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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1024 - ver ahora
Transcripción completa

Cuando hayan entrado en la sociedad,

iré aumentando la aportación de capital,

hasta un punto, que no tengan recursos.

¿Y si alguno se resiste?

El resto le exigirá que siga adelante con la inversión.

Si uno de ellos abandona,

los demás, perderán su oportunidad de invertir.

-Formando un grupo de inversores, así nadie se queda fuera.

-¿A que es un notición? ¡Todos vamos a poder forrarnos!

La decisión de... pasar mi vida junto a Carmen

es firme.

No tengo ganas de perder más energías con... explicaciones.

-Muy bien, así lo haré.

-Y dígales de mi parte,

que si a alguna le parece mal, dejará de contar con mi amistad.

Estoy feliz por los resultados de las clases.

-¿A pesar de que no diera la clase la niña?

-Alternó con Rafael Bonaque, que es un empresario con posibles.

-Ya estás otra vez con lo de la boda de Cinta.

-Naturalmente. -Es un negocio muy seguro.

Yo no pienso perdérmelo.

Es más, quiero entrar como inversor mayoritario del grupo.

-¿Y cómo piensas hacer tal cosa? No dispones de tanto capital.

-Me veo obligado a pedirle un préstamo.

-No puedo dejarte nada. -¿Por qué?

-No colaboraré con algo con lo que no estoy de acuerdo

y que podría poner en peligro la economía familiar.

-Mucho te gusta esa señora... y sus abanicos.

-Es toa una leyenda del cante, to lo de ella me vuelve loca.

Tal vez nos ayudaría a conseguir un crédito para poder invertir.

-Me parece... una buena idea.

Es más, yo mismo les prestaré dinero.

¿Crees que Servando se ha enamorado de tu mujer?

¿Va a salir de esta? Todo parece indicar que sí.

-Pero ¿y de su enfermedad cómo sigue?

-Le están haciendo pruebas.

No se sabe nada.

-Tenemos que ir a la estación.

¿Estás preparada, pequeña?

-En mi restaurante se va a celebrar una comida

para recaudar fondos para nuestros soldados?

-No tenía ni idea.

-Estará lo mejor de la ciudad y las damas casaderas más codiciadas.

-No hay nada que hablar. Voy a invertir todo lo que pueda.

Como no me lo ha puesto fácil,

he tenido que utilizar otros recursos.

-¿Me puedes precisar qué recursos son esos?

-He vendido la patente de las cafeteras.

-¿Cómo?

-Lo que oye, he vendido la patente de las cafeteras.

-No has podido hacerlo, necesitas mi firma para eso.

-He utilizado el poder que me dio al entrar en prisión.

-¿Qué has hecho?

-Tomar una decisión adulta.

-No tenías ningún derecho. Esa patente no es tuya.

-Yo la he manejado durante diez años.

Gracias a mi trabajo he podido venderla por una elevada cantidad.

-¿Por cuánto?

-Lo suficiente para invertir en el banco y hacerme millonario.

No se lo tome así. Es un buen negocio.

-No tienes ni idea de si lo es o no.

-No me trate como a un niño.

-¡No te comportes como tal! ¡Eres un irresponsable!

-¿Coger dinero y moverlo para obtener beneficios es irresponsable?

-El dinero hay que ganarlo con esfuerzo.

-¿Por qué lo que supone un esfuerzo es bueno y lo fácil no?

-Nadie da duros a cuatro pesetas, hijo.

-Eso era antes. Las cosas han cambiado

pero usted no se da cuenta. Todo el barrio opina como yo.

¿No hay una posibilidad de que esté equivocando?

-¿A quién le vendiste la patente? -¿Por qué?

-Porque quiero revertir la venta. -No hará eso.

-¿A quién? -No se meta en mis asuntos.

-¡No son tus asuntos, hijo!

¿No ves que con lo que has hecho pones en peligro a toda la familia?

-¿Qué pasa? ¿Habéis perdido el oremus?

-Pregúntaselo a mi padre. -¡No vas a hundirnos a todos!

-Tranquilícese, suegro, somos familia, y podemos andar a voces.

-Tu esposo ha vendido la patente de las cafeteras.

-¿Qué has hecho qué?

-No voy a seguir discutiendo.

Solo espero que algún día no tengas que arrepentirte

de lo que has hecho.

-¿Estás seguro de lo que has hecho?

(Sintonía de "Acacias 38")

Hace un rato que llegué del Monte de Piedad,

pero como estaba usted cenando, no había podido darle antes.

-Buenos dineros te han dado.

-Buenos eran los pendientes que ha empeñado usted.

Qué pena más grande me ha dado dejarlos allí.

Tan solos, tan abandonados. -Anda,

no exageres, que la andaluza soy yo.

-Eran una preciosidad de pendientes. Les tenía mucho cariño.

-¿Tú? -¿Ah, no?

Yo soy la que los limpia y los mantiene como nuevos.

-Ahí te doy la razón. -Porque la tengo.

Esos pendientes los estrenó usted en México,

aquella noche, el patio de butacas se puso en pie para aplaudirle.

-Lo recuerdo perfectamente.

-¿Y pese a todo, ha querido empeñarlos?

-Sí, porque el motivo bien lo merece.

-¿Sabe el señor lo que planea hacer usted con ese dinero?

-Lo sabe y me apoya.

Y ahora, déjame, que viene la niña. -De acuerdo.

¿Ya está aquí, madre? ¿Lo ha pasado bien en la cena?

Sí, pero siéntate, que quiero contarte algo.

¿Qué ocurre?

Ocurre que vas a ir a la comida benéfica

que doña Felicia ha organizado en el restaurante.

¿Con qué dinero? El cubierto vale un ojo de la cara.

Por eso no has de preocuparte.

¿Ha mejorao la economía y yo no me he enterado?

A punto está de cambiar.

Las cosas van a mejorar considerablemente en breve,

pero ahora, para ese cubierto, tenemos.

Lo cierto es que no me apetece ir.

¿Por qué?

Por qué no, por quién.

Estará Emilio.

Emilio y su madre, las dos personas que más daño me han hecho.

Quienes me han rechazado.

Por eso has de ir.

No la entiendo.

A ver, atiende, que parece que no te he enseñado nada.

Tienes que ir a esa fiesta y que te vean feliz,

que se enteren que lo que te han hecho,

no te ha afectado.

Irás a esa fiesta con tu mejor vestido,

pondrás tu mejor sonrisa y disfrutarás de la comida.

Reirás, brillarás como un estrella en el desierto

y, ellos se rasgarán las vestiduras.

Ese chico se arrepentirá

toda la vida de haberte rechazado.

Es usted lista, madre.

Más que los ratones coloraos.

Que no olviden que eres la hija de Bella del Campo,

la artista más grande que ha parido madre.

Hasta mañana. Buenas noches.

Hay un problema.

Necesito un acompañante.

Y lo tendrás. Eso déjamelo a mí.

Descansa.

¿Está segura que no quie to esto? Son ropas bien bonicas.

-Ya lo sé, Fabiana.

Ir de la mano de Ramón requiere algo más de elegancia.

Para no desentonar.

-Quizá tenga usté razón,

pero es una lástima que me las quede yo,

que no las voy a lucir con su gracia.

-Fruslerías, no diga usted eso, que es usted bien hermosa.

-Yo ya estoy pa vestir santos, Carmen.

No me quejo, que tengo muy buenas amistades.

-Hablando de amistades,

creo que Agustina ha salido bien de la operación, ¿no?

-A Dios gracias.

Aunque aún queda mucho pa verla bien del to.

-Hay que ser optimistas.

Lo que ha pasado es algo bueno.

-¿Bueno? -Sí.

Esa caída la tendría que haber matado y no ha sido así.

Es un milagro, Fabiana, y tenemos que estar agradecidas a Dios.

-En eso le doy la razón, que no to son desgracias.

Agustina está recuperándose,

y usté está mejor con Ramón. ¿Qué más se pue pedir?

¿No es usté feliz con don Ramón?

¿A qué esa cara, pues?

Don Ramón y Antoñito han discutido severamente.

-¿De verdad?

-Sí, pero no lo comente por ahí, que son cosas de la familia.

-Por supuesto.

¿Es por el asunto de los dineros, verdad?

Ese asunto traerá cola, ya verá.

Está to el barrio revolucionao con el menester.

-Yo ni siquiera lo entiendo.

-Ni yo, cómo voy a invertir, si no me da pa vivir.

-Eso mismo me pasa a mí.

-Dice la Casilda que sus señores andan to el día haciendo cuentas.

-Algo tiene que tener la cosa para que Antoñito y Ramón

hayan llegado tan lejos en el enfado.

-Con los asuntos del dinero,

la gente pierde el oremus y hasta la sensatez.

-Solo deseo que padre e hijo se arreglen pronto.

Me duele ver a Ramón tan triste.

Yo no me quiero meter en medio.

-Y hace bien, no vaya a terminar malpará.

Qué maravilla, está quedando precioso.

-Gracias, Cesáreo. Me alegro de que le guste.

Llevo desde amanecida repasando cada uno de los detalles.

-Y se nota. Será todo un éxito.

-Así lo espero. ¿Sabe usted algo de Agustina?

-La operación para salvarle el brazo salió bien.

Parece que Dios aprieta, pero no ahoga.

-Camino.

¿Ah sí? ¿Cuál?

¿La polca?

Tendrás que enseñarme los pasos, no sé nada de ese baile.

-Disculpe, venía a preguntarle

sobre las normas de vestimenta del evento benéfico.

-¿Qué quiere preguntar? -¿Requiere etiqueta?

No me he traído el esmoquin a la ciudad.

-No mucho, es solo una comida.

-A juzgar por cómo está dejando el salón, nadie lo diría.

Estos manteles de algodón son realmente una preciosidad.

-Hilo.

-¿Cómo? -Son manteles de hilo.

-Eh...

Con esta luz no me había dado cuenta. Perdón.

Bueno, me voy, que he de prepararme para el evento,

quiero estar a la altura de mi acompañante.

-¿Viene usted con alguien?

-Con alguien no, con la mujer más especial,

hermosa e inteligente de la ciudad,

doña Cinta Domínguez.

Bueno, marcho,

que ya voy tarde.

-Hay que ver qué hermana más guapa tiene usted, don Emilio.

-¡Camino, espera!

-Lo lamento, no quería molestar.

-Disculpe a mi hermana, es algo tímida.

Con permiso.

Fabiana,...

¿me ayudará usted a decidir qué me pongo para el evento benéfico?

-Claro, tiene que ir usted requetebién

pa que don Ramón la vea bonita.

-Con no desentonar, me valdría.

-Qué desentonar ni qué niño muerto,

tiene que deslumbrar a todo el mundo allí.

-Si le soy sincera, no me apetece nada ir.

-¿Cómo que no?

-Ramón ha recibido invitación

y en principio ha dicho que irá,

pero si pudiese, escurriría la responsabilidad de acompañarle.

-Feo estaría eso.

-Lo sé, Fabiana, y no voy a hacerlo,

pero no se crea usted que lo que más me apetece

es ir a ponerme delante de las señoras

y a exponerme y notar sus miradas de desaprobación.

-Ya. ¿Han vuelto a hacer de las suyas?

-Han vuelto a hacer lo que hacen siempre.

Cuando se enteraron de nuestra relación criticaron,

y ahora, que se han enterado del compromiso formal,

vuelven a criticar.

-¡Qué hartura de arpías, por el amor de Dios!

¿No pueden dejar a la gente ser feliz y en paz?

Mire, ¿sabe lo que le digo? ¡Que les den morcilla!

-(RÍE) Es que me tienen frita ya,

que son muchos años que las conozco

y no sabe lo malas que han sido a veces.

¿Que no lo sé? Claro que sí.

-Lo que tiene que hacer es no hacerles caso.

Que lo que digan de usté

le entre por una oreja y le salga por otra.

-Eso es un sabio consejo.

-Envidia que le tienen,

que no todas tienen su belleza, su sensatez,

ni esos ojos azules como el Mediterráneo.

-Con amigas como usted que me echan estos piropos,

quién quiere un novio.

-Es que me da rabia que la menosprecien, Carmen,

y más rabia me da que usté se lo crea.

¡Se acabó ya, hombre!

Y usted créaselo.

-¿Creerme el qué?

-Qué se merece a don Ramón,

y todo lo bueno que la vida le traiga, mujer.

¿Sabe lo que haremos? Buscaremos un vestido

requetebonito.

Le voy a hacer un recogío en el pelo,

pa que calle la boca a esas urracas.

¡Se van a quedar de pasta de boniato!

Qué alivio que la Agustina ya está requetebién.

-Y con los brazos en su sitio.

-¡Amén a eso! Ha salido bien porque hemos rezao por ella.

-Eso ha sido más cosa del doctor que de Dios.

-Pos sí, pero to ayuda.

Cuando lo tenga todo, te aviso pa que vengas a recogerlo,

que hay cosas que tengo que pedir.

-A mi señora le ha dao por comer cosas mu raras,

no sé qué le pasa a esta mujer.

-Sí, sí, luego me lo cuentas. -Adiós.

Suegro, cómo me alegro de verle. Con usté quería hablar.

-Y yo contigo, Lolita.

Después de lo que sucedió ayer con Antoñito,

no sé si debería seguir viviendo en nuestra casa.

-Eso ni lo mencione, que no se le pase ni por la cabeza.

La familia está pa lo bueno y pa lo malo.

Trate de comprenderlo, como hago yo.

-¿Qué he de comprender?

-Que su hijo ha actuado por orgullo.

Él cree que nunca le perdonará sus meteduras de pata

en los negocios que hizo cuando era un joven.

-¿Era?

-Es un hombre adulto.

-Pero inconsciente igual.

Vender la patente de lo que nos ha dado de comer durante estos años,

ha sido la más grande de sus estupideces.

-No le quito razón. -Lolita,

no necesitamos más dinero.

¿Por qué arriesgar el que ya tenemos y que tanto nos ha costado ganar?

Debería dejar que se estrellara esta vez para que aprendiera

la lección, pero no voy a hacerlo,

volveré a sacarle las castañas del fuego porque soy su padre

y le protegeré siempre.

He de hacer una llamada, ¿puedo utilizar tu teléfono?

-Claro.

-Buenos días, señorita.

Necesito que me ponga con uno de sus abonados,

don Silverio Santana.

Sí, espero.

Buenos días, ¿podría hablar con don Silverio Santana?

¿Vas a salir?

Iba al hospital a ver a esa criada.

Pareces contrariado.

Puedo ir en otro momento. Ya no se va a morir, qué más da.

¿Qué ocurre?

Me ha llegado a través de mis contactos que Antoñito

ha vendido la patente de las cafeteras.

Supongo que para obtener liquidez para la inversión.

Eso es una gran noticia.

Sí,...

eso parecía.

Le tenía a punto de caramelo.

¿Le tenías?

Me lo encontré en la calle, y me ha contado

que ha tenido una desavenencia con su padre al hilo del asunto.

El chico estaba claramente alterado.

Disgustado por las dudas de su padre por la inversión.

¿Y te lo ha contado así, sin más?

Sí.

Pobre incauto, se fía más de mí que de su padre.

Es un fallo común en la juventud.

Antoñito es un joven muy ambicioso.

Joven, ambicioso...

e impetuoso.

Muchos así me he encontrado en los negocios...

y también en la vida.

Son mi especialidad, tan fáciles engañar...

Entonces, ¿qué te preocupa?

No me preocupa él,...

sino su padre. Don Ramón Palacios es otra cosa.

Conocida es su fama como hombre de negocios.

Samuel siempre lo decía. Es muy listo.

Listo e intuitivo.

Tiene olfato para los buenos...

y para los malos negocios. Y va a querer proteger a su hijo.

Ese afán de protección, puede poner en riesgo todo el plan.

Si hay alguien...

peligroso para nosotros ahora mismo,...

es don Ramón Palacios.

Tienes razón.

Ten por seguro que no va a dejar de investigar.

Tampoco hemos conseguido...

despertar el interés en don Felipe, el abogado.

Aunque no me preocupa de momento,

está en el hospital entretenido con esa...

vieja criada suya y no investigando, como don Ramón.

Desde luego, está muy unido a ella, parece un hombre sensible.

¿Sensible?

¿No te estarás ablandando? No.

Eso espero,

porque no es momento de tener la cabeza puesta

en ese hombre sensible,... si no en otro.

En Antoñito Palacios.

¿Qué quieres que haga?

Quiero que despliegues

todas tus armas femeninas y de seducción.

Le he citado esta tarde en casa.

No se te puede escapar.

Don Silverio, buenos días. Ramón Palacios.

Necesito cierta información que creo que podría proporcionarme.

Sí, se trata del Banco Americano.

Hay gente a mi alrededor que quiere invertir

y, yo querría información sobre la entidad.

Entiendo, que es mejor que lo hablemos personalmente.

De acuerdo, esperaré su telegrama.

Muchas gracias, don Silverio. Adiós, buen día.

Señorita, ¿podría ponerme con otro de sus abonados?

Don Félix Díaz García.

Buenos días. ¿Don Félix, por favor?

Ah, ¿no está?

¿Podría decirle que le ha llamado don Ramón Palacios?

En cualquier caso, yo le llamaré más adelante.

Sí, gracias.

Gracias, adiós. Buen día.

Tengo que marcharme, llego tarde a la comida benéfica, pero...

no te apures, todo se arreglará.

Buenos días. -Buenos días.

Acompáñenme, por favor.

Gracias por venir. Espero que todo sea de su agrado.

-Gracias.

-Quédate dentro, hija, y ayuda en la cocina.

No la dejes salir al comedor,

lleva todo el día un poco rara como alterada.

Estaré pendiente, madre.

-Felicia,

está todo divino.

Es como estar en la mismísima Casa Real.

¡Qué lujo, qué clase, qué prestancia!

-Gracias, pero exagera usted, doña Rosina.

-Por una vez,

he de reconocer que ni un poco de nada.

Los manteles son preciosos. -Son de París.

-Y los cubiertos parecen de oro.

-Rosina. Buenas.

-Costaron como si lo fueran.

De todas formas, lo mejor de todo son ustedes, los invitados.

Gracias por venir. Les acompaño a la mesa.

-Don Ramón, bienvenido.

Es un placer contar con su presencia.

-La causa bien lo merece.

No todos los días puede uno participar en un acto como este.

Doña Carmen, está usted muy elegante.

-Muy amable, Emilio.

-Al final se la ha traído. -¿Qué esperabas?

Desde que salió de prisión, se pone el mundo por montera.

-Qué pronto olvidan los hombres las penas.

-No cometas una imprudencia, hijo, contente.

-Buenos días, sean bienvenidos al Nuevo Siglo XX.

Gracias, Emilio. Nos agrada mucho estar aquí.

¿Verdad, querido?

Deseo probar las delicias de su cocina.

-Acompáñenme, por favor.

Doña Rosina, doña Susana.

Damas y caballeros, enseguida serviremos el primer plato.

-Cinta, es usted la más guapa de todas.

Ya será para menos, que aquí está lo mejor de lo mejor.

Razón de más para sentirme el más privilegiado.

Es usted un adulador, Rafael.

Buenas. Buen provecho.

-Agradecida, Servando. ¿Qué hace por aquí?

¿Ya ha comío? -A eso venía.

Fabiana se ha ido a ver a Agustina y no ha dejao nada hecho.

¿Me invitas a unas gachas? -Pa chasco que sí. Siéntese.

Parece que la Agustina anda mejor.

-Eso me ha dicho Fabiana, que ha salido bien de la operación.

-Imagine que se hubiese quedao sin un brazo, qué tragedia.

¿Cómo se iba a defender en la vida?

-Fíjate, vieja, manca y pobre, pues regular.

-Yo no la habría dejao en la estacá.

-Ni tú ni nadie, que en el altillo somos todos casi como una familia.

-Como una familia no, somos una familia.

Aquí, si no nos ayudamos, mal íbamos a ir.

Como usted, cuando se quedó sin voz,

que Marcelina le ayudó a entenderse tos.

-Eso ya es agua pasada.

¿Me puedes echar unos torreznos?

-Y ya que estamos hablando de ese asunto,

ustedes se llevan divinamente.

-¿Con la Marcelina? Es una gran mujer.

-"Una gran mujer".

Tanto, que dan ganas de hacerle regalos bonitos.

-Sí, es muy buena. Se lo merece todo, sí.

-Tanto como para hacerle regalos la mar de caros.

-Ella se merece eso y más, que es una chica muy buena.

-Buena y guapa, ¿no es así?

Que no a cualquiera le queda bien un chal tan caro.

-Sí, es guapa.

A propósito, ¿me buscaste eso que te pedí?

-¿Lo del abanico?

Un sitio dónde vendan abanicos como los de Bellita, pero más baratos.

-Entoavía no he tenido tiempo de preguntar.

-Pues déjate de cháchara, que lo necesito pa hoy.

-¿Sabe qué pasa?

Le hablo a las claras.

Que no entiendo por qué tie que hacerle otro regalo a mi prima.

-Mira, mejor déjalo, que ya me ocupo yo.

-Hola, buenas tardes. -Hola.

-¿Quie usted unas gachas calentitas?

-Ya he comido, muchas gracias. Gracias, Casilda.

Voy a aprovechar pa echarme un rato,

que Cinta está en la comida benéfica y mis señores en el centro.

-Pues espere, que me he dejao el cepillo sucio en su cuarto,

se me ha olvidao recogerlo. -Muchas gracias.

-Señá Arantxa. -Dígame.

-¿Le podría pedir un favor?

(RÍEN)

-Así que, me dijo usted que era...

-Diplomático. -Interesante profesión.

-Viajar por el extranjero

representando a tu país,

haciendo labores de negociación e información,

no parece algo aburrido.

-Suena mejor de lo que es, la verdad.

-Conocer de cerca otras culturas tiene que ser enriquecedor.

Hasta de los pueblos más primitivos se puede aprende algo.

-Aprender no sé, pero sí sorprenderse,

sobre todo con los orientales,

¿verdad, querida?

-¿Es cierto que las niñas

vendan sus pies para que se mantengan más pequeños?

Porque es una terrible costumbre.

-Felicia, Felicia, por favor.

¿Se ha enterado de algo?

Doña Bellita no ha venido, pero ha enviado a su hija.

-Si les soy sincera, yo me enteré en el último momento.

-Y va del brazo de otro hombre, me refiero a distinto a su hijo.

-Es una muchacha joven y hermosa, es lo que debe hacer.

-¿No le ha sentado mal a su Emilio?

¿No festejaron un rato?

-Ya les dije que fue algo sin importancia.

Por cierto, ¿han visto a Carmen?

¿Ustedes venían ahora de...? -Acabamos de llegar de Moscú.

-Como para no verla. ¿Se puede tener menos clase?

-Seguro que piensa que va elegante la pobre.

-¿Y su pelo? Podía haberse esmerado más.

¿No le dijo que se requería etiqueta?

-Juro que traté de ser lo más precisa posible.

-¿Qué esperas, Susana? Aunque fue señora,

hace mucho que es criada

y se le habrán olvidado las normas de protocolo.

-Ha perdido el lustre completamente. Tanto darle el paño,

se le ha quedado la piel mortecina. Es lo que tiene pasar hambre,

se te queda cara de pobre de por vida.

-Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

¿Cómo se le ocurre sentarle al lado del hermano de la condesa,

es diplomático.

-Lo sé, pero no tenía manera de distribuir las mesas.

Deberíamos ir a echarle un capote a ese pobre hombre,

debe estar asustado con la compañía que le ha tocado.

No sabes la de gente que ha entrao.

Y de punta en blanco que iban tos, que eso parecía la ópera.

-Se estarán dando una buena comilona.

¿Y tú y tu marío, por qué no habéis ido?

-A ver si te crees que puedo estar un día entero

sin abrir la mantequería. -Yo te la hubiera cuidao, mujer.

-Na, mucho lío. Muchas gracias.

¿Quieres algo más?

-Solo eso.

-Agradecía. -Con Dios.

(SUSPIRA)

¿Ande estabas? Echándome una siesta.

-Ni que fueras tú marqués.

-No es eso, pero no he pegado ojo en toda la noche.

-Y ya imagino por qué.

¿Vas a reñirme tú también?

-No, solo quiero hablar contigo.

Tu padre ha estado aquí.

-¿Y?

-Hemos hablado de vuestra riña

y... él solo se preocupa por ti.

-No empieces tú también, Lolita.

-Trata de que no te equivoques. -Cree que soy un niño,

que tiene que estar pendiente de que le corrijan.

-Él no hace eso, pero sabe más que tú de negocios.

Y tú no le escuchas.

Él conoce gente, ha estado haciendo unas llamadas...

-¿Unas llamadas?

-¿A quién?

Pos... no lo sé, pero preguntó sobre el Banco Americano.

-Este hombre no se cansa nunca.

-Él lo hace con su mejor intención. -Él no se fía de mí.

Cree que soy un estúpido que no sabe lo que hace.

-No es eso, pero tos sabemos que cuando se te mete algo

entre ceja y ceja, no ves más.

-¿Te pones de su parte? -Claro que no.

-Pues lo parece. -No es eso, Antoñito.

-Porque mi padre no sé, pero tú de negocios, ni papa.

Pues llevo uno, y bastante bien, por cierto.

-Lolita, una tienducha no es un negocio empresarial.

-¿Una tienducha?

Tu padre tiene razón, tiene razón.

El negocio ese de invertir no es negocio ni es na.

Yo aquí trabajo diez horas y gano dinero.

Planto tomates, los vendo y gano dinero.

¿Qué haces tú en ese negocio?

-Invertir y triplicar lo que inviertes,

pero tú eso no lo entiendes.

Tú tampoco te fías de mí.

Soy tu marido, deberías apoyarme.

-Y te apoyo. -No.

Tú no te fías de mí, igual que mi padre.

¿Se ha enterado usted de lo sucedido al General Concha?

-No se hablaba ayer de otra cosa en el Ateneo.

-Buen provecho.

-¿Señoras? -No sé si se acordará de mí,

nos presentaron en otra comida en la que también estaba su hermana.

-Pues...

Susana Ruíz, viuda de Séler.

-Lo lamento.

Me presentan a mucha gente en esas comidas.

-Soy amiga de aquí...

-Felicia, viuda de Pasamar,

-Propietaria del restaurante y organizadora de este evento.

-Rosina Rubio, para servirle.

-Hablábamos de lo que le ha sucedido al General Concha.

¿Se habrán enterado, ¿no? Es portada

de todos los periódicos.

-No, lo lamento, no sé la historia de ese general.

-No es un general, es el nombre de un cañonero español.

¿Usted tampoco sabe de lo que hablo?

-No.

¿Debería?

No leo mucho sobre política.

-Pero el motivo de esta comida es la ayuda a las tropas españolas.

El cañonero acaba de ser abatido en las costas de Marruecos

por una horda de rifeños...

¿Y usted no sabe nada del conflicto

por el que tan preocupada está y ha organizado este evento?

Señoras...

-No sea tan modesta, doña Felicia,

lo que ella no se atreve a decirle es que,

ha organizado este evento con el fin de recaudar dinero

para construir más cañoneros.

Pero lo que les tiene más impresionadas a las señoras,

es algo que comentábamos hace un rato, ¿se acuerdan?

¿Cómo ha dicho usted, doña Susana?

Ah, sí, la gesta heroica de la tripulación

del General Concha defendiendo el navío.

Creo que a doña Rosina casi se le saltan las lágrimas

cuando ha leído el periódico

y ha visto que ha muerto el comandante

y la mitad de su tripulación.

Doña Felicia, a colación,

ha recalcado la brillante actuación del alférez... Ramos Izquierdo.

-Don Rafael Ramos Izquierdo.

-Sí, Ramos, Ramos.

-Ese hombre

defendió el navío con uñas y dientes antes de ser arrestado.

-Por ellos hacemos esto, ¿no creen?

-Desde luego. -Veo que está usted

bien informada, doña Carmen.

-Bueno, tengo un hijo trabajando en la siderurgia de las Vascongadas

y me tiene informada respecto al asunto.

-Si nos disculpan.

-Le felicito, don Ramón.

No suelo encontrarme con hombres

que tengan a su lado a una mujer tan lista e ilustrada.

-Y hermosa, no me lo negará.

Carmen lo tiene todo.

Buenas tardes, Cesáreo. -Buenas tardes.

-¿Necesita algo?

Solo venía a felicitarla por el éxito del banquete.

Ha sido un éxito, ¿no? -Eso parece.

-A juzgar por las palabras de un señor muy elegante

en la calle, yo diría que sí.

-¿Qué ha dicho? -Que nunca había probado

un menú tan exquisito.

Y que recomendaría su restaurante.

-¡Qué alegría!

Aparte de la buena fama que esto nos da,

hemos recaudado muchísimo dinero.

-Es el principal objetivo de toda causa benéfica.

Así es.

Todo el mundo ha aplaudido la iniciativa

y nos han animado a repetirlo más veces.

-¿Lo hará? -Por lo pronto,

he de descansar.

Organizar un evento así no es cosa fácil.

-Ya lo veo. Su hija ha caído muerta.

Yo también estoy muy cansado.

Llevo doble turno y necesito descansar.

-Todos hemos trabajado como descosidos.

Si no le importa, ¿podría estar pendiente del local?

He de ir al almacén, Emilio ha ido a casa a dejar la recaudación

y no quiero despertar a Camino.

-Vaya tranquila, yo me quedo vigilando.

-Gracias.

Estoy muy orgulloso de ti. -¿En serio?

¿No te ha molestado lo que les he dicho a las señoras?

-¿Molestarme? Todo lo contrario.

No solo has demostrado tener un gran conocimiento

sobre los temas de actualidad, también tienes un gran corazón.

-¿Un gran corazón? ¿Por qué dices eso?

-Podrías haberte burlado de ellas,

nadie te hubiera culpado por ello después de cómo te han tratado,

pero las has ayudado a salir del apuro.

-No saco nada humillando a esas señoras,

por mucho que se lo merezcan.

-Y eso demuestra que tienes dignidad y buen fondo.

-Y muchas ganas de ser feliz,

como para permitir que nadie me amargue la vida.

-Eso también.

Ramón,

solo quiero que me respeten, con eso me conformo.

-Yo te respeto. Y te admiro.

-Entonces, no necesito nada más.

-Soy muy feliz a tu lado, Carmen.

Solo me faltaría, por pedir algo,

tener a Milagros aquí con nosotros.

Hace un día que se fue y ya la echo de menos.

-Lo sé. Yo también la echo de menos.

-Pero te tengo a ti.

-(CARRASPEA)

-¿Ocurre algo, Jacinto?

-Me he cruzao con un mozo que venía de su casa

con un telegrama, y le he dicho que yo se lo traería.

-Muchas gracias, hombre.

-(RÍE)

-¿Se trata de malas noticias?

-Es un asunto relativo al Banco Americano,

que debo aclarar cuanto antes por el bien de mi hijo y de los vecinos.

-Entiendo.

Siento no poder contarte nada más,

pero es mejor que no te veas involucrada en todo esto.

-Lo que tú digas, Ramón-

He de salir de viaje de inmediato.

Te daré una carta para que se la des a mi hijo,

no tendré tiempo de hablar con él.

-Así lo haré.

(EN SUEÑOS) No... no... Déjame en paz....

He dicho que no.

-¿La ha oído?

-¿Qué?

-¡He escuchado a Camino hablar!

-Eso es imposible.

-La he oído con mis propias orejas.

-Eso es una locura, mi hija es muda. -Le digo la verdad.

La he escuchado hablar.

-Es por eso, estaba usted fuera,

está muy cansado, no pudo escucharla.

-¿Usted cree?

-Sí, mi hija es muda, usted lo sabe.

Ahora se ha despertado

y no quiero que se altere.

Si no le importa, tenemos mucho trabajo antes de recogerlo todo.

Gracias. -Claro.

Tranquila. Tranquila, mi amor, no pasa nada. Tranquila.

Tranquila, tranquila, mi niña.

Señora, Servando pide permiso para hablar con usted.

Parece muy empeñado.

-¿El de la pensión? Claro, que pase.

-Servando, pase, pase. -Con permiso.

-Uy, uy. Jesús, María...

-Perdón, perdón.

-Servando, los puros y todo. Ya recojo yo, ya recojo yo.

Hable usted con la señora. -Los rotos, ya me los...

Buenas, señora. Le agradezco que me atienda.

-¿En qué puedo servirle?

Verá, es que quería hacerle un regalo a Marcelina,

sabe usted lo mucho que la admira.

-Uy, digo, qué apañá es.

Me lo dice todos los días varias veces.

-El caso es que...

he ahorrado un dinerillo para comprarle un abanico

como los que usted usa.

-Es lo que más ilusión le haría en el mundo.

-Por curiosidad, ¿cuánto dinero ha juntado usted?

-Unas tres pesetas.

Sé que no es mucho, pero para mí es una barbaridad.

-Con tres pesetas no compra usted ni la caja

donde va guardado el abanico.

-Lo suponía.

-Ya lo ha entendido, pues. Si me acompaña.

Y no molestamos más a mi señora, que está muy liada.

-No digas tontás, Arantxa.

No me molesta. Continúe usted, dígame.

Le iba a contar... Sobre todo, siento lo de los puros.

Además, tenían una calidad estupenda los que fuma su marido.

Los rotos también me los puedo llevar,

si a usted no le importa y si los van a tirar.

Prometo regresar pronto, como mucho en un par de días.

-Haz lo que tengas que hacer.

-Gracias por ser tan comprensiva conmigo siempre.

-¿Esto es lo que quieres que le dé a Antoñito?

-¿Lo harás?

-Te lo prometo.

-Adiós, Carmen.

Buenas tardes, Carmen. -Buenas tardes.

-¿Puedo hablar con usted?

-Claro.

-Solo quería agradecerle que nos ayudara en la conversación

que hemos tenido con el hermano de la condesa de Fontellas.

-Yo no hice nada.

-Evitó que hiciéramos el ridículo más absoluto.

-Para eso estamos las mujeres, ¿no? Para ayudarnos.

Los hombres creen que no sabemos nada, y no es así.

-La verdad es que está usted muy bien informada.

-Me gusta estarlo, por saber qué pasa en el mundo.

Y no tiene que darme las gracias, doña Felicia.

Lo hice con gusto.

-No la entretengo más. Buenas tardes.

Buenas tardes.

-Pensaba que se regocijaría en el asunto y nos lo haría pagar,

pero se ha comportado como...

-¿Una señora?

-Efectivamente. Ver para creer.

Para haber sobrevivido a una caída tan grave, no está usted contenta.

Ha sido casi un milagro.

He conseguido el efecto contrario...

al que deseaba.

¿Qué quiere decir?

Quería quitarme del medio y dejar de molestar,

y al final tengo a todo el mundo aquí

preocupado por mí,

como el pobre don Felipe.

No diga insensateces, usted no molesta nunca.

A Dios gracias salido ilesa

de esa caída.

(Puerta)

-Agustina, vengo de hablar con el médico

y tengo una noticia que la va a dejar de piedra.

¿Qué noticia?

Han revisado las últimas pruebas

porque no coincidían con el diagnostico de su médico,

¿cómo se llamaba?

-¿Doctor... Maduro?

¿Cómo que no coincidían?

No tiene usted ninguna enfermedad de la sangre.

-¿Qué quiere decir que no la tengo?

-Que no está usted enferma.

¿Quiere decir que...

que no me voy a morir?

(SONRÍE)

"Buenas tardes".

Buenas.

Adelante.

Pase, no sea tímido.

Había quedado con su marido, ¿no está?

Ha tenido que salir.

Un tema urgente, pero no tardará.

Puedo esperarle en la mantequería. No sea tonto.

Siéntese. Charlemos mientras le esperamos.

¿Quiere una copa? No, gracias.

No me va a dejar bebiendo sola.

No tiene buena cara,

¿es por la discusión que ha tenido con su padre?

¿Cómo lo sabe? Mi esposo me lo contó.

Está preocupado por usted, le ha cogido cariño.

Mi padre no ve la gran oportunidad de negocio que se nos presenta.

No lo entiendo.

Yo no sé mucho del asunto,

pero mi esposo dice que las acciones pueden incrementarse

en un 250%. Lo sé, a mí no ha de convencerme.

Pero mi padre es obtuso, terco y chapado a la antigua.

De la vieja escuela.

No entiendo por qué su padre no se fía de su criterio.

Debe dejar que las nuevas generaciones

tomen las riendas de la economía familiar.

Sí.

Eso es lo que yo le digo,

pero parece que me sigue tratando como a un niño.

Quizá yo podría hablar con él, intentar convencerle.

Creo firmemente que usted tiene razón

y que él se equivoca.

Puedo tomar mis propias decisiones, no hace falta que le consulte.

Los dos tenemos acceso a las cuentas.

Ya no soy un niño que tenga que preguntar lo que puede o no hacer.

A mí no me parece ningún niño,

todo lo contrario, me parece todo un hombre.

Espero que Lolita sepa la suerte que tiene de tener el amor

de un hombre joven y robusto.

Yo lo echo mucho de menos.

¿Ande estabas? -Arreglando unos asuntos.

Pero ¿qué me queréis contar?, que me tenéis alarmado.

-Tu padre ha tenido que salir de viaje.

-Me dejó esta carta para que se la diera a usted.

-"El médico" ha revisado los exámenes.

Los ha repetido desconfiando del resultado.

No tiene ninguna enfermedad mortal.

Ese medicucho

pagará por este error.

-Me explica que ha ido a buscar a un amigo para pedirle consejo.

Que no me deje presionar por las prisas de don Alfredo

y que no firme nada hasta su regreso.

-Espero que don Ramón Palacios en este momento,

ya no sea ningún problema.

Me alegra que nos hayamos quitado semejante estorbo.

Parecía que lo iba a echar todo a perder.

He hablado con Servando sobre tu mujer. Dijo que era muy guapa.

-Se va a tragar sus pa... ¡Ah!

Que se trague sus palabras, sí. -Pero primo.

Servando se ha enamoriscao de tu borrega.

-"¿Por qué desconfías de él?". -Tengo razones.

-Te equivocas.

-Estoy harto de que no os fieis de mí.

Don Felipe se ha empeñado en encontrar al doctor Maduro.

Si sigue indagando,

puede descubrir el pastel.

¿Te ha dejado don Alfredo el dinero?

-Y no solo eso,

ha sido tan generoso, que nos dará para tapar algún agujero.

Y a unos intereses más que justos. -Venía a preguntar por su hermana.

-¿Por qué? -La escuché hablar en sueños.

Parece agradarte Rafael. -No podría ser de otro modo.

No es un embajador, pero no se puede tener to.

-Hemos de ser cautos con Cesáreo.

Tenemos que evitar que Camino vuelva a descubrirse.

No logró quitarme a Emilio de la cabeza.

En la comida no dejé de estar pendiente de él.

¿Puedo hablar con Antoñito?

-Como poder puede,

pero tendrá que encontrarlo. -Ha salido a hacer unas gestiones.

-Hemos quedado en efectuar la entrega del dinero esta tarde.

Yo ya he tomado la decisión de invertir una gran cantidad

de dinero en el Banco Americano, le guste a mi padre o no.

Me alegra escucharlo.

Soy consciente de que el negocio es tremendamente ventajoso.

Seguro.

-"Es sobre Rafael".

Dudo mucho que tenga nada que decirme.

Se equivoca. Sospecho que no es quien dice ser.

¿Qué hago ahora? No separarse de Agustina.

¿Hasta que salga del hospital? Si es que sale.

¿Pretende que lo evite? ¿Estaría dispuesta?

Servando, no hay otro hombre como usted.

-¡¿Esto qué es?! ¡¿Qué está pasando aquí?!

Es increíble lo incautos

que han resultado ser los vecinos. Sí.

La verdad es que ha resultado demasiado fácil.

Como quitarle un caramelo a un niño.

Ellos van a perder algo más que un dulce.

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Acacias 38 - Capítulo 1024

31 may 2019

Bellita empeña unos pendientes para que su hija vaya a la comida benéfica con Rafael. Emilio rabia cuando observa a Cinta radiante acompañada del industrial textil catalán. Carmen y Ramón también asisten a la comida benéfica, donde son la comidilla entre todas las señoras. Sin embargo, Carmen les da una lección mostrándose muy puesta en cultura y temas de actualidad.
Lolita discute con Antoñito por la venta de la patente de las cafeteras, no se puede razonar con él. Genoveva intenta seducir a Antoñito y convencerle de que lo mejor que pueden hacer es invertir. Ramón mientras sigue con su investigación sobre Banco Americano, y tras recibir un telegrama urgente con información sobre la inversión sale de viaje.
Camino se queda dormida en el restaurante tras finalizar el evento. Allí habla en sueños, Cesáreo le oye.
Felipe confirma a Agustina que el diagnóstico del doctor Maduro era falso, no está enferma.

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  1. Mabi

    Otro cachetazo a la soberbia y mala fe de Susana, Rosina y la taberna( que nunca recuerdo su nombre) , " señoras de poca monta", " desinformadas e ignorantes " salvadas por " La GRAN SEÑORA CARMEN"!!! Con altura y sin falsa modestia las puso nuevamente en su lugar. Antoñito ya aburre con sus infulas de empresario y pobre Agustina....si nadie se da cuenta de seguir dejando en manos de Ursula su convalecencia, poca vida le auguro... Y concuerdo con varios comentarios, de que volveremos a ver las mismas tropelías que antaño quedaron en manos de Cayetana y Ursula, ahora representadas por la ídem y Genoveva....

    05 jun 2019
  2. Marmol

    Me encanta la serie, pero me tiene cansada Úrsula con sus inteigas y sin castigo. Como que en esa epoca mataban y robaban por deporte y no pasaba nada.

    02 jun 2019
  3. Mabi

    Laura y Leonardo, tanto si lo miran por el ordenador ( computadora) o por móvil, pulsen el ícono" pantalla completa " de ésta manera aparecerán a su vez los iconos de de suprimir subtitulos y podrán activar el del parlante también. Espero les sirva!!!! Saludos cordiales!!!

    02 jun 2019
  4. Leonardo Martínez

    Por que no reproduce el sonido.? Como se puede volver a poner ¿embeber¿ y quitar la transcripción completa. Gracias.

    02 jun 2019
  5. Laura

    Hace tiempo que no se reproducció el sonido de la serie en el IPad. Tiempo atras pasó lo mismo y luego volvió la voz. Cual es el problema?

    01 jun 2019
  6. Jesus Mendoza Bautista

    muchisimas gracias por ponerle la transcripcion de verdad se los agradezco los que no oimos nso enteramos de lo que dicen leyendo muchas gracias

    31 may 2019
  7. DalisRodriguez12

    Wow... que buena Señora es Carmen.. le salvo el cuello a las odiosas de Susana y Rosina solo para demostrar lo Señora que es... Acacias38 para mi esta bien elaborada desde que la empece a ver... tremenda creación... Saludos desde Panamá ¿¿¿¿

    31 may 2019
  8. Fatima

    Por que no me reproduce la pagina?????

    31 may 2019