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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1087 - ver ahora
Transcripción completa

¡Por favor, déjanos hacer nuestro trabajo!

Así asesiné a un hombre en Valdeza.

-Ahora puedo atar cabos.

Ya entiendo lo que sucede.

-Mi madre ha de casarse con él para salvar a mi familia

y que todos vivamos en paz.

-Tú cuenta con mi apoyo.

Ledesma no es trigo limpio.

No permitiremos que se case con tu madre.

Hijo..., la suerte que hemos tenido con nuestras esposas.

Hay que ver lo bien que se entienden.

-La verdad es que sí.

Más que suegra y nuera, parecen amigas.

Se acabó. El niño nacerá como tenga que nacer.

El que yo haga el pino no va a cambiar,

ni para bien ni para mal.

Eso que dices de Cabrahígo son...

patrañas de pueblerino, ¡sandeces!

-¿Cómo se le ocurre hablar así de mi pueblo?

Un poco de respeto, que llevamos con estas tradiciones mucho.

-Así habéis salido todos, medio tarados.

Hemos dado con una red de tráfico de personas.

Pobres mujeres.

-Estaban todas aterrorizadas.

No pudimos sacarles nada.

-¿Ninguna sabía nada de Marcia? -No.

¿Ha pensado una fecha para la boda?

-No. Hablamos de dos meses.

-Me estoy impacientando.

No se amostace, que le dejo elegir la fecha.

No más allá de cuatro semanas.

-No haremos nada sin su permiso.

Pero quería pedirle un favor.

-¿De qué se trata?

-Déjeme hacerle unas preguntas al que detuvieron en el almacén.

-¡Que no! ¡No soltaré una peseta en lo de Genoveva!

Muy convencida tendría que estar de que es un proyecto en firme

y no palabrería para sacarnos los cuartos.

Sabes cómo es el servicio.

Agustina le contó a Úrsula cómo llegó su señor a casa.

Y Úrsula me lo contó porque sabe cuánto me preocupas.

No me gusta estar en boca de todos.

No le des importancia.

Puedes confiar en mí.

No hay nada que confiar.

¿No sabes nada de lo mal que se llevan Carmen y Lolita?

-Ni que una fuera la gaceta.

-Casilda, no hay nada que desearía más...

que darte noticias sobre ella.

Pero ahora es imposible.

No puedo estar con la Fabiana todo el día de morros aquí.

-Puede comprarle un regalo, tener un detallito.

-¿Un regalo? -Sí.

Pero piense que a mayor gasto, menos durará el enfado.

Estamos en un callejón sin salida.

Nunca la encontraremos.

-No se rinda tan pronto.

Yo sí tengo una novedad.

Y puede ser sustanciosa.

-Por favor, ¿me va a dejar así?

¿Sabe algo de Marcia?

-No he tenido tanta fortuna.

-Entonces, ¿qué sabe?

-Conseguí estar a solas con el del almacén.

-¿Y? ¿Qué le contó?

-Parece ser que hay un hombre,

un español que emigró a Brasil hace años,

César Andrade. -¿Y qué pasa con él?

-Por lo que él sabía, suele traficar con mujeres.

Muchas, de otra raza.

-¿Mujeres de color?

-La mayoría, de Brasil.

Las saca de allí y las esclaviza en otros lugares...

donde apenas conocen el idioma o nadie que les ayude.

Y las somete a trabajos infrahumanos.

-¡Maldito sea!

-Desde luego, es un auténtico animal.

-Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es el siguiente paso?

-Tenemos que tener prudencia. -¿Prudencia?

-Es la primera pista fiable que tenemos desde que empezamos.

No podemos errar el tiro.

-Tampoco quedarnos de brazos cruzados.

-Yo me encargo, ¿de acuerdo? Y confíe en mí.

Las prisas son malas consejeras. -Déjeme hacer algo.

Marcia puede estar en peligro.

-Y precipitarnos la pondría en un peligro aún mayor.

Lo primero es localizar a ese hombre.

Pero sin llamar la atención. -Y cuando lo hagamos, ¿qué?

-Veremos si sabe algo de Marcia.

-Si le ha hecho daño,

no podré contenerme. -Se tiene que tranquilizar.

Y confiar en mí y en mi instinto, cosa que nunca he perdido.

Estoy seguro de que tras esta pista hay algo sólido.

-Está bien.

Confío en usted.

-Solo le pido un favor.

Haga un esfuerzo y disimule.

Continúe con su vida con normalidad, como antes.

Nadie debe saber que sigue buscando a Marcia.

Tenemos que ser más cuidadosos que nunca.

-Está bien.

Nadie sospechará nada.

Pero cada minuto que paso sin Marcia es una tortura.

(Música clásica)

Pase.

Ahora que no está ni Bellita ni Cinta,

podemos hablar a gusto.

-Lo último que quiero es importunarle.

Quizá habría preferido ir con ellas. -Sí, hombre.

Ni loco.

Han agarrado algo de lo que cobramos de Seguros La Tizona

y se han ido de compras.

Yo amo con locura a mi señora, pero ¿irse de tiendas?

Eso es un infierno.

-No lo dudo.

Aunque yo, con tal de estar con su hija,

cargaría con las compras que hiciera.

-Mira.

Sí, eso lo dice porque nunca se ha visto en ese brete.

Ande, siéntese.

Y charlemos sin que nadie nos importune.

-¡Jesús!

Pues está claro, ¿eh?

Cada vez que viene este chico, yo tengo que hacer mutis por el foro.

-¿Cómo? -Nada.

Cosas mías.

-Cierra la puerta por fuera.

Ahora que nadie nos escucha,

quiero retomar la charla del otro día.

-Pues ¿qué quiere que le diga?

El asunto empeora por segundos.

Ledesma está apremiando a mi madre para que fije la fecha de la boda.

-¿Y cómo lleva esa noticia?

-Lo mejor que puedo.

Tratando de buscar una solución sin perder la esperanza.

-Hace bien.

Debe mantener la cabeza fría.

No es momento de tomar decisiones en caliente.

-Lo sé.

Pero... es que me arde la sangre cuando pienso en todo esto.

-Pues me figuro que no asumirá esta situación así sin más.

-No, por supuesto que no.

No puedo permitir semejante insensatez.

Pero debo actuar midiendo muy bien mis pasos.

No quiero volver a cometer errores, como en el pasado.

-¿En qué está pensando?

-En que solo tengo dos alternativas:

asumir que mi madre se case con ese malnacido...

o poner fin a esta pesadilla de forma definitiva.

-¿No estará pensando en hacer una barbaridad?

-Constantemente.

Más de una vez, cuando Ledesma estaba en el restaurante,

he cogido un cuchillo dispuesto a salir...

y cortar por lo sano. -Afortunadamente, no lo ha hecho.

-No, no conduciría a ninguna parte.

Además, tengo otros planes.

Ledesma se está aprovechando de mi secreto.

Pero todo el mundo tiene secretos.

Y yo estoy dispuesto a descubrir los suyos.

-¿Y cómo piensa hacer eso?

-Regresando a su tierra e investigándole.

Buscando hasta debajo de las piedras para encontrar su punto débil.

-¿Cree que servirá de algo?

-Es mi única esperanza.

Por eso tengo que volver a Santander.

Le ruego que no le cuente esto a nadie.

A nadie.

¿Comprende?

¿A Santander? -¡Chist!

Baja la voz, no quiero que nadie se entere.

Solo lo sabéis tú y don José.

-¿Por qué has de ir a Santander?

-A buscar trapos sucios de Ledesma.

-No me gusta, Emilio.

No lo hagas, por favor.

-Es la única solución que se me ocurre para salir de esto.

-No sé.

Podrías meterte en un lío. -No te preocupes.

No correré ningún riesgo.

Actuaré con prudencia.

Te lo prometo.

-¿Que le prometes el qué?

-Que no me olvidaré de su cumpleaños.

Con el último, se me fue el santo al cielo.

A propósito, quería comentarle. -Tú dirás.

-Voy a marcharme unos días.

-¿Marcharte?

¿Adónde? -A Barcelona.

A buscar ideas para el restaurante.

-¿Por qué has de ir tan lejos?

-Es que hay una feria de restauración.

¿No se lo había comentado?

-Emilio, no necesitamos ideas nuevas para El Nuevo Siglo XX.

-Se equivoca, madre.

Siempre se necesitan ideas nuevas.

Y más ahora que tendremos capital para llevarlas a cabo.

Ahora que la inversión de Seguros La Tizona

nos ha generado beneficios.

-¿Por qué ese interés en mejorar el negocio justo ahora?

Emilio,

¿me estás ocultando algo?

-De acuerdo, le contaré la verdad.

-Te lo agradecería.

-Lo cierto es...

que la feria me importa poco,

pero no soporto la presencia de Ledesma

y me gustaría tomar distancia.

-Tienes razón.

Necesitas tranquilizarte.

Agradezco mucho el esfuerzo que estás haciendo.

A los dos.

Sé que no os estoy poniendo las cosas fáciles.

Solo espero que todo se arregle.

(Puerta abriéndose)

(LOLITA SUSPIRA)

Buenas noches.

-Buenas noches.

(LOLITA RESOPLA)

Estaba terminando el inventario de un pedido que llegó del pueblo.

Por eso vengo tan tarde.

¿Y mi Antoñito y don Ramón? ¿No han llegado de la cena?

-No. -Pues qué raro.

-No tanto, dijeron que llegarían tarde.

-Pues casi mejor, así no hemos cenado todos juntos.

-Sí.

Una discusión menos.

-Será las que usted provoca.

-¿Yo?

-No soy la que se mete con las costumbres de su pueblo.

-Métete todo lo que quieras, Lolita.

En mi pueblo, las tradiciones... son normales.

Y no estamos locos.

-¿Ya va a empezar otra vez?

(Timbre)

Deje, deje.

No se mueva, no se vaya a fatigar.

Que ya voy yo.

Fabiana, ¿qué hace aquí?

-¿La verdad?

He aprovechado que no están sus maridos

para venir a verlas. -Pase, pase.

-¿Qué ocurre, Fabiana? -Nada bueno, Carmen.

-Me está asustando usted.

-Doña Susana sospecha de que entre ustedes no se entienden

y anda preguntando. -¿A quién le ha preguntado?

-A mí. -¡Uy!

¿Qué sabe esa señora de lo que pasa en mi casa?

-Y tú pareces nueva en esto, Lolita. ¿No conoces ya a doña Susana?

Es peor que un perro sabueso de esos que llevan los guardias;

no se le escapa ni una.

Aunque ustedes tampoco han sido muy discretas.

-¡Uy!

¿Insinúa que hemos aireado nuestras desavenencias?

-No lo insinúo, lo afirmo.

-Ha sido usted, no sabe disimular. -¿Yo?

No digo nunca nada, me lo callo.

-Yo diría que las dos tienen parte de culpa.

-¿Qué hacemos? No quiero que Antoñito se entere de nuestras riñas.

-Ni yo que Ramón lo haga.

¿Sabes el disgusto que se llevarían?

-Vaya, es lo único en lo que están de acuerdo.

Así que más les vale que se enmienden cuanto antes

porque la cosa puede acabar muy malamente.

-Bueno, ya se nos ocurrirá...

algo.

-Eso espero.

Pase, don Felipe, pase.

Disculpe que no le ofrezca nada, pero Casilda fue al mercado

y yo soy un inútil para estos menesteres.

-No se preocupe.

Ya desayuné y no me apetece nada.

-Bueno, pues si le he citado ha sido...

porque me preocupa su estado de ánimo.

-No hay motivo de alarma.

Estoy bien.

-Tengo entendido que ayer fue Casilda a visitarle

para preocuparse por Marcia.

No me voy a andar con rodeos, don Felipe.

Tengo un pálpito y me gustaría que me dijera si estoy errado.

-¿Qué pálpito?

-Tengo la impresión de que usted no ha renunciado a encontrar a Marcia

como nos ha hecho entender últimamente.

¿Me equivoco?

-Completamente.

-¿No está buscándola entonces?

-Digamos que no renuncio a ello.

Pero no hago nada especial para encontrarla.

-¿Está seguro?

-¿Acaso duda de mí?

-Le conozco muy bien.

Siempre he temido y admirado su tenacidad.

Me cuesta creer que se rindiese tan pronto,

y más viviendo con don Mauro. -Las personas cambian.

-Pero no tanto.

¿Quiere hacerme creer que está de brazos cruzados

sin investigar la desaparición de Marcia?

-Liberto,

la marcha de Marcia.

He de encajar la idea de que Marcia se marchó por su propio pie.

Si ella no me quiere en su vida, no la retendré.

Se fue sin dar explicaciones, Liberto.

Es absurdo que sufra por ella.

Lo mejor que puedo hacer es olvidarme de ella.

¿No cree?

-Sí, desde luego no vale la pena.

-Gracias por preocuparse por mí.

Pero, como ve, estoy completamente recuperado.

-Me alegro mucho.

Recuerde que tenemos una cita con Genoveva

por lo de su proyecto en Marruecos. ¿Acudirá?

-Por supuesto. No tengo nada mejor que hacer.

Con Dios. -Con Dios.

¿A Barcelona?

¿Tan de repente?

Hay una feria de restauración que me vendrá bien visitar.

Para el negocio.

No me habías dicho nada del viaje.

Es que lo decidí a última hora.

¿Seguro que no tiene nada que ver con el rifirrafe con Ledesma?

Claro que no.

Es un asunto de trabajo, cosas del restaurante.

No te voy a negar que me vendrá bien alejarme de Ledesma unos días.

Y el viaje a Barcelona es la excusa perfecta.

Sabía que había gato encerrado.

Necesito tranquilizarme.

Y creo que esto evitará mayores problemas con él.

Me gustaría acompañarte.

¿Tú y yo viajando juntos?

¿No sería maravilloso?

Sí, e impropio.

¿Solteros, enamorados y solos viajando por ahí?

Eso solo daría que hablar.

Tú lugar ahora es aquí,

junto a tus padres.

Tienes razón.

Siempre la tienes.

Y desde que Ledesma ha vuelto, estás más alterado.

Te irá bien ese viaje.

Muchas veces me da miedo que cometas alguna locura.

Eso no ocurrirá.

Puedes estar segura de ello.

(Puerta abriéndose)

Padre.

Emilio ha venido a despedirse.

Se va unos días a Barcelona.

-Ah. ¿A Barcelona?

Sí.

A una feria de restauración.

Dicen que en esas ferias está lo último de lo último.

Espero que encuentres cosas útiles para el restaurante.

-Así lo espero.

Todo esto tiene mucho uso.

Me cuesta creer que alguien pueda aprovecharlo.

¿De verdad que lo quiere el párroco?

-Ay, Cesáreo.

Aunque uno sea pobre,

siempre hay alguien más pobre y menos afortunado.

-Eso es verdad.

-Aunque cuando algo viejo se tira en el altillo,

es porque ya se le ha sacado el provecho que se le podía sacar.

Y hablando de otra cosa.

¿A usted no le parece un poco extraño

el compromiso de doña Felicia con ese hombre?

-Muy extraño me parece.

-Entre nosotros.

Ese hombre no me gusta nada.

¿Sabe lo que hizo el otro día nada más salir de la pensión?

Echar un escupitajo en la puerta, recién limpia que la tenía.

Le había pasado un paño por la mañana.

Menudo cochino es ese hombre.

-Y grosero.

El otro día, le estuve observando en el restaurante.

No sé, sus modales no me gustan.

-¿Cómo podrá gustarle a doña Felicia ese hombre?

-Eso mismo digo yo.

No tiene ni la elegancia ni los modales

de doña Felicia y Camino.

Eso se lo aseguro.

-Como que se parecen como un huevo a una castaña.

-Parecidos o no, están a punto de convertirse en familia.

(SUSPIRA) -Pues bueno.

Esto ya está.

-Bueno.

Voy bajando la primera.

-¡Ah, Fabiana! La estaba buscando.

Me ha dicho Jacinto que estaba aquí. -¿Qué quiere?

-Nada, darle... darle un detallito que le he comprado.

-¿Un detalle? -Sí.

-¿Me ha comprado algo?

¿A mí?

Pe... pero...

¡Pero Servando!

Son... Esto son...

peinetas de carey.

¡Son preciosas!

Creo que nunca antes nadie me había hecho un regalo

tan bonito ni tan fino.

Esto le ha tenido que costar un ojo de la cara.

-Bueno, usted se lo merece todo.

Buenos días. -Buenos días.

-Carmen, ¿no íbamos primero a la botica?

-Es mejor ir primero a la mercería antes de que nos cierren.

-Hay tiempo de sobra.

-No, no tanto.

Hola. -Buenas.

-Así que más vale que te des prisa.

-Ya, es que no puedo correr.

Buenos días. -Hola.

-Estoy encinta, ¿lo recuerda? -Ay, no me digas.

Si me lo recuerdas a cada instante.

-Eso no es verdad. Y deje de tirarme del brazo.

Buenos días. ¡Me lo va a arrancar!

-Deja de quejarte, que no callas, hija.

-Buenos días por la mañana.

-Buenos y luminosos, dirá.

-Qué raro veros pasear a esta hora. -¡Uy! ¿Raro por qué?

Con lo bien que nos llevamos, ¿por qué no pueden suegra y nuera

pasear tan divinamente tan bien avenidas?

-Lo decía por la hora, ¿no deberíais estar atendiendo la mantequería?

-Ah, sí, sí, sí.

Pero como ha salido una mañana tan estupenda,

he dicho: "Voy a mover las piernas". ¿Y qué mejor compañía que la Carmen?

-Ay. Claro. -Eso significa

que las cosas van bien por casa.

Que no hay rencillas fruto de la convivencia.

-¿Rencillas? No, no, de eso nada.

Nos llevamos todos estupendamente.

-Estupendamente no, Lolita.

De maravilla.

De maravilla.

La convivencia no podría ser más agradable.

Ha encajado todo como... como un guante.

Ha sido la mejor decisión que hemos tomado, ¿a que sí?

No sé por qué no lo hemos hecho antes.

Delicia, así lo llamaría yo.

-Delicia.

-Pues si es así, me alegro.

Tenía la impresión de que habíais tenido desavenencias.

-No, no, de eso nada.

No, doña Susana.

-Ninguna, pero ¿de dónde ha sacado semejante pamplina?

-Cosas que se inventa la gente.

-Ay, la gente.

¿Eh?

Mire que son consejas.

Pues si nos disculpa, nosotras vamos a continuar con el paseo.

Lolita tiene que caminar.

Porque... porque eso le va bien.

Para la criatura

y para no engordar con el embarazo.

-A más ver.

-Con Dios.

-¿Me está llamando vacaburra?

-Algo tenía que decir para salir de ahí, ¿no?

¡Rufina! -Manuela.

Les agradezco mucho que hayan venido.

No podríamos perdernos esta reunión.

El motivo bien lo merece.

Me alegra que muestren interés en este proyecto.

Es muy agradable contar con la experiencia

de hombres como ustedes para tales menesteres.

¿Desean algo más? No.

Gracias, Úrsula, puede retirarse.

¿Cómo van las gestiones en el ministerio, don Felipe?

-¿Cómo?

Las gestiones en el ministerio.

¿Alguna novedad?

Esta reunión es para ponernos al día.

Sí, sí, discúlpenme.

Verán,

el ministro ha nombrado a Máximo Carlatala,

responsable de la Comisión que se comunicará con nosotros.

Conozco a Carlatala desde hace años.

Sé que pone interés en todo lo que hace.

-Estoy de acuerdo con usted,

yo también le conozco y me parece un hombre competente,

pero me preocupa que es un hombre muy ocupado.

-¿Qué quiere decir?

-Que hace demasiadas cosas a la vez

y, a veces, no la atiende como se requerirían.

-Ya entiendo.

Debemos estar encima de él para obtener resultados.

¿Qué opina, don Felipe?

-¿Disculpe?

¿Tiene la misma sensación que sus amigos?

-Por cierto, ¿tiene ya las listas actualizadas

de los jóvenes heridos en el frente?

-No.

No, aún no.

Deberíamos pedírsela a Carlatala.

Solo así nos haremos una idea de la necesidad real

de las plazas que requerimos para el barco

y del coste de la operación.

¿Se puede encargar usted?

Por supuesto.

Emilio no está.

Lo sé.

Vino a despedirse a mi casa.

He venido a hablar contigo.

¿Conmigo?

¿Qué ocurre?

Estoy preocupada por tu hermano.

¿Preocupada por qué?

Porque últimamente está muy nervioso.

Está alterado, irascible.

Y, de repente, decide irse.

No sé.

Hay una feria muy importante allí.

Sí, ya.

Y me ha dicho que era una buena excusa

para alejarse de Ledesma.

Sí, ha querido poner distancia para evitar tensiones.

¿Qué le preocupa de eso?

No sé, es un viaje muy extraño.

¿Extraño por qué?

Porque es demasiado repentino.

Yo creo que Emilio no nos está contando la verdad.

Emilio... ha ido a una feria, sin más.

Se alejará unos días de aquí y eso lo tranquilizará.

Todo es bueno.

¿Tú lo crees?

Sí, sí, estos días le ayudarán a pensar y...

vendrá más calmado y con las ideas más claras.

No tiene de qué preocuparse, todo está bien.

Pues muchas gracias por escucharme. No te molesto más.

Con Dios.

Con Dios.

-Camino, ¿a qué esa cara?

-¿Qué cara?

-Tu cara de preocupación.

No olvides que has salido de mis entrañas, te conozco.

¿Qué está pasando?

-Nada.

Nada, madre, no pasa nada.

-He oído lo que le decías a Cinta desde la cocina.

¿Eran verdad tus palabras?

¿Es cierto lo que está haciendo Emilio?

-Sí, claro.

¿Me ve capaz de mentirle a mi propia madre?

No.

-Espero que se tranquilice con Ledesma.

Por cierto, hija.

A ver si tenemos suerte

y al menos encuentra un buen horno en Barcelona.

Nos vendría muy bien cambiarlo.

-Sí, seguro que sí.

(SUSPIRA)

He recibido su mensaje y he venido lo antes posible.

¿Ocurre algo? -No.

Nada grave. -Ah.

Me había asustado un poco.

-Lo lamento, no era mi intención.

De hecho, hubiera ido a su casa,

pero espero una visita y no podía ausentarme.

Por eso le mandé recado de que viniera.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Quería preguntarle si estaría dispuesto a relevarme

en mis funciones de negociación con el ministerio.

-Sí, claro que sí, pero ¿qué ocurre?

¿Por qué no quiere seguir? -No es que no quiera.

Pero tengo mucho trabajo,

no tengo tiempo de dedicarme a esa tarea.

-Se trataba precisamente de eso,

de que empleara su tiempo libre para ayudarle a salir del bache.

-Ese es el problema, que no tengo mucho tiempo libre.

Y el poco que tengo quiero dedicarlo a recuperarme como es debido

de mi mala experiencia con Marcia.

Nunca pensé que tal responsabilidad me iba a llevar tanto tiempo.

-Estas gestiones siempre llevan su tiempo, cierto.

-Esos soldados se merecen que pongamos todo nuestro empeño.

Y yo, en estos momentos,

no me siento capaz. -Le entiendo.

-Eso no significa que me desvincule por completo.

Pero me gustaría pasar parte de mi responsabilidad

a alguien que ponga toda su atención en ello.

-Hace usted muy bien, esos soldados bien lo merecen.

En fin, no le quiero insistir más. No se preocupe, yo me encargo.

-Si le parece, escribiré a Máximo derivándole a usted.

Así podrán hablar directamente.

-Perfecto, así lo haremos.

(Llaman a la puerta)

-Ahí está mi visita.

Tendremos que dar la reunión por finalizada.

Debo atenderla. -Por supuesto.

-Da gusto tener amigos como usted.

-Ya.

-Disculpe, señor..., tiene visita.

-Hola, Felipe.

Y compañía.

-No esperaba que fueras tan puntual.

-Ay, siempre es un placer verte.

Tienes muy buen aspecto.

-Sí, tú... tú también.

Si nos disculpan, señores. -No, no, no.

No te preocupes por mí.

Atiende a tu amigo.

Yo puedo esperar mientras tanto,

que esta casa me trae muy buenos recuerdos.

-En realidad, ya habíamos terminado.

¿Vamos al despacho?

-Encantada.

-¿Quién es, Agustina?

-No lo sé.

Lo cierto es que me he quedado de piedra

al verla en la puerta preguntando por el señor.

-¿Había venido antes por aquí?

-No sabría decirle.

Aunque parece que sí.

Hubo un tiempo en que el señor recibía a chicas como esa

día sí y día también.

Fueron muchas caras.

¿Cree usted que el señor... va a volver a esa vida?

-No. No, eso forma parte del pasado, Agustina.

Felipe estaba muy triste y necesitaba...

superar la muerte de Celia.

-Y ahora también está triste por la marcha de Marcia.

¿No es un poco lo mismo?

-Estese muy al tanto.

No le pierda de vista.

Con Dios, Agustina.

¿Son o no son un primor, Marcelina?

-Pa' chasco que sí. Y le quedan a usted estupendamente.

Parece una folclórica.

O una gran artista de los escenarios.

-Tampoco exageres tú tanto.

-Ni una miaja.

Solo las artistas llevan cosas tan caras.

Y las grandes señoras.

¿De verdad que son de carey auténtico?

-Ya te digo yo que sí,

que he visto muchos como estos en los tocadores de las señoras.

Ahora lo que nunca pensé es

que yo iba a tener en la vida algo así.

Son de un material muy bueno, y muy caro, ¿eh?

-¿Tanto como la plata? -No, no, mucho más, mucho más.

Que me he informado.

¿Tú sabes de dónde sale el carey?

Te lo voy a decir.

De los caparazones de las tortugas marinas.

-¿De verdad? -Sí, sí.

¿Sabes lo difícil que es cazar a esos bichos?

-Pero si dicen que las tortugas son muy lentas.

-Ya, pero dan bocaditos.

Y bocaditos a bocaditos, que te llevan un brazo.

-Ah. Pues no sabía que el carey tenía tanta historia detrás.

-Pues ya lo sabes.

-Cesáreo.

¿Ha visto el regalazo que le ha dado el Servando a la señora Fabiana?

De nada más y nada menos que de carey de tortuga marina.

Y mordedora.

-Sí, ya lo he visto antes.

Hay que ver el detallazo que ha tenido con su socia.

-Y eso que el Servando no da tanto dispendio.

-Oye, niña, cualquiera que te oiga va a pensar

que soy de la cofradía del puño cerrado.

-Por Dios, Servando, si por ello se le conoce en toda la ciudad.

Mejor me voy antes de que se me eche la noche encima.

Tengo que ir al trapero a dejar estos periódicos viejos.

-Te acompaño, que tengo que hacer unos recados

y me coge en esa dirección. A más ver.

-A más ver. Bueno, yo también me voy.

-Quieto parado, Servando.

Que hay algo que debo preguntarte.

¿Qué es lo que pasa con las peinetas esas?

¿De verdad no te has enterado de nada más

de Ledesma y de doña Felicia?

-Yo sé lo que se dice por el barrio, señora;

y en los corrillos, de pegar la hebra.

-Ay, ¿qué?

-Pues eso, lo mismo que sabe usted,

que ese compromiso es más raro que un perro verde.

-Raro es, salta a la vista.

Pero tendrías que haberte enterado de algo más.

-¿Y qué hago si no me lo cuentan? -Indagar, Casilda.

No solo te pago para que hagas las tareas del hogar y la comida.

-Ah, ¿no? -¡Claro que no!

Te pago para que me informes de lo que sucede en el barrio.

Dentro y fuera de las casas.

-Clarito como el agua.

-(RESOPLA)

¿Y tú qué?

-¿Yo qué de qué?

-¿No me vas a contar nada de lo que pasa en casa de don Felipe?

-¿Sabes lo que te digo?

Que te voy a dar el capricho, sí que tengo algo que contarte.

Te advierto que es muy jugoso y que me ha dejado algo preocupado.

-Ya estás tardando.

-He estado en casa de don Felipe.

¿Y a que no sabes quién le visitó?

-Suéltalo, que me tienes en ascuas.

-Una prostituta.

-No puede ser, me engañas.

Este Felipe nunca dejará de darnos alegrías.

¿Y cómo era la chica?

-Pues no lo sé.

Pero estoy completamente seguro de que era una chica de la calle.

-¿Y qué más? ¿Ya está?

-¿Y qué más quieres? -Pues nombre, apellidos,

descripciones detalladas.

Otro que no se entera de la misa la media.

-Es que no me fijé, Rosina, cariño.

Estaba preocupado por un amigo.

No me fijé en las ropas que llevaba esa muchacha.

¿Y si Felipe vuelve a ese torbellino de vida disoluta

del que tanto le costó salir?

-Pues ahí sí que te doy la razón, porque sería de esperar.

Felipe siempre ha superado las penas con excesos.

-No me gustaría verle pasándolo mal.

-Ni a mí, querido. A nadie le gustaría.

Pero eso no quita para que la próxima vez que vayas,

estés más atento, un poquito.

Ay.

Casilda, ¿y tú qué? ¡Los Pasamar; no hemos acabado!

¿Cinta y Emilio, qué?

Que no oculto yo nada. ¿Y a qué viene esa suspicacia?

¿Acaso no se fía de mí?

-Nada de nada.

¿Me lo va a contar?

-¿Qué quiere que le cuente?

-La verdad sobre el regalo de Fabiana,

que parecía usted más sorprendido que ella.

-¿Tanto se me ha notado?

Pues... está bien.

Se lo contaré.

En realidad, las peinetas no era lo que le había comprado.

-¿No? -No.

-No, no. Entré en una tienda muy elegantona

y lo que compré fue un pastillero.

Es un regalo mucho más sencillo y barato.

-¿Y de dónde salieron las peinetas?

-Al mismo tiempo que yo había una señora muy elegante

que fue la que compró las peinetas.

Y lo que debió pasar es que la dependienta

se equivocó de paquete y me dio a mí las peinetas.

-Y a ella, el pastillero.

-No quiero ni imaginar la cara que se le quedaría

cuando abriera el paquete. -¿Y qué piensa hacer?

-¿Hacer de qué?

-Volver a la tienda a devolverlo. -¿Se ha vuelto usted loco?

-Estoy seguro de que esa señora ha vuelto a reclamar.

Y usted se ha quedado con algo que no es suyo

y que además no ha pagado.

-Bueno, ¿y qué, hombre?

¿No ha visto a la Fabiana, qué cara de alegría tenía?

Hombre... -Veo la jeta que tiene usted.

Le ha hecho creer a Fabiana que se ha gastado mucho dinero,

y no le ha costado ni dos céntimos.

-No, no. Dos céntimos no, tres.

Pero bueno, ¿por quién me ha tomado usted?

-Servando. -¿Qué?

-¿Qué piensa hacer?

Lo siento, lo he intentado de varias maneras,

pero no te puedo ayudar.

-Me resisto a darme por vencido.

-Puedo ponerte en contacto con otras chicas.

-¿Crees que servirá de algo?

-Por intentarlo no se pierde nada.

-No. No, no hace falta.

Dudo que consiga lo que tú no has podido.

-Como quieras.

Si cambias de opinión, ya sabes cómo localizarme.

-Gracias.

¿Qué hace, Agustina?

¿Me está espiando?

-No, señor.

Creí que me llamaba.

-No.

Ya que estás aquí, acompaña a la señorita.

-Claro, señor.

-Ha sido un placer volver a verte.

-Gracias por venir.

-Gracias a ti.

-¿Me acompaña por aquí?

¿Desea algo más el señor?

-¿Ha llegado alguna nota de Mauro?

-No.

¿La esperaba usted?

-No.

Puede retirarse.

-¿Me permite la intromisión, señor?

-¿Ocurre algo?

-No se moleste usted por lo que...

por lo que voy a decirle, por mi atrevimiento...,

se lo ruego. Solo que...

¿está usted bien?

-¿Por qué lo pregunta?

-Sabe de sobra el aprecio que le tengo, señor.

No me gustaría verle de nuevo pasando pena.

-¿Cayendo en la mala vida?

Agustina, estoy bien.

No se preocupe. No le dé más vueltas.

Pero le voy a pedir algo. -Lo que sea, señor.

-No comente con nadie lo de la visita de hoy.

No quiero que corra el rumor.

-Seré una tumba.

Y no volveré a cometer

ninguna indiscreción.

Puede estar tranquilo.

¡Don Ramón!

¿Anda usted con mucha prisa? Quería comentar algo con usted.

-La normal. ¿Qué sucede?

-Es sobre los donativos para el proyecto de Marruecos.

Quería que supiera que hablaré con Rosina para que done.

-Suerte con ello, porque no es tarea fácil la que menciona.

-Todos conocemos a Rosina.

Pero como ahora su esposo llevará el contacto con el ministerio,

tiene que predicar con el ejemplo.

-Sí, puede que por ese lado la convenza.

-Cuente con ello.

Disculpe.

¿Y cómo van las cosas en su casa?

¿Se van solucionando?

-¿En mi casa?

¿Y qué ha de solucionarse?

-Ay, perdóneme, no quería ser indiscreta.

-Es que ni siquiera sé a qué se refiere.

-He oído decir que...

su esposa y su nuera no terminan de encajar.

-¿Que no terminan de encajar?

-En realidad, se dice que se tiran los trastos a la cabeza.

-No sé quién dice semejante tontería.

Lolita y Carmen se llevan muy bien.

Mejor que bien, es que son como hermanas.

No sé quién se ha inventado semejante falacia,

pero es falso.

-¿Está usted seguro? -Por supuesto que sí.

-Pues me alegro de que sea así.

Y no pase como en otros lugares

que los esposos son los últimos en saberlo.

Queda totalmente aclarado.

Y discúlpeme, porque no quería ser entrometida.

Adiós. -Adiós.

(SUSPIRA)

¿A Barcelona?

¿Qué se le ha perdido en Barcelona?

-Hay una feria de restauración allí.

Ha ido a captar ideas para el local.

-¿Qué le pasa a este local?

-Que necesita reformas.

-Yo lo veo estupendo.

Un poco demasiado fino quizá, pero estupendo.

¿Para qué vamos a gastar?

-¿"Vamos"?

-Seré el cabeza de familia.

Si se van a hacer inversiones, debo opinar.

Y hablando de eso.

Aún estoy esperando a que proponga una fecha para la boda.

No me gustaría que la cosa se retrasara.

Y no solo porque ya quedamos en que la fijaríamos ante de un mes,

sino porque vendrán muchos invitados de Santander.

Eso supone cursar las invitaciones con tiempo

y muchos gastos.

-¿Muchos gastos?

-No querrá que mis parientes

paguen de su bolsillo los costes del viaje.

Por suerte, el restaurante va cada día mejor.

No supondrá ningún descalabro.

Voy al escusado.

No se aleje, no hemos terminado de hablar.

-Madre, ¿todo bien?

-Buenas tardes.

-Buenas.

¿Desean tomar un café?

-Eh... no sé si eso o una copita de fino.

Acompañada de algo salado, que ya va siendo hora de merendar.

-Bien lo tiene que saber usted

que acaba de merendar en casa de doña Rocío.

-Cierto.

El quesito curado que nos ha puesto sabía a gloria.

-¡Digo! Doña Rocío siempre ha sabido cuidarse muy bien.

Como buena artista que es, siempre tiene lo mejor.

-¿Han ido a visitar a una amiga artista?

-Así es.

Arantxa nos ha acompañado porque le tiene mucho cariño.

-¡Jesús! Es que doña Rocío canta

casi tan bien como doña Bellita.

-Bueno, no exageres, que pareces andaluza.

-Yo voy a ir subiendo, porque voy a apañar la cena.

"Agur". -Con Dios.

-Hacía tanto tiempo que no la veía que me ha impresionado mucho

verla tan mayor y tan desmejorada.

Y eso que solo tiene un año más que yo.

Oye, ¿yo estoy así de malamente?

-¿Tú?

Tú le has vendido tu alma al diablo.

-Calla, zalamero.

A mí me ha tocado la lotería con mi José.

-Buenas.

¿Qué, de cháchara?

-Aquí pegando la hebra, como dicen en su pueblo.

-¿Por qué no se sientan y se toman un vinito?

Invita la casa.

Niña, saca unos vinos.

Yo era muy admirador suyo en mis años mozos.

-Bueno, supongo que tenemos tiempo, y a nadie le amarga un dulce.

-No, no podemos, vida mía.

Nos está esperando Cinta.

Está muy preocupada y quiere hablar con nosotros.

-¿Preocupada?

-Sí, por sus estudios.

-¿Por sus estudios? -Por estudios.

-Ah, ya caigo.

Una pena.

Otro día será.

-Hay más días que longanizas.

-Con Dios. -Con Dios.

(Música dramática)

Disculpe que le moleste, señor.

¿Quiere que siga esperando a don Mauro?

-No, Agustina. Es tarde, puede retirarse.

-No me importa esperarle, señor.

Quizá cuando llegue,

necesiten ustedes que les prepare algo de comer.

-No, ya nos apañaremos.

Suba al altillo. -Como mande.

(Llaman a la puerta)

-Agustina.

Déjenos a solas.

¿Alguna novedad?

A Dios gracias.

Me paso todo el día con la angustia en el pecho.

-Ese es el problema, Felipe.

Los nervios y la angustia no ayudan.

Le dije que debía tener paciencia. -Sí, lo sé.

Pero me paso todo el día tratando de tenerla.

Disimulando delante de los vecinos, de Agustina,

haciendo ver que no me importa la marcha de Marcia.

-Es importante que lo siga haciendo.

El asunto que tenemos entre manos no se resuelve en un día.

-Le entiendo.

Pero entiéndame la presión que siento

cuando pienso que a la mujer que amo le está pasando algo.

-Lo entiendo perfectamente, me hago cargo.

Pero ha de confiar en mí.

-Es lo que hago.

Aunque he de reconocerle que no me he quedado quieto.

He contactado con una muchacha a la que frecuentaba

en mi peor época.

-¿Una muchacha... de vida disoluta?

-Sí, así es.

He pensado que ella, acostumbrada a frecuentar los bajos fondos,

podría descubrir algo. -Le dije que no hiciera nada.

-Lo sé. -Que no hiciera ningún movimiento.

-Lo sé.

Pero no he podido evitarlo.

-Precisamente de los bajos fondos vengo.

-Cuénteme, por favor, no me tenga en ascuas.

-He estado siguiendo la pista del tal Andrade.

Al parecer, hay una lujosa casa a las afueras de la ciudad

que es de su propiedad. -¿Una casa?

-Se comenta que allí se trafica con mujeres.

Pero nadie lo sabe a ciencia cierta.

-Eso podría encajar con la desaparición de Marcia.

Debemos hablar con el comisario.

-Ya le he dicho lo peligroso que es precipitarnos.

Avisar a Méndez no es lo que vamos a hacer.

¡Me da igual que tenga reparos! ¡Tenemos que sacarla!

-Escúcheme.

Yo me sé mover en ese mundo.

Así que hágame caso.

-Cada minuto que pasa es decisivo para Marcia.

-Y cada minuto que nos precipitemos, también.

Haga el favor de escucharme, yo le diré lo que haremos.

¿Tanta ojeriza le has cogido a ese Ledesma?

Después de tanto insistirme en que hiciera las paces con Felicia,

¿ahora eres tú el que marca las distancias?

-A ti tampoco te gustaba.

-Una cosa es que no me caiga bien y otra cosa, que se me note.

Hombre, hay que mantener las formas.

Y más ahora que se casa con Felicia.

-Ese hombre no es de fiar. -¿No?

¿Y no puedes ser que usted no se termine de fiar de Genoveva?

-En los asuntos de negocios, no me fio ni de mi propio padre,

así que imagínate de doña Genoveva.

-Pues yo sí me fio de mi padre. -Pues haces mal.

No debes fiarte ni de tu padre ni de tu hijo.

-¿No se fía de mí? -¿De ti? De ti el que menos.

Modesto no, pero espabilado, un rato.

Por pocos cuartos, le ha hecho un buen regalo a la Fabiana.

-Unas peinetas de carey que ha pagado otra persona.

-Qué truhán.

¿Y...

a la Fabiana le gustó?

-Imagínate, como para no gustarle.

Como unas castañuelas está con sus peinetas.

-Uh, rediez. Pues sí que la ha liado esta vez.

-Pero no me quedaré de brazos cruzados.

Represento a la ley y el orden y algo debo hacer.

¿Y Mauro? Pensaba encontrarle en el despacho y no está.

-Salió muy temprano.

Le ha dejado una carta sobre la mesa.

-"Vengo a decirte que no voy a ponerme el gorrito de bebé"

para salir a la calle.

-Pensaba que eso ya lo teníamos hablado.

-Da igual lo que hayamos hablado.

No me lo voy a poner porque es ridículo.

-¿Ridículo?

¿Me está diciendo que son ridículas las costumbres de Cabrahígo?

-Si son esas, sí.

Espero que no les moleste que haya traído unos pasteles.

Por muy dramáticos que sean los asuntos que debemos tratar,

hay que endulzar la vida. Todo lo contrario, es de agradecer.

A nadie le amarga un dulce.

-Les agradecería que dejáramos la cortesía

y nos centráramos en el trabajo.

-No puede ser que no se dieran cuenta ni Ramón ni Antoñito.

-Están in albis, no se dan cuenta ni de lo que pasa en su casa.

-Si todos notamos que saltan chispas entre Carmen y Lolita.

-Chispas, rayos y truenos.

Cualquiera se daría cuenta.

Pero ellos no, porque están en Babia.

Siga intentándolo.

Pero tenga cuidado de no levantar sospechas.

Yo procuraré enterarme de algo por mi cuenta.

Aunque sé que Marcia está a buen recaudo,

no termino de fiarme.

Muy buenas.

¿Va todo bien?

Ustedes dos son lo suficientemente agudas

como para darse cuenta de que mi matrimonio no es por amor.

-A la legua canta.

-Pero entonces, si no es por amor...

-Solamente pueden ser dos cosas:

por amor o por conveniencia.

Quizá la marcha de don Mauro

tenga algo que ver con Marcia.

Muy serio tenía que estar don Felipe para que mi señora se diera cuenta

de su cambio de humor. También podría ser que...

don Mauro y don Felipe hubieran discutido por Marcia.

¿Ha sido eso?

Si... si sabes algo...,

o necesitas cualquier cosa, dímelo.

-Es un hombre maravilloso. Normal que su hija le quiera tanto.

-Bueno... ¿Padre?

¿Qué hace usted aquí?

Se lo preguntaré directamente.

¿Tiene noción de si Felipe sabe algo acerca de esa muchacha brasileña?

De Marcia.

Lo ignoro por completo, doña Genoveva.

Creo que hasta que no sepa qué fue de ella, por qué se fue,

no despejará su mente.

Quizá esté usted en lo cierto. Don Ramón.

Prométame que si se entera de algo, me lo dirá.

Remordimientos. Normal.

¿En qué mal momento le regaló algo que no era suyo

y no supo arreglar el equívoco en el momento?

-Pero ya ve usted

la cara de felicidad que se le quedó cuando se las regalé.

Claro que ahora hay que devolverlas.

-O pagarlas. -No, no, de eso nada.

¿Usted sabe lo que cuestan? -No sea tacaño.

¿Quiere ser el más rico del cementerio?

¿Está seguro de eso?

¿No me oculta nada? -No tendría por qué mentir.

-¿No está tras la pista de Marcia?

-Le dijo que no se inmiscuyera en ese asunto.

-¿Y él me ha hecho caso?

Permítame que lo dude.

Usted lleva las cuentas a su manera.

Sus hijos no le dan explicaciones a nadie.

Le digo que esto va a cambiar, y mucho,

cuando yo sea el que mande en esta familia.

-Hasta que ese día llegue, mando yo.

Le ruego que no se meta en los asuntos de la familia Pasamar

hasta que sea parte de ella.

-Eso no ocurrirá.

Cuando nos casemos, esta familia pasará a ser la familia Ledesma.

Mauricio Aguirre, claro.

-He preparado café.

¿Le apetece uno recién hecho?

-No, Agustina. Tengo que salir.

Le agradezco que me haya puesto en contacto con César Andrade.

Sin su ayuda, no habría sido posible. -Ajá.

Ahí lo tiene.

Preséntese y dígale lo que quiere sin rodeos.

-¿No me acompaña? -No.

-Mi tiempo es oro.

Así que no me lo haga perder.

-Me llamo Mauricio Aguirre.

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Acacias 38 - Capítulo 1087

30 ago 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Liliana Rinaldi de Alarcón

    Buenos días ! Desde Argentina les escribo, veo la novela y me encanta . Aunque reconozco que algunos personajes se han vuelto pesados y casi que ya cansan. Que pasó con el capítulo de ayer lunes ? No lo emitieron ? Los mejores saludos desde Argentina y cariños. Liliana Alarcón

    03 sep 2019
  2. Maria Ester Ferreyra

    La verdad que ya deben cerrar ciertos círculos,se parecen a las novelas de mi país eteeeeernas y repetitivas,Úrsula ya debe desaparecer con Genoveva. Lo de Lolita debe terminar,un personaje tan lindo y querible se arruinó,el suegro debe irse a su casa....me parece q la voy a dejar de ver ...aburre un poco.

    02 sep 2019
  3. Blanca de flores

    Me parece que deben darles su lugar de señoras y contratar unas criadas y adiós al cabrahigo...

    02 sep 2019
  4. Vanessa

    Que rollo ya lo de Lolita me aburre hay partes de los capítulos q parecen parodias como Servando es q es para aprovechar e ir al baño cuando salen

    31 ago 2019
  5. Atenta

    La verdad que ya me cansó Lolita con sus locuras y la tontuna de Ramón y Antonio que no se dan cuanta de na. Susana y Rosina son muy cansinas con sus chismes, es que en ese barrio no puede haber privacidad??? hay que contar a todos los vecinos los pasos que se dan?? Ledesma ya me hartó, es tan ridículo que Felicia siga creyendo en la extorsión de ese hombre, en caso que El los acuse sería su palabra contra la de una familia de postin, no entiendo el miedo. Todo es muy largo y cansino, me aburrió, nada se resuelve, ahora resulta que Genoveva y Ursula son las virgenes de acacias?? en fin hasta pronto.

    31 ago 2019
  6. Marilu

    Hay de todo como " en botica ":: Liberto que ya forma parte del trío de chusmas y entrometidos, el, la tía y la esposa; Agustina que también se trae de las suyas ultimamente, bajo la excusa de su " preocupación " por el patrón; lo único que faltaba, espiar y escuchar conversaciones que no le competen: Felicia, otra que tira y pega, debería pedirle a Fabiana alguno de los yuyos que ella conoce e invitar con un " café " a su pretendiente y que a éste no le basten todos los excusados existentes entre Acacias y Santander; y para que mencionar lo de Carmen y Lolita, ¡¡¡ YA FUÉ !!!!!!!!.- Por hoy termino con las criticas y NO hay nada para CONGRATULAR

    31 ago 2019
  7. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    ¡¡¡Mauro, como siempre en sus investigaciones, creo recordar que se pasaban los meses en la historia de Teresa, Cayetana, Úrsula y chanchullos variopintos, sin resolver ni una sola de sus "tranquila Teresa tranquila disimula y pronto todo se resolverá" Ósea meses y meses para enredar más las madejas!!! En cuanto a Servando más de lo mismo, cada vez que regala algo jajaja lo ha robado, pifiado o distraído de alguna tienda cercana y las peinetas pronto sabremos de quienes son.

    30 ago 2019
  8. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Lo de Lolita y Carmen dura tanto que ya está más que sobrando. Lo de los Pasamar exactamente lo mismo y redoblado. Genoveva y sus argucias con "Liberto, Ramón y Felipe más de lo más y encima la cuerva de Úrsula dale que te pego con sus gestos de repetición masiva son repugnantes" Y todo lo demás exactamente igual... Incluyendo el acoso de Cinta a Emilio, para ser casi una "niña inexperta en amoríos. una ensalada sin rusa y sin mayonesa" Señor@s guionistas ustedes no se cansan de nuestras disgustas? Yo sí de sus guiones.

    30 ago 2019
  9. Saro

    Hace tiempo observo que Liberto se ha hecho fastidioso, molesto, pesado y entrometido. Con el cuento de su "interés" por cómo está Felipe, no hace más que "interrogarle" como si fuera un juez, (ni el comisario Méndez pregunta tanto) sobre lo que hace, las intenciones que tiene, a dónde va, quién le visita, etc. hasta tal punto, que a veces la cara de Felipe refleja asombro; por si ésto fuera poco, hoy cuando llegó la antigua amante de Felipe, ya éste había despedido a Liberto diciéndole que esperaba una visita, pues éste, cuando vio llegar a la mujer acompañada de Agustina, en lugar de marcharse como debió haber hecho, se queda husmeando, mirándola de arriba abajo y se cruza de brazos, a pesar de que Felipe le mira y le dice si me disculpan sres.; pues no se va y le pregunta a la criada: "¿Quién es Agustina ... había venido antes por aquí?"; luego llega a su casa y le cuenta el "chisme" a Rosina. Como Felipe no le haga caso a Mauro sobre no contar nada a NADIE, va a enterarse Ursula a través de Agustina (que era muy discreta cuando servía al Coronel y ahora parece muy insensata) o de los mismos vecinos que se "interesan tanto" por "ayudar" a Felipe. Una cosa es ayudar y otra entrometerse, parece que algun@s no lo tienen claro. Enhorabuena a Marc y Gonzalo porque están bordando sus personajes.

    30 ago 2019