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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1036 - ver ahora
Transcripción completa

Nuestra relación es profesional, nada más.

Usted y yo estamos hechos el uno para el otro.

Lo suyo es una batalla perdida.

Voy a casa de Carmen, voy a hacerle su vestido de novia.

-¿Por qué has aceptado el encargo?

-Cualquier dinero que pueda entrar en mi casa será bienvenido.

Marcia parece muy hacendosa.

El señor la pilló tocando la pianola.

No le regañó.

Emilio me volvió a dar plantón.

Pero ¿no te dije yo que no volvieras a quedar con ese sinsorgo?

Tenía una conversación pendiente. Venga luego a mi casa.

Alfredo no está y así podremos charlar más tranquilamente.

Estoy decidido a olvidar a Cinta. -Es lo mejor para todos.

-¿Me puedes prestar la medalla que llevas colgada del cuello?

Agustina, por favor, ¿puede sacar lo que hay dentro de la chistera?

-La ha transformado en una bella figurita.

No veo que hayan publicado mi carta.

-Ni la suya ni ninguna otra, solo se habla de ellas.

¿Repetimos o quiere otra cosa? Lo que usted quiera.

-"Un empresario de postín se ha puesto en contacto conmigo".

Me ha propuesto una gira por todo el país.

(RÍE)

Muchas gracias, Rafael, no sabe lo feliz que me ha hecho.

(SOLLOZA)

No, Valdeza, no.

-Lo sabía.

Ahora no podrán negarme que puede hablar.

Tengo algo que le iría muy bien.

Hace unos días compré ungüento para hacer unas friegas.

¿Por qué no bajas al principal a buscarlo?

Vale, bajo yo.

-"En el portal, un mozo me ha dado un telegrama urgente".

Que el Banco Americano... finalmente ha quebrado.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lo siento, señor.

Venía porque tenía que coger una cosa pa la señá Agustina.

Disculpe.

-¡No! Casilda, espera.

Casilda, Casilda, espera.

No es lo que parece. -Yo no he dicho nada.

-Genoveva y yo estábamos hablando, nada más, y...

-¿Puede dejar que me marche?

Por favor.

(Se cierra la puerta)

¡Casilda!

No me puedo creer que el editor no haya querido escucharnos.

¿Para eso hemos ido a verle?

-Sí nos ha escuchado, lo que no ha querido es publicarnos las cartas.

-Dice que las cartas no tienen la mínima calidad literaria,

pero por favor, si mi carta es una obra de arte.

-Un monumento a la emoción era la mía.

¿Quién se habrá creído que es? Tenía como 10 años.

-Un ignorante. Mi hija le hubiese puesto los puntos sobre las íes.

-Señoras, al menos la prensa dio eco a la noticia.

-Eso sí.

-Lo siento, pero yo me voy, estoy muy cansada. Con Dios.

-Cansada yo. Me voy a ver dónde está Liberto,

que hace horas que no sé dónde está. -Huyéndote estará.

Hace días que estás que no te aguantas ni tú.

Sube, que te estará esperando.

-Tengo ganas de contarle cómo nos ha ido en el periódico.

-Trátale bien, que es un bendito de tanta paciencia que tiene contigo.

Adiós. -Con Dios.

Ven. Casilda, tenemos que hablar.

-No me tiene que dar explicaciones.

-No le digas nada a Rosina. No ha pasado nada, lo juro.

-Señor, yo seré pobre, y analfabeta también, pero ciega no soy,

y sé lo que he visto.

-No es lo que parece, Casilda, te lo prometo.

-No me tiene que prometer nada. Además,

que yo no me voy a meter en sus asuntos.

Eso que ha ocurrido no me incumbe. -Me parece muy bien,

pero no se te ocurra contarle nada de esto a Rosina.

-¿Qué pasa? ¿Qué es lo que no ha de contarme Casilda?

-Señora...

-Rosina...

-Te he hecho una pregunta.

¿Qué está pasando aquí? Casilda.

¿Qué pasa? ¿Y por qué llevas la camisa así, abierta?

-Señora... -Casilda.

-¿Por qué está la puerta de Genoveva abierta?

¡¿Alguno de los dos me va a contar lo que está pasando aquí?!

-Señora,...

yo solo bajé para coger un ungüento pa la señá Agustina.

Pero nunca tuve que entrar

y, mucho menos, sin llamar a la puerta.

Yo no he visto lo que ha pasado entre Genoveva...

y el señor.

Lo siento.

-¿Me has engañado con Genoveva?

¿Cómo has podido ser capaz?

¡Eres una rata asquerosa!

-No grites, que nos van a oír. -¡Que nos oigan!

¡Eres un adúltero, un sinvergüenza, un mentiroso!

¡Eres un libidinoso!

¡Has traicionado mi confianza! ¡Que todo el mundo se entere!

¡Eres un corrupto, un repugnante!

¡Ojalá que ardas en el infierno!

-Escúchame, te prometo que no ha pasado nada.

Ha sido un malentendido.

-¡Me das asco!

Y ahora, ¿qué, qué hacemos?

Su contacto dice bien claro que el Banco Americano ha quebrado.

-Lo mismo se equivoca.

Lo mismo no lo sabe to.

-Hoy he hecho mis comprobaciones

y, todo es cierto.

-¿Qué piensas, Ramón?

-No sé en qué momento le di nuestro dinero a Alfredo.

-Le dimos hasta la mantequería.

Deberíamos decirle la verdad a la gente,

que todos sepan que es un crápula. -No es buena idea.

Tenemos que tener cuidado y pensar bien nuestros movimientos.

-Ya estoy cansado de esperar, padre, voy a ir a su casa

y le voy a esperar. -¿A su casa, pa qué?

-Para que nos devuelva el dinero.

-Te has vuelto loco.

-Estaría loco si dejase que se salga con la suya.

-Ese hombre es peligroso y te puede hacer algo.

-Que lo haga. -Eso ni lo mientes.

Antoñito, para.

-¿No has visto lo que le hizo a tu padre?

¿No sabes que se libró del accidente de milagro?

-Pero a mí no me hará lo mismo delante de todo el mundo.

-No irás, y punto.

-Y si no, voy yo. -Nadie irá a ningún sitio.

Os ruego que mantengáis un poco la calma.

Ahora tenemos que ser muy cautos

y pensar bien nuestros pasos.

Debemos ser muy precavidos, no podemos dar un paso en falso.

-¿Qué propones?

-Sigo teniendo esperanza de que la noticia de la quiebra sea falsa.

Pero si es cierta, se publicará en breve.

-¿Y?

Entonces iré yo a denunciar ante las autoridades lo que ya sabemos.

Pero mientras tanto, es mejor

callar.

-¿No deberíamos decírselo a los vecinos que han invertido?

-¿Y que cunda entre todos el pánico? De eso nada, esperaremos.

Lo primero es protegernos.

No soportaría que a ninguno de vosotros os sucediera algo.

-Haremos lo que tú dices, Ramón.

¿Ah, sí? -Y tanto.

Acostá estaba ya cuando escuché los gritos de doña Rosina.

-¿Y qué decía? -Uh.

Adúltero, hipócrita, de to.

-Yo no me creo que don Liberto,

con lo formal que es, la haya engañao.

-Todos son formales hasta que se les pone una chica guapa delante.

-Si don Liberto quiere a Rosina con locura.

No lo entiendo. Es que no lo entiendo.

-Cuando sepa usted quién es la tercera, lo mismo lo entiende más.

-Pero ¿tú lo sabes? -Algo me pareció entender.

-Y...

¿Quién?

-Doña Genoveva.

-¿Genoveva?

Por la Virgen de los Milagros. -Pa que vea.

-Tenemos que hablar con la Casilda pa que lo casque to.

-A las buenas. -A las buenas, Jacinto.

¿Qué? ¿También escuchaste los gritos?

-¿Gritos? -¿Este? Este ronca que se las pela.

Así se caiga el edificio, no se entera de na.

-Siempre he tenido buen dormir, pa qué engañarnos.

-Y buen roncar también.

Tus ronquidos parecen el grito borreguero.

-Ay. Cuánto las echo de menos.

Y dormir al raso bajo la luz de la luna.

-¿Lo prefieres a dormir conmigo? A que te arreo.

-No, que ya tengo bastante con lo que tengo esta semana.

-¿Qué te ha pasao?

-Está afligido por su medalla, la que Servando le perdió.

-No me la perdió, la hizo desaparecer.

-Eso no lo sabes. Lo mismo es un truco y la tiene escondía.

¿No podría hablar con el Servando pa que se la devuelva?

-Ni que a mí me hiciera caso.

-Más que a nosotros, sin duda.

-Lo intentaré.

Por lo menos que no se diga.

Pero también os digo ya, que Servando es cabezota como una mula.

-¿Me lo dice o me lo cuenta? -Yo,...

sin mi medallita me siento como en peloto.

-¿"En peloto"?

-Peloto,

en cueros, Fabiana.

-Vamos, que la baratija no vale na,

pero le tiene apego, que se la regaló su tío.

-El pastor más viejo de toda la comarca.

Siempre la llevaba encima

desde que me la dio junto a su zurrón y el bastón,

que los dos habían pertenecido a su padre.

Llámeme supersticioso, Fabiana, pero...

siempre he pensao que esa medallita me protegía.

-Seguro que sí, Jacinto, que esas cosas pasan.

-Anda, vamos pa casa, que luego voy al mercao

y te preparo un guiso de esos que te gustan,

a ver si te animas.

-Hoy no tengo hambre, Marcelina.

-Pues vaya. Vayan con Dios. Cuando termine esto,

tiraré pal mercao. A más ver.

-Con Dios. -Con Dios.

"De eso na. Este empresario tiene locales por toda España".

"Me ha propuesto"

una gira por todo el país.

¿Habla en serio? Con estas cosas no bromeo.

Nos vamos a hacer de oro.

(RÍEN)

Muchas gracias, no sabe lo feliz que me ha hecho.

"No dejé de estar con usted por cobardía ni por mi madre".

Hay otro motivo que nadie sabe.

Un motivo que me obliga.

Uno que nadie conoce. ¿Qué motivo?

-Emilio.

-Ahora no puedo, no tenemos tiempo.

No tengo prisa ninguna.

Le avisaré cuando pueda escaparme del restaurante y podamos hablar.

-¿Y era doña Rosina quien gritaba anoche?

-Yo juraría que sí.

-¿Y sabes por qué?

-Pues no, pero si quiere me entero, porque ese altillo

es el patio de la portera. -Sí, hija.

Cuéntame algo, que ya se me ha metido la curiosidad por dentro.

-Yo pregunto.

Pero me atrevería a vaticinar que es un asunto de faldas.

-¿Crees que se la ha pegao con alguien?

-Si no, ¿por qué iba a gritar así una mujer?

-Doña Rosina grita por to. -Es verdad.

-Aunque quizás tengas razón.

Y eso que me extraña a mí de don Liberto.

Siempre le he considerao un hombre muy apañao, muy rebueno...

Y que se llevan muy bien.

-Bueno, últimamente no, que yo ya les he visto varias veces

discutir en público sin ningún pudor.

Yo creo que el asunto del banco le tiene nerviosísima a ella.

-Y a mí.

Es una faena haber perdido tanto dinero.

A ver si es verdad que el Gobierno interviene

y nos ayuda.

Oye,

¿y a ti que te pasa?

Nada.

Bueno, pues voy a buscar a tu padre,

que no sé dónde se mete y tengo que hablar con él.

Madre, una cosa.

He hablado con Rafael...

Ahora que me lo mencionas, escúchame,

también yo quería hablarte de él.

Dile que si el Gobierno interviene,

nos hace caso y recuperamos el parné, tú dejas de actuar.

¿Y qué querías decirme de él?

No, nada, solo que lo vi y me dio recuerdos pa usted.

Ay, qué saleroso y salao es el muchacho.

-¿Va todo bien?

Sí.

¿Ya se preparó un café?

-¿Quién te crees que lo preparaba cuando tú no estabas en casa?

Ha sido una noche complicada.

Liberto se ha quedado aquí a dormir.

Supongo que ya sabes lo que ha pasado, ¿verdad?

-Sí, señor.

-Es un barrio muy dado a que corran las noticias.

-"Dicen que don Liberto es buena persona".

-Sí, lo es.

-"¿Y amaba a su mujer?".

-Mucho. -"¿Entonces?".

¿Por qué?

A veces hacemos cosas que...

dañan a las personas que más amamos.

Yo no me porté bien con mi esposa cuando éramos jóvenes.

No sabes cuánto me arrepiento ahora.

No debí hacerle sufrir

y hacérselo pasar tan mal por mi culpa.

Daría cualquier cosa por volver atrás

y reparar ese error.

De hecho,

daría cualquier cosa por volver a estar con ella.

Es posible que Liberto se quede una temporada.

Quiero que lo trates como si fuera yo mismo.

-Claro señor. "Voy a preparar un pequeño almuerzo".

-¿Me acabo de levantar y ya quieres ofrecerme el almuerzo?

-No. ¿Cómo se dice en español?

Des...

-Desayuno. -Eso, desayuno.

-¿Lo saben ya los criados?

-Me temo que lo saben todos.

A la paz de Dios.

Es la segunda vez que el cartero me da una carta suya por error.

-Tampoco le viene mal darse un paseo.

¿Un café? -Venga.

¿Se ha enterao usted del escándalo de doña Rosina y su marido?

-Bueno, desde primera hora que va el barrio con la noticia.

-Me lo cuentan y no me lo creo, ¿eh?

Doña Rosina y don Liberto, que parecían siempre tan unidos.

-Pero no me extraña, que doña Genoveva es una mujer de bandera.

Cualquier hombre puede perder la cabeza por ella.

La perdería yo si se tercia, fíjese.

-Dudo que se le tercie, pero soñar no cuesta dinero.

-Oiga, oiga.

¿Qué insinúa? Yo todavía tengo mi punto.

-Punto y aparte es lo que tiene usted.

-Buenas.

¿Es cierto lo que dicen,

que Casilda ha pillado a don Liberto con Genoveva?

-Bueno, bueno, y a punto de llegar a mayores.

Si no está la criada, se monta la de San Quintín.

-La pregunta es, ¿qué va a pasar cuando regrese don Alfredo?

-Digo yo que los dos tendrán unas palabras, ¿no?

-Palabras y lo que no son palabras.

Es una factura, Servando, para eso se la hubiera quedado usted.

-Si quiere se la hago desaparecer con mi sombrero mágico.

-De nada va a servir, enviarían un duplicado hasta que la pagara.

-Además, desde que hice el último espectáculo en el altillo,

me he retirao. Es mejor retirarse uno cuando está en la cima

saboreando las mieles del éxito.

Con su permiso me voy, que ya llevo mucho tiempo en negocio ajeno.

Con Dios. -Con Dios.

Por cierto, ¿cree que las cartas enviadas al periódico

servirán de algo?

-No tiene pinta, Emilio, para qué nos vamos a engañar.

-Ya. Quería pensar que sí. En fin, ¿ha venido usted

a desayunar? -No. He venido a hablar con usted.

Sobre Cinta.

-¿Qué ha pasado?

-La vi besarse con el guitarrista.

El tal Rafaelillo.

¿Cómo he podido ser tan estúpido?

-No se martirice, amigo.

-No he pegado ojo en toda la noche.

Sigo encajando todo lo ocurrido.

-Ha sido un infortunio que Rosina viniera de la calle en ese momento.

Eso lo ha agravado todo.

-Muy desafortunado sí, pero se hubiera enterado de todas formas.

-Disculpe que le pregunte, pero...

¿era la primera vez? -Por supuesto que sí.

Rosina es la mujer de mi vida.

Jamás se me hubiera pasado por la cabeza engañarla,

ni siquiera en sueños.

-¿Y qué le llevó a irse con Genoveva?

-Rosina y yo llevábamos unos días discutiendo.

Genoveva es una mujer muy atractiva.

-Sin duda lo es.

-No sé. Supongo que estaba falto de cariño y ella me lo dio.

-Un desahogo ante la tensión de las últimas semanas.

-Es que no le encuentro otra explicación a lo ocurrido.

Jamás hubiera hecho algo así a mi esposa

en condiciones normales.

Yo amo a mi esposa.

La amo por encima de todas las cosas,

la amo hasta por encima de mí mismo.

Me siento un canalla por haberla traicionado.

-Lamentablemente, le entiendo.

-¿Me entiende?

-Yo he estado en su situación muchas veces.

No tengo un pasado del que sentirme orgulloso.

-Rosina no se merece un dolor así.

-Celia tampoco.

-No soporto pensar que está destrozada, ¿sabe?

Que lo está pasando mal por mi culpa.

-Mire, lo primero que tiene que hacer es hablar con ella.

Sé que se va a arrepentir de lo que ha hecho

y tiene que decírselo cuanto antes. -Estoy arrepentido.

Pero conozco muy bien a mi esposa.

No va a querer ni mirarme a la cara.

-Bueno, no adelantemos acontecimientos.

El amor es más fuerte que el despecho.

Seguro que tarde o temprano, Rosina le perdonará.

-Dios le oiga.

Dejaré pasar unas horas antes de ir a verla.

-Me parece bien.

Es mejor no tratar estos asuntos en caliente.

Y entonces ella se abalanzó sobre él,

y se abrazaron.

Luego, al separarse, se quedaron mirando unos instantes

y ella le besó.

Parecían tener mucha complicidad.

-Supongo que es normal. -¿Cómo?

-Los dos son artistas, comparten cosas.

Lo mejor será asumirlo y olvidarme de ella.

-Pero ¿oye lo que está diciendo? -¿Qué?

-¿No va a luchar? -¿Para qué?

-Para recuperarla.

-Lo mejor es apartarse.

Además, Rafael es...

un artista sensible y virtuoso con la música, igual que ella.

¿Y yo qué soy? Un simple camarero.

-Usted es el hombre que le gustaba hasta hace bien poco.

-Sí, le gustaba, usted lo ha dicho, ahora le gusta otro.

Lo mejor será que me aparte y les deje ser felices,

y más ahora que ya se han besado. -Pero ¿qué dice?

Deje el mantel.

Lo del beso se lo he contado simplemente para que reaccionara,

pero fue algo impulsivo, fruto de la alegría del momento, nada más.

-No lo creo. -Pues yo sí, y fui yo quien lo vi.

Entre ustedes, entre Cinta y usted,

saltaban chispas cada vez que se veían.

¿O no se acuerda de los bailes? -Sigo recordándolos.

-¿Entonces?

-Entonces nada.

No voy a luchar porque acabaría perdiendo.

Que sean felices.

Tiene usted buena cara.

He dormido como un bebé al saber que Rosina

se debe haber pasado la noche llorando.

Tampoco don Liberto debe haberlo pasado bien.

Cuentan en el altillo que ha dormido donde don Felipe.

Tenía que haberle visto la cara cuando entró su criada.

Tenía que haberle tomado una fotografía.

El pobre no sabía dónde meterse.

El plan ha salido perfecto.

Don Liberto y doña Rosina van a sufrir lo indecible.

Bien hecho, señora.

Usted también lo hizo estupendamente

consiguiendo que Casilda entrara en el momento justo.

Gracias, señora.

En el barrio se pasarán semanas hablando de esto.

¿Y eso no le importa?

¿A qué se refiere?

Estaba pensando qué hará su esposo cuando se entere de todo esto.

Él no sale muy bien parado.

Eso no es asunto suyo.

No es mi deseo inmiscuirme en su vida, solo me preocupo por usted.

A la vista está que don Alfredo es un hombre...

¿Peligroso?

Como para tenerle respeto, al menos.

Yo sé manejar a mi esposo, no se preocupe.

¿Qué sucede, Úrsula?

Solo espero que tenga clara una cosa:

si usted está en esta casa, es porque yo le abrí las puertas,

no mi marido. Bien lo sé.

Si algún día me enfrento a él,

espero que sepa de qué lado ponerse.

¿Acaso duda de mi lealtad, la señora?

Solo es una advertencia.

Quede tranquila,...

sé muy bien lo que me conviene, y lo que me conviene

es serle fiel a usted.

Eso es lo que quería oír.

Voy a buscar más mermelada.

-Buenos días, Fabiana. -Buenos días.

-He oído que anoche hubo jaleo en el barrio.

-Sí.

-Estaba en la otra punta haciendo la ronda cuando ocurrió la barahúnda.

¿Es cierto que doña Rosina encontró a su esposo en brazos de otra

en su propia casa?

-¿Y a usted quién le ha dicho eso?

-Se dice el pecado, pero no el pecador.

-Pues pa empezar, no fue ella quien le encontró, sino Casilda.

Pa seguir, no fue en su casa, sino en casa de la señora en cuestión.

Y pa terminar, la señora en cuestión era doña Genoveva.

-Madre del amor hermoso. ¿Y cómo está Casilda?

-Con un soponcio todavía metío en el cuerpo,

tanto que no la he visto en to el día.

-Escondida estará, para que no la avasallen a preguntas.

-Y normal.

Yo no me hago a la idea de que don Liberto

haya hecho tamaña canallada.

-No es propio de un hombre tan derecho como él.

-Derecho o torcío, es hombre, Cesáreo,

y tos los hombres pierden el oremus por una mujer guapa.

-He de decirle que eso no es así,

habrá quien lo haga y quien no, y don Liberto

no parecía de los primeros. Además, algo de culpa tendrá ella.

-¿Doña Genoveva? -Allí estaba, algo tendrá que ver.

-Supongo.

-Pues eso. -Cesáreo.

Buenas, Fabiana.

-Buenas. -A usted le estaba yo buscando.

Quería agradecerle lo que está haciendo por Camino.

-Nada he hecho yo, lo ha hecho todo ella.

-No se quite méritos.

Tanto las clases de defensa personal, como el estudio

de la lengua de signos, le están ayudando a integrarse en el barrio.

-Por cierto, doña Felicia, justo hablábamos del escándalo

que pasó anoche en el 38.

¿Se ha enterao usted?

-Así es, a qué engañarnos.

Se oían las voces desde la calle. Pobre Rosina,

lo que le faltaba ya esta semana. -Desde luego que sí.

¿Y cómo va el asunto del banco? ¿Se tien novedades?

-Nada desde la noticia que publicó el periódico.

Estamos esperando que las autoridades

tomen cartas en el asunto. -Ay, Dios así lo quiera.

Rezaré por ello. -Gracias, Fabiana.

Me voy, que tengo mucha faena. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Oiga, Fabiana, quería preguntarle algo.

¿Conoce usted a alguien llamado Valdeza?

-¿Valdeza? -Creo que es un apellido,

o algo así.

-Algún cliente he tenío que se ha llamao Villacañas, Valdepeñas,

pero Valdeza... no, no me suena.

En fin, Cesáreo, le dejo, que voy tarde pal mercao.

A más ver. -Con Dios.

-Yo no engañaría a mi Bellita jamás de los jamases.

-Eso siempre se dice, pero la tentación a veces es grande.

-No, no, para mí no.

Yo nunca he conocido una mujer como la mía,

ni creo que la vaya a conocer.

Mi Bellita es una diosa, una reina mora.

-Además, si se enterara, le iba a atizar dos guantazos de aúpa.

-¿Dos guantazos?

Ensartado como un pincho moruno, así terminaría yo seguro.

-Si es que doña Bellita del Campo es mucha doña Bellita del Campo.

Para la escena es lo mismo que soy yo para la magia.

-Bueno, no sé si tanto, don Servando.

-¿No le han contao a usted el espectáculo que di en el altillo?

-No he tenido ese gusto. -Bueno.

El Gran Servandini

dio un espectáculo digno del gran Teatro Real.

-Hala.

Eso sin exagerar.

Recuerdo yo una vez

en la Argentina que se nos presentó un mago,

porque quería formar parte del espectáculo de Bellita,

pero a ella no le gustó la idea. -Claro, el cante y la magia

son espectáculos diferentes.

-No, no por eso.

Este mago además era hipnotizador,

y a ella le daba mal fario encontrárselo, por si le hacía

hacer algo en contra de su voluntad.

-No, no, yo soy un mago, pero que hace magia de la buena.

-Toma.

-Y ahora, qué lástima no ser más joven, porque seguro

nos hubiéramos cruzao en algún escenario yo y su señora de usted.

-Claro.

-¿Y qué pinta usted con la gran Bellita del Campo?

-No, no, pintamos porque cada uno somos virtuosos en nuestro arte.

-¿No se estará comparando con ella? -Yo no me comparo con nadie,

pero los dos somos grandes en lo nuestro.

-Grande la cara que tiene. -¿Y eso por qué lo dices?

-¿Y la medalla de mi Jacinto?

-Y dale, es que la convertí en una figurita preciosa, ¿sabe?

-¿De verdad hizo eso? -Vamos.

¿Has visto, has visto?

Ya me está mirando don Jose, mi arte, mi saber hacer, mi don.

-Lo que admiro es no haber picado yo y darle algo de valor.

-Si ni siquiera es de valor, pero mi Jacinto le tiene mucho cariño,

que se la regaló su tío. Y está tan disgustao,...

que ni siquiera cumple con sus obligaciones maritales como esposo.

-Vaya faena. -Ni que lo diga usted.

Que estoy como los altos hornos de Vizcaya.

-Mujer, por Dios, no des detalles.

-Pues dígame dónde está la dichosa medalla.

-Que no puedo. -Porque no lo sabe.

-No, porque si no, descubriría el truco.

-¿A que le arreo? -Será mejor que les deje a solas.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Me va a decir dónde está la medalla?

-Jamás. -Esto no va a acabar así.

-Pero ¿cómo que Liberto engañó a Rosina con Genoveva?

Eso es un disparate. -Es lo que dice todo el barrio.

¿Dónde se había metido usted que no se ha enterado?

-Visitando a una amiga al otro lado,

pero ¿qué ha pasado exactamente?

-Oí a Rosina dar voces en la escalera, se oía por toda la calle.

Al parecer, les descubrió in fraganti.

Su sobrino ha dormido hoy en casa de don Felipe.

-Eso no puede ser, debe tratarse de un error.

-Ojalá me estuviera equivocando, doña Susana.

-Seguro que Rosina ha exagerado y es un malentendido.

Mi sobrino es un hombre formal y respetuoso, oro molido.

-Eso mismo pienso yo. -Seguro que Liberto

habrá mirado a Genoveva, las cosas como son, es una mujer hermosa.

-Lo es.

-Rosina habrá puesto el grito en el cielo.

-Los hombres miran a las mujeres jóvenes desde que el mundo es mundo,

y si no lo hicieran, serían hombres, serían frailes.

Luego subiré a casa de Rosina y hablaré con ella,

desharé este entuerto.

-Muy buenas. Doña Felicia, aquí tie usted

los manteles lavaos y planchaos. -Déjalos debajo de la barra.

Por cierto, Fabiana,...

¿sabes algo más? -¿Más de qué?

-De lo que habla todo el mundo. Lo que hablábamos antes,

de lo de doña Genoveva y don Liberto.

¿Crees que es una exageración de doña Rosina?

-Lo dudo, señora. Fue Casilda quien se los encontró.

-¿Cómo dices?

-Casilda llegó a casa de doña Genoveva a por un ungüento

para Agustina y los encontró

a punto de llegar a... mayores, señora.

-Madre mía.

-¡Casilda, ven! ¡Casilda!

Ven, ayúdame a empujar el mueble.

-Señora, no se puede empujar más. -Que sí.

Le conozco bien, seguro que va a intentar entrar.

-¿Y de qué le va a servir? Si aunque lo intente,

nos hemos atrincherao aquí como si esto fuera la guerra.

-¡Guerra que él se ha buscado!

¿Cómo se atreve a hacerme eso a mí?

Es... una rata, una cucaracha asquerosa es lo que es.

Gracias por acompañarme, Casilda, por...

pasar conmigo la noche

y estar conmigo en estos duros momentos.

No me has dejado sola.

-Ande, señora,...

cálmese, yo le voy a preparar una tila.

-¡No!

No quiero tila, quiero machacarle la cabeza a ese miserable.

Es un crápula, un golfo.

(Intentan abrir la puerta)

-Rosina.

-Vete, vete a cerrar con llave la puerta del servicio, vete.

¡Vete, aléjate de la puerta!

-Cariño, tenemos que hablar.

-¡No tenemos nada de qué hablar! ¡Adúltero!

-Déjame pasar, por favor, deja que me explique.

-¡¿Qué me vas a explicar, lo que ya sé?!

¡No quiero que me digas nada, bastardo, nada!

¡Que nos oigan! ¡Embustero!

-¿Es verdad,

Liberto le ha sido infiel a mi amiga?

-¿Qué está pasando ahí ahora?

Ay, ay, ay. -¡Que todos se enteren!

(Griterío)

-Cariño, escúchame, ábreme la puerta,

vamos a hablar civilizadamente.

Que no cometas otra barbaridad.

-¡Otro espectáculo, mira, otro espectáculo!

¡Vete o saco la escopeta de Maximiliano!

-¡Rosina, abre la puerta!

-Cuento hasta tres.

O te vas o te juro que te disparo.

-Rosina.

-Uno... -Cariño, por favor.

-Dos... -Rosina.

-¡Y tres!

-Quieta, suelte eso, hombre.

-¡Suéltame, suéltame! -No cometa una locura, por favor.

-¿Me estás apuntando con la escopeta?

-¡Ah! Por Dios, señora.

Por favor, pare ya, ¿qué hace?

-Es que todo me sale mal.

Si llega a tener bala...

Todo me sale mal.

-Cariño, por favor, tenemos que hablar.

-No me toques.

¡Traidor, ceporro!

-¿Quiere que le prepare una tila, doña Susana?

-Si quiere que le sea sincera, no lo sé.

Quiero subir, pero no sé si es buena idea.

¿Cree que debo dejarles un rato para que arreglen sus cosas?

-¡Me das asco! ¡Adúltero!

Crápula, eres un infiel, ¡un embustero!

-Señor, se ha pasao toa la noche sin dormir, la señora.

A ratos le insultaba, luego se volvía a poner a llorar.

-Ya. Tal vez sea mejor que regrese en otro momento.

-Sí, sí, desde luego que sí.

-Tú, adúltero, aquí tienes tu ropa. No quiero volverte a ver

en toda mi vida. ¡No me mires!

Vete,

vete para siempre, no quiero volverte a ver en toda mi vida.

-Señora, pero... ¿qué está haciendo?

-Debería esperar a que las cosas se calmen un poco.

-Pero ¿qué está tirando?

-Creo que es de su sobrino.

-¿Está tirándole la ropa por la ventana?

-¡No quiero nada de ese en esta casa! ¡Nada!

¡Que te vayas!

¡Cagarruta!

¡Traidor! ¡Ceporro!

¡Mal rayo te parta!

¡Ojalá no te vea nunca más!

¡Mal rayo te parta!

¡Voy a hacer como si no hubieras existido!

-¿Qué pasa?

-¡No voy a pensar ni un segundo en ti!

-Como alguien no la detenga, algún vecino llama a los guardias.

-Ha perdido el oremus, hemos de hacer algo.

-Me arrepiento de haberte hablado siquiera.

-Yo no subiría ahora, está fuera de sí.

-No puede seguir montando un espectáculo, voy a hablar con ella,

¡pero ya!

(Gritos)

-Liberto.

-¡Mal rayo te parta!

¡Ojalá no te hubiera conocido! -Ven.

Mírame a los ojos. Dime que todo el mundo miente.

Dime que Casilda no entró y te vio besándote con esa señora.

-¡Libidinoso!

-Es cierto, tieta, es cierto, pero juro que la cosa no llegó a mayores.

-Ay, Dios mío. -Ay, que se nos cae.

¡Doña Susana! Siéntese, siéntese.

-Qué vergüenza.

-¿Quiere un vaso de agua? -Voy a por agua.

-¿Qué quiere, Fabiana? -No, gracias, no.

¡Traidor, ceporro!

-Tranquila.

-Amigo,... vámonos de aquí.

Dígame, ¿a qué debo su visita?

Quería saber si ha hablado con sus padres

sobre la propuesta del empresario para ir de gira.

No he tenido ocasión. ¿Y a qué espera?

A que pase lo del Banco Americano.

Mis padres están ahora mismo muy preocupados

y no quiero darles más dolores de cabeza.

Pero esto es algo bueno.

Ya.

La noto... incómoda.

¿Es por el asunto del que ninguno de los dos se atreve a hablar?

¿Qué asunto? Del beso.

Por eso está incómoda, ¿verdad? Sí.

La verdad es que me dejé llevar por el entusiasmo

de la situación, pero ya le dije que nuestra relación

iba a ser solo profesional.

Y no sabe lo mucho que me entristece oírselo decir siempre,

pero... lo entiendo,...

y la respeto.

No la voy a atosigar más con el tema.

-No sabéis hoy qué escándalo en la calle, ¿ya os habéis enterao?

No.

¿Ocurre algo?

Nada, Rafael ya se marchaba.

Sí, ya... ya me marchaba.

-Con Dios.

-Espero su noticia.

-Bueno, ¿qué?

¿Me vas a contar lo que ocurre con Rafaelillo o no?

¡Cinta!

Nos besamos. Bueno,

yo le besé.

Jesús, ¿a ese también?

Pero ¿a ti no te gustaba Emilio?

Me contó que había un empresario que nos había ofrecido una gira,

y me dejé llevar por la emoción. ¡Una gira!

Bravo, cariño, qué alegría, ¿no?

Sí.

A ver, que me aclare, ¿te gusta Rafaelillo o...?

Es un muchacho estupendo, pero no sé.

¿No sabes si te gusta?

Lo que no sé es si me gusta tanto como Emilio,

que de ese sí estoy segura que me gusta mucho.

Tú no te puedes ir de gira con un hombre que bebe los vientos por ti.

Es que tu madre se haría cruces.

Lo sé, tata.

A ver, pocholita,...

lo importante es que tus padres arreglen el tema del banco,

luego ya veremos cómo arreglamos todo lo demás.

¿Por qué es todo tan difícil?

Ay.

(HABLA EN EUSKERA)

Hala, venga,...

entretente un poco ayudándome a poner la mesa,

que tengo la espalda... Tú.

-¿Se encuentra usted mejor? -Supongo que sí.

Gracias, Felicia, por la tisana, me ha recolocado el cuerpo.

Ahora voy a subir a casa de Rosina a consolarla.

Me necesita. -A lo mejor es pronto,

el ataque de histeria que le ha cogido hace un rato

era como para dar miedo. A ver si va a salir usted malparada.

-Yo estoy con doña Felicia, debería dejarla pasar la noche al menos.

-Es mi amiga, ¿con quién va a estar mejor que conmigo?

Además, estoy muy avergonzada con lo que ha hecho mi sobrino

y quiero que sepa que estoy con ella.

-Madre. Madre.

Ha salido una noticia. Es sobre el Banco Americano.

-¿Y qué dice?

-Al parecer, ya es definitivo: se ha declarado en quiebra.

-No puede ser. -Ay, que me mareo otra vez.

-Ay, no, no. -Siéntese, doña Susana.

-Venga por aquí. -Tranquila, tranquila.

-Pero ¿qué ha pasao? -Fíjese:

"El Banco de España no auxiliará a la entidad porque los socios

del Banco Americano conocían la situación tan complicada

en la que estaban inmersos". -Júrame que es eso lo que dice.

-Y al parecer, asegura que no hicieron nada para evitarla.

-No puede ser.

-Puede que se trate de una estratagema de la prensa.

-Es todo cierto.

-Estamos en la ruina.

-Pero ¿es que no vamos a hacer nada?

Es una infamia. En cuanto me eche

a ese Alfredo a la cara, no va a encontrar lugar donde esconderse.

-El banquero y la casquivana de su esposa han urdido todo esto

para limpiarnos. -Deberíamos volver a la Argentina.

Llegaríamos con una mano delante y otra detrás,

pero a eso ya estamos acostumbrados.

-Y de la deuda de don Alfredo, ¿qué?

-Le agradezco lo que está haciendo por mí,

es usted una buena mujer. Siento mucho haberla defraudado.

-Y mucho.

Los votos matrimoniales son inquebrantables.

-Me gustaría que fuera sincera.

Es lo que estoy intentando.

Solo me gustaría saber si...

sus dudas tiene que ver, además de con sus padres,

con el beso que me... que nos dimos.

-"La junta directiva" sabía que la debacle era inminente,

y se abstuvo de llamar a sus inversionistas.

-Con lo que se demuestra lo que siempre sospechábamos:

que Bryce labró a conciencia la ruina de nuestros vecinos.

-Servando, déjese de tontás y devuelva lo que no es suyo.

-¿Me está llamando ladrón? -Yo sí.

-¿Tú, que no tienes ni idea de magia,

llamar mangante al Gran Servandini? Vamos a ver bien lo que pasó.

-¿Y qué sugiere usted?

-Que husmeemos en ese dinero,

que busquemos los apuntes contables del banco,

que podamos demostrar que no ha ido a parar

a los bolsillos del sospechoso señor Bryce.

-Cree que ese hombre nunca entregó el dinero al Americano?

-De momento, solo lo sospecho, pero lo creo capaz de eso y de mucho más.

-De verdad, cómo te gusta meterte en líos.

-Lío ninguna,

que ella tie que sentirse muy sola. No solo es lo de Liberto,

también la culpan de estar conchabá con el estafador de su marío.

-A lo mejor también es culpable.

-No, ese hombre es la piel del diablo,

pero ella no.

¿Sabe quién es Úrsula López? Toma, claro,

se llama Úrsula Falcón Quintero,

cantante y empresaria de zarzuela, opereta y variedades.

Pues quiere contar conmigo para su cuadro flamenco.

-¿Quién anda ahí? Como sea el perro de Liberto,...

le meto...

un tiro.

-Soy yo.

-¿No has oído en la puerta que no recibo, Susana?

¿Qué quieres? -Hablar de Liberto.

-¿Del perro de tu sobrino? -Evitemos

esos calificativos, Rosina.

-En esta casa se llaman a las cosas por su nombre. Márchate.

-Solo pretendo hablar. -Susana, o te vas,

o te pego un tiro, te lo juro.

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Acacias 38 - Capítulo 1036

18 jun 2019

Cinta se encuentra hecha un mar de dudas tras haber besado a Rafael y comparte confidencias con Arantxa. Antoñito confirma a Emilio que vio besándose a los dos artistas.
Cesáreo calla ante Felicia que oyó hablar a Camino y comienza a investigar ¿Quién será Valdeza?
Casilda descubre a Liberto y a Genoveva a punto de hacer el amor. Rosina se entera de la infidelidad de su esposo, su matrimonio se ha roto. Genoveva celebra su victoria.
Ramón pone calma en la familia, deben callar de momento, cuando se descubra la quiebra del banco hablará con las autoridades. La noticia de la quiebra sale a la luz, los vecinos se desesperan, están en la ruina.

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  1. Mabi

    Con respecto a la escena de semi- sexo ( como ha dicho Eva) creo recordar que en la época de Cayetana, también las había, recuerdan sus provocativos camisones y desavilles que usaba para " acalorar " al malvado marido de Manuela? Y cuando sedujo al secretario de educación para lograr sus fines y el hombre locamente enamorado y culposo se ahorcó? Y cuando Felipe abusa de su criada y la tira sobre su escritorio para someterla? Y hace pocos capítulos atrás, Antoñito, llega fatigado a su casa y le pide a Lolita ir a "acostarse ", ella como fiel y obediente esposa, hizo lo que le pidió??? y Rosina en sus mejores épocas y recién conquistado Liberto, los encuentran desnudos en el living, luego de " hacer el amor"? Creo que todas y cada una de esas escenas también forman parte del universo de las novelas, baratas o no, y que no se abstuvieron de incluirlas porque la diferencia está en la diversidad de opiniones sobre ellas...

    20 jun 2019
  2. Rafael

    Eva Luna, si habías dejado de verla, déjalo, porque si no te gustan las tramas tan poco "glamurosas", puedes visionar otras series. ¡Ah! y te aseguro que los guionistas no son nada amargados (conozco alguno) y se ganan el pan con mucho esfuerzo y árduo trabajo al tratarse de una serie diaria. Es una tragicomedia donde y han de pasar cosas, unas más luctuosas o tristes y otras graciosas; cada uno de los personajes tiene marcada su idiosincrasia. Estan los malos que no pueden faltar. El pícaro sinvergüenza egoísta que siempre va con engaños (Servando) pero que, como ocurre con ese personaje del género de nuestro Siglo de Oro, siempre acaba malparado. La "Señora" de altos humos pero que es una histérica gritona metepatas (Rosina). La beata metiche y cotilla (Susana), los amores imposibles que al final (casi) siempre acaban bien, al desaparecer los impedimentos, las historias que no conocemos y nos tienen en vilo, El bueno, buenazo de Ramón, todo sensatez y buen hacer, etc. etc. No es un filme de Visconti o Bergman, ni una obra de Ibsen, pero creo recordar que un tal Shakespeare escribió obras como 'Romeo y Julieta' (historia de amor adolescente que acaba fatal) y 'Sueño de una Noche de Verano' que...¿que qué?.

    20 jun 2019
  3. Maria

    Me gusta q la novela muestre la hipocresía q se vivía en esa época.Hablando con gente muy mayor de mi flia me han contado muchas veces q cosas así ,como las de esta novela, pasaban muy seguido y se escondían por el famoso "que dirán"...la novela trata temas q sucedían en esos tiempos y q para hoy parecen descabellados...gente q se hace pasar x otra persona, estafas , engaños.....recuerden q en esa época las cosas no se sabían en el momento a menos q se vean "in situ"..no habían celulares, ni fotos digitales...pónganse en ese lugar y tiempo...a gatas se recibía un telegrama (el cual costaba mucho pprq se cobraba x letra!), Las cartas se debían estampillas y a veces según el lugar eran varias estampillas (las cuales no eran económicas) por ello a veces las cartas se escribían solo para ciertas fechas como cumpleaños, aniversarios o Navidad y año nuevo. Lo q se muestra del bco es lógico q se trate tanto en resolver hasta q fue tarde xq las noticias no llegaban sino hasta meses después de q aconteció el suceso..Hoy se ven las cosas muy diferentes.Nadie se imagina vivir en esos tiempos.

    19 jun 2019
  4. Susana

    Eva Luna, ¡adoro!. Yo no lo hubiera explicado mejor. Soy fan tuya.

    19 jun 2019
  5. Eva Luna

    habia dejado de ver la novela, me aburria, la semana pasada me dijeron que la viera, que estaba buena y que desilusión. Si algo tenia era cierto glamour, un barrio con gente de alcurnia, "señoras"" de verdad muy pocas, mas cotillas, metiches, pero guardaban cierto decoro, Pero vino el horror, los gritos insufribles de Rosina, la escena de los huevos, Bellita Felicia a los huevasos y como si fuera poco, una ligera de casco y una escena de semi-sexo de una novela barata y luego todo el escándalo de Rosina patético, ridículo. de un bodevil. Aclaro NO ME ASUSTAN LAS ESCENAS DE SEXO, lo que digo que era una novela que se habia abstenido de ciertas cosas, como estas, lo que la diferenciaba de otros. Sostengo que los guionistas, deben ser personas muy amargadas que no conocen ni la alegría y menos la felicidad, porque destruyen matrimonios, familias, parejitas. En fin, no se si publicaran mi comentario, pero sino lo hacen es porque alguien lo lee y aunque no les importqe lo que opinemos los televidentes, es bueno al menos que lo sepan. Ya con tantas muertes, estafas, impunidad, delincuentes y asesinos caminando por las calles, calamidades, tristezas, amarguras, enfermedades, gente enferma de odio y venganza, me habia aburrido y no solo a mi, ahora con todo esto y que además nada a cambiado, solo el compromiso de Ramón y Carmen, que espero que dure esa felicidad y que no se muera ninguno de los dos, me despido hasta otra vuelta, hasta aquí llegué

    19 jun 2019
  6. Beltrán

    Liberto (sic) :¡¡¡ Casilda, espera, no es lo que parece !!! JAJAJAJAJAJA

    18 jun 2019