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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1081 - ver ahora
Transcripción completa

Antes creí ver que alguien me observaba.

-¿Viste bien quién era?

-Seguro que es fruto de los nervios.

Pasarse la tarde levantando piedras en el parque

con la criada de los Domínguez no podía ser nada bueno.

Ay. -Esa mujer va a acabar conmigo.

Que no, que la llevo yo. -Déjemela.

-Que no me cuesta. -Que sí.

Hay que ver lo bien que se llevan entre ellas,

prácticamente son inseparables.

Estoy pasando un calvario por mentirle a tu madre.

Deberíamos decirle de una vez que Emilio se va a Argentina.

No, no, no, no podemos descubrirle.

Caminar por caminar...

o levantar piedras para no hacer un corral

como que le aburre a uno.

-Si es por el tedio,

buscaremos otra actividad que le divierta.

He sabido que mi madre ha intentado contactar con Ledesma

para ofrecerle dinero.

Intentaba a lo mejor cerciorarse de que te dejara tranquilo

una vez te hayas marchado. Eso me ha respondido ella.

Es que es la única explicación posible.

Pero aun así, no me quedo tranquilo.

Buenas tardes, doña Susana. Buenas tardes.

¿Marcha al ágape de don Felipe? Sí, ¿y usted no va a asistir?

No, prefiero irme fuera de Acacias mientras dure la fiesta.

Muy pronto acabará todo.

Espero que no se equivoque.

"¿No te das cuenta de que Carmen últimamente está..."

comportándose de una forma extraña?

Está puntillosa, irascible,

con las emociones controladas. Es que...

es que está embarazada, no me cabe ninguna duda.

-"Mujer, ¿qué te sucede?".

¿Es por la fiesta o hay algo más?

"Haz un poder, ¿eh?".

"Lo pasado, pasado está".

"Debes disfrutar esta oportunidad que te brinda la vida".

-Marcia está a punto de llegar.

-La he dejado en el altillo.

Ya verá usted lo guapa que va a venir.

Venga, vete.

¿Qué hace aquí?

No.

Llevamos ya casi media hora esperando

y la homenajeada sin dar señales de vida.

-Al menos los canapés están exquisitos.

-Lo que nos faltaba, que nos dieran mal de comer

con el disgusto que nos van a dar después.

No me acostumbro a la moda esa

de que los señores se comprometan con las criadas.

-¿Qué, han probado los canapés de paté y manzana?

-Creo que los he probado todos.

-¿Sabes qué pasa que no llega esa criada?

-¿Qué criada?

-Marcia.

-No la llame usted así, tía.

Creo que lo que nos dirá Felipe es que va a ser su esposa.

-Muy deprisa ha olvidado a Celia.

-¿Más de 10 años te parece mucha prisa?

-Menos ausencias le guardaste tú a tu Maximiliano, Rosina.

-Tía, no malmeta.

-¿Yo, malmeter?

-Vigila cuando te comas un canapé,

no sea que te muerdas la lengua y te envenenes.

-Eso me pasa por decir verdades.

Anda, Liberto, ve a ver qué pasa.

-¿Qué, amigo, nervioso?

-Un poco, sí. -No se preocupe.

Verá como todo el mundo acabará aceptando a Marcia.

-Eso no me preocupa.

-Yo he escogido a Marcia.

Quien se relacione conmigo deberá aceptarla.

-Celebro que lo tenga tan claro.

Cuando yo casé con Rosina, siendo ella mayor que yo...,

no me preocupaba lo que pensara la gente.

Por cierto...,

¿qué ocurre que no llega la invitada?

-Anfitriona más bien.

En mi casa, Marcia no es invitada, es la señora de la casa.

Lo cierto es que...

debería estar aquí hace rato.

-No se preocupe, ya sabe lo que tardan las mujeres

en encontrarse lo suficientemente bellas.

Aunque la belleza no deba discutirse en el caso de Marcia.

-No, no es eso, Casilda y Agustina la dejaron lista.

Quería quedarse a solas para tranquilizarse.

Pero... estos minutos empiezan a ser ya muy largos.

(Llaman a la puerta)

-Ahí la tiene.

-Por fin. Empezaba a preocuparme.

Bien.

-Disculpe el retraso.

-No se preocupe.

No hemos empezado.

-¿Habéis visto qué ágape ha organizado don Felipe?

Por todo lo alto, de postín.

-¿Y Marcia? No la veo. Quería hablar con ella.

-No sé si ha ocurrido algún problema.

Disculpen un segundo.

Casilda, por favor.

¿Sabes qué pasa con Marcia?

-Estaba preparada para bajar.

-Sube y dile que no se puede retrasar más.

-Sí, voy volando.

Disculpen, señores.

En unos minutos bajará Marcia.

Mientras tanto, podemos disfrutar de las viandas

que nos ha preparado doña Felicia.

(Música clásica)

¿Es que no me ha oído?

¿Qué está haciendo aquí?

-¿No te dijo tu madre que volvía?

-Madre, ¿puede explicarme esto?

-Márchate, hijo.

Todavía estás a tiempo.

-No pienso marcharme hasta que me expliquen qué ocurre.

-¿Se lo cuenta usted o se lo cuento yo?

-Déjeme a mí.

Emilio, hijo.

Coge ese tren.

En Argentina comenzarás una nueva vida.

Sin pasado.

En libertad.

Sé que podrás abrirte camino.

-Ya ve que mi madre no hablará, hágalo usted.

-Tu madre y yo vamos a casarnos.

¿No te hace feliz?

Sí que es extraño que no nos estén diciendo nada.

He oído hablar de novia dando la espantada en su boda,

pero no en su presentación en sociedad.

-Y de toreros ante el toro, de eso hemos visto mucho.

-Así que esto es una presentación en sociedad,

como todos pensamos.

-O se le parece mucho.

-Sí, se trata de eso.

Felipe quiere comunicarnos su relación con Marcia.

-¿Comunicar?

Como si no lo supiéramos todos.

-Comunicar, hacer oficial, llámelo como quiera.

(Llaman a la puerta)

-Ahora sí que es ella. -O no.

Que Marcia se hace de rogar como si fuera una prima donna.

Don Felipe.

No está. -¿Qué?

-Que no está en el altillo, que ha desaparecido.

-No, no puede ser.

-He mirado en todas partes y, se lo juro, no está.

-Está bien. Vamos a ver, vamos.

-Felipe, ¿qué ocurre? ¿Puedo ayudar en algo?

-Luego le cuento. Por favor, que los vecinos tengan paciencia.

Vamos.

-¿Qué ocurre?

-No lo sé, pero sea lo que sea, es algo grave.

-No hay celebración en Acacias

que no acabe como el rosario de la aurora.

Qué barbaridad.

-Pero bueno... -Yo creo que ha pasado algo.

-Sí, sí, es que... -Seguro.

¿Qué locura es esta?

-Es una decisión de ambos.

-Pues es absurdo, no voy a consentirlo.

-No necesito tu consentimiento para contraer matrimonio.

-La palabra de tu madre vale mil veces más que la tuya.

Tú eres un botarate irresponsable que solo da tumbos.

-Déjeme a mí, por favor.

Emilio, hijo,

debes coger ese tren

y ese barco a Argentina.

-No voy a marcharme y dejarla sola con él.

Madre, por favor.

-Deja de comportarte como un crío.

¿Prefieres que vaya a la Policía o al padre del hombre al que mataste?

Puedo escoger.

¿Quieres que olvide tu agresión del otro día

cuando te encontré con esa ramera?

-¡No la llame así! -¿Vas a pegarme otra vez?

-¡No, Emilio, por favor!

Por favor, no estropees más las cosas.

-Por favor, no tiene por qué casarse con él.

Yo me casaré con Angelines.

-Esa oportunidad ya se perdió.

No hay vuelta atrás.

Me caso con tu madre y te prohíbo acercarte a mi hija.

-Usted no tiene ningún derecho. -Es mi decisión.

Y debes respetarla.

-Bueno,

¿no va a haber un beso de novios?

-"¡Marcia!".

¡Marcia!

-Ya se lo he dicho, he buscado en todas partes.

-Un momento. La dejaste vestida para la fiesta, ¿no?

-Sí, de punta en blanco; estaba preciosa.

-¿Y se ha marchado así? ¿Dónde guarda sus cosas?

-Aquí.

Se lo ha llevado todo.

-¿Y su colgante? Era muy importante para ella.

-No está, señor.

Ni el colgante, ni el dinero, ni el collar de cuentas.

Todo se lo ha llevado.

-Se ha ido, Casilda.

-Pero, señor, eso no puede ser.

Está muy enamorada de usted.

-Pero se ha ido.

El día en el que iba a anunciar nuestro compromiso.

-No sé qué ha podido pasar.

Sí es verdad que ella estaba rara.

Señor, tiene que haber alguna explicación.

-Casilda, hazme un favor.

Baja y dile a don Ramón que...

que dé la fiesta por terminada...,

que mande a todos a sus casas.

Más tarde le daré explicaciones.

-Pero ¿y usted? ¿Se va a quedar aquí solo?

-Tranquila.

Bajaré y...

entraré por la puerta de servicio.

Que se marche todo el mundo.

Casilda.

Que solo se quede don Ramón y don Liberto.

Padre, ¿qué? ¿Ha conseguido hablar con Felipe?

-Apenas un momento.

Estaba tan afectado que no he querido ahondar en la herida.

-Pero ¿qué ha pasado?

-Al parecer, era cierto el rumor que corría en el ágape,

que Marcia se ha dado a la fuga.

-Ya.

Muy raro todo.

-Eso mismo pienso yo.

No es que conociera mucho a la joven, pero cuando la vi con Felipe,

parecía tan enamorada como él de ella.

-¿Felipe tampoco sabe qué ha pasado?

-Lo único que me ha dicho es que ella ha recogido todas sus cosas

y se ha marchado, así que todo parece indicar

que ha desaparecido por propia voluntad.

-Al final nos enteraremos de la verdad.

Me da lástima que la noticia llegase estando todos en la casa.

-Preparados para hacer leña del árbol caído, hijo; dilo todo.

Menos mal que no estaba Genoveva para ahondar más en el problema.

-El ser humano

a veces se comporta de una forma completamente incomprensible.

Como por ejemplo que Carmen

esté ocultando su embarazo.

-No creo que Carmen me esté ocultando nada.

Simplemente estará esperando el momento oportuno para decírmelo,

y quizá pretende darme una sorpresa. -Ya.

Es algo tan precipitado que merece una celebración.

-Y no seré yo quien lo estropee.

Y te pido que tú tampoco lo hagas.

Dejemos que ella se tome su tiempo.

-A sus órdenes, jefe.

Lolita se va a poner como loca cuando se entere.

-Tú no le digas nada.

Esperemos que se lo diga Carmen.

-A lo mejor ya lo sabe

y le está guardando el secreto.

-Pues es posible.

Es una suerte que sean tan amigas.

-Sí. -Hijo.

¿Te das cuenta de que seremos padres con muy pocos meses de diferencia?

-Es un poco raro, padre, la verdad.

Prácticamente acabará de estrenar su condición de abuelo

y volverá a ser padre.

-Ay. Perdonen por el retraso.

Y por no haberles dado la cena.

-Reconozco que, a pesar de la mala noticia,

me he comido una bandeja entera de canapés.

No tengo apetito.

-Sí, yo tampoco. Igual un vaso de leche y a dormir.

-¿Sabes dónde está Carmen?

-Sí, se ha quedado en el portal de cháchara con las criadas.

No se habla de otra cosa que de la desaparición de Marcia.

-No se habla de otra cosa en ninguna casa de este barrio.

-A mí no me viene de nuevas.

Cuando era joven, el cartero de Cabrahigo

dejó plantada a la Eustaquia en el altar,

compuesta y sin novio.

-¿Y qué pasó?

-Le recibían a pedradas. Dos años estuvimos sin cartas.

Hasta que pusieron a otro cartero.

-¿Le perdonó Eustaquia al final? -Qué va.

Una pedrada le acertó de lleno, y el cartero fue pasado.

Por engañar a una de Cabrahigo.

-Menos mal que nunca engañé a Trini.

No sé muy bien qué decirle, don Felipe.

Miedo al compromiso tal vez.

-No.

No creo.

Sería incapaz de dejarme en ridículo delante de mis vecinos.

-Sentiría pavor al ver la expectativa que se levantó con la fiesta.

Con el anuncio de su compromiso.

-Perdone que me meta, don Felipe.

-Por favor, Agustina, hable.

Usted conocía muy bien a Marcia.

Quizá aclare mis ideas.

-Quien más hablaba con ella y más la conocía era Casilda.

-Es mejor que vaya a buscarla y nos dé su opinión.

-Ahora mismo iré, pero déjeme decirle

que no creo que Marcia se haya marchado sin más.

-¿Entonces?

-Marcia es buena chica,

incapaz de hacer daño a nadie.

No creo que se haya ido por su voluntad.

-¿Obligada? -No lo sé.

Pero no es... una decisión suya.

Por favor, no den el asunto por zanjado.

No dejen de buscarla.

-No sé.

¿Casilda qué opina?

-Entre las criadas se ha hablado.

-Insisto, vaya a buscar a Casilda y que nos diga qué opina.

-Sí, señor.

-¿Cree que deberíamos denunciar la desaparición de Marcia?

-No lo sé.

Quizá sea mejor esperar a que venga Mauro.

Él sabe de estas cosas. -¿Dónde está?

-No quiso quedarse a la fiesta.

Fue a saludar a unos amigos de su etapa en la ciudad.

-En ese caso, no tardará mucho.

Dígame, ¿cree que...

que alguien del pasado de Marcia ha podido obligarla a huir?

-Su pasado es horrible.

Y me habrá ocultado más de la mitad.

-Pues creo que aún puede tener una esperanza

de que, encontrándola, pueda ayudarla.

-Estoy dispuesto a lo que sea.

-Don Felipe, ¿me da su permiso? -Casilda, por favor, adelante.

-Dice la señá Agustina que quiere hablar conmigo.

-Sé que le tenías cariño a Marcia.

-Sí.

Soy la que más hablaba con ella,

hasta aprendí algunas palabras de su idioma:

que si "obrigada"... -¿Estaba ilusionada hoy?

-Claro que sí.

Se había vestido como una princesa.

Vamos, la mujer más bella de Acacias,

de toda la ciudad.

-¿En ningún momento pensaste que quisiera marcharse?

-No, para nada.

No la había más enamorada, si me permiten decirlo.

¿Y crees... que alguien pudo obligarla?

-Es verdad que el otro día me dijo que se sentía vigilada.

Pero pensamos que se trataba de cómo la miraba la gente

por ser negra.

Aquí no están acostumbrados a ver gente de su color.

-¿Ninguna sospecha más, Casilda?

-No.

-Casilda, por favor, dime la verdad,

¿crees que Marcia se ha ido por su propia voluntad...

o que le han obligado?

-Ella...

quería quedarse con usted, señor.

Pero, por otro lado...,

lo ha visto como yo, se ha llevado todas sus cosas.

-Una pregunta más.

¿Crees que Marcia podría tener algún motivo para marcharse?

-Ella... lo ama mucho a usted,

don Felipe.

Y... no querría perjudicarlo.

Supongo que...

que pensaría que si se casaba con ella,

no iba a encontrar trabajo,

que nadie le contrataría por estar casado con una negra,

que el vecindario le daría de lado. No sé.

Emilio, ya has perdido el tren.

No llegarás a tiempo a coger el barco.

-Eso da igual.

-¿No te vas a Argentina?

-Argentina siempre va a estar ahí,

da igual llegar en un barco o en el siguiente.

Lo que no aguarda es la felicidad de nuestra madre.

No puede casarse con ese hombre.

-Nuestra madre no es feliz desde lo que ocurrió.

-Ya, pero al menos aquí había alcanzado la tranquilidad,

en este negocio.

Hasta que regresó Ledesma a nuestras vidas.

-Emilio, nunca se fue.

La posibilidad de que volviera siempre estuvo presente.

-Tienes razón.

Aunque seas más joven, a veces eres capaz

de ver las cosas con más claridad que yo.

¿Dónde está ahora nuestra madre?

-Ha ido a acompañar a Ledesma.

-No debería ir sola con él.

-No.

Pero hay tantas cosas que no deberían ser así y lo son.

-¿Está todo recogido en casa de don Felipe?

-Sí, solo queda la limpieza, para mañana por la mañana.

Con tanto trasiego de gente, no era adecuado.

-¿Se sabe algo de Marcia?

-Si se sabe, no informaron.

-Las botellas que había para brindar podremos devolverlas al distribuidor.

Así le haré una rebaja a don Felipe en la factura.

La verdad es que eran muy caras.

Eso sí, lo mejor del mercado. -¡Madre!

¿Cómo puede hablar de Marcia y de don Felipe?

¿Cómo puede preocuparse por facturas con lo que vive nuestra familia?

-Emilio, hijo,

no quiero discutir.

Casarme con Ledesma es la solución a nuestro problema.

Me sacrifico yo.

Y tú te quedas libre.

Tú te puedes casar con Cinta, te puedes marchar a Argentina.

Puedes hacer lo que desees.

Eres libre, hijo.

-Madre.

Su decisión ha sido muy drástica.

-¿Acaso no deben ser drásticas las decisiones de vida o muerte?

Si antes hubiera existido esta posibilidad,

antes la habría tomado.

Todos habríamos sido más felices.

-Usted nunca va a ser feliz casada con ese hombre.

-Ni tú casado con Angelines.

Si yo no logro ser feliz,

al menos aspiro a conseguir la paz y la tranquilidad

que hace tanto nos abandonaron.

-Yo estaba a punto de irme a Argentina,

allí no me habrían encontrado nunca.

-O sí.

O el cacique de Valdeza.

Al enterarse quién fue el asesino de su hijo,

habría venido a vengarse en tu hermana.

Voy a la cocina.

Aún queda mucho por recoger del ágape de don Felipe.

-Saldremos adelante.

¿Eh?

Como siempre.

¿Te vas a Argentina?

-No.

Me quedaré aquí cuidando de nuestra madre.

-Tengo que confesarte

que, aunque temía por ti,

no quería que te fueras.

¿Quién sabe si nos hubiéramos vuelto a ver?

(Ronquidos)

¡Servando!

Póngame un café, que esta noche voy a estar más en vigilia que nunca.

-¿Cree que va a encontrar a Marcia?

-Bueno, eso nunca se sabe.

Ni siquiera las que eran más amigas saben qué ha podido pasar.

¿Y si simplemente ha perdido la noción de donde está

y vaga por el barrio?

No sería la primera vez que veo a una vecina sonámbula.

-En camisón.

-Bueno, así.

No le digo que vaya a pasar, pero tampoco le digo que no.

-¿Sabe usted?

Los serenos y los porteros,

que yo he sido portero muchos años

antes de que me elevara de categoría,

somos los que mejor conocemos la psique humana.

De tanto ver a los vecinos.

Si usted y yo pusiéramos el ojo, resolveríamos ese misterio.

-Podemos poner el ojo, pero sin excedernos.

Que si la Policía investiga, tiene más medios que nosotros.

-Pero no nuestra perspicacia.

-Buenas. Uf, la que ha liado la brasileña.

-¿Se sabe algo más? -No, no.

Pobre don Felipe.

Desaparece mi Marcelina como ella y me doy de cabeza contra la pared.

-Ten cuidado con darte golpes en la cabeza.

-No.

¿Has quedado con Arancha para hacer ejercicios?

-Esa más fuerte que una mula.

Me deja baldado.

Ojalá hubiera desaparecido ella y no Marcia.

-Dile que no sigues.

-No me atrevo.

-Ya, pero tú díselo

con mano izquierda.

No sé, dile que tienes una dolencia que...

por la cual no puedes hacer esos "sports". No sé.

Que se te ha torcido un tobillo.

-¿Mentir? -Sí.

-Pero... eso es ruin.

Y mezquino.

No, yo sería incapaz, jamás lo haría.

-"Aupa. Gabon".

Jacinto, mañana vamos a hacer un juego de mi tierra.

Un "herri kirolak".

Un deporte rural, que dicen ustedes.

-Ah.

-Lo que hacen los aizkolaris, una "aizkora jokoa".

Cortar troncos.

-Ah, un "kolyorroa" de estos.

-No, "aizkora jokoa".

-¿Y yo qué he dicho? Pues eso, que cortar árboles.

Pero ¿para qué?

En la ciudad, traen carbón para las calderas.

-No, hombre, no.

Dos horas de ejercicio con el hacha al aire libre

y le dejan despejado para todo el día.

Mañana le paso a buscar a las seis.

-¿A las seis? -Eso. "Agur".

-Ay, ay, ay, ay. Uh, uh.

Creía que me había curado, pero no.

-Pero ¿qué le pasa?

-Una torcedura del tobillo, dolorosísima.

-Déjeme ver.

-Ah, ah, ah.

-Jacinto, esto no parece hinchado.

-No, no, pero duele...

Mejor voy a poner el pie en alto en casa.

Ay.

-Yo creo que está mintiendo.

-Por favor, Arancha.

Pero ¿usted ve capaz a Jacinto

de hacer una cosa tan ruin?

-¿Y tan mezquina?

-No sé, igual.

Como los hombres aquí en el sur son tan "ahula".

-¿Eh? -O sea, tan "bakarra".

Débiles. Son tan débiles.

Hala, "agur".

-Da más miedo con hacha.

Liberto se quedó con Felipe, de algo se enteraría.

-De lo que ya te he dicho,

que creen que quizá no desapareciera voluntariamente.

-¿Llevándose toda su ropa?

Esa explicación tiene más pinta de ser un deseo de Felipe

que de ser real. -Ya, yo pienso lo mismo.

Pero las chicas estaban convencidas, decían que estaba muy ilusionada,

que no se habría ido de no ser obligada.

-¿Qué puedes esperar de una caza fortunas como ella?

-No creo que lo sea.

¿Qué caza fortunas se va sin nada?

¿Por qué no esperar a que Felipe le regalara el anillo al menos?

-Eso es cierto.

¿Han mirado si falta algo en casa? -No me han dicho nada.

-Verás como al final se descubre

que la morenita se ha llevado las joyas de Celia

y va a vivir en Brasil como una reina.

¿Van a dar parte a la Policía?

-Sé que Felipe quería hablar con Mauro,

porque él sabrá mejor qué hacer.

-No sé, ese hombre ya no es el mismo que el que se fue de Acacias.

-Han pasado más de 12 años, Susana, ninguno de nosotros somos los mismos.

-Para él han sido más perjudiciales que para otros.

Ay, pobre Teresa.

-Sí, pobre Teresa.

Aunque, para serte sincera, apenas la recuerdo.

-¿Sabes que yo tampoco me acuerdo mucho?

Estamos mayores, Rosina.

-Habla por ti, yo soy una mocita.

-Una mocita añosa.

Buenos días.

Las venía escuchando y debo decirles que no estoy de acuerdo.

Están de fábula, ni se les notan los años.

-Lo que yo te decía.

-¿Qué opina usted de lo de Marcia?

¿Sobre su compromiso con don Felipe?

No. Ya se lo dije el otro día,

no es asunto mío, no tengo pensado ni meterme ni opinar.

-¿No se ha enterado de lo que ocurrió ayer?

No sé de qué me hablan.

-Siéntese, que la ponemos al día.

Cuéntenme, ¿qué pasó?

Estuve toda la tarde fuera del barrio y no sé nada.

¿Ocurrió algo en el ágape? Y tanto.

Que no se celebró.

-La brasileña, que no se presentó.

¿Cómo? Lo que oye.

Todos esperando y ella que no aparecía.

Luego, van a buscarla al altillo

y había desaparecido con todas sus pertenencias.

Dios mío, ¿y don Felipe?

-Con cara de acelga.

¿Cómo quería que estuviese?

Lo siento de veras por él.

¿No se alegra? No.

Todo lo contrario.

Le compadezco.

Es una persona a la que tengo un inmenso cariño.

Buenas.

¿Alguna novedad sobre Marcia?

-Ninguna, solo que don Felipe y don Liberto

han estado charlando hasta tarde.

-No sé si llegó don Mauro

y pudieron consultar con él si debían denunciar.

-Ah, ¿usted cree que hay gato encerrado?

Mire, yo pienso lo mismo.

-A ver, gato encerrado hay seguro, Servando,

que nadie se marcha así sin motivo ni razón.

-Don Mauro es un buen policía, seguro que dará con ella.

-Sí, pero por su aspecto, no es ya ni sombra de lo que fue.

-Verán.

Es que don Felipe me ha contado...

que doña Teresa murió en un asalto a su casa.

-Ay, pobre mujer.

Qué mal final ha tenido.

-Usted la conoció de niña, ¿verdad?

-No me lo recuerde, Servando,

que fueron tiempos muy difíciles.

Ella...,

Cayetana...

-No piense usted en eso.

No se puede volver atrás en el tiempo.

-Es una pena en el corazón que yo me llevaré a la tumba.

-La verdad es que me gustaría saber de lo que hablan.

Pero no conocí ni a don Mauro ni a doña Teresa

ni a doña Cayetana.

-Nada, historias del barrio.

Y mi Paciencia.

-A Paciencia tampoco la conocí.

El que ha vuelto ha sido Emilio.

Ha venido esta mañana al quiosco a por la prensa.

-Ah, ¿sí? ¿Y ha vuelto con la Angelines?

-Al quiosco vino solo.

-Pues espero que se hayan arreglado, que bastante desgracia hay ya.

-A mí me da que a él le gusta más Cinta.

-¿Y eso por qué lo dice?

-Les he visto mirarse.

Y con la boca se miente, pero con los ojos no.

¿Qué, se sabe algo de Marcia?

-Creo que se ha ido porque no quería perjudicar a don Felipe.

Y así se lo he dicho al señor.

¿Para no perjudicarle?

No creo que eso le preocupara.

Las chicas como ella son muy aprovechadas.

-¿Qué cree usted que pasó?

¿Cómo voy a saberlo yo?

¿Cómo puedo saber lo que pasa por la cabeza de una chica así?

-Yo creo que la volveremos a ver y que se aclarará todo.

¿Quién sabe?

Y qué pena,

don Mauro y don Felipe,

los dos viudos.

Esa casa debe ser... la alegría de la huerta.

Con Dios.

Siento no haber estado ayer.

Tal vez Marcia aún anduviera por el barrio

cuando se descubrió que desapareció.

-¿Hubiera podido hacer algo?

-No si desaparecer era su voluntad.

Es mayor de edad y no tiene que dar explicaciones.

-No.

No fue por su voluntad.

-¿En qué se basa para decir eso?

-En realidad, en nada, no tengo argumentos.

Solo sensaciones.

-Y deseos. -Sí.

También deseos. Intentaré explicarme, señores.

Marcia me amaba.

-De eso estoy seguro, las criadas lo han afirmado.

-Permítame hacer de abogado del diablo.

¿Y si solo fingía amor?

-Don Mauro... -Liberto, por favor.

No trate de defenderme.

Debemos ponernos en todas las hipótesis.

¿Y si solo fingía amor?

Lo haría con un objetivo.

¿Cuál? -Lo más fácil es pensar en el dinero.

Para una mujer como Marcia,

su fortuna debe de ser... indescriptible.

-Marcia, una joven brasileña que llega a España y...

y se coloca como criada.

Al poco, está a punto de convertirse en la dueña de una gran fortuna.

-Hasta ahí, todo cuadra.

-¿Y se iría renunciando a ella? Es absurdo.

-No. -No, no tiene lógica.

Olvidaremos el motivo económico.

-Llevo toda la noche pensando y no encuentro otro.

-Disculpe que le plantee esto, don Felipe, pero...

¿ha comprobado que no faltan dinero o joyas?

-El dinero y las joyas de mi esposa están en la caja fuerte.

Está cerrada, y no falta absolutamente nada.

-Hay que dejar de pensar en que se haya marchado

porque haya conseguido dinero. -Ni se ha llevado el anillo

que quería regalarle tras el ágape. -Pero se ha marchado.

Y se ha llevado sus cosas. -Sí.

Así es.

-¿Tiene alguna teoría?

-Ninguna, en absoluto.

-¿Entonces?

¿No hay nada más que hacer? -Siempre hay algo que hacer.

Lo que ocurre es que aún no sabemos el qué.

Emilio.

¿Qué haces aquí? Tendrías que estar en el barco.

Ha ocurrido algo inesperado.

Ledesma ha vuelto a Acacias.

¿Para buscarte?

Tienes que tener cuidado. No.

De hecho, puedo andar libremente por la calle.

Ya no me casaré con Angelines.

¿Entonces?

Mi madre se tiene que casar con Ledesma.

¿Cómo?

La que más favores me ha concedido es Santa Rita,

así que voy a ponerle una vela, por Marcia.

-Le voy a decir una cosa.

Cuando volvimos mis señores y yo de Argentina,

el barco hizo escala en Brasil

y allí no son mucho de los santos de aquí.

No sé yo si Santa Rita va a tener mucha mano.

-¿Qué tienen, santos brasileños?

-Africanos parecían.

-¿Santos africanos?

Nunca había oído hablar...

Pero serán tan santos como los de aquí.

-Hombre, claro, supongo que sí.

Al final, siendo santo, ¿qué más dará el color?

Pues nos podíamos enterar y pedirles a ellos por Marcia.

Al final, cada uno es de los de su tierra.

Yo prefiero milagros de los santos vascos.

-Se lo preguntaré al párroco.

¿Viene usted a la iglesia? -No.

Voy a ver cómo sigue Jacinto de la torcedura de tobillo.

-¿Se ha torcido el tobillo?

Pues yo le he visto andar tan ricamente.

-Ah, ¿sí?

Pues voy a ver.

"Agur", Agustina. Con Dios. -Con Dios.

Buenas, Agustina. -Buenas.

¿Pidiendo por Marcia?

-No.

He sido más egoísta y he pedido por mí.

A ver si Dios me da fuerzas para tener más paciencia con Lolita.

-¿Siguen las diferencias? -Y crecen.

No sé qué le ha pasado a esa muchacha.

Con lo buenas amigas que hemos sido siempre.

-Tal vez sea el embarazo.

-Eso pensaba yo.

Pero me lo está poniendo muy difícil.

Ha sido casarme con Ramón

y empezar las tiranteces.

Y eso que fue ella la que nos pidió que nos quedásemos en la casa.

-¿Y qué dice don Ramón?

-Mi marido y Antoñito no se dan cuenta de los roces.

Es más,

piensan que no las hay más íntimas que nosotras dos.

-En fin.

Solo puedo recomendarle paciencia.

Ah, se me olvidaba.

Le he traído lo suyo.

-Muchas gracias, Agustina,

pero ya le digo que se me están quitando las ganas.

-No desespere y hable con Fabiana.

No la hay mejor para manejar a Lolita.

-Sí,

algo tendré que hacer.

-Voy a la iglesia.

Iba a pedir solo por Marcia,

pero la incluiré a usted en mis plegarias.

-Muchas gracias, Agustina.

Luego nos vemos.

-"Mi madre se está sacrificando por mí y por mi hermana,"

para asegurarse de que Ledesma nunca nos pueda denunciar.

Sé que soy egoísta,

pero gracias al sacrificio que hará tu madre,

no tengo que huir para vernos en el otro extremo del mundo.

Lo sé, y hay veces en las que me siento agradecido,

pero otras en las que no apruebo lo que quiere hacer

y me gustaría poderlo evitar.

¿No ves que esto nos permite hacer nuestra vida?

Pero el sacrificio que hará mi madre es muy grande.

¿Y acaso no lo era huir de nuestro país

y de nuestras familias?

Ahora, tenemos toda la vida por delante.

¿Qué le dirás a tu padre? No lo sé, ya se me ocurrirá algo.

Nos ha ayudado mucho. Lo sé.

Nunca lo olvidaré.

-¡Alto ahí o les detengo por escándalo público!

Te hacía muy lejos, amigo.

No me lo podía creer cuando Marcelina me ha dicho

que le había visto esta mañana. -Ya no me marcho.

Ya no me caso con Angelines.

-Pero eso es buena noticia, ¿por qué esas caras?

Dile lo que va a suceder en lugar de eso.

-Mi madre se va a casar con Ledesma.

-¿Qué?

Ya lo ha oído.

Algún día me contarán la verdad sobre el poder que ejerce Ledesma.

Para que su madre tenga que hipotecar su vida,

ese poder debe ser enorme.

-Tengo que impedir esa boda.

Emilio.

Me temo que eso va a ser imposible.

Esta mañana fui a ver a Felipe, pero no quise molestar mucho.

Estaba hablando con Mauro sobre qué hacer con lo de Marcia.

-¿Se sabe ya algo sobre dónde está?

-No tenían ni idea.

Ni siquiera sabían si se ha marchado obligada o por iniciativa propia.

-Hombre, Ramón, obligada no creo.

La gente dice que se llevó sus cosas.

-Si te soy sincero,

el deseo de Felipe era ir a buscarla.

Y nadie se atreve a contrariarle por no darle un disgusto.

-Cuanto antes se haga a la idea, mejor.

-¿Tú estás segura de que se ha marchado

por la preocupación que tenía por el compromiso?

-Yo no estoy segura

de nada, Ramón.

Tampoco la conocía mucho.

Pero sí estoy segura de que las cosas a veces no son lo que parecen.

Y no me refiero solo a Marcia y a Felipe.

-¿En qué otra cosa estás pensando?

-En Lolita.

-Está muy difícil con el embarazo.

Menos mal que tú la amansas.

Si supieras lo feliz que soy de veros tan unidas.

(Portazo)

-A las buenas. -Buenas.

-Muy buenas. ¿Qué tal han comido?

Tenían que habernos acompañado donde Felicia.

Hemos comido una gallina en pepitoria que estaba exquisita.

-Mejor que fuerais vosotros solos, así os librabais de nosotros un rato.

-Lolita, tengo un regalo para ti.

Bueno..., para tu criatura.

-Vaya, Carmen.

Es precioso, ¿lo ha hecho usted?

-Sí, claro.

-Uy. -En los ratos libres que no estabas.

-Pues muy agradecida.

Tenemos algo que decirles.

-Somos todo oídos.

-Usted esto ya lo ha vivido con doña Trini.

Tenemos que hacer el ritual de Cabrahigo

de limpieza de la casa.

-¿El qué?

-Es una purificación que se hace con ramitos de romero y de tomillo

en las casas de las mujeres embarazadas.

Y tienen que realizarlo los padres.

-Ah, bueno.

Entonces, nosotros no tenemos que estar.

-No, si esa es la novedad.

Lolita ha llamado a Cabrahigo para asegurarse

y, al parecer, el rito lo tienen que hacer

los matrimonios que viven bajo el mismo techo.

-¿En serio tenemos que hacer un ritual?

-Son las leyes de Cabrahigo.

-No te preocupes, si es muy divertido.

Verás cuando tengas que ponerte la corona de flores.

(RÍEN)

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-¿No está Jacinto? -No.

En toda la mañana no le he visto

y eso que le he andado buscando para preguntarle por la torcedura.

-¿No había ido con usted a cortar troncos?

-Sola he tenido que ir.

No sé, yo creo que Jacinto es un poco "gezurti",

un poco mentiroso.

Ni torcedura, ni tobillo, ni nada de nada.

-No diga eso, no creo que sea así. -Se lo digo yo.

Si hubiese sido vasco, habría ido a cortar troncos

aunque sea con la pierna arrastrando.

-No todos tenemos la suerte de ser vascos.

-No, eso también es verdad.

-Y dígame, ¿todas las mujeres en su tierra son así?

-¿Así cómo? -Eh... fuertes me refiero.

-Ah.

¿Yo?

Si yo soy una debilucha allí.

Tenía que haber visto a mi mamá.

Mi abuela, esa hacía competiciones con hombres,

a ver quién levantaba más peso.

Una vez, así a pulso, levantó un yunque.

-Cesáreo.

Ah, ah, ah. Cesáreo.

Uf, Cesáreo.

Cómo me duele el tobillo. -Sí, sí, no disimule, Jacinto.

No disimule, que no le creo.

-Créame, Arancha.

Que no sé si tendré algo roto.

-La vergüenza.

Eso tiene roto.

"Agur", que tengo cosas que hacer.

-No tienes que mentir a Arancha,

dile que no puedes hacer tanto ejercicio.

-¿Y que le diga a la Marcelina que soy un flojo?

Uno tiene su reputación.

-Bueno, si eso te hace feliz... -¿Feliz?

Podía ponerme hasta a bailar jotas, mire.

-Ah, mira qué bien. ¿Y el tobillo?

-¡Hala, hala! Curado de repente.

¡Milagro! Ay, ay, no, no.

-Qué vergüenza, Jacinto.

(HABLA EN EUSKERA)

-Se coge antes a un mentiroso que a un cojo.

Y más a un cojo de pacotilla.

Buenas tardes.

(CESÁREO SUSPIRA)

¿Qué haces?

-¿Que qué hago, Ramón? ¿Que qué hago?

Limpiar.

Lo que se hace en cualquier casa.

Fregar el suelo, que no sé desde cuánto hace

que no se limpia como Dios manda.

Y luego, voy a mandar a lavar toda la ropa de cama.

-Tú no puedes...

-¿Que no puedo qué? ¿No puedo qué? ¿Por qué?

-Porque Lolita se va a molestar.

-Pues que se moleste.

¿Ella no hace las tareas de la casa cuando tendría que estar descansando?

A mí me gusta vivir en una casa limpia,

pero no en una casa que parezca limpia.

Y de hoy no pasa darle bayeta a esos cristales

porque dentro de poco no va a pasar ni la luz del sol.

Se acabó. -Acompáñame a ver a Felipe.

-No. No mientras no acabe.

Por cierto,

sobre el ritual ese de lo de Cabrahigo...

-Con eso no te metas, que ya sabes que los de Cabrahigo

son muy mirados para sus cosas.

-Ramón.

Estamos en el siglo XX.

-Pero si es que si lo miras bien, en el fondo es divertido.

Si supieras las cosas que yo tuve que hacer

cuando visité el pueblo por primera vez:

escupir desde el campanario,

saltar entre los niños vestidos de demonio.

-Qué disparate.

¿Por qué hiciste esas barbaridades?

-Por amor a Trini.

Y haría lo mismo por ti.

-Tranquilo, que... en mi pueblo no estamos tan locos.

Y no tendrás que hacer nada de eso.

-¿Se puede saber qué te está pasando?

Que estás tan enfadada que hasta te cambia el carácter.

¿Hay algo que debas decirme?

-Sí, Ramón.

Sí.

Claro que hay algo que debo decirte.

Que no entiendo por qué Lolita se niega

a que haga las tareas de la casa, cuando todo está hecho un asco.

-Mujer, yo no lo veo tan mal.

-¿No?

Pues... a mí me dan náuseas.

-¿Náuseas?

Haz el favor de descansar un rato, que tú tampoco puedes...

Voy a traerte un vaso de agua. -Que no necesito agua, Ramón.

Padre... Juan Belmonte la ha liado en Córdoba.

Este hombre es un fenómeno.

Cuatro orejas y dos rabos.

Según el gacetillero, la plaza se venía abajo.

Claro, no me extraña.

Padre, tengo algo que decirle.

Dime.

Si es por Emilio, ya le he puesto un telegrama a Osvaldo.

Lo esperará a pie de muelle cuando llegue a Buenos Aires.

Emilio no se ha subido al barco.

¿Qué?

Que no se ha subido.

Las cosas han cambiado y no se puede ir.

Pero ¿esto qué es?

¿Hoy sí y mañana no?

Tendrá una buena explicación.

Se ha dado cuenta que no es su tierra,

que prefiere el turrón a los alfajores,

el flamenco al tango y La Dehesa a La Pampa.

¿Qué majaderías son estas?

Mira, Cinta, o me dices la verdad o dejo de confiar en ti para siempre.

(Portazo)

-¿Qué es esto?

¿A santo de qué dice Osvaldo

que está todo preparado para la llegada de Emilio?

-(CARRASPEA)

Mi reina,

todo tiene una explicación.

-Ah, ¿sí? -Sí.

-Ah. Pues ya me la estáis dando.

Porque no soporto ser el último mono en esta casa en enterarme de todo.

Úrsula.

Si no les importa,

¿me dejan a solas con don Felipe?

Discúlpeme, pero no creo que sean esas maneras

de abordar a nadie en la calle.

No me va a engañar haciéndose la timorata.

¿Qué ha hecho con Marcia?

¿Yo?

¿Por qué me mira así?

Yo no soy culpable de nada.

¿Qué hizo para que se fuese?

Le repito que no tengo nada que ver.

Ayer, yo estaba con doña Genoveva.

Me enteré de su espantada esta mañana.

La trajo al barrio para espiarme.

Cuénteme qué sabe.

¿Sigue con esa idea en la cabeza?

Sea sensato, por favor.

¿Dónde está Marcia?

Era casi una mendiga que pedía trabajo en la iglesia.

Quizá me escuchó preguntar cuando le buscaba a usted criada.

Es tan simple como eso.

Está mintiendo.

Lo mejor que será que colabore.

Esas costumbres son sagradas en Cabrahigo

y no solo para Lolita que era criada.

Doña Trini, que era una señora, también lo hacía.

-Y si se opone,

el señor pensará que desprecia a su primera esposa.

Ledesma me insultó.

Me dijo que era una fulana, una ramera.

Ay. -¿Qué?

Bueno, bueno, bueno.

Se va a enterar ese individuo cuando me cruce con él.

Padre, no agrave más la situación.

Cuando lo hizo,

Emilio me defendió y le pegó un puñetazo.

Y por eso se tenía que ir a Argentina.

Quien debe preocuparnos es Marcia.

Si usted cree que huyó coaccionada, debería interponer una denuncia.

-No.

No estoy de acuerdo.

-¿Cree que debo olvidar a Marcia?

-No he dicho eso.

Pero no es momento de acudir a las autoridades.

Si no le hacen caso ahora, no se lo harán nunca.

Es mejor tener algo concreto para que lo tomen en serio.

-¿Y cómo lo conseguimos?

-Investigando por nuestra cuenta.

Yo soy un hombre, soy tres veces más fuerte que usted,

así nos hizo Nuestro Señor. -¡Eh!

"Pirriquí, pirriquí". Eso de boquita, pero hay que demostrarlo.

-Venga, pues se lo demuestro.

Sí, sí. Verá si se lo demuestro.

(Timbre)

Bueno, bueno.

Vamos.

Vamos.

-Pero así no, hombre. ¿No ve que llevo yo ventaja?

No he perdido un pulso desde el siglo pasado.

¿Qué piensas que ha pasado?

-Lo que llevo diciendo desde que Marcia se fue.

Se fue para no perjudicar a don Felipe.

-Pues le ha perjudicado más dejándolo en ridículo.

-Don Felipe no ha quedado en ridículo.

El día que desapareció Marcia,

¿Úrsula estaba contigo?

Sí.

¿No estarás pensando...? No. No, no, no.

Simple curiosidad.

Las costumbres de mi pueblo.

Algunos días nos levantamos de buen humor

y otros, cantamos en falsete.

Pero son costumbres de mi pueblo y hay que respetarlas.

-¿Tanto te ha molestado lo del rito de Cabrahigo?

No quiero ser desagradable, Felicia,

pero no le queda más remedio que aceptar mis sugerencias.

-¿De verdad esto es necesario?

-Hasta el menor de mis caprichos es necesario

para que yo no vaya a Valdeza.

Ella me dijo que tenía que reunir 120 pesetas.

Veintitantos duros.

Hasta vendió unas estampitas que trajo de Brasil.

-¿Sabía algo de ese dinero?

¿Para qué lo podía querer? -No, no.

Es la primera noticia.

-¿Cuánto vale un billete de barco a Brasil?

-Espere a mi madre en otro sitio.

-¿Me estás echando del restaurante?

-Sí.

-¿Y quién eres tú para echarme? ¿Vas a pegarme otra vez?

¿Ha hecho muchas veces esto? ¿Secuestrar?

¿O falsificar cartas?

No soy novata

en ninguna de las dos.

¿No encontrará Felipe a Marcia?

Marcia...

ya está muy lejos.

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Acacias 38 - Capítulo 1081

22 ago 2019

Ramón y Antoñito acuerdan no desvelar sus sospechas del supuesto embarazo de Carmen, que está cada día peor con Lolita. La mantequera obliga a su familia a hacer un ritual de purificación cabrahíguense.
Emilio descubre que Ledesma ha vuelto al barrio para casarse con su madre, a lo que se opone de manera flagrante. Cinta se entera de la nueva situación de los Pasamar y desvela a sus padres que Emilio se queda en Acacias.
Felipe está desolado por la desaparición de Marcia y pide a Casilda que la busque ya que sospecha que no ha sido voluntaria. El abogado pide cuentas a Úrsula en plena calle, que disfruta por el caos causado.

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  1. Mabi

    Johendy en ésta misma página marcando cap 1, están todos. Espero haberte ayudado. Saludos cordiales!!!

    26 ago 2019
  2. Johendy

    Como hago para ver desde los. Primeros capítulos??? La estaba viendo en un canal en chile y la sacaron del aire

    25 ago 2019
  3. Consuelo

    Marcia debe aparecer de nuevo y destapar la patraña de Úrsula u Genoveva, por Dios!! Que por fin triunfe la justicia en esta novela! No es posible que siempre triunfe la maldad! Que clase de productor es Ese?

    24 ago 2019
  4. Vanessa do

    La verdad q las anécdotas como la de Jacinto me sobran y que Marcia debe de volver pronto o me aburro y a Ledesma habría q tirarle un piano o algo o presentárselo a Genoveva

    23 ago 2019
  5. Ibrahim Castellanos Crespo

    No debe sacar a Marcia es un personaje fresco natural pensé que la trama de idilio entre Felipe era un batacazo. Desde Mérida Venezuela

    23 ago 2019
  6. Mabi

    En el cap. 1073 comenté lo mal que me caía Ledezma y sus insinuaciones hacia Felicia y arriesgue suponer un intercambio de "amores" el de ella con él a cbio de la libertad de su hijo y...o soy bruja / vidente o se han vuelto tan predecibles o están tomando nuestras sugerencias para darnos gusto... Y así no criticarles anta reiteración de situaciones...

    23 ago 2019
  7. Sandra

    Tiene enterar ,todo que a pasado cn Marcia, verdad vuelva mi compatriota.

    23 ago 2019
  8. Lola

    Por favor que vuelva marcia,y retiren a doña susana que para ser señora es cotilla,despreciativa,racista con todo el mundo.

    23 ago 2019
  9. Alicia

    Tanto lío para decir que Jacinto no quiere hacer gimnasia ???!!!

    23 ago 2019
  10. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Otra que ha desaparecido!!! Y ya van cuant@s???? Nunca se vuelven a encontrar...

    23 ago 2019