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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1048 - ver ahora
Transcripción completa

No te metas en mi vida.

-¿Vas a ir con don Felipe a una fiesta?

-Sí, me ha convidado. -¿Y por qué?

-Pues para hacer de traductora con otros "brasileiros".

Queríamos hacer una rifa. -¿Pa qué?

-Pa ayudar a los señores.

Hemos de estudiar los puntos de su declaración y contradecirla.

¿Eso sería suficiente?

El juez podría suspender el juicio y su esposo nunca lo sabría.

-Nadie se puede enterar de lo que pasó en Santander.

Y sobre todo, cuidado con Cesáreo.

Me despido.

Solo quiero desearte que...

la decisión que has tomado sea la acertada

Hasta pronto.

-¿A qué decisión se refería, Cinta?

A la de no ir de gira, ¿a qué va a ser si no?

No he conseguido el capital suficiente para acceder al negocio

de los seguros.

Pensé que sería la solución para el barrio,

pero mucho me temo que tendremos que dejarla pasar.

-¿Era un amigo suyo de entonces? -¡No!

Era hijo de un amigo de mis padres. Coincidimos dos veranos...

-A él se le veía en la cara que usté le había gustao mucho,

y quizás ahora también.

¿Dónde has estado?

¿No tienes tú tus vicios? Pues yo tengo los míos.

-No quiero que ninguno le diga a Cinta que sabemos lo de Emilio.

De ese asunto me voy a ocupar yo personalmente.

Liberto es su segundo esposo, ¿no?

-Sí, aunque ahora...

-¿Tienen problemas?

Yo no sé si volveremos a estar juntos.

¿Has visto al hombre que ha salido de casa hace cinco minutos?

¿Quién era?

Quien pondrá a mi nombre la mantequería.

No puedes hacer eso. Tardará solo unos días.

Lo que... no sé

es lo que voy a hacer después con el local.

Has dicho que no desahucie a la mantequera.

Solo pretendo evitar que el barrio nos odie.

¡Eras tú la que odiabas al barrio!

Pero Lolita, como tantas, obedeció a su marido

y, es de las pocas que no me mira con desprecio.

¡Peor!

¡Los señores, al fin y al cabo, han mamado su prepotencia!

¡Pero ella, Lolita,

una criada con pretensiones,

una traidora a los suyos, alguien indigno por naturaleza!

Solo digo que no necesitamos tensar más la cuerda con los vecinos.

¿Es cierto lo que escucho?

¿Eres tú quien pide clemencia para ellos?

¡No te pido clemencia, te pido paciencia!

¡Hace dos días

me exigías más saña, más fiereza,

les querías arruinados,

arrastrados, aniquilados, algunos incluso muertos!

¿Qué está pasado, Genoveva,

qué me escondes?

No te escondo nada.

¡Apenas salgo de esta casa, ¿qué podría esconderte?!

Entonces,... es que te has ablandado.

No. Mientes.

Te sucede algo.

O te ha sucedido. Te equivocas, Alfredo.

No eres la misma, Genoveva.

Lo intuyo y no suelo equivocarme.

¿Desde cuándo te importa la vida de esos desgraciados?

¡¿Te has olvidado a qué hemos venido a estas calles?!

También yo tengo intuición,

y creo que estamos apretando demasiado a esos infelices.

¡Esos infelices no podrían hacer nada!

Está en la prensa, han convencido a un reportero...

¡Esto lo manejo yo! ¡No me voy a dejar acobardar

por un plumilla de medio pelo!

¡Solo digo que analicemos la situación real!

Uno a uno quizá sean inofensivos, pero juntos, ¡liderados...!

¡Unidos o separados siguen siendo los mismos cretinos!

Empiezo a pensar que no eres la mejor socia.

No tienes lo que hay que tener.

(Puerta)

Con perdón, señores,

creo que es mi deber advertirles

que los gritos se escuchan desde la escalera.

¡Es mi casa y grito lo que me da la real gana!

Pierda cuidado, Úrsula,

las voces se han terminado.

¿Adónde vas? ¡Vuelve aquí!

Con el debido respeto, señor,

sería mejor que contuviera su enojo, su justo enojo, diría yo.

No sé lo que voy a hacer con ella.

No voy a permitir

que le tiemblen las manos.

¿Qué ha pensado, señor?

(Sintonía de "Acacias 38")

Ande, señora, tenga, ¿eh?

Ande, apláquese,

que me da mucha congoja verla así.

¿Quiere usté una tisana?

-(LLORA)

-Una tisana, señora. -No, no.

Pregúntale a don Ignacio si le apetece algo.

-Don Ignacio, ¿quiere algo? -No, muchas gracias.

-Tenemos de todo, ¿eh?

No solamente tenemos infusión en esta casa.

-¿Puedo serle de alguna ayuda?

-No, créame, no es nada.

-Si quiere, tratamos nuestro asunto otro día.

-No, no, claro que no. -Antes me ha parecido

que ha sido mi prisa

por llevarme los libros lo que ha provocado su llanto.

-No, es que...

Hay muchos recuerdos en esos volúmenes,

algunos gratos, otros no tanto.

-No quisiera ser inoportuno.

-No es su culpa. Perdone mi intemperancia.

-Por muy en mi mundo que viva, algo conozco de emociones.

Sé que a veces nos traicionan.

-En otro momento,

me hubiera encontrado en muy diferentes condiciones.

Soy una mujer muy alegre, muy vivaz, quizá demasiado.

Pero ahora... -Me hago cargo.

Verá, remataremos la operación en otro momento.

-No, no, Ignacio,

eso sería injusto para usted y para mi...

Sería injusto.

-Verá lo que vamos a hacer,

me llevaré solo un libro,

a modo de señal de que el trato sigue en pie.

Lo pagaré

y ya negociaremos el resto.

-Puede conservar los demás mientras desee.

-No, de ninguna manera, no.

Es usted un hombre de negocios y no puede estar a expensas

de los nervios de una mujer.

-Hay operaciones rápidas y otras más lentas.

No se preocupe usted.

No tengo prisa.

Sé muy bien el amor

que se le puede llegar a profesar a los libros.

-Es usted muy comprensivo.

-Y usted

muy discreta, cualidad que aprecio.

Otra dama, dejándose llevar por su alma atormentada,

no dejaría de hablar de sus cuitas,

y, usted, apenas las menciona.

-Me canso ya de oírme, pero créame,

lo que ha pasado en este barrio ha sido una desgracia.

-Toda la ciudad habla de los problemas que ha tenido Acacias

con el Banco Americano.

-Han dejado a mucha gente en la ruina.

-Lo siento.

Pero no pierda la esperanza.

-Gracias. Su confianza me da ánimo.

-No la molesto más.

Mándeme un propio cuando quiera que venga a por el resto.

Ha sido un verdadero placer volver a encontrarla.

-Lo mismo digo.

(Se cierra una puerta)

-Es un librero muy apañao.

-Casilda...

Un buen hombre

y un perfecto caballero.

-Pa chasco que sí.

Buenas noches nos dé Dios. ¿Se puede?

-Naturalmente. La estaba esperando.

He recibido su recado.

¿Puedo sentarme? -Siéntese.

-Mi hija ha cancelado la gira.

-Vaya. ¿Debo alegrarme o no?

-Eso es lo que vamos a averiguar de aquí a un momento.

-Se supone que esas cosas, las cancelaciones, son muy de artistas.

Llevan ustedes una vida tan...

No sé cómo decirlo. No es desordenada,

es... imprevisible.

Eso es, una vida imprevisible.

-Le cuesta expresarse porque está usted muy alejada de lo artístico.

No es ningún desdoro,

que conste, cada uno es como es.

-¿Ha venido para hablar sobre mi temperamento?

-Usted ha empezado.

-Vaya al grano, se lo ruego.

-La niña no se va de gira, como le decía,

pero nada tiene que ver con su talento,

o con que esté esperando otra oportunidad mejor.

La niña no se va porque prefiere quedarse con su hijo.

-¿Con mi Emilio? Imposible, me habría enterado.

No me he enterado ni yo y la tengo en casa.

-¿Cree que al mío le tengo en un corral?

-No se enfurruñe, quizá no me he expresado bien.

No nos hemos enterado porque no piensan decírselo a nadie, o sea,

quieren mantenerlo en secreto.

-Y si no piensan decir nada a nadie, ¿cómo se ha enterado usted?

-Soy Bella del Campo y tengo muchos kilómetros en el cuerpo, me lo olía.

-Dejando aparte el olfato, ¿cómo se ha enterado usted?

-Eso no tiene importancia.

Lo importante es saber si a usted le molesta tanto como a mí

ese amorío.

-Oiga, que mi hijo no es de "amoríos".

Es un muchacho muy formal

por lo que, en todo caso, sería noviazgo,

no amorío, ni devaneo, ni Cristo que lo fundó.

-¿Le molesta a usted? -Sí,

me molesta. -Acabáramos.

-¿Y por qué me lo cuenta a mí?

-Porque si estamos de acuerdo en que ninguna de las dos queremos este...

idilio,

algo podremos hacer para evitarlo.

-Quiero decirle que no es precisamente su hija

la que me hace estar en contra de la relación.

Cinta me parece una muchacha inteligente y bonita.

-Y con talento heredado, lo sé.

La que le molesta a usted es la madre.

-Yo no lo habría dicho mejor.

Sea como sea, estará de acuerdo que entre las dos seremos capaces

de idear un par de trucos o tres pa espantarlos.

-Pero nada de prohibírselo, solo se encabezonarían más.

-Para prohibiciones no la necesito a usted.

-Se trata de que ellos se percaten de que lo suyo es imposible.

-Haremos que vayan comprendiendo que no están hechos el uno para el otro.

Para ello debemos estar muy atentas a cada paso que den.

-No se nos puede escapar nada. Saber es poder.

-Y juntas decidiremos qué hacer en cada caso, cuando entrometernos,

y cuando oponerlos...

-Ya la he entendido.

-¿Es un trato?

-Lo es.

(TARAREA)

¿Te ha gustado la "feijoada"?

-¿A mí? Nos hemos relamío toas.

-¿Mañana podrías verme el vestido?

-Estarás muy guapa, deja de preocuparte.

-Es bonito, pero no sé si tanto como para una señora elegante.

-Descuida, que dejarás turulatos a tos esos estiraos de la embajada,

ya lo verás.

-No es por mí, pero don Felipe...

No quiero que tenga "vergonha" de mí.

-Ay, don Felipe de mis pecaos.

Ya te advertí que tuvieras cuidao con el letrao,

que tira la piedra y esconde la mano, como tú dices.

-No tengo miedo. Yo me cuido, sé lo que hago.

-Ya, eso decimos toas y aluego vienen las lágrimas.

Somos más tontas que hechas por encargo.

Enseguida nos ilusionamos

y, claro, aluego viene el crujir de dientes.

Pero tú sabrás lo que haces.

Que descanses.

-Lo mismo.

¿Ya te vas a dormir, hija?

Un día largo. Me canso.

No será de trabajar para mí.

Todavía no me has contado nada útil,

y yo necesito echar algo al buche de mi señor.

No sé nada.

Tendrás que esforzarte más.

Cualquier cosa sobre lo que esté preparando don Felipe

para enfrentarse a don Alfredo nos vale.

Cualquier comentario, anotación,

todo.

No dice nada delante de mí.

O será que tú no te pones delante cuando él tiene algo que decir.

Para trabajo siempre entra en despacho.

Pues entra en el despacho cuando él salga.

Revisa los documentos que encuentres, revisa los cajones.

Necesitamos saber qué usará

para liberar a don Liberto de la acusación.

Y no me falles,

que ya estoy un poco harta de tu actitud de mosquita muerta.

Te arrepentirías

si llegara a enterarme de que sabes algo y no me lo dices.

No puedes jugar conmigo.

Cuando tú vas, yo ya he vuelto.

¿Qué sabes y no me cuentas?

Nada.

Si no son documentos...

¿Se han visto don Felipe y doña Genoveva?

Cierren la puerta al salir, si no les importa.

-Descuide, sabemos que aquí hay mucho y bueno que guardar.

¿Tú crees que no te dejará en la estacada?

-Está tan interesada o más como yo.

Si aprieta más las nalgas, le crujen.

-¿Estás segura de que esto no se te vuelve en tu contra

como un morlaco cuando hace un quiebro?

-No seas agonías, que en asuntos de la niña, te doy sopas con honda.

-"Pase, amigo Ramón".

¿Un café? -No, gracias, vengo de desayunar.

-Bien que madruga usted.

-Tenía cierta urgencia en discutir con usted

la oferta que me han hecho por la maquinaria de la mina.

-No estoy yo para tomar decisiones trascendentes,

de cinco, me equivocaría en seis.

-Comprenderá que sin su consentimiento,

no puedo aceptar ni rechazar ninguna oferta,

y en buena medida, la de su esposa también.

-Muéstrele esa oferta.

Por mucho que nos apriete el lado personal de nuestras vidas,

es imprescindible seguir despachando los negocios.

-¿A usted le parece una oferta cabal?

-Es una tasación que si bien no puede ser generosa,

sí que está en precio de mercado.

Yo no tendría inconveniente en aceptarla.

-Me fío de sus conocimientos mercantiles.

Si mi abogado no tiene nada que decir,

me parece bien lo que diga usted.

-Es un precio justo,

máxime cuando esos bienes de equipo han de ser trasladados

desde el yacimiento al lugar donde vayan a ser empleados en adelante.

-Bien. Adelante, entonces.

La suerte está echada. -Muy bien.

Me encargaré de los detalles de la operación y gestionaré los cobro.

Sigo considerando que los compradores

se quedarían más tranquilos

si en el documento figurara la firma de su esposa.

-Si no hay más remedio, hablaré con ella.

Pero creo que el procedimiento sería más ágil

si actuáramos sin informarle.

-Compréndalo, don Ramón,

doña Rosina está alterada por todo lo acontecido.

-Hablarle ahora de dinero, inversiones, sin duda la alteraría.

Rosina alterada es un enigma.

-Me hago cargo.

No le dé usted más vueltas.

Informaré a los compradores de la eventualidad

y espero ser lo suficientemente persuasivo.

-¿Cómo va la inversión del asunto de los seguros?

-Lento.

A decir verdad, con una lentitud exasperante.

Me duele ver

cómo amigos y vecinos no son capaces de conseguir

el dinero que necesitan para encauzar de nuevo sus vidas.

-Amigos y vecinos que hasta ahora gozaban de un crédito sin tacha.

-Y es más descorazonador cuando uno sabe que la compañía de seguros

podría ser un negocio boyante.

-Don Ramón,

¿podría hablar con ellos e informarles que dada mi confianza,

podría prestarles el dinero que necesitan?

Dentro de lo razonable y de mis posibilidades.

-¿De su propio peculio?

-Naturalmente.

Mi económica no es la misma de hace unos años.

Sabe que malgasté buena parte de la herencia de mi esposa,

pero he conseguido recuperar una situación no del todo mala.

-Situación que no sé si debería arriesgar.

-No sea pesimista.

Si don Ramón actúa con criterio,

los seguros darían buenos dividendos

y los vecinos podrían devolverme el dinero sin mucho apuro.

-No me parece justo

que usted caiga con buena parte

de la cantidad económica del fraude.

Usted supo contener su codicia,

dejemos que disfrute de su prudencia.

-No es disfrute ver que mis amigos no pueden recuperar sus vidas.

-Mi familia, desde luego, buscará el capital en otro lugar,

pero...

reconozco que su oferta me llena de admiración y agradecimiento.

-Piénselo de todos modos. -Así lo haré.

-Si me permite un consejo, usted céntrese en la defensa de Liberto,

que es lo más apremiante.

¿Cómo va el caso?

Vaya, doña Rosina, me alegra verla pasear de nuevo.

-Gracias, Carmen. Necesitaba tomar el aire y distraerme.

-Claro que sí. Me parece de perlas.

No es saludable quedarse encerrada en casa.

El sol da lozanía y vitalidad.

-¡Qué alegría verla a usted, Rosina!

-Gracias.

Le estaba comentando a Carmen que estaba arruinando mi salud

con tanto encierro.

-No crea que no me hago cargo de su situación.

No ha debido ser fácil para usted levantar la cabeza.

-Les agradecería que cambiásemos de tema.

Y, antes de que me lo pregunten, sí, confío en mi marido,

-Usted y todos los que le conocemos.

-Esperemos que no prospere la acusación.

-No la hará. Si llaman a declarar a cualquier vecino,

el juez sabrá que todos consideramos a don Liberto

un caballero incapaz de forzar a una mujer.

-Les agradezco mucho su apoyo.

Quiera Dios que no sea necesario su testimonio,

porque su señoría haya comprendido que esa pelandusca

enredó a Liberto, no sé con qué fines.

-Su primer objetivo es evidente,

parece ser que esos endriagos han llegado al barrio

para no dejar títere con cabeza.

-¿Se han enterado de que la niña de los Domínguez ha cancelado la gira?

-Algo me ha dicho Casilda, sí. ¿Sabe usted los motivos?

-¿Yo? ¿Por qué tendría que saberlo?

-Porque los Domínguez celebraron en su establecimiento

su confirmación como artista.

-Darse humos, eso es lo que hicieron.

No han celebrado tanto la cancelación.

De todos modos,

ya me habrán oído alguna otra vez,

en los artistas no se puede confiar.

No como confiaríamos en alguna de nosotras.

-A mí me parecen una familia de lo más normal.

-Porque son titiriteros y saben cómo fingir.

-No sé qué cómo saldrán adelante.

Sus esperanzas de recuperación económica

estaban puestas en el talento de Cinta.

-Lo harán como lo vamos a hacer los demás.

-¿Apretándose el cinturón? -No, mujer,

con lo de los seguros de don Ramón. -¿Qué seguros?

-Ramón ha dado con un modo para que las familias del barrio

puedan recuperar su capital.

-Todos tenemos puestas nuestras esperanzas en ello.

-Se trata de que cada damnificado por el Banco Americano

invierta en una compañía de seguros llamada La Tizona.

Ramón ha hecho números y está convencido

de que obtendríamos réditos de inmediato,

y ya saben lo prudente que es.

-El problema es que,

como es lógico,

deberemos encontrar cada uno nuestro capital inversor.

Y por desgracia, tenemos muy poco crédito.

-Todos nos estamos devanando los sesos

para encontrar vías de financiación.

-Sí, claro, qué cabeza la mía.

Liberto también está buscando esas vías.

-Espero que todos podamos subirnos al carro de don Ramón.

Tengo faena.

Lo dicho, me alegro de que todo vaya volviendo a la normalidad.

-Gracias. -Con Dios.

-Dé las gracias a Ramón por seguir ayudándonos con tanto empuje.

-Así lo haré. Espero que consigan dinero para invertir.

-Sí. A más ver.

-A más ver.

-Por eso vende los libros el bribón.

En definitiva, la vista oral es inminente

y tenemos preparada la defensa.

-¿Suficiente como para contrarrestar el testigo de cargo de don Alfredo?

-Eso esperamos.

-Creo que tengo cubierto ese flanco. Guardo un as bajo la manga.

Lamento no poder hablar con claridad,

pero quiero evitar que la acusación reciba el más mínimo aviso.

-Es comprensible.

¿Han averiguado ustedes algo sobre la identidad de ese testigo?

-Lo hemos intentado, pero sin éxito.

-Sea quien sea, miente, es una farsa.

Se califiquen los hechos como se califiquen:

violación o consentimiento, no hubo testigos.

-Esperemos que la justicia y la mera razón salgan triunfantes.

En fin, señores, marcho, les deseo suerte en su empeño.

-Muchas gracias.

Es reconfortante saber que se cuenta con el apoyo de los amigos.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

¿Y ese cuaderno?

-Es de Marcia.

El que utiliza para sus ejercicios.

No me considere un entrometido, pero...

¿no se está tomando usted con mucho interés la formación de la muchacha?

-Cuando maneje mejor el idioma, se le abrirán muchas más puertas.

-¿Solo por eso?

-No veo qué otra cosa podría ser.

-Quizá algún tipo de sentimiento, de atracción.

-Amigo, es mi criada, trabaja en mi casa, no ha lugar.

-También es una mujer, y muy bonita, por cierto.

-Amigo, tiene la imaginación de un romántico febril por la tisis.

Voy a trabajar, su libertad está en juego.

¿Y tu hermano?

¿Y eso? Creía que no hacían falta más viandas por esta semana.

Qué raro. No están las cosas últimamente para ir tirándolo.

Llevas razón, hija, que cada palo aguante su vela.

¿Estás segura de que Emilio ha ido a la mantequería?

¿No estará pelando la pava?

Cuando digo pelar la pava, quiero decir que si ha ido a ver a Cinta.

Vale, hija, no te pongas así, era solo una pregunta.

-¿Cómo están mis dos beldades? -Déjese usted de lindezas.

-Una cuestión de cortesía, urbanidad.

-Pues salude usted con un "buenos días",

que es educado y no compromete.

No tenemos una buena mañana, ¿eh? Bueno, pelillos a la mar.

¿Ha leído usted el periódico? -No he tenido tiempo.

-¿Y tú?

Resulta que un atracador anda campando por la ciudad.

-¡Madre del amor hermoso!

-Actúa a las horas de cierre de los comercios,

cuando hay menos clientes.

-Es bueno saberlo. -Anden ustedes con ojo.

La única seña que hay es que tiene el pelo rojo.

-Estaremos atentas.

-Les dejo el periódico, aquí viene el modus operandi del caco.

-Lo leeremos con atención.

-Con Dios. -Buen servicio.

Si vuelve cuando yo no estoy, no nos podemos permitir

ninguna intimidad con él.

Vamos.

-Que tenga un buen día, caballero.

-¿Qué le había dicho yo?

-¿Sobre lo cualo, Marcelina? -Sobre mis dotes como vendedora.

Esto es lo que he sacao de la lotería.

-Vaya, pero si tú has empezao esta mañana como muy pronto.

-Pos le he colocao un billete a cada cliente, y de los paseantes,

me he camelao a dos de cada tres.

-Casilda,... mira lo que ha levantao ya la buena de Marcelina.

-Si ahí no hay más de 10 duros, que baje Dios y lo vea.

-Madre mía.

Los señores van a ganar más monís contigo

que el que sacaron con sus rentas.

-¿Y a ti cómo te ha ido, Casilda?

-Yo solo he vendido dos papeletas,

y una de ellas ha sido de fiao.

-Pero la lotería no se fía, que no toca.

-Tú a callar, Marcelina.

Y tú no te vengas abajo,

que todavía queda tiempo pa el sorteo,

hasta el rabo, to es toro.

¿Y qué, hija?

¿Cómo va doña Rosina?

-Suspirando como un alma en pena.

Lo único que la hace salir de su dejadez es nombrar a doña Genoveva,

y cuando ocurre, rompe un jarrón.

-Pobre, viuda y media.

-¿Y ni siquiera le preocupan los dineros?

-Casi.

Diría que menos mal que tiene cuitas con el monís,

porque mientras está cavilando gurrumías para ahorrar,

no tie en la cabeza al marío.

-A ver si le damos una sorpresa con los dineros que saquemos.

Ay, Casilda.

No te enfurruñes, que nadie va a ir preguntando

quién ha vendido más papeletas y quién menos.

La cosa es darle una alegría a los señores y un respiro.

-Ya,

pero a mí me gustaría poder decirle a doña Rosina

que me he partío la espalda pa conseguirle el dinerito,

pero...

es que está mujer está hecha una calamidad, señá Fabiana.

-Anda, ya haces tú mucho por ella cada día,

a ver si te crees que cualquiera trabajaría por na como haces tú.

-Puede que sí.

Bueno, me voy al mercao

y voy a intentar vender más papeletas.

-Muy bien, así me gusta, con coraje. Hala.

-¿Qué, alguna novedad en la prensa?

-Sí, además, estoy leyendo una que le afecta a usted directamente.

Al parecer, hay un ladrón que se dedica a desvalijar todo tipo

de hosterías y comercios.

-Ah, sí, ya vino el sereno a advertir a mi madre,

un tipo pelirrojo, ¿no? -Y bastante hábil en lo suyo,

ya se pueden andar con ojo.

Se podría tomar un café conmigo, porque no parece tener mucha faena.

-Sí, de hecho, tengo algo que contarle.

-No.

¿Cinta?

-Tengo una cita con ella. -¿En serio?

¿Y dónde? Porque no se dejarán ver

en las calles, a ojos de su madre.

-No, no, ni de la mía.

-Digo de su madre. -De la...

la madre de ella.

-Su madre, su madre de usted. -Ah, no, no.

A ver, a espaldas de las dos. Es algo un poco más arriesgado.

Hemos quedado en vernos en casa de ella, a una hora

en la que sabemos de buena tinta que no habrá nadie.

-Pero eso no es arriesgado, eso es suicida.

-El amor siempre es riesgo.

-Mira, pues sí que va cultivando su alma de poeta.

-Tengo un canguelo que me tiemblan hasta las piernas.

-Eso no es tan poético, pero bastante más realista.

Tiene que llevar un buen vino, eso siempre ayuda

a templar los nervios.

-Antoñito,... hace tanto que no la beso.

-Bueno, pero eso no se olvida, es como montar en velocípedo.

No hace falta que le diga

que preferiría que no se lo contara usted a nadie.

Se lo he contado porque necesitaba alguien a quien contárselo.

-Soy una tumba. En fin,

le deseo la mejor suerte del mundo.

Sí, perdón. Me voy a ayudar a Lolita,

que va a exponer todo el género y necesita mover cajas.

-Le acompaño, que voy a ver si necesitan algo en la terraza.

-Ay.

-¿Qué haces? Trae, trae, trae.

Te he dicho que me esperaras.

-Las clientas cada vez se van dando cuenta que hay menos género.

-Cuando lo pongamos todo a la vista se notará menos.

-Y el día menos pensao, mañana o al otro,

van a venir los guripas y nos van a poner de patitas en la calle.

-¿No crees que hay una posibilidad de que al final Genoveva

interceda por ti?

-Genoveva ya tiene bastante con lo que tiene.

-Vaya, vaya.

¿Redecorando el local?

-¿Qué se le ofrece?

-Quiero hablar con la gerente.

(Llaman a la puerta)

-Felipe, le esperaba. -Encantado de saludarla.

-Igualmente. Pase, pase.

Se preguntará usted por qué le he mandado recado.

-No voy a negarlo, pero sea lo que sea, la escucho con atención.

-Siéntese, por favor. -Gracias.

-A usted.

Verá,...

supongo que Liberto ha intentado ocultármelo,

pero ha llegado a mis oídos el asunto de los seguros.

-No se lo tome a mal.

Hasta el momento se trata de un proyecto, halagüeño, sí,

pero un proyecto.

-Ya, y Liberto está recaudando dinero para invertir,

no me lo niegue.

Lo sé porque se ha visto obligado a vender algún...

valioso libro de su propiedad.

-Iré al grano. Verá,...

tanto Liberto como el resto de los vecinos

afectados por el Banco Americano intentan resarcirse.

Que... no le hayan hecho partícipe,

solo indica el interés de su marido por protegerla.

-Pero yo no necesito ser protegida.

Me he tenido que enfrentar a muchas vicisitudes

en el terreno económico, personal...

-Sí, me consta, señora.

-Estoy muy capacitada para enfrentarme a lo que venga,

y ni siga defendiendo a Liberto que no hace falta.

En definitiva, yo quiero ayudar, estoy del lado de los vecinos.

-Me es grato conocer esa predisposición.

-Gracias.

También quiero rogarle que no me mantenga al margen del proceso penal

que enfrenta a Liberto. Yo sé que él...

quiere ahorrarme el trago, pero quiero saberlo todo.

Apelo a nuestra amistad de tantos años, manténgame informada.

-Lo haré. Cuente conmigo.

-¿Sabe si tiene suficiente con el dinero que ha obtenido?

-Pues... ha sido un buen trato.

El librero es muy generoso,

ni siquiera Liberto sabía que eran de tanto valor.

-¿Eran? -La biblioteca.

Ese dinero le ayudará a salir a flote con su negocio de seguros.

-¿Ha dicho paloduz? -Sí señora,...

es un capricho.

Paloduz, regaliz.

¿Le queda todavía?

-Si ha venido a burlarse, ya sabe dónde tiene la puerta.

-No creo que le sea tan fácil expulsarme.

-Templa, cariño. -Me iré, señora,

por mi propia voluntad, pero no sin antes recordarle

que tendrán que entregarme el local cuando me presente con la orden.

-Descuide, que no se nos olvida.

Está usted orgulloso, ¿verdad?

-Ni frío ni calor, señora. Para mí es un mero trámite.

-Un mero trámite que va a dejar a una familia sin sustento.

-Un trámite que supondrá la recuperación de un dinero

que presté, en especias, eso sí, pero lo recuperaré.

-Usted no sabe de lo que es ganarse la vida con el sudor de su frente.

-No me ha hecho falta,

y no crea que me arrepiento.

El sudor... es incómodo,

envejece,

y sobre todo huele.

-Es usted un malnacido.

-Para,...

que na le gustaría más que acusarnos de asalto.

-Cómo me conoce usted.

-Mire,...

es usted un parásito, pero ¿sabe qué es lo peor?

Lo peor no es que ha arruinao la vida de muchos vecinos,

lo peor es que usted ha arruinao la vida de su esposa.

-Ah, ¿la de Genoveva? -Sí.

-¿De verdad cree que Genoveva es un inocente angelito?

-Mire, déjenos en paz. Le pido que hasta la fecha

de la ejecución nos deje en paz. -No, no, no, no.

Las cosas como son.

Mire, señora, su amiga y admirada Genoveva

volvió a este barrio de mi brazo

solo por el placer de vengarse de ustedes.

-¿De nosotros? -Sí,

de los vecinos,...

de todos los que acusaron a Samuel Alday,

de todos los que le dieron la espalda.

Genoveva no se lo ha perdonado ni se lo perdonará jamás.

Todo, absolutamente todo lo que hemos hecho,

ha sido por iniciativa suya.

Bueno,...

como veo que el género escasea y no puedo tener regaliz,

me marcho.

Recuerden lo que les he dicho.

-¿Más? -Puede que hasta el doble.

-Tengo que reconocer que se te da muy bien vender ilusiones,

Marcelina. -Y al contao.

-¿Se puede saber qué pasa contigo, prima?

No tenías bastante con el quiosco, tenías que pisar mi terreno.

-No sabía que tenías un coto, como el señorito de mi pueblo.

-Pero ¿qué coto ni qué narices?

Eres una fullera, Marcelina. -Un momento,

¿qué ha pasao, qué ha pasao? -Señá Fabiana, ¿no dije yo aquí

que iba a vender papeletas en el mercao?

-Sí que lo mencionaste, sí. -Claro que lo dije.

Pos cuando he llegao, ya había estao allí mi prima,

y ha colocao más billetes que los que tiene un banco.

-¿Tú has hecho eso, Marcelina? -Toma, pos claro.

¿Cómo iba a saber yo que ella tenía el monopolio del mercao?

-Pos claro que lo sabías, lo dije cuando estabas tú aquí delante.

-¡Eso es mentira! -Bueno, quietas parás las dos.

Si estuvieseis vendiendo papeletas cada una para sí misma,

todavía podría entender tanta saña, pero recoñe, que es pa los señores.

No vale la pena hacerlo si esto va a servir pa que nos tiremos

los trastos a la cabeza.

-Si ya lo sé, pero aquí mi prima es una aprovechá

y una avariciosa, y no tenía bastante con darle el cante

a los clientes del quiosco.

-En eso tiene ella razón, Marcelina.

-Que no lo sabía, señá Fabiana, que no me dijo na.

-Sí que lo sabía.

-Ay, la rifa.

-¿Necesita algo más, el señor? -No.

Gracias, Marcia.

Solo me preguntaba si... sabrías cuándo regresa don Felipe.

-No me ha dicho.

-¿Ha ido a los juzgados?

-Los últimos días va siempre al juzgado, sí.

-Ahí se sabe cuándo se entra, pero nunca cuándo se sale.

-Le deseo que le vaya bien el juicio.

Don Felipe trabaja "muito". -Lo sé, pero tampoco

tienes que culparme a mí, al menos no de todo,

que cuando yo no estoy procesado, Felipe tampoco descansa mucho.

-Con usted es más...

¿cabezón? -¿Cabezón?

Es una forma de decirlo, sí, yo más bien diría tenaz, o testarudo.

Cabezota o cabezón también puede valer, sí.

-No sé cómo limpiar despacho, la mesa está toda llena de "papeis",

notas, cartas, escritos al juez. -Marcia,...

¿te importa dejar la bandeja en la mesa? Por favor.

Tú sabes por qué Felipe me ha acogido en su casa, ¿verdad?

No quiero incomodarte,...

pero necesito...

no sé,... ¿desahogarme?

¿Entiendes?

Me he quedado sin dinero,...

tampoco tengo casa...

y vivo a expensas de un amigo,...

pero ¿sabes qué es lo que no me puedo quitar de la cabeza?

-Su esposa.

-Mi esposa. Mi mujer.

He traicionado,...

engañado...

y humillado a la persona que más he querido en mi vida.

¿Tú te lo explicas?

-"Os homens...". -No,...

Marcia, los hombres no, yo.

Los hombres no han hecho daño a mi esposa, solo yo.

Y ella me quería tanto. -Si es así, le perdonará.

A diferencia de los hombres, las mujeres cuando queremos, perdonamos.

-Gracias.

Espero no haber sido muy pesado. -No, señor.

-En fin, voy a estirar un poco las piernas.

A ratos la casa se me cae encima.

Ah, si regresa Felipe, dile que no tardaré en volver.

(Se cierra la puerta)

-Pues sí señor, yo, por lo que les he escuchao a las muchachas,

andan todos los vecinos a vueltas a ver si consiguen más dinero,

aunque sea debajo de las piedras.

-Ellos están más apurados,

pero no han tenido que vivir nunca sin una perra.

-¿Has dado ya con algo, José?

-Se me ha quedado la mollera más exprimida que un limón

de tanto darle al magín,

y lo único que se me ha ocurrido es pedírselo a Osvaldo.

-Preferiría que no nos entrampáramos más, hijo.

-Pues siendo así, adiós a Seguros La Tizona.

-No, eso no, invertir, invertimos.

-¿Qué estás leyendo?

-Me cuenta la mesonera que Cinta y su hijo, el camarero,

se han dado cita.

-¿Dónde?

-No te sulfures, pero aquí,

en nuestra propia casa.

-¡Eso nunca!

-Hecha el freno, que eres muy impetuoso.

-¿Y vas a permitir que se reúnan aquí, en esta casa,

con todo lo que has montado para tenerlos apartados el uno del otro?

-Tenemos que ser más astutos que ellos, ¿no te das cuenta?

-Pues puede que no.

-En la nota, Felicia...

me informa de un asunto relacionado con Emilio

que nos puede venir muy bien. Arantxa,

prepárale unas medias noches y unos canapés

de esos tan ricos con mostaza francesa.

-Pues si lo sé, me cito yo.

¿Qué le vas a dar, canapés?

-¿Bota y merienda?

Que la Machu de Begoña me mande unas paperas si yo entiendo algo.

(SUSPIRA)

-"¿Te imaginas viéndonos cruzar de nuevo el camino hacia el altar?".

-Quién sabe lo que nos deparará el futuro.

-Yo sí lo sé: la felicidad.

Siempre que me permitas estar a tu lado.

-No sé por qué te quiero tanto con lo testarudo que eres.

Mejor me hubiera ido con un hombre más manso.

-Estás a tiempo.

-Mejor no, prefiero lo malo conocido.

Tu deber debería ser hacerme dichosa.

-Y tal es mi mayor deseo. Casémonos.

"Hazme el hombre más feliz del mundo".

Te quiero, Celia.

Te quiero como el primer día,...

como el último.

A veces siento la necesidad de otros brazos, no lo niego,

pero no tengas ninguna duda,

jamás.

Te quiero por encima de todos,...

más allá de mi propia conducta,...

así que no me juzgues.

Te quiero.

-Habrá que deshacerse de alguna de ellas.

Algunas valen un potosí.

-Pero, señora,

¿se va a quedar usted con el cuello desnudo?

-Mi cuello es suficientemente terso para no ocultarlo todavía.

Además, sí, venderé las que sean menester.

Si el señor va a deshacerse de algunos libros,

quién soy yo para andarme con melindres.

(Llaman a la puerta)

-Voy.

El librero, señora.

-Casilda, se llama don Ignacio. Perdónela usted.

-No me ofende. Estoy muy orgulloso de mi profesión.

-Bueno, pues bienvenido de nuevo.

-Espero no molestar. -No. (RÍE)

-¿Se ha recuperado usted ya?

-Sí, fue un arrebato. Yo soy de lo más normal,

pero a veces...

Bueno, y...

¿Quiere usted sentarse o viene a por el resto de la biblioteca?

-Pues... verá, señora, vengo...

Para los libros siempre hay tiempo, no se van a escapar.

Venía...

Me conmovió mucho su situación y amparándome

en nuestra antigua amistad, me ha parecido correcto

pedirle que me acompañe a la feria.

(RÍE)

-Nosotros, finalmente, aunque tenemos un pasado,

eso de invertir se nos hace un poquito cuesta arriba.

Probablemente solicitemos algo de dinero a nuestro socio en Argentina.

-Bueno es arrimarse a indianos, hay que tener amigos

hasta en el infierno.

-Mucho no se le van a acercar si les habla así.

-Yo, si le soy sincera, tengo algunos ahorrillos,

y el restaurante, mal que bien, sigue pitando.

-Como el tren de Arganda, que pita más que anda.

-Usted tampoco se puede quejar, que solo con vender

alguno de los hábitos que tiene se puede apañar.

-Buenas tardes.

Las he visto desde la ventana tan bien avenidas que me he dicho:

"Hala, pa abajo,

que allí se necesita alguien que ponga el contrapunto divertido".

-Eso y el montillo de la casa. -También, también.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

Aquí, hablando de los dinerillos.

-Si les parece bien, podemos hablar de la situación financiera

de cada uno. -Eso,

que hable don Ramón y nos dé esperanzas como la Virgen del Rocío.

-No pierde usted la guasa por nada del mundo.

Es bueno que siga cundiendo el ánimo,

no es conveniente angustiarse en demasía por este asunto.

No sé por qué, pero el dinero huye del ansia.

-Yo rezo. -Entonces está todo arreglado.

Siga, don Ramón. -Verán, tengo fundadas esperanzas...

-Para, no, no.

Ven, para, para, por favor. -¡Fullera, ladrona, mentirosa!

¿Por qué, Lolita?

¡Que sepan que esta Judas estaba compinchá con su esposo

pa sacarnos los cuartos a tos! -¿Eso es cierto?

Por supuesto que no.

Tu propio esposo me lo ha contao.

¿Por qué iba a hacer yo eso?

Pa vengarte por el daño que le hicimos a Samuel.

-Caminando junto al río he contemplado cómo la gente

disfrutaba mucho con las atracciones y he pensado que a usted

no le vendría mal distraerse dando un paseo.

¿Me permitirá convidarla a un helado?

Arantxa tiene la tarde libre...

y mis padres se fueron de paseo, no van a volver hasta la noche,

así que tenemos la casa solo para nosotros.

-Esa mujer buscaba romper el matrimonio de mi sobrino

y hacer el mayor daño, a él

y a Rosina.

¿Qué te ocurre, que estás colorado?

Eh... Es el canapé,...

¿qué le han puesto?

Arantxa le ha puesto lo de siempre: jamón dulce, hierbas, mostaza.

¿Mostaza? Sí.

No puedo tomar mostaza, me pongo a morir.

-Céntrese en su audiencia.

Tiene que presentarse ante él firme y sereno, ¿eh?

Se juega mucho, sobre todo su libertad.

-¿Pone algo del ladrón pelirrojo?

-No estaré tranquila hasta que no le atrapen.

-¿Le apetecería venir conmigo a una recepción?

Nada me gustaría más.

-¿Cree usted que es el ladrón pelirrojo?

-No sé, pero no dejes de darme carrete para que no note

que estamos vigilándolo. -Vale.

Tienes que encontrar el punto flaco de tu señor,

sacarle información.

¿Cómo hago lo que me pide?

Todo Acacias sabe que la mayor debilidad de don Felipe

son las mujeres.

Has errado, no debes tratarme así.

¿Y qué me ocurrirá si sigo haciéndolo?

Espero no tener que demostrártelo.

¿Me estás amenazando?

Tómatelo como quieras.

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Acacias 38 - Capítulo 1048

04 jul 2019

Felicia y Bellita hacen un pacto para romper la relación de sus hijos, trazando un plan para sabotear la cita de los enamorados.
Rosina se entera de la propuesta de negocio de Ramón y descubre que Liberto está buscando financiación para invertir. Ignacio invita a la señora a salir.
Úrsula presiona a Marcia para que pase información a Alfredo. La criada roba unos papeles importantes a Felipe referentes al juicio de Liberto.
Alfredo, que desconfía de Genoveva, desvela a Lolita que su esposa es su cómplice en la estafa. La mantequera, indignada, abofetea a la señora Bryce en plena calle.

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  1. Marilu

    Nadie duda que la señora Alcoverro es muy buena actriz, pero el personaje Ursula se la está fagocitando; no sería la primera actriz (o actor) a los que un personaje muy bien, pero larga y repetidamente interpretado, al cabo de un cierto tiempo no los favorece y ameritan protagonizar otros a cambio.- Es mi humilde opinión

    08 jul 2019
  2. Antonia Nuñez

    El Alfredo hay que desenmascárelo y dejarlo limpio mandarlo a prisión, Liberto me gustaría que arreglara sus problemas con Rosina y volvieran a ser felices, Felicia y los hijos que saquen se una vez su misterio Saludos desde argentina

    08 jul 2019
  3. Francesca

    Disientocontigo, Marilú. No creo que Montse Alcoverro tenga buenos padrinos, es una actriz con mayúsculas y se ha ganado a pulso, la admiración y el respeto, del público. Cuando le tocó hacer de buena, casi sin transición, todos compramos su cambio, que hasta lo llevó al plano físico. Me saco el.sombrero, ante la Sra Alcoverro, aunque deteste a Úrsula. Espero gozar de su actuación en esta serie por mucho tiempo. Y en futuros trabajos.

    07 jul 2019
  4. Elina

    Yo pregunto cuqndo van a dxejar de vivir a las mujeres el Antoñito y el José?? El primero sólo sirve para hacer H uevadas Que trabajen de una vez en vez de hacer trabajar a sus tontas mujeres

    05 jul 2019
  5. Marilu

    Aún aplaudiendo las dotes artísticas de Montse Alcoverro, ya resulta insoportable la presencia de Ursula Dicenta, su imagen y sus sucios manejos; los angloparlantes dirían " TOO MUCH ".- Que bien le haria a la serie una " vuelta de tuerca" # eliminar de una vez por todas cierta trama, donde tenga lugar ese nefasto personaje, que además y dado lo reiterado de sus actos ya no inspira ninguna expectativa, MAS DE LO MISMO.- No caben dudas que la señora Alcoverro debe tener muy buenos PADRINOS en el medio

    05 jul 2019
  6. Esther Sendino

    Úrsula, el personaje más irrealista de toda la historia. Como puede ser que Úrsula, una asesina de esa calaña haya salido de rositas , sin consecuencias? Que poca imaginación de los guionistas que no saben encontrar al malo/a de la serie y vuelven con la misma. A todos los buenos los hacen desaparecer pero a la mala, la dejan igual. Además sin envejecer. Esta más guapa si cabe. Una pena.

    05 jul 2019
  7. Victoria

    Acabo de ver la entrevista que le habéis hecho a Montse Alcoverro. Es un encanto de mujer hablando y explicando todo acerca de su personaje y una extraordinaria actriz (para mí la mejor de Acacias) en su personaje de Ursula. Cómo ha "construído" su personaje, su forma de andar, sus gestos, cómo habla, sus miradas, su forma de sonreír, etc. En resumen: Una actríz fuera de serie. ¡¡Enhorabuena Montse por ese excelente trabajo diario!!!

    05 jul 2019