www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5356774
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1063 - ver ahora
Transcripción completa

Eladio es de lo más agradable, es una lástima

que ya no venga por casa. Sí.

La verdad es que no me resultaba incómoda su compañía.

Es muy interesante,...

para charlar con él, para pasar un buen rato.

Han sido unas semanas muy intensas, Alfredo,

tal vez deberías buscarte una distracción.

¿Dónde dices que le viste?

En la calle, me dijo que iba a estar un buen rato en un café

que frecuenta, junto a la Plaza del Olmo.

La verdad es que...

no me vendría mal dedicar

una de estas noches a mis amistades.

Seguro que Eladio estará encantado de verte.

¿A qué viene tanta insistencia?

¿Por qué me empujas a tener un encuentro con ese muchacho?

Yo no estoy haciendo tal cosa.

Te comento algo que me ha sucedido.

Dime la verdad,...

te conozco demasiado bien para no intuir

tus maquinaciones.

Está bien,... tienes razón.

Te estoy animando a que tengas un encuentro,

lo confieso.

¿Y qué buscas con esto?

Porque tú no mueves un dedo por nadie si no tienes un interés.

Te equivocas.

Es que me siento mal por lo sucedido con Felipe.

He sido una mezquina y trato de compensártelo, eso es todo.

Aun así,... sigo pensando que me ocultas algo.

Es posible que también lo haga por mí.

Si tú estás satisfecho, nuestra alianza funcionará mejor.

Reconozco que me gustaría mucho tener un encuentro con Eladio.

Puedes citarte con él mañana.

Pero... no sé si es una buena idea.

La última vez no estuve ni demasiado correcto ni demasiado gentil,

no guardo un buen recuerdo de esa cita.

No, no te apures por eso, yo hablaré con él

y le convenceré de que tengáis un encuentro lo antes posible.

¿Harías eso por mí?

Está hecho.

Te garantizo que mañana podrás disfrutar de Eladio.

Somos socios, confía en mí.

Muy bien,... ya me dirás qué te dice.

Esperaré impaciente.

Mejor vete preparando,

te garantizo que mañana tendrás a Eladio en tus brazos.

La felicito, señora.

Es usted una maestra en engatusar a don Alfredo.

¿Qué pretende? No pretendo nada, Úrsula,...

tan solo trato de contentar a mi esposo,

es lo propio de una buena casada.

¿Entendido? Por supuesto, si usted lo dice.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Doña Susana, pare. -Qué susto me has dado, estulta.

¿Cómo se te ocurre salir de la nada a estas horas?

Ya me daba por asaltada, muerta o algo peor.

-Perdóneme, por eso mismo la he llamao por su nombre,

pa que no se sobresaltase. -Pues te has lucido. ¿Qué quieres?

-Quería contarle que he encontrao a don Liberto... bebiendo.

-¿Bebiendo? ¿Qué?

-¿Qué va a ser? Licor,

¿se cree usted que si le hubiera visto beber té

me iba a pegar una carrera pa contárselo?

Tiene usted unas cosas.

-Dame más detalles.

-Le he visto con la botella

y soltando unos suspiros que parecía un alma en pena.

A mí se me ha encogío el corazón na más de contemplarlo.

-Mi sobrino está pasando las de Caín.

-Pa chasco que sí.

Es que no se quita de la mollera a doña Rosina, ni de noche ni de día.

-Si ya sé yo que no está bien, ya,...

pero peor le van a ir las cosas si le da por beber para olvidarla.

-Es lo que está haciendo. Cuando doña Rosina se marchó,

yo hice limpieza en la casa y no había ni una sola botella

de agua del Carmen, así que la ha tenío que comprar él,

y pa mí que era cazalla de la mala.

-El pobrecito trata de fingir que está bien ante los demás, pero...

yo sé que no es así.

-Lleva to la procesión por dentro. -Es lo que me temía.

La marcha de Rosina le ha hundido en un pozo de desesperación.

-Y tanto. Y que esté bebiendo a escondidas tampoco es bueno,

así que ¿qué podemos hacer, doña Susana,

pa que no se eche a perder?

-No lo sé, esto me supera totalmente.

-Pues sí que sirve usted de ayuda.

-Mientras pienso en algo, tú vigílale,

y si ves una botella, la escondes. -Me barrunto que va a comprar más.

-Es posible, pero mientras va y viene no está bebiendo.

Ya pensaré algo mejor. Me voy a casa.

Primo, cada día cierras más temprano.

Un día de estos no vamos a poder salir ni a comer.

-Está la noche ya cerrada, yo también tengo que reposar,

que llevo todo el día viendo quién entra y quién sale.

¿Tú qué haces aquí fuera?

-Estaba hablando con doña Susana.

Me ha encargao que vigile a Liberto.

-Ah. Pobre hombre.

Yo no sé...

cómo me tomaría que mi Marcelina se fuera y me dejara abandonado

como un zapato viejo.

-Tú serías capaz de pasarte to el día dando berríos de pena.

-Seguramente, aunque me costaría el empleo por la queja de los vecinos.

-A mi señor le ha dao por el alpiste,

y no el de los pájaros precisamente.

-Pos no le pierdas ojo, que como se aficione a la botella,

no va a haber quien viva en esa casa.

-Ya, ya, lo sé.

A mí lo del espionaje no se me da bien.

-Pierde cuidao, que yo te echo un cable y le pego un ojo.

A mí sí que se me da bien. Cuando era pastor

no se me escapaba ni una oveja, sabía hasta cuántas briznas

de hierba comía cada una. -Es verdad.

Pos te lo agradezco mucho, primo, pero... mi señor no es un borrego.

-Un vaso de agua aclarará tu garganta.

-Claro, Camino, vamos dentro. -Eso.

Brindemos,... que hay mucho que celebrar.

-Vamos, Emilio,...

vayamos dentro.

-Espera, Angelines,

ayer nos dejamos una conversación a medias.

-Voy a llegar tarde a misa. -Será solo un segundo.

-Yo ya te dije todo lo que te debía decir.

-Y no lo dudo, pero...

creo que me corresponde darte una explicación.

-Como quieras.

-He estado enamorado de una muchacha del barrio,

una joven buena y dulce,...

pero como tu padre y mi madre pactaron nuestra boda,

me he visto en la obligación de romper con ella.

-Siento que todo esto haya pasado por mi causa.

Lamento ser un incordio para ti. -No, no lo eres,

pero no puedes esperar que mis sentimientos cambien

de un día para otro. -Yo no espero nada de ti.

-Angelines, quiero...

pedirte perdón por no haber mostrado

mucha efusividad con tu llegada, pero es que...

me es muy difícil empezar una nueva relación con una persona

a la que apenas conozco. -Para mí esto tampoco es sencillo.

A decir verdad, mejor estaría en el pueblo.

-¿Por qué? ¿Acaso...

hay allí algún mozo que te haga tilín?

Lo que tienes que hacer es luchar por estar a su vera,

por estar en el lugar que te sientas cómoda,

con la gente que te interese.

-Yo nunca le he llevado la contraria a mi señor padre.

-Pero alguna vez tiene que ser la primera.

Piensa en ello... y toma la decisión que más te convenga.

Y, sobre todo, no le digas nada a tu padre de esta conversación.

-Haré lo que me pides.

-Emilio,...

le he visto hablando con su futura esposa.

¿Qué, se van conociendo un poco más? -Así es,

y no es ninguna mala noticia.

-Le veo extrañamente animado.

-Es cierto, he estado hablando con Angelines y me ha revelado

que ella también se siente atraída por otra persona.

-Si es que esa boda no tiene ningún sentido.

-Ninguno, pero que ella también esté a la contra es motivo de esperanza.

Tal vez consiga que ella quiera romper el compromiso.

-¿Usted cree?

-Sí, pero voy a necesitar de su colaboración.

-¿Yo? ¿Y qué puedo hacer yo?

-Pase y le cuento.

(TARAREA)

-Al cielo que es mi morada...

-Te veo de muy buen humor. -¿Y cómo quieres que esté?

Si tengo a mi vera a la mujer más pinturera de esta parte del mundo.

Bueno, y de la otra también.

-¿Has visto a la niña? -No.

Bueno, sé que ha desayunado y se ha vuelto para su cuarto.

-Esperemos que hoy esté mejor de ánimos.

-Antes o después tendrá que olvidarse de Emilio,

digo yo. -Mal rayo parta a ese zángano.

No voy a ser feliz hasta que Cinta levante cabeza.

En esta casa no nos caen más que palos.

-Ten fe, mujer, ya verás como se va arreglando.

De nada nos sirve verlo todo del color de las hormigas.

-Oye, ¿hay noticias de cuándo vamos a cobrar de Seguros La Tizona?

-Ya sabes qué dijo don Ramón: tenemos que ser pacientes

con ese tema.

-Paciente puede ser él, pero nosotros estamos a dos velas.

-Ese negocio va más lento que la mula del tío Miguelito,

que solo tenía tres patas.

-Solo han sacado tajada los Palacios,

han recobrado la mantequería.

Esperemos que todo vaya como Dios manda.

-Bueno, no tienes por qué preocuparte,

don Ramón es un hombre de palabra,

él no ocultó que había pedido un anticipo.

-Eso es bien cierto, pero desde lo de don Alfredo,

no me fío de nadie.

-¿Ni siquiera de mí?

-De ti... casi todas las veces.

-(RÍE)

-No te apures, que comparar a don Ramón con el señor Bryce,

es como comparar a Jesucristo con el diablo.

Yo creo que podemos dormir tranquilos.

Fa...

se.

Mi...

se.

Re...

se.

Fa... Hija de mi alma,

¿no puedes cantar algo con un poquito de más salero?

Eso es música de entierro.

Son mis ejercicios de voz y es lo que más me inspira.

Fa... se.

Madre del amor hermoso.

He visto sepultureros con más alegría.

-"Ozú". Dios quiera que la niña no se nos enferme de melancolía.

(Se abre y cierra una puerta)

-Buenos días, padre. -Buenos días.

-Traigo unos dulces.

¿Y Lolita? -En la mantequería.

El que le suministra los quesos suele pasar a primera hora.

-Siento haber tardado tanto, pero Emilio me ha entretenido

con el tema de su posible boda.

-Ya, ya he escuchado hablar sobre ese tal Ledesma

y lo poco apropiado que resulta para este barrio.

-Pues sea lo que sea lo que le han contado, se queda corto.

Ese hombre es un auténtico patán.

-Yo no acabo de entender

la razón por la cual Felicia quiere emparentar con ese individuo,

los Pasamar son gente con clase.

-Es que todo en ese matrimonio es un auténtico misterio,

hasta lo agobiado que está Emilio al tener que aceptarlo.

-En fin,...

-¿Dónde va, no va a probar los dulces?

-Pues no es por falta de ganas, pero estoy citado con los de la Tizona,

me tienen que informar sobre cómo marcha nuestra inversión.

-Pues vaya, que es un asunto de lo más principal.

-Sí, pero antes...

quiero comentarte una cosa sobre Lolita.

-Si es por el embarazo ya hablé con ella y le dije

que debería estar más tranquila y no hacer esfuerzos innecesarios.

-No, no se trata de eso.

Se trata de la relación que ha vuelto a surgir entre ella

y Genoveva, ¿qué opinión te merece a ti este asunto?

-Pues no sé qué decirle, hasta donde yo sé,

esa amistad terminó hace tiempo.

-Pues mucho me temo que no es así, porque ayer las vi hablando

y, a juzgar por las maneras, trataban de algo de mucha enjundia

y bastante reservado. -Ya.

No tenía idea de que habían retomado conversaciones.

-Hijo, yo no me quiero meter en vuestras vidas,

pero ya sabes que si Lolita peca de algo, es de buena,

y la relación con esa harpía no le va a traer nada bueno.

-Tiene razón, cuanto más alejados estemos de esa harpía,

mejor para todos. -Yo no sé qué estará tramando,

pero también la he visto abordar en mitad de la calle a Felipe.

-Ahí sí que me deja pasmado.

Don Felipe debería saber que esa mujer es un peligro constante.

-Yo no acabo de entenderla.

En el juicio colaboró a favor de Liberto,

nos ha conseguido el dinero de la inversión,

pero hay algo oscuro, yo no me termino de fiar.

-Tiene razón, podría volver a traicionarnos.

Le diré a Lolita que se mantenga en guardia.

-Espero que no le parezca mal que te haya hablado de esto.

-No, padre, sabemos que lo hace con la mejor intención

y solo podemos agradecérselo.

-Bueno, marcho, cuídate eso.

-Ya, con Dios.

-Lolita.

¿Cómo te va el embarazo?

-Mu bien, estoy segura que va a ser tan grande como una servidora,

que pesé cinco kilos al nacer. -Pues si es así,

no te envidio el día del parto. -Si es un rato, mujer.

Ya no tengo ni mareos ni vómitos, y eso en mi familia es mu raro.

¿Ha venío a buscar alguna cosita?

Tengo unos quesos que están buenísimos.

-No, no quiero nada, tengo la despensa hasta los topes,

como estoy sola, como poco.

-¿Y ha venío a preguntarme solo por mi embarazo?

-A eso y a otra cosa.

En los últimos días, ¿mi sobrino Liberto te ha comprado algo?

-¿Liberto? No, ni una miga.

Él no es de venir aquí a comprar cosas,

pero tampoco creo que lo haga en ningún otro sitio.

-Eso nunca se sabe.

Pregúntele a Casilda, que es la que lleva esa casa.

-Te lo pregunto a ti porque es ella precisamente la que...

me ha dicho que a Liberto, para apagar sus penas,

le ha dado por la botella.

Y quiero averiguar dónde las compra.

-Aquí, de momento, no ha comprao ni unos anises.

-Ya sabes lo que tienes que hacer: no le vendas ni una gota.

También se lo he dicho a Fabiana,

para que no le sirva nada en la pensión.

-Descuide, que yo lo hago de mil amores,

pero me parece bastante inútil.

-¿Ah, sí?

¿Te parece mal que intente impedir que mi sobrino caiga en el vicio?

-No, eso me parece fetén, pero ha de comprender que si no se lo vendo,

irá a comprarlo a cualquier otro sitio,

que no puede impedir que le vendan en toas las bodegas de la ciudad.

-Ya lo sé, pero cuantas menos facilidades le demos,

mejor para que esté sobrio.

-Haré lo que me dice. Esperemos que sirva de algo.

Voy pa dentro, a ver si vienen las clientas.

-Don Ramón. ¿Tiene un momento?

-Pues no mucho, porque acudía a una reunión, pero dígame qué le ocurre.

-Pues... me da mucha vergüenza,

no sé cómo empezar a decirle lo que tengo que decirle.

-No se apure, estamos en confianza.

-Estoy que no vivo en mí, desde que marchó Rosina,

mi sobrino es otra persona.

-Eso no es de extrañar, que le deje su esposa,

ha hecho afectaría al más bragado.

-Así es, pero me he enterado de que trata de ahogar sus penas

a base de cazallas

y aguardientes, y francamente no sé qué hacer.

Muy mal le tiene que ir para beber a escondidas.

-No me esperaba esto.

Imaginaba que estaba afectado, pero no hasta ese punto.

-Ay...

He intentado ir a su casa para quedarme con él y hacerle compañía,

pero se ha negado.

He pedido en el barrio que no le vendan bebida,

pero eso pan para hoy y hambre para mañana.

-Es una situación de lo más complicada.

Si él quiere seguir bebiendo, siempre encontrará una ocasión

para hacerlo.

Solo podemos transmitirle nuestra esperanza

cada vez que tengamos ocasión. -¿Cree que con eso será suficiente?

-Pienso que sí, Liberto es un hombre joven y fuerte,

y pronto saldrá de este hoyo en el que está metido.

-Ojalá tenga razón, pero no lo veo tan claro.

-Ya sabe que puede contar conmigo en todo lo que precise.

-Pues ahora márchese, que no quiero que llegue tarde a su reunión.

-Como no aprietes más esos tornillos,

esa cerradura va a acabar en el suelo.

-Es usted carpintero, ¿eh?

Porque si no lo es, los mirones son de piedra y convidan a tabaco.

-No te sulfures, que yo solamente pretendía ayudar.

-Pues mejor cierre la boca y déjeme terminar mi trabajo.

-Pero si vas mu desviao. Cuando te digo que la aprietes,

hazme caso, hombre.

¿Sabes las puertas que he arreglao yo? Vamos.

Si me dieran un real por cada puerta,

a estas alturas yo era rico.

-Y yo estaría más tranquilo sin que me incordiara.

-¿Está por aquí la Agustina?

-Pos no, ¿pa qué la quieres?

-Quiero prepararle un buen guiso a doña Bellita,

y Agustina tiene mu buena mano.

-Pa mí que estás mu obcecá con el tema de la señora,

yo no veo la necesidá de regalarle na.

-¿Tú? Tú, además de toa la culpa,

tienes menos detalles que el ataúd de un pobre.

Voy a regalarle un guiso, y de esa burra no me baja

ni el rey de España. -Oye, que eso no es mal detalle,

y más como están ahora las cosas,... que están caninos hasta los señores.

-El caso es que no sé qué cocinarle.

Arantxa la tiene mu acostumbrá a buenos platos,

ya sean vascos o andaluces,

y pa eso necesito a la Agustina,

pa que me dé una receta de relumbrón.

-Pos no hace falta que la esperes, que yo te voy a dar una receta

que va a estar una semana tu señora rechupeteándose los dedos.

-¿Y se puede saber qué delicia es esa?

-Potaje de castañas de Naveros del Río.

-Pa las bestias y los gañanes que viven allí.

-Oye, cuidadito con meterte con mi tierra,

a ver si vamos a tener un disgusto. -No se me amostace,

que me refiero a que eso es mu basto pa una señora.

-Buah. -Mejor...

hazle unas buenas migas, o unas gachas con su asadura,

que eso siempre es de buen gusto.

-Le dijo la sartén al cazo: "Aparta, que me tiznas".

A una señora

como doña Bellita, hay que prepararle un plato estiloso.

-Pues no sé qué tendrán de malo las gachas,

bien ricas que me sabían en el monte.

-Yo no sé qué tienen de malo las castañas,

bien preparás son una delicia.

-Menudos dos zotes que se han juntao,

voy a pedir ayuda a otra parte.

-Menudo genio se gasta mi florecilla.

-Así que su padre no está.

-No, pero no creo que tarde mucho en volver,

hace ya tiempo que marchó.

-Bueno, no importa, le esperaré aquí sentada un rato.

-Carmen, ya que estás aquí,

¿sabes si Lolita vuelve a tener amistad con Genoveva?

-Que yo sepa, no.

El enojo creo que era para los restos.

-Eso pensaba yo, pero mi padre me dijo lo contrario.

Al parecer, vuelven a estar de conversaciones.

-A mí me parece muy raro que Lolita le haya perdonado.

Me barrunto que sus razones tendrá.

-Muy buenas, padre. -Hola.

-¿Qué tal la reunión?

-Tan bien como esperaba.

Nuestra inversión va a dar frutos pronto.

-Qué buena noticia, Ramón.

Eso les dará mucho alivio a los vecinos.

-Es usted un lince,

supo lo que había que hacer para librarnos del embrollo del banco.

-Hay que reconocer que hemos tenido suerte.

-Sí, al saber le llaman suerte.

Yo creo que no hay mejor noticia para nuestro barrio ahora mismo.

-Lástima que siempre tenga que haber algún negro nubarrón en el cielo.

-¿Por qué dices eso, qué ocurre?

-Cuando iba a la reunión me encontré con doña Susana

y me dijo que su sobrino se había dado a la bebida

desde que Rosina se marchó.

-Pobre hombre, eso puede destruir al más pintado.

-¿Habéis notado algo raro en su comportamiento?

-Yo últimamente le veo decaído, pero es completamente lógico

en su situación.

-Doña Susana no sabe qué hacer

para evitar que Liberto siga con ese vicio.

-A mí me ha pedido que no le venda alcohol

si viniera a la mantequería.

-A ver, todos conocemos a doña Susana

y es bastante exagerada.

A lo mejor Liberto se ha tomado un par de copas

y ella ya ha puesto el grito en el cielo.

-Bueno, estaremos tos atentos por si acaso,

que me parece que te estás volviendo mu confiao.

-A lo mejor es que los que comparten colchón

se vuelven de la misma condición, cariño mío.

-¿A qué viene eso?

-A que vuelves a hablar con Genoveva.

A todos nos parece un disparate

que sigas siendo su amiga. -¿Cómo te has enterao?

-Os vi hablando y compartiendo confidencias,

y lo cierto es que me quedé muy preocupado.

-Comprendo su desazón, suegro.

Ha llegao el momento de que cuente lo que me contó de su esposo.

-¿Qué sucede ahora con el señor Bryce?

-Agárrense porque vienen curvas, que lo que voy a contar es mu gordo.

Bueno,...

don Alfredo no solo trata a Genoveva como si fuera una bestia de carga,

ni se conforma con estafar a to hijo de vecino que se cruce por delante,

también tiene... aficiones horribles.

-¿A qué te refieres?

-Pues a que ese hombre es un depravao de tomo y lomo,

que según me ha contao Genoveva, le gusta tener encuentros

con jóvenes varones y les trata con suma crueldad.

-¿Es eso cierto?

-Esa mujer está viviendo un auténtico infierno.

-Primo, tienes menos seso que un caracol.

Hijo mío, lo que es bueno pa un pastor,

¿cómo va a ser bueno pa un señor? Es forraje.

-La comida no tie que ser mu rebuscada para ser buena,

que los ricos tienen por melindres cosas que son asquerosas,

verbigracia una ostra.

-Calla. Pero ¿adónde va mi señor a estas horas

si no me ha dicho ni chus ni mus? -Pos donde quiera,

es lo bueno de ser rentista.

-Lo mismo va a darle al morapio, o a comprar alguna botella.

-No sé, un poco pronto, ¿no?

-Cuando hay vicio, cualquier momento es bueno.

Tendríamos que seguirle.

-A ver si se lo va a tomar a mal. Liberto, a malas, tie mu mal pronto.

-Doña Susana nos ha hecho un encargo no podemos fallarle.

-Yo no le he prometido nada a la sastra.

-Pero a mí sí.

Venga, ve tras él. -No, mejor ve tú,

que eres más pequeña y se te ve menos entre la gente.

-Que yo me pongo alterá y me va a descubrir.

Date prisa, antes de que lo perdamos.

¿No decías que tú eras bueno vigilando, que tenías un don?

Pues piensa que es una borrega.

-No me parece bien pensar eso de un señor.

-Pero si ya casi ni se le ve.

-No puedo dejar sola la portería.

-No te preocupes, yo me hago cargo.

Si preguntan por ti, digo que has salido.

Anda, tira, tira.

-Ha sido girar la esquina y desaparecer, como cosa de brujería.

-Pero ¿cómo que le has perdío de vista?

¿No decías que no perdías una oveja?

-Pero me llevaba mucha ventaja.

A las ovejas se les sigue más por el oído que por la vista,

porque berrean.

-La culpa la va a tener mi señor por no ir balando.

Si no te hubieras andao con tanto pero

y melindre, no lo hubiéramos perdío.

Pa un encargo que nos hace doña Susana y...

No sé qué estamos haciendo. Toma.

(Se abre una puerta)

-El señor Palacios viene de visita. -Don Ramón,

qué alegría verle.

¿Qué tal van sus asuntos? -Bien, la inversión

en Seguros La Tizona va a dar sus frutos antes de lo que pensábamos.

-Es una gran noticia.

Marcia, prepara un café para el señor y para mí.

Me alegra que todo salga bien. ¿Se lo ha comentado a Liberto?

-No, no he tenido la ocasión de verle.

Me tiene muy preocupado.

-¿Qué ocurre? -Según doña Susana,

está bebiendo en exceso.

Al parecer, no lleva tan bien como pensábamos la marcha de su esposa.

-A mí no me parece grave que se tome una copa de vez en cuando,

mientras no se exceda, como me pasó a mí.

-Puede que sea pronto, pero...

lo que al principio es una costumbre sin importancia,

puede terminar siendo la perdición de una persona.

-Lleva razón. La bebida casi termina con mi vida.

-En cualquier caso, pienso que entre todos deberíamos estar vigilantes

con él antes de que sea demasiado tarde.

-Cuente conmigo.

-Gracias. -De nada.

¿"Leite"? -No, gracias.

-¿Señor?

-Verá, Felipe, no he venido a hablarle solo de eso,

también quería hablarle de Genoveva.

-Don Ramón,... ya hemos tratado este tema...

y por mi parte no tengo nada más que añadir.

-Tiene usted razón, me he explicado mal.

En realidad, de quien quería hablarle era de su marido.

Ha llegado hasta mis oídos...

una revelación tremenda.

Parece ser que Genoveva le ha dicho a Lolita

que el banquero tiene... debilidad por los muchachos.

-Estoy al corriente de la conducta desviada de don Alfredo.

He hecho varias gestiones para desenmascararle

y acabar con su posición privilegiada.

-Me deja usted de piedra,

esto para mí es una empresa mayúscula.

-Entiendo que le sorprenda, pero es la ocasión perfecta

para darle la lección que se merece, por todo el daño que ha hecho.

-Hace usted muy bien en intentar desenmascararle,

pero también creo que lo hará usted para ayudar a Genoveva.

Bueno, como le decía, espero que lo de nuestro amigo no sea nada.

-Démosle tiempo,

la herida es muy reciente

y no debemos alarmarnos porque tenga una actitud un poco extraña

durante unos días. -No le perdamos de vista.

Bueno, me marcho, no hace falta ni que se levante ni que me acompañe,

que me sé de sobra el camino. -Con Dios.

-Con Dios.

Gracias, Marcia.

-Hablaban de doña Genoveva,... ¿va todo bien?

-No lo sé,...

es extraño que Genoveva le haya contado a Lolita

el secreto de Alfredo. Esa mujer quiere algo.

Tengo que hablar con ella. -Y...

¿tiene que ser ahora?

-Está bien,... puedo esperar un poco.

Me alegro de verla. ¿Necesita alguna cosita?

Tengo unas latas de anchoas de Santoña que quitan el hipo.

No he venido a comprar.

Si estoy aquí, es porque le he traído algo.

Son unas sales de baño que están muy recomendadas

para las embarazadas.

Agradecía, no se tendría que haber molestao.

Una es más de lavarse en un barreño.

Es mi forma de agradecerle que ayer me escuchara

y comprendiera el trance que estoy pasando.

Lo que me contó ayer aún me tiene sin aliento,

una ni se imagina que puedan pasar esas cosas.

¿Cómo se encuentra?

Sola... y abandonada,...

aunque no me queda otra que resignarme.

Nadie se merece que la traten con tan poca consideración.

Hemos de jugar con las cartas que nos tocan,

aunque algunas veces sean muy malas.

Por eso aprecio tanto su confianza,

es la única que no me da la espalda.

Faltaría más, con to lo que está pasando,

es de rigor que le eche una mano.

No quisiera abusar, pero...

¿podría pasar la tarde con usted en la mantequería?

Si eso le hace feliz, pero le aviso

que esto no es un teatro de variedades, que se va a aburrir.

Eso es lo de menos.

Alfredo ha quedado con uno de sus amantes

en nuestra casa y es menester que estén los dos solos.

Pero ¿cómo puede ser tan desalmao ese hombre?

Encima de arrojarse al vicio delante de sus narices,

tiene que largarse de su casa.

Peor sería quedarse allí y ser testigo de sus prácticas.

No se me aflija,...

esta tarde cierro la mantequería

y me la llevo de merienda con las señoras a una terraza.

Uy,... ¿cree usted que me van a aceptar?

Más les vale si no me quieren oír. Ya va siendo hora que se den cuenta

que es una víctima más de ese felón. ¿Qué le parece?

Me parece muy buen plan,

pero ¿va a dejar su negocio para contentarme?

Bueno, pa eso es mío. Yo abro y cierro esto a mi antojo.

Está bien.

Muchas gracias, nos vemos más tarde.

Señora, ¿necesita usted algo de la mantequería?

No.

¿Ha llegado alguna nota o carta para mí?

No, señora.

Esta tarde no estaré, voy a merendar con las señoras.

Quiero que usted me acompañe.

Lo siento, es imposible, tengo muchísimo trabajo.

Me da igual, Alfredo tiene que estar solo en casa,

va a recibir una visita.

Venga conmigo, lo digo por su bien.

¿Me está usted amenazando?

No, la estoy protegiendo.

-A más ver.

-¿Y qué le puedo cocinar a doña Bellita?

-Yo en todas las casas que he servido,

he triunfao con el pastel de setas y el bonito con tomate.

-Seguro que los preparaba mejor que los ángeles,

si es que en el cielo se cocina, pero to eso que me dice...

no sé, lo encuentro mu visto. ¿Cómo cocinaba los calamares?

-A la romana, como to el mundo. -Me sigue pareciendo mu basto.

Tiene que ser el colmo de lo finolis, señá Fabiana.

-Pregúntale a doña Felicia, ella tiene un restaurante

y por fuerza tiene que conocer el gusto de los señores.

-No creo que eso sea buena idea, doña Bellita y doña Felicia

están a la gresca.

Si le pido una receta pa ella, lo mismo me dice que le eche cianuro.

No. -No creo que el enfado sea pa tanto.

-Y peor ahora, que ha llegao la prometía de don Emilio.

-Esos dos no pegan na.

Que Dios me perdone, pero la muchacha parece una acelga mal regá.

-Pues sí, este chico no va a hacer buena boda con esa mosquita muerta.

-¿Habéis visto a Casilda?

-No ha asomado el morro por aquí.

-¿Dónde se habrá metido esta chiquilla?

-Doña Susana, ¿usted conoce alguna receta de relumbrón,

de la Italia o de la Francia?

Sus hijos viven por esos andurriales, ¿no?

-No tengo yo ahora la cabeza para esas bobadas.

Aunque el otro día, Juliana me mandó la receta de un plato

que está muy de moda en París. -Justo, eso es lo que necesito.

-Pero si no te he dicho lo que es.

-Da igual, si a los franceses les gusta,

con lo tiquismiquis que son pa comer, a doña Bellita

la voy a dejar sentá de culo.

¿Me da la receta? -Pásate esta tarde por mi casa.

Codornices con salsa de ciruelas, creo que era el plato en cuestión.

-Ahora sí que voy a dejar deslumbrá a doña Bellita.

Me voy a comprar codornices, con Dios.

-Con Dios.

-¿Qué se cuece por aquí? -De momento nada,

pero dentro de un ratito, un pudding de cabracho.

-Haz una buena cantidad, que me voy a poner como el Quico,

que se murió de un atracón de gambas.

-A ver, hay lo que hay,

que yo como cocinera mala no soy,

pero lo de multiplicar panes y peces nada.

-Está bien, haz lo que puedas.

¿Has visto a Cinta?

¿Está más animada? Esta mañana era un alma en pena.

-Todavía no ha regresao de las clases de canto.

Don José,... ¿usted cree que le conviene ir allí?

Digo, porque desde que va a las clases,

no hace más que escuchar canciones tristes.

-Sí, voy a tener que cambiar los discos que pone en el gramófono

por otros más alegres.

-A las buenas, ¿se pue pasar? -Hombre.

Pasa, pasa.

Menos para quedarte a comer, estás en tu casa.

-Venía a hablar de eso, de comida.

-¿De comer, cómo que de comer?

-Sí, la comida, como... como...

Venía a pedirle una receta,

la que más le guste a la señora de la casa.

Mi Marcelina, que se ha empeñao en cocinarle una exquisitez

y no se decide por el condumio que quiere preparar.

-No entiendo ni una palabra.

¿Por qué tu esposa le tiene que preparar de comer a la mía?

-Es sencillo, un poco complicao, pero realmente...

Yo se lo explico y usted decide.

Mi Marcelina está disgustada

porque dice que por nuestra culpa usted ha discutido con su señora,

y como es una gran admiradora,

lo quiere arreglar regalándole un guiso.

-Qué costumbres más raras tenéis por estos lares.

-No, no, si no es una costumbre, son manías de Marcelina.

-Ah.

Pues dile que no se apure, no es necesario que prepare nada.

Ya hemos hecho las paces, no hay nada que disculpar.

-Oh, no sabe el peso que me quita de encima.

-Ah, eso sí,... procura no volver a meter la pata.

A no ser que sea necesario, abstente de hablar con Bellita.

-No se preocupe, solo le daré los buenos días y las buenas noches.

-A ver si es verdad, porque como vuelvas a cometer una indiscreción,

vas a salir más trasquilao que tus ovejas,

que bastantes problemas tenemos,

como pa que nos los traigan de fuera.

-No tendrán queja de mí,

voy a ser más prudente que el confesor del rey,

que tie que escuchar cada cosa...

-Hombre...

Con Dios.

-¿Tú crees que se habrá enterado?

-Seguro que sí, no soy yo buena amenazando ni nada.

(RÍEN)

Hala.

-Asegúrate que todas las mesas tengan azucareros

y servilletas para la merienda. -Descuide, madre.

-¿Has visto a Emilio?

-Salió hace rato, pero no me pregunte hacia dónde.

-Pobre hijo mío, espero que pronto se resigne a estar con Angelines.

-A las buenas tardes. -Buenas.

-¿Qué nos va a poner para merendar?

-Unos pasteles salados que espero sean del gusto de todas.

-Eso suena de maravilla.

-Seguro que van hasta arriba de manteca.

-¿Y eso es malo? Cuanto más grasa, más fina es la masa.

-¿Saben por qué nos ha citado Lolita?

Tenía una nota suya.

-Quiere convidarnos para celebrar su estado interesante.

-Madre mía, qué modernidades.

Los hijos no se celebran, se tienen y punto redondo.

-Buenas. -Buenas.

-Me alegro que nos deleite con su presencia,

espero que todo sea de su argado.

-Por mí puede servir ambrosía, que no pienso catarla.

He venido porque Lolita me lo ha pedido, y no quiero hacerle el feo.

-Lo lamento,

hemos preparado varias de nuestras especialidades,

se quedará sin degustarlas. -Señoras, disfrutemos del ágape,

Lolita no tiene la culpa de sus disputas.

-Eso no lo dirá por servidora.

-Lo digo en general.

¿Viene con Genoveva?

-Vienen las dos del brazo.

-Pues yo aquí no me quedo.

-Doña Susana,...

¿no se irá?

¿No se queda al convite?

-Lo siento, no quiero hacerte este desaire,

pero me niego a aceptar la compañía de esta mujer.

-Yo tampoco pienso permanecer aquí.

-Esperen un momento,

tienen que atender a razones.

Genoveva es una víctima más del señor Bryce.

Créanme cuando les digo que ella ha sufrido mucho más a ese hombre

que nosotras. -Eso habría que verlo.

Yo marcho. -Denle Una oportunidad.

Vamos a celebrar que pronto seré madre,

¿qué mejor momento para regocijarse y perdonar?

-Yo me alegro mucho por ti, Lolita,

y me gustaría celebrarlo por todo lo alto,

pero no junto a ella.

-¿Vamos?

-Esperen, señoras,... tengan un poco de caridad cristiana.

Doña Genoveva ha venido hasta nosotras humildemente.

-Y Felicia hace unos días dijo que deberíamos abandonar

la acritud hacia ella.

-Eso es cierto, y lo sigo pensando.

-Créanme,...

que se merece otra oportunidad, aunque solo sea por esta tarde.

-Está bien, compartamos mesa.

-Siéntese a mi lao.

-Señor,...

¿quiere que le prepare algo pa merendar?

He traído unos bartolillos riquísimos.

-No, tomaré algo fuera.

-¿Y adónde va a ir?

-A dar un paseo, no seas preguntona.

(Se cierra la puerta)

-Jacinto. Jacinto, ya puedes salir, que se ha ido, vamos.

-No me siento yo muy a gusto escondido en casa de tu señor

espiándole. -Ay.

Anda, déjate de melindres e intenta abrir el cajón.

Tenemos que saber qué hay dentro, tiene que ser algo de enjundia.

-Ahora... encima de espía, ladrón, la cosa empeora por momentos.

Voy, voy.

Sin romper la cerradura no se puede abrir.

-De verdad, vaya ayuda tengo contigo.

No eres ni capaz de abrir una cerradura de peseta.

Mira, mejor sigue al señor

antes de que se vaya muy lejos.

Mira a ver dónde se mete y que no se te escape.

-Haré lo que pueda, pero esto ya empieza a ser mu pesao.

-Amos.

Ay, señora, no me mire así.

Yo to lo que estoy haciendo lo hago por su esposo de usted.

Ende que se ha marchao está que no levanta cabeza.

¿Qué haces aquí?

No podía estar sin verte, necesito hablar contigo.

¿De qué quieres hablar?

Angelines ya está en el barrio y os vais a casar.

¿Por qué quieres alargar más esta agonía?

La solución a este entuerto puede que esté en manos de Angelines.

No te entiendo, ¿a qué te refieres?

Mira, he estado hablando con ella y me ha reconocido

que se siente atraída por otra persona.

Yo no puedo anular la boda debido a mi compromiso con Ledesma,

pero si ella se niega a contraer matrimonio conmigo, yo quedo libre.

Eso sería fetén, pero ¿crees que será capaz

de enfrentarse al bruto que tiene por padre?

Si nos ve juntos, verá que no puede interponerse en nuestro amor

y se marchará con viento fresco a Santander.

¿Y qué pretendes, que paseemos por el barrio agarrados de la mano?

No, tiene que parecer algo casual,

que se piense que nos ha encontrado por sorpresa.

Ya lo estoy organizando con Antoñito.

¿Te parece bien? Claro que me parece bien.

Estoy dispuesta a todo por sacar nuestro amor adelante.

Vete, vete, vete antes de que te vean.

Te iré contando.

Sí. ¡Venga!

-(TARAREA)

Uy, vengo a prepararle una manzanilla a tu padre,

porque se pone morao comiendo y luego le duele la tripa.

¿Y a ti qué te pasa?

Si estás más colorada que uno de los salmonetes que pescan en Italia.

¿A mí qué me va a pasar?, me habrá pegado mucho el sol.

Yo que sé.

¿El sol?

-¿No decía que no iba a comer nada que preparara Felicia?

-Eso pensaba, pero estos pasteles están deliciosos.

-(RÍEN)

-No hace falta que lo diga, que ya se ha comío tres.

-No se preocupe, sacaremos más si es menester.

-Genoveva, ¿entonces es verdad que don Alfredo le trató con brutalidad

desde que casaron?

-Si usted supiera lo que pasa tos los días...

Se lo aseguro, señoras, mi vida en el principal es un horror.

Sin duda, el banquero es un ser abyecto.

(Llaman a la puerta)

-Entra, Eladio. La llave no está echada.

(Se abre y cierra la puerta)

Pasa. Vamos, no es momento de timideces.

Está bien,... me disculpo

por lo que ocurrió la última vez que estuvimos juntos.

Tal vez fui...

demasiado pasional,

pero ahora estoy muy contento

de que has decidido volver.

¿Quién es usted?

¿Qué está haciendo en mi casa?

(Disparo)

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1063

Acacias 38 - Capítulo 1063

26 jul 2019

Susana está preocupada por Liberto y pide a Casilda que no quite ojo. La criada confirma que su sobrino guarda algo importante bajo llave.
Ramón advierte a Antoñito sobre la cercanía entre Genoveva y su esposa. Lolita desvela a su familia el secreto íntimo de Alfredo, consiguiendo que las señoras acepten a Genoveva.
Emilio, Antoñito y Cinta ponen en marcha un plan para romper el compromiso con Angelines.
Genoveva consigue engatusar a Alfredo para que tenga un encuentro con Eladio. Ella abandona la casa y, cuando Alfredo está esperando a su amante, un intruso irrumpe en la casa.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1063" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1063"
Programas completos (1079)
Clips

Los últimos 3.614 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Susana siempre metiéndose en todo, menuda bruja méteme en todo. No se cansan de escribirle guiones tan aburridos a esta arpía que tiene más pecados que la Tuly. En cuanto a Liberto si yo fuera él estaría más feliz que una perdiz con la huida de Rosina, menuda petarda chillona. Esta novela o la terminan o le ponen personajes más atractivos, no pavisosos como Emilio y Cinta, dos pasmarotes iguales, dará gusto verlos en la intimidad, ella siempre con morritos, y el con esa sonrisa más falsa que los paisajes de la calle Acacias. Que aburrimiento. Daba gusto ver a Rafael y van y lo eliminan.

    29 jul 2019
  2. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Estoy de Servando hasta la peineta, que papel más cochino de tragón.

    29 jul 2019
  3. Santi

    Hola Hacía días que no entraba y no leía los comentarios, por lo que voy a responder aquí a algunos comentarios de días anteriores: 1------ A quienes pedís que pongan aquí completos algunos capítulos que han sido emitidos con cortes (algunos en los avances del final, otro con un corte al principio) debeis saber que los capítulos que aquí se suben son grabados de la emisión diaria, se editan para eliminar la pausa publicitaria y los suben cuando pueden, de ahí que unos días suban antes y otros más tarde y tambien que no puedan corregirlos. 2 ------ A quienes os indignais tanto porqué Liberto haya puesto los cuernos a Rosina, sin entrar a debatir en la importancia que pueda tener o no: no sé porqué os indignais tanto, esta serie, aparte de asesinatos esta plagada de infidelidades, en todas las temporadas, sin exceptuar ninguna, hay una o varias relaciones con cornamenta de por medio y además casi siempre en las parejas principales ... a much@s de vosotr@s, esas parejas os caen geniales y no enturbia para nada el concepto que teneis de ellas por el hecho de incurrir en infidelidad.. es más en algunos casos incluso lo deseabais. Porqué a Liberto le medís con otro rasero?

    28 jul 2019
  4. Marcela

    Se me ocurre que el ataque a Alfredo fue pergeñado por Genoveva para librarse de él, pero seguro le salió mal y en la refriega terminó muerto el agresor y Alfredo vivito y coliando, ( pero al menos divulgó en el barrio las " inclinaciones " del señor, colocando a algún novio despechado como autor del hecho); y asi sucesivamente continúa este CUENTO DE LA BUENA PIPA

    27 jul 2019