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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 500 - ver ahora
Transcripción completa

Y Cinta, nuestra querida hija, que debía casarse

con un diplomático, ¡es la Dama del Misterio!

-¿Se da cuenta de que los vecinos ya vuelven a mirarle con respeto?

-Sí, hijo, sí, ha costado lo suyo.

Al fin vuelven a verme como el hombre que era.

Mañana marcharé.

-Entréguele esta carta a don Ramón.

En ella le explico que me ha llevado a marcharme, y...

lo que sentía realmente por él.

Al firmar este documento se convierte en el tutor de Mateo...

a todos los efectos y a ojos de la ley.

Doña Genoveva marchó ayer cuando estaban "tos" en el cementerio.

-¿Tú estás seguro de eso? -"Pa" no estarlo,

servidor le pidió el coche.

Irás a un nuevo internado,

pero no aquí en España,...

sino a uno en los Alpes suizos.

Me llevo a Mateo lejos de esta ciudad.

Iremos a la costa,...

y lo haremos mañana mismo, sin más tardanza.

Déjenme actuar por última vez.

Después, me marcharé para siempre.

-"¿Cómo que Carmen" se ha marchado de la ciudad?

¿Adónde? ¿Y por qué?

-Pues si lee usted la carta, lo comprenderá todo.

Es el momento de separarnos.

Yo quiero cuidarle, protegerle de los demás.

Tranquila, Úrsula, no necesito que me proteja.

¡Siempre lo ha necesitado!

¡¿O quién cree que le allanó el camino con don Eduardo?!

"Todos creyeron...

que su enfermedad lo había matado,

pero no".

"Yo le di ese veneno".

Tenga, señor.

Es usted una asesina. No.

No voy a denunciarla,

pero no se acerque a nosotros, jamás.

Si la vuelvo a ver,... daré aviso a la policía.

Disfrutemos una vez más con la Dama del Misterio.

(Aplausos)

-Aún no sé cómo me he dejado convencer.

-Hombre,... es la última vez que se va a subir a un escenario.

No perdemos nada por darle este capricho.

Dame la oportunidad de hacerte feliz

y hazme feliz tú a mí.

¡Bravo!

(Aplausos y vítores)

(Aplausos)

-¡Ole, ole y ole!

Una nueva vida nos espera.

No sé cómo ha podido suceder todo esto.

-No soy tu señor, soy...

tu Ramón, si así lo quieres.

¿Vamos? -¿Y adónde vamos?

-A Acacias, a casa.

-¿Y hacer qué?

-Yo pienso cortejarte como si fuéramos veinteañeros.

-Pero no lo somos. -Pues

a lo mejor tenemos que acortar un poco nuestro noviazgo.

-Don Ramón, estoy sin trabajo.

-Ramón.

¿Tanto miedo tienes de venir conmigo?

-No se trata de eso.

-Carmen, me gustaría prometerte la luna,

la felicidad eterna.

Los dos hemos conocido el amor y sabemos de sus alegrías

y de sus decepciones.

Por eso no puedo prometerte otra cosa

que esforzarme cada día por hacerte feliz.

Deja atrás ese miedo que te puede atenazar y...

luchemos juntos cada día,

cada minuto, cada instante,

por la felicidad.

¿Nos vamos entonces?

-Vamos.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Aplausos)

¡Qué buena artista!

(Aplausos y vítores)

-Un abrazo.

-¡Guapa y guapa!

-¡Has estado muy grande, mucho!

Ay, mi niña.

-Mi niña.

-¡Viva, niña, vida!

-Dios ha vuelto a bendecirme con otra artista, tienes duende.

-¡Bravo!

(Silbato de la policía)

(Silbato de la policía)

-¡Quietos todos, policía!

Que sí, lo dijo Jacinto,

Genoveva se marcho con todas sus cosas, es decir, para siempre jamás.

-Pues que tenga tanta suerte como descanso deja.

-Doña Susana, no me sea malmete.

-Hacía muy buenas migas con ella.

-¿Pedimos unas infusiones? -Pues sí.

-Camino, venga.

-Entiendo a su hija. También tengo un come come,

y Liberto no levanta cabeza.

Está muy triste por lo de Samuel.

Tampoco se perdona cómo nos portamos con ellos.

-No es de buena cristiana ser tan agarrada con el peculio.

-Susana, nosotros ya les prestamos dinero,

hubiera sido de memos

volverles a prestar sin recibir ni un machacante.

-Yo no digo "na",

pero quisieron explicarse y no les prestamos orejas.

Algo de culpa tuvimos.

-De eso ya hemos hablado, señoras.

La culpa la tuvo quien apretó el gatillo.

-Matar no, pero no ayudamos "na".

-Ya. Y acabó como acabó, con resultado de muerte.

-Y puede que no hayamos terminado. -¿Qué quieres decir?

-Puede que Genoveva también la espiche.

-A ver, lolita, ¿no acabas de oír?, Genoveva se ha marchado.

-Por eso, si se ha ido, es porque no las tiene todas consigo.

-¿Quiere decir que los asesinos de Samuel pueden ir tras ella?

-A ver de qué se va a largar sin vender la casa.

-En eso tienes razón.

Teniendo los problemas de dinero que tenía,

lo mejor hubiera sido vender el piso.

-Y lo venderá, habrá dejado a alguien encargado de la transacción.

Esa no se deja los cuartos a su espalda.

-Mujer.

Generosa puede,

pero tonta, ni mucho menos.

-Otra posibilidad

es que el acreedor se haya quedado el piso.

-¿El asesino? -Es un suponer.

-Madre del amor hermoso.

-También queda por vender la casa de doña Lucía.

-Si no se la queda el apóstata.

-Quía. Don Telmo ha tomado las de Villadiego.

-¿También?

En este barrio, el que no corre, vuela.

-Ya.

Me lo ha dicho la Fabiana,

que se despidió de ella y se largó con el nene.

-¿Con Mateo?

¿Y Úrsula?

-Pues se ha quedado por el momento, más sola que la una.

¡Esto es un atropello, agente!

-¡Silencio!

-¡Jose, que se llevan a la niña estos malajes!

¡Es mi hija! ¡La hija de una gloria nacional!

¡Es la hija de Bella del Campo!

-¡Suéltela o se van enterar quién es Jose Miguel Domínguez!

-Padre, que se pierde.

Tengan paciencia, verán como me sueltan cuando todo se aclare.

-Pero ¿por qué se la llevan? ¿Qué te ha dicho el de los galones?

-Acusan a Hipólito y a los empleados de asociación ilícita.

-¿Asociación ilícita? ¿Mi hija una delincuente?

¡Suelte a mi hija o aquí sale alguien arañado!

-Madre, tranquila,

que yo no he hecho nada, verá como me dejan salir.

-Para, terremoto, ya verás como la sacamos por lo fino,

con el mejor letrado que encontremos.

-Se la llevan atada, Jose, y entre ladrones,

como si fuera eso Cristo.

Ay, mi hija, mi hija.

-No se lo tomen a la tremenda, mañana mismo estamos en la rúa.

-(LLORA)

-¿Mañana? ¿Cómo que mañana?

Mi hija no duerme en galera, ¡a mí no me da la gana!

-Mi hija.. Arantxa, la niña.

-¡Señora! -Se la han llevado.

Se la han llevado.

-Vámonos a casa, señora, vámonos.

-Que se han llevado a mi niña, se la han llevado.

(LLORA)

(GRITA)

(LLORA)

Telmo...

Hijo mío.

(LLORANDO)

De tu cruz, Señor,

se postra una madre abandonada cansada de dolor.

¿Hay mayor aflicción

que la de una madre traicionada por su propio hijo?

Dame fuerzas, Señor.

Dame fuerzas para soportar la pena

por tamaña deslealtad.

He sido buena, Señor.

He sido paciente, amorosa, una madre entregada.

¿Y qué he recibido a cambio?

Ingratitud y falsedad,

eso es lo que me han dado todos mis hijos, uno por uno.

Mi Cayetana,

Blanca, Olga...

Y, ahora, Telmo,

me paga con la misma moneda,

la de la vileza.

Y más lágrimas...

Telmo me las ha secado.

Me lo enviaste para que fuera mi redentor,

mi salvador.

Sí lo hizo al principio,... pero ¿qué me ha hecho ahora?

A cambio de mi amor, me ha pagado con amargura,

pena, falsía.

Tú has sido el peor de todos, Telmo,

el peor de todos mis hijos.

Creí que me demostrarías la existencia del amor,

solo has logrado que me arrepienta de mis buenas intenciones.

Has tiznado mi corazón...

con el negro de tus pecados.

¡Maldito seas, Telmo!

¡Maldito seas!

Estoy sola, Señor.

Tan sola...

Solo me quedas tú, solo tú.

Dame fuerzas, Señor.

Dame fuerzas.

Padrenuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre, vengo a nosotros tu reino...

Fabiana, ¿"pa" cuántos pongo la mesa?

-Hoy estamos tú y yo solitas, hoy cenamos solitas.

-¿Y mi primo y la Marcelina?

-En la ribera del río,

mirando la luna y haciendo manitas.

-Dentro de "na" es su aniversario.

-Parece que fue ayer, ¿verdad?

-"Pos" sí.

¿Y la "señá" Arantxa, no sube?

-No creo. La he visto llegar con su señora y estaba más verde

que un torero acoquinado.

-¿Y eso por qué?

-Vete tú a saber, pero algo malo.

No sé cuál será,

pero los Domínguez también cargan su cruz.

-Espero que no sea gran cosa.

Esa familia no se merece que les pase nada malo,

y menos, la "señá" Arantxa.

Esa mujer es más buena que el trigo

y, más laboriosa que una abeja en el panel.

-Lo que me extraña es que Agustina

no se haya "dejao" caer al olor del guiso.

-Por ella no se preocupe, ya está en el catre.

Se tomaría un trozo de queso y hasta mañana.

Es como las gallinas.

-Al menos no cacarea con la aurora,

que bien temprano que se alza.

-Como que trajina casi de "madrugá",

de aquí "pa'llá", como las ánimas.

-A mí me lo vas a decir, que me la encuentro a menudo.

-Hija mía, será cosa de los años,

cuanto más vieja, menos cama.

-Yo no creo eso, Fabiana.

Fíjese en mí, no uso el catre tanto como me gustaría.

-(RÍE) Qué cosas tienes, hijas.

-¿Sabe qué? Si yo tuviera un negocio como tiene usted,

iba a ver salir al Lorenzo cuando a mí me viniera en gana.

Iba a estar en la cama despierta, pero sin salir del catre.

-Hija mía, han sido muchos años de levantarme de noche

para preparar el desayuno, y el cuerpo se ha hecho al trajín.

Yo seguiré levantándome como una criada hasta el final de mis días.

Ese es mi destino, hija.

-No huele mal ese hervido.

-"Señá" Carmen. -Ay, ay, ay.

¿Se ha estropeado el coche?

-La hacíamos en Segovia. -Y allí me dirigía,

cuando me entraron las dudas.

-Y se bajó, ¿no? -¿Y ahora qué?

¿De qué va a faenar? -No sé.

Algo buscaré por aquí.

-Pues nada, siéntese a cenar,

que donde cenan dos, cenan tres.

Voy a por una botella de vino para celebrarlo.

Enseguidita subo.

-Lo sé, Fabiana, lo sé, que a usted no se la puedo dar con queso.

-Algo hubo. -Sí.

Gracias a usted.

-Quía, ¿a mí? Anda.

-Fabiana, que le entregó la carta a don Ramón a destiempo.

-Le alcanzó, ¿no? -¿Que si me alcanzo?

Como que tuvo que detener su coche y se cruzó para detener el mío.

-¿Sí? ¿Eso hizo el bueno de don Ramón?

-Y no solo eso,

me hizo bajar. Me besó.

Me pidió relaciones. -No.

-Sí. -Anda, que "callao" se tenía

su arranque el mercader, ¿eh?

Y diga,... ¿está usted contenta ahora?

-Mucho, Fabiana.

Pero también asustada. -Bueno,

lo del susto no está mal, que así no se cometen simplezas.

¿Y sabe usted lo que le digo?

Que me alegro de haberle dado la carta antes de tiempo.

¿Se ha hablado ya de boda?

-Bueno, dice que habrá cortejo en vistas a lo que venga.

-Pues eso es, eso está muy bien.

Pero no se duerma, que ya sabe que camarón que se duerme,

se lo lleva la corriente.

Espero que haya boda muy pronto.

-Calle.

-Vale, vale, sí.

Bueno, que le pongo un plato ahora mismo.

¿Qué hace? -La cena.

-Ya lo veo, pero ¿qué?

-¿Qué más le da?, si se está empapuzando de "garrapiñás".

-Era por hablar de algo, que no sobrellevo la espera.

-Pero si cuanto más tarde don Jose,

más probabilidades hay de que vuelva la niña.

-Mira, no me dores la píldora,

que bastante me has burlado ya conjurándote con la niña.

-Los carlistas se conjuran, en esta casa no hay bandos.

-Has estado encubriendo a Cinta

y puede que hasta más cosas, le has dado alas.

-Protegiéndole, eso es, que es distinto.

-¿Protegiéndole?, mira cómo ha acabado,

en la trena, como un bandolero.

Si este escándalo sale en los papeles,

no la caso ni con un secretario de la embajada.

-A ver, tranquila, señora, que el agua no va a llegar al río.

La chiquilla es inocente.

-Como si no supieras tú que eso en España es humo.

-Ya estoy aquí.

-Aquí me ha venido a darle a la garrapiñada.

-¿Y la niña?

-Bien, está bien.

-Pero ¿qué? No nos la van a soltar.

-Hoy no. -Ay, virgencita del Rocío, ¿cuándo?

-Cuando se aclare el entuerto.

-Pero... ¿de qué le acusa la policía?

-De falsificar billetes.

-¿Dinero? Anda ya, hombre, eso es una barbaridad.

La niña solo ha falsificado las cartas del internado.

¿O no, señora?

-Que conteste el señor, que contesta más rápido.

-Don Hipólito es el inculpado general.

A Cinta y a los palmeros les alegan complicidad,

porque llevaban parné falso en el bolsillo.

-¿Y es verdad?

-De las buenas. Yo que sé.

Es posible que el Pastrana le estuviera pagando con estampitas.

-Venga, vamos. -¿Adónde?

-¡Mi niña no es una criminal, se lo voy a dejar claro!

¡Venga, tienes que sacarla de allí, venga, vamos!

¡Y aquí no vuelvas como no sea con la niña a tu vera! Vamos.

Estamos a rebosar, Servando. -Hasta orinales faltan.

-Compre alguno, venga.

-Que los pidan, que me hace gracia verles dar saltitos

con la urgencia.

-Ay...

Esta ciudad empieza a despuntar.

-Y nosotros estamos bien situados para coger lo que caiga.

-Qué buena idea la de convocar un congreso de ciencia, ¿eh?

-Sí. Como me gustaría pasarme y codearme

con esas grandes mentes. -Nada de escurrir el bulto,

ya se codeará con ellos mientras regatea orinales.

-Vamos a ver, que yo no digo compadrear,

yo lo que quiero es...

Me gustaría medir nuestra mente, estar de cerebro a cerebro.

Les iba a dejar "embobaos".

-¿Con su ciencia?

Por el amor de Dios, hombre. -¿Qué?

Soy un inventor acreditado,

estoy seguro que se quedarían embobaos escuchando

todas mis concepciones.

-Mire, como le pille yo dándole la tabarra a algún científico,

le doy una "tarascá" en el colodrillo,

que no le cabe ni la gorra. -Qué poco compañerismo.

Si es que, nadie ha sido profeta en su tierra.

-A las buenas, posaderos.

-Cesáreo, dichosos los ojos. -¿Le ha echado del otro barrio?

-Me han felicitado por mis servicios. Tal era mi destreza,

que han tenido que asignar dos serenos para la misma faena.

-Menos lobos. -Aquí me tienen,

bien contento de volver a mis calles.

-Falta que hace, que aquí ha "pasao" de todo.

-Sí, ya me he enterado de lo de don Samuel, pero ¿hay algo más?

Tarda un poco, ¿no? -No sea usted impaciente,

enseguida vendrá. Don Felipe

no sabía que veníamos, estará rematando algún trabajo.

-Mientras no le dé por... -Calle usted,

siempre se pone en lo peor.

-Piensa mal y acertarás.

-Muy cristiano. Muy católico, Felicia.

Que cristiano sirve igual para protestantes, y de eso nada.

Bueno,

y hablando, de cristianos que hacen de su capa un sayo,

¿qué le habrá pasado a Úrsula con el relapso?

¿Con "relapso" quiere usted significar a don Telmo?

-El descreído, sí.

Parece que le ha dejado compuesta y sin trabajo.

Pregúnteme por qué.

-¿Por qué, doña Susana?

-Sabe Dios por qué.

Después de que ella le sirvió durante años...

-¿Fue sirvienta de don Telmo? -Claro.

Cuando era eclesiástico.

En realidad, él le sacó del arroyo.

Vaya en su descargo que ella le sirvió con devoción.

Así pagan los apóstatas.

-Nadie me lo había contado.

-Porque estábamos en un ay viendo cómo ese monstruo

se acercaba a Lucía para fastidiarle otra vez la vida.

-Ni tampoco me pareció que don Telmo tuviera una relación especial

con doña Úrsula.

-Tenían que guardar las apariencias.

Al fin y al cabo, quien le pagaba el jornal a ella era don Eduardo.

Pero, Úrsula siempre quiso como a un hijo al renegado.

-Pobre mujer.

No quiero ni pensar por lo que estará pasando.

-Quizá sea lo mejor,

así se libra de ese libertino.

Eso sí, no sé cómo va a ganarse la vida ahora.

Lo mismo vuelve a mendigar.

-Buenos días, señoras. Disculpen el retraso.

¿Le digo a Agustina que prepare algo más?

-No, gracias. Discúlpenos por presentarnos aquí sin avisar.

-Ha sido un pronto fruto de la angustia.

-¿Qué se les ofrece?

-El hijo de su prima Lucía,

ahora es usted su familiar más cercano,

y queríamos saber qué pensaba

de que se lo haya llevado el abyecto.

-Calma, que usted toma carrerilla y no hay quién le eche el pie.

Su familiar más directo es don Telmo,

con quién se va a quedar la criatura.

-También era nuestro padre cuando ejercía en la iglesia

y nos abandonó, en cuanto le tentó la carne.

-Se enamoró, que es distinto,

y ese amor dio su fruto y, como buen progenitor,

quiere estar con su hijo, protegerle y verle crecer.

A mí me parece maravilloso.

¿Algo más?

-Sí.

Queríamos saber cuál es la situación legal del pequeño.

Su madre...

-Que Dios la tenga en su gloria.

Su madre dijo que Telmo era el padre,

pero sabemos que legalmente no está reconocido.

-Cumpliendo, como usted dice, con la afirmación y los deseos de Lucía,

hemos convertido a don Telmo en tutor de Mateo.

Lo suyo sería formalizar la adopción,

para que no hubiera reclamaciones futuras.

-¿Reclamaciones?

¿Quién podría reclamar? ¿Los familiares de don Eduardo?

-Ellos conservan sus derechos sobre Mateo

y sobre la hacienda del matrimonio.

Dios no lo quiera, pero...

podrían exigir la custodia del muchacho.

Si eso ocurre, Telmo tendría que entregárselo.

"Lo de doña Lucía me duele," No es que le deseara nada malo

a su marido. Ahora, lo del Alday,

ya me lo veía venir.

-Nuestro sagaz sereno, profeta a toro pasado.

-¿Por qué lo suponía usted?

-Tuve mis más y mis menos con don Samuel.

-¡Pero si solo le faltaba hacerle reverencias!

-Muy a mi pesar.

No me enorgullezco de ello,

al contrario, pero le hice unos recados con asuntos más turbios

que el agua de tormenta.

-Y muy turbio finó.

-En fin, el vivo al bollo.

Veo que les van bien la industria.

-Sí. Se nos ha "llenao" de talentos.

-Lea usted, lea, las mejores cabezas de la patria reunidas a mi vera.

-"Congreso de la Asociación Española

para el Progreso de las Ciencias".

"El discurso será a cargo de Ramón y Cajal".

-¿Dos dando el pregón?

-Solo uno.

Don Santiago Ramón y Cajal, ¿quién es el otro?

-Nada, nada, cosas mías, que oigo ciencia

y empiezo a imaginar cosas científicas.

¡Cómo me gustaría estar allí!

-No le dejarían entrar,

ni aunque vendiera barquillos a la hora del almuerzo.

-¿Por qué, mujer?

Yo podría hablar durante horas y horas de mis inventos.

Me aplaudirían como un solo hombre.

-Menos Ramón y Cajal, que aplaudiría por dos.

-¿Qué sabrán? No distinguirían una mente prodigiosa,

ni aunque llevara las letras en la frente.

Si no fuera porque tengo que atender mi negocio.

-Nuestro.

-Esto.

Si no tuviera que atender esto,

me plantaría allí y daría una conferencia.

Y como fin de fiesta, a lo mejor hasta inventaba algo.

-Inténtelo.

-Oiga, pues no lo descarte.

-Ande, ande,

invite a Cesáreo a un café y déjese de quimeras.

-Venga, le invito a un café,

y mientras le cuento cómo funciona una mente aguda.

Gracias.

-¿Cómo está usted, Úrsula?

Muy bien, gracias.

-Yo también estoy de rechupete. -Ya, ya,

parece que te dio alegría tu paseo por el río.

-Una, que tiene un "marío" que no se lo merece.

-Perdone que le pregunte, Úrsula,

pero me preocupa que se haya "quedao" sola.

Pues no sé por qué.

¿Por qué no se ha ido "uste"?

Si me he quedado sola, ha sido por gusto propio.

Bien que me rogó don Telmo que les acompañara.

¿Y eso?

¿No va "uste" a echar a faltar a ese muchachito?

Durante estos años, él ha sido su vida.

Claro que le voy a echar a faltar,

pero merecen estar juntos.

Esos años que usted dice, han estado separados,

algo que no debería ocurrir nunca entre un padre y un hijo.

-Es "uste" requetebuena.

Sí.

Tengo sensibilidad y sentido común, nada más.

Dirá lo que quiera, pero buen sacrificio ha hecho.

-¿Y del laboro qué? Necesitará usted una ocupación.

Eso no me preocupa, ya ve usted.

Hay varias familias pudientes que se han interesado en mi persona

y me requieren para que me encargue de la instrucción de sus retoños.

-Vaya, mire "uste" qué suerte.

Suerte no, la fama que una tiene bien merecida.

Ahora, si me disculpan,

precisamente tengo una reunión con una de ellas.

Con Dios.

Con él queden.

(LEE) "La familia Garrido-Zaráuz requiere institutriz".

¿El anillo?

-Mi hijo me lo ha devuelto.

¿Te asusta que nos vean cogidos de la mano como dos tortolitos?

-Un poco. -Y a mí.

-Me gustaría pasear de la mano por Acacias sin temor a que nos vieran.

-Pues eso habrá que solucionarlo.

Los demás me importan un ardite,

pero sí que preferiría decírselo a mis hijos antes.

-Me da un poco apuro. -Olvídate.

Lolita y Antoñito no pondrán reparos.

Al contrario, me preguntarán si soy feliz,

les diré que sí y nos colmarán de parabienes.

-Ya. ¿Y María Luisa?

La conozco menos, pero puede que sea más reticente.

-¿Va a venir una francesa con remilgos?

El mundo al revés. -No lo digo por lo pícaro,

sino por la categoría.

Soy una criada, Ramón.

-Eres la mujer que le ha devuelto la ilusión a mi vida.

Y así se lo diré a María Luisa

y al papa de Roma si hiciera falta.

En cuanto a lo de criada, Lolita también lo es

y, tras la conmoción, nadie puso reparos.

Y menos a ti,

que fuiste una señora antes.

-Quizá deberíamos esperar un poco antes de pregonarlo.

-Qué buena idea.

Le daré unos cuartos al pregonero para que lo grite por las esquinas.

-No es broma, Ramón.

Nos criticarán y sin ningún miramiento.

-Hasta que se les seque la boca.

Jacinto, ¿no habrás visto al abogado?

-¿Don Felipe? -¿Está en casa?

-Puede que sí. No ha dado señales de vida.

-No eres de mucho socorro.

-Si en su tiempo me hubiera "preguntao" por una oveja,

le hubiera "dao" hasta detalles.

Ahora, con las personas es diferente,

¿no ve que tienen libre albedrío?

Las ovejas siempre van derecho, sin astucias...

Sin querer engañar a nadie, saben por dónde ir.

-Don Victoriano. -Buenas.

¿No se le habían llevado a usted los guardias?

-Intentaron meterme en el saco, sí.

-Así les entre una diarrea. ¿Cómo ha conseguido salir usted?

-Tengo recursos.

El inspector que lleva el caso es amigo mío desde críos.

-Hay que tener amigos hasta en el infierno.

-Esa es mi máxima.

-Por suerte, usted no llevaba billetes falsos,

porque no le hubiera salvado ni la caridad.

-Sí que los llevaba, sí, pero pude demostrar que solo era un cliente

de paso

y que el dinero falso me lo había dado un camarero como vueltas.

-Mi hija no ha tenido tanta suerte.

Ella trabajaba allí y la tienen como cómplice.

Mala "puñalá" les den. -Ya me fijé,

sí, cuando su señora perdió los nervios.

Mi enhorabuena por esa hija suya y el talento que le rebosa.

-¿No puede usted hacer algo por ella?

Hablar con ese camarada suyo de la infancia.

Ella es inocente, más inocente que el niño Jesús

entre la mula y el buey.

-¿Ha ido usted a comisaría? -De allí vengo, pero nada.

-Huesos duros de roer, sí. -Sí.

Si don Hipólito diera un paso adelante

y se responsabilizara del papel mojado,

aún tendríamos una oportunidad,

pero el andoba se calla como un tunante.

-¿Llevaba mucho la niña? Parné digo.

-Lo que le había dado el Pastrana como pago por su arte.

-¿Y lo puede demostrar?

-Es su palabra contra el silencio de Hipólito.

La cosa tardará en aclararse

y mi niña no puede estar encerrada en esas rejas.

-Más le cuadran a la nena rejas de balcón y requiebro.

-Digamos que no me gusta verla detrás de ningún barrote.

¿Nos puede echar una mano?

-Lo intentaré, aunque no le garantizo nada.

-Gracias, mil gracias.

En nombre de mi mujer...

Venga, venga, venga. ...de mi niña y de mi alma.

¿Eso qué importa?

Te daría la razón si fuéramos dos mocitos, pero no es el caso.

Somos dos viudos que tienen todo el derecho de hacer lo que quieran.

-En eso tiene razón.

-Carmen,

ya hemos pasado por bastantes años de desgracias

y de pesadumbres.

Podemos empezar una nueva vida como nos plazca.

He estado pensando en ello

y no estoy seguro de que tengas que seguir trabajando.

-Lo necesito.

-¿Por qué? Me tienes a mí.

-No voy a aceptar una peseta tuya.

Vas a ser mi esposa, no veo por qué motivo no puede ser.

-Simplemente... Por ejemplo, Lolita siguió trabajando.

-Porque es más cabezota que un león con su melena.

Piénsatelo, por favor. -Sí, lo pienso,

pero no lo descarto. No se me caen los anillos, Ramón.

¿Lo de los anillos no será una indirecta?

¿Sin motor? -El motor es de cobardes.

-¿Y cómo va a volar?

-Como los pájaros, en silencio y con cuidado.

-No es mala idea, no,

si no hace ruido,

me podría agenciar uno y guardar a mis ovejas desde lo alto

sin que se espanten. -Equilicuá.

-Es un invento casi tan útil como el tirachinas y la brea de embrear.

Parece mentira que no se haya "inventao".

-Algunos intentos hubo.

-¿Qué intentos?

-Aproximaciones.

-¿De verdad lo ha "inventao" "uste"?

-¡Mira que eres curioso! ¿Qué más dará

inventar, que perfeccionar?,

el caso es que vuele.

-¿A quién se lo ha "copiao"?

-A un italiano, un tal Leonardo,

no creo que se moleste.

Pero ¿no dice "uste" que los del congreso son lumbreras?

-Como yo. Por eso me quiero sentir entre iguales.

-¿No capta "uste", lumbreras,

que también ellos conocerán al italiano de marras?

-No andas desencaminado,

no, porque el Leonardo este

se daba buena maña para medrar en fama.

-Que le conocen hasta los cipayos.

-No todos. -Pues...

o inventa "uste" algo nuevo, Servando,

o no entra a ese congreso ni por la puerta de atrás.

-¿Y tú me ayudarías?

-¿Yo? ¿Cómo?

Si yo solo he "inventao" unas sopas de ajo con vino rancio.

-Por eso no te preocupes, el inventor soy yo,

como bien demuestran la servandina elevadora y la luz de paseo.

Tú me serías útil escuchándome,

discutiendo,

aportando...

-Ah, acabáramos.

¿Aportando?

Usted lo que quiere es que yo le dé ideas.

-Las que no se me ocurran a mí.

-Bueno, la verdad,...

no me importa prestarle un par de ellas.

-¿Y qué tienes?

-Escuche "uste",

el "prao" es muy solitario y a uno le da por pensar.

Siempre he "querío" tener un traductor de ovejas.

Ellas balan,...

(BALA)

...y el traductor te dice lo que significa cada balido.

-Pero eso no es una idea, y mucho menos buena.

-Muchos pastores pagarían por ella.

-¿En qué, en menudillos? Necesitamos un público más elevado.

-Los curas. Podríamos convertir el agua en vino.

-Eso ya lo hizo su jefe. -Pero no dejó la receta.

-¿La receta de qué, cocinillas?

-De convertir el agua en vino.

-Ganas de perder el tiempo. Eso ya lo hacen los taberneros.

Puestos a transformar,

los "avispaos" eran los alquimistas,

que trataban de convertir en oro metales y piedras.

-¿Dónde hay que apuntarse "pa" eso?

Los voy a dejar pasmados cuando me haga alquimista.

Voy a convertir en oro

hasta las pelusas de mis bolsillos.

Gracias por venir.

Pase, pase, está usted en su casa.

-Gracias, Liberto.

Me alegro de verla, doña Rosina. -Igualmente, don Felipe.

Siéntese. ¿Quiere un bombón? -Gracias, quizá después.

¿Qué se les ofrece?

Puede que le resulte ingrata la conversación,

pero tanto Rosina como yo nos sentimos responsables

de lo acaecido a don Samuel. -Nos sentimos responsables en parte.

-No tienen por qué.

-No le prestamos el dinero que necesitaba para huir.

-Pero ya le habíamos prestado una cantidad desproporcionada.

Por eso digo "en parte". -Rosina, ya está bien.

Quiero que sepa, don Felipe,

que mi sentimiento de culpa es total y absoluto.

Puede decirse que Samuel y yo habíamos trabado amistad.

-Sí. Su relación con mi prima Lucía impidió

que Samuel y yo congeniáramos, pero debo reconocer

que parecía haber cambiado.

Para bien.

-Es una pena.

-Mi esposo está muy preocupado por Samuel,

que ya no está en este valle de lágrimas,

pero a mí me preocupa más su señora, que está viva y coleando.

-Y que así siga mucho tiempo.

-Eso es lo que yo no tengo tan claro.

-Debo reconocer que Rosina tiene razón.

Mis sentimientos por haber abandonado a Samuel a su suerte

no tienen remedio,

pero estamos a tiempo de ayudar a Genoveva.

-¿En qué?

-Mi esposa está obsesionada con que el asesino de don Samuel

pueda ir tras Genoveva. -O peor,

que vuelva a buscarla y nos amenace a todos, nos ponga en peligro...

-¿Tienen ustedes algún indicio que cimente esas suposiciones?

-Mi nariz, que no me falla, ni constipada.

-Hay que reconocer y sopesar que Genoveva se marchó con prisas,

dejando la vivienda y, por lo que sabemos,

sin intentar siquiera venderla. -Eso es raro.

Y, por otro lado, podría demostrar que alguien le está buscando.

-"Persiguiendo" sería más apropiado.

-Es posible, no digo que no.

-Rosina cree que hay otra posibilidad más inquietante.

-Por las mismas,

podemos pensar que Genoveva no se fue por su propia voluntad.

-Con todos mis respetos, señora, no hay ninguna señal que lo indique.

Como que los secuestradores van a ir por ahí anunciándolo.

Se secuestra en silencio, sin dar que hablar.

Por eso, el secuestro ha salido bien.

-Y qué quieren que yo haga.

-Elemental, querido Felipe.

Nos gustaría que averigüe, hable con las autoridades,

que sabemos que tiene mano,

y averigüe cómo va la investigación sobre el asesino del Alday.

Si les atrapan, Genoveva podrá dormir tranquila, y yo también.

-De acuerdo. Todo sea para tranquilizarla.

-Bueno. -Gracias.

(RÍEN)

Y había una carterista que siempre llevaba unas babuchas encima,

por si la detenían.

-A eso, los americanos le llaman confort.

-También tenía un cojincillo, decía que extraña mucho las almohadas.

-Qué mujer más previsora. ¿Y tú qué?

-Al principio, abochornada, luego me fui soltando.

Ya les contaré mejor,

ahora quiero un ajoarriero de Arantxa

y echarme un rato en la cama.

-Dijiste algo parecido al volver del internado.

-Es lo más parecido a chirona. Espero no volver ni a uno ni a otro.

Eso mismito pienso yo.

Sobre todo a la mazmorra.

No quiero ni pensar en lo que sucedería

si saliera en los papeles que has estado enchironada.

-A madre le da algo, seguro.

-Y a mí me quitas la vida. -(RÍEN)

-Ay, mi niña bonita, preciosa.

¡Hija de mi corazón,

tesoro!

Pero, dime, ¿qué te han hecho esos malajes?

-Seguro que darle unas gachas más claras que el agua del Nervión.

Me han dado un bacalao que parecía recién salida del manantial.

-No te digo yo. ¿Quieres un ajoarriero?

-A toneladas. -Ay, cómo te conozco yo.

-¿Y qué, para mí no hay abrazo, que soy el libertador?

-Ay, Dios mío. -Bueno, mejor la señora.

-Ay, muchas gracias. Dime, ¿cómo la has sacado, truhán?

-Con un poco de ayuda.

Me crucé con un tal Victoriano, amigo de un inspector.

-¿Victoriano?

-Me suena. Bueno, ya le daremos las gracias.

Lo importante es que la niña está sana y salva en casita.

-Y sin la pena pendiente,

que al final, don Hipólito ha reconocido

que les pagaba con dinero de juguete.

-Aunque insiste en su inocencia.

Él dinero que le daban, era el mismo que me daba a mí.

-Allá se entienda él con la justicia, el "madarikatuak".

-¿Eso es la sopa que te gusta tanto?

-Jesús, señora.

La sopa es zurrukutuña. Para chuparse los dedos.

Yo he dicho, "madarikatuak", que es maldito, que bien merecido lo tiene.

-Jesús, hija, no me voy a enterar nunca.

-Bueno, voy a por el ajoarriero, que está la niña que desfallece.

-Bueno,

espero que se te hayan quitado las ganas de aventura.

¿Qué les pareció mi número? No me han dicho nada.

-¿Qué nos va a parecer?, un primor.

-Ay. Llevas el arte en la sangre.

-De casta le viene al galgo. -Tienes el don,

canelita.

-Me complace saberlo. Estoy más orgullosa,

que don Rodrigo en la horca.

-¡Ay. -Mi niña bonita.

-Sabía que si me veían actuar se les caería la baba.

-Pues ya te vi.

Ya me pringué con las babas, sí,

y ya no va a haber otra oportunidad.

-¿Cómo que no?

-No volverás a subirte a las tablas.

Ya te lo había dicho y me reafirmo.

Y aunque me duela en el alma, se acabó.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Aquí me tiene.

-¿Y Lolita? Os dije que vinierais juntos.

-Ahora viene, estaba atendiendo la mantequería.

¿Qué nos quiere contar?

-Esperemos a Lolita, no seas impaciente.

¿A qué tanta burocracia?

Me lo cuenta a mí, yo se lo cuento a ella y todos enterados.

-Hijo,

has tenido mucha suerte con tu mujer.

Mucha. -A mí me lo va a decir.

-No está de más reiterarlo.

Puedes tener éxito en los negocios,

ganar dinero a espuertas,

pero...

como no tengas a tu lado a una mujer que te quiera,

es como si no tuvieras nada. -Elemental.

-Elemental, sí.

El amor lo es todo,

pero aunque es una cosa bien sabida,

tendemos a olvidarlo.

Hijo,

compartir vida y destino con una mujer que te quiera de verdad

y a la que tú quieras de verdad,

es todo lo que un hombre debe hacer.

-Y si no, que se lo digan a usted, que ya lo ha hecho dos veces.

-Y lo haría una tercera, si se diera el caso.

(Llaman a la puerta)

-Ahí está su nuera.

-¡Pasa, hija!

Éramos pocos.

¿Qué quieres ahora, Servando? -Carta para el señorito.

Me la ha dado el cartero, dice que es urgente.

Este es el sello de urgente.

-Sí, si sé leer, gracias.

-¿Le puedo hacer una pregunta?

De inventor a inventor, ¿qué opina usted de la alquimia?

-Dejad eso para otro día, Servando.

Por favor, si nos dejas solos.

-Sí, señor.

-¿Qué pasa, hijo? ¿Malas noticias?

Ven, ven, ven, siéntate.

Aquí en la cama.

Siéntate.

No sé qué decirle, hija,

me alegro mucho de que le sea tan fácil encontrar empleo.

Lo difícil es decidir con cuál de las familias me quedo.

Cría fama y échate a dormir.

La fama no se la hace una durmiendo

y una vez conseguida, eso es verdad,

hay que mantenerla trabajando siempre como el primer día.

Si me buscan, es porque saben que lo más importante para mí

es la instrucción de los pequeños. Que sí,

no se me amostace.

Aunque a juzgar por la educación de las nuevas generaciones,

no todas las institutrices son como usted.

Ahora, si me disculpa,

voy a buscar a Rosina para dar un paseo.

Con Dios.

-Úrsula.

Estaba esperando a que se quedara a solas.

¿Qué tengo yo que ver con usted? Empieza a tenerlo ahora.

La familia de Eduardo exige sus derechos.

¿La herencia?

El piso.

¿Sigue usted habitándolo?

(ASIENTE)

Tendrá desalojarlo cuanto antes.

¿Y el niño?

Oh, Dios mío. Quien calla otorga.

¿Tendrá que regresar don Telmo?

"Servicio militar obligatorio".

-Tres años.

-No puede ser cierto, no estás en la edad preceptiva.

Necesito una habitación, una barata.

Lo lamento, he entregado las llaves de la última que quedaba.

Han aparecido unos primos de don Eduardo.

Me obligan a abandonar el piso. -"Ni Dama del Misterio"

ni Cinta Domínguez, ni Cinta del Campo

ni pepinillos. Lo de cantar se ha acabado.

-¡Pero ¿cómo puede decir eso?! -Pues diciéndolo.

Esa vida no es para una señorita.

-Me contaba la señora Fabiana que había echado el ojo a unas casas.

Sí, en la calle no me voy a quedar, por supuesto.

Con Dios.

-No tiene "na", ni contactos ni trabajo, ni recomendaciones.

Le puede el orgullo y no va a pedir ayuda.

-Te vamos a mandar a un internado,

pero no al de antes, a uno más duro, al suizo.

-No pienso ir.

-¡Con dos nudos marineros si hace falta!

-Pues me escaparé. -No te atreverás.

-No crea que voy a renunciar a mi sueño.

-Conoce a mucha gente en el Ateneo,

seguro que conoce a algunos militares de renombre.

Estoy dispuesto a pagar lo que me queda con tal de evitar su marcha.

-Le haré la gestión, pero no creo que sirva.

-¿Cree que me puedan llamar a filas a mí también?

-Si me han llamado a mí a mi edad, es que nadie está libre.

-¿Qué puedo hacer?

-No lo sé.

-Lolita no sabe nada y es mejor que siga siendo así.

-No entiendo por qué tanto secreto y ocultamiento,

eso puede ir en contra de Antoñito.

-¿Le parece que lo hago bien?

-Puedes ser grande, tanto como lo fue su madre.

Solo necesita alguien que lleve su carrera.

-Mis padres no quieren que me dedique al arte.

-Hasta que vean lo que puede ganar a mi lado.

Si usted me ayuda, les convenceremos.

-Si quiere, mientras encuentra un trabajo de institutriz en una casa,

se viene, nos ayuda y se ahorra usted dinero en alquileres.

¿Trabajar de criada en una pensión?

Fabiana, no voy a hacer camas para usted

y para Servando.

Eso sí que sería caer bajo.

Samuel tenía una deuda relacionada con un tal Cristóbal Cabrera,

un famoso maleante de la zona norte.

-¿Y si Genoveva ha huido amenazada por ese hombre?

-Es posible, pero también lo es que se haya ido por su propia voluntad.

-Tenemos que buscarla

y prestarle la ayuda que no le prestamos a su esposo.

-"¿El Cafetín del Duende?".

-Ese. Anteayer entró la policía.

Hubo redada, y se ve que se llevaron detenida a la Dama del Misterio.

-No, mujer, sería un error. -No, todavía la tienen "encerrá".

Por lo visto, era la que mandaba

en un grupo de falsificadores de parné.

-Eso es mentira.

-Que no. Menuda lagarta tiene que ser esa.

Que la tienen "encerrá" en el calabozo y "to".

-¡Es mentira! ¡La Dama del Misterio soy yo y estoy libre!

-Anda.

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Acacias 38 - Capítulo 1001

29 abr 2019

Ramón regresa con Carmen a Acacias dispuesto a darle una oportunidad a su amor. El Palacios está a punto de contarle a su hijo su decisión de comenzar una relación con la criada cuando Antoñito recibe una carta con muy malas noticias.

Una redada policial irrumpe en El Cafetín del Duende y se lleva detenida a Cinta acusada de falsificar billetes. Victoriano, un hombre que estaba esa noche en el Cafetín también es detenido, aunque sus contactos en la policía le permiten salir del calabozo y liberar a Cinta, para gran agradecimiento de Bellita y Jose.

Úrsula, sola tras el abandono de Telmo, anda perdida por Acacias después de que los familiares de Eduardo reclamen el piso que compartía con Lucía.

La pensión está llena gracias a un importante Congreso Científico al que Servando desea acudir.

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  1. valeria

    No inventes, parece que la novela está en guerra. Pura tragedia, ya porfa, pónganse mas alegres que me deprimo! P.D la nueva musica de la intro aun no me termina de caer

    01 may 2019
  2. María

    Rafael: No seas tan dictatorial. Cada uno piensa lo que quiere y yo también estoy de acuerdo con el comentario de Clara.

    01 may 2019
  3. Francesca

    Es un disparate. Dicen que han querido hacer un folletín. Y aunque no se den cuenta, le faltan el respeto al pasado. No digo, ya, a nosotros, porque nadie nos pone un revolver en la cabeza y nos obliga a seguirla. Si la soportamos es por puro masoquistas. Yo disfruto de los Dominguez, que al menos no hablan como espíritus en pena. Tres años de milicia para Antoñito, que andará por los 30 y algo, Lolita se nos queda sin hijos. Lo mejor, es que Antonio y Sra. crucen la frontera a Francia y de ahí a América. Que para que comience la guerra en Francia, queda un año o menos. Uy, los dramas que llegarán... los guionistas se estarán frotando las manos, disfrutando los desgracias que le podrán exprimir. Buena semana para todos.

    30 abr 2019
  4. Matías

    Pues Rafael, estoy de acuerdo con Santi estamos en un país libre y democrático y podemos opinar y comentar lo que nos plazca, sin insultar ni ofender podemos dar nuestro parecer, y con no leerlos esta todo solucionado. Y es verdad ""Desgracias 38" ó "Funeraria 38" serian unos títulos apropiados, dado que no existe la alegría, la felicidad y el buen vivir en este barrio. Solo hay muertes, desgracias, malas intenciones y calamidades. Ahora que Ramón puede ser feliz con Carmen, zas le llevan a su hijo a la mili, pero que tienen en contra los guionistas con que la gente sea feliz. Valla por Dios que mala entraña tienen

    30 abr 2019
  5. Santi

    Hombre Rafael, a ver si ahora no se va a poder decir lo que uno piense. Siguiendo tú argumentación, "si te molestan los comentarios no los leas, nadie te pone una pistola en la sien para que los leas, pero no des la brasa a los que queremos leer todas las opiniones."

    30 abr 2019
  6. Marilu

    Me sabe un poco frío don Ramón, no lo noto demasiado entusiasta con el " romance ", que contrasta con el " fuego " de la cabellera de Carmen, se le fue la mano en el tinte, es de lo menos natural, feíto por cierto..- Espero que el llamado a la milicia del hijito no haga que Ramón priorice eso y haga esperar demasiado a Carmen para dar a conocer su relación, me da pena por ella

    30 abr 2019
  7. Rafael

    Y tu deberías dar clases de crítica teatral,tpor la mucha sapiencia que parece que tengas sobre creatividad. Lo de siempre, si te molestan las tramas, nadie te pone la pistola en la sien para que veas la serie, pero no déis la brasa a los que sí nos distrae y la seguimos.

    30 abr 2019
  8. Clara perez

    Esta serie,no debia llamase "Acacias 38" si no, "Desgracias 38" que horrible la dizque creatividad de estos.Deberian prepararsen primero,sera que solo han tenido tragedia en la vida

    29 abr 2019