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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1103 - ver ahora
Transcripción completa

Mi corazón sigue perteneciendo a Marcia.

Eso no va a cambiar.

No pretendo que lo haga.

Pero mis sentimientos hacia ti son tan intensos, que no me importa.

-Andrade no es tonto, sabe que si nos da nombres,

se expone a perder la ayuda de los que le apoyan desde fuera.

-Esto no puede quedar así, necesito esos nombres,

especialmente el de Úrsula,

que sufra las consecuencias de haber comprado a Marcia en su día.

-Seguro que se lo lleva de calle.

No hay muchas sastras con tanta experiencia como usted.

-No se crea, se presenta gente de todo el país.

-Mi restaurante no tiene capacidad para toda la gente que va a acudir.

-¿Va a venir mucha gente?

-Hasta es posible que acuda una prima del Rey.

Va a ser uno de los eventos del año.

Antes de nada,

me gustaría comprobar cómo se mueven ante la cámara.

¿Qué les parece si rodamos un par de bobinas?

¿Ahora mismo?

-Aquí dice que han detenido a César Andrade,

un terrible traficante de mujeres.

Mi más sincera enhorabuena.

Es usted una campeona de tomo y lomo.

-Eso me han dicho los del jurado,

que el diseño que he presentado era el colmo de la modernidad.

Me van a dar la aguja de oro.

-Felipe lo hizo empujado por el amor que siente por esa mujer

y, Mauro, por obligación.

-¿Cómo por obligación? -Mauro sigue siendo policía.

¿Tú quieres que yo me lleve el retrato, no?

-Más que que me toque la lotería. -Tráelo, que me lo bajo,

pero... vas a tener que hacer algo a cambio.

"La policía no descarta que realizar nuevas detenciones

en las próximas horas".

¿Seguro que no le ocurre na?

La encuentro mu descompuesta.

Estoy bien. Será la impresión por el suceso.

-Tía, permítame presentarle a don Armando.

-A su servicio, señora.

Creo que me he equivocado contigo. Yo solo busco tu bien.

Nunca lo dudes, esa es la única verdad.

Debo reconocer que me pica la curiosidad

por ver ese diseño digno del premio.

¿Qué fue exactamente lo que la inspiro?

-¿Qué sucede? Me estás asustando.

-Vámonos. No quiero estar aquí, me encuentro mal.

Marcia, cariño, abre los ojos, dime algo, por favor.

Amor.

Gracias.

Dígale al doctor que espero con ansia su visita.

Marcia, cariño.

Por fin estamos juntos de nuevo.

Te pondrás bien.

Te lo prometo.

Da igual lo que digan los médicos.

No permitiré que nada te pase.

Ni la cruel parca se atreverá a separarnos.

Aquí tienes tu colgante,

del que nunca deberías haberte separado.

El que te regaló tu madre.

Lo he guardado como...

la más valiosa de las joyas.

Me he aferrado a él

en los momentos en que llegué a pensar que no te encontraría,

incluso cuando pensaba que ese maldito

te encerraría y no te entregaría a mí.

Mi amor.

Pero todo ha pasado.

Ya no puede hacerte daño.

Por eso tienes que recuperarte,...

para vivir la dicha que nos espera juntos.

Te pondrás bien, mi amor.

Lucirás este colgante

el día que anunciemos ante todos

nuestro inquebrantable amor.

(LLORA)

¿Estás bien?

(Sintonía de "Acacias 38")

Mi hermana y mi novia están muy ilusionadas con las pruebas.

-No es para menos,

es una gran oportunidad para ellas.

-Por ese motivo, no me he opuesto,

sin embargo, no termino de estar tranquilo.

Lo suyo hubiese sido consultarlo antes con los padres de Cinta.

Comprenderá que no deseo tener problemas con ellos.

Ni con mi madre.

Hubiese preferido que ella diese el visto bueno.

-Escúcheme, don Emilio,

créame que comparto sus inquietudes.

A mí también me hubiese gustado conocer

a las madres de mis actrices.

De hecho, me extraña que no estén aquí con ellas,

es lo habitual en estos casos.

-Ya. No les ha resultado posible

-Es de lamentar.

Su presencia resultaría muy tranquilizadora.

No debo afrontar el gasto que supone rodar una película

sin tener su autorización.

Imagínese que una vez rodada,

los padres de las artistas se opusieran a su estreno.

Quizás fuese mejor olvidarse de momento de la prueba.

Si le parece bien, paramos

y hablamos primero con los padres de Cinta y con su madre?

-¿Pararlo ahora?

¡Olvídelo!

¡De eso nada!

¿De verdad que estás bien?

Sí. Felipe, le repito que no debe preocuparse por mí.

Ya ve que en eso no la obedezco.

¿Qué ha podido pasarla para sumirle en semejante tristeza?

El ver...

cómo le hablaba a su amada me ha removido por dentro, Felipe.

Me ha traído amargos recuerdos.

¿Samuel?

Para mi eterna desdicha, sé bien lo que es perder al verdadero amor,

al único dueño de nuestro corazón.

Quiera Dios que Marcia, en su estado,

haya podido escuchar las bellas palabras que acaba de dedicarle.

Yo no tuve tal consuelo.

Frases muy parecidas a las que acaban de salir de sus labios

le dediqué a Samuel,

pero ya era tarde,

él no podía escucharme,

en mis brazos ya solo había un cuerpo sin vida.

Lo siento.

Se lo agradezco.

Pero no tema,

estoy segura que el destino le tratará con más condescendencia.

A pesar de su gravedad, Marcia salvará la vida

y podrá repetirle esas palabras.

Déjeme que le ayude a cumplir tan bello deseo.

Temo que ya no esté en nuestras manos.

No podemos rendirnos.

Cuenta con todo mi apoyo y fortuna para salvar la vida de Marcia.

Yo no pude salvar a mi amor,

a cambio, deje que trate de salvar de su amada.

Muy bien. ¿Preparadas?

Rodaremos una bobina muy corta para ver cómo se mueven ante la cámara.

Tenga claro que las mil maravillas.

-¿Tanto trabajo solo para una bobina?

-Es más que suficiente.

La próxima vez, si quieren y para evitar problemas,

pueden venir ya con sus madres.

No sé si tal cosa será posible. Mi madre es extremadamente casera.

¿Ni siquiera va a sacarla de casa

ver a su hija convertirse en una estrella del cinematógrafo?

Seguro que prefiere quedarse con mi padre tan tranquila.

Pero insisto en que no hay qué preocuparse,

mi familia no pondrá ninguna pega a mi carrera, téngalo seguro.

Eso espero.

Retoca el maquillaje.

Todo el mundo a su posición.

Vamos a comenzar el rodaje.

¿Ahí?

¿Eso entiende por maquillarme? ¿Ensuciarme la cara?

Descuide, Camino, descuide,

le aseguro que está perfecta como pobre aldeana.

Y no tema,

por mucho que la ensuciemos, su rostro seguirá siendo bello.

Muy bien. Vamos a rodar. Todos listos.

Camino, fuera de cuadro.

Silencio.

Motor, rueda

¡y... acción!

Siga mis indicaciones, Camino.

Va caminando por el prado

de vuelta a su modesta choza.

Cuando de pronto,

descubre una cesta de comida,

abandonada.

Qué bien huele. Ábrala.

Nunca había visto unas viandas tan sabrosas.

Se lleva la mano al estómago,

tratando de contener su hambre.

Por un momento,

parece que va a seguir camino,

pero la tentación es demasiado fuerte.

Así que, decide

robar un trozo de pan de la cesta.

Qué hambre.

Sí que es buena actriz, que antes toqué el pan

y estaba duro como una piedra.

-Creo que llegó tu turno.

-Para su desdicha,

en ese momento, la dueña de la cesta

regresa.

Se trata de una rica heredera.

La dueña de la cesta le regaña.

Le regaña.

La pobre aldeana le explica que solo tiene hambre.

¡Corten! Maravilloso.

Sabía que mi intuición no me fallaba.

Tengo delante de mí

a dos fulgurantes estrellas de la interpretación.

¡Bravo!

Eh... Traed la fuente.

Ahora mismo les explico como sigue la historia, ¿de acuerdo?

-Parece que todo marcha como la seda.

-Así es, don Emilio.

Aunque me temo que hay un pequeño problema.

No tema.

Tan solo necesitaría que me prestara algo de dinero.

-¿Cómo dice?

-Por desgracia, no he podido ir al banco.

Y necesito liquidez para mandar a revelar de urgencia la bobina.

La prueba está saliendo tan bien,

que quisiera poder mostrarla cuanto antes.

Mañana, en cuanto cambie un cheque,

le mandaré un mozo al restaurante con el dinero.

Deja de dar vueltas con la cuchara a la sopa, que la vas a marear.

-Rosina, haz el favor.

-No me regañes a mí, sino a ella. No habla, no come.

Solo suspira como un alma en pena.

Susana, ¿de verdad no nos vas a contar qué diantres te sucede?

-Ay...

-Si vuelves a suspirar, no respondo.

-Tía, nuestra intención no es presionarla.

-No será la tuya.

-Pero estamos muy preocupados por usted.

Reconozca que su reacción de esta tarde no ha sido normal.

He tenido que disculparme con los vecinos y don Armando.

Está claro que algo le sucede.

-Y también que no parece tener intención de contarlo.

-Tía, confíe en nosotros.

Tan solo queremos ayudarla.

-Dudo que eso esté en la mano de nadie.

-Al menos, ha salido algo más de su boca que un suspiro.

-No podremos hacerlo, si no nos lo cuenta.

-Está bien, os lo contaré todo.

Pero creedme que no me resulta sencillo,

no sé ni por dónde empezar.

-Prueba a empezar por el principio.

-No merezco el premio del concurso.

-No digas sandeces. No te quites méritos.

Nunca has pecado de modesta.

-No se trata de modestia, sino de la pura verdad.

El modelo que envíe no es mío, sino de mi hijo Leandro.

-No es posible.

-Orgulloso de su obra, me lo envío junto a una de sus cartas.

Lo realizó para la firma en la que trabaja en París.

Si Leandro llegara a saber que le he robado el patrón,

se moriría, y sus jefes lo despedirían, seguro.

-Eso es más que probable, no te voy a engañar.

-Estoy avergonzada.

Necesito que me ayudéis. Esto no puede salir de aquí.

Cuanto menos se vean los patrones, mejor.

-Eso va a ser muy difícil habiendo ganado el primer premio.

Quizás deberías buscar una excusa para renunciar al premio.

-Sería lo mejor,

no puedo ni pensar en ir a la cena de entrega de premios,

a esa cena de entrega de premios.

-No lo comprendo, tía.

No sé cómo ha podido hacer algo así.

No es propio de usted.

-Pues...

No sé cómo explicártelo...

Me sentía tan frustrada.

Temía hacer el ridículo...

en un concurso para principiantes.

-Pues ahora no es que te hayas lucido.

Marcelina, da gusto ver cómo atiende el negocio.

¿Qué? Un poco más y la pillo durmiendo.

No sería por falta de ganas, señorita,

que una está baldá.

Apenas he pegao ojo esta noche, y por culpa de mi marío.

Mire, que yo tampoco quiero saber de ciertas intimidades.

Descuide, que no me refiero a nada deshonroso.

Lo que sucede es que el Jacinto no tuvo mejor ocurrencia

que traerme el retrato de su difunta tía a casa.

¿Y eso le quitó el sueño? El sueño y casi la vida del espanto.

Como que sentía su mirada pegá en el cogote todo el tiempo,

incluso en alguna ocasión, me pareció escucharla criticándome.

Qué cosas tienes, Marcelina. Estarías soñando.

Eso espero.

Hablando de retratos,

quería enseñarle uno que le va a quitar el sueño.

Mire qué retratos nos hizo don Alfonso.

Arrea, que par de bellezas.

Estoy por llevarme una fotografía y pegarla encima de la vieja.

Cómo le gustaría a una hacerse unos retratos así y probar suerte.

¿Y qué se lo impide? Niña, que una no tiene su percha.

Ni falta que hace.

Vaya a producciones Carchano y hable con don Alfonso.

Seguro que no tiene inconveniente en hacerle fotos de prueba.

Antes debería tratar de convencer a Casilda,

pa que me acompañe y haga pareja artística conmigo.

Porque a uste no le interesaría, ¿verdad?

Lo lamento, yo ya estoy comprometida con Camino.

Lo comprendo, pero es una lástima.

(BOSTEZA) En seguro que teníamos mucho futuro juntas.

¿Por qué no cierra el quiosco y se pega una cabezadita?

Así, ni va a poder trabajar ni se va a hacer retratos.

Ya me gustaría, pero no puedo.

A primera hora de la mañana es cuando hay más clientela.

Tendré que esperar a la hora de la siesta.

Dudo que llegue despierta.

Con Dios. Con Dios.

(BOSTEZA)

¡Jacinto, ven acá pa acá!

-¿Cómo está lo más bonito del barrio?

-¡Más dormía que despierta!

-¿No me digas que mis ronquíos te han vuelto a desvelar?

Si son de los más melodiosos. -Sí,

tanto como una manada de elefantes.

Pero esta vez, la culpa no es tuya del to, sino de tu tía.

-¿La Olegaria?

Si desde el cielo no te puede hacer na de na.

-Fastidia más que viva.

Ya te irás acostumbrándote a verla.

-Ah, no, hay una solución más sencilla,

que tires el cuadro a la basura.

-¿Cómo voy a hacerle eso? Ya me he comprometío.

-¡¿Comprometerte con quién, eh?!

-Con, con, con... nadie.

-Ah. -Con nadie, con nadie.

Con uno mismo, me hice la promesa de respetar a mis muertos.

-Más te vale respetar también a tu esposa, si no quieres reunirte

muy pronto con ellos. -Hablando de to un poco,

¿has hablado con Casilda, del tema de los retratos?

-Pues no.

¿Acaso, tú sí?

¿Ha accedido a ir conmigo? -Sí.

Claro que ha accedido. Se ha comprometío con un servidor.

De hecho, ahora mismo voy a buscarla

pa saber por qué no ha venido pa quedar contigo. Hasta ahora.

-(SUSPIRA) ¡Voy a ser una estrella!

Estaba ansioso por escuchar sus noticias, Liberto.

-Lo sé, por eso he venido en cuanto ha terminado la reunión.

-¿Cómo ha ido el encuentro con Máximo?

-A las mil maravillas.

Me ha asegurado que agilizará las gestiones con el ministerio

para que el barco pueda zarpar a Marruecos.

-¿Tienen ya el listado de los soldados que precisan atención?

-Sí. Pero las noticias que llegan no son buenas.

Esta semana ha habido decenas de bajas,

y es urgente mandar un barco para los que quedan con vida.

-Lamento escucharlo.

La situación es aún más grave de lo que creíamos.

-Ha sido la primera reunión

en la que siento que el ministerio está presionando

para que el proyecto salga adelante

y no ser nosotros quienes tengamos que andar detrás de Carratalá.

-Se puede apreciar por la urgencia con la que le han citado.

Muy temprano ya estaba usted reunido.

-Sí, la agenda del comisionado del ministro

empezaba conmigo a las siete y media de la mañana.

-Es grato escuchar que los políticos

están tomando cartas en el asunto.

-Esperemos que no sea demasiado tarde.

-Cambiando de tema, Liberto,

no he tenido oportunidad de preguntarle por su tía.

¿Cómo se encuentra?

Su reacción de ayer me dejó inquieto.

-No tiene que preocuparse.

No es nada grave, simplemente,

la mujer estaba inquieta por el premio, nada más.

-¿Está seguro de que se trata de eso?

Su tía es una gran profesional, y a estas alturas,

no creo que no haya sabido encajar su triunfo.

-Más extraño le va a parecer lo que le voy a contar.

Mi tía ha renunciado al premio.

-Disculpe, don Ramón, no sabía que estaba reunido.

Su esposa me ha abierto la puerta. -¿Sucede algo, don Mauro?

-Quería hablar con usted.

-En tal caso, no les entretengo más.

Por cierto, don Mauro,

quería felicitarle por la operación Manaos.

Aunque lo más importante es que Marcia salga con bien de esta.

-Nada deseo más.

-En fin, no les entretengo más.

Don Ramón, luego terminaré de contarle lo de mi tía.

-Con Dios. -Con Dios.

-Bueno, siéntese.

Usted dirá.

-Verá, vengo a hablarle sobre Felipe.

Preciso que me haga un gran favor.

Ea, aquí tienes tu chocolate, Camino.

-Agradecida, Lolita. Son las favoritas de mi madre.

-Camino, qué agradable casualidad.

Luego iba a pasar por el restaurante a preguntarte por los retratos.

-Es verdá, ibais a ir Cinta y tú a ver a ese productor.

-Así es.

Y no podemos estar más satisfechas.

Los retratos quedaron fetén.

-¿Qué otra cosa se podía esperar con unas modelos tan pintonas?

-Claro. A ver si luego nos los enseñas.

-Los tiene Cinta, ya le pediré que los traiga.

Pero los retratos no son los única novedad.

El productor ha decidido...

rodar una bobina de cine para ver cómo nos movemos ante la cámara.

-¿Y cómo quería que os movierais? Cómo to el mundo, digo yo.

-Con soltura y desparpajo, Lolita,

que hay personas que se quedan paradas delante de una cámara.

-Es de entender.

Yo misma, yo creo que no sería capaz ni de sonreír de la vergüenza.

-Por eso, don Alfonso quería probarnos

antes de hacer una película entera.

-Ay, van a ser todas unas estrellas.

-Ojala.

Rezaré para que la bobina salga bien

y terminemos haciendo una película. -Téngalo seguro,

aunque no serías la primera estrella

que pasa por este barrio.

Que el difunto esposo de Casilda hizo unas cuantas películas.

-¿De verdad?

Quizás las haya visto, y yo sin saberlo.

-No, Camino, seguro que no las has visto.

Te lo digo yo.

Eran películas cochinas.

-No la entiendo.

-Mejor que mejor.

Hombres y mujeres medios desnudos besándose y haciendo marranás.

-Ah, no, no, no, ese riesgo no existe con don Alfonso.

Es un productor serio.

-Todos lo parecen hasta que dejan de serlo.

Tú fíate de la virgen y no corras.

-Emilio no deja que vayamos a la productora solas.

-Eso está bien.

Está bien que os proteja, que os cuide.

-Sea, pero no es menester.

Se ve a la legua que don Alfonso no es un desaprensivo.

No tiene segundas intenciones.

¿Te lo apunto?

Aún me extraña la reacción de ayer de doña Susana.

-Yo tampoco me lo explico, no fue propia de ella.

-Créanme que no era mi intención molestarla.

Tan solo deseaba felicitarla por su premio,

no pensé que eso la pudiera hacer llorar.

-No se disculpe, don Armando, que no tiene de qué avergonzarse.

Qué casualidad, Liberto, siéntese. Estábamos hablando de su tía.

-¿Cómo se encuentra? Nos dejó muy preocupados.

-Quería hacerle llegar mis disculpas por importunarla.

-Descuide, que no será necesario.

Simplemente, estaba inquieta por el premio.

No obstante, estaba ella meditando una resolución al respecto.

-Mi tía ha decidido renunciar al premio.

-¿Por qué motivo? No lo comprendo.

-Porque no le gustaba.

No se sentía a gusto ganando el premio a unos noveles

cuando ella partía con tanta experiencia.

-Eso sí es cierto, una larga carrera la avala.

-Eso es.

Por eso prefiere rechazar el premio

y dárselo al segundo clasificado, que es una modista más joven.

-¿De verdad su tía va mostrarse tan desprendida?

-Sí.

Está convencida de que hay que dejar paso a los jóvenes.

-¡Qué generosa y qué honesta! Tal gesto la honra.

-Yo, en su caso no hubiese hecho lo mismo.

-Luego la felicitaré en persona. Ahora, si me disculpan...

Antoñito, ¿podría echar un vistazo a la cafetera?

Creo que hay que ajustar unas piezas.

-Sí, lo miramos en un momento. Si me disculpa...

-Disculpe... que me inmiscuya, don Liberto.

No quería hablar delante de los otros, pero...

¿esa es la razón por la que su tía va a rechazar el premio?

-Eso he dicho.

-Es extraño, esta mañana, viniendo para acá,

me crucé con ella y me huyó como alma que lleva el diablo.

-No sé, quizá...

estaría avergonzada por haber perdido la compostura ayer.

-Eso pensé. Por eso me extraña tanto lo que ahora me cuenta.

Parecía muy afectada,

y no solo por estar pensando en retirarse

por favorecer a los jóvenes talentos.

Entiéndame,... no quiero incomodarle.

Tan solo quería saber si podía ayudarla en algo.

-Se lo agradezco, pero no. No será necesario.

No es nada grave.

Simplemente, mi tía está más sensible de lo normal.

Echa de menos a sus hijos, que viven en el extranjero,

y a su nieto menor al que solo ha visto una vez.

-¿Solo una vez?

-Sí, solo una vez. Viven en Génova

y,... de ahí que la distancia

le está pasando factura y esté más baja de ánimo.

Disculpe, un café solo, por favor.

Al fin vuelve a tener su colgante.

Nunca se separaba de él.

¿Significa mucho para ella, no es así?

Es el único recuerdo que le queda de su madre.

Cuesta imaginar todos los horrores...

por los que ella y su familia tuvieron que pasar en Brasil.

Felipe, ¿puedo hacerle una pregunta?

No puedo evitar sentir curiosidad.

¿Cuánto sabe del pasado de su amada?

Si le soy sincero,... apenas nada.

¿Y no le importa?

¿No teme que haya algún hecho que le pudiera desagradar?

Eso es imposible.

Para mí, Marcia nació el día que la conocí.

Además,... cuesta imaginar qué hecho podría ser más horrible

que lo que ya hemos pasado.

Supongo que a la pobre le resultaría muy difícil

hablar de su pasado.

¿No te contaba nada de su vida en Brasil?

Me quedó bien claro desde un principio que,

su pasado es más tortuoso y...

que es mejor no remover.

La comprendo.

Hay episodios de la vida que es mejor dejar atrás

y no recordar nunca más. Pobrecilla.

Don Ramón, no le esperaba.

-Venía a interesarme por Marcia.

¿Hay novedades?

-Sigue inconsciente.

Las horas pasan y...

la bala sigue dentro de su cuerpo.

-Debemos aguardar un milagro entonces.

-Hace tiempo que dejé de creer en ellos.

Solo queda esperar

el fatal desenlace.

-Lo lamento de corazón, Felipe.

Ojalá esté equivocado.

Voy a aprovechar que Felipe está en buena compañía

para ir a casa un rato.

No hace falta que vuelvas.

Llevas horas y horas acompañándome. No tiene por qué hacerlo.

Se equivoca.

Sí que debo apoyarlo en estos momentos tan difíciles.

Con Dios. Gracias.

-Felipe, hay otra razón por la que he venido.

Mauro me ha pedido que hablara con usted.

-En tal caso, podría haberse ahorrado el camino.

No quiero oír hablar de él. Por su culpa ha ocurrido esto.

-Felipe, se lo ruego, no hable así.

¿Es preciso que le recuerde

que durante años me culpabilizó de la muerte de Celia?

Pase lo que pase con Marcia,

no repita ese error, sea justo con Mauro.

-Ramón, sé que habla por mi bien,

pero sus palabras no me hacen olvidar un simple hecho.

-¿Cuál?

-Que cuando estaba a punto de resolverlo todo,

llegó la policía estropeándolo.

Si Marcia muere,

jamás podré perdonar a Mauro.

¿Vienen de parte de Camino y Cinta? -Así es.

Creen que podemos tener dotes innatas.

-Sí, sin duda las tienen.

-¿Has visto?

Ha dicho que tenemos futuro como estrellas.

-Pues muy bien, terminemos con la prueba cuanto antes.

Marcelina, su turno.

-¿No va a maquillarnos como a Cinta y Camino?

-No, no hace falta. Las prefiero más al natural.

¿Empezamos?

Adelante, colóquese. -Espera.

Así. -Gracias, prima.

-Muy bien. ¿Preparada? Ahí vamos.

-¿Así estoy bien?

-Muy bien, perfecta.

-Pero ¿no cree que en esa postura se va a descoyuntar?

-Está perfecta, está perfecta.

Ahí va.

¿Lista? Ahí va.

Muy bien.

La siguiente.

-¿No he salío con la boca ligeramente abierta?

-"Ligeramente" dice, si parecía un hipopótamo.

-Uy.

Échele unas cuantas fotos más a la chiquilla.

-Unas cuantas fotos más, como mucho, un par, un par de fotos.

No sabe lo caras que cuestan, niña. Venga.

Preparada, lista...

Hecha una.

Cambio.

Ya está.

Bien. Venga, la siguiente, vamos. -¿Yo?

Venga, ¿preparada?

Sonría. Y...

Listo. Muy bien, hemos terminado.

-Un momento, a mi prima le ha hecho mas fotos.

-Sí, sí. -Venga, le hago otra.

Un, dos, tres y...

Hecho. Muy bien.

Ahora sí. Hemos terminado, muchas gracias.

-Soy la quiosquera de la calle Acacias,

ahí podrá encontrarme si mi cara, tan cinematográfica,

le inspira pa alguna película. -Descuide,

que tardaré en olvidarme de ustedes.

Venga, por aquí la salida.

-Con Dios. -Con Dios.

(RESOPLA)

Ese productor tiene buen ojo. -Y usted que lo diga.

Ahora, la niña tiene arte, y Caminito también.

-Esa muchacha es una caja de sorpresas.

Ahora no solo habla, también posa y actúa.

-Con lo poquita cosa que parecía.

-Pues mírala ahora.

Ese tal don Alfonso Carchano

sabe sacar el duende que las niñas tienen escondido,

y eso solo lo saben hacer los artistas.

-Ya veo que le tiene conquistado.

Lástima que la señora no sea tan entusiasta,

mantiene sus dudas al respecto.

-Ea. Y no solo las mantengo, sino que se triplican.

-No seas mal pensada, amor mío.

-Piensa mal y acertarás, Jose. Y deberíais seguir mi ejemplo.

¿Sabes de qué me acabo de enterar?

-Dime.

-Al parecer,

ayer mismo, ese artista le dio un sablazo a Emilio,

con la excusa de que no tenía suelto para pagar al laboratorio.

-¿Estás segura de eso? -Digo.

-Pues muy profesional no parece. -Nones.

A no ser que sea un profesional del timo.

Juraría que ese pollo es un sacacuartos.

No sería el primero que nos encontramos,

el primer sinvergüenza

que trata de aprovecharse de aspirantes a artistas.

¿O me equivoco?

-(AMBAS) Valiente elemento.

-Espero que os equivoquéis las dos.

La niña está muy ilusionada.

Y Camino parece que mucho más.

-A ver la foto.

Qué guapa mi niña.

Le agradezco de corazón su dedicación, Liberto.

Nunca hubiésemos logrado nada sin usted.

Solo estoy cumpliendo con lo que me comprometí.

Y lo está logrando sobradamente.

Ha logrado evitar que la relación con el ministerio se enfríe.

Se ha convertido en el líder de la iniciativa,

y por eso le estoy profundamente agradecida.

No es menester que lo haga.

Es usted la verdadera heroína que está tras la iniciativa.

Y don Ramón como yo sabemos que si no fuera

porque está apoyando a Felipe, hubiese hecho aún más.

Felipe necesita el apoyo de los que le estimamos.

Hace un rato dejé a don Ramón junto a él en el hospital.

En tal caso, ahora le veré. Precisamente,

después de pasarme un momento por casa, iba a ir.

Quería interesarme por Marcia.

Las noticias no son buenas.

Esa pobre muchacha precisa de todas nuestras oraciones.

Vaya. No sabe cuánto lamento escuchar eso.

Que tenga un buen día, Genoveva. Con Dios.

(Pasos)

(Puerta)

Señora, estaba esperando a que se quedara sola.

Han traído este telegrama.

Debería habérmelo dado al momento.

Discúlpeme, no sabía que era tan urgente.

Es del doctor Balaguer, desde Barcelona.

Se trata de un prestigioso cirujano

especializado en operaciones que Marcia necesita.

No comprendo.

¿Me está diciendo que está tratando de salvar su vida?

Sí, le he pedido que la opere.

Yo correré con los gastos.

¿Por qué haría tal cosa?

Lo he pensado, Úrsula.

Un Felipe deshecho, de luto eterno,

está lejos de ser el hombre que quiero disfrutar.

Es mejor que Marcia salve su vida. Luego, ya sabré qué hacer

para separarla de su amado para siempre.

Téngalo seguro.

Susana, no es que quiera echarte.

Pero ya has comido con nosotros y acabamos de merendar juntas,

¿no crees que la cena podrías hacerla en tu casa?

-No me veo con fuerza para salir a la calle.

Se me cae la cara de vergüenza de tan solo planteármelo.

-A este paso, tendremos que servirte también el desayuno.

Susana, querida, ¿no te das cuenta de que resulta ridículo?

¿Qué vas a hacer, quedarte encerrada en mi casa?

-He llegado a considerarlo.

-Me lo temía.

Alguna vez tendrás que enfrentarte con los vecinos.

Y cuanto antes mejor,

así podrías respaldar la mentira que está contando Liberto a todos

sobre los motivos por los que no aceptas el premio.

-¿La aceptaran?

-Si das la cara y no tuviese ese aspecto de funeral,

es más que probable.

-¿En qué momento se me ocurrió apropiarme

de los patrones de Leandro? -A lo hecho pecho.

Olvídalo y sigue adelante.

-Mi esposa tiene razón, tía.

No le dé más vueltas a su error o podrá con usted.

-Quizás lo mejor sería que pusieras tierra de por medio.

-¿Pretendes que abandone la ciudad por una tontería?

-Tan solo temporalmente.

Podría aprovechar para visitar a Simón y su familia.

Todo el mundo se olvidaría del asunto y ella se calmaría.

-No es mala idea, tengo muchas ganas de verlos.

-Si lo desea, puedo ir organizándola el viaje.

Mientras tanto, puede quedarse con nosotros lo que desee.

-Por supuesto, con permiso o sin él,

me temo que eso era precisamente lo que ibas a hacer.

Muchas gracias, Servando. -Muchas gracias a usted.

Ya sabe dónde está su casa. Le acompaño.

-Con Dios. -Con Dios.

Ay, ay, ay...

-Buenas. -Muy buenas.

-Servando, ¿hay alguna novedad respecto a Marcia?

-Ninguna.

la desdichada está más muerta que viva, con esa bala en el cuerpo.

La Fabiana ha ido con Agustina a la iglesia a pedir un milagro.

-Ojalá sus oraciones sean escuchadas.

¿Y a este qué le pasa, que parece un alma en pena?

Desde luego que lo parece, y así se comporta.

Lleva media hora refunfuñando con el café.

-Póngame un cafetín. -Ahora mismo.

-¿Estás bien, Jacinto?

-Pues no, Cesáreo, pa qué voy a engañarle.

Mi Marcelina, que está de uñas con uno.

Ha pasao una noche de espanto por culpa del retrato de mi difunta tía.

Que no ha pegao ojo en toda la noche.

-Tampoco es tan grave,

esta noche ya dormirá mejor, y asunto arreglado.

-No es tan fácil.

Ahora me acusa de haber acabao con su carrera de actriz.

-Ahí me he perdido.

-Ha marchao a hacerse unas fotos de prueba con un productor de postín,

con la mala fortuna que ha bostezao justo cuando le hacían el retrato.

-¿Y te culpa a ti de no haber podido dormir?

-Ea, eso es, lo ha adivinao.

Ya puedo rezar pa que la contraten como actriz,

o lo voy a pagar con creces.

-Haz caso a mi consejo, Jacinto.

Arregla las cosas con ella,

o esto va a acabar como el rosario de la aurora.

Te vas a quedar compuesto y sin novia, mejor dicho, esposa.

-Es usted único animando, Servando.

-Y se equivoca, no llegará la sangre al río.

Mi Marcelina nunca me dejaría.

-Eso pensaba yo de mi Paciencia hasta que me coronó con un mulato.

-¿Mi Marcelina con un mulato?

-Servando, no malmeta.

-Yo quiero que esté prevenido.

-No, no, no, no...

Debo deshacerme del retrato de mi tía Olegaria cuanto antes.

Con Dios. -Con Dios.

-Oye, ¿el café, Jacinto? -Acábeselo usted.

-No es que me lo acabe, es que quién me lo paga.

-Tiene más cara que espalda. -Es que...

Estoy deseando que conozca a mi amigo don Armando,

estoy seguro de que será de su agrado.

Respecto a nuestra empresa de repatriar a los soldados de África,

parece que estamos cerca de lograrlo.

El ministerio cada vez está más interesado.

-Me alegra escucharlo.

Discúlpeme, Liberto,

trato de escucharle, pero no puedo apartar mis pensamientos de Marcia.

-No tiene que disculparse, lo comprendo.

El que debe pedirle perdón soy yo,

por hablarle de temas tan cotidianos en medio de semejante drama.

-Sé que lo hace con buena intención.

Tratando de entretenerme. -No lo dude.

La verdad, amigo, estoy muy preocupado por usted.

Si pudiera ayudarle en algo más.

-Lo hace mostrándome su apoyo.

Y ahora, vuelva con los suyos, yo estaré bien.

-De acuerdo.

Mañana mismo volveré por si hubiese alguna novedad.

Trate de descansar un poco. -Eso no se lo puedo prometer.

Buenas tardes. Buenas.

Me alegra saber que no se queda solo.

Le dejo en buenas manos. Descuide,

que no le va a faltar compañía.

Con Dios.

-No hace falta que se quede, Genoveva.

Prefiero estar solo.

Cómo ve, no hay novedades. Se equivoca,

si las hay, y muy importantes.

He logrado que un prestigioso y exitoso cirujano

acceda a operar a Marcia.

¿Cómo dice?

Se trata del doctor Arnau Balaguer, no sé si ha oído hablar de él.

Sin duda, es el único capaz de salvarle la vida.

No me lo puedo creer.

No lo dude más, Felipe.

Debe hablar con el doctor de Marcia,

tiene que informarle que vamos a trasladarla a otro hospital.

Ay.

(Puerta)

(RÍE)

Al fin. Has tardado una eternidad, Casilda.

-Señora, ¿sabe uste lo que pesa esa maleta?

Pesa un quintal.

Dé gracias a que no me he ido rodando escaleras abajo.

-Tira. ¿Traes lo que te dije? -Eso espero,

que no me gustaría tener que volver a casa de uste a buscar más cosas.

Por cierto, perdonen mi incumbencia, pero...

¿cuánto tiempo va a quedarse aquí, doña Susana?

Por su maleta, diría yo que hasta el fin de sus días.

-Casilda, lo que se quede o no, no es de tu incumbencia.

Ve a preparar su cuarto.

-Claro, no es de mi incumbencia,

pero yo me hago cargo. -¿Has dicho algo?

-Que es un gusto y un placer tener que obedecerla.

Ah, doña Susana, tenga, que se me olvidaba darle este paquete.

Me lo ha dao su portero pa usted.

-¿Cuándo ha llegado? -Al parecer, hoy mismo.

-¿Qué será?

Espero que no se trate de nada relacionado con el concurso.

A ver... Un libro, pero no está en cristiano.

Está en italiano.

Parecen cuentos infantiles.

-¿Quién te lo envía?

-Hay una nota.

Es un presente de don Armando.

Asegura que lo compró cuando vivió en Florencia.

Me lo regala para que se lo mande a mi nieto,

¿al que espera conocer pronto? -Qué atento.

-Atento y algo atrevido.

Por no llamarle adivino.

Yo no le he hablado a ese señor de mi familia.

-Está claro que has despertado su interés.

Habrá ido preguntando por ti.

-No, mujer, habrá querido ser amable.

(HABLA EN ITALIANO)

-(RÍE)

Mira esta. A ver.

Ay, no me canso de mirar las fotos.

No te imaginaba tan coqueta, Camino.

No es coquetería, es asombro,

nunca pensé que podía salir tan bella en un retrato.

Ni siquiera parezco yo.

Te equivocas, en realidad eres aún más guapa.

(Puerta)

No puedo esperar a ver la bobina que rodamos. ¿Cómo habrá quedado?

Estupendamente, no lo dudes. Tenemos madera de actrices.

-Veo que estáis entretenidas.

¿Seguís encantadas de vosotras mismas?

¿Acaso te extraña?

En absoluto.

Si por mí fuera, no dejaría de admirarte ni un solo segundo.

Que lisonjero eres.

Y veo que no estás celoso por el retrato.

No, lo que empiezo a estar es algo amoscado.

-¿Y eso por qué? -Sencillo,

porque en todo el día nadie se ha pasado por el restaurante

de parte de don Alfonso.

Quedamos en que hoy mismo cambiaría un cheque

y me enviaría a un mozo con el parné que le presté.

Sí que es extraño.

-Quizás no ha podido cambiarlo.

-Espero que esa sea la respuesta, Camino, y no otra.

-¿A qué te refieres? -Verde y con asas.

A que nos haya tomado por tontos y nos haya timado.

No es posible.

Un productor de su categoría no haría eso.

A no ser que sea un sacacuartos y un cantamañanas,

como sospecha tu madre.

¿Trasladarla a Barcelona?

Es su única esperanza, Felipe, ¿no lo entiende?

Los médicos de este hospital

no estaban preparados para semejante operación.

Dan a Marcia por perdida.

Sí, eso he llegado a pensar.

Sin embargo, el doctor Balaguer es especialista en estos casos,

cuenta con el equipo más moderno en su clínica de Barcelona.

Si la llevamos allí para que la operen de nuevo,

logrará salvar su vida.

Ruego a Dios que así sea.

Si ella se muere, no sé qué será de mí.

El tiempo corre en nuestra contra. Tiene que decidirse.

Agustina, ¿qué hace usted aquí?

-Lleva varios días sin cambiarse. Le he traído ropa limpia.

-Gracias, Agustina, siempre pendiente de todo.

-Deme la muda y la llevo a casa para lavar.

-Enseguida vuelvo.

Voy a comunicar al doctor que nos llevamos a Marcia a Barcelona.

Estás haciendo lo correcto, no te arrepentirás.

Vamos, Agustina.

"Te pondrás bien, mi amor".

Y lucirás este colgante

el día que anunciemos ante todos...

nuestro inquebrantable amor.

Pero prométeme algo,

no vas a rendirte y vas a seguir luchando.

¿De acuerdo?

¿Qué vamos a solucionar? Nos ha estafado.

Eso ya lo veremos.

Vamos a ir a la productora esa

y le vamos a decir cuatro cosas a ese hombre.

No soporto verle sufrir, Felipe,

y no poder estar con usted apoyándole.

-Es tarde para eso.

Curioso que la única persona que lo está haciendo sea Genoveva.

La vida te da extrañas lecciones. -"¿Por qué?".

-Porque se vea en la pantalla y no se guste.

Se decepcione.

Está tan ilusioná... Como Camino.

También sufro por ella, no solo por Cinta.

¿Qué hace con eso?

-Marcelina quiere que me deshaga de él.

-Mala idea no es.

¿Qué hago, lo tiro por el balcón? -No.

Con prenderle fuego ya bastaría.

Buenos días, doña Susana.

Es usted pura luz.

-Quería agradecerle el detalle que ha tenido conmigo

al regalarme ese libro de cuentos infantiles.

¿Y si emparejamos a tu tía con don Armando?

-¿Emparejarles?

-Propiciar un romance entre ellos. -Te has vuelto loca.

Salgo de viaje. ¿Cuándo, hoy?

Ahora mismo.

¿Adónde va?

Me cansan sus interrogatorios.

No busco su aprobación, Úrsula.

No tengo que compartir con usted mis planes.

Obedezca, y punto.

¿Cree que los médicos podrían equivocarse?

-Todo es posible, pero debemos ir preparándonos para lo peor

y recoger los pedazos de nuestro amigo.

-Rezaré por esa pobre muchacha.

¡Gracias por venir! ¡Disfruten de la película!

(Aplausos)

"Lamento todo lo que le he hecho, Felipe,

y que por mi culpa, Marcia vaya a morir".

"Firmado: Mauro".

Llore, querido amigo, llore.

No pasa nada.

-(LLORA)

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Acacias 38 - Capítulo 1103

23 sep 2019

Susana le confiesa a Rosina y Liberto que el diseño que presentó al concurso es de su hijo, Leandro, por lo que rechazó el premio. La exsastra recibe un regalo de Armando que la sorprende.
Alfonso rueda unas imágenes con Camino y Cinta y pide un adelanto a Emilio para revelar la película y poder seguir grabando lo que hace ponerse en guardia al joven ¿Y sí Alfonso Carchano no es quien dice ser y les está timando?
Genoveva se echa a llorar al ver cómo Felipe se desvive por Marcia y da un paso más para conquistarle, decidiendo poner todos sus medios económicos para salvar la vida de la brasileña.

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