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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1020 - ver ahora
Transcripción completa

Nuestro plan parece marchar de perlas,

han mordido el anzuelo.

-Úrsula ha cambiao mucho, señá Fabiana.

Ha pedido un adelanto de su salario pa pagar al matasanos.

-Será que una con los años se está volviendo más desconfiá.

Don Ramón ha hablado con un contacto,

están elaborando el informe sobre el banco.

-Es mejor es esperar a ver qué dice ese informe.

-Así es. -"Soy como soy".

-Por eso me enamoré de ti y por eso quiero estar a tu lado.

Nadie se hace rico sin correr algún riesgo,

-Pero tengo que pedirle unos días para pensarlo.

-La reacción de Liberto se debe a que está esperando el informe.

Si es esa la causa, el plan está perdido.

Solo tenemos que evitar

que ese informe llegue a manos del señor Palacios.

Me enamoré de Emilio y pensaba que él me correspondía.

Empezamos a vernos en secreto,

Lo que más rabia me da es que hemos roto

porque a Felicia no le gusta emparentarse con titiriteros.

Que sepa usted que es un aprovechao y un egoísta, ¡y punto redondo!

-¡Que yo no me apro...! Oye, que tengo voz.

Vengo de recoger el informe del Banco Americano

que encargue a mi amigo. -¿Qué dice?

-No sé, aún no lo he visto.

-¿Puedo pasar?

La puerta estaba abierta y me he tomado la libertad de entrar.

-Sí, pase, está en su casa.

Mi padre, que suele dejarse la puerta abierta.

¿Quién es usted para prohibirle a su hijo tener relaciones?

Y todo, porque pertenece a una familia de artistas.

¡Jamás volveré a pisar esta casa de comidas de mala muerte!

-¡No es bienvenida!

Milagros ha desaparecido, no está por ningún sitio del barrio.

No la encuentro.

-¿Qué ha pasado? -¿Mi niña ha desaparecido?

-Le juro que fue solo un instante. No lo comprendo.

-¿Dónde estabais? -En la mantequería.

Fui a atender a una clienta y, cuando fui a salir,

ya no había rastro de ella.

-¿Ha mirado en los alrededores? -Sí.

No he dejado un rincón de Acacias sin revisar.

Cesáreo y Marcelina me han ayudao a buscarla,

pero na, no aparece. -Cariño, tranquila.

¿Dónde crees que puede estar?

-Es una niña,

no puede haberse ido lejos por su propia voluntad.

-Nunca debí haberla perdido de vista.

Suegro, como le pase algo,

como le pase algo, no me lo perdonaré en la vida.

-Ya, ya, ¿vale?

Seguramente esté en el estanque dando de comer a los patos

o ha hecho una amiga nueva.

-Sí, seguramente será eso.

Vamos a buscarla de inmediato.

No perdamos un segundo más.

-¿No sería conveniente pedir ayuda a los criados para que nos ayuden?

-Será lo más rápido. -Tiene razón.

Les daremos aviso.

-Discúlpenos, ya continuaremos hablando en otro momento.

-Por supuesto, lo primero es lo primero.

Voy con ustedes.

(Sintonía de "Acacias 38")

No me lo puedo creer, era lo último que me faltaba por ver en la vida.

¡Será sinvergonzona! -Tranquila, que te va a dar algo.

Para, para, para, que ya estoy agotado de seguirte.

-¿Cómo se ha atrevido Felicia a despreciar a mi Cinta?

Tanto como despreciar. -¿Cómo que no, Jose?

Considera que nuestra hija no es suficientemente buena pa su hijo.

Si eso no es un despreciar...

-Será mejor que no te quemes la sangre.

Mañana partimos, y debes cuidar tu voz

y tus nervios para tu regreso triunfal.

-¿Qué regreso ni qué ocho cuartos? ¡Me importa un bledo!

Virgencita, que esa mujer sufra el doble

de lo que ha hecho sufrir a los míos.

-No pidas eso a la Virgen, trae mal fario.

-¿Acaso no es justo que pida venganza?

¡Llevamos toda la vida preparando a Cinta para emparentarla

con las mejores familias,

y, ahora, una tabernera con ínfulas la rechaza!

¡¿Quién se ha creído que es?!

¡¿No sabe que he actuado ante los más grandes mandatarios del mundo?!

-Claro que sí,

que tu fama es conocida en todos los rincones de España.

Aunque, como sigas gritando así, no sé si podrás volver a cantar.

Debes calmarte. ¿Quieres que te prepara una tila?

-Déjate de tisanas.

Lo único que me calmaría los nervios

sería arrastrar por la calle de los pelos a esa mojigata de Felicia.

-Puf, voy a por un fino.

-¿El fino es bueno pa calmar los nervios?

-Que yo sepa no lo es.

El fino era pa mí, pero te traigo uno.

¿Milagros?

¡Milagros!

-¿Qué? -Nada, no la han visto.

-¡Milagros! -Tranquilo, padre.

-Milagros.

Milagros.

¡Milagros!

-Don Ramón. -¿Venís de los jardines?

-Así es, Ramón, pero nada, no hay rastro de Milagros.

-¿Seguro que habéis mirado bien?

-Sí, sí, hemos mirao en todos los rincones.

-Hemos preguntado al barquillero y al vigilante,

pero no han visto a Milagros.

-En las calles tampoco nadie ha sabido darme nuevas.

¿Dónde se habrá metido mi niña?

-Temple, verá como la niña aparece.

Está todo el barrio buscándola.

-Es cierto, Ramón.

Tan solo ha quedado Úrsula en el altillo cuidando de Agustina.

-Ya verá, tarde o temprano, la niña aparecerá.

-Que Dios te oiga, Casilda.

-Casilda, te lo ruego, sigue buscando. Yo ahora voy.

-Voy a ver si la señá Fabiana sabe algo.

-Ramón,... no desfallezcas.

Casilda tiene razón, la encontraremos.

-¿Y si no es así, Carmen?

Soy un absoluto desastre como padre. Desde que llegó mi pobre Milagros,

no he hecho nada bien.

Tenía que haberme quedado a su lado

y no dejársela a Lolita, que tiene un negocio que atender.

-No te culpes.

Nadie podía imaginar que la niña se marcharía.

-Tenía que haberme quedado cuidándola.

Dios, si le sucede algo, yo...

Tráeme un abanico, Jose, siento que me falta el aire.

-Abanico.

-¿No había otro? Este no me va con el vestido.

-Se trata de que no te ahogues, no de que salgas de verbena.

-Hasta para sufrir un síncope hay que tener clase.

-Señores, el barrio está muy agitao,

ha sucedido una desgracia.

-No podemos estar más de acuerdo. Cinta rechazada por una tabernera.

-Veo que se han enterado.

-Y yo veo que somos los únicos de esta casa que no estábamos al tanto.

-Perdónenme por habérselo contao, señora.

Cinta me rogó que así lo hiciera.

¡Ya que le debes tanta obediencia,

supongo que será Cinta, quién te pague el jornal!

-Compréndame, señora,

que mañana se van a las Américas, no quería disgustarlos.

-¡Pues te has lucido!

-No la tomes con Arantxa,

ella no tiene la culpa de serle fiel a la niña.

-No estoy tan segura. Tú y yo ya hablaremos más tarde,

que ahora es otra la que enciende mi ira.

Una cosa os digo,

¡bajo ningún concepto bajéis a ese maldito restaurante!

-¿Ni siquiera para tomar el aperitivo?

-Como nos pilla tan cerca. -¡Nunca!

-Lo que usted diga, señora.

Y ahora, ¿puedo contarles ya lo que ha pasado?

-Es verdá, que venías muy agitada.

-No me faltan motivos.

Milagros, la pequeña de los Palacios ha desaparecido.

-¿Qué estás diciendo? -Lo que ha oído.

Lolita la dejó un momento en la puerta de la mantequería

y, cuando volvió, ya no estaba. -¿Dónde se habrá podido meter?

-Eso tratamos de averiguar.

Los criados se han sumao a la búsqueda.

Yo también quiero ir a hacer lo que buenamente pueda.

-Por supuesto. Menudo sofoco estará pasando don Ramón.

-Di que sí, Jose, que no hay justicia en el mundo,

que en lugar de esa inocente criatura,

ya se podía haber tragao la tierra a esa malaje de Felicia.

-Jesús...

Debería seguir en la calle buscando a mi hija.

-Pero tómate antes esta tisana, que te calme los nervios.

En tal estado, no resultas de ayuda.

(Puerta)

-Ya vienen.

Hijo, ¿la habéis encontrado?

-Qué va, veníamos a ver si ustedes sabían algo.

-Ha pasado demasiado tiempo ya.

Si está por los alrededores, deberíamos haberla encontrado.

-Maldita sea mi estampa, no tenía que haberla dejado sola.

-Nos podría haber pasado a cualquiera.

-Lolita, tú no tienes la culpa, estabas ocupada en la tienda.

El único culpable soy yo, que no me he ocupado de mi hija.

-No, Ramón. En nada nos ayuda culparnos,

eso no va a hacer que Milagros aparezca antes.

-Carmen, tiene razón.

-Perdonen, la puerta estaba abierta.

-Déjate de formalidades. ¿La habéis encontrado?

-Nones, no ha habido manera.

-Cesáreo, ¿no deberíamos dar aviso a la policía?

-No sé qué decirle.

-Los niños a veces se pierden durante horas, se distraen jugando.

-El caso de ella es distinto, no conoce la ciudad,

y no tiene amigas con las que se haya podido distraer.

-¿Le habrá pasao algo malo?

-Padre.

Padre.

-Hija mía, pero ¿dónde estabas?

-¿Qué sucede, padre? ¿Por qué están todos tan serios?

-Milagritos, nos tenías a tos con el corazón en un puño.

Pensábamos que te habías perdido.

Ha estado conmigo.

-Genoveva me ha invitado a tomar un helado.

-¿Cómo se le ocurre llevársela sin avisar?

¿No sabían que estaba conmigo? -No.

Estábamos todos buscándola, locos de preocupación.

Vi a la niña sola y aburrida en la calle

y me la llevé a tomar el helado que le había prometido.

-Debería haberme dao aviso. Y lo hice.

Di una propina a un mozo que estaba cerca para que les informara.

A mí nadie me dijo na.

-Ese pillastre se embolsó la moneda sin cumplir con su cometido.

Ya me dirá como era el pollo, que cuando le pille se va a enterar.

-Lo he pasado muy bien, padre.

He estado hablando francés con Genoveva.

-Cuánto me alegro, hija mía.

Lamento muchísimo haberles asustado.

No se preocupe usted, no es responsable.

Lo único importante es que Milagros está perfectamente.

-Sí, todo ha quedado en un susto.

(HACE GARGARAS)

(CANTA) -Servando.

-(CANTA) -Servando, ¿ha visto a mi mujer?

-Pase, que no le oigo. -Espere.

-(CANTA)

-Servando, ¿ha visto a mi mujer, a Marcelina?

-No grite, que me echa a los clientes, por Dios.

Se ha ido con Fabiana al altillo a ver a Agustina.

(CANTA)

-Pobre, no levanta cabeza.

Uste también pachucho, ¿no? Le veo quejándose con sentimiento.

-No, estoy haciendo unos melodiosos ejercicios vocales.

-Perdone, pero he oído a ovejas agonizar con un quejío parecío.

-Qué atrevida es la ignorancia.

Estoy haciendo ejercicios vocales, desde que me ha vuelto la voz,

he decidido cuidármela como si fuera un tenor.

Estoy tomando... Me he hecho una solución con miel y limón...

para la voz.

Después de pasarme la tarde pegando gritos a la niña de los Palacios,

me viene como agua de Mayo.

-¿Y no le vendría mejor tomarse unos chatos?

La garganta la tendría igual, pero estaría más contento.

¿Ande va a parar?

-Oye, Jacinto, ya que estás por aquí,

quería aprovechar la ocasión para decirte que en ningún momento

me he aprovechao de Marcelina.

Espero que no seas tan mal pensado como el sereno.

-Olvídelo, agua pasada no mueve molino.

-Es que no lo quiero olvidar.

Quiero demostrarle a todos que soy hombre agradecido.

Por eso, quería tener un detalle con la Marcelina.

-Buenas.

-Así podré evitar lenguas viperinas y mal pensadas.

-Si lo dice por mí, Servando, sepa que vengo en son de paz.

Tan solo quería conversar.

-Tome asiento.

-¿Se han enterado de la trifulca que ha habido entre Bellita y Felicia?

-A poco no termina en tragedia. -Pa chasco que sí.

Al parecer, doña Felicia no quería que su hijo estuviera en relaciones

con la señorita Cinta.

-Sí que es caprichosa esa mujer,

no quiere que esté en relaciones el Emilio,

porque está enamoriscado con la hija de la artista,

pero no le importa que el sereno se haya hecho amigo de su hija.

Quién lo iba a decir. -¿Y eso a santo de qué viene?

-No, que es extraño que le haya cogido cariño esa muchacha.

¿O está buscando más propina o que le inviten a unos chatos?

-No todos somos tan interesados como usted.

Nunca tuve tal intención.

-Entonces,

¿por qué el interés en agradar a la muchacha?

-Interés ninguno.

Tuve una hermana que nació con problemas,

no podía hablar, no se relacionaba con nadie.

La pobre murió joven y sola.

Por eso me preocupo por Camino, no quiero termine igual.

-Maldito, sereno, así no hay manera de criticarle.

-Servando,... -¿Qué?

-Un chato. -Venga.

-Venga, sea.

Buenos días. Buenos días.

Se te ve muy satisfecha después de tu triunfo de ayer.

Tenías que haber visto sus caras cuando me vieron con Milagros.

Respiraron al fin.

Debían estar aterrorizados.

Al punto del síncope, estaban seguros de haber perdido

a esa niña para siempre.

Tuviste una brillante idea.

Mientras todos estaban acongojados,

tuve tiempo de cambiar tranquilamente el informe.

Hemos evitado que todo se vaya al traste.

Por muy poco, en el futuro debemos ser más cuidadosos.

Descuida,

en cuanto Ramón lea el falso informe,

dará luz verde a los vecinos para que inviertan sus ahorros

en el Banco Americano.

Y así, muy pronto, todo estarán completamente arruinados.

No puedo aguardar para ver a esos miserables postrándose a mis pies.

Sabe Dios que seré el último en condenar una venganza tan elaborada,

pero he de decirte que en ocasiones me sorprendes con tu determinación.

No me detendré hasta acabar con ellos.

No lo tomes como un reproche,

pero nunca he conocido a nadie tan despiadado como tú.

¿Siempre fuiste así?

No, Alfredo,

aún recuerdo cuando era una joven sin maldad en mi corazón,

llena de buenas intenciones.

Pero el tiempo te enseñó tu equivocación.

Me mostró que en este mundo solo hay dos tipos de personas,

las que sufren y las que se aprovechan de ese sufrimiento.

No dudé en qué grupo quería estar.

Aprendiste una valiosa lección.

Pero hubo alguien que trató de enseñarme que ese no era el camino.

Samuel.

Los dos habíamos hecho cosas horribles en el pasado,

pero queríamos empezar de cero.

Que nuestra vida fuese como nuestro amor:

limpio y cristalino.

Supongo que pronto comprenderíais vuestro error.

Nuestra equivocación le costó la vida.

Los vecinos de Acacias nos demostraron que nuestros esfuerzos

eran inútiles.

Al principio, las vecinas me ningunearon,

creyeron que no era digna de su amistad.

Y más tarde, nos dieron la espalda cuando más lo necesitábamos,

dejaron morir a Samuel como a un perro.

No tardarán en arrepentirse de eso.

Pronto les harás pagar por ello.

Aquí tienes,

pan recién cortado para que lo mojes en la leche, Milagros.

-Gracias. Me gusta mucho más que la de París.

¿Por qué sonríe así, padre?

-Me encanta verte desayunar con tanto apetito.

Ayer me asusté mucho al no encontrarte.

-Lo siento. -Descuida, no fue tu culpa.

Se trató de un malentendido.

¿Sabes?

Lo que pasó ayer,... me ha hecho darme cuenta

de que hay algo que no puedo dejar de decirte

antes de que te marches. -¿El qué?

-Que te quiero más que a nada en este mundo.

Tu madre, tu madre... era una mujer maravillosa,

generosa y buena.

Estoy seguro

de que serás igual que ella cuando seas mayor.

-Yo también le quiero, padre.

-Ven aquí.

-¿Nos podremos ver más? -¿Eso te gustaría?

-Mucho. -Pues...

prometido.

Te escribiré una carta todos los días

y viajaremos mucho para poder estar juntos.

-Vale.

-Aguarda, Antoñito.

-¿Qué pasa? -Mira.

Al parecer, la artista se puso como una fiera con la Felicia.

Y eso no fue to.

Luego, la pequeña de don Ramón desaparece, Milagros.

Y gracias a Dios, apareció con Genoveva.

La señora se la había llevado a tomar un helado a la chiquilla.

Y con la ocurrencia,

nos dejó a tos asustaos toda la tarde.

¿Cómo se encuentra hoy la enferma?

Aquí la tiene, que no se la saca una palabra ni con sacacorchos.

-Perdóname, Casilda,

es que no me quedan fuerzas ni para conversar contigo.

-Pierda cuidao, Agustina,

si yo tan solo hablaba pa tenerla entretenía.

Puedes marcharte a atender a tus señores, yo ya me quedo con ella.

Como uste diga.

Cuídese, señá Agustina.

No tiene buena cara. ¿Le ha mareado Casilda con su cháchara?

No, no es eso.

Se trata de este maldito dolor, que no cesa.

Debe tomar la medicación. Ahora se la preparo.

Nada parece hacerme.

Cada día que pasa me encuentro más débil.

Aún estaría peor si no la tomara.

No,

no, Úrsula, creo que ha llegado mi fin,

y contra la voluntad de Dios

no hay medicina que valga.

No diga eso.

Agustina, tiene que seguir luchando,

sin rendirse.

Ya casi no me quedan fuerzas.

Tan solo quiero descansar.

Agustina, quizá ha llegado el momento

de decirles a todas lo que de verdad le ocurre.

De ninguna manera.

Tan solo conseguiría hacerlas sufrir

por mi suerte.

Pero... Úrsula,

se lo ruego, no me niegue mi último deseo.

Me gustaría marcharme de este mundo

como llegué, de forma discreta.

Aunque me duele en el alma oírla decir eso,

créame que la comprendo.

A mí me pasaría lo mismo.

Lo que menos me gustaría es ser en un estorbo

para los demás los últimos días de mi vida.

A veces, marcharse con dignidad de este mundo

es nuestro único consuelo.

Así es.

Lástima que en ocasiones sea la misma enfermedad

la que no nos deja elegir la manera de irnos,

nos reconcome

con tanta fuerza, que nos niega incluso esa dignidad.

El aire de la habitación está muy viciado.

Abriré la ventana para que se airee todo.

Debo volver al trabajo.

Luego vendré a verla.

Quédese aquí, tranquilita.

Aquí tiene, caballero.

-A las buenas, Marcelina, ¿alguna novedad?

-Poca cosa.

Aún estoy temblorosa del susto que nos dio ayer la pequeña Milagros.

-No me extraña, con tanto movimiento no para de mover aire.

-Hombres, no se fijan en na.

¿No ve que hoy estreno este bonito chal?

-Es bonito. No me había fijado.

Le habrá costado sus buenos cuartos. -A mí no, al Servando.

Es un presente suyo.

-Qué extraño, con lo que le cuesta rascarse el bolsillo.

-Me ha dicho que es una muestra de agradecimiento

por haberle servido de traductora cuando quedó mudo.

-¿Qué, Cesáreo?

¿Le ha enseñado Marcelina el chal que le he regalado?

-Ahora mismo, sí.

-Pa que vea, hombre.

No hay nadie más generoso que yo.

-He de reconocerle que ha sido un bonito detalle.

-¿Detalle dice?

Es todo un alarde de generosidad.

-Servando, para rematarlo,

podría regalarme un abanico como los que usa doña Bellita.

-Eso es buena idea. -Eso, que te lo regale tu marido.

Que a ti se te da la mano y te coges el brazo.

Bastante me he gastado en el chal. Venga, con Dios.

-Con Dios.

¿Nos traes la cuenta?

Estas aceitunas sí que son de calidad, no las de Bellita.

Cóbrate lo mío, cariño.

¿No me vas a convidar? Ayer lo pagué yo.

-No tengo suelto.

-No te preocupes, seguro que Camino te cambia.

¿Ha hablado Liberto con Ramón?

-Aún no, está esperando a que se recupere del sobresalto

por la desaparición de su hija.

Al parecer,

estaba esperando una información muy valiosa

sobre la inversión en el Banco Americano.

-Seguro que nos merece la pena invertir,

el señor Bryce no se puede equivocar en estos asuntos.

-Buenas, señoras. ¿Todo a su gusto?

-Como siempre , querida.

-Sí. Pero eso no evita que estemos muy enfadadas con usted.

Qué callado se tenía que su Emilio pelaba la pava con Cinta.

-No fue nada serio. Amistad entre dos jóvenes.

-Para ser algo tan nimio,

Bellita se cogió un enfado de muy señor mío.

-Ha sido un malentendido. Espero que pronto se aclare.

Siempre la he tenido en gran estima.

-No sé si les dará tiempo a reconciliarse,

tengo entendido que se marchan hoy mismo a Argentina.

-Seguro que a su regreso está todo solucionado.

-Olvidas la propina, querida.

-Felicia, a más ver, querida. -A más ver.

-Con Dios.

-"Tenía que haberles visto".

Abrazaditos, daba gloria verles.

-Sabía que Ramón encontraría hueco en el corazón de la pequeña.

-Sí.

Ha costao sudores, pero se adoran.

Mire, hablando del rey de Roma. -Buenas.

-¿Y Milagros, no está contigo?

-No, pero descuida que no la he dejado sola.

Está en casa con su hermano.

-Le encanta estar con él.

-A Antoñito no hay quien le gane a hacer el tonto.

-Por no hablar cuando le cuenta sus antiguas trastadas.

Esperemos que Milagros no siga sus pasos.

-¿Y tú, Ramón, cómo te encuentras?

¿Has podido descansar y reponerte del sobresalto de ayer?

-A ratos, que por la noche aún estaba agitado.

Temía que le hubiese pasado algo a mi niña.

-Ya. -No fue uste el único, suegro.

Al final, no fue na. Doña Genoveva se portó fetén con la niña.

Han hecho muy buenas migas.

-Lolita, ¿no tenías que hacer un recado?

-Ahora que lo dice, no caigo. -Sí, me lo dijiste en casa.

-Qué cabeza la mía, el recao.

Qué tonta estoy.

Ay, madre.

-¿Un recado, no?

Ya veo que querías que nos dejara a solas.

-Esta muchacha no tiene precio a la hora de disimular.

-¿Sucede algo?

Descuida, hija, no pasa nada, estaba algo distraída.

Seguro, está todo bien.

Emilio, hijo,

precisamente estaba pensando en ti.

Estaba preocupada por si aún no hubieras vuelto.

Pareces afectado.

¿Cómo ha ido todo?

-Tal y cómo esperábamos.

-O sea, que mal.

-Vamos a tener que pagar un dineral por lo que ocurrió.

¿Y por aquí?

-No, mucho mejor.

-¿Por?

-Bellita se enteró de lo sucedido con su hija

y me montó un escándalo de cuidado. Somos la comidilla de Acacias.

-Lamento escucharlo.

-En fin,

tenemos cosas más graves de las que ocuparnos.

Guarda la maleta en la cocina y ponte a trabajar.

-"Descuida, que no pasa nada".

Tan solo quería invitarte a cenar.

Quiero agradecerte

por ser tan paciente conmigo y haberme ayudado con la niña.

Sin ti, no habría sido capaz de demostrarme su cariño.

-Sí, ten seguro que así hubiese sido.

Milagros es muy lista.

No hubiese tardado en comprender qué gran hombre es su padre.

-Aun así, quiero invitarte a cenar,

porque así, el que puede demostrarte su cariño soy yo.

-Me encantaría,

pero... Milagros se va a marchar pronto.

Es mejor que aproveches el tiempo y que no te separes de ella.

-En realidad, no había pensado en una cena a solas,

sino mas bien, en una cena en familia,

todos juntos.

Te has quedado muda. ¿No te apetece?

-No, es que...

No sé. ¿Estás seguro? ¿Lo has hablado con Antoñito?

Sí, y también con Lolita.

Les parece una gran idea.

Carmen,...

tú... me has devuelto la alegría.

Te quiero.

Quiero que vengas a esa cena para demostrarte que tú también

eres parte de mi familia.

¿Vendrás?

-Claro que sí. Lo estoy deseando.

(RÍEN)

(CANTA)

(CANTA)

Podría cambiar a la e, que ya estoy hasta la coronilla de tantas a.

Sepa, Servando, que la Marcelina está loca con el chal que le regaló.

No se lo quita ni pa comer.

-Además de desprendido, tengo un gusto exquisito.

-Que debo pedirle disculpas,

llegué a pensar que se estaba aprovechando

de su buena voluntá, pero el dispendio que ha hecho, cambia to.

-Ya ves que soy hombre de ley.

-Pa chasco que sí. Será mejor que vuelva a la faena.

Cesáreo, no ha llegao a tiempo de que le convide a un cafelito.

-En otra ocasión. Ahora venía a saludar a Servando.

-Caramba. Venga. ¿Tanto me echa de menos?

Me tiene alta estima.

-Que mejor manera a un hombre tan generoso y espléndido.

-No hay otra manera de hacer las cosas, pero según las dice usted,

parece que se está choteando de uno.

-No, Servando, aquí el único que se está burlando es usted.

-¿Yo? No sé de qué diantres me está hablando.

-Descuide, que en un momento se lo aclaro.

Esta mañana, haciendo la ronda, he pasado por una mercería

cercana al mercado,

y en el escaparate había unos chales muy parecidos

al que le regaló a Marcelina. Le he preguntado a la chica,

y me ha dicho que esta mañana le ha regalado uno

a un cliente de la calle Acacias.

-Qué casualidad, ¿verdad? -¿Verdad?

Al parecer, el hombre le ha contado entre lágrimas,

que había una señora en el barrio que se moría de frío

porque no tenía ropa de abrigo.

En fin, la historia le ha conmovido tanto,

que el chal le ha salido de gorra.

-¿Y quién será esa desdichada? -Déjese de tontunas.

Los dos sabemos que ha sido usted el que le ha ido con el cuento chino.

-¿Yo? -¡El chal le ha salido de gorra!

-¡No sé de qué me habla!

¡Esa mujer se ha debido confundir!

-Si es que...

Pero...

-Fabiana, ¿qué hace?

Arrea, Agustina, siento haberla despertao, mujer.

El cuarto está helao.

¿Quién ha dejao la ventana abierta?

Va a coger usted lo que no tiene.

¿Cómo se encuentra hoy? ¿Ya mejor?

Discúlpeme si no he venío antes a verla, pero...

he tenío mucho ajetreo en la pensión.

-Descuide, ya sé que está muy atareada.

No se preocupe por mí y siga a lo suyo.

-No te ondula, ¿cómo que no me preocupe?

Está pidiendo un imposible.

-De hecho, es lo que más me gustaría.

Que todo el mundo siguiera adelante con sus vidas,

que no me convirtiera...

en... una carga para nadie.

Arrea, qué tontunas dice.

Usted no es ninguna carga,

al contrario, todas queremos ayudarle.

Estamos deseando ver cómo se recupera.

Eso...

no va a suceder.

-¿Por qué habla así, Agustina? Lo suyo no es na grave, ya lo verá.

-Fabiana... -Agustina...

Agustina, me está asustando.

¿Qué está pasando aquí en verdá?

¿Qué nos oculta?

-Les he mentido.

El médico...

me ha diagnosticado...

una enfermedad muy grave de la sangre.

Una enfermedad...

que no tardará en arrebatarme la vida

entre grandes sufrimientos.

-¿Qué está diciendo uste?

Eso no puede ser verdá.

Para mi desgracia, lo es.

Mi tiempo se acaba.

-Tiene que haber otro remedio. Consultaremos a otro galeno.

-De nada serviría,

el doctor no albergó dudas.

Mi suerte está echada.

-No diga uste eso.

No puede ser verdad. Yo no me lo creo.

¿Úrsula lo sabe?

-(ASIENTE)

No ha querido decírselo a nadie

para que no sufrieran.

De hecho, me arrepiento de habérselo contado.

-No diga eso. Entre todas la cuidaremos.

Lo importante es que no se rinda.

-No, Fabiana,...

mi único deseo ya es morir en paz.

Se lo ruego, no se lo diga a nadie,

que no sepan cuál es en verdad mi estado.

No llore.

Estoy en paz con Dios.

He sido dichosa sirviendo a mis señores.

Y, ante todo,

me siento afortunada de haber tenido amigas como usted.

-Agustina...

¿Qué, qué dice sobre el Banco Americano?

-Según mi contacto en el Gobierno,

la perspectivas de invertir allí no pueden ser mejores.

Los números parecen fiables.

-Eso es. Alfredo Bryce no se equivocaba.

-Hablaré con Liberto.

Estaba esperando que le informara,

aún no había podido leerlo.

-La cena se está horneando.

-Yo le he ayudado a prepararla.

-Qué buenas cocineras tenemos en esta casa.

(Llaman)

Uy, debe ser Carmen.

-En realidad, ha sido Lolita la que ha hecho casi toda la cena.

-Buenas.

-Carmen, ha traído una tarta. -Sin nueces.

-Gracias. No deberías haberte molestado.

¿Cenamos? -Aguarda.

Antes quería darle algo a Milagros.

-Qué bonito.

-Es... un camafeo.

Y dentro están los retratos de tu madre y el mío.

-Gracias.

Nunca me lo quitaré.

Así llevaré a mis padres siempre conmigo.

-Voy a buscar una botella de champán

para brindar por mi maravillosa familia

y sus nuevos miembros.

-¿Yo también voy a tomar champán?

-No, cariño, tú y yo brindaremos

con limonada.

Márchese ya, Fabiana.

Las dos sabemos que tiene aún mucha faena por hacer.

Yo dormiré un rato.

Me siento fatigada.

-Está bien, como quiera.

Luego subiré a verla a la hora de cenar.

Descanse.

"A mí me pasaría lo mismo".

"Lo que menos me gustaría es ser un estorbo

para los demás en los últimos días de mi vida".

Señora, el equipaje de mano preparao.

Señor, ¿está seguro de que tiene todos los papeles?,

no vaya a olvidarse algo.

-Los pasajes y los pasaportes están en orden.

-Muy bien. -Salimos enseguida para la estación.

Los mozos llegarán en un suspiro a por el equipaje.

-Descuide, que ya me encargo yo. -¿Has oído, Bellita?

Será mejor que marchemos ya.

-Cinta está en su cuarto, voy a buscarla.

-Eso. Apúrate.

Nos despedimos de Cinta y salimos ya.

-¿No comprendes que tú eres lo que más me importa?

Ni la fama, ni el dinero ni la gloria,

nada de eso se puede comparar contigo.

-¿Qué te pasa, reina?

Me estás asustando.

¿No te habrás puesto enferma justo el día del viaje?

-No va a haber tal viaje. No nos vamos a ninguna parte.

-(RÍE) Claro que sí.

Claro que nos vamos,

hacia la Argentina y en apenas unos minutos.

-No, Jose, yo me quedo.

-¿Has perdido el oremus? No puedes hablar en serio.

-Nunca he estado más convencida de algo.

No pienso dejar a Cinta sola, sumida en el dolor, cuando más me necesita.

¡Se anula el viaje!

-Que no, que no, no podemos hacer eso, amor mío, no.

Está todo preparado y hay mucho dinero en juego.

-Mira, Jose, a mí el dinero me la trae al pairo.

¡Lo primero es la felicidad de la niña! Y se acabó.

Los Domínguez deben estar a punto de salir de viaje.

-Se les echará de menos. -Sobre todo Felicia.

-Felipe, ¿quiere sentarse con nosotros?

-Será un placer. Iba en su busca.

¿Ha podido hablar con Ramón? -No.

Supongo que todavía no ha tenido tiempo de encargarse de ello.

-Que no se demore, No vayamos a perder la oportunidad.

Arrea, ¿no vendrá usted también preguntando

por mi primo Jacinto?, que me da algo.

-Descuida.

Es Agustina, la nueva criada de don Arturo Valverde.

-Leeremos el Cantar del Mío Cid

hasta que sepa recitarlo de corrido, y seguiremos con el Quijote.

-Se lo agradezco muchísimo,

voy a ser una alumna diligente. Voy a aprender en un tris.

No me extraña que don Arturo, que en paz descanse,

estuviera orgulloso de tenerte.

Si sigues haciéndolo tan bien,

el puesto de planchadora se le va a quedar pequeño en dos días.

-Válgame la redundancia.

Estoy más nerviosa que la Lolita con su boda.

-Templa, muchacha, que ya verás como sale fetén.

-Diga que sí, Fabiana.

No veo el momento de ver entrar en la iglesia a Lolita

y escucharla decir el sí quiero.

Marcelina,... -Sí.

prepárame un ramo de flores bien alegre,

que se lo quiero llevar a Agustina.

-Faltaría más. Ahora mismo se lo preparo.

A ver si le levantan el ánimo.

Toma. -Gracias.

-Bueno, vamos a brindar por la familia, por Milagros,

por Carmen, y por la vida. -Eso.

-Salud. -Salud.

-"Nunca pensé que la recaída" de Agustina se prolongara tanto.

-Ni nadie. Yo pensé

que se trataba de cansancio. ¿Qué le ha dicho el médico?

-No lo sé, me ofrecí a acompañarla, pero fue con Úrsula.

Se está portando muy bien con ella. -Eso dice mucho a su favor.

-Quizá deberíamos pasarnos por el altillo a hacerle una visita.

-Habla por ti, a fin de cuentas, Agustina fue tu empleada.

-Eso fue hace 10 años, ¿quién se acuerda?

-A mí no me importa subir al altillo,

si alguien quiere acompañarme.

-Puede contar con nosotros.

(Ruido)

¿Qué ha sido eso? -Ha caído algo?

-¡Agustina! -¡Agustina!

-¡Un médico! -(GRITA)

-¡Llamen a un médico, por favor!

-¡Dios mío! (GRITA)

-¡No, no, Agustina!

¡Agustina!

-Que alguien la auxilie.

-Avise a los guardias. -¡Un médico, un médico!

-Ya es tarde.

Ya está hecho.

Agustina ha pagado por lo que hizo.

Su venganza ha comenzado.

No podemos hacer nada más por Agustina.

-Venga con nosotras, Úrsula.

La vida de Agustina ya está en manos de Dios.

Solo nos queda rezar.

-Tranquila.

(LLORA)

Dicen que no se ha caído.

-Es posible que haya intentado acabar con su sufrimiento.

De aquí no se va nadie dejando a la niña con el corazón en un puño

y más triste que un pajarillo en diciembre.

-La palabra de uno es la palabra de uno.

Por no hablar del dineral que vamos a dejar de ganar.

Hay una cosa que se me escapa, Carmen.

Agustina me dijo que Úrsula...

no sabía que tenía una enfermedad de muerte.

-Como todas, ¿no?

-Nones.

Úrsula estaba al tanto de todo lo que le había dicho el médico ese.

-No sé, Fabiana.

Algún motivo habrá.

Cayó igual que Celia.

-Venga, hombre, venga.

Según mi contacto en el ministerio,

la situación financiera es bastante buena.

-¿Y la previsión de inversiones?

-Más que favorable. Un informe bueno.

-Habrá que invertir, entonces.

Se me está ocurriendo un apaño. Una intriga, como si dijéramos,

que podría matar dos pájaros de un tiro.

-Ay, amá.

Hay que admirar lo bien que ha llevado usted el asunto de Agustina.

Ha sabido estar a la altura.

Le dije que sería capaz de hacerlo.

Lamento de veras haber dudado de su habilidad.

Ni en sueños pensé que lo haría usted tan bien.

¿Está dispuesta a seguir a mi lado hasta terminar con ellos?

Nada me resultaría más placentero.

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Acacias 38 - Capítulo 1020

27 may 2019

Jose intenta calmar a Bellita, que está intratable por la bronca con Felicia. La folclórica exige a su familia que no vuelan a pisar por el restaurante y anula su viaje a Argentina en el último momento.
Alfredo cambia el informe que pidió Ramón sobre el Banco Americano por uno favorable aprovechando el revuelo de la desaparición de Milagros. Genoveva aparece con la niña.
Los Palacios se reúnen con Milagros. Ramón consigue afianzar la relación son su hija e invita a Carmen a la cena familiar.
Servando regala un chal a Marcelina, que supuestamente era de Bellita por haberle ayudado cuando estaba sin voz. Cesáreo descubre que la prenda es falsa.
Úrsula sigue hundiendo moralmente a Agustina. La criada confiesa a Fabiana que ya no tiene ganas de seguir viviendo.

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  1. lina13

    Entonces el médico de Agustina está compinchado con Úrsula y no está enferma terminal sino que Úrsula la está envenenando?

    07 jun 2019
  2. Francesca

    Estoy de acuerfo con Sandra, una escena divertida y una se interesa. No sacaría de la serie, ni a Úrsula ni a Servando. Dos excelentes actores. Con Servando, antes de la mudanza en el tiempo, en algunas escenas, me sentí en el teatro. Lo que deberían hacer, es mejorar el libreto. Darles más posibilidades actorales a los que son buenos. Llevo unos dias sin ver Acacias. Vi en un recorte, la escena en que Bellita se enfrenta a la dueña del restaurante y me encantó. Qué bueno ese diálogo. Más de ello, por favor. Miren lo que pueden lograr, cuando escriben bien.

    29 may 2019
  3. Victoria

    Estoy de acuerdo en lo inverosímil de Tanta maldad impune.la verdad,llega a cansar.es una pena

    28 may 2019
  4. Susana

    Me a buuu rrooo.

    28 may 2019
  5. Felicitas

    Leticia: Ursula está procediendo así por indicación de Genoveva, quien quiere vengarse de los vecinos de Acacias, señores y criadas, que SUPUESTAMENTE no los ayudaron a ella y Samuel antes que lo mataran. Empezaron con Agustina,veremos quien sigue...........Ya la conocemos a Ursula que a malvada no le gana nadie ( ¡¡ Tengo una botella de espumante esperando la " desaparición " de Ursula para abrirla y brindar !!!)

    28 may 2019
  6. Mabi

    Algún responsable se ésta página, puede aclarar porque motivo, razón o circunstancia cuando escribo un comentario aparece un logo, triángulo rojo con un signo de admiración dentro, y dice " No seguro"??? Me permite envíarlo, me agradecen la participación y luego no se ven reflejados? Alguien que se tome la molestia en leernos, podría aclararlo? Gracias!

    28 may 2019
  7. Mabi

    Leticia, Ursula odia por placer y por dinero como en éste caso con Agustina.

    28 may 2019
  8. Leticia

    Por qué Úrsula quiere que Agustina muera así? No entiendo ese razonamiento. Por qué la odiaría ?

    28 may 2019
  9. Marga

    Muy de acuerdo con vuestros comentarios referentes a la maldad y la impunidad reinante en la serie!! Me niego a creer que refleje la realidad incluso de aquella época!! Con lo bonito que sería centrarse en las costumbres de entonces..., Alguna pincelada de la historia,.., "algún" revés de sus habitantes, que también habría.. Pero tomar como eje central los crímenes y la impunidad...creo que es destrozar una serie que podía ser tremendamente atractiva y única... No sé si esto lo lee alguien más que nosotros...!!!

    28 may 2019
  10. Rafael arroyo morales

    El guionista podrías bajar un poquito la novela en hechos reales como por ejemplo consola todavía nadie en la casa de escarmentado de ella no es lógico una persona que ha matado a gente y ya está todo olvidado y Genoveva vengandose de una situación de la cual la culpable fue ella y el marido y encima la gente de pidieron perdón después de haber robado y queriéndose fuga con el dinero de la colecta eso también está olvidado es ilógico y la manera en la que tiene el marido de Genoveva de robar los documentos del banco en qué cabeza cabe luego entra en la casa y la vuelve a poner valiente tontería parece una novela de ciencia ficción

    28 may 2019