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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1092 - ver ahora
Transcripción completa

Lo único que he encontrado que pueda resultar comprometedor fue que...

algunos de los hombres de las cuadrillas que contrataban,

murieron bajo extrañas circunstancias.

-Y sin saber la causa.

-Se sospecha que quizá pudo haber sido por alguna intoxicación

o algún mal contagioso que contrajeron durante su labor.

-"¿Ha mandado seguirme?". -Por su seguridad.

Y demos gracias a que lo he hecho.

¿Cómo se le ocurre ir solo a la casa de Andrade?

¿Ha perdido el oremus?

¿Qué se proponía? -¡Ya lo sabe!

¡Encontrar a Marcia!

¡Son peinetas, Servando!

-Me encorajinaba que se quedara usted sin ellas.

-Pero no tenía que haberse gastado tanto parné.

¿El comisario estuvo aquí en Acacias?

-Sí, preguntando por Felipe y Mauro.

-Seguro que su visita tiene que ver con la desaparición de Marcia.

Tengo que ir a investigar sobre los fertilizantes

que Ledesma usaba cuando sus hombres murieron.

Y he de verme con un periodista que cubrió las muertes.

¿Tú has visto lo mismo que yo?

-Pa chasco que sí, Carmen.

-Nuestros maridos se están evitando.

¿Qué opina de la visita de ese comisario a Acacias?

Quiero que se calme.

Que se quede tranquila de una vez por todas.

Me he encargado de Marcia como le prometí,

la he sacado de su vida para siempre.

Aunque las peinetas son fetén,

no acaban de convencerme pa una servidora.

-Pero ¿eso por qué?

-Porque son más apropiadas pa una muchacha joven.

-¿Dónde vas?

Intuyo que la mesa la has preparado tú, ¿no?

-Pues sí, ¿por qué?

-Porque a lo mejor la tiene que recoger Carmen.

Digo yo que es lo justo.

-Ya se recogerá cuando terminemos de merendar, yo todavía tengo hambre.

Nota para usted.

-¿De quién es?

-No sé, no tiene remite.

He estado en la biblioteca hablando con un periodista

que investigó las extrañas muertes.

¿Y sabe qué?

Que estas no fueron las únicas.

Cuando Ledesma lideró las cuadrillas,

hubo más muertes extrañas.

-¿Se saben las causas?

-Se sospecha que pudo ser a causa de los fertilizantes prohibidos.

-Lo lamento, Emilio, pero tengo que mantenerme al margen.

No puedo ayudarle más.

-Andrade está dispuesto a conversar.

(Llaman)

Mauro, no le esperaba.

Pase.

He recibido una nota de Andrade. Quiere vernos.

-Lo sé, yo también he recibido una nota similar.

Pero usted no irá a ninguna parte.

-¿Ha perdido el oremus? Ha mordido el anzuelo.

Me temo que él no es la presa, sino nosotros.

Parece una trampa.

-Podemos averiguarlo acudiendo a la cita.

-Así es, pero iré yo solo. Usted esperará noticias.

No vale la pena correr el riesgo. -¿Cómo que no?

¡El futuro de Marcia está en juego!

-Flaco favor le haremos si caemos nosotros en las garras de Andrade.

Usted no va a ir a casa de Andrade.

-¡Ni usted ni mil como usted van a impedir que vaya a esa mansión!

¡¿Olvida que estamos buscando a la persona que amo?!

-Es usted el que parece olvidar que estamos jugando con fuego.

-Por Marcia no temo quemarme.

-Usted no tiene experiencia alguna en estas lides.

Si quiere recuperar a Marcia, me obedecerá y aguardará noticias.

-Me pide demasiado.

-El premio lo vale.

Déjeme a mí llevar este asunto, no se arrepentirá.

-Lo lamento, pero no me quedaré de brazos cruzados

mientras Marcia esté en manos de ese canalla.

-Ni hablar.

-Mauro, déjeme pasar, se lo advierto.

¡Déjeme salir!

-¡Escúcheme! -¡Déjeme pasar!

-Felipe.

Si fuese usted otro, no dudaría en dejarle marchar.

Y allá cada cual con su conciencia si el asunto termina en fracaso.

Pero usted es mi amigo, le tengo en la más alta estima

y no dejaré que haga algo de lo que pueda arrepentirse.

Confíe en mí, es lo único que le pido.

-De acuerdo.

Seguiré su consejo, no acudiré a la cita.

Pero por su bien,

espero que no tenga que arrepentirme.

(Sintonía de "Acacias 38")

No le comprendo, ¿por qué me niega ahora su ayuda?

Contaba con usted para evitar que Ledesma se casara con mi madre.

-Sí. Pero no pensé que se trataba de remover asuntos tan turbios.

-¿Lo dice por los trabajadores muertos?

-Claro, hay que dejar a los muertos tranquilos.

No son cuitas de mi agrado.

-Tampoco es plato de buen gusto para mí, créame.

Pero fue usted quién me aconsejó que investigara esas muertes.

-Pensé que se trataba de un solo accidente,

cada vez aparecen más afectados.

Mira, Emilio, yo soy un hombre tranquilo,

entregado al arte de mi esposa.

Estos asuntos me superan.

Me dan mal fario.

Quizás haya otra manera de que se deshaga de Ledesma.

Algo menos truculento. -Si la hay, no la hemos encontrado.

Don José, una buena mujer como es mi madre,

casada con ese desaprensivo,

eso sí que debería darle mal fario.

Yo no pienso quedarme de brazos cruzados,

sacaré a los muertos de sus tumbas si es preciso para impedirlo.

-Otra vez con los muertos.

No hay que ponerse tan gráfico.

-Mire, yo contaba con su ayuda, pero no insistiré más.

Trataré de arreglármelas solo. -Bueno, usted gana.

¿Qué necesitas de mí?

-¿Va a ayudarme?

-Sí. Y que Dios nos coja confesados.

-Está bien.

Es preciso que nadie sepa lo que nos proponemos.

-Me será sencillo guardar el secreto,

de momento, no tengo ni idea de qué se trata.

-En seguida estará al tanto. Su papel será primordial.

-Hubiese preferido un papel más secundario.

-Camino me ha contado que cumplió usted la semana pasada con creces.

Que fingió perfectamente no saber nada de mi viaje.

-Ya se me podría haber dado algo peor.

-Lo que necesito ahora es eso, que siga fingiendo.

-¿Va a marcharse otra vez de viaje? -No,

al contrario, voy a quedarme bien cerca,

observando cómo se gana la confianza de Ledesma,

hasta convertirse en su amigo.

-¿Quién, yo? ¿Yo amigo de Ledesma?

¿Ha perdido el juicio? -Nunca he estado más cuerdo.

Es vital que se gane su confianza.

Ha demostrado tener madera de actor.

Estoy seguro de que puede lograrlo.

(Puerta)

Uy, no sabía que teníamos visita.

¿En qué podemos ayudarle, Emilio? -En nada,

ya me marchaba.

Venía a traerles un fuet que les compré en Barcelona.

-Mira, se agradece,

aunque nada tenga que ver ese embutido

que le gusta a los catalanes

con un buen salchichón ibérico, todo sea dicho.

Bueno, ¿y dónde lo ha dejado?

-Me lo he comido.

-¿Entero?

-Digo.

Así... a lo tonto, a lo tonto,

como el que no quiere la cosa, ni me he enterado.

-Bueno, yo me marcho ya.

Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

¿El fuet y el bizcocho también?

Hijo, qué saque tienes.

(Puerta)

Agustina, ¿deseaba algo? -Nada de enjundia, señor,

tan solo avisarle de que la cena estaba lista.

Puedo servírsela cuando desee.

-Gracias, pero no me voy a quedar a cenar.

Tengo que salir.

-¿Ni siquiera tomará unos bocados?

-El asunto que me requiere no admite demora.

(Llaman)

Sea quien sea, no estoy para nadie.

¿De acuerdo? -Sí, señor.

Doña Genoveva quiere hablar con usted.

No culpes a tu criada, Felipe.

Ella ya me ha dicho que no podías recibirme.

Pero no he aceptado un no por respuesta.

Agustina no te engañaba, no te puedo atender.

Tengo que salir unos minutos.

Descuida, no te entretendré más allá de unos segundos.

Te aseguro que no llegarás tarde por mi culpa, vaya a donde vaya.

Muy bien. Tú dirás.

Quería expresarte mi alegría

por verte de nuevo después de estos días.

Espero que estés bien.

Te lo agradezco. He estado ocupado con unos negocios.

¿Deseas algo más? Sí, en realidad sí.

Quería citarte para una reunión sobre el flete de los barcos.

Me encantaría acudir, pero... Sé que estás muy ocupado,

pero el tema bien merece un esfuerzo, no te llevará tiempo.

Te seré sincera,

aunque Liberto hace lo posible por sacar adelante el proyecto

y por entenderse con el comisionado,

echamos en falta tu apoyo.

Gracias, pero Liberto es capaz de llevarlo a buen puerto.

No tan bien como tú.

Y no soy la única que lo cree.

El propio Liberto así me lo ha expresado.

Está haciendo una gran labor.

Sí. Yo también se la he alabado.

Pero reconozco que no tiene las mismas dotes de negociación que tú.

Te agradecería infinitamente que acudas a la reunión.

Nuestros soldados bien merecen nuestros esfuerzos.

Está bien. Cuente conmigo.

Te lo agradezco. Sabía que podía contar con tu patriotismo.

Te daré aviso de a qué hora nos citamos.

Muy bien. Con Dios. Con Dios.

Agustina.

-Perdone, señor, ya ha visto que no he podido retener a doña Genoveva.

-No se preocupe más por eso. Necesito que haga algo por mí.

-Lo que diga.

Llévele esto al comisario Méndez. He de verle cuanto antes.

-Sí, señor.

Aprovechemos ahora que nuestros maridos ya se han acostado.

Tenemos que hablar seriamente.

-Pa chasco que sí, por eso la he citao.

-¿Qué dices?

Si quedar a estas horas ha sido idea mía.

-Carmen, qué rápido se apunta los méritos ajenos.

-Vamos a dejarlo, que mal empezamos si nos enzarzamos por una tontería.

-Aparte de que yo tenía razón y no usted.

-Anda, sentémonos.

Lolita, tenemos que hacer algo. Ramón lo está pasando muy mal.

-Peor aún lo pasa Antoñito, ¿ande va a parar?

-¿Vamos a tener que discutir hasta por quién está sufriendo más

con esta situación?

-Carmen, ha empezao usté.

-Sea quien sea el que lo pase peor, hay que solucionarlo.

Ramón y Antoñito tenían una bella relación padre-hijo.

-Sí, se me parte el alma verles así.

Enfurruñaos y sin dirigirse la palabra.

-Nuestras diferencias les han afectado más de lo que creíamos.

-Si es que ya se sabe, los hombres se lo llevan to a la tremenda.

Si nos dejaran gobernar a nosotras, no habría guerras,

como mucho, algún tirón de pelo.

-Por eso mismo, tenemos que darles ejemplo

y traer la paz de vuelta a esta casa.

-Eso es fácil decir, pero no tan fácil de hacer.

-Hagamos el esfuerzo por ellos.

Creo que...

debemos tomar ejemplo de la madre naturaleza

y de las fieras que la habitan.

-¿Qué dice, Carmen? -Chist.

¿Pretende que resolvamos nuestras diferencias a zarpazos?

-Que no, mujer, qué bruta eres,

me refiero a que deberíamos separar los territorios

para no chocar entre nosotras.

-Ya me dirá cómo, porque yo cada vez estoy más grande.

-A ver, se trataría de que separásemos

las tareas.

Una hace una cosa y tendrá unas responsabilidades,

la otra hace otras cosas y tendrá otras responsabilidades.

-Y ninguna se meterá en el territorio de la otra.

-Muy bien. Veo que lo has entendido.

A ver si eso sirve para que tengamos menos disgustos.

-Me parece buen apaño. -No se me ocurre otra cosa, ¿eh?

Entonces, ¿qué, Lolita,

tenemos un acuerdo, no?

-Costumbres de Cabrahígo, Carmen.

Pues la próxima vez, te podrías ahorrar el salivazo.

Gracias por venir, comisario. Veo que recibió mi nota.

-Y como usted me adelantaba en ella, también recibí una nota de Felipe

pidiéndome que fuera a verle,

que tenía algo de vital importancia que contarme.

-Espero que haya optado por hacerme caso y venir antes a hablar conmigo.

-Efectivamente.

Y ahora espero que me explique por qué estaba tan seguro

de que Felipe iba a citarme.

-Muy sencillo,

lo conozco bien.

Sabía que no se iba a quedar de brazos cruzados.

-¿En brazos cruzados de qué?

Mauro, le exijo que me diga qué se traen entre manos.

-Le advierto que es una larga historia.

-Descuide, tengo tiempo.

-Tome asiento.

Se lo contaré todo.

Así que, ¿has vencido las reticencias de don José?

-Sí, por fortuna.

Pero no te veo demasiado contenta.

-Tengo motivos para no estarlo.

Comparto con el padre de Cinta sus resquemores con todo este asunto.

-Camino, yo tampoco lo he elegido.

Pero quizás sea la única manera de libarnos para siempre de Ledesma.

-Pero si ese canalla está detrás de esas muertes,

eso le hace más peligroso de lo que creíamos.

-Sí. Y menos indicado para unir su vida a la de nuestra madre.

-Lo sé.

Pero, ¿y si descubre lo que te propones investigando su pasado?

-Tu vida podría estar en peligro.

Y la del pobre don José.

-Mira, Camino,

no las tengo todas conmigo.

La situación puede tornarse muy peligrosa.

-¿Entonces?

-No veo otra manera de salvar a nuestra madre. ¿O acaso tú sí?

Buen día.

-Cinta, no te esperábamos tan temprano.

Venía a saludaros.

No temas, no te entretendré, sé lo ocupado que estás.

Para ti no puedo estarlo, amor mío. De hecho,

no puedo imaginar mejor manera de comenzar el día,

que viendo tu rostro.

Pareces de muy buen humor esta mañana.

Lo estoy.

Y deseoso de disfrutar del resto del día.

Le estaba comentando a Camino que podríamos ir al cinematógrafo.

¿Por qué no vamos los tres?

Será un placer.

-Un placer del que no voy a poder disfrutar.

Tengo obligaciones que atender.

Pero podéis ir los dos juntos.

Así lo haremos. Te echaremos de menos.

Eso lo dudo más, ya sabes lo que se dice, dos son compañía,

tres son multitud.

Qué extraño que Camino no quiera venir con nosotros,

con lo que le gusta.

-Así es, pero también es cierto que tiene mucha faena por delante.

¿Y tú no?

También, pero si me afano,

podré sacar un rato para ver una película

con la mujer más guapa del mundo.

Carmen, ¿qué haces?

Te puedes caer de la escalera y dar con el cuerpo en tierra.

-Es la única manera de que alcance a limpiar ahí arriba.

-Prefiero tener los cristales sucios,

a tener a mi esposa con la pierna rota.

-No seas exagerado,

no será la primera vez que me subo a una silla para limpiar.

-Porque no estaba yo para cuidarte.

-Te agradará saber que he repartido las tareas de la casa con Lolita.

Así evitaremos disgustos.

-¿Y mientras tú limpias los cristales, qué tiene que hacer ella?

-Más tarde, limpiará el polvo de los muebles.

-Muy bien. Me parece que mi nuera ha sabido elegir.

Sin duda, se ha quedado con las tareas más sencillas

y que menos esfuerzo requerían.

-Tampoco es eso, Ramón.

¿O qué quieres, que en su estado se esté subiendo a las sillas?

-A ver si me entiendes, no quiero que haga esfuerzos de más

y que termine por caerse.

Pero tanto que presume de ser cabrahiguense,

y ahora todo son melindres.

-El reparto ha sido de mutuo acuerdo.

A mí no me importa limpiar un poco más.

Porque eres más buena que el pan, un ángel caído del cielo.

Te esfuerzas para que no haya disgustos,

pero en el reparto has salido perdiendo.

-Que no, Ramón, que no.

-Además,

tú también debes cuidarte, que vas teniendo una edad.

-Vaya, qué gran piropo me has echado.

-Lo digo para que no te lastimes la espalda.

Deberíamos tener una criada, pero claro, Lolita no quiere.

-Yo tampoco creo que sea necesario.

-Y lo peor es que detrás de este reparto, adivino la mano de mi hijo.

Que a ese hay que darle de comer aparte.

Se quiere burlar de nosotros. -Templa, Ramón,

templa, que tú solo te vas encendiendo.

Si es lo que quieres, volveré a hablar sobre el reparto de tareas.

-Me parece bien.

Y no aceptes un reparto que no sea justo

y esté basado en el interesado criterio de Antoñito.

-Ramón, te digo que él no ha tenido nada que ver en todo esto.

-Y yo te aseguro que es la cabeza pensante de este reparto.

Le conozco, y nos toma por el pito del sereno.

-Pues venga, para ti la perra chica.

No, Lolita, que no, ni perra chica ni leches,

vaya apaño has hecho con la repartición de tareas.

-Carmen se ha quedao con las más afanosas.

-Mientras tú pasas el día partiéndote el lomo

en la mantequería.

-Arrea, que exagerao, tampoco es eso.

-Si Carmen tuviese algo de vergüenza, bajaría a ayudarte.

-(SUSPIRA)

Templa, que fui yo quién eligió quedarse en la mantequería.

Aquí estoy distraída.

-Distracción que te puede salir cara, o te recuerdo tu estado.

-No me lo recuerdes, que me acuerdo perfectamente.

Estoy embarazá, no impedía.

Puedo seguir acarreando productos que no pesen un quintal

y atendiendo a los clientes. ¿Una oliva?

-No, gracias. Y cuando llegues a casa,

te sigues encargando de las tareas que te ha puesto.

-Mira, que me he quedao con las más sencillas.

-Faltaría más, tú te haces cargo del negocio familiar,

y luego llegas a casa y sigues ayudando.

Seguro que mi padre es quien está detrás de todo esto.

-Tu padre no intervino en na. Lo decidimos la Carmen y yo.

-No seas ingenua, le conozco bien.

Seguro que Carmen hace lo que mi padre le ha dicho que haga.

Va listo si cree que se va a reír de nosotros.

Hay que ponerle coto a este abuso, y yo me encargaré de hacerlo.

Me voy a ir porque me estoy calentando.

-Ea. -Sí.

Pues que te dé el aire. Ya me beso yo.

Qué buena.

Oh.

Qué maravilla, Fabiana, la figurita es digna de un museo.

-Di que sí.

Hasta diría que el diestro le da un aire al Espartero

y el morlaco al Cuartelero. -Bien podría ser.

Historia viva de la tauromaquia.

¿Y se la ha regalao el Servando?

-Pa que la ponga en el mostrador de la pensión.

-Sí que le va a dar clase al establecimiento.

Está muy desprendío el Servando,

no deja de hacerle presentes.

-Te equivocas, Marcelina,

no es otro regalo, sino el mismo.

-Convencí al Servando pa que devolviera las peinetas.

-Sí le quedaban fetén.

-No me acababan de convencer por muy resultonas que fueran.

-La verdá es que ha salío ganando. Esta figurita no tiene parangón.

-Marcelina, no la mires tanto, que la vas a desgastar.

¿Por qué no haces algo útil y te acercas al quiosco

y me traes el diario? -Poder podría,

pero también podría ir a recogerlo usted mismo,

que tiene más cara que espalda.

-¿A cuento de qué tamaño interés por el diario?

-He escuchao a unos clientes, que ha salido un artículo

de que la Casa Real precisaba personal pa un acto muy especial.

-Ah.

¿Y eso qué diantres le importa?

-Toma, niña, pues blanco y en botella, me voy a postular.

-Ande,

si no sabe en qué consiste la faena.

-Sé lo principal.

Se precisa gente con gran vocación y amor a la patria.

-¿Y? -¿Y?

Parecía que estaban hablando de uno.

-(RÍE)

Más le hubiese definido, aprovechao

y poco amante de dar un palo al agua.

-No estoy yo para encontramientos.

Voy a coger el diario pa leerme el artículo entero.

La Casa Real me necesita.

-Pobre realeza. No sabe la que se le viene encima.

-Sí.

¿Qué, Marcelina, quieres o no quieres el cafelito?

-Venga, va.

-Al final, los donativos han sido realmente cuantiosos.

-Así es.

Me satisface apuntar que mi tía Susana y Rosina

han decidido a cooperar finalmente.

-Aunque les guste quejarse, nunca dudé de su generosidad.

Generosidad que se puede aplicar a toda Acacias.

El donativo de su familia ha sido cuantioso.

La causa bien lo merece.

-Hemos duplicado su más que generosa aportación con la que todo comenzó.

Gracias a su labor.

Labor que todavía no ha terminado.

Hemos movilizado a un grupo de empresarios que con toda seguridad,

donarán dinero.

¿Perdón?

-¿Se encuentra bien, Genoveva? Parece distraída.

¿Quieren pastas? No, gracias, Úrsula, es suficiente.

-Gracias.

(Llaman)

Iré a abrir.

Debe ser Felipe. -Al final, habrá podido venir.

Felipe. -Disculpen el retraso.

No he podido venir antes.

Lo importante es que ha venido.

-Y llega a tiempo de escuchar buenas noticias, estimado amigo.

-Los fondos son cuantiosos.

-Me alegra escucharlo.

¿Desea que le sirva un té? No, gracias.

-El siguiente paso será reunirme con el armador del barco.

Quiero negociar con él antes de ir a ver nuevamente a Máximo.

Ojala podamos fletar dos barcos,

uno para dejarlo en territorio africano,

para los heridos que no puedan ser trasladados

y otro para los heridos que soporten el viaje.

Sería lo ideal. Negociaremos con el armador y con el ministerio.

Felipe, espero que pueda acudir a esas dos reuniones.

Serán vitales para nuestra empresa.

Lo intentaré, pero no puedo prometer nada.

Pensé que podríamos contar con usted.

No debería haberlo hecho.

Las cuitas con mis clientes me tienen muy ocupado.

-Descuide, si finalmente no puede acudir, no resultará grave.

Liberto está realizando una gran labor.

Entre todos lo sacaremos adelante.

Yo me concentraré en conseguir más donaciones,

y Liberto y Genoveva acudirán a las reuniones.

-Agradezco su comprensión.

Seguiré colaborando en la medida de mis posibilidades

y buscando donativos.

Pero no podré acudir a más reuniones.

Venía a decírselo. Debo marchar enseguida.

-Descuide, lo comprendemos. Estese tranquilo.

Úrsula, acompañe a Felipe a la puerta.

-Con Dios. -con Dios.

Felicia.

-Disculpen. Que tengan buen día.

¿Desea algo, Rosina? -No. Traiga la cuenta.

-En un santiamén.

-Antes me he cruzado con su prometido.

Parecía de lo más contento y satisfecho.

-¿Por qué no habría de estarlo?

-Tiene usted razón, su boda está cada vez más cercana.

Hay motivos para la alegría.

¿Cómo van los preparativos?

-Bien, van bien, aunque apenas he tenido tiempo de organizar nada.

-Tenga cuidado y no lo deje

para el último momento.

Es un día muy importante para usted, todo tiene que salir perfecto.

-Sí, tiene usted razón.

Ahora mismo le traigo las vueltas.

-Madre, parece afectada.

¿Acaso le ha dicho Rosina algo inconveniente?

Me lo imaginaba,

esa mujer a veces es una bruja,

pero no le haga caso, no se ponga usted triste por ello.

-No es eso, Camino.

Rosina no me ha dicho nada impertinente,

creo que me ha visto triste y me ha preguntado.

Pero no estoy triste.

-Entonces, ¿a qué esa cara?

-Te respondo lo mismo que le he dicho a ella,

es solo fatiga.

-No sé si Rosina la habrá creído, pero yo ni una palabra.

-Soy más fuerte de lo que tú te crees.

Sé cuál es mi destino y lo he aceptado.

-¿Así de sencillo?

No debería. -¿Acaso puedo hacer otra cosa?

De sirve negar la realidad, hija.

Espero que mis hijos también lo acepten

y no estén tramando ninguna tontería.

-Claro que no, madre.

Sabemos que no hay otro remedio.

-Me gustaría creérmelo.

Pero intuyo que hay algo extraño en el viaje de tu hermano a Barcelona.

-¿Qué puede tener de raro?

-No sé, dímelo tú.

Empiezo a pensar que ni siquiera ha ido a Barcelona.

-Qué tontuna.

¿Adónde habría ido si no?

No sé de dónde saca esas ideas.

-De tu hermano, mismamente.

Lo que me ha contado a su vuelta ha sido muy escueto

y bastante extraño.

-Será su impresión, a mí no me lo ha parecido.

-¿Y también es mi impresión que se muestra distante y huidizo conmigo?

Entiendo que no quiera saber nada de Ledesma,

pero me duele en el alma que se muestre tan distante conmigo.

-Madre, no piense eso.

Emilio la quiere con locura.

Sería capaz de hacer cualquier cosa por usted.

Toma, llévale la cuenta a Rosina, estará esperando.

A las buenas, Jacinto.

¿Qué, cómo anda?

-Aquí, faenando.

La vida de pobre, qué le voy a contar.

-Pa chasco que sí.

¿Alguna novedad?

-Don Felipe, que ha regresado ya.

Se hacía raro verlo por el edificio, hacía tiempo que no pasaba por casa.

Menos mal que se ha dejado ver el pelo,

que Agustina estaba de los nervios.

Mire, por ahí viene Servando.

Servando, que cara de funeral trae. ¿Está bien?

-Es verdá, parece disgustao. ¿Ha sucedío algo?

-Fabiana, que uno no tiene suerte.

-Y lo dice quien lleva toa la vida faenando menos que un ministro.

-Llevo media mañana tratando de que me elijan pa servir en la Casa Real.

-Lo imaginaba, que cuando a usté se le pone algo entre ceja y ceja,

no hay quién lo pare.

-Se equivoca, lo que me ha detenido,

es esta cruda realidad.

-No se me angustie tanto,

que ni siquiera sabía pa qué era el puesto.

-Por lo que sé,

se trataba de participar en un servicio

que ha encargado personalmente el monarca.

-¿Y le han rechazado?

-No me han dejado presentarme.

Es que, entre otros requisitos,

se precisaba una carta de recomendación.

-Arrea, si es por eso, no se preocupe,

busque quién se la escriba, que yo se la firmo gustoso.

-Jacinto, no es eso.

La tiene que firmar alguien solvente y de reconocido prestigio.

-Lo primero no sé lo que significa, pero lo segundo, sin problema,

que yo tengo prestigio pa aburrir.

Pregunte a los otros porteros, o a mis paisanos del pueblo.

-No, la firma tiene que venir de una autoridad

o de personal de alto rango.

-En tal caso, podría decir que se la firmara al Cesáreo.

-No es suficiente rango ese.

-¿Más autoridá que un sereno?

-Me he pasao por comisaría para ver si veía a algún mando

y me... hacía una carta de recomendación, pero...

-¿No le han hecho caso?

-Qué va, qué va, por poco me meten en el calabozo.

Me han dicho que no tienen tiempo pa tontunas.

-Lo lamento, Servando.

-Siéntalo más por España.

¿Dónde van a encontrar a servidor más valido que uno?

-Y más modesto. -No lo dude.

-Pero yo no me rindo tan fácilmente.

Mi patriotismo me lo impide. -No sé si puede hacer mucho más.

A lo mejor podría valer una carta de recomendación de don Ramón

y don Felipe.

-La mía no le vale, pero la de los señores sí.

-Tiene razón,

no sería suficiente.

¡Perra suerte la mía!

¡Y qué desgracia de país y de pobre rey,

que se van a quedar sin mis abnegados servicios!

Qué pena, de verdad.

-Con Dios.

Pobre hombre, vaya disgusto se ha llevao.

Es que es muy sentío. -En demasía.

Pero, ya que se le ve tan entregao e ilusionao,

habrá que tratar de ayudarle, ¿no?

Al fin y al cabo, se ha portao fetén con una servidora.

-¿Y cómo va a ayudarle?

Perdone, pero no creo que una carta suya tampoco le valga.

-Creo haber tenido una idea.

-Pues luego me la cuenta.

Me ha pisao todo esto.

(Llaman)

Un momento.

Felipe, no le esperaba.

-¿No me va a dejar pasar? -Por supuesto, pase.

-Venía a pedirle disculpas por lo de anoche.

-Yo tampoco estoy orgulloso de lo sucedido.

Será mejor pasar página y olvidarlo.

-Todo lo que está pasando altera mis nervios.

-Es de entender.

-Pero no he de pagarlo con la persona que trata de ayudarme.

-No hace falta disculparse, amigo.

-Vengo a serle sincero.

Anoche escribí al comisario Méndez, citándole.

Ahora vengo de verle.

-Imaginaba que lo haría. -Me conoce bien.

Pero no tema, estuve a punto de contarle la verdad,

pero decidí no hacerlo.

-Eso sí que no lo esperaba. ¿Por qué?

-He decidido seguir su estrategia.

-Me alegra escucharlo.

-Aguarde a que termine de hablar para hacerlo.

Hay un detalle en el que no pienso seguir sus consejos.

Mauro...

No me quedaré de brazos cruzados mientras Marcia está en peligro.

No me apartará de la investigación.

-Es lo más conveniente. -Sí, lo sé, es posible.

Amo mucho a Marcia para quedarme sin hacer nada.

-Lo comprendo.

-Iré con usted a casa de Andrade, le guste o no.

Pero tranquilo,

no haré ninguna tontería.

-Ya sabe mi opinión al respecto, es una locura.

Pero en fin, veo que no puedo oponerme.

-Así es, mi decisión es firme.

-Le entiendo.

Si yo estuviera en su pellejo, haría exactamente lo mismo.

-"Os veo muy enteros"

pa la juerga que os corristeis la otra noche.

Ahora, a la próxima parranda me apunto yo.

Y os vais a enterar cómo es una parranda de las mías.

-Arrojo, José, que no se diga.

-Me hace una gracia. -Nos vemos a la noche.

Que se vaya acostumbrando mi señora, porque si no... Venga.

-Ay.

Perdone.

Iba pensando en mis cosas, distraído.

-No hace falta que lo jure.

-Parece que nuestra relación no ha comenzado con buen pie.

-Y no tiene pinta de mejorar.

-Eso está por ver, ¿eh?

Estoy pensando que no le he felicitado por su próximo enlace.

Felicidades.

Sepa que tengo en la más alta estima a los Pasamar.

Por eso me alegra que Felicia vaya a casarse tan bien

y esté tan enamorada.

-¿O no es así? -Por supuesto.

-¿Lo ve? Estamos de acuerdo.

Deje que le invite a un tentempié pa celebrarlo.

Así podremos conocernos mejor.

¿Le gusta el Moriles?

Y los toros.

Seguro que los toros también son de su interés.

No hay nada mejor que una buena conversación sobre tauromaquia,

mientras se paladea un oloroso.

No le digo yo que no, y más si le invitan a uno.

-Qué gracioso es usted, Ledesma.

Si le parece, lo tomaremos en el bar de la pensión.

Estaremos más tranquilos.

-Usted paga, usted decide. -Ea.

Dígame, así pa empezar,

¿es usted más de Belmonte o de Joselito?

-Yo de política na.

-(RÍE)

Usté está sembrao, don Copérnico.

(Timbre)

Doña Susana, no esperaba su visita. Pero pase. Pase.

-No la tenía planeada, pero la necesidad obliga.

-Usted dirá. ¿En qué le puedo ayudar?

-Estaba cocinando un guiso,

cuando he descubierto que me había quedado sin sal.

-Tampoco es un asunto de gravedad.

-Eso pregúntaselo a las patatas. ¿Hay algo peor que un guiso soso?

-Se me ocurren unas cuantas cosas.

No se lo tome a mal, pero...

no es que no le quiera dar la sal,

pero no comprendo por qué no se la ha pedido a una vecina

o ha ido a la mantequería a comprarla.

-De ahí mismo vengo, Carmen. Pero me la encontré cerrada.

Con un cartelillo que decía: "Volveré en cinco minutos".

-Y ha preferido no esperarla.

-Así lo he hecho, pero los cinco minutos se han convertido en diez,

y allí nadie aparecía.

-Se habrá entretenido con cualquier cosa.

-Ya que estamos, ¿sabes decirme en qué se ha entretenido?

¿Acaso le ocurre algo a Lolita? -No que yo sepa.

-Claro, porque tú lo sabes todo de ella.

Estáis tan unidas...

-No sabía que teníamos visita.

-¿Qué haces aquí, que no estás en la mantequería?

-Ya podía esperarte en la puerta.

-He ido a llevarle un pedido a doña Remigia,

que la pobre no puede dar ni un paso con la ciática esa.

Y con tan mala suerte que me he manchado de aceite,

por eso venía, a cambiarme.

Carmen, no ha limpiao los cristales, están como esta mañana.

-No me ha dado tiempo de acabarlo.

-Ni que fuese la obra del Escorial.

Ya me dijo mi Antoñito que no me fiara de su trato.

¿Y qué tiene que opinar él al respecto?, pregunto yo.

A ver si Ramón tiene razón y es él quien está detrás de todo.

-Mire, Carmen...

Mejor, me callo. -Sí.

-Seguid a lo vuestro, por mí no os cohibáis.

-Nada, Susana, era tan solo una tontería.

-Ya lo he visto.

Si... como te decía antes,

se ve que os lleváis a las mil maravillas.

Al parecer, tan bien como vuestros maridos.

Lolita, ¿por qué no acompañas a doña Susana a la mantequería?

Tiene que comprar kilos de sal, y con la mayor urgencia.

-¿Y mi mancha? -¿No es de aceite?

Te pones sal, y ya está.

Corra, doña Susana,

que no quisiera yo que se quedaran sus patatas sosas.

-Gracias, Carmen.

-Vamos.

(EXHALA)

-Aquí tiene su café, señor Pacheco.

¿Todo bien, don Ramón? -Todo bien, gracias.

Don Ramón, ¿esa no es la reina madre doña María Cristina?

-Ha ido a visitar a los heridos del accidente de tren de Irún.

-No debe de ser plato de buen gusto dar consuelo a tanta desgracia.

Pa que luego digan que los reyes no sirven pa na.

Y, mire, ¿dice algo de los puestos de personal pa la Casa Real?

-No, no he leído nada.

-Pues según Servando, debe tratarse de algo muy especial.

¿No ha podido enterarse de qué se trata?

-No.

-Muy buenas, Fabiana. Ponme un cafelito.

-Sí, señor. Enseguida se lo pongo.

-No, déjalo, déjalo.

-Siéntese, don Antoñito, si no tardo nada, ya verá.

-Se me ha olvidado algo. Ya volveré.

-Ponle el café, Fabiana.

-Sí, pónmelo, pónmelo.

Además, me lo tomaré aquí, con don Ramón Palacios.

-No hace falta que me evites de esta forma tan cobarde, ya me marcho.

-Se puede quedar o se puede marchar, me la trae al pairo.

Pues dicen que a lo mejor esta noche llueve,

que vienen unas nubes de la sierra.

-Todo lo que caiga del cielo, bueno es, don Antoñito.

¿Y qué, cómo está la señora Palacios?

-(AMBOS) Bien.

-Pues me alegro que estén bien las dos.

¿Quiere más café, don Ramón? -No, gracias, ya me marcho.

Dime que te debo de los cafés.

Vaya, la cartera, espero no haberla perdido.

-Quizá se la han robado, que hay mucho mangante.

-Esta mañana la vi antes de salir de casa.

Debe haberse quedado en la otra chaqueta.

-Si es para el café, no se preocupe, yo le convido.

-Cóbreme los dos.

-De ninguna manera, ya bajaré yo a saldar la deuda.

-Cóbrame, por favor. -Ni se te ocurra.

-Cóbrame de aquí.

¡Temple, señor! Perdón, templen, señores.

Fabiana les invita encantada.

-Con Dios. -Con Dios, señor.

-No se puede ser más cabezón.

Tomen, zumo de guayaba con miel.

Me acostumbré a esta bebida en Brasil.

No contiene alcohol, pero es absolutamente refrescante.

-Se lo agradezco, es usted un gran anfitrión.

-En esta vida, no todo pueden ser negocios.

Hay que saber disfrutar de los pequeños placeres, amigo Mauricio.

-Brindo por ello.

-Su socio no parece opinar igual.

¿Se encuentra usted bien?

-Perdone, simplemente estaba distraído.

-¿Acaso mi conversación le aburre? -Disculpe al señor Sánchez.

Está acostumbrado a llevar los negocios

de una manera mucho más directa.

-Está bien, en ese caso, no les entretendré más.

Vayamos al asunto que nos atañe.

Aunque antes, les debo advertir de algo.

Dada mi posición, debo tomar todo tipo de precauciones

a la hora de elegir con quién hago mis negocios.

-Es natural. No esperaba menos de alguien de su valía.

-Si he sobrevivido en este mundo

es porque, escúchenme bien,

jamás me he fiado de nadie.

-Eso es una garantía de éxito.

-Me alegra que estemos de acuerdo.

Entenderán entonces que haya estado investigando sobre usted,

Mauricio Aguirre.

-¿Investigando?

-He de confesarle que, además de mi habitual cautela,

había algo en su historia que me hacía desconfiar.

-Espero que sus investigaciones no hayan tardado en mostrarle

que no había motivo para ello. -Eso díganmelo ustedes.

Pedí que me consiguieran un retrato de usted,...

un retrato de Mauricio Aguirre.

Seguro que a su socio también le interesa verlo.

¡Tienen que arreglarse, la cosa no puede seguir así!

-Así, ¿de qué?

-Antoñito y don Ramón han estado en la pensión tomando un café.

Pero bueno, por decir algo,

uno no se lo ha tomao, y al otro se le ha atragantao.

-Eso no es motivo para que venga arrastrándome como si fuera ganado.

-Sí, Carmen, es razón, y de más.

Ni padre ni hijo se han mirao.

Y hablarse poco y pa soltarse cuatro frescas.

De parranda con Ledesma. -De parranda, na de na.

-Parecía que andabas de vinos con ese mala sombra.

¿No decías que te caía tan malamente?

-No saques las cosas de quicio, ha sido algo puntual.

-José, que se coge antes a un mentiroso que a un cojo, ¿eh?

Quiero estar al tanto de las entradas y salidas

del comisario en el barrio, aunque sea para tomar un café.

Estaré alerta ante cualquier movimiento...

Y me informará de ello.

¿Se encuentra bien? Le encuentro desanimado.

-No, desanimado no, desilusionado más bien.

-¿Y qué es eso que necesita tanto tiempo y meditación?

-"Lolita, estoy pensando..."

que quizá el reloj, quede mejor aquí que debajo de la ventana.

Porque así vemos la hora desde el sofá y desde el comedor.

Ese hombre, Ledesma,

no me da buen olfato.

-Pues tápate la napia,

y céntrate en las fichas, que es el dominó.

-Jacinto tiene razón.

Ledesma no ha entrado con buen pie y no tiene intención de cambiar.

Que no, que no. -Que sí.

-Ni se le ocurra. Que ese sitio es perfecto.

-¿Otra vez estáis a la gresca?

-Ledesma es un buen hombre.

Si no, ¿a qué iba doña Felicia a casarse con él?

-Otro misterio, como la amistad que tiene con usted.

-Copérnico Ledesma puede parecer petulante,

brusco, sí,

y si me apuran, pendenciero,

pero tiene buen fondo.

Os hemos convocado para tratar de solucionar de una vez

los problemas de convivencia que se están sufriendo en esta casa.

Se acabaron los reproches, a partir de ahora hay que...

hablar sin tapujos y con sinceridad.

A ver si es posible que las aguas vuelvan a su cauce, ¿no?

¿Estáis de acuerdo? -"¿Por qué me buscaba?".

-El sereno me ha comentado algo inquietante

sobre el señor Domínguez.

Al parecer, está tejiendo una amistad muy estrecha con Ledesma.

Le ha invitado a una corrida de toros.

Mejor me callo, que si no dicen que no tengo educación.

-Que no te calles.

Hemos venido a ser sinceros, para que las aguas vuelvan a su cauce.

-No hagas chanza de lo que ha dicho la Carmen o la liamos.

-Esto es un sinsentido. -Claro, un sinsentido.

Qué fácil es criticar

sin proponer nada, ¿verdad?

Así, cualquiera mantiene la educación

y guarda las buenas formas.

-Necio que calla, por sabio pasa.

-¿Has llamado necio a mi padre? -Déjalo, hijo.

Lo estamos estropeando más. -No.

-Le ha llamado necio. -Déjalo.

Sé que es duro para vosotros. -Y para usted, madre.

Cada día que pasa, está más triste y apagada.

¿Y si hay algo que no estamos controlando?

Señora, deje de lucubrar.

No hay ningún motivo que nos haga pensar que se nos escapa algo.

Se equivoca, sí que lo hay, y tiene nombre y apellidos,

Mauro San Emeterio.

Ese hombre nos traerá problemas, lo supe desde el principio.

¿Ese hombre tiene que ver con tu investigación?

-Sí. Estuvo trabajando un tiempo para Ledesma.

Prefiero no hacerme ilusiones.

Iré a hablar con él, aunque no sé si me servirá de ayuda.

Hagas lo que hagas, por favor, sé prudente.

Toma, lo que has perdido.

-¿Y esto? No entiendo na.

-Ya lo entenderás, no te preocupes.

Te aconsejo que te vayas antes de que este hombre vuelva.

¿Operadora?

¿Podría ponerme una conferencia con Cádiz?

Sí, espero.

¿Qué significa esto?

-Debería pedirle disculpas, pero no lo voy a hacer.

Es normal que tome precauciones

sobre las personas que se acercan a mí.

¿Dónde está Marcia?

Pensaba que no quería saber los detalles para no arriesgarse.

¿A qué se debe el cambio de parecer?

La incertidumbre es más fuerte que el riesgo.

Necesito certezas. ¿Dónde está Marcia?

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Acacias 38 - Capítulo 1092

06 sep 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Carlota

    Para mi.opinión, la serie está muy bien. Una sugerencia a los Guionistas, desenmascarar ya a Úrsula, a prisión con una trama intrigante x medio. Que vuelva pronto Cayetana.

    11 sep 2019
  2. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    úffff por favor el tema de Marcia y las peleas de Felipe contra Mauro son indignantes y perversas. Genoveva insultante con las preguntas a todo pichichi, y l@s pichichis olvidando las insidias de Úrsula y Genoveva, mamma mía que dislates. Lolita, Carmen, Ramon y Antonio hay quien de más. Que esperan para largarse Ramon y Carmen a una casa propia y siguen soportando a Lolita la loca? Y Emilio y su señora mamá insolvencia cerebral de l@s guionistas total. Cinta la pija más insoportable de la historia. Porqué no nos dan una alegría y aparece un guapo galán para Casilda que es la única lucida de esta historia y la tiene olvidada en un rincón? Que asco de historia voy a terminar por aborrecerla. INSOPORTABLE....

    10 sep 2019
  3. Carmen

    Estoy de Lolita que no puedo... pase que siga hablando de modo grotesco después de 10 años ¿señora¿, pero la pesadez de sus manías!!!! Veo la serie en diferido y cuando sale, adelanto las escenas con el mando a distancia

    10 sep 2019
  4. carmela

    Lolitaaa... por los clavos de Cristo... serénate que esto no da pa' mas. En cuanto a Genoveva, seguro que sale con lo suyo, y se las va a de apañar, pa' seducir a Felipe. ¿¿¿¡¡¡Me encanta la serie, saludos desde Buenos Aires.!!! ¿¿¿

    09 sep 2019
  5. Anani Moreno

    ¿No creen que ya es hora que Lolita se refine un poco?, cada vez está peor no ha avanzado nada en 10 años y francamente ya no me gusta su papel, con lo bien que me agradaba. Que pena.

    09 sep 2019
  6. Filomena

    Hablando de peinetas y peinados, lo de Lolita y también el de Genoveva me recuerdan al peinado de Olivia, la novia de Popeye, JAJAJAJA

    09 sep 2019
  7. Evelyn

    Ha lolitas no la soporto ya ni su forma de hablar tampoco y Felipe con Marcia está de un pesado. Y las 2 vivoras Genoveva y La cuerva las quitaría de enmedio.

    09 sep 2019
  8. Edina korossy

    Lolita já está cansando com suas manias e Felipe com seu histerismo e inconsequência de garotinho está ridiculo.

    07 sep 2019