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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1054 - ver ahora
Transcripción completa

-Solo soy un hombre enamorado.

-No puedo decirle nada.

-He esperado años, puedo seguir esperando.

-¿Por qué me pregunta eso, señor?

¿Por qué pregunta si Marcia sabía lo del juicio?

-Por nada, Casilda.

-Perdí la voz por lo que pasó en Valdeza,

y justo ahora que la recupero, aparece...

Ledesma para recordarnos que aquello siempre nos perseguirá.

Los individuos que nos proporcionaron a Marcia

piden un segundo pago.

¿De cuánto estamos hablando?

El triple de lo que se fijó inicialmente.

-Como no hay jardín sin flores, tampoco hay barrio sin usurero

que sangre a la gente, y nosotros tenemos al nuestro:

los Bryce. -Por Lolita.

-(TODOS) Por Lolita.

-Ha tratado de ahuyentar al bueno de don Ignacio.

¿Quién le ha dado a usted derecho para meterse en mi vida?

-Doña Rosina, ¿ha pensado en su marido?

-Pero ¿a usted qué le importa? -Estoy hablando de buena fe.

Liberto no sabe nada de don Ignacio.

-Maldito Bryce y la madre que lo parió.

Ahora, que si ha ejecutado el contrato con Lolita,

que al fin y al cabo tiene el respaldo de un suegro negociante,

¿qué no hará con nosotros?

Jamás olvidaré ninguno de los favores que me ha hecho.

Me presentaré a reclamárselos... algún día.

-Por ahora me conformo con que no diga na de na,

a nadie de nadie, por favor. -Sabes que soy una tumba.

-Reclamaremos la anulación.

-¿Se te ha nublado el entendimiento solo por celos?

-No, Rosina, no es solamente por ese hombre que te visita,

pero entiende que no sería justo que yo ahora entrara en prisión y...

tú siguieras atada a mí.

¿No me vas a presentar a tu amigo?

Tengo que marcharme. Con Dios.

-¿Quién es la moza?

-Nadie. Una clienta del restaurante.

-Ese dinero que es nuestra esperanza,

tal vez la única, ha sido donado por doña Genoveva.

-¿Esa?

-Yo no lo comprendo, pero ¿por qué motivo ha tenido que hacer algo así

doña Genoveva?

-Vamos, la mar de extraño es esto.

Primero nos arruina y luego nos da dinero.

En mi vida he visto nada semejante.

-Mejor hubiera sido dejarnos en paz desde el principio

y haberse ahorrado ese trabajo.

-Doña Genoveva dice que se siente muy mal con todo lo ocurrido

e insiste en que su deseo no era ver a todo el barrio arruinado.

-Pues sí que se ha lucido. -Al entregarnos ese dinero,

pretende de alguna manera reparar el daño

que nos hizo a todos con la estafa del banco

y que los más damnificados puedan salir del pozo

en el que se han visto metidos. -Pues va lista si con eso

piensa ganarse nuestra simpatía.

Esa harpía ha hecho un roto en nuestras vidas

¡y no va a arreglarse por poner cuatro duros sobre el mantel!

-Créanme cuando les digo que no es esa su intención.

Nos pidió que mantuviéramos en secreto el origen del dinero.

-Sean cuales sean los motivos,

hay que reconocer que es un buen gesto.

-Pues si en tanta estima nos tiene, que se hubiera quedao lejos,

que na bueno ha pasao desde que llegó.

-El caso es que si aceptamos este dinero,

nadie puede saber de dónde viene.

Si alguien sabe que nos lo ha dado ella,

podría ocurrirle algo terrible.

-Eso es cierto, todos sabemos cómo se las gasta el marido.

-No saben hasta qué punto de peligroso.

Genoveva vino a mi casa con el labio partido por un golpe de Alfredo.

-Pobre mujer,...

igual ese hombre le obliga a hacer tales vilezas.

-¿Quién puede asegurarnos que no os esté engañando otra vez?

-Porque el dinero está sobre la mesa, doña Rosina, eso se ve.

-¡Sí, eso se ve, pero ¿y qué, cuáles son sus verdaderas intenciones?!

Si no tuvo reparo en engañarnos,

¿quién asegura que ahora dice la verdad?

-Eso no podemos saberlo,

pero tenemos que confiar en sus buenas intenciones.

-Estoy de acuerdo con Felipe.

No podemos saber cuánto hay de sincero en todo esto,

pero nuestra única certeza

es que ese miserable es capaz de todo,

y ella se está arriesgando por nosotros.

-Antes de seguir adelante, quiero el compromiso de todos

de que se va a guardar silencio. La seguridad de Genoveva

está en juego. ¿Entonces?

¿Se comprometen?

-Sea como usted dice, a la fuerza ahorcan.

-Entonces entiendo que todos queremos seguir adelante.

-No, yo no estoy de acuerdo,

yo prefiero verme en el arroyo

antes de aceptar el dinero de esa mala pécora.

-Sigo siendo tu esposo y creo que soy yo

quien debe tener la última palabra.

Aceptaremos el dinero por el bien de nuestra casa.

-Rosina, haz caso a tu marido.

-Entiendo entonces que todos aceptamos ese dinero

con la condición de no revelar su procedencia.

¿Alguna réplica?

Bien.

Tomaremos el dinero y lo invertiremos

en la compañía de seguros La Tizona.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Bueno, parece que nos está cambiando un poquito la suerte.

Últimamente nos estaban tocando muy malas cartas.

-Yo no termino de estar tranquila de eso,

porque esos malajes de los Bryce no nos han traído nada bueno.

-Buah.

Mira,... no te voy a enmendar la plana,...

pero esta vez es distinto.

En vez de pedirnos el dinero, nos lo han traído, y no hay poco.

-Pero puede ser un regalo envenenado,

como aquellos que regalaron el caballo de madera en aquella ciudad

y al final estaban todos apostados dentro para matarlos.

-El caballo de Troya. -Bueno, de Troya o de troyo,

el caso es que no me fío de esa gente.

-No, si de fiar no son,

pero tendremos que agarrarnos a este clavo ardiendo,

eso o vender los muebles pa llenar la despensa.

-Hay que ver dónde hemos llegado.

Nosotros, que lo hemos sido todo en el mundo del espectáculo.

-Bueno, ya verás como todo se va arreglando, rosa.

-Dios te oiga, pero a mí me sigue dando reparo volver a tratar

otra vez con gente tan poco de fiar.

-Eso sí que me preocupa.

Don Alfredo,... don Alfredo es

un hombre peligroso,.. con mucho poder,...

y no va a tomarse bien eso de ver como asomamos la cabeza.

-Pues se tendrá que hacer a ello.

Porque si se trata de llevar mi casa adelante, saco las uñas

como un tigre y me llevo por delante a todo el que sea menester.

-De eso no tengo ni una duda.

Me acuerdo cuando empezaste a cantar,

que llevabas una faca en la liga.

-Y más de uno se llevó un pinchazo, o por tener la mano muy larga

o por no querer pagarnos nuestros honorarios.

-Qué locos éramos de jóvenes. -De verdad.

Todavía me acuerdo el día que le abriste la cabeza

a aquel del público que no paraba de echarme piropos.

Anda que no tuvimos que correr ese día.

-También fue mala suerte que resultara ser el alcalde del pueblo.

-Hay que ver, que en todos estos años hemos salido

de un montón de berenjenales.

-Sí, como saldremos de este, porque ¿qué tenemos que perder?

¿Eh? ¿El teatro? El teatro se nos metió fuego,

las aceitunas nos salieron rana, y ahora, para rematar,

lo del Banco Americano. Peor no nos puede ir.

-Te voy a decir una cosa: si ese Bryce viene a por nosotros,

estaremos esperándole,

y no vamos a estar solos, no,

van a estar todos los vecinos a nuestro lado

por si hay que plantarle cara.

-Me vuelves loco cuando te pones así, gitana mía.

-Ay, qué guapo.

-(CARRASPEA)

-Nada, venía a preguntarles qué querían de cena,

pero si están ocupados, vengo luego.

-Cualquier cosa nos vale, mujer. Haz la sopa de picadillo, la merluza

y corta un poquito de jamón por si nos quedamos con hambre.

-Jesús, bien ha tenido que ir la reunión, porque eso es prácticamente

todo lo que nos queda en la despensa.

-Todavía no podemos contarte,

pero puede que mejore nuestra situación económica.

Si todo sale bien, volveremos a estar como antes y en poco tiempo.

-Ay, no saben cómo me alegro, señores,...

porque yo ya pensaba: "Como empeore esto un poco más,

me veo cocinando el papel pintado de las paredes al pilpil".

Ahora solo falta que se anime un poco Cinta.

-¿Y por qué dices eso? -¿Qué le pasa a la niña ahora?

-¿Qué le va a pasar, señor?

Su relación con Emilio, que no va todo lo fina que debería.

-Uy.

No tenemos un momento de sosiego.

Qué poco dura la alegría en casa del pobre.

-"Pienso que la reunión" ha sido todo un éxito.

No esperaba que todos los vecinos aceptaran nuestro plan

sin poner un solo pero.

-La mayoría estamos con el agua hasta el cuello,

es normal que acepten

cualquier propuesta.

-Todos... menos Rosina.

Qué mal lo ha debido pasar cuando su esposo le ha dicho

que debía obedecer lo que se le proponga.

-Lo ha hecho por su bien. No es momento para escrúpulos,

la situación de Rosina es muy apurada.

-Ya lo sé, Ramón,...

pero quizá ella prefiera terminar pobre, pero con su orgullo intacto

a tener que tragar aceptando dinero de la mujer

que ha arruinado su matrimonio. -Eso es algo que solo le concierne

a Liberto y Rosina, son ellos los que tendrán que llegar a un acuerdo.

Han aceptado el dinero y se han comprometido

a guardar el secreto.

-Nosotros debemos hacer la inversión lo antes posible.

-Desde luego, como que en un instante me marcho

a las oficinas de la compañía para darles el dinero y...

hacer otra gestión.

-¿Otra? -Sí.

¿En qué anda pensando?

-Voy a intentar, y a ver si lo consigo,

que me den un adelanto de los dividendos.

-No ha hecho la inversión y ya está pensando en un anticipo.

-Espero que el buen nombre de tu padre en la ciudad

me sirva de aval y consiga ese dinero,

porque podríamos recuperar la mantequería.

-Eso sería maravilloso, pero lo veo demasiado complicado.

-Desde luego,

pero si no lo intento no sabremos si es posible o no-

-Como que sería una bendición para Lolita, la pobre últimamente

está destrozada.

-Le he llevado una tisana y ni la ha tocado,

me ha dicho que la dejase a solas,

que no quería compañía de nadie.

-No se lo tengas en cuenta, es que no levanta cabeza.

-Es normal, Antoñito.

Ha puesto mucha ilusión en ese negocio,

es la mitad de su vida.

-Yo no sé qué le haría a Alfredo si por su culpa le pasa algo a Lolita.

Le estrangulo. -Sosiégate, hijo,

que eso no son formas de afrontar este problema.

-Sé que la violencia no conduce a ningún sitio,

pero desde que supimos que íbamos a perder el negocio,

Lolita ha ido languideciendo.

-Eso es cierto,... cada vez está más marchita y más preocupada,

sobre todo desde que descubrió que doña Genoveva

estaba en el ajo.

-No podemos dejar que ese malnacido se marche

como si no hubiera hecho nada.

-Por supuesto que no, pero todo a su debido tiempo.

Lo primordial es que tu esposa recupere el local,

lo demás ya se verá.

Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que podamos

volver a estar como antes.

-Es usted un gran hombre, padre.

Lo único que podemos hacer nosotros, y prácticamente todo el barrio,

es estarle agradecido. -No hay nada que agradecer,

yo solo trato de cuidar a los míos.

-No deja de darme motivos para estar orgulloso de usted.

-Ya es suficiente de halagos por hoy,

así que pongámonos en marcha y a hacer las gestiones.

-¿Le acompaño? -No es necesario,

sé lo que tengo que hacer.

-Bueno, aun así, voy con usted,

quiero aprovechar y dar una vuelta antes de cenar.

-Vaya tranquilo, que yo le haré compañía a Lolita,

si me deja, claro.

-Me alegra mucho contar con tu compañía

en estos momentos tan turbios.

-Es momento de aparcar nuestras diferencias,

el juicio ya está en marcha.

He oído que Felipe te ha pedido que testifiques.

-Sí, pero tengo mis dudas.

-Pues no deberías tenerlas.

Tu testimonio puede ser crucial para la suerte de mi sobrino.

-Lo sé, pero no puedo evitar sentirme inquieta en este asunto.

-Rosina, no es momento para temores, es mucho lo que está en juego.

-Ya lo sé, por eso todo el día ando con un sofoco de los gordos.

No sé si sabré hacerlo bien cuando tenga delante a esa...

A Genoveva y al rufián de su esposo.

-Solo tienes que decir la verdad.

-¿Y si me hacen una pregunta

y no sé qué responder o la respondo mal?

-Ni que fueras una niña respondiendo un examen.

-Es que va a ser muy desagradable para mí, Susana.

Piensa que voy a tener que hablar de lo sucedido

entre Liberto y Genoveva,

de lo que ha significado ese engaño para mí.

¿Y si no le aguanto? ¿Y si me da un torozón allí mismo?

Menudo papelón delante del juez.

¿Y si no testifico?

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es.

Hola.

-Hola.

¿Puedo?

Le agradezco que nos deje a solas, tía.

-Como gustéis, una sabe de sobra cuándo está de más.

-Gracias por su comprensión.

-¿A qué vienes? ¿A desprestigiarme otra vez?

-No. Esta vez he venido por otro asunto.

-Te escucho.

-He venido a decirte que aceptaré y comprenderé lo que decidas hacer

con respecto al juicio.

Puedes ir o no ir, lo dejo a tu elección.

En realidad, yo nunca he querido que fueras.

Me duele hacerte pasar por ese trance

que sé que es terrible para ti.

-No. No sabes hasta qué punto.

-Ya.

También quería agradecerte que no dudaras ni un instante

que yo no cometí semejante barbaridad.

Aunque no puedas perdonarme,

entenderás que quiero justicia y mi libertad,

pero si no te ves con fuerzas de acudir, no vayas.

Y tan solo quería decirte algo más.

Rosina, hagas lo que hagas, pase lo que pase,

yo siempre voy a seguir queriéndote.

Y ya me marcho,...

que no quiero seguir importunándote por más tiempo,

ya es bastante la paciencia que tienes conmigo.

Por cierto,...

siento mucho cómo te hablé en el restaurante.

No me lo tengas en cuenta, por favor,

simplemente pensé que era lo mejor para nuestra economía, nada más.

-Emilio. Al final parece que la reunión

no ha ido tan mal, nos queda algo de esperanza.

-Así es, y nos hace muchísima falta.

Aunque me cuesta entender qué pretende Genoveva con todo esto.

¿Cómo es posible que haya podido cambiar tanto como para ayudarnos?

-Todo el mundo es capaz de cambiar

si se da cuenta que está yendo por el camino equivocado,

y nuestro deber ahora es apoyarla.

-Le veo muy optimista.

-Sí, hay que tener fe en nuestros semejantes,

y en que las inversiones en la compañía de seguros acabarán bien.

-Y tanto, así nos recuperaremos todos del descalabro

que hemos sufrido con el banco.

-Descalabro que casi nos lleva al arroyo a todos de cabeza.

-Esta salida que nos ha proporcionado su padre

llega en el momento justo,

estábamos abocados a una ruina ineludible.

-Sí, gracias a Dios y a mi padre, al final puede que todo salga bien

y que este barrio vuelva a ser lo que era

antes de la llegada de los Bryce.

-Ya solo queda que don Liberto salga bien librado del juicio.

El asunto está llamando mucho la atención,

algunos de mis clientes me han preguntado qué sé del tema.

Yo, por supuesto, he sido de lo más discreto.

-Ojalá salga absuelto. Se está haciendo mucho eco

de este caso, y si le condenan, Liberto no levanta cabeza.

Hace muy bien en frenar los comentarios.

-Sí, doña Rosina y don Liberto han sido muy buenos clientes

de nuestro negocio, es lo menos que podemos hacer por ayudarles.

-Confiemos en que mañana todo salga de perlas.

-Eso espero.

Bueno, voy a tener que dejarle, que tengo que acudir a una cita.

-¿Sí?

¿Una cita con un hombre sospechoso que anda últimamente por el barrio?

¿Le puedo preguntar quién es? -Sí, claro,

es un viejo amigo de mi padre con el que tengo que resolver asuntos

que quedaron atrás, asuntos de poco peso.

-No parece un asunto baladí. Con mencionar su nombre

se le ha ensombrecido el rostro.

-No, es simplemente que acabo de recordar

todo lo que me queda por hacer.

-Ya, no le quito más tiempo.

-Aurelio, ponle un café a don Antoñito.

-Don Antoñito, con permiso.

Verá, es que llevo unos días con una idea

que me ronda por la mollera para ayudar a don Liberto,

y quería preguntarle qué le parece.

-Sí, cualquier propuesta es bien recibida si se trata de auxiliar

a nuestro vecino, siéntate. -Muchas gracias.

Verá,...

había pensado que si no le absuelven,

pedir audiencia al Rey para que le dieran un indulto.

-No sé yo si Alfonso XIII estará muy por la labor de recibirnos.

-Es el Rey, es su trabajo, atender a sus súbditos.

-Sí, eso y gobernar, que no creo que le sobre mucho tiempo,

pero está bien tenerlo en cuenta,

porque si al final algo se tuerce,

tendremos que remover Roma con Santiago. Gracias.

-Yo voy a empezar a escribir la carta para pedirle audiencia.

-Eso es, tú no pierdas tiempo. Servando, por cierto,...

¿qué sabes de un tal Ledesma que anda últimamente por el barrio?

-Ah, sí, poca cosa, que...

se aloja en mi pensión, que lleva por aquí unos días y que viene aquí

a comer tres veces al día, bueno, le tratan a cuerpo de rey.

-Sí, ya me he dado cuenta que Emilio está demasiado pendiente de él.

-Yo no veo a nadie que le mime igual.

Creo que deben ser parientes.

Yo voy a lo mío. Gracias.

-Lolita,... llevo un buen rato buscándote.

¿Qué haces aquí parada, mujer?

-Dar un paseo pa bajar la cena, Carmen.

-Ya, será de lo que has cenado.

Si no te encuentras bien, ¿no será mejor que vayas a casa?

A reposar.

-No.

Es que me agobio metía en esas cuatro paredes.

-Bueno,... ¿prefieres que sigamos con el paseo?

No hace muy mala noche.

-Pos sí, así estaré más distraída. Enhebra, prenda.

-¿Sabes?

Creo que estamos de enhorabuena con lo del dinero.

Es posible que...

las cosas empiecen a irnos mejor a todos.

-Eso espero, porque si no, este barrio está más muerto

que el tío Cosme, que fue el primero en vivir en Cabrahígo

desde los tiempos en los que reinó el Carolo.

-Todo irá mejor, ya lo verás.

-Es posible,...

pero na va a ser como antes.

Esos dos han metío la desconfianza en el corazón de tos.

-Eso es cierto.

El barrio ya no va a volver a ser el mismo.

En esta vida...

todo son cambios, pero no son siempre para peor,

si no fíjate en nosotras.

Hemos pasado de criadas a señoras en cuestión de años.

-Yo no he notao mucha diferencia, pa mí ha sío to más o menos igual.

-Tú porque eres muy humilde, y más buena que el pan tierno,

pero a otras se les hubiesen subido los humos hasta las nubes.

¿Qué te preocupa, Lolita? ¿La salud, el dinero?

-Lo que está por venir.

No sé qué será lo próximo que pinten, pero no me extrañaría

que fueran bastos otra vez.

-¿Es que te encuentras mal de salud?

-Cansá,... y disgustá,...

pero no tengo más males,

como esos fueran pocos.

-¿Estás segura de que no tienes nada?

Es que no sé, te veo con muchas ojeras desde hace unos días,

a ver si va a ser anemia.

-Una siempre ha tenío más sangre que un gorrino.

Estoy desanimá, por lo de la tienda.

-Pues no te confíes

que hay que estar pendientes de los achaques que vayan viniendo.

Siempre es mejor prevenir que curar. -Que una siempre ha estao mu sana.

Será el aire de la montaña de mi pueblo, que me dio de chica,

que me ha curao por dentro. -Sí.

Una está bien hasta que empieza a sentirse mal.

Así, de golpe.

-Qué perra le ha entrao, que no,

que estoy mejor que una rosa.

Vamos, triste y preocupá,...

pero bien de salud.

Vamos pa casa, no vaya a ser que nos echen en falta.

-Anda, vamos.

-Don Felipe, ¿cree que voy convenientemente vestido

para presentarme ante el juez?

¿No le parece que voy de luto?

-El traje es perfecto, va usted impoluto.

-Pues espero que todo esto ayude para salir con buen pie de esta.

-Le noto nervioso,

debería tranquilizarse.

No le conviene presentarse así delante del juez.

-No puedo estar de otra forma, no las llevo todas conmigo.

-Todo va a salir de perlas.

Solo espero que ninguno de nuestros testigos nos falle.

-Eso puede pasar. -Confíe en mí,

tengo bien atada su defensa.

He estudiado todas las posibilidades,

tengo preparados todos los pasos a dar ante cualquier eventualidad.

Le puedo asegurar a un 99%, que usted va a quedar libre.

-Ese uno por ciento es precisamente el que me preocupa.

Una sola posibilidad de salir condenado me parece un mundo.

-Déjese de derrotismos y confíe en mí.

-Yo no dudo de su profesionalidad, pero ya no sé qué pensar.

-Es fácil, confíe en que todo va a salir bien.

-Y créame que lo hago, pero no tengo ningún motivo para ser optimista.

Mi imaginación se me dispara y me veo en una oscura celda

el resto de mi vida,

y hace poco que pasé por comisaría, y no quiero volver ahí.

-Don Liberto, por favor, tranquilícese,

todo va a salir bien. Usted va a terminar

como el conde de Montecristo o cualquier otro personaje.

La ley funciona,... y usted va a quedar libre, confíe en mí.

-Espero que no se equivoque.

-Señores.

He preparado un buen desayuno, tienen que "ser" fuertes hoy.

-Vaya, me alegro de verte tan recuperada.

Marcia, estás... resplandeciente,

muy cambiada, como si te hubieras curado.

-Es usted muy amable.

Estoy así por un remedio que me dio Casilda,

y como es un día muy importante,

he preparado pan de "queijo"

y bizcocho de yogur de Brasil, espero que les guste.

-Gracias, Marcia.

Me alegro que hayas vuelto al trabajo.

En fin,...

vamos a dar buena cuenta de estas viandas.

Sentémonos.

-Aurelio, quédate al cargo de todo, tengo que salir un momento.

Emilio, te estaba buscando. ¿Tienes un momento?

No, tengo un montón de asuntos que resolver.

Me podrás dedicar un minuto.

Quiero que sepas que no me gustó cómo me trataste ayer.

A mí me parece que no hice nada fuera de lo común.

No fue así.

Delante del tal Ledesma ese me trataste como una desconocida,

como si te molestara que nos vieran juntos.

¿Por qué iba a hacer tal cosa?

No sé, eso quiero que me cuentes.

Lo que sí te puedo decir es que me sentí despreciada.

No entiendo por qué te comportas así.

Creo que estás viendo fantasmas donde no los hay,

yo me despedí igual que siempre,

lo que ocurre es que tenía que ir a ver a mi visita.

Estos días estaré muy atento de Ledesma.

No entiendo por qué.

Ya te lo he explicado,

es un antiguo amigo de la familia y me ha tocado a mí atenderle.

A mí ese hombre me parece muy raro.

¿Estás seguro que es un amigo de tu padre?

Ya te estoy diciendo que sí,

¿por qué lo preguntas? No sé,...

la verdad es que parece un poco... rústico.

Bueno, ese no es motivo para despreciarle,

es una persona de lo más noble.

No digo que no,

pero los Pasamar sois mucho más refinados que él.

No me termina de encajar esa relación.

Es cierto que es un hombre de campo, pero...

en su tiempo fue uña y carne con mi padre,

una amistad que viene de sus años mozos.

Es una larga historia y ni tengo tiempo para contártela

ni creo que te interese.

A mí solo me preocupa que los dos estemos bien.

Y lo estamos, no tengas duda.

¿Seguro?

Sí, claro.

De acuerdo. Tienes razón, vamos a dejarnos de melindres

y dediquemos nuestro tiempo a cosas de más enjundia,

como estar juntos.

¿Qué planes tenemos para esta tarde?

Pues... ninguno, porque tengo un montón de cosas que hacer.

Más importantes que estar conmigo, ¿no?

No, nada es más importante que disfrutar de tu compañía,

pero sí son más urgentes.

No me puedo creer que no tengas ni un minuto para dedicarme.

Créeme, lo siento en el alma,...

pero hoy no podremos vernos, por mucho que lo lamente.

He de irme.

-Buenas.

Si busca a Emilio, se acaba de ir.

En realidad venía a tomarme un cafelito.

¿Se toma uno conmigo?

Sí, claro. Aurelio.

Pónganos dos cafés, y con algo de prisa.

Gracias.

Voy a acompañar a Lolita al juicio de Liberto.

¿Le puedo hacer una pregunta?

Sí. ¿Qué?

Usted es amigo de Emilio, ¿sabe si tiene algún problema?

No se comporta como de costumbre

y tiene reacciones que no son propias de él.

No sé cuál puede ser la causa de ese cambio.

Es cierto que está especialmente extraño,

más preocupado y distante.

Y coincide con la llegada al barrio de ese familiar suyo, Ledesma.

-"Entonces, ¿ratifica usted" su declaración?

Sí, señor juez, eso es lo que vi.

El acusado estaba forzando a mi señora.

Muy bien, puede sentarse.

-¿Va a venir tu señora?

-La verdad es que no tengo ni la menor idea.

-¿Acaso le has servido el desayuno?

-No. Me ha dicho que no me preocupara,

que me viniera aquí directamente, así que no la he visto.

Y tampoco sé qué está pensando hacer.

-Eres de poca ayuda.

-¡Silencio en la sala, silencio!

El abogado defensor tiene la palabra.

-Con la venia, su señoría.

Llamo a declarar como testigos a Agustina López y Casilda Escolano.

-Adelante.

¿Es cierto que ustedes estaban en la planta superior

del edificio Acacias 38 el día de autos a la hora ya citada.

-Sí, señor, las dos juntas.

-¿Había alguien más con ustedes? -Sí.

La Úrsula también estaba con nosotras.

-Justo en el momento en el que se produjeron los hechos, ¿cierto?

-Tan cierto como que estoy aquí.

-En ese momento, Úrsula vino a visitarme porque yo estaba enferma

y mandó a Casilda a recoger

un remedio que tenía en casa de su señor.

-Fue entonces cuando yo bajé

y descubrí el pastel,

vi a don Liberto refocilándose con doña Genoveva.

-¿Observó usted

violencia en el acto carnal?

-Ni una pizca.

Es más, hasta la señora disfrutaba con lo que pasaba.

-¿Cree usted que doña Úrsula pudo observar

esa supuesta escena?

-De ninguna de las maneras. Mientras eso pasaba,

ella estuvo conmigo. Es imposible que viera nada.

-Con la venia, su señoría.

Ruego al tribunal que no tenga en cuenta estas declaraciones.

-¿En qué basa su petición?

-Casilda es la criada de uno de los acusados,

y Agustina era la del abogado defensor.

Sus testimonios están viciados

por la relación que tienen con una de las partes.

-Este tribunal tendrá en cuenta su protesta

y no considerará a su testimonio.

-¿Podría hacer una pregunta más? -Adelante.

-¿Había con ustedes alguien más en el altillo?

-Sí, también estaba la señá Fabiana.

-Por Dios. Miente, Fabiana no estaba allí.

-¡Silencio, silencio!

-Con la venia del tribunal, llamo a declarar

a Fabiana Aguado.

Pueden retirarse, muchas gracias.

¿Usted estaba en la dependencia de Acacias 38

en aquel momento? -Así es, señor.

Con Casilda, Agustina y Úrsula.

-¿Cree que Úrsula pudo contemplar la supuesta violación de Genoveva?

-No, señor, eso no pudo ser posible,

porque ella estuvo todo el tiempo en el altillo conmigo y con Agustina

-¿A qué se dedica usted? -Regento una pensión en Acacias.

-¿Tiene alguna relación profesional con el acusado o con mi persona?

-No, señor, yo solo los conozco del barrio.

-Entonces lleva mucho tiempo trabajando allí, ¿no es cierto?

-Sí, señor.

De las que han servido allí, soy la más antigua con diferencia.

-Dígame, Fabiana,

como vecina y conocedora del barrio,

querría saber su opinión sobre el acusado.

-Protesto. La opinión de la testigo no es relevante.

-No se admite la propuesta, continúe.

-Don Liberto es sobrino de una comerciante del barrio,

a la que se le considera una de las sastras más importantes

de toda la ciudad.

El señor está muy bien casado

con doña Rosina, que es una señora de lo más pía y de lo más decente.

Siempre han sido un matrimonio de lo más querido.

Puede que como to los hombres,

el señor haya tenido un despiste con un asunto de faldas.

Pero yo, Fabiana Aguado,

pongo la mano en el fuego para decir que don Liberto

es incapaz de hacer lo que dicen que hizo.

-Gracias, Fabiana, puede retirarse.

¿Quiere que le ponga otro café?

No, gracias, ya tengo bastante alterados los nervios.

¿Qué le ocurre?

Estoy desasosegada por tu hermano.

Lleva unos días esquivo y no sé por qué causa.

¿Ha intentado hablar con él?

Sí, pero evita entrar en el tema.

Camino,

¿me puedes explicar si le pasa algo?

No lo sé.

Quizá...

tiene más trabajo últimamente y eso le haga estar más distraído.

Siempre ha estado ocupado.

Sé que el restaurante no os deja mucho tiempo de asueto,

pero esta vez es distinto.

No busca ningún momento para que estemos juntos.

No se me ocurre qué pueda pasarle.

¿Puede ser algo relacionado con Ledesma?

Emilio se comporta así desde que él llegó.

Me ha dicho que es amigo de vuestro padre, pero no me lo creo.

No sé qué más puede haber, es como Emilio dice.

Ay, Camino, me temo que me estás ocultando algo.

Ya vi vuestra reacción cuando os pregunté por él.

No sea desconfiada, verá como es algo pasajero.

Mi hermano a veces se agobia con el trabajo y no hay quien le trate,

pero... pronto estará como siempre,

ya verá.

Me encantaría poder creer tus palabras.

Pero tengo dudas.

¿Qué te debo? Nada, está invitada.

Gracias. A más ver. Adiós.

-Lo he escuchado todo desde la cocina.

-Me sabe mal actuar así con ella.

Me da mucha pena. -Lo comprendo, hija.

Pero no te apures por eso, por desgracia, y más pronto que tarde,

Cinta descubrirá quién es Ledesma.

Dígame, señora de Palacios,

¿desde cuándo conoce al acusado?

-Desde hace más de 10 años, cuando llegué a servir a la calle Acacias.

¿Podría definirnos cómo es la relación del acusado

con el resto de vecinos?

-Pues muy buena, don Liberto es todo un señor.

Cabal y sensato.

No le he visto un mal gesto con nadie.

-¿Ni siquiera con su esposa? -No.

Siempre ha sido la mar de atento y cariñoso.

Siempre la ha tratao como si fuera una reina.

Es más majo que las pesetas.

-¿Qué podría decirnos de...

don Alfredo Bryce? -Na bueno.

Ese tuercebotas nos ha estafao a todos y se ha quedao con mi negocio.

Él y su mujer son la piel del diablo.

Ella no tiene ningún escrúpulo en engañar a diestro y siniestro.

Y él es un sinvergüenza que vive de la estafa y del engaño.

-Entonces, afirma que este matrimonio le engañó.

-To lo que pudieron y más, y con la única intención de robarme.

Los muy ladrones...

Esa gente no es de fiar. -¡Señoría,

¿hasta cuándo se va a permitir que se manche mi nombre?!

-Le recuerdo señor Bryce que está ante un tribunal.

Compórtese con mesura.

-Señor Bryce, por favor.

-Gracias, señora palacios.

Puede retirarse.

Con la venia, su señoría,

la defensa llama a declarar

a doña Rosina Rubio.

-Adelante.

-¿Usted es la esposa del acusado? -Sí.

Desde hace muchos años.

-¿Cómo es don Liberto?

-Un buen marido.

¿Que le fue infiel?

-Cometió un error tremendo, pero me consta que se arrepintió al momento.

Él ni siquiera quería tener una relación con es...

Con esta mujer.

Fue un escarceo,

un instante de debilidad.

-Entiendo entonces que le ha perdonado.

-¿Quién no se ha equivocado en algún momento de su vida?

Señoría, yo creo que... a lo que todos aspiramos en un matrimonio

es a que en la balanza final,

las cosas buenas pesen más que las malas.

Y en el caso de Liberto, lo único malo que ha hecho en esta vida

es ese desliz con esta mujer.

En el lado de lo bueno, la lista es interminable.

Es atento,

cariñoso, buen esposo, paciente,

abnegado y entregado.

Un compañero que siempre ha estado a mi lado,

hasta cuando se nos han dado mal las cosas.

Es sin duda un hombre honesto.

Siempre ha tratado de hacerme dichosa, y lo ha conseguido.

Es verdad que ahora hay un borrón en nuestra felicidad,

pero lo mucho que hemos vivido juntos,

disculpa esa terrible torpeza.

-Gracias, doña Rosina, puede retirarse.

No tengo más preguntas.

-Rosina, Rosina, espera. -Rosina.

-¡Orden, orden en la sala!

Se levanta la sesión durante una hora.

Si que han venido pronto, Fabiana. -¿Y qué íbamos a hacer allí?

Después de hablar, estábamos de más.

-Tampoco nos hubieran dejado quedarnos, digo yo.

Qué mal rato he pasado declarando.

Para mí que el señor Bryce,

no dejaba de mirarnos, y con muy mal idea.

-Sí, se lo llevaban los demonios con lo que íbamos diciendo.

-Estoy deseando saber en qué acaba todo esto.

-Nos enteraremos pronto.

Servando ha ido al juzgado pa preguntar a don Felipe,

y luego se acercará a contarnos.

-¿En qué estarán ahora?

-Quién sabe, todavía tenían que preguntar mucho.

Esperemos que lo que hemos dicho sirva pa algo.

-Todo vale con tal de descubrir que Úrsula es una mentirosa.

Esto va a salir de perlas.

Don Felipe estaba sembrado.

No lance las campanas al vuelo, que hasta el rabo todo es toro,

y las cosas se pueden torcer cuando una menos se lo espera.

-Según cuentan, dudo que don Liberto tenga mucho que preocuparse.

He leído en el periódico un caso similar,

y el acusado ha resultado absuelto.

Le acusaban de ladrón y eso es menos grave.

-Ojalá sea cierto

y salga bien de esta.

Todo el mundo sabe que le han hecho una encerrona.

-Yo no me lo puedo creer hasta que no lo vea.

Últimamente están pasando cosas de lo más extrañas

en esta finca.

-Como la desaparición del dinero de la rifa.

-Por ejemplo.

Menudo disgusto que tengo.

Por más que lo pienso, no alcanzo a comprender

cómo ha podido rasgarse la limosnera.

-Lo mismo ha sido un truco para robarle.

-¿Usted cree?

-Un caco puede haberla seguido

y cuando no se diera cuenta, en el mercado o a la salida de misa,

rajar la limosnera y hacerse con el dinero.

-Muy habilidoso tendría que ser pa no darme cuenta que ha hecho eso.

-Hay rateros capaces de hacer eso y mucho más.

No saben la de técnicas que usan para mangar dinero.

Una de ellas es romper el fondo de las limosneras, abrigos

o donde quiera que guarden los cuartos.

-Lo único que sabemos es que el ladrón pelirrojo no ha sido.

-De eso estén seguras,

ya está en presidio, y según he oído, va a estar allí unos años.

-De poco consuelo me sirve a mí eso.

Por mi causa, hemos perdío un dineral.

En fin,...

Me bajo a la iglesia a pedir por don Liberto

y a ver si aparece el dichoso dinero.

A más ver. -Con Dios.

-Con Dios.

-Espero que tengas meridianamente claro lo que has de decir.

No tengo que recordarte quién eres y cómo comenzó este asunto.

-Ay, Felipe, qué bien ha estado Rosina en su intervención.

-Sí, lo ha estado.

Su declaración ayudará mucho a Liberto.

-¿Cómo se ha quedado ella, está bien?

-Está tomando el aire, ahora entra.

-Continuamos con la vista. Puede llamar al siguiente testigo.

-Con la venia, su señoría.

Se cita a declarar a doña Genoveva Salmerón.

Señora Salmerón,

hay una cosa que me ha preocupado durante estos días

anteriores a esta vista.

En su primera declaración, no quedó claro si la supuesta agresión

se produjo en el salón o en la entrada de su casa.

Fue en el salón.

¿Está segura?

En un primer momento habló de otro lugar.

No lo recuerdo, supongo que estaba alterada.

Entiendo.

¿Y no será por que tenía que ajustar su declaración a la de su criada?

Estos momentos son muy delicados para mí.

Ya.

¿Podría contarnos a todos

cómo la descubrió doña Úrsula?

No.

No lo recuerdo.

Tal vez sea porque Úrsula nunca entró en esa casa.

Tal vez sea Casilda la que entró

y la que descubrió todo. Ya le digo que no lo sé.

Son momentos muy confusos.

Comprendo.

Pero su confusión

y esa contradicción de la primera declaración

hacen que su testimonio sea más que dudoso.

Díganos,

¿estaba usted enamorada de su primer marido,

don Samuel Alday?

-Protesto, la pregunta no viene al caso.

-Protesta denegada. Continúe, abogado.

-Conteste, por favor.

¿Estaba enamorada de Samuel Alday? -Sí.

Le amaba.

Cuéntenos, ¿qué es lo que más valoraba en él?

Sus ganas de amar, sus deseos de vivir...

Cómo le brillaban los ojos cuando me miraba.

¿Reconoce esos atributos en su actual marido don Alfredo Bryce?

-Mi esposa no responderá a esa pregunta.

-¡Silencio!

Le advierto que no consiento este desacato.

-¿Es lo que quería conseguir de don Liberto?

¿Es eso?

No hace falta que conteste.

Puede retirarse.

No tengo más preguntas, señoría.

-Puede sentarse.

Todavía me tiemblan las canillas por el juicio.

Menudo tío más sieso ese juez, ¿eh?

Seguro que condena a todo el mundo.

Vaya cara de ogro que se gastaba. -¿Seguro que no te pasa nada?

Andas tan despacio, que hemos tardado una hora en volver.

-Bueno, ya te dije que pasé las de Caín ahí en medio.

Y que me han pegao to los calambres.

-Puedes estar orgullosa, seguramente tu declaración ayude a Liberto.

-Mejor hubiera hecho en no comer los buñuelos antes de ir al juicio,

todavía me pegan vueltas por la tripa.

-Hijos.

¿Cómo han ido las cosas?

-No sé qué decirle, padre,

don Felipe ha conseguido buenas declaraciones,

pero todo dependerá del criterio del juez.

-¿Cómo ha ido el juicio?

-Eso va pa largo, eh,

con tanta pregunta y tanta venia, su señoría.

La mitad de cosas que dicen no se les entiende.

-Buenas.

-Buenas.

Hemos ido a rezar un rosario para que todo salga bien.

-Han sido escuchadas, siento que el viento sopla a nuestro favor.

-Qué alegría.

-Menos mal, porque al ver la mala cara que traía Lolita,

me temía lo peor.

-Yo, yo estoy bien. Solo que estoy un poco fatigaíta

por los nervios que he pasao. -Don Felipe anduvo muy listo

al incluir tu declaración, Fabiana.

-Ya.

-Si me disculpan, tengo mucho trabajo en el restaurante.

Espero que esta misma tarde podamos celebrar la absolución de Liberto.

Con Dios. -Con Dios.

-Fabiana, hizo muy bien en contar ese embuste.

De no ser por usted, el juez hubiera creído a Úrsula.

-No me siento muy contenta de haber mentido.

Eso es un delito y un pecado.

-Fabiana, hay pecados y pecados.

Este es uno de los que se perdonan...

por ser un mal necesario para un bien mayor.

-Nadie más se va a enterar. Y los que ya lo saben,

no te lo van a tomar en cuenta más que para agradecértelo.

-Ahora solo queda esperar, esperar a ver qué pasa.

-Bueno, yo también tengo noticias.

Y no son malas.

He hablado con la compañía de seguros

y hemos negociado el adelanto, podremos recuperar la mantequería.

-Ay, señor, es usted lo más grande que ha pasado por estos lares.

Una estatua en la puerta de la mantequería hay que ponerle.

-Me conformo con un retrato al lado de la caja.

-Les felicito de todo corazón.

A ver si hay suerte, porque a mí me alegraría mucho seguir teniendo

vuestro negocio puerta con puerta con mi pensión.

-A ver, Fabiana, que no puede tener vecinos más fetén que nosotros.

Que na más tiene que alargar la mano pa comprar lo que necesite.

Bueno...

-¿Estás bien, Lolita?

-Estoy mejor que nunca.

Vamos a casa a celebrarlo. Venga.

Vamos, amor mío. -Ya veremos.

Estás muy rara.

-Yo les dejo también, que tengo mucha faena. A más ver.

-A más ver.

Ramón, quiero contarte algo, pero a solas.

Disculpa el retraso, acabo de recibir tu recado.

¿Qué sucede? No tengo mucho tiempo.

Vas a tener que hacer un esfuerzo y escucharme.

Que no me he puesto así de guapa pa que no me prestes atención.

Estás más bonita que nunca.

Perdona mis prisas, es que tengo la cabeza a punto de reventar.

No pretendo molestarte,

ni inmiscuirme en tu vida más de lo que corresponde a una novia.

Tan solo quiero hacerte ver que te amo con todas mis fuerzas.

Ya lo sé, sé lo mucho que te has sacrificado por mí,

esa gira hubiese significado el arranque de tu carrera

y preferiste quedarte conmigo.

Por eso te pido que seas sincero.

Si te ocurre algo o ya no me amas, dímelo,

pero no me hagas sufrir en balde.

Claro que te amo, con todas mis fuerzas.

Sería un necio si no lo hiciera.

Eres la mujer más maravillosa del mundo.

Entonces no entiendo. ¿Qué es lo que te sucede?

Es algo que ocurrió en el pasado.

Un asunto del que no puedo darte más explicaciones.

Créeme, es mejor que no abarquemos ese tema ahora.

¿Y cuándo va a ser un buen momento, Emilio?

Cada minuto que pasa estás más huraño y más reconcomido.

Creo que ha llegado el momento de que te sinceres.

Estoy aquí para lo que precises.

Sé que puedo contar contigo para lo que sea menester.

Entonces, ¿qué te pasa?

Dime la verdad, comparte conmigo tus cuitas.

Está bien.

Mira...

Emilio, contéstame, ¿qué está pasando? ¿Qué me ibas a decir?

Nada, nada, tengo que irme. Ya hablaremos en otro momento.

¡Emilio!

(RESOPLA)

Estoy más feliz que cuando empezaban las fiestas de Cabrahígo.

-Voy a por una botella de champán que tengo guardada.

-Espera un poco, no lancemos las campanas al vuelo.

Además, tenemos que tratar un asunto, siéntate.

-¿Qué ocurre? -Carmen, es mejor que lo cuentes tú.

-¿Yo?

-Pues... Haber, que...

Ayer te escuché hablando con Fabiana.

No dije nada porque no quería entrometerme.

Pero de lo que sí me enteré

es de que le has hecho una visita al médico.

Una visita de la que no nos has dicho nada.

-¿Cómo?

¿Cómo que has ido al médico y no has dicho nada?

-Bueno, no quería alarmaros. -Mujer,

se ve que no te encuentras bien.

Lo que tendrías que haber hecho es...

Contarnos lo que te sucede. -Hija.

Somos una familia.

Cualquier prueba que nos envíe el Señor podremos afrontarla juntos.

-No espero menos de los que estáis aquí.

Que...

Que me ayudéis con la que se viene encima.

-Lolita, dinos qué te pasa.

-Que...

está creciendo algo en mis entrañas.

-Ay, Lolita...

¿No será un tumor o algo parecido?

-No, no, no, ¿qué les ha dao? Que no.

Que lo que digo es que...

Que estoy embarazá, que llevo una criatura dentro.

-No entiendo nada, entonces no estás enferma.

-No, estoy cansá y me mareo, pero vamos que...

es lo propio de las mujeres en estado interesante.

-Lolita, si esa es la mejor noticia del mundo.

-(RÍE)

-Yo no le veo la gracia, menudo malentendido.

-¿Qué más da eso ahora?

Lo importante es que dentro de poco habrá una criatura en casa.

-Tienes razón. Hijo, deja de abrazar a tu mujer

y vete a por la botella de champán, que esto hay que remojarlo.

-Que va a ser abuelo.

-Voy a ser abuelo.

-Que va a ser abuelo, suegro. -Qué alegría.

No soporto más esta tensión, don Felipe.

No veo el momento de saber cómo acaba esto.

-Tranquilo, pronto saldremos de dudas.

El juez ya ha tomado una decisión.

-Que se ponga en pie el acusado.

Voy a dar paso a leer el veredicto de este juicio.

Tengo enemigos más importantes que don Liberto de los que preocuparme.

Estamos juntos en esto.

No soy yo quien parece haberlo olvidado.

Tienes que llevarle una nota a don Ignacio, citándole.

Necesito hablar con él sin más tardanza.

¿Cómo es posible que no supiéramos que Fabiana iba a testificar?

¿Para qué estamos pagando a la tal Marcia si luego no sirve pa nada?

Y hay dos explicaciones que justifiquen semejante error.

O que esa chica sea una incompetente o una traidora.

¿Qué pasa, que estás tan mohína? -Ay, Jose,

¿acaso no lo adivinas?

Mal de amores tiene la niña.

¿Y ese dinero?

-Vengo a que me devuelva la mantequería.

-No está en venta.

Tengo pensado derribar el local en cuanto me sea posible.

-No le perdonaré el daño que le ha hecho a mi familia,

pero descuide,

estoy seguro de que tarde o temprano,

el tiempo pone a cada uno en su sitio.

¿Desea alguna cosa, señor?

-Sí, asegúrate que nadie nos molesta.

Tengo asuntos importantes que tratar con doña Genoveva.

Temía haberla molestado al hablarle de mis sentimientos.

-Al contrario, me siento alagada.

No me cabe duda de que usted es una persona muy especial

que merece ser amada.

-No sé nada del tal Ledesma. -Llevo desde ayer

tratando de hablar con él, pero nada.

Quiera Dios que el aparcero no descubra nada.

Imagínate que se entera del amorío de Emilio.

Tarde o temprano se descubrirá lo que nos une con Ledesma.

Es inevitable.

-Un tal Ledesma pregunta por Cinta.

¿Ledesma?

Al parecer, tiene algo muy importante que comunicarle.

-"Me fallaste". -Se lo juro, lo intenté, pero...

-¡Marcia, hay una palabra que mis empleados tienen prohibida,

y es "pero"!

Mis órdenes se cumplen a rajatabla.

Sea cual sea su precio.

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Acacias 38 - Capítulo 1054

12 jul 2019

Los vecinos acuerdan invertir en seguros La Tizona. Ramón consigue un adelanto por parte de la compañía de seguros para recuperar la mantequería y Lolita anuncia a la familia que está embarazada.
Antoñito y Cinta están intrigados por la actitud de Emilio con Ledesma. La joven investiga, sin obtener resultados. Ledesma descubre juntos a Cinta y Emilio.
Las mujeres del altillo consiguen dar la vuelta al juicio desmintiendo el testimonio de Úrsula. Rosina declara en defensa de Liberto y Genoveva con su testimonio no deja opción a dudas de la inocencia de Liberto.

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  1. Mabi

    Que felicidad! Lolita embarazada!!! Será hora de que Antoñito se arremangue y ponga a trabajar para sustentar a " su familia "???? O seguirá viviendo a costa de su padre o pondrá a trabajar a Lolita si recupera la mantequeria?? Y a los guionistas...deseo de todo corazón que no malogren el embarazo, ni el nacimiento ni la vida de ese bb y de su madre...dejen a alguien ser FELIZ!!!!!! Gracias!!!!!

    17 jul 2019
  2. MariaA

    No entiendo por qué, si Genoveva ahora es buena otra vez y quiere redimirse, no dice la verdad de por qué actuó como lo hizo, sigue diciéndole a los vecinos que ella no ha hecho nada, más le valdría sincerarse de verdad, pedir disculpas y empezar de cero.

    16 jul 2019
  3. Edurne

    No entiendo por qué no han subido a la web los capítulos del día de hoy, tanto de Servir y proteger como Acacias, habiendo pasado horas de su emisión.

    15 jul 2019
  4. Saro

    Hoy hace exactamente TRES AÑOS que apareció, por primera vez, en Acacias el personaje de Liberto. Por este motivo quiero felicitar a JORGE POBES por haber "construído" un personaje que nos "enganchó" a much@s y nos ha proporcionado momentos inolvidables. Eres un actor extraordinario. ¡¡¡ FELICIDADES JORGE !!!!!

    15 jul 2019
  5. Marcela

    Me " saca de quicio " la parsimonia de Don Ramón, parece vivir en cámara lenta, tanto en sus acciones personales como así también tan " lento " en dar a conocer sus decisiones y planes, aún con su familia.- No entiendo que pretende Genoveva endeudándose para conseguir dinero para " AYUDAR " a los vecinos; a los que destruyó; ¿nos quieren vender a Santa Genoveva ? Estaría bueno que tome de la " medicina Ursula " a ver que tal le cae

    13 jul 2019
  6. Isabel del Rosario

    Cambios en los personajes de - Ursula: mala/buena/mala... - Samuel: bueno/malo/bueno... - Genoveva: buena/mala/buena... (venganza ¿tan extrema¿ no se justifica en el guion), y tambien en algunos otros aunque en menor medida Las inconsistencias de los personajes en cuanto a sus virtudes y maldades... obedecen a errores de los guionistas, a querer ganarsela teleaudiencia de novelas mexicanas en la franja de emision o a otros motivos ? Soy consciente que en las diferentes tramas los personajes no son nunca totalmente malos o totalmente buenos (novelas mexicanas, por ej ), pero en esos casos, oscilan entre ¿totalmente buenos - totalmente malos¿. Me gustaria si posible alguna respuesta. Gracias.

    12 jul 2019
  7. Ester

    El abogado de Alfredo descalifica las declaraciones de Casilda y Agustina por ser dependientas de Liberto y Felipe respectivamente. .- Felipe debió utilizar el mismo argumento con la declaración de Ursula,siendo ésta trabajadora en casa Brise ¿¿¿¿¿¿¿¿?????????? En algo habría ayudado hacerlo, el juez dudaría de esa declaración, tomandola como dirigida e interesada .- Flojito el abogado defensor

    12 jul 2019