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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1062 - ver ahora
Transcripción completa

-Espero que a esa criada estúpida le haya quedado claro

a quien debe obedecer.

Créame, señor, sabe perfectamente quién le envió ese asaltante

para que le diera su merecido.

No volverá a ocultarnos información.

-Espero que lo del alquiler

de este mes del piso esté ya abonao.

-No se preocupe por eso. -Me alegra

que nos vayamos entendiendo. Por eso, la relación ha terminado.

Entre Felipe y yo ya no hay nada.

Soy tu esposa,

me toca aguantar y contener mis impulsos.

¿Me prometes... que no volverá a suceder?

-Solo quería saber cómo estás, Marcia.

-"Muito" bien, señor. Gracias a usted.

-Me alegra ver que no has perdido el colgante,

sé que significa mucho para ti. -Sí, así es.

-¿Se puede saber qué te pasa? -Que no sabía yo que estaba casada

con un don Juan, con un Casanova, con un presumido.

-Nada de eso soy yo.

-¿Y de qué sabes tú tanto de las mujeres si se supone

que solo tienes ojos para mí?

-Don Emilio,...

¿no nos presenta?

-Ella es Angelines, la hija de don Copérnico Ledesma,

y mi prometida.

-Enhorabuena a los dos, por el compromiso.

-Quiero que espíes a Liberto.

-¿Qué es lo que ha dicho, doña Susana?

-Quiero saber si está bien, si empieza a animarse.

-Llámalo como quieras, pero has de salir.

Ni hablar, madre.

No me quiero encontrar a Emilio con su prometida.

Me ha contado Arantxa que ya ha llegado.

Tenga cuidado, señora,...

la maldad de don Alfredo es inconmensurable.

Sea como sea,... poco le queda.

Si de verdad está de mi lado, necesito que haga algo por mí.

-Yo sin ella no soy na.

Prima, sin ella soy na de na.

-Ay.

-Marcelina.

-Que no queremos el regalo, Úrsula.

¿Eso quieren que transmita a doña Genoveva?

-No parece que tenga mucho valor.

-Para mí sí,... valor emocional.

-Forma parte de tu pasado.

-Felipe, yo prefiero olvidar.

Yo te voy a proteger,...

nadie volverá a hacerte daño.

-¿Cuándo va a pasar esto?

-¿Tú y yo?

Nunca.

-No, tú y yo no, Genoveva.

Me duele cada vez que te veo con ella, no quiero "mais".

-Lo sé, pero tienes que confiar en mí.

-Confío en ti, mas no confío en ella.

-Entiendo que no confíes en ella,...

pero esa mujer pronto va a desaparecer de nuestras vidas.

-No soporto cada vez que viene y sé que va a estar contigo.

-Para mí también es un sacrificio.

No quiero estar con ninguna otra mujer que no seas tú.

-¿Hasta cuándo va a durar?

-Poco.

Va a durar muy poco tiempo más,...

pero tienes que aguantar,...

y sobre todo ser discreta,...

muy discreta.

Nadie puede saber lo que hay entre nosotros.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿Ya has desayunao? Ya.

Medio minuto que he estao en la cocina

y te ha dao tiempo a desayunar, Jesús, válgame el cielo,

qué desayuno, Amatxu de Begoña.

Me he bebido un vaso de leche. Bueno, como si fuese

un vaso de agua, pero de comer, ¿qué has comido?

Hazme el favor, siéntate y desayuna como Dios manda.

Arantxa, que no seas más pesada.

¿Pesada? Bueno, o desayunas

o no sales de casa, tú verás.

-Se os oye desde el pasillo, vaya quilombo.

-¿Quilombo? A ver, la niña,

que no quiere desayunar.

Que ya me he bebido el vaso de leche.

Arantxa se piensa que como por tres.

Uy, ya te gustaría a ti ser vizcaína, ya te gustaría.

No andarías así flaca,

y los mofletes los tendrías sonrosaos.

Pues menos mal que no lo soy. Otro tanto lo que tengo que oír,

o sea, que es orgullo que no seas de mi tierra.

-Bueno, bueno, que haya paz.

Cinta,... cómete al menos una rosquilla, anda.

Y tú, Arantxa, no seas tan dura, la muchacha está nerviosa,

hoy empiezan las clases de canto.

De canto lírico.

A mí me gusta la canción española.

Uy, mucho mejor el canto,

como los coros de mi tierra.

Bueno, excepto si la que canta es doña Bellita,

porque esa sí que tiene arte.

-Dicen que doña Victoria es una de las mejores maestras de canto

de la ciudad, y tu madre quiere que sepas cantar de todo:

canción lírica, canción española.

Mi madre quiere que me olvide de Emilio.

Sí, bueno.

Y eso no lo va a conseguir ni el canto ni los desayunos de Arantxa.

Ah, pues mira, dejo de preparar, no te preocupes, para mí mucho mejor,

me quedo en la cama hasta las 10 de la mañana.

-¿Vais a estar así todo el día, como el perro y el gato?

No,... porque ya me he comido la rosquilla.

Me voy.

¿Y no te vas a llevar otra rosquilla pa el camino?

No.

(RUGE)

Como se desmaye en la calle por no haber desayunao,

a mí no me eche la culpa. -Descuida que no te la echaré.

Además, no se va a desmayar.

Si no lo ha hecho con to lo de Emilio.

-A ver si se olvida de él ya.

¿Qué, la señora va a desayunar?

-No lo sé,... sigue sin hablarme.

Yo ya no sé qué hacer.

-Bueno, pos lo de siempre, señor:

a ver, don José, si a usted nadie le gana ni a gracia ni a salero.

-Sí, sí, pero entre la madre y la niña, me tienen loco.

-¿A mí me lo va a contar? Jesús.

¿Le sirvo un poco de café? -Sí, haz el favor.

-Mire, mire, que hablan de la corrida

de ayer en Sevilla.

-Rafael el Gallo y José Gallito III, juntos en la Maestranza.

Madre mía, yo habría dado una mano por estar en este cartel.

-Lo de la mano vamos a dejarlo,

que va a necesitar las dos pa sacar esta casa adelante.

-Sí, sobre todo la izquierda.

Arantxa, haz el favor, tráeme pan con aceite.

Yo, esto de las rosquillas... no es para mí.

-Si ya sabía yo...

¿Has estado alguna vez en el Barrio de las Golondrinas?

No.

Ni siquiera sé por dónde queda.

Es una parte nueva de la ciudad, más allá de las vías del tren.

Sí, algo había leído, pero ese es un barrio de trabajadores.

¿No estarás pensando en ir a vivir allí?

Estoy pensando en invertir.

Tenemos el dinero parado y eso no es bueno.

He metido en bolsa parte del dinero que ganamos

cuando la quiebra del Banco Americano,

pero nos queda una parte para invertir.

Ya sabes el refrán:

"Zapatero, a tus zapatos". Tú de lo que sabes es de bancos.

Sí,... pero ahora no es el momento,...

y tú conoces el otro refrán:

"No poner todos los huevos en la misma cesta".

Hay muchos sectores donde podemos invertir.

Tenemos tanto dinero que no sabemos qué hacer con él.

Algo así. Al contrario que nuestros vecinos.

¿Más té?

Por favor.

Úrsula,... ¿conoce usted el Barrio de las Golondrinas?

¿El de las casas para pobres?

(ASIENTE)

Dicen que mucha gente se está yendo a vivir allí.

Estoy pensando en invertir en ese barrio,

tal vez construya casas baratas para alquilar.

Los pobres son buenos pagadores, mejor que los ricos.

No dudo que sería un gran negocio, señor, pero...

yo, si tuviera dinero, donde invertiría es en seguros.

¿Seguros?

Sí, como el resto

de los vecinos de Acacias.

No conozco los detalles, pero don Ramón les ha hecho

invertir a todos en una compañía que se llama...

La Tizona. Ah, sí,

he oído que sus acciones están subiendo.

Al parecer, se están recuperando

del cataclismo que supuso

la quiebra del Banco Americano. ¿Y han invertido todos?

¿De dónde han sacado el dinero?

Se quedaron con una mano delante y otra detrás.

Don Ramón es un hombre de recursos,

seguro que encontraría a alguien que les prestara.

Preguntaré por ahí,

el dinero siempre deja rastro.

Úrsula, por favor,...

tráigame más mermelada.

Sí, señor.

No tienes ni idea de la procedencia de ese préstamo, ¿verdad?

Nada,...

y maldito sea quien haya ayudado a esa gentuza a salir del hoyo.

Pues entérate,...

y que sirvan de algo tus contactos en este barrio.

-Señor, marcho a la compra, no hay huevos.

-Muy bien, pues ve a comprar.

¿A Rosina también le avisabas cada vez que querías salir?

-No, la verdad es que no. -Pues a mí tampoco.

Si quieres comprar huevos, bajas y compras huevos,

que Lolita lo apunte en la cuenta y ya se lo abonaremos.

-¿No quiere usted acompañarme?

-¿Acompañarte yo, adónde, a comprar? -Sí, por el peso.

-Pero ¿cuántos huevos quieres comprar, mil docenas?

Si solo vas a comprar una, no necesitas ayuda.

-Pero ¿no quiere usted saludar a la Lolita?

-La saludas tú de mi parte, y déjame leer el periódico.

-Sí, señor.

Mire, que he pensao que no voy a ir a comprar huevos,

que ya los comeremos mañana, que hoy voy a hacer unas alubias con arroz,

que de eso tengo.

-Perfecto, me encantan las alubias con arroz.

-Por eso mismo las hago. -Muy bien.

-Bueno, ¿cómo va el mundo?

-El mundo, ¿qué mundo?

-Las inundaciones, los terremotos, las guerras,

esas cosas.

-Pues eso: inundaciones, terremotos, guerras, un día aquí, otro día allí.

-Ya, menos mal que eso en España no sucede,

por eso nos enteramos por el periódico.

-Pues sí, Casilda, menos mal, pero yo no me estoy enterando

absolutamente de nada, ni de lo que pasa en el mundo ni en España,

porque no me estás dejando leer el periódico.

-Perdón, señor, no hablo más, es que tenía que limpiar el polvo.

-Mira, ¿sabes qué te digo?

Que limpies el polvo todo lo que te dé la gana, que yo voy al parque

a leer tranquilamente la prensa, así me da el aire.

Y le digo a Lolita que te mande una docena de huevos.

-Ya no hace falta, señor. -Perfecto, pues no se lo digo.

Con Dios.

-Y también quiero "linguiça". -¿"Linguiça"?

Ay, Marcia, me vas a perdonar, pero no tengo ni idea de qué es eso.

-Lolita, siempre igual. Eso.

-Ah, longaniza.

La verdad es que se parece, "linguiça", longaniza.

Ya me dirás cómo la preparas.

-Simple: cortada en rodelas con un poco de cebolla y pimiento.

Ah, y "piri piri".

Picante.

Guindilla. -Ah, guindilla.

Qué bien, se la prepararé a mi Antoñito,

que a ese hombre le gusta to lo que lleve piri piri.

-Es de familia,

porque a Ramón también le gusta. ¿Sabes qué vamos a hacer?

La vamos a preparar hoy para comer.

¿Y tú cómo estás después de lo del otro día?

De lo del hombre ese que te atracó. -Mejor, ya estoy bien.

-No se sabe quién fue, ¿no?

Pos un energúmeno.

Anda, ¿qué importará el color de la piel?

Yo no entiendo a la gente lo que tiene en la cabeza.

-Fue solo un susto, mejor olvidar.

-No te quejarás de tu patrón, se portó de maravilla.

-Don Felipe es muy bueno conmigo, siempre.

¿Hay alguna cosa que le guste mucho que todavía no le haya llevado?

-Queso bien curao.

Te voy a dar un pedazo de uno manchego que me ha venido

que está fetén, regalo de la casa, ya verás como le encanta.

-Gracias. -Ya lo corto yo.

-¿Y qué tal su embarazo?

-Perfecto.

Ni un mareo ni na.

Si lo llego a saber antes, habría tenido media docena de chiquillos.

-Qué suerte.

En Brasil se dice que la mujer embarazada

tiene que comer "melancia".

-¿Y eso qué es?

-Eh... sandía, aquí le llaman sandía.

-Vamos a acabar todos hablando portugués.

-Poco a poco. -Pues aquí tienes.

Ya nos dirás si le ha gustado a Felipe.

-Seguro que le gusta, gracias.

Adiós. -Adiós.

-Esta chica es un encanto, tan bien educá, y esa manera tan dulce

que tiene de hablar.

-¿Quién habrá sido el malnacido que le atacó?

-Pos eso, Carmen, un malnacío.

-Ah,... ha llegado una carta de correos para ti.

Toma.

Voy al almacén a buscar papel para envolver, que casi no nos queda.

"Querida Lolita: te extrañará que te escriba,

pero no quiero pasar por tu negocio

y arriesgarme a que no me permitas la entrada".

"En primer lugar, quiero felicitarte".

"También decirte que eres la única persona de este barrio

a la que he considerado mi amiga".

Pos bien que me la intentaste pegar con mi Antoñito, víbora.

"Sé que he cometido muchos errores

y no me he merecido tu amistad, pero quiero que me perdones".

"Solo contigo puedo hablar,...

solo a ti te puedo contar los horrores

de los maltratos de mi esposo, pero no es lo único,

hay asuntos aún más graves para los que necesito tu consejo".

"Si me pudieras perdonar".

(Suena el timbre)

-Es la tuya, sí, aligera.

-Pensé que íbamos a tener más tiempo a Casilda por aquí,

con eso de que se ha marchado doña Rosina.

-Está muy pendiente de don Liberto,

ya ve usted, que yo le podría haber dao trabajo en la pensión,

que cada vez se me hace más pesao a mí planchar tanta sábana.

-Si quiere que le ayude.

-No, Agustina,

nosotras lo que tenemos que hacer es jubilarnos.

-(RÍE)

Y que nos lo hagan todo, ¿se imagina?

-Y con mayordomo, eso sí que tie que ser vida.

Tumbás to el día a la bartola.

-Ay. Menos mal que las pillo aquí, las dos mujeres más sabias

de to Acacias. -Anda ya,

las más sabias.

Sabio don Ramón y Cajal, el del premio que le han dao los suecos

y los señores no paran de hablar. -Y el Rey, que para eso es rey.

-Ya, pero a ellos no les tengo a mano pa consultarles.

Es por doña Bellita.

-¿Qué pasa con ella?

-Está enfadá con su marío por culpa de mi Jacinto.

-Ya se arreglarán.

-Pero mientras no compran ni revistas, ni flores, ni na de na.

Bueno, el diario sí,

pero es que don José no pasa sin él.

-Eres una interesailla, Marcelina, que solo miras pa tu negocio.

-Y pa la armonía del barrio, señá Fabiana, que dice mi Jacinto

que cuando una oveja se descarría,

no hay quien lidie con el rebaño entero.

-De rebaños no sabemos. Cuéntanos en qué te podemos ayudar.

-Mi Jacinto le pidió consejo a don José

y le dijo que lo hacía porque él si sabe tratar a las mujeres.

Y entonces doña Bellita se enteró y se ha enfadao con su marido, claro.

-¿Y eso por qué?

-Porque es como decir que don José va requebrando por ahí

a unas y a otras. Celos, vamos.

-Vaya memez.

-To lo que quiera,

pero he venío aquí pa que me ayude, no pa que analicen su matrimonio.

-Ay, tú déjalo correr y no te metas que lo vas a empeorar.

-Pos vaya ayuda me dan.

-Ten un detalle con doña Bellita,...

algo que sepas que le gusta,... así le demuestras respeto.

-Una flor.

-¿Una flor?

Anda que no eres agarrailla, Marcelina.

-Uy.

Una flor se la puedo regalar hasta yo,

pero tú ties un quiosco de flores, que no, tie que ser algo

que a ella le haga darse cuenta que te has preocupao por ella.

A más ver.

-Pasé a ver a Liberto y le encontré bien,

yo no diría que estaba animado, pero tampoco estaba desesperado.

-Mejor así. -Es normal que doña Susana

se preocupe e insista en que estemos pendientes de él,

pero Liberto es mucho más fuerte de lo que parece.

-El tiempo que pasó en mi casa parecía afectado,

pero no presto a cometer ninguna locura.

-Dios quiera que siga así.

-Si le vemos mal, le diré que vuelva a compartir casa conmigo.

¿Usted cree que doña Rosina no va a volver?

-No lo sé, y le voy a ser sincero:

no entiendo cómo ha tomado una decisión tan drástica,

tan radical.

Eran un matrimonio muy bien avenido y ejemplar.

-Yo también lo creo.

Han pasado más de 12 o 13 años juntos sin apenas crisis

y a la primera Rosina se va de España.

Esperemos que le vuelva el sentido común.

-No sé yo si doña Rosina tendrá mucho de eso, desgraciadamente,

y mire que le tengo afecto a esa mujer.

-Sí, yo también.

Tiene sus rarezas, pero se hace querer.

-En fin, esta tarde volveré a ver a Liberto,

a ver si no ha perdido la esperanza.

Confío en que salga adelante.

Don Felipe, necesito hablar con usted.

-No puedo, estoy ocupado.

-Por mí no se preocupe,

les dejo que hablen a solas, ya nos veremos, Felipe.

-Disculpe lo abrupto de nuestra despedida,

le veré más tarde.

Necesito que nos veamos. ¿Se puede saber qué haces?

Tenemos que mantener las apariencias.

¿Qué habrá pensado don Ramón? Da lo mismo.

A mí no, así que contrólate.

Tengo la sensación de que intentas evitarme.

Genoveva, no puedo estar pendiente de ti las 24 horas del día,

tengo trabajo, obligaciones. ¿Qué te ocurre?

Tú tampoco eres libre. ¿Es eso?

¿Tienes miedo de mi esposo?

Si lo tuviera, sería lo normal.

Además, tú lo has dicho, es tu esposo.

La ley es un asco y debería cambiar, pero hasta que eso ocurra,

tiene derecho sobre ti. Felipe,

no me dejes, por favor. Todo va a cambiar.

Estamos en medio de la calle.

¿Qué es lo que va a cambiar?

Te juro que todo lo que nos impide estar juntos

va a desaparecer.

Mira,... estamos llamando la atención,...

nos veremos más tarde. ¿Cuándo?

Te haré llegar una nota, pero por favor controla tus emociones.

Esto solo puede traernos complicaciones.

Encontraré la manera de vernos. No tardes.

Tranquila.

-Quién fuera maleta para ir tras de usted.

¿Disculpe?

Que es usted la cosa más bonita que ha pisado Acacias.

Y eso que al principio me pareció usted una antipática.

Emilio, lo está estropeando.

Ya le he dicho que son mis nervios los que hablan por mí.

No hable más.

¿Todavía están sin preparar las mesas?

Venga, Camino,... ayuda a tu hermano.

-Pon los cubiertos.

-A sus órdenes.

-¿Por qué te has retrasado tanto? Pensaba en mis asuntos.

-Mal asunto es ese. En Cinta, ¿no?

A ver, deja de darle vueltas.

Sabes que tienes un compromiso y que al final

te casarás con Angelines. -Por mi culpa.

-Camino, deja de decir eso.

El único culpable es aquel señorito que te forzó.

-Bueno, ya está bien.

Lo importante es que esa moza, Angelines, es una buena persona

y no sabe lo que ocurrió en Valdeza.

Ella es inocente de las maniobras de su padre,

es una víctima más.

Venga, preparad las mesas, que es tarde.

-Buenos días. ¿Se puede comer ya?

-Todavía es temprano.

-En mi pueblo, a estas horas ya hemos comido todos.

-En la ciudad se come más tarde, ya sabe, costumbres.

Camino, ¿por qué no acompañas a Angelines a dar un paseo?

-Lo suyo es que fuera con Emilio, que pa eso son novios.

-Pero tengo trabajo, empiezan las comidas y aún está todo por montar.

-Está bien, Camino y yo nos encargamos.

-Media hora es un buen paseo.

-Emilio, Ledesma tiene razón, vete a dar un paseo con Angelines

y vuelves en media hora.

-Venga, vamos.

-Solo si te apetece. -Vamos.

¡Eh!

-Toro.

-Ole.

(Risas)

¿Qué?

¿Se da bien la faena? -Ay, Mari Belli,

es que leí en el periódico

la crónica de la corrida de ayer en la Maestranza

y me han venido los recuerdos.

-¿Quién toreaba?

-Los hermanos Gómez Ortega, los Gallo,

Rafael y Joselito.

Y un tercero, que no sé quién era, pero ni me importa.

-Cuenta, cuenta, ¿cortaron oreja? -De dos en dos,

hasta un rabo cortó el mayor.

A ver si vienen por la ciudad y vamos a la plaza.

-¿Contigo?

No sé si iría, no se me olvida que aún sigo enojada.

-Morena, por favor,...

que yo no he hecho nada tan grave como para que no me perdones.

-El gran seductor. -Eso lo dicen los demás, pero yo no,

yo solo tengo ojos para mi Mari Belli de mi alma.

-¿Y por qué lo dicen?

-Digo...

por mi gracia torera,... que no es ni la mitad

de la que tienes tú con tu arte y tu voz.

Voy a por la guitarra.

-¿La guitarra?

Acompáñame. -No insistas, José,

que estoy enfadada, que ya te lo he dicho.

-Sí, pero el enfado ¿te va a durar toda la vida?

Para que se acabe, este momento es tan bueno como cualquiera.

Vamos allá.

-Ole, esas manos.

(Guitarra)

-# Morada,...

# déjame pasar, que voy...

-Toma ya.

# ...al cielo, que es mi morada.

-# Si quieres saber quién soy,

# soy el lucero del alba,

# por donde quiera que voy.

# Si quieres saber quién soy, soy el lucero del alba,

# por donde quiera que voy.

-Ole ahí. La más grande.

Es que no hay otra igual, ni en España ni en el extranjero.

-Ay, zalamero. -Ay.

-Enfadarnos tú y yo, que somos los que más nos queremos del mundo.

Que se enfaden los austrohúngaros con los turcos,

esos sí, pero ¿tú y yo?,

anda ya.

(Se abre y cierra una puerta)

Qué imagen para una hija.

Nada,...

tu padre, que si se confiesa y cuenta todos sus pecados,

el cura se hace cartujo del susto.

Bueno, ¿qué?

¿Cómo se han dado las clases?

Bien,... pero mejor el flamenco que esto de la lírica.

Qué pesadita "La donna è mobile".

Yo le cantaba: "Un automóvile, dos automóviles...".

Mira qué guasa, así me gusta, que haya chacota en esta casa.

-Bueno, ¿y qué?

¿Es tan buena profesora como dicen? Supongo que sí,...

pero el problema es que yo ahora mismo no tengo cuerpo

ni para clases, ni para cantar ni para nada.

Me voy a cambiarme,

que Arantxa me ha dicho que la comida está casi lista.

Sigue igual de desanimada.

-No, déjala que siga cantando,

que la música amansa a la fiera.

Mira qué has conseguido tú de mí con un fandango.

-Es que eres mi reina, mi reina. -Olé.

-Bueno,...

pues ya hemos terminado, ¿no?

-Ya está la mantequería tal cual estaba antes.

Bueno, incluso mejor que antes que tuviéramos que cerrarla.

No sabes las veces que he soñao con ella.

-Pues ya la tienes.

Los sueños, que a veces se cumplen, Lolita.

-Cuando era niña cerraba los ojos y me imaginaba una vida

muy parecida a la que tengo ahora.

-Te felicito,... por la mantequería, por tu hijo.

-Mi Antoñito. -También.

-Y mi suegro, libre y feliz con usted.

-Gracias.

Yo pensaba que no me iba a poner nerviosa con lo del casamiento

y estoy hecha un flan.

-Bueno, pa no ponerse, pero to va a salir bien, ya lo verá.

-Eso espero.

Si no me necesitas y ya hemos terminado, me voy.

Le dije a Ramón que iríamos a dar un paseo.

-Vaya, vaya, y muchas gracias por la ayuda.

-Anda, mujer, luego te veo.

-¿Has visto a don Liberto? -No.

-Pues nada, que ya lo he vuelto a perder.

-¿Es que lo estás vigilando, Casilda?

-Sí, me lo ha mandao doña Susana.

A mí me da cosa tener que vigilar a mi señor por un lao,

y por otro es que lo pierdo cada dos por tres.

Ende luego que soy una espía calamitosa.

-¿Y pa qué quiere que lo vigiles? -Para que no haga locuras, digo yo.

-Pos anda que tú ibas a poder impedirlas.

-Bueno, una hará lo que pueda hacer, que no me piden más de lo que puedo.

Voy a seguir buscándolo.

-Espera.

Genoveva me ha escrito una carta. -¿Para qué?

-Que antes nos llevábamos bien, luego no, y...

que si quiero que volvamos a ser amigas.

-Pos dile que sí.

-¿Tú crees?

-Sí, hombre. Pa enemistarte siempre hay tiempo,

pero te digo una cosa: ándate con cuidaito con ella.

-Tienes razón, lo pensaré.

-Mira, por ahí va mi señor, me voy tras él.

-Hola, Marcelina, ¿qué tal? -Ay.

-¿Tiene usted el periódico vespertino?

-Sí, sí, claro.

Aquí tiene. -Muy bien.

-Pero ¿ha pasao algo en el mundo pa leer dos periódicos en el mismo día?

-En el mundo no, en la Maestranza de Sevilla.

Ha debido ser una corrida apoteósica, que dice don José,

el Gallo y el Gallito, dos toreros.

-Parece un gallinero.

-Y tanto.

Pues está don José que no quiere perderse lo que hagan estos dos.

¿Me apunta el periódico en la cuenta, por favor?

-Sí, claro, pero aguarde un momento, seña Arantxa.

-Dígame. -Tengo que hacerle una consulta.

-Adelante, pues. -Se trata de doña Bellita.

Quiero hacerle un presente pa poder compensarles

por lo que hizo mi Jacinto, ¿qué es lo que más le gusta a ella?

-Las joyas, todo lo que lleve oro y plata,

le rechifla. Al oro, a veces,

hasta le llama colorao, pero oro es.

-Seña Arantxa, que soy pobre, algo más barato.

-Pues un abanico.

Bueno, tiene que ser con varillaje de nácar

y con la tela pintada a mano.

-¿Y eso es barato?

-Pues no, Marcelina, cuesta más el abanico que una merluza.

-Uy.

-¿Sabe qué se me está ocurriendo?

Si hay algo que les guste en este mundo a don José y a doña Bellita,

eso es comer.

Tienen un saque que parecen vascos.

Les compra, por ejemplo, un calamar de potera,

les va a dejar encantaos. -Uy.

¿Un calamar de potera? -Sí.

-Esos no los traen a menudo por el mercao.

-Bueno, mujer,...

quien dice un calamar de potera dice cualquier otra cosa.

Usted lo compra, yo lo cocino y se van a quedar la mar de felices.

-Déjeme que les prepare yo una buena pitanza.

Pa mí será un gran honor cocinar pa la gran Bellita.

-Pues muy bien, usted solo me dice cuándo quiere que se lo sirva

y Bellita se va a quedar feliz.

Y perdóneme, porque está don José esperando

el vespertino como agua de mayo. -Agur, pochola, "eskerrik asko".

-¿Qué casco?

¡Con Dios!

Señora,...

¿no quiere que la cepille yo?

¿No me dará tirones?

Por supuesto.

Ayer me dijo que estaba de mi parte.

Y lo estoy, señora.

¿Y por qué le ha hablado a mi esposo de los seguros?

No dije nada sobre la procedencia del dinero de la inversión.

Es igual,... le puso sobre aviso.

No dije nada de lo que no se hablara en la calle,

mejor que lo escuche en casa.

Que don Alfredo esté tranquilo y sereno

es lo mejor que nos puede pasar.

¿No estará pensando en cambiar lealtades?

No, señora,...

pero tal vez tendría que pensárselo usted.

Junto a don Alfredo,

las tormentas serán menos tenebrosas.

¡Harta!

¡Harta me tiene con sus consejos interesados,

harta de que trate de medrar con mi esposo!

¿Quién le dio el dinero para la inversión de Ramón Palacios?

¡¿De dónde lo sacó?!

Recuerde la promesa que me hizo. Nada de preguntas.

Yo tampoco le pregunto a usted... por qué se traiciona

a sí misma ayudando a los vecinos que tanto deseaba hundir.

No me cuestione. No lo hago, señora.

Y no lo haga...

o me encargaré de que todo el mundo sepa cómo llevó a Agustina

hasta la desesperación para que quisiera quitarse la vida.

Usted estaba de acuerdo.

Será su palabra contra la mía,...

y usted no goza de mucha simpatía en este barrio.

(SUSPIRA)

-Doña Susana, no es por ahorrar, es solo por avisarle,

se ha echado usted cuatro cucharillas de azúcar en el café.

-Es la única forma de endulzarme la vida, en los últimos tiempos

todo es acíbar.

-¿Usted cree que doña Rosina se ha ido para no volver?

-Qué poco conoce a Rosina, es más terca que una mula.

O mucho me equivoco o acaba hablando portugués,

como la criada de don Felipe, la morenita.

-Pues a mí me encantaría hablar varios idiomas:

inglés,

francés,... -Jesús, María y José, qué disparate,

como si no pudiéramos entendernos bien en castellano.

Si acaso, un poco de francés,

y solo para saber lo que pone en las revistas de moda de París.

-Seguro que pronto le escribe, hasta puede ir a visitarla a Lisboa.

-Dios me libre.

No voy a Italia o a París a ver a mis hijos, voy a ir a ver a Rosina

a Lisboa.

Además, ahora no puedo dejar solo

a mi sobrino Liberto.

-Por cierto, ¿cómo está?

-Destrozado,...

pero la procesión la lleva por dentro,

como se le ha enseñado desde que era niño.

-Ayer estuvo aquí tomando café,

y esta mañana le he visto sentado en un banco leyendo el periódico.

Parecía tranquilo.

-Guarda las apariencias como un caballero que es,...

pero, si le digo la verdad, yo no me lo creo.

-Desde luego, usted lo conoce mejor que yo.

-Mejor que nadie,... mejor que su esposa.

Le he dicho a Casilda

que vigile a ver qué hace.

He quedado aquí con ella para que me reporte.

-Mire, ahí está.

Las dejo solas.

-Doña Susana, yo no valgo pa la vida de espía.

-¿Has estado al tanto de mi sobrino?

-Sí. Siempre y cuando he podido, no se me ha escapao,

porque este hombre es más escurridizo que una anguila.

-¿Qué ha hecho?

-¿Quiere que se lo cuente todo?

-Claro, cuanto antes empieces, antes acabamos.

-Se ha levantao bien temprano, y antes de asearse

ha hecho sus necesidades, porque otra cosa no,

pero don Liberto es como un reloj.

-Casilda, no me interesa las veces que ha ido mi sobrino al lavabo.

-Entiendo, entonces no quiere que se lo cuente todo, todo.

-Lo más importante.

-Eso, se ha levantao bien temprano,

se ha ido a leer el periódico a un banco en el parque,

ha estao un rato en el despacho, ha dao otro paseo

antes del almuerzo, ha almorzao con buen apetito,

se ha echao un rato la siesta

y ya está, sí, ya está.

-O sea, nada raro.

-Na de na.

-Demasiado normal todo.

Algo está tramando. ¿Cómo va de ánimo?

-Está tristón, pero tampoco es una cosa exagerá.

-¿Ha hablado en algún momento de Rosina?

-Conmigo no.

-Es todo muy extraño, no sé cómo interpretar su calma.

O a lo mejor no lo es tal.

-Doña Susana, yo creo que el señor está resignao

por la marcha de doña Rosina.

-¿Tan pronto la ha olvidado?

No, qué va. Tú sigue vigilándole.

-¿En serio? ¿Tengo que seguirle cada vez que salga a la calle?

Doña Susana, que no voy a dar abasto,

que también tengo que limpiar la casa.

-Bueno, pero si ves algo extraño, vienes y me lo dices.

-Sí, está bien,

y perdóneme, pero con esto de vigilar,

ni siquiera he ido al mercao a hacer la compra.

-Pues ve, que te van a cerrar.

-Pues sí. -Corre.

-Con Dios.

Buenas tardes, Lolita.

Dígame lo que quiere, se lo sirvo y se va.

Eso significa que no soy bienvenida aquí.

Aquí se atiende a to el que entre y pague,

que pa eso es un negocio abierto al público, ni más ni menos.

No sé qué pedirle.

Póngame un paquete de esos que tiene preparado.

Ea. ¿Se lo apunto en la cuenta de su casa?

Úrsula viene tos los viernes a pagar.

Lolita, por favor, ¿no has recibido mi carta?

La he recibío,...

pero ya me llevao bastantes decepciones con usted

como pa tener más. No la culpo.

Me arrepiento de todo lo que he hecho mal,

pero me he dado cuenta que usted es la única persona

que me ha tratado con afecto y con sinceridad.

Mire,...

si me engaña una vez, la culpa es suya, pero si me engaña dos,

la culpa es mía por majadera.

No creo que sea ninguna majadera, lo contrario,

es usted una de las personas más sensatas de este barrio...

y con la única con la que yo me abriría.

Ya le dije en la carta que tenía un secreto

que solo le puedo contar a usted.

¿Y por qué a mí? Porque sé que me va a escuchar,

y me va a aconsejar. Pos yo no sé na de la vida.

Yo soy de pueblo, fui criá y ahora tengo una mantequería,

yo no sé na de los secretos de señoras.

Solo necesito que me escuche.

Está bien, hable.

¿No puede ser con un té delante?

No, este es mi trabajo, y no me puedo mover de aquí.

A to lo más nos podemos sentar mientras no entre otra clienta.

Sea.

Lo que quiero decirle tiene que ver con mi esposo, con Alfredo,

y es con algo con lo que no sé cómo comportarme.

La maltrata.

Me lo dijo en la carta. Sí, pero no a golpes, no crea.

Alguna vez sí, pero no es lo habitual,...

esto es otra cosa, más de cabeza, de hacerme sentir como un trapo.

Hay tantos así,...

pero recuerdo el buen guantazo que le dio con lo de Liberto.

Me avergüenzo tanto de aquello,...

pero esto es distinto, mucho peor.

Preferiría 100 palizas antes de lo que le voy a contar.

Si he tenido algún desliz, que lo he tenido y me arrepiento,...

es porque mi esposo no me pone un dedo encima.

¿Se refiere a la intimidad? Sí.

Yo ahí no puedo decir qué hacer,

no me he visto en esas.

Mi Antoñito conmigo es mu fogoso.

Alfredo tiene otros gustos,...

se siente atraído por otros hombres.

Jesús.

Yo he conocido a otros, pero no eran unos monstruos,

eran personas normales y corrientes,

algunos mu buenos y mu santos, pero no estaban casaos con una mujer.

Es que eso no es todo.

Algunos de sus amantes han estado en casa,

y Alfredo les golpea, les maltrata.

Son jóvenes indefensos y débiles que caen en sus manos.

Yo no sé qué decirle. No, Lolita, no diga nada,

yo solo busco una amiga, alguien a quien poder contarle

mis inquietudes, que me entienda, que sepa por qué lloro,

por qué algunas veces hago las cosas mal.

Es que...

Claro.

Aquí me tiene, tendrá un oído pa consolarse y un hombro pa llorar.

Lolita, gracias,

sabía que podía confiar en usted,

aunque ahora...

me avergüenzo de lo que le he dicho.

Pediré consejo,... a ver si puedo hacer algo por usted.

Me ayudaría.

Y ahora será mejor que me vaya,

volveré cuando me serene un poco.

Como quiera.

Gracias.

Qué raro, doña Genoveva aquí.

-No es na, suegro, que me quería encargar unas galletas.

-A las buenas. ¿Qué haces aquí?

-Ya ves, ver pasar a la gente.

-Pos vaya divertimento menos divertío.

-Se ve pasar más gente distinta aquí en un rato

que en el pueblo en to el año.

-Gracias.

¿Y es muy pequeño, tu pueblo?

-Una aldea, aunque está cerca de Santander.

Eso sí que es grande.

-¿Tiene mar? -¿Santander?

El mar Cantábrico, es más bonito.

A veces tiene unas olas... que son tan altas como un edificio.

-Madre mía, qué miedo.

-Sobre todo para los que están en un barco.

-Yo nunca he visto el mar. -Pues te gustaría.

Las ciudades son muy grandes, pero el mar... mucho más.

El mar es infinito.

A lo mejor un día lo conoces. -A lo mejor.

Pues al final va a resultar que sí que es divertido

mirar a la gente pasar. -No hay dos iguales,

y cada uno es distinto del otro.

¿Vives aquí hace mucho? -Ni recuerdo el día que llegué aquí.

-Entonces conoces a Emilio hace mucho.

-Ende que llegó con la madre y con la hermana.

-Y... ¿tú sabes si ha tenido otras novias antes que yo?

-Pues... ¿sabes? Te he mentido.

Sí que me acuerdo de una cosa que me dijo mi señora

el día que llegué aquí.

-¿Y qué fue? -Que en boca cerrá no entran moscas.

-Eso es que sí,

que ha tenido otra novia.

-Eso es que callaica estoy mucho más guapa.

Eh...

Perdona, Angelines, me voy a tener que marchar, no vaya a ser

que mi señor me esté buscando.

Hale, a más ver.

-¿Qué haces aquí?

-Pensar.

¿Puedes sentarte?

-Solo un momento, que ando con prisa.

-Aquí todo el mundo anda con prisa, se vive mejor en el pueblo.

-En eso tienes razón.

Bueno, ¿querías decirme algo?

-Nadie me ha dicho nada, pero...

me he dado cuenta que andabas con amoríos con otra moza

antes que yo.

No hace falta que me digas que no,...

porque soy de pueblo, pero no soy tonta.

-Nunca he pensado que lo fueras.

-A mí nunca me has disgustao, eras de los más apañaos del pueblo,

pero eso no quiere decir nada.

Si a ti te gusta otra, no hay nada que hacer, digan lo que digan

tu madre, mi padre o el papa de Roma.

-No entiendo lo que quieres decir.

-Pues está muy claro, que si tú no te quieres casar conmigo,

lo mejor será que cada uno tire por su lao, ¿no?

Que a mí también me gustaría ser feliz algún día.

Piénsatelo...

y ya me dices.

-Bebiendo solo. Yo nunca le había visto beber solo.

Señora, ya es tarde. ¿Está segura que no quiere cenar nada?

Es la tercera vez que me lo pregunta: No.

Hasta que llegue el señor no quiero cenar.

Disculpe, aguardaré en la cocina.

Un momento, Úrsula.

¿Ha llegado algo para mí? No, señora.

Si me dijera lo que está esperando, quizá yo podría ayudarla.

Si me llega una nota, démela de inmediato.

Como guste, señora.

Señora,...

sé que va a enfadarse conmigo, pero creo que es mi obligación

decírselo. Olvídese de don Felipe.

Fuera.

¡Fuera de aquí!

No puedo.

No puedo olvidarlo.

(Se cierra una puerta)

Buenas noches. Alfredo, buenas noches.

¿Quieres cenar?

Sí.

Algo ligero, lo tomaré en mi habitación.

Úrsula.

Le pediré que te lleve algo, tardará solo un momento.

Sí, después solo quiero darme un baño y...

He tenido muchas reuniones esta tarde y estoy cansado.

¿Al menos han sido fructíferas?

No.

No mucho, todavía no sé en qué invertir el dinero.

Mañana tendré más reuniones.

Trabajas demasiado,

deberías descansar.

Tal vez dedicarte a asuntos más placenteros.

¿Contigo? (RÍE)

Sabes que reconozco tu belleza, pero...

sigo siendo insensible a tus encantos.

Hoy he estado en el centro, en una tienda,

probándome un vestido, ¿a que no sabes

a quién me he encontrado?

No tengo ni la más remota idea.

A un antiguo amigo tuyo, a Eladio Sánchez.

¿A Eladio?

El mismo. Y sigue tan apuesto como siempre.

Te estoy animando a que tengas un encuentro con él,

lo confieso.

¿Y qué buscas con esto? Porque tú no mueves un dedo

por nadie si no tienes un interés. Te equivocas.

Si quiero que te diviertas con él es porque me siento mal

por lo sucedido con Felipe. A mi señor le ha dao por el alpiste,

y no el de los pájaros precisamente.

-Pos no le pierdas ojo, que como se aficione a la botella,

no va a haber quien viva en esa casa.

-Ya, ya, lo sé.

-Angelines, quiero...

pedirte perdón por no haber demostrado mucha efusividad

con tu llegada, pero es que...

me es muy difícil empezar una nueva relación con una persona

a la que apenas conozco. -Para mí esto tampoco es sencillo.

-Yo no me quiero meter en vuestras vidas,

pero ya sabes que si Lolita peca de algo, es de buena,

y la relación con esa harpía no le va a traer nada bueno.

-Si tiene razón, cuanto más alejados estemos de esa harpía,

muchísimo mejor.

-Yo no sé qué estará tramando, pero...

también la he visto abordar en mitad de la calle a Felipe.

-Calla, primo, pero ¿dónde va mi señor a estas horas

si no me ha dicho ni chus ni mus? -Pos donde quiera,

es lo bueno de ser rentistas, que no tienes que dar cuentas a nadie.

-Lo mismo va a darle al morapio, o a comprar alguna botella.

-No sé, un poco pronto, ¿no? -Anda, tira, tira.

-"También quería hablarle de Genoveva".

-Ya hemos tratado este tema,...

y por mi parte no tengo nada más que añadir.

-En realidad, de quien quería hablarle era de su marido.

Ha llegado hasta mis oídos...

una revelación tremenda.

¿Qué haces aquí?

No podía estar sin verte, necesito hablar contigo.

¿De qué quieres hablar, si Angelines ya está en el barrio?

Esta tarde no estaré en casa, voy a merendar con las señoras.

Quiero que usted me acompañe.

Lo siento, es imposible, tengo muchísimo trabajo.

Me da igual, Alfredo tiene que estar hoy solo en casa,

va a recibir una visita.

Venga conmigo, lo digo por su bien.

¿Me está usted amenazando?

No, la estoy protegiendo.

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Acacias 38 - Capítulo 1062

25 jul 2019

Casilda encuentra a Liberto bebiendo y mirando una fotografía de Rosina, la criada se teme lo peor.
Cinta comienza sus clases de canto, pero no le animan, continua triste. Emilio ve una oportunidad de volver con ella al saber que Angelines se ha enterado de que ama a otra persona.
Genoveva convence a Úrsula para que se ponga de su parte y desvela a Lolita el secreto más oscuro de Alfredo.

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  1. Mark Munoz

    Bueno parece que Mauro va a volver por algo,la muerte de Felipe o Ramon,enfin.

    26 jul 2019
  2. Marcela

    Manuel: El capítulo 1056 fue mas corto de lo habitual, porqué no sé.- Al inicio del video, en la parte inferior y como siempre sucede, están los minutos de duración del capítulo, en este caso es de 48:51, por lo que estimo está completo; igualmente se inicia con un diálogo nada trascendental ya que los términos son una reiteración de otros repetitivos entre ambos intérpretes.- En el supuesto que no hayan pasado parte del capítulo no creo nos hayamos perdido nada de real y vital importancia

    26 jul 2019
  3. crys lara

    a los nuevos personajes no los han agregado en la intro. ya no les ha quedado tiempo de modificarla??

    26 jul 2019
  4. Manuel

    Por favor, a ver si pueden solucionar el problema del capítulo 1056, que sigue empezado. Gracias.

    26 jul 2019
  5. Manuela Carmona

    Que arte tiene Jose (Manuel Banderas) y Bellita canta como los angeles dos pedazos de actores pero a mí Manuel Banderas me encanta con esa gracia y simpatía

    25 jul 2019
  6. Marilu

    No habiendome perdido ningún capítulo, me llama la atención la escena de hoy entre Felipe y Marcia; parecería que YA hubo algo entre ellos, aunque sea una conversación amorosa, sin embargo no recuerdo nada de ello, solo la atención cordial de Felipe hacia ella y una atracción de parte de Marcia hacia el , pero no más

    25 jul 2019