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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1004 - ver ahora
Transcripción completa

Que alguien tenga a bien ayudarme.

Ya no tengo medios para poder pagarme una cama.

-¿Por qué has desvelado a los vecinos tu identidad?

¿Es que te quieres arruinar la vida?

-No, los que me están amargando la vida son ustedes.

-He visto muy perdida es a Úrsula.

-A esa mujer solo se le ha tolerado en el barrio

porque la tenía protegida Lucía. Ninguno ha olvidado

sus tropelías del pasado.

-Es muy posible que sea él quien esté pagando las cuentas

con dinero falso para quedarse con las vueltas en dinero legal.

-¿Le echo a patadas? -Debes estar atento.

-Descuide, que no lo perderé de vista.

-De acuerdo.

-Es menester que arregle el entuerto de mi hijo primero, ¿eh?

-Sí, claro, su hijo es más importante que yo.

-Yo no he dicho eso.

Tú también eres muy importante para mí.

-Yo le busco actuaciones, por eso me llevo un 15% de cada una,

lo demás, todo para usted.

Por mal que se nos dé, sacará al mes 200 pesetas limpias, si no es más.

-Pero eso es una barbaridad.

-Entonces está todo listo, nos damos la mano y venga,

que entre gentes de honor como nosotros no hace falta papeleo.

-Una cosa más. -¿Qué duda tiene?

-Que no se enterara mi madre. -Por eso no habrá problema.

-Podríamos coger las llaves de la portería y entrar,

seguro que encontramos una pista de Genoveva.

-¿Pero te has vuelto loca?

Entrar en casa de Genoveva es allanamiento e inmoral.

-Necesitamos esa libreta para eso te quiero yo a ti.

-¿Pretende que se la robe?

-No, ¡por Dios! Por Dios.

-(RÍE) -Simplemente

quiero que se la pidas prestada.

-Está claro que lo que hemos hecho no está bien,

pero es un pequeño hurto sin importancia.

Además, es de ley

que todos nos enteremos de los grandes secretos antiguos,

y le echo un vistazo y le juro que se la devuelvo a su propietario

en cuanto le vea salir. -Está bien.

Un vistazo rápido y la guarda.

-"No me puedo quedar, yo me tengo que ir

y quiero que tú vengas conmigo". -Vivir como proscritos no es vivir.

-Antoñito, Lolita,...

lo tengo, lo tengo. -¿El qué?

-La solución para que mi hijo quede libre del servicio militar.

-Hable, que nos tiene en ascuas.

-Termine la frase, ¿qué se le ha ocurrido?

-He estado estudiando las razones legales por las que un mozo

puede quedar exento del servicio militar

y hay una que quizá cuadre. -¿Cuál?

-"Será exento el hijo único que mantenga a su padre pobre

siendo este impedido o sexagenario".

-Pero usted no está impedido.

-Y si es pobre, yo soy la Virgen de Fátima, suegro.

-¿Qué quiere, que mintamos? -No, no, no, no es mentir.

La realidad es que a día de hoy yo no tengo ningún ingreso

y, cuando entré en prisión te transmití mis bienes,

y desde entonces, vosotros dos me habéis estado manteniendo.

-Claro, eso es cierto.

Mi padre tiene razón, tenemos que alegar ese motivo.

-¿Entonces no te vas a África?

¿No te vas a África?

No te vas a África.

-Ojalá que la idea funcione.

-¡Ay, suegro, qué listo que es!

(RÍEN)

(Sintonía de "Acacias 38")

No llore, señora.

Úrsula.

Cuánto tiempo sin verla, doña Cayetana.

Tengo la representación de las familias que faltan

en esta reunión. A partir de ahora,

tengo su voz y su voto.

Ya ha "conseguío" lo que pretendía usted de siempre.

No todavía.

Te sorprenderá lo que voy a conseguir de ahora en adelante.

(Griterío)

¡Quemadla!

-¡Venga!

¡No!

-¡Venga, acercad las antorchas, que esto arda como una tea!

-¡Venga, vamos a quemarla ya! -¡Asesina!

-Los vecinos de Acacias nunca hemos estado tan unidos,

y esto tenemos que agradecérselo a Úrsula.

-Ya no podrás convencer a nadie utilizando tus malas artes.

(ESCUPE)

-¡Maldita sea tu estampa! -Ya sabemos quién es

y lo que ha ido diciendo de nosotros.

(Griterío)

-¡Que arda! -¡Que arda ahí!

(Griterío)

¡Chula!

-¡Quemadla!

-¡Que arda! -¡Al fuego!

¡Malditos sean!

-Pues, "señá" Carmen, mi señora está "pesá", "pesá" con el asunto

de doña Genoveva. No para de hablar de ella.

-No para de hablar de ella ni ahora ni antes.

-Ya, pero antes era para criticarla y ahora yo creo que es sincera

su preocupación por ella. Si es que a qué engañarnos,

la desaparición de doña Genoveva de un día para otro no es normal,

sin ir más lejos.

-¿Qué le habrá sucedido?

Yo no me termino de quitar la culpa por no haberles ayudado.

-Ni usted ni "naide".

-Si lo hubiéramos hecho,

don Samuel seguiría vivo y feliz junto a su esposa.

-A las buenas.

¿Qué hacen? -Pues "na", pegar la hebra.

-De don Samuel y doña Genoveva hablábamos.

Dice Casilda que su señora está preocupada.

-Bueno, por ellos dos ya no se puede hacer nada.

Ahora hay que preocuparse de Úrsula,

que nadie sabe dónde pasa las noches.

¿Saben que Agustina le preguntó si quería dormir aquí y le dijo que no?

-Y encima hay que hacer de tripas corazón "pa" aguantar a esa mujer.

-Orgullosa ha sido siempre.

-¿Y dónde está quedándose ahora?

-Cesáreo cree que en la calle.

-¿En la calle? Madre del amor hermoso.

-Tampoco...

parece estar muy seguro.

Dice que le pareció verla como si se estuviera acomodando

para pasar la noche en la pérgola, y que la mañana siguiente

ya no estaba allí.

-No me extraña nada.

-Ni a mí. Bueno,

yo me voy a marchar al catre, que el día ha "sío" muy largo.

Con Dios, señoras. -Con Dios.

-Con Dios, Casilda.

Tenga.

-¿Esto qué es?

-Un sobre y una cajita que me ha "dao" don Ramón "pa" usted.

¿No piensa abrirla?

-Es que no entiendo por qué me manda esto en lugar de hablar conmigo.

-Pues si no lo lee, nunca lo va a saber.

-Camino, ven un momento.

Quiero que lo observes bien, fijándote en todos los detalles.

Quiero que hasta lo estudies de memoria.

Al parecer, están apareciendo billetes falsos por toda la ciudad.

Has de estar atenta para que no nos cuelen ninguno.

Ah, y has de tener especial cuidado con un cliente llamado Victoriano.

¿Sí?

Sí, ahora, Camino.

Es importante.

Venga.

-Buenas. ¿Ya están cerrando?

-Pues a punto estamos, pero le pongo un vino si le acompaño.

-No se me ocurre mejor trato que ese.

No me puedo ir a casa con tanta euforia en el cuerpo.

-¿Euforia? -Sí,

mi padre ha encontrado una argucia legal

para librarme del servicio militar. -No me diga, enhorabuena.

Qué gran noticia.

-Vengo de revisar con él los papeles para ir a entregarlos mañana.

-Qué bien.

Pues ojalá tenga usted suerte. -Ojalá,

porque lo de pegar tiros no era lo mío ni cuando éramos pequeños

y jugábamos en la calle.

¿Qué ocurre?

-Parece ser que están apareciendo billetes falsos por toda la ciudad.

-Ya, algo había oído: lo de la redada en el Cafetín del Duende,

pero no hay nada que temer, han detenido al jefe.

-Sí hay que temer.

-¿Por qué, ya le han puesto en libertad?

-Hipólito Pastrana sigue detenido.

-¿Entonces? -Que el dinero falso

sigue apareciendo.

Él dijo que no había falsificado esos billetes de 25 pesetas.

-Ya. ¿Y sospecha de alguien más?

-Yo y otros propietarios de algunos restaurantes de la ciudad.

Se llama Victoriano, pero el apellido no lo conozco.

Cuando lo vea, le diré quién es.

Dígale a su esposa que se ande con ojo.

-Sí, se lo diré. En la mantequería

no pagan con billetes grandes, pero está bien saberlo.

En fin.

-Espero que ese hombre no cause problemas al barrio.

-¿Lo dice por alguien en concreto?

-No, hablaba en general.

En este barrio hay muy buena gente y no me gustaría

que nadie saliera perjudicado. -Ya.

-Bueno, ¿salimos?

-Ay, abra usted la carta y salga de dudas.

Tanta demora solo la angustiará.

-¿Y si me dice que lo nuestro no es posible?

O peor, que quiere dejarlo conmigo.

-¿Y si abre la dichosa misiva y nos enteramos?

Ay, Carmen, don Ramón no la va a dejar a usted por carta,

es muy caballero para hacer eso.

Además, cuando me la dio estaba muy feliz, no estaba triste

ni "apenao" ni nada.

-¿Sí, estaba feliz? -"Pa" chasco que sí.

Parece que han "encontrao" una manera de que don Antoñito

pueda librarse del ejército. Ahí les he "dejao",

mirando unos papeles. -Ay, Fabiana,...

Dios lo quiera. -Por eso,

¿no ve usted que no tiene sentido?

-Está bien.

-¿Malas noticias?

-No, Fabiana,

todo lo contrario, me declara su amor.

-¿De verdad, Carmen? -Sí.

Pero me pide algo de tiempo hasta que se resuelva todo lo de Antoñito.

Dice que... en cuanto su hijo esté a salvo,...

nada nos podrá separar...

y que haremos planes de futuro. -¿Lo ve usted?

Si ya le dije que don Ramón era un caballero de los pies a la cabeza.

-También dice que... él lo está pasando mal...

y que desea que todo esto acabe lo antes posible.

-Carmen,...

¿qué habrá en la cajita?

¿Eso es un relicario?

-Sí. También hay una nota.

Fabiana,...

que dice que espera que muy pronto podamos guardar nuestro retrato,

juntos, aquí dentro.

-La verdad es que es un precioso detalle.

Ay, Carmen, ¿se da usted cuenta? Todas sus cuitas

son en balde, don Ramón la quiere a usted de verdad.

-Tiene usted razón, Fabiana, soy la mujer más afortunada del mundo.

(RÍE)

-¿Me pasas la mantequilla?

¿Hasta cuándo va a durar esto? -¿El qué?

-Tu enfado. -No sé de qué me hablas.

-Hablo de que te molestó que te dijera que imaginabas cosas.

-Es que no me imagino nada, sé lo que oí.

-Claro, y oíste ruidos en el principal, ¿no?

-Genoveva ha regresado y no sé por qué no me permites comprobarlo.

-No es verdad, no ha regresado nadie.

Genoveva no ha vuelto, estás obsesionada.

-¿Crees que me invento lo de los ruidos?

-No, no digo que te lo inventes, vendrán de casa de doña Bellita,

su hija es la Dama del Misterio, estaría practicando, taconeando.

-Yo me quedé muerta cuando me enteré de lo de la señorita Cinta.

Pero ¿a qué engañarnos? De tal palo, tal astilla.

¿Qué creen? ¿Es verdad que eso del arte se hereda?

-¿No me estáis oyendo?

Os digo que los ruidos procedían del principal.

-¿Ruidos?

¿Esta noche, de "madrugá"?

-¿Tú también los has oído?

-Sí, pero no solo eso, también vi algo.

-Bueno, a ver, ¿qué viste, Casilda?

-Un reflejo de luz en casa de doña Genoveva.

-¿Viste luz en la casa? -Sí, desde la ventana del patio.

-¿Lo ves? Lo sabía. ¡Genoveva ha regresado!

-¿Usted lo cree? -¿Quién si no?

-"Tie" "to" el "sentío".

¿Quiere usted que vaya a investigar? -No quiere que vayas,

y yo tampoco quiero. ¡Aquí no va a investigar nadie!

¡Genoveva no está en el principal y no quiero volver a sacar el tema!

-Pero es que... -¡Ni peros ni peras, Rosina!

Prométemelo.

Rosina.

-Sí, te lo prometo.

-Quiere usted que vaya a investigar, ¿no?

-Qué bien me conoces.

-Pues descuide, que iré a ver qué se está cociendo allí,

como que me llamo Casilda Escolano.

-Que tenga un buen día, caballero.

-Yo ya no sé qué más hacer por ella, Fabiana.

Cada vez que le pregunto, se cierra en banda.

-Es una pared, Agustina.

Y no me creo eso yo de la familia inglesa para la que dice faenar.

-Yo ya no sé qué pensar.

Lo mismo sí es cierto y nos estamos creyendo que son consejas.

-No. Yo conozco a Úrsula

desde hace mucho, y ya le digo que nos está mintiendo.

Que me parta un rayo si no está durmiendo en la calle.

Úrsula.

Buenos días por la mañana. Buenos días.

¿De dónde viene usted?

Del altillo.

Precisamente iba a buscarla a usted, Agustina.

¿A mí? Sí.

Quería preguntarle por una receta.

Alguna vez la he oído comentar que había trabajado

en muy buenas casas en el pasado y que solía hacer

sofisticadas recetas francesas. Así es.

-Úrsula, ¿y para qué quiere hacer sofisticadas recetas francesas?

Para mis señores.

Quiere sorprenderles cuando vuelvan de Londres.

-Qué idea más estupenda, Úrsula.

Sin duda, se los ganará usted si prepara una velouté de primero.

Necesita...

leche, mantequilla, harina y caldo.

Del tipo que sea.

De segundo se relamen si prepara...

un "cordon bleu" acompañado de panaché de verduras.

Y ya si de postre se anima con un tatín de manzana,

van a quedar encantados.

Muchas gracias, la verdad es que ya lo están.

No paran de decir lo contentos que están

de tenerme.

Dígame cómo se preparan.

-No sé qué estás preparando, pero huele que alimenta.

-Marmitako, cocochas de merluza al pil pil y purrusalda.

-Todas las comidas favoritas de mi madre, pero ¿qué estamos celebrando?

-No es celebración, es que quiero levantarle un poco el ánimo.

-¿A mi madre?

Fue a mí a la que detuvieron y tuvo que dormir en prisión.

-Sí, eso es cierto, pero tu madre se llevó la peor parte.

-¿Peor que dormir en prisión?

Saber que todos se han "enterao" que la Dama del Misterio es tu hija.

-¿Y eso te parece malo?

-Y que te hayan "echao" de la academia más prestigiosa.

-A ver, tata.

Chist. Vigílame esto, que ahora mismo vuelvo.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué hace usted aquí?

-No soy tan feo como para que no quiera usted ni verme.

-¿Ha venido a eso, a hablarme de lo guapo que es?

-¿Siempre es usted tan...

tan...? -¿Sincera?

-Desagradable.

-Es usted, que saca lo mejor de mí. ¿Qué quiere?

-Vengo a advertirla. -¿A mí?

-Sé que tiene algún tipo de relación con ese tal Victoriano.

Les he visto hablando alguna vez. -¿Y?

-Es un falsificador de dinero.

-(RÍE)

¿Qué pasa, que ya no sabe qué inventar para venir a visitarme?

-¿No me cree?

-Pues no, si ha sido él quien me ha sacado de prisión.

Es más, los dos hemos sido víctimas de las tropelías

de Hipólito Pastrana. -¿Cómo puede ser?

-Eso mismo me pregunto yo.

¿Cómo puede ser que usted nunca se canse de meterse en mi vida?

-Yo no me meto en su vida, me preocupaba por usted.

-Pues parece que me vigila. -Eso no es cierto.

-Si no me quita ojo de encima. -Yo no hago tal cosa.

-¿Ah, no? ¿Y qué hace en la puerta trasera de mi casa?

¿Me está acosando o solo es un admirador?

-Atento, Jacinto, que te despistas.

-No, si yo atiendo, pero no creo que sea buena idea.

Después de la que hemos "organizao" con la... alquimia,...

¿no deberíamos olvidarnos del asunto científico?

-Ahora es cuando no nos podemos rendir.

Ahora tenemos experiencia,... es que no podemos volver a fallar.

-A meter la pata.

-Muchos de los grandes científicos

erraron hasta que consiguieron sus grandes éxitos.

Osadía y perseverancia, eso es lo que forma el carácter

de un gran hombre de ciencia. -Por eso yo no soy científico,

sino portero.

A propósito. -¿Qué?

-¿Ha devuelto la libreta que... que birló?

-Todavía... no.

¿Y a qué espera?

-Nunca se sabe cuándo puede ser útil.

-Usted... lo que quiere es mirar esos dibujos.. libidinosos.

-En mi defensa diré que son bien hermosos,

y tienen su arte y su gracia.

-Ay, muy buenas.

¿Han visto por aquí a Carmen? -No, no la hemos visto.

-Servando, ya que le veo por aquí, ¿usted ha "encontrao"

una libreta por el hostal?

-(TOSE)

-¿Una libreta? No, no.

-Uno de los científicos ha perdido su cuaderno y lo está buscando.

-Pues yo no he visto ningún cuaderno, no.

-Si lo ve, hágamelo saber, el hombre está muy "apurao".

Parece ser que se ha "confundío" con una libreta que no era la suya

y se la ha "cambiao" con alguien.

-Si la veo, no se preocupe que se la devolveré de inmediato.

Calla, hombre, calla. -A propósito,

¿qué hacen los dos aquí? -¿Aquí?

Nada, hablar. -¿Hablar de qué?

-De muchas cosas, ¿quiere unirse con nosotros?

Le quería comentar una idea para ganar unas perrillas

"pa" la pensión, mientras están aquí las visitas de los científicos.

-Servando, no tengo tiempo "pa" sentarme. Al grano.

¿Qué idea es esa? -Dar comidas.

-¿En la pensión? -Sí, la tenemos llena.

Si confeccionáramos un menú solamente para científicos,

nos ganaríamos unos reales.

-Si la mayoría come por los aledaños del Congreso

y, otros, en el Nuevo Siglo XX.

-Bueno, por eso.

-Servando, ya tenemos "demasiá" faena sin comida,

además, yo no quiero hacerle la puñeta a doña Felicia.

-Ya, pero... -No, Servando.

No.

-¿Qué barrunta?

-¿Cuánto tiempo hace que le dejó en el cuartel?

¿No está tardando mucho? -Esas cosas llevan su tiempo.

-"Pa" mí que ha "pasao" algo malo, ¿eh?

-No seas agorera, mujer.

-Ay.

¿Qué te han dicho, amor mío?

-Hijo,...

¿has presentado los papeles?

-¿Ya te han "autorizao" "pa" librarte del servicio?

-¿Qué sucede, Antonio?

-¡Cariño!

-He ido allí y he presentado los documentos.

-¿Y?

-En principio no había ningún problema.

-¿En principio? -¿Y en final?

-Un teniente me ha hecho pasar a su despacho

para entrevistarme.

-Los papeles no han sido suficiente.

-Me ha informado de que todo lo que yo alegaba en ellos

tenía que demostrarlo. -¿Demostrarlo?

-Alguien del ejército va a venir para comprobar

que todo eso es cierto.

-Si es cierto que soy un sexagenario pobre

que no puede valerse por sí mismo.

-Pues ya me diréis cómo lo hacemos.

Tu padre está más fresco que una lechuga.

-Lo sé, por eso he salido de allí tan preocupado.

-¿"Preocupao"?

Yo no sé cómo no te has "apuntao" en las listas.

¿Cómo le vamos a hacer creer a un militar

que este hombre está desvalido?

-No, no, no, no.

No, no. -¿No qué?

-Que no, que no.

-¿Qué pasa? -Que no.

-Don Victoriano. Buenas tardes.

-Buenas tardes tenga usted. ¿Qué, tomando una copita?

-Esperando a mi esposa para dar un paseo. ¿Y usted?

-Bueno, he venido a visitar a un cliente.

¿Cómo se encuentra su hija? ¿Recuperada ya del susto?

-A Dios gracias. Es una muchacha muy fuerte,

le agradezco lo que hizo por ella.

-No fue nada, solo cumplí con mi deber.

-Algo más que eso hizo. -Fruslerías.

Y no me lo repita más, o va a conseguir que me ruborice.

Marcho, que tengo una reunión.

-¿Quién es ese?

-Ese es el hombre que intercedió en comisaría

para sacar a Cinta de prisión.

-Uy, qué pena, me hubiera gustado darle las gracias.

-Tenía una reunión. Ha salido dando zancadas.

¿Qué? -No sé,

apenas le he visto de refilón, pero me ha recordado a alguien.

-¿A quién?

-A un representante de artistas que conocí.

-¿Representante de artistas? -(ASIENTE)

-Tenía cierta fama de tener las manos muy largas con las artistas.

No llegué a tener trato con él,...

de hecho, apenas me lo crucé en alguna fiesta,

pero todo el mundo decía lo mismo de él.

-No creo que se trate del mismo,

don Victoriano parece un hombre respetuoso,

no me lo imagino de esa guisa.

-Oye, espero que no estés cansado, que yo necesito mover las piernas

un buen rato.

-Yo también. La comilona que ha preparado Arantxa

casi termina conmigo.

-Yo no podía tragar ni una cococha más.

-Lo hace para animarte.

Para que olvides los disgustos de tu hija.

-Y no le quito razón, que esa niña me tiene descompuesta.

Ay, hay que apuntarla a clases particulares ya con una institutriz,

que si no, no la vamos a casar con ningún diplomático.

-Le he estado dando vueltas al asunto y...

-Oye, no me vayas a decir que has pensado

en no apuntarla a clase o te doy un mamporro que te avío.

-Las clases son muy caras, gitana, y con una institutriz mucho más.

-Pero tu hija ahora es lo más importante.

-Ya, pero no nos sobra el dinero.

-Pues nos quitamos de otras cositas.

-Si nos hemos quitado de todo. Mira, unas aceitunas.

Además, se me ha ocurrido algo.

-Uy, ¿el qué?

-Contrataremos a una profesora, pero de confianza,

y barata, muy barata. -¿A quién?

-A Arantxa.

-¿Quieres que la criada le dé clases a la niña?

-Arantxa sabe de números y de letras más que tú y yo.

-Que no es decir mucho.

-Y tiene sentido común, y es sensata.

Bueno, la única sensata de la casa, de hecho.

-Ah, en eso no te quito la razón,

que de las cosas de la vida sabe mucho.

Pero la niña necesita que le enseñen algunas cosas más.

-¿Cómo qué? -Yo qué sé,

literatura, idiomas, arte, y Arantxa de eso ni papa.

Además,

es poco elegante que la criada le enseñe a la señorita de la casa.

¿Qué dirán los vecinos?

-Los vecinos no tienen por qué enterarse.

Mira, lo que haremos... Primero...

Gracias.

Que le vaya enseñando cálculo, y letras.

Y cuando pasemos este bache económico,

contratamos una institutriz especializada,

que la ponga más derecha que una vela.

-Sí, eso.

Además, Arantxa es más lista que los ratones colorados.

Anda, acábatelo.

-Y no nos va a cobrar ni un real.

-Y Cinta... va a estar muy controlada con ella.

-¿Eso es un sí?

(RÍE)

(Ruido)

-¿Qué ha "sío" eso? Eso ha "venío" de ahí dentro.

Que me parta un rayo si no hay alguien ahí dentro.

(Golpean la puerta)

Doña Genoveva,

¿está usted ahí?

(Golpean la puerta)

Doña Genoveva, soy yo, Casilda, ¿está usted bien, necesita algo?

Abra la puerta y dígame si está ahí.

(Golpean la puerta)

Señora, abra, que la he "escuchao", abra la puerta, por favor.

Mire, doña Genoveva,...

si usted quiere que me vaya, abra la puerta y dígamelo,

pero por favor, abra, que estamos muy "preocupaos",

no me deje en ascuas. -Maldita seas.

(Golpean la puerta)

-Doña Genoveva.

Doña Genoveva.

-Casilda, chist. ¿Qué haces, loca?

-Lo que usted me dijo. -Yo te dije que estuvieras alerta,

no que aporrearas la puerta. -He "escuchao" un ruido ahí dentro.

-Un ruido, ¿qué clase de ruido?

-Como algo cayéndose.

-¿Qué me dices? -Hombre, que me muera si miento.

-¿Tú crees que será doña Genoveva? -¿Quién si no?

Está ahí dentro.

-Doña Genoveva. Soy Rosina,

qué bien que haya vuelto, querida. ¿Me abre?

(Golpean la puerta)

Doña Genoveva, abra la puerta.

Dame una horquilla. -¿Cómo?

-Que me des una horquilla. -¿Y "pa" qué?

¿Qué quiere usted, hacerse un moño?

-Sí, claro, no, es para abrir la puerta.

-¿"Pa" qué quiere abrir? -Para entrar.

-No, señora, usted no puede entrar dentro como si fuera una ladrona.

-Como si fuera una ladrona no,

como una buena vecina que es lo que soy.

¿Y si doña Genoveva estuviera dentro agonizando?

¿O si se estuviera muriendo?

-Sí, tenga.

Dele, dele, gire, gire, pero tiene que meterla un poquito más, hombre.

-¿Y cómo sabes tanto? -La calle.

Venga, métala un poco más y gire, gire.

-¿Se puede saber qué estás haciendo, Rosina?

¿No estaréis intentando entrar en una propiedad privada?

-No, es que Casilda ha oído un ruido.

-Sí, más bien ha sido un estruendo. -Sí.

¿Y si Genoveva está dentro? -¿Y si necesita

nuestra ayuda? -O peor aún,

¿y si está muerta? -Rosina, ya basta.

Deja de decir tonterías, aquí no se está muriendo nadie, ¿me oyes?

¿No os quedó claro cuando os dije que os olvidarais del asunto?

Genoveva ha abandonado la ciudad, punto.

-Y si Genoveva ha abandonado la ciudad, ¿quién está ahí?

-Aquí dentro no hay nadie, Rosina.

-Casilda lo oyó.

-"Pa" chasco que sí, con estas orejas que el Señor me ha "dao".

-¿Y si son los asesinos de Samuel que han vuelto?

Han vuelto buscando una pista que les inculpa.

Hay que avisar a la policía. -Señora, yo si me pego una carrera,

llego en 10 minutos a comisaría.

-Tú no vas a ningún sitio, Casilda.

No vas a molestar al comisario por una chaladura.

-No es una chaladura. -Sí, sí que lo es, Rosina.

¿No tenéis nada mejor que hacer que jugar a las investigadoras?

¿No les hemos hecho suficiente daño a los Alday?

-Chist. -Venga, las dos para casa, ya.

Vamos.

Te juro que no te lo voy a volver a repetir más.

(LEE) "Querida Genoveva".

"Estoy convencido de que encontraremos solución

para nuestros...

intereses".

"Podríamos vernos en Zaragoza e intercambiar opiniones...".

"Alfredo Bryce".

Ya creí que no vendría.

-Me ha mandado usted nota a última hora, me tenía que organizar.

-Estas cosas son así, surgen en un momento y hay que reaccionar.

-¿Qué cosas? ¿Me ha conseguido actuación?

-Es posible.

-¿De verdad?

-Calma, calma, que todavía no hay nada firmado,

pero hay posibilidades de que salga algo bueno.

-Cuénteme más, por Dios. -Conozco al dueño

de un teatro situado en un municipio cercano.

-¿Y?

-Y está interesado en conocerla. -¡Sí!

-He quedado con él en que iríamos a visitarlo mañana a su teatro.

¿A qué hora paso a recogerla? -¿Qué teatro es?

-Uno muy bonito, ¿qué más le da?

-A ver, lo decía porque me gustaría tener algún tipo de referencia.

¿Es buen sitio? -Buenísimo,

muy acogedor, situado en el mismo centro del pueblo.

-¿Iremos los dos solos?

-¿Quién más quiere que venga?

¿Somos o no somos socios?

Por mí, que vengan también sus padres.

De hecho, hoy he visto a don José y a punto he estado

de contárselo todo. -¿Cuándo?

-Hace un rato. A mí me gusta ir de cara y no quiero mentir,

solo lo hago porque usted me lo ha pedido.

-Y yo se lo agradezco. -Más me lo va a agradecer

cuando vea los carteles que estoy preparando para su actuación.

-¿Carteles? -No voy a reparar en gastos,

va a ser algo grande, sonado.

Por cierto, ¿ha decidido ya el nombre artístico

con el que va a darse a conocer? -Voy a utilizar mi nombre.

-Su nombre.

-Me llamo Cinta del Campo y es el nombre con el que quiero

que me conozcan.

-Me parece... una estupenda idea.

-Estoy harta

de tener que esconderme. -Es el nombre

de una artista de raza, y muy pronto todo el mundo hablará de usted.

¿Y bien,

vamos a ir a visitar a ese dueño del teatro o no?

-Por supuesto.

-La recojo entonces mañana por la tarde.

-Con Dios.

-Carmen, ¿ha "hablao" ya con don Ramón?

-¿Hablar de qué?

-De si va a caer tormenta o no, ¿no te amuela?

Pues de la carta que recibió.

-No.

-¿Y a qué espera, mujer?

-No he tenido ocasión, no le he visto.

-Pues "tie" que estar en la mantequería

"liao" con el asunto de don Antoñito.

-Seguro. De ahí

que no haya pisado la pensión, pero bueno, le veré esta noche.

No veo el momento.

-¿Sabe qué?

Que en cuanto termine de adecentar la recepción, marche usted con él.

-Pero... aquí hay mucho trabajo.

-Sí, y lo seguirá habiendo a su regreso. No se preocupe.

-¿Seguro, Fabiana?

-Esto es faena, Carmen, lo otro es amor del bueno,

así que tómeme la palabra antes de que me arrepienta. Venga.

-Gracias.

-Servando. -¿Sí?

-Servando, ¿y eso qué es? -¿Esto?

Patatas.

-Ah, patatas, ya veo que son patatas.

¿Y "pa" qué ha "comprao" "to" eso? ¿Cuánto dinero se ha "gastao"?

-Poco, el vendedor me las ha "dejao" a buen precio.

-¿Y "pa" qué son ?

-Esto, para hacer un guiso de castañas de Naveros del Río.

-¿Que qué?

-Para ofrecer un menú a nuestros clientes:

"Menú especial científicos y amantes de las ciencias".

Nos lo quitan de las manos.

-Quedamos en que no haría tal cosa. -Eso usted, yo no abrí la boca.

-¿No me oyó cuando dije que no quería enemistarme con doña Felicia?

-¿Por no enemistarnos con doña Felicia

vamos a perder nosotros dinero?

-Si no tengo tiempo de hacer las tareas,

¿cómo voy a hacer un guiso?

-Que lo haga ella, que la hemos "contratao".

-Ni hablar, Carmen tiene faena.

Si usted se ha "empeñao", usted lo hace.

-De acuerdo, haré yo el guiso.

¡Se van a quedar "encantaos"

los científicos y vamos a ganar mucho dinero!

-Con que no acabe en tragedia, me doy con un canto en los dientes.

-Iba camino de la mantequería.

-¿A comprar? -A buscarte.

Entonces, el destino está de nuestra parte.

Vamos a la pérgola, allí podremos hablar más tranquilos.

-No aguantaba más. Ardía en deseos de hablar contigo.

-Yo también me moría de ganas.

¿Leíste la carta?

-Sí.

-El relicario,... ¿te ha gustado?

-Es una preciosidad.

-Este relicario llevaba años buscándote.

Te sienta como anillo al dedo. -Vas a conseguir que me ruborice.

-Carmen, quiero que te quede claro que a pesar de que tengamos

que mantener aún las distancias,...

mis sentimientos hacia ti son muy sinceros.

-Lo sé,...

pero no deberías haberlo comprado.

Tiene que haberte costado un dineral.

-No encontraba mejor manera de gastar una pequeña parte

de los ahorrillos que aún me quedan.

-¿Cómo está tu hijo?

Me dijo Fabiana que habíais encontrado solución

a lo del servicio militar.

-Se ha complicado un poco la cosa.

-¿Qué quieres decir? -Verás,

encontramos la manera legal de que Antoñito

pudiera librarse del servicio.

-¿Y?

-Alegando...

que tenía un padre desvalido y que dependía de él.

Así que, tiene que venir un inspector militar

para comprobar si todo eso es cierto.

-Y tú estás de todo, menos desvalido.

-Pues tendré que estarlo cuando él venga.

O tendré que hacer algo para que él se lo crea.

Todo con tal de que mi hijo no tenga que marcharse tres años a África.

-Desde luego.

Gracias por este regalo.

Nunca nadie me ha regalado algo tan bonito.

-Será mejor que nos marchemos antes de que alguien nos descubra.

(Ruido de llaves)

Otra vez.

(Se abre una puerta)

¿Quién es usted?

Se ha colado aquí, ¿verdad?

Pues se ha terminado su suerte.

Vosotros, sacadla de la casa.

No, no, no. Ya.

-Conozco a esta mujer.

Yo de usted me marcharía de aquí de inmediato.

Nada me causaría más placer que verla salir de aquí esposada.

Antes de marcharme,...

me gustaría hablar con usted.

Tengo algo que decirle.

-Que no me puedo tranquilizar,

mañana viene el inspector y dudo que se crea que mi padre

es un anciano.

-Pues tendremos que convencerle,

es la única manera que tienes para librarte.

-Fabiana nos va a ayudar a que tu padre parezca un pordiosero.

-Te vamos a poner una profesora particular

en casa, para que te cultive.

-Lo que tienes que hacer es aprender todo lo preciso

para ser una verdadera señorita.

-¿Y a quién han contratado?

¿Otra tirana como madame Olenka o esta vez es una monja ursulina?

-No, ni una cosa ni la otra. -¿Sabe algo del regreso de Genoveva?

Casilda me ha contado que llegó anoche con un acompañante.

-Antes de subir a verles, Jacinto me dijo que la viuda de Samuel

había regresado, pero no sé nada más.

-Tendré que informarme por otro lado.

-"He descubierto" un asunto sobre su antigua criada.

-¿Carmen?

-La vi muy acaramelada con don Ramón.

-Pero, Susana, por favor, ¿qué dices?

-Voy a descubrir la verdad.

-Quería advertirla sobre lo que se comenta de ese tal Victoriano.

-Agradezco su interés, pero pierda cuidado, que no hay nada que temer.

Don Victoriano, a parte de ser un caballero, es un profesional

del espectáculo

y nada tiene que ver en asuntos turbios.

De hecho,... hoy mismo

me va a presentar al dueño de un teatro

en el que probablemente actúe.

-Un día trabajando en una casa, otro, en la pensión,

relacionándote con unos y con otros,

hasta con los que no son de tu clase,

como el señor Palacios.

-Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma.

-¿Quién será ese caballero tan elegante?

-Me temo que no nos va a poner fácil

descubrirlo.

-¿Qué teatro es ese? ¿Cómo se llama el dueño?

-Me temo que no puedo satisfacer su curiosidad.

Don Victoriano aún no me ha dicho nada.

-¿Por qué no se lo ha dicho?

¿Está segura de que ese teatro existe?

-No sea tan suspicaz,...

seguro que tan solo quiere sorprenderme

y es un local de primer nivel.

-Ojalá sea así.

Tan solo le pido que tenga mucho cuidado.

-Yo tuve un tío que se le fue la mollera,

así que le daré instrucciones de cómo comportarse.

-También pretendéis hacerle pasar por loco.

-Loco no, así como que se le van un poco las ideas.

-Mis vecinas deben estar rabiando, intrigadísimas,

preguntándose quién eres y qué haces conmigo.

-Al pasar frente a ellas, he sentido cómo me escrutaban.

-Ya nos hemos divertido suficiente,

quizás es el momento de hablar con ellas,

dejarles clara la situación.

-Como creas conveniente. Sin duda, vas a sorprenderlas.

-"No me ha dicho" el nombre del teatro.

-Ahora lo descubrirás, no quiero estropear la sorpresa.

¿Te has arrepentido y no quieres hacer la prueba?

-Claro que quiero hacerla. -Pues sube al coche,

dentro ya te contaré adónde vamos, no temas.

"He descubierto algo que..."

creo que no sería de su agrado si se supiera.

Entre las cosas que dejó en esta casa

he encontrado una carta de lo más interesante.

-¿Puede entenderme?

Soy teniente del Ejército. Quisiera hacerle unas preguntas.

Aguarden un momento.

¿Pretenden hacerme creer que este hombre no tiene dónde caerse

y lleva consigo este anillo?

¿Qué está pasando aquí?

Hablen.

-Bueno, ya me puede decir cómo se llama el teatro, ¿no?

-Volvemos a las mismas.

No seas impaciente, ahora lo sabrás,

pero primero deberías darme algo a cambio. Es lo justo.

-¿Y qué quiere?

-Templa, mujer, nada de enjundia.

Tan solo una pequeña prueba de tu amistad.

He hecho mucho por ti.

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Acacias 38 - Capítulo 1004

03 may 2019

Ramón propone a Antoñito alegar ante el Ministerio de Guerra que él está impedido y que Antoñito debe quedarse para cuidarle. Los Palacios a la espera del Inspector. Carmen recibe una carta de amor de Ramón, le pide paciencia y le regala un broche como muestra de su amor.
Úrsula revive sus momentos de grandeza en el principal, jura que volverá a ser la señora poderosa que fue antaño. Pero provoca un ruido que pone en alerta a Casilda y Rosina que insisten en entrar a la vivienda ¿y si Genoveva está escondida y necesita su ayuda?
Emilio investiga a Victoriano y descubre que no es trigo limpio pero cuando intenta alertar a Cinta ella le responde mal, mejor será que se meta en sus asuntos. Victoriano cumple con su cometido de representante y asegura haber conseguido funciones para la muchacha.
Jose hace entrar en razón a Bellita y será Arantxa quien eduque a Cinta.
Servando busca una nueva forma de hacer negocio con el Congreso Científico ¿Y si ofrecen comida en la pensión? Pero Fabiana se niega, es hacerle la competencia al restaurante de Felicia.
Genoveva regresa a Acacias, acompañada de un hombre: Alfredo Bryce.

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  1. Teresa

    Me gustaba más la otra música. Era más alegre y vitalista. Esta nueva además me pone nerviosa,es un quiero y no puedo. Pongan la otra música de nuevo!!!!

    05 may 2019
  2. Polina

    ¿Por qué Ursula no reclama sus derechos sobre apartamento? ¿Es viuda de Alday, no?

    04 may 2019
  3. Felicitas

    Mas de lo mismo.- Repiten los argumentos, le dan amplia magnitud a las maldades, desgracias y cosas por el estilo.- Estos guionistas " no levantan cabeza " y lo PEOR es que los RESPONSABLES de la serie NO QUIEREN DARSE CUENTA o no les importa ( ¿? )

    04 may 2019
  4. Lucie

    La novela está cada vez más aburrida y carece por completo de interés Se despiden los mejores de la serie los guionistas no respetan la opinión ni las criticas de los seguidores es una pena porque los actores eran buenísimos Y los que quedan por ahora también está serie ya no merece audiencia .. pues una más que se se despide ! Un saludo desde Francia

    04 may 2019
  5. Susanita

    Me aburro.

    04 may 2019
  6. Aleja

    ¿Que pasó con aquella Susana, que había cambiado su carácter, gracias en parte a su hijo Simón y el cariño de su nieto?' además de darse cuenta que es una simple mortal trataba a los demás de una forma más amable. ¿Por qué vuelve a ser la metida en la vida de los demás y los juzga con tantos aires de superioridad? Que pena que volvió aquella Susana. Saludos desde Buenos Aires

    04 may 2019
  7. Marcela

    Parecería que Ursula se va a dar a la bebida y como en otras épocas tiene la suerte de su lado, ahora saca in as de debajo de la manga, la carta de ese tal Alfredo a Genoveva la cual,seguramente,usará para extorsionar a su dueña; esto en un cierto modo me alegra, Genoveva es otra ODIADORA SERIAL, que culpa a los demás de sus desgracias, de muchas de las cuales es única responsable

    04 may 2019
  8. Celina

    Realmente, sin la presencia de Lucía y Telmo, la novela se torna aburrida. Es una lástima que los autores se equivoquen tanto! Quisiera hacer una pregunta: Dani Tatay no se despidió de la serie como otros actores, se fue disgustado por algo?

    03 may 2019