Es usted una anfitriona excelente. -Muchas gracias.

¿Lee gustó la proyección?

-No solo fue entretenida, sino además, reveladora.

Debe estar orgullosa de su hija Camino, estuvo espléndida.

-A lo mejor estamos ante un nuevo talento del celuloide.

-Ha sido una sorpresa para todos,

no la hacía yo tan inclinada hacia las artes escénicas.

-A las buenas de Dios. -Buenas.

-Felicia, cómo disfrutamos con la sesión de ayer.

-Esa era la intención, que pasaran un buen rato.

-Buena falta nos hacía a todos.

-Don Ramón, ¿se sabe algo de Marcia?

Agustina está tan preocupada por la muchacha como por su señor,

que no se separa de ella ni para dormir ni para comer.

-Lo sé, ayer estuve con él, y sus augurios no son nada halagüeños.

Teme que el desenlace fatal llegue en cualquier momento.

-No sea cenizo, don Ramón.

-En estos casos, es mejor hacerse a la idea cuanto antes,

no sembrar falsas esperanzas.

Buenos días.

Buenos días, doña Genoveva.

No sabe el alivio que me produce verla de vuelta.

Qué impacientes, he estado ausente un día.

-Ya, pero como desapareció inesperadamente...

Pensaron que les había dejado plantados.

-Entienda nuestra desazón, es usted el pilar de este proyecto

y no podemos avanzar ningún paso sin su supervisión.

Disculpen mi inesperada marcha.

Para compensarles, daré una gran noticia.

Marcia será operada de nuevo por el doctor Arnau Balaguer.

¿El renombrado especialista de Barcelona?

Sí. Ha estudiado el caso y ha decidido intervenir esta tarde.

-¡Oh! -¿No es un poco precipitado?

Me temo que no podemos esperar, cada minuto cuenta.

-Eso quiere decir que no está todo perdido.

Según el doctor Balaguer, no.

-Eso son buenas noticias, ¿no?

-Claro que lo son, ¿verdad, doña Genoveva?

Sí. He pensado que mientras operan a Marcia,

podríamos reunirnos para rezar un rosario por su recuperación.

-Me parece una idea excelente. Cuente conmigo.

-Y con la familia Palacios al completo.

Voy a avisar al resto de los vecinos.

-Con ese sabio y nuestras oraciones, seguro que Marcia sale adelante.

-Dios te oiga, hija, Dios te oiga.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay... Qué arte tenía mi Cinta haciendo de señorita.

-Eso son los dineros gastaos en la escuela, que no han caído en vacío.

-Los dineros y la sangre que corre por sus venas,

que podía haber salido una señoritinga saboría, y de eso na.

-Como miraba a Camino. Se me pone la carne de gallina.

-Magnetismo, se llama. Una mirada que lo dice to.

-De eso, Camino sabe un rato, por algo era muda.

-Esa niña era perfecta pa mi Cinta.

Que no es lo mismo que te acompañe un palmero malaje,

que un gitano del Sacromonte.

-Cinta lo tiene to: guapura y talento,

pero Camino no se queda corta tampoco.

-No estaba mal,

pero mi Cinta es mejor, que por algo tenía el mejor papel.

-¿A ti te comentó algo don Alfonso?

-Pensé que había hablado contigo.

Con la bulla de la gente, no le eché cuenta de na.

-Si ese productor no está ciego o no es tonto de remate,

las contratará.

-Ya cantará,

pero mientras, mejor no lanzar las campanas al vuelo.

-Y mira que el hombre no me entró por el ojo al principio.

-Razón no le faltaba, señora,

que pedir los dineros desde el principio...

Eso es como lo de:

"Para que la gallina cante, el dinero por delante".

-Ese hombre sabe lo que se trae entre manos,

tiene buen gusto, y eso no lo enseña ninguna academia.

-Ya, ya.

Eso lo dices porque no paró de piropearte

y te ha ablandó la coraza.

-No te digo que no, pero una cosa te digo,

como le haga daño a mi Cinta,

como le haga daño, ni coraza ni corazón,

lo sigo al fin del mundo pa arrancarle los ojos

y levantarle la piel a tiras con estas uñas.

-Jesús, María y José. La señora no se anda con chiquitas.

-Una mujer de bandera es.

Qué garra y qué carácter tiene mi sultana.

-Mu mala leche es lo que yo tengo si tocan a los míos.

Donde esté la gran Bella del Campo, que se quite el Cid Campeador

y don Pelayo, y la mismísima Agustina de Aragón.

-Así me gusta, que no te olvides a nadie.

(RÍEN)

¿Qué haces trayendo eso?

¿No ves que el señor no ha llegado?

Como se le han pegado las sábanas,

pensé que usted estaba cansada de esperar.

-Ay, pues te equivocas.

Llévate la cafetera y la traes cuando esté el señor.

Espera, Casilda, aparte.

Cuando terminemos de desayunar, tenemos que hablar.

-Sí, señora, que lo he entendío,

que solo se sirve cuando están todos sentados.

¿Querrá esperar a doña Susana?, porque se fue a misa de amanecía.

-Calla, estulta y atiende. Mañana voy a ofrecer una cena.

Vendrá un señor muy importante y quiero que todo esté impecable,

desde el menú hasta el salón.

-Sí, señora, sí.

-Te aviso con tiempo para que te esmeres,

piensa que es un hombre de mundo, de fino paladar.

-Algo se me ocurrirá.

-Espera.

¿Qué te pasa? Te noto como arrugada.

-Ya, es que... Estoy triste por mi amiga Marcia,

por el destino que le ha tocao.

-Bueno, a ella y don Felipe.

Nadie merece pasar por algo así otra vez.

Pero ya sabes el refrán:

El hombre propone y Dios dispone.

-Y además que, no nos han cogido ni a mi prima ni a mí pa ser artistas.

Ay, Dios mío, vaya dos. ¡¿Artistas?!

-Sí, señora.

No vea con qué ilusión nos hicimos los retratos

para el señor productor.

-¿Te estás escuchando?

Para ser artista hay que tener algo especial,

no solo pájaros en la cabeza.

-Señora, no se ensañe, que ya nos ha quedao bien claro.

El señor productor no nos ha respondido.

-No tiene otra cosa qué hacer

que alimentar las fantasías de dos desgraciadas.

Menos fabular y más trabajar, mejor nos irá a todos.

-Buenos días, señor, ¿quiere usted café?

-No, gracias, Casilda. -Yo quiero té.

Querida, te escuché, no deberías hablar así a Casilda.

-Tendría que estar agradecida, que le pongo los pies sobre la tierra.

Tú tendrías que ser más puntual,

que llevo media hora esperándote.

Siéntate, que me rugen las tripas más que a los leones del circo.

-Se me ha hecho tarde.

He quedado con don Ramón para visitar a don Felipe,

y no quiero hacerle esperar. -Ah, ¿y a mí sí?

-No te enfades, esta noche cenaremos juntos.

-¿Acaso no vas a venir a comer?

-Tengo muchas gestiones que hacer.

No cuentes conmigo, así no te hago esperar de nuevo.

-¿Le sirvo ya? -¡Claro! ¿A qué estás esperando?

Tendría usted que haber visto a la hija de Felicia en la proyección.

-Y eso que su el papel no era muy agradecido,

el de Cinta lucía mucho más.

-La industria del cinematógrafo es el futuro.

En el estado de la California, en los EE. UU.,

los estudios reproducen desde la antigua Babilonia

hasta una calle del viejo París.

-Vaya...

Imagino que habla usted con conocimiento de causa.

-Hace menos de un año visite las instalaciones en California.

Sus temperaturas cálidas como las de Andalucía

y sus largas horas de luz, han atraído a los nuevos empresarios

de la industria.

-No hay lugar que no haya visitado, ¿me equivoco?

-Alguno hay, no crea,

pero tendría que hacer memoria.

-¿Desea otro pastelito?

-Son deliciosos, doña Felicia, pero no quiero pecar en exceso.

Hay que saber parar a tiempo.

-Es un placer contar con su conversación, don Armando,

así da gusto empezar el día.

-El gusto es mío.

El Nuevo Siglo XX se ha convertido en uno de mis lugares favoritos.

-¿Cómo la California?

-Ya quisieran los americanos tener las maneras exquisitas

que emanan de su negocio.

-Qué exagerado es usted.

-Créanme, no descarto en absoluto instalarme

en este barrio cuando llegue la hora de mi retirada.

-¿Está contemplando abandonar su carrera?

-No le veo yo dejando atrás sus viajes y experiencias.

-Cada cosa a su edad, doña Felicia.

Ahora el cuerpo me pide un lugar como Acacias,

rodeado de caras amigas

y disfrutando de estas tertulias al aire libre.

Buenos días. -Buenos días.

¿Les importa que me sume a ustedes? -Por supuesto, doña Susana,

será un placer que nos acompañe. -Gracias.

¿Saben algo de la evolución de Marcia?

-Ramón se ha acercado al hospital con Liberto.

A ver qué nos dicen. -Pobre muchacha,

es lamentable que la desgracia se cebe en los más desamparados.

-Afortunadamente, tiene personas que se preocupan por ella.

Doña Genoveva ha hecho venir a un prestigioso galeno de Barcelona.

Ha programado una operación para esta misma tarde.

-Genoveva no ha escatimado recursos para ayudar a Felipe.

-Esta tarde ha convocado un rosario en su casa para pedir por Marcia

y por el éxito de la operación.

-Por nada del mundo me lo perdería.

Habrá que avisar a Rosina, estará encantada de asistir.

Cuanto más seamos, mejor escuchará el Señor nuestras plegarias.

-Ya lo ve, así somos en el barrio, don Armando.

Cualquier excusa es buena para unir nuestros esfuerzos.

-¿Ve como me sobran razones para retirarme aquí?

-¿Se va a mudar a Acacias? -Lo estoy contemplando.

Estas veladas en el Nuevo Siglo XX no tienen nada que envidiar

a las del bulevar Saint-Germain.

-Envidiar no lo sé,

pero la temperatura seguro que no es mejor que la de aquí.

Bueno, salvando la de la California, claro.

(RÍEN)

-Parece que el señor caballero y Felicia han hecho buenas migas.

Es mala suerte haberme perdido la proyección de los señores,

no se habla de otra cosa.

-Dicen que las señoritas no parecían ni las mismas.

Camino hacía tan bien de mugrosa,

que daban ganas de darle unos reales.

-Por algo ese hombre es productor. -Ah.

Pues la Marcelina y mi prima se han quedao sin cazar,

que el tipo no les ha dicho ni mu de los retratos.

-Habría que ver los retratos. -En el chiscón los tengo.

Mírelos y juzgue.

Sí, sí.

Aquí tiene. -Vamos a ver.

Oye,... no han salido nada mal, no señor.

Bueno, a tu mujer, por ejemplo, la han pillado en el momento justo.

-Pero si está bostezando. -A ver,...

interpretar es fingir, mentir,...

y Marcelina no puede disimular ni un bostezo.

Te puedes quedar tranquilo,

que no se va a dedicar al mundo del celuloide,

y no te abandonará por ningún galán.

-Tiene razón. Y me alivia, ¿eh?

-Lo siento, pero no puedo tener más tiempo a su tía en casa.

-Si no ha pasao ni un día con ella.

-La ponga donde la ponga, no deja de mirarme, me da repelús.

-¿Me permites un momento? ¡Dios!

Pero... Esto, esto es realismo,

como dicen los grandes pintores, sí, señor.

-Llévela al Prado, que allí encuentra sitio entre los ilustres.

-Tiene que quedársela, Cesáreo.

¿No ve que la Marcelina me va a poner de patas en la calle?

-Que no, Jacinto, que hasta dentro del ropero no dejaba de mirarme.

-Eh, eh...

¿Ha encerrao usté a la tía Olegaria?

-Al retrato, a tu tía no he tenido el gusto.

-Le confié a la tía Olegaria porque le tomé por un hombre sensato.

-Pues te equivocas.

Les dejo, que el deber me reclama,

debo velar por los vivos, que aún andan muchos sueltos por ahí.

Con Dios. -Pero...

¿Y qué hago yo con el retrato?

-Espérate, que se me acaba de ocurrir una idea...

para animar a las muchachas.

Les agradezco de corazón el interés de todos ustedes.

Su visita y la de Liberto han sido muy reconfortantes.

-De eso se trata, Felipe, de acompañarle en estos momentos.

-Denle las gracias a todos por este detalle.

-No sé qué contiene,

pero los criados lo han preparado con mucho cariño.

Su generosidad debería ser una gran lección para todos.

-Somos muy afortunados de poder contar con ellos.

-A su hijo y a mí nos han robado el corazón.

Y ahora que lo pienso, a usted también.

-¿Le ha adelantado algo el doctor Balaguer?

-La urgencia con la que ha convocado la operación,

nos da una idea de la gravedad de su estado.

Solo él puede salvarla.

-Y lo hará.

Que el doctor Balaguer haya aceptado venir desde Barcelona,

significa que tiene confianza en poder hacer algo.

-Mi padre tiene razón.

Con la gran reputación que tiene el doctor,

no habría aceptado el caso si no vislumbrara cierta esperanza.

-Me ha dicho que la operación será larga.

No sé si soportaré la angustia de la espera.

-Precisamente, doña Genoveva ha organizado un rosario

en su casa esta tarde.

Acudiremos todos los vecinos para rezar por el éxito de la operación.

-Lo cierto es que Genoveva no deja de sorprenderme.

La rapidez con la que ha traído a ese médico es...

digno de elogio.

-Eso demuestra que todos merecemos una segunda oportunidad.

-Se aprende más de los fracasos y de los despechos,

que de los éxitos.

-Ni en mis mejores sueños podía imaginar que el corazón de Genoveva

albergara tantos sentimientos.

-Ese sueño se ha hecho realidad,

así que, anímese y confíe en el buen hacer del doctor Balaguer.

Señora, ya está todo preparado para recibir a los vecinos.

No estoy habituada a organizar este tipo de rezos.

¿Falta algo más?

Ya me he encargado de todo, no se preocupe.

No es el primer rosario que organizo.

He dispuesto el salón para poder acoger a los vecinos cómodamente.

¿Y el refrigerio?

Confíe en mí. Está a punto.

Al igual que el vestido y los complementos que ha de llevar.

Que nadie la tache de frívola.

No podemos dejar cabos sueltos. Quiero que todo resulte perfecto,

sorprender con mi hospitalidad y callar bocas.

Sé que están esperando el mínimo fallo para echárseme encima.

No se subestime.

En este momento, los vecinos comen de su mano,

sobre todo, después del gesto desinteresado

en traer a ese doctor.

Sí, la presencia del doctor Balaguer

ha impactado a todos.

A todos, e incluso a mí.

O quizás, ese gesto desinteresado

no lo sea tanto como usted quiere hacerles creer.

Ver a Felipe feliz, es la única recompensa que busco.

Conmigo no tiene qué fingir, señora.

Ha traído a ese médico para que acabe con Marcia definitivamente,

¿no es cierto?

No quiera saberlo todo, Úrsula.

Limítese a cumplir lo que le ordeno...

y pregunte lo justo.

He soñado que era Salomé,

y que en vez de pedir la cabeza de Juan Bautista,

les cantaba a todos un fandango.

¿Y eso te ha animado tanto?

Sí, porque no era Salomé de verdad.

Yo hacía de Salomé, ¿sabes?

Sí. Era como una película.

Y a la misma vez, estaba entre el público,

y me veía, sobre la enorme pared.

Como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.

¿Te imaginas que sea un sueño premonitorio?

Espero que no.

Y ya puedes ir cambiando a Salomé por la reina católica,

que iba más tapada y a tus padres les va a gustar más.

Toda la vida ilusionada con los escenarios

y lo mío es el cinematógrafo.

Las luces, las cámaras y ¡acción!

Templa, Cinta, que el productor todavía no ha dicho nada.

Pero lo dirá, ya verás.

Eso espero, que ayer bien que salió por patas.

Nadie le vio salir, ¿eh?

La verdad es que fue raro que no se quedara a hablar con nosotras.

También... A mí no me hagas caso.

Habría que ser besugo pa no darse cuenta del arte que tenéis las dos.

A la gente le gustó, no hubo malas críticas.

(HABLA EN EUSKERA)

Seguro que os dice algo muy pronto.

Camino, ¿a qué no sabes qué he soñado?

Cinta, calma, ¿no ves la cara que trae la pobre?

-He ido con Emilio a la productora de Alfonso Carchano.

Dice que de momento no va a hacer ninguna película con nosotras.

Yo pensaba que le había encantado la prueba.

Y yo. Le he preguntado,

pero don Alfonso dice que se lo tiene que pensar,

y que por ahora no.

Vaya.

Tan desilusionada me he quedado,

que Emilio se ha encarado con él, le he tenido que frenar,

que ya sabes cómo se las gasta mi hermano.

-Pero ¿quién se ha creído que es ese señor

para ir mareando a la gente de esa manera?

Sabíamos que era una prueba, pero a la gente le gustó, y mucho.

-Por eso mismo, a esto estoy de ir a su oficina

y cantarle las cuarenta. No se puede jugar así con la gente.

-No hay nada qué hacer.

Don Alfonso ha insistido en que ahora no y no.

Yo también estaba muy ilusionada, Cinta.

Tú no vas a hacer nada.

Cinta Domínguez del Campo no va a permitir que un cara papa

hiera mi dignidad y mi orgullo, no.

¿Y qué vas a hacer? Mandarlo a tomar viento.

-Oye, cuidao, que te lavo la boca con jabón.

Alfonso no es el único productor, así que,...

¡a tomar viento Alfonso Carchano! Cálmate, por favor,

que está mirando la gente.

En España tampoco hay tantos productores.

Me da igual. No pienso trabajar con nadie que no me respete,

y tú deberías hacer lo mismo.

-Si tú lo dices...

Grita conmigo.

¡A tomar viento Alfonso Carchano!

-Cinta.

Venga. A tomar viento...

(AMBAS) ¡Alfonso Carchano!

Por favor, las dos, que hay gente mirando.

Verás tu madre cuando se entere... Jesús, María y José.

(Llama a la puerta)

Me he enterado de que va a ser operada.

Los vecinos me han puesto al día.

-Así es.

-Me he acercado hasta aquí para...

desearle suerte y ofrecerle mi apoyo en lo que esté en mi mano.

-Gracias.

-Sé que ha rechazado mi compañía una y otra vez,

que está dolido y prefiere evitarme.

Pero lo considero mi amigo y tenía que volver a intentarlo.

-Mire,...

todo esto no está siendo fácil para mí...

y, dudo que su compañía sea lo que más necesito.

-Vale.

No insistiré.

Si necesita algo, cualquier cosa,

solo tiene que pedírmelo.

-Así lo haré.

-Espero que todo salga bien.

-Eso esperamos todos.

¿Se puede?

Claro, pasa.

Acabo de cruzarme con el policía. ¿Qué quería, ha pasado algo?

Una visita de cortesía... para ofrecer su ayuda,

como si él pudiera hacer algo para salvar a Marcia.

No seas tan cruel con tu amigo.

Eso no depende de él, sino del doctor Balaguer.

Lo sé,... pero me resulta imposible perdonarle.

Con el tiempo reconstruirás tu relación con Mauro.

Las amistades superan cualquier traba

que pueda encontrarse en el camino.

Sí,... supongo que tendría que ser así.

¿Y tú?

¿Mantienes alguna amistad real?

Tenía una amiga, pero desgraciadamente ya ha fallecido.

Se llamaba Marlén, y no hay día que no me acuerde de ella.

Seguro que erais muy amigas.

Las mejores.

Tu vida tampoco ha tenido que ser un camino de rosas,

como la de Marcia.

Hemos compartido la misma desgracia,

ser esclavizadas por hombres crueles y sin escrúpulos.

Yo con Cristóbal Cabrera y ella con ese indiano.

Así te pudras en el infierno Cesar Andrade.

No sé qué habría sido de mi vida

si Samuel no se hubiera cruzado en mi camino.

El me enseñó lo que era el amor desinteresado,

algo que hasta entonces ni pensaba que pudiera existir.

Yo he tenido la fortuna de encontrarme con él dos veces,

la primera con Celia,...

y ahora con Marcia.

Eres un privilegiado, Felipe,

por eso quiero ayudarte para verte feliz.

El amor lo puede todo

y no hay pareja que se ame más como tú y Marcia.

No sabes cuánto agradezco tus palabras.

He de marchar.

Se está haciendo tarde y debo recibir a los vecinos

que vienen a rezar por ella.

Nunca podré agradecerte todo todo lo que estás haciendo.

Por Marcia y por ti, Felipe.

Solo deseo que seáis felices.

Yo estaré rezando todas las horas que dure la operación.

Cuento contigo.

Buenas, doña Felicia, Emilio.

¿A qué se debe esta visita en horario del restaurante?

-Hemos aprovechado un momento de tranquilidad,

pero no nos demoraremos mucho, tenemos prisa.

-Ustedes dirán. Siéntense.

-Queríamos saber su opinión sobre la actitud de don Alfonso Carchano

tras la proyección de la bobina.

-Usted y su marido tienen años de experiencia en la farándula.

Estarán acostumbrados a tratar con este tipo de personas.

-Pues se equivoca, Felicia.

Uno nunca se acostumbra a que le den la espantá, como ha hecho Carchano.

-Esta mañana fui con mi hermana a verlo

y no nos dio ni una explicación de su marcha atrás.

No me parece serio.

-Ha sido organizar la proyección,

pagar las consumiciones de los asistentes y desaparecer.

No lo entiendo.

-La única explicación razonable que se me ocurre

es que haya conocido a otras actrices que le gusten más.

Dudo que Cinta y Camino fueran las únicas,

habrá hecho pruebas a más muchachas. -Insisto,

el mundo del espectáculo es caprichoso, pero no malqueda.

Eso es de fulleros y mala gente.

-Nos ha engañado a todos.

Pensábamos que era un hombre serio y profesional.

-Ni lo uno ni lo otro.

¿Cómo se atreve a rechazar a un pedazo de artista como mi Cinta?

Eso, sin hacer de menos a Camino, que estaba para comérsela.

-La verdad es que sí.

-Hacía tiempo que no la veíamos tan ilusionada con algo.

-¿Saben qué voy a hacer?

Plantarme en la oficina y hablar cara a cara con él.

¡Que a mí no me achantan ni presidentes ni generales!

¿Y qué le va a decir? -Mire,

de momento, voy a desahogarme, y luego lo que surja.

-Sintiéndolo mucho, marcho,

tengo que servir las meriendas, y si me da tiempo,

me gustaría ir al rosario que ha preparado doña Genoveva.

-¡El rosario!

Con toda esta bulla, se me había pasado.

-Apurémonos.

A ver si me da tiempo a llegar a los primeros misterios.

-Di que sí, Felicia, primero las obligaciones cristianas,

luego pensaremos cómo despellejar a ese mal nacío.

No tardo nada, voy a por el rosario.

-Dese prisa.

Bueno...

Clementísima, oh, piadosa,

oh, dulce siempre Virgen María,

(TODOS) ...ruega por nosotros, santa madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor,

amén.

Qué reconfortante es rezar el rosario junto a los más allegados.

-Sí. Y en un asiento cómodo,

que los bancos de la iglesia me dejan hecha un cuatro.

-Queridos vecinos,

quiero aprovechar esta vigilia para,...

para agradecerles de corazón

el cariño y el afecto que me están brindando en estos aciagos momentos.

Disculpen, la tensión y los nervios

me impiden expresarme como desearía.

-Lo entendemos, don Felipe,

no tiene que darnos las gracias.

Aquí todos lo hacemos de corazón, ¿verdad?

-Estamos a las duras y a las maduras.

-Lo sé.

Sin su ayuda, no podría sobrellevar estos momentos de angustia.

Quiero que sepan que...

tenerles aquí rezando por Marcia es,

es la mejor de las compañías.

-No se decaiga usté, don Felipe,

que esa muchacha nos necesita fuertes y enteros.

-Tiene razón, Bellita,

por eso les pido que no dejen de rezar por Marcia,

cuya suerte se estará decidiendo en este momento.

Genoveva,

gracias por traer al doctor Balaguer.

Tu generosidad y tu implicación no tienen precio.

Muchas gracias a todos por acudir a esta llamada tan especial...

y compartir estos momentos tan duros.

Casildilla, no te me vengas abajo ahora.

Ya verás como todo sale fetén.

-Ya, es que...

Me duele mucho, Lolita, tengo mucha pena por dentro,

porque yo la vi muy mal y no he sabido cómo ayudarla.

-El que le tiene que ayudar ahora es el doctor ese,

una autoridad mundial dicen que es.

-A mí, con que la cure, me sobran los diplomas y galones.

Mejor será que me vaya. Con Dios, Lola.

-Hay que ver el deterioro que ha sufrido Felipe,

ha perdido la color y la planta.

-¿Quién podía pensar que esa negrita le importara tanto?

-Ni él mismo hace unos meses. -¿Se va a retirar a su casa?

No le vendría mal descansar un poco.

-Lo sé, pero prefiero volver al hospital.

Quiero estar cerca cuando Marcia salga de la operación.

-Si no le importuna, me gustaría acompañarle a usted.

-Me parece perfecto.

Genoveva también me ha ofrecido su compañía.

-Iremos los tres juntos,

en estos momentos no sobran ni el apoyo ni la compañía.

Ay, Servando,

qué mal rato he pasado imaginando a Marcia

esperando a que ese médico tan importante la abra.

-No la imagines así.

Recuérdala mejor

cuando nos enseñaba palabras en su idioma.

-"Obrigada". Qué bonito que hablaba.

-Mujer, que no la ha espichao. ¿Quieres tomar algo?

-No, gracias.

Servando,...

¿por qué hay gente que viene a este mundo solo pa recibir palos?

Que no es justo, leche.

-No.

No es justo ni es evitable,

por eso prefiero no darle al magín con esos menesteres.

-¡A las buenas!

Prima, pero ¿qué te pasa?

-Pues... que vengo del rosario por Marcia.

Y tú qué, ¿por qué no te has pasao?

-Una no va ande no la invitan. -Y tú has ido

porque te lo ha dicho doña Rosina.

-Ya.

Y quizá no tendría que haber ido, porque el sofoco que me he llevado.

-Ay, tranquila, prima.

Oiga, Servando, ¿y usted pa qué me necesitaba?

-¿También te ha hecho venir?

-¿A qué iba a venir a estas horas? -Sí, sí, os quiero enseñar algo.

Venid y veis lo que he colgado.

¿Eh?

-No me he dado cuenta, si son las fotos de la prueba.

-Y vaya prueba, que no ha valío pa na.

Está también el retrato de Marcia.

-Sí, la señá Agustina me lo ha conseguido. ¿Os gusta?

-¿Por qué nos ha colgao a las tres a la vista de todos?

¿Pa que se rían de unas servidoras?

-Qué mal pensá y retorcida es.

-Piensa mal y acertarás.

-Solo quería hacer un pequeño homenaje

a las criadas de Acacias.

Y ya que no vais a hacer la película, por lo menos,

no teneros olvidadas en un cajón.

-Qué bonito, Servando.

¿No te parece bonito, prima?

-Perdone, Servando,

pero siempre había pensao que los homenajes eran pa los muertos.

A propósito, ¿qué ha hecho con el retrato de la tía Olegaria?

Me ha dicho Cesáreo que se lo había entregao a usté.

-Ah, sí, no, el retrato de la tía Olegaria

también tiene un sitio en mi pequeño museo.

-No juegue con la finada, que como se entere Jacinto, ya verá.

-Que no, que la tía Olegaria está colgada en la pared

de una habitación de un huésped que tengo moroso.

-¿Con un desconocío? -Claro.

Así, cuando él la vea con esa mirada,

o paga o se va.

-¡Qué cosas tiene Servando!

-La tía Olegaria va a ser más útil de muerta que de viva.

Le he traído un café.

Las enfermeras han sido tan amables de darme del termo que usan ellas.

-Gracias, don Ramón.

No creo que pueda ingerir nada en estos momentos.

-Se lo dejo aquí por si cambia de parecer.

-¿Cuánto tiempo más tendrán a Marcia en el quirófano?

-La lesión de Marcia era muy grave.

Apostaría a que todavía nos queda por delante mucha espera.

(Pasos)

Don Ramón, veo que se me ha adelantado con el café.

Hablaré con las enfermeras para que traigan algo de comer.

No se moleste.

Yo ya he tomado un refrigerio

y Felipe no está en disposición de meterse nada en el cuerpo.

Felipe, algo tienes que comer, no puedes desfallecer.

¿Te han dicho algo sobre la intervención?

Nadie sabe nada.

El doctor está operando con su propio equipo.

Apenas hay personal del hospital con ellos.

-Estas eminencias arrastran muchas excentricidades.

Lo que sea con tal de que la operación salga bien.

-Deberían volver a casa.

Me siento mal reteniéndoles aquí.

Poco podemos hacer,

solo angustiarnos. -No se preocupe.

Carmen está avisada y sabe que llegaré tarde.

No voy a dejarte solo.

Me quedaré lo que haga falta.

Daré una vuelta a ver si me entero de algo.

Agudizaré el ingenio para sortear el hermetismo del doctor.

Doña Genoveva está demostrando ser una gran mujer.

-Sin duda lo es.

No tenía yo a Genoveva tan piadosa.

-No te fíes, que organizar un rosario en casa,

tiene más de vida social que de devoción.

-Yo prefiero dar un ágape, qué quieres que te diga.

-Te conozco perfectamente, no lo jures.

Quien estaba irreconocible era Felipe.

-Demasiado bien está teniendo en cuenta lo que está pasando.

-He oído que está lidiando con gente de la peor calaña.

-Suerte ha tenido de salir vivo de todo esto.

-¿Qué va a ser del abogado si la chica acaba muriendo?

-Ay, no te pongas en lo peor, siempre igual.

-Esta vida es un valle de lágrimas, asúmelo.

-No, no lo asumo. Estoy harta de pensamientos tristes.

-Como si a mí me gustaran.

Pero una mira a su alrededor y se le cae el mundo a los pies.

-¿Qué tienes tú, querida? -Ay.

Si yo te contara...

-Cuenta, cuenta, porque no te veo tan mal.

La otra tarde sin ir más lejos,

bien entretenida que estabas de charleta en la terraza.

-No me acuerdo, sería un día cualquiera.

-Estabas con el amigo de Liberto, el diplomático.

-Ah sí, don Armando Caballero,

un hombre muy interesante y refinado.

Tiene un sentido del humor exquisito.

-Sí, ya vi como le reías los chistes,

por llamarlos de alguna manera, porque gracia poquita y justa.

¿Qué haces, te vas ya? -Ay, sí.

Se me hace tarde.

He quedado con prima lejana,

la que te comenté que había venido a la ciudad.

-Sí, ve, no se te haga tarde,

pero acuérdate, ¿eh?,

mañana por la noche, cena en casa, no me des plantón.

-Tranquila, que estaré.

-Casilda, acompaña a Susana a la puerta.

Casilda, ven.

¿Has hecho las compras que te encargué?

-Sí, lo tengo todo.

-Pues vete preparando la cena. -¿La cena?

Pero si es mañana, señora.

-Da igual, mañana tiene que quedar todo perfecto.

No quiero ni un fallo.

Y no le digas a nadie que también está invitado el amigo de Liberto.

-Claro como el agua clara.

-Pues venga, espabila.

¿Otra vez?

¿Vas a estar ganándome toda la tarde?

Madre, le digo lo mismo de antes, no me apetece jugar a las cartas.

¿Por qué insiste en que juguemos?

Porque no quiero que le des más vueltas al Alfonso Carchano.

¿Y cree que jugando al cinquillo se me va a olvidar?

No, pero aquí te tengo vigilá.

Na bueno se te puede ocurrir encerrá en tu dormitorio.

Ay, madre. ¿Cómo no le voy a dar vueltas?

¿No le parece que todo es muy raro?

Más que raro,

planchazo que nos ha dao ese sinvergüenza en la cara.

No se puede ser más tontas y confiadas.

Al menos, con Casilda y Marcelina no ha ido a más.

No compares tus hechuras con las de la chiquitina esa y la otra.

De nada me han servido.

Lástima que hayas tenido que probar en tus propias carnes

lo extraño y caprichoso que es el mundo del espectáculo.

(Puerta)

Deja que abra Arantxa. Ha salido un momento. Voy yo.

Niña, ¿quién es?

Es... don Alfonso Carchano, madre.

¿Se puede saber qué hace en mi casa?

-Doña Bella, me gustaría hablar con usted... a solas.

-¿A solas de qué? ¿Qué se ha creído usté?

-No la entretendré mucho, se lo prometo.

Me retiro a mi habitación, madre.

-Imagino que querrá pedirme mil perdones

por lo que ha hecho con mi hija, ¿no?

-Se equivoca, doña Bella, no he venido a eso.

-¿Ah, no?

Pues usté dirá. -No me andaré por las ramas.

He venido porque quiero que sea la protagonista de mi próxima película.

-Pues se siente, porque mi niña ya no está disponible.

Haberlo pensado antes.

-No me he explicado bien.

Me refiero a usted, no a Cinta.

-¿Yo, artista del cinematógrafo?

-Reconozco un talento en cuanto lo veo.

No dudo que su hija tiene gracia y soltura,

pero lo que yo busco es algo que solo usted tiene.

-¿Años? -No.

Duende y embrujo.

-Cierto, eso también.

Cualquiera que la haya visto sobre las tablas,

sabe que derrocha arte y talento.

No tengo duda de que en la pantalla será todavía mejor,

las luces, la magia de la oscuridad,

las cámaras sobre usted... Mis encuadres, claro.

-¡Que no! ¡Basta ya de tanta coba!

-Reconózcalo, doña Bellita,

es usted única e irrepetible.

-Y usted un embustero, que ha montao todo este lío para llegar hasta mí.

Vergüenza tenía que darle jugar con los sentimientos de unas niñas.

-Todo vale si el fin es bueno. -¿Sí?

Ahora me va a explicar bien claro de qué va todo esto.

Le doy un minuto antes de echarle a la calle.

Cálmese, hombre de Dios,

que está consiguiendo ponerme nervioso a mí.

-Disculpe, don Ramón,

pero conforme avanza la tarde, peores presentimientos tengo.

-Debería ser todo lo contrario.

Mientras los médicos estén interviniendo, es que hay esperanza.

-Dios le oiga.

Traigo noticias, acabo de hablar con el doctor Balaguer.

¿Han terminado ya? Ahora mismo.

He conseguido colarme cuando salía de la sala de operaciones.

¿Cómo está Marcia? ¿Puedo verla?

-Calma, Felipe, deje a Genoveva que se exprese.

El doctor me ha confirmado lo que nos temíamos,

que se trataba de una operación delicada.

La bala se encontraba alojada en una zona muy profunda

y han necesitado destreza y tiempo

para extraerla sin dañar ninguno de los órganos adyacentes.

-Entonces, ¿han sacado la bala? Eso ha dicho,

lo que no quiere decir que la paciente esté fuera de peligro.

Pero ella está viva, es fuerte. -Claro que sí, Felipe,

es joven, fuerte y saldrá adelante.

Ha insistido en que seamos cautos.

La operación ha sido un éxito,

pero no tiene ninguna certeza de cómo evolucionará la paciente.

Estas horas son cruciales.

-Anímese. De momento, el pronóstico resulta optimista.

-Me preocupa la poca certeza del doctor.

Puede ocurrir cualquier cosa. -Y no tiene por qué ser lo peor.

Don Ramón tiene razón,

tenemos que ser fuertes, sobre todo delante de Marcia.

-¿Cuándo podré verla?

En breve la traerán y podrás estar con ella.

¿Ahora? -Sí, ahora.

Al fin podrá ver a su querida Marcia.

Doctor, le acabo de poner al día al señor Felipe sobre la operación.

Pero tendrá un montón de preguntas que hacerle.

Doctor, estoy muy agradecido porque usted haya operado a Marcia.

Dele las gracias a ella por traerme.

-Les dejo para que puedan hablar con mayor tranquilidad.

Le acompaño, don Ramón.

-Gracias.

Gracias por todo.

Cuénteme, ¿cómo ha ido la operación?

Liberto.

¿Ya de retirada?

-Sí. Estoy deseando llegar a casa y ponerme cómodo.

-¿Mucho lío con lo del barco de los soldados?

-Conforme se acerca el momento, más frenéticas son las gestiones.

No podemos zarpar sin cerrar todos los permisos.

-Sé que ha visitado a don Felipe esta mañana.

Sí, estuve esta mañana a pesar del agotamiento que llevo.

-Sí, yo también.

Estoy deseando recoger a Lolita e irnos a casa a descansar.

-¿Asistió al rosario en casa de doña Genoveva?

-No he podido, pero bueno, fueron Lolita, Carmen y mi padre,

la familia Palacios estuvo más que representada.

-A mí me hubiera gustado pasarme,

pero me surgió una reunión y no pude ir.

Rosina me pondrá al día.

-Don Liberto, qué casualidad encontrarle,

ahora mismo iba para su casa.

-Les dejo a solas, que no quiero hacer esperar a Lolita.

-Claro que sí, Antoñito. Descanse.

¿Qué lleva ahí? -Dos orquídeas,

una para su mujer y otra para su encantadora tía.

-Es usted muy atento, don Armando, les van a encantar.

-Eso espero.

Don Ramón es encantador, ya no se ven caballeros con esos valores.

Son muchos años y muchas vivencias juntos.

He tenido que insistirle para que se fuera,

y eso que tenía gestiones pendientes.

Espero que no se presente aquí de noche.

Tú deberías hacer lo mismo.

Llevas aquí todo el día, tienes que estar agotada.

Prefiero quedarme.

La noche es larga y es mejor pasarla en compañía,

que no solo luchando contra los malos pensamientos.

¿Qué tal con el doctor Balaguer?

Bien, bien.

Ha sido muy amable explicándome la operación.

Genoveva,

gracias por todo lo que has hecho por Marcia.

No viviré lo suficiente para agradecértelo.

La agradecida soy yo por estar siéndote útil

a ti y a Marcia, claro.

(Pasos)

Ya la traen.

Marcia, cariño,...

¿qué te han hecho?

Hola, amor.

Marcia, cariño.

La operación ha salido bien. Te han quitado la bala.

En cuanto te recuperes, volveremos a estar juntos.

No sé por qué le hablo,

ni siquiera sé si me escucha. Seguramente no.

Me niego a aceptar que... Marcia no pueda sentirme.

Sería como asumir que no está,

y... no quiero, no quiero.

Mi amor.

Empezaremos de nuevo, ¿de acuerdo?

Se acabaron las pesadillas,

las amenazas, los miedos...

Voy a pedir un par de mantas, ¿quieres algo más?

No me dejes, cariño, por favor, no me dejes.

¡Genoveva!

Se ha movido.

Eso es imposible, Felipe. Estás muy cansado.

¡Te juro por Dios que ha movido los párpados!

No la atosigues, está muy débil.

Supongo que la obsesión me hace ver lo que no hay.

Es normal, no te preocupes.

¿Qué ocurre?

Marcia.

Marcia, mi amor.

Cariño.

¿Me oyes?

Gracias por todo.

Jamás podré pagarte lo que has hecho por nosotros.

¡No quiero explicaciones a medias, quiero la verdad!

-Está bien.

Mi interés fue siempre contactar con usted.

-¿Y pa eso embaucó usted a mi hija?

Lo peor es esa sensación de...

haber cometido un error.

Quizá Marcia esté en esta situación por mi culpa.

-Los errores pasados están ahí. No merece la pena volver a ellos,

salvo para asegurarnos de no volver a repetirlos.

-Haría lo que fuera por salvar la vida de esa muchacha.

Supongo que una de estas orquídeas será para Susana.

-Cuando la vea, habrá dos para ella. -Es usted tan atento.

Tan educado.

Es pronto para una completa seguridad,

pero las perspectivas son magníficas.

Alabado sea el Señor. -Dios ha escuchao las plegarias.

-¿No se alegra, Úrsula?

Me deja esta mujer con todo el trabajo...

¡Olegaria! ¡Tía Olegaria!

¡Tía Olegaria, ¡¿qué le ha pasao?! ¡Tía Olegaria!

Tía Olegaria.

Olegaria, que... ¿Eh?

¿Por qué me ayuda Genoveva? -No lo sé.

Supongo que todos estábamos muy equivocados

cuando pensábamos que era una mala persona.

-Creo que lo es.

¿Dónde va a dormir? -En casa de don Felipe.

Me lo ha dicho Casilda. Lo sabe de primera mano.

Ha ido al hospital y se lo han dicho Marcia y don Felipe.

¡Qué desgracia, que me tengo que ir! -¿Qué ha pasado?

-Una de mis mejores amigas se ha caído por la escalera.

-¿Qué amiga? -¡No la conoces!

Quédate con don Armando. Vuelvo en un santiamén. Perdón.

¿Podrías entregar este sobre a don Liberto?

-Sí, na más llegar al barrio. -Agradecido.

Mucho dinero es ese para tenerlo fuera de la caja fuerte.

Debo hacer un pago urgente.

¿Puedo preguntarle a quién? Al armador del barco.

Por lo que yo sé, mañana tiene una reunión con él en el banco.

¿Estaba escuchando, Úrsula? Es mi obligación.

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Acacias 38 - Capítulo 1105

25 sep 2019

Liberto y Rosina organizan una cena trampa para Armando y Susana, buscando un mayor acercamiento entre ambos, pero se ven en un problema, les han citado en días diferentes. Susana tiene la sospecha de que Armando puede sentirse atraído por Felicia.
Las pruebas de cámara de Cinta y Camino han sido un éxito, pero las chicas se enteran de que Alfonso no las quiere para ningún proyecto. El productor aparece en casa de los Domínguez y confiesa a Bellita que quiere que ella sea su estrella.
Genoveva organiza un rosario para pedir por la operación de Marcia en el que Felipe le da las gracias públicamente a la viuda Bryce. El abogado aguarda el resultado de la operación de su amada ¿Habrá salido todo bien?

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