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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1034 - ver ahora
Transcripción completa

Yo no he hecho nada, no le he tirado huevos a nadie,

si no tengo puntería. -Fue ella, lo vi.

Le acertó al consejero Suñol, como si no hubiera hecho otra cosa

en su vida. ¡Harpía!

O desmontamos esto o nos van a llevar a todos arrestados.

No, eso no pueden hacerlo, necesitan una orden.

Eso dígaselo usted, han sido muy tajantes.

-Solo ejercemos la libertad de expresión y reunión.

Me temo que la protesta ha terminado.

-Piden una fianza para sacarla del calabozo.

-¿Por tirar un huevo? -Bueno, dos.

No vamos a dejar que Alfredo Bryce se salga con la suya, ¿no?

-No, hijo, no se lo consentiremos.

Si no he podido tratarle como se merece...

-A las buenas, señorita y compañía.

Hay que ser muy lelo pa dejarla escapar así.

Voy a hacer cualquier cosa por ella.

Fui yo quien le rogó a mi esposo que permitiera que los vecinos

participaran en la inversión. Y lo consiguió.

Y bien que me arrepiento.

No puede estar en el ajo. -Sería todo muy retorcido.

(CANTA EN PORTUGUÉS)

Don Felipe, discúlpeme.

-No sabía que tocabas el piano.

-"Nada por aquí, nada por allá...".

¡Zas!

-¡Oh! -¿Eh?

Ha llegado un nuevo mago a la ciudad.

-Se va a enterar esa mesonera. Me las paga.

¿Os queréis creer que me acusó con el dedo a los guardias?

Ha sido la prensa, que nos ha tratado

como a unos amotinados solo por gritar cuatro verdades.

¿Qué le parece si los inundamos de cartas de protesta?

No hay na que hacer, el banco no devolverá ni una perra.

-"¿Tú crees normal gastarte" un dineral en un sombrero?

-Y qué sombrero, ¿eh?

-¡Rosina, ya está bien, despierta! -¡Que no!

Le supongo informado de lo sucedido,

el banco ha suspendido pagos.

-De no conocerle, pensaría que usted sabía algo

de lo que iba a ocurrir.

Don Ramón, ¿no va contestarme?

La pregunta es sencilla.

¿Tenía usted alguna información que nosotros no sabíamos?

-Señor Bryce...

-Déjense de chanzas.

¿Cómo iba Ramón a saber más del asunto que usted?,

que es socio del banco.

¿No ves que te están tomando el pelo?

Menudas chispas se gasta usted.

-Lo cierto es que...

me la han pegado bien.

No me di cuenta de que bromeaba. -Claro.

No podía ser de otra forma. Somos amigos.

-Porque si hay alguien aquí que sabía lo que iba a ocurrir,

por fuerza debían de ser ustedes.

-De haber sido así, no hubiésemos arriesgado nuestro dinero.

Es una suerte que no hayan perdido su humor, a pesar de la situación.

-La mitad de Acacias está al borde de la ruina.

Somos conscientes.

-Pero no nos queda otro remedio que aguantar este mal trago

y tratar de solucionar este entuerto.

Entre todos conseguiremos salir con bien de esta.

-Estoy seguro de que están haciendo todo lo posible

para conseguirlo.

-Naturalmente. Estamos en el mismo barco.

Y ahora,

si nos disculpan,

tenemos cosas que hacer.

Con Dios. -Con Dios.

Pensaba que no se iban a ir.

Pensaba que les ibas a decir lo que sabes.

-Me ha faltado poco. Lo sé.

Por eso he dicho la pamplina esa de la broma.

-Menos mal, porque no podía morderme la lengua por más tiempo.

-Sí.

Tú no eres hombre acostumbrado a estos disimulos.

-Ya veo que me vas conociendo bien.

Gracias por echarme ese capote. -No hay nada que agradecer, Ramón.

Debes ser más cauto. -Lo sé.

Pero no puedo evitar que me hierva la sangre

al ver lo sibilino que es ese Bryce.

-Y no es para menos.

Ramón,...

no debes bajar la guardia ni un segundo.

Ándate con ojo con ese banquero.

-Sí. Se ha convertido en un miserable.

-Y no solo eso.

Me barrunto que también es muy peligroso.

¿Seguimos? -Sí, vamos a seguir con el paseo.

(Sintonía de "Acacias 38")

"Querida Cinta, me alegro mucho de que su madre haya vuelto a casa".

"Deseo que las cosas vuelvan a la normalidad cuanto antes".

"Le recuerdo que tenemos una conversación pendiente".

"Nos vemos mañana por la noche en la pérgola".

"Emilio".

-(TARAREA)

Hay que ver cómo juegan los ratones

cuando el gato no está en casa, ¿eh?

¿Qué escondes? No te entiendo.

Déjame, que tengo que hacer cosas.

No corras tanto, mujer, que pareces un mozo en San Fermín

cuando escucha el cohete.

Tengo que hacer cosas. Claro,

imagino yo que serán relacionadas con la carta que guardabas.

Hija, no se te escapa una, ¿eh? -Bueno, ¿qué?

¿No me vas a decir qué te escriben o por lo menos quién?

Es de Emilio. Me cita para que hablemos a solas.

Ya sé yo que te gusta mucho ese chiquillo, ya sé yo,

pero creo que está mareando la perdiz en demasía.

Es posible.

Pero yo no pierdo la esperanza de que termine declarándose.

Muchas ilusiones no te hagas.

A ver si por su culpa te vas a dar un morrón de los gordos.

Tendré que correr ese riesgo.

Muy bien. El tropezón no te lo puedo evitar,

ahora, si te parte el corazón ese,

no me vengas a mí pa que te consuele.

No te hagas la dura, tata.

Sé dónde tengo que llorar si se tuerce algo, pero no va a pasar.

¿Están ya los chipirones pa la cena?

-Chipirones. ¿Qué chipirones?

Los chipirones estarán nadando en el mar, digo yo.

-Lástima de comida, hija.

-Señora, que ya sabe cómo andamos últimamente.

-Cualquier cosa me sabrá a gloria

comparao con lo que me han dao en el calabozo.

-Voy a hacer unos huevos estrellaos bien ricos y mu baratos.

-Pero sin jamón. -Pero con puntilla.

-Puntilla tenemos nosotros. Nosotros sí que estamos estrellaos.

Madre, anímese, que no es la primera vez que tiene un problema.

Pero nunca tan gordo, hija.

-Lo del banco ha sido una hecatombe. Solo se ven caras largas.

-Y ahora no nos dejan ni protestar.

Mal rayo le parta al malaje ese de Suñol.

No se merece ni el aire que respira.

Hija de mi vida, qué lástima me da hacerte pasar

por toda estas amarguras.

No se apure, estoy a su lado para todo lo que necesite.

Lo sé. Y te doy las gracias por conseguir el dinero que se precisaba

pa sacarme de esa puñetera celda.

No tiene nada que agradecerme, es mi deber.

Me gusta arrimar el hombro cuando la familia lo necesita.

Eso es porque eres la mejor hija que se puede tener.

Verá como traeré dinero de las actuaciones.

Vamos a dejar de pasar penurias.

Estoy tan orgullosa de ti.

Entre todas vamos a salir de esta. -Di que sí, cariño mío.

Las mujeres de esta casa tenemos más arrestos

que un escuadrón de granaderos.

Emilio, ¿está por ahí tu madre?

-Buenas tardes. ¿Para qué la quería?

-Quería mostrarle la carta que he escrito para el periódico.

-Pues lo siento, pero ha ido a hablar con los proveedores.

Es que..

tenemos que realizar pagos y no hay fondos.

Ha ido a solicitar crédito.

-No te avergüences por eso. Está todo el barrio igual.

No es pequeña la desgracia que nos ha caído encima.

-Le diré a mi madre que ha preguntado por ella.

-Bien. A más ver.

-Con Dios.

-Fabiana. ¿Tienes un momento?

-La verdad es que no, que ando como pollo sin cabeza.

-Solo será un segundo.

No se le puede pedir un favor a nadie.

-Bueno, a ver, dígame qué le ocurre, doña Susana.

-Quiero que escuches lo que he escrito para la prensa

antes de enviarlo.

-Ya sé que les van a escribir a los periodistas para seguir protestando,

pero no creo que le sirva de mucho.

-No tienes prisa, ¿verdad? Siéntate.

Te la voy a leer.

"Estimado señor director del "Adelantado"

esta que le escribe,

es una pobre viuda,

una mujer que con grandes esfuerzos

ha tenido que salir ella sola adelante en la vida".

"Cuando ya solo queda que el Señor se la lleve...".

-Tampoco está usted tan mayor.

Una servidora está más cascá que uste.

-No me interrumpas.

"Se encuentra con que ha sido desposeída de los pocos ahorros

que había guardado para sus días postreros".

"Ni siquiera le ha quedado unas pesetas para hacer un obsequio

a su pequeño nieto que cumple años estos días".

-Doña Susana...

A ver,...

¿qué pasa?

-Qué vergüenza decirte esto, Fabiana.

Va a cumplir años el hijo de Simón.

Y no tengo ni para pagar los sellos que cuesta enviar una felicitación.

Toda la vida...

dejándome los ojos cosiendo para llegar a esto.

-Yo no tengo muchos ahorros,

pero algunas pesetas le puedo dejar pa que le compre algo al crío.

Y a uste le puedo dar unas hierbas pa que se quede más tranquila.

-Gracias. Te lo agradezco, pero no puedo aceptar tu dinero.

Aunque las hierbas sí que me vendrían bien, sí.

-Mire usted, que yo se lo ofrezco de corazón.

Ya son muchos años en el barrio,

y a mí me sabe mal no poder echarle una mano,

ahora que está tan necesitá.

-Fabiana, tienes buenos sentimientos.

Pero me sabe mal coger tu dinero. -Anda.

Y déjese de melindres, mujer.

Su nieto recibe todos los años un regalo, ¿no?

-Claro. -¿Y va a permitir que este año

piense que a su abuela se le ha olvidao?

-No.

No puedo permitirlo.

Está bien, cogeré tu dinero.

Pero cuando todo se arregle te lo devuelvo.

Aurelio, termina de recoger dentro, ya me encargo de la terraza.

Buenas noches. -Hasta mañana.

-¿Recogiendo, Felicia? ¿Cómo ha ido el día?

-Mal.

En este barrio no quedan ganas ni de salir a cenar fuera de casa.

Está todo tan triste.

-Vengo de casa de mi tía de escuchar la carta

que ha escrito al periódico,

y se me ha caído el alma al suelo de la pena que da.

-Ya me han dicho que me estaba buscando.

Cuando acabe de recoger, me iré a mi casa a terminar de redactarla.

-Espero que nuestras quejas sirvan de algo

y que las autoridades tomen medidas.

-No podemos hacer mucho más.

Siempre es mejor esto que quedarse de brazos cruzados.

-No le falta razón. Hasta mañana, Felicia.

-Con Dios. Aurelio...

Uy, se le ha hecho un poco tarde para dar un paseo, ¿no?

Voy al restaurante a comprar una botella de licor para Alfredo.

Usted sí que parece haberse retrasado.

No veo la hora de entrar al portal.

Pocas prisas tiene por regresar a su casa.

Me cuesta llegar, sí.

¿Ha ocurrido algo?

He vuelto a discutir con mi esposa.

No entiendo cómo se puede comportar de una forma tan inconsciente,

sigue como si no hubiera ocurrido nada.

Si me permite el consejo, le diría que tenga paciencia.

Sea comprensivo con ella, lo está pasando muy mal.

Ella y todos.

Yo siempre he sido muy condescendiente con mi esposa,

pero todo tiene un límite.

No se ofusque.

Hay personas que toleran peor que otras

los envites que nos da la vida

y que sacan a relucir su lado menos amable.

Por no decir su lado más osco y desagradable, ¿no?

Yo por mi parte, trato de hacer siempre lo contario,

cuanto peores son las cartas que me vienen,

más trato de mirar al futuro con optimismo.

Pero su disposición en nada se parece a la de mi esposa.

Se me ocurre una idea que pueda animarle.

Dígamela, cualquier cosa será bienvenida.

Mañana hará un día espléndido.

¿Le apetece que demos un paseo por el parque?

Es una oferta tentadora,

pero mañana debo escribir al periódico y resolver otros asuntos.

Entonces, quedaremos por la tarde.

Sí. ¿Por qué no?

Perfecto. Lo pasaremos de perlas.

Hasta mañana.

Hasta mañana.

No había amanecío cuando me puse a fregar este suelo.

Mire, Servando,

lo he dejao como los chorros del oro.

-No veo por qué tiene que madrugar tanto.

Los que aquí se alojan no creo que se fijen en estas lindezas.

-Pero yo sí.

No quiero que nadie diga que somos unos marranos.

-Haga lo que quiera,

pero ni se lo van a agradecer ni se lo van a pagar.

-Ni que una hiciera las cosas pa que se lo agradezcan.

¿Le ha dicho doña Susana que le voy a dejar monís?

No, ¿verdad?

¿Cree que lo hago buscando su gratitud?

-¿Y cómo es eso?

-Que no tiene ni una perra pa mandarle un regalo a su nieto.

-Usted de buena, peca de tonta.

¿Se cree que esa nos iba a dejar a nosotros un perra chica?

Aunque la necesitáramos.

-Cuenta el detalle, Servando.

Ella no es santo de mi devoción,

pero lo está pasando malamente y me ha dao pena.

Voy a seguir ahí dentro. -Hala.

-Ah. Cuide de que nadie pise, ¿eh?

Ni usted.

-Buenas. ¿Se puede pasar?

-Pase, pase.

-Póngame un café, que vengo destemplao de esta noche.

-¿Siguen los guardias en el portal del señor Suñol?

-Y allí van a seguir hasta nueva orden.

No se fían de que esto se haya calmao.

-Hacen mal.

Los señores se van a conformar con escribir cartas a los periódicos.

-Es el recurso del pataleo.

-De alguna manera tendrán que recuperar sus monises.

-Yo no entiendo de esto,

pero me parece que lo tienen más oscuro que el carbón.

-Ellos se lo han buscao.

A nosotros no nos ha pasao eso porque no somos tan avariciosos.

-No se engañe, que si nos hemos librao

es porque no tenemos donde caernos muertos.

-Bueno, quizá también sea por eso.

Bueno, ¿qué?

¿Cómo le van las clases de lucha con camino y las criadas?

-Muy bien. Para ser tan poca cosa,

tiene destreza soltando golpes y tarascadas.

-Yo prefiero utilizar las manos para hacer otras cosas.

-Sé que me voy a arrepentir de la pregunta, pero ¿para qué?

-(RÍE)

¿Quiere que le haga un truco de magia?

(RÍE)

Póngase el sombreo. Póngaselo, hombre.

Ahí está. Y ahora,

abracadabra pata de cabra.

Quítese el sombrero, que no es de buena educación

tener el sombrero puesto bajo cubierto.

Quíteselo, quíteselo.

(RÍE)

-(RÍE) -Muy divertido.

Muy divertido.

Me ha llenao el uniforme de papelajos.

Pero si se ha quedao el sombrero...

tapando el café. ¿Qué pasará ahora?

-Sorpréndame.

Abracadabra...

pata de cabra.

¡Uh!

(RÍE)

-Muy gracioso,

muy gracioso, muy gracioso. -Ay.

-¡Pero ¿qué están haciendo ustedes?!

¡¿Qué desastre es este?! ¡Servando!

-¡Responsabilidades al mago!

-Yo mejor ahueco el ala.

-Es que...

Dios, ¿qué hago yo con este hombre, Señor?

-Lo que vaya a hacer, hágalo cuanto antes.

Y póngame un café sin papelitos.

Ramón, acabo de recibir aviso tuyo.

¿Sucede algo?

-No es malo, no te apures.

-Hay novedades, van a devolver el dinero.

-No es eso.

-¿Y de qué se trata? Dímelo, que me tienes en ascuas.

-Tenemos que hablar de nosotros.

Verás,

he estado pensando y,

creo que estamos atravesando una situación complicada,

que a la postre nos va a afectar a los dos.

-Ya. Y ahora me vas a pedir que rompamos.

-Todo lo contrario. Sosiégate, que no quiero que te dé un síncope.

-Trataré de templarme, pero ve al grano.

-Lo voy a hacer si me dejas.

Quiero pedirte que...

todo lo que está ocurriendo no obstaculice nuestro amor, y...

Y quiero pedirte que te vengas a vivir conmigo.

-Pero ¿cómo vamos a hacer algo así?

Yo soy una mujer decente, y por mucho que te quiera,

no podría vivir contigo amancebada. -Jamás te pediría tal cosa.

¿Puedes sentarte, por favor?

¿Me concedes el privilegio de convertirte en mi esposa?

-Con todo lo que está pasando...

no pensaba que fueras a pedirme algo así.

Esto...

está siendo todo una sorpresa. -Ya me lo figuro.

Pero ¿qué me contestas?

-Que sí, que claro que sí.

Por supuesto.

-Quiero que la boda sea cuento antes.

-Me parece bien. Tampoco necesitamos

convites de postín ni zaranja... -Ni zarandajas.

-Es que estoy nerviosa.

-Vamos a empezar con los preparativos.

-Sí. Lo primero sería hablar con el cura.

-Y lo segundo, pregonarlo a los cuatro vientos,

porque mañana vamos a celebrar una petición de mano por todo lo alto.

Quiero que vengan todos.

-Me parece maravilloso.

-Señorita,

¿no le importará a usted pasear del brazo de su futuro esposo?

-No. Y tampoco me importa besarle.

Cuéntenos, ¿cómo ha sido su experiencia en el calabozo?

-Debe ser horrible verse rodeada de esa gentuza.

-No lo crea.

He congeniao muy bien con las presas.

Ser una estrella tiene su lao bueno.

-Me la figuro cantándoles alguno de sus éxitos.

-Se sabían las letras de mis coplas.

-Vamos, que se ha pasao una buen fiesta.

-Tampoco es eso, doña Susana.

Estar encerrada no es plato de buen gusto.

-Coincido. Sé de lo que hablo porque también he estado en el calabozo.

Es un infierno, lo mires por donde lo mires.

-Especialmente, cuando es algo tan injusto.

Yo encerrá, y esos banqueros mangantes por ahí tan campantes.

-No hay justicia, nos han dejado tiradas como si fuéramos colillas.

-Bueno, yo he escrito ya mi carta para el periódico.

-Yo empecé a escribirla con mi marido, pero terminamos discutiendo

y lo hemos dejado para otro momento.

-Mi Jose se va a encargar de eso,

que él tiene más mano que yo pa los asunto de letras.

-Lo importante es que no dejemos de incordiar.

De una forma u otra, hasta que nos escuchen.

-Hasta que nos hagan caso.

¿Les sirvo más té? -Sí.

Está clarito, no tiene mucho sabor.

-Ay, pobrecita mi criada,

está tan agobia, qué lástima, que hasta en las tisanas ahorra.

-Oh.

¿Cómo anda con Felicia? -¿Siguen enfadadas?

-Claro.

La cosa tiene muy mal arreglo.

Empezó con un feo muy grande que no puedo perdonar.

Pero el asunto ha ido a mayores.

Esa Felicia es la mujer más desleal que existe.

-Temple, que se la llevan los demonios cada vez que la nombra.

Créame que la cosa no es pa menos.

-De poco le sirve que se lleve un sofoco por esto.

Y menos ahora, que tenemos problemas de más enjundia.

-Para mí, lo de esa cualquiera es lo más gordo.

-Cambiemos de tema.

¿Cómo van las actuaciones de cinta?

-¿Va a permitir que su niña siga con su carrera de artista?

-No, doña Susana, esto es temporal,

hasta que pasemos el bache en el que estamos.

-Es de entender que el dinero que gana le viene de perlas.

-Esperemos que esto no dure mucho

y su hija no se eche a perder.

-No tiene por qué, mujer. Yo he vivido desde chiquitilla

en ese mundillo y me tengo por una persona de bien.

-Y nadie lo duda, pero evita la ocasión y evitarás el peligro.

-Lo cierto es que de una forma u otra, estamos pasando las de Caín.

-(RESOPLA)

-Yo he tenido que pedir un préstamo para hacerle un regalo a mi nieto.

-A mí me ha montado Liberto un espolio por comprarme

un sombrerito.

Él, que nunca dice una palabra más alta que otra.

-Estamos aviadas.

Jose ha tenido que vender su traje campero y las botas.

Y el capote.

Esto es un infierno. -O cambia el asunto

o me veo durmiendo debajo de un puente.

-Jesús, Jesús.

Cuente, ¿cómo es eso de que ha estado usted en la cárcel?

-Se lo cuento en otro momento,

que es una larga historia.

-¿Usted ha estado en la cárcel? -¿Yo? Dios me libre.

-"Todavía no me lo puedo creer".

¡Se va a casar con don Ramón!

¿Se acuerda de lo que le dije? -¿El qué?

-Que tenía uste el pescado metío en el horno.

Ea, pues ya se lo puede comer. -(RÍEN)

-Ni yo me lo creo.

Me lo ha pedido en el banco donde teníamos

nuestros encuentros.

-Carmen, deme un abrazo, que vamos a ser familia.

-Me alegro mucho por los dos,

que hacen una pareja de lo más pinturera.

-Esta boda va a ser un bálsamo pa to el barrio.

-Sí, que con to lo que está pasando, nos viene bien alegría, la verdad.

-Van a ser los dos la mar de felices.

-De eso no tengo duda.

Os agradezco vuestros parabienes,

por eso quería que fueseis las primeras en saberlo.

-Va a ser un notición en to el barrio.

-Y que lo diga.

Ramón está empeñado en hacer una petición de mano formal

delante de todos.

-La podemos hacer aquí en casa,

así no gastamos más de lo preciso, que no está el horno pa bollos.

-Me parece bien. Habrá que empezar a organizarlo.

-Sí que va con prisas.

-Sí, Fabiana, pero queremos casarnos cuanto antes.

-Hacen muy bien.

Cuente con Servando y conmigo pa lo que sea menester.

-Es usted oro molido.

-Pues

de momento, podemos empezar con la bebida.

Nos traen a la pensión un vino de Campo de Criptana,

que no tiene na que envidiar a otros vinos.

-Yo puedo traer de la mantequería lo mejor,

y ya tenemos el convite listo.

-Estoy muy feliz.

Qué lástima que la pequeña Milagros no tenga tiempo

para venir desde París al enlace.

-Ya. Por mu pronto que se lo digan, es un viaje mu largo.

-Ramón va a poner hoy mismo una conferencia por teléfono

para darle la noticia a María Luisa.

Y yo le voy a poner un telegrama a mi hijo.

-Ojalá pueda venir, que hace mucho que no vemos a Raúl.

-No va a ser fácil.

No creo que pueda faltar tantos días de su trabajo.

-¿Ha pensado ya cómo va a resolver lo del vestío de novia?

-La verdad es que no he caído en eso.

Me pondré cualquier cosa que tenga.

-¡De eso na!

Del vestío me encargo yo.

-Anda, anda, ¿tú?

A saber qué se te habrá ocurrido a ti, alma de cántaro.

(RÍEN)

Muchacha.

Marcia, tengo que felicitarte por la cena de anoche.

-"Gracias". ¿Le gustó?

-Lo bordaste.

-¿Está enfadado?

-No, no lo estoy.

-"Su mujer también tocaba".

-¿Cómo sabes que mi esposa tocaba el piano?

-Casilda me contó.

Discúlpeme, señor.

-No te preocupes.

Escucharte tocar me trajo muy buenos recuerdos.

(Llaman)

Anda, ve a abrir.

-Felipe. -¿Don Ramón, qué le trae por aquí?

-Venía a verle para hablar sobre el señor Bryce.

-Siéntese.

¿Cómo se va recuperando? -Bien.

Voy mejorando,

pero ayer casi pierdo los nervios con el señor Bryce.

Parece que disfruta con el desastre de nuestros vecinos.

De no ser por Carmen, hubiera explotado.

-Marcia,

prepáranos un té.

Ramón, tenemos que ser muy discretos con este tema.

-¿Qué opinión tiene de Genoveva?

¿Cree que es cómplice de Alfredo Bryce?

-No sé bien que pensar. ¿Usted qué opina?

-Carmen y Lolita están convencidas de su inocencia,

mi hijo no lo tiene tan claro, y yo... tampoco.

-Sería de una perversidad extrema el estar al tanto de todo.

Ella fue la principal promotora de la protestas,

estaría fingiendo de cara a todos.

-Por eso me cuesta creer que esté al tanto de todo.

No puede ser que ambos sean tan retorcidos.

-La maldad del ser humano no tiene límites,

se puede esperar cualquier cosa.

-Desde luego, sería una desgracia, y si es así, debemos detenerles.

-He estado hablando con compañeros

y no ven sencillo atacar por la vía legal a Alfredo,

no tenemos pruebas.

Debemos seguir esperando.

-Estoy de acuerdo con usted, pero antes, déjeme que le cuente

las novedades que traigo

del Banco Americano por parte de mi contacto en el ministerio.

Esto va como la seda, la mejoría se nota de un día para otro.

Hasta Casilda va progresando mucho. -Qué remedio,

un día voy a darle un porrazo a mi señora pa que se tranquilice.

Entre nosotros, está insoportable.

-Normal que el asunto la traiga a mal traer.

-Y tanto que sí,

desde que sucedió la desgracia,

no deja de discutir con don Liberto y de sacarle pegas a todo.

-Es un problema de órdago a la grande.

-Pa chasco que sí.

A ver si con las cartas a los periódicos consiguen algo.

-Bueno, normal, que esté muy preocupada.

-¿Qué ha escrito?

-Dice que su madre también va a enviar una carta al periódico.

Y que ella y su hermano le ayudarán a escribirla.

-¿De verdad, la vais a ayudar?

¿Qué ha puesto?

-Dice que se le da mejor escribir que hablar.

-¿Le ha dao tiempo a poner todo eso?

-Hay que ver qué ánimo tiene esta muchacha, se ríe de todo.

-Pa chasco que sí. Tienes un humor envidiable.

¿Qué ha dicho?

-Creo que dice que es gracias a nosotros.

Adiós. -Con Dios, Camino.

-Esta muchacha está resultando ser más maja que las pesetas.

-Y mira que al principio parecía de lo más apocada.

-Pa mí que se encuentra a gusto entre nosotros.

-Me alegro que haga buenas migas.

Me tenía muy preocupado, pensé que le pasaba algo malo.

-Pues no tie de qué preocuparse, que está fetén.

-Eso creo, solo necesitaba sacudirse la timidez

y romper su aislamiento.

-"Según he podido saber,"

el Gobierno se está tomando muy en serio este asunto,

y es más que probable que pronto tomen una decisión de calado.

-¿Qué decisión, intervenir la entidad?

-No creo que llegue a tanto,

pero sí que pedirán cuentas a los miembros de la junta directiva.

-Eso sería bueno para los intereses de nuestros vecinos.

-Lástima que no podamos contarles nada de momento.

-No podemos permitir que esta información llegue

a ciertos individuos.

La discreción será nuestra mejor arma.

-Hay otra cosa que tengo que contarle.

-¿Qué más sabe sobre este asunto?

-No, no se trata de nada económico,

es más bien un asunto personal.

Mañana voy a hacer formal la petición

de mano de Carmen, y me gustaría que nos acompañara.

-Felicidades, amigo. Deme un abrazo.

Por supuesto que acudiré.

Me alegra que haya encontrado de nuevo el amor.

-Tal vez pronto le pase a usted lo mismo.

-Lo veo complicado.

Apenas tengo vida social.

Cuando salgo de casa es por algún asunto profesional.

Tengo que confesar que me da cierta envidia.

-Muchas gracias, Marcia.

Qué rico huele el café.

Tenemos que elegir lo mejor de la tienda pa su pedida.

-Tampoco hay que tirar la casa por la ventana,

con cuatro cosas tenemos de sobra.

-No, no, nosotras no somos ningunas agarrás.

Vamos a dar un ágape como Dios manda.

-Quizá tengas razón. No podemos hacer el ridículo.

Ramón ya ha invitado a don Felipe y a Liberto y Rosina.

-¿No le ha dicho na a doña Susana?

-No sé si deberíamos.

-Yo creo que deben hacerlo,

porque esa es mu bicho si se la tiene en contra.

-Ya lo sé,

pero después de cómo se ha portado, me cuesta convidarla.

No sé qué hacer.

-Pues no tienes tiempo pa pensarlo.

Le dije que queremos hablar con ella.

-¿Qué?

¿Yo qué tengo que hablar con esa mujer?

-Buenas.

-Gracias por haber venido, doña Susana.

-Carmen.

Antes de nada, quiero felicitarle por su próxima boda.

Ya me ha comentado mi sobrino que mañana celebran la pedida de mano.

-Así es.

Y está usted invitada. Espero que pueda venir.

-Tenía planes, pero haré un poder y acudiré.

Le tengo mucho aprecio al señor Palacios.

-Perfecto.

La boda va a ser mu pronto,

y hemos pensao que quién mejor que uste

para hacer el traje de la novia.

-¿Yo? Pero si ya estoy retirada.

-Pero nadie cose mejor que usted ni tan bien,

ni tan rápido, que bien que lo sé.

-Eso es cierto, ¿te acuerdas?

Eso era antes, ahora he perdido muchas facultades.

-No se apure, si no puede ser, ya buscaremos otro apaño,

¿verdad, Lolita?

-No, no, no, Carmen.

Nos vamos a llevar un disgusto mu grande si nos dice que nones.

-Mujer, no lo veo oportuno.

-Piénselo bien, tal y como está el barrio,

a nadie le amarga un dulce.

Y don Ramón es mu generoso.

No se le van a caer los anillos por coser otro traje.

-Claro, si llevo haciéndolo toda la vida.

-Razón de más pa ganarse unos duros, que está la cosa mu achuchá.

-Está bien, lo haré,

pero solo por tener una atención con don Ramón.

-Busque la tela, que mañana ya es tarde.

-¿Ya estamos con las prisas?

Susana, para lo que has quedado.

Pues a más ver.

Y lo dicho, Carmen, enhorabuena.

-¿Te has vuelto loca? ¿Por qué no me lo has dicho?

-Carmen, créame, es lo mejor.

-¿Lo mejor? -(ASIENTE)

-Lo mejor.

La verdad es que... tú sí que eres una buena arpía.

-Uy.

-La has envuelto mejor que para regalo.

-Ha sido de justicia.

Con lo mal que se ha portao, se merece hacerle el traje de novia.

Además,

se va a enterar de lo pejigueras que podemos llegar a ser.

-Esto es mejor que no invitarla a la pedida de mano.

-Claro. -Lo que vamos a disfrutar.

(RÍE) Qué mala eres, Lolita.

Debo seguir teniendo algo de niña, me encanta comer barquillos.

Ya me di cuenta, daba gusto verla comer con tanto apetito.

Lo mismo me he excedido, va a pensar que soy una glotona.

No, para nada, nunca pensaría eso de usted.

(RÍE) ¿Qué le hace tanta gracia?

Ese barquillero que nos ha tomado por esposos.

Sí, ha estado de lo más impertinente.

Pobre hombre, solo trataba de ser amable,

además, lo que ha dicho es que hacemos muy buena pareja.

¿No piensa lo mismo?

Sí. No sé, supongo.

¿Qué tal van las cosas en su casa? ¿Rosina está más calmada?

Ni con dos litros de tila conseguiríamos serenarla.

Un día se enfada porque gastamos mucho

y después se compra un sombrero.

Va de un extremo a otro, es un tiovivo de emociones.

Pobre.

No puede seguir así mucho tiempo, y menos a su edad.

Me temo que no se va a tranquilizar hasta que no tenga de vuelta

el dinero.

Espero que eso sea pronto,

Alfredo hace todo lo posible por arreglarlo.

No lo pongo en duda, pero de momento no consigue nada.

Es un asunto que no tiene fácil solución,

pero él no deja de reunirse con sus socios,

con el Banco de España y el Gobierno.

El tiempo pasa y las esperanzas disminuyen.

No puede hundirse, me consta que es todo un luchador.

Un luchador al que le flaquean las fuerzas.

No voy a permitir que se rinda ni usted ni nadie.

Tenemos que seguir luchando,

enviando cartas a los mandos de este país.

Envidio su entereza.

¿De dónde saca esa energía y ese ánimo?

Tuve una infancia muy difícil.

Mi vida ha sido una lucha constante para salir de la pobreza,

y solo lo he conseguido a base de tesón.

Es usted admirable, una mujer muy fuerte,

no conozco a muchas mujeres como usted.

Las circunstancias me han obligado a serlo,

no puedo dejar que nada me hunda ni que hunda a los demás.

Además, me siento muy segura a su lado.

Me trasmite serenidad y fuerza.

Se ha hecho tarde, no quiero robarle más tiempo.

No, no se marche, no tengo nada de enjundia que hacer.

No me mienta, sé que está ocupado.

Me marcho, aunque me cueste dejar de disfrutar de su compañía.

Con Dios. Con Dios.

Jacinto.

Jacinto.

Ja... ¿Dónde se habrá metido este hombre?

-Servando, se le habrá olvidao.

Estaba en el portal, que yo le he visto.

-¿Hasta aquí ha subido para echarme el rapapolvo

por manchar el suelo de la pensión?

-Prefiero no hablar de eso.

Ande, lleve la ropa que le he lavao a Agustina,

que de subir me he quedado sin aliento

y tengo que bajarme a escape.

-Siempre me tiene de zascandil. Es que...

-Jacinto, ahí tiene a Servando, te está esperando.

-No sé qué quiere, pero si no vengo, me trae a rastras.

-No te apures, que me parece que te vas a divertir.

-Pase. -No, pasa tú.

-Pues gracias. -Tú primero.

-Mira que te haces de rogar.

-¿Pa qué me quiere, no ve que estoy atareao?

-¿Sacando brillo a los pomos? -Entre otras cosas. Al grano.

-Siéntate, no sea que te caigas de culo con el truco de magia

que te voy a hacer ahora mismo. -¿Pa esto me ha hecho subir?

-Siéntate, mastuerzo, que esto merece la pena.

Te voy a demostrar lo buen mago que soy.

Vas a presenciar algo insólito.

-¿Cómo cuando nació un cordero con cinco patas?

-Mucho más.

¿Eh? ¿Tú ves este vaso de leche?

-Como pa no verlo.

-Voy a echar este vaso de leche

dentro del sombrero y va a desaparecer todo el contenido.

Sí, sí, sí.

-¿Qué hace, desgraciao?,

que va a echar a perder la leche y el sombrero.

-Que no, el sombrero se va a quedar más seco que un bacalao.

-Yo no lo creo.

-Si no estuviera seguro,

¿crees que echaría este reloj que me he encontrado?

-No, no, no, no, no. Ah...

-Ya está.

Y ahora, se revuelve bien, se dicen las palabras mágicas.

Abracadabra.

-(RÍE)

Tenía razón, no ha estropeao la leche y el sombreo,

también se ha cargao el reloj.

-No sé qué ha podido ocurrir. -Yo se lo digo,

que ha hecho el ridículo.

Sí que merecía la pena subir.

Muy bueno, Servando.

Abraca...

Si eso es limpiar, es mejor que te dediques a otra cosa.

-Ah, pues ya me gustaría, pero cuando fui a elegir,

ya estaban cogíos todos los puestos de marquesa.

-No te consiento ese descaro.

-Disculpe, señora.

-¿Dónde se ha metido mi esposo? -Ni idea.

A primera hora le vi salir del portal con doña Genoveva.

-Espero que esté solucionando el entuerto del banco.

Date brío.

-"Date brío".

Que no limpio yo bien la plata, lo que hay que oír.

-¿Qué tal, Casilda?

-Ándese con ojo, que la señora está más revirá que un toro abochornao.

-¿Qué tripa se le ha roto ahora?

¿Qué razones tiene para estar de morros?

-Tengo muchas razones y de todos los colores.

¿Qué es eso de salir de paseo

con Genoveva mientras yo estoy aquí esperándote en casa muerta de asco?

Rosina, acompáñame, tenemos que hablar.

-Por mí no se preocupen,

estoy acostumbrada a oírles discutir, pueden hacerlo aquí.

-Casilda.

Acompáñame, Rosina.

¿A qué viene ese tono?

-Lo sabes perfectamente. -Rosina, simplemente

he charlado con Genoveva, no hay motivos para que te pongas celosa.

-¿Por qué tendría que ponerme celosa de ella?

-Pues por eso, que simplemente hemos estado hablando de negocios.

-Me trae sin cuidado que hables con ella o con el duque de Alba,

lo que me molesta es que no tenemos la carta.

-Es cierto, no hemos escrito ni una línea.

-¡Toda la tarde en la calle! ¡Eres un irresponsable!

-No me creo que me montes una escena por la puñetera carta.

-Está en juego nuestro futuro.

-¿Y con eso lo solucionamos?

-¡Sí! ¡Nos tienen que devolver nuestro dinero ipso facto!

-¡Rosina, estoy harto de oírte hablar de dinero, ya está bien!

¡¿Es lo único que te importa?!

-¿Ahora que lo podemos perder? Sí, sin duda.

-Pues hay cosas de más enjundia en la vida.

Y te voy a decir algo más,...

me estás decepcionando profundamente.

Cinta, qué bien que la encuentro.

¿Podemos hablar un momento?

Sí, como no. Acabo de terminar una melodía

y me gustaría incluirla en el repertorio.

Quiero que la escuche.

Si le parece bien, seguro que es canela en rama.

Pero tiene que escucharla primero,

no vaya a ser que luego vaya a cantar un churro.

No lo creo, usted tiene muy buena mano para esas cosas.

Es solo un momento, escúchela.

Rafael, ¿podemos dejarlo para mañana? Tengo cosas que hacer.

Venga, resalá,

que su opinión me vale más que el oro.

Está bien.

Pero rapidito.

Sería algo así.

(TOCA LA GUITARRA)

Hay una muchacha en mi casa que nos tiene a todos enamoraos.

Su mirá quema como la brasa.

Por ella tengo el corazón requemao.

He de reconocer que la cena estaba opípara.

Felicidades, Úrsula.

No tengo mérito alguno.

Con el dinero que me dan, puedo comprar lo mejor del mercado.

No te veo contento, teniendo en cuenta lo bien que marcha todo.

La llegada de don Ramón Palacios al barrio me tiene algo desasosegado.

Como...

un nubarrón que ha aparecido en nuestro cielo.

Nuestro encuentro de ayer con él fue bastante inquietante.

Me consuela saber que pronto, los vecinos van a recibir la puntilla.

¿A qué te refieres?

A que muy pronto saldrá la noticia

de que la quiebra del Banco Americano es irreversible

y que la ruina de nuestros vecinos es un hecho.

Estoy deseando verles la cara cuando pierdan toda esperanza.

Va a ser un espectáculo.

No tendrás que esperar mucho.

Serán pocos días.

En realidad,

me da pena que la noticia se vaya a hacer pública tan pronto.

¿No has dicho que lo estás deseando?

Sí.

Pero Liberto está a punto de caer y me gustaría rematar la faena.

Es un hombre muy apuesto.

Pasarías un buen rato con él.

Seguramente.

Pero no estoy interesada en ese tipo de placeres.

Mi único anhelo es hacer sufrir a Rosina,

y una infidelidad destrozaría su matrimonio.

Lástima,...

porque sería un auténtico espectáculo contemplaros juntos.

Sé bien lo mucho que te gustan los jóvenes como Liberto.

Dile a Úrsula que me prepare el equipaje.

Salgo mañana de viaje. Muy bien.

Úrsula.

Señora.

Voy a necesitar su ayuda.

¿Para qué?

Preciso que Liberto sucumba a mis encantos

antes de que se sepa que la quiebra es definitiva.

Para ello, voy a necesitar de su colaboración.

Cuente con ella.

Nada me producirá más placer

que ayudarla a destruir el matrimonio de doña Rosina.

¿No le ha gustao?

¿Cómo no me va a gustar?, si me ha dejao embelesá con su arte.

Su letra me ha emocionado.

Ojalá esas cartas sirvan para algo

y todo se solucione.

Pensamos en avisar a otra modista de renombre.

Pero luego pensamos que era mejor dejarlo to en casa

y que a uste no le vendrían mal unas perras.

-Vamos a dejar ese tema.

-Me hace mucha ilusión que me haga usted el vestido.

¿Quién se habrá creído para dejarme plantada?

Quiero hacerte entrega

de este anillo como muestra de mi compromiso.

¿Por qué no viene más tarde a mi casa?

Alfredo no está y así podremos charlar más tranquilamente.

¡Chanchachachan!

¡Márchese con viento fresco!

-Vengo a recordarle que me debe el dinero de la fianza.

-¿Cómo? ¿Ha perdido el oremus?

-De ninguna manera, es lo justo. La tuve que pagar por su culpa.

Mi señora se ha quedao sola en la casa.

Y don Liberto no ha dao señales de vida

desde la fiesta de la pedida de la señá Carmen.

-Qué raro. Tendría cosas que hacer.

¿Y por qué brindamos?

Por nosotros.

Están entusiasmadas conque el diario se haya hecho eco.

Pero yo no las tengo todas conmigo.

No sé.

No lo sé, pero tengo un mal pálpito.

(RÍE)

Muchas gracias, Rafael, no sabe lo feliz que me ha hecho.

(HABLA EN SUEÑOS)

-Lo sabía. Ahora no podrán negarme que puede hablar.

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Acacias 38 - Capítulo 1034

14 jun 2019

Emilio cita a Cinta en la pérgola para contarle la verdad. Cuando acude a la cita el joven ve como Rafael está cantando una canción de amor a la hija de los Domínguez.
Ramón está a punto de estallar frente a Alfredo, pero Carmen lo impide. El Palacios pide a Carmen matrimonio. Lolita le pide a Susana que sea ella quien le haga el vestido de novia a Carmen, como venganza por no aceptarla como igual.
Genoveva sale con Liberto a pasear, cada vez se sienten más atraídos el uno por el otro. Genoveva le desvela a Alfredo su plan para hundir el matrimonio de Liberto y Rosina.

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  1. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    El personaje de Rosina es repugnante tanto como el de Servando, una por chillona e insoportable, y el otro porque cuatro años soportando a un personaje absolutamente nefasto, y imbécil. Es un personaje que no aporta nada a la novela, y Rosina exactamente igual. De todas formas digamos lo que digamos, los guionistas van a seguir ignorando nuestros comentarios no sirven para nada, son exactamente iguales a esos tres personajes que aman tanto. El banquero, la repipi de Genoveva y la bruja de Úrsula. Asco de personajes agresivos, matones, asesinos y un ejemplo de lo que nunca fue España. Guionistas de pacotilla.

    18 jun 2019
  2. Teresa Rivero

    Aca en Brasil,los sigo y el personage que me encanta es Arantxa!

    17 jun 2019
  3. Mabi

    Si bien no hay Cristo que aguante a Rosina, con que poco un hombre, Liberto, puede llegar a ahogar sus penas con otra mujer...palabras dulces y comprensivas pero llenas de ponsoña, ojalá no caiga en las garras de Genoveva. Agradezco que la historia de Ramón y Carmen se resuelva con rapidez y ponernos una sonrisa con la ocurrencia de Lolita de encargarle el vestido de novia a Susana, que por lo que está pasando financieramente,le haría la capa al demonio y a la parca si fuera preciso, no hay más que ver como aceptó las petras chicas que le ofreció Fabiana...en fin un poco de dignidad aún le queda y pondrá en práctica su oficio para sustentarse.

    15 jun 2019
  4. Mabi

    Que hermosa y sana complicidad tiene Arantxa con Cinta y me encanta cuando ésta le dice -" andá hija " a su tata. Que hermosa familia, la confianza que se tienen y el amor que les brota por los poros es digno de elogiar!!

    15 jun 2019
  5. Felisa

    Genoveva, trabándosele la lengua pronunciando tantas ESES, corre el riesgo de mordercela y morir emponzoñada; Y Ursula,¿ es impresión mía o está MAS MALDITA de lo que era ?

    15 jun 2019