'Acacias 38', nombre del portal señorial donde se desarrollarán las historias, es una serie diaria y coral, ambientada en 1899, que cuenta lo que sucede en un edificio de la burguesía de finales del siglo XIX situado en un barrio lleno de situaciones variopintas.

Realizada por TVE en colaboración con Boomerang TV, ‘Acacias 38’, una idea original de Susana López Rubio, Aurora Guerra, Miquel Peidró y Josep Cister, es una ficción cercana, cálida, luminosa y romántica en la que los grandes protagonistas son los sentimientos universales: el amor, los celos, las pasiones, las venganzas y los odios.

La nueva serie diaria cuenta con un reparto coral formado por más de 20 personajes principales a los que darán vida Sheyla Fariña, Roger Berruezo, David Muro, Iago García, Arantxa Aranguren, Carlos Serrano-Clark, Sara Miquel, Inés Aldea, Marc Parejo, Sara Herranz, Sandra Marchena, Mariano Llorente, Alba Brunet, Marita Zafra, Anita del Rey, Juanma Navas, Cristina Abad, Inma Pérez-Quirós, Amparo Fernández, Raúl Cano, María Tasende, Miguel Diosdado, Aurora Sánchez y Andrea López.

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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 287 - Ver ahora reproducir video 58.18 min
Transcripción completa

Aquí.

-¡Uh! ¡El cañaveral!

¡Ah! -Vamos, vamos.

-"Víctor, tú puedes"

seguir considerando tu padre a Guillermo Ferrer.

-No me hable de ninguno de los dos.

Ya decidiré yo quién es mi padre. Ya me ha hecho daño.

¿Leandro lo sabe?

-Sí, lo sabe.

-¿Lo sabe mucha gente más?

¿Se comenta cuando paso?

-¡No, por favor!

¿Ha leído el contrato del préstamo? -Todo perfecto.

-Aquí está el talón para que lo haga efectivo. Cuidado con él.

Está consignado al portador. -Descuide.

-¿Don Maximiliano?

¿Y cómo lo ha sabido él? -Lo ignoro.

-Mi difunto esposo.

Don Maximiliano le visitó

el día en que falleció.

Tal vez él se lo contó.

Tal vez podría hablar con esas familias y explicarles su destino.

Lo he intentado

y ha dado resultado en muchos casos.

Hay bastantes deudos con restos allí.

Solo los afectados que están en torno al duque de Filabres se niegan.

Se trata del duque de Filabres.

Ya lo neutralizamos un vez.

A costa de un hijo bastardo. Lo recuerdo.

Esa partida de nacimiento está en esta ciudad.

La quiero.

Me demostrará que no me equivocaba. "Cayetana es el tipo de mujer"

que cualquiera aspiraría a ser. Usted lo sabe.

La admira tanto como yo.

Yo la admiraba.

Usted y yo somos tan parecidas...

Las dos dispuestas a ayudar a otra mujer

que es lo que nosotras no somos.

"Ella acabará con Cayetana".

Me contó que Cayetana se tragaría todas sus humillaciones

si contara lo que sabe

sobre la muerte de Manuela Y Germán. ¿Qué es?

De eso se trata, de presionarla.

Su silencio separa a Cayetana del patíbulo.

Si diéramos con los cadáveres de la pareja,

la función terminaría. Cayetana se sentaría en el banquillo

y con perspectivas desfavorables. Eso no me lo dijo.

Sabe algo, pero no sé si tanto.

¿Y qué te dijo entonces?

Admitió que Cayetana es capaz de todo.

Y vino a reconocerla como responsable de su muerte.

Has hecho muy buen trabajo, no te lo niego.

Pero eso ya lo sabíamos. Necesitamos recuperar los cuerpos.

En ello ando.

Te digo que he enfrentado a la señora y a la criada.

Estoy a esto de conseguir que Úrsula traicione a su señora

y se sincere conmigo.

Cayetana pagará.

La destaparemos y pagará por sus tropelías.

Así lo hará.

¿Y ese tono tan poco animoso?

Han vuelto tus problemas de conciencia.

Nunca me han abandonado.

Cayetana me ha mostrado su afecto

y conmigo se ha comportado como una amiga.

¿No me digas que te dejarás embaucar

por esa pérfida?

Aquí estoy, ¿no?

He puesto a Úrsula en su contra.

No te hablo de abandonar, te digo las cosas como son.

Mira, cuando te sientas desfallecer,

piensa en Manuela y Germán. En mi mentor Padilla.

En esa pobre niña a la que habéis exhumado.

Todas víctimas suyas.

Haré todo lo que pueda.

¿De verdad sientes pena por ella?

En este momento no pensaba en Cayetana.

Ha de ser la única preocupación para acabar

con esto de una santa vez. Será mi cuita precisamente.

Cuando atrapemos a Cayetana

y todo termine carecerá de sentido que tú y yo

sigamos tratándonos.

Aunque tal vez es lo mejor para los dos.

No para mí.

¿Retiro el desayuno, señora?

No. Celia dijo que subiría a pasar un rato.

Escuche esto.

"De acuerdo con el proyecto de ley del ministro de Instrucción Pública

el señor García Álix, los alumnos con 30 días de ausencia

sin justificar no podrán hacer el examen final".

"Por lo tanto, perderán el curso". No está mal

un poco de mano dura. No he terminado.

"El ministro propone que sean sancionados con la separación

de su cátedra los titulares cuyo absentismo de las aulas

sea público y notorio".

¿Qué le parece?

Excuse mi atrevimiento, señora.

Pero una siempre ha sido partidaria de sancionar a los que incumplen

con su deber. Otra cosa llama mi atención.

En este reino

hasta los catedráticos intentan eximirse de sus obligaciones.

Por eso vigilo a quienes están a mi cargo.

No voy a permitir excusas ni sobreseimientos.

No se debe tolerar relajamiento en el orden.

Sobre todo en el orden social

y la jerarquía de clases.

(Puerta)

Vaya a abrir. Debe ser Celia.

Buenos días.

Buenos días.

Qué buen aspecto tiene esta mañana,

doña Cayetana. Espero que no le importe que vaya

al despacho a preparar la reunión del patronato

con Humildad. Vendrá y estaremos trabajando.

¿Cómo iba a molestarme? Es muestra de altruismo y buen corazón.

Sabía que os ibais a llevar muy bien.

Tenéis un corazón enorme y sois

un primor de mujeres. Lo cortés no quita lo valiente.

¿Desean las señoras

tomar algo?

No. Gracias. Me pondré a trabajar de inmediato.

Úrsula, traiga té para la señorita Celia y para mí.

Siéntate.

Parece que su ama de llaves no pasa por su mejor momento.

Se muestra como

apagada.

Sí.

Últimamente está un poco extraña. Pero poco a poco

va enmendándose.

Me voy a poner con mi tarea.

Si necesita descansar o tomar un te, aquí estaremos.

Has dicho bien. Tiene buen corazón

la maestra. No ha mostrado ninguna animosidad contra Úrsula.

Al contrario.

Parecía preocuparse por su pesar.

¿Y por qué habría de estar molesta? Ayer cuando hablamos

a la pobre casi se le saltaban las lágrimas.

Por un rifirrafe que tuvieron.

Esa lianta de Úrsula.

¿De qué discutían?

Se atrevió a acusarla de acercarse a ti

con el mero fan de medrar.

Para arrimarse a tu dinero y posición.

Será insensata...

Me va a oír esa temeraria.

Pobre Teresa. Descuida.

Que va a recibir un escarmiento.

No sé si es conveniente hacer del caso un litigio.

Quizá sea eso lo que Úrsula quiere. Que parezca que pincha y corta.

Puede que lo más inteligente

sea no darte por enterada y vigilarla.

Y eso sí, tomar cartas en el asunto si vuelve a sobrepasarse.

Sí. Puede que tengas razón. Ya he recibido

varios avisos. Y ayer parecía que volvía al redil.

Pero la mantendré bajo vigilancia.

Y si vuelve a tropezar con la misma piedra, no me temblará el pulso

para despedirla.

"Llevo días pensando"

que tu actitud fría conmigo quizá tuviera que ver

con este asunto.

-¿Este asunto?

Me has negado

la oportunidad de ser padre.

-¿Y qué querías que hiciera?

Parece que ahora los rapaces nacen aprendidos.

-¿Cómo dice? -A ver, don Leandro,

¿cuántos años tenía cuando probó el tintorro por primera vez?

-Pues no lo sé.

No lo recuerdo. No he sido asiduo a la bebida.

-No, padre, no.

Este ejemplo no me vale. -Se ha empeñado en que tiene edad

para probar el vino. Y le digo que nadie a su edad

ha probado bebida alcohólica. -Venga.

¿Ni una palomita de anís o algo?

-Lo siento. Pero no soy un claro ejemplo para tu hipótesis.

-¿A este hombre qué le pasa?

-Lo que quiere decir don Leandro...

-Será perdulario... -Mira.

-Disculpe, don Leandro. No queremos faltarle al respeto.

Pero la alegría del sinvergüenza es contagiosa.

-Descuide, Felipe. La verdad es que hasta a mí

Me hace gracia verlo.

-Seguimos el paseo. -Claro, hijo.

Espera.

Don Leandro, ¿se encuentra usted bien?

Le encuentro algo alicaído.

-Sí. Pensativo nada más.

Cosas del negocio.

-¿Está usted seguro?

Si hay algo que pueda hacer como abogado o amigo,

no tengo inconveniente. -Agradecido.

Tan solo son cuitas de tendero.

-Y que no falte el trabajo. -Eso es.

Lo que Vd. piensa.

-Pase un feliz día.

-Ah. Y haga memoria usted. Igual le dio al alpiste antes de lo que cree.

-Tano, por favor. -Déjelo, don Felipe.

Si tiene gracia el chavalejo. -Vamos.

Entonces tú un chocolate, Pablo. ¿Y usted seguro que nada?

Gracias. Pues enseguida vuelvo.

¿Obtuvo ayer algo de Martín? Como si hablara con una estatua

de granito. Pero sabe más de lo que dice.

Le importa un pito su situación.

Solo le preocupa Casilda, nada más.

Es una pena. Porque en un tris lo llevan al Cadalso.

Pero habrá algo que pueda hacer. Es inocente sin duda.

Es difícil ayudar a alguien que no quiere ser ayudado.

Pero en fin,

haré un último esfuerzo, Pablo.

Espere, espere, espere.

Querría pedirle un favor.

Mi esposa y mi suegra han viajado.

Y ni han llamado ni escrito telegrama ni nota alguna.

Me prometieron hacerlo. ¿Debo denunciar el caso?

¿Hace cuánto que están fuera?

Salieron hace cinco días. ¿Y para qué viajaron?

A ver una finca

que mi suegro dejó en testamento.

Leonor no falta a un compromiso así como así.

Y no ponerse en contacto conmigo

no es natural en ella.

Si habla con tal seguridad, denúncielo, sí.

(Teléfono)

¿Diga?

Sí, sí. Un momento, por favor.

Sí, claro. Se lo digo. Pablo, es para ti.

Apura, dicen que es conferencia. Gracias.

Leonor.

¿Ya sabe el informe que hará a doña Cayetana?

La mayor parte sí. El arquitecto hará imaginado

un edificio muy llamativo y estético.

Pero bastante mejorable en el uso práctico.

Sí. Demasiado despacho, ¿verdad?

Mucho, en exceso grande, sí.

Las aulas, sin embargo, se quedan pequeñas.

La prioridad han de ser los niños.

Porque son ellos los que tienen que sentirse cómodos

para aprovechar las lecciones. Sí. Yo añadiría que si es posible,

se ampliara el patio.

Yo también lo había pensado.

Hasta me he imaginado corriendo con ellos

y saltando a la comba tras una larga mañana de clases.

Ya me gustaría a mí también.

Lo siento. No quería recordarle... No.

No importa.

Estoy hecha a la idea.

Los leprosos caminaron al lado de Jesucristo sin dolores.

Vamos a hablara con Cayetana.

Para ponerla al corriente de las observaciones

y que se las transmita

al arquitecto. No hay prisa.

Al contrario.

Cayetana quiere empezar cuanto antes.

¿De veras? El secretario Oliva había dicho que familiares de los difuntos

se negaban a trasladar los cuerpos.

¿O es que con la presteza que tiene ya ha resuelto el problema?

Y si no lo ha resuelto, lo resolverá.

Sí. Es un torbellino esa mujer.

Con más arrestos que un hombre y delicada al tiempo.

No se rinde nunca y se revuelve

ante los obstáculos como una tigresa en celo.

Vamos, ¿le parece? Sí. Naturalmente.

No puedo. Lo siento.

¿Le duele mucho?

¿Llamo a un médico? No se apure. Se me pasará.

Siempre se me pasa.

Debe ser horrible sufrir

ese tormento. Mejor si le viera un doctor.

Por favor, no se moleste. Pero me recuerda usted a Mauro.

Siempre insistiendo.

De hacerle caso pasaría la vida en un hospital.

Mujer, si eso le aliviara a Vd... No.

No serviría de nada. ¿No lo comprende?

Es la evolución prevista para la enfermedad.

Estos síntomas

ya me los explicaron los cirujanos.

No sabe cuánto lo lamento.

La metralla o la onda expansiva o lo que fuera

afectó a mi médula. Inició un proceso degenerativo inexorable.

Las piernas cada vez me obedecerán peor.

Hasta llegar

al inevitable fin de la parálisis absoluta.

Episodios como este son el principio del fin. Lo acepto.

Son los designios del Señor. De quien espero que me dé

resignación.

Rezaré para que así suceda.

¿Cómo? ¿Cómo? Espera, espera.

Os atacaron unos salteadores.

Leonor, volved aquí ahora mismo. Al menos tú.

Si tu madre quiere, que se quede. Pero tú vuelve.

"Sosiégate, Pablo, y escúchame".

"El peligro ya ha pasado".

"Estamos bien. Hemos llegado a tierras de mi padre".

-"Y no es fácil volver ahora". Dile que la escucho.

¿Y qué quiere decir eso?

-"Es que también tuvimos un percance con el coche

que nos trajo".

Oh, Dios.

Leonor, no debí dejarte ir. Ha sido una sandez que pagamos.

"No exageres. Estamos ilesas".

Como si eso no fuera anormal, Leonor, por favor.

Como si lo normal fuera encontraros colgadas de un pino. Dios.

¿Dónde os estáis quedando?

"Un guardia nos ha ofrecido pasada en su casa un día".

"Mientras estudiamos el terruño".

Mira, Leonor, yo confío en tu criterio.

Sí, pero... Pero de tu madre no acabo de fiarme.

Lo siento mucho. No quiero que os pongáis en riesgo

solo por el dinero. -"Dile que le escucho yo a él".

-"No nos estamos arriesgando".

"Pero de hacerlo no sería por dinero,

si acaso por complacer a mi padre, que nos hizo este legado".

"Las tierras son bonitas, pero valen poco".

Leonor, ya ha pasado el susto. Y estáis bien.

¿Cómo te llevas con tu madre?

"Ya te contaré. Igual

o peor".

Pues sí, ya me contarás.

Vuelve pronto, por favor. "Lo antes que pueda".

Eso espero. Te quiero.

Te quiero.

¿Cómo está mi solete?

Ya veo que estás que no estás. ¿Qué te ocupa?

-Ando echando números para un negocio que puede ser conveniente.

-Ya, Ramón. Pero hace tiempo...

-Que no te hago todo el caso que te mereces.

¿Pero cómo no me voy a dar cuenta?

Los negocios son así, no esperan. Son como tranvías.

Si no los coges, se escapan.

Y ahora, si me perdonas...

-Claro.

¿Ha visto usted a Víctor en su paseo?

¿Sabe si está trabajando? -Sí.

Ahí estaba, discutiendo

con su madre. -¿Discutiendo otra vez?

-Eso me parecía a mí.

-Y no ha pasado a verme

en todo el día.

-Ay, María Luisa, no seas tiquismiquis.

Ya subirá cuando pueda.

-No le agobies. No les suele gustar.

-¿De veras?

-Claro, mujer.

Algo pasa a la madre y al hijo.

No vayas añadirle una carga.

Lo que has de hacer ahora

es ayudarle,

estar cerca por si él te necesita.

Pero no te vayas a colgar

ni a agobiar.

-Tengo ganas de estar siempre con él, de que me mime,

me requiebre. -Eso son ganas naturales.

Pero has de saber cuándo tragártelas

y cuándo demostrarlas.

Y máxime cuando está en vueltas con la madre.

Anda que no tendrás que derrochar tacto en este lance.

Que madre no hay más que una.

-No estoy a de acurdo con su refrán.

Se puede querer con largueza de hija

a una mujer aunque no sea tu madre natural.

-¿He oído bien?

Hablas de mí, ¿verdad? -Sí.

Pero que no se le suba a la cabeza. Le estoy muy agradecida.

Y que reconozco

que por mal que se lo haya hecho pasar

siempre ha tenido un consejo

sin pedir nada a cambio.

-Ay, hija.

¡Ay, hija mía!

Que ya te venías comportando

mejor conmigo, pero no sabes lo feliz que me hace

escuchar estas palabras. -Ay.

¡Por Dios, suélteme! Que no es

para tanto.

Siempre igual. No tiene término medio.

Ni ese punto de elegancia para expresar sus afectos.

-¿No te estarás echando atrás?

Cuando me has dicho que me querías lo has dicho de corazón.

-Anda que para aconsejar no agobiar a los demás

qué pesadez.

Menuda lapa.

-Lapa, pesada, agobiante.

Todo lo que tú quieras, María Luisa.

Pero lo que ha dicho, lo has dicho. Y con sinceridad

y sin artificios. Has dicho que me querías.

Pasa, anda.

Pasa y siéntate. No debería ni sacarte de esa celda apestosa.

No me saque, que no se lo he pedido.

Además doy fe que arriesga lo suyo con ir a verme.

Así es. Pero más riego corre mi conciencia

si al final te dan garrote siendo inocente.

Inocente y papanatas.

Eso es lo que eres. Además de cabezón.

¿Y qué hago en el despacho?

Te he subido con la esperanza

de que cuentes la verdad. Ya no al juez.

Dímelo a mí. Podrás negarlo ante todos.

Pero dime la verdad a mí. No tengo nada más que decir.

¿No te das cuenta de que te van a ajusticiar, alcornoque?

¿Me tomas por imbécil?

Yo a usted no le tomo por nada.

Mira, ignorante.

Solo un necio podría estar a las puertas de al muerte y dejar

que siga adelante. ¿Y qué otra cosa hacer?

Acusar a los verdaderos culpables, animal.

¿Qué razones tienes para no delatar a quienes han hecho esto?

Que casi la pusieron en capilla, Martín.

Razones ninguna.

No digo nada porque no sé.

No sé ni de nombres ni de escondites

ni de arsenales. Pero razones ninguna.

A ver, ¿cómo has dicho?

Razones ninguna.

¿Qué razones podrías tener para callarte?

Te han amenazado.

Es eso, ¿verdad?

Dímelo.

¿A mí? Dímelo. Es lo mínimo que puedes

hacer por mí. Nadie te oye.

Irás al garrote igual. Pero dímelo.

¡Que me mires, majadero!

Me merezco la verdad después de lo que arriesgo por ti.

¿Cómo te han amenazado?

Me han amenazado, sí.

Pero de mi boca no va a salir nada.

¿Con qué te han amenazado?

¿Te matará otro preso?

¿Aprovecharán el juicio para piolarte?

¿O pagarán un guardia? No se obceque.

Olvídese de mí.

Ya no estoy en este mundo.

Me rindo, Martín.

Abandono.

Con tu pan te lo comas.

Espero que el verdugo acierte a la primera

y no te pene con larga agonía.

Es usted un buen hombre. ¿Ah, sí?

Ya no vas a recibir más visitas.

Ni las de Pablo.

Se hará lo que Peiró ordene.

Estás solo, valiente.

Solo.

Se acabó.

(Puerta)

(Puerta)

Hola, preciosa.

Ahí va, ahí va, ahí va.

Pero qué damisela.

-Márchese, que ha bebido más de la cuenta.

-Claro clarinete.

Y corto me he quedado.

Si mi alma sabe que me encuentro con un ángel como tú,

me traigo la botella.

¿Se puede pasar al palacio?

-¿Quién es usted?

Eso debería preguntarlo yo.

Estos son los aposentos

de mi estimada Fatimilla.

¿No está ella por aquí? -No.

No está. Ha salido.

-Ah. Tenía que verla.

Pero tampoco se va a juntar

el cielo con la tierra si se ha escapado.

¿Y tú cómo te llamas, prenda?

-Casilda, para servirle a Dios y a usted.

-Muy bien enseñada la doncella, claro que sí.

Haga el favor de marcharse. Ya le diré a Fátima que ha estado aquí.

-Ven aquí, primor. Te conviene tratarme bien.

-Váyase.

Déjeme. Está usted bebido.

-Es la segunda vez que me llamas borracho.

Ten cuidado.

¿Te puedes creer que me estoy encaprichando contigo?

Si es lo que tiene, que las mujeres hacen contigo

lo que quieren por enamoradizo.

-No se lo digo más. Márchese o...

¡O grito!

-Me gusta que grites,

no sabes cuánto. ¿Gritas cuando...?

-¡Que no!

-Coño, qué bofetón.

¿Dónde vas, raspa?

De Casilda ni rastro.

Como si se la hubiese tragado la tierra.

-Mujer, no hable así. No hace tanto que se marchó.

-Fabiana está más preocupada ahora por Lolita

que por Casilda. -Rediez.

La pobre zagala se ha pasado la noche en vela rezando por su amiga.

Y ayer por toda cena

se tomó un cacho de pan con aceite y azúcar.

-No le ha llegado ni al buche.

Algo deberíamos hacer por animarla.

Se lo merece la muchacha.

-Eso se lo podríamos dejar al Servando.

Que a su pesar y sin querer

hace reír a la gente. Con él o de él.

No se sabe.

-¿Qué están murmurando de uno?

-¿Qué está cavilando usted?, sería más ameno pregunta.

-Lo mismo le da vueltas a la cabeza

sobre por dónde tiene que pasar la procesión de la virgen.

-¿Pero ha de tener procesión esa virgen?

-Pues más o menos.

Pero la imagen tiene que volver a la parroquia.

En eso quedaron Cayetana y el cura.

Dicen que aunque no sirva ha estar allí guardada.

-No. Custodiada.

Paciencia, las vírgenes no se guardan.

Las vírgenes se custodian.

-¿Y dónde la van a poner? ¿En la hornacina

de fuera otra vez? -Ni por asomo.

¿Han de volver a poner ese adefesio afeando la vía pública?

-Es usted una señora, que si no... -Si no, ¿qué?

-A ver, a ver, a ver, a ver.

Parece ser

que ha dicho doña Cayetana que en la hornacina de fuera

lucirá la que ella ha comprado, que para eso se ha gastado

sus buenos duros. Y la de Servando

irá dentro. Aún no se sabe dónde.

O me lo han dicho y no me recuerdo. También puede ser.

-Se te ha olvidado meridianamente que la pondrán en el rincón más oscuro

de la sacristía. -Qué lástima.

-Bueno, allí por lo menos no será pieza que dé pesadillas a los niños.

-Pero cuánta incultura, cuánta tiniebla y cuánto retraso.

Las imágenes, le gusten a usted o no,

si están consagradas hay que ponerlas

en sitio bien vistoso para que puedan ser invocabas.

Bueno,

en eso quieran que no, mi Servando tiene razón.

¿Para qué sirve una virgen si no es suplicada?

-Me subo al carro de eso de Paciencia.

-Me hubiera venido bien la virgen para pedirle que proteja

a Casildilla. -Pues pídelo

con ardor. La virgen es de oído fino.

Te escuchará aunque la imagen falte.

-He tenido una idea.

Que pasará con gusto.

He pedido un adelanto a mis señores para llevarlo a cabo.

-Moza, dinos qué es. Nos tienes en ascuas.

-Se trata de contratar

a un retratero para que le haga

a la virgen un retrato bien vistoso antes de llevársela.

Y así aunque la entierren con los santos,

le podremos rezar y...

-Pero muy bueno. Pero que muy buena idea.

Vamos a ver. Eso es una idea pero grande de verdad.

Ay, muchacha. La ma...

Qué gran... Bueno, es una idea

de las mías. Con eso ya lo digo todo.

-Aviso al retratero y que coja

los bártulos. José Vicente.

-Ahora traigo yo la imagen.

Paciencia, tráeme a la virgen. -Con lo que pesa.

-Me da igual, voy yo a por ella.

Aunque antes se me estaba ocurriendo a mí

que aparte de hacerle un retrato

a la virgen de cuerpo entero,

le podíamos hacer chiquititos

y venderlos como estampitas aún real a las devotas.

-¿Pero quieres dejarte de negocios, pesetero?

Y menos cuando tienes que competir con el clero.

Pues no habría de rugir el párroco. -Si es una gran idea.

Estampitas, estampitas y más estampitas

de la virgen de Servando adornando

devocionarios, mesillas de noche.

-Mira, cállate de una vez.

¿Cómo piensas en el dinero si con la iglesia hemos topado?

Es que no...

(Puerta)

(Puerta)

Fabiana, ¿no oyes la puerta?

(Puerta)

¿Dónde se habrá metido esta holgazana?

Es como las horquillas, no las encuentras cuando lo necesitas.

-Para ti, princesa.

Y siento mucho lo de ayer.

¿Te crees que me puedes tener todo un día esperando

y que te perdone por dos flores? -No son dos flores.

He pagado una docena. -Serás canalla...

Anda, siéntate.

Pondré en un jarrón con agua las flores.

Y ahora en serio,

¿qué pasó?

Me tenía en un "ay".

-¿No te dijo mi madre que no vendría?

-Me lo dijo la mujer, claro que me lo dijo.

Pero no sabría qué creer teniendo un teléfono

al que me podías haber llamado.

Ya pondrá el agua Fabiana.

¿Qué pasó? Dime al verdad.

¿Crees que no me doy cuenta que pasa algo grave?

Menuda pareja somos. Ya desde el principio

no nos contamos las cosas.

-Es que me va a resultar muy duro.

-Pero, Víctor, ¿estamos prometidos o no?

Debes confiar en mí.

-¿Me juras que no lo vas a compartir con nadie?

-Me ofende que digas eso.

-Todavía no me he formado una manera de decirlo.

A veces es mejor decirlo a bocajarro

y otras veces poco a poco. Pero en fin.

Que

don Leandro,

el sastre...

¿Sí? -Sí, sí.

-Leandro.

Es mi padre.

-No.

-Lo es, lo es.

Imagínate cómo me siento yo por dentro.

-¿Y quién te lo ha dicho? ¿Tu madre?

Claro.

Por eso anteanoche te quedaste con ella en lugar de acompañarme.

Ya decía yo que algo raro pasaba.

-Entonces me lo dijo.

Y por eso no vine. Ayer no podía ni pensar,

María Luisa.

-Pobre. -¿Quién se supone que soy?

¿Un Ferrero o un Seler?

¿Cómo me comporto con don Leandro? ¿Cómo le trato?

¿Y mi madre?

Ayer creía que la odiaba por engañarme

tanto tiempo. -No digas eso ni en broma.

-Broma la que me han jugado.

No sabes lo que ha sido cuando he visto a Leandro en su tienda.

Como todas las mañanas, pero no era

como todas las mañanas. Se supone que es mi padre.

Es el hombre que me dio vida.

-Bien me gustaría ayudarte, pero es que no sé cómo.

-Tampoco yo estoy mucho más sagaz.

Estoy que me agobio, que me falta el aire.

Pienso en el imposible de que se pare el mundo y me dé tiempo a pensar.

-Anda, ven aquí.

Ven.

Al menos hoy le he sacado una verdad.

He conseguido que admita que está amenazado.

¿Cómo? Ahí se cierra en banda.

Ni siquiera sé con qué ni cómo le han hecho llegar la amenaza.

Resulta meridiano que acepte una culpa que no es suya.

Y probable que su silencio sea para proteger a alguien.

Casi con seguridad a Casilda.

Pero no encajo las piezas.

Déjelo, Mauro. Déjelo como él le pide.

No tiene sentido que se deje la salud y el tiempo

en una causa perdida. Cierto.

No sería la primera vez que condenan a un inocente.

Ni será la última. Pobres desgraciados.

Cómo el tal Martín.

A menudo reciben penas que no les corresponden

porque no tienen dinero para una defensa.

Este caso es una excepción. No es que no se pueda defender,

es que no quiere. Sí.

No es un caso del común, no.

Mauro, si usted supiera con qué ilusión empecé a ejercer derecho...

Conociéndole no me sorprende. Este sería un mundo mejor

y más justo ahora que Felipe Álvarez defendía a inocentes.

Pero poco me duró el empeño. Enseguida me di cuenta

que la justicia es tan solo una ilusión, una quimera.

Algunos policías pasamos por procesos parecidos.

Yo iba a atrapar a todos

los delincuentes. Ricos y pobres.

Y las buenas gentes estarían

más tranquilas con Mauro por las calles.

Ay. Tiene gracia, sí.

Aunque yo no he perdido aún

del todo mi alma de Quijote.

Aún le debo un favor al mundo.

Y por eso sigo en Acacias.

¿Habla Vd. de Cayetana?

Sigue tras ella.

Si no con más ardor, con más urgencia que nunca.

Yo le deseo toda la suerte del mundo.

Permítame que me muestre escéptico. No se crea.

Aún puedo cazarla por la vía por cómo despareció a Germán y Manuela.

Me temo que esa vía está muerta.

No para mí.

Y espero poder demostrárselo muy pronto.

Tengo... Tengo una intuición, Felipe.

Digamos que se estrecha el círculo. Esta vez lo voy a lograr.

No dude que si lo consigue, le propongo para la medalla al mérito.

Mayor tesón no cabe.

Con Dios, Felipe. Que tenga usted una buena tarde.

Con Dios, Mauro.

Debo reconocer que nadie mira las uñas con tanto esmero como tú.

Ni siquiera Úrsula, que las da de esteta.

Gracias. Me gusta hacértelo.

Es... No sé. Como una prueba más de confianza.

Hablemos de Úrsula. Poco hay que decir.

En tu casa lo que ven tus ojos. Y arriba, en el altillo,

apenas nos tratamos. Se comporta con prudencia.

Si tonta no es. Sabe muy bien lo que le conviene.

Y no dará un paso hasta verse con todas las de ganar.

De todos modos tú continúa atenta.

Descuida. No solo porque tú me lo mandas.

Con ella me pongo en guardia de manera natural.

Se me erizan los pelos del cogote

como a los gatos.

Haces bien. No te dejes engañar.

Estos días notarás que he recuperado mi confianza

en ella. Y a lo mejor se intenta aprovechar. Pero nada más lejos

de la verdad. No bajaré la guardia.

Que sabe mucho sobre nosotras

como para que campe a sus anchas. De lo que sabe olvídate.

Yo sabré mantenerla a raya.

Pues esto ya está.

Lo dicho, una virtuosa.

Gracias, Fabiana.

Puedes irte.

¿Han disfrutado del te?

Estaba riquísimo. Gracias.

¿Humildad cómo está? ¿Se encuentra más repuesta?

Está mucho mejor. Se lo agradezco.

Parece que después de tomarse el te, los medicamentos y descansar

se ha restablecido.

Me alegro.

Insiste en que son crisis normales.

Ya estamos de vuelta al trabajo como si nada pasara.

Voy para dentro. Espere, Teresa.

Siéntese. Solo será un momento.

Me ha comentado Celia que tuvo sus más y sus menos con Úrsula.

Algo nos dijimos, sí.

Pero no pierda ni un minuto en ello.

Me preocupa, y más últimamente, su comportamiento.

Se da muchos humos y temo que pueda perderle el respeto.

No me gusta hablar mal de nadie.

Y menos a sus espaldas.

Pero ya que saca usted

el asunto, querría decirle

para que esté al tanto y facilitar el gobierno de esta casa

que noto a Úrsula como celosa.

Sí, eso es.

Celosa puede que de Fabiana

y puede que hasta de mí misma.

¿Querría ser más explícita?

Hablando sin pelos en la lengua,

sospecho que Úrsula está tratando de envenenar la relación que tenemos

usted y yo. Es como si no pudiera

soportar que hayamos congeniado tan bien.

A pesar del poco tiempo que hace

que nos tratamos. Algo así me temía.

Pero usted descuide.

Yo sabré poner coto a esa altanería.

Y no dejaré que se inmiscuya.

Me sentiría más aliviada, la verdad.

Víctor, disculpa.

¿Podríamos hablar un momento, muchacho?

-Don Leandro, no creo que este sea ni el momento ni el lugar.

Y procure dejar de llamarme muchacho, por favor.

-Disculpa. Tienes toda la razón.

Pero creo que es importante que tengamos unas palabras.

Me harías un gran favor si me escuchases.

Gracias, Víctor.

Para los dos será mejor. Estaremos más tranquilos.

-Al lío, don Leandro, que tengo mucho trabajo.

-Sí. Faltaría más.

Lo primero, Víctor,

es señalarte

que al igual que tú yo acabo de enterarme

de esta noticia. De... Bueno.

De esta estrecha relación

que tenemos. -Vaya.

No creo que pueda alabarle su perspicacia

y su capacidad de observación.

Pasan ya 20 años de mi nacimiento.

-Tienes todo el derecho a reírte.

-¿Ve que me ría?

-Como tú has dicho,

no es momento para extenderse.

Ni lugar.

Solamente decirte una cosa más.

Sin querer merecer

un cariño que no he hecho nada

para merecer, comentarte, Víctor,

que me tienes aquí para lo que quieras.

Hablaremos

si lo crees conveniente

y cuando te sientas preparado para ello.

No te quito más tiempo.

-Gracias,

don Leandro.

Espero que no me considere un pusilánime

por el rechazo a la charla. Es solo que

esto a mí me está costando mucho.

-Claro, Víctor.

Claro. Lo entiendo perfectamente.

No es fácil

para nadie.

Yo ando impresionado

por la noticia. Y me tiemblan las manos cuando me acuerdo

o te veo.

O veo a tu madre.

-Que no es moco de pavo.

Usted ha cortado mucha tela desde que yo nací.

-Es cosa seria.

Y nosotros

viéndonos todos los días.

Bromeando.

Compartiendo trucos de magia y...

Somos padre e hijo, Víctor.

Padre e hijo.

-Me voy a marchar, don Leandro.

No se lo tome a mal, pero no estoy preparado para que me llame así.

-Lo comprendo, Víctor.

Ve a tus obligaciones.

¿Eso te dijo?

-Sí.

Y más cosas que no te cuento para que no parezca autobombo.

En definitiva, aunque con su dureza de siempre,

pero nuestra hija vino a decir que me quería

como una madre natural o más.

-Me alegro de que por fin haya llegado a esta casa la cordura

y hasta la justicia.

Te mereces un reconocimiento

por lo mucho que la has ayudado. Con lo poco agradecida que es.

-Sabía que te agradaría tanto como a mí.

Ay, Ramón.

Somos una familia.

Con todas las de la ley.

Una familia. -Te quiero, Trini.

Te quiero mucho. A las dos.

-Lo sé.

Lo sabemos.

(Puerta)

Vaya por Dios.

-Eso digo yo.

¿Esperas a alguien? -Sí.

Pero se ha adelantado unos minutos.

-Tan malo es adelantarse como hacer esperar.

Me lo restregó tu primera mujer, que en paz descanse.

En fin, voy a abrir, que Fabiana ha salido.

Hombre, don Jinés. -Gloriosas y pacíficas tardes.

-Pase, pase.

-La verdad que da gusto entrar en esta casa y respirar su aire.

Por eso lo de pacíficas. Se percibe el sosiego

y la bondad de su hogar apenas cruzado el umbral.

-Adelante, por favor.

-Amigo Ramón,

¿cómo estás usted? -Bien. Gracias.

A usted no hace falta preguntarle. Siéntese, por favor.

-Bueno, pues ahora yo me retiro

a mis aposentos antes de que me eches como ayer.

Querida, por favor, tenemos que hablar de negocios.

-Siempre has sabido adelantarte

a mis deseos. -No le haga pensar demasiado.

Se obsesiona y no se saca el negocio de la mollera.

No me lo canse. -Se lo devolveré en el mismo estado.

-Agradecida. Se nota que trata con mercancías.

-Deliciosa su señora.

Admirable su buen humor. -Sí que lo es, sí.

¿Desea usted un coñac? ¿Un jerez?

-Coñac, por favor.

¿Y bien? ¿Qué noticias me trae?

-De las buenas. Noticias de las buenas, querido amigo.

De las mejores. Todo el mundo anda enterado del préstamo ventajoso

que hizo usted a don Ernesto Domínguez.

-Supongo que en este mundillo no se guardan las noticias mucho tiempo.

-Ni por mucho ni por poco.

El caso es que siendo tan blando en las condiciones crediticias,

hay muchos otros

aficionados al juego que pían por obtener un dinero tan fácil.

-¿Y usted qué opina?

-Que quizá usted pasando por bueno

ha sido más listo que nadie prestando tan barato.

El caso es que ha abierto mercado.

Ahora podría conseguirle mínimo cuatro,

quizá cinco préstamos con cantidades

bien altas. Es una gran oportunidad para usted.

Multiplicaría su dinero

si mover un dedo. Y lo que es mejor, con riesgo mínimo.

-No sé qué hacer.

Nunca me ha gustado aprovecharme de las necesidades

de los demás. Aunque sean de liquidez y aunque como en este caso

ellos mismos se hayan colocado

en semejante tesitura. -No sea melindroso.

El negocio que tiene es de los que te e hacen la boca agua.

No va a encontrar una operación más ventajosa que prestar dinero

a corto.

Se va a hacer usted de oro, don Ramón.

Ponga su capital a producir. -Debo pensármelo.

-¿Qué tiene que pensar? Nada que cavilar.

Esto es una operación de dinero contante

y sonante. Le digo más,

ya que ha sabido venderse tan bien

y que ya tiene algunos postulantes

podrá escoger a los que menos riesgo muestren.

Sería, con perdón,

de poco avispado renunciar.

-Me tienta usted. No le digo que no.

Pero... -Ni peros ni nada.

¿Hacemos negocio o no?

-Me tienta usted.

Me tienta.

Alto, señores.

Todo el mundo contra la pared.

Es una redada.

No se resistan.

Las señoras también. Los anarquistas

no hacen distingos. Y usan al bello sexo para sus salvajadas.

¿Dónde va, señora?

¿Está sorda? Póngase ahí.

Con los demás.

¿Estás sola?

-¿Te crees que me traigo la faena a casa?

¿Se puede saber lo acontecido,

mosquita a punto de cascar? -Fátima,

antes...

Antes vino un hombre que te buscaba.

Respondía al nombre de Antón.

-¿Antón? No me digas más. Seguro que le había dado al alpiste.

-¿Eh?

-Seguro que había soplado.

-Bueno, olía un poco.

¿Un poco? Olía mucho, vamos.

-te echó la mano a las carnes,

¿verdad? Como si lo viera.

¿Te libraste?

-Vino tras de mí.

Por suerte a la vuelta de la esquina había una pareja.

-¿Trincaron los guardias al Antón?

-Sí. Se lo llevaron preso.

¿No querría que lo dejaran suelto tratando así a las mujeres?

-Pues saldrá hecho una fiera.

-¿A por mí?

-O a por las dos.

-Ay.

Yo no quería, no sabía. Yo...

Fátima, no te preocupes.

Le diré que es todo culpa mía. Que tú no tienes nada que ver.

-Eso si te deja hablar.

Lleva faca toledana.

-¡Ay, Dios mío! Dios mío,

¿pero qué he hecho yo

para tanto quebranto? Me he dejado la suela buscando trabajo.

Y parece ser que no hay ninguna casa vacante.

-Te dije que no andaba bien el mercado de la servidumbre.

-No me han dado ni una esperanza, Fátima.

Los que no tienen criada

o cocinera

no pueden permitírselo.

Te debo dineros

y no sé cómo conseguir ni un real.

Y encima ahora me dices que el tal Antón

quiere rajarme como un gorrino.

-No te preocupes. Todo saldrá bien.

Al Antón ese sabré yo manejarlo.

Fíate de mí.

Total, no tienes a nadie más a quien contarle tus cuitas.

Puede marchar, caballero.

Alce los brazos.

Deje la maleta.

Cédula.

Puede marchar.

Aunque hay algo que no me cuadra.

No. La maleta se queda aquí.

Mañana puede pasar a recogerla.

Puede marchar, señora.

Cédula.

¿Tan difícil es?

Enséñeme primero eso que esconde a la espalda.

¿Y por qué escondía esto?

No trataba de esconderle nada.

Son unos papeles privados de una que nada tienen que ver

con esas zarabandas.

Vaya, vaya, vaya.

Así que el anarquismo le parece una zarabanda.

Llevemos esto a mis jefes

a ver qué opinan. Esto es un atropello.

No puede por policía que sea requisar pertenencias de una ciudadana.

No puede.

Tenemos derecho.

El pueblo tiene derechos.

No puede atropellarnos así.

No le den nada. No dejen que les robe

sus cosas. No pueden requisarnos las cosas.

Así, sin más.

Si sospechan de nosotros,

que nos cite en la comisaría. Que no nos quiten

nuestras pertenencias.

Sorpresivo discurso.

¿Sabe que cada vez me parece usted más radical?

Solo defiendo lo que es mío.

Pues no va a ser posible.

Necesito conocer el contenido de esta carpeta. No será desvelado,

no se preocupe. Su privacidad está a salvo.

Y la carpeta también.

En cuanto lea estos documentos le será devuelta.

Les agradezco a las dos, en este caso a Humildad,

el esfuerzo que ponen

para llevar a cabo el colegio.

Ha puesto más de talento Teresa.

Una apenas sabe de docencia. Lo importante es

que se llevan bien. Las propuestas se las haré llegar al arquitecto.

Muchas gracias.

Dígale al padre Fructuoso lo agradecida que estoy

de que nos haya presentado.

Nuestros esfuerzos darán resultado. Yo también estoy

muy contenta. Por el padre Fructuoso, por Vd.

o por criterio de Dios hemos hecho muy buen grupo

juntas. Y sacaremos el colegio adelante. Y bueno,

quién sabe si más encargos.

Muy bien expresado, Teresa.

Me siento tan unida a ustedes en estos momentos...

La providencia nos ha juntado.

La providencia.

Muchas gracias, señoritas. De verdad.

Nos vamos.

Voy a acompañar a Humildad a ayudarle a bajar las escaleras.

Si le parece. Podré valerme sola.

Pero se lo agradezco en el alma.

¡Otra vez!

Humildad.

¿Se ha ha hecho daño?

Una cosita, Ramón.

¿Este tal Ginés con quien tratas es un hombre cabal o un pintamonas?

-No sé a qué vienen esas dudas. Es un hombre de negocios

de toda la vida

con muy buena imagen y muchas relaciones.

-¿Y cuáles son esos negocios que os traéis?

-"No sirven para cultivo".

Poco vamos a sacar de ellas.

-Me duele reconocerlo,

pero mi padre no era bueno para los negocios.

-Al menos el entorno

es muy bonito. Mira qué cristalina baja el agua.

Acerquémonos.

-Ay, sí, madre. Y mojémonos los pies para descansarlos.

Madre, tenga cuidado. Que no hay nadie que nos socorra

si nos hacemos daño.

-Tranquila, mujer. No me voy a lanzar cual bañista.

Mete los pies en el agua.

Está bien fresquita.

-Huy.

Madre, ¿qué tiene en los pies?

Mire que con la suerte que tenemos

este río tendrá las aguas podridas.

-"Es normal la rabia que sientes".

Tiene todo el derecho a estar enfadado.

-¿Y qué hago? ¿Voy por ahí contando

que soy el hijo bastardo del sastre? -No.

Lo que deberías hacer es aceptar la verdad y hablar con ellos.

-"Algo tendrás que hacer con tu vida".

Mira lo que me he sacado yo en una noche.

-Pero yo no puedo pasearme por las tabernas como tú, Fátima.

Hay que valer hasta para eso.

-Para esto no hay que ir a estudiar a Salamanca.

Con dos vasos de vino ya estás licenciada.

-"Estoy aquí por Casilda".

Me ha salido rana. Una "chirimbaina"

a la que le van a caer palos.

Una mujercilla canija, así como un perrete.

Una sosaina.

Se ha quedado sin ocupación y no sabe cómo sacarse las perras

para salir adelante.

-¿Esa tal Casilda

no trabajaría de criada?

-"¿Cree que podrá acabar con Cayetana?".

Pienso que vamos por el buen camino.

Lo mismo me dijo Mauro. Pero ándense con pies de plomo.

Cayetana puede convertirse es una hidra

si se siente amenazada. Bien lo sé.

No erraremos el golpe.

No nos implique ni a mi esposa ni a mí.

Celia no tendrá nada que ver. Les tengo mucho aprecio, don Felipe.

¿Qué pasa con lo que encargué del duque de Filabres?

¿Tiene ya la partida de nacimiento de ese bastardo?

Esperaba encontrarme a solas con Vd. para contarle.

¿Qué ha ocurrido? Ha habido un contratiempo.

Y he perdido esos documentos.

Acacias 38 - Capítulo 287

27 may 2016

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