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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1043 - ver ahora
Transcripción completa

-Liberto no forzó a su esposa.

-¿Está acusando a mi esposa de adúltera y casquivana?

Si sigue por ese camino,

voy a poner una denuncia contra usted.

-Es del periodista con el que estuve hablando días atrás.

Dice que los tejemanejes de Alfredo Bryce

van a salir publicados en los periódicos de esta tarde.

-Maravilloso, así todos sabrán de la calaña de ese sinvergüenza.

-Cuando sepa que he sido yo quien ha puesto a los reporteros tras él,

se va a revolver.

Liberto se ha encamado con Genoveva.

-Por tu culpa.

-¡Me ha humillado!

-¿No te das cuenta de que está en un calabozo?

¿No lo puedes entender?

¿Es que no tienes un atisbo de piedad?

Conozco a doña Genoveva y creo en lo que dice.

Por otro lado, don Liberto siempre me ha parecido

un hombre serio y sensato.

Uno de los dos no es quien pensamos.

Nos tiene engañados a todos. Ella o él.

¿Dónde empieza la gira? -Hay fechas para Alicante,

Murcia, Zaragoza, Castellón...

-¿No estás contenta?

Sí, claro.

-Nos entrenamos

para el Campeonato de Canicas de Naveros del Río.

Uno de los hitos más grandes de este sport.

-¿Canicas?

Ya has oído a mi padre,

tiene esperanza de que no perdamos la mantequería.

-Ojalá, pero yo no me quiero hacer esperanzas

pa luego llevarme el chasco.

Yo entré,...

vi y me salí asustá.

La pena fue que se me notó.

-¿No había nadie, ¿verdad?

-No. -¿Segura?

-Sí, señor, completamente.

"Posible estafa en el Banco Americano".

-"Se sospecha que el miembro del consejo del banco,

el popular financiero Alfredo Bryce,

habría captado inversiones millonarias para el Banco Americano

y las habría desviado a bancos en el extranjero".

-Se ha llevado el dinero fuera de España.

Ha llamado Basilia, ¿te acuerdas? -Claro, de Santander.

-Un hombre ha estado llamando por teléfono,

quería saber si vivíamos cerca de Valdeza.

Estará indagando por lo que pasó.

No podemos permitir que los vecinos de Acacias descubran lo que pasó.

-Ha aparecido un testigo de sus abusos sobre Genoveva.

-¡Eso es imposible, Felipe!

¡No he abusado de nadie! ¡Todo fue consentido!

¡Además, es imposible, estábamos solos en el salón de Genoveva!

-Liberto, tranquilo, ¿vale?

Eladio.

El tiempo no pasa por ti. -Adulador.

-Díselo tú, Genoveva.

Ya se lo he dicho, cada día más apuesto.

¿Una copa? Sí.

Te lo digo en serio, apenas has cambiado.

-Tampoco tú, tienes un aire renovado.

-(RÍE)

Menos mal que te conozco bien, no me dejaré cautivar por tus mentiras.

-Pasamos juntos momentos muy felices, eso no es ninguna mentira.

-No.

No lo es.

Te quería.

-Y yo.

Espero que eso sea lo único que no cambie

y que lo demás sea diferente esta vez.

-Bien. Vamos a sentarnos.

¿Cómo has aparecido así tan de repente?

-Gracias a Genoveva, ella ha propiciado el encuentro.

Ha sido un placer, soy una sentimental.

-Y una esposa tan comprensiva

y complaciente.

Brindemos.

-Por nosotros. -Por nosotros.

Ven.

Espero que no te importe que te dejemos pasar la velada a solas.

Tenemos que recuperar mucho tiempo perdido.

Estáis en vuestra casa.

(Sintonía de "Acacias 38")

No insista, que se repite más que los pimientos.

Es un sueño, ¿no lo entiende usted?

Esa gira es mi sueño hecho realidad.

No me cambiaría por nadie.

Hay sueños buenos y malos.

Sé lo mucho que tiran de ti las tablas,

eso no lo dudo.

Has salido a tu madre, y a mucha honra.

Lo que quiero saber es si te apetece hacer esa gira con el Boquerón.

Pues claro, si es mi novio.

Está coladito, ¿verdad? ¿Lo ha notado usted?

Y media España. Son los ojitos con los que te mira.

Bebe los vientos. Se emborracha

de vientos. Pero tú no.

Lo que pasa es que nunca antes me había visto usted enamorada.

O sí.

Quizá no estoy tan prendada de él como él de mí,

pero le quiero, y mucho. Si no, ¿de qué?

Mira, canelita,

ya me gustaría que fuera verdad lo que dices.

Enamorada y correspondida, ¿hay algo mejor que eso?

¡Pero es que es así! Espérate, déjame hablar.

Estamos de vacas flacas. Está bien, es verdad.

Más que flacas, rechupás,

la familia, digo, pero mi amor...

Mi amor, no es cosa tuya sacarnos las castañas del fuego.

Quiero hacerlo.

Lo sé.

Soy yo quien no quiere que lo hagas a costa de un mal trago o algo peor.

No quiero que hagas nada de lo que puedas arrepentirte.

No me arrepentiré.

El dinero es solo eso,

dinero, parné, ya está.

Hay muchas formas de conseguirlo

y yo ya he demostrado que sé algunas.

No vayas de gira si no lo tienes bien claro.

Lo tengo más claro que el agua de la fuente.

Quiero ir y quiero ir con Rafael.

Sé lo que hago, padre.

Dame un abrazo.

Voy adentro a...

Sí, a ver a mi madre.

Eso,...

a ver a tu madre.

¿Qué se dice por la calle? -¿Después del reportaje?

De todo, como siempre.

Hay más división de opiniones que en una plaza de toros.

Pero, en general, cunde una moderada esperanza.

-¿Recuperarán su dinero?

-El que más y el que menos sabe que el banco no cederá,

pero es bueno que la opinión pública sepa que se ha cometido una estafa.

-Si hay estafa o no, lo deberá decidir un tribunal.

-Para eso hay que llegar al juicio, que sería el mejor de los casos.

-Y, aun así, no será de aquí a mañana.

La justicia no es como el ferrocarril,

que cada día va más rápido.

-Alfredo Bryce se procurará la mejor defensa.

-Y pondrán todas las trabas posibles: marrullerías...

En fin, podríamos estar hablando de años.

-No se desanimen,

que hayan desenmascarado a ese fullero ya es una buena noticia.

-No digo yo que no.

Al menos, podrán ver el rostro de quien les robó el dinero.

-No es mala cosa que Bryce

no pueda repetir la jugada con otro grupo de cándidos.

-Don Felipe...

-Es una forma de hablar.

El caso es que su padre,

ha sabido ponernos tras la huella del crimen.

-Ha sido ese avispado reportero.

Es bueno.

Con las pistas que le di, sí,

pero ha sido él mismo

quien moviendo los hilos, ha descubierto

que fue Alfredo el que puso la maquinaría

para desprestigiar al Banco Americano.

-Eso ya es un índice de estafa.

-Tomen asiento, por favor.

-Lo que no tengo claro es que...

si Genoveva es cómplice o solo una esposa abnegada.

-No sé si algún día se despejará esa incógnita.

-Demasiadas incógnitas esconde esa mujer.

En fin, ¿qué opinan de Liberto?

-No sabemos si ella le complicó o ambos se dejaron llevar.

-El caso se le complica.

La acusación tiene un testigo de cargo.

-¿Alguien dice ser testigo?

-De acuerdo con Liberto, todo es mentira,

y todo lleva el sello de nuestro banquero.

Ese testigo cometerá perjurio,

tendremos que demostrarlo y no será fácil.

-No tiene límites esa sabandija.

-Lo peor es que Liberto espera la vista en prisión preventiva.

-¿No le van a conceder la libertad provisional?

-La he solicitado, pero no quiero hacerme muchas ilusiones.

En todo caso, mañana se pronunciará el juez.

¿Y usted, cómo se encuentra, Agustina?

-Bastante mejor,

pero todavía no tengo fuerza para serle de utilidad a nadie.

-¿Y qué necesidad tiene usted de eso?

-Quiero decir, trabajar.

-No se preocupe por su señor, que está bien atendido.

-Ni siquiera hablo ya de volver con don Felipe.

Me gustaría, por poner un ejemplo,

lavarles y plancharles a las chicas,

mientras ellas se afanan en casa de sus señores.

-Usted descanse,

descanse, que no sabe cuando uno podrá volver a hacerlo.

-Al contrario, me siento como un trasto viejo.

Con los afanes que está pasando todo el mundo,

y yo con una vida tan regalada.

-¿No me diga que echa de menos las preocupaciones?

Así no se va a recuperar nunca.

-¿Es verdad que dicen en el periódico

que el banquero timó a los señores?

-(RÍE) A to quisqui.

Bueno, mucho señores, mucho señores,

pero tienen menos psicología que una estatua ecuestre.

Yo ya había localizao al banquero. A mí me la iba a dar.

-Pues le hacía usted unas reverencias,

que ni un chino con chepa.

-Bueno, para confundirle.

-A las buenas.

Al parecer, puede que los señores recuperen sus dineros,

que el banquero está destapao.

-¿A ti qué te importa el dinero del banquero o de los señores?,

que no va a ser para ti.

Tenemos ya el concurso, y las canicas no se mueven solas.

-¿Me pongo en un rincón? -Ahí, con la cabeza abajo.

-¿Va a jugar a las bolas aquí?

-Va a jugar a las canicas.

Va a jugar aquí porque en la calle nos han apercibido.

-Que no se deje ninguna bola por el suelo,

a ver si alguien se parte la crisma.

-Que no se deje ninguna canica, canica por el suelo.

-(GRITA) -¿Qué ha pasado?

-Que me ha pisao el dedo como si fuera una colilla.

-Cómo te voy a pisar.

-Da más pena de ver que a una oveja sin leche.

-¡Déjate de leches!

A ver cómo está. -Me ha partío el dedo,

eso es lo que ha pasao. -No seas agonías.

-Que me lo ha cascao, que he oído el chasquío.

-Que no, mequetrefe. A ver, a ver, muévelo.

-Pendulea, pero yo no soy quien lo mueve.

-Pero ¿y... vas a poder lanzar las canicas?

-¡Pa uste los bolindres!

-¿Y con la izquierda?

-¡Que me deje en paz! ¿Ya está contento?

Esto me pasa por seguirle la corriente.

Me ha desgraciao uste. -¿Yo?

¡El sereno y los vecinos, que no nos dejan jugar en la calle!

¡Se creen que la calle es suya!

Vámonos, que todo en esta vida tiene solución

y en la casa de socorro hacen milagros con estas cosas.

Y mientras te curan, vas haciendo ejercicios con la mano izquierda.

Eso sí, eso sí, no se tienen que enterar los de Naveros,

no se tienen que enterar si eres zurdo o diestro.

Esto es un deporte pa listos. Venga, vamos.

No has desayunado.

-Has venido.

-Llevo días sin pegar ojo.

-¿Por mí?

No, por esto.

-¿Crees en la acusación? -No.

-¡Gracias a Dios!

-Sé que eres incapaz de comportarte de una forma tan vil.

Pero he venido para que lo escucharas de mi boca.

-No sabes lo que tus palabras significan para mí, Rosina.

Me estaba viniendo abajo pensando que me despreciabas.

¿No te importa cómo lo pueda estar pasando?

Qué poco corazón tienes.

-Bueno, ¡basta ya!

-¿Cómo?

-Si no he ido a verlo es porque tengo miedo de venirme abajo,

y eso sería peor para Liberto.

-¿Peor que no verte allí?

Lo dudo.

-O peor para mí verle entre rejas.

-Pues te aguantas, que él te necesita.

-¿Y lo que necesito yo?

¿Te has parado a pensar que yo también estoy sufriendo?

-¿Tú? Es él que está entre rejas,

acusado por delito que no ha cometido.

-¿Y yo tengo la culpa de eso?

-¡Sí, tú la tienes, por supuesto que la tienes!

¡Estoy harta de que siempre seas la víctima, la que más sufre,

la que más soporta! -¡Soy la víctima!

Tu sobrino ha tenido una relación con una vecina estando casado,

¿se te ha olvidado?

-Porque tú le has echado de tu lado con tus quejas y tus melindres.

-Señoras, vamos al restaurante, no pueden seguir así.

-A lo mejor no he sido la mejor esposa estas semanas,

¡pero Liberto se ha encamado con Genoveva!

¿Podrás perdonarme?

-(SUSPIRA)

-Poco a poco, Liberto, lo intento,

de verdad que lo intento.

-Discúlpeme.

Su señoría ha tomado una decisión sobre su libertad bajo fianza.

Buenos días.

Me ha despertado el olor de tu café.

¿Cómo sabes que lo he hecho yo?

El de Úrsula no me hace salir de la cama.

¿Está? No, le he dado unas horas libres.

Pensé que os sentiríais más libres sin ella.

Dale los buenos días a mi esposa, Eladio.

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Café?

Eres un patán.

Pero muy guapo.

¿Miento, Genoveva?

No.

Utiliza la servilleta antes de beber.

Lamento arruinar el primer desayuno de la luna de miel,

pero tienes que ver esto.

Pero esto...

¿Por qué no me lo enseñaste ayer?

¿De verdad lo hubieras preferido?

Tuviste una dura jornada con tu testaferro, creí más saludable

que disfrutaras de Eladio. Podrás ocuparte hoy.

-¿Qué pasa? ¿Malas noticias?

-Nada que te importe. Y no hables con la boca llena.

Márchate.

Lo siento, no has venido en el mejor momento.

Cuando te vistas,

vete y baja por la escalera de servicio.

¡Ha sido el maldito Ramón Palacios!

-"El fiscal alegaba" que podría usted reincidir.

-¿Cómo reincidir?

¡Solo reincide quien ha delinquido!

-Calma, Liberto, calma. El magistrado nos ha dado la razón.

-Uy.

-Gracias. -¿Cuándo saldrá en libertad?

-Cuando presente la documentación, cosa que voy a hacer ya.

-Bueno, pues, yo también me voy.

Me alegro mucho de que puedas salir de este lugar infecto.

-Rosina, espera, no te vayas.

Me alegro mucho de que hayas venido.

¿Me dejarás volver a casa cuando salga?

-Ya veremos. Liberto, poco a poco.

Te espero con Felipe.

"Hay sueños buenos y malos".

"Sé lo mucho que tiran de ti las tablas, eso no lo dudo".

"Has salido a tu madre, y a mucha honra".

"Lo que quiero saber es si te apetece"

hacer la gira con el Boquerón.

¡Quiero hacerlo! Lo sé, lo sé.

Soy yo quien no quiere que lo hagas a costa de un mal trago o algo peor.

No quiero que hagas nada de lo que puedas arrepentirte.

No me arrepentiré.

Señorita, anda que no estará uste contenta ni na.

Una gira por to lo alto dicen por ahí.

Sí que estoy contenta.

Átese los machos y al lío,

que tos sabemos que pue ser una artista como su señora madre.

Gracias, pero eso es mucho decir. No ha nacido otra como mi madre.

Pero si alguien tiene el molde, esa es ella.

De todas maneras, cuando actúe aquí, iré a verla con mi marido.

Yo te avisaré.

Es uste oro molido. Voy al quiosco,

que desde que salió ayer la notica del banquero, no paro.

Menudo alicate el menda. A nosotros nos lo vas a decir.

Si no atamos a mi madre, se lo come por los pies.

Normal.

Mucha suerte, señorita. Muchas gracias.

Con Dios. Con Dios.

(Llaman)

¿Esperas a alguien? -Aguarda.

-No parece nada bueno.

-Yo abro. Vete a la habitación, por favor.

-Ramón, si es algo que... -Por favor.

(Llaman a la puerta)

¡¿Es usted el responsable de esta infamia?!

-Le ruego que no levante la voz. -¿Cree que me importa el escándalo?

¡Son mentiras, calumnias y quiero que todo el mundo lo sepa!

¡Viles infundios!

-Pase, por favor.

-¡Déjese de zalamerías y responda!

¿Está usted detrás de esto?

-Como cualquier lector puede apreciar,

este artículo lo firma un reportero, no yo.

-Es un cobarde.

-Le ruego que mida sus palabras.

No tengo nada que ver con ese artículo,

pero no tengo empacho en admitir

que celebro que la opinión pública conozca los hechos.

-¿Hechos? ¿Dónde están las pruebas?

¿Dónde están los documentos? ¿Hechos?

¡Falsedades, patrañas! ¡Es usted despreciable!

-¿Ha terminado usted? -No, claro que no.

Tarde o temprano descubriré que ha sido usted

quien ha urdido este complot, que ha mancillado mi honor

y enfrentarme a mis vecinos, ¡mis clientes!

-Es usted libre de pensar lo que quiera.

-Sí, de pensar y de actuar.

¡Se arrepentirá, se lo aseguro, se arrepentirá!

-Si la justicia interviene y demuestra

que usted actuó con deslealtad hacia esos clientes...

-¿"Deslealtad"? ¡¿Cree que he levantado mi banco

y afianzado mi prestigio con deslealtad?!

¡Desconoce usted el mundo de las finanzas!

¡Es usted un ignorante y un calumniador!

-Espera, que tu padre sabrá manejarlo.

-¡Sabré demostrar mis afirmaciones!

¡Investigaré de dónde sacó la información ese plumilla!

¡Removeré Roma con Santiago hasta que se conozca la verdad!

-¿La verdad?

¿Está usted seguro de que esa es la palabra que desea emplear?

Yo diría que está usted tratando de camuflarse,

de esconderse detrás de esa ira. -Si descubro...

No.

Cuando descubra y demuestre

que ha sido usted el que está detrás de estas calumnias,

no tendré clemencia.

Caeré sobre usted como una tormenta.

-¿Es eso una amenaza, señor Bryce?

-Ramón, ese hombre es capaz de cualquier cosa.

-Tenemos que denunciarlo.

Nosotros somos testigos. -Nada de eso.

Sosiego.

No hará nada, al menos por el momento.

-No podemos quedarnos esperando a que deje caer el hacha.

-Tenemos tiempo.

Lo he meditado mucho y creo ser capaz

de prever cada uno de sus pasos. -¿Qué piensas hacer?

-Confiad en mí.

Ahora te lo llevas to.

A ver...

Mira, fideos de cabello ángel,

orégano, el tomate pal aliño

y el pollo pal caldo. -"Obrigada".

-Uy, me gusta esa forma de dar las gracias.

Es como más de verdad.

¿Cómo te va en ca de don Felipe?

-"Me gusta trabajar para el señor".

Es educado y "amigáve". -Amigable.

-"Amigable".

-¿Y es verdá que te está enseñando español?

-(ASIENTE) Es bueno y paciente.

-Lo sé, que le conozco desde hace más años que Carracuca,

pero al principio es un estirao, no me digas que no.

-"¿Cucuca?".

-Que es muy serio, como si se hubiera tragao un palo.

"Porque él es un caballero, y los caballeros son serios".

-La verdad que sí,

que parece que haya nacío con corbata y un botín en cada pie.

-"Yo estoy muy agradecida".

He "hablado" con Agustina para poner en español

una canción "brasileña" que le gusta mucho.

-¡Qué buena idea! Cuando trabajé pa él,

me hubiera gustado cantarle una copla de Cabrahígo, de mi pueblo.

Aunque pensándolo mejor, no, me hubiera echado a la calle.

-¡No! ¡Le gusta mucho la música!

-Ya. La de mi pueblo no, te digo yo que no,

que todas las jotas hablan de...

refajos.

O como mucho, de curas y refajos.

(RÍE) Que te lo apunto.

Te lo apunto, que tendrás mucha faena que hacer,

y ya otro día te cuento cosas de Cabrahígo

y de cómo nos zurramos allí.

-¿Suda...? ¿Sudamos?

-No, no, zurramos, zurramos.

(RÍEN)

Muy contentas las veo.

Pos sí, si no fuera por estos ratos...

-Buenos días. -Adiós.

Genoveva, tenía muchas ganas de hablar con usted.

¿Sabe que su esposo va a hacer que un testigo acuse a don Liberto?

Me lo ha dicho, sí.

¿Y?

No pueden hacerle eso al pobre. Genoveva, que no la violó.

No me canso de decírselo a Alfredo, pero no me hace caso.

Está dolido y quiere venganza. Pues algo hay que hacer.

¿Ahora?

Olvídese, rezuma inquina con todo lo que ha salido publicado

en la prensa.

No sabe usted lo avergonzada que me siento.

Avergonzado tendría que estar él, por estafador, no usted.

Pero me duele, Lolita.

Me siento culpable incluso, aunque yo nada tenga que ver

con sus negocios.

Ay.

No se ponga así, si a usted nadie la culpa de na.

Soy su esposa. Y una víctima más.

Si viera cómo se pone conmigo, hecho una fiera, un energúmeno,

me hace sentir miedo hasta de mirarle a los ojos.

Deje las lágrimas, que no merece la pena.

Llorar quizá no, pero sí vale la pena ayudar a los vecinos,

a mis amigos.

¿Nos va a ayudar usted?

¿Y a don Liberto también?

¿Cree usted que debería hablar con don Felipe?

¿Me está pidiendo consejo?

Yo sola no me atrevo a nada. Pos sí.

Sí, debería hablar con don Felipe, pero no ahora.

Deje que vaya yo primero,...

y le allano el terreno. Gracias, Lolita,

no sé qué haría sin usted.

Me siento tan sola,

tan desamparada. Ay.

Venga.

-Dice el periódico que no metió nuestro dinero en el banco.

-Dicen que lo mandó al extranjero. Bien sabía él que a los extranjeros

les gustan más los cuartos que a un niño el algodón de azúcar.

-También dice que es muy posible que fuera el mismo don Alfredo

el que pusiera su propio banco en la picota.

-Este canalla no tiene límites,

lo que ha hecho con mi sobrino no tiene nombre.

Es capaz de mandármelo a la cárcel

para no pasear sus cuernos por las esquinas,

y que Dios me perdone la expresión, pero una ya no puede más.

-¿Ha tenido usted noticias? -Felipe, que sabe más de penal

que un reincidente, ha ido a ver al juez para ver

si nos concedía la provisional.

-Tía.

-Ay, hijo mío, qué alegría.

Pero qué flaco estás, te han mermado las carnes.

-Susana, por el amor de Dios, que no es un Galeano con la pena cumplida.

-Me alegro de que el juez haya entrado en razón.

-Eso es negociado de don Felipe. -No ha sido fácil.

-Gracias.

-Don Liberto,

si supiera uste lo mucho que he pensao en uste

en esa casa tan vacía. -Casilda, no eres quién

para decir cómo está mi casa.

-No sabe lo que hemos rezao por usted, don Liberto.

-Gracias a las dos.

-Y que sepa que aquí naide se traga que usted haya,...

bueno, que haya hecho el pecao ese del que le han acusao.

-Hala.

-Tendremos que demostrar al juez que están en lo cierto.

-Vamos, Felipe, no me las desilusione ahora.

Seguro que lo consigue. -Bienvenido, don Liberto.

Si necesita testimonio de su probidad, ya sabe dónde me tiene.

El testimonio de un sereno es muy tenido en cuenta en tribunales.

-Lo haré si es necesario.

-Ay, qué alegría.

Dichosos los ojos que le ven.

¿Qué tal le han tratado?

-Peor que ustedes.

-Ay, espero que a ese banquero no le traten con consideración ninguna

el día que lo trinquen.

-Te has enterado, ¿no?

-Sí, tieta, sí, un manipulador sin conciencia.

-Un bandolero sin trabuco, eso es lo que es.

-En fin, señores, si nos disculpan, Liberto,

tenemos que repasar los hechos. -Claro, solo será un minuto.

No me gustaría dar por terminada esta reunión improvisada

sin mostrarles mi agradecimiento por su lealtad,

en especial a mi esposa,...

que a pesar de mi conducta no ha dudado ni un segundo en apoyarme.

Gracias a todos de verdad.

-Rosina, espera un momento.

Ven.

Viéndote llegar con Liberto no puedo más que decirte que me arrepiento

de todo corazón de todo lo que te dije.

-¿Te refieres...

a que me dijiste que yo tenía la culpa del adulterio?

¿Y que había alejado a mi marido

con mis lamentos y mis quejas? -Es mi sobrino

y estaba muy preocupada.

-Olvídalo, ahora solo quiero que su pesadilla termine,

nuestra pesadilla.

Lo demás me trae sin cuidado.

-¿Va a dormir en tu casa?

-No lo sé.

-¿Ves? ¿Ves?

¿Ves cómo eres un exagerao? Pero ¿qué rotura ni qué rotura?

Que yo no tengo queja, que ya sé... Siéntate.

Ya sé cómo sois los deportistas con talento,

que tenéis vuestras exigencias y manías,

pero mientras sirvas para el juego. Aquí.

-Duele. -El precio de la gloria.

-Está muy hinchao. -Pues ya bajará, ¿por qué crees

que estamos en el altillo?

Aquí no subirá ningún señorito arrogante

para obligarte a hacer cualquier trabajo pesao

que malgaste tus facultades.

Aquí te puedes concentrar en tu juego, en tu arte,

en tu don.

-Pero parece una morcilla de Burgos.

-Calla, que se me hace la boca agua.

¿Conoces algún remedio para eso? -Frotarse con vellón de merina

nunca viene mal.

-Fíjate que...

mi Paciencia siempre me decía que tenía unos dedos suaves

como la seda de Oriente. -Pues a usted le mentía.

-¡Ay, Jacinto!

Pero ¿qué te ha hecho este negrero? -Entrenador, Marcelina,

entrenador táctico del equipo.

-Me han dicho que venías de la casa de socorro.

-En la casa de socorro no hay un arroyo pa meter la mano.

-¿Duele?

-Como el topetazo de un carnero en celo.

-Marcelina, por Dios, que me lo alteras.

-Usted, chitón.

¿Por qué no le deja en paz de una vez?

-Claro,...

y hacer que renuncie...

a la victoria, a la gloria, al prestigio.

Tú no tienes corazón,

tú lo que deberías hacer es sentarte y cantarle algo,

como una nana, algo que le relaje.

-Cántale las cuarenta, yo me marcho.

Sí, voy a saludar a don Liberto, que estaban tos

arremolinaos porque llegaba. -Tú te quedas,

que el comité de bienvenida está completo.

-Bueno, pues me bajo al portal, que me he dejao la escalera por fregar.

-Tú te quedas, que esa la friego yo.

-Uy.

Vivir para ver.

Pero la escalera estaba como los chorros del oro, que lo he visto yo.

-Chist.

Tú deja que el táctico se deslome, que tú y yo...

tenemos cosas más enjundiosas que tratar.

-Uy.

(SE QUEJA)

Perdón.

-¿Cómo que provisional? -Provisional,

transitorio, temporal, llámalo como quieras.

-O séase, que lo van a enchironar otra vez.

-Espero que no, solo si el tribunal lo considera culpable,

espero que Felipe esté muy inspirado en su defensa.

-Señora, ya verá como sí.

Y también podría defenderles a ustedes si al final llegan a juicio

con el banquero. -Ojalá llegáramos a eso.

-La verdad es que no sé, señora, no tos confían en que lo trinquen.

En el mercao he escuchao que hasta hay familias arruinás

que han tenío que vender sus pisos y...

irse a vivir a zonas menos lujosas.

-Bueno,

dejemos esta conversación, no quiero oír más penas, no quiero.

-Ya, pero ha elegío un buen momento, señora.

(Llaman a la puerta)

Señora, don Felipe. -Sí, tengo ojos en la cara.

Bienvenido, Felipe, ¿quiere tomarse un té?

-No, gracias.

¿Podemos hablar a solas? Es un asunto delicado.

-Sí, sí, yo me marcho,

ni que hiciera falta decírmelo.

-Usted dirá.

-Verá,...

podría hablarle como amigo, pero no pienso hacerlo,

voy a hablarle como abogado.

Me gustaría que se pensara la opción de acoger a Liberto en esta casa.

-Imposible. -Por favor, piénselo.

-Tal vez más adelante, no soy adivina.

-Pero sí que es una mujer de justicia.

Y precisamente de justicia vengo a hablarle.

Nuestro sistema es muy de aparentar...

y para Liberto sería bueno que tanto el Ministerio Fiscal

como el Tribunal vieran que su esposa cree en su inocencia.

-Pues entonces lo atestiguo.

-Que cohabitara con usted sería más convincente.

No nos asegura un veredicto de inocencia,

pero nos ayudaría.

-Yo no le deseo ningún mal a Liberto, él lo sabe, usted también,

pero yo no sé si estoy preparada para tenerlo en casa.

-La entiendo,

pero permítame que insista.

Liberto es una víctima de un enredo,

por no hablar de una trampa.

-Nadie le empujó a los brazos de esa mujer.

-No. Es verdad,...

pero también es verdad su arrepentimiento.

Tendría que haberle escuchado en esa celda.

Doña Rosina,...

usted lo es todo para él, parecía que quería morir.

-Yo también me he sentido muchas veces así.

-Lo sé,...

y la entiendo perfectamente.

Sé lo mucho que duelen las infidelidades,

también para el causante,...

pero por favor, piénselo,...

temo que Liberto se abandone y no quiera seguir luchando.

No si no le perdona.

-Lo pensaré.

-Gracias.

-Don Liberto que se fíe de la Virgen y no eche a correr,

que con toda su inocencia le va a caer una condena

que no se la salta ni un dantzari. -Mujer, no seas agorera.

-¿Agorera? Lo que pasa es que yo me he fijao

en los ojillos de ese banquero. Ahí dentro nada bueno hay.

-Desde luego, es más malo que la lluvia para una cofradía, eso es.

Porque Cinta se va a pegar la pechá por esos caminos de Dios,

que si no, ese nos deja con una mano delante y otra detrás.

Deje de darle vueltas al tema,

que tengo fuerza suficiente para eso y más.

¿Has hecho ya el equipaje?

En ello estoy.

Ya veo, ya, cansada estoy

de sacar y meter, meter y sacar, sacar y meter,

que parece que la chiquilla no acaba de decidirse.

-Chiquilla, que es pa hoy.

Y no te olvides los palillos,

que una vez me pasó a mí y tuve que estar tocando los pitos

con los dedos hasta que me salieron salvaduras.

-¿No le iba a prestar vestidos?

-Ay, qué cabeza la mía.

Voy a escoger unos cuantos que sean lucidos.

Yo voy con ella, no vaya a ser que me busque

los de botones.

Como que tú no puedes hacerte un escote a tijera, ¿no?

Tata, déjame. A ver, ¿qué te pasa?

¿Qué me va a pasar? Estoy inquieta por la gira.

Ah, ya.

No lo entiendes porque eres más fría que una sardina.

¿"Fría"?

"Frescue". Y a mí no me la das, ya sé yo

que no estamos hablando de sardinas, sino de boquerones.

¿Y qué tiene que ver el boquerón?

Tú sabrás eso. Yo solo sé que te he visto

yéndote a escondidas de madrugada para hacer la Dama del Misterio

y se te veía el ángel en la cara.

Y ahora que vas a cumplir tu sueño, vas a cantar y bailar

por todos los rincones libremente, mírate,

más mustia que el perejil de anteayer.

Son los nervios.

Es el flamenco.

¿Rafael? ¿Por qué, si es mi novio?

Mírame. Mírame.

¡Ja!

Que no, que está tu madre, ja.

De acuerdo, no es por él.

Es por Emilio.

Acabáramos.

¿Te vas por el camarero?

Me voy pa no verle.

Y me muero si me marcho.

Ni contigo ni sin ti.

Te pareces a mi madre.

Bueno, otro gallo cantaría si lo fuera.

Cinta, estás huyendo.

¿Y qué? Tata, ¿y qué?

Que no te hemos criao para eso.

En mi tierra solo se huye de los toros,

y en fechas señaladas y cuando el morlaco tiene

más de 10 quintales de peso, y perdóname,

no le veo yo a Emilio que tenga ese peso.

-"El que haya elegido a otra persona como compañero

para el resto de su vida me hunde en la peor de las desesperaciones,

me quita toda la esperanza y ganas de seguir adelante".

-¿Qué, convocando a las musas?

Tranquilo, tranquilo, sé muy bien lo íntima que es la lírica.

-No soy poeta ni literato. -Tampoco es un insulto no serlo.

Bueno, ¿cómo lleva lo de la gira de Cinta?

-Usted lo ha dicho, lo llevo.

-¿Va a dejar que se marche?

-¿Y qué hago, me disfrazo de Guardia Civil y me aposto en el camino?

-A lo mejor eso le gusta, los uniformes.

-Déjeme en paz. -Emilio, en serio, en serio.

Yo intentaría hablar con ella antes de que se vaya.

No sé, decirle lo que siento

y que no quiero que se marche. -Es mejor así.

A usted se le escaparán las razones, pero créame, es lo mejor.

-Pues sinceramente, no... -Las revelaciones de don Alfredo

están dando esperanza a los vecinos, ¿no?

-Sí, sí, ese ladrón...

acusa a mi padre de estar detrás de la noticia.

-No debe ser bueno tenerle en contra.

-Eso creo yo. Mi padre dice que no hay nada que temer,

pero yo no las tengo todas conmigo.

-Dígale a su padre que si me necesita, puede contar conmigo.

-Lo haré.

Bueno, ¿y... ha oído algo de un tal Valdeza?

-¿Qué?

-Valdeza.

Sí, no sé, Cesáreo anda preguntándoselo a todo el mundo.

Era por sacar un tema, tampoco le veo muy por la labor.

-No, no he oído nada.

-Bueno, yo me voy con mi esposa. Hasta la vista.

-Les he dejao un guiso en el fuego, pa que cenen.

Señora,... ¿quiere usted que me marche y les deje a solas?

-Preferiría que te quedaras.

-¿Hasta que venga?

Si necesita algo, pégueme un grito.

(Llaman a la puerta)

Deje, deje que le coja la maleta.

Bienvenido, señor. -Gracias.

Gracias.

-Dáselas a tu letrado.

-Rosina, si no estás conforme... -No he dicho yo eso.

-Una vez más,...

perdóname.

-No menciones eso,

y te rogaría que no menciones a la pelandusca.

Yo quería tiempo para pensar,

que lo sepas, pero he considerado que tu libertad

está por encima de todo.

-Gracias.

-Espero que tú te concentres en tu defensa,

porque Felipe no lo tendrá fácil.

-Felipe lo va a hacer muy bien.

-Claro.

-(CARRASPEA)

-Qué raro todo, ¿no?

-¿El qué?

-La situación.

-Un poco.

-Pensé que estarías más...

no sé, más nerviosa.

-Me he tomado dos litros de tila.

-En fin,...

entonces duermo en el cuarto de invitados, ¿no?

-Sí, lo tienes listo.

¿Has... pensado algo...

para conseguir el dinero?

-No te preocupes por eso, Rosina, yo me encargaré.

-Bueno, pues... me voy a descansar.

-Que duermas bien.

-El Palacios ha vuelto a sacar los pies del tiesto.

¡Malditos sicarios!

¡Tenía que haber buscado a otros para que terminaran el trabajo!

Como sigan con esas falsas acusaciones, lo haré.

No son falsas. ¡Muy bien!

¡Díselo al reportero: somos culpables!

Ay, Alfredo, no pierdas los nervios,

que no es para tanto lo que dicen. No tienen pruebas.

Pero ensucian mi nombre, no eres tú la que aparece en los papeles

como una estafadora.

De medio pelo tampoco. Y para más inri,

con tus enredos me pones en evidencia delante de todos,

¡como un cornudo!

No sé cómo gestionarás ese tema, pero todos están convencidos

de la inocencia de Liberto.

Les ha faltado contratar una orquesta para recibirle.

Para tocar música fúnebre. ¡Te aseguro que lo condenarán!

No sé si eso es una buena idea.

Si y testifico, los vecinos se pondrán en nuestra contra.

Puede que sea mejor que retiremos la denuncia.

Óyeme, nunca, jamás.

Se pudrirá en el penal. Tú jugaste con él,

atente a las consecuencias. Pero tendremos enfrente a Felipe.

¡Como si tenemos a Emilio Castelar!

Felipe es un hombre de mucho prestigio.

¡No quiero oírte más!

Te violó,... y lo declararás.

Pero, Alfredo,... Nada, vete.

Fuera de mi vista.

¡Vete!

Esa mujer me exaspera.

Lo entiendo, señor.

¿Y?

Hable, que usted da puntadas sin hilo.

Como quiera, señor.

Verá, tengo la impresión de que la señora flaquea.

No es habitual en ella, pero...

con don Felipe lo hace. Lo sé.

Pensé que era más fuerte. Vigílela.

Por el abogado no debe usted temer nada,

está en nuestras manos.

¡No, por favor, por Dios! ¡Usted no!

Odio a la gente que no sabe medir sus fuerzas.

Yo sí que sé, señor. Y, además, soy previsora.

Marcia, la doncella del señor Álvarez-Hermoso,

trabaja para mí.

Genoveva no debe saberlo.

Este trato quedará entre nosotros dos y esa chica, Marcia.

¿Por qué esta decisión?

Genoveva... no debe estar al corriente de todo lo que hago.

¿O acaso va a decirme...

que ella no guarda ningún secreto para mí?

-Cesáreo pregunta por Valdeza. -¿Por qué puede estar interesado

en Valdeza?

-Supongo que le sonsacó algo a Camino y empezó a investigar.

Lo que no logro adivinar es qué está buscando.

-¿En qué situación se encuentra?

Espero que el juicio no llegue a producirse.

-Y yo, pero no puedo garantizarle que sea así.

-Seguro que Felipe le saca de este entuerto.

-Felipe tiene toda mi confianza y respeto,

pero don Alfredo...

tiene los mejores abogados que se puedan comprar.

-¿Le has contado algo a Cesáreo de lo ocurrido en Valdeza?

-Hija, ¿qué le has dicho?

-Sabemos que Genoveva presta demasiada atención a don Felipe.

Lo cierto es que ya hace un tiempo que ando preocupada

por la admiración que siente la señora hacia ese abogado.

Por eso creí que era una buena idea meter una confidente

dentro de la casa de don Felipe.

Entiendo que está pasando por una situación incómoda.

No sabe hasta qué punto.

Cuando no me miran mal por lo de Liberto,

me abordan para echarme en cara el fraude

que cometió mi esposo. Muchos la tienen como cómplice

del señor Bryce. Así es.

-¿Está bromeando o ha perdido la puntería?

-Pa mí que tanto cuidao me ha hecho perder

el punto de... apunte. A ver, deme.

-Hundidos. Hundidos.

-¿Qué quiere que haga entonces? -Nada.

Actuar como si no ocurriera nada de enjundia.

Seré yo la que se encargue del sereno.

-¿Por qué me da explicaciones?

Solo pretendía que usted conociera la verdad.

Por eso le estaba buscando, me gustaría poder charlar a solas

un rato. Lo cierto es que...

yo también estoy deseando pasar...

un rato a solas con usted.

Has de estar muy atenta a las reuniones de don Liberto

y don Felipe.

Escucha sus conversaciones y memoriza todo lo que hablen

sobre la preparación de la defensa.

-Don Ramón, le agradezco su invitación.

Ha demostrado ser un amigo de verdad.

-No tiene nada que agradecer.

-Nos la tienes que cuidar muchísimo, Arantxa.

Por fuera ya parece una señorita,

pero por dentro sigue siendo inocente.

-Descuide, don Jose,

que estaré con un ojo puesto en ella y el otro en el guitarra.

-No, pon los dos ojos en el guitarrista.

-Llevo unos días dándole vueltas a un negocio que podría ayudar

a todos los vecinos e impedir que mi nuera perdiera la mantequería.

-Vaya,... todo esto es una panacea.

-Si todos los vecinos colaboraran,

podrían recuperar el dinero que han perdido con la inversión.

-Quería hablarle de Genoveva.

-Te escucho.

-Yo sé que en estos momentos to el mundo duda de ella,

y me barrunto que usted también.

-Hay razones para desconfiar.

-Pero es que Genoveva es mi amiga, y me ha contao cosas que nadie sabe.

-¿Qué cosas?

-Entiendo que tiene que ser muy doloroso ver como se marcha

la persona a la que uno ama y no poder hacer nada para evitarlo.

-Le ruego que deje ese tema.

Me cansa que todo el mundo me hable de Cinta, es agua pasada.

-Ambos sabemos que eso no es cierto, Emilio.

Ahora que mis planes están funcionando,

le reconozco que me estoy aburriendo de mi matrimonio.

Tenga paciencia, señora.

Su sociedad está siendo fructífera,

sin don Alfredo no habría conseguido nada.

No le falta razón,...

pero eso no impide el hastío que siento a su lado.

-En estos momentos, mis sentimientos son un torbellino.

-Pues yo confío en que lo nuestro mejore.

Don Felipe.

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Acacias 38 - Capítulo 1043

27 jun 2019

Cinta le asegura a su padre su ilusión por irse de gira con Rafael. Sin embargo confiesa a Arantxa que sigue enamorada de Emilio.

Emilio toma la decisión de dejar marchar a Cinta y tira el cuaderno en el que escribió lo que sentía por ella.

Rosina visita a Liberto en la cárcel y le muestra su apoyo. Ese mismo día es puesto en libertad.

Genoveva facilita un encuentro íntimo entre Alfredo y Eladio.

Tras salir la noticia de la culpabilidad de Bryce en los periódicos por el caso del Banco Americano, Alfredo se encara con Ramón ya que es quien filtró la noticia.

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  1. Mabi

    A rasgarse las vestiduras!!!! Un beso apasionado entre hombres y luego la insinuación de una noche de lujuria al presentarse en camisa y despeinado a la mesa de desayuno!!!! Que " pillin " es este Alfredo!!!!

    01 jul 2019
  2. Marilu

    Aún a sabiendas de lo retorcidos que son los guionistas de esta serie, no llego a imaginar que " misterio " encierran los del restaurante; el porque hacen pasar por muda a la señorita , pero sobre todo PORQUE, aún estando en la intimidad y en solitario con su madre y hermano sigue en su postura de NO PARLANTE, con la " complicidad " de los suyos, por supuesto - Ridículo.- Y la " FRUTILLA DEL POSTRE " del capítulo: la aparición del chongo de Alfredo JAJAJAJAJA

    28 jun 2019