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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1017 - ver ahora
Transcripción completa

Tenía que hacerlo, era lo mejor para todos,

también para ti.

(SE AHOGA)

(LLORA)

No existe tratamiento, no hay curación.

¿Cómo... evolucionará?

Deprisa, más deprisa de lo normal, incluso.

La sangre se me agua.

Difícil será ocultarlo.

Si usted no dice nada, no tienen por qué enterarse.

Le he dado un empujoncito,

que no se atrevía a contarle a su madre lo nuestro.

Me tendría que estar agradecido,

que gracias a mi arrojo, vamos a ser muy felices.

No se detengan por nada.

Hasta que se deshagan del baúl, ni una palabra.

Que va a venir por las vacaciones.

-Qué maravilla, mi hermanita otra vez en casa.

-Mi cuñada.

Habrá que prepararlo to pa que se sienta bien recibía.

-Será difícil, porque llega esta tarde.

-¿Tan pronto?

No puedes seguir enamorándola y comportándote como un crío.

¿Me has escuchado?

-Felipe me ha enseñao un retrato de... un malencarao

que anda por el barrio

y quería saber si fue el que vimos cuando liquidaron a Samuel.

-¿Y era él? -No lo sé.

Dele usted un par de vueltas más.

Si don Ramón dijo to eso, es pa que encajara con las doñas, no más.

-Le daré un par de vueltas, como usted dice.

¿Qué amiga?

-Pos una con la que eran uña y carne, como hermanas.

Se conocieron en Bilbao y pasaron mucho tiempo juntas.

-¿No te ha dicho el nombre de esa mujer?

-Marlene.

Quiero saber qué le ha dicho su madre.

La he visto muy seria cuando he bajao a comprar el pan.

Soy Milagros, padre.

-Ven.

(LLORAN)

No podemos seguir viéndonos.

¿Dónde está el cuerpo de Marlene?

Quiero verlo.

Te he hecho una pregunta, ¿dónde está el cuerpo de Marlene?

¿Qué es esto?

Ve a ese sitio. ¿No querías ver el cuerpo de Marlene?, está ahí.

Dos hombres te lo mostrarán.

¿No me crees?

Me acabas de decir que soy la socia perfecta, ¿y sabes por qué?

Porque tengo tanto odio en mi interior,

que haría lo que sea para conseguirlo.

Para eso te necesito.

Por tu bien,...

no me defraudes, Genoveva.

Hacerlo sería defraudarme a mí misma y la memoria de Samuel,

y eso no lo haré.

He cumplido con mi parte del trato, ahora te toca a ti.

Hiciste una promesa.

Así es.

Y siempre las cumplo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lolita, ¿cómo está Milagros?

-Mucho mejor, suegro.

No se apure. Le he llevado algo calentito

y está descansando.

Menudo disgusto tenía la pobre.

-Si solo es un payaso.

-Cuando era pequeña le llevaron al circo,

con tan mala suerte que al domador de leones se le escapó el aro

en la cabeza de un payaso.

-No me digas. -Sí.

El hombre empezó a correr con la cabeza ardiendo por la pista.

Y desde entonces, Milagritos tiene pesadillas con los payasos.

-No me extraña, pobrecita mía.

-Y a mí se me ocurre regalarle un payaso que sale dentro de una caja.

-Pero era imposible que usted lo supiera.

-Antoñito tiene razón, suegro.

Usted no tiene culpa de na.

-Tuve entre las manos una muñeca preciosa.

¿Por qué le he tenido que hacer caso al dependiente de la juguetería?

-Lo mismo... es algo mayor pa las muñecas.

Debería usted pensar en algo pa nenas más mayores.

-Ese es el problema, Lolita,

que no sé nada de mi hija. No conozco...

sus temores, sus gustos, lo que le divierte, lo que odia...

no la conozco.

-Pa eso está aquí, pa enmendar ese error.

¿Por qué no piensa en hacer algo con ella?

Algo divertido.

-Han tenido un mal inicio, pero tienen muchos días por delante

para aprovecharlos. -Enseguidita

se le olvida lo del payaso.

-Sí, tenéis razón.

Puedo llevarla a visitar

algún museo e irnos a almorzar juntos.

¿Y si saco entradas para el cinematógrafo?

-Podemos esperar a que se despierte, que descanse, y ya le preguntamos.

No vaya a ser que tenga otro trauma y la liemos.

-En lo que lo decidís, voy a acompañar a la tutora

a la estación, que quería visitar a unos familiares.

(LLORA)

(HABLA EN EUSKERA)

(HABLA EN EUSKERA)

A ver, a ver, respira un poco.

Respira, respira.

¿Ha roto relaciones contigo?

En cuanto su madre se ha enterao de que estábamos juntos.

Ella nos desaprueba, no le gusta la gente de la farándula.

Pero tú no tienes nada que ver con eso.

Esa es tu madre. Y toda una señora, y elegante, dicho sea de paso.

Y aunque lo fuera, tata.

No tiene arrestos para contradecir a su madre,

para hacer lo que le haga feliz a él.

Es un cobarde.

Es un pusilánime

y un timorato.

Vamos a ver, vamos a ver.

Que alguien así no te conviene, cariño. Pues entonces,

¿por qué no le olvidas, eh? Y a otra cosa, mariposa.

Y me dice que le ha sentao mal la argucia que me inventé

para que su madre nos descubriera.

Tata, le amo.

Le amo con toda mi alma.

Y ha roto conmigo.

Bueno, espérate,

espérate a ver si todavía este no se arrepiente,

se da cuenta de que ha hecho una tontada,

y quiere volver contigo.

No se va a arrepentir.

Le he decepcionado.

No sabía que Emilio fuera a actuar así.

Ahora sé quién es y lo que alberga su corazón.

Y desde luego, no es amor por mí.

(HABLA EN EUSKERA) (LLORA)

-Arantxa.

-Aquí estoy, señora.

-¿Dónde te metes? -En la cocina. ¿Qué quiere?

-Necesito que me cosas este dobladillo antes de guardarlo.

-Pues déjelo, que ahora mismo lo hago.

Ahorita mismo.

-¿Ocurre algo?

-No.

Yo me voy a la habitación a estudiar.

Muy bien.

-¿Qué le pasa?

-Nada. ¿Qué le va a pasar, pues?

Que está cansada ya

de tanto libro.

La criatura no puede si con su alma ya.

-Ni yo con la mía, pero es lo que tiene que hacer.

-Eso es.

Eso es.

Emilio, hay que preparar una mesa de cinco

a las nueve y dos mesas de dos. -De acuerdo.

-Buenos días por la mañana.

-Buenos días. ¿Qué le trae por aquí?

-He venido a saludar a mi pareja de baile favorita.

¿Las has hecho tú? -(ASIENTE)

-Hmm... Están riquísimas.

-Camino tiene muy buena mano para los dulces.

-Y no solo para los dulces.

He de felicitarla por lo bien que bailó la otra noche.

No, no, eres una bailarina extraordinaria.

Y me alegro de verte más contenta.

-Le agradezco las atenciones que está teniendo con Camino.

-No lo agradezca, lo hago encantado.

-Encantado o no, se lo agradezco.

Ella necesita un amigo, no ha tenido muchos en su vida

y usted le hace bien.

-Bueno.

Vas a hacer que eche tripa, pero muchas gracias.

Con Dios. -Con Dios.

-Buenas. -Buenas.

-¿Me prepara una mesa para esta tarde?

Para dos. -Claro.

-¿Se encuentra bien?

-Sí. -Pues nadie lo diría.

No tiene buena cara.

-He dormido poco.

-Ya. Parece que le hayan dado el peor de los disgustos.

-¿Necesita una mesa para usted y su mujer, están de celebración?

-Lo estamos, pero no es para nosotros,

es para mi padre y mi hermana.

No sabe cuánto me alegro. Estoy deseando conocerla.

Le invito a una copa de vino.

Me han traído uno nuevo y quiero saber su opinión

antes de ofrecerlo.

-Maravilloso, pero no soy un experto.

-Siéntese.

Fabiana. -Ahora iba al altillo.

-¿A buscarme? -No.

Iba a ver a Agustina por si necesitaba cualquier cosa.

-Pues ahí sigue, en cama.

Pero Úrsula tenía libre y se ha quedado cuidándola.

No quiere que nadie la moleste. -Entonces no lo haré.

Mejor me paso luego a verla.

¿Y a usted qué le pasa?

-¿A mí? -Parece que se le ha muerto alguien.

-Nada, que no he podido pegar ojo en toda la noche

pensando en lo que usted me dijo. -¿Quién, yo?

-Sí, lo de don Ramón.

-Tendría que haberlo hecho, Carmen, pero ahora,

espere unos días a que marche la niña.

-¿Qué niña?

-Milagros, la hija de don Ramón.

-¿Milagros está aquí?

-Sí. Llegó ayer.

Carmen, ¿no lo sabía?

Les acabo de ver dando un paseo.

Don Ramón quería enseñarle el barrio.

Seguro que se le olvidó contárselo.

-¿Cómo se le va a olvidar?

-Lo mismo no encontró el momento, Carmen.

-¿Desde cuándo debe de saber que su hija venía de visita?

Algo tan importante, debería tenerlo previsto desde hace mucho.

Y en todo ese tiempo, ¿no ha tenido un momento?

Fabiana, por Dios. -Bueno,

seguro que hay una explicación para ello.

-Sí, que no ha querido compartirlo conmigo.

Vamos, que no ha querido contármelo.

-Carmen.

Os he visto desde la mantequería. ¿Podemos hablar?

-No es el mejor momento.

-¿Lo dices por mi hija, ya te has enterado?

-Será mejor que les deje a solas. A más ver.

-Llegó ayer tarde de improviso, pero no me va a echar de menos,

está con Lolita. -¿No sabías que venía tu hija?

-Hasta ayer, no.

-Será mejor que marche, tengo muchas cosas que hacer.

-Tenemos una conversación pendiente.

-Que podemos posponer. Ahora estás muy ocupado.

Ya tendremos tiempo de hablar de nosotros.

Suave.

Con sabor a roble.

Ideal para aves o...

carnes poco pesadas.

-Para no ser experto, ha hecho un análisis muy preciso.

-Debe ser que de tanta cata, me he convertido en erudito.

-¿Cómo lleva su padre la visita de su hermana? Estará contento.

-Contento, pero algo nervioso, no se conocen mucho.

-Ahora tiene una oportunidad de oro para hacerlo.

-Eso mismo le he dicho yo.

-Hoy le prepararemos la mejor de las mesas

para que tengan una merienda estupenda.

-Se lo agradezco, doña Felicia.

No hemos empezado bien, la visita nos ha pillado por sorpresa.

-No importan los malos principios, sino los buenos finales.

Y nosotros haremos que su padre y su hermana finalicen el día

la mar de bien.

-Buenos días. -Buenas.

Venía a interesarme por las sesiones de baile.

¿Cuándo será la siguiente? -Mañana, misma hora.

-Muchas gracias, señora mía, aquí estaré.

-Con Dios.

(Se cierra la puerta)

-¿Seguro que está todo bien, no quiere que hablemos?

-No,

todo bien.

-Pues yo marcho, que tengo recados que atender.

-Deberías hacer un poder por cambiar esa cara, o la gente se dará cuenta.

¿Adónde vas? -A tomar el aire.

Necesito un respiro.

¿Sabes de qué me he enterao?, que está aquí la hija de don Ramón.

-Arrea, menos mal que no eres investigaora,

si no, te ibas a morir de hambre.

Esa noticia la conoce to el barrio.

-To el barrio no sé, pero tú te enteras de to gracias a tu señá,

que es una chismosa.

-Y quiera Dios que siga,

así me entero de lo que pasa en el barrio.

Por cierto, ¿la has visto?

-¿A quién?

-A la hija de don Ramón. ¿De qué estamos hablando?

-Yo no, pero todos dicen que es clavadita a su madre.

-A poco que tenga la mitad de desparpajo que doña Trini,

se gana a to el barrio. -Ay, sí.

Voy al quiosco, a ver si con suerte les veo y les doy el saludo.

Y si te enteras de algo más, vuelve a contármelo.

-Que sí, prima, pierde cuidao.

-Con Dios. -Con Dios.

No empiece que no tengo tiempo, mire la de plancha que tengo.

Es muy bonita su pizarra.

¿Qué quiere, que hable? -(ASIENTE)

-¿Y cómo me va a responder?

Ah, claro, con la pizarra, como hace Camino.

-(CON POCA VOZ) Ahí.

-Pero hay una diferencia entre uste y Camino,

que Camino sí sabe escribir con ritmo, pero uste escribe muy lento.

Que le pregunte. -(AFIRMA)

Ahora mismo no se me ocurre qué preguntar.

Ah, mire, sí, eh...

¿Se ha enterao de que ha venido la hija de don Ramón?

-(RÍE)

-Ahí pone sí, que sé cómo se escribe.

Eh...

-(GESTICULA)

-El tiempo.

Que parece que refresca. ¿Cree que va a llover?

Por ejemplo.

Pues nada.

Gracias.

Vivir separaos de nuestra hija se pasa malamente.

-Dígamelo a mí, que mi esposa

también tiene una hija, vive fuera, y a veces lo pasa regular.

Pero creo que el caso de la hija de don Ramón es distinto.

-¿Y por qué? -Apenas se conocen.

Se separó de ella al nacer.

-¿Y eso?

-Eso es una larga historia.

Don Ramón no pudo superar la muerte de su esposa

y no pudo encargarse de ella.

Y, después, ya saben, le metieron preso.

Milagros ha estado viviendo en París con su hermana.

-Qué caso más particular. -Sin duda lo es.

Y daría para mucho tema de conversación, pero...

mejor hablamos de cosas más alegres,

como su viaje. ¿Tienen todo preparado?

-Mi esposa aún está empacando. Qué de baúles vamos a llevar.

Vamos a necesitar un barco pa nosotros solos.

-Todo sea para darle capricho a la esposa de uno y hacerla feliz.

-Eso, soy incapaz de negarle na.

Y si tengo que comprar una flota entera, pues ole.

-Diga usted que sí. ¿Cómo ha ido su viaje, don Alfredo?

-Agradable y divertido.

Las juntas de accionistas del banco siempre lo son.

Especialmente, cuando las cuentas van bien.

-Dicen que el sector de la banca es el que más beneficios está teniendo.

-No lo sabe usted.

Hasta yo me sorprendo cada día.

Todos los días surgen posibilidades de negocio.

¿"Posibilidades de negocio", dice? -Ahora,

hay una que podría ser una gran inversión.

En el Banco Americano estamos pensando

en hacer una ampliación de capital.

Van a salir oportunidades muy ventajosas.

-¿Cómo de ventajosas? -Eso, eso.

¿Qué quiere decir?

-Esa es una pregunta que requiere algo más que una respuesta rápida.

No puedo entretenerme más.

Pero... si acuden al ágape que está organizando mi esposa,

les contaré todo.

-Tenía pensado acudir, pero ahora lo haré con más interés.

-Lo mismo digo. -Buenos días, caballeros.

-Buenos días. -Buenos días.

Y...

¿Tiene uste mucha faena hoy?

Ah.

¿Y no debería marcharse y empezar con sus labores

en vez de estar aquí pegando a la hebra con servidora?

Ah...

Pues yo sí, Servando.

¿Ve ese cesto de ropa? Pues esa ropa tengo que planchar.

No tengo tiempo pa que me entretenga con sus chaladuras.

Que si sí, que si no, que esto parece un concurso de mimos.

Así que, hale, aire.

Que no, Servando, que no.

Que se vaya pa la pensión.

Pero ya, ¿eh?

¿Te gusta el barrio? -(ASIENTE)

-¿Quieres que vayamos hasta el parque?

-La verdad es que estoy algo cansada.

¿Le importa si nos sentamos?

-Claro que no, hija.

¿Prefieres aquí o prefieres tomar algo en el restaurante?

-No, no, aquí está bien.

-Muy bien.

¿Tienes institutriz en París?

-Tengo dos.

Pensé que se lo había dicho en una de mis cartas.

-Seguro que sí, pero se me habrá olvidado.

Bueno, olvidado, no, ¿eh?

Que yo no olvido nunca nada de lo que me cuentas,

pero lo habré dejado pasar por alto.

¿Te gustan las clases de piano?

-Violín. -Eso, violín.

-María Luisa dice que toco muy bien.

Le gusta oírme tocar. -No me cabe la más mínima duda.

-¿Le apetece que juguemos a algo?

-¿Jugar? Sí, claro.

¿A qué?

-¿Le gustan las adivinanzas?

-No suelo jugar a las adivinanzas,

pero sí, vamos, enséñame.

-Pues empecemos por una fácil.

Ya. Cinco hermanos

que están muy unidos, no se pueden ni mirar,

cuando riñen, aunque quieran, no se pueden separar.

-"Cinco hermanos".

¿Y son de este barrio, los conozco yo?

-Eh,... no son personas.

Es una adivinanza. ¿Le doy una pista?

-Sí, claro. -Todos los llevamos encima.

-"Todos los llevamos encima".

-Ya está, los pantalones, como dos piernas hermanas.

-Le he dicho cinco.

Los dedos de la mano.

-Ah, claro, qué tonto.

A ver, ¿cuál te parece más bonito?

-Los tres resaltan tu belleza.

De quitar el hipo al más pintao, vamos.

-Pero si tuvieras que escoger.

-Escogería el que más te gustara a ti,

pa no quitarte el gusto.

-Así no me ayudas nada, Jose Miguel.

No puedo llevarme los tres. -¿Por qué no?

Si te hace feliz...

-Me mimas demasiao,

corazón mío.

-Con esa misión puso Dios mis pies en este mundo.

Y con ellos me iré colmándote de caprichos y de mimos

y de bonitas palabras. Como te quiero,

Bella del Campo, mi reina mora.

-Este me llevaré,

que combina con todo. ¿Y tú qué?

¿Tienes to apañao pal viaje? -Listo y requetelisto.

Osvaldo insiste en que nos alojemos en su casa.

Pero he reservao un hotel, para poder atender a la prensa.

-Gran idea, vida mía.

-Cuando veas la habitación del hotel, mejor te va a parecer.

¿Quieres ir al ágape de doña Genoveva

o mando una nota cancelando?

-Quiero ir.

Tengo millones de cosas que hacer, pero lo primero es lo primero.

-¿Un ágape? -Estrechar lazos con los vecinos.

Nos vamos a ir muy lejos y Cinta se va a quedar muy sola.

Lo mejor es que la consideren de la familia por lo que pueda pasar.

-¿Qué va a pasar? -A saber, cualquier calamidad.

-Lo que tú digas, mi vida. Hablando de la niña,

¿dónde está? -Estudiando, como debe de ser.

-Nunca pensé que llegaría a decir esto,

pero está estudiando por demás.

-Eso ni lo mientes.

Nunca es por demás cuando se trata de cultivarse

y convertirse en una señorita. -También es verdad.

(Pasos)

Dichosos los ojos, canelita.

¿Tanto tienes que estudiar que no tienes tiempo ni pa darme un beso?

Hola, padre.

¿Todo bien?

Sí.

-Aunque pensándolo bien,

este me lo compré en la Avenida Corriente,

en Buenos Aires. Lo suyo es que me lo llevara.

Señoras.

Me gustaría presentarles a mi hija.

-No puede ser.

¿Tú eres Milagros? -¿Acaso lo dudas?

¿No ves su parecido con Trini?

-Diles algo, no seas tímida.

-No lo soy, padre.

Estaba esperando a que terminaran de hablar.

-(RÍE) ¿Te han hablado de nosotras?

-María Luisa me ha contado todo sobre este hogar.

-¿Y qué te ha dicho?

Que ustedes dos son las señoras más respetables de Acacias.

Creo que esas fueron sus palabras.

-Como se nota su educación parisina.

-Espero que te quedes con nosotros una larga temporada.

-Unos días.

Tiene que regresar a sus obligaciones.

-Claro, como debe ser.

Me han dicho que eres una apasionada de la música.

(ASIENTE)

-¿Qué tocas? -El violín.

-Exquisito.

¿Nos deleitarás con un concierto?

-No se ha traído el instrumento, doña Rosina.

-Pero se podrá conseguir uno en esta ciudad fácilmente.

Aunque sea prestado o por unas horas.

Mi padre cree que aún soy una niña y que ha de defenderme de ustedes.

Puedo ir sola, padre.

-Ay, don Ramón, le diría que su hija es una señorita,

pero me quedaría corta.

-A la vista está.

Eres una mujercita, pero parece que tu padre

no se ha dado cuenta.

-Sí, el tiempo ha pasado demasiado deprisa.

Don Felipe.

¿Qué se le ofrece por estos lares?

Venía a ver a Agustina, quería saber si necesita algo.

Lo cierto es que no. Yo me ocupo de ella y no le falta nada.

¿Cómo está, puedo verla?

No creo que sea un buen momento.

Acaba de dormirse y sería mejor no despertarla.

Claro.

¿Quiere que le diga algo cuando despierte?

Simplemente que he venido. Manifiéstele mi interés.

Y que en cuanto pueda, pasaré a verla.

Así lo haré. Y no se preocupe,

doña Felicia me ha dado el día libre

porque sabe que Agustina está enferma.

No entiendo qué es lo que tienes. ¿Qué dice el doctor?

Nada, dice que son cosas de la edad,

achaques normales y corrientes.

Normales no son cuando está en cama.

Ya, pero eso dice el doctor.

Y que no debemos preocuparnos,

descansando unos días se le pasará.

Espero su pronta recuperación.

Gracias.

Si lo dice, don Felipe, por las tareas en casa,

yo asumiré el trabajo de Agustina.

No lo digo solo por eso, me preocupo por ella.

Y eso le honra, pero a mí no me importa hacerlo.

No hace falta.

Agustina se quedaría más tranquila si yo lo hiciera.

De acuerdo, así será.

Le agradezco lo que está haciendo por ella.

Lo hago porque le tengo cariño.

Con Dios.

Con Dios.

Veníamos por si necesita ayuda con el ágape.

Gracias, pero está todo resuelto.

Venía de la mantequería, le he encargado

unos dulces. No me irán a fallar ustedes, ¿no?

¿No vendrán a decirme que no van a venir?

Ni que estuviera yo loca. -No nos lo perderíamos por nada.

Entonces, ¿a qué se debe esta visita?

-Bueno, además de ofrecernos para ayudarla,

para interesarnos por el viaje de su esposo, ¿ha sido agradable?

Sí, eso creo, apenas han sido un par de días.

-Al parecer, el tema que le ocupaba era de enjundia.

Cosas del banco.

Lo que sí puedo decirles es que está deseando intimar con ustedes.

Y está encantado de recibirles en el ágape.

Se siente como si estuviera en familia.

Ah, pues las familias se cuentan todo tipo de secretos.

-Especialmente, si los asuntos son para enriquecerlas.

¿Qué quieren decir?

-Verá, Genoveva,

Liberto me ha contado que su esposo le habló de una muy buena inversión

en su banco. ¿Una buena inversión?

-Parece que se está fraguando algo que,

de tener información, nos haría ganar mucho dinero a todos.

-A los que inviertan. Si les soy sincera,

no estoy al tanto de los asuntos de trabajo de mi esposo.

Algo sabrá.

Es información confidencial.

No puedo decirles nada, no debería.

Hay mucho dinero de por medio.

Pero ¿no dice que su esposo nos considera casi de la familia?

-¿No le parecemos de fiar?

¿Me prometen que no saldrá de aquí?

-Pues claro.

Somos las más discretas del barrio. -Una tumba.

No sé de qué se trata el negocio,

pero mi esposo dice que se podría ganar más del 200% de rentabilidad

en unas semanas.

-¿200 ha dicho? Sí.

-¿Se puede ganar tanto dinero en tan poco tiempo?

Eso parece. -¿Cómo puede ser eso?

Alfredo dice que es la modernidad,

que ahora el dinero se gana de otra manera.

-¿De otra manera? Más fácil, más rápido,

mejor.

Los valores de la bolsa, dice.

Y dice también...

que los primeros en darse cuenta se harán ricos.

Multimillonarios.

Me han dicho que la Agustina no se encontraba bien.

-Así es, está en la cama.

-¿No le había dicho el médico que no era na, que era la edad?

-Ya.

Y que con reposo se terminarían los achaques.

¿Has venío a preguntar por ella?

-Sí, a interesarme.

Y a darla unos consejos para su recuperación.

-¿Qué consejos?

-Leche de oveja caliente con dos cucharadas de miel.

Mano de santo. Y si le echas una gotita de coñac...,

eso le cura a uno hasta la mala jandina.

-Deja los remedios caseros, que pa eso están los médicos.

-Que no hay na como las cosas que salen del campo y de la naturaleza.

-Ya.

Pero Agustina tiene que tomarse el reconstituyente

que le ha receta el médico. -Lo que tú digas.

Yo lo digo por ayudar. ¿Se puede visitar a la enferma?

-Pues eso hay que preguntárselo a Úrsula, que es la que manda.

No quiere que nadie la moleste. -Ni que fuera de su propiedad.

-Ya, pero es la que la está cuidando.

-Eh.

-Servando,

si viene a darme la turra otra vez con la pizarra, los palabros y eso,

le voy a estampar la pizarra en la cabeza.

¿Pa qué la trae?

-Espera, que creo que quiere decirnos algo.

-¿Qué es eso?

-Parece...

una silla.

-Eso es un perro, mira las orejas.

-¿Un perro?, se ve claramente que es una oveja.

-Podría ser un gato también.

Es que, a lo mejor tienes que girarlo.

-Tampoco se ponga así.

-Qué carácter se gasta usted con nosotros.

Lo que tendría que tomarse es un remedio natural,

con leche, coñac, miel, que le iba a curar

eso que tenga y la mala jandina.

-Ay...

Que no quería decir na, pero...

era Casilda con bigote, ¿no?

¿Eh?

¿No? Perdón.

Bueno, me voy volando, que aún tengo compras que hacer.

-¿Quieres que te acompañe? -Deja, que voy más ligera sola.

-¿Tienes todo el equipaje listo?

-Ay, por mi Virgen de la Cinta, ya me gustaría.

-¿Y qué te falta?

-Decidirme por lo pronto.

-Tú verás. -Eso,

ya veré, pero luego, que tengo prisa.

Oye,...

estás mu raro, ¿qué te pasa?

-¿Has notao a tu hija diferente? -Diferente, ¿cómo?

-Como tristona.

-Sí. Pero le pregunté a Arantxa y me dijo que no pasaba na.

-Algo pasará, si le hemos notado un cambio de ánimo.

-Dice Arantxa que es por los estudios,

que se los está tomando en serio.

Así que... Bueno, me voy

antes de que me cierren, que no me quedan muchos días

y hay muchas compras pendientes.

Padre. Hija mía, ¿podemos hablar?

¿Qué ocurre?

Eso digo yo, ¿qué te ocurre?

Nada, ¿por qué?

¿Te ha molestado alguien en los bailes?

¿Y entonces?

Entonces, ¿qué?

Desde la última sesión de baile hasta hoy no eres la misma.

Estás triste.

Apená, como si te hubieran quitao el brillo y la alegría.

Canelita.

¿Qué te pasa?

A mí me lo puedes contar.

¿Le puedo pedir algo, padre?

Lo que tú quieras.

¿Me puedo ir con ustedes a la Argentina?

Eh...

¿Lo dices en serio?

(ASIENTE)

Agustina, le he traído una sopita.

-Se lo agradezco, Fabiana.

Pero no me entra nada.

-Algo tendrá que comer, mujer.

-Comí hace un rato lo que me trajo Úrsula.

-¿Ah, sí? Pues si es así, me callo.

Ahora, me sentaré una miaja con usted.

¿Cómo se encuentra? -Ya me ve.

Como si me hubiera atropellado un tranvía.

-Sé que el médico le dijo que solo eran achaques,

pero cualquiera diría que miente.

-¿El médico o yo?

-Usted.

Reconozco que lo pensé y por eso interrogué a Úrsula.

-¿Y?

-Y me contó toda la verdad.

Me dijo que ella estuvo delante

cuando el médico le pasó el diagnóstico

y que uste no entendió una miaja.

Y que también le había dicho que guardando unos días en cama,

se pasaba su dolencia.

-Así es.

-Así que vuelva usted a sus quehaceres y no se preocupe.

-Úrsula me cuida.

Ya la ha oído usted Fabiana.

La enferma necesita descansar, yo me ocupo.

-Está bien, si me necesitan, ya saben dónde estoy.

Le he traído agua.

Gracias.

No hay de qué. No hablo del agua,

sino de haber guardado el secreto

sobre mi diagnóstico.

¿Se lo ha contado Fabiana?

Y es mejor así.

Es mejor que nadie sepa lo que me sucede en realidad.

Solo cumplo sus deseos.

No quiero hacer sufrir a aquellos que se preocupan por mí.

Además, de qué me cuesta disimular.

Normal. Aunque...

la verdad es que no... he de disimular mucho.

No ha venido nadie más a verme.

¿O ha venido alguien más?

No.

No que yo sepa.

Pero seguro que es porque todos saben que no se la ha de molestar.

Ya,... seguro que sí.

Al final de nuestros días es cuando nos damos cuenta de a quién

tenemos a nuestro lado.

Entre usted y yo, Agustina,

nunca son muchos.

Se pueden contar con los dedos de una mano.

Nacemos solos y solos morimos.

Sin familia,

sin amigos.

Sin nadie,

solo con Dios...

y todos nuestros pecados.

Pero me tiene a mí.

Yo siempre estaré a su lado.

Yo cuidaré de usted.

Me he cruzado con ellos en la pérgola.

-¿Y cómo era la niña? -La viva imagen

de Trini. Y despierta como ella.

-¿De veras?

-Qué soltura para darle a la húmeda.

-Mejor que sea espabilada que no tímida.

-Pues sí. A don Ramón se le veía como nervioso en su presencia.

Pero normal, ha estado 10 años sin verla.

-Pues sí.

¿Ha venido sola desde París?

-No, pero ya se ha ido la mujer.

-¿Cómo que se ha ido? -Se ha ido con unos parientes.

Volverá a por la niña cuando tenga que regresar a París.

-¿Y cuándo será eso?

-No lo sé, no me quede a preguntarle más.

Tenía muchas prisas por llegar a casa de doña Genoveva

para hablar con ella del Banco Americano.

-¿Has ido a preguntarle eso? -Sí, Liberto.

El yacimiento de oro cada día da menos.

Un día se agotará. -Eso es cierto, sí.

-Por eso tenemos que pensar en invertir en nuevos mercados.

Y me estoy planteando lo del Banco Americano.

-Reconozco que yo también le di vueltas cuando hablé con Alfredo.

No sé, necesitamos más información.

Pero lo que nos contó no sonaba del todo mal, ¿no?

¿Qué te ha dicho Genoveva?, si es que te ha dicho algo, claro.

-Más de lo que me esperaba.

(Llaman)

-¿Quién será?

-Abre, que Casilda está en el lavadero.

-Don Alfredo, qué grata sorpresa. Pase, por favor.

-Gracias.

Doña Rosina. -Qué alegría, don Alfredo.

¿Quiere tomar algo? -No, gracias.

Solo les molestaré unos minutos. -Usted no molesta.

-Eso espero.

Sé que no es correcto venir de visita sin avisar, pero...

necesito cierta información, don Liberto,

que me corre alguna prisa.

-Dígame. -¿Conoce usted a...

don Ignacio Santolaya?

-Sí, es asiduo a las tertulias del Ateneo.

-Sabía que usted me podría ayudar.

Verá, en el banco están muy interesados en él.

-¿En él? ¿Qué quiere decir?

-Como inversor.

-Precisamente, nos gustaría hablarle de eso, ¿y nosotros?

¿Qué le parecería a su banco si quisiéramos invertir?

¿Te gusta este sitio?

-Sí, muy acogedor.

-Y la propietaria es muy amable.

¿Quieres algo más?

-No, la leche con cacao está bien de momento.

-Gracias. -De nada, hija.

¿Te gusta el barrio entonces?

-Sí, se parece mucho al barrio de París donde vivo.

-Entonces, supongo que te sientes como en casa.

-Sí, bueno...

Las personas son muy simpáticas,

Lolita es muy simpática, y Antoñito,

muy cercano y amable.

-No puedes tomarte solo un vaso de leche, tienes que tomar unos dulces.

-No tengo mucho apetito, padre.

-Hay uno que es mi preferido

y que te va a encantar.

Era una sorpresa, pero...

doña Felicia lo ha preparado esta tarde especialmente para ti.

Doña Felicia, por favor.

-Si tan bueno está, habrá que probarlo.

-Te vas a chupar los dedos, ya verás.

Y tienes que adivinar lo que lleva.

Tienes que cerrar los ojos.

¿Tienes los ojos cerrados?

-Sí. -¿Seguro?

-Sí.

-Venga, abre la boca.

Así.

-Hmm... Qué rico.

¿Qué lleva? -Chocolate,

nata, azúcar, huevos, leche,

vainilla y nueces.

-¿Nueces?

-Sí.

¿Ocurre algo? -Me sientan mal las nueces.

Me sale un sarpullido y se me hincha la lengua.

-¿Y desde cuándo? -Se lo conté en una de mis cartas.

-Hay que llevarla al hospital.

Corra, corra.

A por un coche. -Dios.

Voy a encontrar la fórmula de convencer a mis socios

para que consideren a un pequeño grupo de inversores,

que actúen como uno solo.

-Ay, qué emoción.

Ya lo has visto, Lolita,

Milagros no quiere ir conmigo ni a la casa de fieras

ni a ningún otro sitio.

-Don Ramón, es una nena, no se lo tome en cuenta.

Tampoco me voy feliz pensando que no me dices la verdad

de lo que te pasa.

Madre, que no me pasa nada.

Me han entrado ganas de ir a Argentina.

Recuerde que todas mis amigas de la infancia están allí.

Seguro que me da nueces.

-Eso fue un accidente que le tienes que perdonar.

¿No ves lo afectao que se ha quedao?

-Ya, pero se lo puse en una de mis cartas.

María Luisa me obliga a escribirle, y ahora sé que no las lee.

No creo que sea una bicoca,

a mí me parece una simple oportunidad de negocio.

-Quizá, o no, demasiado bonito todo.

A lo mejor es un negocio seguro y yo soy el único vecino

que se queda sin los orondos emolumentos que promete.

-¿Acaso ve algo raro?

La que me extraña a mí es la Úrsula.

Esa mujer siempre ha sido muy mala.

Se está preocupando por la señá Agustina

como si fuera de su familia.

-Pa que veas lo que engaña la gente.

Tenemos que hablar de nosotros.

-No, Ramón, yo solo quería ayudarte con tu hija.

No es habitual que dejen entrar a capitales pequeños.

-Confiamos en su buena acción. -No olvide

que fuimos los primeros en interesarnos por su banco.

-No me olvido, doña Susana, no tema.

(SE QUEJA)

Usted dirá. -Es por mi hija.

No sé, me preguntaba si por un casual,

sabría si le ha podido ocurrir algo.

"Brindemos".

Por el negocio y el interés de los vecinos en el Banco Americano.

Estamos muy cerca de conseguir lo que queríamos.

Te ha llegado esto.

¿Malas noticias?

-Sí, madre.

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Acacias 38 - Capítulo 1017

22 may 2019

Genoveva y Alfredo manipulan sutilmente a Rosina y Liberto para que inviertan en el Banco Americano.
Ramón intenta enmendar la metedura de pata de la caja sorpresa con Milagros. Sin querer el Palacios provoca una reacción alérgica a la pequeña. Carmen se entera de la llegada de Milagros; el Palacios no ha contado con ella para recibir a la niña, lo que la disgusta.
Úrsula impide a Felipe ver a Agustina, además no cuenta a la criada que su señor ha ido a verla.
Cinta rota de dolor por cortar con Emilio decide marcharse a Argentina con sus padres. Emilio, también destrozado, aguanta estoicamente el dolor y sufrimiento provocados por la ruptura.

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