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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1102 - ver ahora
Transcripción completa

Ha perdido, Andrade.

-Le daré más dinero. Puedo evitar que vaya a la cárcel.

¡Quieto!

(Disparo)

(Disparo)

-¡Felipe!

-¡Dejen caer las armas! -¡Marcia!

Alfonso Carchano, para servirle. -¿De Producciones Carchano?

-El mismo, señorita.

Te van a operar.

Te van a sacar la bala. Después, todo habrá terminado.

Un productor muy afamado...

-El de los carteles.

-Nos ha preguntado si nos gustaría que nos hiciera unos retratos.

Los doctores se han pasado la noche entera batallando.

Su vida pende de un hilo.

Dile a madre que me deje hacer esos retratos.

Solo por probar. Me hace mucha ilusión.

¡Ay, madre, no se va a arrepentir!

Nunca le pedí a Andrade que matara a esa muchacha.

Lo organicé todo para que fuera un trabajo sutil.

¡Pues que la niña se haga retratos y salga el sol por Antequera!

¡Muchas gracias, madre!

Es un honor presentarles a don Armando Caballero,

diplomático de carrera.

¿No será la herencia? -La tía Olegaria.

En su lecho de muerte,

decidió dejarte... todos sus bienes.

No sé si hemos sido delicadas.

La pobre Susana es muy sentida.

-Más le hubiera dolido presentarse a ese concurso y salir trasquilada.

-Un crucifijo hecho con palillos

y... el retrato de un señor con bigote.

-¿Qué dices, burro?

Es ella, la tía Olegaria.

Gracias a tu falta de tacto,

me llegó la inspiración como un torrente, como la marea,

y me he pasado la noche y el día dibujando un nuevo vestido.

¿Y ese señor con pelusilla quién es? -Que es mi tía Olegaria.

Y es hembra, como toas mis tías.

¡Es una preciosidad!

-Sí, qué trabajo más señorial y refinado.

Soy yo quien debería haber recibido ese disparo.

Estuve a punto de salvarla, pero de nada han servido mis intentos.

Sosiégate.

Hiciste todo lo que estaba en tu mano para liberarla.

No ha sido suficiente.

En el momento más crítico apareció la policía y...

todo terminó ahí.

No digas eso, nada ha terminado.

Te queda la esperanza de que Marcia se recupere.

Es joven y fuerte, saldrá adelante.

No.

No lo creo.

Los médicos dicen que su estado es de máxima gravedad.

La bala ha afectado a diversos órganos.

No me tengo que engañar, apenas tiene alguna oportunidad.

Veo lo que sufres por lo ocurrido,

pero no puedes caer en el desaliento.

Verás como todo termina felizmente.

Pienso devolverte hasta el último céntimo que me prestaste.

Eso no tiene ninguna importancia.

No es menester que te ocupes de eso.

Me quedo más tranquilo diciéndotelo.

La policía ha incautado el dinero, pero les explicaré que te pertenece.

Cada cosa a su tiempo.

No tengo prisa por recuperar esa cantidad.

Gracias a Dios, ahora no la necesito.

Lo sé, pero me quedaré más tranquilo cuando ese dinero vuelva a tu poder.

Felipe,

yo te presté ese dinero con todo mi cariño

para que recuperaras a tu amada.

Ahora solo importa que Marcia y tú volváis a estar juntos.

Debes poner todas tus energías en que ella salga adelante.

No sabes lo mucho que significan para mí tus palabras y aliento.

Estoy para ayudarte en lo que me sea posible.

Si te soy sincero,

no esperaba tanta generosidad de una persona como tú.

"De una persona como yo".

¿A qué te refieres?

Lo siento.

No debería haberte dicho eso.

Es posible que me haya comportado de forma inadecuada en el pasado,

pero ya recibí un castigo por tu parte.

Creo que he pagado con creces por mis malas acciones.

Siento mucho lo que ocurrió entre nosotros.

Felipe,

pienso que apenas me conoces.

No sabes hasta dónde puedo llegar.

Cuando quiero a alguien, estoy dispuesta a sacrificarme

hasta las últimas consecuencias.

Y a ti te quise con toda mi alma.

Pase lo que pase,

mi corazón sigue perteneciendo a Marcia.

Eso no va a cambiar.

No pretendo que lo haga.

Sé que no vas a suspirar por mí.

Pero mis sentimientos hacia ti son tan intensos, que no me importa.

Lo único que busco es tu felicidad, aunque esta no sea a mi lado.

Te lo agradezco de todo corazón.

Creo que me he equivocado contigo.

Yo solo busco tu bien.

Nunca lo dudes, esa es la única verdad.

(Sintonía de "Acacias 38")

Esto está patas arriba, ¿no?

Será que el cine es así.

Qué desilusión.

En la pantalla parece más grande y,...

y lujoso.

-A mí me resulta de lo más interesante.

-Bienvenidos a mi estudio. -Buenas.

Tiene esto muy bien apañado.

-Todo lo que se precisa para hacer cine lo tenemos aquí.

Con solo cambiar un telón,

podemos cambiar de la campiña francesa a un castillo medieval,

o a un palacio de cuento.

En la pantalla parece que estás allí, y solo es un telón pintado.

Esa es precisamente la magia del cine, señorita.

Pero...

supongo que han venido para hacer la sesión de fotografía.

-Así es. Están deseosas de ver cómo quedan en la gran pantalla.

-Estoy seguro de que serán perfectas para mis producciones.

Ambas tienen unos rasgos

de lo más agraciados.

Pero antes de empezar,

quiero mostrarles todo esto.

Síganme, por favor.

Aquí rodamos todas mis películas.

Tengo mi despacho, donde me reúno con actores,

y técnicos,

y los almacenes de atrezo y vestuario.

Todo a mano.

Créame cuando le digo que para hacer una gran película,

no se necesita nada más, lo importante es tener buenos actores

y una gran historia que contar.

-La primera parte ya la tiene cubierta con Cinta y con Camino.

-Estoy seguro de ello, don Emilio.

E ideas para películas tengo cientos.

La combinación es perfecta.

-Qué vestidos más bonitos.

Hay cosas preciosas.

Camino, este te quedaría fenomenal.

Parecería una princesa con esto.

-Si es de su gusto, póngaselo para la sesión de fotografía.

Pónganse lo que más les apetezca.

Denos algo de tiempo, hay mucho entre lo que elegir.

Tómense todo el que necesiten, no tenemos ninguna prisa.

Estoy encantado de que se hayan decidido a venir.

-No crea que ha resultado fácil.

No todo el mundo ve este negocio con buenos ojos.

-Sin duda se equivocan,

la cinematografía es una industria y un arte

que no va a parar de crecer con los años,

estoy seguro de que en el siglo que viene

se seguirán haciendo y rodando películas.

-Coincido, cada vez son más las personas que se entretienen así,

como es más barato que el teatro.

-El teatro está obsoleto, don Emilio.

Voy a buscar a mi ayudante para que prepare cámara y focos.

Estoy deseoso de confirmar con las fotografías

lo que he intuido en estas señoritas.

Siéntanse como en su casa. Con permiso.

-Este don Alfonso parece que va en serio,

he visto casi todas estas películas y están muy bien.

(Timbre)

Buenas.

¿Ya terminaste con la faena, Casildilla?

-(SUSPIRA)

-¡Jesús! Muy triste me pareces.

¿Es por lo de Marcia esos suspiros?

-Sí, no puedo dejar de pensar en ella.

Me he pasao toa la tarde contando los minutos que pasan

mientras espero novedades de ella.

-Mujer, estate tranquila,

si no hay noticias, es que no ha pasao nada.

Si le hubiera pasado algo, ya lo sabríamos.

-Ay... Eso ni lo diga, señá Arantxa.

¿Sabe si Agustina ha vuelto del hospital?

-No, allí debe seguir.

No te preocupes tanto y descansa un rato.

Hija, si te llegan las ojeras a los pies.

-Ya, pero me da miedo meterme en el catre,

y no pegar ojo. Solo me falta pasar una noche en blanco.

-Tendrás que hacer un poder.

Sé que estás muy unida a esa chica,

pero no puedes dejar que la pena te venza.

-No es solo eso lo que no me deja dormir.

-¿Qué tienes que te desasosiegue de esa forma?

-El retrato de mi tía Olegaria.

Desde que me enteré de que ha entregao la pelleja,

la tengo presente a toas horas.

-Bueno, eso te honra. te honra que te acuerdes de los difuntos,

pero eso no es razón para que puedas seguir con tus asuntos,

y uno es descansar por las noches.

-Sí, eso es bien cierto.

Pero he colocao el retrato a los pies de la cama

y cada vez que abro el ojo y la veo mirándome,

se me revuelve to el cuerpo y no me vuelvo a dormir.

-Bueno, a ver.

Eso tiene fácil arreglo.

Reza una oración por la memoria de tu tía con mucho cariño,

guardas el retrato con mucho cariño en una caja,

subes al desván y te olvidas de ella.

-Yo no puedo hacer eso. -¿Se puede saber por qué?

No creo que Olegaria se vaya a quejar con este apaño,...

ni con este ni con ningún otro.

-Es que tengo mala conciencia con ella.

Verá usted,

yo, durante un porrón de años no la he hecho caso, y ella,

se ve que me quería.

-¿Sí, estás segura?

Mandarte ese retrato con tan poco salero,

más que una muestra de cariño, parece una faena.

-No, no, no, si sale más bonita de lo que era la pobre.

Jesús, María. Menudo adefesio tenía que ser tu tía.

Que Dios me perdone,

pero tenía que ser de las que hacían los recados de noche.

-No hable así de ella, que no era mala persona.

-Perdona, que no te quería molestar.

Pero también me tenías que hacer caso.

Pon el retrato donde no lo veas.

Si lo digo por tu bien.

Por el tuyo y por el de cualquier persona que entre en el cuarto.

-Que no, no puedo hacerle caso, señá Arantxa.

Mi tía Olegaria ha dejao ese retrato pa que se la recuerde,

que si no lo hago yo, no va hacerlo nadie.

Pues también es mala suerte la faena que te ha caído encima.

-¿No hay otro familiar que pueda recordarla?

-No me se ocurre quién iba a querer tener ese retrato

y verla todos los días.

-No te voy a engañar, no me parece tarea fácil.

-(IMITA EL PIAR DE UN PÁJARO)

(IMITA EL PIAR DE UN PÁJARO)

-Se te está ocurriendo algo, ¿verdad?

-Primo de mis entretelas,

tengo algo de mucha enjundia que hablar contigo.

No, no parece que Marcia mejore,

los médicos están superados y don Felipe es un mar de lágrimas.

-¿Le dejó solo o en compañía de algún vecino?

-Cuando me fui, doña Genoveva estaba con él haciéndole compañía.

-Gracias, Agustina. Vaya a casa a descansar.

Comisario, ¿tiene alguna novedad?

-Así es,... y no es buena.

Andrade se niega a declarar.

-Era de esperar.

Tendrá que apretarle las clavijas para que delate a sus cómplices.

-No creo que podamos.

Ha dejado todo en manos de un conocido abogado,

un tipo muy curtido y dispuesto a hacernos la vida imposible.

-A saber quién le ha conseguido una defensa tan adecuada.

-Hemos conseguido que cante uno de sus hombres,

y gracias a él hemos localizado la nave donde escondía

a docenas de mujeres. -Hemos dado un buen golpe a la red.

-Yo diría que ha sido todo un éxito.

-Salvo por lo ocurrido a Marcia.

-Sí, eso ha sido un triste accidente.

-Espero que se recupere.

Felipe no me perdonará jamás si le pasa algo a esa mujer.

-No podíamos hace otra cosa si queríamos atrapar a Andrade.

-De muy poco nos servirá si no conseguimos que confiese

y nos dé nombres de contactos y clientes.

-Andrade no es tonto, sabe que si nos da nombres,

se expone a perder la ayuda de los que le apoyan desde fuera.

-Esto no puede quedar así, necesito esos nombres,

especialmente del de Úrsula,

que sufra las consecuencias de haber comprado a Marcia en su día.

-Veo improbable que eso suceda.

De cualquier forma, ha hecho un gran trabajo.

-Lástima que no me pueda dar por satisfecho.

Esto no es suficiente.

-Ha rescatado a las chicas y Andrade va a pasar muchos años en prisión.

-Sí, pero no hemos acabado con el tráfico de mujeres,

otro ocupará su lugar.

Espero que el juez sea muy riguroso.

-No sufra por ello,

me encargaré de que le caiga la máxima condena.

Tiene que pasarse por la comisaría a prestar declaración.

-Cuente con ello,

pero antes, quiero saber si ha tenido noticias de Yolanda.

-No. Hemos tomado declaración a las secuestradas

pero ninguna responde a ese nombre.

-¿Qué le habrá pasado?

-No podemos saberlo.

-Espero que los hombres de Andrade no le hayan hecho nada.

Tal vez haya escapado.

-O puede que estuviera compinchada con los secuestradores.

-Ya. Quién sabe.

Le acompaño a comisaría.

Cuenta, Susana, ¿cómo te fue con la entrega del diseño?

¿Llegaste a tiempo? -Sí.

Aunque un poco apurada, llegue justo con la hora cumplida.

Un minuto más y no me atienden.

Puede decirse que hicieron una excepción,

pero estaré en el concurso.

-Seguro que se lo lleva de calle.

No hay muchas sastras con tanta experiencia como usted.

-No se crea, se presenta gente de todo el país.

-Según Rosina, su diseño es un primor.

Algo muy audaz y moderno.

-Yo no diría tanto.

-No seas tan modesta y acepta los halagos.

Has hecho un gran trabajo

y el concurso te lo llevas de calle.

Estoy deseando verte recoger el galardón en el Nuevo Siglo XX.

-Me temo que eso no va a poder ser. -¿Por qué no?

¿No se alegra de que gane Susana?

-Por supuestísimo que sí,

pero he tenido que hablar con los organizadores

para que la entrega del premio se realice en La Espinela,

el salón de banquetes del centro.

-No lo entiendo,

eso es tirar piedras a su tejado, va a perder un buen negocio.

-Ya lo sé, pero mi restaurante no tiene capacidad

para toda la gente que va a acudir.

-¿Va a venir mucha gente?

Lo mejor de la ciudad:

banqueros, políticos, empresarios, un par de marqueses,

hasta es posible que acuda una prima del Rey.

Va a ser uno de los eventos del año.

-Susana, ¡un banquete en La Espinela con semejante concurrencia!

Seguro que sales en los periódicos.

-De eso no tenga duda.

-Tienes que ganar a la fuerza, ¡vas a hacerte famosa!

-(TOSE) -Cuidado, doña Susana,

no vaya a ahogarse antes de celebrar su triunfo.

-Disculpadme, voy al baño.

-¿No la nota un poco rara? -Yo la veo como siempre,

puede que un poco menos meticona, pero eso no es malo.

-Yo diría que le pasa algo.

-No creo, ya sabe que es un poco peculiar.

Puede que este alterada por el fallo del jurado.

-No debería.

Si es como dice, su diseño es un ganador seguro.

-Yo no he visto cosa igual,

pero eso no quita para que tenga cierta inseguridad,

ya sabe como son los artistas.

-Ya, tiene usted razón.

(Ruido)

Menudo jaleo tiene en la cocina y a estas horas.

-A saber qué estará haciendo Casilda.

¡No sabe lo que tengo que lidiar con el servicio!

Menudo escándalo he montado con la cacerola,

cada día que pasa estoy más torpe.

-No se preocupe, Agustina, solo ha sido un poco de ruido.

-¿No se molestará tu señora porque estemos cocinando a estas horas?

-Ella no se entera de nada, anda cháchara con sus comadres.

-Pero es un poco tarde para andar entre pucheros.

-Déjese de melindres, señá Agustina,

en un periquete hacemos la comida

y se la lleva al hospital a su señor.

-No sabes lo mucho que te lo agradezco.

Estoy segura de que no va a querer moverse de allí ni un minuto.

Al menos así podrá comer algo caliente.

-No tiene que agradecerme nada.

Es lo mínimo que puedo hacer por don Felipe.

Bastante tiene encima por lo mal que lo está pasando por Marcia.

(Puerta)

-¿Se puede pasar?

-Pa chasco que sí, como si estuvieras en tu casa.

-Agustina, le traigo las viandas que me ha pedido de la tienda.

Gaseosa, pan, el queso que le gusta a don Felipe,...

unas sardinas en aceite...

Y le he puesto unos mantecados de parte de la casa.

-Muchas gracias.

Con esto y con lo que le preparemos,

va a tener provisiones para unos días.

-Como que va a engordar con tanta pitanza.

-Pues mejor,

que está muy flaco y muy desmejorado.

-Menuda tragedia que se le ha venido encima,

con lo que le costó superar la perdida de doña Celia.

-Dios quiera que Marcia salga adelante

y que to esto quede en un susto.

-Claro que sí, que esa chica es fuerte como una piedra.

Pues no lo ha tenido que pasar mal de donde viene.

En cuanto podamos tenemos que ir a verla.

-No sé, Lola.

Ahora mismo no deberíamos incordiar a don Felipe.

-Eso es cierto, que don Felipe es mu suyo pa sus cosas

y cualquier sabe por dónde puede salir si nos presentamos allí.

-No sé yo que deciros.

Me barrunto que no va a poneros ningún pero.

En estas circunstancias, yo diría...

que os recibirá con los brazos abiertos.

Cualquier apoyo que tenga será bienvenido.

-Entonces, usted le lleva la comida esta noche

y nosotras iremos de visita mañana.

-Muy bien.

Así estaremos enteradas de todo lo que pasa.

-Sí. Y podremos informar a las del servicio,

Marcia se ha ganao el corazón de toas.

-Y de los señores. To el barrio fue testigo del cariño que se tenían

don Felipe y doña Celia.

Y si Marcia le ha hecho olvidar a la señora, es porque le quiere bien.

-Ojalá

salga adelante pobre criatura,

por su bien y por el de don Felipe.

-Y usted que lo diga. De no ser así,

su señor no levanta cabeza por muchos años que pasen.

Al principio, lo del estudio no me pareció gran cosa,

pero luego estaba igual de a gusto que en el salón de mi casa.

-¿Os trato bien don Alfonso?

-Como si fuéramos dos actrices consagradas.

Nos dejó opinar sobre el maquillaje, elegir nuestro vestuario

y las poses que queríamos poner.

-De no ser porque se le acabaron las placas fotográficas,

aún seguirían allí haciéndose retratos.

-Tenía que haber visto cómo nos indicaba posar

para que la luz nos fuera favorable. -Demasiada atención os presto.

-¿Qué sabrás tú, ignorante?

¿Has tratado con alguna estrella del cinematógrafo?

-Cállese y deje hablar a la protagonista.

-Antes era muda, y ahora no deja ni meter baza.

-¿Qué quieres que te diga? Estoy muy emocionada con esto.

-Sí, si no paras de moverte.

-Yo diría que está más lanzada que la propia Cinta,

y ella lleva el arte en las venas.

-Por eso mismo estoy tan alterada.

Es la primera vez que tengo la oportunidad de ser una artista.

-¿No estás yendo muy deprisa?, solo te has hecho unos retratos.

-No sea aguafiestas, que es un triste.

¿No dice que le ha ido muy bien?

-Eso está por ver.

-Puede que todo termine en agua de borrajas,

pero la ilusión no me la quita nadie.

Nunca me había planteado otra cosa

que no fuera trabajar en el restaurante.

-Lo que es muy digno y muy conveniente para una señorita.

-Por supuesto que sí,

pero eso no quita que intente demostrar

que valgo para otra cosa.

-Di que sí. Y haces muy bien en intentarlo.

La vida no está hecha para conformistas o los cobardes.

-No tiene que animarla tanto.

Puede que termine dándose un batacazo.

-O puede que no.

Cinta ya ha demostrado lo que vale sobre el escenario.

Me toca a mí dejar claro que puedo ser algo más que una camarera.

-¿Estás renegando del restaurante?

Que no se entere tu madre,

o puedes dar por finiquitada tu carrera como artista.

-No tiene por qué enterarse, es solo por probar otra cosa.

-Mira,...

no seré yo quien trunque tus sueños.

Cuenta con mi discreción.

-Eso es, Emilio, hace muy bien en apoyar a su hermana.

Yo creo que les va a ir muy bien.

-Me temo que eso está por ver.

La cinematografía, aunque tiene futuro, está empezando.

-Razón de más para subirse a ese tren.

Yo viví un tiempo en América,

y allí no dejé de ver nuevas invenciones y nuevas oportunidades.

Ahora, esas maravillas llegan hasta nosotros.

-Sí, el mundo está cambiando a gran velocidad.

-De eso no tenga duda.

En fin, si quiere contar con mi apoyo para esta aventura,

cuente conmigo.

-Le agradezco su entusiasmo.

Tengo el palpito de que va a ser toda una revelación,

y que a Alfonso Carchano le encantarán nuestros retratos.

-Gracias.

Estábamos guapísimas con esos vestidos y esos sombreros,

parecíamos dos princesas.

¡Lo que daría por ser artista!

¿Cree que podría presentarme?

Quién sabe, yo no entiendo mucho de estas cosas.

¿Me da La mujer española? Claro.

Siempre me han dicho que era de las más hermosas de mi pueblo.

Y como en el cinematógrafo no se habla,

no se va a notar lo borrica que soy.

Su cara es de lo más peculiar, seguro que los productores

se interesan en un rostro como el suyo.

Tome. Muchas gracias.

Con Dios. Con Dios.

Buenos días. -Buenos días.

-Pobre Marcía, parece que tiene un pie en el otro barrio.

-Con razón, don Felipe no se mueve del hospital, se debe temer lo peor.

-Según tengo entendido, no paran de hacerle una operación tras otra,

y eso no hay cuerpo que lo aguante.

-Confiemos en lo fuerte de su naturaleza

y esperemos que salga adelante.

-Si hablan de lo de Marcia,

hoy viene en todos los periódicos la noticia.

-A eso veníamos, Marcelina. Danos un par de ejemplares.

-Buenas.

¿Qué se cuenta de Marcia, viene algo en la prensa?

-Así es, cuentan todo el caso.

-Aquí dice que han detenido a César Andrade,

un terrible traficante de mujeres.

Según la policía, el caso Manaos,

como así lo han bautizado, ha sido un gran éxito.

-"El ahora preso César Andrade, ha resultado ser un antiguo magnate

que, tras perder su imperio del caucho en Brasil,

emigró para vender a las mujeres que tenía esclavizadas en su país".

-¡Qué horror!

Cuánto sinvergüenza hay por el mundo.

-Este es de los gordos.

Tenía una red de trata de mujeres que se extendía por varios países.

-Es de suponer que Marcia era una de sus víctimas

y vino aquí en contra de su voluntad.

-Según cuenta la prensa,

Marcia resultó herida cuando Felipe y Mauro intentaron rescatarla,

a ella y al resto de las mujeres.

-Menudos redaños le han echado esos dos.

Hay que ser muy bragado para enfrentarse a esos facinerosos.

-Felipe lo hizo empujado por el amor que siente por esa mujer

y, Mauro, por obligación.

-¿Cómo por obligación? -Mauro sigue siendo policía.

Pero ahora trabaja para una red internacional

que investigaba este caso. -¡Rediez,

que sorpresas se lleva una!

-Le enviaron desde Francia por su conocimiento de esta ciudad,

para que se infiltrara en casa de Andrade.

-Ese hombre ha sido un lanzado, ha resuelto el caso en un periquete.

-No del todo,

lo que aquí no se explica es cómo llegó Marcia a Acacias.

-Ni como volvió a caer en las garras de Andrade.

-Eso, de momento, es todo un misterio.

¿Se puede pasar, doña Genoveva?

Sí. ¿Qué hora es? Nos hemos quedado dormido.

Es más de media mañana.

-Si molestamos, volvemos más tarde.

Hemos pasado la noche esperando noticas y nos ha vencido el sueño.

¿No les han dejado verla?

No, parece que no se recupera, sigue en observación.

-Que dejen de observar y hagan algo,

que nadie se cura por que le estén mirando.

No te sulfures, los médicos hacen lo que está en su mano.

¿Cómo está don Felipe? ¿Cómo va a estar? Mal.

Si ahora duerme es porque está totalmente agotado.

-¿Ha comío algo? Traemos buenas viandas.

No ha probado bocado, y las dos no paramos de insistir.

-De seguir así, terminará enfermando.

(Ruido)

-Casilda.

-¿Qué ocurre? ¿Le ha pasado algo a Marcia?

-No se asuste, somos nosotras,

que hemos venío a interesarnos por la enferma.

-¿No ha pasado el médico?

Parece que no, pero los dos nos hemos quedado traspuestos.

Es tarde, deberíamos saber algo ya. Voy a buscar a su doctor.

Lleva así toda la noche, entrando y saliendo para preguntar.

-Me escama que no le digan nada de la muchacha.

Es que no saben qué decirnos, Casilda.

Lo que sabemos es que el cirujano no pudo extraer la bala.

-Vamos, que solo queda rezar.

-Ay, Dios mío.

Mi pobre Marcia está sentenciá.

Espero que todo el peso de la ley caiga sobre ese tal César Andrade.

-Y yo.

Me dan escalofríos de pensar las cosas que suceden cerca de nosotros.

Y Marcia, qué vida tan terrible ha debido tener.

-Con suerte, Casilda nos traerá buenas noticias del hospital.

-Me da mucha lástima Felipe, así no hay quién salga adelante,

después de una desgracia le cae otra igual de gorda.

-Al menos sabemos que está bien atendido.

Agustina y Casilda estuvieron cocinando

para que no le faltara de nada.

-no te he contado.

Agustina me contó que Genoveva iba a pasar la noche en el hospital

con Felipe. ¿Qué estará tramando?

Tanta entrega me escama.

-Está claro que Genoveva sigue encaprichada de Felipe,

de ahí que a las buenas y a las malas siga con él.

-Te digo una cosa,

el proyecto de enviar los barcos a Marruecos a por los soldados,

va a quedar parado. -No tiene por qué.

Liberto, no te das cuenta.

Si Genoveva está volcada en Felipe,

no le va a prestar atención a este asunto.

-Es posible, pero eso no significa que el proyecto se pare.

Yo sigo con las gestiones ante el Ministerio.

Mañana mismo tengo una reunión con Máximo Carratalá.

-Mi Liberto, vales para todo.

Seguro que solucionas todo en un periquete.

-Eso espero, después de poner al día al comisionado,

quiero fijar la fecha para que zarpe el primer barco.

-¿Ves? De no ser por ti, este asunto queda parado.

Eres el único que está dando la cara por esos pobres soldados heridos.

-No es para tanto.

Todos en el barrio han puesto su granito de arena:

tú, mi tía...

-Yo más que ella.

Como ahora está tan pendiente de lo del concurso...

-¿Crees que tiene alguna posibilidad de ganar?

-Estoy segura de ello.

El vestido que ha diseñado es un primor,

se va a llevar el premio de calle. -Me alegro por ella,

seguro que le animará.

-Don Liberto, aquí me tiene,

dispuesto a tomar un refrigerio con usted.

-Me parece muy oportuno. -Doña Rosina,

como siempre, usted la rosa más bella del rosal.

-Es muy amable.

Aún pienso en la historia que contó ayer.

Me quedé fascinada.

Debería ser usted escritor, como mi hija.

No, de ninguna de las maneras.

Los escritores acaban pasando hambre,

yo terminaría comiéndome las letras

y no se entendería nada.

(RÍE) ¿No lo pillan?

Tener hambre, comerse las letras, escribir mal.

Es buenísimo.

-Ah... Sí, es muy gracioso.

-Sí, muy gracioso.

-Bueno, voy al restaurante a ver si tienen mesa dentro,

porque la mañana está un poco fresca.

Claro, como que es de día. (RÍE)

-Muy bien pensado. -Claro.

(RÍEN)

-Ahora, ahora... -Ahora...

-Un señor muy atento,

pero tiene un humor un tanto peculiar, ¿no?

-¿Peculiar?

Raro, tan raro como un perro verde.

-Después de ti, después de ti.

Es terrible lo que publica la prensa sobre el caso Manaos.

Pobres mujeres.

-Arantxa está impresionada con todo eso,

a fin de cuentas, esa chica es compañera suya.

-Y muy apreciada en el altillo.

-Ojalá salga de todo esto, pobrecilla.

-Me imagino las ganas que debe de tener Felipe de ir a la cárcel

y partirle el alma a ese malnacido de traficante.

-Se merece que lo encierren y tiren la llave,

pa que no pueda volver a salir a hacer el mal.

-Yo soy incapaz de matar a nadie, lo sabes,

pero si un tipo de estos se atreviera a haceros algo a ti

o a la niña, sería capaz de cualquier barbaridad.

-Templa, que no va a hacer falta que le des matarile a nadie.

A Cinta y a mí ya nos protege la Virgen,

y el buen sentido de no meternos en ningún fregado.

-Me consta que no tenéis ninguna de las dos ni un pelo de tontas,

pero hay tanta mala gente por el mundo,

que no se puede confiar uno. -No sé yo...

el invento del cinematógrafo cómo va a salir,

que yo no las tengo todas conmigo.

(Puerta)

Uy,...

¿Quién será?

No esperamos visita.

Voy a abrir.

Felicia, ¿qué tal, cómo estamos?

-Discúlpenme por venir a estas horas.

-No, por Dios, faltaría más. Pase usted, por favor.

¿Cómo es que no está atendiendo su negocio?

Casi es la hora de comer.

-He aprovechado un respiro para venir a verles.

Necesito que me den su opinión sobre las fotos

que se han hecho nuestras hijas. Ustedes son gente del espectáculo

y entienden más que yo de estos asuntos.

-Lo nuestro son los teatros y el cante.

Del cinematógrafo no sabemos ni papa.

-Yo pensaba que estaban más informados.

Me ha extrañado que dejaran ir a su hija,

cuando siempre han cuestionado su carrera en los escenarios,

y por eso he pensado que conocían bien este mundillo.

-Ya. -Sabemos lo mismo que usted,

lo que vemos cuando acudimos a una proyección del cinematógrafo.

-Si le digo la verdad,

yo tampoco termino de verlo claro,

pero no quiero quitarles la ilusión a las chicas.

-Ni quieres, ni puedes, nuestra hija es un torbellino.

-Digo.

Cinta lleva en la sangre el mundo del espectáculo,

y nos pongamos como nos pongamos, no va a cejar en su empeño.

-Y si actúa a nuestras espaldas, peor,

dándole permiso, al menos sabemos lo que está pasando.

-El oficio de artista siempre es complicado

y puede aparecer cualquier problema,

por eso tenemos que estar atentos.

-A mí también me desasosiega todo esto,

pero no he tenido fuerzas para negarme.

-La comprendo bien.

Estaban como locas con esta oportunidad.

-Hace muchísimos años que Camino no expresa tanta ilusión por algo.

Y no puedo quitarle esa alegría.

-Hacemos bien en no negarnos, pero tampoco vamos a alentarlo.

-Esto es hablar por hablar,

Alfonso todavía no ha dicho si las niñas valen para el cine.

-Eso es. -Ojalá diga que sí.

¿No le parece?

-No, don Jose, por supuesto que no.

-Y mi hijita. Qué cosas se te ocurren.

-Será muy caballero, muy vivido,

pero tiene menos gracia que una farola sin gas.

-Lo peor es que no lo sabe,

se parte de risa con todas sus gracias.

¿Qué? ¿Te has acordado de algo que ha dicho que era chistoso?

¿Has entendido sus bromas?

-No, ni de lejos.

Me río de la cara de Camino cuando ha empezado a contar sus gracias,

la pobre no sabía dónde meterse.

-Ese es el efecto que produce ese caballero.

A ver, es la corrección personificada, sí,

pero tiene el peor sentido del humor de todo el barrio.

-Sí, pero no deja de ser un hombre interesante, ¿verdad?

Deberíamos seguir cultivando su amistad.

Es algo pesado, pero nos da caché.

-Sí, tendremos que hacer un esfuerzo.

Quizá algún día entendamos sus bromas.

-No creo.

-¿Qué le ocurre? Tía, parece sofocada.

-Y tanto.

Ya se conoce en el barrio el fallo del jurado del concurso de diseño.

-Ay. Cuente qué ha ocurrido.

-No ha quedado finalista.

-Pues muy mal. Has hecho un trabajo espléndido.

Seguro que el concurso estaba amañado.

-No se apene por esto,

puede estar satisfecha por competir en buena lid, aunque haya perdido.

-Yo no he dicho eso.

No he quedado finalista

ni he perdido, porque he ganado el concurso.

-¡Ah!

-¡Qué notición! Mi más sincera enhorabuena.

Es usted una campeona de tomo y lomo.

-Eso me han dicho los del jurado,

que el diseño que he presentado era el colmo de la modernidad.

Me van a dar la aguja de oro.

-Sabía que no podían pasar por alto semejante maravilla.

-Alegre esa cara, tieta. Además de esa aguja de marras,

va a conocer a gente muy importante.

-Eso también me lo han dicho

y, que el director de la mejor revista de moda de España

me quiere hacerme un reportaje.

-Susana, vas a ser famosa.

Esto es para estar como unas castañuelas.

-¿Por qué no se alegra?

-No sé.

Supongo que sí me alegro, pero ha sido tan inesperado...

-Esto hay que celebrarlo.

Vamos a comer por ahí, yo convido.

-Venga, sí, esto merece la pena.

Hay que tirar la casa por la ventana.

-Vamos, tieta.

No, tía Olegaria, no,

Pero ¿qué hace con la vara, mujer?

Que no me de, que luego no puedo yo asentar el culo.

¡No!

No, tía Olegaria, hombre, por favor.

Ese retrato, ni que lo hubiera hecho Velázquez.

¡Que no, que no, tía Olegaria!

-Prima, prima, prima despierta.

¡Que tienes un mal sueño!

-(GRITA)

-¿Estás atontoliná o qué? Soy tu primo, no la tía Olegaria.

-Pero ¿tú qué haces?

¡Ya podías haberme despertao con más mimo,

me has un susto de narices, se me sale el corazón por la boca!

-Serás desagradecía.

Encima que te despierto de una pesadilla de las gordas,

menudos brincos dabas en la silla.

-Sí, sí, perdona, hombre, que tú no tienes la culpa.

Estoy que no puedo ni dormir 10 minutos seguidos.

Entre lo de Marcia y el retrato de la tía...

Necesito que tú te lo lleves.

-Ya te he dicho que nones,

que también tiemblo al verlo.

Te lo ha dado a ti y tu cargas con él.

-Es tu tía también. -Era.

-Por favor te lo pido.

Como pase otra noche en blanco, terminaré entregando la pelleja.

-Pon el retrato en otro sitio. -Eso.

Eso es lo que quiero hacer, ponerlo en tu chiscón.

-Y una porra, que entonces el que pasa la noche in albis soy yo.

-¡Ay, mira qué bien! Os pillo a los dos juntos.

Tengo que hablaros de algo de mucha enjundia.

-¿Qué tripa se te ha roto ahora?

-¿Qué tal me veis? Estoy guapa.

-Más que todas las flores,

de todos los jardines de todas las casas.

-Tampoco es que seas fea, mujer. -Eso me ha dicho Cinta,

que soy muy, muy,...

muy cinemato... no sé qué.

Vamos, quedaría fetén en cámara.

-En el cinematógrafo o donde fuera que fueres tú.

-Por eso y porque hay que aprovechar los dones que Dios nos ha dao,

He pensao en ir a ver al señor Carchano

pa que me haga unos retratos como los de Camino y Cinta.

¿Qué os parece?

-Me parece fetén si eso te hace feliz.

Que se prepare el mundo, que tú eres un dechao de "virdudes".

-¿De "virdudes"?

-Virtudes de esas. -Ah.

Prima, ¿me acompañas? Me da apuro ir yo sola.

-No, no, no, no tengo ánimos para esos menesteres.

Lo siento, no puedo ir contigo.

-Ya me barruntaba yo que con to lo que está pasando con Marcia,

no ibas a tener ganas.

Aunque te vendría bien pa distraerte.

-¿Pa distraerme?

Pa distraerme me vendría bien dormir ocho horas de corrido.

-No pasa na. Pero sola no voy a ir,

y Jacinto no puede estar lejos de la portería to la tarde.

Qué se le va a hacer. Más perdimos en Cuba.

-Prima,

¿tú quieres que yo me lleve el retrato, no?

-Más que me toque la lotería.

-Tráelo, que me lo bajo,

pero... vas a tener que hacer algo a cambio.

(RESOPLA)

"Cómo se ha informado a este periódico,

la policía no descarta que realizar nuevas detenciones

en las próximas horas".

Esto es todo lo que pone.

El caso Manaos va a traer cola,

porque ha salido en los diarios de la mañana y en los de la tarde.

-Yo no dejo de rezar por esas pobres mujeres.

Es horrible pensar las cosas

que les habrán obligado a hacer a esas desgraciadas.

-Por suerte están ahora todas a salvo.

-Todas, menos Marcia.

Esperemos que salga adelante.

-Los que son dos héroes de relumbrón son don Felipe y don Mauro.

Ellos dos solos se han enfrentado a esa panda de criminales.

-Lástima que no haya salido del todo bien.

-Hicieron todo lo posible para que ella no saliera herida.

-De eso no tengo ninguna duda, desde luego.

-Yo, es que, desde los tiempos de don Pelayo,

no recuerdo heroísmo semejante.

No sé a qué esperan para darles una medalla.

-La verdad es que han tenido mucho arrojo.

-Don Felipe nunca ha sido de amilanarse, y don Mauro está curtido

como policía de toda la vida.

-Lástima que no haya resuelto el entuerto sin tiros.

¿Qué le ocurre? Parece distraída.

Ah, no, nada.

Pensaba en el revuelo que se ha montado en el barrio

con esa noticia.

Desde que ha aparecido en los diarios,

el caso de Marcia está en boca de todos.

Natural que esté en boca de todos,

se trata nada menos que de la prometida

de don Felipe Álvarez-Hermoso.

-Además, nadie esperaba que su desaparición acabara

de esta forma tan tremenda.

Nadie, eso sin duda.

Ha sido una inesperada noticia.

¿Seguro que no le ocurre na?

La encuentro mu descompuesta.

Estoy bien. Será la impresión por el suceso.

Voy a la iglesia a rezar por esa chica,

por Marcia.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

Servando, conozco a esa mujer de casi toda la vida,

y aún no le sabría decir si se ha vuelto buena

o sigue siendo un víbora.

-Usted peca de confiada,

yo nunca me he creído nada de esa mujer, ni antes ni ahora.

Sin duda, ser diplomático en Japón

es una de las tareas más complicadas que existen.

Tienen complicados rituales para todo, hasta para tomar el té.

-Si se complican con una infusión,

comer un cordero debe de ser un infierno.

-No son muy de asados, lo que más les gusta es el pescado crudo.

-Yo no podría pegarle un bocado a un bacalao según sale del mar.

-No se trata de eso, como les he dicho antes,

todo tiene su elaboración y sus rituales.

-Es muy ameno escucharle,

nos distrae de las funestas noticias que circulan por el barrio.

-Estoy al tanto.

La noticia de la detención del traficante

ha salido en los periódicos.

-Muy buenas. -Hola, Antoñito.

-¿Cómo se encuentra su vecino y su prometida?

-Esta misma tarde tenemos intención de visitarles.

-Así es, pero parece ser que no evoluciona demasiado bien.

-Lamento mucho escuchar eso.

-Muchas felicidades, doña Susana.

Ya nos ha comentado su sobrino que ha ganado el concurso.

-Una buena noticia.

Su triunfo es un orgullo para el barrio.

-Muchas gracias. Se lo agradezco,

pero creo que no es para tanto, solo es un concurso de costura.

-Pero muy prestigioso.

Me consta que han presentado diseños de todas partes de España.

-Sí, eso parece.

-Tía, permítame presentarle a don Armando,

diplomático de carrera.

-A su servicio, señora. Es un placer conocerla,

especialmente, en un día tan señalado para usted.

Tiene que estar henchida de gozo por semejante triunfo.

-Sí, más o menos. -Qué siesa estás, amiga mía.

Si esta es tu reacción por haber ganado,

pobre de ti si no llegas ni a finalista.

Alegra esa cara y dinos unas palabras.

-No seas meticona, Rosina, no tengo nada que decir.

-¿Qué te pasa? Desde que has ganado el premio estás de lo más revirada.

-Supongo que doña Susana es de esas personas trabajadoras y humildes

a las que solo les gusta hablar desde su trabajo

y no codician las alabanzas.

-Me parece que se le está dando mucho bombo a algo que no lo merece.

-Señora mía, la humildad es un gran valor,

pero alegrarse del talento propio es de lo más lícito.

-Y más cuando se ha hecho un trabajo excelente

Y no lo digo yo, lo dice el jurado del concurso.

-Soy lego en materia de moda,

pero debo reconocer que me pica la curiosidad

por ver ese diseño digno del premio.

¿Qué fue exactamente lo que la inspiro?

-¡Ay! -¿Qué le ocurre, tía?

-Lamento muchísimo

si he dicho algo que la haya molestado.

-¿Qué sucede? Me estás asustando.

-Vámonos. No quiero estar aquí, me encuentro mal.

-Discúlpela. Sin duda, está un poco nerviosa.

¡Qué sorpresa, señoritas!

¿Han venido ustedes solas?

No, le hemos pedido a Emilio que espere fuera.

Queremos ver los retratos de ayer. -¿Ya los tiene?

Sí. He metido prisa para que los revelaran cuanto antes.

Yo también estaba impaciente por ver los resultado.

-¿Y cómo ha ido?

-Véanlo ustedes mismas.

Aquí salgo divina. Yo en esta tampoco estoy nada mal.

Me gustas mucho más aquí.

No me habré pasao de descarada, ¿no?

-No le den más vueltas,

están perfectas. Sin duda, ambas son muy fotogénicas.

-Entonces, ¿cree que valemos para hacer películas de cine?

-Bueno, bueno, bueno, bueno,

eso aún está por ver, señorita Camino.

Antes de nada,

me gustaría comprobar cómo se mueven ante la cámara.

¿Qué les parece si rodamos un par de bobinas?

¿Ahora mismo?

Para que esperar más.

Estoy buscando actrices para mis próximas producciones,

y puede que ya haya dado con ellas.

¿Qué les parece?

¿Qué nos va a parecer? Que estamos dispuestas.

Perfecto. Pues venga, adelante,

ya saben, pueden ir eligiendo su vestuario.

-Voy a avisar a Emilio para decirle lo bien que nos ha ido.

Sí. Yo voy eligiendo la ropa.

Perfecto.

Te he traído un café y dulces para que recuperes fuerzas.

Gracias,

algo caliente me vendrá bien.

Deberías tomar también los dulces,

no puedes seguir tanto tiempo sin comer.

Lo sé, pero mi estómago no tolera nada.

Ramón y Antoñito han estado aquí y...

han insistido en que comiera,

pero... me siento incapaz de hacer tal cosa.

¿Has sabido algo de Marcia?

¿Has visto a los médicos?

No, no he podido hablar con ninguno en la última hora.

Aquí está.

-El doctor hablara más tarde con ustedes.

Gracias.

Marcia, cariño,

abre los ojos, dime algo, por favor.

Mi amor.

-Deje que descanse.

No podemos rendirnos, Felipe.

Tienes toda mi fortuna y todo mi apoyo

para salvarle la vida.

Yo no pude salvar a mi amor.

Quizá sea mejor olvidarse de momento de la prueba.

Si le parece bien, paramos

y hablamos primero con los padres de Cinta y con su madre.

-¿Pararlo ahora? -Algo le ocurre.

-Os lo contaré todo, pero...

creedme que no es sencillo. No sé por dónde empezar.

-Lo que sucede es que Jacinto no ha tenido mejor ocurrencia,

que traerme el retrato de su difunta tía a casa.

¿Y eso le quita el sueño?

El sueño y casi la vida del espanto.

Vengo a hablarle de Felipe.

Preciso que me haga un gran favor.

-Aunque me temo que hay un pequeño problema.

Tan solo... necesitaría que me prestara algo de dinero.

-¿Cómo dice?

Se trata de un cirujano especializado en la operación

que Marcia necesita para extraer la bala.

¿Me está usted diciendo que intenta salvarle la vida?

No le dé tantas vueltas a su error, o podrá con usted.

-Quizás estaría bien que pusieras tierra de por medio.

-¿Pretendes que abandone la ciudad?

-Solo temporalmente, así podría aprovechar...

Visitar a Simón y su familia.

Todo el mundo se olvidaría del asunto, y ella se calmaría.

Eso es imposible, un productor de su categoría no haría algo así.

A no ser que se aun cantamañanas,

como sospecha tu madre.

-"La bala sigue en su cuerpo".

-Debemos aguardar un milagro entonces.

-Hace tiempo que dejé de creer en ellos.

Solo queda esperar...

el fatal desenlace.

-Lo lamento de corazón, Felipe.

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Acacias 38 - Capítulo 1102

20 sep 2019

Susana entrega su diseño y gana el concurso de sastrería, pero no está contenta, de hecho, cuando Armando la felicita por su victoria se echa a llorar.
Emilio acompaña a Cinta y Camino a hacerse las fotos con Alfonso y salen tan bien que el productor les ofrece una prueba de cámara, lo que las ilusiona, al contrario que sus madres que no les hace ninguna gracia.
Genoveva aprovecha el bajo estado de ánimo de Felipe, después de que Marcia saliera herida en el tiroteo de la mansión Andrade, para acercarse a él. Marcia se debate entre la vida y la muerte.

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