'Acacias 38', nombre del portal señorial donde se desarrollarán las historias, es una serie diaria y coral, ambientada en 1899, que cuenta lo que sucede en un edificio de la burguesía de finales del siglo XIX situado en un barrio lleno de situaciones variopintas.

Realizada por TVE en colaboración con Boomerang TV, ‘Acacias 38’, una idea original de Susana López Rubio, Aurora Guerra, Miquel Peidró y Josep Cister, es una ficción cercana, cálida, luminosa y romántica en la que los grandes protagonistas son los sentimientos universales: el amor, los celos, las pasiones, las venganzas y los odios.

La nueva serie diaria cuenta con un reparto coral formado por más de 20 personajes principales a los que darán vida Sheyla Fariña, Roger Berruezo, David Muro, Iago García, Arantxa Aranguren, Carlos Serrano-Clark, Sara Miquel, Inés Aldea, Marc Parejo, Sara Herranz, Sandra Marchena, Mariano Llorente, Alba Brunet, Marita Zafra, Anita del Rey, Juanma Navas, Cristina Abad, Inma Pérez-Quirós, Amparo Fernández, Raúl Cano, María Tasende, Miguel Diosdado, Aurora Sánchez y Andrea López.

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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 995 - ver ahora
Transcripción completa

Maldigo a todos los de Acacias, vecinos y criados.

¡Nos lo van a pagar!

Yo estoy contigo

en prestarnos auxilio, pero ahora tenemos encontrar una salida.

¿Cuál puede ser?

No hacen más que cerrarnos las puertas ¡una y otra vez!

Te lo ruego, mi amor, cálmate.

Aún estamos juntos, no nos vencerán fácilmente.

Tienes razón.

Estando juntos, no podrán hacernos ningún daño.

Eso es todo lo que necesitaba escuchar.

Está bien.

Mantengamos la calma, tiene que haber alguna solución.

Debemos encontrarla rápido,

Cristóbal no tardará en encontrarnos.

Debemos cambiar de planes.

No aguardaremos al tren de esta noche.

Tenemos el dinero que precisábamos.

Cojamos un coche y marchémonos de esta ciudad,

sin la mayor tardanza.

Me aterroriza la idea de salir a la calle de día.

Mi amor,

en la calle corremos menos riesgo que en casa.

¿Dónde crees que acudirá Cristóbal?

Nuestro hogar se ha convertido en una ratonera.

Tienes razón, no es momento para flaquezas.

Terminemos las maletas, debemos marcharnos a toda prisa.

Ay, poco ha hecho la tisana "pa" calmar los nervios, Agustina.

-A ver, la tisana no nos va a quitar este mal cuerpo

que nos ha dejado la visita de los Alday.

-Oye,

¿y si acoquinamos parné y compramos botellas de vino?

-Primo,

¿"ende" cuándo el vino templa los nervios?

-Templar no los templa, pero estaríamos más contentos.

-No olvidaré la forma en que me miró la señora, debí salir en su ayuda.

-No se torture, que de "na" hubiera valido.

Si no querían meterse en problemas, no podían darles capricho.

-(FATIGADO) -Servando, ¿qué hace aquí?

¿No se iba a encargar de la pensión?

-Calle, Fabiana, que vengo a decir una cosa my grave.

-¿No me diga que doña Lucía ha empeorado?

-No, no, de ella no sabemos nada.

-¿Y por qué viene tan "alarmao"?

-Porque han robado el dinero de la colecta de la mantequería.

-¡Ah!

-¿Qué dice? -No, no,

que no he terminado, que hay más. Sabemos quién ha sido el ladrón.

-Dígalo de una santa vez, que ese maleante se va a enterar

de lo que vale un peine.

-Doña Susana ha visto salir de la mantequería a Samuel Alday

mientras que nosotros estábamos en el funeral.

-Qué malaje.

-Ay, robando a los pobres. Eso es sacrilegio.

-Hay que jeringarse.

Y usted sintiéndose culpable por no darles alojamiento.

-Pues no se van a ir de rositas, ¿eh?

-Los señores de la casa marchan a su casa a pedir explicaciones.

-¿A qué esperamos "pa" ir con ellos? -Tienes toda la razón, primo.

A nosotros nos ha costado un potosí reunir ese dinero,

así que no dejaremos que se lo lleven. ¿Vamos?

-Venga.

-Venga, arreando, hala.

Hombre.

-Pero ¿qué han hecho estos locos?

Ya está listo el equipaje.

Es mucho lo que dejamos aquí.

Te equivocas, Samuel.

Nos llevamos lo único que necesitamos, el uno al otro.

Tienes razón.

Marchémonos cuanto antes de estas malditas calles.

Ya es hora de que empecemos una nueva vida lejos,

donde al fin podamos ser dichosos sin temores.

Tienes razón.

Lo estoy deseando.

(Pasos)

¿Qué es eso? Parece que viene de fuera.

Dios mío, Samuel, ¿no será Cristóbal?

¿Acaso ya es demasiado tarde para nosotros?

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

-Samuel.

Samuel, abra la puerta, sé que están ahí.

-¿No sería mejor aguardar a la policía?

-Tenemos que hablar con ellos. -Eso es.

Y que se expliquen. -Solo hay una explicación,

que nos han robado.

-Cariño, tranquila, que con nosotros no te va a pasar nada.

-Ya, pero me sentiría más a salvo en casa.

-¡Samuel, abra la maldita puerta!

-¿Quién llama? Soy Liberto.

Abra inmediatamente.

-Al fin.

¿A qué debo esta visita, qué hacen aquí?

Lo sabe perfectamente,

lo que ha hecho no tiene perdón de Dios. ¿Cómo puede ser así?

-¿Dónde está el dinero de la caridad?

¿Han perdido el oremus? No sé de qué me hablan.

-¡Lo sabe de sobra! -Samuel,

déjese de comedias.

No puedo entender que nos haya traicionado de esta forma.

-¿Qué sucede?

-¡Lleva una maleta, quiere escapar! -¡No!

¡Abra la puerta!

¡Abra la puerta! -¡Samuel!

(Llaman)

¡Abra esa maldita puerta!

-¿Qué hacemos? Es nuestro fin.

Marcharnos de inmediato.

Pero ¿cómo?

La puerta de servicio.

Corre, vamos.

Corre, vamos, vamos.

-Aquí están.

-¿Adónde van, desgraciados? ¡¿Cómo se atreve?!

¡Largo! ¡Déjenos entrar!

¡Déjelo estar si no quiere que le dé un mandoble!

-¡Van a devolvernos hasta la última peseta, ladrones!

-¡Sinvergüenzas! Demasiado tarde.

-Haz que se callen. Cálmate.

-¡Haz que se callen! Cálmate.

¿Cómo?

¡Estamos presos en nuestra propia casa!

Encontraremos una salida.

No nos van a dejar salir, y Cristóbal debe de estar en camino.

Nos van a matar.

¡Por culpa de los vecinos, Cristóbal nos va a matar!

Estamos en una ratonera.

(Llaman a la puerta)

(RESPIRA ANGUSTIADA)

Creemos que el ladrón se ha refugiado en su casa.

Hay testigos que le vieron salir de aquí.

Y a parte de robarnos, ha destrozado la mantequería.

Si nos disculpan...

El robo ya está denunciado.

En cuanto terminen de registrar el local, se encargarán de Samuel.

-¿Lo detendrán?

-Eso espero, no se merece otro trato. ¿Te da pena?

-Pues...

Es que no me puedo creer que haya cometido semejante felonía.

No se puede ser tan rastrero.

-Tú eres demasiado buena y te cuesta pensar mal de los demás,

pero no hay duda, lo vio Susana con sus propios ojos.

-¿Y si vio mal? -¿Cómo va a ver mal?

No, Lolita, nos ha robado y debe pagar por ello.

Hemos hecho lo correcto. La justicia se encargará de él.

-Tienes razón.

Si alguien ha sido capaz de hacer algo así,...

robar el dinero de los miserables,...

hasta el penal me parece poco "pa" él.

Ni vivir se merece alguien que comete semejante bajeza.

-Disculpen.

¿Podrían indicarme dónde queda el 38?

-Sí, ahí mismo.

-Gracias.

(Llaman a la puerta)

¡Abran!

-¡Rece porque llegue la policía antes de que entremos nosotros!

¡Sinvergüenzas!

¡El dinero!

¡Se lo ruego, dejen que nos marchemos!

-De ninguna de las maneras.

Tendrán que responder por sus actos. -La policía está al llegar.

¡¿No lo comprenden?, estamos en peligro de muerte!

-¡Abra la puerta!

-¡Abran, abran la puerta!

-¡Ladrones! -¡La puerta!

-Agustina, quédese aquí, voy a por la copia de la llave.

-¡Gentuza!

¡Abra!

-¡Samuel, la puerta!

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

No van a dejar que nos marchemos.

Me la tienen jurada desde hace tiempo.

-¡Abra!

-Hemos perdido nuestra oportunidad, Samuel.

Ya no hay salvación posible para nosotros.

(LLORA)

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

(Golpean la puerta)

¿Qué haces?

Buscar una salida. Pásame los fósforos de la chimenea.

A mi señal, abre la puerta de la calle.

¡Vamos, Samuel, abra la puerta!

-¡Sinvergüenzas! -¡Abran esa puerta!

¡Vamos!

-¿Qué ocurre? ¿No ha llegado la guardia?

-Descuide, que estando nosotros, no van a poder escapar.

-Que nos dejen un rato a solas antes de llevárselos.

-No, tendrán que responder ante un juez.

-Y ante nosotros, que nos han robado.

¡Abra la puerta de una vez! -¡Vamos!

-¡Abran!

¡Samuel! Tranquilos.

Dejen de golpear la puerta, voy a abrir.

¿Qué es esto?

¡Ahí está vuestro dinero!

(Gritos)

Abran, abran.

Agustina, ya tengo la llave.

(TOSE)

-Ay, Dios mío, huele a quemado.

-Viene del salón.

¡Ahí están!

Ves a los Jardines del Príncipe y coge un coche, ahora te alcanzo.

-¡Samuel! ¡Rápido, corre!

-¡Don Samuel, ha prendido fuego a la casa, abra!

¡No nos deje aquí! ¡Don Samuel!

-¡Abra! -¡Entre en razón!

-Abra. -(TOSE)

-(TOSE)

¡¿Samuel, qué hace?! -Por favor.

-¡Bestia!

Vamos a mi casa. -¿Estás bien, cariño?

Cuidado, tieta.

-(GRITA) -Vamos.

¡No le hagan daño! ¡Samuel!

Tengo mucho dinero. Puedo pagaros si nos dejáis ir.

-No gastes saliva. Aún tiene esa mi dinero.

-Cristóbal...

-Te lo advertí, Genoveva,

te dije que nunca podrías escapar de mí.

Deberías haberme creído.

-Cristóbal, por favor.

-¿Ahora me ruegas, ahora,

después de burlarte de mí?

Sabías lo que te esperaba. Acéptalo, sin lágrimas.

Serás mía o de nadie.

¡No!

(Disparo)

-¡Samuel, Samuel, amor!

Samuel, no te mueras, por favor.

¡Ayuda!

¡Samuel, por favor, no, quédate conmigo!

¡Samuel, Samuel!

(LLORA Y GRITA) ¡Ayuda!

¡Samuel, Samuel, Samuel!

¡Samuel, Samuel!

¡Ayuda!

(LLORA)

No te he buscado durante tiempo para dejarte ir ahora.

Esta noche volverás a ser mía.

¡Vamos!

-¡Alto!

¡Alto!

¡Alto o disparo! -¡Ayuda!

-¡Dios mío! -¿Qué ha pasado?

-¿Tampoco vais a ayudarme ahora?

Por no haberle ayudado cuando lo imploró.

-Eso no lo digas ni en broma. -Si es que es verdad.

Y por no haberles dejado marcharse cuando ellos querían.

-Era normal que no les dejaran escapar, habían robado el dinero.

-Genoveva le dijo a Agustina que si no les dejaban marcharse,

les matarían, y le ha "matao".

-No, cuando le subimos al coche no estaba muerto.

-Estaba herido de muerte. De esta no sale.

-"¿Llegó consciente?".

Los médicos intentaron reanimarla,

y al no conseguirlo, se la llevaron.

¿Adónde? No sabría decirle.

Nadie me informó. Me dijeron que me quedara aquí.

Telmo, ¿cuáles eran los síntomas?

Felipe, no soy doctor. Telmo, por favor.

Le costaba respirar

y no atendía a mi voz.

¿Dijo algo?

Balbuceos, nada inteligible.

Cuando le cogí la mano, no movió ni un músculo.

-"Me sabe mal ser yo" quien le dé la mala noticia,

pero Lucía está en el hospital. ¿Qué le ha ocurrido?

Se desmayó en el funeral.

Don Telmo la acompañó en el coche.

¿Hablaba?

Mientras esperaban a que llegara el coche, no abrió los ojos.

¿Respiraba con normalidad?

Necesito actuar

y el público necesita de mí.

-¿En qué quedamos?

-Que no termino de decidirme.

-Si don Hipólito se empeña, quizá no podamos decirle que no.

-Es muy de artistas decir que no. -Claro.

-Si se empeñara, solo, digo, si se empeñara,

le voy a pedir un buen dinero.

Por lo menos,...

la mitad de lo que haga el cafetín por noche.

-Bueno, pero tampoco se lapida, señora, no se lapida.

-Cuando venga mi Jose, le voy a mandar con la puja.

Fabiana, ¿puedes llevar este sobre a la casa de Felipe?

No te apures, que no va a pasar nada.

-Eso creía usted las otras veces.

-Te pregunto por el cafetín.

-Eso es harina de otro costal.

-¿Por lo bueno o por lo malo? -Por lo bueno.

-¿Le has dicho que queríamos la mitad?

-Con todas las letras.

-¿Y? ¿No te ha largado con viento fresco?

-Te espera mañana. -¿Mañana?

-¿Quiere escucharme?

-Quiere que cantes y bailes del tirón.

-¿Mañana? -Sí.

-¿Le cuento un secreto?

Don Telmo se desahogó conmigo el otro día.

-Piénsate bien si quieres contármelo.

-"Ha puesto una condición". -A ver, suéltala.

-Que compartas cartel con la Dama del Misterio.

-¡Nunca! -Jamás.

-Muy bien dicho.

Como se nota que me conoces mejor que el malaje ese.

¿Compartir yo cartel con una principianta?

-No han extraído la bala.

-Podrá vivir con ella, ya lo verá.

En las Colonias hubo muchos casos... -No.

No podrá.

Esa bala terminará con su vida, es cuestión de horas.

-Siento mucha tristeza y...

la compadezco de veras.

-No necesito ni su pena ni su compasión, necesito que se vaya.

-"¿De quién es este maletín?". -El de la pensión es usted.

-Por eso me extraña, es que nunca lo había visto.

Todos nuestros clientes son viajeros.

Y los viajantes tienen etiquetado el bagaje, y este no lo tiene.

Lo dejaré ahí por si acaso lo reclaman.

-Beba, Agustina, beba.

-¿De dónde habrá salido esa Genoveva?

¿De dónde la habrá sacado Samuel?

Todavía tendremos que dar gracias

de que solo ha caído él, que por el mismo precio, esos matones

son capaces de llevarse por delante a cualquier vecino.

Por algo les buscaban, por algo.

-No tiene usted razón.

-"Chúpese esta".

Dice que han encontrado unos maletines por la ciudad

con bombas dentro.

-Toma ya, noticias frescas. -¿Ya lo sabía?

-Esto es un procedimiento de los anarquistas,

poner bombas hasta en las pilas de agua bendita.

El doctor no ha dado muchas esperanzas.

Ninguna, para ser más preciso.

-Lo siento.

¿Y cómo está doña Genoveva?

-Descompuesta y dolida con todo el barrio.

Solamente me ha pedido que me marchara.

¿Te culpa a ti?

-No. Me culpo yo misma, que es peor.

No quiero actuar, no tengo cara.

-¿Cara?

-Dura, sí.

-Pero si usted es el mejor guitarrista que ha tenido mamá.

-Y el único.

No hacía mal papel, no.

Pero es lo que era, un papel.

Como un actor.

Nunca he sido un guitarrista de vocación,

lo mío era el jaleo y la juerga.

Felipe.

-¿Qué desea?

Como se entere, va a pegar unos gritos,

que va a temblar el misterio.

-Pues no diga nada y haga lo de siempre.

-Ojalá pudiera, ojalá, pero me entra el miedo,

canelita, el canguelo, el "suso".

Porque tú no sabes la cantidad de entendidos

que se juntan en el cafetín.

-Es la única testigo.

-No me fijé en nada. -Señora,

son muchos años en el oficio.

Estoy convencido de que usted conoce a los agresores.

-Se equivoca. -No lo creo.

Apostaría a que el intento de asesinato

tiene que ver con ese pasado que quiere esconder.

Por fin, doctor.

¿Cuándo veremos a Lucía?

Enseguida, pero quisiera hablar con ustedes sobre su diagnóstico.

Acacias 38 - Capítulo 995

18 abr 2019

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