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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1019 - ver ahora
Transcripción completa

Voy a intentar encontrar la fórmula de convencer a mis socios

para que consideren a un pequeño grupo de inversores,

que actúen como uno solo.

-"Le pasa algo, aunque no nos lo cuente".

-"¿Y qué hacemos?".

-"Estar con ella todo el tiempo que podamos antes de marcharnos".

Yo también meto mi dinero. -Antoñito también quiere invertir.

-Ahora también es para personas que tengamos el riñón cubierto.

¿Malas noticias?

-Sí, madre.

Milagros va a estar solo unos días antes de regresar a París.

No puedes perder el tiempo, Ramón,

Y después, si sigues queriéndolo, hablaremos nosotros.

Está todo preparado.

Saldré de viaje esta noche.

Esa maldita carta lo ha precipitado todo.

¿Está diciendo lo que creo?

Estoy diciendo, que lo único que deseo,...

es que el Señor me lleve cuanto antes a su lado.

Es por mi hija. La noto rara últimamente.

Me preguntaba...

¿Usted no sabrá, sin por algún casual, le ha podido pasar algo?

-Siento no poder ayudarla, pero no sé nada.

Le he asegurado a Liberto

que voy a preguntar a un conocido que tengo

en el Ministerio del Tesoro, para que me diga cuánto hay de verdad

y cuánto de exageración, en las previsiones

que publica el periódico.

No podemos irnos dejándola así.

-No empieces a pensar en no ir, no nos lo podemos permitir.

-Lo sé.

Don Felipe también muestra reticencias.

Parece creer más a don Ramón que a mí.

Habrá que redoblar esfuerzos para convencerles.

O... retrasar nuestro plan. No lo vamos a retrasar.

Ardo en deseos de verles a todos arruinados.

Que paguen por no haber ayudado a Samuel.

Quiero verles hundidos en la miseria,

el desasosiego y, si es posible, la muerte.

Estás radiante cuando dejas salir tu verdadera naturaleza.

La venganza es lo único que me alimenta.

Pero no te inquietes,

hay que tener paciencia,

sobre todo, cuando falta poco organizar nuestros planes.

No me pidas calma, quiero hacerles pagar a todos por lo que hicieron.

Tú limítate a cumplir con tu parte.

Así lo haré. Genoveva.

No quiero ninguna excusa.

¿Acaso no cumplí yo con la mía acabando con Marlene?

Sí que lo hiciste y, me consta...

que fue un trago muy amargo para ti.

No sé si llegaré a perdonármelo algún día,

pero nuestro plan va más allá de sentimentalismos.

Si he vuelto, ha sido para vengar la muerte de Samuel.

Quiero destruir a todos.

¿Ya sean criados o señores?

Todos tienen su parte de culpa.

Ellos nos dieron la espalda cuando más lo necesitábamos.

No tendré piedad con ninguno de ellos.

Si invierten en el banco, los tendrás en tus manos.

Haré que pierdan hasta la última peseta.

Cuando pidan ayuda, les martirizaré hasta que paguen con sus vidas.

Como hicieron con tu esposo.

Es el castigo que merecen,

y pondré todo mi empeño en que no se escape ninguno.

Nuestro plan parece marchar de perlas,

diría que todos han mordido el anzuelo.

Sin duda, conseguirás lo que quieres.

Por eso, te exijo que no lo demores ni un segundo,

tenemos que seguir adelante.

No quiero contradecirte, pero hay que tener calma.

Trataré de mantenerme fría,

pero si por mí fuera, acabaría con ellos hoy mismo.

Eso no es posible.

Lo más importante es no cometer ningún error.

Está bien, seguiré tu consejo, aunque me cueste un mundo.

Sabía que juntos formaríamos la pareja ideal,

sabemos lo que queremos

y no tenemos escrúpulos que nos impidan

llevar a cabo nuestro planes.

Eso es lo que espero de ti.

Eso es lo que tendrás,

no tengas duda.

Ahora,... voy a retirarme,

ha sido terriblemente tedioso aguantar a nuestros vecinos.

Reposa tranquilo.

Te juro por el amor que nos tuvimos, que vengaré tu muerte.

Aunque sea lo último que haga en mi vida.

(Sintonía de "Acacias 38")

Suegro, ¿qué le pareció el ágape en casa de los Bryce?

Pa mí que lo del banco es de mucha enjundia.

-Ya se verá,

yo no movería un dedo hasta que haya más información sobre el tema.

-Parece que to el mundo anda loco en meter dinero en ese negocio,

sobre todo Rosina y Liberto.

-Eso no quiere decir nada,

no creo que Rosina tenga mucho criterio.

-Pues su hijo no ve con malos ojos lanzarse a esta aventura.

-En asuntos de dinero hay que andarse con pies de plomo.

-Me da que uste desconfía de esta historia.

¿Cree que hay gato encerrao?

-No pienso nada, ni bueno ni malo.

Simplemente, espero cierta información

que me llegará de un amigo que tiene contactos en el Gobierno.

-¿Qué anda buscando?

-¿No había aquí papel y lapiceros?

-En el primer cajón.

¿Tiene que escribir una carta? -No.

Es para poner en práctica un juego

que me ha enseñado Carmen para jugar con Milagros.

A ver si de esta forma consigo agradarla.

-Pierda cuidao,

ha de ver cómo termina cayéndole en gracia a la chiquilla.

-Hola. -Hola.

-Hola, hija.

Ven a la mesa,

siéntate conmigo.

-Ve con tu padre, ya verás, lo pasaréis muy bien.

-¿No vas a estar con nosotros?

-No, tengo que llevar un pedido que me ha encargao la Fabiana.

-No me dejes sola. -Te quedas con tu padre.

-No quiero. -Ve tranquila,

que Milagros y yo vamos a jugar a un juego muy divertido.

Me lo ha enseñado una amiga mía que se llama Carmen.

-Esa sé quién es,

estuvimos hablando en la calle.

-Muy bien. Siéntate para que te lo explique.

El juego consiste en escribir las cosas

que nos parecen más importantes en la vida

y, luego, las leemos en voz alta, a ver si coincidimos en algo.

¿Quieres jugar?

-Bueno. -Vamos a empezar.

Agustina,

le traigo la tisana que le dije,

ha de ver lo sosegá que se queda y lo bien que duerme.

-No tenía que haberse molestado.

-Me tiene mu preocupá por su salú.

-Hace mal, pasará conmigo lo que Dios quiera.

Si es su voluntad, saldré adelante.

-No está de más que le echemos una mano pa que se cure.

-Me da en la nariz

que usted no viene solo a traerme...

esta infusión.

-Así es.

He venido a insistirle

otra vez, pa que cambie usted de galeno,

que ese no me parece fetén.

-El hombre hace lo que puede. -Pues hace bien poco.

No parece que vaya usted a mejor, qué demonios.

Si es menester, hablo con don Felipe

pa que le ayude a costearse otro galeno.

-Ya le he dicho que no quiero más galenos.

Ya sabe lo que dicen:

"Cuando a un enfermo dos médicos van,

toca a muerto el sacristán".

-Eso son pamplinas.

Pa mí que usted no quiere consultar a otro na más que por no molestar.

-En eso tiene parte de razón.

No voy a importunar a mi señor con esto.

-Él no pondría ninguna pega.

-Déjelo, Fabiana,

lo único que necesito es dormir un rato y descansar,

mañana estaré mejor.

-Como usted diga.

Venga, yo le ayudo, venga.

Ya he terminado. ¿Ahora qué hacemos?

-Leer lo que hemos escrito.

Yo he puesto lo primero, a mamá,

porque aunque no la conocí,

la quiero mucho.

-Yo también, hija mía.

Mira, lo primero que he puesto, ha sido Trini.

-Luego he escrito: hermana, porque María Luisa cuida muy bien de mí.

-En eso coincidimos.

Yo he puesto: hijos, y mis hijos sois:

Antoñito, María Luisa y tú.

-Luego tengo la Rue Saint Honoré, porque esa es mi casa.

-En esa no coincidimos. Yo he puesto Acacias.

Pero espero que Acacias también llegue a ser tu hogar.

¿Qué más has puesto?

-Cabrahígo. Me ha dicho Lolita que de allí era mi mamá

y, yo quiero ir algún día para conocerlo.

-Yo también he puesto Cabrahígo,

pero sabes una cosa,

yo no quiero ir.

A los de Cabrahígo, si no les caes bien,

te tiran al pilón de la fuente, aunque esté el agua helada,

y juegan al fútbol, pero con piedras.

-(RÍEN) -¿Qué más has puesto?

-Qué divertido es ese sitio, ¿no? -Sí.

-Luego he puesto, la tarta Saint Honoré,

es el dulce que más me gusta.

-Eso es porque no has probado las porras y las torrijas,

seguro que te gustarían mucho más.

Un día te llevaré a que las pruebes.

-¿Tiene nueces?

-No, cariño mío, no. Tranquila, que no tiene nueces.

¿Qué más has puesto?

-He puesto bailar, porque me divierte mucho.

-Qué casualidad, yo también lo he puesto.

Eres como tu madre.

A tu madre le encantaba bailar,

bailaba a todas horas y lo bailaba todo.

Muchas veces íbamos a los salones de baile

y, no parábamos hasta que se hacía de día.

-¿Qué más cosas te gustan?

-Mira, yo he puesto: Carmen.

Porque

es una amiga mía a la que ahora quiero mucho.

-Yo no la tengo, casi no la conozco,

pero me ha caído muy bien cuando la conocí.

-Me alegro. -¿Jugamos a otro juego?

-¿Te ha gustado este? -Mucho.

-Podemos jugar a otro juego...

Dibujar pájaros o flores.

-Vale. -¿Vale?

Me voy a tomar un vinito dulce pa conciliar el sueño.

-Vale, pero toma solo una copa, que luego no paras de roncar.

-¿No será que te estoy piropeando en sueños, prenda?

-No, son más bien ronquidos dignos de un bisonte.

-Un bisonte.

Ya tengo casi todo preparado para el viaje.

Mañana repaso los últimos detalles, y pasao,

tomamos el tren nocturno para ir a la costa y embarcar.

-¿No sería mejor salir mañana por la mañana?

-No se te escapa una,

eres una lumbrera más grande que el sol.

Sería mucho mejor,

pero así nos ahorramos una noche de hotel.

-Eres capaz de hacerme ir nadando para ahorrarte un pasaje.

-No te apures, si hubiera que hacer tal cosa,

sería yo el que se tirara al agua.

-No me puedo creer que vayamos a estar de vuelta en Buenos Aires.

-Celebrando tu retorno triunfal.

Lástima que no tengamos dinero pa invertir en el negocio de Alfredo,

los vecinos van a sacar una buena tajada.

Ojalá regresemos a tiempo y con dinero de Argentina

y podamos participar en ese asunto.

¿En qué estás pensando ahora?

Me haces menos caso que a la Tomasa, la de los títeres.

Pues ya no puede ser,

no hay tiempo para comprar otro pasaje en el mismo barco,

ni para reservar otra habitación de hotel.

Eso, por no decir lo caro que es,

que es cruzar el mundo de parte a parte.

Pues nada, si no se puede, no se puede.

¿Hubo algún joven goloso? -Hasta sobraban.

-¿De buena familia?

-De las mejores.

-Qué alegría. ¿Y algún diplomático entre ellos?

Demasiado jóvenes para la carrera, pero en ello están.

Y había alguno bien guapo.

Usted dirá. -Es por mi hija.

La noto rara últimamente.

No sé, me preguntaba...

¿Usted no sabrá, sin por algún casual, le ha podido pasar algo?

Me extraña que no haya querido venir a la sesión de baile,

con lo que ella la disfrutaba.

Siento no poder ayudarla, pero no sé nada.

Siempre la he visto muy a gusto.

¿Qué pasa?

-Estás tan metida en tus cosas, que me estás alarmando.

-Cuando has dicho lo poco que nos queda aquí,

me acordé de la niña y me estoy preocupando.

-¿Tienes alguna sospecha de lo que le pueda pasar?

-No lo sé a ciencia cierta,

pero creo que tengo una pista de por dónde van las cuitas.

Mañana voy a hablar con ella hasta que sepa lo que le pasa.

No me voy a ir tranquila a Argentina dejándola como está.

-No te aflijas, seguro que todo se arregla.

-Eso espero.

¿Qué hace uste aquí?

-Me he quedao un rato pa ver si Agustina cogía el sueño.

-¿Cómo va?

-Ahora duerme tranquila,

pero no comprendo como cada vez va a peor.

-A ver si el galeno ese no es mu bueno.

-Eso mismo pienso yo. No parece que acierte con lo que le pasa.

-Digo yo que Úrsula, habrá buscao un galeno que sea de fiar.

¿Está usted desconfiando de ella?

-Yo ya no sé ni que pensar.

-Úrsula ha cambiao mucho, señá Fabiana,

hace muchos años que dejó de ser la bruja que era.

Mire cómo se está desviviendo por Agustina.

Hasta pidió un adelanto de su salario

pa pagar al matasanos.

Y la está sustituyendo en casa de don Felipe.

-Ya, no te falta razón.

Ay, hija,

será que una con los años se vuelve desconfiá.

Olvida lo que te he dicho.

-Sí. Lo que uste diga.

-A nosotras no nos queda más que rezar pa que se recupere pronto.

Hala. -Pa chasco que sí.

Eso es lo más importante.

Padrenuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día, dánosle hoy.

Perdona nuestras deudas, así como nosotros....

¿Qué, terminando ya la faena? ¿Se marcha pa su chiscón?

-Bien que me gustaría,

pero entoavía tengo que esperar a Marcelina y a Fabiana.

-Ya no vive con las otras criadas.

Ha subío a ver a Agustina, parece que la pobre mujer no mejora.

-Me barrunto que no pinta bien lo de la criada,

son ya muchos días y no mejora.

-O cambia mucho la cosa, o pa mí que lo tiene mu negro,

pero negro.

A buenas horas, que hace rato que cerraste el quiosco.

-No me hables, que vengo descompuesta,

ya son más de las diez y la cena sin preparar.

-Ya me he encargao yo.

-Si tú no sabes guisar.

-He preparao unas migas como las que hacía en mis tiempos de pastor,

que están pa rechupetearse los dedos.

Espantaba a las ovejas pa que no se las comieran.

-Menos mal que eres apañao,

que si no, nos acostábamos con el buche vacío.

-¿Por qué has llegao tan tarde? -Estaba con el Servando,

como no pue hablar, me necesita pa que le traduzca.

-Menuda faena se ha buscado. -No se hace idea,

to el día me tiene de zascandila.

Bueno, me voy a preparar la mesa,

que se nos va a juntar la cena con el desayuno.

Con Dios.

-O le para los pies Servando,

o no deja a su esposa ni a sol ni a sombra.

-Es de entender que la necesite, ella es la única que entiende

sus garabatos.

Pero si le atiende a él, no atiende el quiosco.

-Pecan de buenos.

Servando es un aprovechao de cuidado,

y no puede tener a Marcelina a su servicio.

-Mañana hablaré con Servando pa dejar las cosas claras.

A ver cómo se lo toma.

-Pues suerte y que no se enfade, que además de caradura,

es más susceptible que una novicia en un baile.

Con Dios. -Hala.

Estoy deseando invertir en el Banco Americano.

-¿Estás seguro?

-No me cabe ninguna duda. Es una gran oportunidad.

A la oportunidad la pinta calva y, esta no tiene ni un pelo.

-Tu padre no parece animao con esto.

-Mi padre está ya mayor y ve fantasmas donde no los hay.

-Es posible, pero la experiencia es un grado.

-No te preocupes, mujer.

Alfredo es un as en las finanzas, de eso no tengo duda.

-Yo no me preocupo,

se preocupa mi suegro.

-¿Dónde está? ¿Por qué no desayuna con nosotros?

-No lo sé, le he escuchao salir mu temprano.

-Espero que no haya tenido otro desencuentro con Milagros,

mi hermanita parece ser bastante complicada.

-No lo creo. Ayer estuvieron jugando juntos

y, cuando llegue de la tienda, estaban de lo más animados.

-No va a ser tan fácil, Milagros nunca había visto a su padre,

seguramente le cueste hacerse a él.

-Que no es pa tanto, la nena es un encanto

y, tu padre está haciendo to lo posible pa caerle en gracia.

-Muy buenas. Traigo unos dulces.

-Si son para el desayuno, llega tarde.

-No, son para Milagros.

Unas torrijas, para que las cate.

-¿Torrijas para mí? -Claro, como te prometí en el juego.

-No llevan nueces, ¿no? -No llevan nueces.

-Gracias, padre. -De nada, hija mía.

Esa no es la única sorpresa que tengo, tengo otra.

He encontrado en el desván los discos que teníamos en la otra casa.

-No creo que suenen. -Claro que sí.

Si les quitas el polvo, se escuchan muy bien.

¿Quieres oír las canciones que bailaba tu madre?

-Claro. -Vamos allá.

Ven aquí.

¿Te gusta? -Me encanta.

-"Mademoiselle", ¿quiere bailar conmigo?

(HABLAN EN FRANCÉS)

(Música)

Uy, que te piso.

Era muy torpe con tu madre, la pisaba.

Para no pisarte, pon tus pies encima de los míos.

-¿Tenía o no tenía razón?

El parentesco tira mucho

y, aunque no se hayan visto en años,

son padre e hija.

-Me quedo perplejo.

¿Y si aprovecho que está de buen humor

para hablarle de las inversiones?

-No seas aguafiestas, no es momento.

Deja a tu padre que disfrute de su hija tranquilo.

Úrsula, ¿cómo se encuentra Agustina? ¿Está respondiendo al tratamiento?

Sin duda, gracias a lo que le mandó el doctor Maduro,

empieza a mejorar.

Parece que es un buen médico. Toda una eminencia.

En unos días va a poner a Agustina lozana como una muchacha.

Me alegra oírlo.

(Llaman)

Úrsula, por favor, abra la puerta.

Don Liberto. -He venido a hablar con don Felipe.

Pase, por favor.

-Liberto, parece que ha madrugado hoy.

-Sí. Quería hablar con usted del Banco Americano.

-Siéntese, por favor.

Si me disculpan, me retiro.

Me gustaría saber su opinión.

Rosina y yo estamos muy interesados en invertir en ese banco,

pensamos que es una oportunidad única en nuestras vidas.

-Yo no soy hombre de negocios y poco puedo decirles sobre este asunto.

Les aconsejaría prudencia.

-Ya me di cuenta en el ágape que se mostraba muy reservado.

¿No se fía de este negocio?

-No es desconfianza, es falta de interés.

Con la herencia que recibí, tengo suficiente para vivir.

-No me considero codicioso,

pero no veo por qué no ganar un dinero que se presenta tan fácil.

-Ustedes deben valorar los riesgos que están dispuestos a pasar.

-No creo que sea importante.

El señor Bryce nos dijo que se trata de una oportunidad única

y, de esto, él sabe bastante. -Es posible,

aun así le recomendaría prudencia.

-Don Felipe,

¿y si perdemos la oportunidad?

-No lo creo.

Don Ramón ha hablado con un contacto,

están elaborando el informe sobre el banco.

Antoñito también quiere invertir. -Estoy al corriente.

Ramón estuvo mucho tiempo hablando con Alfredo sobre los detalles.

-Hace muy bien en recopilar toda la información,

se van a jugar mucho dinero.

-Entiendo lo que me quiere decir,

lo mejor es esperar a ver qué dice ese informe.

-Así es.

-Tiene razón, Felipe,

mejor no tomar ninguna decisión antes de conocerlo.

-Es mejor perder un negocio, que el dinero por una mala inversión.

-Tiene razón.

¿Un café? -Por favor.

-Úrsula.

Don Felipe. Dos cafés, por favor.

¿Me permites que te ayude?

Esto es mucho trabajo para ti.

¿Por qué no te ayuda Emilio?

Entonces no te entretengo, tendrás mucha faena.

¿Qué pasa?

¿Qué quieres?

¿Para mí?

No hay de qué.

-Cesáreo, ya le he visto con la chica del restaurante,

parece que se llevan de guindas.

-Aunque no habla, es la mar de simpática.

-Ya les he visto que están a partir piñón.

Y mire que esa chica no se acercaba a naide.

-Yo solo la he ayudado un poco,

es mi obligación con cualquier vecino.

-Siendo así, barra el portal. -No es lo mismo.

-Claro que no, porque yo no soy una muchacha de buen ver.

-Ya. ¿Ya ha hablado con Servando de Marcelina?

-He ido a verle, pero no estaba.

Ese hombre teme más al trabajo, que el borrego al lobo.

-Debe andarse más listo si quiere solucionarlo,

o de lo contrario, seguirá aprovechándose de su esposa.

-Tiene razón, pero temo salir tarifando con el susodicho,

ya sabe lo cabezón que es y el genio que se gasta.

-Si quiere, yo hablo con él.

-No sé.

Pensará que le mando yo y, además de tiquismiquis,

me tratará de cobarde.

-No se apure, puedo decirle que es idea mía y que usted no sabe nada.

Piénselo.

Le he citado para comentarle cierta información que le agradará saber.

-Cuénteme, todo lo relacionado con el banco me interesa sobremanera.

-Está usted de enhorabuena.

Esta misma mañana he tenido una reunión con mis socios

y he conseguido que acepten la inversión de usted y de su esposa.

-Ah. Sí, supongo que es una buena noticia.

-Y tanto.

No ha sido fácil convencer a los inversores

para que les dejen participar,

pero, a la postre, he conseguido que entren en el negocio.

-Le agradezco su interés.

-Brindemos

por el éxito de nuestros negocios comunes.

No le veo muy contento. ¿Le ocurre algo?

-Nada, solo que estoy un poco desconcertado,

no pensé que los trámites fueran tan rápidos.

-Y no lo son.

Me he tomado mucho interés para que ustedes no pierdan este tren.

-Y yo se lo agradezco,

pero no estoy seguro al cien por cien de entrar en el negocio.

-Don Liberto, siéntese, por favor.

¿A qué vienen esas dudas?

Rosina y usted se han mostrado muy interesados desde el principio.

-Así es,

pero comprenda que necesitamos tiempo

para cavilar semejante inversión.

-Le entiendo perfectamente, pero...

nadie se hace rico sin correr algún riesgo,

aunque sea muy pequeño, como en es su caso.

-Tiene razón, pero tengo que pedirle unos días para pensarlo.

-No se apure.

Tómese su tiempo, no es necesario que me conteste hoy mismo.

-Le agradezco su compresión.

Espero no haberle causado problemas con mis dudas.

-Que eso no le quite el sueño.

Hay muchos inversores esperando para poner su dinero en el banco,

lo que siento es que pierdan esta oportunidad.

-Soy consciente.

Quiero que...

piense que cuanto más tarde en decidirse,

menos posibilidades tendrá de participar en el negocio.

Esto se lo digo como amigo.

-Lo tendré en cuenta.

Gracias por su paciencia.

No es necesario que me acompañe a la puerta, sé dónde está.

He estado escuchándolo todo.

Parece que no va a ser tan fácil como creíamos.

Sobre todo, si pones tan poco interés,

tenías que haber sido más vehemente.

Genoveva, no te inquietes,

sin duda, la reacción de Liberto se debe

a que está esperando el informe.

Si es esa la causa, el plan está perdido.

No, solo tenemos que evitar

que ese informe llegue a manos del señor Palacios.

Y ahora,... pensar cómo conseguirlo.

Sé cómo vamos a hacerlo.

Se me acaba de ocurrir algo que nos va a ayudar.

Carmen.

Gracias por venir a esta cita.

-¿Cómo está Milagros? -Bien.

La he dejado con Lolita en la tienda.

-¿Ya te entiendes mejor con ella?

-Por favor, siéntate conmigo.

Ya hablaremos de la niña más tarde.

Ahora me urge hablar de nosotros.

-Ya te dije que prefería que ese asunto

lo dejásemos para más adelante.

-Creo que no.

Tenemos que terminar esa conversación que tenemos pendiente,

ya la hemos demorado demasiado tiempo.

-Está bien, como quieras.

-Lo primero es que...

necesito disculparme por todas las torpezas que he cometido.

-No hay nada que deba perdonarte. -Yo creo que sí.

No me he comportado adecuadamente.

Te he hecho creer que quería convertirte en un reflejo de Trini.

-En algunos momentos, sí he tenido esa impresión.

-Créeme que no pretendí tal cosa.

Mi única intención era ayudarte a congraciarte con las señoras,

pero es evidente que me equivoqué.

-Ramón, yo no puedo comportarme como otra persona, soy como soy.

-Lo sé.

Y por eso te quiero.

Eres una mujer maravillosa, única y especial.

Por eso me enamoré de ti y por eso quiero estar a tu lado.

-Sé que me hablas con el corazón en la mano.

-No tengas duda.

Lo eres todo para mí.

¿Crees que podrás llegar a perdonarme?

-Por supuesto que sí.

Está claro que todo fue un malentendido.

-Tenemos todo un futuro por delante.

-Procuraré tomarme todo con más sosiego.

-Estoy seguro de que nunca más volverás a dudar de mi cariño.

-Claro que no.

Cuéntame cómo te ha ido con la niña, que me tienes en ascuas.

-El juego que me propusiste ha obrado el milagro.

Hemos empezado a romper el hielo.

-No sabes cuánto me alegro.

-Gracias a ti, hemos descubierto todo lo que tenemos en común,

y a pesar de estar tanto tiempo separados,

hay muchas cosas que nos unen.

-Sois de la misma sangre, eso es algo muy poderoso.

-Aún queda mucho camino por andar,

pero los primeros pasos ya se han dado.

-Esos son los más complicado.

Todo va a salir de perlas, ya lo verás.

Anda, vamos.

-Carmen.

-¿Qué?

¿Ocurre algo más?

-Le he hablado a la niña de ti.

-¿Y cómo ha reaccionado?

-Por un momento, creí que se lo tomaría mal,

pero...

me ha dicho que te conoce y que le caes de maravilla,

así que no creo que nuestra relación suponga ningún problema.

-Esa pequeña es un encanto.

-Gracias por haberme ayudado a estrechar los lazos con ella.

No sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí.

-Ramón,...

el merito es solo tuyo.

¿Sabes por qué? Porque eres un padre maravilloso.

Que dice Servando que la tapa es por cuenta de la casa,

pero se aceptan propinas.

Digo yo,

que le puedo dejar un rato a solas,

que tengo el quiosco más abandonao que el huerto de un manco.

No me sea tozudo, que por ayudarle en su negocio,

voy a arruinar el mío. Tengo que irme.

No me ponga esos ojillos, que no le van a servir de nada.

Usted mismo lo ha pintao.

Me voy con viento fresco.

-Vengo a hablar de Marcelina.

¿No cree que está abusando de ella? La pobre, de buena, parece tonta.

No, no lo niegue.

La pobre se pasa el día pegada a usted para traducirle

la dichosa pizarrita.

Sepa que Jacinto se ha dado cuenta y no le hace ninguna gracia.

Que no sé qué significan esos dibujitos, que no entiendo nada.

¿Ya va a buscar a Marcelina?

Ya está bien, deje de aprovecharse de esa pobre mujer,

que está perdiendo muchos cuartos por no atender su negocio.

Deje de gastar tiza, que no entiendo nada.

Aunque me imagino que no está diciendo nada bueno de mí.

Que sepa usted que es un aprovechao y un egoísta, ¡y punto redondo!

-¡Que yo no me apro...! Oye,

que tengo voz.

Yo no me aprovecho de nadie, lo que pasa es que no podía hablar.

¿Ya ha recuperado el habla, así como así?

-Sí, y muy a tiempo, que es usted un metomentodo.

¡Y no soy ningún egoísta, ni ningún abusón!

Lo que pasa es que nadie sabe apreciar mis bonitos dibujos.

-¿Entender eso? Pintamonas, aprovechao.

-¿"Aprovechao"?

Se cree muy listo y no sabe de la misa la media.

Sepa que pensaba agradecerle a Marcelina todo

con la generosidad que me caracteriza.

-¿Usted generoso? Venga ya.

¡¿Qué pensaba, regalarle una saeta, un garabato?!

-¡Ya verá cómo me comporto con ella, como si fuera un señor

y, se va a tragar sus palabras! -No me creo nada de lo que dice,

pero ya se verá.

-Decir que no soy generoso...

¿Que le cambie la tapa?

¡¿Cree que el chorizo me lo regalan?!

Qué bien sienta poder cantarle las cuarenta a cualquiera.

Ay.

Ya está bien de juegos.

Te voy a preparar una merienda, que te vas a chupar los dedos.

-¿Hay macarrón? -¿Macarrón?

Na, déjate de afrancesamientos,

te voy a dar unos torreznos con patatas, que resucitan a un difunto.

-¿Qué son torreznos?

-Lo que se come ca vez que se pue en Cabrahígo.

-¿A mi madre le gustaban? -Con locura.

Podía comerse ella sola un kilo y quedarse silbando.

-Yo quiero ir a Cabrahígo. -Pos claro,

como que es tu tierra. Ya verás lo bonico que es el pueblo.

Allí podrás pescar a pedrás o montar en borrico

y saltar las hogueras cuando sean las fiestas.

-Eso no se puede hacer en Francia.

-Normal, que los franchutes son mu finolis y un poco atontolinaos.

-Qué pena que te tengas que volver tan pronto.

-Ya. Pero podré venir más veces.

-Y entonces, iremos a Cabrahígo, y perseguirás a las gallinas

y a los gorrinos. Prometido.

-Bien.

(HABLA EN FRANCÉS)

(HABLA EN FRANCÉS)

-Hay que ver lo pequeña que es y lo bien que habla francés.

Háblame en cristiano, que no me entero ni papa.

Le preguntaba que si le gusta nuestro barrio

y pensaba invitarla a un helado.

Me encantan los helados.

-Podrás tomar todos los que quieras. -Con mesura,

que no te podemos devolver enferma.

¿Cómo sigue Agustina? Me han dicho que no muy bien.

Pues... parece que no mejora.

Según me ha contao Fabiana, no pue ni levantarse de la cama.

Lamento mucho oír eso.

Voy a ir a comprar unas flores.

Y tú piensa de qué sabor quieres el helado.

Es fácil, chocolate.

Qué simpática es esa señora.

-Pa chasco que sí.

Cada vez se preocupa más por nosotros.

Es una suerte que haya vuelto al barrio.

-Aquí todos sois muy buenos.

-Y tú también.

Hale, a jugar, que te voy a preparar la merienda.

A la una, la aceituna.

A las dos, el reloj.

A las tres, el café.

A las cuatro, el zapato.

Niña,

échale un poco más de azúcar a esa manzanilla,

que tienes una cara de amargura, que asusta.

¿Qué quiere que le diga, madre? Contenta no estoy.

-Señora, ¿dónde quiere que ponga esto?

Los baúles están más apretaos,

que el trasero de un "dantzari", no cabe un botón.

-Ahora no tengo cabeza pa eso.

-Que no tiene cabeza ya se ve,

ni la reina de Saba viajaba con tanto equipaje.

Yo no digo na, pero salen mañana pa la Argentina,

y tiene todo manga por hombro.

-Lo sé, Arantxa,

pero ahora tengo que hablar con mi hija.

-Como quiera. pero cuando llegue a Buenos Aires,

si falta algún vestido, las quejas al Río de la Plata.

¿Por qué me va a regañar ahora?

Hija,

no sé por qué me hablas así,

ni que fuera una madre tan terrible.

Seguro que las hay peores.

Ay, hija, no me seas malaje.

Antes tenías más confianza conmigo,

me contabas todos tus secretos y tus cuitas.

Ahora me miras con recelo,...

cuando no con rencor.

De esa forma nunca,

usted es mi madre y, pase lo que pase, yo la respeto.

¿No comprendes que eres lo que más me importa?

Ni la fama ni el dinero, ni la gloria,...

nada de eso se puede comparar contigo.

Daría lo que fuera porque volviéramos a hablar

como cuando eras niña.

¿Te acuerdas cuando eras chiquitita

y me decías que yo podía quitarte todas las penas

solo con contarme lo que te ocurría?

Y así era,

hablando con usted, todos los males desaparecían.

Ojalá siguieras haciendo lo mismo.

Madre,

mis problemas de ahora no son tan simples como entonces,

no se trata de una muñeca perdida

o de un niño que me ha tirado de las coletas.

Prueba a contarme.

Sé que algo te pasa, y tiene que ver con los Pasamar.

Puedes confiar en mí, no quiero que sufras sola.

Anda.

Desahógate, mi niña,

mi luz, mi lucero.

Deja salir tus angustias.

Cuéntale a tu madre.

Desde que vine, todo me ha salido mal.

Me enamoré de Emilio y pensaba que él me correspondía.

Empezamos a vernos en secreto,

nunca me había sentido así, madre.

Era tan feliz. ¿Qué ocurrió

para que salierais partiendo peras?

Eso es lo peor, que no lo sé a ciencia cierta.

Yo quería que se enterara todo el mundo,

y cuando Felicia nos descubrió, él rompió relación conmigo.

No sufras, mi niña, no sufras.

Emilio es el amor de tu vida,

y perderlo es lo que más duele,

pero pronto encontrarás a otro chico que sea mucho mejor que ese.

Lo que más rabia me da es que hemos roto

porque a Felicia no le gusta emparentarse con titiriteros.

¿Dijo eso?

Creo que sí.

Me parece que le voy a tener que cantar las 40

a esa mesonera de tres al cuarto.

Por favor, madre, no se ponga en evidencia.

Descuida,

que esta titiritera tiene más clase

que todas las señoras del barrio juntas.

No sufras, mi vida, tú no sufras por eso.

Descuide, que mañana le guardo dos docenas de huevos,

verá que son gordos como los puños.

Milagros.

Milagros, ¿ande te metes?

¿Ande estará esta cría?

Milagros.

Milagros, contéstame, no juegues a las escondías conmigo.

Milagros.

¿Has visto a Milagros?

-Sí, al lao de tu tienda jugando, pero de eso ha pasao un rato.

-Demonio de cría, ande estará.

-Espera, dejo esto y vamos a buscarla.

-Milagros.

-¿Ocurre algo? Os veo muy sofocadas.

-Sí, sí, que no sé ande está Milagros.

Estaba jugando con la pelota,

he entrao pa atender y, al salir, ya no estaba.

¿La ha visto en el restaurante?

No, allí están Susana, Felicia y algunos clientes.

-Madre mía, que se la han llevao.

-Sosiégate y ve a mirar a la iglesia, yo miraré en los portales.

Marcelina, a la pensión. -Sí, sí.

-¡Milagros!

Ay, madre mía.

Lo de Úrsula es admirable,

en cuanto tiene un rato, se va al altillo para atender a Agustina.

-Espero que la criada se reponga

y no tengamos que lamentar otra desgracia.

-Buenas tardes, Bellita, siéntese con nosotras.

No, prefiero quedarme de pie.

-¿Qué le ocurre, viene colorada como un tomate?

-Traigo un sofoco que me ardo. -¿No estará enferma?

-¡Qué poca vergüenza!

¿Usted se atreve a preguntarme? ¡Judas, más que Judas!

-¿Qué dice? ¿Ha perdido el oremus?

-¿Cómo es tan falsa? Se ha hecho pasar por mi amiga,

cuando en realidad, me desprecia por ser una artista.

¡Es una hipócrita de tomo y lomo! -Por favor, sosiéguese,

no entiendo nada de lo que me está diciendo.

-Está bien claro, la estoy llamando soberbia y mentirosa.

¿Quién es usted para prohibirle a su hijo tener relaciones con mi Cinta?

Y todo, porque pertenece a una familia de artistas.

Sepa que yo soy una institución.

Teatros enteros he llenado durante años.

La gente me idolatra, aquí y por donde voy.

-Por favor, sosiéguese y baje la voz.

Hablemos esto con calma, está dando un espectáculo.

-¿Por qué sigue haciéndose la fina?

¿Se piensa que es la baronesa del Tenedor?

¡No es más que una camarera con ínfulas!

-¡Hasta aquí podemos llegar!

Menos humos, Bellita del Campo,

que ya no es usted ni la mitad de lo que era.

No tiene derecho a tratarme así.

Que sepa que las artistas de verdad,

saben cuando están acabadas.

-Esa es su verdadera cara.

Una arpía, ególatra, clasista y miserable,

¡esa es la verdad del cante!

¡Jamás volveré a pisar esta casa de comidas de mala muerte!

-¡Me alegro, no es bienvenida!

-No se alegre tanto,

no pararé hasta que le cierren este tugurio.

Ni las ratas, ¿me oye bien?, ni las ratas van a entrar aquí.

-¡Fuera, fuera de aquí!

-Encantada, camarera.

-¿Es cierto que Emilio y Cinta estaban en relaciones?

-¡Por supuesto que no!

Milagros.

Milagros.

Ay.

Milagros.

-Nadie ha visto a la niña, Lolita. Ha desaparecido.

Ay, madre mía, que me han robao a la nena.

-Tranquila, nadie te ha robado a la nena, nadie.

Vengo de recoger el informe del Banco Americano

que encargue a mi amigo. -¿Qué dice?

-No lo sé, aún no lo he visto.

No quería abrirlo en la calle por si me topaba con Bryce.

Cuanto menos sepa de nuestras investigaciones, mejor.

-Seguro que son buenas noticias.

Estoy deseando meter dinero en este negocio.

Si sale bien, abriremos mantequerías por toda España.

-No vendas la piel del oso, todavía no lo has cazado.

Primero tenemos que leer esto.

-¿Puedo pasar?

Me he encontrado la puerta abierta y me he tomado la libertad de entrar.

-Sí, pase, está en su casa.

Mi padre, que suele dejarse la puerta abierta.

-Siéntese. -Gracias.

-¿En qué podemos ayudarle?

-Quería hacerles una pregunta sobre patentes,

sé que tienen una de cafeteras exprés

y quiero saber cómo se gestionan esas inversiones.

-Quizá no sea tan importante el dinero de la patente,

sino el porcentaje de ganancias que pacte con el propietario.

-¿Y... cuál es el porcentaje habitual que se lleva el inventor?

-¡Antoñito, suegro, que Milagros ha desaparecido!

No está por ningún sitio del barrio.

No la encuentro.

¿Milagros ha desaparecido?

-Le juro que fue solo un instante.

No lo comprendo.

-Preparamos a Cinta para emparentarla con buenas familias,

pa que ahora venga una tabernera con ínfulas y nos la rechace.

-Vamos a buscarla, no perdamos un segundo.

-¿No sería conveniente pedir ayuda a los criados para que nos ayuden?

-Será más rápido. -Tiene razón, daré aviso.

-Ha llegado mi fin.

Y contra la voluntad de Dios, no hay medicina que valga.

No desfallezcas, la vamos a encontrar.

-Si no fuera así, Carmen...

Soy un absoluto desastre como padre.

¡Milagros!

¿Cómo ha ido?

-Como esperábamos. -O sea, que mal.

-Vamos a tener que pagar un dineral por lo que ocurrió.

¿Qué? -Nada, no la han visto.

Salimos enseguida.

Los mozos llegarán en un suspiro a por el equipaje.

¡Milagros!

No habrá tal viaje, no nos vamos a ninguna parte.

-Pero ¿has perdido el oremus?

Marcharse con dignidad de este mundo

es nuestro único consuelo.

Lástima que en ocasiones,

sea la misma enfermedad la que no nos deja escoger

la manera de irnos.

"Nos reconcome con tanta fuerza,...

que nos niega incluso esa dignidad".

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Acacias 38 - Capítulo 1019

24 may 2019

Ramón comienza a entenderse con su hija gracias a la ayuda de Carmen. El Palacios se reconcilia por fin con la criada.
Servando comienza a abusar de la ayuda de Marcelina. Cesáreo le regaña, lo que hace que el dueño de la pensión recupere la voz.
Bellita consigue que su hija confiese que la razón de su desazón es la ruptura con Emilio. La folclórica se enfrenta duramente a Felicia delante de todo el mundo.
Úrsula informa a Genoveva que Ramón está investigando las cuentas del Banco Americano. Para evitar que Ramón descubra la estafa que trama con su marido, Genoveva secuestra a Milagros.

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  1. lina13

    Ay con el orgullo. Flaco favor ha hecho a su hija enemistándose con la madre del chico al que ama.

    07 jun 2019
  2. Toni Navarro

    Pués si no os gusta, sencillo,no la veáis...

    28 may 2019
  3. carmela

    El actor muy bien, pero Servando me aburrió con su argumento tan repetitivo y sin gracia. En lo demás, lo que me encanta es la familia andaluza...Oleeeeeee. por la Bellita. Me encantaría que vuelva Cayetana que le ponía pimienta a la novela y movía a todos los personajes. Saludos desde Buenos Aires Carmela

    26 may 2019
  4. Gisel

    Venganza sin sentido la de Genoveva, quieren ocupar el lugar de villana q dejó Cayetana? Pues no lo estarían logrando, arruinaron el personaje de Genoveva ¿¿

    26 may 2019
  5. ROJAS

    Argentina hace mejores novelas que esta. Guionistas con poca imaginacion...todo fatalista. No hay tension en ambiente que no sea criminal. Se puede crear tension sin aberraciones como actitudes de Genoveva, el tal Bryce y Ursula. Cero al cociente.

    25 may 2019
  6. Mabi

    Gracias Marilu!! Al GRAN PUEBLO ARGENTINO SALUD!!! y vaya mi agradecimiento a los guionistas de Acacias 38 por tener presente a mi/ nuestra PATRIA ARGENTINA en sus textos dando a conocer un poquito aunque sea, de nuestra idiosincrasia, hoy en boca de Bellita, Jose, Cinta y Arantxa.

    25 may 2019
  7. Marilu

    1810- 25 de Mayo- 2019, 209 años de la llamada " Revolución de Mayo ", fiesta patria en Argentina; como leo habitualmente, hay varios/as compatriotas en este foro, saludos a todos ellos y VIVA LA PATRIA

    25 may 2019
  8. Mabi

    Olé, olé, olé por Bellita!!!! Una que se le animó a éstas " cacatuas "!!!! Igual creo que el " cuento " que le hizo Emilio a Cinta de no seguir por no gustarle a su madre la " farándula " tendrá otro fondo, ya se sabe, por lo menos, que están metidos en una deuda grande... Así y todo aunque tenga que pedir disculpas a la " camarera con infulas " Bravo por Bellita!!!!

    25 may 2019
  9. Carlos Galaburda

    Cuándo se termina esta culebra ¿¿ sin fin. Ahora perdiendo tanto tiempo con el tonto de Servando y la Marcelina. Dios..... que termine todo esto de una vez.

    24 may 2019
  10. Pilar Méndez

    Me encanta el papel de mala malísima de Genoveva.

    24 may 2019