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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1046 - ver ahora
Transcripción completa

Nunca voy a perdonarme el haber destrozado

lo más bonito que tenía en mi vida.

Solo espero que algún día me perdones.

Mañana recogeré mis cosas, Rosina.

Me iré cuanto antes.

Todos mis actos han tenido un solo objetivo:

vengar tu muerte, hacerles pagar uno a uno

a todos los vecinos de Acacias,...

pero ahora que estoy tan cerca de lograrlo, una terrible duda

me asalta: ¿habrá merecido la pena?

¿Y dice que ese cuaderno es de Emilio?

Él tiró este cuaderno a la basura, intentando así ocultar

definitivamente sus sentimientos.

El problema es que a lo mejor también acaba en la basura

una preciosa historia de amor si usted se va de gira con ese hombre.

En fin, solo le pido que antes de marchar lea lo que aquí hay escrito.

-Nos hubiese venido de perlas cuando trabajábamos en el restaurante

que teníamos cerca de Valdeza. -¿Ha dicho Valdeza?

-Sí, fue una pena marcharse.

-¿Por qué se fueron entonces?

-El restaurante empezó a ir de mal en peor.

-¿Qué más hay que demostrar? ¡Que lo metan preso!

-No es tan fácil convencer a un juez como un periodista.

Necesitamos indicios, y la gente como Alfredo

no dejan cabos sueltos, pero estamos en un callejón sin salida,

no veo la manera de que Alfredo devuelva el dinero.

-¿Me está diciendo que le tengo que pagar la deuda

a un tipo que me ha robado? -Me temo que es así.

-Por eso he pensado que lo mejor sería invertir en una de ellas:

Seguros La Tizona.

-Pero se le olvida un detalle:

no tenemos nada de dinero que invertir.

-Veo que han ganao el campeonato. -Bueno, y de una manera magistral.

Les hemos dao una paliza a nuestros contrincantes.

-La ovación se escuchaba en el pueblo de al lao.

-Cinta.

¿Qué hace aquí?

La hacía ya en el tren. ¿Por qué ha vuelto?

Cómo me gustaría que estuvieras aquí,

que pudieras al menos rozarme.

Felipe.

¿Está usted bien?

Ya lo veo. ¿Quiere que le deje a solas?

No.

¿Le apetece... dar un paseo?

Vamos.

Me alegro de haberle visto, Felipe.

Si le soy sincera, lo que siento es que sea en un lugar

tan poco inspirador.

No puedo estar más en desacuerdo. ¿Por qué dice eso?

Vengo de poner flores en la tumba de mi esposa.

Creo que en estos momentos soy la persona que más puede entender

por todo lo que está pasando.

Le echa de menos, ¿verdad?

¿A Samuel?

A diario.

Yo hay días que... hablo con ella en mis pensamientos.

¿Usted también?

Hablo y me respondo sola.

La entiendo. Hasta hace bien poco...

solo pensaba en que pasara el tiempo y morirme para regresar a su lado.

¿Ya no le ocurre?

Ya han pasado 10 años de la muerte de mi esposa,...

creo que he empezado a superar su muerte.

¿Qué le ha hecho cambiar? ¿El paso del tiempo?

Una persona.

No me malinterprete, no es que haya rehecho mi vida, pero

empiezo a sentir cosas que pensaba que estaban muertas.

La gente se cree que soy un hombre frío,

pero no lo soy.

No sé vivir sin amor.

¿Y ahora lo ha encontrado?

Es posible.

Empiezo a sentir algo muy parecido a mi corazón.

Gracias, Felipe.

¿Gracias por qué?

Por el paseo, pero sobre todo por sus palabras.

No le he dicho nada. Más de lo que cree.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Seguro que esto no es un sueño? Que no, que soy real,

de carne y hueso, ¿acaso no me ves?

Lo que veo es que la mujer más hermosa del mundo está a mi lado,

y eso es casi como estar soñando. Exageras.

Ni un poco.

Te juro por lo más sagrado

que ahora me siento el hombre más feliz del universo.

No pude subirme a ese tren, Emilio.

Plantada allí, en mitad del andén,

me invadió una profunda tristeza.

¿Tristeza?

Al darme cuenta de que no te iba a volver a ver,

de que mañana amanecería y no te iba a ver mirándome de reojo

desde el restaurante,... disimulando cuando yo pasara,...

limpiando la terraza,...

observándome desde la distancia,..

que no te iba a ver durante mucho tiempo.

Entonces comprendí que...

estaba cometiendo el mayor de los errores.

Pero ¿por qué ese cambio de opinión?

Leí tu cuaderno. ¿Leíste mi cuaderno?

¿Por qué escribiste esas palabras en vez de decírmelas de viva voz?

No me atreví. ¿Por qué?

En principio, si te soy sincero, por vergüenza.

¿Vergüenza de qué?

De que lo que sentía te pareciera... melifluo, absurdo.

Precioso me pareció, Emilio,... ¿y luego?

Luego no te lo dije por miedo.

¿Miedo a qué?

Miedo a... cometer un error, ser injusto,...

no quería meterme entre dos personas que se amaban,

no quería interponerme en la relación entre tú y Rafael.

¿Con Rafael?

Es tu novio.

Supongo. ¿Supones?

Formalizaste la relación hasta delante de tus padres.

¿Acaso miento? Fue un error.

Fue un error injusto para ti,...

para mí,... y sobre todo para él.

Nunca lo habría hecho de saber cuáles eran tus sentimientos.

No habría dicho a Rafael que sí si hubiera leído ese cuaderno.

Pero... ¿cómo te hiciste con él? Yo lo tiré a la basura.

Te voy a dar una pista.

Me lo mostró un buen amigo.

¿Qué amigo? Alguien que te quiere bien.

Bueno,...

bien está lo que me ha llevado hasta aquí,

estar junto a ti en este mismo momento,

a tenerte entre mis brazos.

Pero dime una cosa:

¿qué va a ser del dinero que ibas a ganar,

de los éxitos que ibas a recoger?

Tendré que aclarar las cosas con el Boquerón.

Ya, sobre todo porque él esperaba triunfar contigo en los escenarios,

y porque... ¿Por qué?

Porque está enamorado, bebe los vientos por ti.

Ya, pero yo no le puedo amar a él, porque ya te amaba a ti antes.

Le vas a partir el corazón.

Espero al menos no truncar su carrera.

Tendré que darle las explicaciones pertinentes,

a él y a mis padres,...

pero ya todo me da igual si estás a mi lado.

No voy a irme a ninguna parte.

¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer con nuestro amor?

No lo sé,... pero no deberíamos decir nada a nadie.

¿Quieres mantenerlo en secreto?

Hacerlo público es lo que nos ha llevado a separarnos.

¿Quieres volverte a arriesgar?

No me perdonaría volver a poner en peligro nuestra relación.

Ten por seguro que si el riesgo es perderte, cerraré el pico.

Me da igual lo que piense tu madre,

me da igual lo que todo el mundo piense.

Te amo, Emilio, eso es lo único que me importa.

Buenas noches, señora.

Temía por su tardanza.

¿Qué le ocurre?

Don Alfredo... ha vuelto a llamar a ese joven.

¿A Eladio?

Sí.

Están juntos en la habitación del señor.

Me ha dicho que les dejemos solos esta noche en casa.

Entiendo.

Le he reservado una mesa en un restaurante para que cene allí.

¿Qué tontería es esa?

Es mejor que hoy no esté aquí, señora.

Conozco perfectamente los gustos sexuales de mi marido,

no hay secretos entre nosotros. Le ruego que me haga caso,

márchese.

¿Qué ocurre?

(Ruidos)

Márchese, señora.

¿Por qué?

Úrsula, dígame lo que ha sucedido.

(Ruidos)

Todavía nada,...

pero no sé cómo va a terminar la noche.

Prepare un pequeño equipaje,... dormiré en un hotel.

(Gritos ahogados)

¿Te has arrepentido de haberte casado con Alfredo?

Que no digas nada es una afirmación.

Estás arrepentida. De nada sirve arrepentirse.

Vamos a acabar con él,... yo te ayudaré.

(TOSE)

¿Cómo has podido?

-¿Qué ha sido eso? -Ha caído algo.

¡Agustina, Agustina!

Agustina ha pagado por lo que hizo.

Su venganza ha comenzado.

Eres más vil de lo que nunca llegué a imaginar.

¿Y eso te disgusta? No,

sabes que no.

Es el rasgo de tu carácter que más me atrae.

El dinero de esos vacuos está en mi poder, cuando lo pierdan todo...

alguno de ellos seguirá debiéndome hasta los calzones.

-Piense en lo que está haciendo.

¿Cree que está tomando el camino correcto?

¿Cree que él estaría orgulloso de usted?

-Ay, prima,...

quién supiera toas estas letras pa leerse estas revistas

de cabo a rabo. Yo me las iba a leer sin duda.

-¿Y pa qué quieres leer tanto?

Lo mismo solo dicen chuminás y tontás de vieja.

-Pues también. -Y aunque supieras leer,

tampoco tendrías tiempo pa hacerlo, ¿o te crees que vas a estar

en el restaurante dándole a la húmeda y ojeando revistas?

-Ya, eso es verdad, ni que fuera yo la reina de Saba.

-Ni princesa eres,

prima,... ni la criá de la princesa.

-Marcelina.

Bueno, es verdad, tienes razón, y ahora mucho menos,

porque tengo mucho trabajo. -¿Y eso por qué?

-Porque ando haciendo malabares pa hacer la compra.

Me estoy apañando con una miseria.

-Igual que nuestras madres y abuelas, esas sí que se apañaban

con cuatro perras.

¿O en tu casa había reales? -¿Reales?

¿Te crees tú que yo iba a ser criada si tuviera reales?

Pos no, mujer, éramos muchos en la casa y nos apañábamos

con mu poquito.

-Igual que en mi casa. Eso es lo que hemos mamao.

-Lo que pasa es que...

yo empecé de mozuela a faenar en casa de doña Rosina, y a lo bueno

una se acostumbra mu rápido.

-Ay, pues ahora te vas a tener que acostumbrar a lo malo también.

-Madre mía, que me veo comiendo sopas de ajo.

-Anda, ten, pa tu seña, que le gustan mucho.

Antes compraba una cada semana, pero desde que pasó

lo del Banco Americano, no baja ni pa pedir la hora.

Ten.

-Agradecía, prima, espero que se tome a bien el detalle,

porque a veces es tan orgullosa.

-A los buenos días, muchachas.

¿De qué parloteáis?

-De las penurias de mi señora.

-Las de don Liberto y tu señora, ¿no?

-Bueno, pero no de las de alcoba, las del bolsillo.

-Ay, con tanta calamidad, ya no sabe una ni qué pensar.

¿Y?

-Pos que ahí estoy, haciendo trucos como el Gran Servandini pa manducar.

-Lo mismo me dijo ayer Arantxa,

que andaba mirando hasta el último céntimo.

Antes, don José venía a la pensión a tomarse una copita,

pero ahora ya na de na. -Pobrecillos.

Los ricos estos, que no están acostumbraos a ser pobres.

-Lo están pasando muy malamente.

-Algo podríamos hacer pa ayudarlos, ¿no?

-¿Como qué?

-No sé, ¿y si organizamos una lotería?

-¿Lo qué?

-Hacer una lotería pa coger dinero y echarles una mano.

-Pues... la verdad es que no suena nada mal.

-Nada mal. ¿Y cómo lo haríamos?

-Como se hace en las loterías de siempre: vendemos unos boletos

y le damos un premio al número que salga al azar.

-Pero ¿qué premio, señá Fabiana?

-No sé, ya lo pensaremos.

-A mí me suena muy bien. ¿Tú qué dices, prima?

-Mientras se trate de ayudar a mi señora y a los señores, bien estará.

-Al menos, que sirva pa que levanten los ánimos, ¿no?

-Amén a eso, señá Fabiana.

-Con cuidado, Agustina. A ver, siéntese aquí.

Eso es.

-¿No va a probar usted mis perrunillas?

Se las he hecho con todo mi cariño.

-Ya sabe que me gustan mucho.

-¿Y por qué no ha probado ninguna?

-Marcia me va a traer un café.

-¿Cómo le va con su nueva criada? ¿Le gusta?

¿Quiere que la instruya en algo... o le enseñe algún modo

de hacer las cosas a su gusto? -Agustina, no se preocupe.

Marcia es muy buena chica y me cuida estupendamente.

No solo a mí, sino a Liberto, que está pasando una temporada

en casa. -Parece usted contento.

-Mucho. Marcia es una delicia.

Por supuesto, no le llega a usted ni a la suela del zapato.

-Exagera usted. -Ni un poco de nada, Agustina.

-Me alegro, porque pronto podré volver al servicio.

-Todavía es pronto para eso. -Cada día me encuentro mejor.

-Sí, pero aún no está recuperada del todo.

Lo importante es que haga sus ejercicios,

poco a poco. Tómeselo con calma.

-Es usted muy amable, don Felipe.

-Será mejor que me vaya. -Tenga cuidado al subir.

Don Liberto, buenos días.

¿Le apetecen unas perrunillas? -No, Felipe, se lo agradezco.

-¿Sabe que me encontré a Genoveva en el cementerio?

Esa mujer no tiene mal fondo,

y eso nos puede venir muy bien.

-¿Qué quiere decir?

-He pedido audiencia preliminar con el juez para evitar llegar a juicio.

Creo que esa mujer va a cambiar de opinión.

-¿De veras cree eso?

-(ASIENTE) -Doña Genoveva no es mala,...

y eso me hace albergar esperanzas.

-¿Y jamón bueno, de Huelva, no hay? -Aquí no hay,

no tenemos dinero para pagarlo. Ahora, en la tienda

seguro que tiene todo el jamón del mundo.

-Maldita miseria la nuestra.

-Señora, ¿un poco de achicoria?

-¿A qué hora piensa despertarse la niña?

-(CARRASPEA) -No te impacientes,

mi reina mora, en cuanto se despierte nos lo va a explicar todo.

-Claro que nos lo explicará, y con pelos y señales,

y hasta en varios idiomas.

Lo que no sé es cómo no le exigimos que lo explicara antes.

-Estaba cansada, aturdida, descompuesta.

-¿Descompuesta?

Descompuesta yo cuando la vi entrar.

Es que le consientes mucho.

-Bueno, ten paciencia, amor mío,

seguro que todo tiene una explicación, ya lo verás.

-Digo.

-Mírala. -Vaya.

Aquí viene la estampa.

Dichosos los ojos.

¿Me deja tomarme algo antes de la reprimenda?

Mira, no, hija, así que ya puedes ir piando, pajarito.

Habla. ¿Qué te pasó para que cambiaras de opinión?

La conversación con mi padre. ¡José!

-¿Yo tengo la culpa? Sus palabras me dieron qué pensar.

Yo lo único que dije es que te aseguraras

de que el Boquerón te quería, que sentía la misma devoción

que sentía y siento por tu madre. ¿Acaso no te quiere bien?

La que no le quiere bien soy yo a él,

y no quiero ser injusta. ¿Y esa gira,

y ese dinero que ibas a ganar?

-Bueno, ya buscaremos la manera.

De hecho,...

don Ramón Palacios me ha adelantado

que está rumiando un negocio que nos puede sacar a todos del agujero.

-¿Un negocio de qué? -No me lo dijo,

se puso muy misterioso.

-Mira, no, otra mala inversión no, José Miguel,

por Dios y por la Virgen. -Que no, mi vida,

que este hombre no es de los que te lían,

al contrario, fue el único, junto a don Felipe, que tuvo cabeza

para no dejarse estafar.

-¿Y qué pasa con el pobre Boquerón?

Porque se ha quedao como pez fuera del agua.

Sí, le he citado hoy...

para verle y darle una explicación. No voy a mentirle.

¿Y qué le vas a contar, pues? ¿Le vas a contar la verdad?

Sí, la verdad.

La verdad es que no puedo empezar una relación profesional con él

porque no le correspondo.

Eso es lo honesto. -Vaya.

La niña se hace mayor, José.

-Nuestra hija ya no es una niña.

Me parece muy bien, canelita,... la verdad siempre por delante.

-La verdad, eso es lo que me gustaría a mí saber, la verdad.

-Pobre Rafael, me caía bien ese mozalbete.

No le va a resultar fácil encajarlo. Ya.

Se me ha ocurrido algo que le puede hacer más llevadero el disgusto.

-¿Qué? ¿Le apetece echar una partidita?

-Igual es un poco temprano para eso, ¿no te parece?

-Nunca es temprano para pasar un buen rato.

-Te manda Felipe, ¿no? -Bueno, y aunque así lo fuera,...

para mí siempre es un placer pasar un rato con usted.

-Déjalo, Servando, y vuelve a tus tareas,

que seguro que a estas horas tienes muchas por terminar todavía

y yo no necesito niñera. -No, no, ni yo lo digo, pero...

también podemos distraernos un rato.

-Felipe me ha obligado a salir de casa

pensando que podía entrar en una depresión.

Estoy bien.

-Si no digo yo que no lo esté, pero siempre estará mejor

si pasamos un rato de distracción.

-Eso no se lo niego.

-Y otra cosa le voy a decir:

si alguna vez necesita una habitación, no dude en pedírmela,

aquí siempre tendrá un rincón en la pensión de Servando Gallo.

-Agradecido, Servando, no lo descarto.

-Y que muchas veces necesitamos estar solos, y eso...

Bueno, en fin, que aquí siempre tendrá una habitación para dormir,

y gratis. -No, eso sí que no, yo pagaría,

que no es bueno tener deudas. -No sería una deuda,

sería un regalo. Además, no me atrevería a cobrarle

tal y como está la familia de usted, ni la Fabiana tampoco.

-Buenos días. -Buenos días.

-Don Liberto, ¿podría hablar con usted un minuto?

-Por supuesto.

-Servando, ¿me pones un café? -Sí, cómo no.

Ahora mismo.

-Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?

-Felipe me ha contado que está usted muy preocupado

por cómo va a dejar a Rosina económicamente.

-Eso es lo que más me preocupa de todo, más incluso que la cárcel.

-Lo entiendo.

Por eso...

creo que quizá le puede interesar acudir a una reunión

que he convocado.

-¿Va a hablarnos del negocio ese?

-¿Vendrá?

-Si es tan buen negocio como cree, no me lo perdería

por nada del mundo.

-La mesa que ha encargado don Ramón Palacios para la reunión

con los vecinos ya está lista. -Siento mucha curiosidad, no sé,

¿qué querrá decirnos? -En un rato lo sabremos.

Madre,... ¿y Cesáreo?

¿Funcionó su estrategia, ha dejado ya de sospechar?

-Estuvimos hablando delante de él con total naturalidad

sobre la finca de Valdeza, y yo creo que le quitamos toda la curiosidad

del cuerpo. -¿De verdad lo cree?

-Ese hombre no cree que haya nada oscuro en esa etapa de nuestra vida.

-Espero que tenga razón, sería terrible que siguiera hurgando.

-Por si acaso llamé a Basi, la vecina de Santander,

y me dijo que no había vuelto a recibir llamadas del sereno.

-Entonces, la estrategia ha funcionado.

-Ya te lo he dicho, Camino y yo estuvimos de premio.

Bueno, marcho, tengo que hacer un par de cosas

antes de que lleguen los vecinos.

-Un cafelito. -Marchando.

-Quiero aprovechar para tomarme uno antes de la reunión de mi padre.

Luego le veo, ¿no? -Aquí estaré.

Mi madre quiere que me quede aquí al pie del cañón.

¿Puedo hacerle una pregunta?

-Sí.

-¿Fue usted quien le entregó el cuaderno a Cinta?

-Culpable.

-Yo lo tiré a la basura.

-Sí, pero Camino lo recogió y me lo entregó.

Y yo no podía permitir que Cinta se fuera sin que supiera

que usted la quiere.

¿Le parece mal?

-¿Cómo va a parecerme mal?

Si gracias a eso Cinta no se subió a ese tren y vino en mi busca.

-¿En serio? -Como lo oye, y hasta le diré más:

nos abrazamos,

nos besamos...

y nos confesamos el amor que sentimos el uno por el otro.

Y todo gracias a usted, así que...

gracias. -Me alegro mucho, amigo.

A lo mejor esto le da fuerzas para enfrentarse a su madre

y decirle la verdad.

-No, no puedo. -¿Por qué?

-Bueno, es una larga historia.

-Tenemos tiempo, ¿no?, hasta que lleguen los vecinos.

-No puedo contársela, Antoñito, es complicado.

Una pena que viene de lejos, de tiempos remotos,

que aun hoy en día nos sigue afectando.

¿Cuento con usted para que me guarde el secreto

de mi noviazgo con Cinta?

-Sí.

-He oído que su hija ya no se va de gira, ¿es eso verdad?

-Así es. -¿Y eso por qué?

-Lo hemos valorado y hemos cambiado de opinión.

La gira no estaba a la altura de nuestra niña.

Para hacer las cosas deprisa y corriendo, no.

-Eso es así, no hay que conformarse con cualquier cosa.

-Eso es, ya... llegarán mejores oportunidades.

-Eso espero, y que no tengan que arrepentirse

de perder ese dineral.

¿Y ustedes? ¿Para cuándo es la boda?

Si tienen que esperar a que todo el mundo esté en mejor posición,

antes Milagros tiene hijos.

-Y hasta nietos, si me apura.

Pronto retomaremos nuestros planes de boda, ¿verdad, mi vida?

-Perdón por el retraso, tenía faena en la mantequería.

¿Me he perdío algo? -Nada, te estábamos esperando.

Tomen asiento, se lo ruego.

Verán, les he convocado porque quiero proponerles

invertir en un negocio que nos puede reportar

pingües beneficios.

-Invertir en un negocio que nos puede reportar pingües beneficios

es lo que nos ha traído hasta aquí. -No es lo mismo, doña Susana,

lo que les estoy proponiendo no es un negocio arriesgado,

al menos no tanto como invertir en un banco.

-Cuéntenos, entonces.

-Verán,...

se trata de una compañía que se llama La Tizona,

una empresa de seguros que está en pleno apogeo

y estoy convencido que va a ir a más.

-Disculpe, don Ramón,... y por qué cree que va a ir a más?

-Porque a todos nos gusta vivir sin riesgo.

Necesitamos saber que no podemos perder todo de un día para otro.

-Como nos ha pasado a nosotros.

-Asegurar las viviendas, los coches y hasta la vida,

el negocio del futuro. -¿Y las vidas para qué?

Una vez muertos, ¿para qué queremos ese dinero?

-El muerto para nada, desde luego, pero todos quisiéramos

dejar a nuestros hijos en una posición mejor.

-El problema aquí...

es que no tenemos dinero para invertir, don Ramón.

Aunque unifiquemos el poco dinero que tenemos, no reuniríamos mucho.

-En eso lleva razón, necesitamos una cantidad inicial algo elevada.

-¿Y cómo lo hacemos?

-Tenemos que pensar en algo, porque yo confío en su instinto.

Y si este negocio nos puede sacar del hoyo...

-Yo así lo creo, desde luego.

-Vamos a pensar en la manera de reunir la cantidad suficiente.

Tenemos que aprovechar esta oportunidad.

-¿A que huele que despierta a los gallos, señora?

-Sí, sí es cierto, pero no tengo apetito.

-¿Cómo que no tiene apetito?

Pero si no ha desayunao ni la he visto pegar bocao en toa la mañana.

-¿Y qué hago si no tengo hambre?

-Pos comer, que yo me he levantao mu pronto

pa ir al mercao a comprar pa hacer el guiso.

Si no se lo come, lo voy a tener que tirar,

y no estamos pa malgastar.

-Eso es verdad. -Y tanto, como un templo de grande,

uno de esos grandes y lustrosos.

-Sí, ponme una cucharada, haré un poder.

-Pero... ¿cómo, aquí en la cocina? -Ay, ¿dónde si no?

-Señora, en el comedor como lo ha hecho siempre.

-En el comedor sola...

comiendo me deprimo.

Sírvete un plato tu también y siéntate conmigo.

-Pero ¿juntas?

Señora, ahora sí que me tiene preocupá,

voy a tener que llamar al galeno. -Cállate y siéntate.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué pasa? -Eh, primero buenas.

Nota para doña Rosina.

-¿Nota de qué? -Me le ha dao don Liberto.

A luego hemos quedao pa hablar de la lotería.

-Calla, que no quiero que se entere la señora.

-¿De quién es?

-De Liberto, ¿qué querrá?

-Léalo, así lo sabremos.

-Dice que esta tarde vendrá un señor a comprar sus libros de valor,

y que nos avisa para que le atendamos.

-Eso es bueno, el señor quiere ganar unos cuantos duros.

-Sí, supongo.

-¿Y entonces? ¿Esa cara de uva pocha?

-Se está desprendiendo de sus cosas,

de las cosas que aún están en la casa.

-Mírelo por el otro lao, mejor pa usted, más espacio.

-No quiero más espacio, me gusta ver las cosas de Liberto por aquí.

-Señora,...

yo tenía la esperanza de que usted y el señor se arreglaran,

pero viendo que al final no es así,...

quiero que sepa que yo no la voy a abandonar,

que yo me voy a quedar a su lao.

-No sé si voy a poder pagarte.

-Ah, yo no lo hago por los cuartos, señora.

Mientras aguante, aquí estaré con usted.

Y ahora, ¿qué? ¿Comemos?

Porque usted no tie apetito, pero yo tengo la tripa pegá a la espalda.

-Entonces ¿lo tiene todo claro? -¿Lo de invertir en su propuesta?

Clarísimo, estoy seguro de que arriesgar es la única forma

de recuperar la inversión. -Si quiere usted salir del túnel,

yo no veo otra posibilidad. -Y yo me voy a fiar de su olfato.

Voy a intentar conseguir todo el dinero como sea,

aunque sea una pequeña cantidad. -¿Y cómo piensa usted hacerlo?

-He contactado con un comprador de libros antiguos.

He decidido vender toda mi biblioteca, son libros muy valiosos.

-Me parece una buena idea.

-Si todo nos sale bien, voy a dedicar ese dinero

a pagar a don Felipe.

Está encargándose de mi defensa sin pedir nada a cambio.

-Felipe es un gran amigo.

-Y también me gustaría dejar a Rosina

en una buena situación económica,

para que no tenga que preocuparse de nada.

Eso sí, le ruego discreción en este asunto,

no quiero que piense que estamos arriesgando

las últimas migajas que nos quedan.

-De sus palabras deduzco que no tiene demasiadas expectativas

de ganar ese juicio.

-Si le soy sincero,...

estoy haciéndome a la idea de que todo va a terminar mal.

-Pero Felipe es un excelente abogado.

-Sí, lo sé, de hecho,...

es uno de los mejores de la ciudad y sé que tiene un as bajo la manga,

pero ellos tienen un testigo y la acusación es muy grave.

Pinta mal.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-¿Qué hacen aquí tan serios?

-Bueno, hablábamos de todo un poco.

Parece que alguien se haya muerto.

Venga, cambiad ese gesto y a sonreír un poco.

He traído un quesito pa el aperitivo de esta noche,

pero el picoteo se acaba de adelantar.

No se muevan, que yo se lo preparo,

pero me tienen que prometer que sonríen, ¿estamos?

-(ASIENTE)

-Marcia.

Disculpa, ¿te he asustado? -Un poco.

-No era mi intención.

-Estaba pensando en mis cosas. ¿Qué quería, señor?

-Que le digas a Liberto que estaré tomando algo, por si quiere bajar.

(Voz de esfuerzo)

Permíteme. -¿Por qué "faz isso"?

-Para ayudarte.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

-Ya, pero yo soy un hombre y tú eres una mujer.

(HABLA EN PORTUGUÉS)

-¿Te ha molestado?

-Los señores, cuando ayudan, siempre querer algo "en troca".

-¿Algo a cambio?

Muchacha,... cuánto daño te ha hecho.

Marcia,...

no sé qué te han contado de mí, pero puedes estar tranquila.

Espero que el tiempo te permita verme con otros ojos.

-Tengo que ir.

Ah. El cartero me dio esta carta para el señor.

-¿No lo reconoces?

Es... el sello de la Embajada de Brasil.

-¿De mi país? -"No, no, no y no, Cesáreo,"

se ponga como se ponga, pero esto no se hace así.

(HABLAN A LA VEZ)

-No, usted dirá lo que quiera.

No, no discúlpeme usted.

-Es una vergüenza, es una vergüenza.

-Venga, callaos, callaos, por favor. Sentaos, venga.

-A ver. -Venga, Cesáreo.

-Ya voy.

-A ver,...

nos hemos reunido para pensar en cómo organizar una lotería

para ayudar a los señores, que están hechos carbón.

-Hechos carbón estamos nosotros, que no vamos a salir de pobres nunca,

ellos pasan una mala racha.

-Una mala racha que los pue hundir en la miseria.

Pensemos.

Toda lotería que se precie necesita un premio.

Pensad, ¿qué sorteamos? Así que venga, id dándole al magín.

-Lástima que Servando no haya podido venir.

-No, a Servando déjelo en la pensión, que es donde tie que estar.

-Yo podría dar clases de baile. -¿Tú?

Pensaba que era Servando el que daba clases de tango.

-Mu generoso estás con el Servando,

que parecía que tenía dos zancos.

-Lo que parecía eran dos moñigos de vaca de este tamaño.

-Casilda, vigila esa lengua.

-¿Y unas lecciones de lucha leonesa, qué?

-No.

-Pero Cesaréo, más que un premio es un castigo.

¿Quién quiere terminar por los suelos con la espalda partía?

-Yo podría pintar unos tiestos para adornar los balcones.

O hacer unas mantas de punto. -Ay,

no sé yo.

-O las dos cosas.

Si el premio es más grande, más boletos se venderán.

-Bueno, ¿y unos quesos?

-O unos ramilletes de flores del quiosco.

-Yo agradezco vuestra generosidad,

pero no termina de convencerme na de lo que me decís, la verdad.

-¿Por qué no esperamos a ver qué dice Servando?

A lo mejor se le ocurre algo.

-Servando, muchas ideas y ninguna buena, señá Agustina.

-Con tal de llevarse el mérito, es capaz de regalar una de las patentes

de sus inventos. -Pero ¿qué inventos,

la servandina elevadora, ese? -¿Y quién va a querer eso?

No ha funcionao nunca, hombre.

-A todo el mundo le gusta el queso. -Ay, no entiendo

por qué mis macetas no son un buen regalo.

-Porque no sirven pa na. -Pero mis ramilletes...

-Yo podría dar unas clases de baile...

-No, mi queso. Dile cómo está mi queso, mi queso está bueno.

-(HABLAN A LA VEZ)

-Me han invitado a una recepción en la Embajada de Brasil.

-¿Al señor? -Sí.

-Soy amigo del Embajador.

¿Por qué no me acompañas?

-¿"Yo"?

-Sí, ¿por qué no?

Me vendrá muy bien que alguien me haga de traductora.

-"Pero no no se..." -Marcia, por favor.

Tendrás que comprarte algo de ropa, el acto requiere etiqueta.

Yo te daré el dinero.

Y tendrás que pulir un poco tus modales.

En fin, no te entretengo más.

Dile a Liberto que estaré en la pensión.

Deja, ya lo llevo yo desde aquí.

Gracias.

Genoveva.

¿Ha dormido fuera de casa?

No. Es un vestido que he llevado a arreglar.

No sabía cómo trasladarlo.

Me alegro de volver a verle. Lo mismo le digo.

(SUSPIRA)

-Este lo compró en una feria que pusieron en el centro una Navidad.

-Sí. Yo me acuerdo, señora.

El señor no dejó de hablar de esa feria hasta Reyes.

-Es que hizo muy buenas migas con el marchante de arte de Barcelona

que se lo vendió.

Un hombre que había viajado por todo el mundo en busca de pequeñas joyas.

-¿Era librero y también joyero, las dos cosas al mismo tiempo?

-No, joyas impresas, ediciones raras,

en otros idiomas, cosas así.

-Ah. Cosas raras de las que le gustan al señor.

-Sí.

Solo él sabe valorar las cosas así.

Solo él.

Y solo él pagaría lo que pagó por este ejemplar, que me acuerdo.

Decía que era una inversión,

que estas pequeñas obras de arte costarían mucho dinero.

-Pos no lo entiendo, señora. ¿Cuanto más viejo, más caro?

-Cuántas veces se habrá sentado Liberto ahí...

a ojear estas páginas, a mirar embelesado estas ilustraciones.

-Pos un porrón de veces, señora. -Nunca pensé que estaríamos tan mal,

tan mal como para tener que desprendernos de unos libros

que él tanto ama, nunca, nunca. -Señora,

más la ama a usted, y eso sí que le da más pena.

(Llaman a la puerta)

-Debe ser el librero, no me apetece nada, qué mal momento.

-¿Quiere que le diga que venga más tarde?

-No, no, da igual, abre la puerta, que yo iré a refrescarme un poco.

Buenas. ¿Es usted el señor que compra libros raros?

-Sí, soy yo.

-Pase, que enseguida doña Rosina sale.

-¿Rosina, ha dicho?

-Sí.

-Ey, ey, ey. Quieta, pues.

¿Qué quieres, tata?

Quiero que dejes de darme evasivas y me digas la verdad,

porque llevas toda la mañana dándome esquinazo.

No puedo, que he quedado con Rafael.

¿Y qué mentiras le vas a contar al pobre chico?

¿Y por qué presupones que voy a mentirle?

Porque tú y yo sabemos que hay algo detrás de esa decisión

de no ir de gira, algo que no les has dicho a tus padres,

Anda que no eres larga, hija. Que diría tu madre:

Más lista que los ratones coloraos.

A ver, antes de irme, me enteré de que Emilio seguía queriéndome,

y no me podía marchar así.

Jesús, María, loca vas a acabar tú.

Tata, ¿qué hago? Si es que no puedo ir en contra de mis sentimientos.

Lo que no puedes es estar dando bandazos todo el día.

Céntrate.

¿Y cómo lo hago?

¿Tú estás segura de a quién quieres?

Lo tengo más claro que el agua.

Pues déjaselo claro al pobre Boquerón,

que se le está quedando cara de besugo de irte detrás.

A ver, no es que esté entusiasmada con el muchacho, pero...

no se merece que le vuelvas loco.

Eso es lo que voy a hacer ahora.

Ya va.

Hola, Rafael.

Hola.

Me alegro de que me hayas citado, porque necesito una explicación.

¿Por qué cambiaste de idea y no quisiste subir a ese tren?

-Buenas tardes.

Perdone que le haya hecho esperar, estaba atendiendo unos asuntos.

-¿Rosina Rubio?

-Vete. Vete, vete.

-Eres tú.

-¿Me conoce?

-Dime, Cinta, te lo ruego. Mírame.

Háblame.

Te lo pondré fácil: no me quieres, ¿verdad?

Lo siento, Rafael.

Pero yo te veía ilusionada.

Me esforcé en ser tu novia, quería quererte, pero...

No te sale.

Rafael, eres un chico maravilloso,

te mereces hacer esa gira y que todo te salga bien.

Mereces ser feliz.

Hagamos la gira igualmente. ¿Qué?

Si ya hemos cerrado el contrato, haremos lo que nos gusta,

seremos felices durante unas semanas,

y quizá...

con el tiempo te guste,...

quizá cuando te des cuenta de lo mucho que te quiero,

quizá te enamores de mí.

Rafael. ¿Qué?

Eso no va a suceder. ¿Por qué no?

¿Porque hay otro?

Tu corazón late por otro que no soy yo, ¿verdad?

Sí.

Sí, esa es la verdad.

He decidido quedarme porque estoy enamorada de otro chico.

Lo siento, lo siento en el alma.

¿Quién es?

¿Perdón?

Que quién es el afortunado.

¿Qué es todo esto?

Úrsula, ¿qué ha sucedido?

No lo sé, señora.

No he podido entrar hasta ahora y me he encontrado el salón

hecho una zaranda.

Don Alfredo me ha pedido que lo ponga en orden,

y eso es lo que voy a hacer.

¿Ya estás de vuelta, querida? ¿Qué ha pasado, Alfredo?

¿Dónde está Eladio?

Te exijo respeto.

No puedes exigirme nada, no eres quién para meterte en mi vida.

Te lo diré una vez para no volver a repetirlo:

No te metas en mi vida.

-Nuestros caminos se deben separar.

Solo si tú así lo deseas.

Me gustaría pedirte un favor.

Claro.

No quiero que le cuentes a mis padres, si te preguntaran,

que Emilio es la causa por la que he cancelado la gira.

Don Alfredo le está ayudando a conseguir sus objetivos,

olvide sus gustos y la relación que tiene con ese pobre hombre

al que maltrata.

Limítese a pensar que es...

un buen socio.

-Supongo que se habrá enterado de lo que ha pasado

con el Banco Americano.

-He leído que en este barrio muchos se vieron afectados.

-Sí, pero confío en que pronto se arreglará todo.

-Así lo deseo.

Después vemos esos libros, ahora cuénteme,

¿qué ha sido de usted estos años? ¿A qué se ha dedicado?

-"Me ha convidado" a una fiesta con él.

-¿Tu señor?

-Porque es en la Embajada de mi país, Brasil.

-Pero si a esa fiesta no van na más que las grandes señoras.

-O señor me dio dinero para comprar un vestido

que me quede más elegante.

-Don Ramón nos ha hablado del negocio de la compañía de seguros.

-Para entrar en ese negocio debemos invertir,

y no tenemos.

-Aunque me fíe de don Ramón más que del Alfredo Bryce,

tampoco las tengo todas conmigo.

-¿Vas a ir a una fiesta con don Felipe?

-Sí.

-¿Y por qué? -Para hacer de traductora.

-Marcia,... ¿y no será porque

don Felipe quiere algo contigo?

-Casilda, no seas desconfiada.

-Ten cuidado.

No serías la primera criada de la que se encapricha don Felipe.

-Es una carta del juez.

Nos cita para la vista preliminar contra el señor

don Liberto Méndez Aspe.

Lo supuse al ver el sobre.

Tenemos que saber qué va a hacer don Felipe.

Presione a esa criada que trabaja en su casa para que se entere.

-Estaba acordándome un poquito de mi juventud, de la playa,

de las verbenas.

-Esto va a ser por el señor que vino ayer,

el de los libros.

-Qué descarada eres. Cuidadito, a ver qué vas contando por ahí.

-Es que a él se le veía en la cara que usted le había gustao mucho

y quizás ahora también.

Sé que usted podría cambiar su declaración

sin riesgo de caer en perjurio.

En sus manos está que Liberto quede en libertad.

¿Me está proponiendo que traicione a mi esposo

y declare en su contra?

No conoce a Alfredo Bryce.

No es fácil traicionarle y salir con dignidad de ese trance.

Tengo una idea, ¿quiere escucharla?

Por supuesto.

-Ten cuidado,

sé que estás cogiendo confianza con la gente,

pero ya sabes que no se pueden enterar

de lo que pasó en Santander. Y sobre todo...

prudencia con Cesáreo.

-Es una maravilla.

-Ya lo creo.

-Mismamente, como la lotería del Estado, vamos.

-Esto me lo ha hecho un amigo mío que trabaja en una imprenta.

Ahora solamente hace falta venderlos.

-Prima,... ¿qué te apuestas a que yo vendo más papeletas que tú?

-Nanay del pirulí.

-No sabemos qué testigo va a presentar don Alfredo.

-Ya se lo digo yo: un testigo falso. -Pero si es creíble,

da igual que sea verdadero o falso. Amigo,...

si quiere que yo le defienda,

tiene que seguir mis instrucciones

y tomarse cada paso que demos como el más importante de su vida.

-Y con estas... me despido.

Solo quiero desearte que...

la decisión que has tomado sea la acertada.

-¿A qué decisión se refería, Cinta?

-No he conseguido el capital suficiente para acceder al negocio

de los seguros. Pensé que sería la solución

para el barrio, pero mucho me temo que tendremos que dejarla pasar.

-Tal vez tenga una solución yo a eso, don Ramón.

-"¿Dónde has estado?". Con Lolita.

Me la acabo de encontrar, había traído un pedido para un vecino.

Qué casualidad. Sí.

Mucha casualidad,...

pero no has estado con Lolita.

Dime dónde has estado.

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Acacias 38 - Capítulo 1046

02 jul 2019

Ramón plantea a los vecinos invertir en seguros La Tizona. Liberto busca financiación vendiendo su biblioteca, el comprador resulta ser Ignacio un viejo amigo de Rosina.
Cinta confiesa a Emilio que le necesita y desvela a sus padres y a Rafael que no le quiere, y a solas con Arantxa confiesa que sigue enamorada de Emilio.
Felipe es invitado a una recepción en la embajada de Brasil y pide a Marcia que sea su acompañante.
Genoveva tras su acercamiento a Felipe se siente culpable por el daño causado en el barrio. ¿Habrá conseguido el abogado tocar su corazón?

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