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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1094 - ver ahora
Transcripción completa

¿Tiene aquí a las mujeres? -Tendría que ser un inconsciente.

Las mujeres están en un lugar al que nadie tiene acceso.

-¿Cuándo podremos verlas?

-De momento, tendrán que esperar.

Hay otros clientes interesados en comprarlas.

Nadie va a encontrar a Marcia,

porque Marcia...

ya no está en el país.

Espero que así sea. -"Sí, que es verdad".

Que he hablado con Ledesma.

Pero to ha sío por una causa mayor.

-¡Aligera los detalles que me pierdo!

-Ay, qué bullas...

Vamos a ver...

Lo que le he preguntao, de hombre a hombre,

ha sío que si ha tenío el valor

de criticar el arte de Bella del Campo.

Bonifacio Soler... ¿Tiene que ver con tu investigación?

-Sí.

Estuvo trabajando un tiempo para Ledesma.

Da la casualidad de que por motivos familiares

se ha desplazado a vivir cerca de la ciudad.

Esto es un sinsentido. -Claro, un sinsentido.

(RÍE)

Qué fácil es criticar

sin proponer nada.

¿Verdad?

Así cualquiera mantiene la educación

y guarda las buenas formas.

-Necio que calla por sabio pasa. -"Le he traío"

dos regalitos de los buenos.

Por algo somos amigos. ¿Sabe qué es esto?

-Unos boletos.

-Unas entradas pa los toros. Tendío 9.

¡En barrera!

Comenzad una nueva vida lejos de aquí.

Os daré dinero para que os marchéis a otra ciudad

y para que iniciéis vuestro propio negocio.

-Pero ¿adónde vamos a ir?

-A Cádiz. -"No me creo que hayamos salido".

-Ya está, Felipe, no le dé más vueltas a lo de la fotografía.

Consiguió tranquilizar a Andrade. -Pero ha arriesgado demasiado.

Podría haberle descubierto.

Me voy a dormir. -¿Dónde se supone que vas a hacerlo?

-¿A ti qué te hace tanta gracia? -Era la pregunta de Carmen,

que me ha parecido un poco absurda.

-Pues a mí no.

Esta noche te vas a buscar una cama y una habitación.

Felipe y Mauro están buscando a Marcia.

Les he visto juntos entrando en el portal.

Señora, eso no debería inquietarle.

¡Si nos descubren, acabaremos en la cárcel!

¡Usted y yo!

Sírvenos una ronda.

Ah, y toca el piano para mis amigos.

Señores, de postre les recomiendo las naranjas.

Un poco más dulces

y son miel pura. (RÍE)

Están riquísimas.

-Las has probado.

-Pues sí, me he tomao una pa la merienda.

-¿Antes que nosotros? ¡Se están perdiendo las costumbres!

-Pues cuando ha tenido apetito, mujer.

-En una casa, los primeros en comer son los señores.

-Eso era en el siglo XIX, Rosina, estamos en el XX, todos iguales.

-Nos estamos igualando por lo bajo, ¿no te digo?

No me quiero imaginar cómo será el siglo XXI, un sindiós.

-Yo voy a comerme una naranja antes de llegar a esos años.

Felicidades, Casilda,

estaba todo muy bueno.

-Muchas gracias, señor.

-Pero si solo era un filete y unas judías verdes.

-Pues ambos estaban perfectos.

De hecho, el filete no podía ser más tierno.

-¡Dale las gracias a la vaca! -¡Ah!

Pues no se preocupe, señora,

si algún día me paso por el cielo de las vacas,

le diré a la vaca que enhorabuena.

De su parte.

¿Van a querer café?

-¡No!

Por la noche me quita el sueño, una manzanilla.

-Yo sí tomaré café.

-Está bien.

"Iso fasto" se los traigo.

-"Iso fasto" dice...

¿Dónde habrá aprendido eso? -De verdad,

las criadas cada día están más brutas, más maleducadas...

-Rosina...

Sonríe un poquito, ¿eh? Pasas mucho tiempo con mi tía

y se te están contagiando sus humores.

Oye, pues sí que está buena esta naranja, ¿eh?

¿Quieres que te pele una?

-¿Ves? Otra cosa igual.

Las criadas tienen que traer la fruta pelada...

Bueno, va, sí, pélame una.

A ver si te sale mejor.

-Me ha dejado muy preocupado Felipe.

Le he visto muy hundido tras la marcha de Marcia.

Espero que se recupere pronto.

-(SUSPIRA) Al fin y al cabo, solo es una criada.

-Rosina, de verdad, hoy estás insoportable, ¿eh?

-¿Por decir la verdad?

-Es la mujer a la que Felipe ama.

A mí me pasaría exactamente lo mismo si dejara de verte.

Me costaría mucho ser feliz, hasta sonreír.

-Ya, pero no compares.

En mi casa ha habido hasta un general de la caballería.

-Ay, Rosina...

Me preocupa ver hasta dónde llega su descenso a los infiernos.

Acuérdate lo afectado que estuvo tras la muerte de Celia.

-Ya, pero es que Felipe no puede echar lo mismo de menos

a una criada de la que se ha enamoriscado hace dos días

que a Celia,

que era su señora esposa ante Dios.

-Pues lo mismo o más, que ahora es más viejo.

Y dudo que Mauro, que también ha perdido a su esposa,

le sea de mucha ayuda.

-Se han juntado el hambre con las ganas de comer.

¡Mmm...!

Qué dulce... Sí que está buena la naranja.

(RÍEN)

Si yo me muriera, ¿serías capaz de enamorarte de una criada?

-Enamorado de Casilda, ¿te imaginas?

-A ver, señores,

pa no liarme, no he traído ni manzanilla ni café,

he traído tila.

Así luego no les dan gases y me llenan to esto de ventosidades.

-No me lo imagino.

-¿Lo qué? -Nada, nada.

-Rosina, no me hagas reír.

Y confía un poco en Mauro y Felipe,

que ahora tienen que estar cenando como marqueses

mientras todos estamos preocupados por ellos.

-Acábense la naranja, que esto hay que tomarlo caliente.

(Golpes)

¡Ya va!

Pero ¿qué manera es esa de llamar?

Dios mío, Mauro, Mauro...

Espera, espera.

Con cuidado. Vamos.

Vamos al salón.

Vamos a sentarnos.

Siéntese.

Tranquilo, tranquilo, tranquilo. -Ya.

-Siéntese.

Ahí.

(MAURO RESPIRA AGITADAMENTE)

Mauro, ¿de dónde viene?

Mauro,

¿de dónde viene?

-Ah...

Mauro, ¿dónde ha estado?

-No lo sé.

No lo sé.

(LLORA)

-No le entiendo.

-Teresa.

-Mauro, no le entiendo.

Mauro... ¡Eh!

-¡Teresa! -¡Mauro! ¡Mauro! ¡Mauro!

-¡Teresa! -Pero ¿qué haces?

-¡Teresa!

(RESPIRA AGITADAMENTE) Teresa...

Teresa.

Teresa.

Buenos días.

-Serán para usted.

-¿Qué tal has dormido?

-¿Qué está, de chanza?

Pero ¿cómo voy a dormir con sus ronquidos?

Me he tenido que venir al tresillo este del infierno.

-¿Con mis ronquidos?

Será por los tuyos. -No, no,

perdone, pero yo no ronco. -No...

Solo haces el ruido de un árbol cuando se está cayendo. ¡Ah!

-De verdad, cómo se nota que usted no se escucha cuando duerme.

No sé cómo lo puede aguantar Carmen.

-Lolita sí que es una santa.

En diez años que lleva durmiendo contigo,

no habrá podido pegar ni un solo día ojo.

-¿Y cree que ellas tampoco habrán podido descansar?

-Espero que no.

¿Crees que se levantarán para prepararnos el desayuno?

-Hombre, pues eso espero.

-Capaces son de castigarnos a pasar hambre.

Anoche nos hicieron recoger la cena.

-Sí, capaces sí que son,

pero a lo mejor no se les ha ocurrido.

-Tú porque eres muy optimista.

Seguro que tienen una lista

con más de cien maneras de hacernos sufrir.

-Eso será Carmen, padre,

Lolita es muy buena gente. (LOLITA Y CARMEN RÍEN)

-¡Ay!

Pero ¿de verdad no te acuerdas aquel día...?

(RÍE)

-Sí me acuerdo, sí. -Y no se podía...

-Buenos días.

-¿Todavía sin vestir y sin asear?

Qué vergüenza. (RÍEN)

-Os estábamos esperando para desayunar.

-Pues no va a poder ser.

-Es que nos vamos al Nuevo Siglo XX a comer torrijas.

¿No las ha probao?

-¿Y no nos vais a esperar a que nos vistamos?

-No. -En la despensa hay pan gallego.

-Y en la fresquera, mantequilla y leche.

-Y mermelada de fresa.

El café, bueno, supongo que lo sabréis hacer.

Tantos años vendiendo cafeteras...

-Que se quede to bien recogío.

Si la mermelada se queda abierta, se llena de hormigas.

-Hala...

Hasta luego. -A más ver.

(RÍEN)

Cómo se...

-Cien maneras de hacernos sufrir.

Más bien yo diría mil.

Padre, ¿por qué no...

nos vestimos rápido y bajamos a desayunar?

Que yo quiero torrijas.

-Yo no salgo de casa sin desayunar.

Así que me voy a la cocina porque estoy seguro

que me puedo apañar sin ellas para hacer el desayuno.

Enseguida le traigo otra ración.

Se ha corrido la voz de las torrijas y está la terraza llena.

-Pues en la cocina no dan abasto.

-Aquí traigo otra bandeja.

Ya he dicho que sigan haciendo. -Eso, que no paren.

El truco es la canela.

-Pero no eches tanta canela, hija.

-Déjala, madre, tiene razón.

Además, dicen que la canela es afrodisiaca.

-¿Que es qué? -Nada, tonterías de tu hermano.

-Madre, ¿podría prepararme dos raciones más?

-Madre...

No...

No creo que las recetas tengan tanto éxito en Cádiz.

-(SUSPIRA)

¿Todavía sigues con esa cerrazón, hijo?

Ya he hablado con Rogelio, con tu tío,

y con su mujer, con Marita.

-Pero, madre, a Camino y a mí no se nos ha perdido nada en Cádiz.

No es que yo tenga nada en contra, seguro que es un lugar maravilloso,

pero...

-Lo es.

Además, tus tíos tienen un hotel al lado de la catedral

y en los bajos están pensando abrir un restaurante.

¿Dónde vais a estar mejor que con ellos?

-Pues aquí, en Acacias.

-Además, yo creo que enseguida podríais conseguir unos ahorros

y abrir vuestro propio negocio.

-No insista más, madre.

-¿Y si Cinta se marchara contigo?

-¿Por qué me dice eso?

-Sé que no va a ser algo inmediato,

pero los Domínguez del Campo te consideran un buen chico

y te tienen en alta estima.

Y, además,

yo creo que podrían avenirse a cerrar la fecha de la boda

y a dejar a su hija instalarse contigo en Cádiz.

-Madre, es demasiado precipitado.

Además, Cinta no sería lo único que dejaríamos atrás.

¿Qué pasa con usted?

-Yo sabré cuidarme.

-Camino y yo no vamos a tolerar que se quede sola con Ledesma.

-Yo lo único que quiero como madre es que mis hijos se alejen de él.

Y no os preocupéis por mí.

Sé cómo protegerme.

-Madre...

Tengo algo que contarle.

No fui a Barcelona por nada relacionado con el negocio.

Estuve en Santander

buscando una forma de deshacernos de Ledesma.

Y creo que la he encontrado.

Cóbrese.

-Ea, no se preocupe,

mañana le tengo los chorizos preparaos.

-Mandaré a la criada a recogerlos.

-Mu bien, y esto...

el cambio, doña Brígida. -Gracias.

-A usted.

-Buenas.

-48 chorizos le he vendío a la señora

que ha salío por la puerta.

-¡48 chorizos, qué barbaridad! -(RÍE)

Pues eso pienso yo.

Si doña Brígida quiere 48 chorizos, yo se los traigo.

Las señores y los chorizos siempre tienen la razón.

Anda que no hay que comer huevos con chorizos pa gastarlos.

-Bueno,

¿y el desayuno qué tal? -Uf...

(SUSPIRA)

Las torrijas de los Pasamar

son las mejores de España, sin exagerar.

-Nosotros hemos preparado tostadas con mantequilla.

-Y mermelada.

-Y lo hemos dejado todo bien recogido.

-Sí, muy recogido.

-Pues mu bien.

Como tiene que ser pa que no haya hormiguitas.

-Lolita, ¿qué está pasando?

-Pos que he vendío 48 chorizos, suegro,

mi mayor venta desde que existe la mantequería.

-Lolita,

en serio,

mi padre y yo hemos sido testigos de cómo Carmen y tú

os llevabais a la gresca cuando pensábamos que erais amigas.

-Yo ya sé

que Carmen tiene sus cosas... -Ojo, ojo, ojo, suegro,

no me venga a criticar a mi buena amiga Carmen, ¿eh?

Es de las mejores personas que conozco.

-A mí me lo vas a decir. -Si hace falta, sí.

Es responsable, es risueña, es apañá...

-Sí, todo eso ya lo sabemos.

Por eso queremos saber qué es lo que os pasó

para que os llevarais tan mal.

-Mira, cariño,

las cosas del pasao se quedan en el pasao.

Y eso es así.

-¿Eso quiere decir que ya no va a volver a haber más enfados?

-Ya no tenéis nada contra nosotros.

-Esto es el presente,

y las cosas del presente siguen en el presente.

-Lolita,

por favor, ¿cuándo vas a dejar de complicarnos la vida?

-Complicaros la vida, yo.

Está visto que tú y tu padre sois unos desagradecidos.

-Lolita, mi hijo no ha querido decir eso.

Es que... simplemente no sabemos cómo comportarnos

para que vuelva a reinar entre todos la armonía y la paz.

-Mire, suegro, yo le tengo mucho respeto,

y créame que he hecho lo que está en mi mano

pa que usted y su hijo no se separen.

-Y te lo agradecemos. -Pues no se nota,

parece que los Palacios sois unos insensibles.

Espero que todos menos el retoño que llevo en mi vientre.

Y ahora, si me perdonan, tengo mucho trabajo que hacer.

Ea...

-Vamos, hijo.

-A las buenas, Manuela.

Voy a por su pedido, que lo tengo.

(SUSPIRA)

(ROSINA SUSPIRA)

Hay que ver lo buenas que están las torrijas fuera de temporada.

Qué lástima que engorden tanto.

-No entiendo esa moda de las mujeres escuchimizadas.

Siempre hemos gustado bien hermosas.

-Claro, una moda para que las mujeres suframos.

No tiene otro objetivo.

-Ya, pero la moda es la moda.

Y si dicen que debemos de parecer sílfides,

pues habrá que esforzarse.

-¿A su José no le gusta usted

tal como está?

El mío suspira por cada libra de mi cuerpo.

-Uy...

Anda que el mío... Tan enjuto él y tan exuberante yo...

Como él me dice siempre:

"Contigo tengo pa jartarme y no morirme de hambre

ni en una isla desierta". -Desde luego,

qué cosas se dicen.

Yo creo que son pecado solo de pronunciarlas.

-Mujer... -Yo creo

que hace tanto tiempo, que ya no te acuerdas

de las cosas que se dicen dentro de la alcoba.

-Y gracias a Dios.

A lo que íbamos.

¿Pedimos media docena más de torrijas?

(AMBAS) Sí.

-Bueno, pues habrá que esperar a que venga Camino.

Parece que hoy los Pasamar están un poquito despistados.

-Ya aparecerá alguno de ellos.

Por cierto,

¿escucharon anoche los golpes en la casa de don Felipe?

-¿Golpes? -Sí, sí.

Parecía que echaban la puerta abajo. A la hora de la cena.

-Ajá. Buenos días, señoras.

(TODAS) Buenos días.

Ya veo que han dado buena cuenta de las torrijas.

(RÍEN) -Pensábamos pedir media docena más.

¿Me aceptan con ustedes?

-Claro, siéntese.

-Bueno, entonces pedimos ocho torrijas en lugar de media docena.

Al menos, dos para cada una.

Yo una, ya saben lo estricta que está la moda.

-Enfermas, vamos a acabar todas enfermas de querer parecer sílfides.

Las he visto conversando y he venido aquí a interrumpirlas.

-Estábamos hablando de los ruidos que se escucharon ayer

en casa de don Felipe.

-Sí.

Yo escuché barullo, pero no sabía de dónde venía.

-Digo, pues yo hasta me asusté

y le pedí a mi Jose que saliera a ver.

-¿Y?

-Bueno, cuando salió,

los golpes se habían terminao, pero según me dijo, era don Mauro.

-¿Qué habrá pasado?

-"Este paripé"

se me está haciendo mu duro, muchacho.

Mira que yo me empeño,

a mí me cae bien to el mundo.

-Pero Ledesma no.

-Chist...

¿Cómo me va a caer bien Ledesma?

No lo hay más saborío.

No tiene gracia ni tiene salero.

Ni es buen conversador ni...

Además, es un fanfarrón de tomo y lomo.

Hasta Cocherito de Bilbao me lo dijo.

-¿Estuvieron con Cocherito de Bilbao?

-Digo.

Después de llevarlo a la corría, me lo llevé a comer rabo de toro.

Y allí nos encontramos con él.

Se lo presento...

y no tiene otra cosa que decirle

que las mejores gaoneras son las que hacía Bombita.

¿Se puede tener menos idea de toros?

-Disculpe, pero es que yo no soy muy aficionado tampoco.

-Un disparate, Emilio.

Digo.

Las mejores gaoneras son las que hacía Gaona.

Que por algo se llaman así.

-Claro. -Anda que...

Oh...

Y me dice...

Me dice Cocherito con la voz que él tiene...

(VOZ AGUDA) Mira, ¿de dónde has sacao a ese cantamañanas?

No le saco el estoque...

por educación.

-Siento mucho que le esté costando tanto...

-Si no fuera tan inoportuno el Ledesma...

Bueno, pero no se preocupe,

que el resultado final valdrá la pena.

-Ya falta poco para dejar a Ledesma en evidencia

y que deba poner pies en polvorosa.

-¿Has traío los papeles?

-Aquí tiene.

-Qué maravilla.

¿De qué piel es esto?

-Pues no lo sé. Será de lagarto o de serpiente.

-Desde luego.

De lagartijas de mi pueblo seguro que no.

Harían falta cazar mil

pa forrar una carpeta así. -No, no. No saldría rentable.

-No. -Bueno, ahí tiene todos los papeles.

-A ver cómo me las apaño.

-Mire...

No quiero ponerle en peligro.

-Muchacho,

yo me he puesto delante de un toro.

Y he compartío cartel con Bombita Chico.

A mí...

A mí el Ledesma no me llega ni a novillo.

Vamos, ni a desecho de tinta.

Emilio, ¿qué haces aquí?

-He venido a verte.

Ah, pues por mí encantada.

(RÍEN)

-Bueno...

Os dejo solos.

-A más ver.

-Comportaos, que yo no me tenga que arrepentir.

(SUSPIRA)

¿De qué hablabas con mi padre?

-Bueno, tu padre... Tu padre es un hombre encantador.

Hemos estado hablando de Bombita, de Gaona, de Cocherito de Bilbao...

Sí, es que le encanta hablar de toros.

Ten cuidaíto, como te coja por banda ya no te suelta.

No, no, ya..., ya me he dado cuenta.

¡Emilio!

-"Genoveva, ¿de verdad"

que no quiere una más?

Querer quiero, doña Susana, pero no debo.

Como yo no tengo esos problemas,

que me arreglo yo misma los vestidos, me comeré la suya.

-Al final,

nos hemos quedado sin saber

qué ocurrió anoche en casa de Felipe con Mauro.

-Ah...

Pues miren,

allí vienen Úrsula y Agustina. Igual saben algo.

-¡Agustina!

¿Puede venir un momento?

-Buenos días, señoras. -Buenos días.

Buenos días.

-Estábamos hablando de las voces y los golpes

que se oyeron anoche en casa de don Felipe.

-Ya me han dicho que los hubo, pero yo estaba ya en el altillo

y no me enteré.

-¿Y esta mañana cuando has ido estaba todo en su sitio

o parecía un campo de batalla?

-Hasta el último retrato

y el último tapete.

-¿No será que no nos lo quieres contar?

Señoras, Agustina tiene la obligación de guardar secreto

para lo que haya pasado.

No la acosemos.

-Si hay algo de lo que nos tengamos que enterar,

ya nos enteraremos.

-Gracias por entenderlo.

Si me disculpan... Gracias, Agustina.

Y yo voy a aprovechar que Úrsula está aquí para subir con ella.

Con Dios, señoras.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Se la va a comer sola, Susana? -No, no, no. Comed, comed.

(ROSINA RÍE)

¿Se ha enterado de algo?

De nada, señora.

Pero hay algo extraño.

A Mauro hacía días que no se le veía por Acacias.

Aunque quizá no tenga nada que ver con nosotras.

O quizá sí.

Tal vez es que usted se cree demasiado lista

y ha menospreciado la inteligencia de Felipe.

De mi Felipe.

(Puerta abriéndose)

Hola, querida.

-Ya me ha contado Lolita.

-¿El qué te ha contado?

-Lo impresentables que habéis sido tu hijo y tú con ella.

-¿Impresentables nosotros?

Fuimos a limar asperezas

y nos echó de la mantequería en cuanto entró una clienta.

-Y ahora me dirás que os tiene que atender primero a vosotros

que a sus obligaciones

-Yo no digo nada.

Solo digo que esto está pasando de castaño oscuro,

que no entráis en razón.

-Ah...

Bueno, que ahora soy una sinrazón.

Que soy más.

Una caprichosa sin criterio.

-Carmen, no saques las cosas de quicio.

-Y dale Perico al torno. -No tergiverses

todo lo que digo. Vamos a volver al principio.

-También soy una tergiversadora, ¿no?

El principio es que fuisteis a la mantequería

a echarle una filípica a una mujer que está embarazada.

-¿Una filípica?

No sé qué te habrá contado, pero nada más lejos de la realidad.

Fuimos a pedir tranquilidad,

que hubiera buen entendimiento entre todos.

-Pues para eso hay que dar ejemplo, Ramón.

Hay que dar ejemplo.

¡Bastante esfuerzo hacemos nosotras por haceros felices!

-¿Y nosotros no?

-Hombre...

Pues faltaría más.

Eso es lo que tenéis que hacer, Ramón.

Eso.

-Estás siendo injusta, Carmen, muy injusta.

Y a las dos se os está yendo un poco la cabeza.

(SUSPIRA)

(RÍE) ¿Qué? ¡Ay!

¿Todavía no lo tienes to en su sitio?

-No me dejas dormir y después me metes prisa.

-Anda, que lo pasaste bien anoche... -Claro.

Pero tenemos que dejar esas cosas para las vísperas de festivos

y las fiestas de guardar.

-Calla, cordera, que pa eso cualquier día es bueno.

-Loca... ¡Ay!

¡Que me vuelves loca! -Y tú a mí, guapura.

-¡Quietos paraos ahí!

Que esas cosas se hacen en las alcobas.

Y si tenéis mucha prisa, os alquilo un cuarto en la pensión.

-Tiene usted razón. Perdone, Servando.

-Marcelina y yo hemos pasao una noche de padre y muy señor mío.

-Que de estas cosas no se pueden hablar aquí.

¿No ves que es indecoroso?

Es que... -Ay...

Pero ¿qué tiene de indecoroso jugar al parchís?

-Hasta más de medianoche dándole que te pego.

-¿Al parchís?

-¿Se apunta?

-Que vengo a por los periódicos. -No.

Si se los llevó la señá Fabiana. -Anda...

No sé dónde los habrá dejao.

Ah, claro, eso es que se está preparando

para cuando entre al servicio de la Casa Real.

Claro. -Ah.

¿Ya ha hecho las pruebas? -Todavía no, pero estoy deseando

que me llame don Alfonso XIII.

Bueno, va a quedar encantao conmigo.

-¿Cree que cuando trabaje para él

vendrá don Alfonso XIII por el barrio?

-Por supuesto.

Y le diré lo bien que se come donde los Pasamar.

Y querrá conocerlos.

-Háblele de las torrijas. -¡Lo haré, lo haré!

Ya... Ya me estoy imaginando

paseando por aquí, por la calle, con don Alfonso.

Y él pidiéndome consejo

sobre las guerras del mundo y diciéndome:

"Oye, Servando, ¿qué crees que tenemos que hacer

con lo de la caída del Imperio otomano?

-¿Y tendrá tanta confianza con usted

pa hablarlo así, tan a la pata la llana?

-Sí, hombre, el rey nos puede tutear,

pero nosotros le tenemos que llamar de usted.

-Pues qué injusticia.

-El rey puede hacer lo que quiera.

Y diga, Servando,

¿ya sabe para qué le quiere?

-Pues no lo sé todavía,

pero creo que es una misión secreta.

-¡Qué emoción!

Nos lo contará, ¿no?

-Mujer, por Dios, te acabo de decir que es secreta.

Si es mu secreta, no.

-Vale, pero alguna pista nos dará, ¿no?

-Bueno, alguna,

pero...

de esto que hemos hablao aquí...

que no se entere nadie.

Chist.

Con Dios. -Con Dios.

¿Y tú por qué no te presentas?

-¿Yo?

-Tú vales más que el Servando

de aquí a la Luna. -¿Sí?

-Claro.

Uf...

Ah...

(SUSPIRA)

Oh.

Oh.

-Adelante.

Hombre...

Por fin se despierta.

Aunque no me extraña que amanezca tan tarde

después del estado en el que regresó ayer.

-Felipe, siento las molestias.

Y haber ocupado su sofá toda la noche.

Supongo que fue usted el que me echó la manta por encima.

-Sí.

Así es.

-Se lo agradezco.

Aunque me duele todo.

-Normal.

Ese sofá no se hizo

pensando en que alguien dormiría ahí.

-Mire, no me voy a andar con rodeos.

Quiero pedirle disculpas por el...

lamentable espectáculo que debí dar ayer.

-Me alegra escucharlo.

No estuvo bien.

No.

-Estará esperando explicaciones.

-Pues sí.

Mire...

No estaría de más.

-Ayer se cumplió un año de la muerte de Teresa.

-Lo siento, Mauro.

De verdad que lo siento.

-Los recuerdos estuvieron acosándome todo el día.

Y, al final, se me fue de las manos.

Ocurrió lo que llevaba toda la semana pensando que evitaría.

Me desmoroné.

-Mire...

Yo también me acuerdo mucho de los días previos

al aniversario de la muerte de Celia.

Pero su actitud

estuvo a punto de echar a perder todos los planes.

-No, no creo que fuera así.

-Mauro, no sé de dónde venía

antes de llegar a mi casa fuera de sí,

ni qué es lo que había hecho antes...

-Estoy seguro de que no hice nada malo.

Tengo amigos en el infierno,

pero también ángeles que me protegen.

-Ángeles...

No sé si conviene dejar todo en manos de los ángeles.

-Créame, no tema.

-Tengo muchos motivos para temer

y pocos para creerle.

No sé si es que me toma por idiota.

-Pero ¿qué dice, amigo? Todo lo contrario.

Confíe en mí.

Bueno, me voy a ir al hotel Sintra.

Habrá que seguir esperando noticias.

-Mauro, ¿cuándo va a contarme de una vez por todas sus planes?

-A su debido tiempo.

Y ahora, con su permiso,

le vuelvo a pedir disculpas por lo de anoche.

Ya tendrá noticias mías.

Pues sí, una buena limonada fresca

nunca le ha hecho mal a nadie,

al contrario, elimina tensiones.

-No conocía yo esas propiedades de la limonada.

-(RÍE) Bueno, Carmen,

quizá me la esté inventando y lo que elimina las tensiones

sea la charla que mantienes mientras te las tomas.

-Eso me lo creo más.

-Es que...

han llegado ustedes con tantas quejas

que parecía que el mundo se acababa.

Y nada de lo que me cuentan me parece tan grave.

-Claro, Fabiana,

como que usted no está casada con un Palacios.

-Porque no había dónde escoger.

Porque yo les aseguro que si hubiera quedao alguno libre,

me lo quedaba yo. -Desde fuera se ve todo

de color de rosa, Fabiana.

-A ver, ¿qué es lo que les ha pasado hoy para que piensen así?

-Pues esta mañana mismamente.

Cuando nos hemos despertao, estaban los dos en ropa de dormir

esperando a que les sirviéramos el desayuno.

-Menos mal que nos hemos bajado a comer unas torrijas.

-Ay...

Pues no es mala vida tampoco. Desde luego que no.

Bajar a la terraza

y desayunar como marquesas.

Sepan ustedes que a esa hora ya estaba yo limpiando los cuartos.

-Ya. Bueno...

Luego, han venío a la mantequería padre e hijo,

sin respeto a mis clientas, diciendo que templara las gaitas.

Para que nos entendiéramos tos mucho mejor.

-Tampoco me parece mal consejo. -Espere, espere.

Que luego llego yo a casa

y me encuentro a Ramón leyendo el periódico.

-Ah... -¡Ay!

Ay, Carmen, Carmen, por Dios.

Oh...

¡Pa meterlo en la cárcel, vamos!

-Que no, mujer, que no.

Que me dice que tenemos que dejar de discutir,

que no queremos entrar en razón,

que tenemos que limar asperezas.

-Ay...

Ay...

No sé cómo el rey no los ha echao ya a los dos fuera de España.

Bien lejos los mandaba yo

si fuera don Alfonso, fíjense.

-Espere, espere, Fabiana.

¿Es que está usted de acuerdo con ellos?

-Pa chasco que sí.

De momento lo que me han contao

es que ellos tratan de hacer las paces

y ustedes se resisten.

-Con todo lo que nos hemos esforzado

esta mujer y yo por hacerles felices, Fabiana.

-Mire, Carmen,

si no recuerdo mal, no hace ni cuatro días mal contaos

estaban las dos como el perro y el gato.

-Diferencias sin importancia entre las dos.

-Ya.

Y ahora están como el perro y el gato, pero con ellos. ¡Venga!

-No me lo puedo creer.

¿Usted también, Fabiana?

Seguro que han sido ellos

que le han pedido que nos eche la bronca.

-Era lo último que me esperaba, ¿eh, Fabiana?

Pagá por el enemigo. -¡A ver qué pasa aquí!

¡Hombre!

¿Piensan ponerse a discutir conmigo también?

¡Ni que necesitara tener a alguien para hacer la guerra!

-Que no, que no, Fabiana,

que usted no nos ha entendido. -Sí. Les he entendido muy bien.

¡Me parece que las dos están muy aburridas

de la vida que llevan

y necesitan andar a la gresca para divertirse!

¡Les voy a decir una cosa,

que tengo mucho trabajo

y muy poco tiempo para andarme con majaderías!

Así que, venga, andando.

-¿Nos está echando, Fabiana? -¡Mismamente!

Muy buenas.

-Buenas. -Buenas.

-¿Cómo van ustedes tan cargás? -Ya lo ve, doña Bellita,

la compra para un restaurante no es lo mismo que para una casa,

se multiplica por diez.

-¿Y no va el servicio al mercao?

-En los negocios, el ojo del amo engorda al ganado.

-Ay, tiene usted razón.

En la pescadería, en mis años mozos,

los que iban a comprar eran los dueños de los restaurantes

y no sus empleaos.

-Un día me tiene que dar clases de cómo limpiar un pescado.

-Cuando tú quieras, mi alma.

Que la que tuvo, retuvo, y yo tengo una maña que ni cantando.

Cuando tú quieras,

compras un mero y yo te enseño a limpiarlo,

a quitarle las escamitas, la tripita,

y te lo dejo limpio para que hagas lo que quieras.

-Yo encantada. -Mu bien.

Por cierto, Felicia, perdóneme la pregunta,

¿Ledesma no colabora?

A ver,

lo digo porque él sería el que debería cargar esto.

-Le queda mucho por aprender del negocio.

Ya le llegará el momento.

-Entonces, ¿la boda sigue pa'lante?

-Claro que sí, doña Bellita,

no es algo con lo que una esté de acuerdo un día, y al otro, no.

-Si lo sé, si lleva usted toda la razón del mundo,

pero pensé que a lo mejor había cambiado usted de opinión.

Como la vi...

tan poco entusiasmada...

-No se fíe usted de las apariencias.

Es mi forma de ser.

Y ahora, si nos disculpa,

tenemos que marcharnos, tenemos mucha faena. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, bonita.

-Esto es lo que se gana con dar tres cuartos al pregonero.

De verdad, Camino, yo no sé si lo del plan de tu hermano

y que le haya pedido ayuda a don José

se volverá en nuestra contra.

-Madre...

Tendría que confiar más en Emilio.

-¿Y si doña Bellita, Cinta y don Jose

al final acaban perjudicados?

-No nos vamos a rendir sin pelear.

-No sé yo.

Vamos.

Tres.

Cuatro.

Y cien.

¡Ah!

Oh.

(SUSPIRA) Estoy hecho un toro. Por mí no pasan los años.

-Servando, pero si lleva solo tres minutos entrenando.

-Lo justo pa tonificar los músculos.

-Usted verá,

a las pruebas se presentan hombres de todas las fuerzas de seguridad:

Policía, Guardia Civil, Guardia Urbana, Ejército...

-Le voy a confiar una cosa. (CARRASPEA)

Las pruebas físicas son lo de menos,

lo que la Casa Real quiere es cacumen.

Y este está completamente en forma.

-Yo no soy quién para darle consejos,

pero no es suficiente.

-¡Servando! ¡Servando! -¿Qué? ¿Qué?

-Nos han dicho en la pensión que estaba aquí.

-¿Y? -¡Ya verá

qué sorpresa más buena le damos!

-¿Qué sorpresa es esa?

-Nos hemos apuntado a las pruebas para ir juntos, en cuadrilla.

-¿Eh?

-Imagínese que nos cogen a los tres, ¿eh?

¿Cómo era eso?

-Uno para todos. -Y todos para uno.

Como los mosqueteros de Dumas.

-Pero déjense de majaderías, hombre,

que el rey no está para pasatiempos.

Me va a elegir a mí.

¿Quién les ha dao la carta de recomendación?

-Nadie les ha pedío na. -Les ha bastao con saber

que soy portero de una finca de postín.

-Cuando se han enterao de que soy vasca...

Ahora, yo sí he llevao carta de recomendación.

-¿Quién se la ha dao? -La marquesa de Lerín,

que es amiga de doña Bellita y amiga de la reina.

-Servando,

parece que le ha salido competencia.

-¡Mire, están todos ustedes perdiendo el tiempo!

Yo...

Yo me voy a entrenar a otro sitio.

¡Déjenme paso, hombre, déjenme! -¡Jesús!

Pero ¿adónde va, hombre de Dios?

¡Pero si vamos a entrenar todos juntos!

-¡Servando, los cubos!

-¿Eh?

-Están vacíos. -Uy...

-Pero...

-"¿Qué te parece"

si vamos a tomar una torrija donde Felicia?

-(RESOPLA) Es que voy a terminar empachada.

En el desayuno, me comí cuatro.

-Yo, cinco.

Como Genoveva no quería la otra suya,

me la tuve que comer yo, no la íbamos a tirar.

-Pues yo no como ni una más hasta mañana.

¿Sabes qué dicen?

Que el secreto para que nos gusten tanto las torrijas

está en la canela molida.

-Puede ser.

-Dicen que... dan más ganas de...

-¿De qué?

-Pues ya sabes. De eso.

-No te entiendo.

-De retozar con el marido. -Ay...

(RÍE)

¿La canela?

Qué vergüenza, por Dios.

Así se las comía a pares la artistilla.

-No llames así a Bellita, que es una reina de la canción.

-Lo fue, lo fue. -Además,

vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, Susana.

Ella se comería dos pares, pero tú, cinco.

No tendrás un amante secreto...

-Como vuelvas a decir eso, rompemos nuestra amistad,

como Lolita y Carmen.

-Por favor, no te sulfures, que era broma.

-Broma de muy mal gusto.

-Entonces, ¿Carmen y Lolita siguen enfadadas?

-Enfadadas es poco.

Las guerras de los Balcanes son juegos florales a su lado.

Aunque hoy no me han dicho nada nuevo.

No me extrañaría

que esta noche volviera a haber gritos en el barrio.

Hasta llegar a las manos podrían.

(Risas)

-A las buenas tardes. -Buenas, buenas.

Sí, sí.

Ya veo que podrían llegar a las manos.

Qué exagerada, Susana.

Venga, que te invito a una torrija.

Con canela.

(Puerta)

-¡Voy!

Felipe, no le esperaba.

-Ya. Ya lo sé.

Venía a saber qué tiene previsto hacer.

No quiero quedarme al margen. -Ya.

Supongo que tiene derecho a saberlo todo.

-Estoy muy preocupado por lo que le pueda ocurrir a Marcia.

-Acabo de recibir esta nota.

Hace menos de cinco minutos.

Es de César Andrade. -¿Dice algo de Marcia?

-No, claro,

él no sabe que la buscamos.

Estaríamos en problemas si se enterase.

Me cita en su mansión en unas horas.

-Anuncia una sorpresa.

¿Qué es?

-Si lo supiéramos, no sería una sorpresa.

-Mauro, puede ser una trampa.

-Puede, pero no lo sabremos hasta que estemos allí.

-Pero es peligroso. -Felipe,

sabíamos que lo podía ser.

Y aun así, nos comprometimos a jugarnos la vida si era necesario.

-Ya.

¿De qué sirve la vida

si uno no está dispuesto a arriesgarla por lo que más quiere?

Vamos a hacerlo.

-Entonces, ¿viene conmigo?

-Por supuesto.

Disculpen que hayamos tardado un poco más de la cuenta,

pero es que es tan temprano...

-Si ya lo entendemos,

ya sabemos que es más hora de merendar que de cenar.

-O de merienda-cena. -(RÍE)

Bueno, la cocinera ya ha llegado,

así que si desean algo más, es solo pedirlo.

-Gracias, Camino.

-Que les aproveche. -Gracias.

-Me siento ridículo cenando a estas horas, que todavía es de día.

-Tú has vivido en Inglaterra, ¿no?

Según decías en tus cartas, la gente allí cena aún más temprano.

-Sí, bueno, pero porque en invierno a las cuatro ya es de noche.

-Pues pensamos que somos ingleses y ya está.

No quiero llegar a casa

y que Lolita y Carmen nos hagan un feo

diciendo que no quieren cenar. Vamos cenados y se acabó.

-Bueno, usted tiene más experiencia.

Al fin y al cabo, se ha casado tres veces.

¿Cuánto...? ¿Cuánto cree que les puede durar el enfado?

-Eternamente.

-Que no, hombre, que no, que no puede ser.

-Lo único que podemos hacer...

es hacer algo para pedirles perdón.

-Ya, pero es que no sé por qué me tienen que perdonar.

-Tenemos que pedir perdón por todo, indiscriminadamente.

-Que no, padre, que no.

Eran ellas las que estaban enfadadas.

Usted y yo estábamos tan ricamente.

-Pues pedimos perdón por estar tan ricamente.

-Que no, padre, que no nos podemos dejar humillar.

Entonces, nunca podremos levantarnos y nos tendrán dominados.

-Nos tienen dominados. -Sí, pero no pueden saberlo.

-Lo saben.

-Desde luego, padre, con esa actitud,

colón no hubiera podido navegar ni en el lago del parque.

-¿Y qué es lo que sugieres?

-La vida es una balanza,

simplemente tenemos que equilibrarla.

-No te entiendo. -A ver...

Ellas están enfadadas con nosotros aunque no sepamos el porqué.

-Correcto. -Así que se supone

que nosotros tenemos que pedirles perdón.

Al menos, eso es lo que ellas esperan de nosotros.

-Te sigo. -¿Y si nosotros

nos enfadamos más con ellas

para que sean ellas las que tengan que pedirnos perdón a nosotros?

-Eso es muy peligroso.

-No si encontramos el punto exacto de equilibrio.

Padre, el sitio en el que ni nosotros pedimos perdón ni ellas.

Simplemente, todo vuelve al cauce

por el que transcurrían nuestras vidas felizmente.

-¿Y vamos a ser nosotros capaces de hacer algo así?

-Pues no lo sé, padre, pero tendremos que intentarlo.

Es que es eso, o yo qué sé, fingir un dolor de estómago.

Aunque por el estómago se han ganado muchas guerras.

Yo creo que el tal Ledesma ese hace trampas.

No le quite el ojo de encima. -No le quitaré la vista.

-No le van a descubrir, es un tahúr.

Mueve las manos más deprisa de las que puede captar el ojo humano.

-Estaré muy atento.

-Porque nos lo ha pedío don Jose, que si no,

yo no me acerco adonde apueste ese hombre.

-Ha dicho que nos devolvería el dinero que perdiéramos.

-Mucho interés debe de tener.

Esperemos que sea por una buena causa.

(Puerta abriéndose)

-Buenos días. (TODOS) Buenos días.

-¿Preparaos pa la partida? -Preparaos.

-Más bien preparados para perder los cuartos.

-Bueno...

A las doce cambia la suerte, lo mismo nos toca ganar a nosotros.

-Tendrían que nacer otra vez para ser más listos.

Vamos, Jacintillo, que su dinero no quiere estar con usted.

Quiere venir a mi bolsillo.

¿Qué? Cesario, ¿se anima usted?

-Lo tengo prohibido vistiendo de uniforme. Yo les miro.

-Los que van de miranda, se callan, dan tabaco

y procuran que no falte bebida.

A la mesa.

-Haga el favor, Cesáreo, están ahí los vasos.

Al lado de la cafetera.

-Bonita carpeta.

-Sí, de lagartijas de mi tierra.

Hacen falta cazar mil para hacer una carpeta como esta.

-Pues si se queda sin dinero, ya sabe lo que tiene que apostarse.

No me importaría nada ganársela. -Ya.

Pero mejor les cuento algo que les quiero pedir antes de empezar.

Resulta que se va a hacer un hogar para los guitarristas de flamenco.

-Yo pa eso no doy ni un duro.

-Yo un duro no,

pero una peseta, sí. -Y yo, otra.

Usted también, ¿no?

-Una peseta, no, yo, si acaso, dos reales.

-No se preocupen, no quiero dinero,

solo unas firmas para que el alcalde nos atienda.

-Hombre, una firma no se le niega ni a un mendigo.

-Eso. La de usted,

teniendo en cuenta que está a punto de ser

el dueño de un negocio saneao, me sería de gran ayuda.

-Pues venga, ¿adónde hay que firmar? -Aquí. Ahí.

-Y, hala,

a jugar.

¡Bien!

Bueno, ¿qué? ¿Y estos señores no firman?

-¡Ah, sí! -Hombre, faltaría más.

-Sí, claro. Claro.

Usted dirá... ¿Por qué nos ha citado?

¿Haremos negocios?

-Eso nunca se sabe.

A los socios hay que conocerlos en las circunstancias más diversas.

-Pues aquí nos tiene.

¿Qué quiere saber?

-Todo y nada.

Y menos quiero hacer preguntas.

A mí me enseñaron

que en la mesa, en la cama y en el juego

se conocía a los caballeros.

De momento, quiero hacerles un regalo.

Vengan conmigo.

¿Qué les parecen?

-Muy bellas.

-Mírelas de cerca, amigo Mauricio.

-¿Están en venta?

-Todo en el mundo está en venta. Solo hay que llegar

al precio oportuno.

Le ha gustado Yolanda.

No me extraña.

Es bellísima.

A pesar de ser clara de piel.

-Sí lo es, sí.

-¿Por qué no se va con ella?

Le hará pasar unas horas inolvidables.

¿Verdad?

-Se lo agradezco,

les veo en un rato.

-No tenga prisa.

Su turno.

-No.

No es necesario.

-¿Cómo iba a confiar en alguien que rechaza un regalo mío?

-Está bien.

Esa.

-Buena elección.

También tiene buen ojo.

Disfrute de Lisette.

Las demás, volved a vuestros dormitorios.

Estás preciosa, querida.

Prepárame un baño

mientras mis invitados se divierten.

-Sí, señor.

Ah... -¿Qué pasa?

-Carmen. -¿Qué?

-Parece que el mismísimo Pedro Botero

hubiera encendido las hogueras del infierno en el centro mismo

de mi estómago.

-Pues yo de ti me tomaría una cucharadita de bicarbonato

después de cenar.

-¿Vais a hacer cena?

-No. -Ay, ay, ay, ay...

-"Más que un inconsciente,"

eres un insensato. -No, no lo soy.

Confíe en mí, se lo pido.

-Ojalá pudiera ser tan temeraria como tú y confiar.

Pero conozco a Ledesma

y sé que no se va a dejar torear.

Ese hombre acabará contigo, hijo. -No,

si sale como espero. -Si sale como espero.

¡Sí, sí, sí, sí!

De esta aprenden. -O aprenden

o la palman de sueño.

-Y no vamos a ceder ni un ápice.

-No vamos a ceder ni un... Ni una miaja, Carmen.

-Por mucho que lloren. -Aunque berren.

Como se dice en Cabrahígo:

"Al que no le apañe,

pues se le echa del pueblo". -Anda... (RÍE)

Pues mira, eso me gusta. Y así será.

-"He convidado a merendar"

a doña Bellita y don José.

Quiero una mesa bien vistosa.

Si me vieran en el pueblo

con los mejores artistas de España...

Y encima, en mi propio negocio.

-Este no es su negocio.

-Lo será, zagal.

No te quepa la menor duda.

Y si no lo es todavía, por el momento, mejor para mí.

No tendré que ocuparme de nada y nos serviréis la merienda sin rechistar.

-"¿Ledesma? -Sí, mujer".

El paleto. -Sé muy bien quien es Ledesma, hijo.

Lo que no sé es si me apetece merendar con él.

-Merendar hay que merendar, ¿no?

Es un lerdo codicioso.

-Digo. -Bueno,

pero no le podemos hacer ese feo.

-No me termino de creer

que hayas hecho tan buenas migas con ese paleto.

Ha metido a la policía.

-Felipe, por favor, no sea absurdo. ¿Por qué iba a hacer eso?

-¿Por costumbre?

¿Por inseguridad? ¿Por miedo?

-Va a terminar ofendiéndome.

-"Van a ser ustedes"

los primeros en brindar a la salud de la novia. Y de la mía.

Que yo también me caso.

(RÍE)

Bueno, sobre todo que sea limpio,

que si no, da muy mal fario. -¡No brinden!

No habrá boda. -"Debe ser atroz"

enviudar dos veces. -Sí.

Y en el mismo año. -Aunque de don Alfredo

ella ya era viuda antes.

-No hables mal de los finados, nihilista,

ni de los pecadores, ya les daré el Señor lo suyo.

Perdonen que no me pare.

Buenas tardes.

-"¿Y qué si blanca es la nieve?".

"Sus pechos son morenos".

¿Hebras son los cabellos?

Hebras negras los suyos. -Quiero que me enseñe

a todas las chicas de color.

Sé que se guarda algún as bajo la manga.

-Me gusta que mis clientes no se conformen

con lo primero que encuentren.

Eso quiere decir que están dispuestos a pagar un precio justo.

Alto,

pero justo.

-Enséñemelas.

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Acacias 38 - Capítulo 1094

10 sep 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Raskita

    Pues a mi me gusta mas Genoveva como pareja de Felipe, claro que para eso tenía que haber ido en otra dirección su personaje, quizá aún pueda pasar, hubieran hecho un matrimonio muy bueno con buenas anécdotas en la serie, mas que con Marcia, Clara Garrido trasmite mucho, sobre todo las escenas dramáticas, en la muerte de su marido era tan increible su actuación que me llegó a emocionar como si todo fuera real.

    pasado sábado
  2. carmela

    Voy a ser breve y me sumo a los dos primeros comentarios, también a mi me parece que la historia, no encuentra un hilo que pueda atraparme como cuando comenzó. Carmen y Lolita perdieron su personaje y aburren, Trini y Susana también. Me encanta la flia andaluza es genial. ¡¡¡Felicitaciones al elenco de Actores!!!

    12 sep 2019
  3. Lucy

    Estoy de acuerdo con Mari, la serie se ha vuelto pesado y un poco repetitiva raya en lo aburrido a veces, deben darle un fin pronto para que no terminen decepcionando a los televidentes

    12 sep 2019
  4. Mari

    Yo hace cerca de un año que no la veo.. Si es cierto que leo lis resúmenes. Pero se ha convertido una serie densa y pesada.. Los personajes ya no pueden dar más de sí. De donde ya no hay no se puede sacar más. Ojala le den un final justo y digno ya que las primeras temporadas fueron maravillosas he increíbles.

    12 sep 2019
  5. Berta

    Erase una buena serie que lo fue un montón de capítulos... poco a poco ha dejado de ser ni la sombra de lo que era. Los personajes ya no atraen, las historias son un aburramiento penoso, los diálogos ya no aportan absolutamente nada. Cómo se lo están cargando todo.

    11 sep 2019
  6. Victoria

    Acabo de ver la entrevista a Marc Parejo y me ha encantado, siempre es un gusto ver a los actores hablar acerca de su trabajo. Estoy de acuerdo con él en varias de las cosas que ha dicho: que la trama de Felipe y Marcia es muy bonita, a mi me tiene totalmente enganchada ese "suspense" y si añadimos la llegada de Mauro pues escenas "redondas". No cabe duda que Marcia es una mujer preciosa, buena actriz y que tienen mucha química ... esas miradas entre ambos, ese baile, etc.; solo espero que Felipe se quede con ella y no con Genoveva. Por último, me gusta muchísimo el cambio de Felipe, se ha convertido en un hombre maravilloso. Aprovecho para felicitar a MARC, TRISHA y también a GONZALO y darles las gracias por hacerme pasar momentos increíbles con el extraordinario trabajo que realizan.

    11 sep 2019