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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 29 - ver ahora
Transcripción completa

Yo fui maestra durante una época.

Pues yo necesito a alguien que me eche una mano,

¿te interesa?

Nieves está en Segovia,

en el hospital de las Hermanitas de los Pobres.

Nieves, he venido para sacarte de aquí.

La pleuresía está muy avanzada, es cuestión de días o quizá horas.

Solo voy a acompañarla mientras se apaga.

Es verdad que la caridad no es solo cosa de la iglesia.

Me lo dijiste el día que nos conocimos.

Dime qué ocultas y confiaré en ti.

-Pensaba quedarme contigo el tiempo suficiente

como para reunir algo de dinero,

comprar un pasaporte falso y organizar mi desaparición.

Entonces comprendí que sin tu protección

tenía las horas contadas, así que ya no hay plan.

-El viernes va a venir la plana mayor de falange.

Elije uno.

-Necesito exactamente lo que pone ahí.

Voy a volar el Alemán por los aires,

con Hugo y con todos sus amigos dentro.

-Vamos a recordar aquellos por los que luchamos.

-Todo a su debido tiempo, Alfonso, todo a su debido tiempo.

¿Y Ludi?, no la he visto.

-Estará por ahí entretenida con su novio.

Es de la CNT, un anarquistas de estos.

-Anarquistas en casa, lo que nos faltaba.

-En deferencia al tiempo que lleva con nosotros,

voy a pagarle el mes completo.

-Yo no puedo seguir trabajando aquí con este peso sobre mi conciencia.

-¿Pero tú donde vas a estas horas?

-Es que me he despedido.

Tu padre mandó que los guardias dispararan a Alejandra.

¿Qué pruebas tienes? He hablado con él,

los guardias le pagaron.

Mi padre no tiene manchadas las manos de sangre.

Es muchas cosas pero no es un asesino.

Si ese disparo hubieses alcanzado a Alejandra

todos estaríamos en otra situación.

Yo estoy dispuesta a todo para salvar mi familia.

Se llama Gilaber, ya ha trabajado para mi.

Aquí todo se derrumba y tú solo pensando en ir a esa maldita finca.

Cuando nos conocimos le encargue un trabajo

que nunca llegó a realizar

ahora ha llegado el momento de llevarlo acabo.

¡Ayuda!

¿Dónde la has encontrado?

En el bolsillo de un asesino, has sobrepasado todo limite.

Y o me concedes el divorcio

y sales esta misma noche de mi vida

o de aquí voy directamente a la policía.

Mercedes se ha ido.

Querido Fernando,

siempre he estado enamorada de otro hombre

y ese hombre es Fernando.

He pensado que deberíamos poner a salvo todo lo que podamos.

¿Has pensado dónde querrías depositar el dinero?

Inglaterra.

-Mi mujer ha aceptado el divorcio.

Vámonos.

-Vas a marcharte con él.

-Quiero el divorcio. -No, Leocadia.

-Si de verdad te importara esta familia,

no la romperías.

-Adiós, Agustín.

-Señor, señor de la Torre.

¡Señorita Beatriz!

¡Señorita Beatriz!

Ha sufrido una embolia grave.

Sus pupilas no reaccionan y carece totalmente de reflejos.

¿Y?

¿Se va a recuperar?

No está sufriendo...

Pero me temo que su estado es irreversible.

Lo siento.

Probablemente morirá en cuestión de horas, días tal vez.

Doctor,

algo se podrá hacer, ¿no?

Podemos llevarlo al mejor hospital de Madrid.

Tienen derecho derecho a intentar lo que sea,

pero poco más se puede hacer por él.

¿Ahora cómo tenemos que proceder?

Si ven cualquier cambio en su estado, avísenme.

Un momento, ¿me está diciendo que no podemos hacer nada?

¿Que tenemos que quedarnos aquí de brazos cruzados

esperando que se muera?

Solo nos queda esperar.

Lo siento de veras.

Gracias, doctor.

Le acompaño abajo...

Milagros, por favor,

dile a Saturnino que acompañe al doctor a su casa.

Lo siento mucho, Leocadia.

Debemos estar preparados para lo peor.

Su estado es irreversible.

Dios mío...

Ahora tenemos que ser fuertes.

Lo único que podemos hacer es estar a su lado.

Milagros,

el señor necesitará atención 24 horas.

¿Sabes dónde podemos encontrar a Ludi y María del Pilar?

-Sí, señora...

-Por favor, ve a buscarlas.

Las necesito aquí enseguida.

Voy a ir a verle.

Espérame aquí.

¿Cómo está?

Es horrible...

Como un muerto en vida...

Lo siento mucho.

Charles, no me puedo ir. Ahora no.

Mi familia me necesita aquí.

Por supuesto.

Por lo menos hasta...

Hasta que organice la casa

y nos tranquilicemos todos un poco.

No me malinterpretes,

no quiero parecer impaciente,

pero parece que siempre hay algo

que nos impida empezar una nueva vida juntos.

Si esto hubiera pasado estando lejos, no hubiera dudado en venir.

Agustín sigue siendo mi marido.

¿Hay algo que yo pueda hacer?

Solo te pido paciencia.

Esperaré,

el tiempo que haga falta.

Estaré en el hotel por si me necesitas.

Ha sido de repente.

Nunca se había puesto enfermo.

La verdad, es que nadie se podía imaginar

que pudiera ocurrir algo así...

Ya serviré yo.

Cuanto antes vayas a buscar a María del Pilar y Ludi, mucho mejor

-Sí, salgo ahora, señora.

Perdona que no estemos mucho para visitas, Mercedes.

Lo entiendo, Leocadia.

Pero al enterarme me ha parecido necesario

poneros al corriente cuanto antes.

Agustín temía las consecuencias de la victoria del Frente Popular,

así que envió el dinero de la familia a Inglaterra

para ponerlo a salvo.

Ya me imaginaba que no lo sabíais.

Agustín me pidió que no os dijera nada hasta que lo hiciera él.

Y tú le obedeciste.

No pude negarme, Fernando, lo hizo a través del banco.

Pero creo que os vendría bien contar con ese capital.

Tienes razón.

Necesitaremos ese dinero.

Si puedes solucionarlo...

Descuida.

Estoy aquí para lo que necesitéis.

Si me disculpas.

No me gusta dejar a Agustín demasiado tiempo solo.

Claro.

Te advertí que no volvieras.

¿Cómo no iba a hacerlo con lo que ha pasado?

Además,

tengo que decirte algo sobre nuestra separación.

No,

no hay nada más que decir.

Quedó todo muy claro.

Quiero que lo hagamos bien.

Voy a pedir la nulidad. No.

O me concedes el divorcio

y desapareces de mi vida para siempre o te meto en la cárcel.

Solo te pido que lo consideres.

Tardará un poco más, pero es lo mejor para todos.

Hicimos un trato.

Tienes que cumplir tu parte.

Yo he cumplido la mía, no le he dicho nada a nadie.

¿Ni siquiera a Alejandra?

Por favor, Fernando,

es lo único que te pido.

Que si voy a tener que empezar una nueva vida,

pueda hacerlo de acuerdo a mis principios.

¡Mercedes!

¡Qué bien que hayas venido tan pronto!

En cuanto me avisaste me puse de camino.

¿Una embolia?

¿Pero está bien? -No.

La señora me ha pedido que venga a buscaros.

Quiere que volváis a la casa hoy mismo.

-Claro, es que menuda desgracia.

-¿Tú no estabas buscando trabajo como tata?

-Bueno, yo si voy es por echar una mano, ¿eh?

Tú te vienes, ¿no?

-Yo prefiero pensármelo,

que según me echaron de allí, pues... no sé.

-Bueno, pero tú olvídate de eso, que la señora nos necesita.

-Es que...

Yo no quiero volver a servir.

Pero, mientras encuentras otra cosa, ¿qué vas a hacer,

pasarte el día aquí leyendo folletines?

-Por favor, os necesito. Yo sola no voy a dar abasto con todo.

-Mujer, hazlo por la señora,

que siempre se ha portado con muy bien con nosotras.

-¿Todavía guardan nuestros uniformes?

-Sí.

Ludi, tú harás los turnos de noche.

María del Pilar se encargará de las comidas junto a Milagros.

-Sí, señora.

-Poneros a trabajar.

¿Qué hacen aquí?

Alfonso, por favor,

¿podrías dejarme con mi hija a solas?

-Todo lo que tengas que decir puedes hacerlo delante de mi prometido.

Tranquila.

Leocadia, si me disculpa.

Beatriz, entiendo que sigas enfadada.

Pero, dadas las circunstancias... -Papá se va a morir por tu culpa.

Estas cosas pasan de repente, nadie tiene la culpa.

Ahora estoy aquí y voy a cuidar de él.

Demasiado tarde.

Si está así es por el disgusto que le has dado.

Si no hubiera estado solo, a lo mejor se habría salvado.

¡Bueno, basta ya!

Creo que ya me has castigado lo suficiente.

Ahora tenemos que estar más unidos que nunca, ¿es que no te das cuenta?

Tú quieres que estemos juntos cuando te conviene,

pero lo que has hecho ya no tiene marcha atrás.

Beatriz, ya no eres una niña.

Pero veo que todavía no estás a la altura

de lo que significa ser una mujer.

A mi padre le queda muy poco,

preferiría quedarme estos días en casa.

Haz lo que tengas que hacer.

Siento mucho lo que ha pasado.

Mercedes ha vuelto.

No va a concederme el divorcio.

¿Por qué?

Quiere pedir la nulidad matrimonial

para poder empezar una nueva vida.

Al fin y al cabo es lo mismo,

simplemente tardará un poco más de tiempo.

A mí también me gustaría que fueras libre cuanto antes, pero...

Podemos esperar.

A veces pienso que eres demasiado buena para mí.

Lo importante es que estamos juntos.

Y ahora tienes que cuidar de tu familia.

No hay nada que más desee en este mundo que casarme contigo.

Para mí ya estamos casados

y ningún papel va a cambiar eso.

En ese caso,

que todo el mundo sepa que estamos juntos.

¿Querías verme?

¿No tenías pensado irte de Madrid?

Pues adelante.

Después de romperme el pasaporte, ¿ahora me dejas ir?

¿Por qué?

Porque tengo otras preocupaciones.

Estoy dispuesto a perdonarte todas tus mentiras.

¿Quieres que me marche con una mano delante y otra detrás?

¿Y adónde voy a ir así?

Ese ya no es mi problema.

Con lo que te pagamos por el local

seguro que puedes comer caliente todos los días.

Sabes que si me dejas en la calle no sobreviviré.

No tengo la culpa de que tengas tantos enemigos.

Hugo...

Hugo...

Mis enemigos han aumentado por ayudarte a ti.

Tienes dos días para recoger tus cosas y marcharte.

Cada vez me fío menos de ti

y no quiero tenerte cerca.

Señora...

Han traído esto para usted. -Gracias.

Querida Leocadia.

Me marcho a Barcelona unos días a arreglar unos asuntos

pero volveré en cuanto pueda.

Te quiero, Charles.

¿Te dije o no te dije que Nieves hacía el mejor cocido de Madrid?

Te vamos a secuestrar.

Calla, por Dios... ¿Has pensado en lo que te propuse?

Nos encantaría que te encargaras de la escuela...

Te lo agradezco, pero no quiero molestar más.

Ya habéis hecho suficiente por mí.

¡No digas tonterías! Serías una maestra estupenda.

Si ni siquiera sé dónde voy a vivir, Jesús.

De hecho, todavía no me creo que siga viva.

Aquí te puedes quedar el tiempo que quieras, ¿verdad, hermanita?

Por supuesto.

¿Dónde vas estar mejor que aquí?

De acuerdo.

Pero poco a poco me tenéis que dejar echar una mano.

Hecho.

Si quieres, puedo arreglar un poco tu habitación.

No, no, no, la habitación está perfecta como está.

Bueno, pero yo la pongo un poco más a tu gusto,

le doy una mano de pintura...

Mañana mismo me pongo con ello, ya verás. ¡Venga, un brindis!

¡Por la resucitada!

-¿Qué haces leyendo?

Esto no es una biblioteca.

Deberías estar cuidando de mi padre.

-Acabo de cambiarle las sábanas, señorita.

Te voy a tener muy vigilada por mucho que mi madre te haya readmitido.

No me gusta que estés en esta casa.

Por usted y por su novio, no hubiera vuelto.

Lo hago por su madre, que siempre me ha tratado muy bien.

¡Serás insolente!

Cuando mi madre se vaya, ya me encargaré yo

de que no vuelvas a trabajar en ninguna otra casa de Madrid.

No se preocupe:

cuando usted sea la señora, ya me encargaré yo de marcharme sola.

Leocadia,

la misa petitoria será mañana, ya está todo preparado.

Gracias...

Hay algo más, padre.

Algo que no me deja dormir.

¿Qué ocurre, Leocadia?

Necesito confesión.

Marchándome he destrozado esta familia.

Mi hija me odia,

mi marido está entre la vida y la muerte...

Siento que he causado tanto daño, padre,

que justo sería que yo pagara por mis pecados, no ellos.

Beatriz

me acusa de ser la culpable,

quizá con razón,

por ser una egoísta,

por haberlos abandonado,

por pensar solo en mí y en mi felicidad.

De no haberlo hecho, quizá nada de esto hubiera ocurrido.

¿Qué puedo hacer, padre?

Leocadia,

no caigas en la soberbia de creer

que tú gobiernas los actos del Señor.

Dios decide a quién le da la vida

y a quién se la quita.

Él es misericordioso.

Ten fe...

y te perdonará.

Creo que debería irme.

No.

Eres mi mujer y es hora de que todo el mundo lo acepte.

¡Qué vergüenza!

Por lo menos mi madre

ha tenido la decencia de venir sin su amante.

Beatriz, no quiero poneros en un compromiso.

Tú sigues siendo la mujer de Fernando;

eres tú la que debes estar aquí.

Alejandra, gracias por venir.

¿Qué hace Mercedes aquí?

Beatriz insistió.

Fernando, por favor, piensa en tu padre.

Queridos amigos y familiares de Agustín.

Estamos aquí reunidos para orar por la salud de nuestro hermano.

¡Arranca!

Alejandra, espera.

Quiero hablar contigo.

Hay algo que necesito contarte.

Creo que Fernando no te ha dicho nada y, dadas las circunstancias,

no le puedo culpar.

Si es por el divorcio, yo... No, no, no...

No es por lo del divorcio.

Es algo que ocurrió y de lo que estoy muy arrepentida.

Lo que ha pasado con Agustín me ha hecho pensar...

Necesito limpiar mi conciencia, Alejandra,

y qué mejor sitio para hacerlo que en la casa de Dios.

Perdóname.

¿Perdonarte qué?

Me volví loca porque no quería perder a Fernando.

Era lo que más quería en el mundo,

debes entenderme

y entenderle también a él.

Tuvo que guardar el secreto porque fui yo...

¿De qué estás hablando, Mercedes?

Yo contraté a ese hombre para que te matara.

Y te juro por lo más sagrado que estoy muy arrepentida.

Solo espero que algún día puedas perdonarme.

¿Qué queréis?

-¿Por qué no volaste El Alemán?

-Porque no pude.

-¿Crees que somos imbéciles? ¿Dónde está la dinamita?

-En el mismo sitio, nadie la ha tocado.

-¿Pensabas largarte y dejársela a esos falangistas?

Tú no sabes con quién estás tratando.

-Con Sebastián Camacho, un matón a sueldo de la CNT...

-¡Te vas a enterar!

Amor, ¿por qué te has ido de la capilla?

¿Qué te ha dicho Mercedes?

Que ella mandó matarme.

Así que es verdad...

Tú lo sabías...

¡Y la dejaste ir! ¡Y no dijiste nada, Fernando!

¡Tú...!Alejandra, por favor, deja que me explique.

Amor mío, lo hice por ti, de verdad, por nosotros...

¿Ah, sí? ¿Lo hiciste por mí?

¿Me querías proteger a mí callándote?

¿O a ella, Fernando?

¿Cómo puedes dudar de eso?

¡Porque sigue libre, Fernando! ¡Y es una asesina!

Mi hermano tiene razón,

los señoritos nunca pagan por lo que hacen.

¿Crees que no querría verla encerrada por lo que te hizo?

Pero hicimos un trato.

La dejé marchar para poder estar contigo.

¿Aunque saliera impune?

¿Tanto miedo te da el escándalo, Fernando?

¿Desde cuándo te importa más tu reputación que hacer justicia?

No te reconozco...

Lo siento, me equivoqué.

Y si pudiera dar marcha atrás, te juro...

¿No te das cuenta lo que está haciendo?

Intenta separarnos.

¿Es que no lo ves?

Pues esta vez lo ha conseguido.

Alejandra, por favor... Vete, Fernando.

Vete.

O devuelves la dinamita o vuelas El Alemán.

Tú a mí no me toreas.

-No podré sacarla sin que me descubran

y no sé cuándo va a haber otra reunión.

-Hablamos de volarlo un sábado por la noche,

cuando esté abierto y lleno de gente. -De gente inocente...

-Exacto.

Qué ocasión para que tus amigos de la camisa azul carguen con el muerto.

Tu local es su sede, medio Madrid lo sabe.

Ya nos encargaremos nosotros de que parezca

que a esos falangistas les ha estallado el polvorín.

-Aunque todo el mundo crea que ha sido un accidente,

la asesina seré yo.

No podéis pedirme eso... -¡Escucha! ¡Escucha!

El fin justifica los medios.

Esos cabrones merecen morir o pudrirse en la cárcel.

-Y si te llevas a algún desgraciado por delante,

no haber frecuentado El Alemán.

Allá tú con tu conciencia, a mí me importa.

-No lo voy a hacer.

Yo no soy como vosotros.

-O lo haces,

o date por muerta.

Ludi, estate a lo que estás,

que ya te ha llamado la atención la señorita Beatriz.

-Y a ella qué más le dará que lea.

¿Eh?

Las noches cuidando del señor son muy largas y aburridas.

-Hay que andarse con ojo, que aquí nos tienen a prueba.

Bueno, ¿y qué es eso que lees que te tiene tan enganchada?

-Historias de amores imposibles.

Como el de la señora Leocadia.

No te imaginas, ¿eh?

-Eso no es nada.

Si yo te contara historias de mi pueblo...

-¿Pero historias de amantes secretos?

-Mientras sean secretos...

Pero, cuando salen a la luz, por mucho alboroto que haya,

las ricas siempre se las apañan.

Pero las de pueblo nos tenemos que marchar

con una mano delante y otra detrás.

-¿Como te pasó a ti con el que perdiste la...?

Ya sabes.

-Sí.

Me lió con la cantinela de que se iba a casar conmigo

y mira, al final todo eran patrañas.

-Y yo iba a ser la tata de una familia bien.

Yo era una señorita, que era humilde, pero tenía una casa.

Y mira, al final ni casa, ni marido ni tata ni ná.

-¿Qué fue de él?

-Pues se casó con la Remedios, la hija del médico,

que era sinsustancia y de sosa...

Pero claro, tenía dote.

-Cuéntame cómo le conociste.

-Se llamaba José

y era el chico más guapo del pueblo, ¿eh?

Estábamos todas locas por él, sobre todo la Remedios,

pero por aquel entonces es que ni la miraba ni nada.

Y fue a mí

a la que invitó a bailar a la romería.

Casi me da un patatús, Ludi.

La Remedios se quedó con una cara...

se moría de la envidia.

-Durante el baile, Puri y Ramón eran la comidilla del pueblo.

Pero a Puri no le importaba

porque nunca se había sentido tan feliz.

Estaba dispuesta a entregarle todo su ser a ese chico,

pero lo que no sabía

es que era un sinvergüenza que le regalaba los oídos

con promesas de matrimonio.

Llevada por la envidia,

la hija del alcalde contó a todo el mundo

lo que había entre Puri y Ramón.

Sus amigas le retiraron el saludo, sus padres la echaron de casa...

Y cuando Puri fue a buscar consuelo en el hombro de Ramón,

este le dijo que se había enamorado de otra...

Y así, la pobre Puri, deshonrada y repudiada,

vendió todas sus pertenencias y tuvo que marchar a la gran ciudad

para empezar una nueva vida,

abandonando para siempre sus sueños de convertirse en una tata.

Alejandra tenía derecho a saberlo.

¿Cómo puedes ser tan cínica?

Te di una oportunidad.

¡Pero la culpa es mía!

¡Te tendría que haber metido en la cárcel

y dejar que te pudrieras allí!

¿Y hubieras podido hacerlo, Fernando?

¿Quién te iba a creer?

Los dos sabemos que no tienes ninguna prueba contra mí.

Puedo encontrar a tu sicario y hacer que declare contra ti.

Todo el mundo pensará que es una maniobra

para quitarte de en medio a tu mujer y poder vivir con tu amante.

¿Estás seguro de que un escándalo así

es lo que necesita tu familia en estos momentos?

Me da igual. Vas a pagar pase lo que pase.

Fernando, yo...

Sé que lo que hice está mal,

pero quiero que sepas que no soy la única implicada.

¿De qué hablas?

¿Quién te crees que me proporcionó el contacto?

Fue tu padre.

¡Ahora que no puede defenderse le acusas a él!

Puedes creer lo que quieras.

Yo solo te advierto

que, si tiras de la manta, habrá para todos...

Pienso llegar hasta el final.

Voy a encontrar a ese hombre

y tú vas a ir a la cárcel.

Disfruta de tu libertad mientras puedas.

Gracias por llevarme a la escuela. Me ha encantado.

Entonces, ¿te animas?

Estoy tentada, la verdad.

Los niños son maravillosos, te cambian la manera de ver el mundo.

Sí, a veces lo único por lo que vale la pena luchar.

¿Tú y Fernando queréis tener hijos?

Alejandra, ¿estás bien?

Gertrudis...

Hola, queríamos hablar con Nieves de los niños...

¿Ocurre algo?

¿Podemos pasar dentro? No queremos que nos vean los maridos.

Claro.

(Llaman a la puerta)

Me acaban de contar el estado en el que has llegado.

¿Quién te ha hecho esto?

-Ya te dije lo que iba a pasar...

-¿Quién ha sido?

-Será mejor que no lo sepas.

Solo necesito que me dejes quedarme aquí.

Aún te puedo ser de ayuda.

-No te necesito, Amparo.

Y eso no me va a convencer.

-No es para ti.

Soy yo la que necesita calmar el dolor.

-¿Me ayudas?

-No.

Pensé que no volvería a verla nunca más.

No ha sido fácil encontrarle. Sí.

Después de lo que pasó, me pareció prudente estar escondido algún tiempo

¿Qué puedo hacer por usted?

Debería abandonar el país.

Cuanto antes.

¿Por qué?

Nadie le está buscando todavía, pero no deberíamos arriesgarnos.

Puede coger un vuelo a Canarias y desde allí un barco a Montevideo.

No hace falta que se preocupe por el dinero,

yo le proporcionaré todo lo que necesite para vivir.

Entiendo,

soy un testigo incómodo.

Esta es mi oferta.

O la toma o la deja.

Comprendo que ponga tanto interés en que desaparezca.

Solo espero que, si me pasa algo, usted me proteja.

Cuente con ello.

Entonces, tenemos un trato.

Aquí las cosas van de mal en peor.

Nunca es tarde para empezar una vida nueva.

Ludi, ¿estás en Babia?

Llevas las zapatillas puestas.

-Es que no he pegado ojo.

Llevo toda la noche escribiendo.

-¿Estas paparruchas? ¿Soy yo Puri?

-¿Te gusta?

-Te lo has inventado casi todo.

Es que me gustó tanto lo que me contaste

que he escrito un cuentecillo.

Que tiene moraleja y todo,

como los que me contaba mi abuela de pequeña.

-¿Ah, sí? ¿Y qué moraleja tiene?

-Pues que si eres mujer y pobre, tienes todas las de perder.

-Ludi, ¡yo no era tan pobre!

-Bueno, pero fue muy injusto lo que te pasó.

Estoy pensando en escribir alguno más, ¿eh?

-Bueno, pues conmigo no cuentes, ¿eh?

-Bueno, pues mira, rómpelo o quémalo, o haz lo que quieras.

Lo he hecho para ti.

Pensé que algún día, cuando fueras tata,

te gustaría leérselos a los niños.

¡Quita!

-Quieto.

-Suéltame. -Quieto.

El jornalero que estaba en la casa también te vio.

Somos dos los que vamos a testificar contra ti.

¿Por qué la proteges?

¿Tan bien te paga?

De poco te va a servir su dinero aquí...

Ella me lo contó todo.

No te imaginas de lo que es capaz.

¡Guardia!

Piénsatelo.

Cubriéndola, vas a cargar con toda la responsabilidad

y la condena va a ser mayor.

Te pudrirás en la cárcel

y no se hará justicia.

Oye...

¿Si escribo una nota se la podrías hacer llegar a quien yo te diga?

¿En el cielo solo hay pobres?

-No, en el cielo no hay ni ricos ni pobres,

porque allí no importa lo que uno tenga...

-¡Andando pa' casa!

Será mejor que no se acerque a ellos.

Como vuelva a verla llenándole la cabeza de cuentos...

¿Qué pasa?

Si tu padre levantara la cabeza...

¿Qué diría?

¡Que queremos que nuestros hijos sean hombres libres!

También son hijos de sus madres

y, si ellas creen que deben aprender esto,

están en su derecho.

Pero, ¿qué sabrá mi mujer

lo que tienen que aprender y lo que no?

Pues lo hablas con ella. Y cuidadito cómo lo haces.

¡Andando he dicho!

¡Vamos! ¿A qué vienen esas voces?

Y tú, hazle un hijo a tu monja,

a ver si así deja en paz a los de los demás.

¡Tú qué coño dices! ¡Vamos niños!

# Si los curas y monjas supiesen la paliza que les van a dar,

subirían al coro cantando #

# Libertad, libertad, libertad... #

# Si los Reyes de España supieran # ¿Qué pasa?

# La paliza que les va a dar, subirían al coro cantando #

# Libertad, libertad, libertad... #

Nieves,

no hagas caso... Ese es más bruto que un arao.

Mira que dijimos que en la escuela no íbamos a dar religión

para que nadie se molestara.

Pero que, a título particular, si querían venir a casa...

¿Tú crees que ese distingue una cosa de otra?

La mayoría de los hombres de aquí lo único que saben

es que la Iglesia siempre ha estado

del lado de los que les han oprimido.

Tú deberías entenderlo.

Contigo los curas no es que se hayan portado muy bien.

Sus madres me lo pidieron, Jesús.

¿Qué iba, a decirles que no?

Tendrías que haberlo hecho.

Ya no eres monja.

He vivido desde los doce años en un convento.

Creo en Dios, y también creo en la justicia y en la libertad.

Y sé que ninguna de estas cosas está reñida con la otra.

Pues será para ti,

porque los que te echaron de la congregación

lo de la justicia y la libertad no creo yo

que lo dieran en el seminario. Ni el obispo ni el bruto ese

van a hacer que renuncie a lo que creo y a lo que soy.

¿Y qué eres, Nieves?

Porque monja no eres...

Nieves...

Leocadia...

El doctor Maravall

ha accedido a venir desde Barcelona para ver a Agustín.

-Señora.

Si él no puede hacer algo, nadie podrá hacerlo.

-Acompáñeme, por favor.

Mi hijo está en estos momento con él. Por favor.

¿Qué quieres?

Me han dicho que me esperabas.

-Van a pagar por lo que me han hecho.

-¿De dónde has sacado esto?

-Es fácil si puedes cambiarla por morfina.

Ya nadie quiere dinero.

¿Me vas a ayudar?

Yo sola no puedo hacer nada.

-¿Piensas que voy a dejar

que se malgaste toda esta dinamita en una venganza personal?

-Tendrás que pagarla.

De una manera u otra, tendrás que pagarla.

-Bastante hago con dejar que te quedes aquí, ¿no crees?

-Ya has visto que eso no es suficiente,

tienes que protegerme.

Puedo serte útil.

-Dinamita a cambio de protección.

¿Y cómo vas a ganarte mi confianza?

-Sé que tenéis gente infiltrada

en los servicios de seguridad de los políticos de izquierdas.

Pero lo que tú no sabes es

que ellos tienen a los suyos guardando las espaldas

de algunos políticos de derechas.

Aquí tienes la lista con sus nombres.

¿Tenemos un trato?

Sebastián Camacho. Alfredo de la Cruz.

¿Se puede hacer algo, doctor? -Su marido está estabilizado.

Explíquese, por favor.

Nos habían dicho que era cuestión de días.

Bueno, siempre puede ocurrir un milagro.

Pero lo normal es que esta situación se prolongue durante meses.

Tal vez años.

Es una noticia dolorosa...

-Si es lo que Dios ha querido...

Bueno, pues yo poco más puedo hacer aquí.

Si me disculpan.

Charles... -Gracias, Pablo.

Gracias, doctor.

Permítame que le acompañe.

Gracias...

No es necesario.

Al contrario, dadas las...

Mi agradecimiento es mayor, dadas las circunstancias.

Ella nunca le va a dejar, ¿verdad?

Puede salir a fumarse un cigarrillo. Ya le avisaré.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

Usted y yo compartimos un problema.

Han detenido a un hombre al que hace poco dejó escapar.

Se lo entregaron a usted y a sus compañeros

por intentar asesinar a Alejandra Prado

y nunca llegó al cuartelillo.

Mire, no sé lo que les daría a cambio de llevarse esos golpes.

Pero sé que está dispuesto a contarlo todo.

"Puri, secándose las lágrimas con la punta del delantal,

veía cómo Pituquita

quemaba las cartas siguiendo sus indicaciones.

Por fin había tenido valor

para deshacerse de todas sus mentiras.

"¿Por qué lloras? Le preguntó la niña".

O sigues limpiando o no te leo el final...

-Sí, sí...

"Puri la miró sonriendo.

"Lloro porque ahora sé

que solo siendo buena y honrada se puede ser feliz."

¿Qué te ha parecido? -Pues que no lo ha escrito Ludi.

-¡Qué te digo que sí! -Bueno, a ver ¿dónde lo pone?

-¡Pero mira que eres burra!

¿Tú qué crees, que es un libro con su nombre en la portada?

-Pues yo, como Santo Tomás: que si no lo veo, no lo creo.

-Pues mira, tienes más razón que un santo.

Ya sé cómo voy a devolverle el regalo a Ludi.

Voy a hacer que impriman su cuento en condiciones,

con su nombre en la portada y todo.

¿Saldrá muy caro?

(Abren la puerta)

¿Qué pasa?

Mi padre pasará el resto de su vida como está ahora.

Lo ha dicho el médico que ha traído mi madre.

Debería estar ella en su lugar.

-¡Beatriz!

La odio.

-Hay cosas que no se pueden perdonar...

Pero en esto se está comportando como la mejor esposa.

-¿Qué dices?

-Otra no habría vuelto.

-Ahora va a resultar que es una santa...

-Cuidar de tu padre va a ser su penitencia.

Y como la termine igual que la ha empezado,

merecerá que la perdones.

Beatriz,

lo que importa es lo que hacemos a la hora de la verdad.

Si a mí me pasase algo, Dios no lo quiera, pero...

Espero que me cuides como ella.

¿Qué te va a pasar?

No digas eso.

Siempre estaré a tu lado.

¿Qué haces tú aquí? -Estás libre.

Solo tienes que cruzar la puerta y marcharte.

-¿Te manda ella?

-Esta vez no hará falta que nos liemos a golpes.

-¿Tienes mis cosas? -¿Para qué quieres nada?

-¿Así? ¿Sin un papel, sin una excusa?

-¿A qué viene tanta pregunta?

¿Quieres salir o no?

-Sí.

¡Guardia! ¡Guardia!

-¡Pero, qué haces!

Prefiero estar vivo dentro que fuera y muerto.

¡Guardia!

Esto significa que tenemos que hablar.

Deja esas cuentas.

¿Qué esperabas?

Se ha pasado casi toda su vida en un convento.

La gente no cambia de un día para otro.

Sí, me había hecho ilusiones.

Demasiadas.

Pensaba que con todo lo que ha pasado

habría cambiado o que ni se acordaría de que era monja.

Yo qué sé... Ay, Jesús.

Yo creo que Nieves siente algo por ti...

Algo,

pero no lo suficiente.

Se pondrá tu vestido, pero el hábito lo lleva por dentro.

Bueno, dale tiempo.

Alejandra,

tú ahora lo ves todo muy bonito

porque lo tuyo con Fernando al final ha salido bien.

Pero no.

Solo he estado enamorado una vez,

o eso pensaba.

Ahora sé que no,

nunca he sentido lo que siento por Nieves.

Estoy loco por ella.

Sé que es la mujer de mi vida,

y sé que sería feliz a mi lado, y yo junto a ella.

Sé que eso va a seguir siendo así aunque no pueda tenerla nunca.

¿Tú le has dicho todo esto?

Pues no, claro que no.

¿Cómo voy a decírselo?

Camacho...

Disculpe, ¿tiene schnaps?

-Por supuesto.

Auténtico schnaps bávaro.

¿Munich?

-Bavaria, pero no de la capital.

Veo que conoce Alemania...

-Pasé un tiempo en Berlín.

Esto es El Alemán y yo soy la dueña.

Siempre hay schnaps en mi local.

-Por eso me he arriesgué a preguntar.

-Mi nombre es Heisenberg.

Rudolf Heisenberg.

-Amparo.

"Krieg ist Krieg und Schnaps ist Schnaps."

(Llaman a la puerta)

¡Leocadia!

¿Ha ocurrido algo?

Le voy a decir lo que quiero:

la mejor defensa que me pueda pagar

y que solo me juzguen por este caso.

No quiero husmeen en mi pasado.

Haré lo que pueda.

Consígalo.

Si es así, lo contaré todo.

¿Conoce a mi padre?

Agustín de la Torre.

Sí.

Pero no ha tenido nada que ver.

En esta ocasión.

¿Qué quiere decir?

Mire,

no es la primera vez que su mujercita

se quiso quitar de en medio a la señorita Prado.

En el año 32 el abogado estaba en el ajo.

¿Quiere que cuente esto al juez también?

¿O es que siente curiosidad?

¿Eso ha sido tu manera de decirme adiós?

-Ha sido mi manera de decirte que te quiero

y que siempre será así,

pase lo que pase...

-Pero, ¿por qué tiene que pasar nada?

Te quiero tanto...

¿Nada va a hacerte cambiar de idea?

Charles,

hemos tocado el cielo,

pero demasiado tarde.

Prométeme que no vas a esperarme,

que no vas a parar tu vida por mí...

-Leocadia, no puedo prometerte eso.

-Hazlo,

hazlo o me volveré loca de pena, de remordimiento.

¿Mercedes León?

Si me acompañáis.

Tengo algo importante que contaros.

Han detenido a Mercedes.

¿Qué estás diciendo?

Por intento de asesinato.

Contrató a un hombre para intentar matar a Alejandra.

No es posible...

Y lo hizo con la ayuda de nuestro padre.

¡Estás loco!

¡Aún no he terminado, Beatriz!

¡Ya te has librado de Mercedes!

¡¿Qué te estás inventando?!

-¡Beatriz, siéntate!

Vamos a escuchar todo lo que tu hermano tenga que decirnos.

Juntos

intentaron matarla para evitar la partición de la finca.

Luego Mercedes volvió a intentar hacerlo.

Por eso se fue.

Ahora el sicario está detenido

y es el principal testigo. Seguro que miente...

No.

Si no estuviese seguro, no os estaría contando esto.

De hecho, os lo cuento porque va a haber juicio.

Mercedes no se va a callar nada.

Van a salir a la luz

cosas desagradables,

cosas que ni siquiera podemos imaginar.

Y nuestro padre

no va a poder dar la cara por todo esto,

así que nos tocará hacerlo a nosotros.

¿Cómo vamos a afrontar eso? Con la verdad.

Ese es el único camino, mamá.

De hecho, no debería haber habido otro.

Nada va a ser igual

y, si conseguimos salir de esta,

quizás está familia

saque algo bueno.

Eso que propones es muy duro.

No veo otro camino.

Todo esto ha pasado por vuestra culpa...

Todo lo que ha hecho papá lo ha hecho por la familia.

Solo pensáis en vosotros mismos...

En algo tiene razón:

ha sido nuestra culpa.

No hicimos nada por evitarlo.

Alejandra...

Me voy.

¡¿Cómo que te vas?!

Si aún no estás curada.

El tren pasa a la una.

Gracias.

¿No te vas a despedir de Jesús?

Es mejor que no.

Sabes que lo que siente por ti es de verdad.

¿Por qué?

Si tú sientes lo mismo...

Le diga lo que le diga, no sabría si le estoy mintiendo.

Necesito saber quién soy.

Recuerda que aquí tienes una familia

y una casa a la que volver.

Es que ni aun así vas a dejar de hacernos daño...

Sabes que no puede oírte.

Ojalá pudiera hacerlo.

Ojalá pudiera hacerle entender toda la vergüenza que siento.

Hay cosas que ni el peor padre debería escuchar nunca de un hijo.

¿Cuándo tienes pensado irte con Charles?

Tu padre me necesita.

No te preocupes,

te prometo que no le faltará ningún cuidado.

Ya me has oído.

En estos momentos mi sitio está aquí.

No merece que te sacrifiques por él.

Mamá, puede que sea tu última oportunidad de ser feliz.

Fernando, yo no puedo cambiar.

Sé lo que debo hacer.

Otra vez el deber...

Sí.

Hay veces que pienso que... que si...

si fuera consecuente, nada de todo esto hubiera ocurrido.

Si esto es un castigo de Dios,

no es por lo que tú has hecho, es por lo que él ha hecho.

Nos ha traído la desgracia a esta familia

y, aún así, vamos a seguir sacrificándonos por él.

¡Fernando!

María del Pilar.

Acaban de traer esto.

Es de la imprenta.

-¡Ay!

Qué grande, ¿no?

¿Pero esto qué es?

¡Si yo encargué una copia y aquí por lo menos hay una docena!

-A ver si no te explicaste bien.

-Una es una aquí y en Pernambuco.

-Bueno pues, entonces, a lo mejor te han querido engañar.

-Madre mía...

¿Y yo cómo voy a pagar esto?

"Aquí le envío una copia y catorce más".

¡No, ya lo veo, ya!

"Hemos impreso cien

de su novela corta y, si nos da permiso,

pensamos distribuirlas a dos pesetas cada una,

de las cuales recibirá su correspondiente beneficio.

Esperamos poder imprimir pronto otra obra suya".

¡Cien! -¡Y a dos pesetas!

-Pero, ¿qué pasa aquí?

¿Os ha tocado la lotería o qué?

-¡No! ¡Te ha tocado a ti! ¡Qué vas a ser famosa!

¡Ay!

No está recuperada del todo,

no tenías que haber dejado que se fuera.

¿Cómo podría haberlo impedido?

No quiere hacerte daño,

ni que esperes algo que a lo mejor no puede darte.

¿Y qué me queda si no esperar?

Los dos solos otra vez...

No es la vida que habíamos soñado, ¿eh?

¿Por qué dices eso?

Tú tienes a Fernando.

No, Jesús.

Fernando se ha ido.

¿Qué ha pasado?

Alejandra, ¿qué ha pasado?

Fernando me ha dicho que te quedas.

(Llaman a la puerta)

¿Qué quieres, Fernando?

Perdón por presentarme de este modo.

Solo quería comunicaros que Mercedes...

la han detenido.

Tenías razón,

esta no ha sido la primera vez.

Hace años,

Mercedes y mi padre

intentaron acabar con Alejandra.

Solo tú lo viste y no te creí.

No estuve a la altura de nuestra amistad.

Lo siento.

Ahora entiendo todo tu rencor

y lo comparto.

Porque jamás podré perdonarme lo que ha pasado.

Mercedes va a pagar por lo que te ha hecho

y yo por no evitarlo.

Lo peor de todo,

es que mi castigo va a ser perderte.

Al final, lo ha conseguido.

Lo siento mucho, Alejandra.

Adiós.

No dejes que se marche, Alejandra, corre.

¡Fernando! ¡Fernando!

Gracias.

Se va a hacer justicia.

Tarde, pero se va a hacer.

Vuelve conmigo.

Ya no tenemos que escondernos de nadie.

Alejandra,

eres mi vida.

Siempre lo ha sido.

Pues, entonces, que nada ni nadie nos separe.

Nunca más.

¿Podrás perdonarme algún día?

Quédate a mi lado

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  • T2 - Capítulo 29

14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 29

26 ene 2019

Agustín de la Torre se está muriendo y Leocadia vuelve nada más enterarse. Lo hace acompañada de Charles, lo que motiva el rechazo de Beatriz. Nieves está restableciéndose y Jesús cada vez parece aumentar sus expectativas hacia ella.

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