www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5295665
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1040 - ver ahora
Transcripción completa

¡Te has ennoviado sin mi consentimiento!

¡Y encima, con un guitarrista!

¡Es que no se me puede ocurrir na peor!

Es un banquero poderoso, un hombre influyente,

y con amigos en los círculos de poder.

Lo peor que le puede pasar es que hablen mal de él.

-¿Cree que la mejor manera de luchar contra él es desprestigiarlo?

-Justamente.

Terminada la gira, tendremos dinero para pagar la deuda de Alfredo.

para su información, he de decirle

que don Liberto violó a mi esposa.

Ya he puesto este asunto en manos de la policía.

Si presentó la denuncia, habrán cursado la detención.

-Tiene que ayudarnos. -No les dejaré solos.

-Don Liberto Méndez. -Sí, soy yo.

¿Quién me busca?

-Ha de acompañarnos a comisaría.

-¡Ya están aquí! ¡No hemos llegado a tiempo!

-Soy el abogado de este señor.

Les ruego que le saquen por la puerta de servicio.

Cinta y yo nos hemos hecho novios. -¿Novios?

-Y la cosa va en firme, que...

ayer se lo dijimos a sus padres.

Don Ramón Palacios ha estado hablando con el comisario sobre mí.

Al parecer, han empezado a investigar sobre el fraude.

"Perderla me causa el peor de los dolores".

"Cuando creía que no se podía sufrir más,

comprender que puede marcharse

me ha demostrado lo equivocado que estaba".

-Ha sido una suerte encontrarnos con el comisario Méndez.

-Sí, gracias a él me han dejado marchar después del interrogatorio.

Si formamos equipo tú y yo, te prometo volver a hacer magia...

y traerte de vuelta la medallita. -Vale.

-Te daré clases de español, y tú a mí, clases de portugués.

Tengo amigos en Brasil

y me gustaría impresionarles hablándoles en tu idioma.

-Está "bom".

Rafael no para de demostrarme su amor, madre.

Haría cualquier cosa con tal de tenerme contenta.

Pero ¿tú le quieres?

Claro, es un hombre de verdad. No como el otro.

-"No puedo perdonarte". Nuestro matrimonio ha acabado.

Os voy a permitir hacer la gira.

Pero con una condición.

Llevaréis a Arancha de carabina.

Acabaremos demostrando qué clase de sabandija es usted.

-¡No!

Olvídese de todo esto.

De usted depende que su vida sea fácil

o difícil.

Piénselo.

Es su elección.

¿Qué trata de decirme con que puedo hacer las cosas fáciles o difíciles?

¿Acaso me está amenazando?

-No se confunda, no es una amenaza, es un consejo.

Haría bien en seguirlo.

-Le agradezco que se preocupe por mí.

Pero no se apure, sé bien lo que debo hacer.

-No estoy tan seguro de eso.

Creo que no se ha dado cuenta de que si se dedicara a sus negocios

y no se inmiscuyera en mis asuntos, viviría más tranquilo.

-Basta ya de juegos.

No se ande con medias palabras a esas alturas.

Sé perfectamente que fue usted quien trató de matarme.

-(RÍE) ¿Cómo dice?

¿Ahora me tacha de asesino?

-Sí. Sería uno más de sus numerosos pecados.

¿No fue usted el responsable de mi accidente?

-Querido amigo, no sé...

qué pecados son esos que me atribuye,

pero el suyo es un exceso de imaginación.

Si hubiese querido matarle,

tenga seguro que no hubiese fracasado.

-Ahora soy yo quien le va a decir unas palabras,

y espero que le queden bien claras.

Si trata de hacerme daño a mí

o a cualquiera de los míos,

no me detendré hasta que dé con sus huesos en la cárcel.

-Dudo mucho que eso esté en su mano.

En fin, ha sido un placer visitarle.

Espero que, a partir de ahora, sea más inteligente

y no precise volver a hacerlo.

-¡Dios!

(Sintonía de "Acacias 38")

Si Arantxa les acompaña,

no encuentro inconveniente en que Cinta salga de gira con Rafael.

¿Qué te parece, Jose?

-Que deberías haberlo hablado conmigo antes de decirles nada.

-¿Acaso te hubieses opuesto a mi decisión?

-Nunca lo he hecho y no voy a empezar ahora.

Pero hubiese quedado mejor si mi opinión es tenida en cuenta.

-Y así es, Jose, claro que la tengo en consideración,

siempre que pienses igual que yo.

¿Y tú qué piensas, Canelita, esto es lo que de verdad quieres?

Así es, padre.

Qué entusiasmo, ¿no?

-Son los nervios los que le hacen hablar tan mohína.

Está encantada. Esto lo tenemos que celebrar

por todo lo alto.

-Siempre organizamos un festejo antes de comenzar una gira.

-Y esa costumbre nos ha traído buena suerte.

Sería de mal fario no hacerlo ahora con la niña.

-Por desgracia, no estamos para mucho derroches,

lo sabes bien.

No es menester.

Bastará con que brindemos antes de mi partida.

No, no hagas caso al sieso de tu padre.

Tú mereces mucho más que un brindis.

-Mujer, no digo yo que no,

pero lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

-No te reconozco, ¿desde cuándo eres más agarrado que un chotis?

-Desde que no tengo monís. -Cinta las va a ganar con la gira.

Y no nos vamos a arruinar más de lo que estamos por despedirla.

-Está bien. Le diré a Arantxa que organice algo especial.

-No, en casa no.

Podíamos celebrarlo en el Nuevo Siglo XX,

y mañana mismo. -Ah,

veo que lo tenías todo bien pensado.

¿No podríamos ir a otro sitio?

Eso.

Cualquiera diría que quieres un nuevo enfrentamiento con Felicia.

-¿Cómo puedes creer algo así de mí?

-Amor mío, que nos conocemos.

-Te confieso que no me desagrada demostrarle

a esa camarera con ínfulas

que no estamos en la ruina, y que somos capaces

de salir del agujero con nuestro arte.

-Arte que, por cierto, ella despreció al rechazar a la niña.

-Tú lo has dicho.

Quiero dejarle claro, como el agua del río,

que los artistas no somos parásitos ni gente indigna.

Y que sabemos valernos por nosotros mismos.

-Entonces, ¿no quieres reyerta?

-Hombre, si ella se empeña en pelear, no voy a salir huyendo.

Aun así, ¿no podríamos ir a celebrarlo a otro restaurante?

No, Cinta.

Iremos toda la familia y con la frente bien alta.

(RESOPLA)

Señora. Señora...

Disculpe que la moleste,

pero... ¿desea algo más? ¿Una tisana, algún dulce?

-No, no quiero nada.

Bueno, sí, que me prepares la alcoba. Deseo acostarme.

Cuanto antes acabe este aciago día, mejor que mejor.

Por favor, Casilda, cambia el semblante

y deja de pasearte por la casa como un alma en pena.

Ya te he dicho que te he perdonado.

-Lo sé, señora, pero no puedo evitar estar afectada

por lo que ha ocurrido.

-No sé por qué, a fin de cuentas,

soy yo a la que han traicionado.

-Perdóneme, señora,

pero después de tantos años siendo su criada,

siento como si compartiéramos la cornamenta.

-Casilda,

hay una cosa que te quiero decir.

No le cuentes a nadie lo sucedido esta tarde, por favor.

Lo que menos nos conviene

es que Acacias se entere que Liberto ha estado en comisaría.

¿Te queda claro?

-Sí, sí. Descuide, seré una tumba,

una tumba de lo más silenciosa.

(Llaman)

-¿Quién será a estas horas?

-Solo hay una forma de saberlo, abriendo la puerta.

Sea quien sea, no estoy para nadie.

-La señora no está. Ella misma me lo ha dicho.

-Anda, aparta.

-Señora, tiene visita. Y de lo más persistente.

-Calla, Casilda, ya te he dicho que no hacía falta que me anunciaras.

-Haz lo que te he encargado.

Iba ya a acostarme.

¿En qué puedo ayudarte en estas horas tan tardías?

-Sabes muy bien lo que me ha traído hasta aquí.

He estado hablando con Liberto.

-Entonces, ya estás al tanto de lo sucedido.

-Sí, mi sobrino está destrozado.

-Para mí tampoco es sencillo, te lo aseguro.

-Rosina,

comprendo que estés dolida por lo sucedido.

Pero, ¿crees que es momento de darle la espalda,

de acabar con tu matrimonio? -Él me ha empujado a hacerlo.

-¿No te das cuenta de la gravedad de la situación

a la que se enfrenta?

Tras la acusación de Alfredo,

es su honor y su futuro lo que está en juego.

-¿Y qué puedo hacer yo?

-¿Acaso lo ignoras? Apoyarle, como su esposa que eres.

-No lo soy, ni él me ha tratado como tal.

-Por grave que sea lo que os ha separado,

habéis pasado muchos años juntos,

debes estar a su lado en este trance.

Que todos puedan ver que no crees esas acusaciones.

Vamos, es lo mínimo que se merece Liberto.

¿No dices nada?

-Susana,

te seré sincera, ni siquiera sé qué contestar ni qué pensar.

¿En cierta manera,

Liberto no se ha buscado lo que le está pasando?

¿No debió pensar en las consecuencias

cuando tomó ciertas decisiones?

Me estás pidiendo que olvide el dolor que Liberto me ha causado.

Pero yo no sé si soy capaz de hacerlo.

-A ver si lo entiendo.

¿Me estás diciendo que no vas mover un dedo por él?

Si es así, no eres la persona

que creía conocer.

-Tu sobrino tampoco ha resultado ser la persona que yo creía conocer.

-Rosina, le juzgas con excesiva severidad.

¿Crees que esa mujer no sabía cómo engatusarle,

que no conocía muy bien las armas precisas para seducir a un hombre?

-Armas que le funcionaron con Liberto.

-Estaba condenado.

¿Crees que otro hombre no hubiera caído en esa tentación?

-No me importa lo que hubiese hecho otro hombre,

me destroza lo que hizo el mío. -Era imposible que Liberto

no cayera en sus redes.

-Nuestro amor merecía tal esfuerzo, ¿no crees?

-Muy bien, Rosina.

Me duele en el alma decirte esto.

Si abandonas a Liberto,

puedes olvidarte también de mí.

(Se cierra la puerta)

No salgo de mi asombro.

Ahora comprendo su urgencia por contármelo.

-A punto estuve de ir a verle anoche mismo.

Pero estaba demasiado tenso tras mi enfrentamiento con ese hombre,

decidí contárselo con la cabeza más fría.

-Lo sucedido es muy grave,

y no solo por las amenazas veladas del banquero.

-No fueron tan disimuladas, se lo aseguro.

A punto estuve de hacerle tragar sus palabras.

-Hizo bien en contenerse.

Tenemos que lamentar que nuestro enemigo esté al tanto de todo.

-Lo sé.

Hemos perdido la ventaja

que nos proporcionaba el saber que ese miserable

estaba al margen de nuestras investigaciones.

-Ahora estará muy pendiente de nosotros.

No sé muy bien cómo actuar.

-Yo ya he tomado una resolución, estimado amigo.

Después de mi enfrentamiento de ayer,

temo por mi familia. -Hizo bien,

ese hombre nos ha demostrado que es peligroso.

-Por eso he contactado con un avezado periodista.

-¿Le ha puesto al tanto?

-Sí. Y también le he le dado el nombre

de aquellos que le denunciaron a la policía,

sin olvidar mencionar las amenazas que he recibido.

-No entiendo con qué fin lo ha hecho.

-Es claro, Felipe, si se hace público,

ese miserable se lo pensará antes de ir contra mí o los míos.

-Entiendo. Es su manera de protegerse.

-Y también de hacer justicia.

Lo que no han conseguido las autoridades,

lo logrará la prensa.

Estamos más cerca de que ese miserable quede desenmascarado.

-No sé si podremos meterle en la cárcel,

pero dejaremos constancia de la clase de hombre que es.

-El final de Alfredo Bryce está cercano.

-Ramón, no sé si está al corriente,

pero ayer, las autoridades se llevaron a Liberto

para interrogarle. -¿Y por qué motivo?

-Le acusan de violar a Genoveva.

-No hace falta que le pregunte

si la denuncia ha partido de su propio marido.

-Es usted adivino.

-No hace falta ser muy listo falta serlo.

Ese hombre no se detiene ante nada. ¿Qué va a ser de Liberto?

-Es pronto para saberlo.

Quizás la denuncia no llegue a buen puerto.

Trato de que nuestro amigo no se venga abajo,

pero no es tarea fácil.

-Pobre Liberto.

¿Usted cree que Genoveva no sabe nada de todo esto?

Mi nuera, Lolita, insiste en que es inocente,

que está al margen de los manejos de su esposo.

-No sé qué decirle.

Pero le aseguro algo,

no pondría la mano en el fuego por ella.

Lo que digo, primos, esto es un sindiós.

Doña Rosina está decidía a romper su matrimonio.

-Uy, normal, prima.

Cojo yo a mi Jacinto con otra y no me separo, es que me quedo viuda.

-Tampoco hay que ponerse tan tremenda.

-No exagero ni una miaja.

Toma nota, que como te besuquees con cualquier pelandusca,

os despeño a los dos.

-Marcelina, solo tengo ojos pa ti.

-Más te vale, si no quieres perderlos.

-En fin,

servidora va tirando,

voy a subirle unas magdalenas a mi señora,

a ver si tiene algo de apetito.

Aunque la que tiene el estómago cerrao soy yo.

Tanto embrollo...

Con Dios, primos. -Con Dios, prima.

Pobre, Casilda, menudo sofoco debió llevarse

al ver a su señor en brazos de Doña Genoveva.

-Más sofoco se llevaría el susodicho.

-Ay.

-¿Ya estáis dándole a la sin hueso en lugar de faenar?

-¿Y eso a uste qué le importa?

-Entre poco y nada, la verdad sea dicha.

Jacinto, ¿puedo hablar contigo una miaja?

-Si no queda más remedio.

-Aprovecharé para cambiar el agua del cubo.

Na me importan sus tontás, Servando.

-Pues na, uste dirá. -Poca cosa.

Quería que supieras que te he inscrito al campeonato de canicas.

Y no me ha sido fácil.

He tenido que contar alguna mentirijilla.

Solo podían participar paisanos del Naveros.

Pero como tu pueblo y el mío están ahí, lo mismo...

A tiro de piedra.

-Sí que tira fuerte las piedras, mi pueblo está a 100 kilómetros.

-Es verdad, pero hay pueblos que están más lejos.

Tú y yo podríamos ser primos. -¿Y eso?

-Hombre, si empiezas a remontar antepasados, alguno coincidirá.

-Pues sí, mire, Adán y Eva.

-Mira, pues ahí lo tienes.

Date prisa con la faena, que tenemos mucho que practicar,

que el campeonato es la semana que viene,

y no quiero perder por tu culpa, por muy pariente mío que seas.

Además, mira, te voy a dar una canica,

y así vas practicando.

Hala.

¿Dónde estabas Casilda, por poco se enfría la leche?

-Perdone, señora,

han tardao una eternidá en el horno de las magdalenas.

Ahora verá como la espera ha merecido la pena.

Están recién hechas y tienen que estar de rechupete.

-"Rosina, le juzgas con excesiva severidad".

"¿Crees que esa mujer no sabía cómo engatusarle,"

que no conocía muy bien las armas precisas para seducir a un hombre?

-Armas que le funcionaron con Liberto.

-Estaba condenado.

¿Crees que otro hombre no hubiera caído?

-No me importa lo que hubiese hecho otro hombre,

me destroza lo que hizo el mío. -"Era imposible que Liberto

no cayera en sus redes".

-Señora, si quiere,

le traigo mermelada para que la unte en las magdalenas.

O no.

También están muy buenas sin mermelada.

-Casilda, ¿tú qué opinas de Genoveva?

-Señora, las criadas no acostumbramos a opinar

sobre las señoras.

-Casilda, no disimules, que nos conocemos,

contéstame de una santa vez.

-A mí esa mujer no me parece trigo limpio.

Lo que ha dicho del señor es una mentira tan grande como una casa.

¡Maldita sea su estampa! Ea, ya lo he dicho.

-No, si buena no es, pero sí lista.

¿Y si lo que pasó con Liberto estaba planeado?

-¿Qué quiere decir? No termino de comprenderla.

Quizás ella le preparó una trampa, y él cayó como un tonto.

-Arrea.

¿Será tamaña pécora?

¿Cómo se puede ser tan vil y desalmá?

-Casilda, por desgracia es muy posible.

Hay gente mala por el mundo.

Y, al parecer, a muchos de ellos les da por pasar por Acacias.

Bueno, ya te puedes retirar, Casilda.

¿Le sirvo otra cosa que no sea café?

-No, Arantxa, pero quédate un suspiro.

Ando algo preocupado.

-Ya lo veo. Apenas ha probado el desayuno,

y a usted nada le quita el apetito.

-Sí que hay algo que lo hace, mi familia.

¿Tú estabas sabías que la niña bebe los vientos por su guitarrista?

-Qué va. La verdad sea dicha, a mí también me ha sorprendido.

Pero el joven ha luchao a brazo partido por ella,

supongo que habrá lograo conquistar su cariño.

-Tú lo has dicho, cariño, no amor. -Mire,

no es vasco, como me hubiese gustado para Cinta,

pero parece buen muchacho.

-No te lo niego. Pero ese no es el problema.

-Cariño, ven, siéntate a desayunar,

que ahora mismo te traigo tu chocolate caliente.

¿Sucede algo, padre?

Parece serio. -No es nada,

cariño.

Solo estaba pensando...

Ayer no me pareció que te apeteciera ir a festejar al Nuevo Siglo XX.

Así es.

Comprenderá que no tenga ganas de ver a nadie de esa familia.

Solo he recibido desprecios.

Lo sé, a mí me duele tanto como a ti el trato que te han dao.

Pero creo que hay otro motivo por el que no quieres acudir.

¿Cuál podría ser?

Los sabes perfectamente, sigues enamorada de Emilio.

¿No lo niegas?

Estoy demasiado sorprendida para hacerlo.

Padre, no sé cómo puede creer que Emilio sigue en mi pensamiento.

Tengo otro novio, alguien que me quiere con devoción y al que amo.

No tengo dudas de lo primero, pero sí de lo segundo,

de que de verdad le ames.

Si no fuese así, no me habría comprometido.

Cinta, a mí, Rafael...

me parece un buen muchacho,

hasta le he tomado un poco de cariño,

No tengo inconveniente

en que llegue a formar parte de esta familia.

Me alegra saberlo. Se lo agradezco.

¿Sí? Agradécemelo prometiéndome algo.

Lo que sea.

Que antes de marcharte de gira con él y seguir con tu noviazgo,

estés bien segura de lo que sientes, pero bien, canelita.

Si no es así,

puedes terminar haciéndole mucho daño a ese muchacho,

y no lo merece.

Descuide, padre, sé bien lo que me hago.

Así lo espero.

(Puerta)

Liberto, ¿aún no ha desayunado?

-Disculpe, no tengo apetito.

-Debe hacer un esfuerzo. No ha comido nada desde ayer.

Lo sé,...

pero no tengo ni sed ni hambre.

Ni ganas de vivir, a qué negarlo.

-Eh, no quiero oírle hablar así, ¿de acuerdo?

Es lo que siento, amigo.

Si no puedo estar con Rosina,

mi vida no tiene sentido.

-Siga mi consejo.

No considere lo que le dijo su esposa como algo definitivo.

-Rosina no parecía albergar dudas

de querer terminar con nuestro matrimonio.

-Es el dolor el que habla por ella.

Todo ha ocurrido muy rápido

y ha sido muy traumático.

Era de esperar tal reacción.

-Nunca me perdonaré haberla traicionado.

-Esperemos que deje de ser un juez tan severo.

Dele tiempo. -No.

No creo que sirva de nada.

El tiempo no va a curar las heridas que la he causado.

-Pero quizás le ayude a convivir con ellas.

Espérese un poco

y luego vuelva a acercarse.

-Usted no conoce a mi esposa como yo.

Tiene mucho carácter

y cuando toma una decisión, la mantiene.

-El amor que aún siente por usted puede obrar tal milagro.

-Ojala sea así.

Nada, nada, me haría sentir más dichoso en este mundo.

-Para que ese día llegue, tiene que empezar a cuidarse.

No puede permitirse venirse abajo.

-Trataré de hacerle caso, amigo.

De momento, voy a descansar un poco

y tratar de poner en orden mis ideas.

Si me disculpa, me voy a retirar a mi habitación.

Pereces muy mohína, Marcelina.

-Razones me sobran.

Ando desanimá desde que empezó el asunto del banco.

-No me extraña, con tantos conocidos y vecinos afectados.

-Sí.

Cada vez que mis clientes vienen a comprarme el diario,

se marchan con un disgusto...

-Y, claro, no puedo evitar sentirme responsable.

-Mujer, ni que tú escribieras las noticias.

-Pero las vendo. Tanta desdicha, acabará siendo mala pa el negocio.

Al final, dejarán de comprarme el diario pa no disgustarse.

-Calma, calma, no te preocupes.

¿Nunca has oído eso de no hay mal que cien años dure?

-Sí. -Pues ya se solucionará todo

y podrás vender tus periódicos sin más remordimientos.

-Ay, Dios le oiga.

-Aguarde un momento. -¿Sí?

Quería preguntarte algo.

Por casualidad, ¿no habrás oído hablar de un tal señor Valdeza?

-No. No hasta este mismo momento. ¿Es conocido suyo?

-No, pero tengo curiosidad de saber de él.

Te ruego que si oyes algo, me lo digas.

-Cuente con ello.

Pero ¿a qué tamaño interés por ese pollo?

-Es una larga historia que contar. -¡Uy!

Tengo tiempo de sobra. -Pero yo no.

-Marcelina, me llevo el diario.

-Ay, ¿no preferiría otra lectura?

¿Una revista literaria o una de señoras?

-No. Te agradezco tu empeño en cambiar mis lecturas,

pero prefiero el diario.

-Pero recuerde que la culpa nunca es del mensajero.

-Don Antoñito, ¿ha oído que la hija de Bellita

se va de gira con su nuevo guitarrista?

-Sí, algo había oído.

-Un conocido mío les vio actuar y dice que son gloria bendita.

-Si la niña ha heredado el talento de su madre,

será una gran estrella.

-Ya. Bueno, yo me marcho. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Quiere usted también un diario? -No, he de seguir con la ronda.

-Con Dios. -Con Dios.

-Marcia,

tienes que aprenderte los nombres de estas verduras, ¿de acuerdo?

A esta de aquí la llamamos col. -"Col".

-Col.

A esta, coliflor.

-"Coliflor". -Eso es.

Esta, brócoli, y esta de aquí, lombarda.

-¿Tantos nombres y colores para "a misma cousa"?

"Españoles caprichosos".

-(RÍE)

-¿Y aquí no tienen ni xuxu ni maxixe?

-¿"Ni xuxu ni maxixe"? -(ASIENTE)

-Nunca he escuchado el nombre de estas verduras.

-En Brasil las tomamos para acompañar a la carne.

-Debes de echar mucho de menos tu tierra.

-"Moito", señor.

Pero poco a poco, me estoy acostumbrado.

-Pues verás cuando terminemos las lecciones,

hablarás el idioma como si fueses de aquí.

-De eso no estoy tan segura.

Pero me voy a esforzar.

-No lo dudo.

-Fetén.

-(RIENDO) Fetén.

Marcia, a cambio de las clases,

me gustaría que hicieras algo por mí.

-¿Qué?

-Que volvieras a cantarme la tonada

que te he escuchado en otra ocasión.

Y cuando conozcas mejor el idioma,

que me traduzcas la letra para saber lo que dice.

(EXHALA)

(CANTA EN PORTUGUÉS)

Va, Servando, que es pa hoy.

-Maldita sea, Jacinto, he fallao por tu culpa.

-Arrea, ¿qué he hecho ahora? -Distraerme y meterme prisas.

-Es que casi me duermo esperando. A este paso, nos van a dar las uvas.

-Estas cosas llevan su tiempo, de verdad.

Hay muchos factores a tener en cuenta:

la velocidad y dirección del viento,

el terreno, su inclinación... Si viene...

-(RÍE) ¿Ha visto? ¿Ha visto?

Y sin tantas pamplinas.

Se lo estaba yo diciendo. -La suerte del principiante.

-Pero si es la tercera vez que tiro ya y hago pleno.

-Bueno, tirando así, no creo que haya torneo que se nos resista.

-Pa chasco que sí. Si no, mire la paliza que le estoy metiendo.

-Bueno, que me estoy dejando yo por darte ánimos.

-¿Ánimos?

Más me animaría que me devolviera de una vez mi medallita.

¿Cuándo me la va a dar? -Cuando ganemos el torneo.

¡Qué pesadilla con la medallita!

¡Así no me concentro y no sale a relucir todo mi talento caniquero!

-Seguro que es por eso.

Claro. -A ver.

-A las buenas. -Marcelina, ¿qué haces aquí?

¿No ves que estamos practicando? No nos podemos distraer.

-Será solo un momento.

Le he traío a mi Jacinto un pequeño bocadillo

pa que coja fuerzas. -Gracias.

Oh, oh, oh, oh.

-¿Y eso es un pequeño bocadillo?

De ahí se puede alimentar a un regimiento.

-Uno, que siempre ha sido de buen comer.

Oh.

-Jacinto, que digo yo, ¿te vas a comer tú solo to eso?

-Pa chasco que sí, y en un abrir y cerrar de ojos.

-Claro, que tiene que recuperarse del duro entrenamiento.

-Yo también estoy entrenando. Podríamos compartirlo.

-De eso na de na.

Hasta que no me devuelva mi medallita,

no pienso darle ni una mísera migaja de pan.

¡Oh!

Así.

Con cuidado, Agustina, no vayamos a tener una desgracia.

Eso es, poco a poco.

Así, lo hago.

Ay, sin sus cuidados,

nunca me hubiese recuperado de tal manera.

Le estaré por siempre agradecida.

No diga eso, no tiene importancia.

Cuidado con el escalón. ¿Cómo que no?

Es usted pan de Dios.

Oh, Agustina, por favor.

No debería perder tanto tiempo conmigo,

bastante tiene ya en casa de sus señores.

Mire, Úrsula,

no quiero chismorrear,

pero me he enterado de lo que ha sucedido

entre don Liberto y su señora.

Descuide, todo Acacias lo sabe.

Mire que conozco al señor desde hace años

y, tal comportamiento no es propio de él.

Nunca lo hubiese imaginado.

Así son los hombres, Agustina, nunca dejan de sorprendernos.

¿Y usted qué opina de todo esto?

Al fin y al cabo, trabaja en esa casa.

Prefiero no inmiscuirme en los asuntos de los señores.

Tiene usted más razón que un santo.

Una buena criada no debe contar nunca

lo que pasa dentro de su casa.

No debería haberle preguntado.

Ya puede seguir con su faena.

A partir de aquí, puedo ir yo sola.

¿Está segura? ¿No quiere que la acompañe en su paseo?

No, más vale que me vaya arreglando por mí misma.

Ya he tenido a todos

pendientes de mí demasiado tiempo.

Tengo mi bastón para ayudarme. No tema,

no me caeré al suelo. Está bien.

Vaya con Dios. Y con mucho cuidado.

Buenos días.

¡Marcia!

¿Adónde crees que vas tan deprisa, muchacha?

Vuelvo a casa del señor. No.

Tú y yo tenemos

una conversación pendiente.

¿Cómo van las cosas con tu señor?

¿No tienes nada que contarme?

Ten cuidado, Marcia,

no olvides quién te ha puesto en esa casa,

a quién le debes todo.

A usted.

Lo recuerdo perfectamente.

Eso está mejor.

Si no quieres acabar en la calle, debes obedecerme.

Así lo haré.

¿El abogado se ha dado cuenta de algo?

No.

Es muy atento conmigo. Y así debe seguir.

Gánatelo.

Cueste lo que cueste.

Necesitamos que confíe en ti ciegamente.

¿Te ha quedado claro, negrita?

Sí, señora.

Arreando.

"(Risas)"

Muchas gracias por haberme invitao, pero...

(HABLA EN ESUKERA)

Se ha acabao el vino.

-Vaya tela con el servicio.

Padre, ¿por qué no pide otra botella?

-Qué finura. -Carmina, hazme un favor.

Sírveles esta botella a los Domínguez.

Prefiero no acercarme a esa mesa.

Me atacan los siete males

cada vez que tengo que atenderla.

-Temple, madre,

hay que agradecerles que festejen en nuestro restaurante.

Quizá sea su manera

de enterrar el hacha de guerra. -Lo ha hecho para humillarme.

-No sea tan desconfiada.

-Agradecío, bonita.

-¡Oye!

¿Es el mejor vino que tenéis?

Supongo...

que no se puede pedir otra cosa con un restaurante de esta índole.

-¿Qué te decía?

Con razón dicen que pienses mal y acertarás.

No me va a quedar más remedio que ir a ayudar a tu hermana.

¿Está todo a su gusto?

-Sí, querida, tan solo comentaba con su hija

que esperábamos un vino

de mayor empaque.

Claro que...

no se le pueden pedir

peras al olmo.

-Disculpen a mi hija,

tenemos algún que otro vino

guardado en la bodega, pero supongo que les ha traído este,

porque dada su situación, es el que más se ajusta

a su presupuesto. -Qué considerada.

pero no puede estar usted más equivocada.

Nuestra situación económica es envidiable.

-Sí. Desgraciadamente lo sea para alguien.

Por desgracia,

hay gente extremadamente pobre en este mundo.

-Eh...

Compruebo que está usted muy mal informada.

Las dificultades por las que pasamos están ya solucionadas.

Mi niña va a comenzar una gira por los mejores teatros de España

acompañada de su novio,

Rafael.

-Me alegra enormemente escucharlo.

Es de agradecer que los hijos

puedan enmendar los errores de los padres.

(CARRASPEAN)

-Doña Felicia, haga el favor.

Tráiganos la carta. Así vamos eligiendo

los platos, ¿eh? Habrá que acompañar este vino.

-Diga que sí, Jose.

Que tanta dicha abre el apetito.

¿Tienes hambre, querida?

Puedo tutearte ahora que somos novios, ¿no?

(RÍEN)

-Cariño mío,

tu novio está enfrente de ti, ¿eh?

-Lo mejor...

para la mejor.

-Niña... No le haga ese feo al muchacho.

Te lo ha dao con todo el sentimiento.

-Ay... No me la agobies, Jose.

Que es muy normal

que la niña esté sin apetito con los nervios.

-Mira...

En eso no ha salío a ti,

reina mora.

(RÍEN)

-(CARRASPEA)

Perdone, señor, me ha abierto la puerta Marcia.

-¿Qué haces aquí, Casilda?

-Traigo un recado para usted.

-Despierta. ¿Qué recado es ese?

-Ay...

Perdóneme, es que con...,

con la emoción se me ha ido el santo al cielo.

Yo quiero que sepa una cosa. Estoy sufriendo una barbaridad

con sus cuitas.

-Habla, me tienes con el corazón en un puño.

-Sí, sí, perdón. Lo he vuelto a hacer.

Con razón me decían

que cuando hablo, me voy por las ramas.

-¡Casilda!

Por favor. -Sí.

La señora quiere verle en su casa.

-¿Cuándo?

-Pues mejor antes que después, no vaya a ser que se arrepienta.

-¿Y sabes cuál es el motivo de la cita?

-Eh... No podría decírselo con seguridad,

pero...

yo juraría que la señora se está cavilando perdonarle.

-¿Tú crees?

-Sí.

Al menos, esta mañana me ha confesao que...,

que empieza a tener dudas sobre lo que ocurrió.

Ella está sospechando

que doña Genoveva fue la responsable.

-Ya es un avance.

-Y usted que lo diga.

Antes solo dudaba si pasarlo por un cuerno

o pasarlo por el otro. -¡Casilda, Casilda, Casilda!

¡Estoy tan feliz, que me cuesta mantener las ganas de besarte!

-Pero señor, señor, señor...

Por favor, contenga las formas,

no vaya a ser que ahora le pillen besuqueándome.

-Dile que acudo inmediatamente.

Nada impedirá que acuda a esa cita. -Eso es, don Liberto.

Así se habla.

-Amigo, llega en el momento oportuno.

Rosina ha dado aviso de que desea verme.

Está considerando perdonarme.

¿Y ese semblante tan serio? ¿Qué?

¿No se alegra usted de que me esté cambiando la suerte?

-Me temo que no es así.

Amigo...

Tengo algo muy grave que comunicarle.

Por el éxito de vuestra gira, Rafael.

-Seguro que es el primero de muchos.

-¡Ahí! -¡Ole!

-Cinta ha heredao el talento de su madre.

-Sí.

-Hará historia en el cante y el baile.

-¡Ay!

¡Cada día me cae mejor este muchacho, Jose!

En lugar de Boquerón,

le tenían que llamar ruiseñor, por lo dulce que suenan esos cantos.

Qué pena que no te hayas traío la guitarra.

Ganas me dan de echar un cantecito. -Como si precisara de mi guitarra

para dejarles absortos con su arte.

-Uy, verdad... Venga, vamos a echarnos uno.

-¡Eh!

Amor mío... Amor mío...

Tú sabes que pa mí siempre es un placer escucharte,

pero yo creo

que deberíamos esperar a regresar a casa, ¿eh?

No... No vaya a ser que se enfaden

porque cante en el restaurante.

Puede importunar a los comensales.

-Al contrario.

Así podrán tragar mejor

la poca apetitosa comida servía. -No, pero...

-Pero tienes razón.

Cantar aquí sería conceder...

demasiada categoría al restaurante.

-Al final, se va a tragar la botella.

-Temple, madre.

No terminemos en los papeles.

-¡Felicia!

¿Puede venir un momentito?

-¿Qué querrá ahora?

¿Desea algo más? -Sí, claro.

Es que... antes me he fijado que no ha brindado con nosotros

ni por el éxito de la niña

ni por su noviazgo.

-Brindemos entonces por tan buenas noticias.

-Aguarde un suspiro.

Permítame que en esta ocasión les adelante una información

que les va a alegrar profundamente.

-Lo dudo.

Sírvame, por favor.

Quería decir que... -Eh...

-...me extrañaría que hubiera aún más buenas noticias.

-He hablao con el empresario

y me ha dao la información

de que ha adelantao la gira. -Ay...

-Comenzaremos la semana que viene. ¿Tan pronto?

-Un poquito más de entusiasmo

no vendría mal, ¿eh?

(CARRASPEA)

-¿A que es una gran noticia?

-Claro que sí. Eso demuestra

que apuestan por vosotros. (RÍE)

(Tintineo de copas)

-No puedo permitirlo.

Ay...

Anda, cóbrame estas dos revistas, Marcelina.

A ver si su lectura me hace olvidar por unos segundos,

ay,

tantos desvelos.

-Sea, doña Susana. Ahora mismito se las cobro.

-A las buenas.

El Adelantado, Marcelina. -Claro.

-Mira, mejor me las ahorro.

Ninguna revista va a hacer que me olvide de mis malas vecinas.

-Sí que me ha durao poco la compra.

-¿Eso de malas vecinas no lo dirá por una, doña Susana?

-¿Ves a alguien más aquí, Lolita?

-Ea, ¿y qué le he hecho yo

pa que me tenga en tan baja consideración?

-La que mereces.

¿O te parece de buena vecina que te pongas del lado de Genoveva,

olvidando tantos años que conoces a mi sobrino?

-Que yo en contra de Liberto no tengo na de na.

Es más, siempre le he tenío sincero aprecio.

-Bien que lo has demostrado.

-Haya paz, se lo ruego.

No vayamos a tener una trifulca.

-Tranquila, no va a llegar la sangre al río.

Es un malentendido.

-Yo, sin embargo, veo que quedó todo muy claro.

-Sepa que yo nunca he culpao a Liberto.

¿Eh?

Yo no soy quién para juzgar a nadie, solo di mi opinión.

Siento que le haya sentado mal. -¿Cómo querías que me sentara?

-(SUSPIRA)

Solo deseo que Rosina y Liberto superen esta crisis

y vuelvan a ser los de antes. Ojalá pudiera ayudarles en algo.

Nos han pasao muchas desgracias

en estos tiempos.

-Sí. -Y, al parecer, no han terminao.

¡Ah! ¡Miren!

-Pero ¿qué hacen ahí los guardias?

¿Qué ha pasao ahora? -¡Ay, ay!

-Vamos.

-¡Ay!

Señora, por favor, pare un poco.

Me está mareando. Parece una leona en una jaula.

-Y como tal, muerdo. Ten cuidado en no acercarte.

Liberto se retrasa mucho.

-Sí.

Ya tendría que estar aquí. -(RESOPLA)

A ver, Casilda,

piensa bien antes de contestarme.

¿Seguro que el señor te dijo que acudiría a la cita?

-Yo no me confundiría en eso, señora.

Es más, me dijo que nada le impediría acudir.

-Pues no está siendo así.

No da señales de vida.

-Habrá tenío algún contratiempo.

-Por favor, Casilda, vive en casa de Felipe.

No creo que se haya accidentado o perdido en un trayecto tan corto.

(SUSPIRA)

Solo hay una explicación para su ausencia.

Las cosas no son como yo pensaba.

Liberto ha dejado de quererme.

Ya no tiene...

ningún interés en salvar nuestro matrimonio.

-Señora, eso no puede ser.

Tendría que haber visto la cara que puso,

lo contento que estaba cuando le dije que quería verle.

Aparecerá, y si no es ahora mismico, en un ratillo.

-Si la culpa es mía.

No tenía que haber intentando nada.

Que soy una idiota.

¡Qué extraño!

Doña Susana hace rato que entró tras los guardias y no aparece.

-Parecía nerviosa. ¿Sospecharía algo?

-¡Uy!

¡Parece que ya hay movimiento, Lolita!

(AMBAS) ¡Ah! -¡No se lo pueden llevar así!

-¡No es posible! -¡Que se llevan a Liberto!

-¡Queremos una explicación!

¡Pero díganme algo! ¿Dónde van?

¿Adónde se lo llevan?

¡Por Dios!

¿Por qué detienen a mi sobrino?

¿Adónde se lo llevan?

Ay...

Le acusan de una violación.

-¿Qué? -¡Dicen que ha violado a Genoveva!

Guitarrista de renombre, y ahora,

novio de mi adorable hija.

(RÍEN) -Eso es.

A lo mejor el marido de Genoveva

le ha obligao a inventarse esa historia.

-¿Para qué?

-Pues, hombre, para quedar él bien, ¿no?

Al parecer, tienen una prueba que le incrimina a usted.

-¿Qué prueba?

Felipe, es imposible que la tenga. ¡Es todo mentira!

¡Soy inocente! -Calma.

¿De acuerdo?

Todo se va a aclarar.

Hablaré con el comisario a ver si me cuenta algo extraoficialmente.

Buenos días, doña Susana.

Ha visto qué buena mañana ha amanecido.

-¡Es usted un...! -¿Un qué?

Entonces, ¿habló con la prensa?

-Les he contado todo lo que sé hasta ahora.

Desde las inversiones fraudulentas hasta mi accidente en coche.

-¿Y por qué ha hecho eso?

-Es una manera de protegernos, hija.

-Claro. Si a nosotros nos pasa algo,

ese hombre contaría todo lo que sabe.

Y Alfredo quedaría como principal sospechoso.

Me encanta.

Están todos comiendo de la palma de mi mano.

Asustados están,

eso desde luego.

Están muertos de miedo.

Y más que lo estarán cuando vean a don Liberto pudrirse en la cárcel.

¿Los tienes hechos?

-Ajá.

¿Cómo permite que esté en la cárcel por algo que no ha hecho?

Si no le obedezco... ¿Qué?

Ya sabe lo que me hace.

Valdeza...

No es un nombre de persona, es...

un lugar, un lugar en Santander.

Te pones muy pesada. -¿Pesada?

¿Encima?

¿Es que le vas a dejar a su suerte en ese calabozo?

¿Es que no te importa cómo lo pase? Pero ¿cómo es posible

que tengas tan poco corazón? -¡Eso sí que no! ¡Basta!

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1040

Acacias 38 - Capítulo 1040

24 jun 2019

Bellita propone celebrar en el Nuevo Siglo XX la gira de Cinta y Rafael. En la celebración Rafael desvela que la gira se ha adelantado, tensando a Cinta y al sufriente Emilio, ambos conscientes de que se perderán el uno al otro.
Cesáreo sigue sus investigaciones sobre Valdeza, pero se le pasa una pista que aparece en el periódico: Valdeza es un lugar no una persona.
Ramón se enfrenta con Alfredo cara a cara y planea desenmascararle con la ayuda de un periodista.
Felipe comienza a dar clases de español a Marcia ¿habrá algo más que respeto entre los dos? Y sí lo hay cuando descubrimos que Marcia y Úrsula tienen una extraña conversación: la criada es una espía de Úrsula.
Susana pide a Rosina que ayude a Liberto. La señora comienza a pensar que han podido tender una trampa a su marido y le cita en casa. Liberto no llega, ha vuelto a ser detenido.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1040" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1040"
Programas completos (1061)
Clips

Los últimos 3.574 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Mabi

    Más allá de en quw país se diga, " feten " es un modismo que utilizan mucho las criadas y el pueblo en general, y la criada de Felipe creo no haber interpretado mal lo visto y oído, lo dice a manera de congraciarse con el patrón que le está enseñando a hablar castellano...

    27 jun 2019
  2. Alejandra

    Con tantos brasileiros en España, no es pocible que contrataran una portuguesa o masambiqueña para hacer de brasileira. "Feten" se dice en Portugal y no en Brasil . Que pereza me dais.

    27 jun 2019
  3. Mabi

    Si Antoñito pusiera lo que hay que poner sobre la mesa, y contara que Genoveva lo sedujo para que invirtiera la desenmascaria ante Lolita y chau seudo amistad, propiciaria que Ramón actúe con convicción y sin miedo y de paso le daría una mano a Liberto para que arregle su matrimonio con Rosina. Su oportunidad estuvo en la charla que mantuvo con Liberto en casa de Felipe, y aquél la justificaba por la falta de amor en su matrimonio con Alfredo, pero es incapaz de jugarse por nada ni por nadie, así le van las cosas....

    25 jun 2019
  4. Irina

    Tengo que pasar este verano en EE.UU y estoy súper enfadada de que no rtve no me deje ver Acacias 38 en este país!!!!!!!!?

    25 jun 2019
  5. Marilu

    Don Ramón, buen ser humano, buen comerciante, pero cero astucia, y Alfredo, como buen tránsfuga le puede hacer mucho daño, ( siempre y cuando los guionistas no den " vuelta la tortilla " ); para colmo de males Ramón parece estar solo en la cruzada, ni el inútil del hijo le sirve para algo y Lolita, por su mentalidad tan estrecha y su " amistad " con genoveva puede arruinar toda acción en contra de alfredo

    25 jun 2019