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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1031 - ver ahora
Transcripción completa

¿De dónde eres, muchacha? -De Brasil, señor.

-No hablas español, ¿verdad?

-"Un poco, pero entiendo bien".

-El trabajo es tuyo.

Pregunta por Úrsula. Deseo que sea mi pareja.

Me refiero a mi pareja artística.

Por algo se empieza. -"¿Úrsula?".

¿Qué quieres? Voy a trabajar con don Felipe.

-¿Conoce a esa mujer? De nada.

Lamento que esté afectando a su matrimonio.

No me preocupa perder mi fortuna,

pero temo cómo puede afectar esto a mi matrimonio.

Pues aquí tiene usted una amiga. Puede contar conmigo.

Gracias.

Yo que venía a fijar la fecha pa la próxima partida.

Tendré que buscarme a otros contrincantes

que no teman a una mujer.

-Di día y hora para la partida.

Ojalá venga pronto con mi suegro y esté bien.

¿Dice que tiene una actuación pa mi niña?

-Nos han hecho un hueco para esta noche.

Marcelina está en racha, imparable, no la vamos a ganar nunca.

-Trampas.

¿Ha oído que Cinta vuelve al artisteo?

Actúa hoy en un café de la ciudad.

Vino preguntando por don Silverio.

Se subió al coche que desgraciadamente se accidentó.

Aún estaba con vida cuando le encontraron.

-Está en la casa socorro de la comarca.

Carmen, amor mío.

Eres tú. -Claro que soy yo.

Saldaremos nuestra deuda.

Venderemos la mantequería

y la patente de las cafeteras.

-Permítanme que yo sea quien adquiera ambos bienes.

Cuando se recuperen, podrán recomprarme ambos negocios.

¿Ha desistido mi hijo de invertir en el Banco Americano?

-Ha ocurrido una catástrofe.

¡Ole!

Nada de esto hubiera sido posible sin este gran músico,

mi acompañante a la guitarra, Rafaelillo, el Boquerón.

(Aplausos)

-"¡Es muy fácil arriesgar"

cuando no te juegas nada, ¿verdad?! -¡Me estoy jugando nuestro dinero!

-¡Mi dinero!

-¡Eres un mantenido!

Entiendo que siguen enfrentados.

Mi esposa me ha dicho algo que jamás pensé que podría decirme.

¿Por qué no me acompaña a casa? No debe salir así a la calle.

Le prepararé una copa.

Esa copa es lo que necesita.

Se la merece.

Los dos nos la merecemos.

Liberto.

¿Qué haces aquí? Ay, Genoveva.

Estamos todos en la acampada y la echamos de menos.

Íbamos a bajar ahora unas mantas. Le pedí ayuda a su sobrino.

Muy bien.

Estamos decidiendo quién hace guardia esta noche frente a la casa,

y necesitamos de su liderazgo o la cosa terminará en tragedia.

Cogemos las mantas y bajamos enseguida.

-No tardaremos nada, tía.

-Yo ayudo a Genoveva. Ve bajando tú si quieres,

Vayan tranquilos. Le pediré a Úrsula que me ayude.

Casi mejor, así voy a ver a Rosina, que está más que nerviosa.

Vaya, que no se altere.

Aunque es para alterarse,

porque como perdamos nuestros ahorros, esto va a ser el acabose.

Yo no sé qué más hacer, me paso el día poniendo velas a la Virgen

y rezando a Dios Padre, pero el Señor

no escucha mis plegarias.

¿Qué te pasa, pareces embobado? Bájate.

-Sí, sí, yo voy bajando.

Con Dios. Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

Y Rafael, cada vez tocaba más rápido,

acompañándome con la guitarra, tendrían que haberle visto.

¡Qué arte!

Arte el que ha derrochao sobre ese escenario.

No saben lo bien que lo ha hecho su hija.

-¿Y cómo vamos a saber si no nos cuenta?

Cuente y no escatime en detalles.

-El cante, el baile,

todo lo clavó como si llevara toda la vida haciéndolo.

¡Qué de aplausos!

-Toda la vida lleva viéndolo, eso es verdad.

-El arte se hereda como el color de los ojos.

-La niña es hija de la artista más grande que ha visto España.

-El arte le corre a la niña por las venas.

No le quite mérito a Boquerón y a su guitarra.

-Una bandurria desafiná hubiera brillao acompañando

su voz, doña Cinta. Es usted pura magia.

-¿Ahí se queda? Pero siga usted contando, hombre.

-El público empezó a aplaudir, y tal era el entusiasmo,

que empezaron a levantarse...

-¿De verdad? -Uy.

Todo el café terminó de pie jaleándonos.

-Y los aplausos no cesaban. "Ole". "Viva".

"Y otra, que lo repitan".

No había manera de salir del escenario.

Diez minutos buenos estuvieron aplaudiendo, ¿verdad?

O 20.

-Eres una Domínguez, no esperarás pasar desapercibida.

Creo que fue el mejor día de mi vida.

Me alegro, hija,

pero escucha, no le cojas el gustillo, que esto es provisional.

En cuantito pase el bache económico,

vuelves a tus clases y a tus labores de señorita.

Lo que usted diga, madre.

Pero hasta que eso no suceda,... ¿cuándo repetimos, Rafael?

-Si por mí fuera,

hoy mismo. -¡Hoy no, que hay que celebrarlo!

-Eso.

-Voy a la cocina, que creo que tenemos chacolí.

-¿Chacolí? Espera, espera.

Llévate esto.

Y busca unos pacharanes y jamón, que seguro que hay.

-¿Jamón?

-Rebusca, que algo encontrarás.

-Sentaros.

-Sentarse y seguir contando.

Cuenta. -Fue un éxito.

(Se abre una puerta)

¿Ya estás aquí? -Vengo a por algo el abrigo.

Pasaré la noche en la protesta.

¿Te importa que te deje sola?

Prefiero dormir contigo, Antoñito, a qué te voy a engañar.

-Y yo, obviamente,

¿o crees que me apetece quedarme la noche en vela?

Pero alguien ha de hacerlo y siento que es mi deber.

-Pues sea entonces. ¿Te preparo algo de cena?

-He picado algo antes.

¿Qué te pasa?

¿A qué esa cara?

-Bueno, ¿te parece poco lo que hemos pasao esta semana?

-Hay veces que las desgracias vienen todas juntas.

-No es solo por lo de tu padre, que me tiene muy preocupá.

Es que...

me ha dejao hundida tener que vender la mantequería a ese señor.

-Ya. Pero tampoco pienses en eso ahora.

-¿Y en qué voy a pensar?

-Piensa que pronto tendrás que recuperarla.

-¿Y cómo vamos a hacer eso?

-Hice una buena negociación con él

y dejé las puertas abiertas para recomprarla en el futuro,

en cuanto nos recuperemos económicamente.

-Ese es el problema, ¿cómo nos vamos a recuperar económicamente?

-No lo sé, pero algo se nos ocurrirá, seguro.

-Lo poco que saquemos será pa pagar la deuda,

no pa recuperar el negocio.

-¿Podemos hablar de esto mañana?

-Y al otro si quieres.

Lo que sí que te digo es que no le digamos nada a nadie,

solo a los allegaos.

-Perfecto. Sí, mejor.

Me voy a la acampada.

-Abrígate, que dicen que va a refrescar.

(Llaman)

Voy a abrir.

Un telegrama urgente pa nosotros. Ábrelo tú.

-Espero que sean buenas noticias.

Es de Carmen. -¿Qué dice?

-Que está con mi padre. -¿Está bien?

-Está en el hospital.

-¿Cómo?

-Mi padre ha tenido un accidente. -¿Un accidente?

¡Virgen santa! ¿Qué le ha pasado?

-No pone más.

Dice que no nos preocupemos,

que están juntos y que cuando se recupere, vendrán.

-Bueno, espero que sea pronto.

¿Qué te pasa?

-Pues que debería ir a verlo y estar con él,

pero no sé cómo voy a explicarle todo lo que he hecho.

-No pienses tú ahora en eso.

Lo importante es que está bien y que Carmen está con él.

-Sí, sí.

Eso dijeron en el altillo, que salió de viaje a buscar a Ramón.

Me hubiera gustado verle la cara cuando lo encuentre... muerto.

Yo más que nadie sé lo que siente al ver a quien más amas sin vida,

sostenerle entre en tus brazos

y saber que es la última vez que lo hagas.

Pobre Carmen,

estaba tan cerca de convertirse en una señora otra vez.

Se va a quedar con las ganas. Vuelta al altillo.

Vuelta al agujero del que nunca tuvo que salir.

(Puerta)

Buenas noches. ¿Cómo va todo?

Buenas noches.

Úrsula me estaba contando que Carmen salió de viaje

en busca de Ramón.

Menuda sorpresa se va a llevar cuando lo encuentre.

Eso mismo le he dicho yo.

¿Por qué estás tan contento?

He firmado la compra de la mantequería

y de la patente de las cafeteras.

¿Tan pronto?

Sí. Está resultando todo demasiado fácil.

Ni siquiera se lo ven venir, pobres estúpidos.

Lo más divertido es que Antoñito se ha ido creyendo

que había negociado un buen acuerdo.

¿Por qué piensa eso?

Ha añadido una cláusula que le permite recuperar el negocio

cuando disponga de líquido.

¿Espera tener líquido algún día?

Tiene una deuda conmigo y aún piensa recuperar el dinero invertido.

Pobre ingenuo.

La venganza por la muerte de Samuel ya ha empezado.

Y se está cumpliendo paso a paso,

tal y como planeaste.

Les tengo en la palma de mi mano.

Podría aplastarles con un solo dedo.

Desde luego, ahora todos dependen de nosotros.

Los Palacios, por la mantequería; los Domínguez, por el crédito;

Susana, porque necesitará dinero... Y ahí estaremos nosotros

como unos buenos samaritanos para prestárselo.

Ay, y Rosina.

El sufrimiento de Rosina apenas ha comenzado.

Su esposo está a punto de caramelo.

Y yo...

Me voy, que venga Cesáreo a jugar.

-Te quedas, que Cesáreo está de guardia y no puede venir.

-Que no puedo hacerle trampas a mi señora, Servando.

¿No lo entiende? -El que no lo entiendes eres tú.

Si no le hacemos trampas, no hay manera de ganarla.

-No puedo engañarla, ella es inocente y pura.

-Qué inocente, si es una tahúr.

-¿La qué?

-Es una lince con las cartas, astuta y sibilina.

-¿Mi pobrecilla Marcelina?

-¿Pobrecilla?

Te recuerdo que hemos estado haciendo sus labores.

Te recuerdo que llevas una semana fregando y planchando.

-Me acuerdo, me acuerdo, no se apure que me acuerdo.

-Calla, que por ahí llega.

-¿Qué?

¿Cuándo empieza la partida?

Que vengo con ganas de daros una paliza.

-Yo casi que me voy, que tengo mucha tarea pendiente.

-Tareas las que vas a seguir haciendo esta semana

en cuanto te machaque. Te sientas y juegas.

-Venga, vamos a ello.

-Reparta. -Va.

¿Qué es esa mancha que hay ahí?

-¿Qué mancha? -¿No hay ahí una mancha?

Encima de lo que son las luces.

-Yo no veo na. -En serio, donde las bombillas.

¿De verdad que no hay manchas ahí?

Qué cosas.

Ah, no, no, que no es mancha, que es una cosa que hace la viga.

Sí.

Pues nada.

Pinta en bastos.

(RESOPLA)

¿Qué, algún problema?

Na, que parece que me ha repartío un tuerto.

-Igual no te ha acompañao la suerte, no sé.

-Será.

(RÍEN)

(ESTORNUDA)

¿Tienes un pañuelo?

-¿Un pañuelo ahora?

-Que se me...

Si hubiera un pañuelito por ahí...

Mujer, por Dios. -Ya va.

De verdad, hombre. -Tenga.

-Bueno, pues voy yo.

Ahí va.

Anda. Uy, qué suerte tengo hoy.

-Parece que he vuelto a perder. Mu raro me parece.

-Bueno, que hoy no estás de racha.

Claro. -Tiene usted razón.

Se acabó, no juego. -¿Cómo?

-Cuando no está de Dios, no está de Dios y es mejor dejarlo.

-No podemos dejarlo, esto es la revancha.

-Le digo que no juego.

-No puede ser así.

Pues si no juega, ha perdido, tiene que hacer nuestras labores.

-O mejor lo dejamos así y sanseacabó.

-Que no, que no me parece justo esto.

No se puede uno retirar de esta manera.

-Y si usted cierra el pico, ganamos todos.

-No me parece justo.

-Lo que a usted le parezca justo, me da igual.

No va a abusar de mi Marcelina, y punto.

-Gracias, mi vida.

No tardes.

-Blando.

-¿Sabe qué le digo? "Yepaya".

(Se abre una puerta)

Buenos días, señores. -Buenas.

¿Eso que huelo es café? -Sí. Recién hecho pa ustedes.

-Dios te tenga en su gloria. Venimos molidos.

-Es lo que tiene pasar la noche a la fresca.

-Trae más de estos, Casilda.

-¿Vas a seguir alimentándote tan mal?

-La ruina y el miedo me dan hambre, Liberto.

Señora,... ¿y no prefiere un poco de pan con aceite

y jamón?

He ido al mercao de amanecía y he traído un jamón requetebueno.

-Y requetecaro.

-Barato no ha sío, no,

pero por unas lonchas tampoco nos vamos a morir, ¿no?

-Claro, tú no lo pagas. Lo descuento de tu jornal.

-¿Por unas lonchas de jamón que se come usted?

-¡No! Por tu irresponsabilidad y tu despilfarro.

-Lo ha hecho con buena voluntad. -Lo ha hecho y punto.

¿No te tengo dicho que no es momento de gastar dinero absurdamente?

-Hace un ratillo no me parecía absurdo.

-Lo que a ti te parezca, me la trae al pairo.

¡O me haces caso o te pongo de patitas en la calle!

-Te estás pasando.

-Otro.

¿Es que soy la única que está preocupada por nuestra situación?

-Sabes de sobra que no.

-Yo no sé más que lo que veo. -Estás siendo injusta.

Con Casilda y también conmigo.

Estoy esperando que me pidas disculpas.

-Disculpas, ¿por qué? -Por lo que me dijiste ayer,

y preferiría no tener que repetirlo.

-¿Lo de que eres un mantenido?

¿Acaso es alguna mentira?

Buenos días.

(Llaman a la puerta)

Buenos días, Agustina.

¿Todavía no ha acabado los ejercicios?

Es que me duele.

Pero si los hace diariamente, cada día le dolerá un poquito menos.

Hay que ver lo bien

que se está portando don Felipe conmigo.

La quiere a usted mucho.

He tenido suerte de tenerle como señor.

Lo cierto es que sí.

Aunque yo tampoco puedo quejarme. He ido a parar a una buena casa.

¿Está usted contenta en casa de doña Genoveva?

Sí. Es una gran señora, bondadosa y generosa.

Eso dice todo el mundo.

Y parece ser que su esposo más aún.

Los dos son bellísimas personas.

Y usted,

la mejor criada que podrían tener.

Estoy segura de que ellos

están la mar de contentos.

Así lo espero.

El que también espero que esté contento

con su nueva criada es don Felipe.

¿Cómo se llamaba?

Marcia.

Ah, sí.

¿Qué le ocurre?

¿No le gusta?

Le reconozco que no.

Y no es por su color de piel,

que eso a mí me da igual.

¿Qué es, entonces? Es muy joven.

Me hubiera gustado para don Felipe

alguien con más experiencia.

Alguien...

que viniera de su mano.

No entendí por qué quiso contratar a esa chica

sin contar con mi opinión. Le presenté a muchas y muy buenas,

pero ninguna le cuadró.

-¿Se puede? -Pase, señor don Felipe.

Pase. Solo estaba haciendo mis ejercicios.

-Como debe ser.

Vengo de hablar con el médico, está muy contento con su evolución.

Está siendo muy concienzuda con sus ejercicios.

Ya lo veo.

Dice el médico que debería dar paseos por el altillo.

-¿Cuándo podré retomar mi trabajo?

-Aún queda para eso. Lo primero es que se recupere bien.

-¿Qué tal es su nueva criada?

-Bien, un poco tímida, pero hace su trabajo diligentemente.

¿Por qué lo pregunta?

-Solo quería saber si estaba usted contento con ella

o si por el contrario, deberíamos buscar otra.

-Estoy muy contento, Agustina. No va a hacer falta buscar más.

En fin, dejo que siga con sus ejercicios, y cuídese.

Con Dios.

Con Dios.

Don Ramón.

Emilio.

¿Ha visto?

Cada vez somos menos en la protesta.

A este ritmo, nos quedaremos solos.

-No es que me alegre, pero casi.

-Si no protestamos,

el banco no nos hará caso y perderemos el dinero.

-Y no es lo que deseo, pero tampoco la ruina de mi negocio.

Desde que empezó la protesta, viene menos gente.

Nadie quiere comer oyendo consignas.

-Eso puedo entenderlo, pero hay veces que no queda más remedio.

-Si al menos doña Bellita no hubiera invadido la terraza.

Mi madre está que trina con ello.

-¿Cómo va la batalla? -¿La de mi madre con doña Bellita?

-No, la suya con doña Cinta.

¿Tan mal?

-La vi actuando con el que se hacía llamar Rafael Bonaque.

-¿Actuando?

-El falso empresario es un guitarrista

que trata de abrirse camino en el espectáculo.

Le llaman el Boquerón.

-Y a juzgar por su cara, intuyo que hacen buena pareja artística.

-Pese a todo, no entiendo cómo Cinta ha podido confiar

en una persona que le mintió a cara descubierta.

-No es que no lo entienda, lo entiende perfectamente,

pero le da rabia que se lleven bien. Eso son celos,

y es completamente lógico.

Ojalá ese fuera mi problema,

que entre la ruina económica, y lo de mi padre...

-¿Ya saben dónde está?

-Carmen lo encontró y está con él. Parece ser que tuvo un accidente.

-Cuánto lo siento. Espero que no sea grave.

-Parece ser que no,

pero Carmen no contó mucho más en el telegrama.

Dijo que no nos preocupáramos.

Hasta que no le vea, no me quedaré tranquilo.

-¿Sabe dónde está? ¿Por qué no va junto a ellos?

-Me he dado de plazo hasta hoy.

Si hoy Carmen no llega con mi padre, saldré en su busca.

-Si lo necesita, yo puedo acompañarle.

-Gracias, Emilio. Se lo agradezco.

-Si quiere le invito a un café.

-No, mejor en otro momento. Con Dios.

-Buenos días.

Estaba siendo un día demasiado bonito.

¿Qué quiere?

Me han dicho que actuó con el tal Rafael.

¿Y? ¿Hacemos una fiesta porque usted lo sepa?

¿Por qué se ha asociado con un estafador?

Porque resulta ser guitarrista, honrado y talentoso.

Y mentiroso.

Mintió por una buena razón.

¿Engañarla?

Estar cerca de mí. ¿Y eso le gusta?

Lo que me gusta es que alguien se esfuerce

por acercarse a mí y enamorarme.

Es más de lo que usted ha hecho.

Buenos días.

Es una bruja.

-¿Tu señora?

-¿Quién si no? Es una maleducada y desagradecida.

-¿No lo ha sido siempre? -Sí.

Pero ahora es mucho peor,

porque se está quedando sin parné y, no aguanta quedarse sin parné.

-Ni ella ni nadie. -Perdóneme, Cesáreo,

pero aquí ande me tie,

yo he sío pobre toa mi vida, desde que era un renacuajo

y, siempre con una sonrisa, con buena energía, ánimo.

-Eso es verdad.

Claro que sí. Cada vez que dice que menuda desgracia,

me dan ganas de recordarle el jornal que me da,

que ya me gustaría verla a ella en mi lugar.

-Lo que debes hacer es tomar aire y respirar fuerte,

que Camino va a llegar.

-¿Y qué más le da a ella que yo esté enfadá con mi señora?

-Le preocupará en cuanto reciba el primer mamporro.

Esa energía que traes no es buena para las clases.

¿Qué quieres, lesionarla?

-No, por Dios, no.

-Entonces vamos a hacerlo como Dios manda. Ven aquí.

A ver. Hombros rectos. Ahí.

Inspira.

Expira.

Así.

Otra vez. Inspira.

Expira.

Hombros rectos.

Vamos, otra vez. Inspira.

-Uy, que me da, me da. -¿Bien?

-Sí, sí.

-¿Y eso?

-Esto sí.

Esto sí que le quita a una el encabritamiento.

Madre mía, menudos regalos nos traes, Camino.

Esta muchacha es un ángel caído del cielo.

Tengo un hambre... Mi señora me tiene matá del hambre.

-Yo también tengo la tripa pegada a la espalda.

¿Hacemos el descanso antes de la clase?

-Pensé que nunca lo iba a decir.

Esto está riquísimo.

-Es tan buena luchadora como cocinera.

-¿Y esto qué era?

¿Atún?

-Eso, salmón.

Pone "salmón". -Pos me rechifla el salmón.

Y el hojaldre está buenísimo.

No tiene como mucha sal, está muy bien, ¿con qué lo has hecho?

Ay, mujer, entre que tú no hablas y yo no sé leer.

Que lo has hecho con leche, ¿no? ¿No, con leche no? ¿Con qué?

Con agua, como la señá Fabiana, claro.

Fíjate. ¿Y de sal? ¿Cuánto le echas?

Úrsula, ¿ha terminado ya todo para la acampada?

Estoy acabando de doblar las mantas.

La bebida caliente ya está a punto.

Saque más mantas.

¿Para qué? Cada vez hay menos gente.

Cierto, el ser humano es deplorable,

empieza la lucha con ímpetu, pero enseguida termina rindiéndose.

No ver la luz al final del túnel tampoco ayuda.

Creo que han perdido la esperanza de que todo esto sirva para algo.

De nada va a servirles, eso es verdad.

Por eso tengo que darles un empujoncito.

Prepara bandejas de comida y algo dulce, se lo llevaré luego.

Señora, la van a adorar.

Esa es la idea.

Poco a poco todos irán desinflándose, todos menos yo.

Lo único que verán esa panda de infelices será mi obstinación,

mi tenacidad y compromiso con la causa.

Ya es usted la líder indiscutible de los vecinos en la lucha.

Y lo seré más esta noche, cuando baje las mantas,

la comida y las bebidas calientes.

Quizá les haga una arenga y todo.

(RÍEN)

Esta batalla la voy a ganar, yo sí que no me voy a rendir nunca.

Habla de su plan de venganza.

Es mi único objetivo,... lo único que me mantiene en pie.

Señora, disculpe.

¿Sí?

Le quería comentar que hay algo que me preocupa.

¿El qué?

Más bien es alguien.

Alguien que parece que va a librarse de todo esto.

Felipe también caerá,... a su debido tiempo.

Es un hombre realmente inteligente,

quizá el más inteligente de todo el barrio.

Además, he notado... ¿Qué, qué ha notado, Úrsula?

Cierta benevolencia por su parte hacia él.

¿A qué se refiere?

Señora, solo quiero decir que...

no debería sentir por él debilidad.

Y no la siento, y no le consiento que lo insinúe siquiera.

El único hombre por el que he sentido debilidad ha sido Samuel.

Y así seguirá siendo.

Sugerir lo contrario es insultar a su memoria.

No se lo voy a permitir ni a usted ni a nadie.

¿Le ha quedado claro?

Sí, señora, le ruego me disculpe, no era mi intención ofenderla.

No lo ha hecho,

no tiene ese poder,

pero que sea la última vez que lo intenta.

-Pues sí, Lourdes, a ver si se arregla este desastre,

que está el barrio manga por hombro. Con Dios.

¿Tú qué haces saliendo de la iglesia?

¿Has ido sin mí?

-Pa chasco que sí.

-¿Y eso?

-A... confesarme. Un pecaíto de nada,

no te vayas a creer. -¿Ah, sí?

¿Es de los que se pueden contar?

-La verdad es que me muero por contártelo.

-No te apures, que ya lo sé. -¿Lo sabes?

-¿Que te conchabaste con el Servando pa hacerme trampas a las cartas?

-¿Te diste cuenta? -Cómo no.

Mire pa allá, deme un pañuelo...

Hasta un niño se hubiese dao cuenta.

-¿Y por qué no dijiste na?

-Dejé la partida, cosa que no he hecho jamás,

pero la verdad, ya quería dejaros en paz con tanta faena que os he dao.

-Ya. Te da pena vernos trabajar tanto, ¿no?

-No, que lo hacíais mu mal,

que iba yo detrás planchando lo planchao

y fregando lo que ya estaba fregao.

-¿Eso hacías? -Claro.

-¿Me perdonas?

-Ay.

Na de perdonarte, has venío y me lo has contao,

porque eres bueno,...

sincero,...

honesto,...

y más guapo que un san Luis, y eso viene de regalo,

porque feo te querría igual.

-Ay, tú sí que eres guapa, y más lista que el hambre.

Sabes que te quiero mucho, ¿no?

-Más te quiero yo a ti.

-Que corra el aire, que estáis en medio de la calle.

Yo no estaría tan contento si hubiera perdío hasta la camisa.

-Na he perdío, que na me he jugao.

-Porque te permitimos salir,

que si no, estarías haciendo nuestras faenas.

-Mejor se calla, Servando. -No hasta que tu esposa

reconozca que soy un portento jugando a las cartas.

-De acuerdo, es usted un fenómeno. -Un tramposo, eso es lo que es.

-¡Mentira, infamia y calumnia!

-Que ya le he contao la verdad a la Marcelina.

-¿Pa qué le cuentas na?

Encima que lo hago pa ayudarte.

-¿Pa ayudarme a mí?

-Pero ¿qué más da? -¿Tú le has oído?

-Sí, pero ¿y qué? ¿Qué prefieres, pelearte con él

o hacer un "yepaya" conmigo en la alcoba?

-¿Pero ahora?

-Claro.

-Yepaya.

Buenas.

Uh, uh, esto ya está. -Buenas tardes, Jacinto.

Hola, buenas tardes.

-Pero bueno, Arantxa, ya la echaba en falta,

que antes me venía dos veces al día y ahora una.

-Con la que está cayendo en casa, dé gracias.

-No se vaya a la competencia, que aquí hemos salío tos mal paraos.

-Bueno, unos más que otros.

Usted por lo menos tiene esto pa salir adelante.

-Bueno, ¿qué le pongo?

¿Bacalao, como siempre? -No.

Se me va de presupuesto, Lolita, ya sabe que el horno no está pa bollos.

-Ya, ni me lo mente. -Pero unos choricitos

y unas aceitunas sí voy a llevar, porque eso les da alegría

por la tarde a mis señores, y tengo unas ganas de verles sonreír.

-Ea, ¿cómo se las pongo, con o sin caldito?

-Bueno, yo creo que con un poco de caldito, pa darle sabor.

-Claro. -Ay, qué rico huelen.

-Como si quiere que le haga sopas,

que a mí me encanta mojar el pan con el ajito y el orégano.

¿Y choricicos, qué, dos? ¿Medio por persona?

-No, con uno me basta, sí, y luego compenso el guiso con pimentón.

-Bueno, mujer, no exagere, que son chorizos, no perdices.

-Yo ya sé lo que me digo, Lolita. Yo ya sé lo que me digo.

Ay, qué rico. -Le voy a poner este bien grande.

Agradecía. -Ay, qué bien, cóbrese, Lolita.

Así.

-Perfecto.

-"Eskarrik asko".

-Abur. Agradecía.

-Lolita, ¿qué, se sabe algo de don Ramón y de Carmen?

-Sí, pase, pase y cierre, que le cuento.

-¿Has tenío noticias?

-Este telegrama.

-Uy, poca letra veo yo ahí. ¿Qué dice?

-Poca cosa, Fabiana, que lo ha encontrao,

y que ha tenío un accidente.

-Pero ¿es grave? -Eso no lo dice,

pero dice que no nos preocupemos y que lo traerá de vuelta.

Y no dice na más.

-Mujer, tú ya sabes que los telegramas son breves.

-Ya, pero podría haber dicho cuándo lo traerá: hoy, mañana, pasao.

Que una se inquieta.

-Natural, hija, pero hubieras estao igual de inquieta,

aunque te hubiera contao la Biblia en verso.

-Pues eso sí que es verdad.

Que hasta que mi suegro no pise Acacias, no me quedo tranquila.

-Templa.

Y ya que estoy aquí, ¿te quedan rosquillas de anís?

-Pos no, no me las han traído, pero cuando las traigan, le aviso.

-No te olvides. A más ver.

Aquí tenéis.

Ahora voy y os echo una mano. -Está usted en todo.

Qué viandas tan ricas. Me alegro de que le gusten,

no pienso permitir que nadie abandone la protesta.

Normal que abandonen, son ya muchos días.

-Y de poco les está sirviendo.

Eso es justo lo que quieren, que terminemos cansándonos,

que perdamos la paciencia, que abandonemos.

A este paso lo van a conseguir, cada día somos menos.

-Algunos ni bajan, otros envían a sus criadas.

Solo faltaba que fuera una lucha de criados.

¿No quieren recuperar su dinero?

Lo que no quieren es pasar frío, que por las noches refresca.

Ya, ya lo sé, pero tenemos que seguir luchando,

gritando cada vez más fuerte, trayendo mantas,

viandas, bebidas calientes día tras día y noche tras noche,

hasta que consigamos lo que queremos.

Ole, ole y ole, qué rebién lo ha dicho usted.

-Se puede decir más alto, pero no más claro.

-Y hablando de criados, una cosita, ¿es verdad que don Felipe

ha contratado una criada, cómo les diría yo,...?

-Como se dice: negra.

-Yo iba a decir de color.

-De color negro. -Bueno,

sí, oscura de ver. ¿Es verdad?

-No lo sé, no la he visto. -Pero el servicio sí,

y debe ser muy negra, aunque a mí

no me sorprende, porque yo ya tuve a una de esas viviendo en mi casa.

-¿Una negra vivió en su casa?

-Sí, se llamaba Habiba, pero eso es una larga historia.

-Una larga historia

que se resume en una palabra: Leonor.

-¿Su hija de usted, Leonor?

Entonces no resuma, por Dios, cuente,

tenemos toda la noche por delante. -¿Cómo va la cosa?

¿Necesitan ayuda? -Doña Genoveva se ha ocupado

de todo, nos ha traído hasta la cena.

Cualquier cosa para que no abandonen.

Y ya que están ustedes aquí, ¿les importa echar una mano?

He pensado poner más lonas a los lados para reforzar

y resguardarnos mejor del frío. Es una estupenda idea,

porque aunque ahora hace bueno,

me temo que nos espera una noche gélida.

-Ese es el relente.

-Querida, mi esposo le ayuda. Liberto, obedece.

-¿Dónde dice que están esas lonas?

Por aquí. Vengan conmigo.

Cuente, cuente. -No, no tiene importancia.

-Don José.

-Don Jose, si no le importa. -Don Jose, perdón.

¿A que no sabe de dónde vengo?

-No tengo una bola de cristal, muchacho.

-Del Café Flamenco, de hablar con el dueño.

Y no sabe lo satisfecho que ha quedado.

En breve dice que nos ofrecerá otra.

-Cómo me alegro.

-Así que he quedado con su hija para ensayar.

-Ya. Antes de que la cosa siga, quiero aclarar algo con usted.

-Claro. ¿Qué sucede?

-Que he percibido que a usted le gusta mi hija.

¿Le gusta de verdad?

No me voy a andar por las ramas.

¿Cuáles son sus intenciones?

-A ver, ¿cómo organizamos esto? Uh, cómo está esto, no hay sitio.

-(TOSE)

-Uy, con este cambio de tiempo, creo que me estoy acatarrando.

-Pamplinas, eso es que te habrá dado en el gallillo.

-Si sabré yo lo que tengo. He cogido frío y creo que es mejor

que esta noche no me quede a dormir.

-¿Cómo dices?

-Que puedo caer enferma. -No puedes hacernos eso.

-Rosina, yo no te estoy haciendo a ti nada.

-A ver, ¿pueden ayudarnos?

No cabe todo lo que trajo doña Genoveva en esta mesa.

-No me puedo creer que huyas como una rata.

-No huyo, solo que no quiero arriesgarme

a ponerme peor con el frío que hace.

-A ver, niña, coge esa mesita de ahí.

Supongo que no tendrá reparos en que cojamos una mesita de su terraza.

-Supone usted mal,

esas mesas no se tocan.

-¿Cómo puede ser tan egoísta de no colaborar?

-¿Yo? Desde que esto empezó, he perdido clientela,

mi negocio se está resintiendo y hasta ahora no he dicho nada.

-Uy, cuidado, si no para de decirlo. ¿Qué dicen ustedes?

¿No creen que doña Felicia se está comportando de un modo muy egoísta?

-Ahora que lo dice, egoísta una y egoísta la otra.

-¿Y usted, doña Susana, no va a defenderme?

Yo pensaba que era mi amiga.

-No me voy ni a meter. Me voy a casa a tomarme una infusión

para que me aclare la garganta.

-Tú no vas a ningún lado. -Pero ¿qué haces, Rosina? Suéltame.

Que me sueltes, pero ¿qué haces? No me pongas la mano encima tú.

-Tenemos que estar todas. ¡Señoras!

¿Se han vuelto locas? ¿A qué vienen esos gritos?

Dígaselo a esta, que parece una verdulera.

-Mejor que ser una maleante, que no paras de zarandear a la gente.

-Si tú eres gente de bien, yo soy la Virgen de los Milagros.

¡Señoras! -¡Suélteme!

(DISCUTEN)

¡Señoras, que se callen ya! ¡No, tú no me tocas a mí, ¿me oyes?!

Las están mirando todo el mundo.

-¿Qué está pasando aquí?

Nada, don Liberto, estaban de chanza.

Terminemos eso.

(TOSE)

-Tápate.

-Mire, don Jose,...

le agradezco su sinceridad,

y creo que debo ser sincero con usted.

-Por favor.

-No me gusta su hija.

-¿Cómo?

-Yo a su hija la amo,

la amor por encima de todas las cosas y la respeto de igual forma.

-Le agradezco mucho esas palabras,...

y la verdad,... no me parece mal. -¿No?

-¿Cómo me va a parecer mal que un muchacho joven y apañado

se enamore de mi hija?

Ella es una diosa, una princesa, una artista de los pies a la cabeza.

-Y se queda usted corto. -Ciego tendría que estar usted

para no enamorarse de ella.

Lo cierto es que... usted me recuerda a mí.

Yo me enamoré de Bellita como un chiquillo

cuando tenía más o menos su edad,...

pero hay una cosa que nos diferencia.

-¿El qué?

-Bellita me correspondía.

Me temo que mi hija no se ha fijado en usted en esos términos.

Su corazón va a terminar hecho añicos.

-No voy a rendirme, don Jose, ya se lo he demostrado.

Sé que tarde o temprano Cinta se dará cuenta de lo puro y verdadero

que es mi amor por ella... y terminaré colándome en su corazón.

-Yo... le he advertido, muchacho.

Ahora, si me disculpa...

Suba, suba, Cinta está en casa. -Con Dios.

-Con Dios.

Buenas tardes, Emilio. -Buenas tardes.

-Marcia.

(Llaman a la puerta)

Don Liberto. -¿Qué tal, don Felipe, todo bien?

-Qué sorpresa, pase, por favor. -Gracias.

-Tome asiento.

-Pensé que me abriría su nueva criada.

-Está en el mercado.

-Todo el mundo habla de ella, lo sabe, ¿no?

-¿Porque es negra? -Es cierto, entonces.

No he tenido la ocasión de cruzármela.

-Es negra, sí.

Es jovencita y algo tímida, pero sobre todo es muy buena cocinera.

¿Quiere probar el dulce que ha preparado?

-No, otro día. -Tiene pinta de estar delicioso.

-No lo dudo, pero... tengo un nudo en el estómago

y si como algo seguramente me va a sentar mal.

-¿Qué le ocurre?

¿Es por el asunto del Banco Americano?

Ya sabe que si necesita dinero, solo tiene que pedírmelo.

-No, amigo, no se trata de eso. Necesito hablar con alguien, Felipe.

-Amigo, me está preocupando.

-Se trata de Rosina.

He tenido que abandonar la acampada porque no la soportaba más.

-¿No soporta a su esposa?

-Todo este asunto de los bancos la está volviendo loca.

-Doña Rosina siempre se ha vuelto algo loca cuando se trata de dinero.

-Esta vez es diferente, hágame caso. Parece que solo le importa el dinero

y, no se confunda, es importante,...

-Sobre todo no tenerlo.

-Para mí es más importante que ella y yo estemos bien.

-Por supuesto.

-Ni siquiera le ha importado el fallecimiento de mi aya.

Es la mujer que me crió, es como si fuera una madre para mí.

-Entiendo.

-No sé.

Siento que Rosina y yo cada vez estamos más lejos el uno del otro.

-A veces son fases por las que pasa un matrimonio.

Ustedes siempre han estado unidos

y encontrarán la manera de encauzar esta situación.

-Yo siempre he intentado apoyar a Rosina en todo,

pero ella a mí nunca.

-Puede que tenga razón, pero antes nunca le había importado.

-Ahora sí.

No sé. No sé cuánto tiempo voy a soportar esta situación.

-¿Estás seguro de lo que vas a hacer?

-Es algo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo.

-Ya, ¿y vas tú solo? -No, Emilio se ofrece a acompañarme.

-Pues mejor, me quedo más tranquila.

-No debí dejar que Carmen se fuera sola a buscar a mi padre,

tendría que haberla acompañado. -Tarde pa lamentarse.

Ahora vas a enmendar tu error y eso es lo único que importa.

-Solo pensaba en cómo solucionar todo el asunto

del Banco Americano y no en dónde podía estar mi padre.

(RESOPLA)

-Tú solo tenías miedo. -No, no, tenía y tengo.

Tengo mucho miedo a que mi padre me regañe

por lo mal que lo he hecho todo, por no escucharle y...

por invertir el dinero desoyendo sus consejos.

-Si eso sucede, pues... tendrás que aguantar el chaparrón.

-Sí, eso es lo que menos me importa.

Yo solo quiero ver a mi padre y comprobar que está bien.

No dejo de darle vueltas al telegrama,

estoy deseando traerme a los dos de vuelta a casa.

-De acuerdo, pero no te quedes tú también en ese pueblo del demonio,

que to el que va no vuelve.

¿Prometes cuidarte?

-Prometo.

-¿Lo llevas to? -Sí.

-¿Seguro? -Bueno, muda no he cogido.

-Tira, anda, tira. -¿Sí?

-Sí.

¡Ay, madre mía, suegro!

¡Antoñito, tu padre, que tu padre está en casa!

-Lolita, con cuidado, lo vas a matar, aún está débil.

-Ay, perdone, qué alegría verle, no sabe la angustia que hemos pasao

por usted. ¿Dónde se había metido, por Dios?

-Es una larga historia, hija.

-Una larga historia, dice.

Sufrió un accidente en el coche en el que iba...

y se salió del camino. Mucha suerte ha tenido.

-Mala hierba nunca muere, dicen.

-No diga eso, que usted no es mala hierba.

¡Antoñito! -¿Por qué no te sientas?

-Estoy bien.

-No, no lo estás. No le querían dar el alta...

y él la pidió, bajo su responsabilidad.

-Bien hecho.

Suegro, no sabe to lo que ha pasao aquí.

-Sí, ya me ha contado Carmen.

(Pasos)

-Hijo.

-Padre, pero ¿qué...?

-Cuidado, Antonio, el brazo. -Perdón, perdón.

Estaba a punto de ir a buscarle, ¿qué le ha pasado?

-Luego os lo contaré,

ahora lo más importante es que me escuches.

Hice algunas averiguaciones durante mi viaje

y tengo que hablar con vosotros sin demora.

Es un asunto grave.

Muy grave.

Creo que mi accidente no fue casual, fue provocado,

todo cuadra.

Una imprudencia que me impide llegar a tiempo al barrio

para evitar este desastre.

La desaparición de unos documentos que precisamente prueban

todo lo que estoy diciendo durante el accidente.

-Un banco no devuelve el dinero porque unos vecinos

duerman en la puerta de un directivo.

-Pero algo tendremos que hacer, no podemos vivir

con las actuaciones de la niña. -Tienes razón.

-Si damos un golpe contra él,

tiene que ser definitivo,

no sabemos contra quién se va a tratar de revolver

al tratar de devolverlo. -Deja de pensar en Cinta.

-¿Aunque no pueda olvidarla?

-En la vida hay que tomar decisiones que apetecen.

-No sé si debo renunciar.

-Tu sobrino, Susana, protesta por todo,

como si él no fuera el culpable de esta situación, encima.

-Rosina, como le sigas atosigando...

-¿Qué?

-Que te puedes quedar sin marido y sin dinero.

Doña Rosina.

Está con los nervios a flor de piel.

Lo más importante es mirar a la persona con la que estás a los ojos

y descubrir su afecto,

demostrarle que es lo que más importa en el mundo entero.

-Las criadas dicen que Ramón ha vuelto al barrio.

Igual él sabe cómo hacerlo.

-Claro, don Ramón, vamos a verle, él es un hombre muy sensato,

vamos a pedirle consejo. -Eso es.

-¿Le ocurre algo? No.

Es solo que Carmen no parece muy preocupada

por la desaparición de don Ramón.

Don Ramón ha reaparecido. -¿Para qué me ha citado?

-Voy a contarle todo lo que he descubierto.

Le ruego la máxima discreción.

Ramón Palacios, vivo.

No puede perjudicarnos.

-Huele que alimenta.

Va a ser la primera acampada de España

en la que se cene "boeuf bourguignon".

Son órdenes de doña Genoveva.

-No la dejé por cobardía, ni por los deseos de mi madre,

hay otro motivo que nadie sabe, un motivo que me obliga y atenaza,

uno que nadie conoce.

¿Sabe qué estaba pensando antes?

Con esta cena...

podríamos envenenar a todo el barrio.

Harían cola para morirse.

¿Ha comido ya, Felicia?

Me da apuro, yo puedo acercarme al restaurante y comer algo,

hay otros que lo necesitan más. No se inquiete,

hay suficiente para todos. Camino, prueba el guiso.

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Acacias 38 - Capítulo 1031

11 jun 2019

Los Domínguez celebran el éxito de la actuación de Cinta y Rafael. El Choco y el Boquerón estrechan lazos.
Rosina está cada vez más irascible y Liberto se refugia en Genoveva, el acercamiento es interrumpido de forma fortuita por Susana.
Mientras en el barrio continúan las protestas de los vecinos. Genoveva se erige en la cabecilla mientras disfruta del caos y el desorden causado en el barrio. Su satisfacción es mayor cuando Alfredo le comunica la adquisición de la mantequería. Carmen llega con Ramón

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  1. Fernando

    El subtítulo no funciona

    ayer
  2. Jose

    El subtítulo no tiene coincidencia con la peli Arreglaos

    pasado domingo
  3. Camino

    Buff Helen la criada de Felipe es amiga de Genoveva pff Pero Felipe ya le echó el ojo

    pasado jueves
  4. Helen

    Cuando van a prescindir de la vieja Susana y de la odiosa Rosina, me fustaria un romance entre Felipe y la nueva criada.

    pasado jueves
  5. LUZ NALLELY

    Hay si por favor finales felices y que por favor Genoveva entre razon que se murio Samuel alday por las consecuencias de sus actos!!! Saludos desde Mexico

    pasado miércoles
  6. Alicia

    La serie dio un giro bastante interesante, esperemos que siga así, hay problemas más importantes, por eso los señores ya no se la pasan dando vueltas por la calle o tomando café en la terraza de la nueva chocolateria, están muy preocupados con lo que se le viene. Jaja. Ojalá la historia siga así de interesante y no ocurran "muertes misteriosas" demasiadas maldades sin sentido. Que aparezcan historias, sobre todo de amores correspondido, sin finales trágicos.

    pasado miércoles