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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1086 - ver ahora
Transcripción completa

Veo difícil que Genoveva esté detrás de la desaparición de Marcia.

Es cierto que ha hecho cosas malas, pero eso sería demasiado.

-No subestime a una mujer despechada.

-¡Porque ahora la Carmen me da la razón en to

y hace lo que le pido a pies juntillas!

-¡Arrea! ¿Y eso es malo, hija? -¡Sí!

¡Preferiría que me llevase la contraria!

-No es necesario que me cuente

qué le ha llevado a aceptar la boda.

También quiero que sepa

que, si puedo ayudarla en algo,

siempre podrá contar conmigo.

¿Y de Marcia le ha comentado algo? Nada.

Aparte de que va perdiendo la esperanza de volver a verla.

Y parece estar convencido

de que le ha abandonado por su propia voluntad.

Sabía que podía usted estar tranquila. Nada tiene que temer.

-A Lolita le pasa algo.

¡Y desde luego yo me voy a enterar! -(RÍE)

-Siguiéndola, he dado con un almacén en las afueras

en el que trabajan mujeres en condiciones infrahumanas.

-¿Y Marcia podría estar allí?

¡Padre, estoy muy preocupada por Emilio!

Temo que pueda meterse en serios problemas.

-¡Arantxa tiene razón!

No pude con ella, soy un flojeras. Le estaba haciendo las tareas

para que no me descubriera.

-¡Hala!

¡Ya está! Todo aclarado, ¿no?

-Cuando se está tan desesperado,

no es inteligente despreciar cualquier ayuda.

Y no podré hacer nada

si no me cuenta de una vez por todas lo que sucede.

-Está bien.

Le contaré toda la verdad.

-¡Soñé con usted, Carmen!

-¡Vaya! Pues para ti habrá sido una pesadilla.

-Eso no es lo más raro.

Es que le explicaba a quien quisiera escucharla

que era un gorro especial.

Pa ponerse de cabeza, pa abajo.

-¿Para ponerse de cabeza?

-Como los niños cuando hacen el pino.

-(RESOPLA) ¡Lo que me faltaba por oír!

-Y la Carmen se levantaba y lo hacía en la calle,

delante de todo el mundo, como una artista.

-(RÍE) ¡Me hubiera gustado verla!

-¡Aún está a tiempo!

-¿Cómo que aún está a tiempo y que podría ser peor?

-Pues que el primer sueño que tiene la madre con su criatura

hay que tratar de hacerlo realidad. Lo marca la tradición.

-(SUSPIRA)

No... No te comprendo, Lolita.

-Yo me temo que sí.

-(TOSE)

-¡Alto a la policía!

¡Atrápenlo, que no se escape!

-¡Felipe!

-¡Marcia!

¡Felipe, por favor!

¡Déjenos hacer nuestro trabajo! -¡Marcia!

(Toses)

Disculpe.

No quería asustarla.

(Toses)

(FELIPE JADEA Y SUSPIRA)

(SUSPIRA)

(Toses)

-Temple, Felipe. No puede comportarse así. Deje que actúen los policías.

-¡Es mi prometida!

¡No puedo quedarme de brazos cruzados!

-¡Confíe en nosotros!

Sabemos muy bien lo que hacemos.

-¿El qué? ¿Conseguir pistas falsas?

-No la hemos hallado, pero vamos por buen camino.

¡Estoy seguro de eso!

(Toses)

Pero ¿dónde va?

-¿Dónde están las mujeres? ¿Dónde las tienes escondidas?

¡Dímelo

o te parto el alma, malnacido! -¡Suéltelo!

¡Ya se le interrogará como es debido! -¡Suélteme!

-Si no sabe contenerse, mejor márchese.

-¡Ese sabe algo!

¡Deben hacerle confesar inmediatamente!

-¡Sé hacer mi trabajo!

¡Mauro, saque a don Felipe de aquí!

-Será mejor que salga.

Hágame caso.

-¡Está bien!

Ya estoy más tranquilo.

Puedo salir sin su ayuda.

-Le vendrá bien tomar el aire.

-No vamos a dejar pasar

ni un solo detalle por alto. Acompáñenle.

(FELIPE JADEA)

(Toses)

(MAURO TOSE)

-Mauro, por favor.

Acompañe a Felipe.

Es mejor que no esté solo. -Prefiero quedarme aquí.

No le quiero molestar, pero por eso prefiero quedarme.

Mi instinto de policía me pide quedarme en el lugar de los hechos.

-(SUSPIRA)

Está bien, puede quedarse.

Pero lo hago en consideración al tiempo que pasó

entre nosotros. -Se lo agradezco.

No le incordiaré en absoluto.

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

Denunciar a Federico Valdeza era impensable.

Su padre era el propietario de la comarca

y nadie osaba llevarle la contraria.

Su impunidad era absoluta.

-¿Y no le diste su merecido a ese malnacido?

-"¡Federico!".

-¿Qué buscas?

¿Qué haces?

-(GRITA)

(SE QUEJA)

-Acostúmbrate a que tu hermana se encame con cualquiera.

¡Se le ve que es una fulana!

(EMILIO GRITA)

-¿Me vas a obligar a matarte? ¿Eh?

Así fue como asesiné a un hombre en Valdeza.

Créame cuando le digo que no tuve opción.

¡Era él o mi hermana!

-¡Por supuesto que te creo!

¡Se ve que eres

una buena persona!

Pero ¡la historia es terrible!

Muy mal lo habrá pasado toda tu familia por esto.

-Seguimos penando.

Ahora que ya le he contado lo que pasó,

puede tratarme de asesino.

-¡No digas simplezas!

¡No pienso hacer tal cosa!

-Pero ¡le quité la vida a un hombre

y eso siempre pesará sobre mi conciencia!

-¡Pues no debería!

¡Ese tipo era un felón!

¡Es muy comprensible tu reacción

al saber lo que le había pasado a tu pobre hermana!

¡Cualquiera hubiera actuado

de esa forma! -¡Provoqué la ruina de mi familia!

-¡Todos pasasteis por una tragedia, Emilio!

¡Yo no te veo culpable!

¡Yo lo que veo es...

un justo castigo a aquel hijo del diablo!

-Le agradezco su comprensión.

-Ahora...

Ahora puedo atar cabos.

Ya entiendo lo que sucede.

¡Ledesma es un rastrero, un vil chantajista!

-Justamente.

Descubrió el crimen

y ahora trata de sacar partido de ello.

-¿Y obliga a tu madre a casarse? -Sí.

Mi madre ha de casarse con él para salvar a la familia,

para que vivamos todos en paz.

-(RESOPLA) -De no ser así,

él haría público el crimen que cometí.

-Pero ¡es terrible el calvario

que os está haciendo pasar ese hombre!

-Un calvario del que dudo que podamos salir nunca.

-¡Bueno, no te hundas,

que todo tiene arreglo en esta vida!

(EMILIO SUSPIRA)

-¡Yo... me ofrezco a ayudarte

en todo lo que necesites para acabar con esta villanía!

-Lo veo imposible.

Créame, ya he pensado en todas las posibilidades.

-¡Hum!

Siempre has podido pasar algo por alto.

Deberías contarle tu historia a un abogado.

¿Por qué no hablamos

con don Felipe?

-¿De verdad eso serviría para algo? -¡Sí, sí!

¡Por supuesto que sí!

¡Nuestro vecino es una lumbrera del derecho!

-No estoy seguro de que eso sea suficiente.

-¡Bueno, no te amilanes!

¡Estoy seguro...

de que sería capaz de sacar a la luz lo que pasó en Valdeza,

que tú salieras de todo esto de rositas

y que tu madre no tenga que pasar por la vicaría

con semejante mostrenco!

-Mire...

Le advierto que lo primero que pensé en Santander

fue dar parte a la policía. -¿Y?

-Pero el señor de Valdeza es un hombre con mucha influencia.

-¿Crees que amañaría el juicio?

-Estoy seguro de ello.

¡Tiene recursos para comprar a todo un juzgado!

-(SUSPIRA)

No te negaré que la situación es peliaguda.

Pero ¡no dejes que el desaliento te derrote!

-No es fácil.

-Ya. -A veces creo

que la única salida que nos queda es...

volver a huir todos juntos. -¡Bah!

¡Eso es el último recurso! ¿Eh?

Tú cuenta con mi apoyo.

Ledesma no es trigo limpio.

¡No permitiremos que se case con tu madre!

(EMILIO SUSPIRA)

Le agradezco su ayuda.

Pero no sé cómo lo lograremos.

-No te apures. ¡Algo se nos ocurrirá!

¿Se ha enterado de la noticia, padre?

Los Gobiernos de Francia e Inglaterra quieren hacer un túnel

que conecte ambos países por debajo del canal de la Mancha.

-Pero ¡qué barbaridad!

¡Eso es una locura!

¿Tú sabes la de goteras que se formarían

teniendo el mar por encima?

¡Seguro que termina inundándose!

-¡Padre, la ingeniería ha avanzado mucho!

Lo podrán hacer sin que haya filtraciones.

-A mí me parece una obra digna de un faraón.

Me pregunto una cosa:

¿por dónde conducirían dentro?

Unos conducen por la izquierda, y los otros, por la derecha.

-Pues es verdad.

Imagino que cambiarán de carril a mitad del túnel.

-Supongo que sí.

Pero, si han sido capaces de ponerse de acuerdo

en semejante obra, se pondrán de acuerdo en una minucia.

-Ya hemos dejado la cocina más limpia que la patena.

-Bueno, limpia limpia...

En los fogones quedaba más hollín

que en una locomotora vieja.

-Tranquila, mañana le doy un buen repaso.

-Sí, sí, ya mañana, que hoy no daba pie con bola.

Casi se carga toda la loza. (RÍE)

-Sí, estaba un poco distraída.

-¿Por qué? ¿Te sientes mal hoy, cielo mío?

-No, mi amor, estoy perfectamente.

-¿Y entonces qué es lo que tienes?

-Pues la cabeza en otra parte.

¡No puedo dejar de pensar en lo que ha dicho Lolita!

-Lo de escenificar el sueño, ¿no?

-¡Justamente!

¡No sé, Ramón!

¡Me resulta muy chocante! ¿Qué va a pensar la gente?

¡Se pensarán que estoy loca si me ven ahí,

en medio de la calle, haciendo semejante función!

-Carmen...

¡Que no es para tanto!

¡Que mi madre, estando preñada de mí, soñó que mi abuelo se subía desnudo

a la higuera del huerto del cura y comía higos!

(RÍE) -¿Y luego lo hizo?

-¡Pues claro! ¿Cómo no, si es la costumbre?

(CARMEN SUSPIRA)

¡Qué horror, qué escándalo!

-Sí, según cuentan, al cura casi le da un pasmo.

-¡Hombre, no me extraña! Viendo a tu abuelo desnudo en una higuera...

-¡No, que se jaló todo el árbol! ¡Menudo buche tenía el abuelo!

-(SUSPIRA)

A mí esto...

me resulta cosa de supersticiones y eso no es bueno,

Ramón. Incluso...

que no está bien visto por la santa madre Iglesia.

-Sí, pero los de Cabrahígo no ceden en sus costumbres

aunque los maten. Te lo digo por experiencia.

-Que me lo digan a mí, que casi me cuesta el matrimonio.

-A ver...

En Cabrahígo, la única riqueza que tenemos son las costumbres.

Por eso las cuidamos tanto.

-Sí, Lolita, pero...

las costumbres cambian.

Antes quemaban a las brujas en hogueras y ya no.

Y tampoco vamos a comportarnos

como si estuviésemos viviendo en el siglo pasado.

-Carmen...

¿No buscará una excusa para no hacerlo?

¡Digo!

¡No dejaría que a mi hijo le pasara algo por no hacer lo correcto!

-¿Qué dices? ¿Cómo va a hacer Carmen semejante barbaridad?

-¡Uf!

-Compréndelo, cariño mío,

las costumbres de Cabrahígo en esta casa son incuestionables.

Todos hemos pasado por ello.

-¡Ea, menos mal que los dos me entienden!

Carmen, que es que, si no, podría pasar una desgracia.

-Tú tranquila, que yo hago el pino en mitad de la calle

si es menester.

-Bueno, usted no tenga prisa ninguna, ¿eh, Carmen? Que aún tenemos tiempo.

Tampoco lo deje, que no se deja para mañana

lo que se puede hacer hoy, pero...

cuanto antes, mejor.

-(RÍE)

Te lo... agradezco.

Pero ya... si acaso mañana.

Hoy me voy a acostar, que estoy agotada.

-Yo también me retiro.

(RAMÓN RÍE)

¡Hijo!

La suerte que hemos tenido con nuestras esposas, ¿eh?

¡Hay que ver lo bien que se entienden!

-La verdad es que sí, más que suegra y nuera, parecen amigas.

(FELIPE SUSPIRA)

-A las buenas noches, señor.

Ya tiene la cena preparada.

Hay sopa y pescado, si a usted le parece bien.

(FELIPE SUSPIRA) -Si no le gusta,

le preparo cualquier otra cosa, lo que guste.

-No, no es necesario.

-¿Va a cenar solo...

o va a esperar al señor San Emeterio?

-Ni lo uno ni lo otro.

-No le comprendo.

-El señor San Emeterio vendrá cuando pueda y yo no tengo hambre.

Sí necesito un baño caliente.

-Como ordene el señor, pero...

-Pero ¿qué?

-¿No debería hacer un poder y tomar algo de cena?

¡No es bueno irse a dormir con el estómago vacío!

-Pero ¿quién es usted para decirme qué tengo que hacer?

-Perdone, no quería importunarle.

Ahora mismo voy a prepararle

el baño inmediatamente. -¡Agustina!

Espere.

Discúlpeme.

No tengo por qué hablarle de esta guisa.

-No ha de disculparse.

-Sí, sí he de hacerlo.

He tenido muy mala tarde y...

he perdido los nervios.

-No se apure por mí, me hago cargo.

Sé que está pasando...

por unos momentos muy delicados.

-Gracias. Retírese.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¡No sabes cuánto echo de menos tus besos!

¡Te encontraré!

¡Te juro que te encontraré!

Carmen, que me bajo a la mantequería, que se me ha hecho tarde.

-Muy bien.

¿Qué pasa, que no estaba a tu gusto?

-Sí, sí, pero así está mejor.

Así ocupa menos espacio en el armario.

-La doblaré como tú dices, pero...

no creo que ocupe más una sábana de una forma que de otra.

-Usted hágalo como quiera, que luego lo cambio.

Carmen, que lo del sueño no corre prisa.

Usted prepárese a su aire.

-Lolita, espera un momento.

De eso mismo quería hablarte.

-¿Qué le pasa? ¡No me irá a decir que no quiere hacer el pino!

-¡No, no, no, no!

Si es menester ponerme boca abajo, me pongo.

-Ajá... -Pero es que no veo yo

que eso sirva para algo.

-¡Pues claro que sirve! La prima Consuelo soñó

que el marido se tiraba por un risco y este no lo hizo.

Y ahora a su hijo lo llaman Paquillo, el Mono.

Y no porque sea guapo el chiquillo. -Sí, pero...

ella aún tiene marido. -Para lo sinsustancia que es,

mejor que se hubiera tirado.

Carmen...

Con estas cosas no se puede jugar, se lo digo yo.

Que estamos hablando del futuro de mi retoño.

-Por eso mismo, Lolita.

Por eso mismo.

Es un asunto tan serio

que debería hacerlo alguien que crea en estas cosas.

-Que no se puede cambiar, debe ser el que sale en el sueño.

-¡Pues a mí me parecen cuentos chinos!

Dicho desde el respeto y desde el cariño.

-No le estoy pidiendo que se lo crea,

solo le pido que haga lo que es menester.

-¿Y si, por no creer en esas cosas,

sale mal el ritual y es peor el remedio que la enfermedad?

-¡Pues se esmera, se esmera usted,

que tampoco le pido un truco de circo!

-(RÍE) ¡Pues como si lo fuera!

¡Que una ya no está para hacer cabriolas, y menos en la calle!

¡No sé, Lolita...! ¿Por qué no lo hacemos aquí?

¡Ahí mismo, las dos, solas! -¡Que no!

¡Tiene que ser justo como en el sueño!

¡No se puede cambiar nada!

-Pídeselo a Casilda.

Ella es más ágil y más dispuesta.

-¡No, Carmen, no me venga con remilgos,

que no quiero tener un hijo hirsuto como un borrico, por favor!

-¡Se acabó el arroz!

¡Lolita, se acabó!

¡El niño nacerá como tenga que nacer!

¡El que yo haga el pino no va a cambiar

ni para bien ni para mal!

¡Eso que dices de Cabrahígo son patrañas de pueblerino, sandeces,

chuminadas!

-Pero ¿cómo habla así de mi pueblo?

¡Un respeto, que llevamos con estas tradiciones muchos años!

-¡Claro! ¡Así habéis salido todos, medio tarados!

¡Creer en esas cosas, Lolita! ¡Por favor!

¡Espabila, espabila!

¡Que hace ya muchos años que hemos entrado en el siglo XX!

¡Si es que sois todos trogloditas!

-¿Qué? ¡A mí no me diga "trololita"! ¿Qué dice?

¡No le consiento que me hable así! ¡Yo esto no lo aguanto más!

¡Es usted una descreída!

-¡Cateta! -¡Anda!

(RESOPLA)

(SUSPIRA)

-Sosiéguese, amigo Felipe.

Tiene los nervios a flor de piel.

-¡Me gustaría, Mauro!

Pero ¡no puedo con Marcia en peligro!

-Pronto daremos con ella,

se lo prometo. -¡No me dé coba! ¿Eh?

¡Ahora mismo no puede asegurar nada!

-Algo más que ayer sabemos.

(FELIPE SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Dígame.

Cuando me fui, ¿qué descubrieron?

-Se inspeccionó a fondo el local

y se interrogó a todas las mujeres.

-Supongo que trabajarían en terribles condiciones.

-Algunas esperaban a ser vendidas

para desempeñar trabajos iguales o peores que ese.

Auténticas esclavas.

-Hemos dado con una red de tráfico de personas.

¡Pobres mujeres!

-Estaban todas aterrorizadas.

No pudimos sacarles nada en limpio.

No sabían ni quiénes eran sus captores

ni quién estaba detrás del negocio.

-¿No sabían nada de Marcia?

-No.

Era una auténtica desconocida para todas.

Y creo que decían la verdad.

Tengo experiencia suficiente para saber si me mienten.

-Resumiendo, no tenemos ninguna pista, ¿no?

Mauro...

¿Cree que Marcia puede estar en un lugar así?

O quizá se la han llevado

a otro lugar, no sé, a otro país...

-No nos pongamos en lo peor, ¿eh?

De momento, hemos liberado a esas mujeres

y detenido a un hombre.

-¡Me alegra que sirviera de algo!

Pero ¡sufro por la mujer a la que amo!

-Le aseguro que no pararé hasta dar con ella.

No dejaré que la pierda, como yo a Teresa.

(Puerta)

Se lo juro.

-Señor, el comisario Méndez.

-Buenos días.

¡Por más cuentas que hago, unas veces me sale dinero de más

y otras de menos! ¡No lo entiendo!

-Para mí que tiene la cabeza en otro sitio.

En uno no muy agradable.

-La verdad es que no estoy para nada.

Cada vez lo veo todo más negro.

-Más negro se va a poner: ahí vienen nubarrones de tormenta.

-¿Cómo estamos, familia? Niña, date más brío,

esos servicios ya tendrían que estar recogidos.

¡Ya me besará, ya!

Una vez casados, no tendrá escapatoria.

¿Hace las cuentas?

¿Cuánto hay?

-Lo que tiene que haber. -Más habrá cuando yo sea jefe.

¿De qué te ríes?

¡Cuando yo saque esto adelante, habrá dinero a espuertas!

-No creo que fuera capaz de hacerlo mejor que mi madre.

Lleva muchos años regentando restaurantes.

-¡Pamplinas!

¡Una mujer nunca podrá llevar un negocio como un hombre!

Sois muy blandas.

¿Cuánto les paga a sus camareros?

-Lo justo. -Eso es mucho.

Cuando nos casemos, les bajaré el sueldo a la mitad.

¡Y el que no quiera, humo!

¡Hay muchos pobres deseando trabajar!

-Para atender a los clientes, hace falta preparación.

No es tan fácil. -¿Ve como es muy blanda?

Prepare la lista de proveedores. Hablaré con ellos.

Seguro que nos cobran de más.

-(RESOPLA) ¡Lo dudo!

Aquí compramos género de calidad, y eso cuesta dinero.

-Pues compramos peor género y ganamos más dinero.

-Si ponemos mala comida, aquí no entrará ni el Tato.

-¡Tú calla, renacuaja!

Sus hijos son unos vagos, tendrían que hacer algo de provecho.

-Eso no es asunto suyo.

-De momento.

Cuando nos casemos, esto va a ser tan mío como de tu madre.

¿Ha pensado ya una fecha para la boda?

-¡No!

Hablamos de dos meses.

-Se me está antojando mucho.

Llevo demasiado tiempo sin que nadie me atienda y caliente mi lecho.

En un mes debe estar ventilado el asunto.

-¿A qué tanta prisa?

-Porque me estoy impacientando, morena.

Pero, calma, le dejo elegir la fecha.

No más allá de cuatro semanas.

-¡Es muy precipitado, no me dará tiempo!

-Pues aplíquese.

Con su permiso.

(FELICIA SUSPIRA)

¡No te aflijas, hija!

¡Saldremos de esta!

(SUSPIRA)

-¿Qué ocurre? ¿Qué tienes, hermana?

-Ledesma le ha dado un mes a madre para organizar la boda.

-"¿Alguna novedad?".

¿Saben si hay más lugares como el que descubrimos?

¡De ser así, Marcia puede estar en uno!

-Sosiéguese.

De momento, yo haré las preguntas.

Está claro que han hallado el almacén porque investigaban la desaparición

"de esa tal Marcia".

-¡Marcia!

(MAURO TOSE)

-¡Busco a una mujer de color!

Sí, así es.

Se trata de mi prometida.

Desapareció hace unos días.

Por un momento pensé que se había ido,

que me había dejado.

-Pero se dejó un colgante del que nunca se separaba.

Y dedujimos que no se fue voluntariamente.

-El descubrimiento del almacén demuestra que vamos por buen camino.

-No han actuado bien.

Si tenían esa sospecha, deberían haber puesto una denuncia,

no investigar por su cuenta. Se lo digo por su propio bien.

Mauro...

Sé que se siente capacitado para desenvolverse en estos asuntos,

pero ahora es cosa de la Policía. ¡Dejen de investigar por su cuenta!

-Está bien.

No moveremos un dedo sin su permiso.

Pero quería pedirle un favor.

Por los viejos tiempos.

-¿De qué se trata?

-Déjeme hacerle unas preguntas al tipo que detuvieron en el almacén.

Solo eso.

-Está bien.

Pero el interrogatorio será en mi presencia.

"¡Le digo yo que no hay derecho! ¡Eso es la ruina de España!".

Si el Gobierno lo acepta, ha perdido el oremus.

-Si usted lo dice...

-¡Pues claro, hombre!

¡Cómo se va a bajar la semana laboral a 60 horas!

¿Y después qué? ¿Vacaciones pagadas?

-No lo creo, que la gente,

como la tengas un mes sin trabajar, se aburre mucho.

-¡Todo es un disparate!

¡Como empecemos a ceder,

esos revolucionarios se comerán a la gente de bien como nosotros!

¡Qué gusto da hablar...

con personas de bien, como usted!

Quédese con las vueltas.

-Con Dios.

Bueno...

¡Qué rumboso, dos céntimos!

¡Mira tú!

Usted ya podía haber salido antes, ¿eh?

¡Que menudo tostón me ha dado el pollo este!

-¡Si por eso no he salido,

que a ese hombre le tengo yo una tirria...!

-¡Qué mala compañera! Cuando vienen mal dadas, se esconde.

-¡Créame, yo no puedo con ese pollino!

¡Es verle entrar y ponerme mala!

-Bueno, ya estaré yo al quite.

En compensación, me tiene que hacer otro favor:

tiene que contarme qué pasa entre la Carmen y la Lolita.

-¡No pasa nada, que yo sepa!

-(RÍE) ¡Venga, por favor!

¡No me tome usted por tonto, que me he pispado y estoy en todo,

que el río viene muy revuelto entre esas dos!

-Está bien.

Espere.

Tiene que prometerme que nadie se enterará de lo que le cuente,

sobre todo don Ramón y don Antoñito.

¿Eh? -Yo le prometo

que estaré más callado que un mudo bajo el agua.

-No sé si fiarme, que sus promesas valen menos

que la palabra de un tratante de ganado.

-¡Bueno, mujer, desembuche, que se lo juro

por estas que son cruces!

-Lolita y Carmen, aun siendo las dos muy buenas por separado,

pegadas son un desastre.

¡Como el aceite y el agua, que no se juntan ni a tiros!

¡Y todo el día discuten por lo que han hecho o no!

-Sí, sí, sí...

Es que la Lolita tiene peor carácter que un brigadier de la Guardia Civil.

-Pero ¡la otra tampoco es manca!

¡Por eso me he metido yo por medio,

a ver si podía convencerlas de que sosegaran!

¡Si no, acabarán como el rosario de la aurora!

¡Canto va, canto viene!

-Le han pedido a usted ayuda. -No.

No ha hecho falta: ya me había quedado con el percal.

-Pero ¡cómo ha hecho eso, hombre, alma de cántaro, por Dios!

-¿Qué...? ¿Qué pasa?

¿Es que he hecho mal?

-¡Claro que ha hecho mal! ¡Pues claro que sí!

¿Se cree que es como el ajo, que vale para todas las salsas?

-¿Y qué quería que hiciera? ¿Dejar que se maten?

-¡Es que son cuestiones de familia

y el resto son cosas de chismosos y metomentodos! ¡Y usted

no se tenía que haber metido,

que está muy feo meterse!

¡Me está saliendo más cotilla de lo que pensaba!

-¡Mire, le dijo el cazo a la sartén:

"Quita, quita, que me tiznas"!

¡Si ha sido usted el que me ha preguntado!

-¡Porque no sabía que había hecho tal desatino!

-¡De desatino, nada!

¡Las amigas están para ayudarse, así que he hecho la mar de bien!

¡Y, mire, la próxima vez que quiera saber algo,

le va a contestar Rita, la cantaora!

(SUSPIRA)

Me voy a dar un garbeo, a que se me pase

el sofoco.

-Pero...

(RÍE)

¡Qué bien has estado, Servando!

¡Hala! Y me toca a mí hacer...

todo el trabajo.

¡Como siempre!

Habéis estado muy acertados en decirme que viniera.

¡Los buñuelos de viento que hace Casilda

desde luego son una cosa extraordinaria!

-Ya sabemos lo mucho que le gustan. Por eso la avisamos.

-Pero no te los comas todos,

que, si no, no podrás llamarme glotona. (RÍE)

-Me comeré solo uno: no quiero caer en la gula,

que también es pecado.

-Pero ¡de los pequeños!

-No hay pecado pequeño.

Pero no creo que por un buñuelo...

me vaya a ir al infierno.

-Pues acabemos con ellos, que están muy ricos y un día

es un día. (RÍE) -¡Oh!

¡La verdad es que están de vicio! -Sí.

-Bien, pues ya que estamos todos de tan buen humor,

aprovecharé para hacerles una pregunta.

¿Por qué han desestimado la petición de don Ramón

de hacer aportaciones económicas al proyecto de Genoveva?

-¡Ya sabía yo que había gato encerrado en esta invitación!

-¿Qué pasa? ¿Que ahora te parece bien todo lo que propone esa pelandusca?

-No, Rosina, todo lo que propone no.

Pero estarás de acuerdo en que este persigue un fin noble y loable.

Deberíamos participar.

-¡A saber qué esconde tras tanta generosidad!

-Que yo sepa, nada.

Y los más beneficiados serán los soldados heridos

allende nuestras tierras.

-En eso no te falta razón: esos muchachos están desamparados.

-Por eso mismo solo les pido que tengan un poco de caridad,

que se replanteen su negativa y se rasquen un poco el bolsillo.

-Está bien, yo sí haré la donación. De todos modos, pensaba hacerla,

pero estaba pensando a ver cuál era la cantidad adecuada.

No quiero que ni Genoveva

ni nadie piense que no me preocupo por nuestros soldados.

-¡A mí lo que piense esa individua me trae sin cuidado!

¡Anda que no podría decir yo cosas malas de ella!

¡Hasta hartarme!

-Eso no lo pongo en duda,

Rosina, pero se trata de hacer una obra de caridad.

-Por más que insistas, no voy a poder confiar

en ese endriago de mujer.

¡Prefiero darles prioridad a otros asuntos pendientes!

-¿Te refieres a la compra de terrenos?

-¡Sí, eso me parece de mucha más enjundia!

-¡Una cosa no quita la otra, Rosina!

Tenemos fondos para realizar

la inversión y la donación a los soldados.

-¡Que no, que no soltaré ni una peseta

en lo de Genoveva! ¡Muy convencida tendría que estar

de que es un proyecto en firme y no palabrería

para sacarnos los cuartos! -¡Oye, oye!

¿Cómo que palabrería?

¿Olvidas que yo estoy metido en el asunto?

¿Ya no confías en tu marido o qué?

-Estando esa mujer de por medio, aún me cuesta.

-¡Templa, Rosina!

Te excedes, lo que pasó ya pasó.

Y ahora creo que mi sobrino está cargadito de razón.

-Espero una disculpa.

-Pues mejor te sientas,

porque va para largo.

-Voy a hacer unas gestiones. No quiero discutir más.

-¡Rosina!

¡A veces te pones muy tozuda!

¡No deberíais discutir por esto!

-¡Yo soy como soy! ¡A callar y a comer!

Don Felipe.

La señora ha venido a visitarle.

-Genoveva, pasa.

¿Ocurre algo?

No, nada urgente.

¿Cómo te encuentras?

Bien.

¿Qué te trae por aquí?

No habrás venido solo a interesarte por mi salud.

¿Puedo sentarme?

Claro.

Venía a proponerte

una nueva reunión para fijar

los detalles del flete de los barcos.

Ni don Ramón ni don Liberto saben nada de tu reunión en el ministerio

ni de que la comisión la liderará

Máximo Carratalá.

Es cierto.

No les he comentado nada.

Deberíamos acordar los pasos que debemos dar a partir de ahora.

Estoy de acuerdo. Debemos hacer la reunión

de la que hablas.

Pero ahora mismo no tengo mucho ánimo.

¿Qué te ocurre?

Simplemente, estoy indispuesto.

Felipe, sé que no estás bien.

Puedes hablar conmigo: estaré deseando escucharte.

No es de tu incumbencia.

¿Dónde estuviste ayer por la tarde?

Me consta que llegaste

muy disgustado. ¿Qué pasó?

¿Con quién te reuniste, que tanto te turbó?

¿De dónde sacas todo esto?

¡Ya sabes cómo es el servicio!

Agustina le contó a Úrsula cómo llegó su señor a casa.

Y Úrsula me lo contó a mí porque sabe cuánto me preocupas.

No me gusta estar en boca de nadie.

No le des importancia.

Puedes confiar en mí.

No hay nada que confiar.

Nada tiene que ver contigo.

Y en nada puedes ayudarme.

No te haré más preguntas.

Respeto tu intimidad.

Solo quiero que sepas que, si necesitas algo,

estoy dispuesta a hacer lo que sea por ti.

Gracias.

¡Agustina!

¡Ven inmediatamente!

-¿Ocurre algo, señor?

-¿Desde cuándo eres una criada indiscreta, eh?

(RESOPLA)

¡Todo me ha salido mal en cuestión de amores!

¡Encuentro al chico perfecto y todo son trabas para estar con él!

¡Bueno, a ver, mujer! ¡Tampoco te apures tanto!

¡Todo tiene solución!

Y más siendo tan joven como tú.

A ver, tendré pocos años,

pero ya he sufrido tanto como si ya peinara canas.

A ver, por favor te pido, ¿eh?

No me exageres así con el llanto, ¿eh, chica?

¡Huy, fíjate! ¡Hasta la tinta de los calamares se me vuelve blanca

de escuchar tanta desgracia!

¿Qué pasa, que te molestan mis desdichas o qué?

¡Claro que no me molestan!

¡Por supuesto que no, hija!

Pero ¡la vida sigue, cariño! Y te voy a decir una cosa, ¿eh?

Lo de Felicia es problema

de los Pasamar, no de los Domínguez.

Te recuerdo que Felicia es la madre de mi Emilio.

Pero ¡si ya sé yo que Felicia es la madre de tu Emilio

y ya sé yo que a ti te afecta en el corazoncito, ya sé pues!

Pero harías mejor en aprender cómo se preparan los chipis, ¿eh?,

que el saber no ocupa lugar. ¡Qué desaborida eres, hija!

¡Eres más fría que un bacalao! ¿Eh?

¿No me estarás llamando bacalao a mí?

(Puerta)

-Con permiso... -¡Uh!

"Ene!". ¡Qué descuidadas somos, Cinta, chica!

¡Dejamos la puerta abierta y cualquiera se puede colar!

Está bien. Me voy a hacer las habitaciones.

Solo te pido que me muevas de vez en cuando los chipis

para que no se peguen en la cazuela

y para saber que tienes las manos ocupadas.

Formalitos, ¿eh?

-Tenía muchas ganas de verte.

(SUSPIRA) Últimamente sé

que no te he hecho mucho caso. ¡Digo!

¡Me tienes más abandonada que a un carro viejo!

Lo siento en el alma, amor.

¡Es que lo de mi madre y Ledesma me...!

¡Me supera! ¡Ya lo sé!

No tienes que disculparte.

¡Siento tanto que tengas que padecer por culpa de todo esto!

¡Amor, no te apures! ¡Es normal después de lo que habéis pasado!

Mi padre me ha dicho

que le has contado lo ocurrido en Valdeza.

Y quedó muy preocupado, la verdad.

Sí, ya me di cuenta.

Don José es una gran persona. No tardó

un momento en ofrecerme su ayuda. (RÍE)

¡Así es él! Se vuelca con todo el mundo.

Y, si te dijo eso, ten por seguro que hará lo imposible

por arreglar este entuerto.

Ya, pero no sé qué podrá hacer.

Ledesma no deja de presionar a mi madre

para fijar una fecha para la boda.

Ahora dice que antes de un mes.

(RÍE) ¡Parece que tiene prisa por hacerse con tu familia!, ¿no?

¡Y con todo lo nuestro!

Pero no le saldrá bien la jugada.

De una forma u otra,

voy a impedírselo.

Estoy segura de ello.

No os merecéis nada de lo que os pasa.

Comprendo que no soportes a Genoveva, pero no veo la razón

para que lo pagues con mi sobrino. -Ya.

¡Si tienes razón...! Lo que pasa es que es hablar de ella

y se me pone un velo rojo delante de los ojos

y no sé lo que digo...

-¡Pues templa! Y discúlpate con Liberto,

que el pobre se ha ido muy disgustado.

-¡Es mencionar a esa víbora y todo se echa a perder!

-Pues yo la he tratado y no me parece

ni tan fiera ni tan mala persona como tú la pintas.

-¿Sí? ¡Pues quédate con ella, toda para ti!

-La que parece que anda a la gresca con su suegra

es la mantequera. (RÍE)

-¿Sí?

-He oído decir que se llevan como el perro y el gato.

¡Y sus maridos piensan que son como hermanas!

-(RÍE) ¡Los hombres son así, no se enteran de nada!

¿Qué más se dice de ese asunto?

-Eh... ¡Cómo te gusta el chismorreo!, ¿eh?

-Pero ¡qué dices!

¡Si soy la mar de discreta!

¡Solo pregunto para saber lo que pasa en el barrio!

-Pues parece ser que, aparentemente,

la casa de los Palacios es un remanso de paz y armonía,

pero que por debajo vuelan los cuchillos entre ellas dos.

-Lo tienen bien empleado por haberse casado con dos excriadas.

¡Eso tarde o temprano sale a la luz!

-¿Sabes quién debe estar informada de todo esto?

¡Fabiana! ¿Te apetece un café?

-¿En la pensión? -Quien quiere algo, algo le cuesta.

Invito yo. -Entonces, sí.

(SUSANA RÍE)

-Buenas...

-Buenas... -Buenas.

-¿Cómo ustedes por aquí? ¡No suelen prodigarse en visitas a esta casa!

-Por eso hemos decidido entrar.

-Se nos ha antojado un café y queríamos saber cómo los haces.

-Pues enseguida se los pongo.

-Mientras los haces,

¿nos podrías contar qué ocurre con los Palacios?

-Pues nada, que yo sepa.

-Pues Rosina dice que ha oído rumores sobre esa familia.

-Pero ¡si yo no sé nada!

-No bromees con esto, que me acabas de decir

que se escucha por ahí que hay muy mal ambiente en esa casa.

-¡Ah, sí, sí! ¡Es verdad!

Que siempre están con disputas.

-Lo primero que oigo, señora.

-¿No sabes nada de lo mal que se llevan Carmen y Lolita?

-Eh... ¡No!

-Mujer, cuéntanos, que seguro

que estás al corriente de todo lo que pasa en el barrio.

-¡Ni que fuera la gaceta! -¡No me puedo creer

que no nos puedas decir nada de Carmen y Lolita!

-Sí que puedo, sí.

Y se lo voy a contar con pelos y señales.

Resulta que la casa de los Palacios es una balsa de aceite,

que Carmen y Lolita se llevan como si fueran madre e hija

y que todos son tan felices o más

que los que comen perdices en los cuentos, fíjense.

-¡Pues si solo es eso lo que nos vas a decir,

mejor no sigas preparando los cafés!

-¡A más ver, señoras!

-Yo creo que en casa de los Palacios hay gato encerrado.

Me juego un brazo a que esas dos tienen problemas

y eso explotará muy pronto. ¡Y, si no, al tiempo!

(Puerta)

¡Agustina!

¿Ha aparecido el señor San Emeterio? -¡No!

¡No ha estado en la casa en todo el día, ya lo sabe!

Solo salió un rato a tomar café y...

-Sé bien cuánto ha estado fuera. No me lo recuerde.

-¡Perdone el señor por esto

y por la indiscreción de antes!

-¡Siento mucho que se haya disgustado

por mi conversación con Úrsula y quiero que sepa

que no va a volver a pasar nada igual!

-No se apure.

Mi enfado no es por eso.

-¿Puedo preguntarle qué le incomoda?

-Es...

la ausencia de Mauro, que me inquieta.

(Puerta)

-¿Me permite ir a abrir?

-¡Claro! ¡No hace falta que me pregunte todo!

(FELIPE SUSPIRA)

-Don Felipe...

Perdóneme por presentarme así en su casa.

Pero quería saber si hay nuevas sobre Marcia.

-No.

No las hay.

¿Qué te hace pensar que las hay?

-Es que mi primo ha visto entrar en su casa al comisario Méndez...

y pensaba que quizá venía a contar algo nuevo.

-Esta casa está llena de cotillas.

¡Uno no puede respirar hondo sin que se entere el barrio!

-¡Perdone, señor, no se enfade con nosotros!

Mi primo sabe el aprecio que le tenía a Marcia, por eso me lo ha contado.

-Sé bien el cariño que le tenías.

-Entonces, ¿no hay nada más?

-Todo sigue igual.

No hay nada que contarte.

-Señor, mire...

Yo no quiero ser pesada ni poco respetuosa con usted.

Pero ¡se lo pido por favor! ¡Siga buscándola, no se rinda!

Y, si se entera de algo,

sea bueno o sea malo, por favor, dígamelo.

Porque yo estoy en un ay

desde que ha desaparecido la muchacha.

-Te aseguro que no hay nada que desearía más...

que darte noticias de ella.

Pero ahora es imposible.

-Gracias, señor.

Y gracias por ser tan paciente conmigo.

¡Buenas tardes, señor Pacheco!

Aquí tiene, la habitación de siempre.

Número 7, al fondo a la derecha.

(GRITA) ¡Servando! ¡Servando, venga aquí a escape ahora mismo!

-Pero ¿qué...? ¿Qué pasa? ¿Nos roban, hay fuego? ¿Qué pasa?

-¿Se puede saber qué es este número que ha puesto aquí?

(SERVANDO RESOPLA)

¡Me ha dado un susto de bigotes!

¡Creía que se inundaba otra vez la pensión!

-¡Déjese de monsergas y contésteme a lo que le digo!

-(RESOPLA) Vamos a ver.

Numerito... (CARRASPEA)

A ver...

¿Ese número? Eso es el día en que se ha ido el huésped.

-¡Le he dicho mil veces que no vale solo con el número,

que hay que poner el mes y el año!

¿Cómo, si no, vamos a saber cuándo se han ido a ciencia cierta?

-Pues sabiendo el día de antes y el de después. ¡Es que...!

-¿Cómo? ¿Cómo si no lo pone?

¡Haga el favor de aprendérselo ya de una puñetera vez,

que me tiene hasta el moño de tanto repetírselo!

Pero ¡hombre! ¡Ay, qué hombre!

(SERVANDO RESOPLA)

(Pasos)

-Servando...

¿Qué le ha hecho a Fabiana?

¡El chorreo que le echaba se oía desde la calle!

-¡Una tontería sin importancia!

-Pues, por cómo gritaba, parecía que le hundía el negocio.

-Se ha pasado algunas arrobas.

¿Usted se cree el expolio que me ha montado

porque no he puesto una fecha completa?

¿Usted se cree que hay derecho a esto?

¡Hombre! -Me extraña que solo sea por eso.

Fabiana es de lo más templada.

-Menos cuando se cruza, y hoy está bien cruzadita.

-¡Algo más le habrá hecho! -No sé, pues...

se habrá molestado por algo que le he dicho.

-¿Qué le ha dicho?

-¡Bah! Que la he reprendido

por meterse en el conflicto que tienen Carmen y Lolita.

-Usted no es la persona más adecuada

para dar lecciones de saber estar y de discreción.

-¡Bueno, pero tampoco se tiene que meter ella

en un conflicto familiar!

-En otras circunstancias, le daría la razón,

pero Lolita y Carmen llevan tanto aquí que son como su familia.

-Entonces, ¿cree usted que he metido la pata?

-¡Hasta el corvejón!

-¿Y qué hago para solucionarlo?

¡Porque yo no puedo estar todo el día con la Fabiana de morros aquí!

-Pues puede comprarle un regalo, tener un detallito...

-¿Un regalo? -Sí.

Con lo alterada que está,

lo agradecerá y se le pasará lo del rifirrafe.

-Es que no se me ocurre nada. -Bueno, pues...

No sé, cualquier cosa: un bolso, un rosario, una limosnera...

De esas cosas que usan las mujeres.

-Sí, pero ¡no sé qué regalarle! No sé los gustos que tiene mi socia.

-Vaya a las tiendas del centro, que seguro que encuentra algo.

-Ya, pero... esas tiendas son muy caras, ¿no?

¡Además, ya sabe que yo voy siempre con lo justo!

-Puede que lo sean, pero piense

que, a mayor gasto, menos durará el enfado.

-Sí, eso sí... -¿Eh?

(FELIPE SUSPIRA)

¿No se está retrasando demasiado?

-Solo han pasado cinco minutos.

Cabe en la cortesía de puntualidad.

-A mí me parecen eternos.

Llevo todo el día esperando esta cita.

-Comprendo su impaciencia.

Hace muchas horas que nos fuimos.

-Ojalá la espera no sea en balde.

(SUSPIRA)

Por ahí viene.

-Disculpen,

me he podido escapar de comisaría, pero he de volver.

-¡Por favor, cuéntenos! ¿Ha descubierto algo?

-No traigo buenas noticias, me temo.

-¿A qué se refiere?

-Las investigaciones no nos han conducido a nada.

Pero no se desasosiegue.

Mis mejores hombres están asignados al caso

y pienso reforzar el operativo.

Si por un casual les llega información, sea por la vía que sea,

comuníquenmela cuanto antes.

-(SUSPIRA) ¡Gracias por el esfuerzo!

-Si tengo alguna novedad,

se la comunicaré de inmediato.

Ahora debo volver.

-Gracias de nuevo. -Con Dios.

(FELIPE SUSPIRA)

Estamos en un callejón sin salida.

¡Nunca la encontraremos!

-No se rinda tan pronto.

-Yo sí tengo una novedad.

Y válgame que puede ser sustanciosa.

Aún aguardo a que me proponga una fecha para la boda.

No me gustaría que la cosa se retrasara.

Y no solo porque ya quedamos

en que fijaríamos la fecha antes de un mes,

sino porque van a venir muchos invitados de Santander.

Y eso supone cursar las invitaciones

con tiempo y muchos gastos.

-¿Muchos gastos?

-¡No querrá usted que mis parientes

paguen de su bolsillo los costes del viaje!

-Pude estar a solas con el del almacén.

-¿Y?

¿Qué le contó? -Parece ser que hay un hombre,

un español que emigró a Brasil hace años...

César Andrade. -Bueno, ¿y qué pasa con él?

-Por lo que él sabía, suele traficar con mujeres.

Muchas, de otra raza.

-¿Mujeres de color?

-La mayoría, de Brasil.

-Ledesma apremia a mi madre para que fije

la fecha de la boda ya.

-Debe mantener la cabeza fría.

No es momento de tomar decisiones en caliente.

-Pero ¡es que me arde la sangre cada vez que pienso en todo esto!

-Por eso me figuro que no asumirá esta situación así, sin más.

-No, por supuesto que no.

No puedo permitir semejante insensatez.

Más de una vez, con Ledesma en el restaurante,

he cogido un cuchillo jamonero, dispuesto a salir y...

cortar por lo sano.

¿Comprende?

-Doña Susana sospecha que entre ustedes

no se entienden y anda preguntando por ahí.

-¿Y a quién pregunta? -¡A mí!

-Pero ¡qué sabe esa señora de lo que pasa en mi casa!

-¡Y tú pareces nueva en esto, Lolita!

¿No conoces a doña Susana, que es peor que un perro sabueso

de los de los guardias, que no se le escapa nada?

-Es la primera pista fiable que tenemos desde que empezó todo.

No podemos errar el tiro. -¡Mauro,

ni quedarnos de brazos cruzados! -Yo me encargo.

¿De acuerdo? Y confíe en mí.

-¡Marcia puede estar en peligro!

-¡Y precipitarnos la pondría en un peligro aún mayor, Felipe!

Lo primero es localizar a ese hombre

sin llamar la atención.

-¿Y entonces qué?

-No correré ningún riesgo.

Lo haré con prudencia, te lo prometo.

-¿Que le prometes el qué?

-No olvidarme más de su cumpleaños.

El último se me fue de la cabeza.

-¿Me ocultas algo?

¿Y qué hacemos? Mi Antoñito no debe enterarse de las riñas.

-Ni tampoco Ramón.

¿Tú sabes qué disgusto se llevaría?

-¡Vaya, es lo único en lo que están ustedes de acuerdo!

¡Así que más les vale que se enmienden cuanto antes,

porque la cosa puede acabar mal!

-Un detallito que le he comprado.

-¿Un detalle? -Sí...

-¿Me ha comprado algo a mí?

(SERVANDO SE RÍE)

(SUSPIRA)

(FABIANA SUSPIRA)

(TARTAMUDEA) Pero...

Pero ¡Servando! ¡Son...!

¡Esto son...

peinetas de carey!

(JADEA NERVIOSA)

¡Son preciosas!

¡Creo que nunca antes nadie me había hecho

un regalo tan bonito y tan fino!

-"Emilio no está".

Vengo a hablar contigo.

¿Conmigo? ¿Qué ocurre?

Estoy preocupada por tu hermano.

¿Preocupada por qué?

Porque últimamente está muy nervioso.

Está alterado, irascible...

-Disculpe, señor.

Tiene visita.

-¡Hola, Felipe!

¡Y compañía!

-No esperaba que fueras tan puntual.

-¡Ay, siempre es un placer verte!

Tienes muy buen aspecto.

-Sí, tú...

Tú también. -(RÍE)

-Si nos disculpan, señores...

-¡Quieto, Servando!

Hay algo que debo preguntarle.

¿Qué es lo que pasa con las peinetas esas de marras, ¿eh?

-Eh...

-He estado en casa de don Felipe. ¿A que no sabes quién le ha visitado?

-¡Suéltalo, que me tienes en ascuas!

-Una prostituta.

-(SUSPIRA)

-¿Y si Felipe vuelve a ese torbellino

de vida disoluta del que casi no sale?

-¿Qué hace, Agustina? ¿Me espía?

-¡No, señor! ¡Creí que me llamaba!

-No. -"Disculpe".

¿Y cómo van las cosas en su casa? ¿Se van solucionando?

-¿En mi casa?

¿Y qué ha de solucionarse?

-¡Ay! ¡Perdóneme, no quería ser indiscreta!

-Es que ni siquiera sé a qué se está refiriendo.

-He oído decir que...

su esposa y su nuera no terminan de encajar.

-¿Que no terminan de encajar?

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Acacias 38 - Capítulo 1086

29 ago 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. MARILÚ ROBLES PRETELÍN

    CIERTO...EL CUENTO DE NUNCA ACABAR Y TODO SE REPITE CON DISTINTOS PERSONAJES . YO DEJE DE VERLA ANTES QUE TRINIDAD MURIERA...CANSADA LA NOVELA NIVEL MUY BAJO NI PARA CRIADAS O SIRVIENTAS. QUÉ HORROR...

    01 sep 2019
  2. RB

    Ya los problemas de Lolita y Carmen cansan

    30 ago 2019
  3. Felicitas

    Solo esto: QUE BUEN MOZO ESTÁ MAURO, esas canitas le quedan de rechupete; buen personaje, espero dure mucho, sobre todo para el placer de mis ojos.. JAJAJA

    30 ago 2019
  4. Alicia

    Ahh bueeeeno, si en el caso de Marcia, se metió el comisario Méndez, nuuuunca va aparecer. Jajaja.

    30 ago 2019
  5. Victoria

    Solo decir que Felipe y Mauro están de sobresaliente.

    30 ago 2019
  6. Nelida

    Flojo el guion/ y no va con el rol de Carmen

    29 ago 2019
  7. María Dolores

    Las "tonterías" de Lolita pasan de castaño oscuro pero me encanta el rifirafe con Carmen, tenía que pasar, viviendo juntos dos matrimonios y está bien que una serie de tardes refleje aspectos comunes de la vida cotidiana. Para mi gusto deberían acentuar aún más los "malos rollos" entre ellas. Lolita es una gran actriz, me encanta su personaje. Me gusta mucho también la bonomía de Don Jose, actor Manuel Bandera, el personaje de Bellita y la gracia de Arancha es de lo mejor..., me troncho.

    29 ago 2019
  8. Marilu

    ¡¡ B A S T A con las tonterías de Lolita, ya pasan de castaño a obscuro !!!; y don Ramon sigue " en babia ", al igual que Antoñito, solo que de este último NO es novedad.- Este culebrón es peor que el cuento de la buena pipa, donde suceden cosas sin definir ninguna y así hasta el infinito o cuando alguna se define es porque alguien pasó a " mejor Vida "

    29 ago 2019