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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1028 - ver ahora
Transcripción completa

¿Y su padre?

-No sé. Es que hemos tenido nuestros más y nuestros menos.

Me ha dejado una carta diciendo que ni se me ocurriese mover un céntimo

hasta su regreso.

El comisario tiene indicios de dónde puede encontrarse ese matasanos.

Todo parece indicar que está en Santander.

Se ha puesto en contacto con la policía montañesa para informarles.

Ha llegao una carta pa tu padre.

-¿Y quién la remite?

-Creo que es a quien llamó. -¿Y para qué?

-A lo del Banco Americano.

Está radiante.

Será el vestido.

Tal vez. -"¿Estás enfadada con tu esposo?".

-Enfadá y alejá, que he dormido en el cuchitril de la Casilda.

La mina de oro que tiene mi esposa con su padre

está dando síntomas de agotamiento.

Y no tenemos más remedio que sondear en busca de nuevas vetas.

El gasto que eso supone en tanteo... Ingeniería, al fin y al cabo.

-¿Sería mucha cantidad?

-Más de la que ahora tenemos, que se acerca a nada.

-Vamos a hacer de su Camino una luchadora experta.

-Yo también quiero aprender a dar guantazos.

-Yo también quiero.

-Pos yo también.

-¡Viva! -¡Viva la Agustina!

-¡Viva!

-"El sereno le ha enseñado lucha a tu hermana".

-En cualquier momento podría descubrir algo.

-Es mejor mostrar naturalidad

y estar atentos.

Llevamos tiempo sin servicio y empezamos a echarlo de menos.

¿Me está usted ofreciendo trabajo?

Siempre que sea de su agrado. Me hace usted muy feliz.

No es para tanto el Rafaelito.

Industrial y catalán no hay sido nunca.

Es guitarrista de tablao.

Ay, Jesús, así le alcance una artrosis.

No te digo que no podamos gastar, pero debemos ser más cautos.

Se trata de esperar hasta ver...

-¡Eres un pusilánime! -No, precavido.

-¡Tacaño! -Señores, ¿han oído los gritos?

Algo ha pasao con el Banco Americano.

-"¿Quiebra?".

-"Las autoridades comunican que el Banco Americano

no está en condiciones de hacer frente

a las obligaciones de inversores".

-¡¿Qué estás queriendo decir?!

Habla en cristiano, que me va a dar un pasmo.

-Todos hemos perdido nuestro dinero.

-(LAS DOS) ¿Qué?

-Ay...

-Ay, ay. Antoñito, ayuda.

Ay, que me da.

Pero eso es imposible.

-Eso es lo que pone, Felicia. -Dios mío de mi vida.

-Tengo que sentarme.

-Esto tiene que ser un error. -He invertido todos mis ahorros.

-Todos lo hemos hecho. ¿Qué va a ser de nosotros?

-¿Qué ocurre, madre, qué le pasa? ¿Se encuentra mal?

-El Banco Americano... -¿Qué pasa?

-Está en la quiebra.

-¿Qué ha pasado?

-¡Amiga, lo peor que podría haber pasado!

¡El Banco Americano está al borde de la ruina, se está hundiendo!

-No puede ser. -Me estoy mareando.

¡Ay!

-Rosina. -Siéntate aquí.

-Dios mío.

-Tiene que haber alguna solución.

El banco debería hacerse responsable.

-Eso no funciona así, Antoñito.

-Entonces, ¿no hay solución? ¿Vamos a perder todo nuestro dinero?

-¡Aire, necesito más aire!

-Un poco de agua, por favor.

-Tenemos que ir a hablar con don Alfredo, Liberto.

-Eso es, vamos a buscarle.

Él nos aseguró que íbamos a ganar mucho dinero, ¿no?

-Quizá él tenga alguna explicación para esto.

¡Dios mío, esto es una desgracia! -¡Es una debacle!

-Agua, agua.

-Sí, ahora mismo.

-¿Qué tripa se les ha roto a ustedes que tienen ese drama montado?

-Ningún drama, es el fin del mundo.

-¡El Banco Americano ha quebrado! -Nuestro dinero,

vamos a perder todo nuestro dinero.

-¿No lo ha oído? -¿No le importa?

-¡Ay!

¡Virgen de la Cinta, virgencita de mi Huelva querida!

¡Ayúdame, por los clavos de Cristo!

¡Que Dios nos proteja!

-¡La que nos faltaba!

(Sintonía de "Acacias 38")

Mírales, ¿se mueven como pollos sin cabeza?

Lo han perdido todo. Malditos infelices avariciosos.

Pronto llamarán a la puerta.

Esto es solo el principio, vais a sufrir

todo lo que yo he sufrido.

Ya vienen. ¿Estás preparada?

Llevo meses preparada, querido.

(Llaman a la puerta)

(Llaman)

(Llaman a la puerta)

¿Qué sucede? ¿A qué vienen esos porrazos?

-¿Y su esposo? -Hemos de hablar con él.

-¿No han leído la prensa? No.

-Estas no son maneras de entrar en una casa.

-¿No se ha enterado de lo que ha ocurrido?

-¿Enterarme de qué?

-¡El banco está en quiebra por la situación en el norte de África!

¿De qué está hablando, Alfredo?

-Exijo que nos diga qué está sucediendo.

-¡Eso es falso!

La entidad es solvente. -¡Pero si lo pone en el periódico!

-Es una calumnia, un ataque contra el banco.

-¿Es cierto que el banco tiene inversiones en Marruecos?

-Sí, eso es cierto. -¡Dios mío de mi vida!

-Pero no han de preocuparse por ello,

son inversiones en minas y en negocios muy rentables.

-Eso no es lo que dice la prensa. -Les pido que se tranquilicen.

El banco es solvente.

Sin duda, es una maniobra política para debilitar a la entidad.

¡Un ataque sucio y vil!

Genoveva, mi chaqueta.

Ahora mismo voy al banco

para enterarme de qué está sucediendo.

-¿Y por qué querría el gobierno o la prensa

causar ese pánico entre la gente? -Eso es lo que voy a averiguar.

Les pido que tengan calma.

Están siendo víctimas

de unas maniobras financieras.

-¿Cómo sabemos que es eso cierto? Susana, ¿cómo se atreve?

-Dudan de mi palabra.

Yo también tengo dinero invertido en el banco

y soy el primer interesado en que todo esto se aclare.

De todas formas, les recuerdo...

que yo no he obligado a nadie a invertir,

ustedes insistieron.

Eso es cierto.

¡Virgencita de mi alma,

ayúdanos!

Tómese esto, que le templará los nervios.

-¡¿Cómo podemos tener tan mala suerte?!

¡El incendio del teatro, luego el negocio de las aceitunas,

y ahora esto!

-¡Parece que nos ha mirado un "begibakarra"!

Un tuerto, señora, y con muy mala leche.

-¿Qué va a ser de nosotros ahora?

Hemos invertido todo lo que teníamos en ese banco.

-¿Todo? -Y algo más.

-¿Qué más? -Lo que no teníamos también.

Pedimos un crédito a don Alfredo

pa no quedarnos fuera de la inversión.

-No solo no tenemos nada,

sino que tendremos que devolver los intereses del crédito.

-Voy al banco

a ver si me entero de lo que está pasando.

-El banco está cerrado a esta hora.

-Ve donde Alfredo Bryce, que ahí están todos los vecinos.

-¡Eso voy a hacer! Cuida de ella, Arantxa,

que no se ponga más nerviosa de lo conveniente.

-Ya. Decir es fácil.

-¡Todo ha salido mal desde que pisamos este país, Arantxa!

¡Todo! -Usted ahora no piense en eso.

-¿Cómo no quieres que piense? Esto es la ruina.

-Seguro que el señor nos saca de esta, siempre lo hace.

-De esta no nos saca ni la santísima Virgen de la Cinta

con un milagro.

¡Estamos gafaos! ¡Dios mío,

¿qué te hemos hecho?!

-Respire hondo, señora, respire hondo.

-Arantxa, ¿qué va a ser de la niña

si lo perdemos todo?

-Eso mismo pienso yo. -Eso mismo pienso yo.

(LLORANDO) Ay, mi niña.

¿No ha llegado misiva de Ramón?

-Ni misiva ni telegrama, ni señal de humo siquiera.

Na de na.

-Esto empieza a ser extraño por de más.

-¿Usted cree? ¿Tú no?

-Sí, pero se lo digo a Antoñito y me convence de lo contrario.

Dice que su padre no escribe porque sigue enfadao.

-Yo no he tenido ninguna disputa con él.

¿Por qué a mí no me escribe?

-¿Y si abrimos la carta?

Lo mismo nos da alguna pista.

-No sé.

-"Estimado señor Palacios, lamento informarle

que no puedo proporcionarle la información solicitada

por ser confidencial".

"Pero hemos detectado movimientos extraños

en el Banco Americano".

"Confío en que actúes con el sentido común que te caracteriza".

Atentamente, Díaz Gracia.

Carmen, tenemos que buscarle.

Pero ¿dónde? Yo ni siquiera sabría por dónde empezar.

-Ay.

(Se abre puerta)

Ay, madre mía.

(Se cierra una puerta)

-Qué mala cara traes, ¿qué ha pasao?

-¿Se trata de tu padre? ¿Tienes noticias?

-La Carmen está preocupá por lo que dice tu padre

y, la verdad...

Amor, ¿qué te ha pasao?

-Algo muy grave. -¡Habla ya o te arranco la lengua!

-¡El Banco Americano está en quiebra!

-¿Y qué significa eso?

-Que no vamos a recuperar el dinero que hemos invertido.

-¡No pue ser!

-Alfredo dice que es una estratagema de los políticos, pero...

-¡Pero ¿qué?!

-Pero ¿y si es cierto, Lolita?

¿Y si lo hemos perdido todo?

-Tu padre tenía razón.

Tu padre tenía razón con las advertencias.

-Ahora hay que localizarlo.

-Hay que buscarle. -No, no, no,

tengo que arreglar esto.

-Antoñito...

-Tengo que arreglarlo para demostrarle que puede confiar en mí.

-Antoñito, por Dios, te...

-Carmen, espera. Carmen.

Ay...

¿Quieres sentarte y calmarte? -¡No quiero!

¡Esto es una desgracia muy grande!

-Señora,

¿sirvo ya la cena?

¡¿Crees que tengo hambre, Casilda?!

-Prepara una tisana bien cargada, Casilda.

Don Alfredo cree que se trata de una maniobra financiera contra el banco.

-¡El periódico lo deja bien clarito, quiebra!

-¿Y si el periódico está equivocado? -¿Y si lo está Alfredo Bryce?

-¿Qué quieres decir? -Que a lo mejor no es tan listo.

-No ponen a tontos a trabajar en ese cargo.

-¿Y si nos está engañando? -No podemos dudar de su palabra.

Como él dijo, también tiene su dinero invertido en el banco.

-Solo una parte, y él es rico, no le afecta.

¡Pero a nosotros sí!

A ver, Liberto. Liberto,...

¿tengo que recordarte que ahora mismo somos casi pobres,

lo mal que va la mina, que la veta se está agotando?

-Tisana pa calmar los nervios. Señor, cuidao, que quema.

-Ah, quema. -Ahora le traigo una a usted,

señora.

-Mañana iremos al banco a sacar todo nuestro dinero.

¡Ni un céntimo dejamos allí, ¿estamos?!

-Don Alfredo dice que confiemos en él,

¡que no hay nada que temer!

-¡¿Quieres que arriesguemos toda la inversión?!

-¡Está bien, mañana a primera hora iré retirar el dinero,

que me estás inoculando el miedo!

-¡Me traes mis billetes para que los palpe y los guarde bajo la cama!

-Tisana calentita. -¡No quiero más tisana, Casilda!

-No, señor, la otra es pa mí,

que yo estoy con tanto embrollo, poniéndome muy nerviosa,

con mucha angustia.

Les voy a decir una cosa, pase lo que pase,

voy a permanecer a su lao, aunque sea comiendo sopas de ajo.

-(SE ATRAGANTA)

¿Qué dices?

¿Otra vez sopas de ajo? No, por favor.

¡Antes prefiero la muerte!

¡¿Estamos?!

-El dinero no es lo más importante en la vida,

no tanto como para preferir morirte.

-El señorito. Tú has sido rico siempre.

Has sido pobre alguna vez, ¿no, verdad? ¡Pues te callas!

Yo no voy a volver a ser pobre, ¡¿me oyes?!

¡Antes bajo tierra, que volver al agujero!

Eso huele que alimenta, señá Arantxa.

-Porrusalda.

Cuando vienen malos tiempos, hay que llenar la tripa.

-Pues prepare ración doble,

que se huele la tragedia a la legua.

Qué alegría me da ver que Agustina está cada vez mejor.

Al menos hay buenas noticias.

Ya me he enterado de lo ocurrido. Qué desgracia.

Espero que todo se arregle pronto.

-Eso esperamos todos, doña Úrsula, o va a arder Troya.

-Úrsula, parece que a usted se le están arreglando las cosas, ¿no?

-Ha conseguido trabajo donde doña Genoveva, ¿no?

-Buena casa, sí, señor.

Mucho parné se maneja.

Lo que hay

es mucha humanidad y aun más misericordia,

la que me ha demostrado doña Genoveva.

Por cierto, ahora que va a empezar a faenar en esa casa,

podría poner la oreja, a ver si se entera

de lo que pasa en el Banco Americano.

Por supuesto, haré lo posible por el sosiego del barrio.

¿Cómo está tu señora? Mu malamente.

-Uy,

peor que la mía, lo dudo.

-Un litro tisana le he preparado.

-Litro y medio yo,

y otro medio le he dejado en la mesilla

por si se despertaba.

-Su señora se ha podío acostar,

a la mía no había manera de que se sentara.

Ahí la he dejao, dando vueltas como una peonza.

-De todos modos,

maldito el día que les dio por invertir en ese banco.

-Desde luego que sí. Porque si ellos caen...

-Nosotras vamos detrás.

-Se me ha quitao el apetito.

-A mí también se me ha quitado.

¿Qué va a ser de nosotras?

-Nos vamos a morir de hambre.

Emilio, hijo, ¿qué ha pasado? ¿Has averiguado algo?

-He tardado mucho en entrar porque había una cola horrible,

pero he conseguido hablar con el director.

-¿Y?

-Él también ha insistido en que no debemos preocuparnos.

Sin embargo... -¿Sin embargo qué?

-Ha habido algunos señores, que pese a todo,

han preferido llevarse su dinero... y no les han dejado.

-¿Qué quiere decir eso?

-No les han dado ni un céntimo.

-Pero es su dinero.

-Me temo que no vamos a poder recuperar el dinero

que usted invirtió.

-¿Por qué tuve que hacerlo?

-No fue muy inteligente por su parte.

-Lo hice por vuestro bien. -Nos va a dejar en la ruina.

-Eso no lo creo,

Bryce dice que todo obedece a un complot contra el banco.

-¿Y por qué no devuelven el dinero a sus clientes?

-No lo sé.

-Debería haberlo sabido antes de meter los ahorros.

-No me lo eches en cara. Yo también estoy apurada.

-Claro, es usted la responsable.

-Y me arrepiento.

-¡Tarde! ¡Nos ha dejado sin nada!

-(GRITA)

-(LLORA)

-Lo siento, madre,

perdóneme.

-Yo también lo siento.

Ha sido un error imperdonable, hijo.

-Saldremos de esta, saldremos,

ya lo verá.

El salón airéelo dos veces al día.

Las cortinas descuélguelas y lávelas una vez cada tres meses.

Cuando trabajaba aquí, solía hacerlo una vez al mes.

Nos vamos a llevar bien.

Esta casa me trae muchos recuerdos.

No solo fui criada,

también fui propietaria. La vida da muchas vueltas.

Demasiadas. Lo que importa, sin embargo,

es el presente, y el futuro, y el mío y el suyo están ahora unidos.

Cuénteme,

¿qué dicen las criadas sobre sus señoras?

¿Están afectadas?

Están hundidas.

Y las criadas están aterradas

temiendo por su propia supervivencia.

Esas brujas no saben aún la que les espera.

También oí a Carmen contarle a Fabiana

que está preocupada por la desaparición de don Ramón.

Pobre infeliz.

Al parecer, don Antoñito

no quiere buscarle

antes de solucionar por sí mismo el asunto del banco.

Ese chico es un idiota.

La felicito, señora,

su jugada en el barrio es magistral.

Con un solo movimiento, ha derribado

a la mitad de sus adversarios.

Aún no hemos ganado la partida, Úrsula, no hay que confiarse.

Se les ha escapado don Felipe.

Por mucho que lo intentamos, no quiso invertir.

Lástima.

Hay algo en él que me dice que es muy listo como para ser engañado.

¿Listo?

Bueno, es un hombre brillante en su profesión,

intuitivo.

No me extraña que le consideren

uno de los mejores abogados de la ciudad.

Me sorprende que hable con tanta devoción de él.

No es devoción.

Espero que no le dejemos escapar.

En absoluto. Tarde o temprano caerá, como todos.

Benditas palabras.

Bienvenida, Úrsula.

Es un placer tenerla a nuestro servicio.

El placer es mío, señor.

Les dejaré a solas. Con permiso.

No sabe usted cómo están los vecinos con el asunto, muy preocupaos,

muy preocupaos. -No me extraña.

Haciendo la ronda, he pasado tres veces por el banco.

-¿Y? He oído gritos, acusaciones,

hasta insultos.

Parece que el banco no devuelve un céntimo a los clientes.

-Suerte que no tenía ahorros que invertir,

que si no, ahora estaría lamentándome como ellos.

¡Eh! ¿Y a ti qué mosca te ha picado?

-¿Qué te pasa, Jacinto? ¿Tu mujer otra vez?

-Ha vuelto a dormir en el altillo con mi prima

y no ha venido a darme los buenos días por la mañana.

-Mira, mira,

no te lamentes de eso, eso es paciencia.

A estas alturas, Casilda ya le habrá dicho a tu parienta

lo bien que lo pasas solo. Y vas a ver como recula.

-Es que no es verdad, yo no me lo paso bien.

-Pero ella no tiene que saberlo.

-¿Por qué no? Es la verdad. -Dios.

-Sin mi Marcelina, es como si me faltara un pie o una mano.

-La boca tienes que cerrar. Ahí viene.

-¡A las buenas, familia! -Hola.

-¿Qué? ¿De paseíto?

-No, más bien de fuga. Me he escapao de casa de mi señora,

estoy harta de oírla hablar del banco ese del demonio.

-Yo estaría mucho peor si lo hubiera perdido todo.

-Me he encontrao con mi prima

y le estaba contando lo bien que se lo pasan jugando a las cartas.

-Le he dicho a la Casilda que tan bien no podían estar pasándoselo.

-¡Uy, "tan bien". (RÍE)

Mejor que bien, ¡requetebién!

Claro que sí, hombre. Ya que estáis aquí,

si os apetece, íbamos a echar una partida.

-Yo sí, por ver lo divertido que es esto,

que hasta hace olvidar las desgracias y los sinsabores.

¿Tú qué dices, prima?

-Yo también, sí, sí. Vamos.

-Venga. ¿Ves como funciona? Tú hazme caso.

-¡Uy!

¿Cómo va todo?

Según habíamos planeado.

¿Es verdad que fuiste al banco a reunirte con los socios?

¿Cuándo?

¿Ayer? En absoluto.

Eso es lo que les hice creer a esos pobres ignorantes.

Estuve dando un paseo por la ciudad.

Voy a dejar que se hundan poco a poco,

pero... muy poco a poco.

Así disfrutaremos más del espectáculo.

Sé que te sientes atraída por Felipe.

He oído lo que le has dicho a Úrsula.

Solo dije que es un hombre listo.

Os vi hablar en el portal,...

sé que te gusta.

No es verdad. No pasa nada.

Es normal que te sientas atraída por él, pero

no debes encariñarte,... es el enemigo.

Sé muy bien quién es, y no me estoy encariñando.

De hecho, es de las personas a las que más odio.

Eso espero. Quédate tranquilo,

en mi corazón solo hay sentimientos para Samuel.

Eso es asunto tuyo,...

pero controla la situación

o se te puede ir de las manos.

-Como ve, Agustina está cada vez mejor.

-Tiene mejor cara, desde luego. -El que no tanto es usted,

don Felipe. ¿Qué le pasa?

-Hoy era portador de malas noticias. -¿Para Agustina?

-(ASIENTE)

-La policía asegura que el doctor Maduro ha embarcado a Inglaterra.

-Ese caradura va a librarse de la cárcel.

-Esperemos que no. Sin duda,

se nos ha escabullido de las manos.

-Pues espero que a Agustina no le haya sentao muy malamente,

que no está ahora pa llevarse muchos disgustos.

-Pero tenía que decírselo. Con Dios, Fabiana.

-Con Dios, don Felipe.

-Don Felipe,... me dijeron que estaba aquí.

-¿Qué ocurre, Carmen? -Estoy muy preocupada por Ramón.

-¿Por qué? -Hace ya un par de días

que salió de viaje y no sabemos nada de él.

-¿Y adónde fue?

-No quiso decírmelo, pero estaba relacionado

con unos asuntos del Banco Americano,

¿no sabrá usted nada del tema?

-Sé del asunto porque Antoñito me lo comentó,

pero Ramón no me dijo nada.

-Antoñito no quiere buscarle.

Está muy concentrado en arreglar el problema del Banco Americano

antes que su padre regrese.

Y yo estoy muy preocupada.

-Ya, entiendo.

-Me gustaría indagar, a ver si nos enteramos de dónde ha ido.

-Hay un grupo de señores que se reúne cada tarde sobre las seis

en el Ateneo para jugar al billar. Don Ramón solía jugar con ellos,

quizás sepan algo. -Me pasaré por allí, muchas gracias.

-Con Dios.

-Tranquila, Carmen, ya verá como todo se solucionará.

-Muchas gracias, Fabiana.

-Pues na, como pintan bastos,...

ahí va el as del palo cabezón, y me llevo 30 puntos.

-Ha vuelto a ganar, Servando, está usted de suerte.

Hay que ver lo mal que se me está dando a mí.

-No, suerte es...

compartir un buen rato entre amigos.

-Ay, siempre tiene usted una palabra amable en la boca.

-Pa afortunao yo, que me casé con la mujer más maravillosa del mundo.

-Lástima que ya no pueda decir lo mismo de ti.

-Prima, que le vas a hacer llorar.

-Bueno, ¿qué?

¿Echamos otra? Eso sí, si gano,

mañana os invito a un cocido con todos los garbanzos

que me voy a llevar.

-Pa cocidos los que hace la Marcelina, y lentejas,

y guisos de bacalao, que es la mejor cocinera del mundo.

-¿Pa eso me quieres? ¿Pa que te cocine?

-No, no, pa eso solo no.

-¿Cómo? -Lo que Jacinto quería decirte...

-¡No! No le defienda, que sé lo que quiere decir.

-Pero ¿es que no me vas a perdonar nunca?

-Anda, mujer.

Dale otra oportunidad, ¿no ves que está hecho carbón?

-Venga, arriba,

vamos a dar un paseo. -¿De verdad?

Mira,...

echo de menos tus caricias, tus besos

y tus arrumacos. -Uy, uy, uy,

frena que te me embalas,

que dar un paseo es poner un pie delante del otro y ver la calle.

Lo demás te lo tendrás que ganar. -Vale.

-Espero que no les importe que les sirva.

Aún no he encontrado criada.

-Por supuesto, don Felipe. -¿Por dónde íbamos?

-Nos comentaba que el falso doctor Maduro escapó.

-Ah, sí, camino de Inglaterra. -Lo lamento.

Bueno,... sobre todo por Agustina,

la mujer se quedaría con ganas de decirle cuatro cosas bien dichas.

-Ella no tiene odio, yo casi es mejor que no me lo encuentre.

En fin, ¿cómo está el asunto del Banco Americano?

-Mal.

Muy mal, don Felipe, el asunto está tomando un cariz

bastante preocupante.

-Tanto Liberto como yo hemos estado en el banco y...

lo que hemos visto allí es realmente angustiante.

-¿Qué han visto?

-Gente reclamando su dinero.

-Tensión, nervios,

gente perdiendo los papeles.

-Algunos han conseguido rascar algo, pero los inversores como nosotros...

-Ni un céntimo.

-¿Y los directivos no dan explicaciones?

-Sí, dicen que no tienen líquido

debido a las inversiones que han hecho en el extranjero.

-Aseguran que dentro de poco dispondrán de efectivo

y que el problema quedará resuelto.

-¿Ustedes lo creen?

-Pues yo ya no sé qué pensar, don Felipe, pero espero

que sea verdad, o mi esposa va a enfermar.

No he pasado por casa

por no tener que decirle que vuelvo con los bolsillos vacíos.

-Precisamente por eso, yo temo la llegada de mi padre.

No tengo ni idea de cómo le voy a explicar todo este asunto.

-No tiene noticias de él.

-Nada, y empiezo a estar bastante preocupado.

No he querido decir nada a Carmen ni Lolita,

pero es muy raro en él no dar señales de vida.

-¿No saben dónde ha ido? -Ni idea.

Discutimos antes de que se fuera de viaje.

Por un lado, necesito saber que está bien, pero...

tampoco me viene mal este tiempo para intentar arreglar esto.

-La ayuda de su padre es justo lo que necesita.

-Felipe, queremos preguntarle...

¿cree que podríamos iniciar acciones legales contra el banco?

-Todavía es pronto y no tengo toda la información, pero

quizás se pueda hacer algo. Déjenme ver.

Pero si quieren un consejo... -Sí.

-Por supuesto que sí, sus palabras siempre son bienvenidas.

-Hagan lo indecible para conseguir su dinero cuanto antes.

Me temo que esta crisis financiera va a tardar en solucionarse.

-Muchas gracias.

-¡Servando, Servando! No sabe lo que ha ocurrío.

-Por tu cara, buenas noticias.

-Me he reconciliao con la Marcelina.

-¡Por fin!

-Sí, hemos ido a dar un paseo por los jardines

y nos hemos arreglao.

Se ha dao cuenta que había sido un malentendío.

-Ha vuelto a casa.

-¡Yepaya!

-De verdad, pues te felicito,

aunque en realidad, a quien habría que felicitar es a mí.

-¿A usted? -Sí, hombre,

gracias a mí y a mi plan perfectamente tramado,

te has reconciliado.

-No, si me he reconciliao, es porque nos queremos más que a la vida.

-¿Me quitas mérito? -No.

Tarde o temprano hubiera ocurrido.

-No,... sin mi experiencia y sabiduría

sobre los misterios de la psique femenina.

-Marcelina no tiene de eso, ¿a que le arreo?

-Bueno, pero en algo habré ayudao. -Sí, vale, pero no la insulte

de nuevo o se traga la lámpara. -Ahí, ahí.

-Servando, ¿y la señá Fabiana? -Creo que está en la mantequería,

¿puedo ayudarte en algo? -No, voy a verla.

Bueno, sí, hay algo que sí puede ayudarme.

-Dime, dime. -Decirme cuándo será

la próxima partida de cartas. -Pues... no teníamos ni idea.

-¿Y eso por qué? Si nos lo hemos pasao muy bien.

-Pero... ya os habéis reconciliao y...

-¿Y eso significa que ya se ha acabao la diversión?

-Supongo...

Supongo que no.

-Si mi Marcelina quiere partida, se hace partida.

-Perfecto, ¿cuándo?

-¿Mañana?

En el altillo.

-Allí estaré.

-Yepaya.

-(RÍE TIMIDAMENTE)

-Has tenido muy buena idea regalándole esa caja de galletas

a Agustina, le has alegrado la tarde.

¿Sabes?

Eres una de las mejores reposteras a este lado de la ciudad.

Vale, está bien, para ti la perra gorda, la mejor.

-Hale, vamos a empezar con las clases de defensa personal,

que no tengo mucho tiempo. -¿Y eso?

-Porque mi señora está que trina con lo de la inversión

del Banco Americano, así que no me puedo ausentar mucho.

-Bueno, entonces empecemos.

Como no están ni Lolita ni Marcelina,

lucharéis entre vosotras.

Vamos.

A ver.

Esto aquí.

Venga. Estirad un poquito. Ahí.

Calentamos. Vale, perfecto, ahí.

Hoy os voy a enseñar la llave del moco del pollito.

-¿Lo qué?

-Casilda, ven.

Ven, ven.

Ven.

A ver. Posición de ataque.

Vale.

Agárrame, mano izquierda al hombro.

Mano izquierda al hombro, muy bien.

Coges la mano, la retuerces a la vez que le metes los dedos en la nariz.

Eso es, muy bien.

Muy fácil, ¿no? -Sí.

-Vamos.

Posición de ataque, las dos.

Aquí, aquí, aquí.

Casilda, ¡ataca!

-¿Yo otra vez? -Sí, vamos.

-¡Y ya!

Ahí.

-Eso es, bien, bien.

Bien, bien, más o menos. -Madre mía.

Bueno, pa mí ya es suficiente por hoy.

Yo... me marcho ya. -¿Estás bien?

-Sí, sí.

Menudo caderón.

Ay, chiquilla, ¿qué quieres que entienda ahí, si yo no sé de letras?

No te preocupes, no pasa nada, tampoco ha sío pa tanto.

Hale.

Me voy a ir marchando, no vaya a ser que me rompáis la crisma.

-Con Dios. -Con Dios.

-Como no podemos continuar la clase tú y yo solos,

lo dejaremos para mañana.

Ya, por lo del banco.

Espero que recuperéis el dinero.

¿Acostumbrados a qué?

Pero... ¿por qué dices eso, alguien os ha hecho daño?

-(NIEGA)

¿Entonces?

(TOCA LA GUITARRA)

-Aquí están,... mis dos bellezas,

mis dos ángeles, mis dos cosas bonitas.

-Ni con tanta palabrería rebonita nos engañas.

Tienes cara de estar angustiado, ¿no te han devuelto nada?

¿Ni una miaja?

-Ni una rubia.

Los muy...

Pero saldremos de esta.

Ya me ha contado madre, pero...

debe ser mucho peor de lo que me imaginaba,

para que saque la guitarra. Oye,...

¿tú no estarás pensando en volver a tocar, no?

-Yo haré lo que sea para sacar a esta familia adelante,

pero...

tocar la guitarra en público me apetece menos que chupar un clavo.

-Mira, Jose, que te quiero más que a todas las cosas,

pero tocando, conseguirás que te tiren tomates.

-Vienen tiempos difíciles.

-Ay, hijo, hay un montón de cosas que podemos hacer

para llevarnos una miaja de pan. -¿Como qué?

Yo podría dar clases de francés.

Ea. Ahí tienes a la niña.

-Para salir de esta, nos tendríamos que poner todos, hasta Arantxa.

-Sea, y yo puedo volver a la Argentina y actuar.

La niña ya está mejor de lo de Emilio,

se podría quedar con Arantxa.

-Hablaré con Osvaldo, quizá los empresarios sigan interesados,

pero bueno,... todavía no se sabe si está todo perdido.

Los vecinos han quedado para hablar luego.

-Claro que sí,

y si no, a empezar de cero como hemos hecho otras veces.

-Nunca hemos estado tan mal, gitana. -¿Quién dice?

¿No te acuerdas cuando estuvimos en México?

-En México... En México éramos ricos.

Vivíamos en el hotel Roma.

-Esa vez no, la primera,

que no teníamos ni dos pimientos. Nos habíamos quedado sin nada

y lo poco que teníamos nos lo quitaron, ¿te acuerdas o no?

-Anduvimos descalzos por la ciudad semanas enteras.

-Y cantando y bailando para los turistas.

-Nos metimos un buen dineral.

-Digo.

¿Cómo era? ¿Cómo era esa canción que cantábamos?

¿Cómo decía?

-# Cuando la... No, cuando no era.

# Aunque la vida me trate con desprecio,

# yo siempre la miraré de frente.

# Pondré mis ganas y todo mi empeño,

# acompañado de mi gente.

-# No me importa nada

# si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas

# a veces golpean fuerte. # -Así era, vámonos.

-# Aunque la vida... me trate con desprecio,

# yo siempre la miraré de frente.

# Pondré mis ganas y todo mi empeño,

# acompañado de mi gente.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte. #

-Tres y dos, cinco. Su cambio, doña Bartola.

Gracias. Dele recuerdos a su hija y que se recupere pronto.

-Lolita.

¿Está tu esposo? -Pues no.

Está en la reunión con los vecinos.

Están a ver si se organizan pa lo del banco.

¿Y usted de ande viene?

-Fui a ver a don Felipe, a ver si sabía algo del viaje de Ramón.

-¿Y? -Nada.

Pero me dijo que me acercara al Ateneo,

se ve que Ramón tiene allí amistades.

-¿Y ha ido usted? -Sí.

-¿Y qué le han dicho? -Que nadie sabe nada,...

pero al parecer, hay un tal Manuel Cantos

con el que sí habló Ramón del viaje.

-¿Y ha hablao usted con él? -No, hija, no he podido.

Dicen que lleva tres días enfermo y que nadie lo ha visto.

-Me cago en el copete, qué mala suerte.

-A mí... no me está gustando esto, Lolita.

Me está dando mala espina.

-¿Ande se habrá metío este hombre? Dios mío.

(CARRASPEA)

-¿Ocurre algo, Jacinto?

-Me he cruzao con un mozo

que venía de su casa con un telegrama

y le he dicho que yo se lo traería. -Muchas gracias, hombre.

-Carmen, ¿qué le ha dao? Que se ha quedao in albis.

-El telegrama. -¿Qué?

-Que Ramón recibió un telegrama justo antes de salir de viaje.

A mí no me quiso decir nada, pero...

quizá el cartero sepa quién lo enviaba.

-Bien pensao, Carmen.

-Lo que pasa que la oficina de Correos ya estará cerrada,

pero mañana me presento ahí temprano

y ya te cuento algo. -Ojalá ese hombre

tenga una pista pa nosotras. -Ay, Lolita,...

Dios te oiga.

-Nos vamos a la reunión con los vecinos

a ver qué hacemos con el asunto del banco.

Esperadnos a cenar, ¿eh?

-Por supuesto.

-No devuelven ni una peseta. -Eso es indignante,

el Gobierno debería hacer algo.

-Aquí dice que ni el Gobierno ni el Banco de España van a intervenir.

-¿Por qué?

-Responsabilizan al banco de mala praxis.

-Ay, madre mía.

-¿Han decidido algo? -¿Dónde está don Alfredo Bryce?

-Pues ahí viene, junto a Genoveva.

(CARRASPEA) Don Alfredo,...

espero que traiga alguna noticia fresca.

-Por desgracia, no,...

pero el banco no tiene la culpa de nada de lo que ha pasado.

-¡¿Y quién tiene la culpa?!

La prensa, por publicar esa noticia tan alarmante.

Han creado una crisis de pánico.

Todo el mundo ha ido a retirar sus ahorros

y el banco no tiene suficiente efectivo para cubrir tanta demanda.

-¿Cómo es posible que no tenga efectivo?

-Porque lo tiene invertido en el extranjero.

-¡Quien no tiene dinero somos nosotros!

-Nosotros queremos nuestro dinero. -Tranquilícese un poco,

don Alfredo no tiene la culpa. -Él nos aconsejó esa inversión,

en teoría, íbamos a ganar un dineral.

-Hemos invertido todos nuestros ahorros.

¡Basta ya! Mi esposo no tiene culpa de nada,

él está tan afectado como ustedes.

Él también ha invertido y corre los mismos riesgos.

¿No ven que estamos en el mismo barco?

Es bondadoso y no quiere decirles

que el culpable es el Banco de España.

¿Cómo? -Genoveva, no.

Querido, déjame.

El Banco de España podría solucionar esto,

pero no quiere hacerlo. ¿Por qué, por qué no quiere?

Eso tendrán que preguntárselo ustedes a Federico Suñol.

Es uno de los consejeros, y vive aquí al lado.

Deberíamos organizar una protesta. Muy bien.

¿Y dónde dice que vive?

-Estoy seguro de que todo esto se solucionará con diálogo.

¡No pararemos hasta que el Banco de España meta dinero

en el Banco Americano!

¡No es de los banqueros es nuestro dinero!

-(TODOS) ¡No es de los banqueros es nuestro dinero!

¡No es de los banqueros es nuestro dinero!

-"Hay que buscar" una sustituta para mí.

-Yo prefiero esperar.

-Un hombre solo es un despropósito.

-Úrsula, ¿podrá ayudarme a buscar una muchacha de servicio?

Por supuesto, cuente con ello. Un gran actuación.

Todos creen que soy la más afectada por la debacle del banco.

-El telegrama que recibió Ramón procedía de un pueblo llamado Frías.

-¿Y de quién se trata? -Silverio Santana, ¿te suena?

-Fue por el que preguntó Ramón cuando llamó desde aquí.

-Podríamos llamar a ver si ellos saben algo de todo esto.

-Sí, llame, que ya está tardando.

-"Han traído esta carta para usted, don Liberto".

-Oh... -¿Malas noticias?

¿Más malas noticias sobre el dinero?

¿Qué pasa con nuestro dinero? ¿Otra desgracia?

-Por culpa de una tormenta, las líneas están cortadas

y hasta dentro de un par de días no vamos a poder comunicarnos.

-Han traído esto.

-Es jerez del bueno.

Y anchoas de Santoña.

-Viene con una nota para Cinta.

-"¿Preparaos pa la partida?".

Pa hacerlo más entretenío, podemos jugarnos algo que no sean garbanzos.

-Yo no tengo un real.

-Al que gane, los demás le tienen que hacer sus tareas.

El plan está funcionando a la perfección,

están convencidos de que la culpa de todo la tienen los políticos

y no ven que les estamos clavando una estocada hasta la médula.

Muy pronto verás cómo se desmoronan.

Ya están empezando los problemas entre ellos.

-¿Cómo puedes ser tan egoísta?

-Una no vive del cuento, como otras. -Bueno, ya está bien, ya está bien,

reservemos fuerzas para protestar.

-Aprovechando que Alfredo me iba a hacer un préstamo,

le pedí bastante más dinero,

para así poder hacer una inversión mayor en el banco.

-No me lo pue creer.

-¿Qué va a ser de nosotros si esto no se resuelve, Jose?

-No lo sé.

-A ver si Osvaldo puede prepararme alguna representación

en Buenos Aires y, así, regresamos con dinerito en los bolsillos.

¿Y si soy yo la que vuelve a los escenarios?

-Tú eres el único responsable de todo este desastre.

Tú tomaste la decisión, tú arrastraste a todos al abismo.

-Y ya me siento culpable por ello.

Lo que no me hubiera esperado es que me lo echaras en cara.

-No voy a esperar, me voy a Frías a ver qué saben de Ramón.

-(TODOS) Acacias en la calle, aquí no hay quien se encargue.

Acacias en la calle, aquí no hay quien se encargue.

He de buscar nueva criada a don Felipe.

Ese no es un encargo baladí.

No debe tardar en llevarle buenas candidatas para que elija.

Debemos ser muy diligentes con este tema.

Me da que ya está pensando algo. No tenga duda.

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Acacias 38 - Capítulo 1028

06 jun 2019

Marcelina acude a la partida de hombres junto a Casilda. La quiosquera se lo pasa tan bien que se marcha a dar un paseo con Jacinto y se reconcilian.
Úrsula entra a trabajar para los Bryce, que disfrutan de la situación de caos y descontrol. El banquero y su esposa desvían la atención de lo ocurrido con el banco acusando a Federico Suñol de culpable.
El pánico cunde entre los vecinos de Acacias por lo sucedido en el banco. Hay nerviosismo entre los inversores.

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  1. Rachel Cortes

    Rachel Yo también quiero saber el nombre de la canción, no logro encontrarla.

    12 jun 2019
  2. Joan Stevan

    Alguien sabe como se llama la canción? Muchas gracias!

    12 jun 2019
  3. Mabi

    Me ha emocionado mucho la escena de la familia Dominguez...rememoré los difíciles días del 2001 en Argentina, y que solo en familia unida , como ellos, se pudo pasar tan mal trago...la canción bellisima , ¿ Cuál será ?

    08 jun 2019
  4. Blanca.

    Qué regrese Don Ramón....la serie es un poco lenta...

    07 jun 2019
  5. Antoni

    Don Ramón que regrese no tiene que tener un final así no se lo merece y la canción de Bellita fascinante

    07 jun 2019
  6. rosa

    Yo tb quiero saber quien canta esa canción.Estoy buscádola pero no hay manera

    07 jun 2019
  7. Maria Silvia

    Yo tambuen quiero saber nombre de la canción, me pareció bellísima como la escena de los 4, presiona familia unida como ninguna. ¿¿ ¿¿ ¿¿ ¿¿ ¿¿

    07 jun 2019
  8. Francesca

    Upps... Me desapareció un comentario que estaba publicado. ¡Qué raro, era un elogio a la familia Dominguez, que son 4, porque Arantxa es una de ellos! Qué lujo de escena. Eso es poner valores, gente que va para el frente, queriéndose, poniendo optimismo, resistiendo. ¡Qué viva esta familia que es un acierto para la serie! Tan distinto a todo lo que ha habido. Un soplo de aire fresco. Grandes actores.

    06 jun 2019
  9. Francesca

    La canción me recuerda a "Resistiré".

    06 jun 2019
  10. DalisRodriguez12

    Hola... verdaderamente al oir a los Domínguez cantar... da pie a que estos si saldran adelante. Otra cosa, es huelga va revolucionar todo

    06 jun 2019