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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1078 - ver ahora
Transcripción completa

Mi madre y yo pensamos que solo podré salvar mi vida...

marchándome del país.

Ledesma vendrá con la policía.

¿Cómo de lejos te vas a ir?

A la Argentina.

-Lolita, las cosas han cambiado.

¡Tú estás embarazada, te guste o no!

Así que Carmen te ayudará en la casa.

Creo que don Felipe organiza un ágape en su casa.

-Mi señor...

está decidido a seguir adelante

con su compromiso con Marcia.

-¿Es consciente de las repercusiones que su decisión podría acarrearle?

-No les negaré que me preocupa cómo podría afectar a mis clientes

y a mi profesión,

pero es el precio por vivir como quiero.

-¿No hacía los dormitorios antes que los baños?

-Tú hazme caso, que mi método es más lógico y ordenado.

-Ledesma me sorprendió con Cinta y montó en cólera.

-Ledesma es un hombre rudo, pero parece inofensivo.

No sé qué represalia podría emprender él

para que usted tenga que abandonar el país.

-He herido su orgullo. No bastará con un simple "lo siento".

-¿No habíamos quedado en que yo subiría la compra?

-Prefiero que no cargues y hacerlo yo. ¡No me cuesta nada!

-¿Quién le ha dicho que me cueste?

¡Si lo llevo haciendo toda la vida!

-¡Pues por eso mismo!

He dicho que la subo yo...

y no se hable más.

Se preguntarán cuál es el motivo de esta reunión.

-Decirle lo contrario sería mentirle.

Los soldados españoles heridos en el norte de África.

He decidido donar dinero para fletar un barco

que traiga a los más graves.

No acabo de entender qué papel jugamos nosotros en todo esto.

Es un asunto muy complejo.

Requiere de un asesoramiento del que yo carezco.

-¡Muchas gracias por hablarnos de las caminatas!

-¿Qué le parece si le acompaño?

-¡Claro!

¡Así estarás más entretenido! -¡Ah!

-¡Qué alegría!

¡Pues mañana mismo madrugo y nos vamos juntos!

"Querido Emilio:

Tengo algo muy importante que decirte".

"Me voy contigo".

-El proyecto lo ha lanzado Genoveva.

-¿Ha sido idea suya que me involucre?

-Ha sido idea de todos. Coincidimos

en que necesitábamos un abogado leal que se encargue

de la burocracia que el asunto conlleva.

¿Cómo está tan segura

de que don Felipe va a acceder a ayudarla?

El señor Álvarez Hermoso necesita congraciarse

con la sociedad

y un proyecto así le vendría como anillo al dedo.

Todo podría salir al revés de lo previsto.

(Puerta)

Eso no va a ocurrir.

La presa caerá según lo planeado.

Pase, don Felipe.

Espero que mi visita no la moleste en exceso.

No, no se preocupe. Siéntese, por favor.

Úrsula, puede retirarse.

Tú dirás.

No me voy a entretener mucho.

Venía por tu iniciativa de repatriar a los soldados heridos.

Sí, se trata de una emergencia nacional.

Pero no imaginaba que para ti también lo fuera, personalmente.

Liberto me ha contado tu proyecto. Ajá.

Mi colaboración sería de gran ayuda.

Tu patriotismo te honra.

Me congratulo por tu disposición de ánimo.

¿Contarás conmigo?

Sí.

Gracias.

Felipe.

Creo que vas a hacer público tu compromiso con esa chica,

con Marcia.

Sí, así es.

Queremos formalizar la relación

para que se sepa que apostamos por nuestro futuro.

Felicidades.

No negaré que yo me había imaginado un futuro contigo.

Pero precisamente por eso solo te deseo lo mejor.

Dice mucho de ti esta actitud.

Se me hace tarde.

Tu visita ha sido muy provechosa.

Al fin hemos podido normalizar la situación.

¿Eh? Nuestra situación.

Beneficiará a los soldados heridos. Claro.

Te acompaño a la puerta.

Solo una cosa más.

Quería pedirte un favor, aunque eres muy dueño de negarte.

Tu respuesta no afectará al proyecto.

Dime.

Me gustaría asistir a la formalización...

de vuestro compromiso.

Genoveva,

ni Marcia ni yo estaríamos cómodos.

Y, posiblemente, tú tampoco.

Te aseguro que no es por morbo.

Tu invitación me facilitaría mucho la relación con los vecinos.

Callaría las bocas de los que se me oponen.

Se me pasa por la cabeza que usas los sentimientos patrios

para acercarte a mí.

Te aseguro que no es así.

Mis sentimientos por ti no tienen nada que ver con esta iniciativa.

Si quiero que tengamos buena relación

es por el bien de los soldados.

Si nuestra cercanía ayuda a que trabajemos mejor,

bienvenida sea.

Con Dios.

Con Dios.

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Sintonía: música orquestal)

(Bullicio a lo lejos)

(GOLPETEA EL SUELO CON EL PIE)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

¿Estás segura?

¡Voy contigo!

No nos separaríamos para siempre. Sería solo hasta que me estableciera

y encontrara un modo de vida. ¡No!

Está decidido, voy contigo ahora.

¡No hay nada que me haga más feliz!

Pero no quiero que sufras.

Y mucho menos ser la causa de ello.

A tu lado no sufriré.

No puedo ni garantizarte

un modo de vida digno. (SUSPIRA)

Emilio, conozco Argentina.

Viví allí antes de que me mandaran al internado.

Así que la responsabilidad

de salir adelante no es solo tuya.

También puedo pedir a mis padres que nos echen una mano.

Se abrieron camino allí antes y conocen a mucha gente.

No me gustaría depender de ellos. Compréndelo.

¡Sandeces!

Todos los padres ayudan a sus hijos,

aquí y en Fernando Poo.

(RÍE LEVEMENTE)

Hablaré con ellos para que te faciliten el desembarco,

los primeros contactos.

Pero, Cinta, es hablar por hablar.

No nos echarán ningún capote si los abandonas.

¡Qué cortito eres, de verdad!

No les vamos a decir que yo también me voy.

Te facilitarán relaciones a ti.

Lo harían por cualquiera.

(RÍE LEVEMENTE)

¿Y tú?

¿No los echarás de menos, no te arrepentirás?

No, arrepentirme, no. Te lo aseguro.

Los echaré de menos.

¡No podría ser de otro modo!

Pero...

nada empañará la felicidad de estar contigo.

¡Lo siento aquí!

¡Es una sensación nueva!

Y sé con absoluta seguridad...

que nuestros destinos están unidos, allá donde vayamos.

Para siempre.

Te quiero.

¡Buenos días!

-Bonita mañana, Marcelina.

Avisa a tu marido. No lo encuentro.

-¡Huy, átele un hilo a la pata a mi Jacinto!

-Pero ¿va a tardar mucho?

-¡No creo! ¿Qué necesita usted?

-Que nos arregle un picaporte,

que está fatal. -Descuide.

En cuanto vuelva de su caminata, se lo mando para arriba.

Que antes he exagerado un poco. No creo que tarde.

Si salió antes del amanecer.

-¿Alguna urgencia? -¡Quia!

Bueno... Depende de cómo se mire...

Es que...

Acostumbrado al campo y a no parar con el ganado,

se me estaba marchitando.

Y quien dice marchitando dice abundando en carnes

y aflojando en nervio. Sí...

Un poco urgente sí era.

-Que le aproveche el ejercicio.

-¡Se va a poner como un toro!

(SUSPIRA)

Pero sin astas, ya me entiende.

Todo prieto, quiero decir.

-¡Marcelina! (JADEA)

¡Menuda zancada se gasta la vasca! ¡Ni las mulas jóvenes!

(MARCELINA CARRASPEA)

Está aquí don Liberto... (JACINTO RÍE)

¡Buenas tardes, don Liberto!

-Días, buenos días, Jacinto, que apenas son las ocho.

¿Días? ¡Rediez!

¡He tenido jornadas de sol a sol más cortas! (RÍE)

-No me quiero meter en tus cosas,

pero la gimnasia, por experiencia te digo,

debes tomártela con más calma.

¿Eh? ¡Sí, hombre, sí!

-Y más si no estás habituado. -¿Habituado?

¿Yo? Pero ¡si yo, don Liberto, de subir y bajar los cerros...!

¡Mire, yo siempre he sido de natural ágil!

-Entonces no te costará nada. -¡Eso le digo yo!

¡El que tuvo retuvo!

Anda, ponte esto.

-Lo retuve... pa ti, cordera. Lo retuve pa ti.

(LIBERTO CARRASPEA) En fin...

Ya te contará ella. Tienes que subir a casa.

Aséate un poco y te espero arriba, no tardes.

(JACINTO SUSPIRA)

¿Qué es?

-Un picaporte. -¡Ah!

(SUSPIRA)

Ya verás, Marcelina. En unos días no me vas a reconocer.

¡No me vas a reconocer!

(JADEA) -¿Dónde has dejado a la Arantxa?

-En casa de los Domínguez estará. -Ah...

Pero ¿no salía contigo?

-Sí, si salir, ha salido.

Lo que no hemos hecho ha sido entrar. ¡Menudo empuje tiene!

-¡Anda, no te me vengas abajo!, ¿eh?

(JACINTO SUSPIRA)

-¡Huy! -¿Qué?

-¡Ya se te nota la gimnástica!

¡Tienes unos muslos como hierro forjado! ¡Ay!

-(RÍE) ¡Mira, mira, mira!

(Sonido de la farola)

-Anda, ven, que te voy a dar un agua.

-Ay...

-"Quería hablar con usted".

¿Le parece realmente bien que andemos en tratos con Genoveva?

-Hijo, el fin bien lo merece.

-Sí, desde luego. Si yo mismo podría ser un recluta

esperando la repatriación, pero...

No sé si a nuestra familia le viene bien

que se nos señale como socios de la viuda de Alfredo Bryce.

-Estoy dispuesto a correr ese riesgo.

Ahora bien, tendré que andar con precaución

y vigilar bien todos los pasos: los míos y los de ella.

Pero insisto, todo por el bien de esos soldados.

-Ya, padre, pero, conociendo

la reputación del finado y de su viuda,

mucho me temo que su altruismo esconde intereses inconfesables.

-Pues es posible que tengas razón, pero yo no lo creo.

Genoveva lleva algún tiempo

intentando hacer propósito de enmienda

y demostrar que es otra mujer, una sin tacha.

-Ya, y usted le va a dar la oportunidad de demostrarlo.

-Hijo, todo el mundo, o casi,

se merece una segunda oportunidad.

Y yo se la daré. Trataré de mostrarle mi confianza.

-Usted es un trozo de pan, padre.

Yo no sé si voy a fiarme alguna vez de Genoveva.

-¿Estás diciendo que no te fías

de la opinión de tu padre?

-¡No, todo lo contrario! En cuanto a tratos y contratos,

tiene toda mi confianza.

¡Hola! -¡Hola!

-¡Ay, qué pronto habéis venido!

-Ha sido Fabiana, ¿eh?

(LOLITA RÍE) -Decía que tenía que trabajar

en la pensión. (LOLITA RÍE)

-¡Eso o que me tenía la cabeza como un bombo!

¡Hay que ver lo que charla esta niña!

¿A quién habrá salido?

-María Luisa dice que me parezco a mi madre.

-¡Cierto, cierto!

¡Que a doña Trini no había quien la callara!

¿Y tú qué barruntas con tanto nervio?

-¡Ay, es que hay momentos

en que la estamparía, Fabiana, con perdón!

-Milagros, cariño, vete un ratito a jugar a la calle, anda.

Pero no te vayas lejos, ¿eh? Que no te perdamos de vista, hala.

-Ah, que no queréis que me entere de la conversación, ¿no?

¡Qué ganas tengo de hacerme mayor!

(LOLITA RÍE LEVEMENTE)

-¡Y tú no hables mal de Carmen delante de la niña, que se da cuenta!

-¡Ay, es que Carmen parece haber olvidado

lo que es arreglar una casa desde que es señora!

¡Que no sabe qué cruz llevo!

-¡Perdona, pero creo que te estás disparatando

por algún encontronazo que hayáis tenido!

¡Y eso es normal! ¡La casada casa quiere!

-¡No, no, no, no!

No se trata de que si la casa es mía, suya o de Perico de los Palotes.

¡No, no! ¡Es que le...!

¡Que no le quiero decir...!

Que no quiero que me ayude, fíjese.

-Pues yo la he tenido en la pensión

y nunca he tenido que reñirla.

¡Vamos, que todas las faenas las remataba a tiempo!

-Eso era antes, ha cambiado.

¡Yo me hago dos cuartos y las losas del aseo

mientras que ella no da ni la luz!

-¡Venga, Lolita, un poquito más de tragaderas!

Quizá la verdad de esto

sea que estás muy gruñona por la preñez o por el bombo, hija.

-¡Hala! ¡Lo que me faltaba! ¡Gruñona por la preñez!

Mire, Fabiana, si no fuera por la preñez,

que me da paciencia,

yo ya habría puesto a mi santa suegra en su sitio, que Dios me perdone.

-(RESOPLA)

-Buenas. -Hola.

-Eh...

Que me dice Milagros que mejor no entre. ¿Ocurre algo?

-¡Ni caso, Carmen! ¿Verdad que no, Lolita?

Lo que pasa

es que le hemos dicho que juegue fuera

porque queríamos charlar. -¡Ah!

Entonces, ¿no os interrumpo?

-¡No! -Que, nada,

quería decirte que he cambiado el menú de hoy.

-¿Y eso por qué?

¿No quedamos en que hoy hacía el pollo a la pepitoria?

-Pues ya no.

Vamos a comer sardinas.

-Es que no es lo mismo.

-¡Mujer, ya sé que no es lo mismo!

Pero te explico.

-Sí, será mejor.

-Iba al mercado pensando en comprar el pollo,

pero he visto un puesto de sardinas tan frescas

que me miraban y decían:

"¡Cómprame, cómeme!".

(RÍE) Y las he tenido que comprar.

Dos docenas.

-Pues para 5 serían 25.

A mí las cuentas no se me despintan.

-¡Bueno! Pues invitamos a Fabiana y así tocamos a cuatro por cabeza.

-Pues no me parece mal la ración.

¡Hombre, siempre que Servando no se apunte!

(RÍEN)

-Nada, solo venía para avisarte del cambio.

Y para decirte que, tranquila,

tú no te apures en acabar aquí la faena para venir a ayudarme.

Hoy no tendrás que pisar la cocina.

A más ver.

-¡A más ver!

-(SUSURRA) ¿Lo ve?

-Pero ¿qué quieres?

Marcho, que tengo una reunión.

-Muy bien. -¿Va a venir a comer?

-Eso espero, sí. Además, tengo entendido

que hoy la encargada de la comida es Carmen.

-¿Y dónde está, por cierto?

-Se ha levantado muy temprano, nos ha hecho el desayuno

y ha salido a la compra.

Parece ser que el dios del mercado recompensa a los más madrugadores

con los mejores productos.

-¡No sea cerril, padre!

¡Qué dios ni qué dios! ¡Quien llega antes se lleva lo mejor!

-Eso es lo que me parece que decía yo.

-Ah, que está de guasa. -(RÍE)

-En fin, dígale a Carmen que agradezco mucho

la ayuda que presta a Lolita.

-Muy considerado por tu parte, hijo.

Pero no tienes nada que agradecernos.

Carmen simplemente está poniendo

su granito de arena para que haya una buena convivencia.

-La verdad es que hemos tenido bastante suerte.

Lo normal entre dos mujeres que conviven es, no sé,

tener rencillas y discordias, y más siendo suegra y nuera.

-¡Ni que lo digas!

¡Aún recuerdo las broncas que tenían al principio María Luisa y Trini!

-(RÍE)

Pero en este caso creo que es todo lo contrario.

Algo me dice que terminarán siendo uña y carne.

-¡Tampoco exageres! -No, en serio, padre.

Ayer mismo las sorprendí aquí dándose un abrazo.

Si eso no es armonía, que baje Dios y lo vea.

En fin, buen día.

-Buen día.

(SUSPIRA)

No le voy a mentir, señora.

Por un momento me quedé aturdida

al ver a don Felipe ante nuestra puerta y a esas horas.

Pensé que, por alguna razón, iba a montar la de San Quintín.

¡Qué poco me conoce usted aún, Úrsula!

¡Acertó! Fue solo un momento.

Enseguida comprendí su juego.

No puedo por menos que admirar su intuición y su buen hacer.

Gracias.

Ese hombre terminará comiendo de su mano.

Eso espero.

Por suerte o por desgracia, he tenido que lidiar

con muchos... caballeros.

Y algunos más difíciles que Felipe.

No se confíe.

El abogado es duro de pelar.

No solo lo pelaré con relativa comodidad.

Se abrirá a mí como una fruta madura.

Como digo, he aprendido a leer las mentes de los hombres,

a anticipar sus reacciones.

Sabía que la iniciativa de los soldados le haría venir.

Lo cierto es que no ha tardado.

Buenos días, doña Genoveva.

Hacía mucho tiempo

que no nos encontrábamos paseando.

¡Y ya me duele, doña Susana!

Últimamente he tenido muchos asuntos que despachar.

Me lo imagino. Yo también soy viuda.

No solo tenemos que lidiar con la soledad

y la añoranza, sino que además tenemos que enfrentarnos

al desamparo.

Desamparadas...

hasta en los asuntos más nimios.

¡Y es que un marido nos solventa tantas papeletas!

Como bien sabe usted, el mío,

más que solventar, enredaba. Sí.

Algunos tienen ese defecto.

Sea como sea, espero que los asuntos que la ocupan...

no le impidan ir al convite de don Felipe.

No, lo siento, pero no acudiré.

El señor Álvarez Hermoso no me ha invitado.

¡No me diga! (RESOPLA)

¡Se han perdido las formas, para no hablar de los fondos!

Y disculpe por haber sacado el tema a colación.

No. No se preocupe, tampoco es que me hayan excluido de palacio.

¡Eso digo yo!

En realidad, doña Genoveva no habría podido acudir,

de haber querido ir.

Cierto.

A esa hora tengo un compromiso ineludible.

En fin, que pase una buena mañana.

Lo mismo digo, doña Genoveva.

Ha estado usted muy ágil con su razonamiento.

(SUSPIRA) ¡Esa culebra no sabía qué cara poner!

Usted tampoco se ha quedado manca. (RÍE)

Temple, señora.

Aguante, llegará su hora.

Ya sabe que quien ríe el último ríe mejor.

Lo sé y no tengo ninguna prisa.

Solo se trata de ceñirse al plan que una misma se traza.

No podría estar más de acuerdo.

Todo está previsto y bien previsto.

Y el temple no lo perderé.

Hay demasiado en juego.

Recuperaré a Felipe

y no cejaré hasta convertirlo en mi esposo.

"No me andaré"

con más rodeos.

Necesito que le eche una mano a Emilio.

¡Ya, ya sabía yo que tú me ibas a pedir el...!

¿A Emilio?

¿Qué puñetas puedo hacer yo por él?

No le costará nada.

Solo que le dé algunos contactos y direcciones

para que le faciliten su comienzo en Argentina.

¿En Argentina?

¿Qué tiene que ver la Argentina? ¿No se había ido a Santander?

Mira, muy buenas sardinas, por cierto.

Emilio no se ha movido de aquí.

¿Y entonces lo de ir a arreglar sus cosas

con su novia Angelines y el tal Ledesma?

Está viviendo en una pensión en el extrarradio.

(Puerta)

¡Hombre!

¡El niño perdido y hallado en el monte!

-¿Cómo está usted?

-Estupefacto.

Ni siquiera te he oído llamar a la puerta.

Esperaba a que yo hablara con usted.

Necesito saber lo que está pasando.

-Es muy sencillo de entender.

Verá...

Ledesma terminó enterándose

de que Emilio no quería casarse con su hija.

-¿Un picaflor?

Ah. Mira, yo tampoco me había enterado de eso.

-Le ruego que no apresure usted su juicio.

Ledesma puso el grito en el cielo

y amenazó a Emilio.

Y Emilio, que es un hombre de paz,

para no alimentar a la bicha, ha decidido

poner tierra de por medio y saltar el charco.

-¿No es mucho salto por un padre cabreado?

-No soy partidario de la violencia.

-Ya...

Pero arreas mamporros

a los que ofenden a mi niña en un auto.

Eso no se me ha olvidado.

Aunque agradecido, eso sí.

-Si usted me ayuda, me será mucho más fácil pasar el trago...

de estar desvalido en el extranjero.

Padre...

¡Y a usted no le cuesta nada!

-Al alimón...

¿Quiénes? Ustedes.

A mí no me la dais con queso.

Os habéis seguido viendo a escondidas.

Es más...,

de lo que Ledesma se ha coscado no es solo de que el picaflor

no quiere casarse con su hija, sino de que quiere hacerlo contigo.

-¡Señor, jamás hemos ido tan lejos!

-¿Que no quieres casarte con mi niña?

¡Padre, no saque las cosas de quicio!

¡Ahora soy yo el que desparrama! ¡Este quilombo va mejorando!

¡Voy con la verdad por delante!

¡Nos queremos y no hay vuelta de hoja!

Tu madre le da la vuelta a esa hoja y al libro entero.

¡Pues precisamente por eso mismo, por mi madre y por usted,

para obedecerles y por no disgustarles,

intentamos olvidar nuestro amor, pero es imposible!

La madre de aquí, el caballerete,

también habrá puesto sus impedimentos.

-También, también...

De nada sirve seguir dándole vueltas.

No le pedimos que bendiga nuestra relación.

Pero nos gustaría.

Solo...

le pedimos que hable

con los contactos que crea conveniente

para que reciban a Emilio en el puerto y le allanen el camino.

-(SUSPIRA)

Osvaldo es muy servicial.

¡Ay, padre!

¡Si es que vale usted un Potosí! (BESA)

Ajá... Le dará acomodo y un empleo.

(RÍE)

¡Quita, quita! ¡Echa p'allá!

De momento, que nada de esto llegue a oídos de tu madre, ¿eh?

La pobre, con su candidez, se cree que lo vuestro se fue por donde vino.

¡Ya ves tú! -¡Por nosotros no se enterará!

Se lo aseguro.

Anda, mira, con razón no te encontraba, pendón.

Te buscaba para que me acompañaras al mercado.

-Yo no tengo que hacer la compra, Casilda.

-¡Eso, tú restriégamelo en los morros!

Nada, si era solamente

porque me acompañaras, por el paseo. ¿Te vienes o no?

-Si me esperas un momentito, tengo que subir al cuarto.

Llevo dinero y no quiero ser robada.

-¡Qué calladito te lo tenías!

¿Y de dónde sacas tú el parné? Porque a mí me cuesta mucho ganarlo.

-Yo quiero ahorrar y he vendido unas estampitas antiguas de Brasil.

-¿Ahorrar? ¿Y tú para qué quieres ahorrar?

¡Ah!

Bueno, perdona, Marcia.

Pues nada, sube a escape,

que mi señora se cree que todo mi tiempo es suyo.

-No tardo. -Te espero aquí.

¡Marcia!

He oído que la vida te va bien.

No deberías tener miedo de mí.

Te deseo lo mejor, de verdad.

(RÍE LEVEMENTE)

No me mires ahí, estoy siendo honesta.

Sé bien que le he perdido.

Pero, como otras mujeres, cuando quiero a un hombre,

lo quiero de verdad.

Es decir, que quiero que sea feliz.

Si Felipe es feliz contigo, no tengo nada que decir.

Aun con dolor, me alegro por él.

"Obrigada".

No lo estás pasando muy bien, ¿verdad?

(RÍE LEVEMENTE)

Tu silencio me lo dice todo.

Los vecinos,

las amistades de Felipe, la gente en general no termina de aceptarte.

¿Cierto?

Yo también soy de origen humilde.

Me ha costado mucho llegar adonde estoy. Muchísimo.

Por eso te comprendo.

Si necesitas hablar, ya sabes

dónde estoy.

Te estaré esperando.

Gracias. (RÍE LEVEMENTE)

¿Subes?

Sí, por aquí.

Con Dios.

-¡Marcia! ¿Subes o no subes, mujer?

-Sí...

-"¡Lolita!".

-¡Ay! -¿Muy ocupada?

-¡Uf, pues sí!

(MILAGROS GIME) (LOLITA) ¡Huy!

(BESA) Algo más que otros días,

que don Felipe nos ha encargado los vinos para su convite.

-Pues nosotras vamos a ir a pasear al parque.

Milagros lleva encerrada todo el santo día.

-Es que papá y Antoñito se han ido a trabajar y no han vuelto.

-¡La pobre! (RÍE)

¡Daba vueltas por la casa como un león enjaulado!

-Enseguida se le pasa.

Cuatro brincos en el parque y desfogada, ¿eh?

Toma, cógete

unos caramelos para el camino. -¡Oh!

-Carmen,

¿se ha quedado la casa bien? -(SUSPIRA)

¡Sí, no sufras, mujer! Se ha quedado aviada, hecha.

He doblado las sábanas. No las he planchado, como me dijiste.

-Pero bien estiradas. -(RÍE)

Estiradas no, ¡estiradísimas!

Ah, y, aunque no me lo pidieras, he quitado el polvo del salón,

que ya le hacía falta.

-¿Cómo que "Ya le hacía falta"?

¡Carmen!

¡Si le paso el plumero a diario! ¡Todos los días!

Usted ve polvo donde no lo hay.

-¡Bueno, hija, a mí me lo ha parecido!

-¡Uf, a ver si van a ser cataratas!

-Oye, Lolita...

¿Ya sabes cómo vas a llamar a tu hija?

Milagros, ¿no?

-(RÍE) Pero ¡bueno! ¿Tú cómo sabes que va a ser una zagala?

-(RESOPLA) Porque tener a otro chico en casa...

Qué lata, ¿no?

-¡Hale, al parque!

Venga, a jugar, que tengo que seguir faenando.

¡Arreando, vamos!

(SUSURRA) ¡Vamos!

(CHISTA)

¡No me gusta que te arriesgues!

-Quería verte antes de volver a la pensión.

-¿De qué vas a vivir en América?

¡Te imagino tan solo y tan desamparado!

¡No paro de pensar en lo mismo!

(SUSPIRA)

-Tengo que contarte una cosa.

¿Podrás guardarme el secreto? -Sí.

-No me voy solo.

Cinta se viene conmigo.

-¿De verdad?

¿No lo dices solo para consolarme?

-Ya lo verás.

-¿Y lo deja todo por ti?

-Preferimos un futuro incierto a... estar separados.

Si ahora no lo comprendes, lo harás cuando te enamores.

-Pero...

que Cinta esté a tu lado

no arregla el problema, Emilio.

¡No tendréis de qué vivir allí!

-Hablamos con su padre.

Nos dará cartas de presentación para sus amigos.

No será tan difícil como llegar allí sin nadie esperando.

(EMILIO SUSPIRA)

Mi padre se va para el mercado. Ojalá sepa mantener la boca cerrada.

-¡Gracias!

(SUSPIRA)

¿Por qué?

Por querer tanto a mi hermano.

-Se lo he contado.

¡Gracias a ti por lo mucho que nos has ayudado!

-¿Ayudado? (SOLLOZA)

Con no haber metido la pata me conformo.

No se lo digas a nadie.

Descuida.

¿Y cómo lo vais a hacer?

-Yo me iré antes.

Ya tengo los billetes y toda la documentación.

Aunque nos hubiera gustado ir juntos.

Pero no vale la pena arriesgar su vida o su libertad solo por eso.

Mi padre hablará hoy mismo

con Osvaldo, que es su hombre de confianza en Argentina.

Él nos buscará un sitio donde vivir. Bueno...

En realidad, pensará que se lo busca a Emilio.

Y también un trabajo.

-¿Y cómo viaja usted?

Yo, dentro de unos días, en cuanto me arreglen la documentación.

Quisiera...

Quisiera que os fuerais ya.

(SUSPIRA)

-No te preocupes, Camino. No pasa nada.

-Ledesma no ha aparecido.

No tenemos aún noticias suyas, y eso no es nada bueno.

Tened mucho cuidado.

Lo tendremos.

(CAMINO LLORA)

(LLORA)

Doña Genoveva, hemos oído decir

que quiere fletar un barco para repatriar

a los pobres desgraciados que esperan en blocaos y en playas

con sus muñones cuajaditos de moscas verdes.

-¡Por Dios! ¿Podrías utilizar

un lenguaje un pelín menos nauseabundo, un pelín?

-La guerra es la guerra, querida.

-Una caridad muy encomiable, Genoveva.

Gracias. Celebro que sea de su gusto.

-Pues mi esposo también se ha sumado enseguida a la causa.

El amor por la patria

y la compasión por los soldados llenan su amplio pecho.

-No sé yo si eso es muy beneficioso. (CARRASPEA)

Tendrán que reunirse a menudo en casa de Genoveva.

-Con la compañía inestimable y permanente de don Ramón.

(SUSANA) ¡Ah!

-Es admirable que se comprometa usted con la situación

cuando el Gobierno no lo hace.

Es justo en estos momentos

en que el Gobierno se muestra tan débil

cuando las personas decentes deben ayudar.

-¿Las personas qué?

-Decentes. -¡Ay, perdón!

¡Perdón por la interrupción, querida!

Será que un grumo se me ha metido bajo el oído,

el que da a usted. -¡Oh!

Son grumos refritos, como si lo viera...

Es que la masa de los churros es un arte

que no en todos lados se practica como debe ser.

Pero, vamos, que estoy de acuerdo con usted, doña Genoveva,

en la necesidad de que intervenga la gente de buen corazón.

¡Es usted una mujer de empuje e iniciativa! ¡Vamos!

¡Una mujer de rompe y rasga! (ROSINA RÍE)

-Sus dineros le costará esa caridad,

¿verdad, Genoveva?

Pues no lo sé, no lo he calculado.

El regreso de esos pobres muchachos

está por encima de nuestros egoísmos.

Además,

por fortuna y hoy en día, yo puedo permitírmelo.

-Y tengo entendido que a la postre el altruismo es beneficioso.

-Yo también lo he oído.

¿A qué se refieren?

-Bueno, no es un secreto para nadie

que en los comités, en estas recepciones

para recaudar fondos,

en definitiva, en la propia beneficencia...,

se conoce a gente muy influyente.

¡Se cierran acuerdos, se firman contratos!

Está muy bien saber eso. Se lo diré a su sobrino.

A su marido, doña Rosina.

En fin, que la economía fluya nunca deja de ser motivo de contento.

(SUSANA) Sí...

(FELIPE) Agradecido, caballero.

En mi nombre y en el de los soldados a los que aliviaremos de sus males.

Le informaremos

de cómo se utilizó su aportación.

(SUSPIRA)

Muchas gracias. Con Dios.

Cariño.

¿Qué haces aquí?

-Vengo a ver a Fabiana.

¿Y tú?

-Acabo de conseguir otro donativo. -¡Oh!

-Nuestra acción conmueve a las buenas gentes.

-"Que bom!".

-No me sentía tan bien desde hacía tiempo.

Ni cuando gano un caso.

-Ayudar a los que sufren

es la mayor cualidad que una persona puede tener.

-¡Eres la voz de mi conciencia!

Siento tener que dejarte,

pero tengo que hablar con un colega de los beneficios

de las donaciones.

-"Nâo te demores"... No tardes.

-Lo intentaré. ¿Te veo en casa?

-Sí, le pediré una receta a Fabiana y la hará Agustina.

-Te quiero. -Yo "também".

"(Música de tambores)"

-¡Ah, Marcia!

¿Te puedo ayudar en algo?

-Vengo a ver a Fabiana.

-Estará al caer. Siéntate y espérala

si quieres.

"(Música de tambores)"

-Servando... -¿Sí?

-Se han dejado un puro.

-Sí. (RESOPLA)

-¿No sabe de quién es?

-Pues será de algún hombre, ni idea.

Todo el día no para de entrar y salir gente.

-¿Puede ser del hombre que hablaba con Felipe?

-Pues... puede ser, no sé.

-Pero ¿"você" no tiene ningún huésped que fume puros?

-¡Que no tengo ni idea! ¿No ves que no paro de trabajar?

"(Música de tambores)"

Doña Felicia...

¿Tiene unos minutos?

¿Qué quiere?

Hablar.

He de preparar las mesas

para las cenas.

Bueno, pues hablaré mientras usted trabaja.

Entiendo que me odie.

Quiero...

lo primero de todo pedirle perdón.

¿Perdón?

¿Usted cree que todo se soluciona con su perdón?

No, señora...

(SOLLOZA)

¿Cree que con una palabra se puede arreglar

toda la desgracia que ha traído sobre mi familia?

¡No solo sobre Emilio!

¡Sino sobre toda mi familia!

(LLORA) No, señora...

La entiendo.

¡No!

(SOLLOZA)

¡No puede entenderme!

¡Ni siquiera podría llegar a entenderme!

(SUSPIRA)

¡Solo le puedo decir..., repetir...

lo mucho que lo siento!

No es alivio para usted, lo sé...

¡No es alivio para nadie!

Pero ¡es lo único que está en mi mano!

¡Tal vez...

si usted...

pudiera sentir por un instante,

por un solo segundo, el amor que yo siento por su hijo...,

tal vez pudiera absolverme!

¡Debería cruzarle la cara!

¡Debería cruzarle la cara y echarla

de mi establecimiento!

(SUSPIRA)

¡Ojalá pudiera!

Pero ¡sé que le quiere!

(SUSPIRA)

Y que él la quiere a usted.

¡Que todo lo que ha pasado ha sido por amor!

¡Y el amor no atiende a razones!

¡No, no estoy contenta!

¡Sería una loca si lo estuviera!

(SUSPIRA)

Por eso no puedo culparla de nada.

(SUSPIRA)

Ni le tengo rencor.

Ni debo perdonarla.

¡Todo se arreglará!

(LLORA)

(SUSPIRA) (SOLLOZA)

¡Eso espero!

(LOLITA SUSPIRA)

-¡Lolita, no sabía que estabas en casa!

¿Has tenido algún disgusto en la tienda?

-Carmen, ¿por qué me ha dicho que ha aviado la casa esta mañana?

-(RÍE) ¡No te entiendo!

¡Porque lo he hecho!

Lolita, por el amor de Dios...

Habla.

-¿Es que no ve cómo estaba la cristalería?

-¿Eso me reprochas?

-(SUSPIRA) -¿La cristalería?

No me dijiste que la limpiara.

-Carmen, se lo dije anoche... Lo recuerdo bien bien.

-No es por discutir, pero te aseguro que no.

-¡Tiene memoria para lo que quiere!

-Tengamos la fiesta en paz.

-¿Usted ve una fiesta? Yo no.

-¡Mira, Lolita! ¡Ya basta!

¡Ya basta! ¡Quien te entienda, que te compre!

¡De modo que tú no planchas las sábanas,

pero se te llevan los demonios

por una cristalería que casi nunca se usa!

¿Sabes cómo se llama eso?

¡Delirio!

-¡Mucha palabra bonita, Carmen, pero la casa sin barrer,

como quien dice!

Mire, yo tampoco quiero discutir. -(RÍE)

-Si hay alguna tarea que le dé asco, grima, que no quiere hacer,

como limpiar la cristalería...,

pues me lo dice y santas pascuas.

-¡Disculpa, es que no te entendía, y ahora ya sí!

¿Lo que tratas de decirme es que soy una holgazana?

-(RÍE) -(RÍE) Es eso, ¿no?

-Carmen, Lolita...

Mi padre y yo hemos firmado un contrato que va a ser

un antes y un después en nuestra empresa.

Una jugada maestra de negociadores curtidos,

una maravilla.

¿Y vosotras qué? ¿Qué tal?

(CARMEN) Bien. -¡Sí!

-Nosotras, bien.

-Ya, claro, os he interrumpido.

Estabais en una de esas charlas de confesiones.

Pues yo no quiero interrumpir, me voy.

-Cariño, no te vayas.

Si hemos terminado.

¿A que sí?

-¡Sí!

-¡Ea, me voy a hacer la cena!

Algo que no sean lentejas con morcilla.

(RÍE)

-Tenías que haber visto

a tu marido en la mesa de negociación.

¡Qué portento!

¡El león de Judá! ¡Va, va!

¡Negociando como un tornado!

Yo me voy, pero podías echar una mano a Lolita,

que no cocine sola, la pobre.

¿Eh?

¡Gracias, adiós!

-"Ya sé lo que ha dicho doña Felicia,"

pero anoche vi salir del barrio al chaval, a Emilio.

Y, no sé, parecía... un caco.

Ahí hay algo que no es trigo limpio.

-Ya... Es una familia pobresmática... O como se diga.

La Angelines casi me la lía con la Marcelina.

-No pasó nada, ¿no? -¡Quia! ¡Qué va a pasar!

Una miaja de cascabeleo

que le escuchaba a la muchacha cuando venía,

pero ¡la vanagloria! -Ya.

-¡Anda que no estoy yo a gusto con mi esposa!

¡Ay! -Le tiene en un pedestal.

-¡Y más desde que practico

la gimnástica! ¡Que me palpa con gozo las carnes!

¡De hierro dice que son!

-O sea, que las caminatas funcionan.

-Eh... ¡Eso dicen!

Pa ella sí, ya le cuento; pa los demás...

-¡Hombre! ¿Qué hay?

¿Qué tal? -¡Arantxa, por Dios,

que somos personas!

-¡Ya ve usted, Cesáreo,

cómo le sienta a una euscalduna el ejercicio al aire libre!

¡Jesús, ya casi tenía olvidado

lo que era subir al Sollube desde Bermeo!

¡Bueno, pues esto es igual, pero diferente!

-Debe estar usted orgullosa:

hay pocas mujeres que exhiban tanta potencia muscular.

-¡Huy! -¿Esta? ¡Bueno, bueno, no veas!

-¡Jesús! Con poco se asombran ustedes, ¿eh?

¡Las mujeres, sí, las mujeres!

Yo siempre he sido más fornida que los chicos que se me encaraban.

Fornida por no decir rotunda, ¿eh?

¡Yo mondadientes me hacía

con los troncos de ellos! (CESÁREO RÍE)

-Y usted, Jacinto, ¿qué? ¿No nota la mejora o qué?

-Eh... ¡Sí, caray!

¡Yo también! ¡Bueno! ¡Yo también me hago mondadientes...

-¿Ajá? -...de...!

¡Con cosas!

-¡Eso es! ¡Así me gusta, pues! ¡Ay, Jacinto!

¡Bien orgullosa

estoy yo de usted, mucho!

Mañana saldremos antes, ¿eh? -¿Antes?

-Sí, en vez de ir a las cocheras del tranvía... Es un paseo.

¿No? Pues mejor nos llegamos... -Sí.

...hasta el río de Cuatro Leguas.

-¿Al río de Cuatro Leguas?

-Sí.

-¿Y volver? -¡Claro, hombre!

¿Eso qué es pa nosotros?

¡Coser y cantar! -¡Claro!

-Hala, "gero arte".

-¡Ay, qué arte! (RÍE)

-Menuda mujer, ¿eh?

-¡Ay, ay!

-¡Con Dios!

-¡Con Dios!

¿Me haces un favor? ¿Puedes ir a la costurera?

Le dejé unos manteles para coger los remates y quiero meterle prisa.

-Pero ¡si los dejó hace apenas dos días!

-Ya...

Pero, si ve que no nos preocupamos,

cogerá más encargos y postergará el nuestro.

-Está bien.

-(SUSPIRA)

Sí...

Sí, buenas tardes, señorita.

Eh... ¿Podría buscarme...

el número de un abonado de Santander?

¿El apellido?

Sí, Ledesma.

Copérnico.

Vale, gracias.

¡Que una persona tan devota como yo

tenga que ver la casa del Señor

en estas deplorables condiciones!

-¡Por los clavos de Cristo! ¡Que es solo una grieta!

-Y ni siquiera está en el muro de carga.

-De todas formas, sería conveniente repararla cuanto antes

para que no vaya a más.

-¡Dios no lo quiera!

-Si a Dios le interesara la mampostería,

no lo habría permitido.

-¡Huy, vamos, don Felipe! ¡No sea travieso! (RÍE)

-Tendremos que recoger donativos para la obra.

-(RESOPLA) ¡Ya empezamos!

-¡Buenas tardes!

Poco te queda de acarrear, ¿eh, Marcia?

-Ya, si eso ya se lo he dicho yo, pero se ha empeñado.

-¿Estás bien, hija?

-Sí, todo bien, gracias.

-Trae, deja que lleve el cubo, que tiras el agua.

-Don Felipe, aún no nos ha contado nada de su misión en África.

Parece que usted también se ha sumado.

-¡Como moscas, oye! ¡Acuden como moscas!

-¿Tan complicado es que requieren de un abogado de prestigio?

Es patriótico, y punto.

Conocerán los detalles a su debido momento.

¿Qué hace este hombre aquí?

¡Mauro!

-Estoy inquieta por madre.

-¿Por qué te preocupas por ella?

-Está tratando de ponerse en contacto

con Ledesma.

-¿Con Ledesma?

-¿Y qué habrá pasado?

¡Porque, qué lástima, con lo...!

¡Doña Teresa era más maja que las pesetas!

-Yo no sé si le ha sucedido algo, son meras conjeturas.

-Con lo poco que habló don Mauro,

nos hemos quedado todos in albis.

Y yo también ando muy escamada, ¿eh?

¡Con todo lo que se querían, es muy raro que no vuelva con ella!

-Me dijeron que era usted policía.

-Ajá. Y de los mejores.

Encarceló a muchos delincuentes.

Era el terror de los bajos fondos.

Ningún malhechor se le escapaba.

-¿Podrían decirme cómo va

lo de la repatriación de los heridos?

-En marcha,

aunque no es fácil:

primero hay que fletar el barco y luego conseguir muchos permisos.

-Siendo para tan noble causa, no creo que tengan impedimentos.

-Mañana trataremos de eso con Genoveva.

-Me cuesta reconocer a mi amigo.

-Han pasado muchos años, Felipe.

-No, no es eso.

Ha vuelto distinto.

Seguro que algo malo le ha pasado.

-Es cierto, se le ve como...

triste.

-Esperé a que se durmiera para hablar con Osvaldo,

y todo ha ido como la seda: ya le ha conseguido

trabajo a Emilio.

No será en la pampa acarreando ganado, ¿no?

Es que Emilio no está acostumbrado

a esos trabajos.

¡Vaya por Dios!

Es delicadito el picaflor, ¿no?

¡Anda, que...!

-Lo más importante son los permisos de repatriación.

Eso ya lo tenemos.

Te dije que haría lo imposible por traer a los soldados a casa.

Lo que es muy noble por tu parte.

He de reconocerlo.

-Los dos estamos muy satisfechos de ver

lo bien que os lleváis, así que no des importancia

a lo que no la tiene.

-Será como vosotros decís.

Solo que me haría sentir mejor si me dejase colaborar

con las tareas de la casa.

-¿Por qué no bajas tú a abrir la mantequería?

Así ella puede seguir un rato durmiendo.

-¡Estoy encantada con esto de los paseos de la mañana!

Jacinto, mañana tenemos que madrugar un poquito

y hacer el doble, porque hoy a poco me ha sabido.

-¡Diga que sí! ¡Jacinto está encantado!

-¡Sí! -¡Pues claro que...!

¡Es que mañana...! (RÍE)

Mañana tengo que pulir la escalera.

-¡Si no estoy a gusto aquí...

es porque Lolita está muy quisquillosa!

Y temo que, cuando vuelva,

se moleste si hay una lata fuera de su sitio.

-Pero eso es comprensible.

A mí me gusta tener el quiosco a mi modo. Si no, no encuentro nada.

(MAURO SUSPIRA)

Ha llegado el momento de hablarle de Teresa.

-Buenas.

-Pronto vuelves de tu paseo.

-Sí, quería pasarme a ver cómo va la tienda.

-¿No te fías de mí?

-No.

¡Que no! ¡Que no es eso, Carmen! Que es que me sabe mal

que trabaje y yo por ahí de asueto.

Ha cambiado los garbanzos de sitio.

-Mañana partiré hacia la costa

para coger un barco que me lleve lejos de aquí.

-Espero que todo le vaya de perlas. No ha tenido mucha suerte, la verdad.

-Gracias por sus ánimos.

Y por todo lo que ha hecho por mí. Es..., es usted todo un amigo.

Tenía que pedirle otro favor.

Cuide de mi madre y de Camino.

-Sí, sí, sí. Cuente con ello.

-Ha sido un día de lo más feliz, sí.

-Ramón, siento aguarte la fiesta, pero...

hay algo que quiero contarte sobre Lolita.

-¿A qué te refieres?

-Ledesma, sí, soy Felicia.

¡Escúcheme!

Voy a ofrecerle un trato que no podrá rechazar.

-Lo pasado pasado está.

¡Vamos!

¡Ojalá tuviera yo tu suerte

y un señor como don Felipe se fijara en mí y me cortejara!

(SUSPIRA)

-Parecía como si nos vigilaran.

-¡Anda ya, mujer!

¡No te soliviantes! ¡Eso es alguno que aún no se acostumbra a tu color!

¿No ves que en este barrio hay mucho atrasado aún?

Venga, vamos.

-¡Ay, Casilda!

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Acacias 38 - Capítulo 1078

19 ago 2019

Ramón y Antoñito piensan que sus mujeres se llevan fenomenal, pero Lolita se queja de Carmen porque no termina las tareas del día.
Genoveva finge ante Marcia que no tiene nada que temer de ella y se reúne con Felipe para que le ayude en su proyecto de fletar el barco de Marruecos, pero no consigue que le invite al ágape de su noviazgo formal.
Emilio y Cinta deciden fugarse juntos, desvelan su plan a Camino y piden ayuda a Jose para que consiga a Emilio un empleo en Argentina. Más tarde Cinta pide perdón a Felicia por el problema que ha causado. Felicia hace una misteriosa llamada a Ledesma.

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  1. CarmenC

    Será complicado llevar tantos personajes, pero entre lo ordinaria que sigue Lolita y lo insufrible que se ha puesto, se hace muy desagradable.

    22 ago 2019
  2. Aleja

    En los títulos Carmen sigue siendo criada, ya es la señora de Palacio...ya se podría cambiar la presentación de los personajes. Saludos desde Argentina, seguro recibimos a Cinta y Emilio con los brazos abiertos!

    22 ago 2019
  3. Mabi

    INSUFRIBLE LOLITA!!!!!! No es lo mismo tener en su casa solo al suegro que con su mujer...pero se lo buscó solita... Para que insistió tanto, el casado casa quiere y ahora que se aguante, lástima que la están transformando en una maleducada y desagradecida, pues yo no veo que Carmen se quiera echar la casa al hombro, sino ayudarla para que disfrute su embarazo y no lo ponga en riesgo, con ésta actitud de" como yo no hay quien lo haga.... "

    21 ago 2019
  4. Marilu

    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡ BIENVENIDO MAURO !!!!!!!!.-

    20 ago 2019