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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 18 - ver ahora
Transcripción completa

(HUGO) A nadie se le escapa. Al tener solo una hija,

su marido, Fernando, coge las riendas del banco.

Y tu hijo, nuestro rival político, nos dará el crédito.

-Nosotros tenemos un candidato

que estoy seguro de que va a ser digno de tu aprobación.

¿Tú?

Ni lo sueñes.

Nos conviene más ser aliados que enemigos.

Puedo garantizar el crédito que Renovación Española necesita.

A cambio, tú me ayudas

para que los que te respaldan apoyen a mi candidato.

Mi candidato soy yo.

(LEÓN) Yo viví como un príncipe, Beatriz, como un príncipe ruso.

Es en realidad lo que soy.

¿La señorita está enamorada?

-¿Y no es maravilloso?

No dicen nada,

ni del hacinamiento ni de la mortalidad infantil

ni del abuso de los militares.

Han censurado mi informe, ya lo sabes.

Y no sé mirar para otro lado.

Si quieres conseguir algo de un político,

pon a la opinión pública en su contra.

A partir de este momento, cesas en tus funciones en el ministerio.

Recoge tus cosas.

Mañana no te quiero ver aquí.

Deja que te ayude.

Hay un artículo

sobre la improductividad de tierras militares.

Lo firma un militar republicano,

tu amigo, Fernando Alcázar.

Te has arriesgado mucho por mí.

(FERNANDO) No me importa.

Ha valido la pena.

Faltan semillas y no hay abono suficiente.

¿Y no podemos comprar más?

No queda un real.

Lleva tres meses de retraso en las cuotas.

Fernando me ha dicho que necesitas ayuda.

Jesús, hemos compartido muchas cosas.

Algunas buenas

y otras que es mejor olvidar.

No quiero tu dinero.

Si un día mi hijo sabe la verdad, no se avergonzará de su padre.

¡Tú, el dinero o te pego un tiro!

¡Venga!

No sería útil que el señor Prado supiera quién ha pagado su deuda.

Dije que no quería tu dinero.

Cógelo.

¿Crees que no sé de dónde ha salido?

Denúnciame.

No voy a ser tu cómplice.

Ha sido perfecto, querida.

Creía que ibas a estar nerviosa, pero una vez te dejaste llevar,

casi me ganas en entusiasmo.

Y yo que pensaba que te ibas a echar atrás.

¿Ves como a veces hay que perder el miedo,

vida mía?

Yo no tengo miedo.

Solo un marido en casa.

¿Cuándo tienes hueco para que le engañe otra vez?

Señora, la cena está lista.

Primero necesito un baño, de espuma y aceite de romero.

Lo siento, pero ya estoy tardando en servir.

Pues avisa a una de las otras chicas.

Luz Divina está con el asado, Milagros zurciendo.

Pero en cuanto dé los postres, le preparo la bañera.

Llevo nueve horas en el banco

Me paso el día dando órdenes, no las acataré en casa.

Prepárame el baño, por favor.

Si me disculpa...

Insolente... Daré cuenta de esto.

No creo que la señora Leocadia me castigue por obedecerla.

¿Estás bien?

Sí.

Es por mi padre.

Aún no se me va de la cabeza.

(Puerta abriéndose)

(Puerta cerrándose)

¿Hijo?

Hola. Ah...

Oye, que he visto gente merodeando por tu parcela.

No sé... ¿Intrusos?

No, no son intrusos, padre. Son sus dueños.

¿Dueños? ¿Cómo que dueños?

El banco se la ha quedado.

Se me amontonaron las cuotas.

No me llegaba para pagarlas.

Pero hijo... Pero ¿cómo no has dicho nada?

A lo mejor podíamos haberte ayudado.

¿Con qué?

Llevamos meses con el agua al cuello,

como para pensar en mi parcela.

Lo siento.

Toda tu vida queriendo tener una tierra propia

y ahora que la tenías...

Supongo que esta familia ya tiene bastantes tierras, ¿no le parece?

Lo siento, hijo. Es una pena.

Una pena...

Al menos, ha servido de algo.

Los condenados me han dado una miseria por ella.

Pero menos es nada.

Bueno...

Bueno, hijo, no sé... Las cosas se van a arreglar.

Un día...

tendremos la recompensa, no sé...

Cree usted en la justicia más que yo, padre.

Pero ¿quién demonios es usted y qué hace en mi casa?

Sirvo a doña Mercedes.

Me envió que hiciera esas tareas.

No me avisó que en la casa había otra señora.

Le tendría que haber dicho que en esta casa solo hay una señora.

Cariño...

He conseguido una reunión con un alto cargo alemán.

Enhorabuena. Gracias.

Por cierto, he recibido una carta de los consejeros del banco.

Me alegra que disfrutaran con mi discurso.

Espero que no te moleste. Les dije que darías un mitin en Alcalá.

¿Se ofrecen a apoyarme públicamente?

¿Qué les has dicho para que ya no me consideren un tarambana?

Solo les pedí que te escucharan.

Sabía que los seducirías.

Siempre lo haces.

Gracias.

¿Cómo te has atrevido?

Has metido a una extraña en casa.

No es una extraña. Se llama Elena y, desde hoy, será mi criada.

Para entrar en esta casa se necesita mi permiso.

Para salir, mucho menos.

Ya sé que no puedo tener a tu servicio pendiente de mí.

Pero estoy de siete meses y necesito cuidados.

No sé qué me agota más, el banco o este niño.

Si tantas atenciones necesitas, habérmelo dicho.

Yo soy quien contrata al servicio.

¿Y hacerte pagar mi comodidad?

No me lo perdonaría.

Las dos sabemos que esta familia no está para demasiadas alegrías.

Mamá.

Es solo una criada.

Era. Ya está despedida.

¿Padre? Hola, hija.

¿Qué es eso de que el banco se ha quedado la parcela de Jesús?

Y mira qué miseria le han dado, con lo que vale esa tierra.

Esos hijos de mala madre...,

siempre exprimiendo al que menos jugo tiene.

Con el trabajo que nos costó conseguir las semillas y el abono.

¿Y ahora, no tenemos agua?

Bueno, Jesús ya dijo

que había visto gorriones en bandadas.

¿Y eso qué significa?

Que lloverá pronto.

Ay, por Dios...

Bueno, un poco de respeto con tu hermano.

Lo está pasando mal.

Y no para de trabajar.

Tenemos que ayudarle.

¿Y cree que no lo intento?

Pero él es terco como una mula, le propongo cosas y no me escucha.

Y menos, si son cosas nuevas.

Una cosa es estudiar el campo y otra, trabajarlo.

Yo no tengo solo estudios.

Desde que me echaron del ministerio,

no he hecho otra cosa que trabajar, mirar y aprender.

¿Es que no confía en mí?

Hija...,

no digas eso.

Sabes lo orgulloso que estoy de vosotros.

Voy a Madrid a recoger una notificación del catastro.

Espero que no sean más problemas.

¿Me acompaña al portón, padre?

Claro, hija.

Vamos.

Solo te pido una cosa, hija.

No le dejes de lado.

Es que él ha crecido aquí y sabe de esto.

El campo es su vida.

Bueno, y algunas veces, tiene razón.

Los gorriones anuncian tormenta.

Ya me lo dijo mi padre.

Desde luego, la señora Leocadia cada día está más generosa.

Dos fardos de ropa para los pobres. -¡Qué va!

Este es de la señora Mercedes. Más grande.

¿Y desde cuándo la banquera da algo que no sean problemas?

Desde que quiere quedar por encima.

Meter a una chica nueva sin encomendarse a nadie...

Espérame aquí un momento.

Señorita...

¿Usted no estaba en París?

Una ciudad muy bella para disfrutarla solo, "mademoiselle".

¿Podría entregarle esta carta a Beatriz? Iba a echarla al correo.

Si don Agustín la encuentra, le manda de vuelta a Francia.

¿Beatriz no le ha dicho el carácter que tiene?

Es usted encantadora preocupándose por mí.

Sea dura con sus admiradores.

No la merece cualquiera.

Tengo prisa. Con Dios.

Con Dios.

Nada, un amigo de la señorita Beatriz.

Lo que faltaba...

Los De la Torre me exigen levantar una valla

para separar mi tierra de la suya.

Pues es un dinero, ¿eh?

Iba a pedir un crédito para la cosecha

y ahora tendré que gastarlo en esto.

Bueno...

Pide una moratoria. No es tan grave.

Ya.

Eh...

¿Qué te pasa?

¿Dónde está la Alejandra optimista que conozco?

La finca necesita modernizarse.

Y, por lo visto, soy la única dispuesta a ello.

Si es lo que hace falta...

Al fin y al cabo, eres la propietaria.

Sí, pero como yo no he vivido el campo como mi familia,

como no me he manchado las manos como ellos,

pues me ven como una señorita con ambiciones.

Es lo que eres.

Es decir, has estudiado y quieres hacer mejor las cosas.

¿Dónde está el problema?

Igual tienen razón. Igual no soy capaz.

Deberías airearte un poquito.

Verías las cosas de otra manera.

Lo que me ayudaría es no verlas.

Pues a eso me refiero.

Te convendría salir de aquí.

Un viaje, ¿por qué no?

Este fin de semana, hay fiestas en Cabañeros, podemos ir.

¿Y sabes qué celebran? Que alguien luchó por ellos

y ahora tienen las tierras por las que tanto sufrieron.

Está bien que lo celebren, pero no necesito que me lo agradezcan.

Cuando vuelvas, te verás capaz de todo.

¿Tú crees?

Alejandra, esa tierra te hará feliz muy pronto. Te lo mereces.

Y tú.

¿Me acompañarás?

(Música de suspense)

Hugo.

¿Cómo estás?

(Llaman a la puerta)

Señorita.

Estoy leyendo.

Si no tiene tiempo para cartas de amor...

¡Trae!

¿Es de París?

Sí, pero no.

¿Ve algún sello?

Me la ha dado en mano.

Ha vuelto.

Yo creía que se había ido para siempre.

Pues ya ve. -¿Y cómo estaba?

¿Qué ropa llevaba, estaba guapo?

Normal, señorita, para lo que es él...

Con una flor en la solapa.

Como en mi sueño de ayer.

¿Has visto algún chico más guapo y más galante que León?

No veo muchos.

"Querida Beatriz".

"Busqué la belleza en París y encontré tu ausencia".

"Las fuentes de Versalles me revelaron

que la cura para mi dolor era un flequillo de pelo rojo

y una piel de nácar".

"Solo volveré contigo, Beatriz".

¡Quiere quedar mañana, a las 17:00, en la calle Serrano!

(RÍE)

Eh... A mí no me mire, señorita.

Yo, pasado, tengo la tarde libre.

Y si no me porto, la señora me deja en casa.

Pero podemos ir juntas, le puedo decir que venga con un amigo.

A lo mejor, tiene un mayordomo soltero.

No, de verdad. Lo siento.

¿Te molesta verme contenta?

(Puerta abriéndose)

Beatriz, ¿qué haces despierta?

Mamá, solo me haces caso para regañarme.

Ven.

Nunca quieres salir conmigo.

Porque cuando te lo propongo, nunca te viene bien.

Mañana me viene bien.

¿Mañana? -Ajá.

Tenía pensado comprarle algo a tu sobrino.

Supongo que mañana es un buen día como cualquier otro.

¿Sabes dónde hay tiendas estupendas?

En la calle Serrano.

Sí.

(HABLA EN ALEMÁN)

(HABLA EN ALEMÁN)

¿Qué estás haciendo en mi despacho?

Tenía pensado reunirme con él en el banco,

pero, en mi estado, hay días que cuesta salir.

Agustín.

Te presento al señor Von Fleischer.

"Herr Fleischer, ist Herr De la Torre".

Señor... "Verzaubert".

¿Es usted miembro del partido?

Es de la Dirección General de Industria del Gobierno alemán.

Busca apoyos financieros en Europa,

contactos influyentes para una colaboración futura.

Es un honor tenerle aquí.

Estaría encantado de contribuir a la causa.

Su triunfo es un estímulo para los que creemos en la necesidad

de poner freno al bolchevismo. Agustín...

Me temo que no entiende español.

Es una suerte que yo sepa alemán.

Bendita educación...

¿Le traducirás lo que he dicho?

Claro.

Y ahora, si no te importa, ¿nos dejas seguir trabajando?

Encantado.

(HABLA EN ALEMÁN)

¿Podrías cerrar la puerta, por favor?

¡Padre!

¡Padre, paren y vengan todos!

¡Ya va, ya!

¡Eh, Jesús, vamos!

Tengo una sorpresa.

Esto es un sistema de riego por goteo para la siembra.

La instalación es muy sencilla. Pero esto... ¿cómo lo has pagado?

Te han hecho precio.

El banco me ha concedido un crédito.

¿A santo de qué?

Como adelanto por la cosecha.

Lo que faltaba lo ha puesto la hucha.

¿Estás loca?

No, claro que no.

Con el riego, habrá buena cosecha y devolveremos la inversión.

Había que apostar, Jesús. Si no, nos quedamos sin nada.

Los arruinados no apuestan, se endeudan.

Y te das el capricho con el dinero de mi parcela.

Poco ha tardado en ponérselo en la mano.

¿Y de qué te sirve el dinero en una caja?

Hay que buscar soluciones, no quejarse y que siga igual.

Si tu invento no funciona, se quedarán sin paga.

Ya no queda de dónde rascar.

Eso no es verdad. No, no...

No le hagáis caso. La cosa es que se va a pagar como hasta ahora.

Ese dinero no se ha tocado nunca,

a pesar de cómo han ido las cosas.

Eso, usted defiéndala.

Hoy no trabajo más.

Jesús... ¡Estoy cansado!

¡Jesús!

No es un invento mío.

Es un sistema que lleva 15 años usándose en Alemania.

Mírelos, padre, no me creen.

Bueno, bueno, tranquila, ya...

ya hablaré luego con ellos.

¿A que es bonito lo que le he comprado al bebé?

Muy bonito.

Vamos a coger un taxi.

Estoy deseando dárselo a tu hermano.

Mamá. ¡Mamá!

Parece que te aburres conmigo, y dices que le hago más caso a papá.

Un ratito más.

Está bien.

Disculpen, ¿serían tan amables de ayudarme?

Estoy buscando un lugar.

Sí, sí, claro.

Necesito encontrar la iglesia de...

Vaya, no entiendo mi propia letra.

¿Una iglesia, por la zona?

Me mudé hace poco a la calle Velázquez y no conozco la zona.

Necesito que me bendigan la casa.

Puede parecer una bobería, pero es costumbre de la familia.

¿Y buscaba algún templo en concreto?

Me basta con que sea católico.

Bueno, tiene la parroquia de la Concepción cerca, a unos metros.

Conocerá la calle Goya, ¿no?

Ah...

Bueno, si quiere, le acompañamos unos metros.

¿Serían tan amables? Se lo agradezco infinito.

Me siento tan perdido... Ayer mismo llegué de París.

Vas a pelarlo, chica.

¿Y ese enfado?

Esta noche he soñado con Clark Gable.

Me he levantado llorando de la pena de que fuera mentira.

La culpa la tiene ese León.

Ha sido volver y ponerme a pensar en novios.

(SUSPIRA)

"El A... le... mán".

"Club...".

Anda, trae, que me estás poniendo nerviosa.

"Club nocturno".

¿El Alemán? -Ajá.

¿Ese sitio tan de moda?

Justo un día antes de nuestra noche libre.

Para que salgamos a divertirnos.

Esto es una señal. -Sí.

Y van a dejarnos entrar a nosotras ahí.

Si el señor va ahí, es porque a gente como tú y yo nos dejan fuera.

Mujer, por probar, no perdemos nada.

Imagínate,

en un sitio tan elegante, con todas esas damas...,

anís del bueno, camareros finos...

Ay, que nos sirvan por un día.

¿Tendrá salón de baile?

Si no tiene dos.

Y violines, Ludi... -¿Violines?

Violines...

Porque, claro, si tiene salón de baile, tendrá orquesta.

Es precioso, mamá.

A Mercedes le va a encantar.

¿Aunque venga de mí?

Precisamente porque viene de ti.

Seguro que está deseando hacer las paces.

Siento de veras lo que pasó ayer.

Lo sé.

¿Vas a permitir que vuelva su criada?

No.

Entonces, ¿de qué sirve que lo sientas?

Fernando, he luchado por tu matrimonio y lo sabes bien.

Pero no voy a ceder por sistema ni vivir bajo sus órdenes en mi casa.

Mamá, tú misma me pediste que aprendiera a quererla.

¿Por qué no lo intentas tú también?

Quererla no es consentirle caprichos.

Tu mujer...

Mira, siento decirlo, pero es una niña mimada.

Su padre nunca le negó nada.

Y espera lo mismo del resto.

Su padre es lo único que tenía.

Ahora nos tiene a nosotros. Somos su familia.

Entonces, no cometamos el mismo error.

Te recuerdo que va a ser la madre de tu hijo.

Tiene que madurar de una vez.

¿Qué me estás pidiendo?

Que le enseñes que no siempre se consigue lo que uno quiere.

Mejor que lo asuma pronto

o no va a soportar los reveses de la vida.

Supongo que tienes razón.

Como siempre.

(SUSPIRA)

Lleva así todo el día.

Pero ¿por qué me tienes tanta rabia?

¿Es que te he hecho algo malo?

¿Has visto el regalo de mi madre? Ajá.

(RÍE)

No para. Va a ser un salvaje.

Me parece que le falta espacio.

Como a nosotros aquí.

¿Eso crees?

No tenemos necesidad de vivir dos familias bajo el mismo techo.

Es incómodo para todos.

La casa de mi padre está vacía.

Podríamos mudarnos.

Sí, yo también lo he pensado.

Quizá un poco de distancia haga las cosas más fáciles.

Estaría bien enfriar la relación entre tus padres y nosotros.

Aunque solo sea un tiempo,

hasta que se curen las heridas.

A mí también me gustaría perderlos de vista.

Un poco de distancia sería lo mejor.

Pero es mi familia.

Y también la tuya.

No deberías tener más apego a una criada que a ellos.

Lo sé, cariño, solo era una idea.

No tenemos por qué mudarnos.

Estamos de acuerdo.

Fernando.

¿Sí?

Mañana estaré fuera.

Tendrás que recibir tú al abogado que ha solicitado

la delimitación de la finca de Alejandra.

¿Y...?

La señorita hace oídos sordos.

Estoy seguro de que quiere ganar terreno.

Son advenedizos y nos guardan rencor. Mala combinación.

¿Qué le digo al abogado?

Que se presente allí mañana mismo y que sea implacable.

Bueno...

Aunque no hará falta decírselo.

Es Celso Ibáñez.

Sabes que no le gusta andarse con tonterías.

Ibáñez...

He mandado un telegrama avisando de su llegada.

Dile que sea fiel a su estilo,

que lo solucione por las malas o por las peores, ¿eh?

Le encantará hacerlo.

Buenas noches.

Buenas noches. Buenas noches.

(Música de suspense)

Mamá.

¿Tú qué sentiste al conocer a papá?

Tengo curiosidad.

Y él seguro que no quiere hablar de eso.

¿Te enamoraste de él nada más verlo?

¡Qué cosas tienes, cariño!

No quiero desilusionarte,

pero la vida real es bastante más aburrida que tus novelas.

No siempre.

¿Me vas a decir de una vez qué te pasa?

Llevas toda la tarde suspirando.

Mamá...

No te enfades.

Pero...

hoy no hemos ido de paseo a Serrano porque sí.

¿Qué quieres decir?

El hombre que nos hemos encontrado,

el que estaba buscando la iglesia...

Sí.

No es la primera vez que le veo.

¿Cómo?

¿Que os conocéis?

¿Me habéis engañado?

No... No, claro que no.

Yo...

Le vi en la capilla ardiente del padre de Mercedes.

Debió conocerle en vida.

Ay, aquel al que mirabas tanto.

Ya decía yo que me sonaba de algo.

Le escuché decir en un corrillo que se instalaba en Madrid,

en la calle Serrano.

No sabes cuánto me gusta.

Bueno, será de mirarlo y oírle hablar.

Te parecerá guapo, eso es todo.

Mamá.

No tengo hambre.

Y por las noches, no duermo.

Para qué soñar, si puedo pensar en él.

Beatriz...

Yo no te niego que sea encantador,

pero tú eres muy joven

y el amor es engañoso.

Ese chico que te parece maravilloso puede no serlo.

Lo sé.

Pero ¿cómo saberlo si no lo conozco?

(Música suave)

Hola. Hola.

Tienes la piel muy bonita.

¿Cómo te llamas?

Vaya...

Un romántico.

¿Qué pasa, que no quieres pagar?

¿Cuánto?

Cinco la hora.

¿Tienes suficiente?

Tengo para toda la noche.

(Música de suspense)

Hola.

Hola.

Esperaba al abogado de tu familia,

Celso Ibáñez.

Te aseguro que sales ganando con el cambio.

Desde ahora, yo me encargo de esto.

Tu padre no te va a dejar tener compasión conmigo.

Entonces, esconderé los papeles en el cajón de mi escritorio

y echaré la culpa a la burocracia.

¿Vas a encubrirme?

Solo hasta que puedas pagar el vallado.

Bueno, pues...

Me gustaría ver los planos de la finca.

Si voy a llevar este asunto, me gustaría estudiarlo,

para poder mentir como es debido.

De acuerdo. Están en casa.

Vamos.

¿Cómo está tu padre?

Bien, está bien.

Ahí está.

(Claxon)

Mi madre te ha invitado a casa.

Es una dama encantadora.

Ven a merendar a las 19:00.

Sé puntual, por lo que más quieras.

Me voy, no quiero enfadar a mamá. -No, espera.

¿Estará tu padre? -Sí. ¿Por...?

No lo conozco y me gustaría llevarle un detalle.

¿Qué le regalan sus amigos?

Vinos o libros de militares...

¿Vinos franceses?

No, no.

De Francia, mejor no le hables. Le molesta hasta el idioma.

Fíjate, quería que yo aprendiera alemán.

Ah, ¿sí?

Adiós.

¿Qué necesitas?

¿Qué son estas marcas de aquí?

Ideas para la cooperativa,

pero, por ahora, son solo eso, ideas.

¿Cultivos? Sí.

Quería plantar un olivar de cornicabra.

Y esta zona da para un viñedo.

Aunque hay que nivelar el suelo, quitar la maleza...

Igual estoy soñando despierta. ¿Tú opinas?

Que mereció la pena.

Pensé que odiaría esta finca para siempre.

Pero ahora que te veo tan feliz y que...

Veo que es justo que la tengas tú.

Mereció la pena.

¿Qué quieres decir?

Tuve que elegir.

Si me iba contigo,

nunca recibirías lo que te corresponde por derecho.

¿No nos separamos por tu hijo?

Quería que cumplieses tu sueño.

Y me alegra saber que lo estás consiguiendo.

Esto me dice que hice bien.

¿Que hiciste bien?

Tomaste por mí la decisión más importante de mi vida.

Yo nunca habría elegido la finca.

Te habría elegido a ti. Lo sé.

Por eso no te dejé decidir.

Habrías renunciado a lo que tiene tu familia ahora.

¿Y lo que teníamos tú y yo no significaba nada?

Alejandra, por favor...

(Música romántica)

Lo siento.

No sé...

Lo siento.

(Ruidos)

Alguien viene, vete. Por favor...

Que te vayas...

Sí...

Vete.

Esta noche.

¿Dónde?

En la calle Fuentes,

hay un hotel.

Te espero allí a las 23:00.

¿Sabes en qué nos convierte eso? No lo digas.

Te espero allí.

Padre te ha estado buscando como loco.

En esta familia, cada uno hace lo que quiere.

Créditos, ahorros... No quiero discutir.

Voy a ver el riego.

¡Muchachos!

¿Tenéis un momento?

¿Qué?

¿Qué es esto?

Toma.

No, no, no. No cojáis nada.

A saber de dónde lo has sacado.

¿De verdad no lo sabes?

¿Qué?

Cortesía de tu hijo.

O, mejor dicho, de los De la Torre.

¿Qué coño quieres decir con eso?

¡Jesús!

¿Eres tú el que robó a los De la Torre?

¿Así pagabas tu parcela, robando?

No, trabajando de sol a sol.

Como ni aun así me llegaba, robé al cacique, sí.

¿Algo en contra?

¡Yo no he criado a un ladrón!

Lo hice a la desesperada,

para cubrir los atrasos, aquí no había nada.

Ser pobre no te libra de ser honrado.

Ahora, la parcela es del banco.

¿Ve de qué sirve la honradez sin cuartos?

¡Eso no justifica ser un ruin!

¿Y qué podía hacer, eh?

¿Pedir ayuda a la familia?

Aquí solo importa Alejandra y su maldita finca.

Además de ladrón, envidioso.

¡Ella no llevará mi sangre,

pero el que me avergüenza eres tú!

¿Vergüenza, vergüenza?

Vergüenza la que me hace sentir usted, lacayo,

toda la vida de los señores y ahora, de Alejandra.

¡Usted solo sabe vivir de rodillas!

O te arrepientes de haber robado

o te vas de esta casa.

Solo me arrepiento de no haberme ido antes.

(Música suave de piano)

¿Qué tal tu día de compras?

Bien.

¿Ya te han invitado al club de campo?

No, ¿por qué?

Ah, bueno...

He estado en un acto del partido, era en un pueblo, al noroeste.

Dáselos a Ludi y dile que lo siento.

Será mejor tirarlos.

Se han echado a perder.

Señora.

Bienvenido.

Un honor que me haya invitado.

La suya es una casa soberbia.

Lo pensé cuando vine al velatorio de don Francisco,

pero me pareció frívolo comentárselo entonces.

Le agradezco el cumplido.

Déjeme presentarle a mi marido, Agustín de la Torre.

Encantado, señor.

Mucho gusto.

Me he permitido traerle un obsequio.

Por favor...

He supuesto que le gustaba el vino.

Me gusta. Muy amable.

Puedo presumir de bodega.

Vaya, no sabía que era un experto.

Confieso que lo elegí por el país de origen.

Le tengo simpatía.

Alemania.

Ese pueblo tiene el ímpetu que aquí nos hace falta.

Basta ya de decadencia francesa.

Hace poco estuve en Berlín y... -Si me disculpa, tengo trabajo.

Y donde esté un buen rioja... -Cierto.

Ha sido un placer conocerle. Espero verle pronto.

Discúlpele, está cansado.

Si le soy sincero, es un vino demasiado dulce.

Debí regalárselo a usted.

No me había fijado en los techos.

¿Quién diseñó este palacio?

(Llaman a la puerta)

Hola.

¿Estás lista?

¿Lista?

Venga, te espero.

Hay tiempo para llegar a Cabañeros. Lo siento, no puedo ir.

¿Por qué no?

La finca me está dando mucho trabajo y no me sobra un segundo.

Vaya...

Pues me tenías que haber avisado. Sí.

A no ser que se te olvidara que habíamos quedado.

¿Cómo me voy a olvidar? Simplemente, tengo mucho trabajo.

¿Qué tal ha ido lo del vallado?

¿Se han puesto muy duros contigo?

No. Vino Fernando.

Eso me parecía.

Solo vino y hablamos.

Alejandra, mira, yo...

ya he vivido un amor a tres bandas.

Y preferiría volver al campo de batalla...

a pasar otra vez por eso.

Te deseo mucha suerte.

(BEATRIZ) ¿En París conociste a la realeza?

(LEOCADIA) Allí no quedan reyes.

Pero reinan los artistas.

Mi apartamento de Montmartre alojó a más de un surrealista.

Alguno hasta me animó a probar suerte y cogí los pinceles.

¿Y...?

Me temo que soy demasiado moral para ser un buen artista.

(RÍE)

Lo que les hacía gracia de mí eran mis fiestas.

Si no les hacía mi truco, era como si la velada se echara a perder.

¿Qué truco? -El péndulo.

Un juego para saber qué personas tienen una conexión especial.

Picasso lo definió como "maléficamente certero".

Quiero probarlo.

Es una chiquillada.

Este no es el lugar.

Bueno, puede ser que en este palacio,

nos permitamos el lujo de jugar de vez en cuando.

(RÍEN)

Está bien.

Dame tu mano.

No se mueve.

¿Eso significa que no estamos conectados?

Espera.

No puedo controlarlo.

Míralo, mamá.

El experimento concluye que nuestro vínculo es poco común.

Me deja sorprendido.

¿Y usted, quiere probar?

Yo ya estoy mayorcita para estas cosas.

(Música de cabaré)

Oye...

Aquí no hay orquesta, ¿eh?

¿Y este antro tiene tanta fama?

# A mí me gusta la calle, la fiesta y el vodevil, no quiero casarme.

Ya veo por qué.

-Madre de Dios...

Esto es una casa de citas, Ludi.

Mujer, ¿hemos venido hasta aquí y no nos vamos a tomar ni una copita?

Pero mira el ambiente.

Yo no sabía que el señor era uno de esos.

A lo mejor, ahora, los sitios de moda son así.

Tú y yo no sabemos de la misa la media.

¿Y si nos vamos a otro y es peor?

-¿Tú crees?

¿Una copita y a casa?

¿Eh?

Una.

# Las cosas que a mí me gustan sencillas y claras son:

# bailar, cantar y reír, tomar tinto con sifón.

# Vivir siempre a mi manera. #

¿Qué les pongo a las señoritas?

¿Tiene jerez?

El mejor.

Y para usted, gratis.

Decía mi madre que el que a vino invita es que quiere señorita.

Pero usted lo hará por costumbre. -Algo de razón tenía su madre.

A mí póngame un anís.

¿Y...?

¿No me vas a decir qué te ha parecido León?

Bueno, es un joven educado.

¿Solo eso?

Y tiene una conversación entretenida.

Mamá...

Esto era un examen y lo sabes.

¿No me vas a dar una nota?

Bien.

Y ahora, siéntate, que vamos a cenar ya.

Este jerez está riquísimo.

Este solo hasta la mitad. -Sí.

No sea que le siente mal. -Tiene usted razón.

Si yo no bebo nunca.

Bueno... Un sorbito de coñac antes de echarle al guiso, sí.

¿Y para quién guisa usted?

Para su marido, claro.

¿Ve el anillo?

No, yo sirvo en una casa.

Pero de las buenas buenas, ¿eh? -Ajá.

Por eso se asustó tanto al entrar.

Tanta decencia y aquí encontrase con esta bacanal...

Bueno, de tanta decencia también se cansa una.

(RÍE)

Dijimos una copita, no una botella.

¿Qué mosca te ha picado?

¿No querías alegrías? Mira.

Como si no me conocieras.

Yo hablo mucho y me quedo en nada.

Sin embargo, tú mírate.

Ya. Yo es que no me reconozco.

Parezco la Mata Hari.

Anda, no seas sota.

Anímate tú también.

(Música de piano)

¿Te invito a algo?

¿Cómo?

Que si te invito a algo.

¿No ve que estoy ocupada?

Será en tus pensamientos, porque en otra cosa...

Venga, te pido una copa.

No se le ocurra pedirme nada.

Y váyase, por favor.

No me interesa.

Porque no me conoces.

Me llamo Mateo y me gustan las caras como la tuya.

¿Qué más quieres saber?

(Aplausos)

Vamos, sígame.

No, pero que yo no he hecho nada.

¡Esperen que coja el abrigo!

¡María del Pilar!

¡Ludi!

¿No están tardando en servir el segundo?

Milagros está sola. Las demás criadas tienen la tarde libre.

Si no hubieras despedido a la mía, iríamos por el postre.

¿Mercedes trajo una criada?

A mí me vendría bien. ¿Por qué no se quedó?

Porque no hace falta.

¿Ves?

Hugo y yo vamos a salir esta noche. ¿Te unes?

No, no puedo. Tengo un compromiso.

¿A estas horas?

Son cosas del partido.

El delegado de Valencia está aquí y debo entretenerlo.

Pero eres un hombre casado.

Puedes excusarte diciendo que tú no llevas ese tipo de vida.

En mi estado... Un político vive de relaciones.

No puede poner esa excusa. Seamos serios.

Pásalo bien, hijo. Gracias, papá.

De hecho, si me perdonáis, llego tarde.

Un compromiso es un compromiso.

¿Y el que tienes conmigo?

Mercedes, por favor...

Buenas noches.

Buenas noches. (LEOCADIA) Buenas noches.

(Música de suspense)

¡Fernando!

¡Mercedes!

¡Estás sangrando!

¡Agustín, Agustín, llama al médico, por favor, rápido!

(Música dramática)

Oiga, por favor, ¿cuándo me van a sacar de aquí?

Yo ya le he dicho que no soy una cualquiera.

Que sirvo en casa de los señores De la Torre.

Claro, como todas.

Dejamos a los señores servidos. -¡Que no!

¡Que yo soy criada, oiga!

Y yo monja o reina de Saba o lo que pidan, chica.

¿Nadie tiene un cigarrillo?

Me pilló trabajando y no he podido fumármelo después.

Me ha dejado el local lleno de hombres tristes.

Esas chicas no hacían mal a nadie.

Debería perseguirlas como hombre, no como comisario.

Y ya verá qué bien. La última, ¿eh?

Y a comisaría, que ya ha trabajado mucho por hoy, comisario.

¿Qué pasa, no querrá echarnos el cierre?

Lo que quiere es emborracharse todos los días gratis.

Pobre chica... -¿Quién?

Una a la que se han llevado.

Más inocente que mi santa madre.

Ya sabes cómo es la policía.

Echan la red y luego preguntan.

Saldrá mañana.

Lo estará pasando mal en el cuartelillo.

Trabaja en una casa decente. Seguro que la echan si se enteran.

Paco, que te veo venir...

Hazme un favor y no te metas en líos.

Por hoy, ya hemos tenido bastante.

Además, la acabas de conocer.

(Pasos acercándose)

¿Por qué el médico no nos dice nada?

¿Eso es malo?

Si hubiese ocurrido algo malo, lo sabríamos.

Tu padrino tiene razón.

Anda, vete a dormir.

Mañana estará mejor.

Venga, te acompaño.

Buenas noches. -Buenas noches, hija.

Buenas noches. Buenas noches.

Tienes que llamar para excusarte. ¿Qué?

El delegado de Valencia, no podrás acompañarlo.

No pasa nada, no era importante.

¿Cómo está? Ha perdido mucha sangre.

Pero se pondrá bien.

Me temo que solo uno de los dos podrá salir adelante.

Explíquese.

Si provoco el parto, tal vez pueda salvar al bebé.

Pero su esposa no podrá resistir una nueva hemorragia.

¿No hay otra opción?

Intervenir a tiempo la salvaría.

¿A costa del niño?

¿Qué cree que es más conveniente hacer?

Que decida el marido.

Usted es el médico. Sabrá lo que hay que hacer.

La pérdida es para usted. ¿Qué puedo decidir yo?

Avíseme cuando se lo haya pensado. No hay tiempo que perder.

(Música dramática)

Tenías razón.

Merezco ser feliz.

Ludi...

¡Gracias a Dios!

Lo siento, se me ha hecho tarde.

¿Ocurre algo?

Mercedes no está bien, el doctor la está atendiendo.

¡Y yo paseando! Dígame que no es grave.

Ludi, ayuda al médico en lo que necesite, Milagros no da abasto.

Sí, señora, enseguida.

Creo que pasaremos la noche en vela.

Cuando llegue María del Pilar, dile que suba a ayudarte.

¿Todavía no ha venido?

Se habrá quedado dormida en casa de su prima, allí iba.

(Llaves en cerradura)

María del Pilar. -¡Yo!

¡Qué vas a ser tú!

(HUGO) Agustín, ya sé que no es el momento, pero...

si el niño heredase las acciones del banco,

Fernando se haría cargo de ellas hasta que cumpliese 21, ¿no?

(Timbre)

He llamado al padre Elías.

Necesitamos sus plegarias.

Gracias, papá.

He venido en cuanto me ha sido posible.

No sabe cómo se lo agradecemos.

¿Quiere un café antes del rezo?

No, gracias. Si acaso,

reconfortar a este joven.

Fernando...

Siento mucho

que Dios te haya puesto en este aprieto.

Ojalá pudiera asumir tu carga, hijo mío.

Gracias, padre.

Al menos, vengo a traerte el consuelo

de que la Santa Madre Iglesia te libra del trance

de tomar una decisión.

¿Qué quiere decir?

Verás...

En el cuerpo de tu esposa,

habita una vida inocente.

La de tu hijo.

Es a él a quien debes salvar.

Así lo quiere el Señor.

¿No hay otra opción, padre?

Dios, en su infinita bondad,

no nos deja desamparados en la duda.

Pues se ha debido de olvidar de mí,

porque yo no lo veo tan claro como usted, padre.

(AGUSTÍN) Fernando.

No eres quién para cuestionar el mandato de la Iglesia.

La obediencia a la fe se prueba en momentos así.

Y tu compromiso como padre

es tu hijo.

Fernando...

Todos...

lo sentimos por Mercedes.

Tan joven

y tan buena cristiana...

Pero Dios la quiere consigo.

Y ante eso,

nada se puede hacer.

Perdóneme.

Leocadia.

Convénzalo usted.

He entendido el mensaje, no hace falta que me lo repitas tú.

Yo no estoy de acuerdo con ellos, hijo.

En tu lugar, no sabría qué hacer.

Han condenado a Mercedes y ni les ha temblado el pulso.

Yo también la he condenado antes de tiempo.

Últimamente, he sido demasiado dura con ella.

Y siento que lo estoy pagando.

Tú no tienes la culpa de esto. Pero no dejé que la cuidaran.

Hice un mundo de una tontería

y convertí esta casa en un campo de batalla.

En ningún momento pensé en sus sentimientos.

No creas que eres la única que tiene peso en la conciencia.

Hijo...

Haz lo que creas que debas hacer.

No le hagas caso a nadie más que a ti mismo.

Solo tú sabes cuál es la decisión correcta.

¿Y cuál es?

La que te deje dormir el resto de tu vida.

(Pasos)

Disculpe, no puedo esperar más.

Corremos el riesgo de perder a ambos.

Necesito que me diga qué hacer.

Necesito ver a mi esposa. Fernando...

No sé lo que hará Dios,

pero, decidas lo que decidas, yo siempre estaré a tu lado.

Muchas gracias por acompañarme.

De nada.

Buenas noches.

¿Podrías regalarme un vasito de agua?

Es que tengo la boca un poco seca.

Y ahora mismo se va, Francisco.

Llámame Paco.

Hay confianza, ¿no?

(Ruidos)

Por Dios, hay gente en casa.

Bébaselo deprisa, que si le ven aquí, ¿qué van a pensar?

No sé. Cuénteles la verdad. No se la van a creer.

En eso tiene razón.

Ande, que menudo negocio el suyo...

Cómo será para que la detengan a una solo por estar ahí sentada.

Vaya manera de agradecérmelo.

¿Cuánto ha sido?

No, no, déjalo. Déjalo.

Algo les habrá dado, no me habrán sacado por mi cara bonita.

Bueno...

Algo ha tenido que ver eso.

Pero bueno, digamos que...

me debe una. -Ajá.

Pero ¿qué hace que sigue aquí?

Váyase, váyase.

(CHISTA)

Que se vaya de una vez...

¿Dónde estabas? No sabes qué angustia tenía.

Menos mal que no te ha pasado nada. -Sí que me ha pasado, Ludi.

He estado en el calabozo. Creían que era una buscona.

Con esta cara de mosquita muerta. -Nunca teníamos que haber ido allí.

¿Vas a perdonarme algún día?

No tengo nada que perdonarte. Hacía años que no me lo pasaba tan bien.

¿Qué haces así vestida a estas horas?

Es la señorita Mercedes.

(SE QUEJA)

Chist...

Te quiero, Fernando.

(Puerta abriéndose)

Era una niña.

Lo siento.

Hijo... ¿Puedo cogerla?

(Música dramática)

Perdóname.

Espero que algún día te recuperes de esto.

Tengo que darte las gracias, papá.

Me ayudaste a tomar una decisión.

(Campanas)

(Música triste)

Queridos hermanos.

Nos hemos reunido para despedir

a quien, por desgracia,

no hemos podido recibir siquiera.

Dios acoja en su seno a esta pequeña

que estaba destinada a ser la alegría de sus padres,

Fernando

y Mercedes.

Recemos por ella

y por que el consuelo y el perdón

crezcan en los corazones de esta familia.

(Música triste)

¿Cómo te encuentras?

Me duele.

Vas de luto.

Mercedes...

Tienes que saber que Fernando quería a esa niña tanto como tú.

Pero tuvo que escoger

y no soportó la idea de perderte.

Aunque esa decisión le hiciera perder a su primer hijo.

¿Hizo eso por mí?

Espero que saberlo

alivie un poco tu dolor.

(LLORA)

Siento tanto haber perdido a nuestra niña...

Y yo.

(LLORA)

(Música dramática)

Era mi niña.

Su útero ha quedado muy dañado.

¿Y no puedo tener hijos?

Sí que puede.

Pero corre el riesgo de morir durante el parto.

¿Estás embarazada?

Sí.

Dame lo que tengas o te rajo.

(AGUSTÍN) ¿Siempre lleva arma? (LEÓN) Si la ocasión lo pide.

Me gustaría invertir ese dinero.

¿Puede ayudarme?

No ha sido fácil camelarme a Agustín, pero ha valido la pena.

Ya le tengo entregado.

¡Has desviado fondos de varias cuentas del banco

a cuentas de Renovación Española!

¿Cómo has podido?

Yo confié en ti.

Me han tendido una trampa.

(PACO) Me tienes loco, mosquita muerta.

Estas herramientas son mías.

Mateo me enseña carpintería.

No quiero ser sirvienta toda mi vida.

¿Y tus antiguos compañeros de armas?

Preparan algo, pero nadie suelta prenda.

Con que sus armas hablen cuando llegue la ocasión...

Lo harán.

Por el futuro.

Por España.

Una y libre.

Merezco algo más que ser la otra.

Claro.

(F. ALCÁZAR) Aún amas a Fernando. Eso no es cierto.

Por favor, no juegues conmigo.

Voy a perder la cabeza por ti.

Ese es el sitio de mi hijo.

Mientras yo viva, no quiero que aquí nadie ocupe su puesto.

Jesús, eres tú, ¿verdad?

"¿Estás bien?".

Vuelve, hijo.

Quiero ver a mi hermano.

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14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 18

01 dic 2018

Jesús, consciente de que no va a poder pagar los plazos sin recurrir a nuevos robos, ha preferido que el banco se quede con su parcela. Cuando la relación entre Fernando Alcázar y Alejandra parece ir encarrilándose, Fernando De La Torre vuelve a cruzarse en su camino.

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