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No recomendado para menores de 12 años 14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 15 - ver ahora
Transcripción completa

¡Soy Fernando de la Torre, el dueño de esta tierra!

Y tendrás que matarme a mí primero.

Por lo que más quieras.

-Te estaba besando.

Tienes que hacerlo bien, hermanita.

La tierra es tuya.

Te han cerrado el local. Tienes a la policía detrás.

Ya han empezado a desconfiar de ti.

-Los señores serán siempre los señores.

No van a soltar la tierra así como así.

-No puedo soportarlo.

A veces parece que el dolor remite.

Pero solo para volver con más fuerza.

¿Vas a poder con todo esto?

Un hijo en camino. No sé si podría...

Si no estás seguro, sería... Eres mi vida.

Y no te voy a fallar.

Estoy dispuesta a dejarlo todo por ti.

Déjame ir contigo.

No pienso renunciar a Alejandra.

Y estoy dispuesto a asumir las consecuencias.

¿Y tu hijo?

¿Has pensado en el futuro al que le condenas?

-No habrá divorcio.

Antes lo mato.

-¿Hasta dónde llegarías por tu hijo?

Yo estoy dispuesta a todo

para salvar a mi familia.

Primero es fuego, excelencia.

-¿Y el dolor? -El dolor morirá con la noche.

-¿Ha traído alguna fotografía?

Yo misma le señalaré a la persona.

-Otra identidad y un pasaje a Argentina.

El barco zarpa de Lisboa pasado mañana.

Sabes que espero un hijo de Fernando.

Fernando me quiere.

Y yo a él.

Te vi con tu amigo el militar.

Vi como os besabais.

Es ella.

Si no te divorcias,

dividiré la finca como estipula el documento.

Y Alejandra tendrá lo que merece.

Eso es chantaje, mamá.

Los secretos no se cuentan.

Por eso la madrina confía en mí.

Porque yo no voy contando por ahí lo suyo con el militar.

-¿Qué has dicho?

Te quiero demasiado para hacerte daño.

Perdóname.

Alejandra, perdóname. ¡Alejandra, escúchame!

Ya sé lo que vas a decirme.

Lo siento, Amparo.

(Disparo)

Mi padre tiene razón.

Tú no tienes palabra.

Quiero que vuelvas a Asturias.

-Ventura está camino de Lisboa sano y salvo.

(Sintonía "14 de abril")

He pensado en pasar unos días fuera.

Un amigo de mi padre nos ofrece casa en Santander.

Suena bien.

Tengo mucho que hacer aquí, pero no me importa quedarme solo.

La política es muy esclava.

Pero Azaña tiene tiempo hasta para escribir teatro.

Si me lo permitís, por una vez, me gustaría hacer lo que quiero.

Quizás no deberías hacer un viaje tan largo en tu estado.

-Señora, iba a preparar el despacho para la reunión con Alejandra.

¿Café y bizcocho como siempre? -Ni hablar.

Ya se va a llevar bastante.

-Solo café, Ludi. Gracias.

Tengo una reunión.

Y poca hambre.

¿Podrías ponerlo más fácil?

-¿Voy a dejar que regales el patrimonio familiar

y quieres más facilidades?

¿Creéis que Fernando estará así siempre?

Hija, pero si tú no necesitas esos mejunjes.

No quiero ir a casa de los de la Torre mal,

como si tuviera miedo. Hija, es normal.

Hoy se te revoluciona la vida.

Ya era hora, padre,

porque todas mis revoluciones han quedado en nada.

Solo quiero firmar ese papel y que todo cambie.

Ya... Pero...

No sé, no sé. Hija, no sé. ¿Qué?

Sí, si tiene razón.

Ser propietaria cambia las cosas,

pero está por ver que sea a mejor.

¿Quiere que renuncie?

No, no, no sería justo.

Pero te complicaría menos la vida.

Hay que tener coraje.

Cobardes ya hay muchos.

No quiero que te pases las noches llorando.

Ya se me pasará. Ya.

Olvídate del señorito y sus tierras.

Ya vendrá alguien con menos apellido y más corazón.

No me hable de hombres, se lo pido.

A Fernando me esfuerzo por olvidarlo.

Ojalá no lo vea hoy.

Dame un beso antes de que seas rica.

Jesús.

(Llaman a la puerta)

Paco.

-Perdona que me presente así, pero el calabozo que me han dado

no tenía baño. -¿Vienes de allí?

-Me han soltado por falta de pruebas.

Las sulfamidas han desaparecido.

¿A quién se lo agradezco? ¿A ti o a tu madre?

-¿Quién es?

Ah, hola, Paco. Me alegro de verte.

-Date una ducha y descansa. Esta misma noche abrimos.

-Debe tener un buen abogado.

-Era un montaje. No iba a llegar lejos.

-Siento que Ventura os metiera en este lío.

-Mejor olvidarse de eso.

Lo importante es que está solucionado.

-Entonces, ¿podemos irnos a Asturias?

-Eso dijimos, ¿no?

-¿Estás preparada?

Serás la única del pueblo que sepa conducir

o hablar otro idioma. O fumar como un hombre.

-Me gusta llamar la atención.

Lo llevaré bien.

Y prefiero los sitios pequeños. Prefiero Madrid a Berlín.

-Si Madrid te parece pequeño, ya verás la aldea.

Solo tiene una taberna y una tienda que vende medias y garbanzos.

-También tendrá cosas buenas.

-No sabes lo que es pasear y no ver a nadie en kilómetros.

Me emociona pensar que dejas todo por mí.

-No me cuesta nada.

-¿Cómo está? -Perfecta.

No sentiría una cornada.

-Deja de echártelo.

¿No ves que te devora la carne? -Prefiero cualquier cosa al dolor.

-Buscaremos otro médico.

No pienso irme hasta que te cures. -Claro que te irás.

Sabes que no me voy a curar.

-Está todo correcto. No te preocupes.

Preferiría leerlo.

No son horas.

-¿Prefieres que el arranque ese papel de las manos?

No he traído pluma.

Agustín.

¿La señorita Alejandra sigue en el despacho?

¿Cómo está Jesús? Va mejor.

Me alegro de que hayas firmado.

¿Puedo irme ya?

Dile a Jesús que si necesita... Claro, gracias.

Mira, hijo.

Este es el caldo que os hacía

vuestra madre cuando os poníais enfermos.

Esto te va a dar la vida, verás.

Luego llama al médico para que venga a verte.

Quería preguntarle algo.

Primero come, ¿eh? Y luego hablamos.

Tienes que hacer sangre, hijo. Es importante.

Bueno.

A ver, ¿qué pasa?

Esto ya lo he pensado bien.

Por la fiebre. Claro.

Pero ahora tengo la cabeza clara.

Me alegro mucho, hijo. Yo no.

Porque recuerdo cosas que no me gustan.

Como el tiroteo.

Es normal que te venga eso a la cabeza.

Pero te estás curando.

Cada vez vas a pensar menos en ello.

Lo que pasó no fue un accidente.

Iban a por Alejandra.

Pero ¿qué dices? Eso es una locura.

Yo lo vi bien.

El guardia buscó por la mira hasta que la encontró.

Se quedó apuntándola.

Yo me metí en medio y por eso me lo llevé.

(Disparo)

No sé, pero ¿tienes pruebas?

¿Te parece poco un balazo?

El primer tiro fue de los jornaleros.

Y luego todo fueron balas perdidas para todos.

Y una de ellas te tocó a ti.

¿Quién fue el jornalero que pegó el primer tiro?

Ay, no sé, hijo. Cualquiera. ¿Qué más da?

Anda, venga. Come, que te hace falta.

Está claro que aún no eres tú.

-¿No será el periódico de hoy?

A ver. -No lo sé, señora.

-Claro que lo es. Con razón no lo encontraba.

Pero ¿cómo se te ocurre? ¿No has visto la fecha?

-Yo no sé leer, señora.

(SUSPIRA)

-Perdóname.

Perdóname, no... No recordaba.

-No se preocupe.

Ya ve lo que hago yo con los periódicos.

Busco las estampas y...

Y me imagino una historia.

Esta por ejemplo. Pues...

Hay un montón de militares en la calle,

pues debe ser un desfile o una fiesta de guardias.

¿No ve qué alboroto?

-Y tanto.

-Y...

Esta no tiene gracia, que me la sé.

Es la Garbo.

¿Qué cuenta?

-Que viene de vacaciones a Europa.

-Como yo, fíjese. (RÍE)

Y esta no sé.

No parece nadie importante.

A lo mejor es una criada como yo.

-Homenaje a la joven pintora española María Blanchard,

recientemente fallecida en París.

A pesar de padecer

una terrible enfermedad de nacimiento,

consiguió convertirse en una artista valorada

por los más importantes pintores de la época.

-Y yo que pensé que era criada.

Me da mil vueltas.

-Bueno, no todas las mujeres somos pintoras

ni vivimos en París.

-Pero me da pena ser solo lo que soy.

-Ludi. Ludi, ¿por qué dices eso?

-Yo tenía un pretendiente, señora.

Pensé que me iba a quitar de criada y me iba a dar una vida mejor.

-Habrías cambiado de casa,

pero no de oficio.

No esperes tanto del matrimonio.

Si quieres mejorar,

tienes que hacerlo por ti misma.

-He despejado la trastienda y he hecho inventario de licores.

La policía de ha llevado el Bourbon. Por lo demás

todo bien. -¿Cómo que bien?

Hemos estado a punto de perderlo todo.

Ahora tenemos a la policía encima esperando que nos descuidemos.

-Yo qué sé, Amparo. Parecían de fiar.

Si sé que vienen de parte de Ventura, no les compro.

-Cuando ves dinero, se te va la cabeza.

No pienso volver a jugármela por ti.

-Bien. -Bien.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-Hay que limpiar esa barra.

-Estás muy guapa.

Gracias.

Es el embarazo. Nos pasa a todas.

Dos cafés, por favor.

Papá, sé que tienes mucho trabajo y no tienes tiempo para verme.

Vendré siempre que me llames.

Y más si lo haces llorando.

No tengo a nadie en esa casa. Vamos, vamos.

Leocadia y Agustín han hecho mucho por ti.

Sí,

pero ahora me tratan como si les debiese algo.

Al menos no he vuelto a escuchar "divorcio".

Lamento no poder decir lo mismo.

El rumor ha llegado a la calle y a los salones.

Estáis en boca de todos.

No tenía ni idea.

Me paso el día entre cuatro paredes.

La gente no tiene alma.

Debes acabar con el chismorreo.

No basta con estar casada. Hay que estarlo a los ojos de todos.

¿Yo qué puedo hacer?

Ya se cansarán. Mientras arriesgarás tu buen nombre

y Fernando su carrera política.

Ya has evitado el divorcio.

Ahora tienes que recuperar tu matrimonio.

-¿Qué se siente siendo propietaria?

Como no lo sé...

Yo estoy muy contento.

Tenía miedo de que se echaran para atrás.

Lo humillada que me he sentido por recibir lo que me pertenece.

Bueno, piensa

que ahora tienes una nueva vida.

-Deberías salir más de casa.

Llevo varios días intentando hacerme el encontradizo.

Si tuviera algo que contarle, lo habría hecho.

Quería saber si se ha echado atrás.

¿Hizo las paces con la campesina?

No le contraté en un arrebato.

Sigo queriendo que desaparezca.

Entonces, ¿a qué espera para darme la orden de actuar?

A que sea el momento.

No es algo que se pueda decidir a la ligera.

Ni el señor ni yo queremos problemas.

Le voy a pagar lo haga o no.

Sabe que el dinero no es un problema.

El dinero no,

pero quizá sí el quinto mandamiento.

No haga reír.

Tiene visita, señor.

-Gracias. Puedes irte.

-¿Cómo está?

-No me gusta tu compañía, Fernando.

Y no tenemos nada de qué hablar.

Si fuera mi casa, te echaría ahora mismo.

-Van a expulsarte del ejército esta misma semana.

-¿Quién te lo ha dicho?

-Ya me salto el deber contándotelo. No me obligues a más.

-Ahí lo tienes.

Ese es tu gobierno compasivo.

-Dime qué gobierno no castiga una rebelión. Dime.

A Sanjurjo se le ha perdonado la vida.

A pesar de todo.

Y jaca solamente ha habido una.

-Este arresto domiciliario sacado de la manga

no está siendo ningún regalo.

(SUSPIRA)

-Lo siento. No pude hacer más por ti.

Al menos entonces. -No te lo pedí.

-Hugo estás a tiempo de acogerte a la Ley Azaña

y pasar a la reserva.

Puedo mediar para que lo consigas.

-¿Quieres que me retire?

Voluntariamente.

-Te irías del ejército conservando casi todo el sueldo

y con el honor intacto. -¿Qué sabes tú de honor?

Para mí el honor

es defender a España.

Y pagar por ello si hace falta.

-Por Dios, piensa en tu familia.

¿Qué pasará si te expulsan?

Piensa en tu hijo, en Isabel. -Mi familia es mi problema.

No el tuyo.

Métetelo en la cabeza de una maldita vez.

Ya me has ofendido bastante.

Y ahora largo de esta casa.

Largo.

¿Vas a tardar?

Tengo mucho trabajo.

Ludi me ha preparado café.

¿Quieres algo?

No.

Te espero en la cama.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

-Su madre me dijo que tenía sed. -Era para que vinieras.

¿Qué te pasa?

-Bobadas.

Dígame, ¿qué necesita?

-Necesito un libro.

¿Irías a por él? -¿Un libro?

¿No los coge siempre usted, señorita?

-No me apetece ver al bibliotecario.

Ya sabes.

-¿Y qué hago con esto?

-Se lo das a la encargada y ella te da el libro.

Te lo agradezco mucho, Ludi.

-Ya ve qué hazaña.

-Jesús.

¿Cómo vas? Bien, ¿y tú?

Bien. Mi mujer me ha dado Caléndula

para la herida.

Dale las gracias. ¿Y qué?

¿Tu hermana va a ir al trabajo?

No, todavía no.

Os he llamado por otra cosa.

¿Recordáis el tiroteo?

¿A eso venimos?

Aún no se me ha olvidado.

Mi padre dice que el primer tiro vino de nosotros.

¿Fue alguno de vosotros? No.

Fue uno nuevo que se juntó ese mismo día.

¿Se juntó? ¿Así sin más?

¿Qué rumias?

Pues es venía recomendado.

Para armar jaleo y dar excusa para disparar.

¿Qué importa eso ahora?

Las heridas van curando y podemos seguir con nuestras vidas.

-Y no es moco de pavo.

¿O qué quieres? ¿Que vuelvan para rematar?

Quiero justicia. No, tú quieres venganza.

Se te ve en los ojos.

Antes no erais tan cobardes. Las cosas han cambiado.

Tu hermana nos ha prometido un futuro. No vamos a fastidiarlo.

Y tú tampoco.

Perdone, ese es mi sitio. ¿Es su primer día?

Sí.

Ya, le han mandado a la mesa que no es. No se enteran.

De esto me encargo yo.

Creo que ya no.

¿Ya te vas?

Tengo prisa.

Ni siquiera vamos a desayunar juntos.

Se me hace tarde.

No me mientas, Fernando.

Evítame, deja de hablarme si quieres, pero no me mientas.

No voy a ver a Alejandra. Si es eso lo que te preocupa.

Ya lo sé.

Eres un hombre de palabra,

pero no soportas vivir conmigo como marido y mujer.

Tengo que hacerme a la idea.

Te quiero tanto que puedo soportar tu desprecio,

pero no permitiré que mi hijo

crezca sin padre. Eso no pasará.

Júramelo. Soy tu marido.

Siempre podrás contar conmigo.

Es lo que manda la ley. No seas cruel, Fernando.

Eres todo corazón. Tendrás problemas de conciencia.

A pesar de todo estoy enamorada de ti como el primer día.

Y si estás a mi lado, me da igual ser el hazmerreír.

No lo eres. Hay cosas que deberías saber.

Por tu bien.

O el de nuestra familia.

Perdona, pero he tenido una mañana...

-Toma.

-¿Y esto? -Sé que nunca tienes

suficientes libros. O eso dices.

-Tampoco tengo suficientes amigos.

Tranquila, no te voy a pedir que te quedes.

-No sabes la ilusión que me hace volver a casa.

Andrés, quería pedirte un favor.

Me gustaría seguir trabajando en Asturias.

Allí puedo ser muy útil.

-No te preocupes. Tengo un amigo, en Gobernación. Te daré su teléfono.

-Muchas gracias. Voy a necesitar un sueldo.

No voy a cuidar solo de mí misma.

-Sí, claro. Está tu hijo, ¿no?

-Y mi pareja.

No me voy de Madrid sola.

-Ah, ¿no?

¿Lo conozco?

-Es una mujer. -Una mujer.

¿Te has vuelto loca? -Andrés.

-¿Sabes el escándalo que puede provocar

que aparezcas con una mujer?

-Ya veo el que te provoco a ti.

Tranquilo, el problema te queda lejos.

-Sirves a tu partido y a la república.

No puedes hacer lo que te venga en gana.

-Pensaba que hablaba con alguien más abierto.

Y con un amigo, no un cura.

-No te vayas.

Debemos hablar de Alejandra.

Habrá 20 invitados. Repasad el protocolo.

La mayoría serán políticos sin título,

pero tendremos algún marqués.

Cuidad los modales. Sí, señora.

-¿Y el convite?

Vinos, champán, nada de caviar. Lo ruso no está bien visto.

¿Preparo mi perdiz al tío Lucas?

Algo que no dé vergüenza nombrar.

Por favor. Te estaba buscando.

¿Qué pasa aquí? Organizo una pequeña fiesta.

¿Una fiesta? ¿Aquí en mi casa?

Será en honor a Fernando.

Como padres, estáis invitados, claro.

Seguid con las labores de hoy.

-Sí, señora.

-En esta casa Agustín y yo decidimos cómo y cuándo se hacen las fiestas.

No estoy montando un baile.

Es un acto político.

La carrera... Me parece muy bien

que agasajes a tu marido,

por él y por lo que esta familia ha hecho por ti.

Pero de ahí a que no respetes... Madrid entera sabe lo del divorcio.

¿Qué dices?

Ese tema no ha salido de esta casa.

Ojalá tuvieras razón, pero aquí la cornuda soy yo.

Sé que con una fiesta no se solucionan los problemas.

Necesitamos que la gente nos vea del brazo, felices.

A Fernando no le conviene ni las sospechas ni los sambenitos.

Está bien.

¿A quién tenías pensado invitar?

-¿Cómo estás? Dímelo tú.

Llevo toda la mañana en el ministerio, no me dejan

hacer nada y nadie me da una explicación.

¿Por qué hay un hombre en mi mesa?

Me han pedido que sea yo quien te lo diga,

pero quiero que sepas que no tengo nada que ver.

¿Qué decisión?

Ya no te encargas de las expropiaciones.

Pero ¿por qué?

Dicen que ahora eres parte interesada

como dueña de tierras que iban a expropiarse.

Esa finca me corresponde porque lo quiso mi padre.

No me he convertido en una burguesa.

Pienso igual que ayer. Lo sé. Y lo he repetido 20 veces,

pero hay gente para lo que todo es blanco o negro.

No pienso dejar que me hagan pagar. Voy a quejarme.

Hazlo si quieres. Está bien que luches.

Pero la decisión está tomada.

Parece ser que ha sido un juicio rápido.

Vaya.

Pensé que ahora las cosas funcionaban de otra manera.

Yo también.

-¿Dónde te habías metido?

Mira la hora que es y lo que nos queda.

-Voy. Ya voy.

Había ido a la biblioteca. -¿Para qué?

-María del Pilar, ¿habéis acabado...?

¿Qué hace esto aquí?

Me has decepcionado.

-Pero... -Has recibido una educación.

Deberías emplearla en algo decente.

Saca este libro de mi casa.

-Sí, señora, no volverá a pasar. Sabe que no soy así.

-Cuando termines, sube. Hay mucho trabajo.

-Sí, señora.

¿Qué narices has traído?

En la vida me ha hablado así.

-¿Para qué quiero yo un libro? ¿Para calzar la mesa?

Me lo ha pedido la niña.

-¿Beatriz?

Mira la mosquita muerta.

-Será que es intenso.

-Sí, será eso.

Anda, ponte a la plata.

La vergüenza que pasaré al llevarlo.

-Deberías tener una mujer que hiciera esto.

Bueno, perdona.

-Bueno, ¿qué estabas escribiendo antes?

Organizando el trabajo en la finca.

A ver qué le parece a la dueña.

Me gusta que pienses en la faena. Eso es que se te ha ido la fiebre.

Creo que tendremos problemas con los jornaleros.

¿Y eso?

He estado hablando con ellos y no me gusta su actitud.

No podemos dejar la finca sin trabajadores. Cuidado.

Y tú no puedes andar cargando trastos.

Pero está usted.

Yo voy a seguir con la familia la Torre.

Ya sabes, la costumbre.

No lo dirá en serio. Sí.

¿Le va a limpiar la mierda a los que querían matar a su hija?

¿Qué pasa? ¿Todavía no se te han ido esas tonterías?

Agustín mandó a la guardia el día de la revuelta.

Y al jornalero que disparó también.

Bueno, ¿cuándo vas a pensar en lo bueno que nos han hecho?

¿Eh? La finca de tu hermana. ¿A quién se la debe? Dime.

Lo intentaron evitar, padre.

Bueno. Bien, pues sigue con tus cosas. Yo me voy.

Hala, hasta luego.

-¿Quieres que lo haga yo?

-Me relaja.

-He estado dándole vueltas a lo que te dijo Fernando.

A la opción del retiro.

-Ya hemos hablado bastante de eso.

-Es una buena idea. Deberías pensártelo dos veces.

Seguro que sigue dispuesto a ayudarte.

-Aunque quisiera,

que no quiero,

ya no podría hacer nada.

Mañana a las diez debo presentarme en los juzgados.

-¿Para qué?

-Está claro, ¿no?

-Tuviste que decirle que sí.

Podríamos habernos ido a Asturias,

como una familia. -Como un renegado.

-Eres mucho más que tu uniforme. -¡Basta de palabrerías, Isabel!

No he podido ser un padre ni un esposo como es debido.

Lo único que he sabido ser es militar.

-¿Ves que solo piensas en ti?

No te puedes imaginar lo que me duele que me hables así.

-De dolor sé mucho.

Te aseguro que mañana aún más.

-Hija, ¿qué ha pasado?

El trabajo. Eso ha pasado.

Ya. Me han cambiado de puesto

y me tienen hasta las tantas.

¿Has terminado con las expropiaciones?

¿Podemos hablar de otra cosa?

Llevo todo el día allí y no tengo ganas.

Cuénteme, ¿qué han pensado para la siembra?

Bueno, bueno, no...

No creas, no mucho.

Mira.

No le entiendo la letra.

Es que está nervioso.

Tu hermano dice que hay alguien que nos quiere muy mal.

Y que el tiroteo fue raro.

¿Es que hay tiroteos normales?

Ya.

Tú no has notado nada raro, ¿verdad?

Lo que más me choca es verle fumar.

Ha recibido un balazo. Es normal que vea fantasmas.

Ya se irán.

Con el tiempo.

(Teléfono)

(Teléfono)

Sí, ¿dígame?

Ah, don Agustín. Buenas noches.

¿Mañana?

Sí, sí, claro, claro. Cómo no. Ahí estaré.

Buenas noches.

(Música)

¿Qué hora es?

-En un día normal, la hora de echar borrachos.

Teníamos que haber anunciado más la reapertura.

-Los clientes temen que vuelva la policía.

Los que vienen aquí tienen cosas que ocultar.

-¿Sabes una cosa? Mañana me tiro a la calle

y lleno esto de clientes. Lo que me sobra a mí es palique.

¿Sabes que incluso he estado vendiendo crecepelos?

No te rías. Me forraba.

¿Cuándo me vas a perdonar?

-La bronca te la merecías.

-Sí.

-Pero todos pecamos de ingenuos alguna vez.

Yo últimamente parezco una niña de 15 años.

Me he enamorado, he roto con mi madre

y me voy a fugar con mi amante a una aldea.

-Eso suena

romántico.

-El campo solo lo he visto desde el tren

de camino a una gran ciudad.

-Madrid no se va a mover de aquí.

Si te arrepientes, te compras un billete.

Y ya.

-No sé por qué, pero...

Pero presiento que es mi última oportunidad.

-¿Te vas a quedar con la duda de qué ocurriría?

No seas cobarde.

Amparo Romero nunca fue cobarde.

Entonces...

Tendré que buscar otro trabajo.

-Qué pena.

Yo que había pensado poner en tus manos El Alemán.

-¿En serio?

-Pero ¿tú has dormido?

Llevas medio libro. -Bueno, he dado cabezadas.

Es que esto es lo mejor y lo peor que he leído en mi vida.

Iba a devolverlo, pero ha sido abrirlo y no parar.

¡Uy!

-Léeme un rato, anda.

-¿Cómo voy a leer esto en alto?

Tienes que aprender a leer tú.

No sabes lo que te estás perdiendo.

De verdad que no lo sabes.

-Pues enséñame.

-¿Ahora?

A ver...

Vamos a empezar por algo fácil. Esto es "el".

De cuando dices algo.

Por ejemplo, el trapo.

El cordero.

Pues se pone así.

A ver, dilo tú.

-El. -Muy bien.

Pues mañana la siguiente.

-Pero enséñame algo más.

A este ritmo me muero y no leo ni la etiqueta del vino.

-No me agobies, que bastante tengo.

-No quería despertarte.

¿Llegaste muy tarde?

-A las dos.

El Alemán ha vivido mejores noches.

-Lo siento.

-¿Que lo sientes?

A mí me da igual.

-Ayer tuve un día horrible.

Y no paro de darle vueltas.

-¿Qué pasó?

-Andrés no cree que sea buena idea que nos vayamos juntas

por el qué dirán. Ya ves.

-¿Andrés, el socialista?

-Cuando le conté que estábamos juntas que habló como un cura.

Y eso que ha viajado y ha leído. Imagínate qué pensará de nosotras

el que no ha salido del pueblo.

Esto me ha hecho pensar, Amparo.

-¿En qué?

-En ti.

Y en que no soporto que me digan con quién debo compartir mi vida.

Vámonos.

-¿Y si nos tiran piedras?

-Las devolvemos.

-Puede pasar, señor. -Muchas gracias.

Señor.

¿La familia cómo se encuentra, señor?

-Hemos decidido prescindir de tus servicios, Antonio.

Se te pagará el día de hoy.

Por el viaje más que nada.

Ya puedes marcharte.

-Es por Alejandra, claro.

Permítame decirle

que yo había decidido quedarme con ustedes.

-Tú no decides nada, Antonio.

-Señor,

me he pasado la vida trabajando para su familia,

sacando la cara por usted cuando ha hecho falta.

Ayer mismo... -Era tu deber.

No quiero nada en la vida que me recuerde a Alejandra.

Ludi.

-No se preocupe, señor. Ya me voy.

Solo

permítame decirle

que la culpa de que dispararan a mi hijo fue suya.

Dígame, don Agustín.

¿Qué va a ser lo próximo?

-Antonio, qué sorpresa verte aquí.

-Señora, me voy.

Le agradezco mucho su trato de estos años.

Que tenga mucha suerte. -¿Cómo? ¿Nos dejas?

¿Te despides?

-No, señora, me echan.

El señor debería tenerla más informada.

-No tengo nada que ver.

-La creo, señora.

-Sabes el aprecio que te tengo.

El que todos te tenemos aquí.

¿Cómo vas a irte así? -Señora.

-Haré lo que sea para que recuperes tu puesto.

Si es necesario, te emplearé en la casa.

-Gracias, señora, pero no.

De ninguna manera.

Buenos días, señora.

-¿Con qué derecho despides a Antonio?

-¿Desde cuándo debo dar explicaciones

por cómo llevo la finca?

-Sabes lo que vale como persona y como trabajador.

-Es un labriego. Hay muchos como él.

Y mejores.

Tranquila.

Le dará trabajo su hija en la finca que le has regalado.

-Antonio es leal,

pero eso no es nada para ti, ¿verdad?

-¿No podéis dejar de discutir?

-Anda, vamos a merendar.

-No tengo hambre.

-No te preocupes. -¿Qué pasa ahora?

-Nada, una rabieta de tu madre.

¿Te has comprado ya el vestido para la fiesta?

-¿Podemos?

-A ver si así se te quita de la cabeza

la idea de que estamos arruinados.

-Mamá tiene la culpa de que Alejandra se lleve las tierras, ¿no?

-No digas eso.

-Don Hugo de Viana Abril.

Como auxiliar de delito consumado de rebelión militar,

acaecido el 10 de agosto del actual,

castigado en el número primero del artículo 238.

-Este tribunal no tiene ningún derecho

a tratarnos como traidores.

Somos patriotas. -Silencio.

-Y si ahora nos condenan.

tendrán un día que responder ante España.

O lo harán ante Dios. -¡Silencio he dicho!

No empeore las cosas con amenazas.

Fallamos que debemos condenar y condenamos al procesado

a la pena inhabilitación absoluta.

Procedan al comiso de armas.

-No, ese no.

Ya sabrán lo cría que soy cuando me vaya a las nueve.

-Ya tendrá tiempo de ir a fiestas, que buena carrera va a hacer.

-Mejor este.

Por cierto, Ludi.

¿Has ido a la biblioteca.

-No quería ni sacar el tema.

-¿Qué pasa?

-Ha aprovechado que soy una ignorante.

Y ha puesto a todo el servicio en un apuro.

-¿Mi madre ha visto el libro? -No.

Descuide que salieron las criadas a defenderla.

Ahora su madre piensa que somos unas pájaras.

-Perdóname.

Es que soy muy curiosa.

Ludi.

Prométeme que vas a guardarme el secreto.

Haré lo que me pidas.

-Además de boba, ¿cree que soy chivata?

-No quería decir eso.

¿Cómo voy a pensar eso?

-Pues le voy a pedir una cosa.

Que no vuelva a dejarme como una tonta.

-Por estas.

-Y para eso tendrá que enseñarme a leer.

-Desde mañana mismo.

-¿Y de qué conoce esos libros?

-Me han dicho que has puesto en su sitio a esos traidores?

Bien hecho.

¿Cómo estás?

-Perdido.

Sin el mando no me reconozco.

Quizá solo pueda ser padre y esposo.

-Vamos a brindar.

¿Vas a permitir que se salgan con la suya?

Que te retiren del servicio a la patria.

-Ya lo han hecho.

Y te aseguro que disfrutaban.

-No quisiera estar en su lugar.

Cuando recuperemos España y te devuelvan los galones,

serás tú el que disfrute aplastándolos.

-Ojalá sea así.

A veces pienso que hemos perdido para siempre.

-No te dejes engañar por un fracaso.

Cuanto más se ahoga la república,

más se unen a nuestra causa. -¿Qué derecho tienen esos?

Carcamales.

Nunca se han batido en el frente.

Yo me he roto el cuerpo.

He derramado mi sangre

por la patria. -Eres un héroe.

Por eso te quiero aquí. En Madrid, conmigo.

Tenemos una misión y es ineludible.

Vistas de uniforme o de paisano.

¿Vas a dejar esa afrenta sin castigo?

-No.

-De ese rencor vendrá la salvación de España.

-Cuenta conmigo.

Viva el Rey.

-Viva España.

-Qué maravilla de sombreros.

Me encanta tu ropa.

-¿Y este vestido?

Digno de una despedida.

-Seguro que El Alemán te echa de menos.

-Espero poder decirle adiós a alguien.

No me gustaría llevarme el recuerdo de un local vacío.

¿A qué hora sale el tren?

-A las seis. A las cinco paso a buscarte

con todo el equipaje y de ahí a la estación.

-Mis tonterías pesan demasiado. ¿Podrás con ellas?

-Ahora puedo con todo.

-Te estaré esperando.

(Timbre)

-¿Qué se te olvida?

Perdone, pensaba que era otra persona.

-Qué bonito sombrero. No parece de aquí.

Me llamo Alejandra Zayas. Soy de la asociación Colontai,

para la infancia.

¿Tiene un momentito?

-Sí, claro. Cómo no. Pase.

Costó tres llamadas que viniera el presidente de la tabacalera.

Resulta que traerá a su esposa y unos comerciantes.

Carlistas, claro.

Quieren ganar nombre en Madrid y saben que cuesta.

Y si ese dinero va al partido, este te dará mucho.

¿No crees?

Cariño, los de brillantes son más apropiados para hoy.

Toma.

Te espero abajo.

¿Colocaste las sillas como dije?

-Sí, con el respaldo contra la pared.

Para una fiesta. -Muy bien.

-Eh, Milagros, falta una.

-Voy corriendo. -No, corriendo no.

Como dice María del Pilar, vísteme despacio que tengo prisa.

-Qué razón tiene siempre.

-Siéntese.

-Gracias.

Es usted muy amable permitiendo que le hable sobre nuestra labor.

Sé que es usted una persona muy comprometida.

-Muchas gracias. Hago lo que puedo.

-Mi organización se encarga de luchar

contra la desatención médica de los niños.

Conocerá usted los datos de mortalidad infantil.

-Terribles.

-Nosotros recaudamos fondos,

captamos médicos. Ya habíamos pensado

que con su experiencia y conocimientos,

podría usted coordinar nuestra sede central.

-Me encantaría, créame,

pero...

Estoy a punto de marcharme de viaje.

-Ah.

Bueno, entonces a su regreso.

¿O tal vez es para largo?

-Si todo sale bien,

para siempre.

-Ya veo.

Se lleva usted mucho equipaje.

-No crea que soy tan coqueta. No viajo sola.

Pues entonces pueda usted recomendarnos alguna persona

de su confianza para el puesto.

-Le voy a dar la dirección de un médico

con el que he coincidido en actos del partido.

Creo que le será de mucha ayuda.

(TOSE)

-Tome.

Doctor Juan Tamayo.

Puede decirle que va de mi parte. -Oh, muchas gracias.

Acciones como esta

tienen su recompensa.

-Solo espero que mi ayuda sirva de algo.

Los niños no están preparados para morir tan pronto.

-Cierto. Nadie lo está.

Sin embargo, a veces ocurre.

Vaya.

Parece que se está usted durmiendo.

Debería tomar un poco más de café.

-Uy...

Me ha costado dar contigo.

Mi familia cree que estoy loco.

El tiro me dio en el pecho,

no en la cabeza.

Sé bien lo que pasó.

Sé que nadie te había visto antes.

También que pegaste el primer tiro.

Te pagó Agustín para que lo hicieras.

Le pagué yo.

Este es un mandado.

Hace todo lo que yo le digo sin rechistar.

Para ser hijo de Antonio Prado, te gusta mucho andar revolviendo.

Mi padre no tiene nada que ver.

¿Trabajas para Agustín de la Torre? Yo cobro de la autoridad.

Entonces no creo que sirva denunciarle.

Prueba, hombre.

Me dais asco.

No hubo muertos y ahora tenéis una finca.

Da gracias.

Cuando esa chusma venga a quitaros lo vuestro,

ya sabes dónde encontrarme.

Te haré un buen precio.

-Seis por bandeja. Sin paté para los Biedma, les sienta fatal.

-Sí.

¿Dónde está mi marido? ¿No está?

He mirado en los cuartos, en los baños, la entrada...

Se ha ido. Iré a buscarlo.

La casa es grande. Vosotras también.

Pero mire cómo estamos.

Están al caer. ¡Por eso mismo!

Hasta que lleguen. Yo iré ahora mismo.

Lo encontraremos.

Si se te ocurre dónde puede estar, dímelo.

-"¿Sí?" Buenas noches.

Quisiera hablar con Alejandra. "¿Alejandra? No, no, no está aquí.

No ha llegado del trabajo. ¿Para qué quería...?

¿Sí? Oiga."

¿Qué pasa aquí?

Nada, que la gente no se ha enterado de la reapertura.

Como hemos estado de reformas.

Ya.

Había oído que los obreros iban de azul y con placa.

Ponme un coñac.

Mira, Fernando, no tengo ninguna niña,

pero en 15 minutos... Tranquilo.

Me gusta así. Quería estar solo.

Ya que no está, deberías salir y dejarte ver.

Está con Alejandra.

¿Cómo lo sabes? La he llamado a su casa en la finca

y su padre dice que no está.

¿Qué estará haciendo en la calle?

Algunos trabajan, Mercedes.

Me lo creería si Fernando estuviera aquí.

No creo que estén juntos.

Y si lo estuviesen, ¿qué? Nada.

Solo te informo.

Le voy a Gelabert que actúe. La quiero muerta.

¿De qué estás hablando?

Ese tema está cerrado. ¿Cerrado?

Aquí no ha cambiado nada. Tu hijo sigue enamorado de Alejandra.

Tanto tú como yo tenemos motivos para ajustarle las cuentas.

¿Entonces? ¿No ves que nos hace sospechosos

si pasa algo? Todo Madrid sabe que pusimos una finca a su nombre,

que tu marido se entretenía con ella.

Todos saben que la odiamos.

¡No puedo vivir pensando que están juntos!

Claro que puedes.

No eres la primera ni la última.

¿Y si no?

Me encargaré personalmente de hacértelo pagar.

Empezando por aceptar tu divorcio.

-¿Qué hacéis aquí?

No doy abasto excusándoos a todos.

¿Por qué no vais al salón?

Yo os acompañaré luego.

Tengo algo que hacer.

Gracias por venir, Alfredo.

-El coche la está esperando, señora. ¿Dónde vamos?

-A los sitios que frecuenta mi hijo.

-Si me lo permite, no creo que esos sitios la merezcan, señora.

-Necesito encontrarle.

(Música clásica)

-¿No bajas? Han venido algunos amigos.

-Antes quiero terminar esto.

-¿Qué haces?

-Te vas mañana a Asturias.

Ahí tienes el billete.

-¿Y tú?

-Me quedo en Madrid.

Tengo mucho que hacer aquí. Una misión demasiado elevada.

-Veo lo que te cuesta prescindir de mí.

-Lo mismo que a ti te costó besar a Fernando en esta santa casa.

Beatriz os vio.

Me da igual que lo niegues.

No creo que una niña se invente eso.

Y ahora baja a despedirte de tus amigos.

Tranquila, que fingiré que me duele tu marcha.

(Música)

-¿Puedo ayudarla en algo?

-No hace falta. Gracias.

Fernando.

¿Quieres un Oporto? Quiero que vuelvas a casa.

Mamá, este sitio no es para ti. Te pido un coche.

No pienso irme sin ti.

Así que tú verás si vas a hacerme pasar la noche

en este lugar.

Esa fiesta es un paripé y lo sabes.

Yo no soporto fingir que soy feliz porque no lo soy.

Yo tampoco, por si te interesa.

No he perdido la finca para que tu matrimonio se rompa.

Hace falta más para arreglar lo mío con Mercedes.

Tomaste la decisión correcta.

Y tienes que asumirla.

Yo he cumplido mi parte.

Te juro que estoy intentando olvidarme de Alejandra.

Lo sé, hijo.

Lo sé.

Pero solo hay una manera de quitártela de la cabeza.

Pues dímela.

Deja de pensar en lo que no tienes

y acepta la vida que has elegido.

Procura ser feliz.

(Música clásica)

-Señora.

(Aplausos)

¿Conoces al señor Yuste, de la Cámara de Comercio?

Encantado. Gracias por venir.

Déjame una foto tuya al menos.

-Te dejaré mucho más que eso.

No quiero llevármelo todo.

Quiero tener algo mío para cuando vuelva.

De vacaciones.

Tiene que estar a punto de llegar.

¿Tengo buen aspecto?

-Como una virgen en su noche de bodas.

-No te rías de mí.

(SUSPIRA)

Siento dejarte el local en horas bajas.

-Vete tranquila.

Esto lo levanto yo en dos semanas. Ya se me ocurrirá algo.

-Nada ilegal. Por lo menos por el momento.

Sabes que la policía se dejará caer de vez en cuando.

-¿Solo la policía?

¿Qué pasó con Ventura? ¿Tengo de qué preocuparme?

-Se fue a Argentina.

Se había creado mala fama y ya sabes que esas cosas no se perdonan.

Dudo mucho que vuelva.

Dime la verdad.

¿Tengo buen aspecto?

Cuando suba al tren quiero estar espléndida.

-Para ser cerca de las seis, estás

como una rosa.

-No puede ser.

Debería estar ya aquí.

Buenas noches.

Buenas noches.

Encarna. encarna.

Encarna.

¡Encarna! ¡Eh, Encarna, por favor!

¡Eh, respira!

Respira. Respira fuerte.

Respira fuerte. Abre los ojos. Abre los ojos, por favor. Por favor.

Encarna, por favor. ¡Por favor!

Por favor.

-Espéreme en el coche. Será solo un momento.

Siento que hayáis tenido que madrugar.

-¿Cómo no íbamos a despedirte?

-¿Y Hugo?

¿No te acompaña?

-Ha pasado mala noche con la pierna.

Os tengo que dar las gracias.

Me he sentido como en casa.

Tenéis que venir a verme.

-La verdad es que necesitamos unas vacaciones.

Te tomo la palabra.

-Buen viaje, Isabel.

-Madrina, espera.

¿Te ibas sin decirme adiós?

-Pensaba llamarte desde casa.

Tenemos mucho de qué hablar.

-Ma. Me.

Mi.

-Hala, ya he devuelto el libro.

La bibliotecaria me ha preguntado que qué me ha parecido la fresca.

-¿Y tú qué le has dicho? -Que fatal.

Y que si traen otro, que me avise.

-Oye, ¿no me vas a contar de qué iba?

Algún trocito que recuerdes.

En voz baja.

-No pienso contarte nada.

Porque sé que dentro de muy poco vas a poderlo leer tú misma.

-Y cosas peores. -Dudo que las haya.

(SUSPIRA)

-¿Nota algo?

-No.

-¿Y ahora?

-Nada.

-Ese ungüento no le ha hecho ningún bien. Tírelo.

-Ya lo he hecho.

Quiero que acabe con esto de una vez.

-Lo siento, la lesión es irreparable.

Puedo recetarle analgésicos más potentes.

-No.

Quiero que me ampute la pierna.

Si me disculpáis, familia.

La que está desmejorada es la mujer de Pedro Villalba.

¿No os pareció? ¿Era la del vestido verde?

-La lengua la tenía intacta.

Parecía una charlatana del rastro.

Al menos ellos convencen a su público.

Menos mal que se casó con un abogado.

Parece que lo necesita.

Fernando, tengo que hablar contigo.

Señora, mil perdones. Le he dicho que espere,

pero no ha habido manera. No os preocupéis.

Seguir comiendo.

Ven conmigo.

Te han faltado modales.

Tu padre mandó que dispararan a Alejandra.

Quería verla muerta.

¿Qué quieres decir?

Lo organizó con la Guardia Civil.

Metieron a un alborotador. Pegó el primero tiro

y dio excusa a los guardias para disparar e ir a por Alejandra.

¿Qué pruebas tienes? He hablado con él.

Los guardias le pagaron. ¿Qué más necesitas?

Lo hicieron para asustar a los jornaleros

y sustituirlos por esquiroles.

Tu padre quería conservar la finca como fuera.

Una sospecha no vale nada. No hace falta ser abogado.

Vi cómo la apuntaban y esto me lo gané defendiéndola.

Mi padre no tiene las manos manchadas de sangre.

Es muchas cosas, pero no es un asesino.

¿Qué esperabas?

Que me ayudaras a que se haga justicia.

Pero el apellido pesa más que la verdad.

Te recuerdo que te salvó la vida.

Si me lo agradeces, no vayas por ese camino.

Te debo una y no lo olvido.

Pero esto no lo llamo quedar en paz.

Descansa un poco, oficinista. Aún estás floja.

Por mí estaría todo el día.

En el despacho no hago otra cosa que pensar en la finca.

Mucho mejor

que darle vueltas a las cosas que no tienen solución.

¿Quién es?

Ah, es amigo mío. Ahora volvemos.

Venga, ayúdame.

¿Has traído eso?

¿Y la munición?

Acción Popular no va a conspirar para traer

la monarquía a este país. Esta familia, tú incluido,

le debe lealtad al rey.

Tú podrías preparar a Fernando para que te sucediera en el banco.

-¿Estás pensando en el futuro de tu nieto

o en cómo alejar a tu hijo del partido sin que se entere?

-Dejamos a los de la Torre pensando que íbamos a mejor.

-Alejandra heredo la finca

y parte de la fortuna de los Osuna.

-Pero si Jesús dijo que no tenían ni un Real.

-Estamos en huelga. Hemos ocupado la finca.

-¡Eh, eh! -¡Suelta!

-Sois peor que los de la Torre. Ellos no traicionan a los suyos.

Los de la Torre quieren acabar con nosotros

y no pararán hasta conseguirlo.

¿Qué vas a hacer?

-Me llamo León Caneda.

-Presuntuoso. -Sí, señorita, pero guapo a rabiar.

(GRITA)

-Tranquilízate, ya no tienes la pierna.

-Es como si siguiese. Me duele.

No aguanto más, por favor.

Dame algo, por favor.

Por favor.

Te echo de menos.

No quiero saberlo.

Porque voy a olvidarte y a ser feliz. Te lo prometo.

Yo se lo digo.

¿Qué pasa?

¡No! (LLORA)

¡No puede ser, no puede ser!

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  • T2 - Capítulo 15

14 de abril. La República - Temporada 2 - Capítulo 15

10 nov 2018

La firma del traspaso de la finca a manos de Alejandra parece sellar también la ruptura entre Fernando y su amada. Lejos quedan los sueños de una vida juntos. Jesús, ya recuperado, recuerda el tiroteo en el que fue herido. Está convencido de que la bala iba dirigida a su hermana.

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